Capítulo 71 "Volviendo a ti"
A pesar de ser domingo, Xiao Zhan tenía una agenda repleta de compromisos y unas ganas nulas de asistir a ellos.
Mao pasó por él muy temprano, había amanecido hace ya algún rato, pero apenas se veían los primeros rayos del sol colándose en ese cielo nublado de otoño.
—Buenos días —Xiao Zhan se subió al auto y le extendió un termo con café a su amigo guardaespaldas. Su humor era como el de todos los días:
Neutral.
—Buenos… días —lo miró extraño, sentía algo distinto en él—. ¿Cómo te fue con el dentista?
—Bien.
—¿Qué demonios te pasó en el labio?
—Me mordí —se pasó la lengua por su labio inferior.
—¿Tan fuerte? Se ve horrible.
—Estaba anestesiado, no me di cuenta de que me estaba mordiendo, no sentía nada —suspiró.
Mao frunció el ceño.
—¿Qué sucede? —preguntó Xiao Zhan al ver que no arrancaba el auto.
—Te conozco. No sé qué pasa, pero sé que algo sucedió —se talló el mentón con una mano, pensativo—. ¿Supiste algo sobre Yibo?
—¿Hay algo que deba saber? —se alarmó genuinamente.
—No, no —lo miró de reojo, aún sospechando.
Mientras tanto, Yibo apenas despertaba luego de una larga noche de descanso. Estiró su cuerpo bajo las sábanas suaves del hotel y sintió el vacío junto a él. Odiaba amanecer solo en la cama. A diario soñaba que estaba con Xiao Zhan, y solo despertaba para darse cuenta de que su realidad era triste y terrible.
Soltó una patada al colchón y se revolvió en la cama hasta quedar hecho un pequeño taco.
En la noche del día anterior:
La luz se había ido, un extraño tocaba a su puerta, y él fue lo bastante estúpido como para no detenerse a pensarlo dos veces antes de ir y abrir al desconocido.
Su primera reacción fue dar un paso hacia atrás. Ante él había un hombre alto y delgado, vestido completamente de negro. La capucha de su sudadera y el cubre bocas ocultaban por completo su identidad.
Se quedó congelado en su sitio unos segundos, hasta que el extraño dio un paso al frente, entrando a la habitación y cerrando la puerta tras de sí. Yibo estaba aterrorizado.
—¿Así le abres la puerta a todo el mundo, estúpido?
¡Esa voz!
El espanto en el rostro de Yibo fue sustituido por una emoción indescriptible. Acortó la distancia entre el individuo y él, le quitó la capucha y el cubre bocas solo para descubrir ese precioso rostro que no había visto ya en meses.
—Hola, extraño —dijo Xiao Zhan con una sonrisa espléndida, sabía que estaba quebrando muchas reglas y que los estaba poniendo en riesgo.
Yibo no pudo decir nada, con un nudo en la garganta y faltándole el aire, se abalanzó sobre él y lo apretó fuertemente entre sus brazos.
El mayor correspondió con la misma fuerza trituradora y se sorprendió al ver que su amado temblaba.
—¿Cómo estás? —más que un saludo, era una pregunta de verdadera preocupación.
Yibo restregó más su rostro contra el hombro y cuello de su amado. Zhan Zhan supo que estaba llorando cuando lo escuchó sorberse la nariz.
—Bien —respondió luego de unos momentos. Lo tomó por los hombros con sus grandes manos y lo alejó un poco de él para mirarlo mejor a través de la oscuridad—. Estás empapado —se preocupó—. ¿Cómo hiciste para llegar aquí? ¿Y Mao?
—Investigué y supe que estabas en este hotel, vine en secreto, nadie lo sabe. Mao cree que estoy en el dentista.
Yibo soltó una risa corta.
—Viste la carrera —no era una pregunta, sin embargo, Xiao Zhan asintió—. Lo siento.
—No te disculpes —suspiró y acarició su mejilla, observando cada centímetro de piel que tenía a la vista—. Sé por qué te estás manteniendo ocupado —su faz entristeció—. ¿No te lastimaste? Vi lo que pasó y… —pronto sintió mucho coraje.
—Ya no tiene caso enojarse —lo tranquilizó de inmediato—. Estoy bien, solo un par de moretones y… —se le fueron las palabras.
—¿Qué ocurre? —inquirió Xiao Zhan.
Yibo no dijo nada más, en un impulso de amor tomó las mejillas de su amado y lo atrajo a un beso profundo, delicioso y ansiado por ambos.
El mayor correspondió al instante, con la misma intensidad mientras le tomaba el rostro con ambas manos. Sus labios temblaron, su cuerpo entero se estremeció al sentir de nuevo el sabor de esa deliciosa boca. Su alma estaba feliz, todo su ser se regocijó al sentirse en casa una vez más.
Yibo devoraba esos labios con fervor, con hambre atrasada y con cierto reclamo por haber estado lejos tanto tiempo. Era posesivo, dominante, hasta que sintió las manos de Xiao Zhan descendiendo por su cintura hasta descansar en sus caderas, las apretó con suavidad, pero eso bastó para que el menor soltara un quejido dentro del beso, y no, no era por placer.
Xiao Zhan se separó de inmediato, con la respiración agitada y una expresión preocupada.
—¿Te dolió? —preguntó, bastante seguro de que no había ejercido tanta presión.
—No.
Xiao Zhan no le permitió decir más, levantó su camiseta y bajó su pantalón del pijama hasta ver su cadera derecha.
Había poca iluminación que venía de la luz de la ciudad que se colaba por la ventana, pero eso bastó para que Xiao Zhan apreciara un terrible moretón en toda su cadera.
Yibo suspiró y explicó:
—No es grave, no pasó de un moretón. Caí con esa cadera al suelo, pero el traje me protegió.
El otro se mordió los labios, impotente. Estaba enojado, pero al mismo tiempo triste, y también feliz por estar ahí. Era una mezcla de emociones difícil de manejar.
—Wang Yibo, Wang Yibo —suspiró y negó con la cabeza antes de abrazarlo protectoramente.
—Quieres regañarme, pero no puedes, ¿verdad?
Xiao Zhan asintió en medio del abrazo.
—Lo siento —dijo Yibo de nuevo—. ¿Te preocupé?
—Sabes que sí —murmuró, apretándolo más fuerte.
—Amor, estás empapado, tienes que cambiarte de ropa. Ven —deshizo el abrazo, activó la linterna de su teléfono y fue en busca de ropa seca para él.
Xiao Zhan lo miraba moverse de un lado a otro en completo silencio, aún no podía creer que había sido capaz de llegar hasta ahí, a pesar del riesgo y de todas las advertencias.
Necesitaba de Yibo y este también necesitaba urgentemente de él.
Tenían que hablar sobre el hecho de que estaban corriendo mucho riesgo en ese instante, pero no querían, era su oportunidad de disfrutarse.
—Toma, esto te servirá —le extendió unas prendas bastante simples, lo suficiente para pasar desapercibido cuando saliera de ahí.
