Capítulo 18: Comportamiento extraño
(Parte de Sholua)
–¡He llegado, padre!
Había estado esperando al peli negro con ansias. No podía resistir ni un segundo más el llevar una mentira que le hacía sentir tan culpable por mucho tiempo.
–Hola, Isaac…–contestó tratando de sonreír un poco–…¿Cómo te fue hoy?
–Bien padre…–El joven dejó su mochila en el sofá y se dirigió al refrigerador por una soda. Gabriel lo miraba fijamente. Quería recordar bien como lucía Isaac antes de su declaración, pues estaba bastante seguro que el muchacho se deprimiría y de seguro que no volvería a ser el mismo.
Es decir, ¿Cómo le vería ahora que sabría que él no era su verdadero pariente?, había posibilidades de tantos escenarios. Inclusive aquel donde el pelinegro se iba a buscar a su verdadera familia.
Pero, el joven tenía todo el derecho de saber.
–¿Ocurre algo padre?, Luces ansioso…
¿Cómo empezaría su relato?, ¿Por dónde descubriría su propia mentira?
–Ven, siéntate…
El joven le obedeció sin chistar, como siempre lo hacía. Tenía que admitir que se había sacado la lotería adoptando al pelinegro, era un joven inteligente, honesto y obediente, a pesar de que de vez en cuando sus travesuras que se pasaban de la raya, o de las pocas veces que se llegó a rebelar contra el capitán, era un gran muchacho con excelente futuro si alguien le daba una buena dedicación y cuidado.
A veces, no sabía porque, le hacía pensar que así sería su pequeño Isaac, aquel que fue llamado en presencia de los Dioses mucho antes de lo que hubiese esperado.
–¿Qué ocurre padre?... –la preocupada voz de Isaac le sacó de sus pensamientos. Respiró hondo y armándose de valor tomó su mano, para dar inicio a su confesión.
–Isaac…–comenzó, apretando con fuerza la blanca mano del chico–…¿Sabes que te amo, que los amo, a ti, a Marina y a Tobby, no?
El muchacho le vio extrañad, alzando un poco la ceja.
–Padre, ¿Qué…?
–Contéstame, ¿sí, hijo mío?
–….Sí padre…–Respondió Isaac, viendo preocupado a los ojos esmeralda del capitán–…se muy bien cuanto amas a mí y a mis hermanos, inclusive a Tobby, que es adoptado…
Sintió como si una daga le rasgase el corazón. Tuvo que contener su pesada respiración y sus fuertes latidos, para no hacer obvios sus nervios ante su siguiente oración:
–Tobby…no es el único al que adopté…
La cara de Isaac fue tal que parecía que el capitán había cometido un atroz asesinato.
–Padre…–el agarre del peli negro se hizo más potente y su mirada reflejaba algo de tristeza–…¿Cómo planeas decirle?
Tragó algo de saliva antes de continuar.
–Se lo estoy diciendo ahora…
El color de la piel de Isaac se desvaneció por completo de su rostro. Por momentos el padre temió que el joven perdiese la consciencia de un instante a otro por lo que se mantuvo atento al estado del peli negro.
Pero el joven se mantuvo ahí, estático, incapaz de articular algún sonido, mientras su azulina mirada se dirigía hacia la nada. Parecía la estatua de un bello joven traumado por lo que acababa de escuchar, ni siquiera había soltado el agarre con aquel que le había adoptado.
–¿Isaac?... –colocó suavemente su mano en hombro. Pero tan pronto el joven sintió el agarre de mayor, le vio con ira, alejó la mano del castaño y se levantó de manera imponente, con los puños cerrados y el ceño fruncido de manera exagerada. Le daba miedo de solo verlo–…¿Is-Isaac?, ¿Qué sucede?, ¿Todo esta…?
–Aléjate de mí…–Incluso la voz del peli negro se imponía sobre la del capitán, haciéndole sentir un enano contra un gigante que quería usarlo como condimento para su sopa. Incluso su cabello lucía de un tono más azulado de lo normal.
