Capítulo 72 "Deseo eterno e inalcanzable"

—¡Wei Ying! —gritó a todo pulmón.

La gente a su alrededor lo miraba y enseguida lo ignoraba pensando que era una persona más entre el montón. Pero Xiao Zhan… Xiao Zhan giró su cabeza tan rápido ante el llamado que trastabilló un poco en su andar.

Sus miradas se conectaron entre la multitud de personas, fue una conexión de segundos, pero para ellos fue un momento eterno.

El que soltó el grito comenzó a andar hacia él, con pasos temblorosos al principio, pero cada vez más firmes.

Xiao Zhan casi olvidó que iba con sus padres, caminó con largos y apresurados pasos para acercarse a ese hombre que lo llamó con aquel nombre. Era su Di Di, no había duda alguna a pesar de que estaba cubriendo su identidad por completo.

Cuando estuvieron muy cerca uno del otro, detuvieron su andar para evitar una colisión y se fundieron en un fuerte y casi agresivo abrazo. No se dijeron nada, solo se abrazaron con mucho amor, pasando inadvertidos entre la muchedumbre que con desinterés pasaba de largo junto a ellos para seguir con su camino como si no existieran.

—Xiao Zhan —suspiró su nombre completo dentro del reconfortante abrazo. Posó su nariz sobre el cuello de su amado y aspiró fuertemente su olor. Tenía ese perfume en casa, sí, pero no era lo mismo. Amaba el olor del perfume mezclado con la esencia propia de él. Era un olor único en el mundo.

—Oh Bo Di, te he extrañado tanto —susurró en su oído.

No había pasado ni una semana desde la última vez que se vieron, pero ya se habían resignado a no verse ese sábado, así que el alivio de tenerse en los brazos del otro era maravilloso.

—Si no estuviéramos en público, te besaría —volvió a susurrar en su oído, sintiendo la risa de Yibo contra la piel de su cuello.

El menor no dijo nada, se separó de él solo centímetros para bajar su propio cubrebocas y el de Xiao Zhan antes de unir sus labios en un delicioso y totalmente inesperado beso. Lo tomó de las mejillas para cubrir el beso de los ojos fisgones de cualquier entrometido, pero por fortuna nadie les prestó atención. Pudieron besarse por primera vez en un lugar así, en público, rodeados de la magia de ese parque lleno de faroles con formas majestuosas de animales, edificios y obras de arte.

Los señores Xiao los observaron desde lejos, pero al ver que se besaban sintieron que debían darles privacidad, así que se giraron a ver otra cosa. Fue un gesto muy tierno, considerando que se estaban besando en público.

—Yibo —murmuró al separarse solo centímetros de él, había un poco de reproche en su voz.

—Lo sé, lo sé —su tono era ronco y áspero, parecía sentir dolor por haber terminado con el beso. Pensó que su amado seguiría regañándolo por el atrevimiento y el riesgo, pero…

—Quiero otro —fue lo único que dijo Xiao Zhan antes de unir sus labios una vez más, tomándolo de las mejillas, ocultando el beso de los demás y cubriendo un poco su rostro. Desde cualquier ángulo parecían solo un par de desconocidos más.

Era increíble cómo en verdad pasaban desapercibidos en medio de la multitud. El parque estaba lleno de gente, de parejas de todas las edades e incluso de una que otra pareja homosexual. Eso los sorprendió un poco, pero permanecieron en su burbuja de amor un poco más.

Los señores Xiao se acercaron a ellos cuando vieron que el beso terminó. No se contuvieron y abrazaron a su hijo adoptivo con mucho cariño, ellos también lo habían extrañado.

—Iremos por algo de comer —dijo la señora Xiao, sonriéndoles a ambos.

—Los alcanzaré en un momento —prometió Xiao Zhan, pero sus padres negaron de inmediato con la cabeza.

—Quédate con él —dijo su padre—. Nos vemos en casa —le guiñó un ojo.

—Gracias —suspiró y los miró con mucho amor antes de tomar a su Bo Di de la mano y comenzar a pasear por el lugar. Estaban muy cómodos a pesar de estar en un sitio público. Nadie les prestaba atención, y eso les encantaba.

Recorrieron todo el parque sin soltar sus manos, decidieron olvidar los problemas por un momento y disfrutaron de esa "cita" en la que se había convertido su encuentro.

—¿Es normal que me sienta nervioso? —inquirió Xiao Zhan con voz baja, su voz sonaba amortiguada por el cubrebocas y su bufanda.

—Te suda la mano, ¿por qué estás nervioso?

—Porque… esta es nuestra primera cita en público.

—No lo es. Tendremos nuestra primera cita en público y será mil veces mejor porque pasaré por ti en mi moto, cenaremos en un restaurante delicioso y luego caminaremos por la ciudad sin temor a ser vistos.

Xiao Zhan suspiró, eso sonaba demasiado bien. Apretó la mano de Yibo, pero luego intentó soltarla.

—¿Qué haces? —inquirió Yibo al verlo limpiarse la mano contra la tela de su pantalón—. ¿Es en serio? —rio.

Las mejillas del mayor se tornaron rosadas. Sí, no quería que sintiera el sudor de su mano.

—Adorable, eres simplemente adorable —se detuvo un segundo para quitarle las gafas que traía, le bajó el cubrebocas solo un poco y entonces lo besó, fue un beso más pasional que antes.

Al finalizar le volvió a acomodar sus gafas, diciéndole lo lindo que se veía con ellas.

