Magnet
(Parte I)
Hoy es la noche. La velada que tanto tiempo hemos esperado por fin ha llegado. Y aunque se trate del pago de una apuesta, se siente como algo mucho más importante. No puedo considerarlo como una cita, para eso nos faltarían muchas cosas: ir al cine, a un parque de diversiones, pasear por las calles de algún distrito comercial, comprar algunos dulces para comer en el camino, ver las novedades en las tiendas, y todo eso que hacen en las películas y mangas románticos… aunque tal vez no fue muy buena idea usar esas películas y mangas como guía para esta noche. Puede ser que me esté emocionando en exceso por esta cena, aunque el solo imaginarme sentada a la mesa con Luka frente a mí, solas, compartiendo bocados en un momento solo para nosotras dos…
—¡Ah! ¡Espero no hacer nada vergonzoso!
—Vergonzoso quedará tu maquillaje si no dejas de moverte —me regaña Rin. Ella misma se ofreció a ayudarme para esta noche. Juntas elegimos el vestido y ahora me maquilla.
—Lo siento.
—Sé que estás nerviosa por esto pero no deberías —dice mientras me aplica el rubor. Quisiera tener un espejo cerca, debo asegurarme de que no me juega una de sus bromas—, se trata de Luka, llevas años tratando con ella.
—Ya lo sé… pero aun así, esto es diferente. ¡Desde que somos novias ha sido muy diferente!
—¿De verdad? La única diferencia que he visto son sus repentinos besos a escondidas —comenta maliciosa.
—Espera… ¡¿Nos has visto?!
—No solo yo, a veces es Meiko y otras Gumi; después de todo debemos cuidarlas. Nunca sabes cuándo podría aparecer un trabajador inoportuno. Si alguien de la disquera las viera tan cariñosas, se acabaría todo esto.
—Chicas… no sé si agradecerles o reclamarles por espiarnos —le digo seria, pero a Rin parece no importarle, ella sigue tan campante como siempre. Aunque en parte me siento agradecida por la preocupación de nuestras amigas, sus métodos no me agradan. ¡¿Eso quiere decir que siempre nos miran?!
—Bueno, queremos que VOCALOID dure más tiempo, ¿no? Puedes agradecerme todo lo que quieras.
—No voy a agradecerte por espiarme cuando estoy con Luka —le reclamo. Ella en respuesta se hace a un lado y me deja libre el espejo. No me haba visto la cara desde que empezamos con esto. ¿Desde cuándo Rin sabe maquillar? Mis pestañas lucen más largas, mis mejillas tienen más color y no lucen pálidas. Mis labios también tienen un brillo especial. No hay nada exagerado, en verdad logró el efecto natural que me prometió—. Cielos, luzco muy bien.
—Je, ¿cuándo dije que me agradecieras por espiarte? —dice mientras me abraza por la espalda—. Señorita Hatsune, está lista para esta noche.
—No… no sé cómo darte las gracias por esto.
—¿Qué tal si… me perdonas el pago de la apuesta? —pregunta con una gran sonrisa de niña buena.
—Eso no.
Bien, estoy lista para mi cena con Luka. El maquillaje de Rin me ha quedado perfecto; mis coletas son definidas por nos lazos morados adornados con piedrecillas rosadas, a juego con mis aretes. Yo no quería usarlos, pero Rin insistió. También fue su idea robarnos… digo, tomar prestado un vestido del estudio. Como a Luka le gusta mucho el morado, nos pareció buena idea conseguir ropa de ese color; probamos varios atuendos y al final nos trajimos un vestido morado con la espalda descubierta y varios detalles dorados. Lo único que no entiendo es la liga en mi pierna, supongo que es meramente decorativa. Doy unos golpecitos en el tocador, es momento de mi velada con Luka.
Rin y yo salimos juntas de mi habitación. Mis piernas están temblando y aun no me pongo los tacones. Calma Hatsune, calma, todo está perfectamente planeado para esta noche, así que esfuérzate para no decir tonterías durante la cena. Rin se adelanta por el pasillo… que raro, está muy callado para ser nuestro departamento, no escucho la televisión ni música; sigo avanzando, puedo ver la cabellera rosada de Luka atada en una coleta y mi corazón se acelera. No entiendo por qué me pongo tan nerviosa, solo es Luka, mi mejor amiga… mi novia. Y en cuanto salgo del pasillo, Rin me anuncia como si presentara a alguna reina o princesa europea. Qué vergüenza.