–¿Q-Qué dijiste hijo?... –Fue más un susurro que un cuestionamiento, pero el joven de azulina mirada solo le vio con mayor ira.
–No quiero volverte a ver en mi vida…
Y así como entró al departamento del policía, salió de él. Una fuerza le atraía hacía el muchacho, pero otra igual y contraria le hacía permanecer sentado en su sofá, admirando la soledad en la que se volvía a encontrar tras su confesión así como dudando sobre si hizo lo correcto al decirle la verdad sobre sus orígenes.
–¡Capitán!, ¡Capitán!
Despertó jadeante ante los llamados de Tania. Se había vuelto a dormir durante la investigación del paradero de su hijo. Se había vuelto tan normal que empezaba a creer que sería su nueva rutina que había creado de manera inconsciente durante casi dos meses de ausencia del muchacho. Normalmente a las tres o cuatro horas de la desaparición de alguien, su búsqueda pasaba a segundo plano…
Pero esta vez era diferente…
Había jurado no perder otro hijo…
Y claro que lo cumpliría…
–Capitán…–la segunda al mando le llamó nuevamente, por lo que vio directamente a sus ojos–…señor, debería descansar, son las tres de la mañana, continúe hasta mañana y…
–No…
Tania le vio extrañada. Ese comentario le había herido, ¿Cómo no verle con el ceño fruncido y hablarle de tan cruel manera? Hablaban de su hijo, no de cualquier otro muchacho que solía desaparecer de la noche a la mañana y, si a ellos les daba prioridad sobre sus demás casos, Isaac era máxima prioridad sobre ellos. Desde que perdió a su primogénito, juró que jamás perdería a ningún otro niño o joven de Sholua, cosa que hasta el momento había conservado y no pensaba romper la promesa, mucho menos con su muchacho.
–Señor…–la voz de Tania se oía preocupada, sabía que lo estaba por el pelinegro, pero–…me preocupa su salud…–también por él.
No podía culparla, la conoce desde que empezó a ser un simple policía y por todo lo que ha pasado, cada cicatriz que ha tenido e idas al hospital. Cierto que también estuvo con él cuando se casó con Erina, cuando tuvo y perdió a su hijo, así como cuando encontró al otro Isaac y a Tobby. Cuanto extrañaba que su familia estuviese completa.
Pero por el momento, solo suspiró pesadamente.
–Estaré bien en cuanto mi hijo vuelva conmigo…
La chica imitó el suspiro.
–Pero, ¿no quiere usted estar completamente sano para poder disfrutar más su retorno?
–Sano o medio muerto, lo único que quiero es a mi hijo, no importa mi estado…
–¿Y el de él?
–La de él es la que me urge conocer…–frunció el ceño con decisión–…necesito saber que tan bien o mal está, para saber que esperar…
Vio como Tania solo bajó la mirada y suspiraba pesadamente.
–¿Cuánta azúcar en su café?
Sonrió al ver que a pesar de todo, la joven se mantenía a su leal a su extraña manera de trabajar, así como buscar a un joven que se parecía y no a su hijo, dejando de lado sus bipolaridades.
–¡Déjenme en paz!
–¡No hasta que nos des todo tu almuerzo, niñato!
Odiaba a Niverre. Se creía superior por trabajar para los Tybers, la familia de la fastidiosa Sonia que no hacía más que molestar a Max. Tenía que admitir que el joven no paraba de presumir sus privilegios por más esclavo de la familia que este fuese.
–o sirviente, como ellos dicen…
De penetrantes ojos azul marino y largos cabellos de un naranja opaco, Niverre, a sus 17 años de edad, ya era el joven más temido de la institución, molestando a cada uno de los estudiantes y, por desgracia, Tobby no era la excepción. Desde reclamar su lonche hasta una lluvia de golpes, día a día el muchacho le torturaba de una manera diferente, siendo coronado por la mente del rubio como "el rey de sus pesadillas".
