Len

Debo admitir que desde aquella cena con Miku, nuestra relación no ha hecho más que mejorar. Claro, también dimos un gran paso aquella noche y no puedo negar que me gustaría repetirlo. Pero he notado algo más, algo que me incomoda en el departamento y me hace pensar que hemos sido descuidadas en algún momento. ¿Cuándo pasaría? Hemos procurado escondernos para besarnos y ponernos melosas, siempre cerramos las puertas de las habitaciones y no actuamos diferente ante los demás. Sin embargo, desde aquella noche Len nos dirige unas miradas profundas, incrédulas y hasta acusadoras, especialmente a mí.

La primera vez que lo noté fue aquella mañana antes de salir a desayunar. Meiko nos prometió distraer a todos en la sala mientras Miku huía a su habitación sin levantar sospechas y así lo hizo. Salí de mi alcoba y saludé a todos como si nada hubiese pasado la noche anterior. Las cosas no podían resultar más cotidianas, pero pude darme cuenta de esa mirada de Len. Por un instante parecía analizarme hasta que su hermana le distrajo. En ese momento no le di mayor importancia, incluso pensé que me había imaginado eso. Mi preocupación comenzó días más tarde mientras regresábamos al departamento después de un evento con los admiradores. Esas actividades resultan agotadoras y es normal caer ante el sueño. Si mal no recuerdo, aquella vez Rin, Kaito y Miku se durmieron en el trayecto. Como suele hacerlo, mi novia usó mis piernas como almohada y yo jugueteaba con sus coletas. Estaba distraída enredando mis dedos con su cabello turquesa, cuando giré la cabeza hacía la ventana para saber en dónde estábamos. En ese momento encontré a Len de nuevo con sus ojos inquisidores sobre mí, aunque volteó a otro lado cuando nuestras miradas se cruzaron. En ese momento supe que el sospechaba de lo nuestro.

Su acoso a base de miradas se extendió por varios días más aunque no era de manera frecuente. Incluso había momentos en los cuales parecía olvidarse de aquello. Aun así, resultaba una molestia. Al final decidí que era momento de aclarar las cosas con él y revelar nuestro secreto, después de todo, ya habíamos planeado revelarlo a todo el grupo. Para mi buena suerte, a estas horas el estudio de filmación está casi vacío. Me atrevería a decir que solo quedamos nosotros, el director y un par de técnicos. Logré apartarme de todos junto a Len y ahora lo tengo ante mí, a solas, a un lado de nuestro camión oficial. Sus ojos azules mantienen una mezcla extraña de asombro y acusación.

—Dilo, yo sé que sospechas de nosotras —le digo tajante.

—¿Sospechar? ¿Te refieres a que Miku y tú…?

—Somos pareja, exacto.

—Sí, lo sé. A decir verdad, es algo que me esperaba desde hace tiempo —responde como si aquello no tuviera la menor importancia. Nunca lo había pensado pero, ¿acaso somos tan obvias?—. ¿Por qué de pronto me dices eso?

—¿Por qué? Tienes varios días mirándonos de manera extraña —le respondo. ¿Acaso finge demencia o tiene otro motivo?

—Oh, lamento si te he molestado con eso —hace una reverencia—. Pero eso no tiene que ver con que Miku y tú sean novias. En verdad me da gusto por ustedes.

—¿En verdad somos tan obvias?

—Un poco, a veces —responde con una sonrisa nerviosa—, aunque yo no hubiese sospechado de no ser por… eso…

—¿Eso?

—Sí, "eso". ¿Cómo puedo decirlo? —de pronto sus mejillas se pintan de rojo y desvía su mirada al suelo—. Desde esa noche que fueron al Narisawa he querido decirte algo pero… no sabía cómo.

—Len —¿acaso él?—, solo dímelo.

—Yo no quería, ni sabía que estaban ahí pero… después de que llegamos, fuimos directos a dormir pero tuve que ir al baño y —ahora yo también tengo la cara roja— escuché lo que hacían.

—Así que por eso… —balbuceó. ¡No puedo creer que Len nos escuchara!

—Solo quería decirte que —el también habla con dificultad y no puede mirarme a los ojos. No lo culpo, yo tampoco puedo verlo directamente—, sean más precavidas la próxima vez.

Silencio, uno que se siente muy largo y, más que incomodo, muy vergonzoso. A pesar de habernos detenido cuando escuchamos la llegada de los demás, de que Miku se esforzó para sofocar sus gemidos, al final no pudimos evitar que alguien nos descubriera. Entonces, las miradas que me dirigía Len no eran de reproche, eran de vergüenza. Al menos tomó bien el hecho de que Miku y yo seamos pareja.

—Lo seremos —aunque sabiendo esto, no creo que hagamos "eso" en un buen tiempo.