Capítulo 74 "Cuarentena"

Como de costumbre, las cosas se volvieron a descontrolar, ahora más que nunca porque la gente comenzaba a salir del clóset, figuras públicas importantes, famosos y no famosos.

La causa parecía noble, pero no era más que terrorífica. Era justamente eso lo que el gobierno no quería, era por eso por lo que los tenían bajo amenaza, para que la homosexualidad que ellos creían peor que el virus no se propagara.

Y volvió a ocurrir lo de hace más de un año: los fans crearon pancartas, pero ahora de manera virtual se encargaron de protestar a favor del amor de Wang Yibo y Xiao Zhan, a favor de los derechos como individuos y como pareja del mismo sexo.

Y es que llevaban mucho tiempo reprimiendo su sentir, sus voces siempre eran calladas. Hacían esto por Wang Yibo y Xiao Zhan, pero también lo hacían por ellos mismos y por todas aquellas parejas del mismo sexo que temían salir a la luz por miedo a las repercusiones.

Los fans casi habían enloquecido al saber todos esos rumores (rumores verídicos) de que el gobierno era quien los mantenía separados. Ellos los defendían a capa y espada, eran fans leales y buenos. No tenían más que intenciones nobles, pero eso no era suficiente, de hecho… era una terrible idea.

El caos aumentó, y las medidas fueron igualmente estrictas para todo aquel que se declarara homosexual.

Para estas alturas todo el mundo estaba seguro de que la supuesta relación entre Xiao Zhan y Wang Yibo era todo, menos "supuesta". Y lo confirmaban cada vez que veían a Yibo al aire, también con la tremenda y llamativa ausencia de Xiao Zhan.

Pero todos aquellos que declararon sus relaciones homosexuales al público no sabían que se estaban echando la soga al cuello, incluso Meng Ziyi se declaró abiertamente homosexual, tenía una relación muy oculta con otra chica. Eso sin duda alguna formó un gran escándalo y sorprendió a todos.

A pesar de que se esperaba que el gobierno tomara acción inmediata en contra de todos ellos, no fue así. Por primera vez estaban más ocupados combatiendo ese virus que se les salía de las manos. El estado se declaró en alerta, implementaron cuarentena total y un toque de queda bastante estricto.

Y entonces fue que sucedió… A pesar de que tenía todo en contra, él vio una oportunidad grande en esa noche oscura y fría de diciembre. Se abrigó correctamente y salió de su departamento tratando de no ser visto por nadie. Se escabulló entre las sombras y caminó dos calles debajo de la suya.

No podía, no quería seguir así. Necesitaba verlo una vez más, asegurarse de que estaba bien. Tenía meses de no verlo en persona ni un segundo, lo necesitaba tanto como el oxígeno que respiraba.

Además, había algo que lo impulsaba con frenesí a no detenerse, era una estupidez lo que lo motivaba, pero no importaba que lo fuera, pues le estaba dando el valor suficiente para hacer aquello.

Llegó a la puerta trasera de esa gran casa, para ello tuvo que saltar un par de bardas y enredarse en unos arbustos espinosos, pero ni siquiera eso lo detuvo. Llamó a la puerta con un ritmo inusual, tocó seis veces con su puño, a ritmo de vals.

Ante eso, la puerta trasera se abrió en un brusco movimiento. Entonces lo vio, con ojos enormes por la sorpresa, con su boca ligeramente abierta y esa expresión invaluable.

—Hola, amor.

Yibo no pudo responder, apenas podía respirar por la impresión. Jaló a Xiao Zhan al interior de su hogar. Lo había reconocido por el golpeteo en la puerta y por su voz, su inconfundible voz. No importaba que estuviera vestido con capas y capas de ropa, que trajera el gorro de su sudadera negra puesto y además su cubrebocas y bufanda. Sabía que era él, olía a él.

Lo tomó de los hombros, aguantándose las ganas de comérselo a besos, pues primero quería asegurarse de que estuviera bien. Lo que no soportó, fue el impulso de abrazarlo de manera asfixiante y salvaje. Lo rodeó con sus brazos, no, casi lo rodeó con su cuerpo entero, como si quisiera fundirse de verdad con él.

No lo dejó ir por varios minutos. Durante el abrazo respiraba su aroma, asegurándose de que fuera real y no un sueño u otra ilusión.

—En verdad estás aquí —soltó en apenas un hilo de voz. Xiao Zhan por poco no le reconoce ese tono.

—Aquí estoy —correspondió el abrazo con algo de dificultad por la fuerza que el otro aplicaba—. Aquí estoy —suspiró al hallarse al fin ahí, en su hogar. Él era su casa.

—¡¿Qué demonios haces aquí?! —se separó del abrazo, tomándolo por los hombros con fuerza. Había miedo en sus ojos.

Los ojos de Xiao Zhan se volvieron cristalinos.

—No lo soporto, yo… me estoy volviendo loco.

—Pero no deberías estar aquí —sus ojos también brillaban por las lágrimas.

¡Vaya! Los dos se habían vuelto un par de llorones.

—Tenía que venir.

—¿Qué sucedió? ¿Estás bien? —palpó su cuerpo en busca de algún daño, pero no encontró ninguno, excepto el hecho de que estaba dolorosamente delgado.

—Estoy bien, tú… ¿Tú lo estás? —no se veía como el Xiao Zhan de siempre, estaba apagado, sus ojos no brillaban igual, el tono de su voz no era igual. Se veía cansado, como si le hubiesen absorbido parte de su fuerza vital.

—Estoy bien —extendió una mano para quitarle el cubrebocas, pero Xiao Zhan lo detuvo—. No me vas a contagiar de nada, te la has pasado encerrado, ¿no? —frunció el ceño y Xiao Zhan asintió.