El bully sonrió de lado y alzó al pequeño del cuello de su camisa contra su voluntad.
–¡Sueltame! –espetó.
Los malévolos ojos azules le vieron desafiante y con una burlona sonrisa de acompañante.
–¿O qué, enano?...
–¡Niverre!...
Entonces, un tercero apareció para defenderle, daba gracias que se trataba de su hermano mayor, Isaac, pero, lucía un poco diferente…
–Ah, el niño de papi…–el malvado le soltó de una manera brusca para dirigirse al nuevo retador. Intercambiaron un par de palabras para después terminar a golpes entre ambos. Tobby estaba horrorizado, había visto a Isaac enojado, cosa que de verdad era de temer, pero nunca lo había visto llegar a los golpes con una persona.
–Es más fuerte de lo que aparenta…
La pelea siguió, volviéndose poco a poco más grotesca, notando como la sangre de ambos enemigos empezaba a presentarse en la escena, que inclusive, el pequeño llegó a pensar, que hacía lucir el cabello del mayor de un tono más fuerte de azul a lo normal, pasando de pequeños destellos a un inconfundible azul obscuro. Inclusive sus ojos empezaban a hacerse de un azul brillante, algo que en su vida había visto en él.
Cuando sintió que esto había llegado demasiado lejos, el infante corrió nuevamente dentro del edificio, buscando con desesperación a su director con el fin de ponerle un alto a esto.
–¡Director Azami!...
Despertó de golpe, sin soltar el oso. No sabía porque recordaba eso y la verdad poco importaba si su hermano no estaba. ¿Por qué irse?, ¿Isaac ya no los quería?, eso no podía ser, porque, si no lo amaba, ¿Por qué lo defendió del peor de los estudiantes?, algo estaba mal.
Abrazó al peluche con fuerza, para después girarse hacia los demás juguetes que entre su padre e Isaac, le regalaron. Eran su más grande tesoro, pues, en su pequeña mente, era como si ambos dejasen una parte de ellos y le acompañaran en la hora en que caía en brazos de Morfeo. Y como no creer eso cuando el primer muñeco de felpa que se le dio le ayudó a calmase cuando las feas pesadillas le agobiaban en la noche. Eran como si ellos actuaran de barrera protectora en nombre de su padre y hermano que tanto amaba.
Sin embargo, había algo en él que le apasionaba aún más que los osos de peluche. En el piso, como parte de un juguete que Adriana le prestó, un arco con flechas se hacía presente. Se habían vuelto tan importantes desde que la mujer le cuidaba que inclusive le ayudaban, por momentos a olvidar sus problemas que enfrentaba, usándolo varias veces en el día, practicando con las diferentes dianas y objetivos a dar, volviéndose cada vez más comunes sus aciertos con el pasar de los días.
Pensaba en algún momento regresarle el favor de protección que Isaac le brindó por tantos años, teniendo la disciplina de él solito tomar el arco de juguete y practicar un poco antes que Adriana le llamara para desayunar, y esa mañana no era la excepción, por lo que se levantó aún con la pijama, tomó el objeto y practicó hasta que el infante fue llamado por la dama para llevarlo a desayunar, quedando solamente pendiente el vestirse para ir a la escuela.
–Pero…¿Porqué lo hiciste, Isaac?
Realmente le había preocupado conocer las acciones del peli negro al conocer sus orígenes, pero no pensó que le afectasen tanto. No era algo de esperarse de él el que se fuese así de su casa y apareciera en la de él tan de madrugada, sin nada más que su presencia. Cerró la puerta una vez que su inesperado invitado entró, con la mirada perdida, dirigiéndose a la habitación para huéspedes en donde el chico solía dormir las veces que se quedaba hasta tarde haciendo tarea en equipos o simplemente las veces que por gusto se visitaban. Pero esta vez, nada…
Solamente apareció para comentarle: "me fui de casa, Marth…"
–¿Marth?... –No sabía que había pasado en su casa, pero no debía ser bueno, y que le llamase de esa manera mucho menos–…tal vez solo esta cansado y confundido…
Y por eso, fue a verle, encontrándolo completamente dormido y cómodo en la cama. Pensó que no era el momento de cuestionarle sus acciones ni palabras, que serían más bien al día siguiente…
–¡Campbell!
