Capítulo 67: "Todo lo que pido"
—Eres un excelente actor, Xiao Zhan, porque cualquiera creería lo que dices ahora. Eres tan convincente que mi pecho duele —se le quebró la voz al final, aguantó sus ganas de llorar y continuó—. Pero estoy seguro de que mientes, ahora mismo mientes. Todo lo que vivimos no puede ser una farsa. Te conozco demasiado bien, tú… desnudaste tu alma ante mí. Te conozco, Xiao Zhan, te conozco —una rebelde lágrima escurrió por su mejilla. La secó de inmediato con su mano.
El otro mantuvo su expresión serena en todo momento, estoico y en silencio.
—Entiendo que estás haciendo esto por nuestro bien, pero no tienes por qué ser tan cruel conmigo —insistió el menor.
—¡Es que no entiendes! —explotó al fin, apretando puños y dientes—. No te amo, ¿cuántas veces tengo que repetirlo? Es agotador.
—Dile eso a quien te lo crea, porque yo no —se mantuvo firme—. Para empezar, lo que dices no tiene sentido. Si te acercaste a mí por conveniencia… —soltó una risa seca—…es ilógico, tú nunca necesitaste de mi "fama" para incrementar la tuya.
—Sólo quise satisfacer mi curiosidad, lo hice, lo nuestro se acaba ahora. Ya te lo dije: es demasiado lo que arriesgaríamos, no lo vale —sus ojos estaban cada vez más rojos. Y si se escuchaba con detenimiento, su voz denotaba un claro temblor.
—Mejor cállate, que sí me está doliendo lo que dices —masculló con hastío.
Xiao Zhan tragó en seco.
—Entiendo por qué haces esto, no sigas mintiendo —se acercó a él, pero el otro se alejó como si estuviera infectado de algo contagioso—. ¿Ni siquiera quieres que te toque? —su pecho dolió con solo decirlo.
—Wang Yibo —su voz fue firme, su mirada también—. Terminemos con esto, por favor —eso último sonó a súplica.
—¡No! —lo tomó de los brazos y lo zarandeó con fuerza, su mandíbula estaba muy apretada—. ¡Esto no va a terminar así! ¡Yo te amo! ¡Te amo demasiado y no puedo vivir sin ti! Eso lo sabes muy bien, y te repito: no creo ninguna de tus palabras —lo miraba directo a los ojos, sin parpadear. Estaba desesperado porque su amado admitiera que era mentira lo que decía.
Pero al ver que mantenía su mirada triste y fija en él, supo que no diría nada más. Entonces fue cuando optó por terminar con la distancia que los separaba. Sin soltar el firme agarre en sus brazos, lo pegó a su cuerpo con cierta violencia y unió sus labios en un beso desesperado.
Una tremenda tristeza e impotencia se apoderaron de él cuando sintió que no correspondía, no se movía, ni siquiera había cerrado los ojos.
—Xiao Zhan… —aflojó el agarre de sus manos sobre sus brazos y lo miró con un asombro difícil de describir. Yibo comenzaba a dudar… su actuación era tan buena que quizás no lo era. Sin embargo, lograba percibir que su cuerpo temblaba un poco.
¿Cuál era la verdad?
Yibo no sabía qué más hacer o decir, se quedó en blanco hasta que el otro habló.
—Perdóname —susurró, fue apenas perceptible. Su voz salía quebrada y tan tenue que a Yibo le costó trabajo entenderle.
Xiao Zhan comenzaba a quebrarse. Se odiaba a sí mismo por hacerle eso a la persona que más había amado en el mundo.
Eso bastó para que Yibo confirmara sus sospechas: sí mentía. Fue como un rayo de luz en medio de una oscuridad tempestuosa.
Yibo no dijo nada, atrapó a su prometido con fuerza entre sus brazos, rodeándolo de una forma tan protectora y cálida que Xiao Zhan no aguantó mucho y se echó a llorar a pulmón abierto, sacando ese cúmulo insoportable de emociones que lo asfixiaban.
—Sabía que era mentira —suspiró en medio del abrazo, consolándolo a pesar de que él mismo temblaba bastante, por un momento le había creído—. Tú aún me amas, ¿verdad? —se le quebró un poco la voz.
