Capítulo 60: "Te extrañé tanto"

A pesar de que al fin estaban juntos, Xiao Zhan no pudo conciliar el sueño con facilidad, y cuando lo hizo, sólo pudo conseguir un par de horas de sueño ligero antes de despertar y quedarse abrazado a su amado.

No sabía en qué momento de la noche habían terminado los dos abrazados de frente, Yibo lo rodeaba por la cintura como si no quisiera que se escapara, tenía su mejilla aplastada contra el colchón, pero su frente contra el pecho de su novio. Xiao Zhan se limitaba a abrazarlo con cariño y darle tiernas caricias en su espalda desnuda.

Luego de que amaneció, Yibo fue saliendo de su sueño profundo con lentitud, tardó mucho en abrir los ojos y toparse con su amado mirándolo. Pero cuando lo notó, lo primero que hizo fue cambiar su horrible cara de recién levantado por su cara adorable de recién levantado. ¡Y cómo no! Si lo primero que vio al despertar fue a ese hombre que medio China deseaba.

—Buenos días, mi amor —no había dejado de acariciar su espalda.

Yibo esbozó una sonrisa preciosa, algo atolondrada, pero hermosa. No respondió con palabras, sólo frotó su rostro contra el pecho desnudo de su amado. No se quería levantar, estaba feliz por al fin tenerlo entre sus brazos.

—Debemos alistarnos, tenemos que estar en el aeropuerto en un par de horas.

—Mnh… —se quejó—…cinco minutos más.

—Podremos dormir en el avión, vamos, levántate —le hizo cosquillas en los costados, pero no funcionó. Entonces recordó que su punto débil para las cosquillas eran las caras internas de sus muslos. No lo pensó dos veces antes de apretarlos hasta hacerlo reír, retorciéndose por lo sensible que era en esa zona.

—¡Zhan Zhan, basta! —suplicó, con su voz bastante ronca y desafinada.

El mayor lo ignoró, siguió molestándolo y además se rio de él. Pero se detuvo abruptamente al escuchar quejidos muy chistosos por parte de su amado. Se había reído tanto que su rostro lastimado le cobró factura por ello.

Xiao Zhan acarició su rostro con cuidado y lo miró seriamente.

—Se ve un poco mejor que ayer.

—No te creo.

El otro suspiró, sí, no se veía mucho mejor que ayer.

—Wen Pei se va a infartar cuando me vea así.

—No lo dudes. Van a tener que posponer la grabación del comercial de Miniso.

—¿Llevabas mucho tiempo despierto? —preguntó de pronto, cambiando el tema al verlo tan espabilado.

—No mucho —mintió.

—Xiao Zhan, Xiao Zhan. Olvidas que te conozco demasiado bien.

—Desafortunadamente sí —suspiró con un dramatismo digno de grabar, pero eso bastó para hacer reír a Yibo.

—¿Insomnio?

—Sólo un poco —admitió—. Estoy preocupado, no he dejado de pensar en lo que pasó ayer —fue bastante sincero.

—Yo tampoco.

Se quedaron en silencio, haciéndose arrumacos en la cama como si no tuvieran que levantarse ya.

—Bo Di.

—¿Mnh?

—Te voy a hacer una pregunta, pero no quiero que te enojes.

El menor asintió, pero resopló un poco.

—¿Por qué fuiste a buscar a tu padre de esa forma tan precipitada? Es decir, entiendo que querías darme una sorpresa, pero… siempre creí que lo enfrentaríamos juntos. No merecías pasar por ese tormento tú solo.

—A final de cuentas no estuve solo —sonrió de lado, obviando el hecho de que estaban ahí, juntos.

—Responde mi pregunta —pidió con suavidad. Le acarició el cabello, sin dejar de mirarlo a los ojos.

Yibo suspiró y lo pensó bien antes de responder.

—Quería ser como tú.

El aludido hizo una mueca de desconcierto bastante chistosa. En verdad no entendía.

—Quería demostrarte que puedo ser valiente y lo suficientemente maduro como para enfrentar mis miedos —fue bastante sincero—. Cuando fuimos a Chongqing y vi el coraje con el que defendiste nuestra relación… ¡Wow! Quise ser como tú.

Una expresión llena de ternura invadió el rostro de Xiao Zhan.

—Yibo… —fue interrumpido.

—Eso no es todo. Desde ese día sentí más admiración por ti de la que podría imaginar. Después de escuchar cómo me defendiste ante tus padres esa noche… todo lo que dijiste sobre mí… —se le formó un nudo en la garganta que supo disimular muy bien.

—Nos escuchaste —suspiró, desde entonces había tenido sospechas sobre eso, hasta ahora venía a confirmarlo.

—Lo hice. Y he de admitir que sólo lograste que te amara más. Nadie me había descrito de esa forma antes, no con tus palabras, mucho menos con el amor que expresaste esa noche. Jamás lo olvidaré.

Ahora era Xiao Zhan quien se sentía bastante conmovido.

—Quería que sintieras lo mismo que experimenté esa noche, por eso enfrenté a mi padre de esa forma. Pero… —se encogió de hombros al mismo tiempo que el nudo en su garganta se aflojaba y dejaba salir un poco de llanto. Odiaba llorar, y últimamente lo estaba haciendo con más frecuencia. Cuánto lo odiaba—. Sólo quería ser como tú —ocultó el rostro en el pecho de su novio, lloroso y avergonzado.

—Oye… —lo consoló, acariciándole la espalda y pegándolo más a su cuerpo—…no tienes que ser como yo. Además, ¿quién dice que soy valiente? No tienes idea de lo mucho que estaba temblando ayer que fui a ver a tu padre. Por un momento temí desmayarme.

—¿En serio? —preguntó con la voz quebrada. Alzó un poco la cabeza hasta toparse con los ojos cálidos y amables de su prometido.

Para Yibo, Xiao Zhan era un súper héroe imperturbable, poderoso y sumamente valiente que siempre encontraba la mejor solución a los problemas. Lo que no sabía era que su novio pensaba lo mismo de él: siempre firme ante las adversidades, frío de sentimientos cuando la situación lo ameritaba, valiente cuando se trata de defender lo que amaba. Yibo no tenía idea de lo mucho que su prometido lo admiraba.

—Para mí tú eres el más valiente en esta relación —admitió con un tono suave mientras le acariciaba el cabello y lo miraba a los ojos.

Yibo no pudo responder de inmediato, sólo lo miró, atónito.

—¡Claro que no! ¡Tú lo eres!

—¿Quieres que peleemos por eso? —lo retó, alzando una ceja.

—No —rio, se sentía mejor—. Zhan Zhan, nunca lo he dicho en voz alta, pues en realidad odio que me lo digan. Tú lo sabes mejor que nadie, pero… —suspiró—. Debo aceptar que soy un poco inmaduro. No siempre logro controlar mis emociones, me enojo fácilmente y puedo ser muy caprichoso. Además, no tengo experiencia como pareja, todo lo he ido aprendiendo sobre la marcha, y con tu guía.

—Hey… controlar las emociones no depende directamente del grado de madurez que uno tenga. A mí también me cuesta contenerme en muchas ocasiones —admitió.

—Nunca te he visto realmente furioso.

—No quieres vivir eso.

Yibo tragó en seco al sentir cómo lo dijo. No bromeaba.

—Y en cuanto a la experiencia en pareja —soltó una risa cantarina—. Yo también estoy aprendiendo sobre la marcha. No tengo tanta experiencia en ello, y lo que sé es gracias a lo que vi en mis padres a lo largo de mi vida, a lo que me han enseñado.

—Déjame adivinar. Te enseñaron que debías elegir a una señorita de buena familia, educada y recatada, que cocine muy bien y sea una excelente madre, ¿verdad?

—¡¿Cómo supiste?! —bromeó.

—Mis padres querían lo mismo para mí.

—Y terminaste eligiéndome.

—Sí, te elegí a ti, Xiao Zhan —suspiró con un aire soñador mientras se quedaba pensativo durante unos momentos—. Sabes que no tengo ni una pizca de recato, ¿verdad?

—Vaya que sí —rio. Yibo era bastante desvergonzado aún sin proponérselo.

—También sabes que cocino asquerosamente mal y que sería un pésimo padre.

—Mi madre te está enseñando a cocinar. Por lo menos ya no nos provocas intoxicación con tus platillos —contratacó—. Y en cuanto a la paternidad… siempre he creído que serás muy buen padre, pero eso ya lo veremos más adelante —soltó una risa divertida ante los ojos muy abiertos de Yibo, quien no pudo decir nada al respecto, lo había dejado sin palabras.

—Bueno… ahora que aclaramos el asunto, ¿aún te quieres casar conmigo? No soy una señorita recatada que se la pasa en casa con las tareas del hogar.

Xiao Zhan se echó a reír con ganas, con esa energía que no demostraba desde hace algún tiempo.

—Por supuesto que sí —respondió con total convicción, rozando su nariz con la de él en un tierno acto—. ¿Y tú?

—¡Por Dios! Pero claro que sí, hombre —extendió una mano en el casi nulo espacio que había entre los dos y comenzó a enumerar con los dedos—. Sabes cocinar, lavar, planchar, eres paternal, y también sabes comportarte en público.

—¿Me estás diciendo que soy una señorita recatada? —masculló entre dientes con una mueca muy fea al mismo tiempo que le pellizcaba los costados.

—Con esa cara ya no puedo opinar lo mismo —se burló—. ¡Eso duele! —se quejó al sentir los pellizcos—. ¿Ves? Incluso regañas como toda buena madre.

—¡Wang Yibo! No tientes tu suerte.

El menor estaba por responderle una vez más que parecía una madre enojada, pero mejor se calló.

Se miraron unos segundos antes de estallar en carcajadas.

Eso era lo que tanta falta les había hecho en las últimas semanas: reír juntos, ser ellos mismos, disfrutarse, hacerse enojar sólo para terminar abrazados y más enamorados el uno del otro. Habían estado tan molestos el uno con el otro que ni siquiera se detuvieron a celebrar su aniversario de meses.

Cuando sus risas se calmaron, una vez más entraron a un silencio cómodo, pero triste. Yibo no podía evitar volver a sentirse así.

—Lamento traer tantos problemas a esta relación. En verdad espero que no te arrepientas de estar con alguien menor, inmaduro y necio.

—Yo soy quien teme que te arrepientas de la relación.

—¿¡Por qué!? —se espantó.

—Por mi edad.

—¡Idiota! —lo golpeó con bastante fuerza en el brazo, pero pobre esta vez sí se quejó en serio—. ¡Nunca podría dejarte! Menos por eso.

—Entonces… ¿Te gustan mayores?

