Capítulo 66: "Distante"

Dejó caer su maleta al suelo sin recato ni interés. En un arrebato de pasión tomó la cintura de Xiao Zhan, arrastrándolo hacia su cuerpo para poder besarlo en los labios. Su pecho se estampó con el suyo y en cuestión de segundos sus alientos ya estaban mezclándose.

A pesar de haberlo advertido, el beso tan repentino lo tomó desprevenido al principio, pero no tardó en corresponder con la misma pasión y desenfreno.

Luego de unos segundos Yibo se alejó solo lo suficiente para mirarlo a los ojos.

Entonces Xiao Zhan envolvió sus brazos alrededor de su cuello, ladeando el rostro y acercándose a él en busca de un segundo beso que les hizo temblar las rodillas.

Sus labios se tocaron una y otra vez, sus cálidos alientos se mezclaron al mismo tiempo que sus lenguas se buscaban mutuamente.

Xiao Zhan soltó un leve gemido y se separó un segundo en busca de aire, pegando su frente a la de él. Agitado y deseoso de que ese momento no terminara.

No tardaron en volver a unir sus bocas, esta vez en un beso mucho más lento y profundo que los dejó sin aliento.

—Podemos con esto —dijo de pronto Yibo, con cargas positivas renovadas.

—Sí podemos —pegó su frente a la de él y acarició su nuca—. Será temporal, podemos lograrlo.

—No olvides que eres mi novio.

Xiao Zhan rio.

—No lo soy.

Los ojos de Yibo parpadearon repetidas veces con desconcierto.

—Soy tu prometido —le recordó, señalando su brazalete de compromiso.

El menor sintió alivio, por un momento pensó que estaba pidiéndole una pausa a su relación.

—Y no lo olvides: te amo, estamos comprometidos, y nos vamos a casar, sí o sí.

Yibo esbozó una sonrisa que tenía días de no mostrar, una en la que sus mejillas se estiraban lo suficiente para que pareciera que su sonrisa estaba entre paréntesis.

—Te amo, idiota —lo atrajo a un fuerte abrazo, rozó su cuello con la nariz y aspiró profundamente su aroma para no olvidarlo durante ese tiempo de distanciamiento.

—Te amo tanto —suspiró e hizo lo mismo que Yibo, respirando su aroma hasta tatuarlo en su mente. Acarició su ancha espalda y lo apretó una vez más contra su cuerpo antes de finalmente separarse.

Se despidieron una vez más antes de que Xiao Zhan saliera al fin de la casa. Mao lo esperaba con paciencia, preguntándose cómo estarían tomando la situación, pero obtuvo su respuesta cuando Xiao Zhan se subió al auto, evadiendo su mirada.

Tenía los ojos rojos, no permitía que el llanto saliera, pero se notaba que en cualquier momento se quebraría. Miró sus labios, estaban rojos e hinchados, contrastaban mucho con el resto de su piel. Pensó que definitivamente la despedida había sido intensa.

Decidió no hacerle ni una pregunta de regreso a su departamento.

—Sabes que más allá de la relación guardaespaldas-protegido tenemos una buena amistad, ¿cierto? —inquirió luego de aparcar el auto frente al departamento.

Xiao Zhan asintió, incapaz de emitir palabra alguna.

—Entonces quiero que sepas que pueden contar conmigo para lo que sea que necesiten. No importa la hora, no importa la situación. Solo llámenme.

—Gracias.

Parecía un simple agradecimiento sin fondo, pero Mao sabía que no era así. Lo vio en sus ojos llenos de sentimientos, en su voz quebrada y en su mirada esquiva. No quería que lo mirara a los ojos y se diera cuenta del sufrimiento por el que pasaba, pero lo que Xiao Zhan no sabía era que Mao podía ver claramente todo eso.

Se quedaron en el auto, en completo silencio, parecía que Xiao Zhan no quería bajarse, y Mao no lo apresuró.

—En ese caso… —logró reunir el valor de hablar sin que se le cortara la voz—. ¿Te puedes quedar conmigo un rato? Como amigos —su sonrisa dubitativa enternecería a cualquiera, Mao no fue la excepción.

—Por supuesto que sí —apagó el auto y salieron de él—. ¿Tienes hambre? ¿Quieres que ordene algo?

Xiao Zhan lo pensó unos momentos. No tenía hambre, pero no había comido nada desde ayer.

—Ordenemos pizza.

Mao sonrió, pensó que tendría que invertir largo rato en convencerlo de que comiera.

—Hay que pedir que le lleven una a Yibo también —continuó Xiao Zhan, un poco más animado.

—Con champiñones y queso extra. Ahora mismo la pido.

Comieron la pizza en la sala mientras veían televisión, pero ninguno de los dos prestaba tanta atención a lo que se estaba transmitiendo.

—Mao —dijo de pronto—. Recuerdo cuando te dijimos que nos casaríamos. Tu primera reacción fue de espanto. Eso fue porque… ¿Te imaginabas que sucedería algo así?

El aludido suspiró.

—No exactamente esto, pero sí pensé que tendrían complicaciones.

—¿Por qué?

—Mi primo también es una figura pública. Él tiene un novio desde hace siete años. Una vez intentaron casarse, pero el gobierno los descubrió y tuvieron complicaciones.

—¿Y qué sucedió?

Mao sonrió.

—Ellos están juntos ahora. Lograron soportar los momentos difíciles, pero muy pocos saben sobre su relación. Tratan de mantener un perfil bastante bajo. Viven ocultándose de todos.

—Ha de ser muy difícil vivir así.

—Se convirtió en su estilo de vida.

—¿No quieren hijos?

—Vaya que sí. Pero se resignaron desde hace tiempo. Pensaron varias veces en la opción de rentar un vientre, pero temen que las consecuencias recaigan sobre ese hijo.

—Que difícil.

—Lo es, pero ellos son felices juntos.

Xiao Zhan suspiró. Quizás ese sería el destino de Yibo y él.

Más tarde, luego de comer, Mao descubrió a Zhan Zhan solo en la cocina.

