Capítulo 75 "Tal vez en otra vida"
Luego de haber pasado todo el día y la noche con dolor estomacal, Wang Yibo se prometió a sí mismo cuidar más su alimentación.
Se levantó con mucha pereza de su cama, encendió el televisor y por primera vez en varios días sintonizó el noticiero.
Quizá debió hacerlo desde antes, pues tal parecía que llevaban varias horas hablando sobre cierto tema importante.
El encabezado del momento decía: "Fue hallado casi sin vida en su departamento".
Lo primero que pensó fue que se trataba de otro suicidio. Pero entonces prestó más atención a la noticia…
Un joven había sido encontrado en su departamento, inconsciente y con la vida pendiendo de un hilo. Lo llevaron de inmediato a un hospital, pero estaba tan abarrotado de pacientes que tuvieron que buscar otro. Tardaron tanto tiempo buscando que… el paciente murió en la ambulancia.
Había fallecido de un paro respiratorio que en consecuencia lo llevó a un paro cardiaco por haber combinado una alta dosis de somníferos, alcohol y otro tipo de medicamento aún no identificado.
Al final de la noticia revelaron el nombre del artista:
Xiao Zhan.
Se había suicidado.
Al ver eso, repasó las palabras recién escuchadas una y otra vez en su mente. Su presión sanguínea bajó, sintió cómo todo su cuerpo temblaba como hoja al aire. Se puso de pie con tanta rapidez que sus piernas no respondieron bien y terminó tirado en el suelo.
Sentía que su cuerpo era pesado, como cuando estaba en medio de un sueño e intentaba correr muy rápido, pero avanzaba como si estuviera caminando bajo el agua, lento, torpe.
Con los latidos de su corazón taladrándole en las sienes, consiguió alcanzar su teléfono y llamó a Mao. Se sintió morir cuando lo escuchó llorar al otro lado de la línea.
—No… no puede ser cierto. Tiene que ser un error, Xiao Zhan jamás se suicidaría.
—Llevaba meses cargando un gran peso sobre sus hombros, tanto dolor, tanto acoso. No lo soportó —lloraba y respiraba con dificultad.
—Tuvo que haber sido el gobierno. ¡Él no haría algo así!
—Sí fue él… —su voz salía tan triste que dolía.
—¡No! ¡Me niego a creerlo!
—De todas formas, ya no puedes hacer nada. Se fue. Lo perdiste. Y dime… ¿qué hiciste para evitarlo? Te encerraste en casa a comer, dormir y armar LEGOS mientras el "amor de tu vida" atravesaba su peor momento.
—Yo… —se quedó helado ante las palabras, con ese tono mordaz y peligroso.
Casi se ahogaba con el nudo en su garganta. Su pecho dolía tanto por el llanto que contenía que, por un momento, pensó en la probabilidad de estar sufriendo un infarto.
—Dime ¡¿QUE HICISTE PARA EVITARLO?! Murió por tu culpa, por relacionarse contigo, por el peso que recayó sobre sus hombros a pesar de que tú estabas igualmente involucrado en el escándalo.
—¡NO! ¡NO! —bramó, lleno de un dolor desgarrador.
Cayó de bruces sobre el suelo, incapaz de sostenerse más en pie.
—No puede ser cierto, no puede…
—Lo es. Y ahora tendrás que cargar con esta responsabilidad por el resto de tu vida.
—Mao, basta —su voz salió apenas en un hilo fino y quebradizo.
Su cuerpo comenzó a hormiguear y a sentirse entumecido, en especial su brazo izquierdo. Lo percibía tan pesado que no pudo usarlo para apoyarse y levantarse del suelo a pesar de que lo intentó.
No podía moverse, el aire le faltaba y su cabeza comenzaba a dar vueltas.
Un agudo dolor en su pecho le cortó la respiración y finalmente cayó de frente hacia el suelo, inconsciente.
—¡NO! —un grito áspero y doloroso salió de su garganta.
Al despertar se halló a sí mismo en el suelo de su habitación, junto a la cama. En algún momento de la noche se había caído, pero ni siquiera eso logró despertarlo de tal pesadilla.
Se incorporó hasta quedar sentado en el suelo con la espalda recargada en el borde de su cama. El cuerpo le dolía por la tensión que atravesó, tardó mucho en comenzar a regularizar su respiración, y tuvo que pellizcarse un par de veces para asegurar que ya no estaba más en ese horrible sueño.
—Solo fue una pesadilla —se repetía una y otra vez, abrazando sus rodillas y ocultando el rostro entre sus brazos.
Pero por más que pasaban los minutos, el miedo permanecía latente.
Esas pesadillas solo eran el resultado del cúmulo de miedos que había creado con el paso de los días, sí, representaban su sentir.
Inmediatamente tomó su celular y llamó a Mao.
—Oye, ¿sabes algo de él?
—Buenos días. Sí, se encuentra bien, sano y salvo en su casa.
—¿Estás seguro?
—Lo estoy. Hablamos hace unos momentos, estaba desayunando pancakes.
