Manos

—Ya conocen las reglas, los quiero a todos en el estacionamiento en dos horas, cuiden que nadie los descubra y no coman nada pesado —son los consejos que nuestro manager nos da antes de separarnos.

Por un fin de semana al mes nos hacemos acreedores de esto, dos días completos sin ninguna responsabilidad en el estudio. Lo usual es permanecer tumbados en nuestros cuartos descansando de los interminables ensayos de baile y las extenuantes pruebas de vestuario. Sí, quizá suene ridículo, pero ponerse tantos vestuarios en verdad cansa. Pero hoy por fin descansamos de todo lo que conlleva ser idol y podemos tener una vida ligeramente normal, aunque para ello tengamos que mantenernos en el anonimato.

Como es raro el momento en que podemos dar una vuelta por los centros comerciales a perder el tiempo, optamos por hacer eso este día, ya podríamos pasar encerrados en el departamento mañana. Lo que en verdad queríamos hacer era recuperar al menos una hora nuestra rutina de cuando éramos simples estudiantes. Ya habíamos vagado por un la Ciudad Eléctrica, fuimos a una función de cine y a comer, la última actividad del día era visitar un centro comercial. Teníamos dos horas para hacer lo que quisiéramos. Los gemelos, Gakupo y Kaito corrieron directo a las máquinas de arcade, Master y su novia tomaron su propio rumbo al extremo contrario al nuestro, Gumi se fue a las tiendas de mascotas y Meiko, Miku y yo nos dirigimos a la tienda de discos. Sonará extraño, pero hace tiempo que no nos actualizamos en cuanto música, salvo por lo que producimos nosotros mismos. Claro, tampoco es que yo sea muy conocedora, mis gustos musicales han sido muy influenciados por Miku desde que nos conocimos. Supongo que después de esto puedo ir a la librería…

—Oye —me llama Meiko. Es extraño verla con el cabello morado—. ¿Está bien si te dejo a solas con tu novia? Parece que Kaito se tragó una bolita de pachinko y está entrando en pánico.

—¡Se tragó una…! ¿Cómo es que…?

—Ni idea, pero me toca ser buena novia y ayudarlo. Así que no hagan cosas indebidas, chicas —se despidie sacudiendo los dedos y mostrándome una sonrisa burlona. ¡Como si yo fuera a hacer algo así!

Recorro los pasillos de la tienda sin reconocer a muchos de los artistas cuyos rostros inundan los anaqueles. Soy una celebridad como ellos pero no puedo reconocerlos a simple vista. Fue vergonzoso cuando en un evento ignoré a Asian Kung-Fu Generation frente a las cámaras. Pero si se trata de escritores, los identifico aunque estemos a varios metros de distancia. Al final del pasillo, frente a un gran aparador de VOCALOID, veo a Miku disfrazada con su peluca negra y una chaqueta deportiva. Como si me sintiera, voltea a verme y me hace señas para acercarme.

—¿Y Meiko? —pregunta en cuanto me detengo a su lado.

—Kaito tuvo… problemas. Fue a ayudarlo.

—Oh… —deja escapar sin expresar una emoción en específico. Mantiene la mirada clavada en las portadas de nuestros discos—. Luka… ¿alguna vez imaginaste esto? ¿Qué tu cara estaría en tanto discos?

La noto algo abrumada. Miro con atención los discos frente a nosotras y me percato que su rostro está en la mayoría de las portadas. Sí, hay algunas en las que aparezco sola o a dueto, también hay muchas con todo el grupo, pero incluso en esas fotografías ella es la principal. Somos un éxito en el país, los más famosos, pero Miku es nuestro emblema, la estrella central de lo que es VOCALOID. Aunque estamos conscientes de eso y ya han pasado un par de años, ella no logra acostumbrarse a la idea; pasa siempre que se mira en algún promocional.

—Nunca. Tampoco pensaba en ser idol hasta que te conocí —le respondo.

—Es tan irreal, entrar a una tienda de discos y ver tu cara por todos lados.

—Al menos es una cara linda —le digo para apenarla un poco. Y da resultado, desvió la mirada y debajo de esas gafas enormes distingo unas mejillas sonrosadas.

—O-oye, estaba diciendo algo serio —reclama. Me divierte mucho que se ponga así.

—Lo siento, solo quería calmarte un poco. Entiendo que la fama puede abrumarte, que tantas personas te miren es algo muy complicado de soportar y más para ti que eres la principal del grupo. Pero creo que es tu misma recompensa por tanto empeño que has puesto —le sonrío—. Es tu reconocimiento por tanto esfuerzo. No deberías sufrir por eso, pero si necesitas apoyo —lentamente tomo su mano. Es tan delicada y pequeña—, siempre estaré a tu lado.

—Luka-chan. Gracias —murmura con una sonrisa. Estoy segura que realiza un gran esfuerzo por no llorar—. ¿Podrías no soltar mi mano mientras caminamos a la plaza de comidas?

—Seguro —le respondo alegre. Aprieto con más firmeza su delicada mano—. Y yo invito por hoy lo que quieras, solo porque eres la idol número uno del país.

—Gran error, "amorcito" —dice con cierta malicia. Esto me costará caro.

Me jala para que siga sus apresurados pasos. A nuestro alrededor veo toda una hilera con discos de VOCALOID perfectamente acomodados. No pensé que fueran tantos. Pasamos por la sección de rock y luego la de artistas extranjeros; las personas que nos rodean en todo momento no parecen interesados en nuestro andar juntas, seremos de las pocas que lo hacen entre toda la gente del centro comercial y aunque para ellos esto no significa la gran cosa, incluso lo pueden ver como un juego, para nosotras dos es un símbolo de apoyo, confianza y amor.