Me quedo paralizada, no esperaba semejante presentación tan innecesaria. Luka se da vuelta y la veo de frente. No sé qué decir, es tan diferente a lo que esperaba ver pero… pero… se ve increíble con ese traje, el cabello recogido, ¿está maquillada? Creo que solo sus labios. Luce tan madura y hermosa a la vez, su figura distingue a la perfección. Me encanta. Recuerdo aquella vez que me rescató de un centro comercial, iba vestida de manera similar. ¿Cuánto ha pasado? No puedo hablar ante su presencia y parece que ella tampoco, solo cruzamos miradas.
—Cielos, luces —dice con dificultad. Creo que su sonrojo no es por maquillaje y de seguro el mío se confunde, siento toda la cara caliente—, luces preciosa Miku.
—Gracias —tartamudeo. ¡Ah! Ella es tan perfecta. Sé que debe morirse de pena por dentro pero logra controlarse. Y yo apenas puedo hablar.
—¡Que lindas! Nunca pensé que vería esta faceta de Luka —interrumpe Rin. Solo la veo a ella y a Gumi, ¿dónde está Meiko? ¿Y los chicos?
—Bien señoritas, este es el plan para su noche especial —dice Gumi. Toma su bloque de dibujo y empieza a mostrarnos las láminas—. Como lo acordamos, la apuesta era una cena en su restaurante favorito pero… decidimos cambiar eso para volverlo más especial. Chicas, les conseguimos una reservación en Les Créations de Narisawa.
—¡¿Les Créations de Narisawa?! —grita Luka. Yo… no tengo idea de qué lugar sea ese, pero ella luce muy sorprendida—. Pero… ¿cómo lograron una reservación ahí? Es casi imposible encontrar lugar en ese restaurante.
—No subestimes a la familia Kamui —responde con una sonrisa—, de algo sirve conocer a todos los contactos de mi padre. Aunque no conseguí que les hicieran un descuento —se disculpa con Rin. Esto debió costarles bastante.
—Qué más da, una apuesta se debe pagar —contesta alzando los hombros—, igual Len pagará casi todo.
—Bien. Meiko se encargará de llevarlas y traerlas, está abajo esperándolas en el estacionamiento. Para evitar molestias, estarán en una mesa apartada de los demás comensales. Su mesero ya está enterado. Nosotras dos nos quedaremos aquí.
—Esto… ¿y dónde están los demás? —pregunto. Es raro no ver a nadie cerca.
—Mi padre se llevó a Master y Thelma a una reunión con un tal Otoya, es un productor de TOEI. Al parecer estarán fuera hasta tarde.
—Y Kaito se llevó a los otros dos a una ronda de videojuegos con Big C —agrega Rin sin la menor preocupación. Ambas lucen bastante tranquilas aunque es lógico, ellas no harán nada más que esperar—. ¡Oigan, se hace tarde! Pónganse sus pelucas y disfruten su noche.
Pero no quisimos ponérnoslas en ese momento. Salimos del departamento caminando con toda la calma del mundo, las pelucas se mecen en nuestras manos mientras andamos por el pasillo y entramos al ascensor apenas sus puertas se abren. Luka presiona el botón para el último nivel: el estacionamiento. Si tenemos suerte, nadie detendrá el elevador. Esta sensación que produce bajar lentamente siempre me ha parecido extraña, las primeras veces mis piernas temblaban los primeros metros… hoy tiemblan por otra cosa. Miro los números en la pantalla, la cuenta regresiva me parece eterna. Creo que el corazón se me saldrá del pecho, en cuando me quedé a solas con Luka ha latido muy fuerte. ¿Debería decirle eso? Quiero hablarle pero no encuentro las palabras para empezar… quiero decirle lo genial que se ve con esa ropa, lo bonita que está pero… la voz no me sale. Ella siempre se ve tan tranquila, aun en los momentos más complicados aunque por dentro sea una maraña de nervios. Eso siempre me ha gustado en ella.
—¿Pasa algo? —me pregunta de pronto. Se dio cuenta de mi mirada.
