Capítulo 61: "Todo es felicidad"
La felicidad desbordaba por sus poros. Iban al trabajo con una sonrisa y estaban felices durante todo el día, tanto así, que comenzaron a preocupar a quienes los rodeaban, pues un Yibo tan feliz durante todo el día era en verdad extraño de ver.
—Oye… ¿Estás bien?
Yibo miró a su manager y le sonrió.
—Esa sonrisa perturbadora de nuevo —pensó Wen Pei.
—Sí, ¿por qué lo preguntas?
—Porque estás demasiado feliz, y eso es… deja de sonreír así, me perturbas —se alejó un paso de él.
Yibo se echó a reír.
—¿Qué tiene de malo que esté tan feliz?
—Nada, pero a todos nos asombra verte así —cambió su expresión de desconcierto por una suave sonrisa—. Dime, ¿qué te tiene tan animado?
Yibo iba a responder, pero Wen Pei se le adelantó.
—¡No me digas! ¡Ya sé qué es! Obviamente se trata de Xiao Zhan.
—Obviamente —rio y rodó los ojos.
—Pero… ¿cuál es el motivo en particular?
—¿En verdad quieres saber? —alzó una ceja y se rio aún más al ver la expresión extraña que puso su agente. No, no quería saber, pero de todas formas se lo dijo—. Xiao Zhan y yo cogemos todos los días —suspiró, satisfecho al ver la gran incomodidad en el rostro de su amigo. Siempre era Wen Pei quien lo ponía en situaciones incómodas, pero ahora Yibo se estaba vengando al mismo tiempo que le presumía su dicha.
—Demasiada información.
—Tú querías saber.
—Oye, pero él ha estado igual de extraño que tú.
Yibo le dedicó una expresión pícara tan graciosa que el mayor no pudo evitar reír.
—Ahora todo cobra sentido. ¿Era por eso que no podías bailar bien hace unos días?
Recordó el ensayo del lunes y cómo Yibo se detenía cada ciertos segundos, quejándose de dolor en sus caderas, ni siquiera pudo hacer bien los pasos de baile que involucraban movimiento de pelvis. Todos se habían preocupado pensando que quizás se había lesionado, incluso lo mandaron a terapia para que masajearan sus caderas y le aplicaran frío y calor. Pero Yibo jamás aceptó que fuese una lesión por el baile y tampoco lo negó, simplemente no se atrevió a decir el verdadero motivo, sólo aceptó el masaje y disfrutó la terapia gratis.
Lo peor de todo, era que el staff con el que trabajaba Xiao Zhan se había dado cuenta de que éste parecía estar muy adolorido también. Le ofrecieron que fuera a terapia, pues de repente lo veían cojear un poco, era apenas notable. Pero Xiao Zhan se negó rotundamente al mismo tiempo que sus mejillas se sonrojaban cada vez que alguien le mencionaba algo al respecto.
Wen Pei no tardó en atar cabos y darse cuenta de la causa de esas molestias en ambos.
—¡Niño, deberían controlarse un poco! —exclamó Wen Pei, sonrojado luego de unir todos los puntos.
Yibo sólo soltó una carcajada refrescante, con su característica risa de pato.
—Somos jóvenes, no hay necesidad.
—Pues si te deja medio paralítico, yo creo que sí.
—¡Hey! —se quejó, riendo todavía.
—Entiendo que la reconciliación tuvo que estar muy buena, pero… no es justo para sus cuerpos que se reconcilien cada día.
Yibo chasqueó la lengua y le restó importancia haciendo un gesto con su mano.
Entonces su manager recibió una llamada y se apresuró a alejarse de ahí para responder.
—Me tengo que ir —le dijo a Yibo—. Pórtense bien.
—Sí, sí —le restó importancia y siguió en lo suyo.
Xiao Zhan y Yibo estaban tan sumergidos en su burbuja de amor, que todo lo demás pasó a segundo plano. Incluso la tristeza de Yibo por su padre había menguado un poco. Sin embargo, si el tema salía a flote, una clara expresión de culpa aparecía en su rostro. Así que Xiao Zhan se encargaba de hacerlo feliz día tras día, trayendo como consecuencia felicidad para él también.
Ambos se sentían plenos, satisfechos y muy cómodos en su relación de pareja. Tanto así, que Wang Yibo había comenzado a buscar el anillo perfecto para su prometido. Quería regalarle uno como símbolo de su amor y compromiso. Wen Pei lo estaba ayudando a encontrar el anillo perfecto, pero tal parecía que aún no existía, pues ninguno lo convencía.
Mientras tanto, él seguía feliz al recordar que llegando a casa cenaría junto a su prometido y terminarían el día revueltos en la cama, haciendo el amor.
Lo habían estado haciendo a diario, sin embargo, no todos los días era igual. No siempre había penetración. Esto era porque notaron cómo su desempeño físico disminuía un poco cuando se pasaban de la raya una noche antes. Necesitaban estar al cien porciento en el trabajo, así que optaron por poner ciertas "reglas" con el fin de no desgastar sus cuerpos a tal grado.
Pero fuera de eso, estaban llenos de energía para terminar el día de esa forma. Y si estaban cansados, eso sólo los motivaba.
Había ocasiones en las que Yibo notaba que su amado llegaba verdaderamente cansado del trabajo, era ahí cuando le preguntaba si quería hacerlo esa noche también, y al ver que sí quería, se ofrecía a ir arriba para que pudiera descansar un poco.
Xiao Zhan le agradecía eso de todo corazón, pues su cuerpo cansado a veces llegaba muerto luego de una larga jornada de trabajo. Además, no lo había emitido en voz alta, pero le encantaba cuando Yibo era quien le hacía el amor, pues lo hacía sentir cuidado, amado; le gustaba mucho recibir de él y no sólo ser quien daba.
Le gustaba cómo Yibo había ido ganando experiencia y cómo lograba hacerlo suspirar sin siquiera tocarlo.
Otra razón por la que amaba que su prometido tomara el rol dominante, era por el simple y sencillo hecho de que día tras día tenía el control de su vida y de su entorno, de sus decisiones y acciones, pero cuando estaban en la cama…
Amaba que Yibo tomara el control de vez en cuando, que lo amara y lo follara sólo como él sabía hacerlo. A veces suave y tierno, a veces salvaje y duro.
Xiao Zhan estaba de tan buen humor que hizo su cansancio a un lado y decidió que al desocuparse de sus compromisos iría a comprar lo necesario para prepararle una rica cena a su prometido.
Así, cuando Wang Yibo llegó en la noche al departamento, fue recibido por la calidez de un hogar con comida deliciosa preparándose en la cocina.
Su nariz se deleitó con el inconfundible aroma a fideos hechos en casa. Había música alegre en el equipo de sonido, y a lo lejos podía escuchar a Xiao Zhan cantando.
Esa era su definición de paraíso. Adoraba fervientemente esos momentos, pues se sentía el hombre más dichoso. No necesitaba nada más que comida preparada por su novio y a su novio. Y bueno, obviamente a su hija felina recibiéndolo como de costumbre: caminando entre sus piernas y restregando su cuerpo suave contra él hasta que la levantaba y le hacía cariños.
—Yibo, ¿eres tú? —preguntó Xiao Zhan desde la cocina.
—¿Quién más podría ser? —le dijo desde el recibidor.
—Mis padres tienen llave —dijo, asomándose desde la cocina. Wang Yibo lo vio y se enterneció. Traía su delantal puesto sobre la ropa con la que había salido de casa en la mañana, pero ahora traía unas cómodas pantuflas.
—Los extraño —confesó Yibo sin dejar de acariciar a Nut.
—Yo también —suspiró.
—¿Y si vamos a visitarlos? ¿O si mejor vienen ellos?
Xiao Zhan negó suavemente con la cabeza.
—No podemos ir ahora. Tenemos mucho trabajo. Y papá… bueno, justo ahora están en pleno lanzamiento de la nueva línea de ropa.
—¿De esta? —señaló su fondo de pantalla. En éste estaba Xiao Zhan modelando uno de los trajes de novio de la marca de su padre.
—¡Ya quita esa foto! —se quejó.
—No. Por cierto, tengo que buscar a tu padre, dijo que antes del lanzamiento me mandaría uno de los póster que ponen en las tiendas.
—¿Póster de qué?
—Obviamente de ti, tonto.
—¡¿Para qué quieres uno!? —se sonrojó ligeramente.
—¿No puedo tener un póster de mi esposo? —lo dijo con tal naturalidad que Xiao Zhan se quedó sin palabras. Eso había sonado tan bien—. Bueno, casi esposo —corrigió al ver que seguía sorprendido.
—¡La cena! —corrió de vuelta a la cocina al recordar que dejó la estufa encendida.
Yibo dejó a Nut en el suelo y siguió a su amado. Lo vio tan ocupado cocinando que no quiso interrumpir. Se quedó en la barra que separaba la cocina del comedor y tomó asiento en uno de los banquillos. Ahí se quedó, mirando cómo cocinaba y cantaba al mismo tiempo. Disfrutaba mucho de ello, no necesitaba ser parte de la escena para sentir esa dicha en su pecho.
—¿Te ayudo en algo? —preguntó, más por cortesía que por otra cosa. Pues ya conocía la respuesta de Xiao Zhan.
—No.
Sí, cuando se veía así de concentrado cocinando algo, no permitía que Yibo metiera mano.
Mientras tanto, Wang Yibo disfrutaba de verlo de pies a cabeza. No importaba el paso de los meses, él seguía igual de emocionado por tenerlo como novio. En pocas palabras: aún no lo podía creer.
—Huele demasiado bien —inhaló y exhaló—. ¿Cuándo compraste todo eso? —inquirió al ver que había ingredientes que no estaban en la cocina esa mañana.
—Fui al súper mercado —respondió, salteando los vegetales en la sartén y esperando el regaño por parte de su amado.
—¿Por qué no lo pediste en línea?
—Necesitaba ver los ingredientes en persona para asegurarme de comprar los indicados.
—Pero… —iba a recordarle que era muy peligroso que fuera solo a cualquier parte, pero fue interrumpido.
—Y no, no fui solo —le sonrió de lado—. Mao me acompañó e incluso me ayudó a elegir bien.
—Bueno, está bien. Pero… ¿acaso estamos celebrando algo?
Xiao Zhan soltó una risa pequeña y entre dientes.
—Uhm, sí.
Yibo se alarmó, ¿estaba olvidando una fecha importante?
