Capítulo 56: "Juguetes"

—Espera, ¿Quién pidió todo esto? —cuestionó Xiao Zhan al abrir el paquete junto con su novio y ver la gran variedad de contenido.

Según recordaba, sólo habían pedido unas cuantas cosas, no más de cinco o seis juguetes. Pero en la caja había varias decenas de cosas.

—Antes de terminar la compra, añadí varias cosas al carrito —no dejaba de mirar los artículos con bastante curiosidad.

—Yibo, ¿sabes para qué sirve exactamente todo esto? —lo miró con sospecha—. ¿Ya los has usado antes?

El aludido lo miró de reojo unos segundos e inmediatamente negó con la cabeza.

Sospechoso.

—Oh por Dios —entre risas incrédulas y un gran asombro, Xiao Zhan sacó algo de la caja—. ¿Por qué compraste un dildo con forma de pene? —alzó una ceja—. Los dos tenemos uno.

Yibo no disimuló sus ganas de reír, le quitó el juguete de las manos y lo encendió.

—Sí, pero ni el tuyo ni el mío vibran.

Literalmente, Zhan Zhan se palmeó la cara con una mano, logrando que su novio se echara a reír como loco.

—Tu rostro entero está sonrojado —se burló el menor—. ¿Te da vergüenza hacer esto?

—Bueno, yo… sí —admitió al fin—. Debí de haber pedido legos —murmuró por lo bajo.

—¿Qué dices?

—Nada —suspiró y miró a su novio sacando los juguetes de sus empaques. Había todo tipo de cosas: vibradores de distintos tamaños y formas, plugs anales, uno que otro dildo, muchas cosas de las cuales no tenía ni la más mínima idea de para qué servían, y entonces encontró aquella caja que ambos habían pedido. La tomó entre sus manos y miró el contenido.

—¿Quieres usarlo hoy? —a Yibo le brillaron los ojos, en verdad esperanzado.

—¡No! Dijimos que sería algo tranquilo —tragó en seco, mirando ese kit de edición especial, las esposas que venían ahí se veían demasiado reales. ¿Eran de metal?

¿A quién engañaba? Se moría por usarlo. Cuando lo vieron en el catálogo, los dos se detuvieron a observarlo con detalle, sorprendiéndose al ver que compartían la misma curiosidad. Nunca lo habían intentado, pero querían probar.

Por su parte, Yibo seguía sorprendido por ese lado ligeramente masoquista de su novio, nunca se lo imaginó verdaderamente así, pero le encantaba la simple idea.

—¿Y si usamos esto? —Yibo sacó un set de cuerdas especiales para bondage.

—¡No!

—¿¡Entonces qué vamos a hacer!? —se desesperó. Con el simple hecho de estar desempacando todos esos juguetes ya sentía una ligera presión en sus pantalones, y sabía que Xiao Zhan estaba igual, lo notaba a través de su ropa.

Xiao Zhan miró el contenido de la caja desparramado sobre la cama de ambos. Mentiría si dijera que conocía la función de cada juguete, pero miró uno inofensivo, lo tomó y sonrió de lado. Metió todo a la caja y la dejó en el suelo antes de abalanzarse sobre su novio y arrancarle la ropa.

—¿Ya te decidiste? —inquirió Yibo con una sonrisa pícara.

—Ya —le sacó la playera y Yibo le ayudó con los pantalones.

Comenzaron como de costumbre, con besos y caricias que rápidamente iniciaron un fuego difícil de apagar. Ambos estaban deseosos cual conejos en pleno celo. Sus pulsos se aceleraron al igual que sus respiraciones.

Teniendo a Yibo completamente desnudo ante él, Xiao Zhan comenzó a llenar su cuerpo con docenas de besos por doquier, se tomó el tiempo de incluso besar uno de sus brazos hasta su mano. Yibo iba a quejarse y decirle que fuese al grano, pero la verdad era que lo estaba disfrutando bastante, su Ge Ge estaba siendo tierno y apasionado al mismo tiempo, una mezcla difícil de equilibrar.

Yibo se dejó hacer, cerró los ojos cuando sintió los labios de su novio posándose sobre su vientre bajo, descendiendo cada vez más, con esos pequeños besos que hacían un ruido adorable dentro de esa habitación silenciosa.

Soltó un suspiro cargado de placer cuando sintió la lengua caliente y húmeda de su amado recorriendo toda la longitud de su miembro, desde la base hasta la punta, sin siquiera tocarlo con las manos. Su cuerpo entero se estremeció y flexionó ambas piernas ante el placer que experimentaba, pues Zhan Zhan seguía repartiendo discretas lamidas, viendo cómo su piel se erizaba con cada atención recibida.

Se acomodó bocabajo entre las piernas de Yibo, sujetó ambos muslos y engulló ese miembro que estaba cada vez más duro y grande.

—Diablos… Zhan… Zh… ¡Ah! —jadeó al sentir que se enfocaba sólo en la punta, acariciándola con su lengua en círculos. Se sentía jodidamente bien.

No supo qué hacer con sus manos, así que las llevó al cabello de Xiao Zhan, enredando sus dedos ahí y acariciándolos.

De pronto, Zhan Zhan engulló el miembro casi en su totalidad, arrancando ruidos graves de la garganta de su amado.

Yibo intentaba no moverse mucho, pero al final le fue imposible evitarlo y comenzó a mover sus caderas, buscando más profundidad en la boca de su novio.

—Zhan Ge… ah, más rápido —suplicó, abrió sus ojos sólo para toparse con una imagen que explotó sus sentidos. Xiao Zhan se separaba de su erección, dejando entrever un hilo de saliva que pendía desde sus labios hasta su miembro. Eso lo volvió loco—. Oh…

—No.

—Ge Ge —murmuró trémulamente al sentir que de nuevo lo engullía en su totalidad—. Más rápido —insistió, recibiendo como respuesta unos dientes filosos encajándose en su sensible hombría. Sin embargo, eso sólo lo excitó más.

—Ya dije que no —tomó el juguete que había seleccionado y lo encendió.

—¿Qué planeas hacer? —inquirió Yibo al verlo, no podía evitar tener una sonrisa tremendamente traviesa.

—Si no te gusta, dímelo —acercó el pequeño vibrador en forma de cápsula al pene de su prometido. Apenas tocó la punta, el cuerpo entero de Yibo se inundó de sensaciones nuevas y maravillosas.

—Oh Dios —exclamó.

—No te muevas —le pidió al ver que movía sus caderas en busca de más. Se acomodó mejor entre las piernas abiertas de Yibo y comenzó a pasar ese vibrador por toda su longitud, lo deslizó también por sus testículos, haciéndolo gruñir sensualmente en respuesta. Pero fue al ponerlo suavemente contra su entrada cuando Yibo se estremeció por completo, jadeando y dejándose hacer lo que le viniera en gana a Xiao Zhan. Pero éste tuvo otros planes, alejó el vibrador y lo llevó a uno de los pezones de su novio.

—¡Ah! ¡Zhan Zhan! Ah… —se retorció severamente. Jamás habían intentado aquello, pero parecían muy felices de hacerlo.

El miembro de Yibo estaba ya muy duro. Mientras Xiao Zhan rozaba el vibrador contra los pezones, masturbaba al mismo tiempo el miembro de su novio.

Cuando volvió a poner el vibrador sobre el glande, Yibo se volvió loco, pues además no había dejado de masturbarlo. Se agarró fuertemente de las sábanas y cerró sus ojos.

—Zhan Zhan… yo… ¡Ah! —no podía hablar con coherencia, sentía demasiado placer ante todo lo que le hacía.

En ese momento un gruñido gutural salió de su garganta, eyaculando abundantemente sobre la mano de Xiao Zhan, quien no alejó el vibrador ni un segundo de su pene. No pasó mucho tiempo antes de que Yibo se quejara, verdaderamente incómodo por la sobrestimulación.

—¡Ya! ¡Para! —se giró hacia un costado, pero Xiao Zhan, riendo, no lo soltó. Yibo tuvo que rodar en la cama para que lo dejara en paz—. ¡No es divertido! —se quejó entre risas, invalidando su argumento.

