4° Capítulo: Rescate
Por más veces que intentara comprender la situación no lo hacía, ¿Qué había hecho ese tal Taius para que a él se le castigara con esa tortura?, ¿tan mala era esa persona?...esas eran solo unas cuantas preguntas que pasaban por su mente, intentando ignorar el cuchillo que danzaba por su cuello sin herirle.
Lloraba en silencio, de rodillas apoyándose en sus manos en el frío piso, lo único que escuchaba eran los fuertes latidos de su corazón. Intentó levantar varias veces la mirada para reconocer a alguno de sus agresores, sin embargo, era imposible por dos cosas: no se habían quitado sus accesorios para nada y el obscuro del callejón no era su aliado en esos momentos.
Varias veces vio de reojo hacia la calle y le frustraba ver como personas que él conocía, o por lo menos creía conocer, pasaban de largo ante el callejón cuando siempre lo veían para criticar a los que se reunían ahí, ¿por qué ahora que realmente necesitaba que le vieran no lo hacían?
–P-por favor…– sollozaba al sentir una ligera presión en su cuello–…p-piedad…n-no l-le diré a nadie…n-ni si-quiera a m-mi pa-padre…–ahogó un grito de dolor al sentir aun mayor presión–…m-me i-iré a c-casa f-fingiendo q-que t-t-todo es-está bien…
Sus captores rieron ante las suplicas del joven.
–Eres un tonto…–Su torturador le dijo. Isaac volvió a ahogar otro grito al sentir como la punta del arma perforaba su cuello y sintió como el cálido líquido rojo recorría su cuello hasta tocar el piso y soltó más lágrimas –…¿Creíste que en serio te dejaríamos ir tan fácil, descendiente de Taius?...¿Pensaste acaso que estarías a salvo en este mundo cambiando tu nombre y apariencia?...
–Y-yo…n-no s-se…d-de que…ha-hablan…gaah…
Sentía como el arma se iba encajando en su piel y como la iba abriendo para convertirla en una herida mayor. Isaac solo veía como su sangre teñía el piso cada vez más.
–¡Mátalo de una vez!... –exigió un secuaz–…¡Cuánto antes lo hagas, antes podremos continuar con el resto de las víctimas!...
–…¿Son asesinos seriales?... –El de ojos azules pensaba asustado–…creí que mi padre se había encargado de ellos…tal vez por eso quieren asesinarme…para que el sufra…pero…eso no responde la pregunta de quién es Taius…
El pelinegro suspiró aliviado cuando sintió que su torturador retiraba el arma de su cuello, sin embargo, siguió jadeando y sus llantos se empezaban a escuchar. Vio como se dirigía hacia el compañero que se quejó hace no mucho. También vio como levantó el cuchillo y se lo clavó en el pecho y el nuevo cadáver terminaba en el piso.
–¿Alguien más desea decir algo?... –Lo único que se escuchó fueron los jadeos y llantos del peli negro, quién con lo que acababa de presenciar estaba aún más asustado. Comenzó a rodear al muchacho como un depredador a punto de asesinar a su presa–…Les recuerdo que nuestra misión es capturar, torturar y asesinar al descendiente de Taius una vez que él nos diga lo que deseamos saber…
El líder se inclinó ante el joven y le tomó de la barbilla haciendo que sus miradas se encontraran. Este sonrió malévolamente quitándose sus lentes e Isaac vio como sus ojos rojos penetraban su asustada mirada –Dime descendiente de Taius, ¿Dónde están los demás?...
–N-no s-se d-de q-que ha-habla…–sollozó aún más asustado.
El malvado soltó su cara, pero le dio un puñetazo en el estómago a lo que el joven de ojos azules volvió a ahogar el grito y a toser un poco de sangre mientras llevaba una de sus manos a la zona que le acababan de herir. Su otro brazo intentaba soportar todo el peso del cuerpo del muchacho, pero no resistiría por mucho, pues empezó a temblarle demasiado. El agresor volvió a tomar su cara, más molesto que antes.
