Capítulo 15: El amor de un padre
(parte de Altea)
Caminaba desesperado frente a la puerta. Había dado fácil treinta vueltas por todo el pasillo. Sabía que un parto era tardado y complejo, pero al ser el primero no podía evitar estar nervioso. No sabía que le mataba más: los nervios de ser padre por primera vez o el hecho de que Elena llevara dentro un buen rato.
Y es que fue tan inesperado que a Elena le llegaran los dolores de parto unas semanas antes de lo que se les había dicho, pero daba gracias a Ashera que había sanadores y enfermeros en su palacio.
Tantas cosas rondaban su mente, tanto así, que la menor de sus preocupaciones era que iba a ser o como iba a lucir, sino que le preocupaba la salud tanto del recién nacido como la de su esposa.
Finalmente escuchó ese tan esperado sonido de la puerta de su habitación abriéndose. Se dirigió a ella, justo a tiempo para encontrarse con el partero y sus ayudantes. El primero se sonrió limpiando sus lentes.
–Felicidades mi lord…–esa frase calmó a Greil y le hizo sonreír–…usted y la princesa son padres de un príncipe…
El noble no pudo esperar más y entró a esa enorme habitación que ahora solo era iluminada pobremente por las velas que adornaban la habitación. En aquella enorme cama, su esposa se encontraba descansando. Lucía cansada y sus cabellos ahora estaban alborotados y su cuerpo estaba perlado en sudor, sin embargo sonreía y veía con amor infinito al pequeño bulto que dormía en sus brazos.
–Greil…–le habló con una dulce y cansada voz–…ven a conocer a nuestro pequeño…
No necesitó que se lo volviera a decir, pues en cuanto ella terminó de hablar se dirigió a ellos, sentándose con cuidado de no moverlos y no despertar al pequeño recién nacido.
Entonces notó que de un extremo salían unos cuantos cabellos tan azules como los de su esposa. En cuanto el pequeño se acomodó entre los cálidos brazos de su madre, vio que también heredó su piel pálida así como su nariz. Sonrió al ver que dormía profunda y pacíficamente, como si nada en el mundo importara.
Se veía tan frágil…
Tan delicado…
Tan precioso…
Había visto tantas maravillas, todas y cada una más hermosa que la anterior…
Pero, ninguna se comparaba con su pequeño hijo…
Tantos sentimientos se encontraron al verlo así: amor, preocupación, felicidad, miedo…
Todos ellos relacionados con el bebé…
Se retiró los guantes por el simple hecho de no resistir un segundo más el tocar esas suaves y rosadas mejillas, eso solo lo impulsó a remover con suma delicadeza los cabellos que reposaban en su frente, y esto provocó que el nuevo padre le diera un dulce y amoroso beso en el lugar que acababa de descubrir para él.
No supo cuanto tiempo estuvieron unidos, solo supo que cuando se retiró vio como dos enormes ojos azul zafiro le miraban con atención y curiosidad.
Había algo tan familiar en ellos…
–Son…–susurró sonriendo al analizar mejor los ojos de la criatura.
–…tus ojos amor…–su esposa le imitó, completando su oración.
No pudo contener un par de lágrimas de alegría y emoción al escuchar eso. Siguió sin detener sus instintos, y le volvió a acariciar.
–Hola bebé…–Le habló con dulzura y amor. El pequeño abrió más sus ojos y ladeó su cabeza, como si estuviera entre confundido y asombrado. Greil solo sonrió más, sin dejar de acariciarle–…soy tu padre…
Y como si el niño hubiera entendido, le sonrió ampliamente, e inclusive rió un poco. Al castaño le dio un vuelco al corazón al verle y oírle así.
Ese momento lo atesoraría en uno de los lugares más especiales de su corazón y memoria…
El nacimiento de su primogénito, y digno descendiente de Taius: Ike…
–¡Ike!...
Llevaba ya horas buscándolo. Su hijo se había saltado la hora de la comida, eso no era normal. Le preocupaba el hecho de que realmente se sintiera muy mal. Ya lo había buscado en todo el fuerte y nada. Ni siquiera los guardias parecían haberle visto. Corrió entonces a los bosques, alterado por que además de ello, empezaba a obscurecer, ¿Qué iba a hacer si otro ejército iba tras él?, o peor aún, ¿Qué tal si una abeja aparecía y no la veía?, se aterró más al pensar que fuera tarde para ayudarle si este era el caso.