—Está bien —aceptó luego de unos segundos, dejando que su amado le quitara el cubrebocas luego de hacer a un lado su bufanda. Notó cómo los ojos de Yibo se abrían un poco al mirarlo—. Lo sé, parezco otra persona —se rascó la nuca con nerviosismo. Quizá debió afeitarse antes de ir a visitarlo. Pero había tenido el impulso tan repentinamente que no quiso dejarlo pasar. Sabía que, si lo pensaba más, terminaría desistiendo.

Entonces Wang Yibo acarició su mejilla y estudió cada centímetro de su rostro. Sus mejillas no tardaron en adquirir un adorable tono rosado.

Xiao Zhan por poco había olvidado lo mucho que su novio amaba verlo así, a pesar de que él odiaba verse con barba y bigote.

Él también extendió una mano hacia Yibo y acarició su mejilla, había engordado un poco, lo notaba especialmente en su rostro, estaba un poco más redondo.

—¿Por qué estás aquí? —insistió Yibo, sabía que tenía que haber una razón importante, y tenía miedo de ella.

—Yo… —desvió la mirada unos segundos antes de volver a mirarlo a los ojos y soltar la verdad—… no puedo recordarlo.

—¿No recuerdas a qué viniste? —tocó su frente para comprobar su temperatura—. ¿Te encuentras bien?

—El ultimo beso que nos dimos. Lo hicimos por última vez sin saber que no lo haríamos de nuevo, y yo no logro recordar ese beso —sintió un nudo en el pecho que muy pronto subió a su garganta.

Yibo bajó la cabeza un segundo antes de soltar una risa traviesa e incrédula, ¿en serio estaba ahí por eso? Xiao Zhan cada vez se parecía más a él, haciendo tonterías de ese tipo en momentos tan críticos.

Lo miró a los ojos por largos segundos antes de llevarse una mano a la boca, ocultando su sonrisa estúpida de la mirada de Xiao Zhan.

—¿Qué es tan gracioso? —en otros tiempos lo había golpeado, pero ahora esperó pacientemente a su respuesta.

—Yo sí lo recuerdo —se acarició los labios—. Fue aquella noche en el festival de luces. Habías terminado de comer tu algodón de azúcar, luego nos ocultamos entre la muchedumbre y nos besamos. No fue un beso largo, sino uno con sabor a "te veo pronto". Sabías a algodón de azúcar. Yo acaricié tu mejilla. Picaba un poco porque no te habías afeitado esa mañana —soltó una pequeña risa apenas perceptible—. Hacía frío, la punta de tu nariz estaba congelada —suspiró sin dejar de mirarlo con esa expresión llena de nostalgia ante un recuerdo tan íntimo—. Tú tomabas mis mejillas con ambas manos, entibiándolas con tu calor. Me diste una mordida al final —siguió acariciando sus labios, recreando el momento un segundo al cerrar los ojos—. Y yo te respondí de la misma forma antes de separarnos. Dije que te amaba y pegué mi frente a la tuya.

—Dije "Te amo" también, te solté y revolví tu cabello —una lágrima se deslizó por su mejilla—. Sí, ya lo recuerdo —acarició sus propios labios.

—También me pediste que me portara bien —sonrió de lado y metió ambas manos a los bolsillos de su cálido pants—. Y lo he hecho, Zhan Zhan, lo he hecho —suspiró.

—Yo también —de pronto se sintió algo tímido—. ¿Cómo está tu cuello?

—Oh, eso… ya estoy muy bien.

De pronto se quedaron en un extraño silencio mutuo, sin embargo, no era incómodo. Xiao Zhan podía escuchar la tv de la sala desde ahí. Esbozó una enorme sonrisa al reconocer la voz de Bob Esponja.

—Oye —dijo de pronto Yibo, atrayendo de nuevo su atención.

—¿Qué… —no pudo terminar la pregunta. Yibo ya lo había tomado de la cintura, arrastrándolo hacia él para devorar sus labios con fervor.

Pecho contra pecho, corazones latiendo a un mismo ritmo, y unos labios ansiosos por volver a experimentar ese amor inigualable. Sus manos demostraron la buena memoria muscular. Yibo inmediatamente lo apretó con sus manos por la cintura. Xiao Zhan tomó sus mejillas, devorando también su boca, entrando a ella con su lengua.

A pesar de que parecía ser Yibo quien llevaba el control de ese beso tan posesivo, era Xiao Zhan quien imponía el ritmo, delineando con su lengua esos labios carnosos, degustando su sabor, su textura, mordiéndolo al final de la caricia solo para tomar un respiro y volver a ellos. Enseguida fue Yibo quien buscó la lengua de su amado con la propia.

Sus narices rozaron accidentalmente, Xiao Zhan aún tenía la punta congelada, eso provocó una sonrisa en Yibo durante el beso.

A pesar de la alegría del momento, los dos pudieron sentir cierta humedad recorrer sus mejillas, haciendo de ese beso uno bastante húmedo y un poco triste.

El enojo y la impotencia se apoderó de ambos. Maldita situación, maldito gobierno.

Xiao Zhan deslizó sus manos hasta posarlas sobre la nuca de Yibo, terminaron el beso con la respiración agitada y unieron sus frentes. Ambos lloraban en silencio, abrazados uno al otro. Yibo lo estrechó más entre sus brazos y enterró el rostro en su cuello, disfrutando de su aroma natural luego de meses de no tenerlo cerca.

—Te amo —susurró con la voz rebotando en la piel de su cuello.

—Te amo, Wang Yibo —enterró sus dedos en el abundante y suave cabello negro de su amado.

Suspirando con pesadez terminaron con el abrazo. Xiao Zhan tomó su mano y lo arrastró a la cocina.

