Capítulo 86 "Legalmente juntos"
La rueda de prensa estaba por dar inicio, y a diferencia de la última vez, Xiao Zhan estaba muy emocionado a pesar del ligero nerviosismo.
Gran parte de la población estaba lista para escucharlo por cualquier medio que fuera posible. Wang Yibo estaba en casa con sus padres, mirando uno de los canales en los que sería transmitido tan importante comunicado. Él sí estaba casi tan nervioso como la primera vez. Su positivismo se había ido al carajo luego de haber tenido tan malas experiencias con los medios, el gobierno y las personas tóxicas de internet.
Las plataformas en la red no tardaron en saturarse, y los reporteros se peleaban por un espacio en la sala. El bullicio era más alto de lo normal, hasta que Xiao Zhan puso un pie en el lugar. Los flashes bañaron por completo su figura y el escándalo fue aún mayor, o al menos así fue hasta el momento en que se sentó en su silla y habló al micrófono. Toda la sala guardó silencio, mostrando respeto.
—Buenos días, agradezco su presencia aquí —saludó con completa cortesía, y a diferencia de la última vez, su sonrisa era sincera—. Hace algunas semanas estaba sentado en este mismo asiento, dando una importante declaración. Y hoy estoy aquí de nuevo para darles un comunicado —se aclaró la garganta, miró a las decenas de cámaras y micrófonos ante él, y procedió con valentía—. Es de mi total agrado informarles que la comunidad LGBT cuenta ahora con derechos y leyes constitucionales que nos protegen ante cualquier injusticia o abuso relacionado a nuestra orientación sexual.
No se lo esperaba así, pero la gran mayoría de los ahí presentes lanzaron vítores de felicidad, otros aplaudieron, pero en definitiva todos estaban de acuerdo con el buen resultado.
—Esto no habría sido posible de no ser por su ayuda. Quiero aprovechar este momento para agradecer a todas las personas que pusieron manos a la obra desde mi última conferencia. De no ser por ustedes nada de esto se habría logrado. Estuve al tanto de las manifestaciones en las calles, de las huelgas en muchos trabajos y empresas, los paros laborales y de todo el movimiento que se llevó a cabo a través de las redes sociales —se llevó una mano al pecho, y con una hermosa sonrisa, continuó—. Gracias a todos ustedes por hacer esto posible.
Una ola nueva de aplausos inundó el lugar. Xiao Zhan estaba conmocionado, miraba a ese mar de gente e imaginaba el mar más inmenso que conformaban las personas que miraban eso detrás de una pantalla.
—Lamentablemente… —continuó, logrando un silencio casi absoluto en la sala—…esto no quiere decir que estemos a salvo. Tenemos derechos que nos protegen, pero el riesgo sigue estando latente.
Tenía toda la razón. Las cosas no cambiarían de un día para otro, no era magia. Un cambio en la sociedad no podía ser tan radical, sería gradual, pero consistente.
—Mi objetivo con este comunicado es ampliar el alcance de esta información. Entre más personas estén enteradas de esto, más pronto lograremos un verdadero cambio. Y espero también… —lo pensó un par de segundos, no sabía si decir aquello o no—…que la controversia que se ha causado desde hace unas semanas sirva para iniciar una conversación en casa, con la familia, con los amigos. Hasta ahora, muchos habíamos permanecido en "el clóset" —hizo comillas al aire, con una sonrisa un poco tímida—. Quizás por miedo, o incluso vergüenza. En verdad espero que esto ayude a iniciar esa conversación que muchos no se atreven a comenzar. Gracias.
Cientos de flashes lo iluminaron, acompañado de más aplausos.
Una persona del staff se acercó a preguntarle si estaba dispuesto a responder algunas preguntas. Para sorpresa de muchos, Xiao Zhan aceptó responder un par de ellas.
Se estaba arriesgando, pero ya no tenía nada que ocultar.
—¿Has acarreado esto por muchos años? ¿Cómo enfrentaste este proceso? —preguntó uno de los reporteros, con ojos muy abiertos, esperando una buena respuesta.
Xiao Zhan suspiró y pensó bien antes de dar una respuesta.
—Los suficientes años como para decidir buscar un cambio. No ha sido fácil, pero he tenido un gran sistema de apoyo en casa.
—¿Te refieres a tu pareja? —preguntó otro reportero, sin que le cedieran la palabra. Estaba al fondo de la sala y casi había tenido que gritar la pregunta. Los murmullos no tardaron en hacerse presentes. Sí, las personas tenían mucha curiosidad al respecto.
El aludido soltó una pequeña risa, en ningún momento pudo borrar la sonrisa de su rostro, ni siquiera al ver que tenían sed de información sobre su vida personal. Y es que inevitablemente había pensado en Yibo.
—Me refiero a mi familia —no mencionaría a Yibo por el momento, ya se encargarían de hacerlo público juntos—. Mis padres y mis seres más queridos. ¿Alguna otra pregunta?
Todos se abalanzaron hacia delante, intentando llegar a él para ser elegidos. Xiao Zhan escogió a uno y este preguntó de inmediato.
—Estas últimas declaraciones nos han puesto en retrospectiva. ¿Los rumores y la evidencia mostrada sobre la supuesta relación entre tú y Wang Yibo eran reales?
Eso lo tomó desprevenido, si bien ya no tenía nada que ocultar, no creía que fuera buena idea reavivar la llama de esa controversia aceptando que todo era verídico.
Ocultó su nerviosismo, miró hacia un costado hasta toparse con la mirada de su guardaespaldas. Mao negaba sutilmente con la cabeza, esperando que entendiera el mensaje: "¡No lo aceptes aún!".
—No crean todos los rumores que escuchan —respondió.
—¡Esa no es una respuesta! —gritó una reportera más desde un rincón de la sala, las risas no tardaron en hacerse presentes.