Le asustó la voz del temido profesor Young, haciendo que viera directamente a su enojado rostro, pasando por desapercibidas las miradas de sus compañeros. Estaba en problemas y lo sabía, más porqué…
–Repítame lo que decía…
No sabía del tema y eso solo significaba que debía bajar la cabeza y aceptar el cruel y humillante castigo de ser corrido del aula, por lo que tomó sus pertenencias y salió, dejando detrás los murmullos de sus compañeros.
–Quiero hablar con su padre a la hora de la salida…
Esas palabras demostraban que César Young no dejaba de ser ese malvado ser que ni siquiera le importaba la desaparición de un alumno y mucho menos como le afectaba a Max. Pero debía calmarse y concentrarse en que su viejo amigo volvería, solo rezaba por que fuese sano y cuerdo y no como aquella noche donde, estaba casi seguro, de que su cabello lucía más azul de lo normal.
–Incluso…–pensó preocupado, dirigiéndose a la oficina de su director–…podría jurar que olía a alcohol…
–¡Terry, presta atención!
Su hermano mayor le bajó el celular para que lo viera directamente a esos ojos que a veces le mareaban.
Pasó sus dedos por sus negros cabellos y vio con sus esmeraldas al mayor, quién lucía furioso.
–¿Qué quieres animal?... –le habló molesto–…¿No ves que estoy en mi hora de descanso?
El de heterocromía también le vio con enojo.
–Tu hora de descanso terminó hace una hora, ¡ve ahora y atiéndelos!
–¡Ni que fueras mi jefe, Merlon!
–¡Soy tu hermano mayor y estoy a cargo cuando mi padre sale de negocios!, ¡Así que deja de ver a esa modelo y ponte a atender clientes!
Refunfuñó arrebatando su celular, ¿Cómo se atrevía a decirle que dejase de ver a la guapísima Harika Komone?, era tan bella, tan perfecta, la mujer ideal para él.
Sus rizados y castaños cabellos casi siempre recogidos en una cola de caballo que apenas tocaban sus hombros eran como esos relojes que hipnotizaban a cualquier idiota que se le cruzara. Sus celestes orbes brillaban con intensidad en esas níveas pieles y todo lo que usaba, por más sencillo que fuese, destacaba su esbelto y bien formado cuerpo, ¿Qué hombre no se distrae viendo eso?
–Al parecer el idiota que se fija en otra clase de mujeres…
Volvió con fastidio al mostrador, notando que, en efecto, había mucha clientela, entendiendo un poco el enojo del mayor, pero sin deseos de mostrarlo. Atendió como pudo a cada uno de ellos, ocultando su desdén y fastidio como podía y si podía.
–Si me atrapan viendo las nuevas fotos de Hakira, se esperan…
–¿Disculpe joven, puede ayudarme?
Al voltear con algo de enojo a la femenina voz, no pudo evitar no sentirse familiar ante la dulce mirada de la señora de ojos morados. Eran tan raros, así como su cabello quebradizo de un extraño tono cobre rojizo. Pero lo más raro era…
–Se parece a mi madre…
FLASHBACK:
–¡Terry!, ¡Mira lo que encontré!
Bajó ansioso hacia los dulces llamados de su progenitora de hermosos ojos verdes y cabellos del mismo tono de ocre que su pequeña hermana de apenas un año de vida para poder saber el porqué se le llamaba. Acababa de regresar de la tienda, así que lo más seguro…
–¿No era este el juguete que querías?