—Lo es —le dio una nalgada.

Con la respiración aún muy agitada y resintiendo los vestigios de su orgasmo, Yibo se quedó bocabajo unos momentos.

—Bien, ahora durmamos —apagó la luz y se acostó junto a Yibo, dándole la espalda y acomodándose cómodamente para ya dormir.

—¿Qué? Espera… ¡¿Qué?! ¡No! ¡Quiero más!

—Yibo… —se quejó—. Acabas de tener un… —silenció cuando el otro le tomó la mano para llevarla a su entrepierna—. Oh… ¿tan rápido? —giró sólo su rostro para mirarlo con asombro entre las penumbras.

Sí, ya tenía una erección de nuevo. Eso sólo había sido el comienzo, o eso había pensado Yibo, hasta que su amado de pronto decidió que era hora de dormir.

—Me he estado aguantando mucho tiempo, Zhan Zhan, te necesito. Además, no es justo que te quedes con las ganas.

—Sobre eso… —se abochornó bastante, su incomodidad aumentó cuando Yibo se acurrucó en posición de cucharas contra su espalda, restregándole su erección en el trasero y palpando a ciegas con su mano para encontrar el pene de Zhan Zhan.

—¿Qué sucedió? —inquirió con gran asombro al descubrir su miembro totalmente blando—. ¿Hice algo mal? —besó su hombro desnudo, buscando remediar lo que fuera que hubiese hecho mal.

—No, tú no hiciste nada malo —se apresuró a aclarar, girándose en la cama para verlo de frente.

Yibo estaba seguro de que su amado seguía sintiendo atracción y deseo por él, de eso no tenía duda, pero era precisamente por esa razón que se sintió preocupado. ¿Qué le estaba ocurriendo?

—No me digas que la edad ya te está afectando. Zhan Zhan, ¿Ya eres impotente? —murmuró con fingido asombro.

El mayor lo miró en silencio durante unos segundos, sin gesto alguno en su rostro hasta que simplemente le soltó un fuerte golpe.

—¡Ayo! ¡Eso dolió!

—Idiota, por supuesto que no soy impotente —si no estuvieran en penumbras, Wang Yibo habría notado su gran sonrojo. Y es que… ¿¡Cómo demonios se le ocurría sugerir eso!?

—Entonces, ¿qué ocurre? —en lugar de molestarse, lo abrazó y le hizo tiernos cariños muy íntimos.

Xiao Zhan no sabía por dónde comenzar, ni siquiera sabía si era prudente decírselo. La verdad era que había varios factores que lo orillaron a eso. Para empezar, se angustió mucho al pensar que cualquier agitación fuera de lo normal pudiera afectar el corazón de su novio, le daba pavor el simple hecho de imaginarlo. Eso afectó considerablemente su deseo sexual. Además… estaba exhausto, estaba jodidamente cansado.

—¿Estás bien? —insistió al no obtener respuesta.

Xiao Zhan asintió con una linda sonrisa. No, no le iba a decir todo aquello, no quería arruinar el lindo día que habían tenido juntos.

—Déjame hacértelo —besó suavemente su cuello—. Será despacio, lo prometo. Déjame intentarlo, y si aun así no te sientes cómodo, nos detendremos. ¿Qué dices? —lo miró a los ojos, acomodando tiernamente su cabello tras la oreja.

—No. El médico te dijo que nada de esfuerzos extra.

—Entonces házmelo tú a mí.

Xiao Zhan suspiró y desvió la mirada, avergonzado. No podía, su intranquilidad no le permitiría seguir.

—No debemos —dijo, sin mirarlo a los ojos.

Yibo se levantó de pronto de la cama, tomó su teléfono del buró e hizo una llamada.

—¿Qué haces? —inquirió Xiao Zhan, cubriendo su desnudez con las sábanas.

El menor puso la llamada en altavoz. Después de varios tonos, la voz de un hombre adulto saludó.

—Buenas noches, muchacho, ¿todo en orden? —su tono era amable con un tinte de preocupación.

—¿Puedo tener sexo?

Una risa grave resonó desde el otro lado de la línea.

—Deberías pedirle permiso a tus padres, no a tu médico.

—Hablo en serio. Me dijo que no hiciera esfuerzo físico fuera de lo normal.

—¿Entonces no has tenido sexo nunca?

—Doctor Yang, hablo muy en serio.

Una vez más, el médico se echó a reír.

—Claro que sí, sólo no te extralimites. Sé prudente. ¿Entendido?

—Gracias —y sin decir más, colgó—. Ya lo escuchaste —miró a su novio, éste seguía cubriéndose con las sábanas, mirándolo con incredulidad por lo que acababa de hacer.

—Estás loco, en verdad lo estás.

Wang Yibo esbozó una sonrisa matadora que puso el mundo de Xiao Zhan de cabeza.

—Tengo permiso de mi doctor, ¿qué dices? —se tumbó sobre él—. En verdad quiero hacerlo —lo aplastó más y apoyó su mentón sobre el pecho de su novio—. Por favor —hizo un tierno puchero.

No podía decirle que no, además, si era él quien se ofrecía a hacer todo el trabajo, ¿qué podría salir mal? Incluso lo ayudaría a relajarse un poco.

—Bien —lo rodeó con los brazos por el cuello y lo atrajo a sus labios una vez más.

Entonces Yibo comenzó con su labor. Quitó la sábana que se interponía entre ambos y la hizo a un lado, logrando que sus pieles se acariciaran y sintieran su calor y suavidad mutua.

—Intentaré despertar a Xiao Xiao —repartió ligeras mordidas a lo largo de todo el cuello de su novio, deslizando una mano traviesa hasta alcanzar su miembro sin erección.

Xiao Zhan rio por cómo lo llamó.

—¿Crees lograrlo?

—¿Me estás retando? —le apretó fuertemente una nalga, haciéndolo gemir.

Iba por buen camino.

—Te reto.

Entre risas divertidas, besos y caricias inapropiadas, los dos se revolcaron en la cama. Xiao Zhan se dejó hacer por completo, dejando su cuerpo a merced de Yibo.

—¿Puedo… —titubeó.

—Dime —pidió Yibo, deteniendo lo que hacía y poniéndole total atención.

—¿Puedo quedarme acostado? —sonrió levemente, acariciando la nuca de Yibo con ambas manos.

—Claro —besó la punta de su nariz y sonrió, analizando cada centímetro de su rostro—. Cariño, ¿estás bien? —despejó su linda frente de cualquier cabello y sintió una calidez inmensa en su pecho al ser observado de la forma en que Xiao Zhan lo hacía. Lo miraba con un amor puro, incluso con admiración. Yibo se sentía completo cuando lo miraba así.

Xiao Zhan asintió y pegó sus caderas a las de él.

—Sigue, por favor.

—¿Puedo usar un juguete? —pidió con un brillo especial en sus ojos, parecía un niño pequeño.

—Siempre y cuando no sea al dildo gigante.

—No es gigante —rio, pues en verdad no era la gran cosa.

—Lo que sea. No quiero eso.

—Bien —besó fugazmente sus labios y fue en busca de un condón, suficiente lubricante y uno de los juguetes que más llamó su atención.

Xiao Zhan sonrió al ver lo que traía en sus manos.

—¿Qué planeas hacer?

—Ya lo verás —abrió el paquete y sacó el juguete, era muy similar al que Xiao Zhan usó en él, la única diferencia era que éste era para uso tanto externo como interno. La pequeña cápsula vibradora traía un cordón en ella del que podría jalar en dado caso que lo usara de forma interna.

Encendió el vibrador e hizo exactamente lo mismo que Zhan Zhan había hecho en él, logrando los mismos resultados que lo llevaron a tener de nuevo una gran erección. Pero algo que llamaba la atención de Yibo, era que su novio no estaba siendo tan ruidoso como de costumbre.

Sin embargo, no se rindió y siguió intentando arrancarle esos característicos gemidos de la garganta.