—¿No ha quedado eso muy claro? Además, te he dicho que quiero ser como tú, ¿no te queda claro cuánto te admiro y te amo? —sus mejillas se tiñeron de un tierno rosa.

Xiao Zhan se echó a reír antes de suspirar y decir con certeza:

—Nos complementamos muy bien —acarició su rostro—. Yibo, quieres ser como yo, pero… yo no podría estar con alguien como yo —rio, sonaba gracioso lo que decía, pero era la verdad—. Yo no podría tener una relación conmigo mismo, así que te pido por favor que no dejes de ser tú, ¿si?

Yibo asintió en silencio, sorprendido.

—No podrías tener una relación con alguien como tú porque no podrías aguantar sus ronquidos, ¿verdad?

—¡Wang Yibo! —se giró en la cama hasta posarse sobre él y aplastarlo sin piedad, haciéndole cosquillas y pellizcándolo al mismo tiempo.

Los dos rodaron en la cama y se convirtieron en una masa humana revuelta entre sábanas enredadas, soltando risas y ruiditos extraños.

Yibo había extrañado tanto molestarlo con cosas de ese tipo. La vida era buena cuando podía hacerle bullying a su persona favorita.

Por su parte, Xiao Zhan entendía las inseguridades de su amado, sabía que era completamente normal tener problemas así, en especial porque la relación de ambos era muy nueva todavía, pues no tenían ni un año de noviazgo y ya vivían juntos e incluso estaban comprometidos. Habían avanzado a pasos agigantados.

—Sé que nuestra relación es incipiente, que muchos dirán que nos apresuramos a vivir juntos, y más aún al tomar la decisión de casarnos —dijo Xiao Zhan de pronto, con Yibo sobre su pecho y las sábanas completamente revueltas a su alrededor—. Pero sé que a pesar de todo vamos por muy buen camino. El simple hecho de estar como estamos lo demuestra. ¿No lo crees? —acarició su brazo desnudo.

Yibo suspiró. Tenía toda la razón.

—Entonces es justificable que me muera de celos de vez en cuando, ¿verdad?

Xiao Zhan se incorporó hasta quedar sentado en la cama y lo miró con una expresión de sincera confusión.

—¿Celoso? ¡¿Tú?! —se burló.

—Estoy hablando en serio, estúpido.

Xiao Zhan casi deja de reír por la grosería, pero esta vez ni eso lo detuvo.

—No te creo.

—Ayanga.

—¿Estás celoso de él? —dejó de reír al ver que su novio no lo hacía.

Yibo le dedicó una fiera mirada que le hizo recordar la del señor Wang.

—Son demasiado cercanos. Hay muchos fans a los que les gusta emparejarlos, odio eso.

—Son sólo ideas de los fans —rio de nuevo—. Me han emparejado incluso con ellos mismos —le restó importancia—. Además, ¿por qué habrías de estar celoso de él? —se encogió de hombros.

Yibo alzó una ceja y tomó aire antes de comenzar.

—Veamos: es mayor que tú, es bastante atractivo; según tú, cocina "Increíblemente delicioso" ; es un hombre muy educado que, aún desde lejos, se nota que sabe controlar sus impulsos. No te voy a negar que sí… es sexy y atrae la mirada tanto de mujeres como de hombres. En pocas palabras: es como tú, pero con un par de años extra.

Xiao Zhan parpadeó repetidas veces, con un infinito asombro antes de escandalizarse y reír a todo pulmón.

—¡No te burles! —le pegó con una almohada.

—¿No te acabo de decir que no podría estar con alguien como yo? —siguió riendo, incluso se limpió una pequeña lágrima.

—Sí, pero… —fue interrumpido.

—No tienes por qué sentir celos, te lo prometo.

Yibo frunció los labios, inconforme.

—Menos mal que él no tiene interés en los hombres, pues entonces sí me preocuparía mucho. Si así se nota que te ve con ojos… ojos… —intentó imitar su mirada matadora, pero no le salió—…¡Ah! Odio que haga eso —refunfuñó y luego miró el desconcierto de su novio—. ¿Qué?

—Bueno, sobre eso…

—¿Qué?

—Ayanga es bisexual, me lo dijo hace poco.

Yibo abrió mucho los ojos y alzó ambas cejas en un gesto por completo incrédulo. Pasaron sólo unos segundos antes de que el lado más posesivo y celoso de Yibo saliera a flote. Se puso de pie y comenzó a caminar de un lado a otro, hablando con una velocidad de la que Xiao Zhan no sabía que era capaz.

—¡Yosabíaqueesasmiradasteníanunsignificado! ¡Túlegustas! ¡¿Ysiintentaalgocontigo?! ¡Nolopermitiré!

Xiao Zhan se quedó en la cama, mirándolo con verdadero asombro mientras decía un sinfín de cosas sin sentido, cada vez más rápido y difícil de entender.

En silencio y sin que se diera cuenta por estar tan ocupado parloteando incoherencias, Xiao Zhan se puso de pie y fue tras él hasta atraparlo con suavidad entre sus brazos, desde atrás.

—Shh… —le dijo al oído—. ¿Quién es mi prometido?

—¡Pero…! —la voz calmada de su Ge Ge lo calló.

—¿Con quién me voy a casar?

—Conmigo —murmuró, mordiéndose el interior de su mejilla.

—¿Quién es el único hombre con el que he hecho el amor?

Yibo esbozó una sonrisa de triunfo.

—Yo —afirmó, orgulloso.

—¡¿Entonces cuál es tu miedo?! —rio, haciéndole cosquillas en la nuca con su aliento—. No estés celoso, sólo te quiero a ti, ¿de acuerdo? —le apretó una nalga con cariño antes de darle una palmada, Yibo estaba feliz.

—Pero… ¿Y si te termina gustando otro hombre?

—Imposible.

—Seguramente eso decías cuando te preguntaban si te gustaban los hombres, y míranos ahora.

Tenía razón.

—Wang Yibo, Wang Yibo. Escúchame bien, te lo diré lo más claro posible —se acercó una vez más a su oído, afianzó el abrazo desde atrás y dijo con voz ronca y sensual—: Sólo te amo a ti. Y pase lo que pase, siempre será así. Siempre.

—¿Pase lo que pase?

—Para toda la vida.

—¿Sólo en esta vida?

Xiao Zhan rio, ¿y se suponía que él era el cursi de la relación? ¡No, señor!

—Si reencarnamos, te volveré a encontrar —lo giró entre sus brazos para tenerlo de frente y poder besar sus labios, presionando los suyos sobre los de él con una suavidad increíble—. Es una promesa.

—Más te vale, o yo iré detrás de ti —sonrió de lado, era esa sonrisa socarrona y galante que sólo Xiao Zhan lograba sacarle.

—¿Me estás amenazando?

—Tómalo como quieras —ahora fue él quien le apretó el trasero con ambas manos y siguió sonriendo de lado.

—¿Qué? —preguntó al sentir que lo miraba mucho, en especial su cabello.

—Tienes un peinado matutino tan gracioso.

—¡Tú estás igual! Incluso tienes un… —señaló su nariz.

Yibo palideció y de inmediato se llevó una mano a la nariz, buscando aquello que Xiao Zhan le señaló. Supo que había sido una mala broma cuando su novio se carcajeó abiertamente.

—Tonto —rio también, golpeándolo como tenía por costumbre.

—Ya, basta —se aguantó la risa y trató de ponerse serio—. Tomemos una ducha rápida y salgamos antes de que se nos haga tarde.

—Bien, ve tú primero —comenzó a vestirse bajo la atenta mirada de Xiao Zhan, éste había pensado que sugeriría ducharse con él, pero no fue así.

—De acuerdo —se le quedó mirando raro hasta que entró al baño. Cuando salió, descubrió que ya había pedido el desayuno en servicio a la habitación.

—Desayuna —fue hacia él y le dio un beso con sabor a pancakes—. Están más ricos los tuyos, pero creo que es peor irnos sin desayunar —comenzó a sacarse a la ropa mientras caminaba hacia el baño.

—Gracias —sonrió de lado y se sentó a desayunar mientras Yibo se bañaba con tranquilidad, tomándose su tiempo para dejar correr el agua tibia por su cuerpo, por su rostro aún amoratado.

Ese mismo día volvieron a sus rutinas. En la agencia casi se infartaron al ver el rostro de Wang Yibo en ese estado. La mentira que les dijo fue: "Me caí practicando con la patineta".

Lo cual sonó como una vil mentira para todos, pues él era tan hábil que jamás se había caído de cara contra el suelo.

—Ya, dinos la verdad —dijo Wen Pei mientras codeaba Yibo—. Xiao Zhan te pegó, ¿verdad?

Mao se hecho a reír. Sólo estaban ellos cuatro en medio de ese pasillo del edificio, discutían sobre lo que harían con ese rostro maltrecho, tendrían que cancelar algunas grabaciones y posponer la participación de Yibo en Day Day Up hasta que el maquillaje pudiera cubrir eso.

—¿Ahora qué hiciste? —se les unió Han Ge a la conversación, mirando a su hermano menor y a Xiao Zhan simultáneamente. Di Di sólo se rio, mientras que el acusado se avergonzaba en serio.

—Han Ge, seguí tu consejo. Le pedí que me perdonara, y prometió hacerlo a cambio de que lo dejara darme una lección —se hizo el mártir.

—¡Wang Yibo! —el rostro entero de Xiao Zhan se puso tan rojo que todos ahí supieron de inmediato que Yibo lo estaba metiendo en aprietos con esas mentiras—. Eso no es verdad.

Los tres mayores se echaron a reír. Mao palmeó el hombro de Xiao Zhan y le sonrió.

—Sabemos que serías incapaz, sólo estamos molestándolos.

—Volviendo al tema… no importa qué haya sido —intervino Wen Pei, si Yibo no quería decir el origen de esos golpes, era por algo, y él lo respetaba—. El punto es que no podrás grabar nada hasta que se desvanezcan un poco esos moretones. A la próxima no dejes que tu rostro detenga la caída.

Yibo sólo asintió, sintiendo la mirada de su amado.

—Ven conmigo, iremos a arreglar tu calendario —le dijo Wen Pei, tomándolo del hombro y llevándoselo. Los dos enamorados sólo se despidieron con la mirada.

—¿Ya todo está bien entre ustedes? —le preguntó Han Ge a Xiao Zhan.

—Todo está bien ahora —sonrió—. Yibo me dijo que usted habló con él. Se lo agradezco mucho —hizo una ligera reverencia llena de respeto. Han le palmeó el hombro y le sonrió.