—Que no sea lo que quieren escuchar no significa que no sea una respuesta —contraatacó con una sonrisa traviesa, casi con la expresión de un niño cuando es atrapado haciendo una de sus travesuras preferidas.
Los reporteros en vez de usar esa respuesta en su contra… estallaron en carcajadas. Había respondido con las mismas palabras de Yibo, jamás imaginó causar tal reacción.
Estaba asombrado, no por lo que gritaban y las preguntas que le hacían, sino por el modo y el estado de ánimo de todos los presentes. Nadie lo atacaba, nadie intentaba ofenderlo o hacerle preguntas que pudieran comprometerlo de verdad. Incluso le había causado gracia que aquella reportera se expresara de esa forma… ¿juguetona?
La situación parecía utópica. ¿Los reporteros lo respetaban? ¿Le hacían preguntas gentiles e incluso bromeaban con él?
Le costaba creerlo.
Lo que no sabía era que en verdad se había ganado el corazón de muchos luego de todos esos años demostrando su calidad de persona, sus valores y esa gentileza que lo caracterizaba e inspiraba a más gente de la que podía imaginar alrededor del mundo.
—¿Pronto nos darás la noticia de quién es la persona afortunada que tiene el privilegio de estar a tu lado? —preguntó otra reportera, con tacto, pero bastante emocionada.
Xiao Zhan no pudo evitar soltar una pequeña risa por cómo hizo la pregunta, sentía que lo estaban sobreestimando, pues el afortunado era él al tener a Yibo a su lado.
—Pronto lo sabrán —asintió con una linda sonrisa que logró desatar un escándalo aún mayor.
Desde la casa de sus padres, Wang Yibo veía cada segundo de esa transmisión, y no pudo sentirse más enamorado de ese hombre. ¿Había algo que no hiciera bien?
Si Yibo hubiese estado en la ciudad en ese momento, habría interceptado a su novio fuera del edificio para robarle un beso en frente de todos y así terminar de confirmar aquellas sospechas que siempre los habían estado rondando.
Pero no, estaba en casa de sus padres, viendo la rueda de prensa desde el sillón y festejando el éxito obtenido. La verdad era que no podía estar más feliz y satisfecho. Lo único que podría incrementar aún más su felicidad, era poder estar junto a él en ese momento.
—Ahora si, hijo, ¿cuándo se casarán y nos darán nietos? —preguntó cuando vio que la transmisión terminaba luego de que Xiao Zhan se despedía amablemente de los reporteros.
—¡Mamá! Es muy pronto para eso!
—No me vengas con esas cosas, Yibo, no desperdicien más el tiempo.
—Un paso a la vez. Mujer, un paso a la vez —le dijo su esposo. Quien también se moría por ser abuelo. Pero entendía a su hijo. Se merecía disfrutar su felicidad al ritmo que él quisiera.
—Iré a hacer mis maletas, me voy a Beijing.
Salió casi corriendo de casa de sus padres, un par de horas más tarde, el señor Wang pasó por su hijo y lo llevó al aeropuerto, pero antes de despedirse quiso aprovechar para decirle algo muy importante.
—Hijo. Quiero disculparme contigo.
Yibo había estado a punto de abrir la puerta del auto para bajarse, pero se congeló al escuchar eso.
—¿Por qué?
—Por no haber sido ese padre que necesitaste desde un inicio. Te juzgué y me enfrasqué en mis propios deseos y necesidades —no le era tan fácil hablar de sus sentimientos, mucho menos pedir perdón, estaba doblegando su orgullo para poder hacerlo. Y Yibo estaba muy consciente de eso.
Además estaba el hecho de que siempre decía que Yibo se encargaría de seguir con la descendencia de la familia, que traería muchos hijos al mundo y que sería un orgullo para él. Pero ahora…
—En más de una ocasión sentí que no llenaba tus expectativas —confesó el menor, tomando la oportunidad que se le presentaba—. Querías que fuera todo lo opuesto. Esperabas un hijo abogado a quien heredarle tu firma, muchos nietos, y que tuviera una familia tradicional. Pero no cumplo con ninguna de esas cosas.
El corazón del mayor se contrajo por la tristeza.
—Sí me puedes dar una de esas cosas —sonrió de lado, rompiendo un poco ese momento incómodo.
Yibo soltó una pequeña risa.
—Es muy pronto para hijos.
—Lo sé. Yo… solo quiero decirte lo muy orgulloso que me siento de ti, de tu carrera, de tus logros, y de lo que eres.
—¿De lo que soy? —alzó una ceja, estaba por replicar, pero entonces su padre continuó.
—Mi hijo.
—Oh… —eso lo desarmó y un nudo se comenzó a formar en su garganta.
—Cuídate. No olvides tomar tu medicamento, no tomes mucho alcohol y tampoco abuses del café. Cuida de Xiao Zhan y deja que cuide de ti, no seas tan obstinado.
Yibo rio. Su padre podría conocerlo, sí, pero no lo conocía estando cerca de Xiao Zhan. Claro que se dejaba cuidar y mimar por él. Era la única persona a la que obedecía casi al cien por ciento. Pero bueno, ya habría tiempo de demostrarle aquello.
—¿Qué ocurre? —preguntó al sentir la mirada de su padre fija en él, tenía una expresión entre nostálgica y orgullosa.
El mayor negó con suavidad.
—Ve, no querrás llegar tarde. Te enviaremos el resto de tus cosas mañana —revolvió sus cabellos como hace mucho no hacía, dejando al pobre de Yibo completamente pasmado, pero con una linda sonrisa al final.
—Gracias —salió del auto, se echó su única maleta al hombro y cerró la puerta del auto. Sin embargo, no pasaron ni dos segundos antes de que volviese a abrirla solo para entrar al auto y darle un abrazo a su padre—. Te quiero.