—No, no, nada —aparto la vista. Qué pena, me descubrió mientras la veía, pero es ahora o nunca—. Es solo que… —¡ah! ¡Deja de balbucear, Hatsune!—, quería decirte que te ves muy… muy bonita esta noche.
¡Por fin lo hice! Aunque mi voz se fue apagando con cada palabra y tuve que mirar a otro lado para decírselo. ¿Por qué es tan difícil hablarle en este momento? Todos los días le hago cumplidos, incluso desde la escuela pero hoy se siente distinto. Escucho una pequeña risa y sus manos toman mi mentón con delicadeza, me levanta la mirada y quedo justo frente a sus ojos, tan brillantes. Sin decir nada me besa.
—Me alegra saberlo —dice y vuelve a besarme—. No sabes lo que sufrí con Gumi y Meiko, hasta pelearon. Al final yo elegí la ropa.
—¡Entonces tu elección fue la mejor! En verdad me gusta cómo te ves.
—Gracias, a mi también me gustó. Pero sobretodo —nuestras miradas se cruzan. Sé que intenta mantenerse seria pero sus mejillas coloradas la delatan. Es tan linda—, me gusta cómo te queda ese vestido. También estás muy bonita, Miku.
Íbamos a besarnos de nuevo, pero las puertas del elevador se abrieron en este momento. Bien, no importa, ya tendremos más oportunidades. Antes de salir nos ponemos nuestras pelucas, esta ya es una zona de riesgo para nosotras, y caminamos tomadas de la mano. Luka siempre se siente tan cálida. Buscamos a Meiko en el estacionamiento, creí que estaría justo frente a la puerta del ascensor pero no fue así. Luka da unos pasos para asomarse y en ese momento se nos acerca una limusina de la cual baja una mujer rubia vestida de chofer. No, esa mujer es… ¡Meiko!
—¿Señoritas Megurine y Hatsune? Esta noche seré su chofer —nos dice mientras abre la puerta.
—¿El padre de Gumi también nos prestó esta? —pregunta Luka.
—No. Esta es cortesía de Big C. La ganó el año pasado en una carrera —responde Meiko con suma tranquilidad—. Hay una pantalla al fondo y entre los asientos un refrigerador, pero no esperen encontrar vino ahí, ya me lo tomé —sigue hablando hasta cerrar la puerta. No puedo creerlo, primero el cambio de restaurante y ahora esto. ¿Qué más nos prepararon?
—¿Por qué Big C nos prestaría una limusina? —me pregunta Luka después de varios segundos de reflexión. Meiko ha arrancado el motor y nos dirigimos a la salida del estacionamiento.
—Ni idea… tal vez Meiko le dijo que ella y Kaito saldrían. Aunque también pudo decirle que quería conducir una limusina —es lo único que se me ocurre decir. No veo otro motivo por el cual nos prestaría algo tan grande como esto—. ¿No te parece curioso? Aunque somos idols, nunca nos habíamos subido a una de estas. Solo al autobús.
—¿Y por ser estrellas de la música pop deberíamos andar en limusina? —me pregunta con una sonrisa divertida.
—¡Claro! Al menos un par de veces. Solo mira lo amplia que es. Imagina como sería llegar en una de estas al estudio. Quizá hasta Kirihara-san nos trataría con más respeto.
—O solo llamaríamos aún más la atención, ¿no crees? —me dice. Puede que por mera curiosidad abriera el refrigerador. Yo preferí encender el pequeño televisor y cambiar los canales sin parar—. Meiko dijo la verdad, no hay vino pero nos dejó un… jugo gasificado de uva. ¿Quieres una copa?
No podía negarme y menos con Luka así vestida. Es como una película, ¡sí! Una película en la que ella es una adinerada empresaria, dueña de su propia compañía a pesar de su corta edad y yo una simple secretaria en la que, por mera casualidad, ha centrado toda su atención. Aunque esas películas suelen tener escenas… ¡no! No es hora de pensar en eso. Aunque si pasara… no tendría nada de malo, ¿verdad? Luka es mi novia, ambas nos amamos y se supone que eso hacen las parejas. Claro, ella también debe querer. ¿Y yo quiero? ¡Ah! No voy a enredar mi mente con estos pensamientos. Solo quiero disfrutar esta velada con ella.