Escuchar esas palabras lo llenaron de un inmenso alivio y de una paz que no sabía cómo describir. Agradeció al cielo y a los dioses.
—Mao, muchas gracias.
—¿Estás bien? ¿Pasó algo por lo que deba de preocuparme?
—Comí tanta chatarra hasta causarme diarrea y pesadillas, eso es todo.
—Bastaba con que dijeras que habías tenido una pesadilla — rio—. Debes comer mejor.
—Lo sé. Me voy, gracias —cortó la llamada y se volvió a tirar sobre su cama.
Su cuerpo estaba caliente y cubierto por una fina capa de sudor. Tan terrible había sido el sueño.
Abrazó una almohada con olor a Xiao Zhan y enterró la mitad inferior de su rostro ahí mientras miraba el cuadro en su techo.
Eso logró calmar sus sentidos lo suficiente para caer rendido al sueño una vez más.
San Valentín se acercaba, y con ello la fecha de su aniversario con Xiao Zhan también. Un año atrás no habría imaginado todo el caos que vivirían en tan solo doce meses. Aunque… pensándolo bien, no todo había sido malo. Por mucho, el año 2020 había sido el mejor de su vida hasta ahora.
Formalizó una relación con su crush de años, pasó unas hermosas vacaciones en Aspen con él; tuvo su primera experiencia sexual y muchos encuentros inolvidables posteriores a ese, conoció a sus suegros y fue adoptado por ellos como un hijo más, Xiao Zhan le pidió matrimonio y comenzaron a vivir juntos.
Sí, en retrospectiva había más cosas buenas que malas.
O eso pensaba hasta que sus pesadillas comenzaron a hacerse realidad.
—¡Yibo! —exclamó Mao cuando al fin le respondió el teléfono.
Wang Yibo era su último recurso, habría preferido no utilizarlo, pero estaban desesperados y no había otra opción.
—¿Qué sucede? —se puso serio al escuchar el tono en su voz.
—Dime… dime por favor que Xiao Zhan está contigo, o que al menos sabes algo sobre él.
—Claro que no. Ya sabes que… espera. ¿Qué está sucediendo?
—Demonios —se dio cuenta de que realmente no tenía idea de nada—. Si llegas a saber algo, por favor, lo que sea, llámame.
—Dime qué es lo que está pasando —comenzó a respirar agitadamente.
Mao se quedó en silencio, pensando en la mejor forma de decirlo.
—Mao, ¡dímelo ya!
—No encontramos a Xiao Zhan por ningún lado desde ayer en la noche.
La noticia le cayó como un costal de arena sobre los hombros.
—Pensamos que por ser hoy su "aniversario" quizás sé habrían escapado juntos a algún lado. Pero…
—No, ¡no he hablado con él en meses! ¿No está con sus padres?
—No, ellos también lo están buscando.
—Quizás con Ayanga, con Liu, con...
—No… sus padres, Na Ying Jie e incluso tus padres están haciendo todo lo posible por encontrarlo.
—¿¡Y por qué demonios no me dijeron nada!?
—Para evitar precisamente esto, cálmate.
—¿Ya lo buscaron en su departamento?
—Lo llamamos y no responde.
—No, me refiero a buscarlo físicamente en su casa.
—Voy en camino.
—Iré yo, me queda más cerca.
—¡No! ¿¡Quieres traerle más problemas!?
La verdad era dolorosa.
Wang Yibo apretó su puño en silencio, lleno de impotencia.
—Llegaré en unos minutos, no salgas de tu casa —advirtió, tajante.
Tuvo que resignarse y aceptar.
—Llámame cuando llegues —pidió—, y ten mucho cuidado.
—Lo haré —colgó la llamada y suspiró pesadamente.
Na Ying Jie había insistido mucho en acompañar a Mao, pero este no la dejó, ella tenía familia a la cual proteger, no podía arriesgarla de tal forma.
Cuando llegó al dúplex usó su propia llave para entrar. Todo estaba oscuro y no había ningún ruido, hasta que vio a Nut pararse frente a él, maullándole como nunca había hecho antes para luego salir corriendo.
—Xiao Zhan —lo llamó en voz alta, pero no obtuvo respuesta.
Comenzó a buscarlo en cada habitación de ese departamento, abrió y cerró todas las puertas que encontró, pero no lo halló por ningún lado. Volvió a la sala, el sitio que había revisado primero, pero ahora encendió la luz y puso más atención. Fue en ese momento cuando pudo darse cuenta:
Xiao Zhan estaba tumbado sobre el sillón más amplio, cubierto de pies a cabeza con una manta. Junto a esa masa amorfa que era su cuerpo, estaba Nut.
Con algo de miedo por lo que pudiera encontrarse, Mao reunió el valor para levantar la manta y mirar lo que había debajo.
Por su mente pasaron muchas posibilidades, pero no, no había un cadáver en descomposición, tampoco un desconocido, sino un inconsciente y cansado Xiao Zhan. Estaba acostado de lado, abrazando sus piernas mientras atravesaba ese pesado sueño.