Lo había tomado por sorpresa, pero eso no evitó que correspondiera con el mismo cariño. Yibo tenía mucho tiempo deseando hacer eso, incluso lo había hablado con los padres de Xiao Zhan. No entendía cómo su novio podía abrazar tan fácil a su propio padre, decirle cuánto lo amaba e incluso darle un beso en la mejilla. Él veía aquello y sentía celos, celos por no poder hacer lo mismo con su papá.
"Solo hazlo" le había dicho el señor Xiao. "Un padre jamás podría rechazar un abrazo de su propia sangre, mucho menos un 'te quiero'".
Se arriesgó, y estaba valiendo la pena.
Sintió que su padre correspondía con más fuerza antes de soltar un gran suspiro, como si hubiese estado llevando una gran carga sobre sus hombros que hasta ahora se liberaba.
—Yo también te quiero, hijo —le dio unas pesadas palmadas en la espalda—. Ten un buen viaje, y saluda a Xiao Zhan de mi parte.
Al separarse del abrazo, Yibo pudo ver la humedad en los ojos de su progenitor. No iba a mencionar nada al respecto, pues él se encontraba en la misma situación. Además, ambos eran sentimentales "de clóset".
Con sonrisas llenas de complicidad, se despidieron al fin, prometiendo en silencio que no le dirían a nadie que habían llorado mientras se abrazaban y se decían un "te quiero".
Un par de horas luego de haber despegado de Luoyang, Wang Yibo ya estaba en el aeropuerto internacional de Beijing. No había querido cargar con mucho equipaje para no tener que documentar maletas y así poder ir lo más rápido posible a casa de su amado. Sin embargo, el aeropuerto se encontraba en su hora más concurrida. Muchos vuelos habían llegado casi a la misma hora, lo que hacía de las salas un lugar con tumultos de personas que tenía que atravesar.
Había mucha gente esperando por sus seres queridos, también desconocidos cargando un cartel con el nombre de algún extraño. Nada fuera de lo normal en una tarde de día laboral.
Yibo afianzó el agarre de su maleta sobre el hombro y se concentró en salir rápido de ahí sin ser reconocido, su chofer ya lo esperaba en la salida. Aceleró el paso hasta que de pronto vio un cartel con su nombre. Eso lo hizo disminuir la velocidad, entrecerró los ojos para ver mejor, pues estaba a suficientes metros de él como para no alcanzar a leer bien los caracteres.
Sí, era su nombre. A partir de ahí todo ocurrió demasiado rápido, en cuestión de segundos desvió la mirada al pensar que se trataba de una broma, pero entonces volvió a mirar el cartel, y finalmente a su portador.
Sintió un estremecimiento de pies a cabeza al mismo tiempo que su corazón se detenía solo para volver a latir como desquiciado.
Xiao Zhan lo esperaba con un letrero en mano. Hacía frío, traía su abrigo negro, bufanda gris y gorro del mismo color. Intentaba pasar desapercibido usando también un cubrebocas. Pero Yibo lo reconocería en donde fuera y como fuera. Incluso ahora, aunque no le viera la mitad del rostro, sabía que le estaba dedicando su sonrisa más bonita y genuina.
Mantuvo el letrero en sus manos por unos segundos, Yibo tuvo la fugaz idea de tomarle una foto, pero desechó la opción cuando no aguantó más las ganas de correr hacia él, y en cuestión de segundos ya se había lanzado a sus brazos.
En verdad no podía creer que estuviera ahí, en público, esperándolo.
El bullicio de la gente era tal que nadie se había dado cuenta de que eran ellos, cada persona estaba concentrada en sus propios asuntos, hasta que esos dos chicos se besaron en la boca, en medio del concurrido aeropuerto.
Inevitablemente fueron el blanco de muchas miradas curiosas y otras un tanto juzgonas, algunas personas incluso se detuvieron a ver si en verdad eran dos chicos. Enorme fue la sorpresa de aquellos que lograron reconocer sus identidades. Era la primera vez en mucho tiempo que se les veía juntos en público.
—Wang Yibo, Wang Yibo —suspiró aún dentro del abrazo, apretándolo aún más fuerte contra su cuerpo, y memorizando de nuevo su aroma—. No sabes cuánto te extrañé.
—Sí lo sé —correspondió con la misma intensidad.
Ninguno fue consciente de las miradas que atraían hasta que se separaron del abrazo y vieron a su alrededor. Esta vez no se preocuparon, sonrieron mutuamente, tomaron la mano del otro y se fueron de ahí sin darle más importancia al asunto.
—¿Quieres que te ayude con la maleta?
—No soy un debilucho —le sonrió.
—Se ve pesada.
—Soy más fuerte de lo que crees.
Y tenía razón. Wang Yibo no era más un muchacho que recién salía de la adolescencia, era un adulto joven, más alto, más fuerte, y visiblemente más fornido que antes.
Luego de una pequeña risa, Xiao Zhan apretó más la mano de su novio y asintió.
—Vamos a casa.
Yibo sintió de nuevo un estremecimiento de pies a cabeza, esas palabras… había esperado tanto por escuchar esas palabras salir de sus labios.
Sin prisas, y sintiendo una gran felicidad, regresaron al lugar que los había visto vivir los mejores momentos de sus vidas, ese maravilloso y acogedor duplex.
Para ambos era difícil explicar las emociones que estaban experimentando en ese momento. Por una parte se sentían incrédulos todavía, y por otra estaban sumamente emocionados por poder cumplir ese sueño que por poco vieron imposible. Ahora estaban a la expectativa de lo que pudiera traerles el destino. Habían atravesado momentos tan difíciles que no querían siquiera recordar, así que ahora estaban dispuestos a recibir con brazos abiertos todo lo bueno que la vida les traía como compensación.
—Llegamos —estacionó su auto frente a ese bello departamento de dos pisos y soltó un largo suspiro.
—¿Hace una semana imaginaste que estaríamos aquí, juntos?
Xiao Zhan rio.
—No. Por eso me parece tan increíble que al fin esté sucediendo.