Sigo cambiando lo canales del televisor. Vamos por la tercera copa de jugo y la botella ya casi llega a su fin. También es la primera vez que tomo algo así. Tiene un gusto diferente al jugo regular, se siente hasta más ligero en el paladar y las burbujas son pequeñas y livianas, lo contrario a la abundante espuma de un refresco normal. Me gustó y estoy segura de que a Luka también. Hace rato quise abrir la ventanilla del techo, pero no me dejó hacerlo; dijo que el viento podría tirarme la peluca. Tiene razón, tendré que hacerlo en otra ocasión. Y después de varias vueltas, dejé sintonizado un canal de música. No tiene caso poner algún programa interesante o buscar una película si vamos a dejarlo a la mitad; por ahora lo mejor es mirar la ciudad al lado de Luka.
Sin decirle nada, me acurruco en su hombro y miramos juntas el espectáculo de luces. Aunque llevamos varios años viviendo en el centro de Tokio, aun nos asombran sus eternas luces nocturnas. Cada edificio destaca en la calle, ya sea por sus lámparas coloridas o las pantallas gigantes que anuncian algún producto. ¡Oh! Está el comercial que hizo Len sobre un pan de banana. En momentos así me doy cuenta de cómo ha cambiado mi vida desde la formación de VOCALOID: vino la fama, el dinero, el trabajo, viajes sin fin y en medio de todo eso, hasta conseguí novia. Nunca creí que algo así pasaría pero me siento afortunada. Je, puedo sentir como Luka desliza su mano lentamente hasta la mía. Si en este momento Meiko diera vuelta y regresáramos al departamento, no me molestaría. Y entonces, comienza a sonar una canción mía. Ambas volteamos a la pantalla. Están transmitiendo Yumemiru Kotori, un dueto que hice con Rin hace tiempo.
—Sabes… —dice de pronto Luka—. Necesitamos hacer un dueto.
—¿Solo uno? —no puedo evitar sonreír—. Contigo cantaré todos los que quieras.
Los restaurantes como Les Créations de Narisawa me ponen algo nerviosa. La primera vez que estuve en uno fue cuando viajamos a Corea para una presentación especial hace un par de años. Todo luce tan lujoso, reservado, elegante y nosotros… bueno, aunque seamos famosos idols, siempre nos criamos como simples ciudadanos promedio. En aquella ocasión me dieron tantos cubiertos que no supe si en verdad eran necesarios, ni la función de cada uno. Además hay un ambiente tan serio que hasta me provoca miedo hablar. No sé qué podrá pasar hoy. Ah, otra cosa importante para estos lugares es llegar temprano, pues son muy estrictos con sus horarios. Para evitar problemas, llegamos justo a la hora de nuestra reservación: las seis de la tarde. Apenas nos estacionamos, Meiko baja de la limusina y se acerca para abrirnos la puerta; primero baja Luka y luego ella me ayuda a salir.
Antes de acércanos al restaurante, Meiko revisa que nuestras pelucas estén en su lugar y no se escape ni un solo mechón de cabello. Una vez terminada su inspección, nos sonríe con un gesto cómplice y le entrega a Luka una tarjeta blanca. Por lo que alcanzo a leer, tiene la firma del señor Kamui. Solo hay una indicación: debemos entregarle la tarjeta al maître en cuanto entremos al negocio. No sé qué es un maître, pero al parecer Luka sí. Ella asiente y me toma del brazo para dirigirnos al restaurante. Volteo para despedirme de Meiko, ella solo alza su pulgar y me hace un guiño antes de volver a la limusina y arrancarla de nuevo.
Debo decirlo, el restaurante no destaca mucho por fuera. De hecho, de no ser porque Meiko nos señaló el lugar exacto, no lo hubiésemos encontrado. Se encuentra a un lado de la calle principal, junto a un edifico de tres pisos. Sobre la acera se destaca un sencillo letrero metálico con el nombre del restaurante y a uno pasos está el negocio. Es una pequeña construcción ovalada con paredes de cristal, aunque todas se encuentran cubiertas por cortinas blancas. Desde aquí puedo ver el interior, aún está vacío a excepción de los meseros. Lo que más me llama la atención es el extremo derecho del negocio, los muros también son de cristal pero tienen una escalera que baja. Me pregunto si será la bodega o la entrada para los empleados. La puerta que daba a esas escaleras se abre de la nada y un mesero aparece detrás de esta, nos mira de pies a cabeza como si nos inspeccionara. Luka le entrega la tarjeta y él la toma sin decir nada.