Xiao Zhan se separó del abrazo solo para tomar su rostro entre sus cálidas manos y besarlo con arrebato. Ese era un sí. Un alivio indescriptible invadió a Yibo, no lo pensó dos veces antes de corresponder con el mismo ímpetu, sintiendo el rostro húmedo de su amado durante el beso, seguía llorando.
—Yibo… —se separó y tomó una bocanada de aire, su llanto se le acumulaba de tal forma en la garganta que no podía hablar sin sentir que se le cortaba la voz—…perdóname, perdóname. No puedo hacerlo. Prometí que terminaría contigo, que acabaría con lo nuestro antes de que alguno saliera lastimado, pero… no puedo.
—¿A quién se lo prometiste? —lo tomó de las mejillas para que lo mirarse a los ojos.
—A mí mismo —respondió de inmediato—. Si te sucede algo por mi culpa… jamás me lo perdonaría. No quiero que sigas corriendo riesgo. Para empezar, estamos en todo esto por mi culpa.
—Por culpa de tu antigua agencia.
—Es lo mismo.
—No, no lo es.
—De todas formas, no estarías involucrado en estos problemas si no hubiese aceptado comenzar una relación.
—No es tu culpa, entiéndelo. Además, yo habría insistido hasta conseguir un "Sí" de tu parte, ¿entiendes? No es tu culpa —aún con el rostro de Xiao Zhan entre sus manos, se estiró de puntillas y besó su frente.
—Tenemos que separarnos, no quiero que nada te pase —tenía mucho miedo, todo su cuerpo lo expresaba. Muy diferente a como se encontraba hace tan solo unos minutos: estoico, firme.
—No quiero separarme de ti… —vio que Xiao Zhan le iba a reclamar algo, así que de inmediato continuó—…pero estoy consciente de la situación.
—Será solo por un tiempo, tenemos que dejar que las cosas se calmen, y quizás entonces podamos estar juntos de nuevo.
—"Quizás"
—Así es.
Yibo apretó puños y dientes. Se quedaron en silencio unos momentos hasta que Xiao Zhan habló.
—Hubiera preferido que me odiaras, sería más fácil —sus ojos enrojecieron una vez más.
—No digas eso. Además, nunca podría odiarte.
—¿Aunque te tratara tan mal como hace unos momentos?
—Me sentiría muy triste y traicionado, pero no te odiaría —fue sincero.
Xiao Zhan soltó un suspiro pesado y largo.
—Por lo pronto lo mejor es estar lejos uno del otro, no dar de qué hablar y portarnos bien.
—¿Me esperarás, Xiao Zhan?
El mayor le acomodó un mechón de cabello que le caía por la frente y lo miró con una suave sonrisa cargada de amor.
—Yo no podría estar con nadie más —confesó luego de unos segundos de silencio.
—Yo tampoco —admitió antes de suspirar pesadamente—. Entonces… recogeré algunas de mis cosas.
—Sería buena idea —suspiró—. Te ayudaré.
Entre los dos fueron haciendo las maletas, poco a poco, sin ganas de terminar. Eran sus últimos momentos a solas y no tenían idea de qué hacer o decir.
Antes de terminar, Xiao Zhan fue a su recámara llena de muñecos de felpa para tomar a Wei Wuxian y dárselo a su amado. A éste se le formó un nudo en la garganta y abrazó al muñeco contra su pecho.
—Lan Wangji y Wei Wuxian estarán juntos de nuevo —prometió Yibo.
—Así será.
La despedida con Nut fue emotiva, Wang Yibo no quería soltarla.
—¿Quieres que te acompañe por un tiempo? Ella estaría feliz a tu lado —ofreció Xiao Zhan, su amado abrió mucho los ojos ante esa propuesta.
—¿Hablas en serio?
Xiao Zhan asintió y Yibo lo pensó por unos momentos.
—No, ella debe de estar contigo. Este es su hogar —además, él quería que Xiao Zhan tuviera a alguien de quién cuidar mientras tanto, no quería dejarlo solo.
Yibo subió sus maletas al auto de Xiao Zhan y éste lo llevó a su casa a un par de calles de ahí. Era doloroso saber que estarían tan cerca uno del otro y sin poder tener contacto. Pero al menos tenían el consuelo de que estarían cerca.