Con emoción anticipada, entraron al departamento y lo encontraron lleno de cajas de mudanza. Xiao Zhan apenas había mandado traer algunas de sus cosas esa misma mañana. No había tantos muebles como antes, y todo estaba un poco empolvado.
—No había vuelto desde hace años, me era muy difícil seguir viviendo aquí sin ti —confesó mientras miraba las pilas de cajas y de muebles con cubierta plastificada.
La verdad era que cada rincón de ese lugar le recordaba a Yibo, y había sido una tortura seguir viviendo ahí después de la separación definitiva.
—Te entiendo —murmuró, pues él también se había ido de la casa que tenía a unas cuadras de ahí, precisamente por lo mismo.
Yibo lo tomó de pronto por la cintura y besó su mejilla con un infinito cariño.
Xiao Zhan no dijo nada, sonrió y lo rodeó con sus brazos.
No era necesario decir algo.
Momentos después pusieron manos a la obra. Tenían mucho trabajo por delante si querían dormir esa noche en una cama. Comenzaron con la limpieza del lugar, hicieron una pausa para comer pizza, y luego procedieron a acomodar y desempacar todas sus cosas. Entre los dos subieron el colchón a la habitación principal, pero estaban ya tan cansados que apenas lo acomodaron en su lugar, se tumbaron sobre él y no quisieron moverse en un largo rato.
—Estoy cansado —admitió Yibo, acurrucándose hacia su amado, buscando su cariño como si fuese un felino.
—Yo también —miró por la ventana sin cortinas, ya había oscurecido, y parecía hacer mucho frío.
En mutuo acuerdo decidieron no volver a levantarse de ese cómodo colchón, se desvistieron hasta quedar en ropa interior, tomaron una cobija que estaba cerca de ellos y se cubrieron con ella para al fin dormir como bebés, uno en los brazos del otro. Afuera la temperatura oscilaba entre los -4 y 0 grados centígrados, pero el departamento era sumamente cálido, habían acomplado el termostato a una temperatura perfecta. Así ellos estaban tibios en su cama, compartiendo su calor y su amor.
Al día siguiente Xiao Zhan fue el primero en despertar. Cuando abrió los ojos recibió de lleno la luz del día que se colaba por la ventana sin cortinas. Estrechó los ojos y frunció el ceño, hasta que bajó la mirada y descubrió a esa belleza durmiendo sobre su pecho.
¡¿Era posible tanta ternura en un hombre de casi treinta años?!
La mejilla de Yibo estaba aplastada contra su pecho, sus labios entreabiertos y su expresión llena de paz lo cautivaron. No quería moverse para no despertarlo. Al contrario, decidió solo acomodarse lo suficiente para evitar que la luz del día le diera de lleno en la cara.
Luego de mirarlo dormir por largo rato y de acariciar su espalda desnuda, comenzó a besarlo por todas partes con la intención de despertarlo. Su felicidad por tenerlo ahí era tal que no soportaba no besarlo.
Fue gracioso ver cómo Yibo se quejaba, aún dormido, intentando quitarse a su novio de encima para seguir durmiendo.
—Mnh… déjame —se quejó con una voz tremendamente ronca.
El mayor solo rio y siguió molestándolo con caricias empalagosas y muchos besos.
—Wang Yibo —murmuró en su oído, y eso bastó para que abriera los ojos de golpe.
El peso de la realidad le cayó encima y todo su cuerpo tuvo un disparo de adrenalina muy agradable. Por un momento había olvidado dónde y con quién estaba.
—Oh… —fue lo único que dijo, con los ojos aún entrecerrados por la incomoda luz que se colaba por las ventanas. Lo miró unos segundos antes de abrazarlo y acurrucarse de nuevo contra él, tal cual como un cachorrito. Su cuerpo semidesnudo era suave y tibio, Xiao Zhan tampoco quería salir de la cama, menos si eso significaba alejarse de él. Así que lo abrazó de nuevo y suspiró lleno de dicha. Había extrañado mucho esos momentos de íntimo letargo en el que recién habían despertado y se debatían internamente entre salir de la cama y comenzar el día, o quedarse en calidad de bulto entre las sábanas, envueltos cual bollo al vapor.
Tenían el día libre, pero debían usarlo sabiamente para terminar de desempacar, sin embargo, era la primera vez que tenían un momento para los dos, sin prisas, sin presiones. Solo ellos dos importaban.
Ninguno se había vuelto a dormir. Xiao Zhan acariciaba la espalda de su amado con un tacto gentil, usando solo la punta de sus dedos. Eso relajó tanto a Yibo que por poco se queda dormido de nuevo. Y es que la sensación agradable de sus caricias, la calidez debajo de las mantas, la suavidad de su piel junto con el calor que emanaba y el olor tan delicioso que desprendía… Yibo estaba extasiado.
—Quiero quedarme aquí para siempre —murmuró el menor, aún con su mejilla aplastada contra el pecho de su novio.
—Yo también —suspiró—. Pero tengo hambre, y no hay nada en la cocina.
—Y no quedó pizza.
—Porque alguien se la terminó.
—Hey, me comí la última rebanada, sí, pero cada uno se comió la mitad de la pizza.
Xiao Zhan rio, extrañaba pelear así con él.
—Tomemos un baño y salgamos a desayunar.
—¿Waffles?
—Lo que tú quieras —besó su frente antes de desprenderse de ese cálido capullo en el que parecían estar envueltos.
Se bañaron por separado, se arreglaron un poco y salieron a buscar algo rico para desayunar. Ya no les importó ser vistos en público. Al bajarse del auto caminaron por las concurridas calles de Beijín tomados de las manos, buscando un lugar para desayunar.
La gente los observaba, estaban seguros de que no tardarían en tomarles fotos y subirlas a internet. El mundo entero se enteraría muy pronto por medio de los demás, pero ellos se encargarían de confirmar esos rumores con hechos.