Había ido a dejar los platos sucios, pero se tardó tanto que fue a buscarlo, jamás imaginó que estaría hecho un mar de lágrimas. Lloraba en completo silencio, recargado contra el fregadero y con la mirada perdida en la ventana que tenía vista al pequeño jardín trasero.

El guardaespaldas no dijo nada, hizo notar su presencia ahí con un ligero carraspeo y se le acercó para poner una mano sobre su hombro, solo eso.

Ese gesto significó más que mil palabras, era un "Estoy verdaderamente aquí para ustedes".

—Toma —le extendió una servilleta. Xiao Zhan la tomó y secó sus lágrimas de inmediato.

—Gracias. ¿Ya te vas? —inquirió al ver que traía las llaves del auto en mano.

—Sí. Iré a ver cómo está Yibo. ¿Quieres que pase mañana por ti para ir a la agencia?

El aludido negó con la cabeza.

—Conduciré, mejor ve por Yibo.

—Bien —se tomó el atrevimiento de poner una mano en su cabeza para revolverle los cabellos, como si se tratara de su hermano menor—. Trata de descansar, ya no pienses tanto. Mañana verás a Yibo en el trabajo.

Sus ánimos se renovaron un poco.

Apenas se fue, Xiao Zhan se puso el pijama y se metió a la cama. Aún era bastante temprano, pero no tenía ánimos de otra cosa que no fuera dormir.

No dejaba de preguntarse cómo estaba su novio. Eso era lo que le carcomía la mente, hasta que recibió un mensaje de Mao.

—Mira esto —le escribió, seguido de una foto que le tomó a Yibo, obviamente sin su permiso, en la que le daba una gran mordida a la pizza.

Apenas estaba comiendo. Quizás no había querido hacerlo y Mao terminó convenciéndolo.

—Va por su quinta rebanada. No te preocupes por él, se encuentra bien.

Xiao Zhan se lo agradeció mucho. Así pudo dormir con más tranquilidad.

No fue fácil adaptarse a su situación. Se habían acostumbrado tanto a la compañía mutua que ahora les pesaba el silencio en sus hogares, les dolía no poder abrazarse en las noches y despertar uno junto al otro.

En la agencia los reunieron para poner las cartas sobre la mesa y hablar con claridad de lo que estaba sucediendo.

Ya tenían al culpable y habían abierto el caso al levantar una denuncia. Las autoridades y los abogados ya se estaban haciendo cargo de eso. Cerraron todas las cuentas en internet que originaron el problema y detuvieron la filtración de material. Simplemente eso había logrado causar un alivio inmenso en los involucrados.

Hecho eso, llegó la hora de hacer recuento de daños y nuevos problemas.

La guerra entre fans era preocupante. Estaban los que defendían solo a Xiao Zhan, los que defendían solo a Yibo y los que seguían echando leña al fuego insistiendo en lo mismo: "Xiao Zhan y Wang Yibo son amantes" sin saber que estos mismos lo único que deseaban era que se dejara de hablar del tema.

Pero la guerra entre fans era solamente la raíz del problema a temer: el gobierno.

Una vez involucrado el gobierno, no había vuelta atrás.

En la agencia contrataron a un especialista que los guiaría en tal situación. Este les recomendó tener el menor trato posible. No les prohibió asistir a los mismos eventos, de hecho le pareció buena idea que asistieran a todos los eventos y programas posibles, juntos, para que el público viera cero interacción entre ellos. El objetivo era desensibilizar a las masas, que, al verlos juntos en público no reaccionaran diciendo que eran pareja, no. Tenían que verlos como dos personas que se dedican a lo mismo y por eso coinciden. Ya ni siquiera como amigos.

—¿Están diciendo que no podemos ser amigos?

Preguntó Yibo de mala gana.

—Frente a las cámaras, no. Tienen que ser fríos entre ustedes, y si se pueden ignorar, mejor.

—No estoy de acuerdo —intervino Xiao Zhan—. De una u otra forma se darán cuenta de la mentira.

—Entonces tendremos que llevar la mentira más allá, convirtiéndola en realidad.

—¿No están exagerando un poco?

Todos miraron a Na Jie y luego al especialista, en busca de la misma respuesta.

—No —respondió el hombre—. No tienen la más mínima idea de lo que el gobierno es capaz de hacer.

Esa reunión se prolongó durante horas. Conforme avanzaba, Xiao Zhan y Wang Yibo se hundían más en sus asientos.

Odiaban todo lo que estaba sucediendo.

Al terminar la junta quedaron sentenciados. De ahora en adelante serían personas que no tenían nada qué ver una con la otra, no se hablarían, no se sonreirían mutuamente, ni siquiera se prestarían atención en público. Y de ser posible, debían mirarse con recelo o fastidio para que el público se creyera la gran mentira de que su amistad se estropeó debido al escándalo.

Todo con el objetivo de calmar a las masas y por ende al gobierno.

Nadie podía castigarlos por su orientación sexual. Sin embargo, no tenían ningún derecho a su favor, estaban expuestos al riesgo de perderlo todo, y en el peor de los casos: a sus familias.

A partir de ese día siguieron las reglas casi al pie de la letra. "Casi", porque seguían enviándose mensajes cortos, solo para saber uno del otro.

Pero uno de esos días su comunicación fue interrumpida. Les ocurrió cada vez que intentaron ponerse en contacto. No podían.

Hasta después entendieron que era obra del gobierno. Iban muy en serio. Las guerras en internet no desistían, y en las más fuertes iban ellos de por medio.

Todos los grupos en Weibo hacían escándalo, peleándose, creando teorías, y sacando imágenes editadas de ambos que solo ocasionaba más polémica.

Pero había un solo grupo que se mantenía callado. Su administradora había pedido de forma atenta y con argumentos fuertes que dejaran de lado ese tema, escribiendo un comunicado que decía:

"Xiao Zhan y Wang Yibo no necesitan que los defiendas. Necesitan que ya no hables sobre el tema, que ya no lo vuelvas tendencia. Tu silencio y prudencia valen más que una pelea infructuosa".

Ninguno tuvo duda, esa administradora era la mismísima Xuan Lu.

Su grupo de fans era uno de los más grandes del Yizhan pues también habían "tortugas" y "camarones" entre los miembros. Todos educados y lo suficientemente maduros como para entender la situación.

