Capítulo 57: "Pista de carreras"
Tenía que apoyarlo, quería apoyarlo. Así que hizo a un lado sus miedos y rogó al cielo que todo saliera tan bien como en sus prácticas. Tomó asiento en un lugar reservado cerca de la pista desde donde podía observar todo a la perfección. Junto a él estaba Mao, cuidándolo por si alguien en el público lograba reconocerlo.
Xiao Zhan comenzó a morderse las uñas. Un día muy importante para Yibo había llegado, todo por lo que estuvo practicando durante tanto tiempo se demostraría ahora en la pista de carreras. Y como buen novio, le pidió que fuera a verlo, aunque fuese con guardaespaldas, y vistiendo sencillo para pasar desapercibido. Obviamente Xiao Zhan no se negó, quería estar ahí, apoyándolo.
Habían tenido ya varias discusiones debido a las motocicletas, pero Xiao Zhan decidió que era justo darle una oportunidad a eso, después de todo Yibo lo apoyó a lo largo de su dieta, respetando el hecho de que se trataba de trabajo, al menos hasta que comenzó a afectarle en la salud, ahí sí intervino. Pero este no era el caso. Yibo era muy bueno en lo que hacía y sabía tomar las medidas necesarias de prevención.
Cuando la carrera dio inicio, Xiao Zhan quedó boquiabierto al ver la habilidad de su novio en eso. ¡Era increíblemente bueno! Durante casi todas las vueltas permaneció en el primer puesto, excepto en la última. Otro competidor estaba muy cerca de él, hasta que finalmente logró rebasarlo. Estaban sólo a metros de la meta cuando Yibo logró acelerar lo suficiente para sobrepasarlo sin problema alguno, llevándose el primer lugar.
El público en las gradas se puso de pie y festejó con gritos y aplausos, Xiao Zhan iba incluido entre ellos, festejando junto a Mao el éxito de su amado.
Pero entonces las exclamaciones de felicidad del público fueron sustituidas por unas de espanto. Cuando Xiao Zhan miró de nuevo hacia la pista… sintió que su mundo se le vino completamente encima.
Luego de pasar la meta, dejó de acelerar, pero su velocidad seguía siendo increíblemente alta al igual que la del resto de los competidores. El motociclista que había logrado rebasarlo no bajó la velocidad a pesar de haber cruzado ya la meta, no frenaba y parecía que tampoco despegaba el acelerador.
Fue entonces que escucharon los gritos ahogados del joven. Su motocicleta estaba presentando fallas, no lograba frenar.
Sólo los competidores que iban detrás de él lograron ver lo que sucedía, disminuyeron su velocidad con premura y vieron cómo el joven perdía el control de la moto, avanzando más y más hasta aproximarse a la curva donde Yibo estaba girando cada vez más despacio. Pero la moto del chico no siguió la curva debidamente, sino que sólo avanzó hacia delante, hasta alcanzar a Yibo y atravesarse en su línea de trayectoria. Éste no se había dado cuenta de nada porque todo ocurrió a sus espaldas, hasta que esa moto descontrolada lo rebasó y se atravesó por completo en su camino.
El suceso lo tomó desprevenido, había estado concentrado buscando a su novio entre el público luego de pasar la meta, nunca imaginó que ese compañero terminaría atravesándose en su camino.
La moto de Yibo se estrelló contra la del otro competidor. Había logrado frenar un poco, pero ni siquiera eso lo salvó de salir volando más de diez metros por enfrente de su motocicleta. Su cuerpo se estampó sobre el pavimento y rodó varios metros más.
Yibo actuó correctamente, aminoró el impacto haciéndose bolita y dejando que la velocidad que llevaba su cuerpo fuese disminuyendo al rodar sobre el piso.
Sin embargo, fue una vista alarmante y espantosa. Por un momento hubo completo silencio en el estadio.
Cuando dejó de rodar ya se encontraba a más de veinte metros de distancia de donde fue la colisión. Agitado, y aún en shock, se quedó quieto en el suelo. Su pecho subía y bajaba violentamente por el susto, no había nada en su campo de visión más que el cielo celeste de ese día sin nubes, lo podía ver con claridad porque el visor de su casco terminó hecho añicos. No sabía si se había lastimado, pues simplemente no sentía todo su cuerpo.
No escuchaba nada a su alrededor, no percibía nada, sólo sabía que sentía como si el corazón se le fuese a salir del pecho, incluso podía escuchar sus fuertes latidos martillándole los oídos.
A pesar del shock, se concentró en regularizar su respiración y en mantenerse quieto. Sabía que debido a la adrenalina podría no sentir cualquier lesión que tuviera, y como no sabía si se había quebrado algo, se quedó inmóvil, esperando que la ayuda llegara.
Los segundos le parecieron eternos.
—Wang Yibo —un hombre apareció en su campo de visión—. Wang Yibo —insistió hasta que lo hizo reaccionar, pues no dejaba de mirar al infinito—. Sigue mi dedo, ¿puedes seguirlo? —movió un dedo de un lado a otro frente él, Yibo obedeció—. ¿Puedes decirme si te duele algo?
—Mi brazo —dijo al fin, en apenas un hilo de voz. Intentó moverse, lo logró. Sólo sentía que su cuerpo estaba muy pesado.
—Bien, no te muevas, ahora mismo lo revisaremos —lo tomó con cuidado, pero lo soltó al ver la mueca de dolor en Yibo.
Muy pronto llegó un auto-ambulancia equipado con camilla para llevárselo a la enfermería.
—¿Te duele algo más? —inquirió el paramédico mientras revisaba el resto de su cuerpo, por encima del traje.
—No, yo… en realidad estoy bien —con ayuda de otro paramédico logró sentarse en el pavimento. Ahí le quitaron el casco y comprobaron que éste había terminado hecho añicos, pero Yibo estaba intacto.
Se acercaron a él con la camilla, listo para llevárselo, pero él se negó luego de comprobar que estaba bien.
—Puedo ponerme de pie, sólo me duele el brazo —aseguró, descansando su extremidad sobre el regazo.
Con ayuda de ellos logró ponerse de pie y caminó como si no hubiera salido disparado de su motocicleta.
Debido al protocolo no dejaron que se fuera caminando a la enfermería, así que lo subieron al auto-ambulancia. Desde ahí pudo ver cómo al otro motociclista sí lo subían en la camilla, no se veía nada bien.