—No te preocupes —rio al ver su angustia—. Lo que pasa es que estuvimos peleando en nuestro aniversario de mes, y no lo celebramos debidamente. No es la gran cosa, sólo una cena, pero quería hacerlo.
—Oh… —se conmovió. ¿Qué había hecho para merecerlo?—. ¿Por eso me estás cocinando?
—Técnicamente siempre te cocino, pero sí —rio—. ¡Oh! —se asustó cuando de pronto sintió que lo abrazaban por detrás. No se había dado cuenta del momento en el que Yibo entró a la cocina y fue tras él.
El menor rodeó la cintura de su novio y apoyó el mentón sobre su hombro antes de besar su cuello.
—Te amo —murmuró en un tono íntimo y lleno de cariño. Xiao Zhan sintió que sus piernas se derretían ante ese tono y esas sensaciones.
—Si no me sueltas, voy a quemar la cena.
Yibo lo apretó una vez más antes de soltarlo.
—Y yo también te amo —dejó la sartén un momento y se giró para darle un corto beso en los labios que lo hizo sonreír mucho.
El teléfono de Xiao Zhan comenzó a sonar, pero estaba tan ocupado que le pidió a Yibo que respondiera la llamada en su lugar. Pero al ver de quién se trataba, se negó rotundamente.
—No. Es Xuan Lu.
Xiao Zhan no entendía el motivo de su renuencia.
—¿Y?
—No he hablado con ella desde… desde que la llamé estando ebrio.
Entonces Xiao Zhan recordó todo y se echó a reír, con mayor razón quería que le respondiera.
—Ella no está enojada, contesta.
—No sabía que seguían teniendo contacto.
—Es mi amiga —se encogió de hombros.
—Me da vergüenza, no tomaré la llamada.
—¡Contesta!
Murmurando groserías, Yibo apretó los labios y obedeció.
—¿Diga?
—¿Zhan Zhan?
—No. Habla Wang Yibo —murmuró con completa seriedad, ocultando la inmensa vergüenza que sentía—. Él está ocupado haciendo la cena.
—Oh… —su dulce voz se escuchaba en verdad sorprendida al escucharlo a él. No pudo evitar soltar una pequeña risa—. ¡Hola! ¿Cómo has estado?
—Bien.
Xiao Zhan trataba de escuchar lo que ella le decía, pero no lo logró. Estaba al tanto de lo que sea que fueran a hablar. Tenía curiosidad.
—¿Tú cómo estás? —preguntó por mera cortesía, se notaba la incomodidad en su voz y en el lenguaje corporal que expresaba.
—Bien. Me da gusto hablar contigo. No charlábamos desde…
Yibo se palmeó la cara. Había tenido la esperanza de que no lo recordara, o que al menos no se atreviera a mencionar esa escenita de celos.
—Sí, lo sé. Estaba bastante ebrio y dije cosas muy groseras. En verdad estoy apenado, Xuan Lu. Lo siento mucho —dijo todo en una sola bocanada de aire.
Ella soltó una risa muy adorable.
—No te preocupes. Me alegró la noticia. Zhan Zhan se ve muy feliz a tu lado.
Yibo se sentía nervioso, pero su lado celoso salió a flote sin poder evitarlo. Pensó en la opción de decirle de forma casual que ya no sólo eran novios, sino que pronto se casarían. Sí, se lo Iba a decir, pero ella se le adelantó.
—¡Me dijo que se van a casar! —soltó una exclamación llena de entusiasmo.
Yibo se quedó con la boca abierta, sin saber qué decir.
—Tú… él… ¿Te lo dijo?
—Sí, estaba muy emocionado. Aunque aún le remuerde la conciencia por haberte dado sólo un brazalete.
—Oh… —una sonrisa tonta apareció en su rostro. Así que Xuan Lu ya lo sabía, y directamente de Xiao Zhan.
Le gustaba. Sí, eso lo hacía sentirse feliz.
—¿Me dejarán ser madrina de algo? De lo que ustedes quieran.
Yibo no sabía qué decir.
—Uhm… sí —se rascó la mejilla, incómodo por seguir en esa conversación—. Oye… ¿Quieres hablar con Xiao Zhan? —ahora sí estaba dispuesto a comunicárselo.
—¿Ya se desocupó?
—No, pero te pondré en altavoz —dejó el celular en la isla en medio de la cocina.
—Hola Lulu, te escucho.
—¡Zhan Zhan! No quería molestarlos a esta hora, pero necesitaba saber algo.
—No te preocupes, sabes que tus llamadas siempre son bienvenidas —dijo con entusiasmo, sólo para sacarle la lengua a Yibo después de decir aquello.
—"Sibis qui tis llimidis simpri sin binbinidis" —se burló Yibo, imitándolo de forma chistosa a pesar de que sí estaba algo molesto. Afortunadamente lo hizo en voz baja y Lulu no lo escuchó.
—¿Tienen proyectos programados en alguna localidad cercana o dentro de Wuhan? —inquirió ella luego de soltar una agradable risa.
Ambos se miraron mutuamente antes de responder.
—No, ninguna. ¿Por qué lo preguntas?
—Porque están sucediendo cosas extrañas. Mi agencia canceló todos los proyectos que se llevarían acabo ahí debido un extraño virus que está enfermando a gran parte de la población de la ciudad. Las autoridades aún no lo hacen oficial, así que muy poca gente sabe sobre esto. No sé si la agencia de ustedes ya lo sepa, pero quería asegurarme. No quiero que alguno de mis amigos corra riesgo de enfermarse.
Ambos se sorprendieron.
—¿Es muy grave ese virus?
—Hasta donde sabemos, los que se contagian contraen una neumonía terrible, aún no hay vacuna para ello y ya han muerto varias personas.
Fue entonces que Xiao Zhan recordó la noticia que vio hace semanas sobre el brote de neumonía que apareció en pleno verano. Eso no era normal.
—¿No es el brote de neumonía que comenzó hace poco? —inquirió Yibo, también lo había recordado.
—Quizás tenga relación —respondió ella—. Por favor, cuídense mucho.
—Gracias por la información, Lulu. Tú también cuídate, estaremos al pendiente.
Se despidieron con cortesía y cariño antes de colgar. Yibo sólo puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos.
—¿Ves? Te dije que no estaba enojada contigo.
Yibo sintió un gran alivio. Sí, estaba celoso de ella por haber estado en la vida de Xiao Zhan de esa forma desde mucho antes que él, pero eso no quitaba la vergüenza que sentía al recordar cómo le restregó en la cara que Zhan Zhan era sólo suyo.
Afortunadamente Lulu no era rencorosa.
—Sobre lo que dijo… —Yibo se puso repentinamente serio—… Wen Pei me platicó sobre eso hoy en la tarde. Parece que hay un virus esparciéndose en esa zona del país, y los que han viajado ahí en los últimos meses han esparcido la enfermedad en sus ciudades.
—Eso explica por qué en algunos establecimientos están tomando la temperatura de cada cliente —recordó que incluso para entrar al supermercado le pidieron que se dejara revisar.
Hablaron sobre ello mientras Xiao Zhan terminaba la cena, pero pronto lo dejaron de lado y siguieron con temas más importantes para ellos.
Cuando se sentaron a cenar, Xiao Zhan miraba expectante a su prometido, quería ver su reacción ante ese platillo que nunca antes había preparado, pero que gracias a su suegra, sabía que era uno de los preferidos de Yibo.
—Estos fideos no son típicos de esta ciudad —dijo Yibo al mirar el delicioso platillo—. Parecen ser de…
—Luoyang. Sí, lo son.
Los ojos de Yibo se agrandaron e inmediatamente procedió a probar su plato.
Pero apenas puso un bocado en su boca… se le formó un nudo en la garganta. Inmediatamente sus ojos se llenaron de lágrimas que se derramaron una tras otra por sus mejillas hasta amontonarse en su barbilla.
—¿Tan mal está?
La escena era graciosa. Yibo lloraba en silencio, sin embargo, no dejaba de masticar.
El sabor de esos fideos lo habían transportado a una época muy feliz de su vida. Su madre solía preparar ese platillo cuando apenas era un niño, cuando aún no lo diagnosticaban y eran una familia feliz y despreocupada. Con el tiempo, ese platillo se convirtió en costumbre después de cada visita al médico; años más tarde sólo lo probaba cuando iba a casa cada año y medio. Y ahora… ahora el amor de su vida le había traído el sabor de su hogar en Louyang hasta Beijing.
Yibo estaba tan ensimismado que no se había percatado de la pregunta de su novio. Salió de sus pensamientos cuando Xiao Zhan le detuvo la mano que sostenía los palillos.
—Si está tan malo, no lo comas, por favor —pidió, avergonzado.
El menor dejó los palillos sobre la mesa, y con sus mejillas aún regordetas por la comida, lo abrazó con fuerza.
—Está delicioso.
Xiao Zhan correspondió el abrazo, pero seguía sin comprender esa reacción tan exagerada. Es decir, sí, sabía que cocinaba bien, pero estaba seguro de que no era para tanto.
—Sabe exactamente igual a los fideos que suele prepararme mamá en momentos difíciles. Tenía mucho de no comerlos. Gracias.
Ahora todo tenía sentido.
Correspondió el abrazo de la misma forma. Aguantándose la risa al ver que seguía masticando y llorando al mismo tiempo. Se veía adorable.
¿Por eso su suegra le había sugerido ese platillo? Vaya…
Yibo se comió tres bowls de fideos, terminó tan lleno que no se quiso levantar de la mesa en un buen rato.
—Mañana me tengo que levantar muy temprano —murmuró Yibo de pronto, sintiendo pereza. Odiaba madrugar.
—Yo también. ¿Es por la reunión de la agencia?
—¡Sí! ¿También irás?
—Pues sí —rio—. Van a anunciarnos los nuevos proyectos que iniciarán en otoño.
Yibo se emocionó. Sabía que iniciaría una nueva temporada de Street Dance China, y esperaba ansiosamente ser invitado como coach.
—Sí te van a llamar para ese proyecto —aseguró Xiao Zhan, estirándose perezosamente en su silla.
—¿Tú crees? También hay un proyecto para una película policiaca… quiero entrar.
—No te sobrecargues de compromisos.
—¡Mira quién lo dice!
—Hablo en serio, Wang Yibo. Estás retomando actividades, comenzaste con los anuncios de tus marcas, no vayas a exagerar aceptando varios dramas y programas.