De inmediato pensó lo peor, pensó que se había sobrepasado con sus medicamentos, pero lo descartó al colocar una mano en su frente y ver que ardía en fiebre. Otra cosa que notó fue su respiración irregular y entrecortada.
—Oh no, no, no —intentó despertarlo, pero no pudo.
Se angustió. ¿Y si estaba infectado?
No lo pensó dos veces antes de llamar a emergencias. Momentos más tarde ya estaban trasportándolo al hospital más cercano. Le administraron oxígeno y le hicieron la prueba.
Mientras esperaban los resultados, los medios de comunicación hicieron público el asunto. Los reporteros que le daban más importancia a su trabajo que a su vida, tenían tiempo montando guardias lo más cerca posible del hogar de cada uno. Habían logrado captar en cámara a Xiao Zhan siendo sacado de su hogar en una camilla, y esas fotos se vendieron como pan caliente, inundando todas las redes sociales.
A partir de ahí se hizo un escándalo difícil de imaginar. La gente comenzó a especular que a historia del "suicidio" se repetía.
La noticia no tardó en llegar a ojos de Wang Yibo.
Enloqueció.
Nada más le importó, salió como desquiciado en su moto rumbo al hospital en el que habían admitido a Xiao Zhan. Durante el camino solo podía rogar al cielo que todo fuera un malentendido, que su amado estuviera bien, que no fuera un "suicidio" ni nada peligroso. Sí, rogó al cielo una y otra vez sin parar hasta que llegó al hospital y comenzó a llamar a Mao, pero este no le respondía.
La sala de emergencias era un caos. Todo el personal portaba trajes especiales, mascarillas de nivel industrial y guantes. Comparado con ellos… él no traía más que su cubrebocas común y corriente.
Con algo de pánico buscó a Mao con la mirada por toda la sala, hasta que lo encontró hablando con un médico. Corrió hacia él, pero para cuando llegó a su lado el médico ya se había ido.
—Por favor —se plantó frente a Mao, con la respiración entrecortada y un nudo en su garganta que ya se deshacía en forma de gruesas lágrimas—. Por favor dime que está bien —suplicó sollozando.
—¿Qué demonios haces aquí?
—¿Qué le pasó?
Sabiendo que no lograría nada hasta que le dijera lo sucedido, procedió a explicarle.
—Tranquilo, él ya está bien. Lo encontré inconsciente en su casa mientras ardía en fiebre.
—¿Él… él está…?
—No, no tiene el virus. Le hicieron la prueba y salió negativa. Pero tiene una gripe terrible que se le complicó un poco por el frío y sus bajas defensas. Estoy esperando a que despierte para llevarlo de vuelta a casa, no es seguro que esté aquí —le frunció el ceño—. Tampoco es seguro que tú estés aquí. Largo, vete a casa —bufó.
—Quiero verlo.
—No.
—Mao, quiero verlo.
—No lo permitiré. Todo mundo ha de saber ya que estás aquí. Vete a casa y no pongas la vida de ambos en riesgo.
El pobre solo apretó ambos puños y su cuerpo tembló.
—Yibo —puso una mano en su hombro y lo miró con cierto cariño. Entendía el dolor y la importancia que estaba atravesando—. Vuelve a casa. Te informaré del estado de él. ¿De acuerdo?
Con todo el dolor de su corazón, Yibo tuvo que irse, aunque no sin antes…
—Dile… —lo pensó seriamente, no sabía si hacerlo o no—…de que lo amo.
Mao pudo sentir cómo su corazón se apachurró con fuerza. Nunca lo había dicho, pero los admiraba. Conocía de primera mano el amor tan profundo que esos dos se tenían, era testigo de que lo suyo no era un capricho, era amor de verdad. Y verlos pasar por esto solo incrementaba su admiración por ambos.
—Cuídate, ¿quieres? —le cerró los últimos botones de la chamarra, le acomodó el gorro y el cubrebocas—. No quiero que también enfermes.
Lo único que se podía ver del rostro de Yibo eran sus ojos, sus pequeños ojos ya enrojecidos por el llanto. Mao vio cómo se llenaban de lágrimas una vez más.
—Tú también cuídate —murmuró con la voz algo quebrada. Y entonces hizo algo que jamás había hecho: lo abrazó—. Gracias —le dijo antes de soltarlo e irse.
Ese simple "gracias" significaba más que mil palabras.
Cuando Xiao Zhan al fin dio señales de despertar, dejaron que Mao pasara a verlo.
—Hey, tú —se acercó a un lado de su cama.
Xiao Zhan parpadeó confundido, lo enfocó con la mirada y finalmente reconoció todo a su alrededor.
—¿Por qué estoy en un hospital? —se espantó de verdad.
—Te encontré inconsciente y ardiendo en fiebre. Tuve que traerte al hospital. Estarás bien, pescaste un terrible resfriado que por poco se convierte en neumonía. ¿Qué demonios has estado haciendo últimamente? ¿Nadando al aire libre?