—Aún es muy joven, todavía está aprendiendo de la vida. Sólo cuídalo mucho y sigue así. Te has ganado por completo su corazón, mira que dejar de lado las motocicletas por ti —hizo un gesto de sorpresa bastante chistoso—. Ni si quiera lo consideró cuando hablé por primera vez con él sobre eso.

Xiao Zhan suspiró.

—Fue muy difícil, pero comprendió que es por su bien.

—Me alegra saberlo —le dio una palmadita en la espalda—. Me voy —se despidió de él y de Mao antes de irse por donde Wen Pei se había llevado a Yibo.

Ese día fue largo para ambos, Xiao Zhan se dirigió al estudio en donde estaba por terminar las grabaciones con su buen amigo Ayanga, y Yibo se fue a conocer el nuevo proyecto que tenían para él. Estuvieron tan ocupados que no se volvieron a ver en todo el día.

Hasta la noche fue que Yibo llegó a casa después del trabajo, había pasado todo el día memorizando sus nuevas líneas para una serie corta. Era un buen proyecto, y lo terminaría en poco tiempo, perfecto para ser su primer trabajo ante las cámaras luego de su pausa por la enfermedad en su corazón.

Sin embargo, el día entero se le iba en el set de filmación, así que, tanto él como Xiao Zhan comenzarían a estar fuera de casa todo el día.

Dejó sus cosas en el recibidor y fue a buscar a su amado a la cocina. Casi siempre que llegaba a casa se lo encontraba ahí, ya sea cocinando o comiendo.

Pero en esta ocasión no lo halló por ningún lado.

—Zhan Zhan —lo llamó, pero el departamento seguía en silencio.

Sabía que se encontraba en casa porque vio sus cosas en la entrada. Acaso… ¿Se habría ido a dormir ya?

Pero al no hallarlo tampoco en su dormitorio, comenzó a llamarlo de nuevo.

—¡Estoy en el baño! —exclamó al escucharlo.

—¿Quieres que vaya preparando la cena?

Se acercó a la puerta del baño al no escuchar respuesta.

—Zhan Ge, puedo hacer ramen instantáneo. ¿Te parece bien?

—Sí —respondió desde adentro—. Pero prepara sólo para ti, no tengo hambre.

—De acuerdo —se desconcertó, pues siempre cenaban juntos. Trató de no darle mucha importancia, seguramente su amado estaba muy cansado.

Yibo le dio privacidad y se fue a la cocina, preparó su ramen, lo cenó mientras veía videos en YouTube, y finalmente subió a su habitación.

Pero no había señales de Xiao Zhan.

—¿Sigues en el baño? —preguntó desde el pasillo.

—Sí… —su voz sonaba muy apagada—. No me siento bien.

—¿Qué te pasa? —se angustió.

—Comí algo en mal estado y pasé toda la tarde vomitando.

Al escuchar eso, Yibo intentó abrir la puerta, y al ver que no tenía seguro, entró.

Entonces lo vio, sentado en el frío piso del baño, con su espalda recargada en la pared que estaba justo frente al retrete y con sus ojos entrecerrados mirándolo.

—Hey… —en un par de pasos largos llegó a su lado—. Pensé que tenías diarrea y que por eso no salías del baño.

—También —cerró los ojos ante las náuseas.

—¿Por qué no me dijiste nada?

—Te lo estoy diciendo ahora —su voz sonaba apagada y rasposa.

Yibo no le reclamó más. Mejor se agachó y se sentó a su lado.

—¿Y por qué estás sentado en el piso del baño? Es asqueroso.

Xiao Zhan frunció el ceño.

—Mentiras —murmuró—. Yo lo limpio a diario.

Tenía toda la razón.

Yibo se recargó más hacia él, hombro con hombro y con su espalda recta contra la pared de azulejos claros.

—¿Por qué no vas al dormitorio?

—No quiero correr hasta acá cada vez que quiera vomitar.

Tenía sentido.

Yibo iba a poner una mano sobre su cabeza para consolarlo, pero ni siquiera alcanzó a hacerlo, pues Xiao Zhan ya se había impulsado hacia delante para alcanzar el retrete y vomitar una vez más.

Oh no, no de nuevo —pensó Yibo, con pánico al sentir su piel erizada. Aún no superaba su debilidad ante las personas que vomitaban. La última vez que vio a Xiao Zhan hacerlo… él también vomitó.

Y sinceramente no tenía muchas ganas de volver a pasar por lo mismo. Además, su ramen le había quedado delicioso, sí, pero no quería probarlo de nuevo al vomitar.

—¡Diablos! —exclamó Yibo al acercarse y verlo devolver el estómago. La exclamación le había salido desde lo más profundo de su ser, sin la intención de molestar a su novio.

Pero Xiao Zhan lo había escuchado y, aún vomitando, le hizo una seña con la mano para que se fuera y lo dejara en paz.

Pero Yibo no se fue.

—¿Los fideos de Ayanga te cayeron mal? —se burló un poco, tratando de distraer su mente.

Con el rostro aún en el baño, y tan agitado como para responder con palabras, Xiao Zhan sólo extendió a ciegas un brazo hacia él y le mostró una seña obscena con su dedo medio.

Ok, sí estaba enojado.

—No te pasaría esto si comieras de mi comida en vez de la de Ayanga —le extendió una toalla que Xiao Zhan no aceptó, seguía con su rostro prácticamente dentro de la taza.

—De ser así, ya estaría en el hospital —murmuró entre jadeos cansados antes de descargar una tanda más de vómito.

Cuando se lo proponía, Xiao Zhan podía ser de lengua bastante filosa, y Yibo estaba consciente de ello y del hecho de que se lo tenía bien ganado porque él mismo se lo buscó.

—Eres malo —Yibo hizo un puchero divertido que sólo logró molestarlo más.

—¡Largo!

—Zhan Zhan, no te enojes —acarició su espalda. Le extendió la toalla de nuevo y éste al fin la aceptó—. Oh… ¡ya sé que está pasando en realidad! —exclamó, ganándose la atención del otro—. Hemos cogido tanto, que ya surgió efecto.

Xiao Zhan sólo alzó una ceja, alejándose un poco del retrete, tirando de la cadena y limpiándose el rostro, a la espera de una explicación.

—Al fin quedaste embarazado.

Atónito. Xiao Zhan lo miró en completo silencio durante unos segundos antes de aventarle la toalla con vómito.

—¡Ahh! ¡Qué asco! —alcanzó a esquivarla. Eso le sacó una sorpresiva risa a Xiao Zhan.

—Que idiota… —prácticamente se arrastró de nuevo a la pared en la que había estado recargado y volvió a quedarse ahí, muy quieto—. Embarazado¡Ja! —se rio un poco más—. ¿De dónde sacas tanta imaginación? —lo miró de reojo.

Yibo rio con él y se volvió a sentar a su lado.

—¿Imaginas qué pasaría si eso fuera posible? —dejó que su amado recargara la cabeza sobre su hombro.

—De ser así… —lo meditó unos momentos—… ya tendríamos muchos hijos correteando por todo el departamento.

Yibo rio. Tenía toda la razón.

—Vamos a la recámara.

—Mnh… no. Aquí estoy bien.

—Estarás más cómodo en la cama.

—No —se quejó—. El piso está fresco. Quiero quedarme aquí.

Yibo suspiró. Por supuesto que no lo iba a dejar ahí solo, así que lo acompañó e incluso lo ayudó a que recostara la cabeza sobre su regazo. Acarició sus cabellos y lo arrulló lentamente.

—Deberíamos ir con un médico.

—Ya fui, me inyectaron un medicamento y ya estoy vomitando menos.

¿¡Menos!? Wang Yibo no podía creerlo, pues había vomitado bastante hace apenas unos momentos.

—Me hubieras llamado, podría haberte llevado al médico.

Xiao Zhan negó suavemente con la cabeza.

—No quería molestarte. De todas formas no fui solo.

—¿Te acompañó Na Jie?

—Estaba ocupada con la jefa de la agencia, así que… no te vayas a enojar, Wang Yibo —se enojó él primero—. Ayanga me llevó, luego Mao nos alcanzó y me trajo a casa.

Yibo rodó los ojos con tanta fuerza que bien pudieron habérsele quedado atorados.

—Tenia razón, sí te enfermaste comiendo su comida.

—No, tonto.

Yibo se mordía la lengua para no soltar más comentarios ácidos hacia él.

—¿Entonces?

Xiao Zhan se avergonzó.

—Me vas a regañar.

—Ya, suéltalo.

—Estuve comiendo snacks todo el día. La revoltura no me hizo bien, y… creo que uno de esos bocadillos no estaba en buen estado.

—¿De qué eran?

—Mariscos.

—¿Anguila?

—¿¡Podemos hablar de otra cosa!? —las náuseas volvían a incrementar.

—Sí, lo siento —soltó una risa graciosa mientras rodeaba el trémulo cuerpo de Xiao Zhan con su fuerte brazo, el mayor se dejó apapachar e incluso se acurrucó más hacia el costado de su amado.

—A veces eres un dolor en el trasero —murmuró, quedándose dormido. Estaba muy cómodo ahí.

Yibo rio.

—Sí, lo soy. Pero recuerdo que soy TU dolor en el trasero —le mostró el brazalete—. Y pronto firmaremos para que sea de por vida —fingió una risa malvada tan tonta y graciosa, que Xiao Zhan no pudo evitar reírse. Puso una mano sobre el pecho de Yibo y así no tardó mucho en quedarse profundamente dormido. Los malestares habían menguado bastante luego de tenerlo a su lado.

Yibo se quedó a su lado, dejó que descansara en esa posición un rato. Mientras tanto se puso a jugar con su celular, pero se terminó frustrando al poder usar sólo una mano, no podía ganar así. Aguantó todo lo que pudo, pero terminó despertando a su amado con cariño para llevarlo a la habitación.

—¿Cómo te sientes? —le preguntó con suavidad.

Xiao Zhan arrugó su nariz, a Yibo le dieron ganas de morderla.

—Mejor —admitió, pero seguía con el estómago revuelto.

—¿Ya quieres ir a la cama?

—¿Tú también lo harás?

Yibo asintió.

—Entonces sí quiero —se levantó con la ayuda de su amado. Se lavó los dientes y finalmente se fueron a la recámara. El pobre de Xiao Zhan parecía tener activado el "modo zombie", se veía terrible. Incluso quitarse la ropa era una tarea difícil de hacer.

—¿No te quieres quitar toda la ropa? —señaló su bóxer, pero Xiao Zhan lo ignoró y se tumbó como peso muerto sobre el colchón—. Bien, lo tomaré como un no —él también se quedó en bóxer y se acostó a su lado, también bocabajo y con su rostro cerca de él—. ¿Cómo puedo hacerte sentir mejor? —le picó la mejilla.