Entonces vieron cómo hubo una pequeña explosión en donde estaban las motocicletas. La colisión había causado un ligero incendio que alcanzó los tanques de combustible. Muy pronto esa pequeña explosión se transformó en un incendio grande.
Las dos motocicletas se consumían en medio de las llamas. Mientras tanto, Yibo miraba aquello en silencio y con un terrible nudo en la garganta.
¿En qué momento ocurrió todo eso?
Él sólo estaba festejando su victoria, buscando a su novio entre el público para dedicarle ese éxito, y de pronto pasó, simplemente se estrellaron contra él.
¡Qué injusto!
Entonces se acordó: ¡Su novio!
Miró por todas partes, pero no lo halló, tampoco estaba Mao. Cuando llegó a la enfermería vio que ellos dos ya se habían adelantado y lo esperaban al otro lado del pasillo de donde se encontraba la enfermería. Como no eran parte del personal no tenían permitido acercarse más.
Vio a Xiao Zhan a los ojos y lo sintió, sintió cómo se contenía para no ir y estamparse en sus brazos preguntándole si estaba bien. La gente ya lo había reconocido, así que Yibo entendía que se mantuviera distante a pesar de su necesidad de ir hacia él y ver cómo estaba.
Al verlo a lo lejos, Yibo sólo levantó un pulgar en su dirección, indicándole que estaba bien.
Eso, y verlo caminar con normalidad, bastó para que el alma volviese al cuerpo de Xiao Zhan.
—Está bien, él está bien —suspiró Mao, poniendo una mano sobre el hombro de su protegido.
Xiao Zhan estaba completamente rígido y angustiado a pesar de todo. No podía sacarse de la mente el momento exacto de la colisión y del cuerpo de su novio volando cual proyectil por el aire.
Cuando vio eso, su primera reacción fue salir corriendo hacia él. En ese momento no le importó nada, ¡Sólo quería asegurarse de que seguía vivo!
Era el amor de su vida, no podía perderlo así como así.
Fue tal su impulso que hasta momentos después se dio cuenta de que Mao lo detenía con todas sus fuerzas, la gente alrededor los miraba extraño, y fue ahí cuando lo reconocieron. ¿Y cómo no? Si no dejaba de forcejear con su guardaespaldas para salir corriendo, incluso gritaba el nombre de Wang Yibo.
El susto había sido demasiado grande.
—Recuérdame nunca pelear cuerpo a cuerpo contra ti —dijo de pronto Mao.
Xiao Zhan tenía la mirada fija en la puerta a unos metros de ellos, esperando a que su amado saliera ya de la enfermería. Fue hasta que Mao repitió sus palabras cuando Zhan Zhan le prestó atención.
—Lo siento —se disculpó, apenado al ver cómo se masajeaba el hombro, pues lo había tacleado y empujado con todas sus fuerzas y la adrenalina que tenía en el momento. Si bien Mao era mucho más grande que él, Xiao Zhan tuvo algo de ventaja porque su guardaespaldas no quiso hacerle daño al intentar retenerlo.
—Estás muy pálido, ¿Te sientes bien?
—Sí, sí —se quitó la gorra negra que traía y se pasó una mano por el cabello, haciéndolo todo hacia atrás. El bajón luego de un susto de tal calibre era muy duro. Se sentía sin energías.
Mao lo tomó de un hombro y lo hizo caminar hacia unas sillas a un costado del pasillo. Desde ahí vieron que el entrenador de Yibo llegó a la enfermería y habló largo rato con él. Ambos alcanzaron a escuchar los gritos enojados de ambos.
Yibo estaba furioso por lo ocurrido con su moto, y cuando su entrenador le dio la noticia de que había quedado irreparable… la ira se apoderó por completo de él.
Xiao Zhan y Mao escucharon todo, preguntándose si sería buena idea entrar a verlo. Sabían que se encontraba bien, pues la fuerza en sus gritos lo demostraba. Pero temían que se enfureciera también con ellos sin razón alguna.
—¿Qué haces? —inquirió Mao al ver que su protegido se levantaba de la silla.
—Iré a ver cómo está —dijo al ver que el entrenador salía de la enfermería, dejándolo a solas.
—Te va a gritar como a él. Está furioso, es mejor que lo dejes calmarse.
Alzó una ceja, claro que no lo dejaría solo en esos momentos.
—Por eso voy a entrar, necesita calmarse.
—Cree en mí cuando te digo que te echará de ahí a gritos. Siempre ha sido así.
Xiao Zhan chasqueó la lengua y siguió su camino, sin creer las palabras de su guardaespaldas. Anunció su llegada con un par de golpecillos en la puerta.
—¿¡QUÉ QUIEREN!? —exclamó Yibo con su grave voz, estaba furioso todavía.
Xiao Zhan giró su cabeza hacia Mao y vio cómo éste se cruzaba de brazos y negaba con la cabeza. Pero Xiao Zhan no le hizo caso y entró, cerrando la puerta tras él.
—Bo Di…
Al escuchar esa voz, la furia de Wang Yibo se disipó. Sus ojos cristalinos buscaron de inmediato al dueño de esa voz y sintió el impulso de ir hacia él y pedirle que lo abrazara. Se sintió como cuando se lastimó la pierna patinando y Xiao Zhan llegó de sorpresa al hospital, la misma sensación de alivio lo invadía.
Xiao Zhan lo miró. Estaba en una de las camas de esa enfermería que por ahora se encontraba vacía. Al otro chico lo habían llevado directamente al hospital. Afortunadamente Yibo salió con lesiones menores.
Le habían quitado el traje, así que se encontraba sólo con su camiseta interior y sus cómodos bóxers holgados. Su codo estaba sobre un campo de tela, y sobre él tenía una compresa fría que le ayudaba con la inflamación.
Zhan Zhan se acercó a su lado y comenzó a inspeccionar todo su cuerpo, en busca de alguna lesión, pero no encontró nada además del ligero daño en su codo derecho.
—Gracias al cielo —soltó un suspiro sumamente pesado.
—Zhan Ge… —se le quebró la voz—…mi moto.
—Oh, lo sé, lo sé —se apresuró a abrazarlo. Yibo correspondió con un brazo, enterrando el rostro en el cuello de su prometido y llorando. Sus sollozos eran de sincera tristeza.
¡Había perdido su moto!
—Lo importante es que tú estás bien, ¿de acuerdo? —tomó su rostro con ambas manos y lo miró de cerca, limpiando esas lágrimas que salían por montones.