—Bien, bien —suspiró y se llevó una mano a la barriga, estaba demasiado lleno—. Oye, Zhan Zhan. ¿Podemos irnos juntos a la agencia?
—No es conveniente.
—Es que no tiene caso que vengan a recogernos por separado si vamos al mismo sitio y a la misma hora.
—No deben vernos llegar juntos.
Tenía toda la razón.
Yibo frunció los labios.
—Hey, no pasa nada. Vale la pena pagar ese pequeño precio a cambio de todo lo demás.
La sonrisa volvió a los labios de Yibo. Se inclinó hacia su amado y le dio un delicioso beso en los labios.
—¿Vamos a la cama? —inquirió el menor.
—Sí, sólo limpiaré la cocina —se levantó y comenzó a recoger la mesa.
—No, déjamelo a mí —lo hizo a un lado y comenzó a recoger todo. Era lo menos que podía hacer.
—Te ayudo. Así terminamos más rápido —besó su mejilla.
Entre los dos recogieron rápidamente todo y se fueron a la habitación.
—Zhan Ge —murmuró, desnudándose de camino a la cama—. Hoy tengo mucho sueño.
—Yo también.
—¿Y si dejamos el "Todas las noches son todas las noches" para después?
—Apoyo eso —aceptó, riendo y metiéndose a la cama luego de quedar sólo en ropa interior.
—Pero quítate el bóxer. Quiero dormir desnudo, pero me siento un pervertido si sólo yo lo hago.
Xiao Zhan se echó a reír y cumplió su capricho, él también prefería dormir sin nada.
Yibo se metió a la cama y fue hasta ese momento que se percató de la caja discreta que había sobre su mesa de noche. Era de color negro, con un acabado de piel muy fino.
—¿Y esto? —se incorporó como resorte de la cama al verlo.
—Feliz no aniversario.
—¡¿Un regalo para mí?! —se emocionó—. Zhan Zhan, yo no te di nada —se sintió mal.
—No importa, sólo ábrelo —rio—. Pensé que lo verías al entrar a la habitación. Vaya que eres despistado.
Yibo rodó los ojos y rio, pero dejó de reír cuando abrió la tapa de la caja y…
—Oh por Dios —dijo en apenas un murmullo.
Dentro de la caja de piel había una cúpula de vidrio. Yibo la sacó con sumo cuidado y admiró con maravilla las preciosas rosas rosas que había en su interior. Pero lo más bello de todo era el pequeño conejito blanco al estilo "Venus", diosa romana del amor y la belleza. Estaba parado sobre una concha de mar abierta, rodeado de rosas y sosteniendo una hermosa perla blanca en sus pequeñas manos. El conejito vestía una túnica blanca, exactamente igual a la que Yibo portaba aquel día en la sesión de fotos en la que Xiao Zhan le dijo: "Venus".
La base fina de la cúpula tenía algo escrito con letras plateadas: "Bo Di, Ge Ge ai ni". Y debajo de eso el nombre de la marca: "roseonly."
Con sus labios ligeramente abiertos por la gran impresión, Yibo miró a su Ge Ge sin salir aún de su asombro.
—Es precioso —miró de nuevo el arreglo—. ¡Me encanta! —lo dejó con sumo cuidado sobre el buró antes de echarse a los brazos del amor de su vida.
Xiao Zhan lo recibió con brazos abiertos, riendo al sentir su ímpetu.
—Me encanta —lo apretó con fuerza contra su cuerpo.
No tenía palabras para describir la emoción que ese regalo le causaba. Xiao Zhan era la única persona en el mundo que le había regalado flores de manera romántica, primero habían sido los girasoles de bienvenida, y ahora este precioso arreglo, que, a diferencia de los girasoles, nunca se marchitarían.
—Gracias, amor. Pero yo no te tengo nada de regalo —se separó del abrazo, mirándolo con culpa.
Xiao Zhan acomodó su cabello con cariño y lo miró a los ojos con una infinita ternura.
—Existes, con eso basta.
—¡Qué cursi! —se carcajeó abiertamente, abrazándolo de nuevo y restregando su rostro contra él.
¡Lo amaba demasiado!
—De hecho me robé la frase de Tumblr.
—Entonces que poco original eres, Ge Ge. Oye, dime algo. ¿El conejito de ahí adentro eres tú?
Xiao Zhan se echó a reír.
—Una combinación de los dos.
—Sí que eres cursi.
—¡Ya cállate! —le pegó, riendo.
—¡Ayo! —se quejó—. Sólo tú eres capaz de dar un regalo tan adorable y golpear al mismo tiempo.
—Eso es lo que hay, tómalo o déjalo.
—Lo tomo —sentenció, acostándose encima de él y quitando las sábanas que separaban la desnudez entre sus cuerpos.
—Bo Di, dijiste que querías dormir. Mañana hay que levantarnos muy temprano.
—Lo sé —besó sus labios.
—¿Quieres hacerlo? —él no parecía tener tantas ganas, en especial porque pensaba en las consecuencias del día siguiente.
—Sinceramente, no —rio—. Y no me lo tomes a mal, es sólo que mañana es un día importante en el trabajo.
Xiao Zhan sonrió, parecía que le había leído la mente.
—Pero eso no impide que te bese —murmuró Yibo sobre sus labios.
Gustoso, Xiao Zhan aceptó el gesto y continuó con esa sesión por tiempo indefinido. Ambos se sumergieron en ese íntimo letargo, probando sus bocas una y otra vez, suspirando entre cada beso, entrelazando sus dedos y acariciándose las manos como dos personas que apenas iniciaban su relación, dando sus primeros pasos, con la gran excepción de que ambos ya eran unos expertos en hacer disfrutar al otro. Así fuese sólo con besos.
Sin embargo…
—Ah… Yibo, dijimos que sólo unos besos y ya —jadeó al sentir la erección de su amado contra la suya.
—No puedo evitarlo, además, tú estás igual —murmuró sobre sus labios, rozándolos.
—¿Me vas a dejar así? —suspiró sensualmente, ondulado sus caderas hacia él.
Sí, estaban lanzando la cordura por la borda. Ya era de madrugada y no parecía que se fuesen a dormir pronto.
—Me ofende tu pregunta —sonrió de lado y comenzó a frotarse más contra él.
La mente de ambos era poderosa, además, la sensualidad que expresaban los hacía llegar a nuevos límites cada día.
Yibo dejó todo su peso sobre Zhan Zhan, movía sólo sus caderas para frotarse descaradamente contra él. Sus miembros se rozaban deliciosamente con cada movimiento. Yibo se separó un poco y admiró la figura de su amado, era precioso. Deslizó su mano por la cintura tan angosta de Xiao Zhan y descendió hasta su cadera, la cual apretó antes de tomar ambos miembros para masturbarlos juntos con una sola mano. Al mismo tiempo se inclinó sobre el mayor y llenó su cuello de deliciosos besos húmedos y calientes, a veces lo mordía, en otras ocasiones sólo usaba su lengua. Pero el punto máximo de placer fue cuando se le ocurrió hacer todo eso en la oreja de Xiao Zhan, este jadeó y arqueó su espalda al mismo tiempo que enterraba sus dedos en ambas nalgas de Yibo, apretándolo hacia su cuerpo.
No pasó mucho antes de que ambos se corrieran, uno sobre el otro.
Se abrazaron y se dieron tiernos cariños post-orgasmo, Yibo llenaba la piel que tenía al alcance de pequeños y adorables besos, mientras que Xiao Zhan acariciaba toda la espalda de su amado, preguntándose cómo hacía para tener una piel tan suave.
Después de recuperarse un poco, y teniendo cuidado de no manchar las sábanas, Yibo se estiró hasta alcanzar la caja de pañuelos sobre el buró de su novio, tomó unos cuantos y limpió sus vientres.
—Que considerado —bromeó Xiao Zhan al ver que también lo aseaba a él.
Yibo sólo rio mientras sus mejillas se coloreaban de un lindo tono rosado.
La verdad era que cuando hacían sólo eso, tenían mucho cuidado de no manchar las sábanas, pues les daba bastante pereza tener que cambiarlas, pero tampoco les agradaba la idea de dormir sobre sábanas con áreas húmedas por su semen esparcido.
—¿¡Son las dos de la mañana!? —se espantó Xiao Zhan al mirar la hora en su despertador.
—¿Qué? —palideció, pues tenían que levantarse en menos de cinco horas—. Demonios —masculló, pero terminó chasqueando la lengua. Había valido cada maldito segundo.
—Durmamos —rio y se estiró con pereza en la cama, sintiendo la suavidad de las sábanas rozando su piel desnuda.
Yibo se acomodó sin cuidado en el colchón, buscando su posición más cómoda, pero no estuvo feliz sino hasta que atrapó a su novio entre sus brazos.
—¿No te ocasiono calor si te abrazo así? —inquirió Yibo, temiendo molestar a su amado.
Wang Yibo no tenía idea de que Xiao Zhan bajaba la temperatura del clima central todas las noches antes de irse a dormir, para no morir de calor entre los brazos de Yibo.
—No, no pasa nada.
—Bien, hasta mañana —besó su hombro desnudo y cerró los ojos. Pero no pudo dormir—. Zhan Ge.
—¿Mnh? —tenía sus ojos cerrados, pero seguía despierto.
—Di Di ai ni —enseguida besó su mejilla y Xiao Zhan sonrió ampliamente.
—Ya duérmete —extendió una mano hasta ponerla sobre la cara de Yibo. Éste rio se quitó la mano de encima, mejor le estiró el brazo y se lo pasó por encima del cuerpo.
—Abrázame.
—Mnh… —cerró los ojos e intentó dormir. Yibo sí cayó en un profundo sueño con facilidad, pero Xiao Zhan no pudo dormir de inmediato. Se quedó mirando la linda carita de su amado hasta que cayó rendido al sueño también.
Al día siguiente, el primero en levantarse fue el mayor de los dos. Se estiró con pereza bajo las sábanas y buscó a tientas el cuerpo tibio de Yibo, lo terminó encontrando hasta el otro extremo de la cama, acostado bocabajo de una forma muy sexy.
No se contuvo y corrió por una de sus cámaras profesionales. Se paró en el colchón, y desde su altura le tomó varias fotografías.
A pesar del ruido y del movimiento de la cama, Yibo no dio señales de vida.
—Amor, arriba, levántate.
Ni siquiera reaccionó.
Entre risas, Xiao Zhan le picó el costado con el pie.