Aceleró al sentir la fría brisa acariciarle, sin importarle que sus pulmones exigieran un aire más cálido, pues no respiraría tranquilo hasta volver a estar con él.
Y es que llevaba ya meses soñando con su reencuentro, no se permitiría perderle otra vez…
FLASHBACK:
Se limpió la cara en el río. Había sido un satisfactorio entrenamiento con Caineghis, rey de los fiera.
Eso era todo a lo que ya se dedicaba tras haber abdicado, y aún no sabía por qué…
Sus tres motivos para los cuales luchar y ser más fuerte cada día habían muerto hace unos once años y medio…
Tal vez lo hacía para mantener su mente alejada de todo eso y no llorar todo el día y la noche por ellos, o inclusive no enloquecer. O tal vez era solo terquedad de parte de él.
–¡Lord Greil!
Escuchó una voz femenina junto con un fuerte aleteo. Dirigió sus zafiros al origen del ruido y al ver ese singular pegaso negro, supo quién era su jinete. La hija de uno de sus viejos amigos, a quién no veía desde la catástrofe.
¿Cómo le había encontrado? Era una de las cosas que le quería preguntar, pues lo último que recordaba era que su padre la envió a Yllise.
La chica aterrizó y se dirigió hacia él.
–Realmente es la hija de Annika…–pensó al analizarle mejor.
–¡Lord Greil!... –le volvió a hablar.
¿Cómo decirle que no le tratara como noble ni que no le interesaban sus motivos de buscarlo?
–¿Sí sabes que ya no soy príncipe ni que me interesa lo que me tengas que decir, verdad? –Simplemente se lo dijo.
–Señor…–la chica continuó de manera tranquila, pero firme–…ni siquiera he hablado…
–También es hija de Klagg…–suspiró pesadamente y rodó los ojos–…terca como él…
–No hay nada que me interese ya…–le vio frunciendo el ceño y empezó a irse.
–¿Y si se tratara de su hijo?...
Paró en seco y apretó los puños. No sabía si sentirse ofendido o disgustado. No hablaba de su primogénito desde que abdicó al trono de Tellius. Giró para dedicarle una mirada de odio puro, no recordaba la última vez que vio a alguien así.
–¡No tengo tiempo para estos ofensivos chistes! –Le habló con dureza y firmeza. Estaba harto de que le dieran falsas alarmas y avistamientos de su hijo, y que fuera solo para ser la burla de los nobles cuando iba al lugar citado. Respiró hondo para no seguirle gritando, pero nunca dejó de hablarle de esa cruel manera –…El rey Caineghis me espera…–le frunció el ceño para que fuera aún más clara la idea que daba a expresar–…¿Por qué no regresas por donde viniste y le dices a esos nobles que no caeré más en eso?
–Pero…
Sin embargo tomó su camino de vuelta al palacio de Galia antes de que la chica dijera algo más. Realmente no esperaba que ella hiciera eso, menos tomando en cuenta que fue una gran amiga de sus hijos, pero era algo que no le importaba ya.
Entonces vio por el rabillo del ojo, una de esas esferas azules que ella solía portar rozaba su rostro. Esas muy famosas "Erosian" que tenían tantas funciones, pero la principal: viajar a cualquier país o universo conocido. Si, esas cosas eran tan populares entre nobles de Begnion, además de estar solo al alcance de ellos.
–¿Me secuestrará? –Fue lo primero que pensó.
Antes de poder reclamarle algo, una imagen ante él le hizo parar de golpe: un pelinegro que tenía entre sus manos una cajita luminosa y que manipulaba con sus dedos. Era demasiado delgado y tenía piel pálida, pero no enfermiza, sin embargo, lo que más le llamó la atención era su cabello, que no era cualquier tono de negro, era uno casi azul…
¿Qué?...pensó asombrado, retrocediendo un poco para admirar mejor esa imagen.