Yibo volvió a refugiarse en la seguridad del abrazo de su prometido, y éste lo dejó hacerlo.
—¿Cómo está tu corazón? —esa duda lo venía carcomiendo desde hace rato.
—Bien —no se soltó del abrazo, no quería—. Me asusté mucho, cuando eso pasó pude sentir como si se me quisiera salir del pecho, pero… no me dolió, no me sentí mal.
—El medicamento esta vez está funcionando —sonrió aliviado. Días atrás habían visitado al médico, y éste le entregó muy buenos resultados a Yibo, su corazón se estaba recuperando. Habían encontrado el medicamento correcto para él. Desafortunadamente debía seguir tomándolo hasta nuevo aviso. Pero ya era una inmensa ganancia el hecho de que no le fallara el corazón a pesar de todo lo que había pasado momentos atrás.
La puerta de la enfermería se abrió entonces. Ninguno se soltó del abrazo al ver que se trataba de Wen Pei. Mao se había quedado vigilando en la puerta, se imaginaba que esos dos cursis se estarían abrazando, así que montó vigilancia para que nadie más los descubriera. Ya se había hecho un pequeño escándalo afuera cuando vieron que Xiao Zhan había ido a la carrera de su "amigo".
—Y así es como se doma a una bestia —dijo Wen Pei con simpleza al ver al lloroso de Yibo aún abrazado por su novio.
—¡Cállate! —rugió. Repartiendo su furia a diestra y siniestra a todo aquel que no fuera su Ge Ge.
—Zhan Zhan, no sé cómo haces para domarlo.
Yibo casi gruñó, separándose del abrazo de su novio y mirando con enojo a su manager.
—Ya, no te enojes. En un momento vendrán a vendar tu brazo y luego te llevaré a casa.
—Me voy a ir con Xiao Zhan.
—A ninguno de los dos les conviene que los vean irse juntos. Deja que él se vaya con Mao y tú te vienes conmigo. Te dejaré en casa con tu novio a tiempo, ¿bien?
Aún con su rostro enrojecido por el llanto, y con su expresión llena de enfado, aceptó.
—Te traje esto —había estado ocultando detrás de él el trofeo de primer lugar. Lo dejó en una repisa junto a la cama y se acercó a la salida—. Zhan Zhan, será mejor que no te vean aquí, ve a casa, prometo llevártelo sano y salvo —apuntó a Yibo con la cabeza.
—Gracias —sonrió suavemente, sin borrar la preocupación de sus ojos, y se despidió de su prometido con un beso en la frente.
El médico de turno llegó y vendó el brazo de Yibo, indicándole que debía permanecer inmovilizado un par de días para evitar inflamación y más dolor. Yibo asintió a cada indicación, con su rostro más estoico de lo normal.
Momentos después ya estaba en casa, acostado en su cómoda cama y siendo cuidado por su novio.
Luego del accidente, Yibo no tardó en recibir llamada tras llamada. Sus padres, sus amigos de UNIQ, sus hermanos de Day Day Up e incluso los padres de Xiao Zhan. La mayoría de ellos lo regañaron, en especial sus padres y Han Ge. Éstos le pedían que reconsiderara la decisión de dedicarse por completo a las motos, pues si bien él tomaba todas las medidas de protección necesarias… no podía evitar que ocurrieran accidentes como el de ese día.
Yibo los escuchó en silencio, manteniéndose firme en su decisión de continuar.
—¿Puedes creerlo? —espetó Yibo luego de terminar la llamada con sus padres—. Quieren que abandone las carreras. No entienden que lo de hoy sólo fue un accidente, es muy raro que ocurran.
—No es así —pensó Xiao Zhan, pero decidió no reprocharle nada porque de por sí ya estaba bastante triste por la pérdida de su moto, así que mejor se dedicó a cuidarlo y a levantarle el ánimo.
Días después del incidente Yibo ya estaba totalmente recuperado y aliviado también al ver que su compañero de pista estaba ya en su casa recuperándose. Otra cosa que logró levantar su ánimo fue ir a buscar una nueva motocicleta. Su mayor patrocinador lo llevó a la maquiladora de Yamaha para que eligiera su nuevo modelo. Yibo no podía estar más feliz.
—Ya elegí el modelo, pero me falta entregarles el diseño de la pintura.
—Sí, ajá —lo escuchaba atentamente a pesar de que estaba ocupado subrayando sus líneas en el libreto.
—¿Crees poder ayudarme con eso?
—¿Cómo? —alzó una ceja, él no sabía nada de motos.
Yibo rio.
—¡Zhan Ge! Eres diseñador, ¿podrías ayudarme haciendo un diseño único?
—Uhm… déjame pensarlo.
—¿Qué tienes que pensar?
—¿Cómo me vas a pagar?
—Con todos los favores sexuales que quieras.
—No tienen que ser sexuales. Lava los platos por un mes y lo haré.
—Trato hecho.
Chocaron puños y cada uno siguió ocupado en sus asuntos. Xiao Zhan memorizaba las líneas de los últimos capítulos de la serie mientras Yibo leía boletines informativos sobre carreras de motos. No había duda de que se había metido de lleno en ese mundo.
Sin embargo, algo molestaba a Xiao Zhan y no se animaba a decírselo a Yibo. Sabía que se enojaría y no quería eso. Necesitaba decirle lo mucho que se angustiaba cada vez que se iba a entrenar. Ya no había aceptado ir a verlo de nuevo porque no podía con la angustia en su pecho al verlo correr.
Simplemente no podía.
Y mientras Yibo estaba en la pista, Xiao Zhan se la pasaba mordiéndose las uñas, estirándose las pestañas y arrancándose una a una las cejas. Su ansiedad muy pronto se volvió notable para sus compañeros de trabajo, incluso Ayanga lo percibió y no dudó antes de preguntarle al respecto, dándole sus buenos consejos que consistían simple y sencillamente en hablar del tema cara a cara.
Xiao Zhan lo dejó pasar un poco, su novio era feliz, no quería estropearle eso con sus miedos. Pero entonces ocurrió de nuevo.
Wang Yibo llegó a casa con un brazo vendado y con una raspadura en el pómulo que alarmó a Xiao Zhan.
—¿Qué sucedió? —se acercó a inspeccionarlo.
—Nada.
—¿"Nada"? ¿Es lo único que me dirás?
—No fue nada importante —caminó rumbo a la cocina, su novio lo siguió.
—¡Claro que lo es! Mira cómo llegaste. ¿Te caíste de nuevo?