—No son mero accesorio —se las acomodó mejor, enfocando su vista.

—Oh… no traes tus lentes de contacto.

—No.

—¿Te han irritado los ojos?

—Bastante.

Se tomaron de la mano una vez más y se perdieron de nuevo entre la multitud.

—Pausa —dijo de pronto Yibo, haciendo que el otro detuviera su andar.

—¿Disculpa?

—Pido pausa a nuestra separación y a los problemas. Solo por esta noche disfrutemos del momento y no hablemos sobre la situación… por favor.

—No soy yo quien la está sacando a tema —se burló Xiao Zhan.

—Hablo en serio —se quejó.

Entonces el mayor afianzó el agarre en sus manos y asintió con una sonrisa solemne.

—Está bien, hagamos una pausa.

Continuaron su recorrido y se detuvieron en un puesto de comida en el que estaban también los señores Xiao, cenando muy cerca uno del otro, él rodeaba a su esposa con un brazo y ella se dejaba querer. Esa escena conmovió al menor.

—Tus padres son increíbles.

—Son unos cursis.

Yibo lo codeó con fuerza, mirándolo con reproche.

—¿Qué? —rio—. Es la verdad.

—Son… increíbles —suspiró. Él en verdad esperaba llegar a esa edad con su Zhan Zhan.

—Pediré nuestra comida para llevar, ¿te pare bien si cenamos en algún rincón del parque?

Yibo asintió. Xiao Zhan solo podía ver sus ojos, pero con eso bastó para saber que estaba sonriendo como tonto debajo de su cubrebocas.

Buscaron un buen lugar para cenar y se sentaron sobre el césped frente al lago artificial del parque. Había poca iluminación y nada de gente alrededor así que se pudieron quitar los cubrebocas con tranquilidad.

Cenaron bajo la luz de la luna, con el bullicio de la gente como música de fondo y con su calor corporal cerca del otro. A la cena le siguió una dulce sesión de besos bajo ese cielo estrellado.

En ese momento fueron felices, decidieron ser egoístas y no pensar en nadie más que en ellos. Se lo merecían.

—¿Qué traes ahí? —inquirió Xiao Zhan, señalando la mochila que Yibo traía y trataba con tanto cuidado, la había dejado sobre el césped muy cuidadosamente antes de sentarse, y eso lo hizo sospechar desde el principio.

—Antes de encontrarme contigo, yo… —lo pensó unos segundos.

—¿Tú…?

—Compré algo en uno de los puestos de la feria.

—¿Y por qué te avergüenzas? —le picó una mejilla.

—No me avergüenzo.

—Claro que sí, solo mira tu rostro —lo pellizcó. Con eso solo logró que Yibo le diera un golpe con su palma abierta.

—Compré una linterna —abrió su mochila y comenzó a sacar muchas cosas—. Bueno, el material para hacer una —corrigió—. Pensaba esconderme en este lugar, armarla y hacerla volar.

Los ojos de Xiao Zhan brillaron al saber eso y al ver el material.

—¿Puedo ayudarte a armarla?

—Por favor.

Con gran entusiasmo comenzaron a armar la linterna. Wang Yibo se encargó de la estructura y de ensamblar todo en su lugar. Era una linterna pequeña, pero lo suficientemente grande como para volar alto.

En esos momentos muchas personas armaban y hacían volar sus propias linternas, podían notarlo al verlas brillar en el oscuro cielo nocturno.

Luego de que estuviera armada, Xiao Zhan tomó pincel y tinta para hacerle un lindo dibujo.

—Sabía que harías eso, lo sabía —sonreía de oreja a oreja.

—¿Tan predecible soy?

—Bastante —suspiró con nostalgia unos momentos mientras observaba los hermosos conejos dibujados sobre el papel.

—¿No te recuerda a…? —fue interrumpido.

—Totalmente, Wei Ying, totalmente —le robó un corto y dulce beso antes de poner manos a la obra para encenderla—. Hagamos que vuele, ¿ya sabes qué pedirás de deseo?

—Es probable que sea lo mismo que tú.

Wang Yibo frunció su expresión de una forma chistosa.

—Imposible. No puedes pedir: "Quiero ver a Xiao Zhan en sexy lencería y hacerle el amor toda la noche" porque sería imposible, no hay dos Xiao Zhan y… —silenció ante la carcajada de su amado, esa bella y escandalosa risa que le hacía olvidar todo para concentrarse solo en él.

—Eres un tonto, Wang Yibo.

El aludido solo sonrió con orgullo.

Ambos pidieron sus deseos y se negaron fervientemente a revelarlo, pues ¿y si no se cumplía?

Juntos lograron ver cómo esa linterna con un par de conejos dibujados en ella subía cada vez más hacia el cielo. Entrelazaron sus dedos y admiraron la belleza de la noche.

Al terminar ese momento, decidieron ir a la zona de juegos, parecía una pequeña kermesse. Zhan Zhan fue directo a un puesto en el que había tiro con pistolas de juguete, se emocionó y compró un par de boletos para ganarse un premio jugando.

Intentó una, y otra, y otra vez. Compró más y más boletos para tener más oportunidades, pero no lograba ganar nada. Frustrado, se dio cuenta de que ya había gastado más en los boletos que en el costo de cualquiera de esos premios.

—¿Por qué tan insistente? Vamos a otro —Yibo se veía más interesado en otros puestos.