—Gracias —tomó la ropa y se desvistió ahí mismo, ante la mirada fija de Yibo, quien adorablemente miró hacia otro lado. Parecía un gesto de vergüenza muy tierno, pero no, no era por eso. Sabía que si miraba de más terminaría haciendo otras cosas con él. De todas formas, terminó mirándolo de pies a cabeza cuando estaba solo en ropa interior.
¡Dios! Seguía siendo tan hermoso. Y claro que sí, pues, aunque sentía que habían pasado años desde la última vez que se vieron, en realidad no eran más que unos meses.
Cuando terminó de vestirse miró a Yibo y notó cómo este le dedicó una suave y preciosa sonrisa al mismo tiempo que abría sus brazos de par en par.
El mensaje era claro: "Ven a mis brazos".
Con el corazón golpeteándole en el pecho, Xiao Zhan dio dos largos pasos y se dejó abrazar por Yibo, abrazándolo también.
—Te extrañé —dijeron al mismo tiempo, eso solo los hizo reír.
—¿Tienes hambre? ¿Ya comiste? —le preguntó Yibo a su amado, separándose del abrazo para intentar verlo mejor.
—Estoy bien así. Solo quería verte y comprobar que estabas bien.
—¿Ya te vas? —no lo pensó, lo dijo desde el fondo de su corazón, con una expresión tan triste que conmovió a Xiao Zhan.
Él tampoco quería irse. Y después de pensarlo unos segundos llegó a la conclusión de que… ¿qué mas daba? Ya estaba ahí. Tenía la ventaja de que nadie sabía que Wang Yibo se hospedaba ahí. En cambio, los paparazis hacían hasta lo imposible por tener acceso a sus hogares, y si bien era casi imposible debido a la zona residencial llena de seguridad, nunca faltaba el reportero o camarógrafo que lograba sobornar a los encargados de la seguridad.
—No —contestó enseguida—. Si me lo permites, me quedaré un poco más —tomó su mano y besó el dorso de esta.
Yibo jamás imaginó que un acto tan cursi y empalagoso como ese lo haría sonrojarse como colegiala. Siempre había criticado esas cursilerías, y ahora el karma hacía de las suyas.
—Quédate para siempre —soltó en un suspiro.
Jamás pasó por su mente que esas simples palabras le dolerían tanto a Xiao Zhan, quien se tragó el nudo en su garganta y lo abrazó una vez más, deseando que eso fuese posible.
Y sin previo aviso, la electricidad volvió, encendiendo todo lo que estaba prendido antes de que se cortara.
Xiao Zhan miró a su alrededor y se dio cuenta de que incluso la luz del armario estaba encendida, todas y cada una, incluyendo la televisión. Su corazón se estrujó al recordar lo mucho que Yibo le temía a la oscuridad y al silencio cuando estaba solo.
Algo avergonzado por ser descubierto, Yibo se apresuró a apagar todas las luces innecesarias.
—Pidamos algo de cenar —dijo de pronto Xiao Zhan. No tenía hambre, pero ver a su amado tan delgado y recordar lo mal que se alimentaba últimamente, le hicieron sugerir aquello.
—No tengo hambre.
—Tienes que comer bien.
—Como bien.
—Te escuchas como yo hace unos meses —se burló, eso enrojeció un poco las mejillas de Yibo, pues tenía razón.
—¿Hamburguesa y papas?
—Eso no es nutritivo.
—¡Ja! Mira quién lo dice.
Xiao Zhan se echó a reír, tomó el teléfono y ordenó servicio a la habitación. Tenían tanto por platicar, tanto por decirse que… no se limitaron y comenzaron una conversación que duró horas.
Se sentaron en la cama a cenar, recreando ese momento de antaño que los ponía felices de solo recordarlo. Las hamburguesas con papas se habían convertido en una tradición para ambos, en especial si las comían en la cama mientras charlaban sin parar.
Hablaron de todo un poco, actualizándose desde la última vez que convivieron. Rieron, llenaron sus estómagos y disfrutaron el momento como hace mucho no lo hacían. Fue así, hasta que tocaron temas un poco más serios. Xiao Zhan no se iba a quedar callado respecto al asunto de su cercanía con Wang Jackson.
—Zhan Zhan… ¿Estabas celoso? —le brillaron los ojos. Rara vez demostraba sus celos, por lo regular era él quien vivía sintiendo celos de cualquiera que se acercara a Xiao Zhan.
—¿"Estaba"? ¡Lo estoy! —dijo muy en serio.
—Zhan Ge…
—No bromeo.
Yibo reía con incredulidad, pero dejó de hacerlo.
—Pero tú no eres celoso.
—Lo soy, ahora lo soy.
Un escalofrío recorrió la columna vertebral de Yibo. Su amado daba un poco de miedo. Sus grandes ojos lo miraban fijamente y su voz era grave y segura.
—Jackson y yo solo somos amigos, muy buenos amigos. Pensé que te sentirías celoso por las chicas que… —fue interrumpido.
—Sí, te coquetean todo el tiempo y veo que en ocasiones no las tratas tan mal como de costumbre, pero sé que es por trabajo. No te permiten ser tú mismo en esos momentos. Sé que, si fueras tú mismo, les cortarías la emoción con un comentario ácido o incluso grosero —rio un poco al imaginarse la escena. Amaba ver a su novio siendo tan tajante con las chicas.
Yibo asintió y rio con él, pero su risa se detuvo cuando escuchó lo siguiente:
—Lo que me molesta no es tu interacción con las chicas. Los celos me matan cuando tienes ese trato tan cercano con ellos.
Fue brutamente honesto.
Yibo tragó en seco.
—¿Por qué lo dices?
—Me lo he estado preguntando desde hace algún tiempo. Te he observado y me di cuenta de algo.
Una vez más, Yibo tragó saliva con dificultad.
—¿Llegaste a una conclusión? —juntó el valor suficiente para preguntar a pesar de que ya se imaginaba la respuesta que le daría.
—Lo hice. Mi conclusión es que… no te gustan las mujeres.
Yibo suspiró, bajó la mirada un momento y enseguida volvió a mirarlo a los ojos.
—No te equivocas —admitió por primera vez en su vida—. No me gustan las mujeres, no de esa forma.
Xiao Zhan se quedó sin palabras.
—Es decir, sí, sé reconocer cuando una mujer es sexy o hermosa. Pero que lo reconozca no quiere decir que quiera acostarme con ella. No sé si me explico.
—Lo haces —lo miró con una infinita fascinación y curiosidad.
—Por eso te decía con tanta seguridad que no necesitaba tener una primera experiencia con una mujer para saber que quiero estar contigo y con nadie más.
Recordaron aquella situación incómoda con Mei Mei y la sugerencia de un trío aunado al hecho de que Xiao Zhan vivía con la incertidumbre de que Yibo en un futuro se arrepintiera de no haber probado de todo un poco antes de comprometerse a algo serio con él.
—Vaya…
—¿Estás sorprendido?
—Solo un poco —admitió.
—¿Pensaste que sería como tú?
—¿Como yo?
—Sí, bisexual.
Era la primera vez que lo pensaba de esa forma. Sí, él era bisexual, y Yibo…
—Para ser sincero, no lo había pensado mucho. Cuando comencé a sentir atracción hacia ti me alarmé, pues nunca me había atraído un hombre de esa forma. Me costó trabajo admitirlo.