—Sólo fue una falla en la motocicleta.
—¿En la nueva?
Se la habían entregado apenas hace unos días, pero desde el principio Yibo tuvo problemas con ella, no se acostumbraba a usarla.
—Sí. Sigo acostumbrado a mi antigua moto. Si no se hubiera incendiado sería muy diferente —parecía molesto, abrió el refrigerador, sacó el jugo de naranja y bebió directo del envase.
—¿Te importaría usar un vaso?
Yibo siguió bebiendo por unos segundos más, cuando terminó se secó los labios con su antebrazo y volvió a meter el jugo al refrigerador.
—Es muy peligroso que sigas así —continuó Xiao Zhan—. Esta moto te ha dado muchos problemas.
—La otra se quemó —le recordó, por milésima vez.
—¡Lo sé! Ya lo sé —suspiró, se llevó un par de dedos a la sien, tratando de calmar su creciente migraña—. ¿No crees que es una señal?
—¿De qué? —inmediatamente se puso a la defensiva.
—De que no deberías seguir más.
—¿Me estás pidiendo que me rinda?
—No exactamente. Yibo, escúchame —pensó muy bien las palabras antes de hablar—. Sé que las motos son una de tus pasiones más grandes, lo entiendo y lo he respetado todo este tiempo, pero no puedo estar tranquilo sabiendo que corres riesgo de muerte cada vez que vas a entrenar o cada vez que vas a una competencia. Sé que eres increíble en lo que haces, y lo admiro, pero… —suspiró—. No puedo más con esta ansiedad. Vives lastimándote por accidentes en la pista.
—Son accidentes menores.
—¡El de la competencia del mes pasado no lo fue! —alzó la voz. De sólo recordar ese día… se le revolvía el estómago por la angustia.
Yibo frunció el ceño y los labios, no le gustaba para nada lo que le estaba diciendo, aunque muy dentro de sí sabía que hablaba con toda la razón.
—Yo no te he pedido que dejes de actuar o cantar, ¿por qué vienes a pedirme que abandone lo único que puedo hacer?
—Ya puedes volver al baile.
Su conversación se volvió tajante, con comentarios filosos y apresurados. Ambos se miraban fijamente, los ojos pesados de Yibo le dirigían esa mirada que usualmente era sólo para cualquiera que no fuera Xiao Zhan, pero esta vez… esta vez le tocó experimentarla.
—Cuando hiciste tu dieta en la que te matabas de hambre, te apoyé —le echó en cara aquello, cosa que Wang Yibo jamás acostumbraba hacer.
—Y cuando viste que me estaba haciendo daño, me ayudaste a darme cuenta y a parar. Es justamente lo que estoy haciendo contigo ahora.
—Es mi trabajo.
—Y tienes la opción de cambiarlo, Yibo, no tienes que seguir con las motos, al menos no de manera profesional —ya no sabía cómo hacerle entender—. Tu médico dijo que puedes volver al baile y a la actuación, ve y recupera tus proyectos —lo alentó.
—No.
—¡¿Por qué eres tan necio?! Pareces un… un…
Yibo levantó la mirada en un brusco movimiento y lo miró con enfado.
—¿Ah? ¿Un niño? —el enfado en su rostro sólo incrementó.
—No iba a decir eso —musitó con hastío.
—Claro que sí —los puños se le crisparon sin poder pensarlo siquiera—. Si te parezco un niño, entonces ve y busca a alguien que no lo sea, alguien de tu edad que sólo quiera sentarse a tejer y ver pasar el tiempo ante sus ojos.
Xiao Zhan soltó una risa seca, llena de incredulidad. Esas palabras le habían dolido. ¿Acaso ese era el verdadero concepto que tenía de él?
—Retiro mis palabras, Wang Yibo, sí te estás comportando como un niño.
—Entonces ve y consíguete a un anciano.
—Un anciano se comportaría mejor que tú.
—¿Ah sí? ¿Cómo quién? ¿Como Ayanga?
Xiao Zhan resopló.
—¿En serio vas a jugar esa carta?
—Sí, ¿y?
—No viene al caso. Estamos hablando del riesgo que corres en las carreras de motos, no desvíes el tema.
—Ese soy yo, ese es mi trabajo, y si no lo aceptas tal cual… lo siento mucho.
El mayor lo miró, completamente incrédulo.
—No te estoy pidiendo que lo abandones por completo, sólo te pido que eso no sea tu profesión principal. Vuelve al baile, a la actuación —insistió, suavizando su tono. No quería llegar a extremos peligrosos, pero Yibo parecía realmente enojado, lo notaba por la gélida mirada que le dirigía. Él nunca lo miraba así.
—Estoy bien con las motos.
Xiao Zhan sintió unas repentinas ganas de zarandearlo hasta hacerlo entender.
—Y no, no quiero dejarlo ni siquiera un poco.
—¿Por qué estás tan molesto? —preguntó al fin. Ya le había aguantado muchos comentarios ácidos y groseros, su paciencia tenía un límite y estaba llegando a él. Se sentía exasperado al ver que no podían dialogar civilizadamente. El enojo de Yibo se le estaba contagiando.
—Porque quieres decidir cosas que no te conciernen.
Auch.
Eso le dolió, más que cualquier comentario anterior.
Xiao Zhan apretó la mandíbula, se le formó un nudo en la garganta y miró fijamente a su novio a los ojos. Él parecía imperturbable, eso sólo lo molestó más.
—Así que… no me conciernen —soltó una risa seca llena de ironía al igual que su tono al hablar, aunque si se le escuchara con detenimiento, un inconfundible atisbo de dolor se percibiría en él—. Bien —alzó ambas manos, dándose por vencido. Dejó de mirarlo y pasó de largo. Ya ni siquiera quería discutir con él, sabía que no llegaría a nada y que, por el contrario, podría salir mucho más lastimado con sus filosas palabras. Yibo enojado era un verdadero peligro. Decía cosas de las que luego se terminaba arrepintiendo. Por lo regular Xiao Zhan no le daba tanta importancia a esos enojos y lo dejaba ser, pero en esa ocasión sí le dolieron sus palabras, y mucho.
Yibo se quedó en la cocina, lleno de una ira que no sabía bien de dónde venía, ni siquiera quiso cenar. Fue directo a tomar una ducha rápida y luego se metió a la cama. Pero por más que intentaba, el enojo no se iba.