Logró un avance cuando llevó el vibrador a sus pezones, pero más que un gemido profundo, consiguió un jadeo y su espalda ligeramente arqueada.

Un poco insatisfecho por su respuesta, procedió a dar el siguiente paso.

Bañó la cápsula en lubricante y la introdujo lentamente en Xiao Zhan, éste se quejó un poco por la inesperada intromisión, en especial cuando encendió el vibrador.

—Oh por Dios —se retorció. Jamás había experimentado algo así, no podía evitar seguir retorciéndose un poco.

—¿Te gusta así?

—Sí… ah sí.

Yibo se echó sobre él y besó sus labios, aplastó el cuerpo entero de Xiao Zhan con su peso y restregó su miembro contra el de él, dándole una embestida tras otra.

A pesar de que el vibrador seguía dentro de Xiao Zhan, se podía escuchar levemente en el silencio de la habitación. Quizás lo había puesto en una potencia muy alta. No estaba seguro, lo único que sabía con certeza, era que su prometido se deshacía en suspiros, gemidos y jadeos que le robaban el aliento. Su miembro estaba completamente erecto, pegado a su vientre. Podía ver cómo la punta relucía debido al líquido preseminal que salía de él.

No pudo contener su lado travieso y… con un dedo sobre la cabeza del pene de su novio, lo jaló hacia delante y lo soltó, riendo al ver cómo volvía con fuerza hacia el vientre de Xiao Zhan.

—¿A qué juegas? —se quejó, avergonzado al ver que seguía haciendo lo mismo con su pene.

—Gané el reto —una vez más jaló el miembro suavemente con un dedo para después soltarlo y reír al ver cómo golpeaba el vientre de Zhan Zhan, alcanzando casi su ombligo.

—Deja de jugar —se quejó—. Necesito más, sigue, ya.

Entonces Yibo se separó un momento de él sólo para ponerse el preservativo. Había tenido una gran idea y esperaba que fuera tan placentera como imaginaba. Abrió las piernas de su novio y llevó su miembro a su entrada. No necesitaba dilatarlo, el vibrador ya lo había hecho por él.

—¿Qué piensas hacer? Aún tengo el vibrador adentro —se alarmó—. ¡Esper…ahh!

—¡Ah!

Gimieron fuertemente al unísono. La sensación de tener sus cuerpos unidos era increíble, aún más cuando había un vibrador dándole placer a ambos al mismo tiempo.

Xiao Zhan sintió el grueso miembro de Yibo estirando sus paredes internas, empujando más y más a la cápsula en su interior. Entonces se preocupó.

—Yibo… ah espera un momento —lo empujó y llevó una mano a la unión de sus cuerpos.

—¿Qué sucede?

—La cosa esa tiene de dónde sujetarla, ¿verdad? Tiene un cordón, ¿verdad? —comenzó a alarmarse al palpar y palpar y no encontrar nada.

Yibo se echó a reír.

—¡No te rías! ¡Esto es serio! —se espantó.

Era comprensible que Yibo no pudiera dejar de reír. A cualquiera le costaría trabajo tomarse en serio a alguien que se encontrara en el mismo estado que Xiao Zhan: retorciéndose de placer ante las vibraciones incesantes del juguete.

Terminó golpeando a Yibo en el brazo con bastante fuerza para hacer que lo tomara en serio.

Entonces Yibo tomó la mano de su prometido y la llevó hasta donde estaba el cordón.

—Aquí está, ¿ves? Así que tranquilízate y déjame follarte.

Esas palabras, esas jodidas palabras.

En cualquier otra circunstancia Xiao Zhan se habría ofendido y lo habría golpeado por hablarle así, pero lo había dicho en un tono tan sensual y autoritario que su cuerpo entero se derritió, estaba bajo su completo control.

Yibo se acostó sobre él, dejándole todo su peso encima, podía sentir el pecho de Xiao Zhan subiendo y bajando con fuerza, sentía también el calor de su cuerpo y sus lindas manos aferrándose a su ancha espalda. Fue entonces que movió sus caderas hacia atrás para salir un poco de él, haciéndolo gemir sonoramente.

Sonrió de lado. Otro objetivo cumplido.

Salió sólo lo suficiente para volver a introducirse de golpe en él, haciendo un ruido sordo en el acto y robándole un grito ahogado a su prometido.

—Yibo… ah Yibo, ve despacio.

—Hace no mucho me estabas pidiendo más.

Xiao Zhan no respondió, se aferró con ambas manos de la almohada bajo su cabeza y se retorció aún más. La estimulación era tal que no lograba pensar con coherencia, sentía que en cualquier momento se correría.

Yibo dejó de lado la conversación y empezó a penetrarlo una y otra vez, con fuerza y en un ritmo marcado. Xiao Zhan sólo sentía cómo la cápsula vibradora alcanzaba un punto profundo dentro de él al mismo tiempo que el miembro de su novio estimulaba su próstata debido al ángulo en el que lo penetraba.

La habitación era inundada de sonidos bastante lascivos, gemidos, ruidos extraños de fluidos y pieles chocando, junto con el sonido tenue del vibrador. Sus gemidos se fusionaban, pues no sólo Xiao Zhan se derretía por las deliciosas vibraciones. Yibo estaba en las mismas, cada vez que lo penetraba y alcanzaba con la punta de su pene el vibrador, su cuerpo entero se estremecía.

Sin duda alguna era una experiencia que ninguno de los dos olvidaría.

Xiao Zhan ya no se sostuvo de nada, dejó caer sus brazos a los costados y se dejó hacer lo que fuera, su cuerpo se sentía pesado, y agradecía que Yibo fuera el que se encargara de todo, se sentía muy bien así.

—¿Quieres cambiar de posición? —murmuró entre jadeos sobre la oreja de Xiao Zhan, sabía lo mucho que le gustaba sentarse sobre él y cabalgarlo. Pero para su gran sorpresa, se negó.

—Así, sigamos así —suplicó—. Me gusta mucho —fue sincero.

—Zhan Zhan, me gustas mucho —jadeó, verdaderamente fascinado. Amaba cada reacción y cada sonido de su cuerpo cuando le hacía el amor de esta forma.

—Tú también me gustas mucho —sonrió de lado y extendió una mano para acariciarle la mejilla. Esa visión que tenía en ese preciso momento… Dios, sabía que miles matarían por estar en su lugar. Tenía a Wang Yibo sobre él, entre sus piernas, haciéndole el amor. Lo único que tenía a la vista era su precioso rostro, su cabello completamente desordenado (por causa suya), y sus fuertes brazos apoyándose a cada lado de él para darse el impulso necesario en cada estocada.

Yibo asaltó una vez más sus labios. Comenzó con una caricia tierna, sin dejar de bombear dentro de su cuerpo, pero muy pronto esa caricia tierna se convirtió en un beso profundo, con mordidas cada vez más fuertes. Finalmente su lengua terminó imponiendo su autoridad dentro de la boca de Xiao Zhan, y éste con gusto le permitió hacer lo que le viniera en gana, después de todo lo estaba llenando de un placer difícil de describir.

Xiao Zhan no soportó mucho tiempo más, durante ese profundo beso y siendo tremendamente estimulado, se corrió con fuerza. Sus gemidos fueron atrapados por la boca de Yibo, muriendo en su garganta. Momentos después ocurrió lo mismo con el menor, quien le dio un último par de embestidas, profundas y lentas mientras eyaculaba dentro de él.

El mayor volvió a la vida cuando sintió el cuerpo agitado de Yibo cayendo sobre él. Inmediatamente lo rodeó con sus brazos y aspiró su deliciosa fragancia, plasmándola para siempre en su memoria. Podía sentir cómo el cuerpo de su Zài Zài se estremecía, o quizás era el suyo que temblaba con tal fuerza que los hacía temblar a los dos.

—Amor, ¿estás bien? —preguntó Xiao Zhan al ver que su novio no se movía, de pronto un tremendo pánico lo atacó.