—Listo —dijo Xiao Zhan al dejar la última maleta en el recibidor—. ¿Quieres que te ayude a desempacar?
—No —cerró la puerta principal con llave—. Zhan Zhan, quédate esta noche conmigo.
El mayor tragó en seco. Sabía que eran vigilados.
—Una última noche, por favor.
—Yibo…
—Será mi última noche contigo —se le llenaron los ojos de lágrimas—. A partir de mañana seremos solo amigos, hoy… por favor… Todo lo que te pido es una noche más a tu lado.
No fueron necesarias más palabras, ya habíamos dicho todo lo que se tenía que decir, ¿no es así, Yibo?
Di un paso al frente y tomé tu rostro entre mis manos para atraerlo a un beso que no te esperabas. Dubitativo, sentí cómo me rodeaste con tus brazos casi al instante, correspondiendo con el mismo sentimiento que quemaba en mi pecho.
Así que solo fingiríamos que no teníamos miedo de lo que estaba por venir, de lo que podría pasarle a nuestra relación con un distanciamiento como este.
Tomados de la mano, subimos a tu habitación. Nos desvestimos con tranquilidad, besando y acariciando toda la piel que teníamos al alcance. Tus manos grandes apretaban mi cintura hacia tu cuerpo, podía sentir la suavidad de tu vientre contra el mío. Ese conjunto de sensaciones que mi cuerpo jamás olvidaría.
No tuve que preguntarte qué querías, tus besos demandantes me dejaron claro el papel que querías tomar esta noche. Y yo te dejaría hacerlo, necesitaba que lo hicieras. Dejaría que me tomaras a tu entero antojo. Quería sentir tus atenciones, tu calor, tu amor.
Nos tumbamos sobre la cama, dejaste caer el peso de tu cuerpo sobre el mío. Te apoyaste con ambas manos mientras observabas detenidamente mi rostro.
—¿Qué sucede? —pregunté.
Sólo negaste suavemente con la cabeza al mismo tiempo que me dedicabas una sonrisa muy pequeña.
—Memorizo tu rostro —acariciaste mi mejilla con una mano, moviendo el pulgar sobre mi piel.
Tomé la mano que me acariciaba con tanto amor y la besé.
Quería decirte tantas cosas, pero las palabras no salían de mi garganta sin que me pusiera a llorar. Necesitaba decirte que, si iba a ser mi última noche contigo, me abrazaras como si fuera algo más que un amigo. Que me dieras un recuerdo del cuál aferrarme de ahora en adelante en mi soledad.
"Tómame de la mano mientras hacemos lo que hacen los amantes" quería decirte, pero no pude, mi voz no salía.
A partir de mañana no habría más un "nosotros", y yo estaba seguro de que jamás volvería a amar con tanta intensidad como te he amado, Wang Yibo.
¿Todo iba a terminar solo así?
Entonces tendríamos que aprovechar esta última noche.
Sentí tu desnudez contra la mía, abrí mis piernas para ti y dejé que te acomodaras entre ellas, sobre mi cuerpo. Tus caderas quedaron encerradas entre mis rodillas y nuestras entrepiernas se rozaban con sutileza mientras intentaba contener los gemidos que se acumulaban en mi garganta.
Me llenaste de caricias y besos que jamás olvidaría, dedicaste cada segundo a hacerme disfrutar, me deshiciste en atenciones que sólo incrementaban el nudo en mi pecho.
¡Dolía mucho! ¡Esto no podía terminar así!
Entonces tus ojos agudos y penetrantes se fijaron en los míos, hipnotizándome. No podía apartar mi mirada de ti. Tus manos buscaron las mías y las sujetaron contra la cama, apresándome con tu cuerpo mientras me mirabas como quien mira lo más hermoso del mundo, deseando apropiarse de ello.
No necesitaba palabras, podía ver todo a través de tus ojos, y estoy seguro de que los míos también hablaban por mí.
Nadie me conoce como me conoces tú, nadie llegó tan profundo a mi corazón como tú. Así que, ¿qué haré a partir de ahora? ¿quién me amará así? ¿a quién amaré así?
Sé que no hay un mañana para nosotros, solo sé que tenemos esta noche. Así que todo lo que pido es que nos amemos esta noche como lo que somos.