Xiao Zhan rio con eso último, pero en consecuencia comenzó a toser con fuerza. Tardó unos minutos antes de volver a la normalidad. Su tos se escuchaba terrible, y su fiebre aún no bajaba, pero ya podía respirar mejor.
—Lo siento —lo ayudó a sentarse en la cama y le dio palmaditas en la espalda—. Saldremos de aquí en unos momentos, el médico está haciendo tu receta.
Miraron a su alrededor, estaban en un cubículo de la sala de emergencias y esta estaba abarrotada de gente esperando por una cama libre.
—Es un peligro para ambos estar aquí —murmuró el guardaespaldas, más para sí mismo.
—Lo siento. No deberías estar arriesgándote así por mí.
—Ni lo digas, no te disculpes. Somos amigos, ¿no es así? —dijo con completa seriedad.
Xiao Zhan esbozó una pequeña y cansina sonrisa que logró verse a través de la mascarilla de oxígeno que lo ayudaba a respirar mejor.
—Yo diría que somos familia.
De no ser por su cubrebocas, Xiao Zhan habría visto la amplia sonrisa de Mao.
—Mao.
—¿Si? —se acercó más para escucharlo mejor. Xiao Zhan lo miraba fijamente antes de agarrar su brazo y apretarlo con fuerza.
—Gracias.
Una vez más experimentó ese sentimiento que le atravesó el corazón cuando Yibo le dijo lo mismo.
No pudo decir nada, revolvió sus cabellos y fue en busca del médico para que ya les permitieran irse.
Bien equipado con medicamentos y tanque de oxígeno, Xiao Zhan regresó a casa acompañado por su fiel amigo, quien no se separó de él en ningún momento.
—Deberías ir a casa.
—Nadie me espera.
—Es peligroso que estés aquí.
—No me vas a contagiar nada, ni yo a ti.
—Pero…
—No me voy a ir.
Eso hizo sonreír a Xiao Zhan.
—Y no me agradezcas de nuevo, porque me voy a enojar.
—Bien —sonrió y se mordió la lengua porque estuvo a punto de decirle "gracias" una vez más.
—¿Cómo te sientes?
—Mejor —suspiró.
—¿Te puedo hacer una pregunta?
Xiao Zhan asintió.
—¿Por qué no pediste ayuda cuando comenzaste a sentirte mal?
—Estaba demasiado débil para ello, solo me tumbé en el sofá y me cubrí con la manta que ya había dejado ahí días atrás. Solo quería dormir.
Mao lo miró con detenimiento, se veía más cansado y demacrado en persona que por videollamada.
Suspiró.
—No quiero pensar en lo que hubiera pasado si no hubiese venido.
—Lo sé, lo siento.
—Todos estábamos preocupados.
—¡Mis padres…!
—Ya hablé con ellos y les dije lo que pasó. También los padres de Yibo están enterados, se angustiaron al saberte desaparecido.
—Y Yibo…
—Él es un idiota. Se apareció en el hospital al saber lo que te ocurrió. Estaba muy asustado.
Los ojos de Xiao Zhan se agrandaron mucho.
—¿Cómo está él?
—Desesperado por verte.
Él se sentía igual.
Mao pudo notar la desesperación en Xiao Zhan, lo leía en sus ojos llenos de impotencia. Jamás había estado tanto tiempo separado de Yibo, con nula comunicación entre ellos.
—Podrías… ¿podrías quedarte un poco más conmigo? —pidió de pronto Xiao Zhan, con un tono que Mao jamás le había escuchado. Además de estar cansado, parecía que aún le costaba un poco respirar con normalidad.
—No te preocupes, me quedaré contigo hasta que te recuperes. Tomaré la habitación de al lado.
Los ojos tristes de Xiao Zhan recuperaron su brillo por unos momentos. ¡Sí! Al fin calor humano en casa, había pasado mucho tiempo desde la última vez que convivió con un ser humano frente a frente. Además, tenerlo ahí lo ayudaba mucho.
Mao se instaló temporalmente en el dúplex de Xiao Zhan. Eso tranquilizó a Yibo, a sus padres y a los padres de Zhan Zhan también.
En esa primera noche, Mao recibió mensaje tras mensaje de Wang Yibo, y al ver que no le respondía decidió llamarlo hasta el cansancio.
—Por favor.
—No es buena idea.
—Sería por medio de tu teléfono.
—Pero…
—¡Por favor! —estaba en un modo tan insistente que muy pronto Mao comenzó a sentir una incipiente migraña—. No voy a estar tranquilo hasta poder verlo al menos a través de la pantalla, nada te cuesta, por favor.
—¡Está bien! —se rindió, exasperado. Terminó la llamada y entró al chat que tenía con Yibo para comenzar ahora una videollamada—. Iré a ver si aún está despierto, si está dormido no lo voy a despertar.
—Bien, bien. Anda, ve rápido —estaba emocionado. De pronto se sintió como cuando era niño y sus padres lo llevaron por primera vez a Disneyland.