—Estoy bien —se apresuró a aclarar—. Simplemente estoy muy cómodo —suspiró y volvió a inhalar, disfrutando de los vestigios del perfume de Xiao Zhan. Ese perfume olía muy bien, pero olía mil veces mejor cuando ya llevaba horas sobre la piel de su prometido.

Después de recuperarse de tan intenso orgasmo, Yibo salió con cuidado del interior de su novio, pues el vibrador seguía encendido y su miembro no aguantaba ya tanta estimulación.

—¿Puedes apagarlo? —casi suplicó Xiao Zhan.

—Sí, lo siento. Oh no…

—¿Qué ocurre? —alzó la cabeza, mirándolo con espanto.

Yibo lo miró a los ojos unos segundos, parecía pensar en algo, hasta que se decidió a hablar.

—El cordón se desprendió.

—¿Qué?

—El cordón del vibrador.

Xiao Zhan palideció peligrosamente, sintió cómo la sangre se le fue hasta los pies.

—¡NO! —se sentó de golpe, haciendo una mueca chistosa al sentir el vibrador aún encendido en su interior—. ¡¿Cómo demonios se pudo desprender?! ¡¿Qué se supone que haremos ahora?! Oh no, oh no, oh no —comenzó a entrar en histeria—. Si vamos a urgencias… ¡No, definitivamente no es una opción! —miró a su novio—. ¿Crees poder sacarlo? —comenzó a temblar, espantado en serio—. Oh Dios mío… ¡¿Qué haces?! —se quejó cuando Yibo lo empujó de nuevo sobre la cama, entonces Xiao Zhan sintió que algo era jalado desde su interior.

Wang Yibo alzó algo frente a sus ojos, balanceándolo con una expresión tan traviesa que Xiao Zhan quiso ahorcarlo.

Había sacado el vibrador de un tirón, usando el cordón que supuestamente se había desprendido.

—¡TÚ… maldito mentiroso! —lo miró con pequeñas lágrimas desbordándose de sus ojos.

Yibo se echó a reír con ganas, incluso se agarró el estómago debido a la fuerza de su risa. No pasó mucho tiempo antes de que Xiao Zhan se contagiara, sin embargo terminó golpeando su brazo con un puño.

—Me asustaste en serio —se quejó, tranquilizando su alocado corazón. Suspiró con pesadez y se tiró de nuevo sobre el colchón, estaba demasiado cansado, su cuerpo suplicaba una tregua.

—Lo siento, no pensé que te asustarías tanto —se inclinó sobre él y besó su mejilla antes de levantarse de la cama para desechar el preservativo—. Iré a tomar una ducha, ¿quieres venir conmigo? —preguntó en un tono bastante seductor. Pero Xiao Zhan ya tenía los ojos cerrados.

—Uhm… —se estiró perezosamente en la cama, hasta que sintió algo viscoso entre las sábanas—. Oh no… ¡No cerraste el lubricante! —se quejó al ver la botella casi vacía y las sabanas hechas un desastre.

—Oh… ¡Lo siento! —se avergonzó bastante. La verdad era que estaba tan concentrado en otras cosas en ese momento, que no le dio importancia a aquello—. Lo limpiaré.

—No, está bien. Ve a ducharte, cambiaré las sábanas y te alcanzaré en un momento —le sonrió.

—¿Estás seguro?

—Sí, ve.

—Bien, gracias —besó su mejilla y se fue.

Xiao Zhan suspiró aliviado. Sinceramente no tenía la energía necesaria para una ronda más en la ducha, sabía que su amado lo pediría, y le daba mucha vergüenza admitir que se moría de cansancio y no podría hacerlo.

Así que se tomó todo el tiempo del mundo en lo que hacía. Primero tomó pañuelos de su buró para limpiar el desastre en su vientre bajo. Una vez que estuvo limpio, procedió a quitar la ropa de cama e ir en busca de un cambio limpio. Se tomó tanto tiempo en ello, que Yibo ya había terminado de bañarse, resignado a que su amado no lo alcanzaría en el baño.

Con toda la parsimonia del mundo, cambió las sábanas y suspiró cansinamente al terminar.

—¿Qué me sucede? —se preguntó a sí mismo en voz baja, llevándose una mano a la cabeza debido al repentino mareo que lo atacó. De pronto su cuerpo comenzó a sentirse pesado, sus extremidades hormigueaban y las percibía entumidas. Su visión iba y venía.

Conocía muy bien ese malestar.

Estaba por desmayarse.

—Demonios —apenas logró murmurar, todo le dio vueltas y se volvió negro. Quiso alcanzar la cama para caer sobre ella, pero sus pies ya no respondieron y cayó sobre el piso justo a un lado de la cama. Lo último que percibió fue un agudo dolor de cabeza al sentir que ésta rebotaba contra el frío suelo.

Momentos después, Yibo entró a la habitación con una gran sonrisa de satisfacción, estaba recién bañado, portaba sólo su ropa interior y se secaba el cabello con una toalla que traía sobre sus hombros. Se le veía bastante cómodo.

—Zhan Zhan, pensé que me alcanzarías en el baño —dijo en un tierno puchero. Entonces miró la cama recién tendida con sábanas limpias, pero no vio a su novio por ningún lado—. ¿Zhan Ge? —se asomó al pasillo y fue a buscarlo a la planta baja, se desconcertó grandemente al no encontrarlo por ningún lado—. ¿Ge Ge?

Siguió llamándolo repetidas veces, preocupándose aún más. ¿A dónde demonios había ido? Sus llaves estaban ahí, el auto también, incluso su celular.

De pronto se escuchó un fuerte maullido en la casa. Nut nunca maullaba así. Eso asustó un poco a Yibo. Siguió los ruidosos maullidos y entró de nuevo a la habitación. Entonces vio la cola de Nut sobresaliendo desde el otro lado de la cama, en el suelo. Sólo alcanzaba a ver que movía su cola de un lado a otro con fuerza, parecía alterada. Yibo tuvo miedo, corrió hacia el lugar y enseguida se paralizó.

—¡Xiao Zhan!

Sus ojos se abrieron enormemente al mismo tiempo que gritaba el nombre de su amado. Estaba inconsciente en suelo, con Nut a un lado de él intentando despertarlo restregando su cabeza contra la de él.

Se arrodilló junto a su cuerpo y lo movió con suavidad, intentando despertarlo, pero no funcionó. Lo giró un poco hasta recostarlo bocarriba en el suelo. Se había golpeado la cabeza, tenía un golpe en la frente, justo en el nacimiento del cabello.

—Xiao Zhan, despierta, Xiao Zhan —se alteró. Estaba aterrorizado al tenerlo inconsciente frente a él. De pronto se sintió viajar al pasado, cuando su prometido era sólo su amigo y vivía desmayándose en todas partes. Sentía pánico, odiaba verlo enfermo.

Fue ahí que entendió por completo lo que su Zhan Zhan sentía respecto a él y su enfermedad.

Con cuidado de no lastimarlo, intentó tomarlo en sus brazos para levantarlo y acomodarlo en la cama, pero para su sorpresa Xiao Zhan pesaba mucho menos que antes, lo notó al poder cargarlo casi sin dificultad.

Aún angustiado, lo acomodó sobre el colchón y siguió intentando despertarlo. Sólo logró hacerlo cuando se le ocurrió ir por algo de alcohol para acercárselo a la nariz y obligarlo a despertar.

—¡Zhan Zhan! Oh Zhan Zhan —pegó su frente a la de él luego de ver qué reaccionaba, totalmente aliviado de ver que despertó. Sucumbió a sus emociones y lo abrazó con fuerza.

—Auch… —fue lo único que respondió, con los ojos entrecerrados y el ceño fruncido—. ¿Qué pasa? —empujó débilmente a su novio, pues sentía que lo asfixiaba.

—Mi amor, te desmayaste —en otras circunstancias le habría dicho "Idiota", pero no ahora. Por alguna razón sintió un miedo terrible, peor que antes.

—Oh… ya —empezó a recordar. Se llevó una mano a la frente, notando que había una pequeña herida por la cuál sangraba.