Esta será la forma en la que nos recordaremos: desnudos, abrazados, haciéndonos el amor con todo nuestro corazón.
Nunca imaginé que tendríamos un encuentro de este tipo. Fuiste todo un caballero, me amaste, me cuidaste y procuraste que solo experimentara placer. Tomaste suficiente tiempo para preparar mi cuerpo, ibas a buscar un condón, pero te detuve y te traje de nuevo hacia mi cuerpo, apresándote de nuevo entre mis rodillas y con mis brazos. Sonreíste de lado cuando apreté tu trasero con mis dos manos. Ese trasero… no tienes idea de cuánto lo amo y cuándo adoro aplastarlo con mis manos. Tú siempre dices que es pequeño y que te gusta más el mío, pero a mí… a mí me fascina el tuyo.
Me penetraste con cuidado, fuiste paciente y me tomaste de la mano mientras lo hacías. Nuestros dedos se entrelazaron con fuerza y besaste mis labios mientras te introducías en mí, encajando a la perfección con el interior de mi cuerpo. Estábamos hechos el uno para el otro.
Comenzaste a embestirme con suavidad, pero de pronto te detuviste.
—¿Qué pasa? —pregunté.
Extendiste tu mano hacia mi mejilla y limpiaste los ríos de lágrimas que corrían por mi rostro.
—¿Te hice daño? —preguntaste, en verdad preocupado. Tus ojos miraban cada centímetro de mi rostro en busca de algún indicio de que me habías lastimado.
—No…
—¿Entonces por qué lloras? —frunciste el ceño, pero pude ver con claridad cómo tus lindos ojos se llenaban de lágrimas, enrojeciendo casi al instante.
Te había contagiado el llanto.
—Yo… no lo sé.
—Zhan Zhan…
—Sólo abrázame —supliqué al mismo tiempo que rodeaba tus hombros y ancha espalda con mis brazos. Escondiste tu rostro en mi cuello y lo llenaste de besos que muy pronto me erizaron la piel. Solo tú sabías cómo llevarme del llanto al placer en cuestión de segundos.
Más que deseo, sentíamos una imperante necesidad de sentirnos, de encontrar el calor y el amor del otro.
Comenzaste a moverte dentro de mí, podía sentir tus fuertes caderas estampándose cada vez más profundo.
Recordé nuestro primer encuentro y casi rio al recordar lo desastroso que fue. No se podía comparar con…
—¡Ah! —gemí de pronto al sentir cómo alcanzabas cierto punto dentro de mi cuerpo que me estremeció de pies a cabeza.
—¿Te gusta ahí? —susurraste en mi oído, excitándome aún más.
—Sí —jadeé, arqueando mi espalda y deslizando mis manos por la tuya, sintiendo cada centímetro de suave piel.
No podía pensar en otra cosa que no fueran tus labios sobre mí, tus grandes manos recorriendo mi cuerpo; tu lengua en mi boca, danzando al mismo ritmo que la mía. Con tu profunda voz me decías al oído cuánto me deseabas y cuanto te gustaba. Besaste mi cuello hasta el cansancio, te aseguraste de dejar marcas en mi piel, y yo en la tuya.
Yo solo podía removerme un poco debajo de tu cuerpo pesado, gimiendo sin pudor alguno y enredando mis dedos en tu hermoso cabello. Mantuviste ese ritmo delicioso hasta que sentí la necesidad de ser yo el que se moviera. Logré empujarte hasta cambiar las posiciones, me senté sobre ti y dejaste que hiciera lo que quisiera, me brindaste apoyo con tus manos, entendiendo a la perfección lo que quería hacer. Entonces empecé a subir y bajar sobre tu entrepierna.
El éxtasis desbordaba por cada poro de tu ser. Te miré: pupilas dilatadas, frente perlada por una ligera capa de sudor (yo me encontraba aún peor) y cabello revuelto. Esto solo lograba darte un aspecto desordenado y sensual.
Quise decirte cuán sensual y hermoso te veías, pero te me adelantaste cambiando de nuevo las posiciones de nuestros cuerpos. No soportaste mucho y te volviste a acomodar entre mis piernas, sobre mi cuerpo.