Desayunaron como una pareja normal, sin preocupaciones. La camarera que los atendió los reconoció de inmediato, y ahí comenzaron a tener un poco de miedo, pues si bien ya eran libres de demostrar su amor en público, no eran tan libres como para no ser acosados simple y sencillamente porque eran dos de las figuras públicas más importantes del país.
Estaban tan felices por su repentina libertad, que no se habían detenido a pensar en ese otro punto importante, pues independientemente de su situación actual, no dejaban de ser figuras públicas que no debían salir por ahí mostrando su identidad sin llevar seguridad con ellos, o al menos un guardaespaldas.
Era riesgoso, y lo notaron cuando la camarera les pidió su autógrafo y una foto. Ellos aceptaron con cortesía, pero se sentían incómodos. Muy pronto las personas de las mesas adyacentes hicieron lo mismo y así no tardó en formarse una aglomeración en el restaurante.
Decidieron pedir la cuenta y salir de ahí, pero la gente a su alrededor ya no se los permitía. Se pusieron su cubrebocas y pidieron con amabilidad que los dejaran irse, pero las personas no escuchaban e insistían cada vez más por una foto y autógrafo.
Ambos comenzaron a sentir pánico hasta que un hombre de filipina blanca salió al rescate. Tomó a ambos jóvenes del brazo y se los llevó a una zona restringida para el público. De pronto se hallaron en medio de la ajetreada cocina del lugar.
—Aquí no los molestarán —dijo aquel hombre que los salvó, poco después supieron que se trataba del chef.
—Lamento el escándalo de allá afuera —se disculpó quien parecía ser el gerente del lugar—. Si necesitan una salida segura pueden tomar este camino —señaló una puerta que llevaba al exterior.
—Muchas gracias —suspiró Xiao Zhan—. Por un momento temí que no pudiéramos salir ilesos de ahí.
—En verdad lo sentimos mucho —dijo ahora el chef.
—No es culpa suya —aseguró Yibo, tan serio como siempre. Miró hacia dicha puerta y luego hacia su novio, haciéndole una señal con la cabeza para ya irse de ahí. Tanta gente aglomerada lo había puesto nervioso.
—Llévense esto —el gerente les extendió un paquete bien envuelto—. Notamos que no terminaron sus platillos. Les preparamos otros idénticos.
—Oh… muchas gracias —sorprendido, Xiao Zhan aceptó el paquete.
—Gracias —musitó también Yibo antes de tomar la mano de su novio y salir de ahí.
Había sido una pequeña odisea, ninguno creyó que eso pudiera pasar. Lo cual era extraño, pues era algo que habitualmente les pasaba estando solos.
Y ahora en pareja, más.
Desayunaron en casa y comenzaron a desempacar y a acomodar todo. El departamento no quedó exactamente igual que antes, pues había algunos muebles nuevos y alguna que otra decoración que Yibo no había visto.
Más tarde decidieron usar una app para comprar sus alimentos y surtir así su despensa. Estaban cansados como para salir, y tampoco tenían ganas de enfrentarse a otro tumulto de gente como el de la mañana.
Estaban cómodos y felices por poder compartir momentos cotidianos con el otro, pero había cierta incomodidad entre ambos que ninguno sabía bien cómo sacar el tema a flote.
Años atrás (incluso pocos meses atrás), se revolcaban en la cama, en los sillones, en la alfombra de la recámara, en el piso frente a la chimenea, y también en el baño. ¿Qué había cambiado ahora? Compartían el mismo techo, estaban a solas, por primera vez con seguridad legal, y… no lo hacían.
No es que ninguno de los dos no tuviera ganas, porque sí las tenían, pero les avergonzaba un poco admitirlo. A estas alturas ya no sabían si en realidad era vergüenza o el hecho de que no sabían cómo romper el hielo en ese aspecto.
No pasó mucho antes de que uno de los dos decidiera que ya había sido suficiente. .
Cuando al fin terminaron los últimos detalles de la mudanza, Xiao Zhan se sentó en el suelo de su recámara, junto a la gran ventana que al fin tenía cortinas. Recargó su espalda cómodamente sobre un mueble y vio el atardecer desde ahí. Yibo lo vio y no lo pensó dos veces antes de ir y acostarse bocarriba en el suelo, usando uno de los muslos de su novio como almohada. Encontró muy cómoda esa posición, más aún cuando Xiao Zhan comenzó a masajear su cuero cabelludo, ahí no pudo contener un inmenso suspiro de satisfacción. Xiao Zhan descansó una mano sobre el pecho de su novio, sintiendo el pausado latir de su corazón.
—¿Por qué nos cansamos tan rápido? —preguntó de pronto Xiao Zhan.
—Habla por ti, anciano.
—¿Disculpa? —se echó a reír.
—Yo no soy el que acaba de cumplir 34.
Zhan se llevó una mano al pecho, dramatizando.
Sí, ya tenía 34.
—Y tú tienes la edad que yo tenía cuando nos hicimos novios por primera vez —acarició la frente de Yibo, despejándola de cualquier cabello.
—Seis años… Zhan Zhan, ¿crees que ya estaríamos casados de no haber tenido que pasar por todo lo que pasamos?
—No lo sé… quizás si no hubiésemos enfrentado esos problemas… no estaríamos aquí. Tal vez te hubiera gustado alguien más.
—Imposible —rio.
—Nada es imposible. Quizás te hubieras casado con Xiao Lian Ji.
A Yibo lo recorrió un terrible escalofrío.
—Por cierto —continuó Xiao Zhan—. ¿Ya hablaste con ella?
—Sí.
—¿Cómo lo tomó?
—No muy bien, pero tuvo que estar de acuerdo. A fin de cuentas siempre fui claro con ella.
—¿Te odia?
—Te odia a ti.
Xiao Zhan alzó una ceja.
—Por arrebatarle al hombre más guapo y talentoso de toda China.
—¿Sabes qué adoré siempre de ti, Bo DI?