—¿Qué haces? —inquirió el menor, confundido.

—Quiero asegurarme de que no te falte nada —revisó cada alacena y cajón. Todo estaba lleno de comida hasta el tope.

—No me falta nada —dijo, distraído y acariciando el cabello largo de la nuca de Zhan Zhan, no le podía apartar la mirada de encima ni un segundo—. ¿Y a ti?

—Tampoco —dejó de revisar los cajones y volvió la mirada a él. Sonrió al verlo tan absorto acariciando su nuca.

—Tu cabello creció.

—Tus mejillas también —le pellizcó una. En vez de enojarse, se echó a reír.

—Lo sé, he ganado algunos kilos. Ya no hago ejercicio.

Y claro que no, si no salía de casa, no hacía ejercicio. Yibo odiaba hacer cardio, yoga, o cualquier cosa que no fuera el baile o el skateboarding.

—Pero los perderé fácilmente, lo prometo.

Xiao Zhan no se resistió y metió una mano bajo la camiseta de su amado.

—Oh Dios mío —estaba en verdad asombrado.

—Ya, basta —se sonrojó y desvió la mirada—. Los recuperaré sin problema, te lo aseguro.

Su six pack se había convertido en one pack, uno muy blando y suave.

—Adorable, realmente adorable. ¡Tienes más barriga que yo! —exclamó al levantarle toda la camiseta.

—¡Xiao Zhan, contrólate! —estaba avergonzándose de verdad.

—¡Me encantas! —rio como tenía meses de no reír. Y Wang Yibo se derritió al tener el placer de escuchar una vez más ese bello sonido.

Y como si no fuera el peor momento para ello, ambos recibieron una llamada al mismo tiempo, de números muy similares.

Decidieron ignorarlo, pero los llamaron un par de veces más. Cuando apagaron sus celulares fue que el teléfono de casa comenzó a sonar.

—Ni siquiera sabía que tenía un teléfono en casa —se espantó. Fue y respondió.

—Les recordamos que deben seguir las indicaciones. Por su salud, hagan cuarentena de manera INDIVIDUAL —dijo una voz masculina y grave.

Yibo cortó de inmediato la llamada, pero Xiao Zhan ya estaba pálido y serio. Había escuchado aquello.

—Nos siguen vigilando… —se sintió en una caída sin fin, estaba harto.

—Zhan Zhan —lo tomó entre sus brazos al ver que comenzaba a caer en desesperación, acarició su espalda una y otra vez—. Tú sigues siendo mi novio, aunque hayas terminado conmigo. Sé que algún día nos casaremos y tendremos muchos hijos, solo hay que ser pacientes, ¿si?

No se lo imaginó, pero esas palabras tuvieron un impacto increíble en Xiao Zhan. Su corazón se contrajo en tristeza y sollozó en el hombro de su novio, quien terminó contagiándose también.

El teléfono volvió a sonar, pero ninguno respondió.

Minutos después alguien llamó a la puerta principal.

Con miedo, la abrieron y se encontraron a un hombre de traje con un cubrebocas especializado, careta y guantes.

—Vimos que alguien externo entró a esta casa. Es de suma importancia que recuerden la cuarentena.

—Podemos hacer cuarentena juntos —espetó Xiao Zhan, harto de ellos.

—No si habían estado en diferentes lugares hasta ahora.

—Ninguno de los dos está contagiado —aseguró Yibo, mordaz.

—No lo sabemos. Joven Xiao, acompáñeme, por favor.

—No —Yibo se puso frente a él, defendiéndolo.

—Lo ayudaré a volver a su casa a salvo. Lo primordial es la salud de la nación.

Sí, separándolos porque consideraban la homosexualidad como una enfermedad que se esparcía peor que un virus por todo el país.

Yibo no se movió.

—No afectamos a nadie estando juntos. No estamos haciendo nada ilegal.

El hombre mantuvo su expresión seria.

—Por supuesto, no es ilegal visitar a un viejo amigo —resaltó mucho la última palabra—. Pero en estos momentos debe irse.

Estaban seguros de que sólo hacían eso con ellos y con las parejas del mismo sexo que descubrieron, en especial a los más famosos. En ese momento tuvieron miedo y preocupación por Liu Haikuan, Zhu Zan Jin e incluso por Dalong y Ayanga.

Entonces Xiao Zhan se alarmó, justo ahora no era conveniente hacer enojar al gobierno, podría resultar perjudicial para ambos. Temía que si alguno llegase a enfermarse le negaran la atención médica.

Ahí tomó una decisión. Puso una mano sobre el hombro de Yibo y le sonrió con tristeza.

—Es mejor que me vaya —se le formó un tremendo nudo en la garganta—. Por favor cuídate mucho.

Yibo no lo soportó, lo atrapó con fuerza entre sus brazos, y sabiendo que el hombre los veía, se atrevió a besarlo en los labios. Total, ya sabía todo. El hombre se escandalizó.

—Enfermos… —dijo entre dientes, pero ninguno de los dos se detuvo, ya no les importaba.

—Sigues siendo mi novio, Wang Yibo —murmuró muy bajito. El aludido soltó lágrimas agridulces. Finalmente se despidieron y fueron separados una vez más.

La situación no estaba siendo fácil para ninguno.

A la mañana siguiente Xiao Zhan se levantó temprano, encendió su televisión y sintonizó el canal de noticias nacionales.

El virus se expandía cada día más. Los mercados estaban desabastecidos. El toque de queda no era respetado por todos. Los que no lo respetaban eran llevados a su hogar y multados por una cantidad de dinero ridículamente alta. La capacidad de los hospitales fue disminuyendo. Y un actor famoso a nivel nacional se había suicidado.