En un mutuo y silencioso acuerdo decidimos dejar de lado nuestra tristeza y disfrutamos del momento. Nada más importaba. Nos aferraríamos a este último recuerdo de los dos haciendo el amor solo como tú y yo sabíamos hacerlo.
Yibo, ¿estás sintiendo lo mismo que yo?
Intensificaste el ritmo que yo había impuesto, y presentí, por lo errático de tu respiración que no tardarías en alcanzar el mismo orgasmo que ya me perseguía.
No pude evitarlo más, clavé las uñas en tu espalda y me aferré a esta al sentirte entrando una y otra vez a mi cuerpo, saliendo de mí solo para volverme a llenar. Mi respiración ya era dificultosa, nuestros cuerpos chocaban haciendo ruido, mis piernas estaban aferradas a tus caderas y éstas aumentaban el ritmo de ese sensual vaivén.
Mis uñas se clavaron más en tu espalda, pero no pareció importante, estabas más concentrado en besar mi boca, en penetrarme con profundidad al mismo tiempo que buscabas mi lengua con la tuya.
Entonces nos invadió ese fuego ardiente, envolviéndonos al mismo tiempo como pocas veces nos ocurría.
Nuestros gemidos murieron ahogados en nuestras bocas mientras nos tomábamos de la mano con firmeza. Soltaste mis labios y repartiste cansadas mordidas a lo largo de mi cuello mientras yo aún sentía mi orgasmo en toda su plenitud.
No pude evitarlo. Gemidos vergonzosos salieron de mi garganta y tú pareciste disfrutarlo, pues me miraste traviesamente antes de penetrarme un par de veces más, profundas y ruidosas, arrancándome un grito ahogado por tus labios en los míos.
Te tomé del cabello con mi mano libre y estiré de él. En respuesta a eso seguiste penetrándome. Tus gemidos no se hicieron esperar.
Wang Yibo, Wang Yibo. Te conozco demasiado bien, sé lo sensible que tu cuerpo está en estos momentos, y el hecho de que siguieras penetrándome a pesar de ello me volvía loco.
—¡Yibo! —grité al sentir ese inesperado segundo orgasmo.
No dijiste nada. Soltaste mi mano para tomar mi cintura con fuerza, me encajaste en tu entrepierna, logrando penetraciones más profundas y certeras. Un gruñido extraño salió de tu garganta. Te miré y tus ojos se conectaron con los míos.
Sonreímos.
Acaricié tus brazos mientras seguías embistiéndome hasta alcanzar tu orgasmo.
—Demonios —mascullaste entre dientes al llegar al clímax. Dejaste caer tu peso entero sobre mí.
Te recibí con brazos abiertos y acaricié los rasguños que te había hecho con anterioridad.
Sudorosos, agitados, y con el corazón taladrando en nuestros oídos, nos quedamos inmóviles en la misma posición, tratando de recuperar un poco el aliento que se nos había ido después de tan intenso orgasmo.
Supe que estabas agotado al sentirte completamente laxo sobre mí. Te apreté más entre mis brazos y tú te aferraste a mi torso. Mis piernas, un poco cansadas, seguían abiertas de par en par.
Moví mis caderas solo un poco, consiguiendo solo un gemido grave emergiendo de tu garganta.
Saliste con cuidado de mi interior y te acostaste a un lado para dejar de aplastarme. De inmediato me arrastraste hacia tu cuerpo y me abrazaste como si fuera tu tesoro más preciado.
—Te amo —susurré antes de llenar tu cuello de pequeños y suaves besos húmedos.
—Te amo —respondiste con un tono suave, tu voz era amortiguada por mi frente, la cual besabas sin descanso—. No voy a dejar que te vayas —subiste una pierna a mi cuerpo, apresándome.
—Aquí me quedaré —suspiré y busqué tu calor—. Toda la noche me quedaré contigo.
Sabía que no era suficiente, pero era lo más que podíamos ofrecernos mutuamente.
Acaricié tu cabeza y dejé que mis dedos se deslizaran entre tus cabellos, trazando caminos de ida y vuelta, relajándote con el suave tacto. Sabía cuánto amabas esas pequeñas atenciones.