—Oh, ustedes son las señoritas Negitoro, la amigas de Kamui-san —dice con un pequeño asombro—. Síganme por favor, las llevaré a su mesa.
Se da la vuelta y abre de nuevo la puerta por la cual acaba de salir. No hace señas para entrar y lo obedecemos. Cierra detrás de nosotras y comienza a bajar las escaleras. ¡Así que para eso son! No lo había pensado. Aun aferrada al brazo de Luka, bajamos detrás del mesero. Supongo que él debe ser el maître. Las escaleras no son muy largas, aunque sí lo parecen por estar en caracol. Creo que bajamos un piso; terminamos en un pasillo angosto que llevaba a una pequeña sala con tres puertas. El maître se acerca a la puerta central y la abre para dejarnos pasar. La habitación tiene solo una mesa para dos personas, arreglada para presentar un servicio; las paredes son de un color blanco, todas lisas, excepto el muro por el que entramos, ese tiene placas de madera negra colgadas desde el techo hasta el suelo. No hay decoración alguna, solo unas columnas de metal en cada esquina y las lámparas en el techo. El maître me invita a tomar asiento, luego hace lo mismo con Luka. Estas sillas son diferentes a lo esperado; no son de simple madera, son suaves y parecen tapizadas con piel. Entonces aquí es donde atienden a las personas importantes... ¿Gumi vendría alguna vez? No tengo idea de donde salió, pero nos ha ofrecido el menú del día. Hasta donde tengo entendido, este es un restaurante que fusiona la comida francesa y la japonesa. Um… no tengo idea de que pedir. No reconozco muy bien lo que está escrito, de comida francesa no sé nada. Luka parece menos sorprendida que yo, pero supongo que es normal, ella vivió en Europa unos años. ¿Y si solo pido lo mismo que ella? Oh, ya le están tomando la orden… y está pidiendo muchas cosas…
—¿Y para usted, señorita? —me pregunta el maître.
—Lo… lo mismo que pidió ella —respondo por no tener ni la menor idea de que comer. Pero siempre he contado con el buen gusto de Luka.
—Bien, en un momento empezaran a serviles. Y pueden quitarse las pelucas, ya sabemos quiénes son en verdad. Con permiso —dice antes de irse. Vaya que es un profesional… o no le gusta nuestra música. Normalmente la gente grita de emoción al vernos de cerca.
—Sabía que pedirías lo mismo —me dice Luka mientras se quita la peluca. Debo hacer lo mismo—. Ordené pensando en ti, espero que te guste.
—Gracias. No sé nada de comida extranjera, por eso confié en tu gusto. Después de todo viviste en Europa unos años.
Luka solo se ríe. ¿Dije algo malo?
—Bueno… tampoco sé mucho de comida francesa —dice al fin.
—¿Qué? Pero, pero tú… ¡viviste en Europa!
—Sí, en Inglaterra. No tuve contacto con franceses —ay… creo que cometí un error. No quería hacer nada vergonzoso por hoy y terminé haciéndolo. Quiero disculparme, pero repentinamente Luka tomó mis manos—. Aun así, creo que elegí cosas buenas.
—Esto… ¿cuántos platos pediste?
—En este tipo de restaurantes se sirven comidas de doce platos.
—¡¿Doce?!