Un día, Wang Yibo se hartó. Tomó su celular y llamó a Xiao Zhan, pero la llamada nunca entró. Intentó hacer lo mismo desde su celular para publicidad, y tampoco pudo.

Asustado, buscó a su manager y le pidió que le diera información sobre el estado de Xiao Zhan. Temió que algo malo le hubiese pasado. Pero nada había ocurrido, Xiao Zhan se encontraba bien. Lo que sucedía era que sus teléfonos habían sido bloqueados entre sí.

Los tenían por completo monitoreados.

Y como si sus problemas actuales no fuesen suficientes, el virus de Wuhan comenzó a manifestarse en un porcentaje pequeño de la población de la capital.

—¿Crees que cancelen el evento? —le preguntó Ayanga en voz baja.

Xiao Zhan salió de su ensimismamiento y puso atención a lo que le rodeaba.

Un evento estaba próximo. En él anunciarían los nuevos dramas que se emitirían a finales del año. Los actores de cada novela y serie asistirían. Eso incluía a Wang Yibo y Xiao Zhan. Sin embargo, el asunto del virus hacía cada vez más ruido en la sociedad.

—No lo sé. Espero que sí —suspiró pesadamente—. No tengo muchos ánimos de aparecer en público.

Ayanga entendió. El escándalo de él y Yibo seguía muy reciente. Las aguas aún no se calmaban por más increíble que pareciera. Toda la industria del entretenimiento estaba sorprendida por ello.

—¿Cómo va todo sobre eso?

Xiao Zhan lo miró con cierto asombro durante unos segundos antes de animarse a responder.

—Bien —sonrió de lado. Nunca le había confirmado a su amigo la relación que tenía con Yibo, pero Ayanga ya parecía saberlo desde hace tiempo.

—Si necesitan algo, no dudes en decírmelo. Entiendo por lo que están pasando y pienso que no es justo.

—¿Lo entiendes? —alzó una ceja, hablando en voz baja para que nadie más los escuchara.

Ayanga asintió.

—Mi pareja y yo tenemos diez años de relación.

Xiao Zhan no pudo evitar hacer una expresión de completo asombro.

—Lo sé —rio Ayanga—. Suena a mucho tiempo, ¿no es así? —suspiró—. Sin embargo, dentro de ese lapso tuvimos muchos altibajos. Un par de años tuvimos que separarnos porque nuestras estuvieron en riesgo.

—¿Por qué?

—Mi pareja es hombre, al gobierno no le parece bien eso, menos cuando se trata de amor entre dos hombres que son figuras públicas.

—Vaya… —entristeció, pero luego sintió un rayo de esperanza—… pero siguen juntos, ¿no es así?

—Seguimos juntos, y somos felices —admitió con una dulce sonrisa.

—¿Y no tienen miedo?

—No tenemos nada qué perder —su mirada entristeció un poco—. Yo quedé huérfano cuando era solo un niño, y mi pareja perdió a sus padres hace unos años. El gobierno no puede quitarnos nada más.

Xiao Zhan tragó en seco.

—¿Me permites darte un consejo?

El otro asintió, entonces Ayanga se inclinó hacia su hombro y dijo en voz muy baja:

—Dejen que la situación se enfríe, aléjense de verdad uno del otro. Y cuando el escándalo se olvide, vuelvan con un perfil muy bajo. Nadie podrá enterarse de que son pareja de nuevo.

—Tendremos que vivir ocultándonos.

Ayanga asintió con pesar.

—No sé cómo soportaremos tanto —admitió—. Para empezar… —señaló hacia los organizadores del evento que estaban cerca de ellos, discutiendo los últimos arreglos para ese gran día.

—Su agencia no les está pidiendo que convivan, ¿o sí? —se alarmó.

Xiao Zhan negó, pero luego se quedó pensando.

—No del todo. Quieren que el público nos vea indiferentes el uno con el otro.

—Es una buena estrategia para comenzar.

—¿Tú crees?

El mayor asintió con seriedad.

—Será difícil estar en un evento cerca de él y no hablarle. Ya fue suficientemente difícil separarnos.

Ayanga lo miró por largos segundos, la tristeza en su amigo era palpable. A nadie le gustaba verlo así.

—Si quieres… —lo pensó mejor, no sabía si proponerle aquello—…en la noche del evento traeré a mi pareja. Ya lo conoces, es Dalong.

—¡¿Zheng Yunlong?! —exclamó en un susurro, sorprendido. Todo el tiempo los veía juntos, y cuando grabaron el programa "Our Song" descubrió a su amigo siempre al teléfono, hablando con un tal "Dalong".

Así que era él.

—Sí, él —sonrió por su reacción—. Si te sientas con nosotros podríamos cuidarte de los reporteros, tú sabes, podemos hacer una barrera humana para que corras —hizo un chistoso ademán con su cuerpo, intentando imitar a un muro.

Xiao Zhan no pudo evitar soltar una carcajada fresca y divertida, de esas que no soltaba desde hace tiempo. La gente cerca de ellos volteó a mirarlos. Por su parte, Ayanga se dio por bien servido al haber logrado hacerlo reír.

El que no estaba nada feliz era Wang Yibo, estaba a unos metros de ellos, en una llamada seria.

—Gracias, en verdad —se limpió una pequeña lágrima producida por su risa—. Me sentaré con ustedes —suspiró aliviado. Y es que era eso o sentarse solo, expuesto a camarógrafos y reporteros.

—Bien, te separaremos un lugar —rodeó sus hombros con un brazo. Yibo vio aquello y casi se le salen los ojos de puro coraje—. Te mandaré el número de celular de Dalong, por si las dudas. Es que a veces olvidó mi teléfono. Si no contesto esa noche, llámalo a él.

Xiao Zhan aceptó su ofrecimiento, pero le daba vergüenza de sólo imaginarse llamando a Zheng Yunlong. Todavía recordaba el evento de año nuevo al que asistió en diciembre del año pasado. En ese entonces Ayanga lo había abrazado con cariño, festejando la llegada del 2020. Pero mientras lo hacía, Zheng Yunlong le había dirigido una mirada tremendamente fría. Aquella noche pensó que estaba alucinando, pero ahora entendía el motivo de ese enojo: eran pareja y no le gustaba ver cómo abrazaba a otros.