—Quiero ese peluche.

—¿Cuál?

Zhan Zhan señaló un león de peluche colgado en el extremo más superior.

—Oh… ¿El cachorro de león?

—Sí —volvió a apuntar con su "arma", disparó y perdió.

Suspirando, Yibo le compró un boleto al encargado del puesto, le quitó el "arma" a Xiao Zhan y de un solo tiro se ganó el premio.

—Escoge tu premio, conejito —le guiñó un ojo, bastante coqueto.

Con sus mejillas tiernamente enrojecidas, Xiao Zhan le indicó al encargado cuál era el premio que quería.

—Un león, como el de nuestro fandom.

—Exactamente. Eres tú.

—No, porque no tiene melena, es solo un cachorro.

Xiao Zhan rio y rodó los ojos.

—Un pequeño cachorro, igual que tú.

—No es cierto.

—Es lo que eres.

—Claro que no.

—Claro que sí.

—Por supuesto que no.

—Zài zài.

—¿Qué? —espetó.

—Te amo.

Eso bajó por completo la guardia de Yibo. Se quedó en silencio, con el corazón agitado como si fuese la primera vez que le decía aquello.

—Y gracias por esta noche, por haberme detenido al verme, por… por todo. Gracias.

Yibo no pudo decir nada, tragó en seco y extendió una mano para acariciar su mejilla antes de bajar ese cubrebocas y besar sus labios.

—Te amo —respondió el menor al fin, susurrando sobre sus labios carnosos, rozándolos con los propios en esa tierna caricia.

Xiao Zhan bajó la mirada al cuello de Yibo, notó que algo brillaba y no lo pensó dos veces antes de tomar con sus dedos la fina cadena de oro blanco. Los ojos de Zhan Zhan brillaron por la emoción.

—Lo traes puesto.

—No sé por qué te sorprende, lo he traído todo este tiempo, ya lo habías visto hace semanas.

—Sí, pero… pensé que te lo ponías porque ibas a verme.

—No seas tonto, me encantó, siempre lo traigo puesto.

—¿Y el dije de Buey?

—Lo tengo guardado, es uno de mis tesoros más preciados. Después de todo me lo regalaste cuando apenas nos estábamos haciendo amigos.

¡Cómo olvidarlo!

Lleno de nostalgia, Xiao Zhan acarició el dije de león que pendía de esa fina cadena. Él también tenía el suyo. Era un juego de dijes de pareja. El de Xiao Zhan era de un lindo conejito. Le habría gustado quedarse él con el león y darle a Yibo el conejo, pero eso definitivamente levantaría más sospechas.

—¿Le pondrás nombre al peluche?

—Uhm… BoBo. Pequeño BoBo —rio—. En verdad me recuerda tanto a ti. Cuando no estemos juntos dormiré abrazado a él.

Rodando los ojos, Yibo le dio una sutil patada en el trasero que lo hizo reír mucho.

—¿Y te quejas diciendo que tus padres son cursis? Vaya hipócrita.

—¡Oye…! —estaba a punto de gritarle su nombre completo, pero se contuvo al recordar dónde estaban—. Lan Wangji… —murmuró entre dientes, pero feliz antes de alcanzarlo y devolverle la patada.

Como un par de niños tontos siguieron disfrutando de la noche, casi libres.

Lo más difícil fue el momento de despedirse. Al salir de ese parque lleno de gente serían vulnerables otra vez al público. En la calle llamaban más la atención que en ese lugar rodeados de tantas personas.

Al final se despidieron, prometiendo verse de nuevo en el hotel de siempre. Wang Yibo regresaría a Beijing en unas horas, pues había hecho una parada ahí solo para firmar un contrato, pero no quiso desaprovechar la oportunidad de encontrarse con su Zhan Zhan, y lo había logrado.

Se besaron una vez más. Xiao Zhan mordisqueó el labio inferior de Yibo de forma traviesa como tenía por costumbre y el menor le respondió con más intensidad, degustando en su boca el sabor del enorme algodón de azúcar que se había terminado hace solo unos momentos.

—Te amo —susurró Yibo, con su frente pegada a la de él, ambos con los ojos cerrados y deseando que esa despedida fuese solo un sueño.

—Te amo —respondió en un murmuro dulce, íntimo y ajeno a todo el ruido y la gente que pasaba cerca de ellos. Despacio, soltó las mejillas de Yibo y lo dejó libre—. Pórtate bien, ¿si? —le revolvió el cabello luego de haberle acomodado el cubrebocas en su lugar.

Yibo esbozó una preciosa sonrisa que Xiao Zhan solo pudo apreciar en el brillo de sus ojos. El menor nunca lo iba a admitir, pero adoraba cuando su amado se portaba de ese modo con él: paternal, cálido y tiernamente cariñoso.

Se separaron. Yibo se quedó parado en el sitio de la despedida, con manos en los bolsillos y viendo cómo el amor de su vida se alejaba de él. Cada ciertos pasos Xiao Zhan miraba por sobre su hombro y sonreía al notar a Yibo aún ahí, mirándolo.

Cuando Xiao Zhan llegó a su casa se encontró con sus padres esperándolo en la sala. Ambos lo miraron de pies a cabeza, deteniéndose a analizar su expresión. Estaban felices por el reencuentro, pero preocupados por el efecto "post-Yibo" que sufriría su hijo. Sabían que era el hombre más feliz del mundo al ver a su amado, pero sabían también que la despedida podía destruirlo por varios días. Era un arma de doble filo, en especial porque ya había logrado superar un poco la separación (o eso creían ellos).