–Solo lo repetiré una vez más…–la ira se veía en sus ojos y el peli negro estaba aún más asustado. Colocó amenazadoramente la punta del arma en la mandíbula del joven–… ¿Dónde… están… los… demás…?...
Isaac solo lloraba y sollozaba al sentir que el objeto volvía a perforarle la piel, sin embargo contestó con algo de esperanza a que le dejaran en libertad–L-le j-ju-juro…q-que…n-no s-se…d-de que…m-me…me habla…
Enfadado el agresor uso el arma para provocarle una herida al brazo que sostenía al débil muchacho, ocasionando que este gritara y callera en el piso en su costado derecho, aun llorando y respirando agitadamente.
El agresor se dirigió hacia otro de sus secuaces entregándole el cuchillo a otro de los suyos –si mal no recuerdo, el jefe quería que tú lo asesinaras…
Este sonrió tomando el arma–Es el más grande honor que el jefe me ha dado…
Se dirigió amenazadoramente hacia el joven en el piso, se inclinó y le gritó–¡Mírame cuando te mate!... – le dio una bofetada, a lo que el herido reaccionó con otro grito. Su agresor lo tomó fuertemente de la cara, Isaac abrió con mucho esfuerzo los ojos, solo para ver como dirigía el arma hacia su corazón y le encajó un poco haciéndole volver a gritar.
No podía creer su situación, había estado gritando los últimos minutos en un callejón en el que los edificios que lo creaban eran de departamentos, ¿Cómo era posible que nadie sospechara de ellos y no se dignaran a ayudarle?
–¡P-piedad!...¡No!...¡P-por favor!... –estaba desesperado, ¿quién no lo estaría? –…¡PIEDAD!...
Su captor sonrió malévolamente levantando el arma, listo para asesinar al muchacho–¡TU TE LO BUSCASTE HIJO DE G…!
Sin embargo, no pudo completar la frase, ni siquiera bajó el arma, esta última la soltó cuando una flecha atravesó la muñeca.
–…P-pero…–Isaac estaba sorprendido al igual que aquel que iba a asesinarlo–…¿Q-qué?...
Su agresor volteó sorprendido a la entrada del callejón y su cara se volvió una asustada cuando vio lo que había ahí. El de ojos azules volteó a ver en donde mismo y también se sorprendió al ver la silueta de un enorme felino mirándoles amenazadoramente, a sus lados aparecieron dos figuras iguales, solo que estas parecían tener listones en sus cuellos. Estas se dirigieron hacia los captores de Isaac a toda velocidad.
–¡Uste…!– el que mantenía cautivo al peli negro no completó la oración gracias a que el felino que había aparecido primero le mordió en el cuello, los otros dos atacaron a los demás.
Isaac se asustó más al ver como el resto de sus agresores también se convertían en felinos del mismo tamaño y como una lluvia de flechas caían sobre ellos. Algunas los mataban, otras solo les herían y otras fallaban.
Su terror no disminuyó al ver a su salvador felino levantarse en forma humana. A pesar de que en el callejón no había luz, distinguió su silueta caminando hacia él, notó que tenía orejas de gato al igual que cola. Este se inclinó y le ofreció su mano amigablemente. Aun temblando, el salvado tomó la mano, cuando quedó de pie hizo mucho esfuerzo quedándose así.
–¿Estas bien?... –le preguntó su salvador. Isaac no contestó, solo veía con terror la escena. El felino lo tomó por los hombros–…Escúchame bien, tienes que correr todo lo que tus piernas beorc soporten, nosotros los detendremos…no importa que escuches o veas…solo corre…
–…¿B-beorc?...
–¡¿Qué esperas?!... –el hombre se vio envuelto en una luz verde en la cual Isaac notó por pocos segundos su apariencia. Su cabello era corto y azul cielo, al igual que las orejas y cola que tenía adheridas, su piel era blanca y su cuerpo musculoso. Tenía un ojo de color azul y otro de color morado y se vestía de una forma extraña. Este se convirtió de nuevo en el felino y se volvió hacia los bandidos–…¡Vete ya!...