—Cinco minutos más —murmuró muy apenas.
—Se nos va a hacer tarde, vamos, ¡arriba!
—Sólo minutos cinco más…
Xiao Zhan se echó a reír. Estaba tan dormido que ni siquiera decía bien las cosas.
—Bien, iré al baño, cuando vuelva quiero que ya estés despierto —le siguió picando el costado con el pie.
Yibo sólo frunció el ceño y empujó su pie para que lo dejara en paz.
Lo conocía, no estaría despierto cuando volviera de hacer sus necesidades.
Y así fue.
Terminó arrancándole las sábanas de un tirón, revelando su cuerpo desnudo en una pose sexy y despreocupada que le causó unas inmensas ganas de hacerlo suyo ahí mismo.
—¡Que hermoso trasero! —exclamó Xiao Zhan luego de arrancarle las mantas. Lo hacía con toda la intensión de ser sumamente escandaloso. Ya había abierto las cortinas de par en par, la ligera luz del amanecer se asomaba en el horizonte.
—Mnh… déjame dormir más.
—Se nos hará tarde, mi amor —se subió a la cama sólo para nalguearle el trasero con ambas manos, como si se trataran de unos bongos.
—¡Ya! Déjame —hizo un tierno berrinche, empujándolo para que dejara de golpearle el trasero de esa forma.
—Si no te levantas, seguiré nalgueándote. Tengo muchas canciones en mente —se sentó a horcajadas sobre la espalda baja de Yibo, de frente a su trasero para usarlo como dos verdaderos bongos mientras tarareaba una melodía.
—¡Xiao Zhan! —se enojó, girando en la cama hasta sacárselo de encima.
El mayor estaba riéndose abiertamente, pero Yibo… él sí estaba enojado. Solía ponerse de mal humor cuando se desvelaba y no dormía sus horas adecuadas. Él siempre decía que podía dormir sólo un par de horas y a pesar de ello funcionar al cien por ciento, y sí, pero el costo era estar de un pésimo humor durante toda la mañana. Xiao Zhan era el único que podía quitárselo luego de un rato.
No por nada Wen Pei vivía diciendo que Xiao Zhan era el único que lograba domar a la bestia.
—¡Arriba! —Xiao Zhan aplaudió varias veces, tratando de hacerlo reaccionar. Pero Yibo se quedó en el borde de la cama, mirando fijamente sus pantuflas en el suelo. No le importaba estar por completo desnudo.
—¡Wang Yibo, ya levántate! —le gritó desde el baño, metiéndose a bañar.
El aludido al fin hizo caso, se puso sólo sus pantuflas y caminó así al baño para hacer sus necesidades.
—Al fin te paraste de la cama —le dijo desde la regadera al escucharlo entrar al baño. Yibo le respondió con un ruido gutural, aún malhumorado.
De pronto, y sin decir nada, Wang Yibo abrió el cancel de la regadera y se metió bajo el agua a presión junto con su amado. Iba a abrazarlo por la espalda, pero pegó un brinco cuando sintió la temperatura del agua.
Estaba jodidamente helada.
—¡Hijo de la…! —se espabiló al cien por ciento y casi se resbaló al salir de la ducha.
—¡Yibo! —rio y dejó de lavarse el cabello para mirar a su amado temblando y abrazándose a sí mismo—. ¿Ya te despertaste?
—¡¿Cómo demonios te puedes bañar con esa temperatura en el agua?!
—¡Sirve para despertar! Además, es bueno para la salud.
—La salud… ja. La salud mis cojones.
—¡Yibo! —rio, estaba más malhumorado de lo normal.
—Lo siento —frunció el ceño y agarró una toalla para cubrir su desnudez y así quitarse un poco el frío que aún sentía.
Con marcas de almohada en la mitad de su rostro, se dio media vuelta, dispuesto a irse de ahí.
—¿No te quieres duchar conmigo?
—No.
Se fue.
Minutos después Xiao Zhan salió de la ducha sólo con su bata de baño, su amado entró de inmediato y abrió toda la llave del agua caliente. No pasó mucho tiempo antes de que el baño pareciese un sauna.
Y así empezaron su rutina diaria de las mañanas.
Xiao Zhan bajó a la cocina, aún en bata, para encender su preciada cafetera. Pero para su sorpresa, el café ya estaba listo. Se sirvió una taza entera y subió de nuevo a su habitación para vestirse y volver a bajar para preparar el desayuno.
—¿Ya estás de mejor humor? —preguntó el mayor, terminando de preparar los huevos revueltos. Pero cuando se dio la media vuelta para verlo, se echó a reír.
Les había sucedido de nuevo: vestían exactamente igual.
—¡Yo no me voy a cambiar!
—¡Yo no me voy a cambiar!
Dijeron al mismo tiempo.
—Yibo, yo me vestí primero.
—Pero yo pensé en esta ropa desde anoche.
—Mentiroso, ni si quiera planeas lo que vas a desayunar al día siguiente, mucho menos vas a planear tu vestimenta.
—Que cruel —dramatizó—. Cámbiate tú.
—No, tú.
—Me veo mejor en esta ropa.
—No es cierto, yo me veo mejor.
—Te quedan muy cortos esos pantalones, Ge Ge.
—A ti te quedan demasiado largos.
Yibo se mordió la cara interna de su mejilla, no sabía cómo debatir eso, pues tenía razón.
—¿Y si nos cambiamos los dos? —sugirió Xiao Zhan.
—Bien.
—Bien.
Desayunaron juntos como de costumbre, Nut los acompañó desayunando de su propio bowl de croquetas.
—Tomas mucho café —dijo Yibo sin dejar de masticar su delicioso desayuno.
—Tú comes muchos dulces, y yo no te digo nada.
—Lo estás haciendo ahora —esbozó una sonrisilla traviesa que fue contagiada a Xiao Zhan.
—Amo el café.
—Ya lo sé —lo miró con cariño, ya se le estaba pasando el mal humor—. Y yo adoro los dulces.
Apenas terminaron, dejaron los platos en el fregadero y subieron a terminar de arreglarse. Se cambiaron de ropa, pero para su sorpresa eligieron los mismos tonos, aunque en diferentes estilos. Últimamente les sucedía mucho aquello, y terminaban cambiándose para no llamar tanto la atención, en especial de esas fans que los seguían a todas partes y estaban al pendiente de cada prenda que se ponían.
—Ya, dejémoslo así —rio al ver que Yibo traía una sudadera rosa y jeans claros, mientras que él portaba un hoodie del mismo color y unos pantalones bastante similares.
—Será muy extraño que lleguemos vestidos casi igual —Yibo tenía razón. La única diferencia era que el hoodie de Zhan Zhan tenía gorra. Entonces el menor fue y se cambió.
—No tenías que hacerlo —le dijo Xiao Zhan.
—Sí tenía. Te ves adorable con ese color —besó sus labios.
—Bo Di.
—¿Mnh?
—¿Me prestas esos tenis? —señaló unos Nike negros con suela blanca que Yibo usaba regularmente, Xiao Zhan los amaba.
Wang Yibo miró sus tenis y luego a su novio, estaba pensativo.
—Xiao Zhan —dijo su nombre completo con solemnidad—. Eres la única persona en este mundo a quien le presto mis zapatos. Sí, tómalos. Puedes usarlos cuando quieras, no tienes que pedírmelos.
Los ojos del mayor se abrieron mucho.
—Gracias —sonrió—. Lo mío también es tuyo —besó su mejilla.
—Puedes tomar todos, excepto… los Nike negros con verde.
Xiao Zhan chasqueó la lengua.
—Tengo el par hermano de esos.
—¿Los blancos con verde?
Xiao Zhan asintió.
—¡Préstamelos! Se acabaron antes de que pudiera adquirirlos.
—No.
—¡No seas así!
El otro terminó riendo, claro que se los prestaría, sólo quería molestarlo.
—Zhan Ge, tienes el pie muy pequeño —notó al ver que le quedaban ligeramente grandes.
—No es cierto —rio, pues calzaba de un numero grande—. Es sólo que tú eres pie grande —se burló—. Y no es la gran cosa, realmente calzamos casi lo mismo —notó—. Además, me gusta que me queden un poco grandes.
—Sólo lo dices porque quieres usar mis zapatos.
—No lo voy a negar —rio.
Y es que entre los dos juntaban una cantidad de ropa y zapatos tan increíble que ya habían acoplado la habitación de huéspedes para usarla como un segundo clóset con la ropa que no usaban tan a menudo. Además, ambos tenían un gran arsenal de accesorios que usaban muy poco, pues siempre elegían los mismos.
—Se te ven geniales —alzó ambos pulgares a ver sus tenis puestos en Zhan Zhan—. Ahora ven conmigo, te ayudaré a secarte el cabello.
—¡Gracias! —odiaba hacerlo él mismo, siempre quedaba despeinado, pero cuando Yibo le ayudaba… ¡quedaba tal cual como se lo dejaban los estilistas!
Xiao Zhan se sentó frente al tocador y dejó que su novio le secara el cabello y lo peinara.
—¿Por qué eres tan bueno en esto?
—He visto a estilistas peinarme día tras día desde los trece, digamos que aprendí algo.
Xiao Zhan a veces olvidaba la gran trayectoria que ya había recorrido su amado. Vaya, a los trece años él sólo se preocupaba por sacar buenas notas en la secundaria, salir con sus amigos y por no hacer enojar tanto a su madre con sus travesuras, porque eso sí, a esa edad seguía siendo sumamente travieso.
Los dedos de Yibo hacían magia sobre su cuero cabelludo, sin poder evitarlo, Xiao Zhan comenzó a cabecear. Le había entrado un sueño tremendo, estaba tan relajado que los ojos se le cerraban.
—Ten, bebe —le extendió la taza de café negro que había subido con él.
—Gracias —suspiró y bebió de la infusión—. Di Di, quiero dormir.
—¡Ja! ¿Ahora ves lo que se siente?
—Lo digo en serio, tengo mucho sueño —los párpados le pesaban tanto que le costaba mantenerlos abiertos. Nunca se imaginó que le palmearía fuertemente las mejillas para hacerlo reaccionar—. ¡Wang Yibo! —se quejó.
—Te iba a dar nalgadas, pero estás sentado.
Xiao Zhan se sobó las mejillas, enfurruñado.
—Lo siento —rio con nerviosismo al pensar que se había propasado un poco—. Pero funcionó, ¿o no?
Tenía razón.