Él siempre dijo que nunca permitiría que alguien se metiera con las cosas que más amaba, entre ellas sus pasatiempos y su carrera. Incluso dijo en una entrevista que si un día una de sus parejas le llegaba a pedir que abandonara sus pasatiempos, él simplemente terminaría con esa persona.
Pero ese era el gran problema en esa situación: él jamás podría terminar con Xiao Zhan por algo así, pero sí le molestaba mucho que interviniera de esa forma.
Un poco después de que Yibo se metió a la cama, Xiao Zhan hizo lo mismo del otro lado. Pero para sorpresa del mayor, Yibo tomó su almohada y se paró del colchón, listo para irse a dormir a otra parte.
—Que infantil —dijo Xiao Zhan, acomodándose en la cama entera, aprovechando el espacio extra.
Yibo alcanzó a escucharlo, así que al salir azotó la puerta con fuerza. Su ira estaba por los cielos.
Desde ese momento comenzaron días incómodos para ambos, porque eso sí, su enojo duró DÍAS enteros.
Durante todo ese tiempo se aplicaron la ley del hielo. Yibo defendía su pasión por las motos y tachaba a su novio de exagerado, no podía creer que le pidiera que lo dejara de lado.
Por su parte, Xiao Zhan se mantenía firme en su postura. Él insistía en que el accidente aparatoso había sido una clara señal, una advertencia de que algo peor podría pasarle, pero Yibo no lo quería ver así, él seguía creyendo que su cuerpo era de hule y que nunca le pasaría nada malo.
Luego de días, hubo un momento en el que rompieron esa ley del hielo, sólo uno rato durante una cena juntos.
—No quiero alejarte de tu pasión por las motos —aclaró Xiao Zhan de pronto, era la primera vez en dos días que se dirigían la palabra—. Tampoco se trata de ponerte condiciones o un ultimátum. Lo único que quiero es que entiendas cómo me hace sentir esto. No tienes idea de la angustia que vivo cada vez que vas a practicar o a competir. Mi corazón se acelera de una forma extraña, mi cuerpo se tensa tanto que cuando te veo volver con bien a casa me siento agotado después de un día entero de preocupación.
Yibo se quedó callado, no le respondió ni lo miró, pero había dejado de comer, dándole a entender que lo escuchaba.
—Sé que no siempre hay accidentes, y quizás exagero con mi preocupación, pero no puedo evitarlo. Tengo un mal presentimiento y no me lo he podido quitar por semanas. Por favor, por favor. Al menos considera mis palabras.
Ya estaba cansado de pelear, de la ley del hielo impuesta por ambos y de la incertidumbre del paradero de Yibo todos los días.
—Iré a dormir —levantó su plato y lo dejó en la cocina. Xiao Zhan lo vio irse y sólo pudo sentirse pésimo. No entendía por qué Yibo reaccionaba así.
Los días incómodos de silencio siguieron, pero a pesar de estar enojados uno con el otro, no podían ignorarse del todo. Ni siquiera estando peleados podían odiarse, pues a pesar de todo Xiao Zhan seguía dejándole el desayuno listo, y Wang Yibo se encargaba de doblar y guardar también la ropa de su amado.
Aún dormían en habitaciones separadas y no se hablaban, pues cuando lo hacían sólo terminaban discutiendo más sobre cosas estúpidas que no tenían mucho sentido.
—¿Por qué no vuelves a la habitación? —preguntó un día Xiao Zhan.
—Roncas mucho.
—Idiota. Tú también roncas.
—No es verdad.
—Es que no te escuchas.
—Al menos puedo estar en una habitación ordenada.
—¿Disculpa?
—Si duermo acá no me preocupo por tener que estar recogiendo vasos medio vacíos por todas partes —rodó los ojos.
—Madura un poco, ¿quieres? —se fue de ahí, dejándolo con puños y dientes apretados. Yibo odiaba que le dijera eso, era su talón de Aquiles.
Luego de esas pequeñas discusiones dejaban de hablarse de nuevo.
Todos a su alrededor se dieron cuenta de que algo sucedía, pues ambos se la pasaban enojados o muy serios con el resto de personas con las que convivían, a tal grado llegó el asunto que Mao y Wen Pei terminaron haciendo una intervención.
—Ustedes, díganos qué demonios les pasa —espetó Wen Pei, interceptándolos antes de que se fueran a casa, en autos separados: Xiao Zhan conduciendo su auto y Wang Yibo con su chofer.
—Nada.
—No te importa.
Respondieron Xiao Zhan y Yibo respectivamente. Estaban uno al lado del otro, pero ni siquiera así se miraban a los ojos.
—Están actuando muy raro últimamente —intervino Mao.
Xiao Zhan soltó un pesado suspiro antes de hablar.
—Necesito ir a casa y descansar —se talló los ojos, estaba verdaderamente exhausto. Sus compañeros y él estuvieron grabando todo el día—. Nos vemos luego —se despidió de Mao y Wen Pei, y se fue.
Yibo se quedó ahí, esperando a que su chofer llegara por él.
—A esto nos referimos. Viven en la misma casa, pero se van en autos separados. Eso definitivamente no es normal en ustedes.
Yibo sólo se encogió de hombros y se fue. Llegó a casa poco después que su novio, pero para ese momento Xiao Zhan ya se había metido a la cama, en verdad estaba cansado.
Sigilosamente se acercó a la habitación que antes compartía con su prometido y comprobó que ya estaba dormido al escuchar sus leves ronquidos. Sólo así se animó a entrar en silencio. Lo miró dormir durante unos momentos. Xiao Zhan era muy guapo incluso durmiendo, no importaba que tuviera el ceño fruncido, no importaba que estuviera furioso con él.
Sintió la necesidad de meterse a la cama y abrazarlo, pero entonces recordaba que lo quería alejar de las motocicletas y se le pasaba.
Se abstuvo de acariciarlo y salió del cuarto antes de cometer alguna locura como besarlo o abrazarlo.
Fue al baño a tomar una ducha rápida antes de dormir, y al hacerlo se encontró con una camiseta de su novio, usada. Ni siquiera lo pensó, casi en automático la tomó y la acercó a su nariz.
¡Por Dios! Olía completamente a él, al resultado de la mezcla de su perfume con su olor natural. Cerró los ojos y aspiró fuertemente, ¡cuánto lo extrañaba!
Entonces miró la pulsera en su mano izquierda… demonios, ya se le había formado un nudo en la garganta.