No le tuvieron que decir otra vez. Salió huyendo de la escena tomando su brazo herido con su otro brazo.
–¡Se escapa!... – escuchó a la distancia algunos rugidos y como le seguían. También escuchó como eran heridos con otra lluvia de flechas.
Sus piernas se debilitaban con cada trote que hacía y sus pulmones se quemaban cada vez que respiraba el aire frío de la noche. Lo que lo mantenía corriendo era la esperanza de volver a llegar a sentir la calidez de su hogar y estar envuelto en los amorosos brazos de su padre adoptivo.
Llegó a sentir como algunos de ellos intentaban arañarle por la espalda y este a duras penas los esquivaba.
Cuando creyó que todo estaba perdido, sintió como alguien le jaló la muñeca de su brazo herido y lo subió con velocidad a una motocicleta Kawasaki Ninja negra. La conductora era…
–¡Sujétate!...
…La chica que le había estado observando. Esta portaba un traje negro muy ajustado y los hombros del traje eran de color azul marino, su casco era completamente negro y le cubría todo el rostro, sus botas iban a juego y le llegaban hasta la rodilla, en la parte superior de las mismas llevaba unas gemas de un color azul cielo.
–¡¿Qué no me oíste?!... – le gritó a Isaac–…¡Sujétate!...
El muchacho reaccionó y la tomó de la cintura, pues estaba acelerando a velocidades monstruosas.
–…¡QUE NO ESCAPEN!... –Isaac volteó a ver a sus espaldas solo para encontrarse con otros motociclistas en otras motocicletas Harley-Davidson, algunas llevaban a otros hombres parecidos a aquellos quienes atacaron a Isaac sentados en un compartimiento extra que tenían, solo que algunos tenían alas cafés, otras eran negras. El muchacho decidió tener la vista en frente para intentar ver su camino.
–¿No estas herido o si?... –le preguntó la chica. El joven apenas la alcanzaba a oír por el sonido del motor de la motocicleta y su alta velocidad, además de que su corazón latía a mil por hora. A pesar de todo, le contestó:
–S-solo un poco…–llevó su mano a su herida en el cuello, después a la del brazo y por último a su estómago–n-no es nada gr-grave…–aún estaba asustado.
La chica no dijo nada por unos momentos, tenía que poner atención en el camino y de alejarse de los enemigos.
–Toma una botella café de mi bolsa y bébetela…–le ordenó–…te curará las heridas de tu cuello y brazo…inclusive tus golpes…
El pelinegro se sorprendió, ¿Cómo es que ella conocía todas sus heridas?, ¿era ella una de su equipo?...no…ella le salvó de esos feroces humanos felinos, por lo que decidió obedecer y buscar dentro de su bolso, el cual iba a juego con su traje. No tardó en encontrar el que pequeño objeto que bebió con algo de prisa. La motociclista tenía razón, esa bebida le cerró por completo todas sus heridas: la del cuello, la del brazo, inclusive todos los golpes se le habían aliviado. Se sentía renovado por completo.
Sin embargo, su alivio se desvaneció por completo al escuchar como las Harley-Davidson se les acercaban con velocidad. Su salvadora aumentó la velocidad, esquivándoles por completo. Sin embargo, su alivio no duró mucho.
–Oye…no es por alarmarte pero…–quiso informarle a la conductora–…nos están alcanzando de nuevo…
–Tu tranquilo…–intentó calmarle–…nunca alcanzarán a este bebé…
El chico le sorprendió la velocidad a la que iba la chica: 380 km/h. ¡Sentía como si estuviera volando!, pero después recordó algo importante: Ese tipo de motocicletas solo alcanzaban los 190 km/h…
–…¿Cómo es posible que alcance el doble de su velocidad?...
No tuvo mucho tiempo para responderse, pues las motocicletas enemigas se acercaban a ellos, lo que Isaac dedujo que también iban a monstruosas velocidades.
–…estas motocicletas no son normales…
Otra cosa que le llegó a espantar era el hecho de que nadie les veía a pesar de estar haciendo un gran desastre por donde pasaban, a las personas no parecía importarles.