Creí que doce platos serían mucho. Creí. No contaba con que en este tipo de restaurantes la comida es gourmet, es decir, ¡te sirven muy poquito! En serio, uno de los platillos fue un rábano cubierto de especias, aunque parecía recién sacado de la tierra. También debo reconocer que los panes estuvieron muy buenos, blanditos y esponjosos, todavía calientes cuando llegaron a la mesa. La comida en verdad fue buena, todo sabía bien pero de los doce platos solo tres fueron asombrosos. Luka me dijo que es algo habitual en este tipo de restaurantes, aunque siempre se cuide la calidad de cada platillo, no todos pueden ser perfectos porque se les pone especial cuidado a algunos que requieren más elaboración. Creo que tiene algo de lógica. Pero creo que además del sabor, la misma presentación de la comida es parte de la experiencia. Tan solo el primer pan que nos sirvieron estaba dentro de un recipiente de cerámica y en el fondo había una vela encendida. Nunca había visto algo así. El mesero que nos atendió, uno diferente al maître, nos explicó la idea del emplatado era producir el ambiente de un bosque y recordarnos que la naturaleza nos provee de los alimentos que consumiríamos, por eso estaba acompañado con piñas y ramas de pino. Por si fuera poco, el pan seguía horneándose y vimos como poco a poco este salía del molde. Pero mi presentación favorita fue la del calamar; para servirnos, el mesero llegó con unos platos negros y tres trastes diferentes, uno de ellos echaba un vapor parecido al que produce el hielo seco. Apenas nos sirvió nuestra comida, él tomó un poco del contenido de cada traste y lo puso sobre los trozos de calamar, dejando por último el recipiente vaporoso. En cuanto vertió su contenido sobre los platos, de estos comenzó a brotar una neblina espesa. Fue increíble verlo y el olor era muy apetitoso. El propósito de aquel montaje era presentar la idea de un pescador asando la comida del día. El favorito de Luka, aunque no se tratara de atún, fue el pez guji cocido con hongos maitake y una rueda de limón; la sala se llenó con el aroma de los hongos cuando abrieron las bolsitas en las que fueron cocinados. Pero sin duda, la mejor parte fue el postre. Nos llevaron un carrito decorado como un bosque, lleno de diferentes dulces y todos en platos de madera. Había pequeños panecillos de chocolate, otros de vainilla, unas galletas gruesas con fresa y otras con una mermelada de bayas, ¡incluso nos ofrecieron una tabla con 9 opciones de macarons, cada una con una concentración distinta de cacao! Yo probé de todos los postres, Luka solo tomó macarons con el 72% de cacao. Que cena tan asombrosa.
Ahora estamos a medio camino de regreso a casa. Son las 10:30 y el restaurante cerró hace media hora. La ventaja de estar solas en esa mesa especial fue la total privacidad que se nos ofreció. Pudimos ser nosotras mismas sin que nadie nos molestara, nada de pelucas o lentes de sol que nos ocultaran la una de la otra; todo el tiempo pude ver a la verdadera Luka y ella siempre estuvo frente a la verdadera yo. Pudimos reír, charlar, coquetear con toda libertad, no había quien nos incomodara o motivo para ocultarnos. En un punto de la noche, cuando comenzó a escucharse un vals, Luka de inmediato se levantó y parándose frente a mí, me invitó a bailar. Sabemos que eso no se hace en estos lugares pero estábamos en una sala privada, nadie se daría cuenta. Y para hacerlo más especial, antes de terminar la noche, ¡el mismo Narisawa bajó a saludarnos! Claro, antes de irnos el maître nos explicó que el chef siempre hace eso con los comensales. Es un lindo detalle. Preguntó nuestra opinión por el servicio, la comida y nos pidió un autógrafo. A cambio le pedimos una fotografía. Así terminó nuestra cena en Les Créations de Narisawa; salimos del restaurante disfrazadas y Meiko ya nos esperaba en la limusina. Desde entonces, no he saltado la mano de Luka en ningún momento. Ella está platicando sobre sus impresiones del restaurante, ambas coincidimos en que lo postres fueron increíbles y que la presentación de la comida era todo un espectáculo. Sin dudar, recordaré esta noche por mucho tiempo, como una ocasión especial para nosotras dos: la primera vez que salimos a cenar como pareja, aunque ya ha pasado bastante tiempo desde que nuestra relación comenzó.
Pero por primera vez llegar al departamento me produce una extraña sensación. No sé cómo explicarlo; entrar al estacionamiento, bajar de la limusina y subir al ascensor, todo eso me da a entender que la noche llegará a su fin. Simplemente no quiero separarme de Luka por ahora, quiero permanecer a su lado y que sus ojos sean lo último que vea antes de dormir. Parece que ella siente algo igual; sonríe al mirarme pero se ha quedado callada desde que entramos al elevador. Su celular suena y en el acto lo revisa. Abre un poco la boca y alza las cejas, parece sorprendida.
—¿Luka-chan? ¿Pasa algo?
—Es un mensaje de Meiko. Dice que irá a regresarle la limusina a Big C pero… Rin y Gumi la acompañaran.