No nos dijimos más. Al poco tiempo ya estabas profundamente dormido. Yo te abrazaba, aspirando tu aroma para tatuarlo con fuego en mi mente. Sería un recuerdo al cual aferrarme en momentos de necesidad. Pude sentir que antes de dormir hiciste lo mismo, dejé que lo hicieras y que me apretaras con fuerza desmedida contra tu pecho.
Habíamos hecho el amor como siempre, pero se había sentido de una forma muy diferente a todas las veces que lo habíamos hecho. Sabíamos que sería la última vez en mucho tiempo, y eso solo lograba incrementar la ansiedad en nuestros corazones.
No podía dormir. Mi mente no dejaba de repasar una y otra vez lo que había sucedido en estos últimos días. Intenté hacer que te desensibilizaras de mí, que olvidaras, incluso que me odiaras. Pero fue imposible.
—Lo siento —susurré contra la piel de tu frente, te apreté entre mis brazos, sintiendo tu cuerpo cálido y desnudo rozando contra el mío. ¡Qué maravillosa sensación!
Te extrañaría con todo mi corazón, mi alma clamaría a diario por tu ausencia, pero estaba seguro de que el aliciente perfecto para mi dolor sería saberte con bien, vivo, sano, fuera de peligro. Eso era lo único que me importaba: tu bienestar.
Tú siempre eres el primero en despertar por las mañanas, me das un beso en los labios y te vas directo al baño antes de bajar a preparar tu amado café. Luego vuelves y me despiertas con besos y caricias, excepto cuando estás de un humor travieso y optas por despertarme a almohadazos o cosquillas. De una u otra forma lograbas que cada mañana me levantara con ánimos que antes no poseía. Te convertiste para mí en lo que es para ti el café.
Pero hoy fue la excepción. Ya había amanecido y seguías profundamente dormido.
Acostado a tu lado, dediqué un largo rato a observarte dormir, toqué con suavidad cada centímetro de tu rostro y memoricé tus preciosas facciones. Necesitaría un recuerdo del cuál aferrarme ahora que no despertaría a tu lado todos los días.
Quería llorar, pero un nudo en mi pecho me lo impedía. Así que me limité a disfrutar de esos últimos momentos a tu lado.
Por primera vez en mi vida me estaba tocando entender lo que era el dolor. Antes creía que se trataba de perder en alguna competencia, no poder patinar, dejar las motocicletas o tener que permanecer en casa por mi enfermedad cardiaca. Pero la verdad era que ninguna de esas cosas se comparaba a lo que estaba sintiendo ahora.
Ahora era consciente del dolor que me causaba saber que no volvería a tener tu calor entre mis brazos, ya no escucharía tu risa tonta cuando te abrazo por detrás, tampoco me deleitaría con la sublime vista de tu cuerpo desnudo descansando a mi lado luego de hacer el amor.
¿Así se habrá sentido Lan Wangji al perder a Wei Wuxian?
Si así se sentía, pobre hombre, lo compadezco.
No tenía otra opción mas que quedarme con los preciosos recuerdos de la persona que lo ha sido todo en mi vida desde hace meses.
"Meses" ¡Ja! Suena a una cantidad muy pequeña de tiempo, pero para mí lo fueron todo. Jamás en mi vida había sido tan feliz como en estos últimos meses en los que descubrí lo que es el verdadero amor. Y todo gracias a ti, Xiao Zhan.
Esta vez fue mi turno de despertarte con suaves besos y caricias, te vi sonreír entre sueños antes de que abrieras tus preciosos ojos. Los rayos del sol bañaban la mitad de tu rostro, haciendo que uno de tus ojos se viera de un tono castaño claro.
Me perdí en el color chocolate de tu mirada.
Sonreíste más y buscaste mis labios con los tuyos.
—Buenos días —susurraste con ese tono de voz tan rasposo y sexy que tienes siempre por las mañanas.
Te estiraste con pereza debajo de las mantas y soltaste un suspiro pesado sin dejar de sonreírme. Pero entonces tu sonrisa desapareció.
Habías recordado lo que estábamos viviendo y lo que pasaría en unas horas.
Tu expresión cambió radicalmente. Pude notar cómo pasaste de una felicidad natural y brillante a una tristeza que te hundía cada vez más.