—Está despierto —murmuró a su celular al asomarse al cuarto y verlo acostado mirando hacia el techo, mantenía una mano sobre su mascarilla de oxígeno, como si necesitara más de él—. Zhan Zhan, ¿estás bien? —inquirió en voz un poco más alta para que lo escuchara.
—Sí…
—Hay alguien que quiere hablar contigo. Lo tengo ahora mismo en videollamada.
—¿Quién…? —silenció cuando Mao giró la pantalla de su teléfono hacia él. Entonces se miraron mutuamente—. Oh… —no pudo decir nada. Un nudo se formó en su garganta y los ojos se le llenaron de lágrimas.
—Oh Dios… Zhan Zhan —se le quebró la voz al final. Se llenó de felicidad al mirarlo.
—Los dejaré a solas —le entregó su teléfono a Xiao Zhan y salió de ahí.
—¿Cómo te sientes?
—Ya estoy mucho mejor, lo prometo —se quitó la mascarilla de oxígeno para poder hablar mejor.
—No, no te la quites.
—No me deja hablar bien.
—No te la quites —insistió.
—De acuerdo —fue obediente y sonrió con suavidad, feliz por primera vez en mucho tiempo.
—Eres un idiota, no debiste enfermar.
—¿Soy un idiota por enfermarme? —alzó una ceja.
—Sí —los ojos se le seguían llenando de lágrimas sin importar cuántas veces las limpiara.
—Lamento haberte preocupado —acarició la pantalla con un dedo, deseando con todas sus fuerzas que esa fuera su mejilla y no solo el cristal.
—Debes cuidarte más.
—Lo hago.
—Sé que has estado bebiendo alcohol, tú no bebes alcohol.
—Ahora sí.
—No cuando tomas tus medicamentos para dormir.
Tenía razón. Xiao Zhan lo sabía, así que no pudo refutar nada.
Se quedaron en silencio unos momentos, solo mirándose a través de la pantalla, deseando estar junto al otro.
El silencio fue roto cuando Yibo soltó ciertas palabras sin previo aviso.
—Cuando todo esto acabe, te prometo que iremos juntos a la playa, ¿te gustaría ir a la playa conmigo?
Exhausto, Xiao Zhan asintió con una bella sonrisa y sus pequeños ojos entrecerrados. Luchaba con todas sus fuerzas para no caer rendido al sueño.
—Entonces iremos a la playa —se sorbió la nariz debido al llanto que se acumulaba y no dejaba salir. Se moría por estar a su lado y sostener su mano hasta que sanara—. Prometo que iremos, y veremos el atardecer, juntos. Lo prometo Zhan Zhan.
—Sería muy… lindo —suspiró y cerró los ojos sin borrar una sonrisa—. Lo siento… estoy cansado —hablaba en un tono muy bajo.
—No tienes que hablar Zhan Zhan, no lo hagas —se limpió el llanto con su camiseta y le sonrió.
—¿Estás… llorando?
—Claro que no —rio.
—Yibo… —lo miró con preocupación, el menor se odió a sí mismo por ello.
—Es solo que te extraño mucho, necesito estar contigo.
Xiao Zhan esbozó una sonrisa triste.
—Yo también… te extraño.
El menor soltó un suspiro tan pesado que incluso Mao desde el pasillo lo escuchó.
—Bo Di… —murmuró de pronto, atrayendo toda su atención—. Tú sigues siendo mi novio.
El aludido soltó una risa extraña en medio de su llanto.
—Lo sé, idiota, aunque terminaras conmigo, para mí sigues siendo mi novio. Sabes que no te desharás tan fácil de mí, ¿verdad?
—Eres peor que… —fue interrumpido.
—Peor que la comezón en el trasero, lo sé —rio y terminó suspirando—. Debes descansar —lo miró fijamente, con una nostalgia que casi se podía palpar.
—No… no te vayas, quédate… hasta que me duerma —pidió con un tono tan adorable que Yibo no pudo negarse.
—Me quedaré —suspiró—. Daría lo que fuera por poder tocarte —extendió una mano hacia él, sintiendo la fría pantalla de su teléfono.
Xiao Zhan esbozó una pequeña sonrisa, pero estaba tan cansado que no pudo decirle lo mucho que él deseaba lo mismo, quería decirle tantas cosas, pero cada palabra le costaba un esfuerzo mayor.
—Cuéntame algo… lo que quieras.
Yibo sonrió.
—¿Aunque te maree con tantas palabras? —recordó que en algún momento de su relación Xiao Zhan se fastidió un poco ante lo mucho que hablaba, pues nunca se callaba.
—Maréame.
Riendo, Wang Yibo comenzó a hablarle de cualquier cosa, de lo primero que se le venía a la mente, luego empezó a narrar cómo sería su viaje a la playa.
—Seguramente olvidaré mi bloqueador y terminaré con quemaduras en la piel, pero está bien, tú cuidarás de mí. Aunque ahora que lo pienso… sería poco conveniente, en la noche no podríamos tener… —fue interrumpido.