Totalmente entendible.

Más aún luego de que esparcieran rumores de que Xiao Zhan y él eran algo más por haber compartido asientos en un mismo vuelo. Rumores que no duraron mucho porque realmente no tenían fundamentos válidos.

—Sí, mamá —suspiró—. Todo sigue igual, y sinceramente quisiera no hablar más del tema —se estaba molestando, sólo quería terminar la llamada para ir hacia ese tal Ayanga y retirar su cochino brazo de los hombros de Xiao Zhan.

—¿Qué te pasa?

—Nada.

—Te conozco, Wang Yibo. Estás enojado.

El aludido se rascó la nuca con exasperación y dejó de mirar a su amado.

—¿La situación actual no es motivo suficiente? —espetó de mala gana.

—Cálmate, hijo, respira.

—¡No me digas que me calme! —casi gritó, atrayendo la atención de todos a su alrededor, incluyendo a Ayanga y a Xiao Zhan. Este último lo miraba con una extraña mezcla de amor y preocupación—. Lo siento, mamá. Perdóname, no debí gritarte —se calmó y comenzó a caminar lejos de donde estaba, lejos de la mirada de Xiao Zhan.

—¿Qué pasó? —no lo regañó, sabía que no se encontraba bien emocionalmente.

—Vi algo que no me gustó —suspiró—. Eso es todo.

Desde que su madre supo lo ocurrido, no dejó de llamarlo al menos dos veces al día. Le preocupaba mucho la situación, más todavía al saber que ya no vivían juntos.

—Me preocupas, hijo. Los dos me preocupan.

—Lo siento. Mamá…

—¿Sí?

—Tengo que irme, debo trabajar.

—Llámame si necesitas algo, por favor. Tu padre y yo estamos muy preocupados por ti.

Yibo soltó una risa seca.

—¿Papá está preocupado? No entiendo por qué, si está sucediendo justamente lo que él quería.

—Wang Yibo, sabes que eso no es verdad —había un claro tono de advertencia en su voz—. Esto era lo que tu padre quería evitar.

Ella tenía razón, pero cuando Yibo se enojaba se convertía en un ser por completo irracional.

Él terminó la llamada, ajeno al par de ojos que lo observaban desde lejos. Había observado todo, desde sus celos al mirar la interacción entre Xiao Zhan y Ayanga, hasta la discusión con su madre. No lo pensó dos veces antes de ir hacia él.

—Hace calor, vamos por un té helado —rodeó el cuello de Yibo con un brazo y lo encaminó a la salida.

—Han-ge… no estoy de humor.

—Precisamente por eso vamos a salir a tomar un poco de aire fresco. Hay demasiada gente aquí.

Era verdad, ese día había demasiada gente en la agencia.

—No tengo ganas —insistió, tratando de zafarse del agarre de su Ge Ge.

—¿Prefieres quedarte a ver a Xiao Zhan a lo lejos? Sí, te descubrí mirándolos. Solo te estás amargando el día, además, todos sabemos que ellos son buenos amigos, nada más.

El menor rodó los ojos, dejándose llevar por su querido Ge Ge. Salieron a beber un té helado y charlaron. Han logró calmar el enojo en su Di Di, quien parecía estar de muy mal humor desde el incidente. Así cuando volvieron a la agencia para ver los últimos detalles del evento, Wang Yibo estaba mucho más tranquilo. Vio de nuevo a su amado junto a Ayanga y ya no sintió que la sangre le hirviera. Han Ge lo había convencido de que solo eran amigos.

Sin embargo, seguía molesto. Estaba furioso por el hecho de no poder acercarse a él para hablar como antes. Quería llamarlo, quería al menos conversar con él por chat.

Entonces tuvo una idea.

Entró a su cuenta falsa de Weibo y localizó la cuenta falsa de Xiao Zhan. Le mandó un mensaje privado esperando no equivocarse de usuario.

Y… ¡Oh, sorpresa!

Vio cómo Xiao Zhan tomó su celular y leyó el mensaje.

—Hola, extraño —le había escrito Yibo.

Cuando el otro lo leyó, lo buscó con la mirada, con su corazón latiéndole en la garganta, desesperado por encontrarlo entre la gente.

Entonces lo vio, a lo lejos, solo y recargado contra un muro. Su piel se erizó al ver esa sonrisa ladina y esos ojos fieros clavados en él.

—¿Son nuevos mejores amigos? —le escribió al ver que no respondía.

Xiao Zhan soltó una pequeña risa y negó con la cabeza. Lo miró a los ojos, entre la multitud antes de responder.

—Sí. Solo amigos.

—¿Mejores amigos?

—Quizás —rio un poco—. Está siendo muy amable conmigo.

Yibo rodó los ojos de una forma tan evidente que Xiao Zhan lo alcanzó a notar.

—¿Es prudente que hablemos por este medio? —inquirió el mayor con preocupación.

—Quizás no, pero ya no soporto más esto.

—Yo tampoco. ¿Cómo estás?

—Desesperado.

—Yo también.

—¿Y tu salud?

—Tomo mis vitaminas a diario, como muy bien y trato de hacer algo de ejercicio. ¿Y tú?

—Lo mismo—se quedó escribiendo durante unos segundos. Xiao Zhan esperó con paciencia, pero de pronto Yibo dejó de escribir.

Al no obtener respuesta, le mandó un par de signos de interrogación.

—Te amo, Xiao Zhan.

El corazón le palpitó con más fuerza.

—Yo también te amo —respondió de inmediato y entonces lo miró a los ojos por eternos segundos. Vio cómo bajó la mirada a su teléfono para escribir algo más. Xiao Zhan miró el suyo cuando sintió que vibró por el mensaje recibido.

—Me tengo que ir. No me olvides.

Esas simples palabras ocasionaron un nudo en la garganta de Xiao Zhan. ¡Jamás podría olvidarlo! Pero lo que más lo conmovió fue la triste mirada en los ojos de su novio. Ambos se observaron mutuamente por largo rato, sus ojos brillaban por las lágrimas que retenían a toda costa y que, en definitiva, no dejaron salir.