De pronto se nos quitaron las ganas de levantarnos. Te arrastré a mis brazos y te acomodaste en ellos para quedarnos en la cama por un largo rato más.
Acaricié toda tu espalda desnuda bajo las sábanas, disfruté del exquisito tacto tan suave y cálido mientras refugiabas tu cabeza en el hueco entre mi hombro y cuello, llenando este último de agradables besos tibios.
Muy pronto tuvimos que aceptar la realidad y enfrentarnos a ella.
Nos vestimos y estuviste listo para irte, pero entonces me puse a pensar: ¿realmente teníamos que separarnos?
¿Qué pasaría si…?
No pensé más.
—¿Qué haces? —soltaste una risa incrédula cuando te empuje dentro de mi habitación—. ¿Yibo? —tu tono cambió a uno de preocupación cuando escuchaste que cerré con llave la puerta desde el pasillo.
—No te dejaré ir.
Te quedaste en silencio, quizás preguntándote si ya me había vuelto loco.
—Te quedarás aquí conmigo, no te dejaré ir, no podemos separarnos, ¿entiendes?
—Yibo —tu voz tembló, intentaste abrir la puerta, pero yo detenía la manija desde afuera—. Estás bromeando, ¿verdad?
—No.
—Bo Di.
—¡No! Te secuestraré de ser necesario —mi maldita voz se quebró—. Pero no te apartarás de mi lado.
Sí, me estaba volviendo loco.
Mi cuerpo entero temblaba por el cúmulo de emociones que estaba enfrentando. ¡¿Por qué me obligaban a separarme del amir de mi vida?!
—¡No es justo! —sollocé, no supe en qué momento había comenzado a llorar—. ¡Nos amamos! ¡No le hacemos daño a nadie! ¿Por qué… por qué nos hacen esto?
—Yibo… lo sé, te entiendo, pero no podemos hacer las cosas de esta forma —tu voz era conciliadora. A pesar de todo tú lograbas mantener una relativa calma en medio de la tormenta. Y agradecía al cielo que así fuera, porque de lo contrario seríamos un dúo potencialmente peligroso.
—¡NO SALDRÁS DE AQUÍ!
Exploté. Y, sin embargo, tú te mantuviste sereno tratando de calmarme. Pero cuando viste que era imposible lograrlo… comenzaste a llorar casi en silencio. Lo noté solo por el tono de tu voz. Ta había hecho llorar.
Eso me rompió el corazón y me hizo reaccionar: solo te estaba lastimando con mi actitud.
Inmediatamente abrí la puerta, y entonces te vi: tenías los ojos rojos por el llanto que contenías muy a duras penas, te mordías el labio inferior por la misma impotencia que yo sentía, y me miraste con una tristeza tan profunda que mi pecho dolió.
Acortaste la distancia entre nosotros y me envolviste en tus cálidos brazos. Entonces comenzaste a llorar.
—Perdóname, por favor, perdóname —te abracé con la misma fuerza, hundí mi rostro en tu cuello y lo mojé con mis lágrimas.
Estaba desesperado. La histeria se había apoderado de mí y yo aún luchaba por no perder el control y terminar quebrándome en un mar de lágrimas aún más patético.
Mi corazón sabía que estaba a punto de alejarse de la persona que yo más amaba en el mundo. Algo dentro de mí me gritaba que no te dejara ir, tenía un mal presentimiento, como si esta fuera realmente la última vez que te tendría entre mis brazos de esta forma.
El momento de la despedida definitiva llegó.
—Wang Yibo —me tomaste de los brazos fuertemente, mirándome a los ojos—. Tú seguirás siendo mi novio, mi prometido, no importa lo que pase.
—¿Aunque hayas terminado conmigo ayer?
Vi que te dolieron mis palabras, tanto como me dolieron las tuyas ayer.
—¿Algún día me perdonarás? —me sonreíste suavemente.
—El día en que nos casemos —alcé una ceja y tú soltaste una risa espontanea tan hermosa que derritió mi corazón.
—Yibo… tendremos que estar realmente separados, incomunicados.
—Lo sé.
—Y cuando estemos juntos en algún evento…
—Haremos como que nos odiamos, lo sé.
Suspiraste.
—Xiao Zhan. Sabes que odio los puntos intermedios, así que…
—Así que serás totalmente frío conmigo. Lo soportaré.