—Yibo…
—Bueno, tú sabes a lo que me refiero. Y también te bailaré "Pick me, pick me" todas las veces que quieras, lo prometo, y no me enojaré por ello.
Xiao Zhan soltó una pequeña risa que enseguida se convirtió en una terrible tos, tan fuerte que el celular de Mao termino viendo hacia el techo, sobre las sábanas mientras el pobre trataba de controlar ese repentino ataque.
—Zhan Zhan. ¿Estás bien? ¡Zhan Zhan! —lo llamó con desesperación al escuchar cómo su tos empeoraba—. ¡Mao! ¡Ven por favor! —suplicó, lo que no sabía era que este entró de inmediato al escucharlo toser así.
—Aquí estoy —dijo el mayor. Yibo no lo podía ver, pero ya estaba ayudando a Xiao Zhan a acomodarse mejor en la cama y a tomar un poco de agua. Alterado, Yibo solo quería que acomodaran el celular para verlo mejor. Cuando la tos se calmó, Mao tomó el celular y vio a Yibo de frente—. Es mejor que descanse, necesita reposo.
—Pero…
—Mao… por favor —casi no podía hablar, pues de inmediato sentía que volvía a tener ganas de toser—. Sólo un poco más…
El mayor suspiró pesadamente.
—Sólo un poco, y Yibo, ya no lo hagas reír —rodó los ojos y volvió a acomodar el celular en su lugar. Xiao Zhan sonrió, mientras que el pobre de Yibo se angustió al verlo de pronto más pálido que hace unos momentos.
Con un nudo en la garganta, no supo qué más decirle, así que simplemente comenzó a tararear Wuji para él. La sonrisa pequeña de Xiao Zhan se ensanchó, cerró los ojos y se dejó llevar a un profundo sueño.
—Descansa… —le dijo al ver que ya había caído rendido al sueño.
Desde ese día Mao se quedó al cuidado de Xiao Zhan y de Nut. Su recuperación fue lenta, pero luego de unos días logró sentirse mejor y dejó de utilizar el oxígeno.
Durante esos días los dos disfrutaron mucho de la mutua compañía, después de todo ambos vivían solos. Fue hasta ese momento que Xiao Zhan se dio cuenta de lo hogareño que era su amigo. Sabía cocinar delicioso y cuida a bien de la casa. Mantuvo todo limpio y en orden mientras él convalecía en cama.
Mao fue más que un amigo, fue como un hermano para Xiao Zhan en esos tiempos tan difíciles.
En más de una ocasión, Yibo tuvo el impulso de salir de casa y correr con Xiao Zhan. Lo único que lo detenía era el miedo de que un día de pronto apareciera muerto luego de "suicidarse", tal como en su sueño, tal como estaba pasando en la vida real con mucha parejas.
Tenía pavor, así que contenía sus ganas y solo se encargaba de estar al pendiente del avance de su recuperación, se preocupó al ver que fue lenta, pero sintió alivio al ver que luego de una semana ya se encontraba mucho mejor.
Pasaron meses antes de que la pandemia fuese controlada en el país, tuvieron que tocar fondo antes de lograr levantarse como nación.
Durante ese tiempo, Xiao Zhan y Wang Yibo se concentraron en su propia salud y bienestar. No tuvieron contacto directo ni una sola vez desde aquella videollamada a través del celular de Mao. Eso en parte les daba cierta tranquilidad, pues como estaban haciendo las cosas bien, el gobierno no tenía con qué amenazarlos.
Sin embargo, estaban sufriendo tanto como un adicto en rehabilitación.
Se necesitaban, sentian que se volvían locos día tras día. Daban lo mejor de sí en sus proyectos, trabajando desde casa, pero ni siquiera eso hacia que lograrán sacarse de la cabeza al otro.
Tras la cuarentena, cuando Yibo salió por primera vez de su hogar directo al trabajo, todos sus fans se asombraron al verlo en la televisión, de cuerpo completo.
Wang Yibo había adquirido suficientes kilos de más como para que llamara la atención incluso de las personas que no eran fans de él.
Se veía adorable, y el bullying por parte de sus hermanos de Day Day Up no se hizo esperar. Luego del tan esperado y emotivo reencuentro, se dieron cuenta de que todos habían aumentado de peso.
Por su parte, Xiao Zhan seguía en casa, trabajando desde ahí y permaneciendo al tanto de su situación legal. A pesar del paso de los meses, el acoso seguía siendo intenso.
El señor Wang se comunicaba con Xiao Zhan cada vez que había un progreso en el caso. Su bufete de abogados era uno de los mejores de todo el país, y ni siquiera así habían logrado terminar con el acoso. Y es que el problema era que ya no dependía de los abogados. Si la situación seguía así, era culpa de los internautas que no dejaban el tema de lado a pesar del tiempo que ya había pasado.
La situación era desesperante y cansina, pero él se mantenía firme porque tenía la esperanza de que, si aguantaba y seguía adelante sin mirara atrás, alcanzaría su objetivo. Aún tenía la esperanza, a pesar de todo, de que podría estar con Yibo algún día.