Tuvieron que romper el contacto cuando más gente se atravesó en su campo de visión. Lo último que Xiao Zhan alcanzó a mirar fueron los ojos tristes y la sonrisa ladina de su prometido antes de darse media vuelta e irse.

Se quedó ahí parado, en medio de gente feliz y parlante, sintiéndose tremendamente solo.

Salió de su ensimismamiento cuando sintió una mano sobre su hombro, y cuando se giró para ver quién era, sonrió con suavidad.

Ayanga, su fiel amigo.

—Hey, ánimo —lo zarandeó un poco—. Ven, te presentaré oficialmente a Dalong. Está esperándome afuera en el auto. ¿Quieres venir a cenar con nosotros?

Luego de pensarlo unos momentos, Xiao Zhan asintió con una leve sonrisa.

—Me encantaría.

—Vamos —palmeó su espalda con fuerza y se fueron de ahí.

—¿Diga? —respondió su teléfono.

Espero que cumplas con tu palabra.

Un tremendo escalofrío lo recorrió de pies a cabeza al reconocer esa voz.

¿Ahora entiendes a lo que me refería?

—Lo entiendo.

Y me dijiste que harías lo que fuera porque él estuviera bien, ¿no es así?

—Lo hice, y mi palabra sigue en pie.

Me alegra escuchar eso. ¿Cuándo se lo dirás?

—Deme tiempo, solo un poco más, por favor —casi suplicó.

Hazlo rápido —colgó la llamada.

Si se había sentido mejor luego de salir con Ayanga y su novio, ahora se sentía igual de terrible que hace días.

Deprimido, se metió a la cama y se cubrió la cabeza con una almohada. Se odiaba a sí mismo por haber iniciado esa relación con Yibo. Si hubiese seguido sus instintos desde un principio no se habría acercado a él más de lo debido, no habría permitido tanto. Pero ahora tenía que hacerse cargo de las consecuencias de meterse con un chiquillo seis años menor, de su mismo sexo, y tan famoso como lo era Wang Yibo.

Todo se había ido al carajo, y no se sentía con el valor de terminar con ello de una vez por todas.

Pero… ¿qué podía hacer?

El único error que cometio fue enamorarse perdidamente.

—¿Qué hago, Nut? ¿Qué hago? —preguntó cuando la sintió acurrucarse contra él, pero se quitó la almohada de la cabeza al sentir que se alejaba. Fue ahí cuando se dio cuenta de que ella olfateaba algo debajo de la almohada del otro lado de la cama. Xiao Zhan no lo pensó dos veces antes de meter la mano y… el pijama de Yibo estaba ahí.

Con su corazón doliendo por la tristeza, tomó esas prendas y se las llevó al rostro. Aún olían a él.

Su corazón dolió más.

Durante días había mantenido cortas conversaciones con Yibo por medio de esas cuentas falsas. Para evitar problemas no se llamaban por sus nombres reales y tampoco tocaban temas muy delicados, lo usaban meramente para saber uno del otro y para desahogar un poco lo que vivían día tras día.

Esas cuentas falsas habían sido un paliativo bastante eficaz. Les ayudaba a sobrellevar la situación de la mejor manera posible.

Pero luego de esa llamada que Xiao Zhan recibió, todo cambió.

Yibo comenzó a notar que su novio estaba algo raro. Lo sentía distante, incluso cortante. En ocasiones pensaba que estaba muy ocupado y por eso le respondía así, pero terminó dándose cuenta de que no era ese el motivo, pues no importaba la hora, Xiao Zhan solo le respondía con palabras muy cortas.

—Esto es agotador —dijo de pronto Xiao Zhan por medio de ese chat.

—¿El trabajo? —inquirió.

—No, nosotros, esto.

—Oh… —se sintió preocupado—. Bueno, entiendo que sería mejor estar contigo en la cama y no solo charlando por mensajes —le envió un sticker muy gracioso de él mismo, llorando de forma ridícula.

Pero Xiao Zhan le respondió escuetamente con un pulgar arriba.

—Conejito —le escribió, pues evitaban usar sus nombres. El otro le respondió con un signo de interrogación—. Desde hace días quería preguntarte algo.

—Dime.

—¿Estás molesto conmigo?

—No.

—¿Ha sucedido algo en el trabajo?

—No.

—¿Entonces por qué estás tan jodidamente cortante conmigo? —había comenzado dócil y cariñoso, pero terminó exasperándose a tal grado.

Xiao Zhan miró el mensaje y suspiró. La verdad era que estaba muy cansado.

—Solo quiero una pausa de todo lo que está sucediendo. Nuestras carreras se vieron un poco afectadas, nuestra vida no es igual, yo… estoy exhausto.

—¿Estás cansado de nosotros?

—Lo estoy.

—¿Quieres terminar conmigo?

Solo pasaba un par de segundos entre mensaje y mensaje, pero a partir de esa última pregunta, Xiao Zhan se tardó en responder. Yibo estaba impaciente, golpeteando el pie contra el piso.

—No es algo que podamos hablar por este medio —respondió al fin.

—Eso es un sí —no era una pregunta, y lo confirmó aún más al no obtener respuesta. Xiao Zhan se había desconectado.

Yibo no lo soportó, su corazón comenzó a agitarse demasiado y su cuerpo entero temblaba.

Eso que recién había ocurrido fue… ¿Xiao Zhan le dijo que quería terminar con él?

Tenía lógica. Un ser humano normal no podía soportar tanto estrés, y la causa del estrés en la vida de ambos era nada más y nada menos que su relación. Si hacían eso a un lado, todo sería tranquilidad y éxitos en el trabajo.

Mentiría si dijera que no había pensado en la posibilidad de que Xiao Zhan se hartase de él y prefiriera dejarlo.

Había llegado el momento.

Pensó que lloraría a mares y que sentiría que el mundo se le venía encima, pero extrañamente eso no sucedió. En cambio, fue a sentarse en la sala de su casa y permaneció muy quieto durante horas. No miró el celular, no habló con nadie, solo permaneció sentado, pensando en completa calma.