Xiao Zhan se congeló al escuchar esa última noticia. Prestó su total atención al conductor del programa y casi sintió que se le iba el alma cuando decían que aún no sabían de quién se trataba, pues las autoridades no les daban aún esa información. Lo único que sabían era que se trataba de un joven entre los 22 y 28 años, cantante, bailarín y actor. Había sido hallado sin vida en su casa. Murió por una sobredosis porque tal parecía que había adquirido una adicción a sustancias nocivas e ilegales.

No podía ser Yibo, ¿o si?

No, no, no.

Tomó su teléfono y llamó a Mao.

—¿¡Sabes algo sobre Yibo!?

—No, pero todos estamos tratando de localizarlo. No he hablado con él desde ayer.

—Demonios.

—Tranquilízate. Falta un par de horas para el primer toque de queda del día. Ya voy rumbo a su casa.

—Yo iré, estoy más cerca.

—No.

—¡No soporto esto! ¿¡Y SI ES ÉL QUIEN ESTÁ MUERTO!?

—Espera, me quiere entrar una llamada. Quizás sea información sobre Yibo. Te pondré en espera.

Xiao Zhan aguardó sin paciencia alguna. Los segundos se le hicieron eternos. Ya estaba parado en la puerta principal de su hogar, con llaves en mano y cubrebocas puesto. Listo para emprender una carrera a la casa de Yibo.

Entonces Mao volvió a tomar la llamada. Su voz se escuchó tremendamente lúgubre y dolorosa.

—Xiao Zhan…

—No… —no pudo sostenerse por sí mismo, se apoyó en la puerta principal.

—No es Yibo, él está bien. Es… es mi primo. Él fue quien murió.

—Mao…

La mente de Xiao Zhan ató cabos con rapidez y logró recordar quién era. Hace meses, cuando le dijeron a Mao que se querían casar, él les contó sobre su primo, quien también era una figura pública y estaba en una relación secreta con otro hombre.

Tal parecía que los dos habían decidido salir del closet y hacer pública su relación.

Vaya error.

—Lo siento tanto, Mao, lo siento mucho.

—Gracias, ¿podemos hablar luego?

—Espera, ¿no quieres venir y hablar?

—Iré a casa de mis tíos, creo que aún no saben la noticia. Yo era el contacto de emergencia de mi primo, y su novio… bueno, él está destrozado ahora mismo.

—Si necesitas algo, cualquier cosa, dímelo.

—Gracias Zhan Zhan.

Terminaron la llamada y el pobre apenas llegó a la sala para sentarse. Había sido demasiada adrenalina para un día entero.

Ahora más que nunca necesitaba la cercanía de otro ser humano. Necesitaba sentirla con urgencia.

Al no hallarla, abrazó a Nut, quien se había recostado sobre su regazo cuando se sentó.

Ni siquiera podía llorar, aún estaba en shock.

Ese mismo día, casi a media noche, Xiao Zhan recibió la llamada de un viejo amigo.

—¡Kou! —se asombró al ver que era él. No hablaban desde que le dio consejos hace caso un año, consejos para poder acostarse con Yibo—. ¿Cómo estás?

—Zhan Zhan.. —su voz se escuchaba devastada—. Por lo que más quieras, no hagas pública tu relación con Wang Yibo.

—Ya no hay una relación...

—En ese caso, no dejes que nadie sepa que lo quieres, porque… aún lo quieres, ¿no?

—Con mi vida.

—Si lo quieres vivo… no lo vuelvas a ver. Corta con todo lazo de raíz y olvídate de él porque… —no pudo, quebró en llanto. No era un sollozo de tristeza, no, era un llanto que dolía en el alma, desgarrador, profundo y sin esperanza.

Xiao Zhan estaba impactado, aún no entendía bien qué sucedía.

—Kou, tranquilo. Respira y dime qué sucede. ¿Te encuentras bien?

—Mi… mi novio y yo —respiraba agitadamente—…hicimos pública nuestra relación. Y hoy en la mañana lo encontré muerto en su casa… ¡Lo mataron!

—Oh no… no. Kou, tu novio… ¿Era el de las noticias?

El pobre respondió con otro llanto desgarrador.

—Lo siento tanto, amigo, lo lamento.

—No hicimos caso —murmuró luego de desahogarse unos minutos—. Recibimos amenazas del gobierno, pero no obedecimos. Dejamos de vivir juntos, sí, pero seguíamos viéndonos a diario. Fue mi culpa… fue mi culpa.

—No es culpa de nadie, Kou, no digas eso.

—Sabía que debía alejarme de él, por su bien. Pero no hice caso y… terminó así. Ellos quieren que parezca un suicidio, pero ¡él jamás se habría suicidado! Ahora además lo hacen pasar por un drogadicto. Xiao Zhan, por lo que más quieras, olvídate de Wang Yibo si no quieres pasar por este dolor… —suplicó.

Xiao Zhan estaba pálido. Escuchó los lamentos de su amigo hasta que el pobre no tuvo más llanto por soltar. Estuvo ahí para él porque sabía que, de estar en su lugar, él también lo habría escuchado hasta entrada la madrugada.

—Kou, sé que la situación no es óptima, pero… si quieres venir a pasar unos días en mi casa, puedes hacerlo.

Sabía que no tenía familia cercana a la cual recurrir.

—Eres bienvenido, hay mucha comida, mantas calientes y estoy seguro de que le caerías muy bien a Nut.

Escuchó cómo se sorbió la nariz.

—Te lo agradezco mucho, de verdad. Pero lo último que quiero es crearte más problemas.

Charlaron más tranquilamente durante un par de horas más. Kou logró calmarse un poco y le agradeció a Xiao Zhan por su tiempo. No terminó la llamada sin antes volverle a advertir sobre su relación con Yibo.