—Ya estás listo —besó su mejilla desde atrás, mirándose a sí mismo y a su novio en el reflejo del espejo del tocador que tenían enfrente—. Te ves muy guapo.
—Gracias a ti —sonrió, lleno de amor por los cariños que tenía hacia él.
Entonces Yibo soltó un largo y pesado suspiro.
—¿A qué viene ese suspiro? —acarició la mano que descansaba sobre su hombro. Yibo lo acarició con el pulgar, sin deshacer el contacto.
—Quisiera quedarme todo el día en cama.
—¿Te sientes mal? —se preocupó.
—No —rio—. Quiero estar en cama contigo —se inclinó hacia delante y respiró profundamente en el cuello de su novio, ya se había puesto su perfume.
—Hoy me desocuparé temprano.
—¡Yo también!
—¿Quieres venir directo a casa y…?
—¿…sólo acurrucarnos en la cama? Sí, por favor —suplicó Yibo. Tenía tanto sueño que sólo esperaba la hora de volver a casa y dormir.
Así de rápido hicieron planes para esa noche: dormir.
Xiao Zhan estaba arreglándose un poco más frente al espejo de cuerpo completo, hasta que miró a través de éste que su novio le tomaba fotos a la cúpula con flores que descansaba sobre su buró.
—No irás a publicar eso, ¿verdad? —se alarmó.
—Me muero por hacerlo, pero sé que es una pésima idea —respondió sin mirarlo, concentrado en lo que hacía—. Sólo quiero presumirle esto a Wen Pei.
Xiao Zhan rio, le agradaba mucho ver la relación que esos dos tenían.
—Y a Mao, también a UNIQ. Uhm… y quizás a Ayanga.
—¿Ya vas a empezar? —preguntó, con un claro tono de advertencia.
—También se lo mandaré a Mei Mei.
—¡Yibo! —rio.
—Oh… —dejó de tomar fotos al ver un mensaje en su pantalla—. Ya llegaron por mí. Nos vemos en la agencia.
Xiao Zhan asintió, tomó a su novio de las mejillas y le dio un beso más largo y bastante delicioso. Era curioso, Yibo no era fan del café, pero adoraba los besos de su novio con ese sabor.
Minutos más tarde llegó Mao por Xiao Zhan, éste le entregó la habitual "ofrenda" que le daba cada vez que pasaba por él. Siempre le apartaba algo del desayuno, ya sea sólo café, o a veces algún delicioso pan dulce.
—Hoy huele particularmente delicioso —dijo al abrir el termo que le extendió su protegido—. ¡Y no sólo huele, lo está! —exclamó al probarlo—. Felicidades, está exquisito.
Xiao Zhan rio.
—Lo preparó Yibo.
Mao parpadeó, confundido.
—A él no le gusta el café.
—Pero sabe que yo lo bebo como si fuera agua —rio—. Aprendió a hacerlo tal como me gusta.
—Vaya…
Mao y Wen Pei vivían sorprendidos por lo buen novio que era Xiao Zhan, siempre velando por el bienestar de Yibo, cuidándolo, consintiéndolo, y siendo su apoyo en los buenos y malos momentos. Pero ninguno se daba cuenta del esfuerzo que ponía Yibo para estar a la altura de gran novio que tenía. Estaba intentando con todas sus fuerzas cocinar bien para él. Eso era algo que había considerado imposible, pero gracias a su suegra lo estaba logrando. Había aprendido a hacer el café tal cual le gustaba a su prometido, y también tenía muchos detalles hacia él que a veces ni el mismo Xiao Zhan notaba.
Uno de esos detalles eran las conversaciones que a veces tenían Na Ying Jie y él. Yibo no quería que su amado volviese a sufrir por culpa de un mal trato de alguna agencia, mucho menos de la agencia a la que prácticamente lo había metido él. Así que intentaba estar al pendiente de su situación con los jefes, de las responsabilidades que le añadían.
Con su experiencia en esas cosas podía discernir si era justo o no lo que le pedían a su amado. No quería que lo explotaran de forma inhumana como en su antigua agencia.
Otro detalle que Xiao Zhan no había notado aún, era que Yibo siempre estaba al pendiente de su alimentación y de que tomara sus vitaminas sin falta. Lo que menos quería era que recayera en la anemia.
Estos y más detalles solía tener Yibo hacia él, quizás no era algo que los demás le reconocieran, pero estaba feliz al ver que su prometido era feliz y estaba sano. Eso le bastaba.
—Le has hecho mucho bien —dijo Mao de pronto—. Pero él a ti… —sonrió de lado, sin dejar de mirar el camino por el cual conducía—…te ha complementado, ¿No es así?
Xiao Zhan asintió suavemente, sin borrar esa sonrisa nostálgica de su rostro.
—Antes de conocer a Yibo, sentía que mi alma estaba siempre en busca de algo, de alguien. Pero cuando comenzamos a interactuar, mi alma dejó de buscar. Es algo muy extraño que no estoy seguro de expresar bien —soltó una risa corta y seca, pero llena de significado. Miró el termo de café entre sus manos y suspiró con alivio—. Yibo es aquello que mi alma estuvo buscando siempre.
Mao se mordió el labio inferior y no dijo nada. Eso desconcertó a Xiao Zhan, así que lo miró.
—Mao… ¿Estás llorando?
No, no lo estaba. Pero casi lo hacía.
—Sólo estoy conmovido. En verdad deseo que puedan ser felices a pesar de todo.
—¿A pesar de tener todo en contra? —rio y rodó los ojos. Ciertas mañas de Yibo ya se le habían pegado.
—Sí, espero que sí. Ustedes deben de estar juntos. Ambos se hacen mejores el uno al otro —suspiró.
—Tienes toda la razón, pero… ¿qué te preocupa? —inquirió al ver su ceño ligeramente fruncido.
—Precisamente eso, ambos se han vuelto muy dependientes uno del otro. No quiero imaginar qué sucedería si algo llegara a separarlos.
Xiao Zhan se quedó callado, sólo apretó más el termo de café entre sus manos y suspiró. Sí, él ya había pensado en esa posibilidad. Pero era precisamente para evitar aquello que estaba yendo en ese momento en un auto diferente al de Yibo, para despistar y mantener las apariencias.
Se estaban esforzando por mantener a flote esa relación, sin ninguna intervención externa.
Esa mañana, luego de la junta, ambos salieron con contratos firmados para nuevos proyectos. Yibo parecía niño pequeño con juguete nuevo al haber sido solicitado para Street Dance China 3 y también para la película policiaca. Y en cuanto a Xiao Zhan… le llovieron ofertas para ser portavoz y embajador de ciertas marcas reconocidas, incluyendo una de ropa interior que no se animó a aceptar.
—¿¡Por qué no quisiste!? —le preguntó Yibo, estaban los dos solos en una de las oficinas.
—Porque obviamente me pedirían que modelara algunas prendas.
—¿Y?
—No quiero que todo el país me vea en ropa interior.
Yibo lo pensó mejor.
—Sí, tienes razón. Es mejor así —se apresuró a retractarse.
Xiao Zhan alzó una ceja y lo miró con diversión.
—Cambiaste muy rápido de parecer.
—No quiero que todo China te vea medio desnudo. Mejor te compraré ropa interior muy sexy y te pediré que la modeles para mí.
Las mejillas del mayor se tiñeron de un adorable rosa.
—Mejor cállate.
—De lo que se pierde el resto del mundo.
Xiao Zhan se sintió más cohibido.
—No es para tanto. Además, no quise aceptar porque… bueno, hay que admitirlo, no me veo tan bien sólo en ropa interior —rio un poco—. Aunque me digan que tengo que adelgazar un poco para ciertos papeles, cuando se trata de modelar ropa interior… —no sabía cómo decirlo—… estoy muy escuálido para eso.
Yibo pareció ofenderse mucho al escucharlo.
—¿Disculpa?
—Sí, vaya… yo no tengo tu abdomen —rodó los ojos—. Ni tus piernas.
El menor sólo rio más.
—No tienes idea de lo que dices. Tienes un trasero perfecto para modelar ropa interior.
—Mejor ya cállate —se estaba avergonzando.
—Sí, no quiero que termines convenciéndote de aceptar ese contrato.
Parecía indeciso y preocupado, su novio llevaba rato observando cómo fruncía el ceño y se mordía el dedo pulgar.
—¿Qué te pasa?
—¿Crees que deberíamos llamarlos para advertirles?
—¿A Yibo y Xiao Zhan?
El menor asintió.
—Hay que hacerlo —sentenció de inmediato—. No sabemos si su agencia ya está enterada del virus que se está propagando en Wuhan, será mejor que les advirtamos.
—¿Y si de paso los invitamos a cenar?
—Me parece buena idea —besó la punta de su nariz—. Hace mucho que no nos juntamos, y ya no han ido al gimnasio—se giró para tener de frente a su novio—. Le tienes mucho cariño a esos dos, ¿verdad?
El aludido chasqueó la lengua.
—¿A-Zhu? —insistió. Había notado que les tomó más cariño luego de confirmar que tenían una relación. Si antes los estimaba, ahora mucho más, pues sentía que tenían un importante detalle en común. Además, era agradable tener amigos con los cuales poder cenar en parejas.
—Sí, sí —admitió—. Y tú también, no me lo vas a negar.
—No puedo negarlo —rio—. Le llamaré a Yibo, ¿Si?
—Salúdalos de mi parte. Iré viendo qué prepararemos para cenar —se vio emocionado.
—¿Qué haces? —inquirió Xiao Zhan al ver a su novio tan concentrado en el teléfono. Se había asomado para ver qué observaba con tanto detalle en la pantalla, pero Yibo inmediatamente lo bloqueó.
—Nada.
—Yibo… —lo miró con mucha sospecha.
—Nada que te importe, Zhan Zhan —le sacó la lengua en un gesto demasiado infantil.
—¡Hey! —se quejó, riendo.
—No te enfades —rio también—. Es una sorpresa, creo que podrá gustarte.
—¡¿Una sorpresa?! Espera… ¿"Crees"? Tengo la sospecha de que puede ser algo embarazoso, o quizás algo que me haga enojar.
Una risa chistosa escapó de entre los labios de Yibo, nervioso.
—Dime, ¿qué es?
Error, Yibo no debió decirle. Ahora no dejaría de preguntar hasta obtener una pista, pero afortunadamente la campana lo salvó. Recibió una llamada de un número desconocido que no dudó en contestar. Todo fuera por salvarse de su novio curioso.