Después de horas de meditar, no logró hallar el porqué, no lo entendía del todo porque… Xiao Zhan lo amaba, ¿o no? ¡Con un demonio, se iban a casar!

Quiso darle el beneficio de la duda, pero cada vez le costaba más trabajo, en especial al ver que el lazo de amistad que tenía con Ayanga se fue fortaleciendo día tras día. Tanta era su amistad, que muy pronto los medios comenzaron a poner sus ojos encima de ambos. Yibo se quería arrancar el cabello, pues tratándose de Ayanga no hicieron un escándalo total, sino que se limitaron a decir que tenían un bello "Bromance".

Maldita gente —pensó Wang Yibo al leer las noticias.

El día del evento llegó y ambos cumplieron muy bien con su papel de ignorarse mutuamente. Sabían que todos los ojos estarían sobre ellos dos, pues era el primer evento público al que asistirían luego del escándalo. Ahí se determinaría si los rumores eran ciertos, o si fueron mentira y solo lograron terminar con su amistad.

Xiao Zhan permaneció al lado de Ayanga y Dalong durante toda la velada, los tres parecían llevarse muy bien, pues reían y charlaban con un entusiasmo chispeante.

Wang Yibo solo los observaba a lo lejos, con su mandíbula apretada al igual que sus puños. Su expresión de enfado solo se resaltaba más con el atuendo negro que llevaba esa noche. Él estaba sentado junto a Lay, un viejo amigo al que siempre admiró mucho, pero poco le importó en ese momento. No lograba apartar sus pensamientos y mirada de Xiao Zhan y Ayanga.

¿"Bonita pareja"? ¡Ja! —pensó, completamente hastiado.

Quería dejar de mirarlos, pero no podía.

El primer momento crítico de la noche llegó cuando las formalidades del evento terminaron y comenzaron con juegos divertidos pre-banquete para amenizar el ambiente. Subieron al escenario a varias celebridades, incluyendo a Wang Yibo, Xiao Zhan, Ayanga y a Lay. Les pidieron que formaran equipos de dos, pero todos se llevaron una gran sorpresa al ver que los dos que se robaban las miradas de todos se ignoraron olímpicamente. Quedaron como oponentes y no tuvieron piedad entre ellos al jugar. Sin embargo, ninguno de sus equipos ganó.

Al terminar los juegos todos se dirigieron al salón contiguo para comenzar el banquete, pero Wang Yibo decidió salir a tomar aire fresco, se sentía sofocado en ese salón, con ese traje incómodo y esa apretada corbata.

Pero a medio camino se encontró con Ayanga, este venía caminando de frente por el mismo pasillo que él. El mayor le dedicó una amable sonrisa que Yibo no correspondió. Este pretendía pasar de largo, pero un impulso tomó el control de su cuerpo y se plantó frente a él con las manos en los bolsillos de su pantalón y con una expresión desafiante.

—Que bueno que te encuentro, te estuve bu…—fue interrumpido.

—Aléjate de mi novio.

Ayanga parpadeó con completo desconcierto.

—Oye, yo no…

—Puedo imaginar lo que estás tramando, así que aléjate de él—dio un paso hacia Ayanga y lo apuntó con un dedo, amenazante—. No voy a permitir que te aproveches de la situación.

—Estás malinterpretando mis intenciones —se mantuvo sereno.

—He notado cómo lo miras y cómo lo tratas.

—Le tengo un gran cariño, es normal —se encogió de hombros.

Los nervios de Yibo se crisparon aún más.

—Aléjate de él. Sé que sabes sobre nosotros, así que no te atrevas a buscar algo con él sabiendo que estamos juntos —dijo con enojo, entre dientes y lo suficientemente agitado como para que su respiración fuese perceptible.

—Hey, tranquilo —alzó ambas manos en señal de paz, sonriendo—. Quiero que vengas conmigo —lo tomó del brazo y prácticamente lo arrastró hacia cierta dirección.

—Suéltame —se zafó del agarre a medio camino, ofendido y molesto al ver la facilidad con la que el hombre lo jaló. La diferencia de edades era notoria, después de todo se llevaban ocho años.

—Wang Yibo —se paró frente a él y le sonrió con diversión, enfadándolo aún más—. Quiero que sepas que no soy tu enemigo, al contrario, quiero ayudarte. Pero necesito que dejes de creer que quiero cortejar a Xiao Zhan, porque no es así, yo ya tengo a mi pareja desde hace diez años, así que… —suspiró al verlo todavía renuente—. Ven —lo arrastró al interior de un pequeño salón de descanso, parecía un camerino—. Cuidaré de la puerta, sólo tienen unos minutos, así que no los desperdicien. De nada —les dijo y se fue, dejándolos solos.

Yibo estaba atónito. Frente a él estaba Xiao Zhan sentado en un sofá, también sorprendido. Se miraron y no supieron cómo reaccionar. Ninguno hablaba, hasta que Yibo se animó a romper el hielo. Estaban a solas por primera vez en un tiempo.

—¿Qué haces aquí? —preguntó con desconcierto.

—Me duele la cabeza —suspiró y cerró los ojos, sin levantarse del sillón—. ¿Tú qué haces aquí?

—Tu querido amigo me trajo —resopló y se sentó junto a él en el sofá, notando que Xiao Zhan se alejaba casi por mero instinto.

Por su parte, Wang Yibo se estaba aguantando las ganas de inclinarse sobre él y besarlo en los labios. Estaba molesto por su amistad tan íntima con Ayanga, pero tenía sentimientos encontrados. El que parecía ser su enemigo acababa de ayudarlo como jamás imaginó. Tampoco sabía qué hacer, pues no sabía con certeza el motivo del distanciamiento de Xiao Zhan.

—Zhan Zhan, estamos solos.

—Sí.

—Ayanga cuida de la puerta.

—Lo sé.

—¡¿Y por qué no nos estamos besando?! —trató de bromear, pero el ánimo se le fue hasta el suelo al ver el rostro inexpresivo de su amado.

Xiao Zhan se mantuvo en su extremo del sillón, con una pierna cruzada sobre su rodilla y un codo sobre el descansabrazo. Seguía apoyando su cabeza sobre una mano, masajeando su sien.