—¿Mnh? —tenía los ojos cerrados, pues su novio había comenzado a acariciarle el cabello de nuevo
—Tu humildad y sencillez.
Lo dijo en un tono tan sincero que Wang Yibo se echó a reír como loco.
—No hay duda… —seguía riendo—. Mejoraste mucho en tu actuación, por poco no detecto el sarcasmo.
Xiao Zhan solo le pellizcó una mejilla como castigo antes de volver a su cómoda posición, mirando por la ventana. Estaban muy cómodos ahí, simplemente disfrutando de la compañía del otro.
—Zhan Zhan. Feliz cumpleaños —dijo de pronto.
—Pero fue ya hace un par de semanas.
—De todas formas.
—En ese caso —se inclinó sobre él y le dio un dulce beso en los labios—. Feliz cumpleaños, pastelito.
El aludido volvió a reír, habiendo olvidado casi por completo ese lindo apodo.
—No volvamos a pasar nuestros cumpleaños separados uno del otro.
—Estoy de acuerdo con eso —suspiró—. ¿qué tienes ganas de hacer? ¿Quieres salir a caminar un rato? O podríamos ver una película antes de preparar la cena, o hacer la cena y ver la película luego. Lo que tú quieras.
—¿Lo que yo quiera?
El mayor asintió.
Ante esa respuesta, Wang Yibo se incorporó y se acercó más a él hasta sentarse a horcajadas sobre su regazo. Dejó caer todo su peso sobre él, y enseguida besó sus labios. Al principio fue un beso suave, tentativo, hasta que al beso se le sumaron las manos de Yibo tomándolo por la nuca para atraerlo más a su boca. Sus lenguas se encontraron y de un momento a otro sus respiraciones ya eran erráticas. Xiao Zhan descansó sus manos en las caderas de Yibo y se deleitó con ese beso que poco a poco iba subiendo de intensidad.
—Te quiero a ti —dijo de pronto.
Eso bastó para que el pulso de Xiao Zhan se elevara hasta el cielo. No fue necesario emitir palabra alguna. Wang Yibo volvió a tomar la nuca de su novio para atraerlo a un profundo beso que los dejó a ambos sin aliento. La ropa terminó sobrando, sus manos ansiosas buscaban al otro con prisa, sacándose las prendas hasta quedar en ropa interior. Wang Yibo volvió a sentarse sobre el regazo de su novio, pero esta vez no se quedó quieto, comenzó a ondular sus caderas hacia delante y hacia atrás en un vaivén suave y tremendamente sexy, todo con la intención de rozar el membro de su amado, frotarlo una y otra vez hasta despertarlo.
Bajó su mirada a la entrepierna de ambos notando que sus erecciones ya hacían acto de presencia, sin recato ni disimulo. Yibo sonrió de lado, victorioso, pero cuando volvió a mirar a su amado… este lo volvió a tomar de las mejillas para fundirse en un nuevo beso que lo dejaría sin aliento, en especial cuando ahora fue Xiao Zhan quien embestía suavemente las caderas de su novio.
—Vamos a la cama —pidió Yibo entre beso y beso, pero Xiao Zhan no lo soltó, volvió a devorar sus labios mientras apretaba su trasero con una mano y su nuca con la otra—. Zhan Zhan —suplicó en un jadeo cuando sintió que sus besos habían descendido a su cuello, mordiendo y succionando la piel que tenía al alcance.
—Bien…
Se pusieron de pie solo para llegar a la cama, se tumbaron ahí y siguieron con lo suyo.
—Zhan Zhan —suspiró cuando lo estampó contra el colchón antes de posarse sobre él.
—¿Mnh? —esbozó una sexy sonrisa que erizó la piel del otro.
—¿Vas a hacérmelo? —tragó en seco.
El aludido soltó una risa cantarina tan inesperada que alegró el corazón de Yibo.
—Amor… —tomó la mano de Yibo, besó el dorso de esta y la puso sobre su propia mejilla—. Tómame esta vez.
Los ojos de Yibo se iluminaron cual niño abriendo sus regalos de navidad.
De nuevo, Xiao Zhan soltó una espontánea risa, y es que en momentos así Wang Yibo era un repertorio interesante de expresiones.
Se inclinó sobre él, respiró el agradable aroma de su cuello, depositó un beso ahí y susurró:
—Wang Yibo, te amo.
El menor no pudo contener una extraña exclamación de emoción y sorpresa. Podría haber recibido un millón de "Te amo" de Xiao Zhan, pero nunca serían suficientes. Además, estaba tan feliz por tenerlo al fin a su lado, siendo libres, que no podía contener más su emoción al recibir tales palabras y con tal sentimiento.
Con movimientos sutiles, las manos de Wang Yibo descendieron por el torso de Xiao Zhan hasta llegar a su vientre, donde le hizo un poco de cosquillas antes de ir directo a su miembro por encima de su ropa interior.
El mayor soltó un suave jadeo de placer al sentir esa pequeña caricia, caricia que se convirtió en algo más cuando lo sacó del bóxer y lo rodeó por completo con su mano. Acarició con su pulgar la cabeza del miembro, arrancándole un jadeo más a Xiao Zhan.
Eso se sentía muy bien.
¿Cuánto tiempo había transcurrido desde la última vez que Yibo lo acarició de esa forma? Había sido a principios de año, casi once meses de eso. Ni si quiera él mismo sabía cómo le hacía para soportar tanto.
Su necesidad de ser tomado por Yibo aumentó, y este no se encontraba en una situación muy diferente.
Por algún motivo ninguno había intentado tener sexo de nuevo, no desde su último encuentro en Aspen. Quizás se debía a todas las situaciones y emociones que tuvieron que experimentar recientemente, y al hecho de que habían estado muy ocupados con la mudanza, algunos trámites, y disfrutándose en público como no habían podido hacer nunca.