—Te golpeaste la cabeza.

—Ya me di cuenta —frunció más el ceño, sentía que le iba a explotar.

—No te toques la frente —le quitó las manos de ahí, pues sólo se estaba llenando más de sangre la cara—. Iré por el botiquín, espérame aquí.

Lo dejó bajo el cuidado de Nut, quien estaba acurrucada a su lado, mirándolo fijamente.

Yibo no tardó en volver con botiquín en mano, listo para curar ese pequeño golpe.

—Te va a arder.

Xiao Zhan asintió y se aguantó el escozor. Era una herida muy pequeña, pero vaya que le dolía bastante.

—¿Se ve muy mal? ¿Crees que me quede cicatriz?

—No creo, pero probablemente se inflamará —terminó de desinfectar la zona y soltó un pesado suspiro—. Quizás sea mejor que vayamos al hospital, quizás el golpe que te diste fue muy fuerte.

Xiao Zhan negó suavemente con la cabeza al mismo tiempo que cerraba los ojos y se recargaba contra sus mullidas almohadas.

—Te prometo que estoy bien, sólo fue un golpe.

Entonces la preocupación de Yibo se transformó en completa seriedad.

—Y el golpe fue por tu desmayo, y el desmayo por… dime, Zhan Zhan, ¿por qué te desmayaste? —el tono en sus palabras contrastó con el tono cálido de momentos atrás.

El mayor no respondió, sólo suspiró. Entendía que Yibo estuviera molesto, ya le había advertido eso con anterioridad.

—Temo que vuelvas a recaer, todo se está repitiendo. No te alimentas bien y siempre estás débil.

Tenía toda la razón.

—¿El director te sigue pidiendo que continúes con la dieta?

—Él no me lo pidió, de hecho fue la agencia quien lo hizo.

Yibo se desconcertó.

—Me mandaron directamente con el nutriólogo porque notaron que mi peso no era el adecuado para el personaje —continuó explicando.

—¿Na Ying Jie sabe sobre esto?

—Supongo que sí.

El desconcierto de Yibo aumentó. Algo extraño había en todo ese asunto. Su novio estaba casi en los huesos y le seguían pidiendo que bajara de peso, eso era ilógico.

—Lo sé, suena extraño que me pidan que adelgace más —suspiró—. Pero fueron indicaciones de los jefes, por eso no lo discutí.

—Deberías, aunque sea indicación de los jefes. ¿Sabes? Ellos no siempre tienen la razón, deben apegarse a las normas de tu contrato y no pedir más de lo establecido, esto ya es un abuso —parecía molesto—. ¿Quieres que hable con ellos?

Xiao Zhan se enterneció, alzó una mano y le acarició la mejilla.

—Eres adorable.

Yibo tomó la mano que lo acariciaba y la besó. Sí, se había convertido en la persona cursi que prometió jamás ser.

—No lo soy. Sólo no quiero que abusen de ti. Zhan Zhan, la gente siempre quiere abusar, y cuando se trata de ti no lo pensarán dos veces antes de hacerlo, no lo permitiré.

Una vez más, Xiao Zhan esbozó una tierna sonrisa. Lo amaba, lo amaba con locura por cómo lo protegía. Yibo podría ser seis años menor, pero en muchas cosas tenía más experiencia que él, pues estaba en el mundo de la fama desde muy joven.

—Gracias —siguió acariciando su mejilla con un gran amor.

De pronto, Yibo abrió el cajón del buró de su novio y tomó el frasco de sus vitaminas, lo agitó y notó que ya quedaban pocas.

Sí estaba tomando sus vitaminas.

—Nunca olvido tomarlas —murmuró.

Yibo suspiró pesadamente.

—Traeré hielo para tu cabeza —se inclinó sobre él y depositó un suave y adorable beso en su frente.

Xiao Zhan inmediatamente sonrió.

—Ya me siento mucho mejor.

Yibo le dio entonces otro pequeño beso.

—Aún mejor —agregó, Yibo siguió besando su frente con mucha delicadeza, tomándolo por las mejillas.

—Ahora vuelvo —esbozó una sonrisa divertida y se fue.

Sí, era un estúpido cursi, y Xiao Zhan tenía toda la culpa.

Cuando volvió con el hielo, Zhan Zhan le prometió que ya le quedaba muy poco tiempo haciendo esa dieta, pues estaba por terminar de filmar esa serie corta.

—¿Y si comes más y haces ejercicio?

—No, porque mi masa muscular aumentaría, y no quieren eso.

Yibo se frustró, incluso parecía que lo hacían con la intención de matarlo de hambre. Y como Xiao Zhan era tan profesional, siguió esa rigurosa dieta al pie de la letra y sin queja alguna.

—Ya falta poco —lo tranquilizó al notar que se estaba enojando.

El menor no dijo nada más, acarició el torso desnudo de su prometido y sintió cómo sus costillas se resaltaban levemente. Odiaba eso.

—Te prepararé comida deliciosa cuando dejes esa estúpida dieta —murmuró, sin quitar su tono molesto. Estaba enojado con la agencia, no con él.

—¿Ah, sí?

—Claro que sí. Tu madre me está enseñando a cocinar mejor.

Xiao Zhan alzó una ceja y lo miró con cierto desconcierto.

—¿Cuándo hace eso?

—Cuando tenemos oportunidad, hacemos Facetime y me enseña.

—Vaya —no sabía que la relación entre ellos había llegado a tanto. Su madre no le enseñaba a cocinar a nadie que no fuera su hijo—. No hay duda, mi madre te adora.

—¿Tú crees?

—¿Tú crees que no? —rio.

—Bueno, cuando termines esa dieta volverás a tu peso normal con rapidez.

—No lo dudes, muero por volver a comer helado —casi babeó—. ¿Sabes de qué he tenido mucho antojo?

—¿Mnh?

—Sándwich de tres quesos con jamón. Que esté caliente y tostado —comenzó a salivar demasiado, pues su comida no variaba de ensaladas, verduras al vapor y pescado sin una pisca de grasa.

Yibo pudo percibir claramente cómo el estómago de su novio rugía, suplicando por alimento.

—Basta —terminó el abrazo y se levantó de la cama, ni siquiera se molestó en vestirse. Se fue a la cocina en ropa interior y preparó ese sándwich que le robaba el sueño a su prometido.

Cuando volvió a la recámara, lo encontró profundamente dormido, en la misma posición en la que lo dejó.

En silencio, se acercó hasta su lado de la cama. Sonrió de lado al mirarlo dormir con tanta paz. No quiso despertarlo, pero tuvo que hacerlo. Lo hizo poniendo el plato muy cerca de su nariz. Eso bastó para que los grandes ojos de Xiao Zhan se abrieran de par en par.

—¿Qué… qué es eso? —se incorporó rápidamente hasta quedar sentado en la cama.

—Es para ti, come.

Esta vez no se negó, lo tomó y comió.

No podía creer que Wang Yibo había preparado ese sándwich de tres quesos tan delicioso. Estaba justo como le gustaban.

Mientras saboreaba su comida, Yibo lo miraba disimuladamente, no podía dejar de estar preocupado por él. Xiao Zhan sintió su mirada, se la regresó y sonrió.

Nut estaba a su lado en la cama, observándolo también.

—Ella se asustó mucho.

—Lo siento —la acarició y luego miró a su novio—. Lo siento —le dijo a él también—. Te asusté mucho, ¿verdad? —se sintió culpable.

—No tienes idea —suspiró y se sentó a su lado en la cama para recargar la cabeza sobre su hombro.

Xiao Zhan recargó su cabeza sobre la de Yibo sin dejar de comer.

Luego del sándwich, los tres se durmieron juntos en la cama. Xiao Zhan durmió de costado, mirando hacia su novio, pero éste terminó abrazándolo por la cintura, con una pierna sobre él y el rostro apoyado contra su pecho.

A la mañana siguiente Xiao Zhan fue el primero en despertar, intentó estirar sus músculos, pero se halló a sí mismo atrapado en ese candado humana que era Yibo.