—Lo siento, no… no estoy de ánimo —tragó fuertemente.

—¿Te sientes muy mal? ¿quieres que llame a Mao? —puso una mano sobre su frente para descartar la posibilidad de que tuviera fiebre, después de todo estaba ese virus extraño rondando ya la ciudad.

—Estoy bien —se alejó un poco de él para evitar el contacto—. ¿Cómo estás tú? —sonrió de lado, mirándolo casi con la calidez de siempre.

Yibo estaba confundido.

—Bien —estudió cada centímetro de su rostro, tratando de hallar las respuestas que no le daban sus palabras—. Xiao Zhan, ¿qué te pasa? —fue directo al grano.

—Es mejor que volvamos a la farsa —se puso de pie con decisión. Acomodó su saco y se dispuso a salir de ahí.

El ánimo de Yibo decayó aún más. ¿Qué habían hecho con su Xiao Zhan? ¡Lo quería de vuelta!

Impulsado por un arrebato, tomó el brazo de su novio y lo jaló con fuerza para girarlo hacia él de nuevo. Antes de que el mayor pudiera siquiera preguntar algo, Yibo lo abrazó con posesión, aprisionándolo con un brazo contra su cuerpo y usando la otra mano para tomarle el rostro y besarlo con fuerza y fiereza, con una pasión acumulada. Le robó el aliento, dejándolo literalmente con la boca abierta. Xiao Zhan sucumbió ante el deseo y terminó correspondiendo la caricia que finalizó con una excitante mordida en su labio inferior.

Cuando se separó de Xiao Zhan, lo entendió, entendió el motivo de su distanciamiento. Al separarse pudo ver el más puro desasosiego en su expresión, tenía miedo. ¿Y cómo no? Tenían al gobierno chino respirándoles sobre el hombro.

—Es mejor que volvamos a la farsa —repitió. Pasó sus dedos sobre los labios suaves de Yibo y lo miró a los ojos con la profunda tristeza que los caracterizaba últimamente.

Sin dedicarle una última mirada, Xiao Zhan salió de ahí, topándose con la espalda de su amigo cuidando de la entrada.

—¿Tan pronto? Todavía pueden aprovechar un poco, casi no hay gente por… ¿estás bien? —inquirió al ver su mirada esquiva y vidriosa.

—Sí, me tengo que ir —le sacó la vuelta y se fue rápidamente por el pasillo. Wang Yibo salió momentos después y miró a Ayanga a los ojos.

—Te pido una disculpa por la forma en que te traté, no lo merecías. Gracias por… esto —suspiró y pasó de largo a su lado.

Ayanga no entendía nada de lo que estaba sucediendo. Fue en busca de su amigo, se lo encontró haciendo una llamada.

—Quiero irme —decía al teléfono con voz y expresión de hielo.

Al otro lado de la línea estaba Na Ying Jie tratando de convencerlo de quedarse. Era indispensable para que los medios olvidaran pronto el escándalo reciente. Si se iba, un nuevo escándalo relacionado al anterior se crearía.

—No puedo, Na Jie, no puedo.

Ayanga escuchó todo eso y no pudo más que sentirse culpable.

—Bien, sólo un rato más. Esperaré a Mao en el lobby dentro de una hora. Bien —colgó la llamada y notó que Ayanga estaba a unos metros, esperando a que se desocupara para ir hacia él.

—Zhan Zhan, lo siento. En verdad lo lamento. No debí hacer eso, pensé que necesitaban tiempo a solas y… —silenció al sentir una mano sobre su hombro.

—Está bien, lo hiciste con buenas intenciones —sonrió de lado, triste—. Es solo que es… tan difícil enfrentar esto. Te agradezco el gesto, mi buen amigo, pero por favor no lo hagas de nuevo. Correrías un gran riesgo y es lo que menos quiero —mantuvo su sonrisa triste y se fue.

Ayanga se sintió sumamente culpable.

—¿Cómo salió todo? —inquirió Dalong, acercándose a su novio luego de que Xiao Zhan se fuera.

—Terrible.

Esa noche Wang Yibo y Xiao Zhan dieron de qué hablar. Los medios habían captado el claro distanciamiento entre las celebridades, ni siquiera se habían dirigido la palabra en toda la noche, y cada uno se vio muy ocupado con su grupo de amigos.

"¿Este fue el fin del Yizhan?" títulos como este acaparaban los encabezados de muchos artículos virtuales en los que explicaban cómo se había roto la amistad de esos dos.

Aunque los dos seguían causando escándalo, estaban más tranquilos porque el gobierno no los molestaría tanto luego de demostrarse indiferencia. Lo que preocupaba a Yibo era el hecho de que esa indiferencia en Xiao Zhan no parecía actuada, y eso le dolía.

Habían dejado de charlar por chat, Xiao Zhan no sabía qué decirle y Yibo tenía miedo de recibir más respuestas tajantes y frías.

Hasta que de pronto, Xiao Zhan le mandó un mensaje. Yibo corrió por su celular, emocionado porque gracias al tono que le había asignado a su contacto, sabía que se trataba de él.

Pero la felicidad se evaporó de su cuerpo al leer aquello:

—Necesitamos hablar. En persona.

Wang Yibo jamás creyó experimentar el peso de esas dolorosas palabras. Tuvo un muy mal presentimiento.

En menos de cinco minutos se pusieron de acuerdo para verse en un hotel que les quedaba en un punto medio a ambos, pues aún seguían en sus lugares de trabajo.

Para verse a escondidas tuvieron que ser sumamente cuidadosos, se escaparon de sus trabajos y se vieron en dicho hotel. Se sorprendieron al llegar y ver mucho movimiento. No los dejaron pasar, tal parecía que estaban desalojando el lugar. Sería cerrado como medida preventiva de seguridad en contra del virus que seguía esparciéndose como plaga.

Habían estado tan sumergidos en sus problemas que apenas se estaban dando cuenta de la magnitud de lo que ocurría frente a sus narices.

Algo alarmados, decidieron salir de ahí.