Y ante todas esas situaciones ninguno quiso verse como un sátiro al sugerir ir directo a la cama para tener sexo. Pero ahora se daban cuenta de que el deseo iba mucho más allá de algo meramente carnal. Se morían por sentirse al desnudo, por compartir esos momentos íntimos que no podían compartir con nadie más en el mundo. Sus almas se regocijaban al sentir esa íntima conexión una vez más.
Además de la pasión, también experimentaban inmensa felicidad. Había momentos en los que a ambos los desbordaba la dicha, y sin poder soportarlo apretaban al otro entre sus brazos, llenándolo de besos y más besos.
Con ayuda del otro, se deshicieron de su ropa interior y cambiaron de posición, ahora era Yibo quien estaba sobre Xiao Zhan, llenándolo de besos y caricias. El mayor abrió un poco sus piernas para que se acomodara entre ellas, Yibo lo hizo y se restregó una vez más contra su pelvis, ahora sin ropa de por medio.
Xiao Zhan soltó un sonoro jadeo al sentir cómo se frotaba contra él. Le gustaba, le gustaba demasiado.
Los brazos de Yibo se apoyaban uno a cada lado de la cabeza de Xiao Zhan, este se mordía el labio inferior más fuerte con cada estocada que Yibo le daba. No podía apartar la mirada de sus ojos, la conexión era fuerte, hasta que el menor comenzó un vaivén más rápido y largo, haciéndolo soltar un gemido contenido al mismo tiempo que cerraba sus ojos.
Era increíble como algo tan simple como frotarse mutuamente lograba encenderlos a tal grado de sentirse cercanos a culminar.
—Creo que… estuvimos mucho tiempo en abstinencia —jadeó Xiao Zhan antes de soltar una pequeña risa.
—Fue demasiado, demasiado tiempo —él no pudo reírse, esa abstinencia en verdad le había hecho daño. No se atrevía a confesarlo, pero ni siquiera la autoestimulación había logrado calmarlo en sus noches más calientes. Nada lograba satisfacerlo.
En una ocasión incluso intentó engañar a su cerebro, usando el perfume de Xiao Zhan en una prenda para tenerla cerca mientras se estimulaba, pero eso solo había logrado que el vacío en su interior fuera aún mayor.
En medio de un beso, Wang Yibo no resistió las ganas y mordió el labio inferior de Xiao Zhan con más fuerza de la necesaria. El pobre se quejó por la fuerza ejercida, pero su quejido fue más de placer que de dolor.
—Lo siento —se separó de él, agitado y mirando de inmediato su labio para asegurarse de no haberlo roto.
—Está bien —empujó sus caderas hacia arriba, buscando un mayor contacto—. No te detengas —mordió su labio, enrojeciéndolo aún más.
—Quisiera hacerte tantas cosas, y que me hicieras tantas cosas —se desesperó un poco. Se dejó caer en peso completo sobre él y lo abrazó con una posesividad diferente a cualquier otra. Xiao Zhan podía percibir cierto nivel de ansiedad en sus movimientos, en sus palabras, y en todo su cuerpo. Decidió hacer a un lado su excitación, al menos solo por un momento.
—Está bien —acarició la nuca de Yibo con una mano y su espalda con la otra. El menor había ocultado el rostro en su cuello—. Podremos hacer todo eso y más. Bo Di, tenemos todo el tiempo del mundo, no me iré a ningún lado, y tú tampoco.
—No puedes asegurarlo —su voz salió quebrada, haciendo eco al rebotar contra la piel de su cuello.
Xiao Zhan se preocupó.
—Hey —lo obligó a salir de su escondite—. Wang Yibo —lo miró directo a los ojos, descubriendo que los tenía rojos y llorosos.
—Demonios —se llevó una mano al rostro—. Que patético, ¿no crees? —soltó una risa amarga.
Habían pasado de un momento de intensa excitación a… eso.
El lado sobreprotector de Xiao Zhan salió a flote, se incorporó lo suficiente y lo rodeó con sus brazos, lo hizo con firmeza y sin dejarlo escapar, porque vaya que lo intentó.
—No… Zhan Zhan, no. Sigamos con… —fue interrumpido.
—Shh, está bien. Yo también tengo miedo —confesó con una voz tranquila y bastante serena. Yibo se quedó congelado en su lugar. Ni siquiera había dicho qué le sucedía, y él ya parecía saberlo—. Pero confiemos en que esta vez realmente está pasando, que esta vez en verdad vendrán cosas muy buenas para los dos.
Yibo respondió con un abrazo aún más fuerte. Se había sentido patético, un hombre de veintiocho años llorando en el regazo de otro de treinta y cuatro, completamente desnudos.
—Si de algo estoy muy seguro, Yibo, es de que pase lo que pase jamás volvería a alejarme de ti —acarició el cabello corto de su nuca—. No me importa dejar de lado mi carrera, mi trabajo, lo que sea. Justo ahora, si fuera necesario, dejaría todo y me iría a vivir contigo a cualquier rincón del mundo, porque esta felicidad no la vuelvo a cambiar por nada.
Los hombros de Wang Yibo se relajaron, y un peso desapareció de su alma.
Luego de unos momentos de cómodo silencio, Wang Yibo tuvo el valor de hablar.
—¿Cómo lo haces? —no deshizo el abrazo, tenía la mejilla aplastada contra el hombro de su amado, mientras este aún le hacia tiernas caricias en toda la espalda y su nuca.
—¿Qué cosa?
—Supiste exactamente qué era lo que estaba pasando por mi mente, sin que te dijera nada sobre mis preocupaciones.
Xiao Zhan soltó una pequeña risa.
—Wang Yibo, Wang Yibo. Debo admitir que, a pesar de los años que estuvimos separados, te conozco como la palma de mi mano.
Sí, él conocía a la perfección a ese ser sensible, amable y cálido que había debajo de esa faceta de chico serio e introvertido. Yibo sentía, y sentía profundamente.