Desafortunadamente tuvo que despertarlo para poder zafarse, pues le urgía ir al baño.

Mientras ambos se alistaban para salir, Xiao Zhan se subió a la báscula que tenía en el baño antes de vestirse. No pudo evitar suspirar al ver el resultado que indicaba el aparato. Había aumentado un poco desde la semana pasada.

—¡Oh por Dios! —se espantó al asomarse y ver los números. Nunca le había preguntado su peso, pero ahora que lo veía no podía estar más asustado—. Xiao Zhan, pesas mucho menos que yo —lo miró con sincera angustia—. ¡Y eso no es posible! ¡Eres más alto! No debería ser así —lo tomó de los brazos firmemente—. Por favor, ya no sigas con esto, por favor.

—Es por el trabajo.

—¡Ya lo sé! —se frustró—. Pero tu salud está de por medio —suspiró y bajó la mirada—. No soporto verte así —admitió—. Y no es por el hecho de que estés más delgado, eso no me importa, me preocupa tu salud. ¿Y si te desmayas de nuevo y no hay alguien cerca para ayudarte? ¿Y si te desmayada conduciendo? —se alteró.

Xiao Zhan de pronto lo abrazó con fuerza. Yibo no solía expresar tan claramente su preocupación, pero ahora lo hacía porque en verdad tenía miedo de que le ocurriera algo malo. Zhan Zhan lo entendía y se sentía mal por hacerlo pasar por ello.

—Lo siento. Tienes razón, hoy hablaré con Na Ying Jie sobre esto y veremos qué hacer. No te preocupes más —besó fugazmente sus labios.

—Gracias —suspiró aliviado antes de atraerlo a un beso más profundo que el primero. Al separarse miró el moretón en la frente de su prometido, estaba justo en el nacimiento del cabello, del lado derecho, casi en la sien—. Ven, te ayudaré a ocultar un poco ese golpe.

—Van a pensar que me golpeas —se hizo el mártir.

Yibo parpadeó confundido unos segundos antes de echarse a reír y golpearlo en el brazo.

—No seas estúpido.

—¡Me acabas de golpear! —se agarró el brazo, pues sí le había dolido.

—Como si tú nunca lo hicieras —rodó los ojos y se fue a vestir.

Xiao Zhan se quedó en el baño, riendo y amando más que nunca a ese alocado joven de casi veintitrés años.

—Bien, hagamos otra toma. Ayanga, acércate un poco más. Y tú, Xiao Zhan, procura ser un poco más enérgico en tu última línea.

El director ya había pedido que se repitiera la toma más de tres veces, pero aún no quedaba satisfecho. Xiao Zhan se veía sin energías y se cansaba muy rápido, eso hacía que no quedara la toma a la primera.

Los actores se prepararon en escena y se adentraron en su papel luego de la señal.

Pero mientras intentaban grabar esa escena por enésima vez, algo nuevo ocurrió. Ayanga terminó su línea y esperó a que su compañero prosiguiera, pero éste sólo se agarró del mueble más cercano mientras miraba a la nada.

Algo no andaba bien.

Xiao Zhan estaba asustado, su visión iba y volvía, en momentos todo era oscuridad. Nunca lo había sentido tan terriblemente terrorífico.

—Hey —Ayanga dio un paso hacia él, tratando de averiguar qué sucedía. Pensó que improvisaba, pero supo que el espanto en la cara de su amigo era verdadero, algo le estaba ocurriendo—. ¡Corte! —gritó, mirando al director. Éste le hizo caso de inmediato y se acercó a ver qué sucedía—. Hey, amigo. ¿Te encuentras bien? —le preguntó con algo de alarma. Pero Xiao Zhan ya no pudo responder, su cuerpo entero se desvaneció.

Se habría golpeado contra el suelo una vez más de no ser por los reflejos de Ayanga, quien rápidamente lo tomó entre sus brazos e intentó hacerlo reaccionar.

Muy pronto se hizo un escándalo en el set, pues los que vieron lo que ocurrió se alarmaron, y los que pronto se enteraron no tardaron en acercarse para ver qué sucedía.

Ya había causado polémica el hecho de que Xiao Zhan llegara al trabajo con un visible golpe en la cabeza, a pesar de que intentó ocultarlo con su cabello y con maquillaje, su estilista lo notó al instante. A eso se le podía sumar el hecho de que había estado actuando extraño últimamente. Todos se dieron cuenta de lo profesional que era al tomarse tan en serio su papel y la dieta que estaba haciendo. Él, quién se la pasaba comiendo chatarra en la más mínima oportunidad, dejó de hacerlo. Eso llamó la atención de muchos, en especial de aquellos que compraban esos bocadillos para él sólo porque sabían que los amaba. Lo hacían para alegrar un poco su día de trabajo.

Pero sin previo aviso simplemente dejó de comerlos, de pronto ni siquiera le dirigía la mirada a la mesa en donde siempre los dejaban para él.

Y ahora, al verlo desmayarse, gran parte del personal se preocupó en serio por él.

Pensaron en llevarlo a la enfermería, pero estaba muy lejos del set de grabación en el que se encontraban.

Así que Ayanga lo tomó firmemente en sus brazos y sin dificultad alguna lo llevó a su camerino, era lo más cercano.

Inmediatamente lo recostó sobre uno de los sofás pequeños que ahí tenía, Xiao Zhan no cabía bien, pero mínimo pudieron recostarlo en un lugar.

De pronto el pequeño camerino se vio abarrotado de gente, todos preocupados por lo que le pasaba. Ayanga les pidió amablemente que se fueran y así se quedó a solas con su amigo y el director, quién ya había llamado al médico de la enfermería. Éste no tardó en llegar y revisarlo.

—¿Se golpeó la cabeza al desmayarse? —inquirió el médico al ver el golpe en su frente.

—No, logré alcanzarlo antes de eso.

—Bien, dejen que despierte solo. Muy probablemente no desayunó o se ha estado saltando comidas —miró al director—. ¿Puedo hablar un momento con usted? —le pidió y así ambos salieron, dejando a solas a los otros dos.

Ayanga miró a su amigo por largo rato, preguntándose qué estaría ocurriendo en su vida. Xiao Zhan siempre era una persona muy amable, servicial y bastante atento hacia los demás, pero nunca liberaba mucha información sobre su vida privada. Eso sólo lograba incrementar su curiosidad.

Mientras cuidaba de él y esperaba a que despertara, escuchó cómo llamaba a alguien en medio de su inconsciencia.

—Zhan Zhan, ¿qué dices? —se inclinó sobre su rostro para escucharlo mejor.

—Yi…bo… —murmuró.

Ayanga rio y le dio palmaditas en el pecho.

—Lamento decepcionarte, mi amigo, no soy Wang Yibo.

Entonces Xiao Zhan abrió poco a poco los ojos y miró lentamente a su alrededor.

—Que bueno que despiertas —lo recibió con una cálida sonrisa—. ¿Cómo te sientes?

—Bien… ¿Qué pasó? —intentó incorporarse, pero Ayanga lo detuvo.

En ese momento Na Ying Jie entró al camerino sin tocar.

—¡Sucede que te desmayaste en plena grabación! —estaba molesta—. De no ser por él… —señaló a Ayanga—...te habrías golpeado fuertemente la cabeza, de nuevo, porque a mí no me engañas Xiao Zhan. Sé muy bien que ese golpe en tu cabeza no fue un accidente, ¿Verdad?

El aludido suspiró y desvió la mirada.

—Sí, tienes razón —admitió al fin, en completa seriedad.

—No te ves nada bien, estás volviendo a lo de antes. Y si sigues así, haré que te cancelen proyectos.

—¿¡Qué!? —se asustó. Ningún agente antes había hecho eso, al contrario, no importaba que estuviera mal de salud, siempre buscaban más contratos.

—Primero es tu salud, ¿Entendido?

Cruzado de brazos y viendo todo con una ligera sonrisa, Ayanga asintió, apoyándola.

—Sólo estoy siguiendo las indicaciones del nutriólogo que me asignaron.