Xiao Zhan abrió sólo un ojo.

—¿Harías lo que fuera?

El aludido alzó una ceja.

—Hmm… sí.

—Baila "Pick me, pick me" para mí.

—¡NO!

—Eres malo.

—Sabes que odio bailar eso.

—Hazlo por mí.

—No te hará sentir mejor.

—Pero me harás reír.

—¿Te hace sentir mejor cuando te burlas de mí?

Xiao Zhan soltó una risa adorable.

—Sí.

Suspirando pesada y dramáticamente, Wang Yibo salió de la cama con pereza, se posicionó a un lado del colchón para que Xiao Zhan pudiera verlo y… la coreografía comenzó, ¡incluso cantó la canción mientras bailaba!

Xiao Zhan sonrió como un tonto enamorado.

—Gracias, mi amor —murmuró antes de quedarse dormido con una pequeña sonrisa.

Esa sonrisita con la mejilla aplastada contra la almohada fue la mejor recompensa por haber bailado esa tonta canción. Yibo no podía arrepentirse.

Besó su frente y se metió junto a él a la cama.

Luego de un par de días, el rostro de Wang Yibo volvió a la normalidad, y así pudo retomar sus actividades.

Sus heridas externas sanaron, pero las internas aún dolían.

Xiao Zhan había estado buscando la forma de levantarle el ánimo a su novio, intentó de muchas formas. Incluso tuvo la idea de enseñarle a conducir, Yibo se emocionó al principio y asintió enérgicamente cuando se lo propuso, hasta que recordó que su padre había prometido hacer eso. No pudo evitar entristecer un poco por ello. Xiao Zhan se sintió un estúpido al no haber recordado ese detalle tan importante.

En otra ocasión intentó animarlo sugiriéndole salir a andar en motocicleta un rato, completamente camuflados, usando ropa que jamás se pondrían y sin quitarse el casco en todo el camino. Así sería fácil pasar desapercibidos en esa inmensa ciudad. Pero para su inmensa sorpresa, Yibo se negó con amabilidad, alegando que no estaba de ánimos para salir en moto.

Fue a partir de ese momento que Xiao Zhan comenzó a preocuparse en serio.

Entonces decidió recurrir a una de sus armas secretas. Jamás en la vida había intentado aquello, ni siquiera con sus exparejas, pero ahora lo haría. Todo con tal de verlo feliz.

Fue a su habitación, se quitó la ropa y se puso uno de sus bóxer más sexys. Uno de esos que Yibo adoraba ver en él. Era un Calvin Klein negro, con borde del mismo color y letras grises. La talla elegida le iba como anillo al dedo, no aplastaba su trasero, al contrario, lo hacía ver más respingado todavía, y bastante apetecible. En la parte delantera dejaba muy poco a la imaginación, pues la tela ejercía sólo la presión suave y necesaria para mantener todo en su lugar, sin embargo, permitía que se notara fácilmente la forma de lo que había debajo.

Xiao Zhan se miró al espejo y se sintió satisfecho. Sólo portaba esa prenda. Su plan era pasearse por el departamento de esa forma, total, era un día bastante caluroso.

Yibo estaba en la sala, mirando la televisión en el sofá frente a ésta. En su regazo tenía a Nut, y no dejaba de acariciarla mientras miraba perdidamente la pantalla. Seguía viéndose bastante disperso.

Para efectuar su plan, antes que nada debía alejar a Nut de ese regazo.

Fue a la cocina, pasando muy cerca de su novio, pero éste ni se inmutó.

Alcanzó una lata de los estantes más altos y la abrió. Eso bastó para que Nut brincara del regazo de su padre y corriera rumbo a la cocina al reconocer el sonido de la lata de sus bocadillos preferidos.

—Buena niña —dejó que lo siguiera por toda la planta baja del departamento, maullando ante la espera de degustar esa comida.

Xiao Zhan pasó de nuevo junto a su prometido, esta vez tan cerca que lo hizo voltear. Sonrió satisfecho cuando logró captar su atención.

Bajo la atenta mirada de Yibo, Xiao Zhan se agachó sin doblar las rodillas para servirle el alimento a Nut en su plato. Podía jurar que sentía la mirada penetrante de Yibo sobre su trasero. Lo miró discretamente de reojo y alcanzó a apreciar cómo tragaba en seco.

Sonrió de lado. Estaba funcionando su plan.

Se incorporó sugestivamente, suspirando y estirando su cuerpo con fingida pereza para que su novio viera más de su cuerpo desnudo.

—¿Tenías mucho calor? —esa voz grave se escuchó desde la sala.

Xiao Zhan se aguantó la risa y giró hacia él hasta estar de frente. Puso una mano sobre su cadera y le sonrió.

—¿Tú no tienes calor? —preguntó al verlo con su pants deportivo.

—Ahora que lo dices… —lo miró de pies a cabeza con unos ojos bastante pervertidos.

Xiao Zhan caminó en su dirección. Con cada paso que daba hacia él, Wang Yibo podía sentir su pulso acelerándose.

—Me gusta ese bóxer.

—Lo sé —llegó frente a él, Yibo seguía sentado, con sus piernas cómodamente abiertas—. ¿Sólo te gusta el bóxer? —inquirió, con un tono bastante sensual al igual que el movimiento de su cuerpo cuando se sentó a horcajadas sobre el regazo de Yibo, en una posición bastante atrevida. Sus pelvis estaban prácticamente una contra la otra. El pulso de ambos ya estaba bastante acelerado sólo con eso.

Yibo soltó un largo y pesado suspiro de satisfacción al tenerlo así, sólo para él.

—¿Y bien? No respondiste a mi pregunta —inquirió Xiao Zhan.

—¿Cuál pregunta? —parpadeó como bobo. La verdad era que estaba bastante distraído apreciando ese cuerpo que tanto amaba.

Xiao Zhan se echó a reír, entonces se inclinó sobre el hombro de Yibo y le susurró al oído:

—¿Sólo te gusta el bóxer? —repitió.

Yibo posó sus grandes manos en los costados de Xiao Zhan, acariciando de forma descendente hasta llegar a su cintura, y de ahí a sus caderas para terminar en sus nalgas. Las apretó sin recato y lo empujó con fuerza hacia su cuerpo, pegándolo más a él.

—Me gustas tú… —jadeó al sentir que Xiao Zhan meneaba sensualmente sus caderas hacia delante, rozando descaradamente su entrepierna contra la de él.

El mayor sonrió triunfante al escuchar eso.

Yibo recorrió el cuerpo de Xiao Zhan con la mirada, tatuando en su mente cada parte de ese hermoso ser: su piel tersa y acanelada, su vientre tan lindo y blando, sus muslos apretados sobre los suyos, y… se había afeitado, no había ni un vello en sus piernas y tampoco en su vientre.

Yibo sonrió de lado, acariciando sus muslos y pantorrillas, le enloquecía la suavidad de su piel.

Xiao Zhan le sacó la camiseta a su amado, dejándolo despeinado en el acto. Sonrió al ver que sus mejillas ya estaban sonrojadas debido a la anticipación de lo que estaba por venir.

Comenzó a besar su cuello, deteniéndose en cada pequeño lunar que encontraba a su paso. Yibo apretaba su cintura y sus caderas con ambas manos, disfrutando del agradable tacto que le ofrecía.

Xiao Zhan despegó su boca de la piel de Yibo y fue directo a sus labios. Tomó su cabeza dulcemente con ambas manos, inclinó el rostro hacia un lado y le dio un beso que dejó al otro sin aire. Yibo abrió su boca para darle completo acceso a la lengua de Xiao Zhan.

Cuando sus lenguas se encontraron, ambos soltaron un suave suspiro de satisfacción. Yibo tomó el mando del beso, jugueteando con la lengua de Xiao Zhan, acariciándola con la suya, sintiendo cómo sus cálidos alientos se mezclaban uniformemente al igual que su saliva.

El sabor de los labios de cada uno era una placentera adicción para el otro.

Yibo adoraba cómo Xiao Zhan lo tomaba del rostro durante el beso, a veces enredando sus dedos en su cabello negro y liso, estirándolo un poco. A veces no se daba cuenta de que lo hacía, tampoco de lo mucho que Yibo disfrutaba de esa sensación. Justo como ahora.

Cuando Xiao Zhan retomó el mando del beso, delineó con la punta de su lengua los carnosos labios de su prometido, acariciando con suavidad esa piel sensible antes de encajar sus dientes en ella al mismo tiempo que daba una ligera embestida con sus caderas.

—¡Ah! —jadeó Yibo. Xiao Zhan pudo identificar un placer doloroso en ese gemido.

Las manos del menor se ciñeron con más fuerza en el trasero de Xiao Zhan, apretándolo a su entero antojo.

—Vas a dejar la marca de tus manos —murmuró en un ligero jadeo al separarse del beso.

—Nadie se dará cuenta —sonrió de lado antes de devorar su boca una vez más, amasando ese lindo trasero con cuidado, pero con bastante firmeza.

Sin detener el beso, Xiao Zhan deslizó sus manos por el pecho de Yibo, bajando hasta sus abdominales. Se entretuvo unos minutos ahí, acariciando y disfrutando de la firmeza de esos músculos, incluso de la suavidad de su vientre bajo, en donde había perdido por completo la firmeza. No pudo evitar sonreír durante el beso al sentir aquello, vaya, hasta el Dios griego Wang Yibo era susceptible a tener el vientre blando.

—No te burles —le dijo al separarse unos segundos del beso. Xiao Zhan rio más—. Los recuperaré. Es algo muy sencillo.

A él nunca se le había complicado lograr aquello.

—Aún así… —soltó una risa traviesa entre beso y beso—…me encanta —admitió con completa sinceridad.

Eso calentó el corazón de Yibo, sintiéndose feliz con esas simple palabras.

Xiao Zhan descendió ahora sus manos hasta los bordes del jogger, pero cuando terminó con el beso para bajar la mirada, sus ojos se abrieron enormemente.

El jogger era de color gris claro, y desde donde estaba, Xiao Zhan podía apreciar fácilmente la forma del miembro de Yibo, estaba ya bastante duro y parecía luchar con la tela para salir de su lugar. En la punta de ese miembro, y a pesar de las prendas que lo cubrían, se veía una mancha húmeda que poco a poco iba incrementando.

¿Se había puesto así de duro y necesitado tan pronto?

Xiao Zhan no dejaba de sorprenderse.

Haciendo la vergüenza a un lado, Yibo tomó una mano de Xiao Zhan y la llevó directo a su erección.