—¿Diga?
Xiao Zhan lo miró contestar con seriedad, pero cuando Yibo escuchó la voz de la persona al otro lado de la línea… su rostro se iluminó.
—¡Fei Fei! —exclamó con una emoción que no se le veía muy a menudo.
Xiao Zhan no lograba escuchar lo que ella le decía, ni siquiera tenía idea de quién era, pero ver tan feliz a su amado le daba paz.
Le dio privacidad para hablar y se fue a buscar a Nut.
La llamada duró más de media hora. Yibo reía escandalosamente con su característica risa de pato, y caminaba de un lado a otro sin despegar el teléfono de su mejilla. Resplandecía por la felicidad que sentía.
Cuando la llamada terminó, Wang Yibo corrió a buscar a su novio para platicarle.
—¡Zhan Zhan, era mi hermana! —su rostro sólo esbozaba felicidad—. ¡Va a volver al país! —casi brincaba de alegría.
—¡¿Hermana?! —se escandalizó.
—Bueno… —rio—. Es mi prima, pero somos como hermanos.
Entonces Zhan Zhan se alegró por él, a pesar de no tener idea de lo que estaba sucediendo.
Yibo procedió a explicarle con detalle.
Lang Fei era su prima, hija de la hermana mayor de su madre. Wang Yibo tenía muchos primos, pero con ninguno era tan cercano como con ella. Era seis años menor, sin embargo, eso nunca impidió que ambos se llevaran de maravilla.
—Ha estado viviendo en el extranjero durante muchos años. No la veo desde… —trató de hacer memoria—… ya ni siquiera lo recuerdo.
—¿Cuándo estará en la ciudad?
—Lo más probable es que sea en una semana y media, o dos —sonrió como idiota—. Quizás esté aquí para mi cumpleaños.
Xiao Zhan adoraba verlo tan feliz.
—Dijo… —rio—. Dijo que mi madre le mencionó algo sobre una sorpresa que yo le tenía.
Xiao Zhan alzó una ceja, sin entender.
—La sorpresa eres tú —le dijo a su amado, sorprendiéndolo.
—¿Le dirás sobre nosotros?
—¡Claro que sí! —entonces se puso algo nervioso—. Ella pensó que se trataba de una novia. Tuve que decirle que no estaba tan equivocada.
—¡Yibo! —rio y lo golpeó—. Se va a desilusionar cuando sepa que soy yo.
Yibo no podía creer lo que oía.
—¿Es en serio? —alzó una ceja—. Bueno, sí creo que se sorprenderá al saber que estoy comprometido con un hombre, pero cuando sepa que eres tú… se va a volver loca.
—¿Por qué lo dices?
—Ella te sigue desde que estabas en Xnine.
Xiao Zhan se sorprendió demasiado.
—Cuando vio que tu grupo y tú fueron a Day Day Up… me buscó inmediatamente y me pidió que consiguiera tu número.
—¿Por eso le pediste a Han Ge que consiguiera mi WeChat? —se decepcionó un poco.
Yibo esbozó una sonrisa de lado bastante traviesa.
—No. Yo quería tener tu número, pero no para pasárselo a mi prima.
Xiao Zhan se echó a reír.
—Pero ni siquiera me escribiste —se quejó.
—¡Me daba pena, idiota! —le recordó—. Después de todo aún era un adolescente.
Xiao Zhan no pudo evitar sonreír antes de ir y abrazarlo con cariño.
—Míranos ahora, Bo Di —suspiró dentro del abrazo.
Yibo correspondió con el mismo cariño.
—Quién lo habría imaginado —rio y besó el cuello de su Zhan Zhan—. Y por eso te digo que se va a volver loca cuando sepa que eres tú. Aunque ya no estoy tan seguro de que se sorprenda.
—¿Por qué? —se separó del abrazo y lo miró a los ojos.
—Sabe que nos llevamos muy bien desde que comenzamos a filmar juntos, vio lo mismo que todas las fans. Pero también sabe que fui rechazado para el papel de Lan Wanji, y sabe también que insistí tanto que terminé viajando para presentarme ante los directivos hasta ser aceptado.
—¿Tanto así era tu deseo de participar en el drama?
Yibo le dirigió una mirada de pocos amigos.
—No me digas que a estas alturas aún no tienes idea del motivo de mi insistencia.
Xiao Zhan se quedó en silencio varios segundos antes de encogerse de hombros con una expresión adorablemente infantil.
Yibo se exasperó y se llevó ambas manos a la cara.
—Tonto, ¡siempre fue por ti! ¡Te quise desde que te conocí!
Xiao Zhan se quedó sorprendido, en completo silencio antes de reír y atraparlo con fuerza entre sus brazos. No lo soltó a pesar de las patadas, empujones y mordidas que Yibo le daba. El pobre estaba muy ofendido.
En ese momento, una vez más Yibo fue salvado por la campana. Pero esta vez lo estaba llamando su amigo Liu Haikuan, invitándolos a cenar esa noche a su casa.
—¿Quieres ir? —le preguntó Yibo a su amado luego de terminar la llamada.
—Esta mañana decías que querías volver a casa para dormir temprano.
—Pero ya no tengo sueño —hizo un tierno puchero, alzando sus labios y poniendo ojos de cachorro.
—Bien, zài zài —acarició su cabeza como si fuese un cachorro—. Vamos.
Él también tenía muchas ganas de ir.
Odiaba llegar con las manos vacías, así que hizo una parada a una linda pastelería.
—¿Y este lugar? —inquirió Yibo. Nunca había ido ahí—. No te vas a bajar, ¿o sí? —se alarmó.
—Tranquilo —apagó el auto y tomó su celular para hacer una llamada—. ¡Hola! —saludó con efusividad antes de poner el teléfono en altavoz.
—Ya tengo listo tu pedido —dijo la voz que salía del teléfono
—Lamento haberlo hecho con tan poco tiempo de anticipación —se avergonzó.
—No te preocupes, tú siempre tendrás prioridad, Zhan Zhan —le dijo con mucho cariño y dulzura. Yibo sólo frunció más el ceño—. ¿Ya llegaste a la pastelería?
—Estoy estacionado justo en frente, en un auto… —fue interrumpido.
—¿En tu Audi gris?
—¿Ya me viste? —se asomó discretamente por el parabrisas, pero no vio a nadie observándolo desde la pastelería.
—No —rio—. Pero recuerdo bien tu auto. En un momento haré que te lo lleven. Es una lástima que no esté en la ciudad, me hubiera gustado verte.
—Llámame cuando vuelvas. Te invitaré a cenar a casa.
—¡Entonces iré muy pronto a Beijing! —se emocionó.
Yibo sólo fruncía cada vez más sus labios y su ceño.
—Creo que ya están trayendo el pastel —mencionó al ver que un trabajador de la pastelería cruzaba la calle con un paquete.
—Espero que te guste.
—Estoy seguro de eso, las recetas de tus postres siempre fueron deliciosas. ¡Gracias!
—Gracias a ti, Zhan Zhan. ¡Cuídate, hermano! —terminó la llamada.
Xiao Zhan y Yibo se acomodaron mejor sus cubrebocas para ocultar su identidad, el trabajador les entregó el pastel y se fueron rápidamente de ahí.
Yibo iba muy callado.
—Guang Guang abrió una pastelería hace poco en su ciudad. Esta es la segunda sucursal que tiene. Es increíble, ¿no? —explicó.
—Mhn… —siguió mirando por la ventana.
—Yibo… amor —puso una mano sobre su muslo.
El aludido no pudo permanecer indiferente a todo eso.
—Es el Guang Guang manoseador, ¿verdad?
Xiao Zhan soltó una carcajada.
—¡Es como mi hermano!
—Sí, como sea.
—No seas tonto, ya hablamos sobre esto. Él es mucho menor que yo.
—Nueve años, sí. Eso ya lo hablamos y quedamos en que la edad no es un buen argumento para debatir.
Xiao Zhan rodó los ojos.
—Guang Guang es un bebé para mí —espetó—. Y quería platicarte uno de mis sueños, pero ya no me dieron ganas.
Yibo lo miró de reojo. Guardaron silencio durante unos segundos, eso fue lo más que pudieron aguantar "molestos" uno con el otro.
—¿Un sueño?
Xiao Zhan asintió, pero ni una palabra salió de su boca.
—Cuéntame.
No obtuvo respuesta.
—Hey, idiota, no me ignores —le pellizcó la pierna.
En vez de enojarse, Xiao Zhan soltó una pequeña risa entre dientes.
—He estado pensando en mi retiro.
Yibo se alarmó.
—Pero sólo tienes veintiocho años —dijo en apenas un murmullo.
—Tranquilo —rio y le palmeó la pierna—. Lo que quise decir es que he estado pensando en lo que me gustaría hacer al retirarme. Me gusta mucho lo que hago ahora, pero es una vida demasiado agitada. Si quiero tener familia necesitaré llevar un ritmo de vida más tranquilo para poder criar a mis hijos.
—Nosotros.
—¿Eh?
—Nosotros, Xiao Zhan. Estás hablando en singular, recuerda que esto se trata de nosotros, ambos.
—Oh… —soltó una risa tonta por su distracción—. Tienes razón —soltó un suspiro de enamorado y su corazón dio un vuelco de alegría al imaginar ese futuro a su lado.
—Y es verdad lo que dices —lo apoyó Yibo—. Tendremos que buscar un ritmo de vida más tranquilo.
—Quizás sí podamos seguir trabajando en este medio, pero menos. No podríamos viajar tanto, ni pasar tanto tiempo fuera de casa. Por eso pensé que tener mi propia pastelería sería una buena idea.
—¿Le harás competencia a tu amigo?
—No exactamente. Haría mi propia marca, diseñaría mi propio logo y haría mi mercadotecnia. Tendría una gran línea de postres gourmet, pero accesible para que todos puedan probarlos.
—Postres gourmet al alcance de todos. Me gusta —se le iluminaron los ojos—. ¿Tu esposo podrá comer gratis?
Xiao Zhan soltó una carcajada, no se esperaba eso.
—Me puedes pagar de otra forma, tú sabes cuál.
—Oh… soy muy bueno en eso, ¿verdad? —puso un mano sobre el muslo de Xiao Zhan y la subió lentamente, apretando su pierna con suavidad.
—Demasiado bueno para tu propio bien. Si no dejas de hacer eso, terminaremos chocando.
—Lo siento —retiró la mano de su entrepierna de inmediato, algo apenado.