—Espera, ¿de qué rayos hablas? ¿En qué momento? Yo no estoy enterada de esto. ¿No te estás malpasando como antes?

—No —alzó una ceja, desconcertado—. Pensé que estabas enterada.

—¿Quién te mandó con ese nutriólogo? ¿El director de la serie?

—No, fue uno de los jefes de la agencia —estaba confundido.

Na Ying Jie no podía creerlo. Inmediatamente tomó su teléfono celular y salió a hacer una llamada.

Estaba muy molesta, no tardó en comenzar a discutir con uno de los altos mandos de la agencia, pues eran ellos los que le imponían que fuese más delgado, ni siquiera el director de la producción era tan estricto. Los altos mandos le dijeron que era porque así se vería más fiel al personaje. Ella, como su agente, les ordenó que dejaran de imponerle eso. En realidad no tenía la autoridad suficiente para hacerlo, pero fácilmente logró intimidarlos.

Se portó como toda mamá gallina con su polluelos, alegando que precisamente ese era uno de los motivos por los cuales Xiao Zhan abandonó su antigua agencia. No era posible que ellos comenzaran a molestarlo con lo mismo.

Ayanga y Xiao Zhan estaban en silencio, escuchando toda la discusión que se estaba llevando a cabo a unos metros de ellos.

—Te protege mucho, se ve que te quiere de verdad —sonrió Ayanga.

Xiao Zhan soltó una pequeña risa extraña y nerviosa. Sí, Na Ying Jie se había convertido en una amiga muy especial, y la mayoría de las veces lo trataba como a uno más de sus hijos.

—Yo también la quiero mucho —suspiró.

—¿Cómo te sientes?

—Ya estoy bien —se acomodó mejor hasta quedar sentado correctamente.

—Tómalo como consejo de Ge Ge a Di Di —le dijo de pronto—. No permitas que te exijan tanto, al menos no al grado de hacerte desmayar. Sé que firmaste un contrato, pero a final de cuentas tú tienes el poder, pues ningún contrato de la agencia en la que estás obliga a sus empleados a llegar a tales extremos.

Xiao Zhan asintió, recordando que Yibo le dijo lo mismo.

—Gracias, Ge Ge —sonrió con algo de diversión al llamarlo así por primera vez—. Y gracias por ayudarme.

Ayanga la palmeó el hombro con una linda sonrisa en su rostro. Ayanga, Na Ying Jie y él eran amigos muy cercanos desde que compartieron escenario en un show de TV a finales del año pasado. Yaanga y él incluso habían tomado un vuelo juntos, suficiente motivo para que los fans de ambos comenzaran a emparejarlos, cosa que a los dos siempre les causaba mucha gracia.

—Listo, se terminó —Na Ying Jie entró de nuevo al camerino y miró directamente a Xiao Zhan—. Tu dieta se acabó.

—Pero el personaje…

—El personaje está bien así, incluso el director está de acuerdo. No te preocupes más por esto.

—¿En serio? —le brillaron los ojos.

—Xiao Zhan —se puso muy seria—. En ningún momento el director pidió que te aplicaran esta dieta. Hay algo muy extraño detrás de todo esto, pero no te preocupes, me encargaré de averiguar qué es lo que está sucediendo. Mándame los datos de la persona que te dio las indicaciones —suspiró—. Pero lo más importante: ¡Traigan algo de comer a este pobre niño que está en los huesos! —exclamó haciendo reír a Ayanga mientras Zhan Zhan sólo se encogía en su sitio.

Wang Yibo llegó lo más rápido que pudo. Había leído rumores en un grupo de fans de Weibo en el que decían que Xiao Zhan había tenido un pequeño incidente en el set de grabación. Decían que se había desmayado y que Ayanga lo había rescatado heroicamente.

No habría creído esos rumores de no ser por el hecho de que sabía que su novio se encontraba débil. Por eso no lo pensó dos veces antes de ir directo al set de grabación. Cuando llegó, se encontró a Na Ying Jie saliendo de ahí, se veía molesta, pero a pesar de ello la detuvo y le preguntó por Zhan Zhan. Ella le dio las indicaciones para llegar al camerino de Ayanga, lugar en donde su novio descansaba.

—No te preocupes, ya se encuentra bien —le sonrió—. ¿Cómo te enteraste?

—Rumores en internet. Además, pasaba por aquí cerca y quise aprovechar para darle un vistazo —supo disimular muy bien su urgencia por salir corriendo en busca de él.

—Ya veo, bueno, le va a dar gusto ver a un viejo amigo —le palmeó el hombro y se despidió.

Ahora sí, Wang Yibo caminó con grandes pasos hasta encontrar el dichoso camerino, en el que entró sin siquiera tocar.

Al abrir la puerta se encontró a su novio devorando un enorme y humeante tazón de fideos con pollo y vegetales. Parecía disfrutarlo mucho. A su lado estaba Ayanga, charlando con él mientras Xiao Zhan no dejaba de comer y reír por lo que sea que Ayanga le dijera.

Los dos lo miraron con sorpresa. Yibo sólo frunció ligeramente el ceño hacia aquel hombre que hacía reír así a su novio, además, tenía un brazo alrededor de sus hombros mientras le platicaba eso que parecía ser tan gracioso.

—¡Yibo! Que bueno que llegas, Zhan Zhan había estado preguntando por ti —se puso de pie.

Xiao Zhan lo miró con los ojos muy abiertos.

—Eso no es cierto —se apresuró a aclarar, no tenía idea de dónde sacaba eso.

—Claro que sí, cuando estabas inconsciente pensabas que yo era Yibo —rio—. Los dejaré a solas, vuelvo más tarde.

Se fue de su propio camerino, dándoles privacidad.

No era necesario que le dijeran la verdad a Ayanga, él era bastante intuitivo y desde que comenzó a pasar más tiempo con Xiao Zhan notó muchas cosas. Una de ellas era la repentina aparición de Wang Yibo en el set de filmación.

Sabía que el set donde filmaba esa serie estaba dentro de una de las instalaciones de la agencia a la que pertenecían esos dos, pero Wang Yibo realmente no tenía nada qué hacer por esos rumbos. Pero cuando se aparecía por ahí no perdía la oportunidad para dirigirle esa mirada pesada y fría. No era como la que le dirigía a todos, no, al resto los miraba con indiferencia, pero a él lo miraba con enojo y no entendía el motivo. Al menos no lo entendió sino hasta que se volvió más cercano a Xiao Zhan. Ahí comprendió todo.

Por eso decidió que lo mejor sería dejarlos a solas un momento.

—¿Cómo te sientes? —se sentó a su lado.

—Mucho mejor —señaló su tazón casi vacío.

—Vi lo que sucedió. Deja ya esa maldita dieta —estaba muy serio—. ¿De qué demonios te ríes? —se exasperó.

—¿No ves lo que estoy comiendo? —rio más—. Ya sé acabó. No habrá más dieta.

Yibo sintió un inmenso alivio.

—Ten, pruébalo —tomó fideos con sus palillos y se los dio en la boca a su prometido.

—Están muy buenos —admitió—. ¿Dónde los compraron? —quería pedir una orden para él también.

—Eran el almuerzo de Ayanga, él los preparó en su casa. Pero me los obsequió.

Automáticamente Yibo frunció los labios. La comida en su boca le supo amarga al saber su origen.

Ese Ayanga incluso era excelente cocinero.

—¿Yibo? —inquirió al notarlo repentinamente serio—. ¿Qué pasa?

—Nada —se estiró hacia él y besó rápidamente sus labios—. Volveré al trabajo.

—¿Te saliste sin avisar?

—Tenía que asegurarme de que estuvieras bien —levantó un poco el cabello de su frente para ver el golpe que tenía, aún se veía bastante feo a pesar del maquillaje. Suspiró—. Mi chofer me espera. Nos vemos en la noche —besó una vez más sus labios. Se iba a separar, pero Xiao Zhan lo tomó de las mejillas y lo besó lenta y dulcemente, de tal forma que el corazón de Wang Yibo se aceleró, sintiendo mariposas en su estómago.