Pero lo que más le impactó fueron los ojos del muchacho, solo había visto un tono azul así, y eran los de su hijo, podía reconocerlos en cualquier parte.
No contuvo sus lágrimas ni sus manos para acariciar la imagen, pues a pesar de que era solo una imagen, algo muy dentro de él le decía que era su muchacho. Podía tener cualquier apariencia, pero el siempre lo reconocería.
–El no puede vernos…–la joven le habló tranquilamente y acercándose lentamente a él–…pero, puedo asegurar señor, que esto no es un chiste, ni engaño, ni magia... –le sonrió–...esto es real, Ike Gawain, hijo de Greil y Elena, príncipe heredero de Tellius,y digno descendiente de Taius, vive…
Se quedó sin habla y sonrió. Sabía que no mentía y hasta se arrepintió de pensar todo lo que pensó de ella .Pues con cada latido, su corazón confirmaba que si era él.
Entoces el chico volteó a ver directamente a los ojos del mayor y le sonrió. Sabía que no era porque lo había visto, pero le gustaba imaginar eso.
–Elena tenía razón…–sonrió inconscientemente al verle así–…no solo heredó mis ojos, sino también mi sonrisa…
–¿Dónde está?... –preguntó sin dejar de admirar al joven.
La chica le sonrió.
–Sholua…–le respondió–…es una dimensión paralela a nuestro mundo, de seguro mi madre lo envió ahí por su seguridad, cambiando también su apariencia…
Volteó a verle y a pesar de que notar la tristeza de la chica al hablar de Lady Annika frunció el ceño, pues ya sabía que nuevo propósito tenía su vida…
–Quiero a mi hijo de vuelta lo antes posible…–le ordenó.
Ghya sonrió, era lógico pensar que esperaba eso.
–Como ordene, Lord Greil…
FLASHBACK
La alegría de saber que Ike estaba vivo era infinita. Cierto era que nunca se le ocurrió buscar a Ike tan lejos, mucho menos en otro universo, todo porque Sephiran, primer ministro de Begnion y consejero más confiable le dio las terribles noticias.
Siguió corriendo jadeante por el bosque, empezaba a punto de darle un infarto, ¿se había escapado?
Entonces llegó al lago, solo para ver a su muchacho tendido a la orilla del mismo…
Temió lo peor…
–¡Hijo! –corrió hacia él y lo tomó con cuidado entre sus brazos. Agradeció a Ashera que no tuviera más heridas que una en la mejilla. La pasó por alto, pues si se desmayó pudo haberse cortado al momento de caer.
–Ike…–Le habló con dulzura, moviéndole con delicadeza.
El joven abrió lentamente los ojos, para después ver a los de su progenitor de manera cansada.
–¿Padre?... –le habló de manera somnolienta, dejando escapar un ligero bostezo. Greil sonrió, extrañaba que le dijera así–…¿está todo bien?
–Sí…–le contestó sin dejar de sonreír y revisó que no tuviera temperatura–…¿te sientes bien?
El peli azul sintió con la cabeza.
–Creo que me quedé dormido– rió un poco.
El castaño también rio un poco, con el alivio de saber que no había que temer, pues solo se quedó dormido. Inclusive el muchacho se puso de pie sin ayuda y se dirigió al fuerte de la misma manera.
Sin embargo, notó que el joven había llorado.
Pensó que era porque extrañaba Sholua y a todos los que conoció allá. Más aún si no recordaba nada de ese mundo. Sabía que se le haría difícil, pero él estaría a su lado hasta que se sintiera cómodo en ese mundo y recordara todo lo que pasó antes de que se separaran.
Su agresor la pegó contra el árbol más cercano, colocando la punta de su espada en su garganta para asegurar que no escaparía.
Le miró con odio, aunque no a los ojos por la capucha que él portaba. Por sus tacones le ganaba por bastante altura, por lo que no alcanzaba a ver su rostro, este sería fácil de descubrir si le dirigía una patada a su abdomen, pero una extraña fuerza se lo impedía, por lo que solo podía dirigirle miradas de odio.
–¿Qué?... –le habló de manera desafiante–…¿vas a matarme?
No obtuvo respuesta, pero sentía que la frialdad de su mirada le cortaba, así como el filo de su extraña espada.