—Lo sé —sonrió de lado.
—Pero por lo que veo… —lo miró fijamente—…a ti no te tomó tanto por sorpresa.
Yibo negó mientras sonreía de lado, era una sonrisa bastante coqueta y natural.
—No te voy a mentir, Zhan Zhan —suspiró—. Ya había tenido uno que otro crush con chicos desde mi adolescencia. No me sentí tan perturbado porque… bueno, digamos que en Corea del Sur son más abiertos respecto a estos temas.
Xiao Zhan se alarmó.
—¿Tuviste un crush con alguno de tus compañeros de UNIQ?
Yibo se echó a reír con ganas.
—No —siguió riendo—. Ellos siempre han sido mis hermanos, pero debo admitir que ver la libertad con la que interactuaban entre ellos, y todo ese fanservice que brindábamos a las fans, me ayudó a aceptarme un poco.
—Entonces tuviste un crush con…
—No te voy a decir.
—Yibo…
—No —rio.
—Dime.
—Luego.
Xiao Zhan lo golpeó en el brazo y momentos después se echaron a reír. Estaban tan encerrados en su burbuja de amor que no se dieron cuenta de qué tan rápido habían pasado las horas.
—Estoy celoso, Zhan Zhan.
—¿De qué? —rio más.
—De ti, porque no tienes que sentir celos de las chicas, en cambio yo debo preocuparme por chicos y chicas —rodó los ojos.
Pensó que su amado le respondería con un comentario sarcástico o gracioso, pero no fue así. Xiao Zhan hizo a un lado las envolturas de la cena y empujó suavemente a Yibo sobre el colchón, acostándose sobre él y entrelazando la mano izquierda con la suya mientras usaba la derecha para acariciar su rostro.
—No hay ser humano en este mundo por el que debas sentir celos —murmuró en un tono íntimo, rozando sus narices en un gesto bastante adorable—. Desde que entraste a mi vida no he podido ver a nadie más como te veo a ti. Podrán prohibir nuestra relación, podrán incluso obligarnos a estar separados el resto de nuestras vidas, pero yo jamás podría enamorarme de alguien más. Wang Yibo, te juro que, si no es contigo, no es con nadie.
Los ojos del menor volvieron a enrojecer ante el llanto que se acumulaba en ellos. Rodeó el cuello de Xiao Zhan con su brazo libre y lo atrajo a sus labios.
—¿Ni siquiera Ayanga? —murmuró entre beso y beso.
Xiao Zhan se separó de él con asombro, iba a reclamarle, hasta que vio la sonrisa traviesa en ese rostro aún lloroso.
Estaba bromeando.
—Tonto —se acomodó en una posición más cómoda sobre él, no se molestó en no dejar su peso entero sobre su cuerpo, sabía que a Yibo le gustaba sentirlo así—. Me gusta tu cabello —dijo de pronto, formando caminos de ida y vuelta con sus dedos sobre ese lindo cabello.
—¿Lo dices en serio? —los ojos le brillaron.
—Te ves hermoso de cualquier forma —su mirar era tan intenso, tan profundo, que Wang Yibo quedó atrapado en ellos. Era imposible no creerle cuando se lo decía de esa manera.
—Quédate conmigo esta noche —pidió en voz baja.
Xiao Zhan respondió con un suave beso sobre sus labios, descendiendo una mano por su cintura hasta llegar a su cadera. Eso era un sí.
No fueron necesarias más palabras, ni siquiera se molestaron en apagar las luces antes de empezar a repartirse besos y caricias cada vez más íntimas y provocativas.
Xiao Zhan llenó el cuello de Yibo con besos y mordiscos suaves, pero lo suficientemente fuertes como para dejar una marca que se borraría momentos más tarde.
El menor alzó una mano hasta acariciar el rostro de su amado Zhan Zhan. El contacto fue tan íntimo y lleno de amor que a Xiao Zhan se le pusieron las mejillas rosas, como si fuese la primera vez que hacía eso.
Entones se inclinó sobre Yibo, y cuando estuvo mejilla con mejilla, susurró:
—Quiero hacerte el amor —mordió su oreja.
A Yibo se le puso la piel de gallina. Tenía tanto de no sentirlo. En su último encuentro había sido él quien había tomado a Xiao Zhan.
—¿Qué te lo impide? —suspiró, girando un poco su rostro para poder verlo a la cara.
Xiao Zhan esbozó una sonrisa por completo arrasadora, hizo estallar las emociones del menor.
Y entonces fue como si algo se hubiese encendido, algo que se estuvo conteniendo por mucho tiempo. Las caricias no se hicieron esperar, la ropa salió volando con premura. Los besos eran arrasadores e incontenibles.
—Espera —Xiao Zhan se detuvo en seco—. Amor, estás lastimado.
Yibo se enterneció por su preocupación, pero sinceramente eso era lo que menos le importaba a él en ese momento.
—No me importa.
—Debería de importarte —frunció el ceño. Sí, Xiao Zhan odiaba que no se cuidara a sí mismo—. Ya has tenido bastantes visitas al hospital en estos meses.
Yibo no dijo nada.
—Me preocupas —acarició su rostro con el dorso de sus dedos. El gesto era por demás protector y cariñoso.
Yibo tomó esa mano y la besó con un infinito amor.
—Estoy bien, lo prometo.
—Te descuidas mucho.
—Te digo que estoy bien.
—Hablo en serio, Wang Yibo.
Se estaba molestando, pero el menor solo esbozó una sonrisa tierna y bastante traviesa.
—Yo también. Justo en este momento no puedo estar mejor —selló sus labios para que ninguna otra palabra salieran de ellos, pero no funcionó del todo.
—¿Y si te lastimo?
—Solo ten cuidado, no pasará nada.
Suspirando, Xiao Zhan asintió. Estaban medio desvestidos. Yibo aún tenía su pantalón del pijama puesto y vio cómo su amado se lo retiraba con sumo cuidado.
—Tampoco soy de cristal —se quejó. Pero Xiao Zhan no le hizo caso, estaba más ocupado aterrorizándose con la longitud de ese moretón que comenzaba en su cadera y continuaba por todo su muslo hasta la rodilla, también inflamada.
—Dijiste que el traje te protegió.
—Lo hizo.
—¿Y esto qué es? —frunció las cejas.
—Créeme cuando te digo que sí me protegió. Pudo ser peor.
Xiao Zhan no quería ni imaginarlo.
—Pero no fue así. Además, perdí la oportunidad de avanzar de categoría. No correré más motocicletas hasta el año que viene.
Xiao Zhan suspiró con alivio.
—Olvidemos eso y hazme el amor.
Algo aturdido por el cambio drástico de contexto, Xiao Zhan terminó asintiendo, echándose sobre el cuerpo de su amado una vez más.
Los dos pares de ojos oscuros estaban cargados de pasión. Llevaban mucho tiempo en abstinencia, tanto que decidieron dejar todo de lado para concentrarse solo en amarse. El mundo podría estar acabándose más allá de las paredes de esa habitación, y ellos podrían seguir en lo suyo como si nada ocurriese.
Se lo merecían.