—Te amo —susurró sobre sus labios carnosos—. Lamento haberte preocupado.

—Pero ya terminó. Te esperaré en casa con la cena lista —miró de reojo el tazón de fideos frente a ellos. No sabía cómo, pero lograría cocinar algo mejor que eso—. Te amo —respondió en voz baja, sólo ellos podían escucharse mutuamente.

Esa noche Xiao Zhan llegó a casa luego de haber filmado toda la tarde. Apenas abrió la puerta, un delicioso aroma a comida inundó sus sentidos.

Fue un sentimiento muy agradable llegar a casa de esa forma. Se apresuró a dejar sus cosas en el recibidor y siguió ese rico aroma.

—¿Yibo? —preguntó desde la sala, pero no obtuvo respuesta. Se asomó a la cocina y ahí lo vio, le daba la espalda mientras parecía mezclar algo en la estufa—. Hola, pastelito.

—¡¿PASTELITO?! —se escucharon dos voces masculinas, riéndose a carcajadas y repitiendo el nombre una y otra vez.

Wang Yibo dejó de cocinar y se giró hacia su novio con el ceño ligeramente fruncido y sus mejillas encendidas en un rojo fuego. Sólo ahí Xiao Zhan pudo ver que su amado estaba en videollamada con dos de sus amigos de UNIQ.

—¡Hola, Zhan Zhan! —saludó Seungyoun con una gran sonrisa y su característica energía de sobra.

Sunjoo lo hizo a un lado y se asomó a saludarlo también.

—¡Hola, chicos! —saludó con una sonrisa igual de animada, más aún al ver que su amado estaba bastante avergonzado.

—Así que… pastelito. Uhm —dijo Seungyoun, en un tono de completa burla.

—Ya, cállense —espetó Yibo, volviendo a su estofado.

—¿Cómo se te ocurrió ese nombre? —inquirió Sungjoo, aguantando la risa muy apenas—. Bobo siempre dijo que nunca sería ese tipo de novio, que jamás permitiría que lo llamaran con nombres cursis y mucho menos llamaría a alguien así.

—De hecho… —Xiao Zhan fue silenciado por Yibo.

—¡La cena está lista! Gracias por la ayuda, adiós —colgó la llamada mientras los otros dos seguían burlándose del nombrecito.

Si tan sólo supieran que fue él mismo quien se lo puso, y que además acostumbraba llamar a su novio "conejito".

Xiao Zhan rio y lo abrazó desde un costado.

—¿Qué fue todo eso?

—Le pedí a Sungjoo que me explicara su receta para el estofado de res. Aunque tiene carne de cerdo y muchos vegetales también, como te gusta.

—Espera… —lo soltó y se acercó a la estufa—. Esto se ve comestible, incluso se ve delicioso —se ganó un codazo en las costillas.

—Te dije que te esperaría con la cena lista —se quitó el delantal.

Claro que no le iba a decir que se había propuesto superar el sazón de Ayanga. Tampoco le diría que tuvo que explicarle todo a Sunjoo para que accediera a enseñarle, y el hecho de que Seungyoun estuviera con él en ese momento sólo logró aumentar la dosis de bullying.

Pero cuando Wang Yibo se proponía algo en serio, ni siquiera la cocina era un obstáculo, menos aún si se trataba de complacer a su prometido.

Su prometido… vaya, aún no le decía a sus amigos sobre ello, tampoco a su madre, con quien por cierto llevaba varios días en contacto continuo. Desde que su mamá vio las noticias de Xiao Zhan en una sala de espera de hospital, se imaginó lo peor al igual que sus suegros. Yibo decidió no decirle nada sobre su estado actual de salud, pero sí permaneció en un contacto más recurrente que antes con ella. Lo mismo había sucedido con sus amigos.

—¿En serio cocinaste para mí? —lo volvió a abrazar, completamente agradecido.

—Sí, y ya está listo. Así que ve a lavarte las manos y siéntate en la mesa.

—Te ayudó al menos a llevar los platos a…

—Todo ya está listo, anda, ve —le dio una palmadita en el trasero y lo empujó fuera de la cocina.

Sorprendido por tantas atenciones, obedeció a su amado y se dejó consentir.

El estofado estuvo exquisitamente delicioso, era el primer platillo con el que Yibo se lucía de tal forma.

—¿Está bueno?

—Wang Yibo, esto está… dime, ¿dónde lo compraste?

El aludido se echó a reír, gustoso de escucharlo decir eso.

—Tú me viste cocinarlo.

—¿Y si sólo lo compraste y lo calentaste?

—Idiota, claro que no. Pregúntale a Seungyoun y a Sunjoo.

—Te creo —terminó su segundo plato, lleno de dicha por comer tales manjares.

—Zhan Zhan —murmuró, sin despegar la mirada de su propio plato.

—¿Mhn?

—¿Te gustó más que… los fideos de esta tarde?

Xiao Zhan comenzó a atar cabos, entonces entendió todo lo que había detrás de esa cena. Por poco se rio, pero logró contenerse.

—Esta cena los supera por mucho —acarició su mano—. Gracias por cuidarme tanto, Zài Zài.

Un lindo sonrojo adornó las mejillas de Yibo, pero también un sentimiento enorme de satisfacción.

Y Xiao Zhan no mentía. Es decir, Ayanga cocinaba exquisitamente bien, pero este estofado en verdad lo superaba porque estaba hecho por Yibo, con todo su amor y dedicación. Se había esforzado mucho para darle una rica cena.

—De nada —sonrió, satisfecho—. ¿Listo para el postre?

—Siempre hay espacio para el postre. ¿Preparaste algo?

—Lo siento, todavía no llego a tal nivel de habilidad en la cocina. Pero compré helado de varios sabores.

Xiao Zhan fue directo a la nevera.

—¡Compraste de chocomenta! —se emocionó.

—Ese lo compré para mí. ¿Te gusta el de chocomenta? —se desconcertó.

—¡Me encanta!

Yibo rio. Vaya coincidencia. No había duda de que nunca se deja de conocer a las personas. Ahora resultaba que tenían otro gusto en común.

—Comamos ese —sacó el medio galón de la nevera, tomó dos cucharas y se dirigió a la habitación de ambos.

Se pusieron ropa cómoda, se acostaron en la cama y pusieron una película para ver mientras comían del mismo recipiente.

Pocas personas valoraban el delicioso sabor de ese helado. Ambos lo disfrutaban enormemente, sentían la exquisita combinación de la menta con el chocolate, derritiéndose en su paladar con cada cucharada.

Y… era extraño, pero Xiao Zhan a veces comparaba a Wang Yibo con ese sabor de helado. Sí, Yibo tenía millones de fans alrededor del mundo, pero cuando se trataba de hacer amigos cercanos siempre era bastante renuente. Él era como el helado de chocomenta: o terminan amándolo y jamás tienen suficiente de él; o terminan alejándose porque el sabor es demasiado para sus paladares.

Pero Xiao Zhan… ¡Ja! Xiao Zhan amaba el chocomenta.

Continuará…

¡Ah verdad! Pensaban que a Zhan Zhan se le quedaría atorado el juguete, pero NO. Not today... jajajajaja

¡Hola personitas!

Quiero agradecerles por todo el apoyo que me brindan día tras día, ya sea por medio del grupo de Facebook o el de Whats. Gracias por recomendar la historia en los grupos y a sus amigos, pero sobre todo, muchas gracias por seguir leyendo. Con la mano en el corazón, gracias.

¿Qué les pareció este capítulo?

En Facebook les dije que se prepararan para el drama, ¿recuerdan? Bueno, en el siguiente capítulo tendrán la primera oleada, luego un poco de paz, después un drama un poco más intenso, un poquito de paz y… BOOM!

¡PREGUNTA!

¿Cuál ha sido tu parte favorita de toda la historia?

¡Esa! Sí, justo esa que se te acaba de venir a la mente, por algo fue la primera que llegó. Cuéntame, cuál es y por qué jajaja

23/07/2020

10:00 p.m.