Odiaba estar enojado con él, no podía evitar extrañar sus besos, sus abrazos, las caricias que le daba al despertar cuando pensaba que seguía dormido. Extrañaba tanto sentir cómo llenaba su cuello y su nuca de pequeños besos cuando al dormir lo abrazaba por detrás.
Actualmente le era muy difícil conciliar el sueño, se había acostumbrado a la presencia de Xiao Zhan junto a él. Sólo por eso fue a la habitación de muñecos de peluche de su novio y le robó un conejo gigante y esponjoso.
Yibo ya tenía el pequeño conejo blanco que Xiao Zhan le había regalado meses atrás, pero él necesitaba algo más grande para poder abrazar en las noches. Así que eligió uno y en secreto fue y le puso un poco del perfume de su novio.
Esa noche pudo dormir mejor, sin embargo, no era lo mismo.
A la mañana siguiente se despertó con ánimos renovados, no sabía la razón, pero se sintió animado desde que abrió los ojos. Así se alistó para ir a grabar el nuevo episodio de Day Day Up y bajó a la cocina, pero para su sorpresa, Xiao Zhan ya se había ido desde muy temprano, dejándole el desayuno listo en la mesa.
Lo extrañaba, ya no quería estar así, pero tampoco podía soportar la idea de abandonar algo en lo que le estaba yendo también y que además amaba.
El día se le iba demasiado lento al no recibir ningún mensaje o llamada de su novio, eso le amargaba la existencia al grado que sus hermanos se dieron cuenta de ello desde hace algún tiempo y no sabían qué hacer para traer de vuelta al Yibo de siempre.
Al terminar la filmación, Han Ge se acercó a él antes de que se fuera.
—Me gustaría charlar contigo, ¿te puedo llevar a casa? —inquirió con una sonrisa amable, pero con un sentimiento de preocupación en su mirada. Al notar esto último, Wang Yibo no se pudo negar.
—¿Quieres ir a tomar algo saliendo de aquí? Hoy tuvimos un día largo.
—Últimamente todos los días son largos —suspiró, haciendo reír a Ayanga.
—Eso no es normal en ti, nunca eres así de pesimista.
Xiao Zhan suspiró de nuevo.
—Tampoco sueles suspirar tanto —añadió—. Dime, ¿qué te pasa?
—No es nada.
—¿Problemas amorosos?
Xiao Zhan se tensó.
—Algo así.
—No he visto a Yibo por aquí durante estos días, así que supuse que sería eso.
Xiao Zhan lo miró con sus ojos muy abiertos y la mandíbula bastante apretada.
—Tranquilo —murmuró—. No es que sean demasiado obvios, bueno, un poco, pero es que es fácil distinguir a personas con tu misma orientación.
—Espera… ¿qué?
Ayanga rio y asintió.
—Dado que acerté… cuéntame, ¿o prefieres contarme en el camino? Conozco un restaurante cerca de aquí que vende el mejor Hot Pot.
—Gracias —sonrió sinceramente—. En serio, pero estoy muy cansado, quisiera llegar a casa y dormir.
—¿Quieres que te lleve?
Xiao Zhan negó suavemente con la cabeza.
—Traje mi auto.
—Entiendo.
Ayanga lo estimaba mucho, y no le gustaba verlo decaído. Xiao Zhan era una persona que iluminaba a los demás gracias al brillo resplandeciente que irradiaba su presencia, pero últimamente ese brillo se había apagado un poco.
—Si necesitas algo, lo que sea, no dudes en llamarme. ¿De acuerdo? —no quiso insistir más para no incomodarlo.
—Muchas gracias —le dedicó una linda sonrisa, tomó sus llaves y se fue.
En verdad le agradecía su preocupación, y le sorprendía que supiera lo de Yibo, pero ni siquiera así quiso salir a charlar. No quería hablar con nadie sobre el tema de su novio. Sólo quería que éste reflexionara y tomara decisiones distintas. Había decidido darle su espacio para que pensara y recapacitara, sin embargo, no creía soportar mucho esa situación, tarde o temprano terminaría enfrentándolo una vez más.
Recordó cómo esa mañana no había logrado contener su impulso, metiéndose a la habitación de su novio para ver cómo dormía, darle un beso en la frente y desearle un buen día antes de salir de casa sin que se percatara de nada.
—¿Está todo bien, Han Ge? —preguntó apenas se subieron al auto.
—Eso mismo iba a preguntarte. Te hemos notado extraño últimamente, y en lo personal me preocupa que tenga algo que ver con tu salud.
—Oh no, no te preocupes por eso —sonrió de inmediato—. Estoy muy bien de salud. En la última visita al médico obtuve buenos resultados en los estudios, estoy tomando un medicamento que funciona bien y no he tenido problema, ni siquiera después del susto de la moto.
Han Ge hizo un gesto de enojo al recordar eso, incluso se rascó el cuello con incomodidad.
—En serio, Di Di, deberías reconsiderar lo que te dije: deja definitivamente las motos, ¡No son buenas! Corres un gran peligro de muerte cada vez que te subes a una. ¿Por qué no mejor eliges carreras en patines?
Yibo rio, Han Ge era mucho más extremista que Xiao Zhan. Era como su padre.
—No, gracias —rio.
—Bueno —suspiró—. Mejor dime qué es lo que te trae así. Si no es tu salud… ¿Xiao Zhan?
Yibo asintió enérgicamente.
—Es un terco —respondió.
El mayor alzó una ceja y lo miró unos segundos antes de devolver la vista al camino.
—De los dos, yo juraría que el terco eres tú.
Yibo rio. Muy dentro de él sabía que así era. Pero ya no dijo nada más.
—¿Por qué es un terco? —insistió, no lo iba a dejar en casa hasta que terminaran de hablar y de encontrar una solución a cualquiera que fuese su problema.
Yibo no quería responder, se talló el puente de la nariz por un rato.
—Wang Yibo.
El aludido suspiró.
—Quiere que deje las motos, dice que es muy peligroso.
—¡Y tiene toda la razón! —exclamó, apoyándolo de inmediato—. ¿Por eso has estado así todo este tiempo?
Yibo bajó la mirada.
—Tuvimos una discusión fuerte y no nos hablamos desde entonces.
—Pero viven juntos.
—No nos hablamos, nada —era la primera vez que charlaba sobre eso con alguien, ni siquiera lo había mencionado en voz alta. Ahora que lo hacía pudo sentir cómo un nudo se formó en su garganta.