—Eso quiere decir que…
—Sí. Estaremos solas en casa.
Resulta extraño entrar al departamento vacío. Todas las luces apagadas, nada de ruido ni de movimiento. No tenemos idea de la hora en que el resto del grupo vuelva ni cuando regresarán Master y Thelma. Luka y yo estaremos solas hasta quien sabe qué horas. Luka y yo solas… solas… Supongo que podríamos alargar un poco la velada, ¿no? Ahí viene, mientras me quedé en la sala pensando en esta situación, ella encendió las luces del pasillo y fue a la cocina por un vaso de agua. Se aflojó la corbata antes de sentarse en el sillón frente a mí. Esto… en algunas películas que vi podría significar…
—¡Miku!
—¡Ah! —me asusta su grito—. ¿Di-dime?
—No escuchaste nada de lo que te dije, ¿verdad?
—Estaba algo distraída. Me preocupa que nos dejaran solas y que lleguen tarde —tengo que mentirle, no podía decirle lo que en verdad pensé.
—Nosotras ya nos divertimos, deja que el resto también disfrute de la noche —da un sorbo al vaso—. Como te decía, mañana también tenemos el día libre.
—Oh, cierto. Es domingo. Con todo esto de la cena lo olvidé —respondo con una risita—. Entonces… ¿podríamos hacer algo mañana?
—Tal vez pueda convencer a Master de ir al cine. ¿Te parece?
—Sí, eso estaría bien. Pero nada de películas de terror —le digo. Ella solo me sonríe y en repuesta me siento a su lado.
Las horas pasan, cuando terminamos de jugar con la consola ya es casi la una de la mañana y ni siquiera nos cambiamos de ropa, solo tomamos los controles. No sabíamos cómo aprovechar el tiempo, así que jugamos unas partidas de Just Dance y Mario Party. Fue divertido aunque todo el tiempo estuve algo ansiosa, creo que Luka no lo notó. Desde aquella vez que dormí en su cama, hay una idea que ha rondado varias veces en mi cabeza, incluso lo hizo mientras íbamos rumbo al restaurante. ¿Y si simplemente le pregunto? El departamento está solo y… quizá al final no hagamos nada. Ella se ha levantado del sillón para apagar la consola, se quitó la corbata y soltó su cabello. Gira para decirme algo, pero no tengo idea de que dice; estoy perdida en su mirada, en su rostro, en esos ojos azules que me atrapan cada vez que se cruzan con los míos, en sus cabellos rosas cayendo sobre ambos hombros. Durante el baile se quitó el saco y solo queda una camisa desabotonada que revela un poco su escote. Si la pantalla estuviera prendida, su luz le daría a Luka un aura de diosa. Ella es tan hermosa.
—Vamos a dormir, no creo que lleguen pronto —dice y me da la espalda.
—Luka-chan yo…
—¿Si?
—Yo… quiero… quiero… —no es momento de acobardarme. Si la respuesta es no, lo entenderé, pero tengo que decirlo. Me acerco a ella y solo se me ocurre darle un largo beso—. Quiero seguir esta noche a tu lado… yo… no quiero que termine aquí…
Se queda callada y con un gesto en blanco. No puedo adivinar qué piensa en este momento, solo me mira en silencio. No lo dije directamente, pero creo que fui muy clara con mis palabras. Mis manos tiemblan ansiosas, no por contenerme, ahora es por la respuesta que Luka pueda darme. ¿Y si ella solo quiere descansar? ¿O si es muy pronto? No importa lo que me diga, solo que lo haga. Estoy segura de poder soportar cualquier cosa que…
—Miku —me llama con una sonrisa, me toma por la cintura para acercarme y me recibe con un beso igual al mío. No… esto es más… no solo son sus labios, puedo sentir como su lengua entra en mi boca, lenta, dudosa, pero lo hace. Esto es… agradable—. Yo tampoco quiero que acabe así nada más —agrega completamente colorada. Comienza a reírse—, dime… ¿querías hacer algo más desde hace rato? Porque yo…
—Entonces también tú… ambas estábamos… —tartamudeo. Ella vuelve a reírse apenada y yo la acompaño antes de abrazarla. ¡Todo este tiempo las dos pensábamos en lo mismo! Y yo preocupada por nada—, deseando lo mismo.