Xiao Zhan atrapó los labios de Yibo entre los suyos, y los besó repetidas veces con suavidad hasta que le dio una pequeña y traviesa lamida con la punta de su lengua. Yibo sonrió de lado como estúpido y atrapó la nuca de su amado para apretarlo contra él, besando sus labios con fervor, usando su lengua y dientes hasta dejar al otro sin aliento.
—Te deseo tanto —dijo Yibo con profunda voz, entre beso y beso. Xiao Zhan enterró su mano libre en los cabellos oscuros de Yibo mientras usaba la otra mano para apoyarse sobre el colchón.
Por un momento no podían pensar en otra cosa que no fueran sus manos recorriéndose, sus lenguas danzando al mismo ritmo, en sus suspiros que no se molestaban en contener.
Xiao Zhan quería hacerlo suyo en ese instante, se sentía ansioso, pero también quería disfrutar cada segundo, pues oportunidades así serían cada vez más difíciles de conseguir.
Entre revolcones, caricias íntimas y besos, las últimas prendas salieron volando hasta que no hubo nada que interfiriera entre el roce de sus cuerpos. Se habían extrañado tanto que casi sentían que acariciaban a un cuerpo diferente.
Wang Yibo lo necesitaba, casi tanto como el oxígeno que respiraba. Cualquiera diría que exageraba, pero antes de que Xiao Zhan tocara a su puerta, se sentía vacío y cansado. Pero justo ahora… justo ahora las cosas eran muy distintas.
Había deseado tanto tenerlo de nuevo entre sus brazos, específicamente entre sus piernas. Recibir su amor y sus caricias, sentirlo dentro de él.
Ahora, teniéndolo encima de su cuerpo podía acariciarlo a su entero antojo. Deslizaba las manos sobre la piel de la espalda y los costados de Xiao Zhan. Este podía sentir esas caricias y uno que otro apretón más fuerte de lo normal.
El mayor usó sus labios y lengua sobre la piel del cuello de Yibo, causándole escalofríos al sentir que ascendía hasta su oreja, uno de sus puntos más erógenos. Lograba que suspiros extraños salieran de la boca del menor.
Las caderas de ambos estaban unidas, podían sentir cómo poco a poco sus erecciones iban en aumento, y Xiao Zhan no se limitaba, le mostraba cuán excitado se encontraba ya, restregándose contra él con suaves movimientos.
Yibo se hallaba tan perdido en sus caricias que el cerebro no le coordinaba más que para acariciar su espalda, deteniéndose en cada vértebra desde el cuello hasta la terminación de su cintura, donde encontró esos dos montículos bien formados y apetecibles.
¡Cuánto había extrañado apretarle el trasero a su antojo!
Lo hizo, una y otra vez, sintiendo cómo ese trasero lograba llenar sus palmas abiertas de forma perfecta. Estaba entretenido con eso hasta que Xiao Zhan lo tomó de los muslos y lo acomodó de tal forma que Yibo tenía las piernas ancladas a sus caderas, enredadas en su cintura. Eso solo lograba una fricción más deliciosa en sus entrepiernas.
—Bo Di —jadeó en su oído—. Acaríciame —pidió entre besos y mordidas.
Fue ahí cuando Yibo se dio cuenta de que no había despegado sus manos del trasero de Zhan Zhan. Estaba tan perdido en el placer que no podía pensar en más.
—Oh… lo siento —gimió al sentir sus besos descendiendo hasta su pecho, justo sobre uno de sus pezones—. Ah… —no limitó sus ruidos.
Xiao Zhan dejó en paz el pezón de su amado un momento, solo para mirarlo y enternecerse.
¡Yibo estaba completamente sonrojado!
—Tu rostro está casi morado —le picó una mejilla. Amaba esa expresión dulce y erótica en él. Sus mejillas enrojecidas, su ceño fruncido y su corto cabello completamente revuelto.
Yibo no respondió. Lo tomó de la nuca y lo atrajo de nuevo a sus labios.
Sin deshacer el beso, Xiao Zhan descendió una mano hacia el trasero de Yibo y se abrió paso entre sus nalgas, dando suaves caricias a la entrada de su amado.
Yibo se estremeció de pies a cabeza. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que fue penetrado.
—Amor, no traje lubricante ni condones.
—No tengo nada de eso aquí —suspiró, mirando su habitación. Apretó a Xiao Zhan entre sus piernas al sentir que se alejaba—. ¡No nos vamos a detener solo por eso!
El aludido se echó a reír.
—Déjame ir.
—No.
—Yibo, no voy a detener esto. Haré algo que te va a gustar, anda, suéltame.
No muy convencido, Wang Yibo abrió sus piernas y entonces vio con dulzura cómo Xiao Zhan acariciaba sus suaves piernas con algo de vello en ellas. Dedicó suficiente tiempo a acariciarlas antes de volver a acomodarse entre ellas, pero ahora con su rostro en la entrepierna de Yibo.
—Oh Dios… —jadeó y echó su cabeza hacia atrás al sentir cómo ese delicioso placer daba inicio.
Xiao Zhan solo besaba la cara interna de los muslos de Yibo, y eso bastaba para que estuviera estremeciéndose por el placer. Esos suaves besos fueron solo el comienzo, pues sus labios iban acercándose cada vez más a su objetivo principal.
Repartió unos cuantos besos más en su muslo derecho antes de hacer lo mismo sobre sus testículos, con cuidado y suma delicadeza.
El cuerpo entero de Wang Yibo se estremecía ante esas atenciones. Se mordió el labio tan fuerte que temió que estuviera sangrando.
Bajó la mirada solo un segundo y se topó con esa escena tan jodidamente erótica. Xiao Zhan estaba tomando su miembro con una mano antes de dirigir sus labios sobre la punta. El contacto fue cálido y casi explosivo para él.
—Ah… Zhan Zhan —jadeó profundamente al sentir que engullía gran parte de su miembro. Su boca era cálida, suave. Sin embargo, sus dientes eran bastante filosos.
Su miembro no tardó en estar completamente húmedo, misma humedad que serviría como lubricante. Ahí entendió el objetivo de Xiao Zhan al hacer aquello.
El mayor deslizó un dedo sobre la humedad de su saliva hasta llevarla a esa entrada. Su mirada se alternaba entre el rostro de Yibo y su entrada. Sabía que hacía un buen trabajo cuando el menor tenía esa cara de insoportable placer.
Entonces se inclinó sobre él para besarlo, pero no retiró su mano de la entrada de Yibo, acariciando en círculos suaves la zona hasta que de pronto introdujo la punta de su dedo medio.
Yibo se removió, incómodo con la ligera intromisión. Casi sentía como si fuera la primera vez que se lo hacía.
—¿Crees resistirlo? —preguntó Xiao Zhan con suavidad.
—Te necesito —rodeó su espalda con ambos brazos—. Por favor —suspiró.
En respuesta, Xiao Zhan introdujo más su dedo, abriéndose paso con cuidado. Yibo se retorció un poco, incómodo.
—Estás demasiado apretado.
—Es tu culpa, maldición —exhaló al sentir que todo el dedo estaba dentro de él, pero la incomodidad se fue cuando Zhan Zhan palpó cierto punto interno que, al acariciarlo, hizo jadear a su amado por el placer producido. Incluso su espalda se arqueó y echó su cabeza hacia atrás, dejando ver ese níveo cuello tan apetecible.