Lo vieron entrar tranquilamente a la sala, cargando un peluche bajo el brazo y con su mirada algo distante. Su cuerpo estaba presente, pero su mente se encontraba muy lejos de ahí. A pesar de ello, había una linda y pequeña sonrisa en sus labios. Eso tranquilizó a sus padres.

—¿Cómo les fue? —preguntó el señor Xiao con verdadera intriga. Miró por encima del hombro de su hijo, esperando ver a Yibo detrás de él, pero no fue así.

Xiao Zhan suspiró con tanta pesadez que casi se le escapó el alma en el acto.

—Bien —sonrió de lado y miró el peluche en su brazo—. Iré a tomar un baño —dijo luego de unos segundos en completo silencio.

Sus padres no le despegaron la mirada sino hasta que desapareció escaleras arriba. Nut no tardó en bajarse del regazo de la señora Xiao para ir tras él.

—¿Quieres que te suba algo de cenar? —preguntó ella al pie de la escalera.

—No tengo hambre, gracias, mamá.

Los señores se miraron mutuamente, preocupados. No por el hecho de que no tuviera hambre, sino por su estado: no se encontraba bien.

Xiao Zhan tomó un largo baño caliente, se sumergió en la bañera hasta que el agua le llegó por debajo de la nariz y cerró los ojos. No podía dejar de pensar en cómo era su vida, en lo que se resumía su relación amorosa: era triste.

Un poco decaído, terminó su baño cuando el agua se enfrió y se fue a dormir.

Antes de ir a la cama, su madre decidió hacer una parada en la habitación de él.

—Hola, mamá —saludó al verla entrar. Él estaba ya sobre su cama, con su cálido pijama y Nut durmiendo sobre su estómago. Zhan Zhan no dejaba de mirar al peluche que tenía en sus manos.

Ella caminó hasta sentarse en la orilla, junto a él.

—¿Cómo estás? —preguntó con un tono suave y conciliador.

Eso fue como haber activado un interruptor. Los ojos de Xiao Zhan se volvieron acuosos y su expresión se transformó en una llena de sentimientos contradictorios. Sin embargo, no soltó ni una sola lágrima.

—Me preocupas —dijo ella al no obtener respuesta verbal.

—No lo hagas, estoy bien. Lo digo en serio —sonrió levemente—. Ver a Yibo me… puso el mundo de cabeza una vez más, pero estoy feliz. Estos encuentros con él me han servido para saber de él y asegurarme de que está bien. Eso me tranquiliza —suspiró.

—Pero… lo sigues extrañando.

—Siempre —respondió sin dudar—. Cada vez me es más difícil despedirme.

—Y estoy segura de que él se siente igual.

—Lo hace —sonrió de lado.

—¿Y eso? —señaló al peluche.

—Yibo lo ganó para mí.

Ella soltó una risa en verdad encantadora.

—Adorable.

—Es lo que siempre le digo.

Después de un rato de charla, la señora Xiao decidió que era hora de descansar.

—Intenta dormir un poco —se inclinó sobre él y le dio un dulce beso en la frente antes de arroparlo como cuando era un niño.

Xiao Zhan se dejó consentir, mirándola como si fuera lo más maravilloso en el mundo. Saber que tenía a sus padres apoyándolo en cada momento era algo que le daba el valor suficiente para enfrentar casi cualquier adversidad.

Intentó dormir, pero no pudo, no pudo porque esa recámara solo le traía recuerdos hermosos que deseaba vivir de nuevo. Recordaba las veces que le hizo el amor a su prometido, recordaba la propuesta de matrimonio entre esas mismas sábanas.

Le dolía el pecho con solo recordar aquello.

Abrazó a Nut y solo eso le ayudó a conciliar el sueño pronto.

El fin de semana con sus padres fue tranquilo, logró descansar, pero no veía la hora de volver a ver al amor de su vida.

Al terminar esas cortas vacaciones, volvió a su vida normal: compromisos, trabajo, entrevistas, filmaciones de comerciales, series y hasta una película. Tenía demasiado trabajo, pero todo parecía complicarse cada vez más debido a que mucha gente estaba enfermando de neumonía.

Por su parte, Yibo también tenía mucho trabajo por hacer, viajaba de una locación a otra para cumplir con su trabajo. Pero cuando tuvo un pequeño tiempo libre, salió a pasear con su nuevo y gran amigo Jackson Wang.

Habían terminado la grabación del nuevo capítulo, aún era temprano y como cierto tema había salido a flote, Jackson no quitó el dedo del renglón sino hasta que se salió con la suya.

Wang Yibo había estado tomando clases de manejo para poder solicitar su licencia de conducir. Se suponía que su padre le iba a enseñar, después fue Xiao Zhan quien se ofreció, pero debido a las circunstancias tuvo que optar por clases privadas. Y ahora que su gran amigo lo sabía, se ofreció a enseñarle lo que sabía dándole consejos.

—¿Estás seguro de que quieres que conduzca tu auto? —inquirió Yibo al ver que se trataba de un modelo de lujo muy reciente de Audi.

—Sí, sí, sí —le dio las llaves y lo empujó al interior antes de subirse al asiento del copiloto—. Sabes encenderlo, ¿verdad?

Wang Yibo se echó a reír y rodó los ojos.

—Claro que sí, idiota.