—¿Y tú? ¿Qué has pensado para el futuro?
Yibo se quedó en silencio.
—Zhan Zhan, tú ya pensaste muy a futuro. Yo… yo sólo sé que quiero que vayamos a la playa muy pronto.
El mayor se echó a reír.
—¡Yo también! —sonrió, ajeno a que los planes de Wang Yibo eran bastante serios, pero aún no era momento de compartirlos. Él sí que tenía un gran plan: boda, un perro, hijos, diseñar su propia marca de ropa y encargarse de dirigirla. ¿Y por qué no? Cumplir el deseo de su padre de estudiar una carrera, aunque no elegiría derecho, sino administración para dirigir su marca y ayudar a Zhan Zhan en la suya.
Era un buen plan, sensato, seguro y prometedor. Se sentía bien saber el rumbo que quería tomar para su vida.
Cuando llegaron a la cena con sus amigos, éstos los recibieron con la misma calidez de antaño. Ni siquiera parecía que tenían meses de no reunirse. Los hicieron sentir en casa y pasaron un ameno momento con ellos, charlando de todo un poco y sin limitaciones.
Y como de costumbre, los temas interesantes llegaron a la hora del postre.
—¡Esto está delicioso! —exclamó Zhu Zan Jin al probar el pastel.
—¿Verdad que sí? —inquirió Xiao Zhan.
—¿Tú lo hiciste?
—Oh no, no fui yo, fue… —fue interrumpido.
—Su amigo Guang Guang —espetó Yibo, mostrando sus celos sin ningún reparo.
—¿Celoso? —inquirió Liu Haikuan, burlándose un poco.
—Zhan Zhan siempre hace que me ponga celoso.
—Hey —se quejó—. No me culpes por eso.
—Es verdad, es culpa de sus amigos que lo miran con ojos de amor.
—¡Wang Yibo! —se avergonzó un poco al ser expuesto así.
—¿Tiene muchos enamorados? —inquirió Zhu Zan Jin, echándole leña al fuego.
—Me faltan dedos para contarlos —exageró Yibo.
—Ridículo —murmuró Xiao Zhan y bebió de su té.
—Es que Zhan Zhan tiene muchos admiradores, es un precio que te toca pagar por ser el afortunado al estar a su lado —miró a su novio—. A mí me toca pagar el mismo precio con A-Liu.
—Yo pago el mismo —murmuró el aludido.
Pronto todos rieron.
—Y… cuéntenos ¿ya se acabó su fase de luna de miel?
—No —respondieron Yibo y Xiao Zhan al mismo tiempo sólo para terminar riendo por la determinación en sus respuestas.
—Sinceramente ambos estábamos sorprendidos por la rapidez con la que evolucionó su relación. Es decir, todos sabíamos que terminarían juntos, pero de pronto ya eran novios y estaban viviendo juntos. Fue muy rápido —explicó Liu Haikuan con sorpresa.
—"Todos sabíamos que terminarían juntos" —murmuró Xiao Zhan.
—¿Quiénes son "Todos"? —completó Wang Yibo.
Ambos estaban muy intrigados.
—Pues… todos los que estuvimos en el set de grabación. Era evidente lo que se traían ustedes dos —respondió Zhu Zan Jin, haciendo que los aludidos se desconcertaran.
—¿Éramos tan obvios? —preguntó Xiao Zhan.
—¡Por Dios! Claro que sí —se burló Zan Jin.
Zhan Zhan y Yibo se miraron mutuamente, algo ahí no cuadraba.
—En ese entonces A-Zhu y yo ya teníamos una relación formal, por lo que no nos costó mucho trabajo vernos a nosotros mismos en ustedes —sonrió con nostalgia.
—Lo extraño… —comenzó Xiao Zhan, reflexivo—…es que en ese entonces yo salía con alguien.
Sus anfitriones se quedaron sin habla.
—Aún no nos confesábamos nuestros sentimientos —añadió Yibo, también desconcertado por la situación.
—¿Están seguros de eso? Bueno… quizás no se confesaban su sentir, pero ya se traían algo. Todos lo notamos en la noche del banquete de clausura.
Los aludidos seguían igual de desconcertados.
—En fin. Lo importante es que ahora están juntos —sonrió Liu Haikuan—. ¿Tienen planes a futuro?
—Nos vamos a casar —dijo Yibo, sin reparos ni tacto.
Liu Haikuan y Zhu Zan Jin se quedaron petrificados.
—¿Por qué todos ponen esa cara cuando se los decimos? —inquirió con fastidio, recordando la cara de Mao y Wen Pei.
—Chicos, yo creo que sería mejor que se tomaran las cosas con calma.
—¿Por qué lo dicen? —preguntó Xiao Zhan con tacto.
—Bueno… —Zhu Zan Jin miró a su pareja y éste continuó.
—Nosotros también queríamos casarnos, desde hace mucho tiempo —confesó, sorprendiendo a sus invitados—. Pero es imposible.
—¿Por qué? —Yibo comenzaba a sentir cómo su corazón se aceleraba, no le gustaba lo que sentía, tenía un mal presentimiento.
—Somos figuras públicas. Y si bien sí podemos contraer matrimonio en algún otro país, al hacerlo sería como ponernos un blanco encima al volver a China.
Xiao Zhan y Wang Yibo les tenían plena confianza a esos dos, además, tenían mucha más experiencia en estas cosas que ellos, así que los escucharon con atención.
—En resumen: se pueden casar, pero sería en otro país y de forma simbólica porque aquí no es válido.
—Lo sabemos.
—Y tendrían que mantenerlo en completo silencio.
—¿No han considerado quedare así? —inquirió Zhu Zan Jin.
Xiao Zhan y Yibo compartieron miradas tristes. Les hacía mucha ilusión casarse, además sus familias ya esperaban eso.
—Después de todo ya están viviendo juntos, ya tienen que soportarse el uno al otro —Zhu Zan Jin se encogió de hombros.
—¿"Soportarse"? —inquirió Liu Haikuan alzando una ceja—. ¿Qué quieres decir con eso?
—Sí, tengo que soportar que todo el tiempo dejes la tapa y el asiento del baño levantados. Sabes que odio eso.
Liu Haikuan juntó ambas cejas y se quejó.
—Somos hombres, ¿eso qué importa?
—No me gusta entrar al baño y verlo así.
El mayor rodó los ojos.
Xiao Zhan y Wang Yibo sólo contenían sus ganas de reír.
—¿Ustedes no tienen ese problema? —preguntó Zhu Zan Jin.
—En realidad… —miró a Zhan Zhan.
—…No —completó el otro.
Entonces se enfrascaron en una larga conversación sobre problemas cotidianos y comunes entre parejas que viven bajo el mismo techo. Xiao Zhan y Wang Yibo no tenían ese problema del baño porque ambos tenían la misma costumbre de bajar el asiento y su tapa cada vez que lo usaban, así que ni siquiera habían pensado en ello.
Y al ver que no tenían aún problemas de ese tipo, la pareja veterana comenzó a hablarles sobre lo que les esperaba como "matrimonio". No todo era color de rosas. A veces tenían peleas por cosas insignificantes como enojarse por ropa sucia fuera del cesto, desorden en general, la tapa de la pasta de dientes. También les dijeron que en el primer año de vivir bajo el mismo techo acostumbraban dormir abrazados, pero con el tiempo cada uno empezó a buscar su espacio. Dormían en la misma cama, pero pocas veces permanecían abrazados toda la noche.
—Pero lo peor de todo: los ronquidos —dijo Liu Haikuan.
—¡Cállate! —Zhu Zan Jin lo golpeó.
—¿Pueden creer que alguien tan pequeño como él ronque como león?
Yibo no pudo más, estalló en carcajadas. Su amado sólo cerró los ojos, suspiró, y esperó la burla que le seguiría.
—Te creo. Zhan Zhan ronca tan fuerte que se escucha en toda la casa.
—¡Wang Yibo! —lo encaró, sonrojado.
—Sólo digo la verdad.
—Sí, pero no tienes por qué exponerme así ante nuestros amigos —se cruzó de brazos, avergonzado.
Todos rieron abiertamente.
—No te sientas mal, Zhan Zhan —dijo de pronto Zhu Zan Jin—. La otra noche, A-Liu me sacó a patadas de la cama, ¿puedes creerlo? Me tuve que ir a dormir a otra habitación, y mis hijas ni si quiera se dignaron a seguirme, se quedaron en la cama con él.
—Eso es cruel —murmuró Zhan Zhan—. Sé lo que se siente.
Se enfrascaron en esa conversación por largo rato, hasta que se quedaron en silencio y suspiraron con satisfacción.
—Pero lo mejor de todo, sin lugar a dudas… —dijo de pronto Wang Yibo, captando la atención de todos—…es regresar a casa luego de un largo día de trabajo y ser recibido por la persona que amas —evitó la mirada de Xiao Zhan, sabía que si lo miraba a los ojos en esos momentos, lograría sonrojarlo más. De por sí le estaba costando trabajo decir eso sin tartamudear.
—Ah… tienes razón —suspiró Liu Haikuan y pasó su brazo por los hombros de su amado, robándole una sonrisa—. Eso hace que todo valga la pena.
Al terminar la cena, Liu Haikuan comenzó a recoger la mesa, inmediatamente Yibo le ayudo y así Xiao Zhan y Zhu Zan Jin se quedaron solos en el comedor.
—Así que… siguen en esa etapa de luna de miel —murmuró el menor.
Xiao Zhan rio.
—Sí, espero que dure mucho —suspiró como completo enamorado.
—¿Siguen teniendo sexo a diario?
Las mejillas de Zhan Zhan se enrojecieron.
—No me respondas, tu rostro ya lo hizo —se burló.
—Bueno, no todos los días.
—Pero casi.
—Sí, casi —se rascó el cuello, un poco avergonzado.
—Sinceramente… —rio—. Nosotros estamos igual —se encogió de hombros.
Se quedaron en silencio unos momentos, hasta que Zhu Zan Jin habló de nuevo.
—¿No te pasa a veces que… estás muy cansado y solo quieres dormir, pero llega Yibo y te mira con ojitos de cachorro y…?
—…Y terminamos teniendo sexo, sí —se echó a reír—. ¿También te aplica esa técnica?
—Todo el tiempo.
Mientras tanto, en la cocina Yibo estaba buscando la manera de pedirle un gran favor a su amigo, pero no sabía cómo.