No lo entendía, ¿era una clase de tortura? Pensó eso hasta que vio como le temblaban un poco las manos.
–Esta nervioso…–pensó sonriendo de lado–…apuesto que es un primerizo o le gusté…
La tensión se sentía en el ambiente. Ambos rivales solo eran capaces de mirarse con odio jadeantes. Sólo los últimos cánticos de las aves interrumpían de vez en cuando la pesada respiración de ambos.
–Aléjate…–sa captor le habló, o mejor dicho captora, pues su voz la reveló como tal.
–¿Disculpa? –Andra frunció el ceño, ¿Cómo se atrevía a darle órdenes?
Sintió como la punta de su espada volvía a presionar su garganta, así como un cálido líquido correr con prisa por todo su cuello, sin detenerse solo porque llegó al final de su escote, haciendo que su piel se erizara.
–Aléjate de mi protegido…–le repitió con firmeza. La rubia notó un extraño acento en su forma de hablar, quien al mismo tiempo se le hacía familiar–…Aléjate del príncipe…
Dicho esto retiró su espada y se internó en los bosques. A pesar de que pudo haberla seguido para ver quien era o asesinarle, algo dentro de ella se lo impidió, por lo que simplemente se llevó los dedos a la pequeña herida y se dirigió al lago donde estuvo a punto de asesinar al príncipe. Sin embargo, otra cosa lo impidió a parte de la chica: el muchacho se desmayó en el momento que lanzó su daga, ocasionándole una ligera cortada en la mejilla. Levantó dicho objeto de la orilla del lago que alcanzó a teñirse de un ligero tono rojizo de la sangre que el arma logró robar al peli azul. La tomó entre sus dedos para secarla, y colocó en su bota correspondiente, acto seguido tomó camino al pueblo, pues eso no se iba a quedar así, iba a cumplir con su misión y cobraría el dinero que se le ofreció por arrebatarle la vida al descendiente de Taius.
Solo necesitaba una mejor estrategia…
Corrió por el pasillo. Estaba realmente furioso con su personal por no haberle informado que su esposa daba a luz. Cierto era que les comentó que no le interrumpieran si hablaba con sus invitados, y a pesar de que en esta ocasión se le daban a conocer a los nuevos descendientes de los héroes, el único descendiente que le interesaba ahora era el de él.
Vio a un grupo de sanadores y enfermeros salir de su habitación, les ignoró y entró a esa amplia e iluminada alcoba, la cual lucía de un color durazno gracias a que la luz golpeaba con fuerza en las cortinas que impedían que molestaran tanto a la cansada madre como al recién nacido.
Vio como su mujer le cantaba con amor y cansancio al pequeño bulto entre sus brazos, aquella canción que solo ella conocía.
–…Sin embargo el sol…–el cansancio la obligo a tararear el resto de la canción.
Se acercó con cuidado, tratando de reojo de ver las facciones del nuevo Yuken, notando varios cabellos cobrizos saliendo de las blancas mantas. La de ojos amatistas le sonrió y descubrió con cuidado el rostro del durmiente bebé.
–¿Es hermosa, no? –le dijo viendo con amor a la recién nacida. Klagg no pudo evitar sonreír al oír eso, pues su esposa tenía deseos de una hija hace mucho.
–Lo es…–dijo removiendo sus guantes para acariciar las pálidas y suaves mejillas de la bebé–…es toda una princesa…
Al sentir el roce, la pequeña reveló sus anaranjados y enormes ojos ante su progenitor, quien no pudo evitar sorprenderse, pues el rezaba que heredara las amatistas de su madre, como lo había hecho su hermano mayor y su primogénito, aunque hubiese sido solo uno.
Pero no por eso iba de dejar de amar a su pequeña princesa…
Dejó de lado sus recuerdos. No era el momento de tocar su corazón ni de sentimentalismos, tenía que cumplir la misión que los Yuken tenían designadas desde hace casi un milenio: encargarse del pueblo de Scara, por lo que tomó las diferentes cartas que adornaban su escritorio de los aldeanos, se tomaba muy en serio…
–¡Padre!