–...si claro, todos los días ves persecuciones a velocidades bestiales con tipos muy extraños…
Pero no era momento para sus molestias, pues sintió como un enemigo le tomó del brazo e intentó llevarlo con él.
–Tu vienes conmigo niño bonito…–le dijo amenazadoramente.
–¡Yo no lo creo! –contestó la chica, quién intentó acelerar para hacer que su enemigo soltara al adolescente.
A pesar de que se sentía presa del pánico, hizo lo posible por soltarse de aquel malvado. Recordó que en su mochila tenía un cuchillo para defensa personal…¡increíble que hasta ahora se acordara!...
Tomó su mochila con la mano libre mientras con la otra peleaba por su libertad, al obtenerlo, le realizó una herida en su muñeca, haciendo que le liberasen.
–Bien hecho…–fue lo único que ella dijo, volviendo a acelerar.
A pesar de que iban a tales velocidades, Isaac se sentía extrañamente familiarizado, no cerraba los ojos porque sentía que si lo hacía le daría vértigo o sería más fácil alejarle de aquella quién ayudaba en su rescate.
Hasta ese momento el peli negro notó que habían salido de la maraña de pequeñas redes y ahora estaban en la avenida principal. Vio como tanto el cómo los maleantes que intentaron asesinarle hace rato, eran ignorados por los cuantos carros que había. Seguía extrañado de que nadie se había percatado de su presencia.
La motociclista veía de vez en cuando como los otros motociclistas le intentaban alcanzar. El de ojos azules podía jurar que escuchaba que le decía a su moto.
–¡Por favor, Ichta!...¡No me hagas esto vieja amiga!...¡solo resiste un poco, ya casi llegamos a Altea y comerás todas las manzanas que quieras!... –Acaricio la moto como si fuese un corcel.
A Isaac ya se le hacía ridículo que las personas les pusieran nombres a sus cosas inanimadas y hablaran con ellas como si fueran seres vivos. Sin embargo, algo en él le decía que otra cosa que aún no lograba comprender estaba pasando, pues recordó a los hombres-gato que le rescataron. Aunque se le hizo muy extraña la última acción y frase de la chica.
–…¿Por qué le dice todo eso?...es más…¿Por qué la trata como corcel?...
Se sorprendió más al ver que la motocicleta no solo siguió adelante…¡si no que hasta subió su velocidad. Sonrió al ver que sus enemigos ya no le pisaban los talones, pero seguía asustado porque dentro de él sabía que aún los perseguían.
Cuando volvió a poner atención en el camino, se dio cuenta que estaban en la autopista, lo cual no lo sorprendió por la velocidad a la que iban. Lo que le sorprendió fue que la chica dio una brusca vuelta que hizo que se dirigieran hacia un puente en proceso de construcción sobre un barranco, el cual estaría por encima de un pequeño bosque. A pesar de que Isaac reconoció el lugar tenía algo más importante en mente…
–¡OYE!...¡¿QUIERES MATARNOS?!...
–¡Cállate y sujétate!...
El obedeció y se aferró más a la cintura de la conductora. Vio como tomó una de las gemas de sus botas y la lanzó al borde del puente, no sin antes gritar: ¡Altea!...
En cuanto esta tocó el piso, de ella salió un portal color celeste que los tragó por completo cuando llegaron ahí.
No era solo el hecho de haber sido tragado por un portal misterioso lo que más horrorizaba a Isaac, si no que el hecho de que la motocicleta en la que iba montado se transformó en un pegaso negro.
–….¿¡QUE?!...
Notó también que la motociclista había cambiado de traje, sus botas permanecían iguales, sin embargo notó que ahora llevaba una especie de corset negro con escote en V con mangas, el cual hacía resaltar su esbelto, pero bien formado cuepo. Las mangas eran azules y aún conservaba sus guantes negros, solo que lucían un poco diferentes. Debajo del mismo corset llevaba lo que parecía ser un ligero vestido que le llegaba hasta la rodilla. En sus hombros llevaba una especie de protección dorada. También se percató que ya no llevaba casco, revelando el hermoso cabello rojo cobrizo quebrado que llegaba hasta la cadera, el cual se empezaba a elevar con el aire.