—Sé que fuiste modelo de esta marca durante un tiempo —le mostró la foto en su celular.
—Sí, ¿quieres entrar al negocio?
—No, no. Lo que quiero es conseguir esto —le mostró de nuevo la foto, sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas—. Intenté comprarlo en línea, pero se acabaron de inmediato. ¿Crees que puedas ayudarme a conseguir uno? No importa lo que cueste.
—No sabía que te gustaba ese estilo.
Yibo se sonrojó más. Si estaba recurriendo a él era porque en verdad estaba desesperado en conseguir aquello.
—Haré un par de llamadas —sonrió—. Yo creo que sí te lo pueden conseguir pronto.
—¡Muchas gracias! —hizo una ligera reverencia hacia él.
Esa noche se fueron a casa con el estómago lleno y sus corazones también. Era agradable poder compartir un tiempo así con amigos como ellos. En especial porque ellos entendían lo difícil que era ocultar una relación, más aún cuando se es una figura pública perseguida siempre por seguidores.
—¿Qué ocurre? —preguntó Xiao Zhan al mirar de reojo a su amado, había recibido un mensaje y soltó una pequeña risa al leerlo.
—Nada, Zhan Ge, nada.
—¿Es sobre la sorpresa?
—Lo es. Tal parece que mañana mismo te la podré dar. ¿Estarás ocupado todo el día?
—Sí, llegaré a casa hasta tarde —alzó una ceja—. ¿De qué se trata la sorpresa?
—Obviamente no te diré.
Xiao Zhan no dejó de insistir incluso cuando ya estaban acurrucados en la cama.
—Bo Di —murmuró, dejándose abrazar por detrás, siendo la cuchara pequeña.
—¿Hm?
—¿Sigo roncando?
—Últimamente no lo has hecho.
—Si lo hago, despiértame.
—Adorable —fue lo único que dijo luego de un rato de silencio. Había cenado tanto que un sueño muy pesado lo invadía. No dijo nada más y cayó rendido al sueño.
Xiao Zhan permaneció despierto durante un rato más, disfrutando de la maravilla de estar entre los brazos cálidos de su ser amado. No importaba lo que dijeran los demás, él jamás dejaría de sentir ese enamoramiento hacia Yibo. Con suavidad tomó la mano grande que descansaba en su estómago y entrelazó sus dedos con él.
Suspiró.
Era jodidamente feliz.
A la mañana siguiente, Yibo fue el primero en despertar. Sonrió por ello, pues siempre era su novio quien se levantaba primero. Se estiró con pereza en la cama, deslizó sus piernas bajo las suaves y frescas sábanas, sintiendo su suavidad y la de la piel de las piernas de su novio. Lo apretó más con su brazo y besó su nuca.
—Buenos días, mi amor —murmuró con voz bastante ronca.
Eso bastó para que Xiao Zhan abriera los ojos y se estirara también, pero Yibo no lo soltó y se quedó aferrado a él un rato más, enterrando su rostro en el cabello de Xiao Zhan y disfrutando del delicioso aroma de éste.
—¿Y si no vamos a trabajar? —sugirió Yibo.
—No —extendió su mano hacia atrás y le dio una nalgada suave, pero dejó su mano ahí. Pronto volvió a cerrar sus ojos, quedándose dormido de nuevo hasta que la alarma sonó.
—¿Ves? tú tampoco te quieres levantar.
—No —se giró escurridizamente entre las sábanas hasta quedar de frente a su amado—. Buenos días —se talló el rostro, tratando de no verse tan horrible.
—Buenos días —repitió, besando cortamente sus labios. Aún no se lavaba los dientes y le daba pena que su amado pudiera sentir su mal aliento matutino—. Te ves tan lindo por las mañanas, ¿cómo haces eso? —se quejó, pues él sentía que se veía horrible.
—Es un don natural —murmuró, aún con los ojos cerrados. Se estaba quedando dormido de nuevo.
Yibo sólo se rio, besó su frente y se acostó encima de él. El mayor lo dejó hacer lo que le viniera en gana, aunque eso significara ser aplastado por él.
Xiao Zhan soltó un ruidito chistoso al sentir que Yibo llenaba su rostro de besos. Lo que no sabía, era que su amado había estado mirando esos lunares que siempre le cubrían con el maquillaje. Eran adorables, y tenía bastantes. Besó cada uno de ellos y acarició su perfecto rostro con una mano.
Ahí estaba frente a él, dormitando y ajeno a lo que causaba en él. Yibo sentía que el corazón se le quería salir del pecho al verlo ahí tan perfecto, siendo él mismo.
No aguantó la tentación y las ganas de aplastarle fuertemente las mejillas hasta hacerlo quejarse.
—Uhm… ¡¿Por qué haces eso?! —se quejó al sentir el cariño apache.
—¡Porque me encantas! —espetó entre dientes, sin dejar de apretarle las mejillas con brusquedad.
—¡Ayo! Que cruel eres —se lo quitó de encima y volvió a dormir, abrazándose a una almohada. Yibo sólo rio y se volvió a poner encima de él, aplastándolo—. Déjame en paz —sin abrir los ojos, le dio un fuerte manotazo que Yibo apenas esquivó. Lo que Zhan Zhan no se esperaba era que Yibo se inclinara sobre él y le mordiera fuertemente una mejilla—. ¡Wang Yibo! —soltó patadas al aire, tratando de liberarse de él.
—Lo siento —lamió la mordida que le dio, quizás se había pasado un poco, pues sus dientes habían quedado marcados en la piel de su rostro.
—¿Siempre tienes que ser tan brusco? —se quejó.
—Sí —se inclinó sobre él para besarle en los labios. A pesar de todo, Xiao Zhan correspondió y finalmente se volvió a acurrucar en la cama luego de que Yibo se quitó de encima de él.
El menor lo dejó dormir un poco más mientras él iba a poner café y a bañarse. Cuando volvió a la habitación traía consigo una gran taza llena de café. Xiao Zhan amaba esa taza por su enorme tamaño y su enérgico color rojo. No dejaba que Yibo la tomara.
—Es hora de levantarse —se sentó en la orilla de la cama, junto a su amado envuelto en ese espumoso edredón blanco. Le acarició una mejilla y deslizó sus dedos por su revuelto cabello—. Mi amor, levántate —esas palabras bastaron para que una amplia y adormilada sonrisa adornara su expresión. Entonces Yibo aceró la taza de café a su rostro y eso al fin hizo que abriera sus ojos.
—Huele delicioso —murmuró, pero no se incorporó.
—Zhan Zhan —musitó, algo preocupado—. ¿Estás bien? —puso una mano en la frente de su novio—. No tienes fiebre.
—Estoy bien, sólo estoy algo perezoso.
—¿Seguro?
—Sí —rio—. No miento —se incorporó y bebió de la taza, pero seguía viendo esa expresión en su rostro—. Te juro que estoy bien, ¿me crees?
—Bien, sí, te creo.
Xiao Zhan sonrió y siguió bebiendo su café.
—Delicioso —la energía comenzó a llenar su cuerpo.
—Hoy te llegará una sorpresa al trabajo.
—¿Qué? ¿En el trabajo?
Yibo asintió.
—¿Eso te sirve de motivación para empezar el día?
—¡Por supuesto que sí! —saltó de la cama y comenzó a alistarse para ese nuevo día.
Cada uno se fue a su trabajo, pero después del mediodía Xiao Zhan comenzó a recibir mensajes de su amado que le crisparon los nervios. Eran mensajes algo… calientes. Y no era que no le gustaran, sino que sentía una gran adrenalina correr por su cuerpo al abrir esos mensajes en pleno horario laboral, junto a sus compañeros. Lo peor del caso era que le respondía igual o peor. De pronto se sintió bastante horny.
—Estás consiguiendo que no logre concentrarme, y estoy seguro de que tú estás igual.
Yibo se tardó en responder.
—Tienes razón. Te dejaré en paz por un rato. Mientras tanto reproduce esto —le mandó una canción—. Tiene que ver con tu sorpresa.
Xiao Zhan abrió el archivo y escuchó la canción en sus auriculares. "Versace on the floor" de Bruno Mars. Sabía cuánto amaba Yibo su música, a él también le gustaba mucho, pero esa canción en particular… la letra era muy linda, pero bastante sensual.
No pudo concentrarse en todo el día. Lo único que quería era ya llegar a casa y ver a su amado, lo había dejado bastante horny. Lo mínimo que podía hacer era tomar la responsabilidad de sus actos.
Las horas se pasaron de una forma muy lenta para ambos, pero poco antes de que terminara su trabajo, Xiao Zhan recibió un paquete. Se lo entregó uno de sus asistentes, la tarjeta no tenía remitente y sólo decía un pequeño: "No abrir en público".
—¿Qué demonios me habrá mandado? —se preguntó con algo de bochorno.
¡¿Y si le había mandado un juguete sexual?! ¡Lo mataría!
Inmediatamente tomó el paquete y se fue a buscar un lugar privado para abrirlo. Se encerró en su camerino bajo llave y le mandó una foto a Yibo.
—¿Qué travesura estás tramando? —le escribió en el mensaje.
—Sólo ábrelo. Fue difícil conseguirlo, pero estoy seguro de que… bueno, mejor no te digo nada. Sólo ábrelo y ven a casa lo antes posible, ya te estoy esperando.
Xiao Zhan abrió la caja de embalaje. Dentro había otra caja, pero esta era tremendamente fina y elegante. Era una caja de entrega de Versace.
—¿Qué locura hizo ahora? —se preguntó internamente. Sabía lo costosa que era esa marca, y sabía también que su amado no era embajador de ella. Así que… ¿¡Cuánto se habría gastado en ese regalo!?
Estaba pensando en eso cuando un mensaje de Yibo apareció en la pantalla de su teléfono:
"¿Ya lo abriste? Quiero que lo uses esta noche para mí"
No le respondió y mejor lo abrió.
—Dios mío.
Continuará…
Les dije que el drama comenzaría en este capítulo, bueno, se alargó un poco, será hasta el próximo. Así que disfruten.
Por cierto, les tengo una sorpresa.
Preguntas!
¿Qué le regaló Yibo a su Zhan Zhan? ¿Qué sorpresa es de la que habla? ¿Cómo creen que comenzará la tragedia en esta historia? (He estado evitando precisamente esto, me duele imaginarlos en medio de tragedia, pero eso es parte del clímax de esta historia, así que… no hay de otra)
06/09/2020
4:40 p.m.