—¿Y cuánto tiempo piensan seguir así?
—No lo sé.
Su voz salió en un tono diferente, Han Ge lo miró un segundo y se llenó de una sorpresa inmensa.
¡Yibo estaba llorando!
—Hey…—palmeó su rodilla con cariño, tratando de reconfortarlo sin soltar el volante. Entonces se dio cuenta de que el asunto era serio—. ¿Es su primera pelea de este tipo?
El menor asintió.
—Oh Yibo, no te sientas tan mal. Todo tiene solución, lo único que tienen que hacer es hablar. Te lo digo como hombre casado que soy. Es muy difícil permanecer enojado con tu pareja, más aún si viven juntos.
—Intentamos hablar, pero terminamos discutiendo.
—¿Qué es lo que te dice él? ¿Está siendo injusto contigo?
—En realidad, no —admitió al fin—. Quiere que deje las carreras, pero tampoco me está pidiendo que abandone todo lo relacionado a las motos.
—¿Te puso condiciones?
—¡No, no, no! —se apresuró a aclarar—. Pero siempre dije que si mi pareja me pedía que dejara mis pasatiempos favoritos… —fue interrumpido.
—Tú terminarías con esa persona inmediatamente.
—Y no puedo hacer eso con Xiao Zhan. Yo realmente lo amo.
—¿Y qué esperas para decirle justamente eso?
—No solucionaría nada.
—Solucionaría todo, muchacho, todo. Podrían llegar a un acuerdo.
—Es que no hay acuerdo al que podamos llegar. Sólo hay dos opciones: o dejo las carreras y volvemos a la normalidad, o no las dejo y permanezco así con él.
Han Ge soltó una pequeña risa.
—¿Crees que si no las dejas él va a soportar permanecer en la misma situación de ahora? Di Di, tienes que saber que todos tenemos límites, y Xiao Zhan no es la excepción. Él no soportará seguir viendo cómo te lastimas en las carreras, al menos no para siempre. ¿Tú aguantarías ver cómo algo que él ama lo lastima y a pesar ello sigue haciéndolo?
—Claro que no, buscaría la manera de alejarlo de eso que lo lastima, aunque él ame hacerlo —su tono fue disminuyendo gradualmente, dándose cuenta de que no se había puesto en los zapatos de su prometido—. ¿Crees que termine conmigo?
—No los conozco tanto como pareja para tener una opinión, sólo puedo decirte lo que sé gracias a mis años de matrimonio. Bo Bo, no es fácil tener una relación seria, pero por eso es tan valioso cuidarla y mantenerla —le sonrió.
Ya habían llegado al dúplex desde hace varios minutos, pero seguían charlando en el auto.
—Yibo —dijo de pronto, luego de unos momentos de silencio—. ¿Qué tan seria es su relación?
El menor abrió los ojos un poco más de lo normal, ¡aún no le decía nada a él sobre el compromiso!
—Han Ge —se puso nervioso, ni siquiera se animó a mirarlo.
—¿Si?
—No te lo había dicho, pero… —levantó el rostro y lo miró a los ojos, ahí el otro pudo darse cuenta del tierno sonrojo que adornaba gran parte de su rostro. Ya estaba tan impactado por eso, que las palabras a continuación tardaron en entrar a su sistema y ser digeridas—…Xiao Zhan y yo formalizamos un poco más nuestra relación: nos vamos a casar.
—¡¿Qué dices?! —se llevó ambas manos a la cabeza, impactado—. ¿Es una broma?
—No lo es.
—Wow… —cubrió su boca con una mano y miró a su alrededor, tratando de digerir esa gran noticia—. ¡Pero si eres un niño todavía!
Yibo rio.
—No lo soy, Han Ge. Además, no hemos puesto fecha aún —su ánimo fue decayendo poco a poco, volviendo a sentirse triste debido a la situación actual.
—¿Están seguros de dar ese gran paso?
—Completamente. Si no es con él, con nadie más.
Su seguridad fue tal, que Han Ge se llenó de una gran nostalgia. ¿En qué momento se había convertido en un hombre? De pronto se puso algo sentimental.
—En ese caso… —suspiró larga y pesadamente—… debes reorganizar tus prioridades.
El menor lo miró extraño, como si no entendiera su punto.
—Lo que quiero decir es que ya no se trata sólo de ti, menos ahora que planean casarse. Desde el momento en el que compartes tu vida con alguien más, debes considerar a esa persona en cada uno de tus planes. Ahora tienes una pareja, un prometido que se preocupa por ti. No puedes ser egoísta y perseguir tus ambiciones sin que te importe tu compañero de vida, es injusto para él.
Ahora que lo pensaba… todo lo que le decía Han Ge tenía sentido. No se había detenido a pensarlo, pero su novio siempre lo consideraba en sus planes a futuro, y cada vez que estaba por firmar un nuevo contrato sobre algún proyecto nuevo, lo consultaba con él primero. Xiao Zhan lo consideraba a él en cada aspecto de su vida, sus decisiones personales las compartía con él y tenía la atención de preguntarle su opinión antes de hacer cualquier cosa. No era como que le pidiera permiso, sino que trataba de involucrarlo en todo, en cambio él…
Le había dicho que no se entrometiera en su vida.
Se sintió escoria.
—Demonios —masculló en voz baja.
—Y suena mal que lo diga, pero el amor también consiste en hacer pequeños o grandes sacrificios por esa persona amada.
Han Ge tenía razón. Se puso a pensar en la posibilidad de perder al amor de su vida y no, no podía ni imaginarlo. Preferiría abandonar cualquier cosa antes que perder el amor de Xiao Zhan.
¿Por qué se había tardado tanto en abrir los ojos a la verdad? ¿Por qué a veces terminaba siendo tan inmaduro y obstinado?
Justo en ese momento no se sentía merecedor de la forma en que Xiao Zhan lo defendió ante sus suegros en Chongqing.
No era tan maduro como imaginaba.
Salió de su ensimismamiento cuando sintió la mano de Han Ge revolviendo sus cabellos.
—No te angusties, no hay nada que no tenga solución. Xiao Zhan es bueno y estoy seguro de que te escuchará. Pero pon de tu parte, ¿quieres?
El menor asintió, dedicándole una sonrisa llena de gratitud. Se limpió las lágrimas que escurrieron sutilmente por sus mejillas y suspiró.
—¿Hablarás con él?
—Lo haré.