—Está así por tu culpa —acusó con un tono serio y profundo, observándolo con esa mirada que estremecía a Xiao Zhan. Éste sonrió de lado y apretó esa erección con su mano, aún sobre la ropa—. No tienes idea de cuánto te deseo —confesó con una voz ronca y profunda, sin apartar su mirada penetrante de los ojos de Xiao Zhan.

Yibo apretó la mandíbula y echó su cabeza hacia atrás al sentir el tacto de su novio. Su mano había empezado a acariciar toda su longitud, deteniéndose en la punta. Sintió la humedad de la prenda y cómo está incrementaba cuando giraba sus dedos sobre el glande.

El mayor le jaló el pantalón sólo lo suficiente para sacar su miembro. Éste se alzó ante él, duro y majestuoso.

¿Estaba más grande que antes? No, quizás sólo alucinaba. Tenía mucho de no verlo ni sentirlo. Sí, era eso.

Tragó en seco y comenzó a masturbarlo lentamente. Usaba su mano para subir y bajar por todo el pene, pero cuando llegaba a la punta usaba su pulgar para acariciar en círculos, arrancándole gemidos nada sutiles.

—¿Te gusta así? —inquirió en un tono bajo, sensual, adictivo.

Yibo llevó un brazo a sus ojos mientras mantenía aún su cabeza echada hacia atrás, con sus piernas bien abiertas y Xiao Zhan sobre su regazo.

—Sí… ah, así —su manzana de Adán subía y bajaba cada vez que tragaba saliva. Xiao Zhan no se resistió y se inclinó sobre él para besar esa parte de su garganta que le parecía tan sexy. Yibo sonrió de lado. Estaba bastante relajado con tanto placer proporcionado.

De pronto Yibo despegó su cabeza del sillón y miró con prisa su entrepierna, pues había sentido que algo además de las manos de Zhan Zhan se estaba frotando contra él.

Una sonrisa ancha y bastante sensual apareció en sus labios al ver que Xiao Zhan al fin había sacado a Xiao Xiao.

El mayor tomó ambos miembros con sus dos manos y comenzó a masturbarlos juntos. La sensación fue excitante para ambos, en especial porque veían la unión de ambas erecciones, frotándose una contra la otra dentro de esas manos bonitas.

—Sí, está más grande —murmuró Xiao Zhan.

—Es que te extrañó mucho —jadeó Yibo antes de tomarlo de las mejillas y atraerlo a un beso profundo y nada inocente. La imagen de ambos miembros frotándose entre sí lo había excitado aún más.

Durante el beso, Xiao Zhan empujó su pelvis hacia Yibo, buscando más fricción entre sus cuerpos. De pronto eso se volvió insuficiente. Necesitaban más.

Xiao Zhan soltó sus miembros y dirigió sus manos a los pezones de Yibo, la posición en la que se en entraban le daba un perfecto acceso a ellos, y sabía lo mucho que le excitaba que les prestara atención.

Tocó esos dos pequeños botones rosas con sus dedos, y la piel de Yibo se erizó, el beso se intensificó e incluso embistió un poco sus caderas hacia las de Xiao Zhan, le urgía sentir más contacto con él.

Con sus dedos acarició y pellizcó esos pezones, arrancándole gemidos profundos a Yibo hasta que ambos pezones terminaron algo enrojecidos y respingados. A Xiao Zhan le parecían adorables, eran de un tono rosado pálido, y contrastaban dulcemente con su piel tan clara y suave. Eran una gran tentación cada vez que lo veía sin camisa.

Las manos grandes de Yibo recorrieron la piel de la espalda de Xiao Zhan, desde los hombros hasta su trasero. Metió las manos bajo el bóxer y abrió un poco sus nalgas. Xiao Zhan exclamó un jadeo extraño al sentir eso, pues Yibo ya estaba acariciando su entrada.

El mayor separó sus labios de los de Yibo y comenzó a repartir húmedos besos a lo largo de todo su cuello.

—Pastelito —murmuró en su cuello.

Yibo rio a pesar de la pasión del momento.

—¿Mnh?

—¿Quieres hacerlo tú, o lo hago yo? Elige —deslizó su lengua desde la clavícula hasta detrás de su oreja, arrancándole un profundo jadeo.

—Ah… —lo apretó más contra su cuerpo y movió sus caderas para buscar fricción entre sus penes. No pensaba con coherencia, pero si de algo estaba muy seguro, era de que quería ser amado por él—…Zhan Zhan, hazlo. Házmelo tú —suplicó.

Eso tomó por sorpresa al otro, pues en esa ocasión verdaderamente tenía ganas de que fuera Yibo quien lo tomara.

—¿Estás seguro? —tomó su miembro duro con una mano, casi podía sentirlo palpitando dentro de su puño.

—Totalmente. Pero… —se separó un poco de él para verlo a los ojos—…vamos a la cama —miró con atención a su novio y soltó una pequeña risa.

—¿Qué?

—Estás completamente sonrojado. ¿Qué te avergüenza?

—Tú estás igual, idiota —se burló y le pellizcó una oreja—. Vamos a la cama —casi suplicó. Se puso de pie con cuidado y trató de guardarse la erección en su ropa interior.

—Déjalo afuera —hizo un tierno puchero al mismo tiempo que Xiao Zhan se lo acomodaba con incomodidad a pesar de la petición de su novio—. Por eso es más cómodo usar esta ropa —se puso de pie y señaló su bóxer bastante holgado al igual que su jogger. Guardó su erección dentro, pero Xiao Zhan se echó a reír al ver que parecía una carpa de circo alzada. Negó con la cabeza y lo tomó del brazo para arrastrarlo a la habitación de ambos.

Yibo se recostó en el centro de la cama, esperando a que su amado se le echara encima, y así fue, lo cubrió con su cuerpo antes de jalarle suavemente el pantalón junto con la ropa interior. Deslizó sus manos por esas piernas fuertes de piel tan tersa y clara como la de un bebé.

—Eres tan hermoso —suspiró, extasiado al ver la hermosura de novio que tenía.

Esas simples palabras hicieron latir más rápido el corazón de Yibo, sonrojando sus mejillas.

—Quítate eso —fue lo único que pudo decir, señalando su bóxer.

Xiao Zhan obedeció y se lo quitó rápidamente, quedando al fin desnudos los dos.

Deslizándose sobre Yibo, rozó con su cuerpo cada centímetro de piel que tenía al alcance. Sus vientres quedaron juntos, sus pechos también. El mayor no se molestó en no dejar todo su peso encima de él.

Acarició la mejilla de Yibo y lo miró detenidamente, acomodándose el cabello antes de sonreírle y decirle con un sincero tono:

—Te amo, Wang Yibo.

El aludido tragó en seco. Se sintió bastante conmocionado con esas palabras. No pudo responderle mas que apretándolo fuertemente con sus brazos.

—Te amo, cariño, te amo mucho —murmuró al fin cuando deshizo el nudo en su garganta.

—Oh, mi amor —se preocupó al separarse del abrazo y verlo llorar.

Yibo estaba demasiado sensible desde que ocurrió el asunto con su padre. Lloraba con mucha facilidad y eso le partía el corazón a Xiao Zhan.

Con paciencia y dedicación se tomó el tiempo necesario para besar cada una de sus lágrimas.

—No me hagas caso —sonrió y descendió sus grandes manos por la cintura de Xiao Zhan hasta sus nalgas.

—Sabes que puedes llorar si así lo deseas.

Yibo sonrió sinceramente, aún con sus lágrimas brotando.

—El problema es que… ya no quiero llorar —rio y se talló el rostro con fuerza. Seguía llorando a pesar de reír.

—Mi amor… —se incorporó un poco, apoyándose en su pecho.

—No, no, no. Zhan Zhan, ya no quiero llorar ni hablar de esto. Por favor, hazme el amor —suplicó, buscando sus labios con sed atrasada.

Xiao Zhan le hizo caso. Sabía que no lograría detener su llanto con palabras, necesitaba distraer su mente con algo más.

Le haría el amor con devoción; lento, intenso, y lleno de caricias conciliadoras que aliviaran el dolor de su alma.

Besó entonces cada rincón de su rostro, eran besos pequeños que hacían un ruido tierno. Acarició su cuerpo con devota admiración, y descendió sus besos por todo su cuerpo. Se detuvo en sus pezones unos momentos, dándoles la debida atención a cada uno. Luego se entretuvo con su lindo ombligo, amaba ese ombligo tan adorable.

Sonrió cuando escuchó una pequeña risa acompañada de un suspiro. Yibo estaba disfrutando aquello.

Las manos y los labios de Xiao Zhan hacían magia sobre el cuerpo de Yibo, logrando calmar ese tormento interno que llevaba experimentando desde hace días. Sólo Zhan Zhan era capaz de aliviar un poco esa pena, con su cariño, sus atenciones, con su amor tan sincero.

Y lo demostró una vez más. No importaba que tuviera una erección a tope, o que se estuviera muriendo por entregarle esa pasión que llevaba dentro desde hace tanto. No. Él pacientemente llenó de atenciones a su prometido, asegurándose de hacerlo sentir amado.

Cuando vio que Yibo se moría de ganas al igual que él, fue que decidió proceder a prepararlo para entregarle todo su amor de manera carnal.

El menor abrió sus piernas con plena confianza, dándole un completo acceso a su amado.

Con una mano posada dulcemente sobre su vientre, dirigió la otra a su entrada ya lubricada. Intentó ingresar un solo dedo, pero le fue difícil.

—¿Duele? —inquirió al escucharlo quejarse entre dientes.

—No, sólo… se siente como la primera vez —rio un poco.

—Estás bastante apretado.

—Ha pasado mucho tiempo desde la última vez.

—Si te sientes incómodo, dilo, y me detendré.

Yibo esbozó una sonrisa hermosa y besó el brazo con el que Xiao Zhan se apoyaba en la cama, lo tenía a centímetros de su rostro, así que siguió dándole tiernos besos.

—Conejito, tú puedes hacerme lo que te venga en gana y yo siempre seré feliz —fue muy sincero.

Xiao Zhan abrió los ojos más de lo normal al mismo tiempo que sus mejillas se tornaban de un rojo intenso.

—¿En qué pensaste, pervertido? —se burló el menor al ver su reacción.

Xiao Zhan sólo rio, negó con la cabeza y se inclinó para callarlo a besos.