–¿Estás bien, no?... –la pelirroja le preguntó de una manera muy dulce observándole una vez fuera del vórtice, el cual desapareció y se volvió a transformar en una gema azul que se dirigió automáticamente a la bota de la chica. El corazón de Isaac casi se detiene al ver las facciones de la joven que estaba frente a el: Una nariz pequeña y fina, unos hermosos y penetrantes ojos naranja, y sus labios de un tono de rosa que jamás había visto, los cuales le dirigían una tierna sonrisa.
–¡T-tu…t-t-tu tu…!…– de la sorpresa apenas podía hablar.
Ella soltó una ligera risa y dirigió su vista hacia el camino–No soy la única que cambió de apariencia y de vestimenta, ¿sabes?...
Entonces el joven se percató de una cosa muy obvia: ya no llevaba sus lentes y a pesar de todo veía a la perfección. Sintió que ya no llevaba el traje de la escuela, y que en cambio llevaba una extraña gabardina azul que tenía rasgada la manga izquierda, sobre la cual tenía protecciones en pecho y hombros. Debajo de la misma sentía una camisa, la cual notó que era roja. Sintió algo en su frente que le llegaba hasta atrás del cuello: una bandana color verde olivo. Sus pantalones habían cambiado a unos blancos y sus zapatos perfectamente boleados habían cambiado a unas botas cafés hasta la rodilla. Sintió alrededor de su cuello una tela que lo mantenía caliente del frio de la noche y que se elevaba al igual que el cabello de la jinete.
Miró de reojo dicha prenda, y notó que por la parte interna era de un café muy ligero y por la parte externa era roja. También vio que en sus brazos tenía unos guantes negros y por debajo unos vendajes. Sintió que la complexión y tamaño de su cuerpo había cambiado, pues se sentía extrañamente más fuerte que antes. También vio que lograba ver sobre la cabeza de la jinete, y cuando estaban en su mundo le llegaba a la cabeza.
Se percató de que volaban sobre un lago, y deicidio ver hacia abajo, entonces vio que su cabello ya no era negro, sino que era completamente azul. Sus facciones también habían cambiado, su nariz se había vuelto menos respingada, sus ojos más grandes y sus cejas más pobladas. Lo único que no había cambiado era el color sus ojos, estos seguían siendo azules.
–Que bueno que te encontré justo a tiempo Ike…–las palabras de la chica interrumpieron los pensamientos de…
–…¿Ike?...
Al parecer su nombre también había cambiado…
–…tu padre me hubiera matado si algo te hubiese pasado…
Esa última frase hizo que Ike palideciera y se le helara la sangre.
–...¿mi…?...¡¿mi padre?!...
Observaba satisfactoriamente a través sus ojos color de sangre desde la entrada del fuerte como el pegaso negro que tanto esperaba divisar se acercaba a toda velocidad hacia su posición. Su cabello lucía más negro de lo normal y su piel lucía más pálida con el resplandor de la luna. Llevaba un libro con la cubierta verde y tenía una extraña marca en la frente.
–Comandante…–Se dirigió a un hombre detrás de él. Este tenía unos cabellos plateados, los cuales brillaban aún más con la tenue luz que ofrecían la luna y estrellas. Sus ojos grandes y naranjas, de los cuales debajo se notaban algunas bolsas notando el develo de varios días para planear el plan perfecto, y haciéndole ver más sabio, e inclusive más viejo, aunque su edad no pasara de 38 años. Su cara era decorada por unas cejas densamente pobladas, así como un fino bigote. Su cara era de completa calma y serenidad, como si nada de eso le importase. Llevaba una enorme armadura completamente negra con bordes plateados. Su mano derecha llevaba un casco con las mismas características que su traje y su capa morada se elevaba con el tenue viento que había.