Se tomó su tiempo para prepararlo y dilatarlo antes de decidir penetrarlo. Lo hizo con cuidado, yendo lento y estimulando al mismo tiempo el miembro de Yibo para que no sufriera tanto, pues parecía su primera vez.
—Vaya… en verdad no has estado con nadie más en todo este tiempo —murmuró, echado sobre Yibo, completamente dentro de él y al mismo tiempo aplastándolo. Podía sentir su corazón golpeando con fuerza su pecho.
—¿Qué dices? Claro que no, ¡idiota! —se quejó, pues claro que no estaría con alguien más.
Xiao Zhan lo calló a besos, pero el menor le respondió con una profunda mordida en su labio inferior como castigo.
—¡Hey! —se quejó, separándose y tocando el labio herido, estaba sangrando—. Wang Yibo…
—Nunca, nunca digas eso. ¿Acaso no me conoces? ¿En verdad me crees capaz de engañarte?
En teoría ya no eran novios, su compromiso había sido cancelado. Pero para sus corazones ellos seguían siendo todo.
—Yibo… —fue interrumpido.
—Hablo en serio, Xiao Zhan —su mirada era fiera, su ceño estaba fruncido y su mandíbula apretada.
Estaba en verdad enojado.
—Amor, solo bromeaba —suspiró y se relamió el labio—. ¿Era necesario esto?
—Sí —lo jaló de la nuca para atraerlo a su boca y devorar esos labios una vez más.
El beso tenía un sabor metálico debido a la herida, pero ni siquiera eso los detuvo.
Cuando Xiao Zhan comenzó a bombear dentro y fuera de su amado, este arqueó su espalda involuntariamente, el aire escapó de sus pulmones y solo fue capaz de enterrar sus uñas en la espalda de Xiao Zhan al mismo tiempo que escondía su rostro en el cuello de él. El mayor podía sentir la respiración pesada chocando contra su piel.
—Despacio, ve despacio —jadeó al sentir la fricción dentro de él. Ya lo estaba haciendo lento, tuvo que disminuir aún más sus movimientos.
En verdad se había desacostumbrado, además estaba bastante tenso por el estrés del día a día.
Cerró sus ojos y dejó que Xiao Zhan tomara el control de la situación. A partir de ahí no tuvo que pedirle nada, supo satisfacer sus necesidades al cien por ciento.
Comenzó un vaivén rítmico y suave hasta que Yibo no pudo contener más sus gemidos. Xiao Zhan supo entonces que estaba haciendo un excelente trabajo.
Aumentó la velocidad y profundidad. Salía de él por completo y se volvía a enterrar en su interior. Sus caderas se estampaban sin cansancio, con una condición y resistencia envidiable.
En esos momentos Yibo le admiró aquello, pues en su condición actual él no habría logrado mantener tal ritmo. Con una comida al día y tantos compromisos que le quitaban el sueño… no tenía la resistencia ni condición para ello.
Dejó de pensar en eso y mejor estiró sus brazos hasta alcanzar el cabello de Xiao Zhan. Enredó sus dedos ahí y estiró suavemente hasta asaltar de nuevo sus labios
Se sentían extasiados.
De pronto, Zhan Zhan se separó de él solo para tomarle una pierna y echársela al hombro.
A Yibo le pareció una idea magnífica, desde ese ángulo Xiao Zhan podía llegar más profundo y al mismo tiempo le daba cariños a su pierna.
Al no alcanzar la espalda de Xiao Zhan, Wang Yibo se aferró a la almohada bajo su cabeza y la apretó. Sin darse cuenta se estaba mordiendo el labio mientras mantenía sus ojos fuertemente cerrados. Pero cuando los abrió…
—Oh Dios…
Masculino, poderoso y con un atractivo sexual hasta los cielos. Así se veía Xiao Zhan en esos momentos.
Estaba concentrado brindándole todo el placer posible a su amado. Yibo notó entonces que el cuerpo de él estaba ligeramente más fuerte. ¿Acaso se estaba ejercitando? Su abdomen se marcaba con ligereza cada vez que lo embestía. Y si seguía penetrándolo así era un hecho que terminaría con sus abdominales marcados.
Rio ante sus propios pensamientos, tontos y graciosos al encontrarse en tal situación.
—¿De qué te ríes? —cuestionó el mayor, sin dejar de hacer su trabajo.
—Yo… —rio un poco más, no se había dado cuenta de que su risa no solo fue mental—…solo… yo… ah —no podía articular una oración completa—. Solo no pares, sigue, por favor. ¡Sigue! —cerró sus ojos una vez más, pero cuando los volvió a abrir fue testigo de la forma en que Xiao Zhan lo miraba. Sus ojos grandes y oscuros lo miraban hambriento, su lengua pasó por sus labios hinchados, con una expresión por demás erótica.
—¡Oh Dios, Zhan Ge! —exclamó a grito abierto, se estaba volviendo loco.
El mayor se sintió satisfecho. Comenzó a besar la pierna que estaba sobre su hombro al mismo tiempo que pasaba sus dedos por ese largo camino de hematomas. La piel amoratada se erizó ante el contacto suave y delicado que contrastaba mucho con el contacto que tenían más abajo en ese momento.
Luego de brindarle atención a su pierna, Xiao Zhan extendió una mano para acariciar el vientre de Yibo, usó solo la punta de sus dedos, delineó la zona donde antes había un six pack claramente marcado, sustituido ahora por un lindo y suave vientre similar al suyo.
Sus largos y delgados dedos continuaron descendiendo hasta llegar a la punta de su miembro deseoso por atención, duro y grueso, totalmente pegado a su vientre bajo.
Xiao Zhan lo tomó con una mano, lo jaló hacia él y luego lo soltó solo para ver con gracia cómo volvía a rebotar contra el vientre de Yibo, incluso se escuchaba el "clap" al hacerlo.
—¡Xiao Zhan! —se avergonzó—. Deja eso ahí…
—¿Estás seguro? —comenzó a masturbarlo.
Wang Yibo no volvió a emitir palabra alguna, al menos no una coherente.
—Ven, ven aquí —pidió Yibo luego de un rato. Estaba próximo a correrse al igual que su amado. Lo sabía porque Xiao Zhan se mordía el labio con fuerza sin importar que estuviera lastimado.
El mayor obedeció, bajó la pierna de su hombro y se echó sobre él para ser envuelto casi de inmediato con dos brazos fuertes que lo apretaron y unos labios que alcanzaron los suyos.
El rítmico vaivén de sus caderas volvió, Yibo enredó sus piernas en la cintura de su amado y le dio completo acceso a él.
Sus gemidos se mezclaban y se ahogaban en sus gargantas cada vez que compartían un beso profundo. El sonido lascivo de sus pieles chocando invadía la habitación. Entonces fue cuando Yibo sintió de nuevo la necesidad de aferrarse a algo. Esta vez apretó el trasero de Xiao Zhan entre sus manos y lo empujó más hacia él, hacía su interior. Quería más, más profundo, más fuerte, más…
Un gemido casi agonizante salió desde lo más profundo de Yibo. Xiao Zhan supo lo que significaba, y en un acto bastante cursi buscó sus manos para entrelazarlas con las de él.