Se tomó el tiempo necesario para lubricarlo y prepararlo lo suficiente para que no le doliera tanto a la hora de la penetración. Yibo disfrutó esos momentos, completamente laxo y relajado sobre el edredón de su cama. Sentía cómo Xiao Zhan lo dilataba con sus dedos, y mientras lo hacía, lo miraba fijamente al rostro. Yibo se avergonzó y estuvo a punto de tomar un cojín para taparse la cara, ¿acaso estaría haciendo gestos muy pervertidos? ¿Por qué no le quitaba la mirada? Y encima de todo, parecía muy concentrado en observar cada centímetro de su rostro mientras tenía varios dedos dentro de él.

Estuvo a punto de preguntarle por qué demonios lo miraba tanto, pero en ese momento su mente se nubló debido al inmenso placer que lo invadió.

La expresión concentrada de Xiao Zhan cambió a una de triunfo. Había encontrado la próstata de su amado y ahora la frotaba suavemente con la yema de sus dedos.

Yibo se aferró con sus grandes manos al edredón, arqueó su espalda y cerró los ojos con fuerza al mismo tiempo que un jadeo descontrolado y entrecortado salía de su garganta. Esos dedos dentro de él estaban haciendo magia.

Por su parte, Xiao Zhan no podía sentirse más orgulloso de sí mismo por hacerlo disfrutar de esa forma. Amaba ver cómo se retorcía de placer debido a sus atenciones, cómo sus manos se veían tan sensuales aferrándose a las sábanas de esa forma, y cómo su linda boca dejaba salir esos ruidos que sólo lograban excitarlo aún más.

Desde su posición podía ver cómo los músculos de todo su cuerpo se contraían cada vez que se removía por el placer.

Pero lo más adorable de todo eran sus pies. Sus dedos se apretaban inconscientemente cuando su cuerpo era llenado de tal placer.

—¿Se siente bien ahí? —preguntó con suavidad, sin detener el labor de sus dedos.

—Con un demonio… ¡Sí! —jadeó. Ya se había tardado en empezar a maldecir. Quizás no se daba cuenta, pero cuando estaba en medio de un placer tan grande, su vocabulario poco a poco se iba volviendo más sucio.

Xiao Zhan frotó sus dedos con más intensidad, presionando esa pequeña protuberancia con insistencia hasta que, sin previo aviso, Yibo se corrió sobre su propio vientre.

Maldiciendo y llevándose ambas manos al rostro, sintió su primer orgasmo de la noche. Había sido tan intenso, que su semen salió disparado con fuerza, manchando más que sólo su vientre y pecho.

Y todo había sido gracias a los dedos de su novio. Ni si quiera había tenido que tocar su miembro.

—¿Cómo demonios haces eso? —jadeó, disfrutando de los vestigios de su orgasmo y tratando de regularizar su respiración aún agitada.

Xiao Zhan no respondió, sólo soltó una risa graciosa. Y es que… ¿Cómo no iba a saber cómo darle placer a su pareja? Habían compartido tantos encuentros como ese que ya podía decir con certeza que conocía cada rincón de su cuerpo.

—Tienes algo de… —Xiao Zhan se inclinó sobre él y limpió su cabello.

—Oh… ¿Llegó hasta ahí? —no movió ni un músculo, se quedó tirado ahí, dejando que su novio le quitara esos restos de semen que habían caído volando hasta su cabeza.

Ambos se echaron a reír con ganas. Eso sí que había salido como un fuerte disparo.

A pesar de que el miembro de Yibo se ablandó un poco, el de Xiao Zhan seguía a tope, completamente alzado y suplicando algo de atención.

Yibo rodeó el cuello de su prometido con ambos brazos y lo atrajo a un profundo beso en el que intercambiaron más que sólo su aliento.

—Fóllame —susurró antes de morder sus labios con suavidad, casi suplicando que lo tomara ya.

Xiao Zhan no lo hizo esperar más. Se acomodó entre sus piernas, abriéndolas un poco más hasta hacerlo flexionar sus rodillas, completamente expuesto ante él.

Tomó su miembro con una mano y lo llevó a la entrada de su novio, ésta se contraía un poco, esperando su contacto con ansias.

Se deslizó dentro de él con algo de dificultad. No importaba que lo hubiese preparado, tuvo que tomar con firmeza su pene en la mano para evitar que éste se resbalara fuera del cuerpo de Yibo.

—En verdad estás más apretado.

Yibo sólo gimió al sentir cómo a pesar de estar tan estrecho, Xiao Zhan se abría paso dentro de él, frotando sus paredes internas con su miembro.

—Ah… Zhan Zhan, Zhan Zhan.

—¿Qué pasa? —se detuvo por completo, aunque ya estaba enterrado dentro de su cuerpo.

—¿Puedes poner un poco más de lubricante? —pidió, algo apenado y sin mirarlo al rostro. Tenía el antebrazo sobre sus ojos.

Sí, le estaba doliendo.

¿Acaso había pasado tanto tiempo desde la última vez?

Tal parecía que sí.

—Lo siento —se inclinó hacia delante para besar la comisura de sus labios y entonces salió de él con cuidado, haciéndolo gemir sólo por eso.

Suspiró aliviado cuando dejó de sentir esa gran intromisión en su cuerpo.

Xiao Zhan vertió todo el lubricante que pudo sobre su miembro e incluso aplicó un poco dentro de su amado.

Habiendo terminado, volvió a dirigir su pene a su entrada. Cuando logró introducir sólo la punta, se recostó sobre Yibo y le quitó el brazo de la cara para tomarlo de la mano y entrelazar sus dedos.

Ese gesto tremendamente íntimo y adorable bastó para que el corazón de Yibo se acelerara más. Sus ojos resplandecientes miraron al amor de su vida y cómo esté le sonreía a centímetros de su rostro, mientras comenzaba a penetrarlo poco a poco.

Sus ojos se entrecerraron al sentir la intromisión, sin embargo, sentía cómo ahora ese trozo de carne se deslizaba con mayor facilidad en su interior. Estaba caliente, bastante grueso y casi podía sentir cómo palpitaba dentro de él.

Su mano se aferró a la de Xiao Zhan, la apretó con fuerza y él le correspondió de la misma forma. Dejó de admirar sus expresiones para ir directo a su cuello, degustándolo con lentitud, erizándole la piel ante el contacto de su lengua con ella y dejando que Yibo enterrara las uñas de su mano libre en su espalda.

—¿Todavía duele? —susurró contra su oído, causándole cosquillas con su aliento.

—No… —suspiró, y con sus piernas atrapó las caderas de Xiao Zhan—. Ya puedes moverte —pidió, y en seguida le mordió la oreja al ver que la tenía al alcance.

Un ruido muy sensual salió de los labios de Xiao Zhan antes de despegar su pelvis de Yibo, lo suficiente para salir casi por completo de él, sólo para volverse a enterrar con fuerza.

El cuerpo entero de Yibo se estremeció, incluso podía jurar que sintió cómo el colchón tembló ligeramente ante esa penetración.

A esa embestida le siguió una igual, luego otra, y otra, y una más.

La mano que Yibo tenía en la espalda de su novio, descendió por toda su columna vertebral, enterrando sus dedos en su piel hasta llegar a su trasero. Apretó una nalga con su mano y sintió el vaivén sensual de esas caderas, ondulado contra las suyas.

Por un momento pensó en cómo se vería eso desde un punto de vista externo. Seguramente se correría de sólo ver ese movimiento de caderas. Quizás debería pedirle a Zhan Zhan que le permitiera grabar uno de sus encuentros.

Cielos, se lo hubiera pedido desde el principio, estaba disfrutando mucho, y con sólo sentir con su mano cómo se movía hacia delante y hacia atrás… su mente hacia maravillas, ya podía imaginarse la escena. Sería el mejor porno que podría ver.

Su mente dejó de pensar en eso cuando de pronto las embestidas se volvieron aún más profundas. Su mano derecha seguía entrelazada con la izquierda de su amado, ambos apretaban ese agarre con fuerza. Xiao Zhan fue aumentando la velocidad hasta que la cama comenzó a moverse, adquiriendo un rechinido que antes no había aparecido.

—Ya rompiste… nuestra cama —se burló, jadeando y riendo al mismo tiempo.

Xiao Zhan también rio, pero sólo unos segundos, pues estaba más concentrado en el cuerpo de Yibo.

Abrió más las piernas de su Bo Di, pues necesitaba un acceso más profundo, pero esa posición no se lo permitía del todo.

De pronto Xiao Zhan rompió la unión de sus manos, tomó la cintura de Yibo y, sin salir de él, se incorporó lo suficiente para quedar sentado en el colchón con su amado sobre él. Logró una penetración tan profunda que el pobre se mareó un poco y rodeó los hombros de Xiao Zhan con los brazos, sosteniéndose de él.

—Ah… eso se siente jodidamente bien —dijo sin pudor alguno, meneando sus caderas sobre las de Xiao Zhan.

—¿Y esto? —a pesar de su posición, logró tener la fuerza suficiente en sus caderas para empujarlas hacia Yibo, entrando más y más profundo en él.

Yibo gritó.

Tomó la cabeza de Xiao Zhan entre sus manos y se inclinó sobre él para devorar su boca a besos. Debido a la posición, Yibo se encontraba más alto que Xiao Zhan, así que este sólo alzaba un poco el mentón para que sus labios pudieran estar unidos, frotándose en ese beso, por completo húmedo y caliente.

Sus bellas manos estaban ancladas en la angosta cintura de Yibo, manteniéndolo pegado a su cuerpo como si temiera que de un momento a otro se escapara. Lo cual era gracioso, puesto que Yibo tomaba la cabeza de Xiao Zhan con el mismo sentimiento, comiéndoselo a besos.

La habitación fue inundada por los sonidos lascivos de sus cuerpos chocando, de sus labios húmedos y de los gemidos y gritos que morían ahogados en la garganta del otro.

Acompañando a esos ruidos, el difusor de aroma sobre el buró de Xiao Zhan llenaba la habitación de un delicado y exquisito olor a flor de jazmín.

La atmósfera no podía ser mejor.

O eso creyeron, hasta que los maullidos de su hija gatuna se hicieron presentes.

Decidieron ignorarla por el momento.

Mala idea.

Giraron su cabeza hacia la puerta del cuarto, ésta se encontraba ligeramente abierta, lo suficiente para que ella se asomara y la empujara.

Decidieron seguir ignorándola. Hasta que se sintieron fuertemente observados.

Ambos miraron en su dirección, deteniendo sus actividades sólo un par de segundos para ver cómo estaba parada bajo el marco de la puerta, meneando la punta de su colita como si estuviera feliz de interrumpir aquello. No les apartaba la vista de encima.

—Sólo ignórala —jadeó Xiao Zhan, volviendo a embestirlo hasta arrancarle gemidos ásperos.