—Te deseo suerte. Los demás y yo ya no queremos verte triste. Nos sorprendimos mucho cuando no quisiste probar los mariscos que nos llevaron.
Y sí, Yibo negando comida era un mal presagio.
—Gracias, Han Ge. Por todo.
El aludido asintió y le palmeó la espalda.
—Nos vemos en unos días. Y espero que consideres la posibilidad de no manejar una moto nunca más.
—Claro que no —rio. Quizás dejaría las carreras, pero nunca se desharía de su moto personal.
Se despidieron y Yibo entró a su hogar en silencio. La luz del recibidor y de las escaleras estaba encendida, pero Xiao Zhan no se veía por ningún lado.
—Zhan Ge —lo llamó con suavidad, caminando por todas las habitaciones de su hogar, pero no lo halló.
Terminó encontrándolo profundamente dormido en su cama. ¿Y cómo no? Pasaba de media noche y el pobre siempre llegaba exhausto después del trabajo. Lo había notado porque a veces no cenaba y se iba directo a la cama.
Esta vez no se contuvo y entró al cuarto, fue directo hacia la cama y se acercó a su novio. Sí, estaba profundamente dormido. Acarició su mejilla con el dorso de sus dedos y suspiró. Incluso había extrañado acariciarlo así.
No quiso despertarlo ni incomodarlo, así que simplemente besó su frente y susurró un suave "Lo siento" antes de arroparlo e irse a dormir a la habitación de al lado.
A diferencia de otras noches, Nut lo siguió en esta ocasión y se durmió con él, como si supiera que su padre al fin había recapacitado, tomando la decisión correcta.
Yibo no lograba conciliar el sueño. Desde que se cambió de habitación no dormía igual, tenía que encender la luz y abrazar el enorme peluche en forma de conejo, pero ahora ni siquiera eso bastaba.
Logró quedarse dormido hasta entrada la madrugada, pero a medio sueño una pesadilla lo despertó y no logró dormirse de nuevo. Estuvo dando vueltas en su propia cama hasta que se cansó y, decidido, fue directo a la habitación contigua.
Su novio seguía durmiendo en la misma posición de horas atrás, se veía tan cómodo que se detuvo a reconsiderar su plan.
A la mierda todo, no soportaba más esa situación.
Levantó las sábanas de un lado y se metió a la cama, arrastrándose en ella hasta encontrar la cintura de Xiao Zhan, abrazándola.
El mayor de inmediato se despertó, algo desconcertado.
—¿Yibo? —preguntó con la voz completamente ronca.
—Mhn —asintió con la cabeza frotándose en la espalda de su novio, como si fuese un gatito pidiendo disculpas.
Xiao Zhan de inmediato se giró en la cama hasta tenerlo de frente. Hizo todo el esfuerzo posible para enfocar su vista en él.
—¿Te encuentras bien? —aún estaba demasiado adormilado, pero eso no impedía que su preocupación por Yibo apareciera. Además, se suponía que estaban peleados, ¿qué hacía ahí?
—Sí.
—¿Pesadillas?
—Sí.
Xiao Zhan soltó un pesado suspiro y lo rodeó con sus brazos, dejando que durmiera acurrucado contra su pecho, incluso besó su frente y le dio palmaditas en la espalda antes de volver a quedarse dormido.
A Yibo se le formó un tremendo nudo en la garganta. Abrazó más fuerte a Xiao Zhan y aspiró con profundidad ese aroma que tanto había extrañado.
Con curiosidad deslizó sus manos sutilmente por el cuerpo de su novio, sin una intención oculta, sólo quería sentirlo como antes.
Sonrió al percibir que ya no estaba tan delgado, eso le daba tranquilidad.
Al día siguiente Wang Yibo despertó y no encontró a su prometido junto a él, por un momento llegó a pensar que todo había sido un sueño, pero descubrió que no era así cuando sintió que estaba arropado de la forma en que Xiao Zhan solía hacerlo. Éste ya se había ido al trabajo y decidió no despertarlo.
Ese día Yibo se levantó con una gran determinación. Ya sabía lo que tenía que hacer. Hablaría con su novio, sí, pero antes resolvería un par de asuntos y le daría varias buenas noticias al mismo tiempo. Sin embargo, si quería llevar a cabo todo eso tendría que hacer un pequeño viaje. Aprovecharía que aún estaban "peleados" para cometer una locura que quizás no saldría tan mal.
Por su parte, Xiao Zhan llegó a su trabajo con una ligera sonrisa que no había presentado en días. Todos a su alrededor notaron ese cambio y no dudaron en decírselo. ¡Y cómo no iba a estar feliz! si al despertar se dio cuenta de que su sueño no había sido un sueño, sino la mera realidad: Yibo había ido a buscarlo en plena madrugada para acurrucarse con él.
Ese simple hecho le había levantado los ánimos tremendamente.
Pensó en mandarle un mensaje, pero no tenía idea de qué sería adecuado decirle, por primera vez se quedó sin palabras. Terminó decidiendo que sería mejor esperar a llegar a casa y hablar con él cara a cara.
Pero cuando se hizo de noche y Xiao Zhan llegó a casa, se la encontró con todas las luces apagadas. Wang Yibo no estaba ahí.
Decidió esperarlo un poco, quizás se había demorado más en el set de filmación. Estuvo tranquilo, esperando a que llegara hasta que recordó que ese día no iría a grabar nada al set.
Se preocupó.
Hizo a un lado el asunto de su distanciamiento, tomó el teléfono y lo llamó.
—Hola —le dijo al escuchar que contestaba—. Estoy en casa, ¿aún estás trabajando?
—No —su voz salió con un tono extraño. Eso alertó los sentidos de Xiao Zhan.
—Yibo —se puso muy serio—. ¿Qué sucede? ¿Dónde estás?
—Lo siento —rompió en llanto.
Continuará…
¡Hola personitas!
¡Chan, chan, chaaaaaaan!
¿Qué creen que está por ocurrir? ¿Dónde está Yibo?Quiero y necesito leer sus teorías! Y si todo va bien, quizás tengamos capítulo antes del próximo viernes!
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Saludos! Y muchas gracias por la espera y por seguir aquí!
30/07/2020
10:20 p.m.
Pd: quizás esperaban una pelea muy explosiva, pero no fue así debido a que Xiao Zhan se portó bastante maduro, comprendió a su novio y esperó pacientemente. Pero… se imaginan una pelea en la que Xiao Zhan se enoje y explote? Hasta a mí me daría miedo! jajaaja