—Bien —asentí y lo apreté entre mis brazos una vez más.
Nunca, jamás me había costado tanto trabajo despedirme de alguien.
Llegó a su departamento con los ánimos por lo suelos. Su querida mascota lo recibió mirándolo de arriba abajo y luego buscando a alguien detrás de él.
—No vendrá, Nut, papá Yibo ya no vendrá —suspirando y arrastrando los pies llegó hasta la sala, donde se tumbó sobre un sillón y contuvo su llanto todo lo posible. Ya no quería llorar más.
Nut inmediatamente brincó sobre el vientre de su amo y lo miró con curiosidad, casi parecía que le preguntaba por Yibo.
Xiao Zhan se limitó a abrazarla, recordando la última llamada que le hizo su suegro. Le había dicho: "Es hora de que cumplas con tu palabra". Lo que lo llevó al recuerdo de esa noche en el bar del hotel en Luoyang, luego de enfrentar al señor Wang en su propia casa.
Esa noche había tomado su celular, decidido a hablar una vez más con su suegro a pesar de que la pelea del primer encuentro seguía fresca.
Marcó el número y esperó unos segundos antes de que la grave voz del señor Wang resonara en el auricular.
—¿Qué quieres? —le había dicho con enojo.
Xiao Zhan soltó un pesado suspiro y se armó de valor una vez más.
—Nos pertenecemos —dijo simplemente.
El señor se quedó en silencio ante la espera de lo que seguía.
—Yibo y yo nos pertenecemos mutuamente. Separarnos sería… —se mordió los labios, el sólo hecho de pensar en la posibilidad le revolvía el estómago tremendamente—…catastrófico para los dos. No podríamos recuperarnos de algo así —sabía que ante cualquiera sonaría como un loco cursi y enamorado que maximizaba sus emociones, añadiendo drama a la situación. Pero lo que nadie sabía, era que esas palabras eran completamente ciertas.
—¿Para eso me llamaste? No me hagas perder el tiempo —resopló, fastidiado y bastante molesto aún.
Iba a colgar, pero volvió a escuchar la voz de Xiao Zhan diciendo algo que lo dejó con los ojos muy abiertos. No se esperaba algo así, no después de tal discurso de amor.
—Pero usted tiene razón —se apresuró a decir, su tono era triste y desolado—. Y como se lo dije: mi prioridad es Yibo. Así que, si es necesario, si las circunstancias lo ameritan, me alejaré de él por su bien. No permitiré que algo le pase, mi prioridad es su vida —habló con tal seguridad que el señor Wang se quedó en silencio, sorprendido—. Pero solo si la situación lo amerita —enfatizó.
—Haces bien, muchacho, haces bien.
Permanecieron unos segundos en silencio, hasta que la voz apagada de Xiao Zhan volvió a escucharse.
—Era lo único que quería decirle.
—Bien, buenas noches.
—Buenas noches —terminó con la llamada y se quedó mirando al infinito por largo rato, cuestionándose a sí mismo por la decisión que acababa de tomar.
Luego de repetirse una y otra vez que lo más importante era Yibo, llegó a la conclusión de que había hecho lo mejor. Enseguida le hizo una señal al bartender y éste se acercó a escuchar su pedido—. ¿Me puede dar un… —dudó, estaba a punto de pedir algo de alcohol, lo necesitaba para calmar sus nervios—…olvídelo —dejó propina sobre la barra y subió de una vez por todas a la habitación con su novio.
En pocas palabras le había dicho al señor: "Wang Yibo es mío". Dejándole claro que lo único y más importante era su vida y bienestar.
Sí, valía la pena.
Continuará…
¡Hola, pastelitos!
Lamento haberlas hecho esperar. Es un capítulo muy triste a mi parecer, me costó mucho trabajo escribirlo. Espero que lo hayan disfrutado.
¿Qué creen que sucederá de ahora en adelante? Recuerden que tenemos varios puntos pendientes, entre ellos la prima de Yibo, su relación ante al mundo, Ayanga, el virus maldito, el problema de Xiao Zhan con las fans. En fin, faltan muchas cositas que poco a poco iremos desglosando.
¡Las quiero Yizhanamente!
12/10/2020
9:45 p.m.