Ahora más que nunca Xiao Zhan estaba seguro de algo: no le daría ni un motivo al gobierno para que acabaran con la vida de Yibo. ¡Ni uno solo!

Liu Haikuan, Zhu Zan Jin, Dalong y Ayanga no tardaron en comunicarse con él para decirle lo mismo. Ellos ya habían hecho pública su relación, y corrían bastante riesgo.

—También hablamos con Yibo sobre esto —le dijo Liu a Zhan Zhan por videollamada—. Y estuvo de acuerdo en portarse bien para evitar cualquier problema.

Zhan Zhan suspiró, aliviado.

—Nos pidió que te dijéramos que lo siente mucho, por tu amigo.

Sí, claro que Yibo no iba a olvidar al famoso Kou que le enseñó a Xiao Zhan lo básico de las relaciones sexuales entre dos hombres.

—¿Cómo está él?

Los otros dos integrantes de la videollamada sonrieron. Cada uno estaba en un lugar diferente, sí, Zhu Zan Ji regresó a casa de sus padres mientras Liu se quedaba en el hogar de ambos.

—Se encuentra bien.

—Yo diría que bastante bien —añadió Zan Jin con tono jocoso.

—Calla —le advirtió su novio, regañándolo a pesar de que se estaba aguantando la risa.

—No entiendo, ¿por qué lo dicen?

—Digamos que… ha aumentado algo de peso. En su programa semanal saben cómo camuflarlo, pero la verdad es que sus mejillas están bastante regordetas —explicó Zhan Jin sin contener su risa.

—A todos nos ha afectado la cuarentena, pero él…

—Jamás pensamos que Yibo sería uno de losas cambiados.

—Oh vamos, no creo que sea para tanto —no podía creerles, puesto que lo había visto hace poco en persona.

—Odia hacer ejercicio en casa —le recordó Liu.

—Lo sé.

—Y él siempre está comiendo sin importar su estado de ánimo.

Tenían toda la razón.

Yibo estaba engordando. Pero para Xiao Zhan se veía cada vez más adorable.

El tiempo pasó, navidad llegó y todos tuvieron que pasar las fiestas recluidos en casa.

Xiao Zhan y sus amigos hicieron videollamada grupal durante la cena. Yibo también estuvo presente, pero no sé dirigieron la palabra ni una sola vez.

Cenaron, se desearon lo mejor y se despidieron temprano luego de reírse de las pocas habilidades culinarias de algunos que solo cenaron ramen instantáneo. Y no, por primera vez no fue Yibo uno de ellos.

A la mañana siguiente llegó un paquete a casa de Yibo. Era un regalo de navidad mandado por alguien que firmaba con un corazón y un punto. El paquete traía una tarjeta muy linda con fecha de agosto.

¡Era un regalo atrasado de cumpleaños! ¡Un regalo de Xiao Zhan!

Ansioso, abrió el paquete y se emocionó como niño pequeño al ver que se trataba de un kit de LEGO personalizado. No había otro como ese en todo el mundo.

Se trataba de una réplica a escala de la motocicleta de Tracer 85. Y la tarjeta decía: "Para mi motociclista favorito. Disfrútalo, pastelito".

Un nudo se formó en su garganta al mismo tiempo que abrazaba esa gran caja. Estaba feliz, conmovido, emocionado.

A partir de ese día casi no durmió por estar armando su amada motocicleta a escala. Esa que se había destruido en un accidente.

Para esas fechas se respiraba una atmósfera de esperanza y tranquilidad, sí, la tranquilidad previa a una nueva tormenta.

Antes de acabar el año, ellos dos y muchos más comenzaron a recibir cartas de desconocidos. En su mayoría de Anti fans. En ellas se desquitaban con cada artista y famoso que se había declarado "Gay". Y a pesar de que ni Xiao Zhan ni Wang Yibo lo hicieron, también fueron víctimas del acoso.

Aquí ya no se trataba de una agencia despechada tratando de vengarse, no, se trataba de personas reales con un odio real hacia ellos.

Homofóbicos amantes de la patria.

Entre las cartas, Wang Yibo encontró una que llamó su atención y la abrió. Una voz dentro de él le pedía que no lo hiciera, que era una pésima idea, pero la ignoró.

Nunca debió abrirla.

No se detuvo a leerla con cuidado, pasaba de un renglón a otro, leyendo superficialmente párrafo tras párrafo.

"Wang Yibo, quizá tú seas fuerte, valiente, pero no todos son como tú…"

Brincó a otro renglón.

"…te pavoneas diciendo que eres insensible a las críticas…"

Otro.

"…tu canción 'no sense' dice mucho, pero no dice la verdad. Tienes un punto débil muy grande y obvio: Xiao Zhan…"

A partir de ahí tuvo que leer con cuidado.

"…él no es tan fuerte como aparenta. Se desmorona ante el más mínimo problema que tengas. Tú eres su debilidad, y ahora está más débil que nunca. Tiene el odio de millones de personas sobre él. Están tratando de arruinar su carrera (y lo están logrando) la responsabilidad de varios suicidios han recaído sobre sus hombros. Quizá… él sea el próximo. Su mente no soportará tal presión, solo… encerrado y con tanto odio. Pobre chico. ¿Y todo por qué? Por ser una abominación, por no seguir el curso normal de la naturaleza. Este país estaría mucho mejor sin ustedes, escorias que solo traen vergüenza a nuestra patria…"

Saltó al párrafo final.

"…no soportará tanto peso. Un alma tan 'dócil' no lo logrará y terminará sucumbiendo al suicidio, si no es que acaban con él antes que él mismo".

Su pulso estaba por los cielos, sus manos temblaban tan bruscamente que la carta cayó al piso.