Claro que otro de sus deberes milenarios era cuidar de los descendientes, tanto de los héroes como los de él. Suspiró pesadamente, odiaba que le interrumpiera de esa manera, y más su primogénito, quien se supone debía entender mejor sus motivos.
–¿Qué? –le habló de la manera más fría y dura que podía existir.
Sin embargo, Makao no parecía afectado, pues le contestó de manera muy seria–ya encontraron al príncipe Ike, padre…
–Perfecto…–le habló frunciendo ligeramente el ceño–…¿algo más?
El de ojos bicolor le imitó.
–No…–desvió un poco la mirada–…nada…
–Entonces déjame hacer mis deberes…–con un ademan de su mano, le indicó que le dejara solo. Este obedeció sin decir más.
Bufó pesadamente, no es que no le gustara pasar tiempo con sus hijos, pero a veces no podía verlos a los ojos sin pensar ni recordar a su amada Annika, pues dos de ellos tenían sus ojos y su hija era exactamente igual a ella, pero con los ojos de él.
No se veía capaz de seguir viviendo con ellos después de la tragedia, pero, y era algo que jamás sabrían, es que durante los nueve años que estuvo separado de ellos solo le sirvieron para darse cuenta de que no solo no podía vivir con ellos, sino que tampoco podía vivir sin ellos.
–Por aquí Ghya…
La llevaba con cuidado a través de los pasillos del castillo donde la pequeña viviría con ellos a partir de ahora. No sabía el porqué, de seguro eran cosas de adultos que no entendía por ese momento, pero le ayudaría no solo por ser la hija de su guardián, sino que también lo haría porque sentía un gran cariño y estima por la pequeña.
Abrió la puerta de la habitación que su padre le indicó darle a la niña, no era tan diferente a las otras habitaciones, pues la alfombra azulina gobernaba todo el piso y sostenía la cama, las mesas de noche, el armario y el tocador de la misma. Todos ellos eran de color blanco con adornos dorados. Estos inclusive estaban presentes en las fundas de la cama y en las cortinas que ondeaban ligeramente con esa tenue brisa que ahora soplaba Yllistol.
–Este será tu cuarto…–la pequeña entró temerosa en la habitación y se sentó en la cama. Le daba tristeza verla así, pues hace no mucho que la vio riendo y jugando con los demás pequeños, incluyendo a sus hermanos mayores…
Todo era tan raro…
Entonces la escuchó cantar muy bajito, y a pesar de ser una canción alegre, la cantaba en un tono triste, cosa que le extrañó más, ya que Lady Annika se la cantaba con una felicidad absoluta, y que su hija la cantara de esa manera era extraño…
Tal vez demasiado…
Por fin :D
Lamento haber tardado, ya lo tenía escrito pero no sabía como terminarlo x.x en fin, espero les haya gustado :D
Raspberry-Kiwi11: xD si yo se que no lo es tanto :v me alegra que te este gustando TwT lamento haber tardado u.u pero bueno, no sabía como terminar este x.x espero no tardar tanto para el siguiente : )
AngelTerra133: TwT
Ghya: esta debería estar haciendo sus ensayos y mira :v
¬¬! Tu cállate!
:v lo es! Y si uwu a mi también me gusta mas : ) xD es normal uwu ntp y si .-. solo le importa eso ;n; y si u.u todos sufren
PINKDIAMOND4000: oo pero yo no describo tan fascinante (nadie le gana a Angel uwu) yo se que puedes describir mejor que yo, y si u.u pobre Geo, :v por ahí andan de loquillos , y si, mucha tensión y :v ya veras en el siguiente cap uwu si u.u yo casi lloro al escribir eso, se me hace muy cruel de su parte tratarle así, pero después sabrás porque :v ;n; si, pero no se meten en los asuntos del señor (no garantizo que no chismeen :v ) xD así esta el mio (?) ok no, estaría asi si mi mamá no me dijera que lo arreglara \:v/ y si u.u no quiere perder ni a Max ni a su abuelito ;n; u.u pronto…tal vez (?)
Yelai: yay uwu me alegro que lo hayas alcanzado uwu y si ;n; pobre Max xD aquí esta uwu
Les invito a dejar review y a leer mis otras historias.
Nos leemos :D