Ese era el único motivo que lo mantenía cuerdo, pero también era el motivo que le causaba insomnio y malestar.
Tanto Xiao Zhan como Wang Yibo buscaba saber uno del otro por medio de sus amigos, preguntándoles discretamente sobre el otro.
Xiao Zhan y los chicos de Uniq se hicieron más unidos. Y por otro lado Wang Yibo se hizo más cercano a Ayanga. Sí, ni siquiera Xiao Zhan podía creerlo luego de que su amigo le dijera aquello.
Cuando ambos volvieron a sus rutinas de trabajo de manera presencial, fue inevitable que se cruzaran al menos una vez.
Y esa vez fue en los pasillos de la agencia. Todos seguían usando cubrebocas por mera protección, pero a pesar de ello lograron reconocerse al toparse de frente en ese pasillo. Ninguno detuvo su andar, mucho menos se saludaron. Pero desde el momento en que sus miradas se cruzaron, y durante el tiempo que duró esa conexión, no supieron de nada ni de nadie más.
El encuentro duró segundos, pero eso bastó para encender una chispa dentro de su ser. Era casi como darle una gota del whisky más fino a un alcohólico con meses de sobriedad logrados muy a penas.
Tenían que volver a verse, a tocarse a hablarse.
Lo único que los detuvo un poco, fue el hecho de que el gobierno seguía imponiendo su orden, pues muchos "suicidios" habían sido reportados en los últimos meses, en su mayoría de personas pertenecientes a la comunidad LGBT+.
Ayanaga y Dalong se habían separado, Liu Haikuan y Zhu Zan Jin también, incluso Yixuan había terminado con su relación del momento.
Todo por temor a las consecuencias. Algunas parejas eran lo suficientemente maduras y fuertes como para soportar aquello, pero otras no tanto.
Durante esos tiempos de "regeneración" y de reintegración social sucedieron muchas cosas. Las grabaciones de SDC 3 terminaron, también las grabaciones de la serie policiaca en la que Yibo había estado participando. Para esto tuvo que dedicar muchas horas en el gimnasio, pues incluso en SDC3 le hicieron un poco de bullying por su aumento de peso. Sus queridos amigos lo molestaban por ello, pero se quedaron con la boca abierta al ver lo rápido que volvió a su peso normal.
—Se los dije —les echó en cara con una sonrisa llena de triunfo luego de mostrarles su abdomen perfectamente marcado. Eso salió en televisión y el mundo entero se escandalizó, más aún luego de que en un reto amistoso Lay le enseñara a bailar "Love Shot". Yibo imitó los pasos a la perfección y además le añadió su toque personal. Eso sí que puso el mundo de cabeza, e hizo que Xiao Zhan se sintiera acalorado cuando lo vio en pantalla.
No más, no podía soportar más tiempo sin siquiera hablar con él.
Tomó su viejo teléfono celular, marcó el nuevo número de Yibo y…
—¿Diga? —la voz seria de Yibo se escuchó en el auricular—. ¿Quién habla? —preguntó al no obtener respuesta, comenzó a enojarse—. Si se trata de una broma, te pido que… —silenció al escuchar su voz.
—Bo Di.
—¡Tú! —se quedó sin habla durante unos segundos—. ¿E-estás bien? ¿Sucedió algo?
—Todo está bien. Necesitaba escuchar tu voz un momento —sintió una especie de alivio al hacerlo.
—Zhan Ge… en el pasillo, yo…
—Está bien, entiendo. Yo también quería hablarte, pero no era prudente. Justo ahora te estoy llamando de mi viejo celular. Lo tengo desde que inicié la universidad.
—Ese artefacto ya debería de estar en un museo —exageró.
Y en vez de seguirle el juego con la pelea, Xiao Zhan simplemente se echó a reír como hacía tanto tiempo no reía. Yibo se deleitó con su fea risa y sintió paz.
—¿Cómo estás, Zhan Ge?
El aludido se recuperó de su risa y soltó un largo suspiro.
—Estoy bien, ¿y tú?
—Extrañándote.
—Yo también te extraño, y…
—Cero tolerancia. Cero interacción.
Ambos silenciaron al escuchar esa tercera voz que se unió a la llamada.
—No nos den motivo para tomar acciones en su contra.
Ninguno pudo hablar, estaban tan sorprendidos y asustados que podían sentir el latir de su corazón palpitándoles en las sienes.
—Quizá no les ha quedado claro que deben cortar todo lazo entre ustedes. La población tiene que saber que nunca tuvieron sentimientos románticos en común. Actúen tan bien su papel que hasta nosotros caigamos ante su actuación.
—No hacemos daño a nadie —espetó Xiao Zhan con valentía.
—Deshonran los valores de nuestra nación, desvían a las nuevas generaciones haciéndoles creer que lo que hacen es correcto. Una completa abominación.
—Ya no hemos tenido trato, no pueden reclamarnos nada.