Él sabía que muchos idols realmente se habían suicidado a lo largo de la historia, y precisamente por atravesar tal tipo de acoso. Lo peor de todo es que el acoso que Xiao Zhan recibía ya era uno de los más grandes y polémicos de toda la historia.

No entendía… ¿en qué momento se habían tergiversado tanto los sucesos? ¿En qué momento comenzaron a odiar a Xiao Zhan y solo a él con tanta intensidad?

Después de mucho pensarlo llegó a una conclusión: Xiao Zhan siempre ha sido luz, y su luz ha brillado con tanta intensidad que, aquellos que no logran brillar igual, hacen lo posible por apagarlo.

Envidia, ambición, odio. Eran tan contagiosos como el nuevo virus.

Tomó toda la correspondencia y la echó a la chimenea de la sala, echándole fuego para que no existiera más.

Tenía miedo… ¿Y sí lo que decía esa carta era verdad?

Xiao Zhan era un hombre de luz, sí, pero también era humano, podía caer en depresión y nadie se daba cuenta de ello sino hasta que ya estaba tocando fondo.

¿Y si Zhan Zhan estaba en problemas y nadie se había dado cuenta aún? ¿Y si estaba considerando la posibilidad de…?

¡No!

Ese asunto no lo dejaba dormir por las noches, se despertaba agitado de tantas pesadillas con un Xiao Zhan muerto.

Su terror aumentó cuando supo, gracias a Wen Pei, que Xiao Zhan había comenzado a usar sus medicamentos para dormir, y que en ocasiones cuando se le terminaban optaba por un par de copas de vino o cualquier licor que tenía en casa.

Ahí recordó que él había dejado una gran reserva de Whisky y Vodka en la alacena de su antiguo hogar.

Nunca se odió tanto como en ese momento.

—¿Por qué te preocupas tanto? —le preguntó Wen Pei al verlo alterado luego de saber todo aquello—. Yo diría que se había tardado en aceptar tomar sus medicamentos, no es bueno que padezca insomnio, menos en estás circunstancias. Su mente necesita descanso.

—Pero está tomando alcohol. Él no toma alcohol.

Se odió a sí mismo por cada vez que lo incitaba a beber.

—Hey, cálmate, no es como si fuera un alcohólico.

—No, no lo es, pero… ¿tienes idea de lo peligroso que es combinar alcohol con esos medicamentos para dormir? —se exaltó un poco.

—¿Qué estás tratando de decir? —se alarmó—. Xiao Zhan jamás intentaría algo así.

Yibo solo apretó los puños. Él lo conocía mejor que nadie y aun así tenía dudas.

—¡Hijo! ¿Cómo estás? —preguntó la señora Xiao al aceptar la videollamada.

—Hola mamá, bien, ¿y ustedes?

—Estamos bien, hijo, no hemos salido de casa en un par de semanas.

—Me tranquiliza saber eso —suspiró—. ¿Les hace falta algo?

—Nada, cariño —frunció el ceño. Era la primera vez que su hijo encendía la cámara—. Xiao Zhan, te ves terrible.

—Gracias —soltó una risa seca.

—Lo digo en serio. No estás comiendo bien, ¿verdad?

El aludido los miró a ambos a través de la pantalla.

—Los extraño —dijo de pronto—. Quisiera estar con ustedes.

—Oh Zhan Zhan… —de forma inconsciente la señora extendió la mano a la pantalla al ver que su niño comenzaba a llorar.

Estaba tocando fondo.

—Los necesito… los necesito mucho —apagó la cámara y se limpió las lágrimas.

Sus padres no pudieron sentirse más impotentes.

Por primera vez, Xiao Zhan se abrió ante ellos respecto al tema del acoso. Fue sincero y les dijo lo mal que se sentía. Lo perseguía una depresión tal que parecía no tener fin.

Haberlo hablado con sus padres le ayudó. El consejo de su papá siempre era sabio y preciso. En sus peores momentos fue él quien logró calmarlo y sacarlo adelante. Xiao Zhan lo llamaba en las noches cuando no podía dormir, sintiendo que el mundo se le venía encima, y no solo por no estar con Yibo, ese era solo uno de sus tantos problemas.

—Vamos paso a paso, un día a la vez, hijo —su voz siempre serena lograba tranquilizarlo.

—No creo soportar esto durante mucho tiempo.

—Tienes que hacerlo —fue severo—. No te puedes rendir.

—Estoy cansado…

—No. Si te rindes, jamás te lo perdonarás.

Tenía toda la razón.

—No pienses a futuro, solo piensa en superar el día de hoy. Solo eso. Ya casi amanece, ¿volverás a dormir?

—No tengo sueño. Ya no tengo medicamento para dormir.

—Es mejor así —nunca había sido muy partidario de que se medicara de esa forma, y jamás se había preocupado por ello porque sabía que a su hijo tampoco le entusiasmaba hacerlo, pero ahora todo era diferente. Ya había resurgido su receta dos veces.

—No tengo ganas de levantarme.

—Lo lograrás, sal de la cama, toma un baño y comienza tu día. ¿Tienes harina y huevos en tu despensa?

—Sí, eso creo.

—Haz pancakes.

—No… no tengo ganas.

—Vuelve a llamarme cuando salgas del baño, cocinaremos juntos, tu madre lleva tiempo queriendo que le prepare mis pancakes.

—Papá… —su voz sonaba amortiguada por la almohada.

—Si no me llamas en media hora, yo lo haré —aunque su voz sonaba amable, tenía un gran peso de autoridad para Xiao Zhan.

—Bien.

Y así fue como logró salir de la cama esa mañana, luego de una noche de crisis.

Le hizo caso a su padre, tomó un baño relajante, se vistió con ropa limpia y cuando ya estaba en la cocina lo buscó por videochat.