—Entonces… ¿Qué esperas?

No muy seguro aún de esa idea, lo encendió y comenzó a andar por la ciudad. Era un miércoles por la noche, no había tanto tráfico, así que todo se veía sencillo.

—Nada mal, primo.

Wang Yibo sonrió de lado sin despegar la vista del camino.

—Conduces bien, pero… vas muy por debajo del límite de velocidad. ¡Acelera! Pareces abuelita.

Yibo se echó a reír.

Karma.

El karma hacía efecto cuando menos se lo esperaba. Xiao Zhan se estaría riendo como tonto si hubiese escuchado aquello.

Yibo aceleró, pero fue entonces cuando se percató de una moto que venía detrás de ellos desde varios kilómetros atrás.

—¿Ya lo notaste? —preguntó Jackson de pronto.

El menor asintió.

—Gira a la derecha en la siguiente calle.

Yibo obedeció, pero vio con preocupación cómo esa moto hacía lo mismo. Muy pronto ya eran seguidos por dos motocicletas. Iban tan pegadas al auto que, sin duda alguna, iban tras ellos.

—Son paparazzi —aseguró Jackson al ver que el pasajero de cada moto traía su cámara mientras el piloto se aseguraba de conducir muy cerca de ellos.

—Nos están siguiendo desde que salimos —aseguró Yibo.

—Demonios.

—Lo siento.

—No te disculpes, no es tu culpa. ¿Quieres que conduzca para que nos pierdan de vista?

—Por favor —estaba tenso—. ¿Dónde me orillo?

Jackson Wang empezó a buscar un lugar seguro, pero no lo había.

—Tendrás que atravesar el túnel, del otro lado hay una división, toma el camino a la derecha y ahí podremos cambiar. Pero tendrás que acelerar, vas muy lento.

—Bien, bien —pisó el acelerador y se tensó aún más.

Lograron separarse de las motocicletas, pero estas los volvieron a alcanzar dentro del túnel.

Una de ellas se puso a la par del auto y el conductor los miró fijamente, pero ellos no pudieron reconocerlo debido al casco.

—¿¡Pero qué demonios!? —exclamó Jackson al sentir que una de las motos golpeaba la defensa trasera del auto.

La adrenalina en ambos aumentó considerablemente.

—¿Qué hago? —ceñía el volante entre sus manos con tanta fuerza que sus nudillos se veían blancos.

—Acelera —vio que la moto seguía golpeándolos por detrás, mientras que la otra seguía junto a ellos. Cada ciertos metros hacía el intento de meterse en su camino—. Mierda, ¿¡pero qué demonios!?

Yibo comenzó a temblar. Ya iba más rápido de lo permitido. Tenía miedo.

Entonces ocurrió.

La motocicleta que iba junto a ellos finalmente les cerró el paso atravesándose en el carril.

—¡Cuidado! —gritó Jackson al ver que el idiota de la moto ocupaba de pronto su carril.

Yibo no tuvo otra opción más que hacerse a un lado para no arrollar a la motocicleta, pero eso solo ocasionó que el auto terminara estrellándose contra una de las columnas de ese túnel.

El impacto fue intenso, fue un golpe en seco que aturdió los sentidos de ambos. Las bolsas de aire se abrieron, los cristales se rompieron y el cinturón de seguridad por poco los mata.

La columna terminó incrustada en el motor del auto mientras que ambos chicos trataban de no ahogarse con las bolsas de aire que los salvaron de morir de una contusión cerebral.

Aún en shock, Wang Jackson logró articular palabra.

—¡Yibo! ¡Yibo! ¿Te encuentras bien? —logró hacer que la bolsa se desinflara, miró a su amigo y se espantó, estaba inconsciente.

Con manos temblorosas buscó su teléfono y llamó a emergencias, ajeno a que mucha gente había presenciado el accidente y ya habían llamado incluso a una ambulancia. El accidente había sido bastante aparatoso, y personas desde afuera intentaban abrir el auto para ver si estaban bien, y sacarlos, pero era imposible.

—¿Se encuentran bien? —se asomó un hombre por la ventana del copiloto.

Jackson se sintió aliviado.

—Yo estoy bien, pero mi amigo… —miró a Yibo y se le formó un nudo en la garganta.

El auto había quedado tan prensado que no podía acercarse a él lo suficiente.

—No lo muevas, las ambulancias vienen en camino.

—Gracias… —hasta ese momento se dio cuenta de que estaba temblando—. Yibo… ¡Yibo! —quería hacerlo reaccionar al menos a gritos, pero no funcionó.

Un equipo de bomberos y paramédicos llegó enseguida. Tuvieron que cortar las puertas del auto para sacar a Jackson. Él se encontraba bien, pudo ponerse de pie y estaba prácticamente ileso. Sin embargo, lo subieron a una ambulancia, listo para llevárselo a urgencias siguiendo el protocolo. Pero él no se iba a mover de ahí hasta ver que Yibo estuviera bien.

—Tranquilo, ya están sacando a tu amigo —le dijo un paramédico, impidiendo que corriera hacía él.

Estaba angustiado, Yibo seguía inconsciente. Luego de muchas dificultades lograron sacarlo del auto, lo pusieron en una camilla y se lo llevaron de inmediato al hospital.

Los medios no habían tardado en llegar, menos aún al enterarse de quiénes se trataba el asunto.

Así fue como la noticia del accidente se esparció como pólvora a través de todos los medios.