—¿Y esta llamada? ¿Acaso creen que no nos hemos dado cuenta del trato que tienen entre ustedes? Mandándome cartas o recados con sus amigos, manteniéndose informados uno del otro. Les recuerdo: CERO TOLERANCIA. Seguiremos vigilándolos —salió de la llamada sin decir más.
Los dos se quedaron en la línea, aún con la adrenalina a tope y con su tristeza a flor de piel. No les habían cortado la llamada, pero seguían vigilándolos. Todo lo que dijeran sería escuchado por ellos.
Estuvieron en silencio por un par de minutos, aguantando su llanto y muriéndose por dentro.
—¿Este es el fin? —preguntó Xiao Zhan con voz trémula.
Wang Yibo supo entonces que él también lloraba.
—Te amo, Zhan Zhan, no lo olvides nunca. Pase lo que pase.
—¡Yibo! ¡Shh! —con eso le recordó que seguían siendo vigilados. Seguramente estaban escuchando esa conversación.
—No me importa. Te amo, y si es la última vez que te lo podré decir en mucho tiempo, tengo que repetirlo: te amo, Xiao Zhan. Pero… estoy consciente de la situación y quiero que sepas que si llegas a encontrar el amor en alguien más… sigue adelante, no te detengas por mí. Esto parece no tener fin, así que, si en el transcurso encuentras este mismo amor en una mujer, no lo pienses y hazlo.
Yibo solo quería lo mejor para Xiao Zhan, y este lo sabía, pero no podía soportarlo. Wang Yibo lo adoraba tanto que era capaz de eso y más.
—Estás loco —dijo Xiao Zhan, completamente conmocionado.
—Estoy hablando en serio. Y si yo llego a encontrar a una buena mujer por la que sienta lo mismo que por ti, lo haré.
El mayor rio al escuchar eso. Lo conocía demasiado bien, eso no pasaría jamás.
—Entonces nos quedaremos solteros de por vida, ¿no es así?
Yibo quiso reír también, pero solo un ruido raro escapó de su garganta llena de emociones dolorosas.
—Te doy permiso —dijo Yibo de pronto—. Te doy permiso de que te enamores de nuevo, de que ames a alguien que no te ocasione tantos problemas.
—Cállate. Tú no me ocasionas problemas —espetó de inmediato—. Nos los ocasionamos mutuamente —aclaró y luego soltó un pesado suspiro antes de continuar—. Quisiera decirte que pasando el tiempo podríamos llegar a ser solo buenos amigos, que podríamos tener nuestras familias y ser amigos que se visitan mutuamente los fines de semana con sus esposas e hijos, pero no puedo decírtelo, no aún. Sin embargo, si nos esforzamos podríamos llegar a ello —no aguantó su llanto, se le quebró la voz al final. Separó el teléfono de su rostro unos momentos y lloró un poco antes de recuperar la compostura—. Yibo, amor…
—No —lo interrumpió al fin—. No me digas eso porque… porque el poco valor que he reunido para decirte esto no habrá valido la pena. ¡Decirte que busques el amor en alguien más no es fácil! Pero tengo miedo de que sus amenazas se vuelvan realidad. Yo… no quiero perderte. Te prefiero con esposa e hijos antes que muerto —fue directo y crudo.
Xiao Zhan no pudo rebatir aquello, él sentía lo mismo.
—Entonces esto sí es un adiós —murmuró, completamente triste, pero asombrado ante la madurez de su amado. Meses atrás los papeles habrían sido a la inversa.
Yibo se tardó en responder a eso.
—Tal vez en otra vida, Xiao Zhan.
—Tal vez en otra vida —sentía que apenas le salía la voz, en su garganta sentía un nudo duro y doloroso.
—Te amo.
Eso bastó para que el nudo en la garganta de Xiao Zhan se deshiciera y se echara a llorar sin poder contenerse más.
—Te… te amo. Siempre lo haré.
Yibo apretó uno de sus puños, deseando con todas sus fuerzas poder abrazarlo y no dejarlo ir.
—Adiós, Zhan Ge.
Xiao Zhan sollozó un poco antes de finalmente cortar la llamada, terminando así por destrozar su corazón. Cayó de bruces al piso y soltó un llanto amargo y doloroso. Wang Yibo no estaba en una mejor situación.
Tal vez en otra vida…
Continuará…
¡Hola, pastelitos!
¡Ja! ¿Se la creyeron? En el grupo de Facebook les dije que me odiarían, pero no especifiqué el porqué.
Ese Yibo loco ya debería dejar de comer tanta porquería antes de irse a dormir, esos sueños raros solo me las ilusiona a ustedes.
BTW… Tengo curiosidad… ¿qué canciones relacionan con el Yizhan? ¿Qué canciones relacionan con este fic?
¡Espero que estén muy bien! Y espero que les haya gustado esta actualización. Si eres de las que no se pierde ni un capítulo a pesar de todo lo triste que está pasando… felicidades y bienvenida al mundo del masoquismo literal.
13/01/21
8:45 p.m.