—Honestamente pensé que no me devolverías la llamada —estaba sorprendido y algo aliviado.

—Yo también —se rascó la nuca.

El señor Xiao lo miró con detenimiento a través de la pantalla. A pesar del baño se veía tremendamente desganado, no se había afeitado en… quién sabe qué tanto tiempo.

—¿Listo? —inquirió el mayor, con su delantal puesto.

—Listo.

Xiao Zhan no hablaba mucho, pero escuchaba a su padre platicándole cosas triviales, eso lo tranquilizaba.

Esa rutina se repitió día tras día. Fue un arduo trabajo por parte del señor Xiao, quien luego se comunicó con Ayanga. Ya se conocían gracias a Xiao Zhan, y el señor sabía que eran grandes amigos, estaba seguro de que no lo abandonaría en estos momentos.

Al buscarlo le explicó cómo estaba la situación, y Ayanga puso manos a la obra.

Cuando no hablaba con su papá, hablaba con Ayanga o Dalong.

Parecía un esfuerzo insignificante, pero poco a poco fue dando frutos. Uno de esos días se llevaron una sorpresa al ver que el Xiao Zhan de la pantalla ya se había afeitado. Tiempo después lo vieron además peinado.

Las cosas iban mejorando. O al menos eso parecía.

De vez en cuando la estabilidad emocional de Xiao Zhan se volvía tan frágil como el hielo de las calles en esa época. Víspera de año nuevo había llegado y él no podía estar más triste al hallarse solo, se sentía así a pesar de todo.

Tal como en noche buena, sus amigos se reunieron a cenar por videochat, pero él no pudo hacerlo. Sabía que Yibo estaría ahí, no soportaría comportarse indiferente hacía él una vez más, no cuando se moría por al menos dirigirle la palabra.

Durante la cena brilló por su ausencia. Sus padres lo buscaron, incluso la señora Wang, quien había estado en comunicación con él recientemente, lo buscaba. Pero Xiao Zhan no estaba para nadie en ese momento.

Estaba muy ocupado decidiendo qué tomaría esa noche: vodka o whisky, pues el vino se le había terminado hace algún tiempo.

Cuando la cena se terminó y el año nuevo llegó, Xiao Zhan al fin aceptó una llamada por teléfono, era de Xuan Lu.

—¡Feliz año nuevo! Zhan Zhan, te extrañamos durante la cena.

—Lo siento, no tenía ánimos. Feliz año.

—¿Te encuentras bien?

—Sí. ¿Puedes decirles a los demás que dejen de llamar? Sé que ellos te mandaron.

Xuan Lu se quedó callada unos segundos, frente a ella tenía su tablet con la videollamada aún activa con todos sus amigos, quienes escuchaban esa llamada por el altavoz.

—Zhan Zhan.

—No hoy, ¿si? Solo… no hoy.

Colgó la llamada, dejando a todos más preocupados que antes. Disimuladamente miraban la expresión de Yibo, este se mantenía estoico, demasiado en realidad.

—Está bebiendo —aseguró Yibo de pronto antes de despedirse y salir del videochat.

Sí, Xiao Zhan había recibido el año estando bastante ebrio, aunque para eso no bastaron más de unas cuantas copas.

Al día siguiente recibió un gran regaño de parte de su madre, quien fue tranquilizada por su esposo al hacerle notar que el pobre de su hijo ya la estaba pasando bastante mal con la resaca.

Fue una temporada difícil, de ánimos cambiantes, y malas noticias. Trataban de sobrevivir a pesar de todo, pero era bastante difícil.

Pero un nuevo año comenzaba, la crisis de la pandemia parecía estar en su punto máximo, lo cual era bueno porque ya solo le quedaba comenzar a disminuir. Los científicos y médicos trabajaban en conjunto para formular una vacuna, aunque desafortunadamente los hospitales estaban cada vez más llenos y los medicamentos escaseaban.

Por su parte, Wang Yibo estaba sobrellevando la cuarentena lo mejor que podía. Las consecuencias se manifestaron de otra forma en él, comenzó a tener mucha ansiedad, algo de insomnio y mucha, pero mucha hambre.

Dentro de su desesperación por sentirse cerca de Xiao Zhan, llenó sus sábanas y almohadas del perfume de su amado, siempre traía puesta una sudadera que le había robado, y se la pasaba al pendiente de las redes sociales, en busca de una señal de él.

Era una tortura ver cómo de pronto había desaparecido de internet, justo ahora que no tenía otra forma de saber de él.

Su familia de Day Day Up no lo soltó. Estuvieron al pendiente de Yibo noche y día, sus padres y amigos hicieron lo mismo. Ni se diga Fei Fei y la Uniq familia.

Todos habían notado que con el paso de los días Yibo iba ganando peso. Pero no se preocuparon, preferían que estuviera ganando peso y no perdiendo.

Él trataba de no molestar a nadie. Ocupaba su tiempo armando legos, viendo películas, jugando videojuegos y haciendo aseo en casa.

Y un día, quién sabe cómo, pero se las arregló para poner en el techo el cuadro que Xiao Zhan le regaló. Así cada vez que despertaba por la mañana eso era lo primero que veían sus ojos: ellos dos tomados de la mano, mirando al horizonte ese hermoso paisaje. El atardecer ante ellos era colorido, impresionante y cálido.

Cada vez que se sentía en el límite, se acostaba en su cama y miraba hacia esa pintura mientras abrazaba su almohada. Eso logró sacarlo de momentos de gran desesperación, pensando que pronto podrían cumplir ese sueño.

Con la cuarentena tuvo tiempo de sobra para pensar, y una de las ideas que cruzaron su mente fue: "¿Y si hacemos públicos nuestros sentimientos? ¿Y si nos declaramos oficialmente pareja?".