Las ambulancias no llegaban aún al hospital cuando la noticia estaba en todas las redes sociales.

"Wang Yibo y Wang Jackson tuvieron un aparatoso accidente de auto".

Wen Pei corrió al hospital cuando se enteró de ello, y no fue el único, los padres de Wang Yibo tomaron el primer avión que encontraron rumbo a Beijing apenas se enteraron.

El único que no se enteró de inmediato fue… Xiao Zhan.

Se encontraba muy ocupado en un set de grabación, tanto que ni siquiera tuvo tiempo de ver su teléfono en todo el día.

Mao vio la noticia y fue quien le informó de inmediato a Wen Pei, pero no le dijo nada a Xiao Zhan porque necesitaba concentrarse en ese trabajo, y sabía que al decirle aquello dejaría todo por ir tras Yibo, además… tenía la ligera sospecha de que esos dos se veían a escondidas.

Él y Wen Pei habían tenido ya varias charlas al respecto. Ahí los dos se dieron cuenta de que los días en que Xiao Zhan iba al dentista, eran los mismos días que Yibo se escapaba sin dar explicaciones.

Ese asunto era muy sospechoso, pero decidieron no hablar sobre eso con ellos.

A pesar de haber decidido eso, Mao permanecía constantemente preocupado por Wang Yibo y Xiao Zhan. Sí, se veían muy felices desde esas citas con el dentista, pero él temía mucho más por su seguridad y bienestar. El gobierno no era estúpido, y por más que ellos intentaran ocultar sus encuentros… de una u otra forma lograrían darse cuenta.

Y este accidente no podía más que confirmar sus sospechas. No tenía dudas de que era el gobierno actuando.

Mao salió de sus pensamientos cuando vio a Xiao Zhan acercándose a él con una gran sonrisa.

—¿Has visto mi teléfono? —le preguntó sin borrar su sonrisa.

—No, ¿ya terminaron las tomas?

—Me dieron un descanso, volveré en cinco minutos —buscaba su teléfono insistentemente con la mirada—. ¿Estás seguro de que no lo has visto?

—No lo he visto.

Xiao Zhan dejó de buscar y lo miró a los ojos.

—¿Te encuentras bien? Te veo pálido.

Mao se tensó aún más, nunca había sido bueno mintiendo.

—Mejor vuelve, parece que Na Ying Jie te está buscando —señaló con la mirada a su querida manager.

—Bien —lo miró unos segundos más, buscando en sus gestos lo que sus palabras no decían.

Luego de no encontrar las respuestas que quería, se fue, ajeno a todo lo que estaba ocurriendo en cierta sala de urgencias.

Los paramédicos lograron hacer reaccionar a Yibo durante el camino. El pobre estaba muy asustado, miraba con desesperación todo a su alrededor, dándose cuenta de que su cuerpo estaba inmovilizado, ni siquiera podía girar su cabeza.

Le explicaron lo que había sucedido y eso solo lo alteró más.

—Jackson… ¿Cómo está él?

—Necesitas calmarte —el paramédico puso una mano sobre su pecho y tomó su mano para darle ese apoyo que necesitaba—. Tranquilízate, tu amigo está bien, lo llevan en otra ambulancia hacía el mismo hospital, pero está bien.

De inmediato el paramédico sintió cómo el corazón de Yibo comenzaba a calmarse. Miró el monitor de signos vitales y notó que sus niveles se normalizan con lentitud, pero lo hacían.

—Ahora dime, ¿te duele algo?

—No… bueno, el cuello —seguía en shock, su cuerpo trémulo lo demostraba.

—¿Puedes mover tus pies?

Yibo movió sus pies.

—Bien. Ya vi que tus manos también —sonrió de lado al sentir que no había dejado de apretarle la mano con bastante fuerza—. Vas a estar bien. El auto recibió todo el impacto, tú y tu amigo estarán bien.

—Gracias… gracias —poco a poco fue disminuyendo su temblor.

Cuando los recibieron en urgencias los mantuvieron a cada uno en un cubículo privado, los revisaron minuciosamente hasta descartar cualquier daño serio.

Los dos estaban, por fortuna, ilesos. Yibo se había desmayado por el shock, y ambos se llevaron de recuerdo solo un dolor de cuello por el impacto.

—No fue un simple accidente —dijo Wang Jackson cuando al fin lo dejaron entrar al cubículo de Yibo. Ahí estaban ellos dos y Wen Pei, este último no dejaba de darle mil vueltas al asunto.

—¿Por qué lo dices? —preguntó Yibo. Él seguía recostado en la camilla, portando un collarín idéntico al de su amigo. Se sentía exhausto después de tal susto.

—Viste que traían cámaras. Se supone que eran paparazzi, pero…

—No nos tomaron ni una foto…

Jackson asintió con cuidado.

—Entonces, ¿qué eran?

—¿No es obvio? —intervino Wen Pei por primera vez—. Ellos saben que te sigues viendo con Xiao Zhan y esta es su forma de castigarlos.

Yibo lo miró con ojos muy abiertos.

—Si Mao y yo nos dimos cuenta, ¿acaso crees que el gobierno no? ¡Ja! Par de estúpidos —se cruzó de brazos y comenzó a caminar por el cubículo con pequeños pasos, muy pensativo—. Y no somos los únicos que nos dimos cuenta —señaló a Jackson con la mirada.

—Lo siento, broh, pero tú y Zhan Zhan son bastante obvios.