—Estamos teniendo sexo frente a nuestra hija, no puedo.

Xiao Zhan rio.

—Sólo no la mires.

Pero Yibo la miró.

—Nos… nos está observando —se sentía incómodo—. Sabe lo que estamos haciendo.

—No seas ridículo —se detuvo unos segundos y miró a su hija. Sí, su mirada felina daba escalofríos—. Nut, vete —le chasqueó los dedos, esperando que obedeciera y se fuera de ahí, pues logró incomodarlo un poco.

Pero la felina obstinada hizo todo lo contrario. Se puso de pie y caminó campantemente hacia ellos. Los observaba desde el piso junto al colchón.

Xiao Zhan chasqueó la lengua y siguió con su arduo trabajo. Yibo iba a reclamarle, pero no pudo porque su boca fue ocupada por la de su amado.

Siguieron en lo suyo, sin imaginarse que Nut daría un brinco hasta treparse en el colchón.

—¡Nut! —la regañó Xiao Zhan.

Pero ella se quedó muy cerca de ambos, mirando las cochinadas que hacían. Parecía molesta, como si se sintiera excluida. Pues también quería cariño.

Lo peor fue cuando comenzó a restregarse contra ambos, buscando ser participe de los "juegos" de sus padres.

Entre risas, Zhan Zhan la empujó un poco para que se fuera y lo dejara seguir cogiendo a su prometido, pero ella permaneció renuente.

—Zhan Ge —rio y se separó un poco de él—. Perdón, pero no puedo seguir mientras ella esté aquí.

Su desvergüenza tenía un límite, y era ese. Nut era sagrada para él.

—Pero…

—¡Llévatela! —exigió, entre divertido y molesto cuando sintió que una vez más Nut se restregaba contra su muslo desnudo.

—Bien —había pensado en sólo empujarla y ya, pero sabía lo caprichosa que era su hija.

Besó los labios de Yibo de manera fugaz mientras salía por completo de su cuerpo, dejándolo solo en medio de la cama.

Xiao Zhan tomó a Nut y la dejó en el pasillo.

—Lo siento, pequeña. Esto no es para ti —cerró la puerta con llave y se dio media vuelta sólo para encontrarse con la escena más sensual y adorable que había presenciado jamás.

Yibo estaba en medio de la cama, desnudo y bastante sonrojado por la agitación. Sus labios entreabiertos revelaban su respiración acelerada. Sus ojos entrecerrados demostraban el deseo que experimentaba en esos momentos, y su cuerpo…

Xiao Zhan se quedó como estúpido mirándolo desde la puerta. Wang Yibo estaba sentado sobre el trasero, descansando su peso en él y en sus manos apoyadas en el colchón, hacia atrás. Sus largas piernas, pálidas y preciosas, estaban flexionadas pero juntas, sin permitirle ver más de lo debido.

A todo eso le acompañaba una expresión traviesa.

La cereza del pastel fue el momento exacto en el que relamió sus labios de una forma lasciva al mismo tiempo que separaba sus rodillas, abriéndolas de par en par, dejándose totalmente expuesto ante él.

Xiao Zhan sintió que su excitación incrementaba sólo con ver aquello, en especial al notar la mirada pesada y lujuriosa con la que lo escaneaba de pies a cabeza, deteniéndose en su entrepierna. Yibo se lo comió con la mirada, dedicando un tiempo extra a esa parte de su anatomía.

—¡¿Qué esperas?! —se quejó.

Xiao Zhan salió de su admiración, tragó en seco y agradeció al cielo por lo afortunado que era.

Se subió a la cama y a gatas se posicionó de nuevo entre las piernas de su amado. Éste lo atrapó con brazos y piernas, y no lo dejó escaparse de nuevo.

—¿Quieres que te folle? —gruñó contra su oído, mordiendo el lóbulo de su oreja y haciendo que se estremeciera por ello.

—Hazlo… —jadeó con un tono grave.

—¿Qué cosa quieres que haga? —pasó su lengua por toda su oreja.

—¡Que me cojas! ¡Carajo! ¡Yo…! Oh… —silenció al sentir una repentina penetración, tan profunda e inesperada que el aire escapó de sus pulmones por la impresión. Incluso sus manos se aferraron con fuerza a los brazos de Xiao Zhan.

—Yibo…

—¿Qué…? ¡Ah! —se estaba deshaciendo en placer.

—Quiero que te pongas en cuatro —murmuró sensualmente sobre la piel de su cuello—. Quiero follarte por detrás —lo embistió una sola vez, con fuerza, y encajó los dientes en su cuello tan sensible.

Jamás imaginó que…

—¡Ahh! ¡Ahh…! ¡Oh cielos, Xiao Zhan! —prácticamente gritó su nombre completo mientras se retorcía bajo su cuerpo, eyaculando abundantemente al haber sido alcanzado por su segundo orgasmo.

Zhan Zhan parpadeó repetidas veces, desconcertado. ¡No le había hecho nada!

Yibo le habría reclamado: "¡Qué lenguaje!", pero su orgasmo no se lo permitió… ese orgasmo ocasionado precisamente por la voz de Xiao Zhan en un tono grave y hasta un tanto obsceno.

Escuchar al amable y siempre educado Xiao Zhan diciendo esas cosas… era literalmente orgásmico.

—¿Quieres un tercer orgasmo? —susurró a milímetros de sus labios, rozándolos ocasionalmente. Yibo se estremeció, su novio se veía tan sexy, despeinado, agitado, sonriéndole de lado con ese tinte de lujuria que le ponía a temblar el cuerpo.

—Por favor —suplicó en un hilo de voz.

—Entonces ya sabes qué hacer —se separó de Yibo lo suficiente para que se incorporara.

Pero el pobre aún estaba afectado por su orgasmo.

—Ah… lo siento —trastabilló al incorporarse, cayendo sobre el cuerpo de su novio, quien se compadeció de él a pesar de que le urgía retomar actividades, su erección dolía.

—Si no puedes hacerlo… —lo tomó de los hombros con cariño—… está bien, podemos… —fue interrumpido.

—¡Ja! Claro que puedo —le había dado justo en el orgullo. Se armó de fuerza, luchó contra la pesadez de su cuerpo y se puso en cuatro, listo para recibirlo de nuevo, sintiendo que su erección iba en aumento una vez más, sólo viendo la sensualidad y la masculinidad de su pareja.

Xiao Zhan se sintió orgulloso. Se posicionó inmediatamente detrás de sus caderas, sorprendido por lo bien que encajaban sus cuerpos en esa posición.

Y a pesar de todo, se tomó el tiempo de acariciar el trasero de Yibo, pues tenía una vista espectacular de él, de toda su espalda y su hermosa cintura. No aguantó la tentación y acarició con sus palmas abiertas desde la nuca de Yibo, descendiendo ardientemente por toda su columna vertebral hasta posicionar de nuevo sus manos en ambas nalgas, abriéndolas de par en par para penetrarlo de golpe una vez más.

Un grito ahogado y áspero salió de la garganta de Yibo. La fuerza en sus brazos lo traicionó, y terminó apoyando la mitad superior de su cuerpo contra el colchón, dejando su trasero alzado.

Su espalda hacia una perfecta curva cóncava que, enloqueció… de verdad enloqueció a Xiao Zhan.

—¡Ah! Así… ¡Más fuerte! —gritaba Yibo a pesar de las frenéticas penetraciones de su amado. El cuerpo caliente de Xiao Zhan transpiraba sensualmente. Gotas de sudor escurrían por su pecho y también por su rostro.

El sonido de sus cuerpos chocando era rítmico y acelerado, así como el rechinido de la cama.

Yibo se aferró con fuerza a la primera almohada que alcanzó desde su posición, y la mordió. La fricción en su interior era tan… le apretaba tanto que… no tenía palabras para describirlo. Sentía que se partiría en dos. Y los movimientos de su amado… ¡Ya ni si quiera podía pensar con cordura!

Xiao Zhan se sintió próximo a correrse, y su novio se dio cuenta de ello gracias a ese tipo específico de gemidos que ya escapaban de su garganta, eran guturales, graves y entrecortados.

—Adentro… hazlo ¡ah! Adentro.

Xiao Zhan no le debatió aquello, le agradeció que le permitiera hacer eso a pesar de no estar usando protección. Apretó sus manos entorno a la cintura de Yibo y lo embistió con un frenesí mayor, sus gemidos se hicieron al fin presentes y consistentes.

Por su parte, Yibo no resistió mucho aquella intensidad y terminó dejándose caer por completo al colchón, lo único que mantenía su trasero alzado eran las manos de Xiao Zhan.

—Oh… ¡Demonios! —gritó entre dientes. Cerró los ojos con fuerza y se quedó quieto dentro de Yibo sólo por unos segundos al sentir el inicio de su orgasmo, pero retomó sus embestidas al mismo tiempo que se corría con fuerza dentro de él.

Jadeando, sudando y aún eyaculando, se dejó caer sobre Yibo, dejándole todo su peso encima.

Ambos estaban agitados, Yibo podía sentir el corazón de Xiao Zhan latiendo sobre su espalda. Pero lo que no se esperó, fue que de pronto empezara a mover sus caderas una vez más. Seguía con su torso pegado a la espalda de Yibo, lo único que movía era su pelvis, entrando y saliendo mientras jadeaba intensamente.

Yibo contrajo su entrada varias veces, con toda la intención de enloquecerlo aún más, pero eso no sólo excitó a Xiao Zhan, pues el menor se corrió una vez más, gritando con su cara enterrada en la almohada que había estado mordiendo antes.

—Ah… ah Yibo… Zài Zài… —besó su nuca, dejando que ese segundo e inmediato orgasmo se apoderara de él.

No supo en qué momento ese encuentro tierno y tranquilo se había tornado tan intenso.

Yibo respiraba con dificultad, su cuerpo estaba cubierto por una fina capa de sudor. Podía sentir aún el miembro de Xiao Zhan dentro de él, acompañado de algo líquido, espeso y bastante caliente.

Se quedaron en esa posición, Xiao Zhan aplastando a Yibo mientras se recuperaban de sus orgasmos.

—Xiao Zhan —lo llamó con voz profunda—. Quiero verte —se removió. El mayor se quitó de encima suyo, saliendo de su cuerpo para tumbarse bocabajo a su lado, con su rostro a centímetros del suyo.

—Hola —suspiró Xiao Zhan, extasiado, pero exhausto. Su sonrisa ladina lo demostraba.

—Hola —extendió una mano para acariciar su mentón y su mejilla. Él se encontraba en las mismas: completamente drenado de energía. Miró el bonito rostro post-coito de su prometido.