Segundos después Yibo alcanzó su tan anhelado orgasmo. Casi en sincronía Xiao Zhan se dejó venir con fuerza, besando los labios de Yibo sin detener las embestidas, jadeando su nombre entre respiraciones pesadas.
Se dejó caer sobre él, cansado y agitado. Sus manos seguían entrelazadas, y sus respiraciones eran por completo erráticas.
El interior de Yibo se contraía en ligeros espasmos que solo brindaron pequeñas oleadas de placer al otro.
Descansó su mejilla contra la de Yibo, podía sentir la respiración pesada de este en su cuello.
El menor soltó el agarre entre sus manos para acariciar toda la espalda de Xiao Zhan, subiendo y bajando, sintiendo a conciencia cada centímetro de esa hermosa piel aperlada. Terminó enredando sus dedos en el cabello de Xiao Zhan, dejándolo aún más despeinado.
Este se incorporó un poco y vio la expresión extasiada de Yibo, había cumplido su objetivo, lo había disfrutado. Tomó su mano y le besó la muñeca, justo sobre el brazalete de "compromiso". Ninguno se lo había quitado desde entonces.
—Te amo tanto, Yibo.
—Te ah… —jadeó al sentir que salía de su interior—. Te amo —murmuró con los ojos cerrados y la frente pegada a la de Xiao Zhan. Su respiración aún era agitada, y su manzana de Adán subía y bajaba cada vez que pasaba saliva.
—Te amo, te amo —repitió Yibo, rodeándolo con sus brazos más fuertemente, asfixiándolo un poco—. Estuviste increíble.
Xiao Zhan rio, apenado. Repartió dulces besos en todo su rostro.
Aún agitados y muy sensibles después de tal orgasmo, se quedaron en la misma posición, abrazados y haciéndose arrumacos.
Pero cuando Zhan Zhan se separó un poco de su cuerpo para no aplastarlo más, se dio cuenta de algo.
—Oh Dios… ¿Tanto? —se espantó al ver ese gran charco de semen sobre el vientre de su amado.
Las mejillas de Yibo enrojecieron antes de fruncir el ceño.
—¡Ha sido mucho tiempo sin ti! —se defendió, aún con algo de pena.
—Pero… ¿No te has…?
—¿Masturbado? ¡Ja! Muchas veces, pero es horrible.
—¿Tan mal te lo haces?
—¡No me refiero a eso! —se agitó y buscó la manera de explicarlo a pesar de que Xiao Zhan ya sabía a qué se refería—. Es como… ¡Tú has comido chocolates suizos!
—Sí, cómo olvidarlos —sonrió de lado, expectante.
—Bueno, ¿qué sentirías si estás acostumbrado a esos chocolates y luego te ofrecen uno barato de la tienda de la esquina?
—Por supuesto que me ofendería mucho —dramatizó.
—¡Exacto! Eso es lo que pasa.
—Adorable. Estás comparando el sexo entre nosotros con chocolates suizos.
—No. Tú eres mi chocolate suizo —sin dar lugar a réplicas, lo atrajo a un largo y delicioso beso.
Alargaron la sesión de besos por un rato más, hasta que Xiao Zhan buscó algo con lo que pudiera limpiar el desastre en el vientre bajo de Yibo.
Fue hasta que se puso de pie cuando pudo comprobar el estado de su interior. Inmediatamente sintió que algo escurría de entre sus piernas, y no era poco lo que salía de ahí.
Se enrolló la sábana en las caderas y salió corriendo al baño a asearse.
—¡Tú también te has aguantado mucho, Xiao Zhan! —exclamó sin detenerse a mirarlo.
El mayor se quedó en la cama, acostado bocabajo y riendo como un tonto. Sí, él también se había contenido desde su último encuentro.
Antes de volver a meterse a la cama, Yibo apagó todas las luces y se refugió en el cálido abrazo de Xiao Zhan, con la cabeza recostada sobre su pecho.
—Zhan Ge.
—¿Hmm?
—¿En verdad te sientes muy celoso?
—Tomo un antiácido cada vez que comienza el show.
Yibo rio, pero dejó de hacerlo cuando vio que era real.
—Oh… bueno, debes saber que solo tú me gustas. Solo a ti te amo —lo dijo con mucha simplicidad, pero no porque no tuviera valor, sino porque en realidad no se imaginaba con nadie más.
—¿El fanservice es necesario?
—Lo es. Pero no es más que eso —se acomodó mejor sobre su pecho, apoyando el mentón entre sus pectorales y mirándolo con una sonrisa traviesa.
Yibo no podía estar más feliz al tenerlo ahí. Todo había pasado a segundo plano, en ese momento solo existían ellos dos.
Sin resistirse más a ese lindo rostro travieso, lo atrajo a sus labios.
Se hicieron infinitos cariños y caricias dulces, hablaron de todo un poco, y de vez en cuando tocaban temas serios.
En plena madrugada se sintieron vencidos por el sueño. Cayeron rendidos en los brazos del otro solo para volver a despertar y asegurarse de que no era un sueño. A Yibo le ocurrió varias veces durante la noche, abría los ojos, agitado y tembloroso. Se tranquilizaba solo al sentir el cuerpo tibio y desnudo de Xiao Zhan junto a él. En una de esas ocasiones abrió los ojos espantado, pero se encontró con la dulce mirada de su amado.
—Shh… tranquilo, estás aquí conmigo —le dijo al oído mientras lo abrazaba y acariciaba su espalda.
Los temblores de Yibo se calmaron casi de inmediato. Se aferró a la angosta cintura de Xiao Zhan y lo apretó contra su cuerpo.
—Está por amanecer.
—Cállate —le dijo el menor, malhumorado.
—Tengo que irme antes de que levantemos sospechas. Nadie puede saber esto, ni siquiera nuestros amigos.
Yibo alzó la mirada hasta toparse con esos grandes y preciosos ojos.
—Tienes razón. Pero no quiero que te vayas aún.
—Cinco minutos más —besó la frente de Yibo y se acomodó mejor.
—Cinco minutos más —suspiró—. Zhan Zhan… dile a Mao y a Na Ying Jie que tienes que visitar al dentista una vez por semana, mínimo.
Los ojos del mayor brillaron.
—Lo haré. Aunque…
—Nada de "aunque". Nos veremos y punto. Nadie tiene que saberlo.
No era una mala idea.
—Tendremos que ser más cuidadosos que nunca.
—Lo sé, pero nos veremos y eso es lo que importa—suspiró extasiado.
No tardó mucho en caer rendido una vez más. Al fin estaba durmiendo todo lo que no había podido en ese tiempo de separación.
Xiao Zhan permaneció contemplándolo, no pudo dormir de nuevo. Seguía pensando en la sugerencia de Yibo para verse una vez a la semana, no podía sacarlo ahora de su mente.
Momentos más tarde, desprendiéndose de entre sus brazos, Xiao Zhan entró en un dilema: despertarlo antes de irse o no.
Antes de que el sol iluminara su piel, lo observó. Lo observó por largo rato y lo acarició mientras dormía.