Yibo frunció el ceño y se mordió el labio, lleno de impotencia. Luego miró a su manager y se asombró al percatarse por primera vez de su rostro lleno de enojo e impotencia.

Se estaba aguantando las ganas de gritarle y regañarlo solo porque Jackson estaba ahí y porque se encontraban en un hospital.

—Llevamos mucho tiempo aquí, ¿cuándo nos podremos ir a casa?

—Te van a hacer un último estudio, ya sabes…

Yibo frunció mucho el ceño, estaba por negarse y decirles que él estaba bien de su corazón, pero la voz de Xiao Zhan diciéndole "No seas imprudente" sonó en su mente. Se calmó y esperó con paciencia.

—Jackson…

—¿Si? —seguía ahí a pesar de que ya se podía ir.

—Lamento lo ocurrido, no hubiera sucedido si no hubieses estado conmigo. Lo siento mucho. Y sobre tu auto… te lo pagaré.

—Hey, no digas eso —caminó hasta llegar a su lado—. Además, el seguro se hará cargo de todo.

—Pero…

—Shh, no digas más. Lo importante es que ambos estamos bien. Solo eso importa.

Yibo asintió.

Pronto llegaron por él para llevárselo a un estudio. Ese día Wang Jackson se enteró de los problemas de salud de su amigo, le costó trabajo creerlo, pues lo había tomado por sorpresa.

Y cuando todos los resultados fueron alentadores, Wang Yibo fue dado de alta al mismo tiempo que se llevaba la enorme y bella sorpresa de que sus padres estaban ahí, esperando por él en la sala.

La señora Wang prácticamente corrió hacia su hijo hasta poder envolverlo en sus brazos con una fuerza abrumadora.

—Estás bien, hijo, estás bien —se repetía a sí misma, pues durante el viaje hasta la ciudad estuvo tremendamente ansiosa. Su esposo no estaba en mejores condiciones, cuando la señora Wang soltó a Yibo, fue su padre quien lo atrapó en sus brazos.

—Nos diste un gran susto, Yibo.

—Lo siento —correspondió el abrazo con cariño, suspirando al sentir ese abrazo paternal una vez más después de tantos años.

Cuando se separaron pudieron ver cómo la señora Wang abrazaba a Wen Pei y a Jackson también, agradeciéndoles por cuidar de su retoño tan bien.

—Vámonos a casa —su madre lo rodeó cariñosamente con un brazo y así se fueron juntos.

Wen Pei se encargó de llevar a Jackson salvo y sano a su casa. Ambos iban en completo silencio hasta que el menor habló.

—Su única intención era hacernos perder el camino —murmuró, seguía espantado—. Se tomaron la molestia de hacerse pasar por paparazzi solo para… ¿Para hacer que nos estrelláramos?

—Retorcido, ¿no?

El pobre seguía incrédulo.

—¿Yibo y tú están seguros de que se trata del gobierno? —le preguntó al agente.

—En esta ocasión… no puedo estar seguro.

A esa misma hora, en otra parte de la ciudad, Yibo estaba llegando a casa con sus padres. Pero cuando llegaron a la puerta principal se encontraron con un sobre amarillo en el suelo. El señor Wang lo recogió y… No se habrían espantado al ver el sobre de no ser por el sello nacional que tenía.

Venía de parte del gobierno.

—Papá, dámelo —pidió con seriedad—. Por favor —insistió al ver su renuencia.

Tomó el sobre entre sus manos, se llenó de valor y lo abrió.

Era una carta larga, complicada y bastante formal. El escrito gritaba "Aléjate de él de una vez por todas si no quieres morir" disfrazado de fría cordialidad.

Lo peor fue cuando llegó al párrafo en el que amenazaban con intentar hacerle lo mismo a Xiao Zhan o a su familia.

Eso lo desarmó por completo.

—Hijo, ¿a dónde vas?

—Necesito recostarme —dejó la carta del gobierno sobre la mesa del centro y se fue de la sala bajo la atenta mirada de sus padres. Fue entonces cuando ellos tomaron el escrito y lo leyeron.

La señora se convirtió en un mar de lágrimas, y el señor… estaba furioso.

—Iré a hablar con él.

—No —su esposa lo detuvo.

—Él y Xiao Zhan seguían viéndose, por eso ocurrió esto —murmuró entre dientes, los ojos se le estaban poniendo rojos debido al coraje.

—Sí, pero…

—¿Acaso tú lo sabías?

—No. No lo sabía. Esta vez no me dijo nada —suspiró y volvió a retener a su esposo—. No vas a hablar con él mientras estés así de furioso. Cálmate primero —lo miró fijamente, con una autoridad que dejaría helado a cualquiera, incluso al señor Wang.

Después de todo… quizá Yibo no heredó esa mirada de su padre.

—Amor, estoy tan asustada y preocupada como tú, pero un regaño no va a ayudar en nada a nuestro hijo. Nos necesita más que nunca.

Y así, de un momento a otro, logró calmarlo. Era casi como ver a Xiao Zhan domando a la bestia en que se convertía Yibo cuando estaba enojado.

—Viste lo que intentaron hacerle. ¡Pudieron matarlo! —estalló en un grito contenido. Su esposa inmediatamente lo abrazó. Fue ahí cuando él se dio cuenta del temblor que asediaba el cuerpo de su mujer

Estaba aterrada.

—Lo siento, lo siento —se disculpó, correspondiendo el abrazo con la misma fuerza—. Solo voy a hablar con él, ¿de acuerdo?

