Abrigo
Las evidencias están frente a nuestros ojos y aun así existen personas necias que se niegan a creerlo. ¡El calentamiento global es real! ¡Y esta repentina helada es prueba de ello! Ni siquiera ha comenzado el invierno y ya soplan vientos gélidos, de esos que se esperan hasta enero. En verdad me cuesta creer que personas del país más poderoso del mundo crean que es un mito, incluso he sabido de japoneses que piensan los mismo… ¡¿Qué no ven la evidencia?! ¡No se supone que tengamos estos cambios tan violentos en Tokio! La frustración por este devastador panorama me resulta insoportable, solo puedo golpearme ante la helada puerta de cristal que separa el templado interior del estudio de las frías calles… esto es malo… muy malo.
—Olvidaste traer un abrigo, ¿verdad? —me pregunta Rin al mirarme tan molesta.
—En la mañana no hacía nada de frio…
—El reporte del clima dijo que la temperatura bajaría —responde Rin con su típico tono burlón—. Déjame recordar… Master, Thelma, Meiko y Kaito te lo advirtieron.
—No creí que bajara tanto… —suspiro—. Sí salgo así me voy a enfermar.
—Podríamos robarnos algo del estudio y devolverlo mañana —sugiere de inmediato. Ella no puede hablar en serio, ¿verdad?—, iré a buscarte un abrigo, deben tener alguno por ahí o le quitaré el suyo a Len. Espérame aquí —y dicho esto se va corriendo. En verdad espero que no le quite su ropa a Len.
De nuevo miro al exterior. A fuera todo luce tan normal, como una tarde cualquiera. Diría que no hace tanto frio, aunque esos técnicos enfundados en chaquetas gruesas me dicen lo contrario. Rayos. Quizá pueda llegar al auto sin ningún problema… Si corro directo a la puerta en cuanto la abran no pasaré por ningún problema, aunque la calefacción no es tan potente en los asientos traseros. ¡Ah! ¿Por qué hago tanto lio? Lo mejor será esperar a que Rin me consiga algo.
Apoyo mi cabeza en la puerta. ¡Sí que está fría! Y yo ni un gorro pude traer. Todos tienen razón, debo empezar a ser más cuidadosa con estas cosas. Hace unos años, cuando iba a la secundaria, olvidaba mi sombrilla y tenía que esperar a que parara de llover para irme a casa. Más de una ocasión tuve que esperar hasta tarde. A pesar del tiempo, sigo siendo la misma niña torpe… ¿qué es esto? ¿Alguien me acaba de poner un abrigo y… este aroma es…?
—Cielos, parece que helará esta noche —¡Luka! ¿En qué momento llegó?—. Menos mal que tenía este abrigo guardado en la oficina de Master.
—Luka-chan… —me aferro a su abrigo. Huele tan bien como ella, con esa esencia a lavanda—. Gracias. Discúlpame por ser tan descuidada.
—¿De qué hablas? Esto no es ninguna molestia —me dice con una sonrisa, esa que solo yo puedo ver—. ¿No se supone que para eso soy tu… novia? —lo susurra a mi oído y siento un cosquilleo por todo el cuerpo.
—N-no sé si esto sea parte de tus deberes. Pero me alegra siempre tenerte a mi lado.
—Aunque igual… no estaría de más que comenzaras a ser precavida —me dice con cierta malicia—. No puedo cuidarte todo el tiempo.
—Pues qué pena… —y la abrazo con todas mis fuerzas. Es buen momento para fastidiarla un poco—, porque me gusta ser cuidada por ti.
—Pero… hace un segundo te disculpabas por ser distraída.
—Lo sé, eso te pasa por consentirme tanto —le respondo con un guiño y una sonrisa. Ella solo me abraza y, tras asegurarse que nadie nos ve, me da un beso. Por estos momentos me siento tan afortunada de tenerla a mi lado.