¡Que bueno que nadie más tenía esa vista de Xiao Zhan! Porque de ser así, más gente caería a sus pies con sólo echarle una mirada a ese hombre despeinado que transpiraba y le dedicaba una mirada intensa a pesar de que sus ojos se cerraban por el cansancio. Sus labios estaban inflamados y algo irritados, el color rojo intenso en ellos delataba el encuentro salvaje que habían tenido.

No se resistió y acarició esos labios.

—Estoy… muy cansado —murmuró con voz ronca.

Yibo se burló.

—Tú te lo buscaste, te paseaste frente a mí con esa ropa que adoro.

—Lo sé —sonrió, orgulloso—. Aunque debo admitir que tenía ganas de que tú me follaras.

Yibo se asombró.

—Te ofrecería una ronda más, para yo hacértelo. Pero después de tres veces… no creo que haya forma humana de levantar eso —dijo, refiriéndose a su miembro.

Xiao Zhan rio entre dientes, con su mejilla aplastada contra el colchón. Los ojos se le cerraban por el cansancio.

—Lo hiciste bien, campeón, lo hiciste bien—le dijo Yibo, con un tono divertido mientras nalgueaba a su prometido con palmadas un tanto flojas.

—Tonto —rio y se permitió cerrar los ojos unos momentos, pero los volvió a abrir al escuchar un quejido de inconformidad.

Yibo se había girado en la cama, pero al quedar sentado pudo sentir cómo algo salía de su ano, en contra de su voluntad.

Xiao Zhan se sintió culpable a pesar de que le había dado permiso de eyacular dentro de él.

—Uhm… —se llevó una mano al vientre—. Que bueno que no soy mujer.

Xiao Zhan alzó una ceja, sin entender y sin moverse aún de su cómoda posición de "cadáver en escena del crimen".

—De ser así, ya estaría embarazado —continuó, haciendo reír a su amado. Este vio cómo Yibo se envolvía una sábana entera en las caderas antes de ponerse de pie.

—¿Por qué te cubres?

—No quieres ver cómo eso sale de mi cuerpo. Demonios, Xiao Zhan —se quejó en serio—. Es demasiado —gruñó al sentirse incapaz de controlar la salida de todo lo que Xiao Zhan dejó dentro de él.

Iba caminando con piernas temblorosas rumbo a la salida de la habitación, pero de pronto Xiao Zhan ya se había levantado y estaba ayudándolo a llegar al baño sano y salvo.

—Lo siento —murmuró suavemente, apenado y con sus mejillas un poco enrojecidas por la vergüenza.

Yibo soltó una risa cantarina bastante linda.

—Valió la pena, valió cada maldito segundo —suspiró pesadamente, satisfecho. Su prometido lo había dejado por completo satisfecho.

Xiao Zhan lo ayudó a llegar al baño, e incluso se iba a tomar el tiempo y la dedicación para asearlo.

—Espera, no, no tienes que hacer eso —lo detuvo. Su rostro entero estaba sonrojado.

—Soy el causante de que quedaras así —lo miró con dulzura, como si momentos antes no lo hubiese estado follando tan duro que casi deshacía la cama—. Si no te molesta, quiero hacerlo —besó su hombro desnudo.

—Zhan Zhan, eres adorable, y todo un caballero. Pero… largo —lo empujó hacia la salida del baño y cerró la puerta—. Mejor ve y cambia las sábanas, te alcanzaré en un momento —le dijo desde el interior del baño.

El aludido suspiró y terminó soltando una pequeña risa resignada antes de ir a hacer lo que pidió. Las sábanas habían terminado hechas un completo desastre. Él se había corrido dentro de Yibo, dos veces, pero Yibo… bueno, las sábanas habían quedado bastante húmedas de ciertas partes, y no sólo por el sudor que ambos transpiraron.

Después de cambiar las sábanas por unas limpias, Xiao Zhan se asomó al pasillo y vio que su amado seguía en el baño.

—¿Todo en orden? —preguntó luego de dar un par de golpecitos a la puerta.

Sólo obtuvo un largo: "¡Sí!".

—¿Estás seguro?

—¡Que sí!

El mayor se fue a la cocina en busca de algo para tomar, mientras tanto Yibo seguía encerrado en el baño. ¿Cómo le explicaba que le dolía mucho el trasero? En el momento del acto no lo sintió así, incluso quería más, pero ahora… su cuerpo le estaba cobrando factura, y con intereses incluidos.

Terminó de asearse, hizo sus necesidades y fue a la cocina en busca de algo para beber. No le sorprendió encontrarse a su novio ahí también.

—¿¡Por qué no usas vaso!? —lo regañó de forma exagerada, cobrándole una de tantas.

Xiao Zhan lo ignoró y siguió bebiendo agua fresca directo de una jarra que había sacado del refrigerador.

Incluso bebiendo como bestia sedienta era tremendamente sexy. Su manzana de Adán subía y bajaba con cada trago. Además, pequeños caminos de agua se escurrían por sus comisuras, mojando su cuello y deslizándose por su pecho desnudo.

Yibo también se abasteció de agua. Y no sólo eso, sacó la caja de pizza que habían pedido para centa y tomó dos rebanadas, dándole una mordida a una y luego a otra.

Zhan Zhan se sentó a su lado en la barra y juntos se terminaron esa pizza. Comían y bebían como si no lo hubieran hecho desde hace días, al final terminaron riendo al verse a sí mismos.

Fue al regresar a su habitación cuando Xiao Zhan vio que su novio cojeaba. Inmediatamente le dio apoyo al caminar.

—¿Estás bien?

—Me has dejado lisiado.

El mayor no pudo evitar estallar en carcajadas.

—Idiota —le dijo Yibo, sin embargo, también se echó a reír.

Cuando se metieron a la cama comenzaron a repartirse tiernas caricias, tenían mucho sueño y se estaban arrullando lentamente con esas caricias.

—Tengo una idea para cuando los dos queramos ser follados al mismo tiempo —dijo Yibo de pronto.

—¿Cuál?

—No te diré.

—No acepto tríos ni nada por el estilo —espetó de inmediato.

—¡Ja! No fui yo quien lo sugirió antes.

—¡Nunca lo hice!

—Bueno, ya no importa. El punto es que sí sería un trío, pero no con una persona —lo miró sugerentemente, con una expresión tan pícara y chistosa que Xiao Zhan entendió todo.

—Oh…

—Sí: "Oh…" —mantuvo esa cara graciosa.

—¿Ese dildo?

—Sí.

El dildo doble, largo y medianamente grueso.

—Hay que intentarlo —bostezó con mucha fuerza.

—Por lo pronto durmamos —Yibo besó la frente de su prometido—. Porque mañana tenemos mucho trabajo.

Xiao Zhan se quejó de manera infantil. No quería ir a trabajar.

—Oye… Yibo —murmuró muy apenas, con un tono dulcemente adormilado mientras su mejilla estaba aplastada contra la almohada. Ni siquiera podía mantener sus ojos abiertos.

—¿Qué pasa? —sorprendentemente él no tenía tanto sueño. Apoyó el codo sobre su almohada y la cabeza contra la palma de su mano. Su novio ya estaba tumbado bocabajo, con su lindo rostro de lado—. ¿Zhan Zhan? —inquirió al no escucharlo más. Acarició su rostro dormido con la punta de sus dedos. Pero luego de unos segundos pareció revivir.

—Vayamos a la playa —murmuró, más dormido que despierto—. Tú… yo… solos.

El corazón de Yibo se emocionó tremendamente con esa propuesta.

—¡Sí! —exclamó de inmediato—. Pero vayamos a una lejos de aquí. ¿Qué tal Bali? O quizás Bora Bora… ¡No! ¡Mejor una playa del mar Caribe! —estaba muy emocionado—. Entre más lejos de aquí, mejor —rio. Estaba tan feliz que no se dio cuenta de que su prometido ya estaba profundamente dormido.

Yibo suspiró y lo acarició lentamente en la mejilla. En verdad ansiaba poder hacer más cosas de pareja normal con su amado. E ir a la playa era una excelente manera de comenzar.

Yibo permaneció despierto por largo rato, no dejaba de acariciar muy ligeramente el rostro de ese hombre, de su futuro esposo.

Con ese pensamiento en mente, se aferró a él como koala a árbol, no le importó que Xiao Zhan se quedará entre sueños al sentir su peso. Y así se dejó llevar por el sueño.

Lo había extrañado mucho. No sabía cómo había hecho para aguantar tanto tiempo sin él.

Y para colmo, Wang Yibo soñó con él. Y no, no fue un sueño erótico y tampoco uno aventurero. En ese sueño se había reflejado uno de sus más grandes anhelos:

Poder salir a las calles con Xiao Zhan, sin temor de ser reconocidos; sin detener sus ganas de caminar por la acera tomado de su mano, besarlo cuando le diera la gana y en frente de quién fuera. Mejor aún, besarlo en frente de todos para que supieran de una vez por todas que no era hombre disponible.

Soñó que iba a tomar un helado con él, sin tener que ocultar su identidad. En su sueño iban también a un parque de diversiones y luego se paseaban en la playa como dos personas completamente normales.

A veces, sólo a veces, maldecía su fama. Pero luego se retractaba al darse cuenta de que, para empezar, sin ella no habría conocido al amor de su vida.

Valía la pena. Tenían muchas limitaciones, pero Yibo siempre pensaba en cierta frase que lo ayudaba a seguir adelante:

"Deja que el tiempo pase, ya veremos lo que trae"

Le daba esperanzas. Su suerte podría cambiar. ¿Y si se iba a vivir a otra parte del mundo con su Zhan Zhan? Le emocionaba la simple idea. Por lo pronto, Wang Yibo agradecía al cielo el hecho de estar ahí, con su amado, sin estar peleados. No quería pasar por eso una vez más.

—Te extrañe tanto —murmuró antes de finalmente dormir.

Continuará…

Hola, personitas!

Sé que les prometí sexo sucio con palabras puercas. Pero sinceramente no pude, terminé borrándolo porque más que "sexy", daba risa JAJAJA. Así que dejémoslo así por ahora. Quizás eso se dé más adelante, quizás no. Ya veré cómo desarrollo.

Por lo pronto espero no haberlas decepcionado, en serio, espero que no. Y si fue así, lo siento.

Antes de irme quiero advertir una cosa. Espero que hayan disfrutado mucho del soft en este capítulo, porque en el siguiente comenzará el primer nivel del drama que se esperaba desde hace algún tiempo. En el transcurso de la próxima actualización, cuando menos se lo esperen, ocurrirá.

Sin más qué decir, me despido!

Dasvidania!

24/05/2020

5:30 p.m.