Luego lo besó en los labios, y sin despertarlo lo abrazó con suavidad para que lo sintiera en sus sueños, y de perdido de esa forma lograra recordarlo de aquí hasta su próximo encuentro.
Quería escapar antes de que despertara para no tener que enfrentar esa despedida, odiaba despedirse de él. Ese sentimiento horrible lo hacía querer irse sin decir nada.
Mas de pronto un súbito latido palpitaba en una sincronía inusitada. Tenía su pecho pegado al de él, sus corazones latían al mismo ritmo, hipnótico e increíble.
El sol se asomó entre las cortinas.
En el alba las luces le dejaron ver su cara adormilada bañada por el sol.
Y lo contempló…
Entonces despertó, con ojos llenos plenos de alegría, su boca rosa tibia sonreía, ajeno a todo el mundo, feliz por el simple hecho de despertar junto a él.
Y entonces Xiao Zhan comprendió en ese momento que no se iría.
—Me quedaré —pensó.
Esas palabras no hacían referencia solo a ese momento. Había decidido quedarse en esa relación, quedarse en él.
La expresión feliz y relajada de Yibo fue sustituida por una de repentina tristeza.
Había recordado su realidad. El golpe de verdad fue duro.
—No te vayas —fue lo primero que dijo, tomando el brazo de Xiao Zhan con firmeza.
El corazón de mayor se estrujó.
—Cinco minutos más —besó la frente de Yibo y se acurrucó un rato más a su lado.
A pesar de la felicidad del momento, sintió un gran vacío cuando tuvo que despedirse de él.
—Mao pasará por mí en menos de una hora, tengo que apresurarme a llegar a casa antes de eso.
—¿Tienes un día muy ocupado?
—Bastante.
—Yo también —suspiró, pero luego sonrió. Ese encuentro le había dado la energía y los ánimos necesarios para volver a su rutina con entusiasmo.
La despedida fue tan emotiva como todas, no querían separarse uno del otro, pero al final tuvieron que hacerlo. Aunque ahora estaba la promesa de verse la próxima semana.
No sabían dónde ni cómo, pero lo harían.
Sus siguientes encuentros fueron igual de secretos. Zhan Zhan decía que tenía cita con el dentista y Yibo simplemente hacía alguna rabieta que lo alejaba de los que lo rodeaban, nadie se atrevía a molestarlo cuando estaba enojado. Así que tenía todo el tiempo disponible para Xiao Zhan.
Sus encuentros se convirtieron en su parte favorita de la semana. Se veían en el mismo hotel, todos los sábados por la tarde. Comían, charlaban, hacían el amor un par de veces y dormían en los brazos del otro.
El programa de Street Dance China avanzó y el público comenzó a emparejar a ambos Wang con mayor intensidad, fue cuando Xiao Zhan le hizo por primera vez una escena. Sí, Xiao Zhan se dejó controlar por su celos.
—Y es que no solo es Jackson. También está Boubou, Lay y todos los que te manosean en la más mínima oportunidad.
—¿Lay? —rio. Se esperaba un reclamo por todos, menos por Lay. Sabía cuánto admiraba Xiao Zhan a Yixing.
—¡No te burles! Hablo muy en serio. Wang Yibo, él te quería ver sin camisa.
—¿Y eso qué? Todos me quieren ver sin camisa —bromeó, pero sintió escalofríos ante la mirada fría y penetrante de su amado.
A Xiao Zhan no le causaba risa eso. Por primera vez en su vida estaba siendo víctima de los celos, y vaya que eran intensos.
—Zhan Zhan —puso sus grandes manos sobre la angosta cintura de su pareja, pero este ni se inmutó, seguía cruzado de brazos—. No estés celoso.
El aludido alzó una ceja.
—¿Y si fuera Ayanga quien me manosea así?
—Lo mato.
—¿¡Ves!? —se exasperó. Se alejó del alcance de Yibo y fue a sentarse en el borde de la cama.
El menor lo siguió de inmediato, se sentó a su lado y lo golpeó en el brazo.
—Zhan Zhan, ya, no te enojes más. Eres muy gracioso estando celoso —solo quería aminorar la atmósfera tan tensa que se había formado, pero tuvo un efecto contrario.
Xiao Zhan se giró a mirarlo, frunció el ceño y lo tumbó sobre el colchón, aplastándolo por completo con su peso. Le retuvo las muñecas con su manos, sin escapatoria.
—Esto no es gracioso para mí.
Yibo tragó en seco, Xiao Zhan estaba enojado, pero sus mejillas estaban sonrojadas. Sí, estaba avergonzado por todo lo que sentía en ese momento. Jamás imaginó amar tanto a alguien como para sentir esos celos arrasadores.
Sí, el era el mayor de la relación, se suponía que tenía la madurez suficiente para sobrellevar eso.
Pero simplemente no podía.
Le era imposible ver a Yibo siendo manoseado por otros hombres, ver cómo le coqueteaban y él respondía. Eso simplemente le hacía hervir la sangre como nunca antes le había sucedido con alguna pareja.
—Dime, Xiao Zhan, ¿qué harás al respecto? —susurró en un tono bastante sugestivo. Tenía su rostro a centímetros mientras era aprisionado bajo su cuerpo. Estaba a su merced.
Y en lugar de mitigar el fuego, le estaba echando más leña y aceite.
Xiao Zhan apretó el agarre alrededor de sus muñecas, se inclinó hacia su cuello y lo mordió sin piedad ni recato, dejando marcas con cada beso y mordida que daba, succionando la piel a su alcance.
Eso dejaría marcas, lo sabía, Yibo también estaba consciente de eso, pero no le importó. Le estaba gustando demasiado ese lado dominante de Xiao Zhan.
Esa noche Yibo fue tomado con fuerza. Su cuerpo temblaba ante cada caricia y beso ardiente que Xiao Zhan dejaba en su piel. Hicieron el amor hasta desfallecer, alcanzando más de un orgasmo en ese mismo encuentro.
La piel de Yibo quedó marcada por los dientes y las manos de Xiao Zhan, mientras que la de este estaba llena de arañazos por parte de su amado.
Había sido un encuentro diferente, bastante pasional y un poco agresivo. Sin embargo, Xiao Zhan terminó acurrucándose sobre el pecho del menor, descansando su cabeza ahí mientras recuperaba el aliento.
—Te voy a dar celos más seguido —jadeó Yibo. Su corazón aún latía de forma desenfrenada.
Como respuesta, Xiao Zhan le clavó los dientes en la piel. Yibo rio.
—Me has dejado lleno de marcas.
—Lo sé.
—Zhan Ge… la gente sospechará.
—Pensarán que tienes un romance con alguna chica y desviarán la atención de nosotros, creo que hasta cierto punto es conveniente —su voz sonaba amortiguada debido a que su mejilla derecha estaba aplastada contra el pecho de Yibo, justo sobre su corazón.
—¿Y no te molesta que piensen que tengo un romance con alguien más?
—No, porque sabré que es mentira.
—¿Ah? ¡Pero sí te enojas por Boubou y todos los demás!
—Sí.
—¡Xiao Zhan! —se quejó en un tierno puchero infantil que hizo reír al mayor.