Quizá hubiera sido un momento perfecto, pues muchas otras parejas lo hicieron. Tenían al gobierno en contra, pero a un mundo entero respaldándolos.

O eso pensó hasta que supo del supuesto suicidio de uno de los famosos que se declaró homosexual. Ahí se dio cuenta de que no era buena idea.

Trataba de estar bien, en verdad se esforzaba. Pero bastaba con escuchar alguna canción que le recordara a Xiao Zhan para echarse a llorar como un tonto. Lo cual ocurría muy seguido, pues había una infinidad de canciones que relacionaba con él. Pero cuando escuchaba "Wo Huai Nian De" de Stefanie Sun terminaba desgarrado emocionalmente. Iba directo a su alacena y se terminaba una caja de Lucky charms.

La canción hablaba sobre una pareja que terminó su relación porque él la había engañado y ella lo había descubierto. No iba para nada con ellos, pero era una de las canciones preferidas de Xiao Zhan, y era una que cantaba a diario. ¡Cómo no iba a llorar al escucharla! En especial por ciertos versos de los cuales se apropió:

"I still have the urge to love you. I remember the birthday that year, I remember that year too. I remember that starry night sky, how tightly your right hand held my left, the warmth of your chest".

Dolía, y dolía mucho.

Y quién habitualmente parecía estar conectada a él en momentos así, era Fei Fei, siempre llamando en momentos oportunos para levantarle el ánimo.

—Hola, monkey —saludó ella.

—Hola, monkey —respondió él.

—¿Qué haces? ¿Ya comiste?

—Eso hago —estaba tirado bocarriba en su cama, comiendo directamente de la caja de cereal.

—¿Cómo van las cosas?

—Fei Fei, sé tanto como tú —se exasperó.

Ella soltó un pesado suspiro.

—¿Crees que… él y yo podamos estar juntos de nuevo algún día?

No hubo respuesta por largos segundos.

—Algún día. No ahora, pero algún día será. Hasta que el gobierno los deje en paz.

—¡Ja! Eso no sucederá. A menos que nos vean casados y con hijos. Y aún así estoy seguro de que nos tendrían en la mira.

Tenía razón.

—¡Tengo una idea!

—¿Cuál?

—¿Y si me caso con Zhan Zhan?

—Estás loca.

—El gobierno dejaría de molestarlos, podrían amarse en secreto. Yo sería una buena esposa y dejaría que tuvieran un romance a mis espaldas.

Yibo sabía que su prima bromeaba, pero…

—Oh Dios, Yibo, ¿en serio lo estás considerando? —preguntó luego de percibir su largo silencio.

—No, no podría ser así porque a ti te gusta Zhan Zhan. Lo manosearías mucho. Él es mío.

—Idiota —rio.

—Yo no fui quien lo sugirió, tonta.

—Pensándolo bien… podríamos hacer algo así. ¿Y sí dejamos que se corra el rumor de que Zhan Zhan está saliendo conmigo? Cuando la cuarentena termine saldremos juntos a pasear para reafirmar los rumores y luego confirmamos una relación.

—No.

—Piénsalo. Me parezco tanto a ti que no creo que le moleste.

Eso era lo que más le preocuparía a Yibo: que Zhan Zhan realmente terminara sintiendo algo por ella. Después de todo él era bisexual, y Fei Fei era idéntica a él.

—No, ni se te ocurra —repitió.

Ella se echó a reír.

—Mao me mataría. No, primero se moriría de tristeza. No, no, no. Nunca podría hacerle eso.

—¿Entonces para qué sugieres estupideces? —se molestó, después de todo ya había echado a volar su imaginación.

—En ese caso… eres tú quien debe conseguir a alguien.

—Imposible.

—¿Por qué?

—Porque no me gustan las mujeres.

—Precisamente por eso.

—No te sorprendiste al saberlo, ¿por qué?

—Ya lo sabía, tonto.

—Nunca te lo dije, a nadie en realidad.

—No fue necesario.

Hubo un corto e incómodo silencio.

—Pero por eso mismo sería ideal que fueras tú quién consiguiera novia. No correrías el riesgo de enamorarte de una mujer.

—¿Y crees que Xiao Zhan sí?

—Él es bisexual, se nota a kilómetros de distancia. Además, si soy yo la candidata, claro que sí se enamoraría.

—Idiota —se echó a reír por primera vez en un largo tiempo—. No puedo creer que lo supieras…

—Cariño, tú nunca has sido de "términos medios". O eres una cosa o eres otra.

—¿Crees que Xiao Zhan sea de "términos medios"?

—No exactamente. Lo conozco poco, pero me da la impresión de que ya había tenido parejas antes.

—Así es.

—Pero tú eres el primer hombre en su vida.

—Es correcto.

—Aunque sea bisexual, estoy segura de que no podrá estar con otra mujer después de haber estado contigo —soltó una risita traviesa.

—¿Tú crees?

—Estoy segura. El amor que se han demostrado va más allá de las limitaciones del género.

Yibo hizo a un lado la caja de cereal y se acomodó en una adorable posición fetal en su cama, abrazando sus piernas contra su pecho.

—¿Estás bien? —preguntó ella al escucharlo soltar un gruñido.

—Me duele el estómago.

—¡Te dije que dejaras de tragar porquerías, Wang Yibo! ¿Qué estabas comiendo?

—Mnh… —se quejó de nuevo, apretando ahora su estómago entre sus brazos.

—Seguramente era cereal. Tía me ha dicho que te la pasas comiendo eso.

—Ya, no me regañes.

—Tienes que comer más saludable, niño.

—¡No me digas así! Ay… —un dolor más fuerte lo invadió—. Tengo que ir al baño, adiós.

Continuará…

07/01/21

6:20 p.m.