—Sígueme —le dijo Xiao Zhan en voz baja al pasar junto a él. Yibo lo siguió desde lejos, manteniendo siempre una distancia prudente hasta que se subió a su auto—. Vamos a mi departamento —dijo simplemente mientras encendía el motor.

Pero Yibo no tenía mucha paciencia en ese momento.

—¿De qué quieres hablar?

—Lo hablaremos al llegar.

—¿Qué está sucediendo?

—Hay un caos en la ciudad —dijo al conducir y ver a tanta gente en la calle, caminando con prisa de un lado a otro, haciendo compras masivas.

—No, me refiero a nosotros —no le apartó la mirada ni un segundo, mientras que el otro solo miraba hacia el camino.

Xiao Zhan no respondió y Yibo no preguntó más. Su estómago se revolvió y comenzó a jugar con sus dedos, dominado por la ansiedad.

Al llegar al departamento, Wang Yibo fue invadido por una gran nostalgia, se sentía en casa, o al menos así fue hasta que notó la expresión seria de su amado. ¿Por qué lo miraba así? ¿Por qué era tan frío?

—¿Ya me vas a decir lo que está sucediendo?

—Siéntate —señaló el sillón.

—No. Así estoy bien —apretó ambos puños y se quitó la gorra y cubrebocas que traía puestos, exasperado.

Xiao Zhan tampoco se sentó, lo miró de frente e hizo lo mismo con su gorro y cubrebocas.

—Tenemos que terminar.

Lo dijo con tal seguridad que Yibo trastabilló un poco, se sostuvo discretamente del mueble más cercano y lo miró con sus dos ojos penetrantes. Tardó unos segundos en procesar esas palabras, pero cuando lo hizo, respondió, determinante:

—No.

—¿No me vas a dejar terminar contigo? —soltó un medio bufido lleno de incredulidad.

—No.

Xiao Zhan apretó la mandíbula y le sostuvo la mirada en todo momento. La mente del menor trabajaba a mil por segundo, tratando de entender qué demonios estaba ocurriendo. Ninguno dijo nada por largo rato, hasta que Yibo terminó con esa guerra de miradas, diciendo:

—Si es por las motos… —la seriedad de su rostro contrastó mucho con el temblor en su voz—…estoy dispuesto a abandonarlas. Estoy dispuesto a todo con tal de seguir a tu lado. No me importa, ¿quieres que deje las motos? Lo haré. ¿Quieres que deje el skateboarding? Lo dejaré. Pero no termines conmigo de esta forma.

—Creo que… no lo estás entendiendo —sonrió levemente de lado—. Necesito que terminemos con esto, ahora. La situación se salió de nuestras manos, y ciertamente nunca imaginé que llegaría a tanto. Lo que comenzó con curiosidad por el chico travieso del set, terminó en todo esto, y yo… te quiero, pero las circunstancias me sobrepasan —se masajeó la sien—. No lo vale… —fue interrumpido.

—Nosotros. Estás diciendo que nosotros juntos no lo valemos.

—Así es —suspiró y se recargó con simpleza contra el respaldo del sillón más cercano, se veía bastante fresco—. ¿No sientes lo mismo? Hay amor, no lo voy a negar, pero no llega a tanto. Estamos poniendo nuestras vidas en riesgo, incluso las de nuestras familias. No lo vale.

"No lo vale". Esas palabras resonaban en la mente de Yibo una y otra vez.

—Estás bromeando, ¿verdad? —rio, y es que no encontraba otra explicación—. Idiota, ya deja de bromear —su risa se detuvo al ver la expresión triste y severa en su amado—. Xiao Zhan…

—Te voy a explicar —tomó aire y comenzó a hablar—. Al principio me llamaste la atención, y al ver que no te era indiferente, pensé: ¿Por qué no? Tuve mucha curiosidad y ya la sacié. No me negué a las posibilidades y vaya que disfruté. Pasamos un buen rato —sonrió con su característica calidez—. Además, sabía que mi número de fans aumentaría si me veían más contigo —se encogió de hombros.

Yibo no pudo responder nada. Se estaba mordiendo la lengua para contener ese extraño nudo en su garganta.

—Te seré sincero, Wang Yibo —suspiró—. Te quiero, pero no te amo.

—Di…—tragó con fuerza y aspiró pesadamente—…dímelo a los ojos —espetó al ver que evadía a toda costa sus ojos.

Xiao Zhan siguió mirando aquel punto perdido en el piso durante unos segundos más, sin borrar esa extraña sonrisa, hasta que logró mirarlo a los ojos con una expresión suave y tan rara que le puso los pelos de punta.

—Creí que te amaba, hasta que vi todo lo que puedo perder si seguimos con esto. No te amo más.

—Entonces… ¿Estuviste actuando todo el tiempo?

—No todo el tiempo, pero ya sabes lo que dicen: soy muy bueno actuando, incluso tú lo llegaste a decir, ¿no? —sonrió.

—No te creo —caminó hasta él y tomó sus manos—. No me lo dijiste a los ojos, así que no te creo —apretó el agarre con más fuerza, sus manos sudaban por los nervios. Xiao Zhan evadía la mirada cada vez que negaba su amor.

Tenía que estar mintiendo.

—No te amo —repitió, con tal firmeza y seguridad que… Yibo quedó desarmado. Lo vio en sus ojos, lo sintió.

Soltó sus manos y dejó caer las propias a sus costados.

—Entonces viví engañado, tú... —le costaba trabajo hablar—...tienes razón —dijo de pronto, con un tono de voz bastante neutro—. Tú y todos los demás...

Xiao Zhan se cruzó de brazos. Tenía a Yibo a punto de quebrarse frente a él, a centímetros, pero no hizo nada para evitarlo.

—…eres un excelente actor, Xiao Zhan.

Continuará.

¡Hola, pastelitos!

Sí, lo sé, lo sé. Sé que en este momento me odian. Solo les diré que no me maten, esperen a la siguiente actualización y disfruten del sufrimiento.

¡Las quiero! Y quiero leer sus opiniones sobre el capítulo, aunque no lo crean, he sacado capítulos enteros solamente de comentarios o reseñas, me inspiran más de lo que deberían jaja

28/09/20

9:30 p.m.