…era que le hubiese comprado ese muñeco de colección que le había comentado hace unas semanas.
Corrió hacia ella con una enorme sonrisa en el rostro y se aferró sin dejar de repetirle lo mucho que la amaba y lo agradecido que estaba con el regalo.
–Pero, debes de seguir siendo el niño bueno que siempre haz sido…
Eso hubiese sido más sencillo si no se hubiese ido…
FLASHBACK
–¿Joven?
Volvió a prestarle atención a la señora, quien tenía con ella unos pastelillos de diferentes sabores.
–¿Podría por favor cobrarme?, el niño que cuido casi sale de la escuela y quiero animarlo un poco con sus postres favoritos?
Una delicada sonrisa se dibujó en su rostro. En serio que se parecía a Adriana Ylova.
–S-Sí…–tecleó en la caja registradora y le cobró–…Gracias por su preferencia…
Pero la calidez que sintió cuando le sonrió agradecida lo hizo volverse más adicto a esa imagen tan familiar, tan parecida a su madre, que a las mejores imágenes de la joven modelo.
–Lamento no poder haber hecho más por ti…
–¿Bromeas?, en realidad fuiste de gran ayuda…
Le dedicó una cálida sonrisa a la mujer. Era curioso, juraba que ella se parecía demasiado a su fallecida esposa, tal vez por eso le ayudó…
Tal vez por eso, no quería dejarla ir…
Pero era una mujer casada, ¡vaya afortunado que era su esposo!, tener una mujer tan lista, noble y valiente a su lado, que no temía ser quien era…
Juraría que…
–Bueno…–prestó atención nuevamente a la criatura de ojos cafés y rubia platinada, quien le sonreía como solo ella lo hacía y como a él, le empezaba a enloquecer–…debo irme ya, de seguro me buscan…–y se dispuso a dejar el recinto que él alguna vez le ofreció.
–¡Espera!... –la detuvo preocupado, así como tomando su hombro–…¿Cómo lo encontrarás si no tienes tus recuerdos?
Y es que cuando la encontró en el bosque con hipotermia y dolores, no había nadie alrededor. Fue como cuando el capitán Gabriel encontró a ese pequeño y la mujer a su lado: Su ADN nunca concordó con nadie, no tenían recuerdos y padecieron al momento de ser encontrados. Pero, había algo tan especial en ella y en el otro joven hombre que se volvió su mejor amigo tras la muerte de su cuñado.
Ella simplemente le sonrió y retiró la mano amigablemente para después colgarse al cuello del joven hombre para susurrarle.
–Lo sabré cuando lo vea…
Se aferró a ella. No podía evitarlo, era como tener de nuevo a su amada entre sus brazos, tal vez aprovechándose del cariñoso gesto de la rubia.
Sin embargo, tuvo que obedecer los deseos de la fémina al separarse de él para despedirse de una manera más fraternal del otro rubio que vivía con, intercambiando un par de palabras, como si llevasen años conociéndose para después disponerse a salir del lugar, no sin antes volverle a sonreír para cerrar la puerta tras estas palabras:
–Gracias por todo…César…
Si lo sé, no fue el mejor capítulo y tal vez tampoco fue muy largo, pero igual espero les haya gustado.
Tal vez noten que se enfocó más en notar algunos cambios muy interesantes y llamativos de Isaac/Ike, pero espero esto poco a poco les vaya aclarando más lo que esta pasando que nada y pues si tienen dudas de lo que ha pasado hasta ahora pues háganme saber para aclararlas en su momento.
PINKDIAMOND4000: XD real paliza que le metieron al pobre de Ike uwu pero el se lo buscó.
:v! hasta crees que Klagg lo hará TwT pobre Ghya.
Es el punto débil de Makao xD así como no llamar su atención :v
Espero les haya gustado y les invito a dejar review y a leer mis otras historias.
Nos leemos :D