—¿Crees que te duren mucho las marcas? —deslizó su dedo índice sobre ellas.
—No lo sé, aún tengo vestigios de esta —removió la sábana que los cubría y mostró la marca de unos dientes al comienzo de su cadera.
Xiao Zhan lo había mordido muy fuerte ahí, razón por la cual no pudo quitarse la camiseta en el último show.
—Eres una piraña —se quejó el menor.
Xiao Zhan se echó a reír abiertamente.
—Solo marco lo que es mío.
—¡Pero que territorial! —exclamó con cierto tinte de dramatismo aunque la realidad fuera que… amaba eso en él.
Iba a reclamarle algo más, pues había sido tan brusco que le dolían ya las caderas, pero no pudo. Una carcajada pura salió de su garganta cuando Xiao Zhan le hizo cosquillas en el vientre bajo, sobre su ombligo y alrededor de este.
—Amo tu ombligo, lo sabes —acarició su piel con mucho amor, mirando los lunares pequeños que resaltaban en su tez pálida.
—Ah… basta —se retorció.
Sus encuentros eran especiales. Se olvidaban de su situación respecto al gobierno y se centraban en ellos. Dentro de la habitación de hotel no importaba nadie más. Era el mundo exclusivo de Xiao Zhan y Wang Yibo.
Así era, hasta que tenían que volver a la realidad. Se despedían sintiendo un nudo de impotencia en el pecho, contando los minutos para verse de nuevo la próxima semana.
Debido a que no podían tener comunicación entre ellos de ninguna forma, acordaban verse en ese hotel, mismo cuarto, misma hora, cada sábado. Cuando por alguna razón no podían, se encargaban de hacérselo entender al otro por medio de mensajes clave a través de sus publicaciones. Era la única manera, pues nadie más sabía sobre sus encuentros clandestinos.
Desafortunadamente durante el transcurso de la semana Wang Yibo hizo una publicación en su cuenta oficial de Weibo anunciando que estaría fuera de la ciudad por un tiempo. A través de códigos Xiao Zhan logró entender que sería más de una semana, así que posiblemente no se verían en un tiempo.
Sus visitas al dentista cesarían un poco.
Un tanto triste por ello, revisó su itinerario semanal y descubrió que tendría libre todo el fin de semana.
Que desperdicio.
Así que mejor tomó el teléfono e hizo una llamada.
—Hola, mamá —sonrió al escuchar su saludo emocionado de vuelta—. ¿Papá y tú podrían recibirme en casa este fin de semana?
Y así fue como hizo maletas y se preparó para ir a descansar un par de días a su hogar.
—¿Estás seguro de que no quieres que te acompañe? —inquirió Mao.
—No es necesario, pero si quieres venir a pasar un rato en casa eres bienvenido.
—Gracias, pero… aprovecharé el tiempo para ir a Shanghái.
—¿Tu familia está bien? —se apresuró a preguntar, pues recordaba que tenía familiares ahí.
—Oh sí, sí. Es solo que Fei Fei estará ahí el fin de semana por trabajo y quiero visitarla.
—¡Vaya! No pierdes el tiempo —se emocionó.
—Por supuesto que no —sonrió y suspiró, feliz de poder ir a verla—. Por cierto, ¿qué pasó con tu cita con el dentista?
—Se pospondrá un par de semanas —sonrió.
—¿Puedo acompañarte la próxima vez que vayas? Me ha estado doliendo una muela últimamente y… ¿Qué sucede? —preguntó al ver que se tensaba.
—Sí, uhm… vayamos juntos. Ya es hora de abordar —se despidió de él y casi salió corriendo de ahí.
En su hogar fue recibido con brazos abiertos. Sus padres ansiaban verlo desde el incidente con la información filtrada. Y ahora que lo tenían en casa sano y salvo se sentían muy bien.
No tardaron en preguntarle sobre su relación con Yibo, y él no pudo mentirles. Fue completamente sincero y les explicó todo, incluso sus recientes encuentros. No les dijo qué hacían en dichos "encuentros", pero sí les dijo que seguían viéndose a escondidas.
Los puso al tanto de todo y ellos no pudieron juzgarlo, pero sí les preocupaba mucho.
Se sentía algo decaído a pesar de estar en su hogar. Verse con Yibo le ayudaba a aligerar la carga, en el momento que estaba junto a él se sentía feliz y capaz de todo. Pero la separación se hacía cada vez más dolorosa y difícil. Volvían a poner los pies sobre la tierra. El golpe de realidad les caía con más peso semana tras semana.
¿Así sería la relación durante el resto de su vida?
¿Se resumiría a encuentros casuales para tener sexo y luego volver a la vida real?
No, no quería eso, y hablar de ello con sus padres lo ayudó a aclarar su mente y a tranquilizar su corazón.
—Zhan Zhan, ¿quieres ir con nosotros a la exposición de faroles? —sugirió su madre.
—Como en los viejos tiempos —añadió el señor Xiao.
¡La exposición de faroles!
Lo había olvidado por completo. En su última visita a la ciudad no dejó de describirle a Yibo la majestuosidad de esa exposición que más bien parecía un festival. Le había dicho que irían juntos, pero por obvias razones ya no era posible.
Maldita vida.
—Me encantaría ir con ustedes —respondió luego de pensarlo unos momentos.
El día del festival se llegó, hacía un poco de frío, la familia Xiao iba abrigada. Papá y mamá caminaban a cada lado de su hijo. Xiao Zhan le ofrecía el brazo a su madre para que caminara sintiendo su calor, y su padre descansaba un brazo sobre sus hombros.
La escena era cálida y familiar. Se veían como unos padres amorosos que habían extrañado mucho a su hijo, y a un hijo feliz de estar entre ellos, sintiendo su amor.
Había demasiada gente en el lugar, ya había oscurecido y los faroles brillaban en todo su esplendor.
Caminando con sus padres a sus costados, Xiao Zhan se sintió como un niño de nueve años una vez más.
—Tengo hambre —dijo de pronto, alegrando a sus padres con esa simple noticia porque no había querido comer en todo el día.
—Mira, cariño. Hay un puesto de comida rápida ahí —señaló un food truck junto al lago artificial.
Hambriento, tomó rumbo hacia el lugar mencionado, aún con sus padres a cada lado.
Pero mientras se abrían paso entre la multitud, alguien pareció reconocerlo, ninguno de la familia Xiao se percató de ello. Simplemente no pensaron que podría ocurrir, pues era de noche, la única iluminación provenía de los faroles gigantes y había una increíble multitud de gente, todos y cada uno con bufandas o mascarillas que cubrían la mitad de sus rostros.
Reconocer a alguien en esas circunstancias sería muy difícil, en especial porque cada uno estaba en sus propios asuntos.
Pero no fue así para esa persona, quien, con solo mirar su andar, supo de quién se trataba.
—¡Wei Ying!
Continuará…
¡Hola, pastelitos!
Adoro dejarlas con el suspenso, aunque… esta está fácil. ¿Quién podría reconocer a Xiao Zhan solo mirando su andar?
Bueno, todas las fans ya lo hacemos, pero… jajajajajaja hagan sus teorías.
Gracias por todo!
05/12/2020
10:00 p.m.