—Bien —aceptó al ver que ya estaba más calmado.

El hombre subió y buscó a tientas la habitación de su hijo. Era la primera vez que estaba en esa casa, así que tardó un poco en encontrarlo.

Cuando abrió la puerta se encontró con una habitación a oscuras, lo cual era muy extraño en Yibo.

—Hijo, ¿estás despierto? —susurró.

—Sí —estiró su mano hasta alcanzar la lámpara y encenderla—. ¿Vienes a regañarme?

—No te levantes —lo detuvo al ver la mueca de dolor que hizo al estirar un poco su cuello. El collarín que traía ayudaba, pero los analgésicos no le hacían suficiente efecto.

—Y no, no vengo a regañarte —suspiró y se sentó en el borde del colchón, puso una mano sobre la rodilla de su hijo y le dedicó una larga mirada.

Yibo estaba sorprendido, desde hace años que su padre no se comportaba tan comprensivo con él justo como ahora.

—Entiendo el sentimiento que atraviesan ambos en este momento, si me separaran de tu madre, yo…

—Espera, ¿qué estás diciendo? —lo miró con ojos desorbitantes—. ¿Desde cuándo aceptas mi relación con él? ¿Desde cuándo dejaste de llamarlo "ese chico"?

El mayor parpadeó repetidas veces, sin entender del todo. Tardó un poco en procesar la información, y entonces comprendió.

—No abriste mi regalo de cumpleaños, ¿verdad?

Yibo se quedó inmóvil y en silencio durante largos segundos.

—No.

El corazón del mayor se estrujó un poco, pero entendía que no lo hubiera hecho, se lo merecía por haberlo golpeado de esa forma.

—¿Cómo te sientes? —cambió de tema.

—Bien, eso creo.

—¿Seguirás teniendo contacto con Xiao Zhan?

—No.

—Hijo…

—Quisiera estar solo, por favor.

El señor suspiró, palmeó la rodilla de su hijo y le dedicó una triste mirada.

—Tu madre y yo estaremos aquí, si necesitas algo solo dilo —revolvió sus cabellos con cariño y se alejó, pero antes de salir del cuarto lo miró de nuevo—. Abre tu regalo —le pidió antes de irse.

Yibo no pudo quedarse con la duda, así que buscó entre sus cosas esa pequeña caja envuelta.

Tardó en encontrarla, estaba detrás de su buró, atorada entre este y la pared. La envoltura estaba dañada y la tarjeta se había perdido.

Cuando lo abrió se dio cuenta de que no se trataba de ninguna caja, era un libro: El Principito.

Abrió la portada y encontró una especie de dedicatoria.

"Eres el dueño de tu vida y tus emociones, nunca lo olvides. Para bien y para mal

Te amo no solo porque seas mi hijo, sino por la persona que eres. Y aunque no estemos de acuerdo en muchas cosas, siempre te amaré, hijo mío".

Con los ojos rojos y un nudo en la garganta, Wang Yibo dejó el libro sobre su buró y fue en busca de su padre. Cuando lo encontró charlando con su madre en la cocina, simplemente lo rodeó con sus brazos y apoyó su cabeza contra él, como cuando era apenas un niño.

El señor mentiría si dijera que no lo tomó por sorpresa, pero esta pasó a segundo plano y enseguida correspondió ese cálido abrazo. Tenía años de no abrazar así a su pequeño.

—Gracias —fue lo único que pudo decir, su garganta estaba hecha un manojo de sentimientos que muy pronto se desbordaron en forma de lágrimas.

La señora Wang observó todo con asombro, para después darles algo de espacio.

—¿Abriste tu regalo?

Yibo frotó su cabeza contra el abrigo de su padre, asintiendo en silencio.

El señor Wang lo abrazó durante largo rato.

—Y ahora más que nunca te lo digo: eres el dueño de tu vida y tus emociones, tú decides qué hacer con ellas, no dejes que alguien más intervenga, ni siquiera yo.

Yibo se separó de su padre y se sorbió la nariz.

—Pueden matarlo —le dolió en el alma decir aquello—. Si volvemos a estar juntos… no, no puedo permitirlo.

—Hijo, escúchame —lo tomó por los hombros y lo miró directo a los ojos—. Aguanten, tienen que soportar la distancia.

—Pero…

—Me refiero a un distanciamiento real y completo.

Los ojos ya pequeños de Yibo derramaron lágrima tras lágrima, en silencio.

—Si soportan eso —suspiró—. Podrán soportar cualquier otra cosa.

Yibo iba a decir algo, pero en ese momento entró Wen Pei a la casa, tenía sus propias llaves, así que no se molestó en tocar, pero sí se llevó una gran sorpresa cuando vio a lo lejos que Yibo y su padre parecían compartir un momento importante.

—¿Qué sucede? —inquirió Yibo al verlo con cara de angustia.

—Es Xiao Zhan…

Continuará…

¡Hola, pastelitos!

Lo sé y lo siento, las he tenido abandonadas mucho tiempo! Lo lamento! Ya ni siquiera me he dado el tiempo de entrar a facebook en semanas!

Espero que el capítulo haya sido de su agrado, aunque es algo triste, sé que a futuro valdrá la pena.

Feliz año nuevo! Y gracias por seguir siendo parte de esta historia que ya cumplió un añito, gracias, gracias, GRACIAS!

01/01/2021

1:00 p.m.