Pasó muy rápido, entre tropezones, tartamudeos y vergüenzas. Aun estábamos en la sala cuando Luka me rodeó con sus brazos, nos besamos varias veces mientras tratábamos de avanzar hasta el pasillo; no sé cómo pude llegar hasta ahí mientras sus manos acariciaban mi cuerpo y sus labios besaban mi cuello. La primera vez que lo hizo me estremecí por completo y dejé escapar un gemido que a ambas nos sorprendió. Fue la primera vez que sentí algo así. Nos miramos con las mejillas sonrosadas, riendo nerviosas y apenadas, supongo que ella porque mi reacción le tomó descuidada y yo, pues, gemir fue muy vergonzoso, no esperaba que de mi boca pudiera salir un sonido así. Pero eso no nos detuvo, entramos a su habitación y ella cerró la puerta con seguro.
Y ahora estoy aquí, en la cama perfumada que despide el mismo aroma a lavanda que Luka. Todo mi cuerpo tiembla, no de frio, sino por la emoción del momento; el vestido morado quedó medio caído sobre la silla del escritorio y mis coletas ya no existen, solo queda mi cabello suelto. Me da algo de pena estar desnuda ante Luka, ya sé que no es la primera vez que me mira así pero era una situación muy diferente.
La habitación solo es iluminada por su lámpara de lectura, una luz débil pero me deja ver todo lo que hay frente a mí. Y distingo su silueta frente a la cama, está de espaldas mientras se quita el sujetador y lo tira al suelo, se da la vuelta muy despacio y sube a la cama, gateando para quedar a mi altura. No puedo creer lo que veo, es Luka, mi Luka, desnuda ante mis ojos, apenas iluminada por la lamparita en la mesa. Aun con la poca luz pues distinguir cada rasgo suyo. Quiero decirle que es hermosa, lo mucho que la quiero. Sus ojos no dejan de brillar. Debe sentirse igual que yo. Y ahí está, con sus piernas torneadas, la cintura definida y esos… esos pechos grandes que siempre me han cautivado.
—Tócalos —dice.
—¿Qué… qué los toque?
—Ya no tienes que ocultarlo, siempre supe que te intrigan —toma mi mano y la acerca a ella muy despacio—. No me digas que te acobardarás como aquella vez en el camerino.
—Tenías que decirlo… —y aprovechando mi distracción, puso mi mano sobre uno de sus pechos. Tan suave, cálido; no, toda su piel se siente cálida y por dentro siento como en mi propio cuerpo sube el calor. Su cara se puso más roja. Y me da un beso.
—Espero que esto cure tu obsesión.
—Puede que se ponga peor —tartamudeo con una risita. Ella también ríe por mi comentario—. Tienes un cuerpo increíble, tan definido, bonito y… estos pechos tan grandes —no puedo dejar de acariciarlos—, en cambio yo soy tan pequeña en todo…
—No digas eso —vuelve a besarme. Cada vez que lo hace siento un cosquilleo recorrer cada rincón de mi cuerpo. Sus manos acarician mis costados, mis pechos pequeños y bajan hasta la cintura—. Para mí, eres la chica más perfecta de todas, me gusta todo de ti.
—Luka —digo y alcanzo a besarla. Una de sus manos ha llegado despacio hasta mi entrepierna. De nuevo me estremezco por la sorpresa pero la dejo seguir—. Te amo.
—Te amo —y su mano sigue bajando…
—Ah…
Y llegamos a la Balada 49 después de un buen tiempo. Es la más larga que he escrito, dos paginas más que "Rapunzel". También hice una referencia a la balada 17, "Obsesión".
Tanto el restaurante como los platillos son reales. Pase un buen tiempo investigando sobre ese lugar y, por lo que leí, es considerado uno de los mejores restaurantes de Asia. Claro, siempre que busco opiniones sobre estos negocios encuentro unas muy variadas, tanto hay gente que los alaba como otra que los hace pedazos. Suelo hacer caso a los comentarios más neutros. También es la primera vez que escribo sobre una primera vez... eso sonó curioso. Curiosamente, me fue más difícil escribir sobre el restaurante y los platillos que esta ultima escena.
En fin... Espero que esta balada fuera de tu agrado. ¿Que forma de iniciar el año, no?
¡Feliz 2019!
Nos leemos luego!