El hombre se acercó al muchacho peli negro–Si Soren…–su voz reflejaba lo mismo que su cara: serenidad y calma–…¿Qué ocurre?...
–Su hija regresó sana y salva señor, junto con el hijo de Gawain…
El comandante no cambió de expresión, aunque internamente le agradecía a Naga que su hija había vuelto bien de su misión, y que aparte la cumplió.
–Bien…despliega a las tropas…puede que los Caballeros Wyvern y los laguz enemigos no tarden en aparecer…
Soren asintió con la cabeza–…Sí señor…
En lo que el joven de ojos rojos desaparecía dos figuras se colocaron al lado del comandante. A pesar de que ambos parecían una versión más joven que el hombre de cabellos plateados, el que estaba a la derecha de este se veía más maduro y serio que el que se encontraba a su izquierda.
Este vestía con una gabardina morada y botas cafés que no se lograban divisar del todo gracias a la otra prenda que cubría su cuerpo. Su cabello también era plateado, sin embargo, todas sus puntas eran rojo cobrizo, este llegaba un poco más debajo de las orejas, era curveado y tenía un fleco que casi no le cubría su atractivo rostro que tenía un ojo morado y otro naranja, era completamente esbelto, su cara tenía la misma seriedad que la del hombre con armadura y era de su misma estatura.
El otro muchacho a pesar de tener facciones un poco más finas, no dejaba de ser atractivo. Llevaba el mismo corte que el otro joven, pero el color de su cabello era completamente plateado y lacio, sus ojos eran del mismo tono morado que su armadura, la cual era mucho más ligera que la del hombre mayor. Sus pantalones eran negros, pero eran cubiertos hasta la rodilla por unas botas de igual color. Era igual de esbelto que el joven de ojos diferentes pero él le llegaba por debajo del cuello a ambos acompañantes. Otra diferencia que tenía con sus acompañantes era que su rostro no era tan serio, es más, lucía algo alegre.
–Makao…–el hombre llamó al joven de ojos diferentes, este volteó con seriedad–…ayuda a Soren con todo lo que necesite…Togho…–Esta vez volteó al joven de ojos morados–…monta en tu corcel y anuncia al general Gawain y a su altezas, el rey Cornelius y el príncipe Marth, que el mi hija ha vuelto con el descendiente de Taius…
Ambos hicieron una reverencia y se dirigieron por caminos completamente diferentes.
–Veo que no es necesario que Togho le buscara…–se dirigió hacia las sombras que cubrían una de las enormes entradas, sin voltear a ver, sin embargo, se notaba una sombra en ellas–…¿no es así?...¿príncipe Marth?...
La figura salió de las sombras revelando a un joven de azules cabellos al igual que sus ojos. A pesar de tener unos rastros algo femeninos y finos, su atractivo ascendía a un grado superlativo. En su cabeza reposaba una tiara dorada y tenía unos ropajes azules con varios adornos. Su capa era de una tela más fina que la del hombre que le estaba dirigiendo la palabra y llevaba una gema roja que hacía que se prensara en su noble armadura. Sus guantes compartían el mismo tono de azul al igual que la parte externa de su capa, ya que la parte interna era roja. Sus botas eran cafés y cubrían hasta la rodilla a su pantalón blanco.
El príncipe sonrió, acercándosele más al comandante. –Nada se le escapa, Lord Klagg…–se detuvo a su lado mirando al cielo, buscando ese pegaso negro.
–Será mejor que se prepare mi señor…–Lord Klagg le cambió el tema–…todo será diferente cuando los tres descendientes peleen juntos…
Marth solo seguía mirando al cielo–…Después de 12 años…los descendientes de Anri, Taius y Blotch volverán a reunirse, para cumplir con su destino…
El comandante sonrió ligeramente, notando que el pegaso se acercaba–Y eso será solo el principio…
Asdassadasadsassadsda no es de Dios escribir tanto (?) en fin, por fin supimos quienes eran las tres figuras que vigilaban a Isaac :D…perdón, Ike n.n'
Espero que les haya gustado, de ser así, los veo en el siguiente capítulo :3
Nos leemos :D