—Y te aseguro, cariño, que podrás hacerme todo lo que tienes planeado hacerme —soltó una pequeña risa, sin dejar de repartir tiernas caricias sobre su piel.
Yibo solo lo abrazó con más fuerza.
—Así que… ¿por qué no continuamos?
Ahora fue el turno de Yibo para soltar una risa corta y adorable. Pero entonces bajó la mirada a su entrepierna, notando que, a diferencia de la de Xiao Zhan, la suya había desaparecido por completo.
—Lo siento —estaba un poco avergonzado. No se lo había dicho a Xiao Zhan, pero desde hace algún tiempo tenía un mal presentimiento que no podía quitarse de encima por más que lo intentaba. Eso le robaba el sueño y lo hacía tener pesadillas con los escenarios más terribles. Y de haber intentado tener sexo antes, Xiao Zhan se habría dado cuenta de que también le robaba la excitación en momentos como ese. Incluso el cabello se le comenzaba a caer y sus uñas ya sufrían las consecuencias también.
Estaba cargando con mucho estrés.
—No te disculpes por eso —pellizcó su mejilla, sacándole una ligera sonrisa—. ¿Quieres que lo dejemos para después?
—¡No! —carraspeó, avergonzado por su efusividad—. Quiero decir… no, no lo dejemos para luego.
—En ese caso… —se llevó una mano al mentón, pensativo—. ¿Me dejas intentar algo?
—Haz lo que quieras conmigo —a pesar de que eran palabras que podrían incrementar la excitación en cualquiera, esta vez no hizo ese efecto, pues a Xiao Zhan le nacieron unas inmensas ganas de cuidarlo, protegerlo y llenarlo de besos. Lo había dicho de una forma tan serena, adorable y tremendamente vulnerable que no pudo aguantar las ganas de aplastar sus mejillas antes de robarle un corto beso.
—En ese caso, iré a buscar algo de ayuda —se puso de pie y buscó algo entre las tantas cajas de mudanza que había regadas en la habitación.
—¿A qué te refieres? ¿Qué buscas? —lo vio sacar su bata de baño, para después envolverse en ella con prisa. Su erección aún no había desaparecido a pesar de todo, ver eso solo enrojeció las mejillas de Yibo.
—Ahora vuelvo —le guiñó un ojo y salió de la habitación.
Por primera vez Wang Yibo sintió frío a pesar de la calefacción, tomó una manta y cubrió su desnudez con ella, esperando pacientemente a su amado. Podía escuchar cómo buscaba algo con prisa en todas las cajas que había en la planta baja.
Tenía curiosidad, no entendía qué podría estar buscando.
Estuvo tentado a ir y ayudarle a buscar, pero decidió tener paciencia y quedarse ahí, abrazando sus piernas y apoyando la frente sobre sus rodillas. Repasaba en su mente lo recién ocurrido, una y otra vez.
—Que patético —se dijo a sí mismo. Llevaba meses muriéndose de deseo por hacer el amor con Xiao Zhan, y ahora que lo tenía a su entera disposición, y sin correr riesgo de muerte, se ponía a llorar en pleno acto.
Se dio vergüenza.
Entonces se decidió. Haría a un lado esa mortificación y disfrutaría el momento.
¡Carpe diem!
¡Tenía al amor de su vida junto a él!
No quería hacerlo sentir incómodo, o como si no tuviera deseo de hacerlo de nuevo con él. Oh no. ¡Se esforzaría!
Y vaya que no le costó mucho trabajo hacerlo.
Tomó el suéter que su amado se había quitado momentos antes, se lo llevó al rostro y entonces el delicioso olor de Xiao Zhan inundó todos sus sentidos, era casi como tenerlo encima de él. Cerró los ojos y siguió disfrutando de ese aroma, descendió una mano a su entrepierna, tomó su miembro y comenzó a acariciarlo con suavidad. Tragó en seco al notar que esta vez sí se sentía bien. ¿Sería por el hecho de que sabía que en unos momentos estaría haciéndolo con él?
No estaba seguro, solo sabía que estaba disfrutando de aquello, y que, si seguía así, en poco tiempo estaría erecto una vez más.
Tan concentrado estaba en su tarea que no se dio cuenta del momento en el que su amado entró a la habitación con una bolsa de cartón en mano. Xiao Zhan se quedó bajo el marco de la puerta, viéndolo.
El menor estaba medio envuelto en la manta que cubría su cuerpo, también le cubría los hombros, así que prácticamente solo sus pies y su cabeza estaban al descubierto, eso y una mano que sostenía el suéter de Xiao Zhan. Tenía los ojos cerrados, estaba recargado contra la cabecera de la cama y su otro mano se movía rítmicamente en su entrepierna, se notaba el movimiento lento por encima de la sábana.
Xiao Zhan sintió cómo su pulso se aceleró con esa magnífica visión. Yibo estaba ahí, masturbándose frente a él, olfateando los remanentes de su perfume en su suéter y fantaseando quién sabe qué.
En completo silencio se acercó a hurtadillas a la cama, no quería desconcentrarlo y tampoco quería dejar de ver esa escena. Supo que su fantasía era buena cuando echó la cabeza hacia atrás y hasta los dedos de sus pies se contrajeron.
Yibo pegó un brinco del susto cuando sintió que le quitaban parte de la sábana, descubriendo la mitad inferior de su cuerpo.
—¡No te escuché entrar! —dejó de trabajar en sí mismo y miró esa expresión llena de lujuria que tenía su amado.
—¿Por qué te detienes? —dejó la bolsa de cartón junto a la cama y se subió a esta, abrió las rodillas de Yibo y se sentó entre sus piernas para ser el mejor espectador de lo que hacían sus manos.
El menor se puso repentinamente tímido.
—¿Te puedo ayudar? —preguntó al no obtener respuesta.
Yibo tragó en seco y asintió, se sentía torpe, casi como si fuera la primera vez que lo descubría masturbándose.
Con una sonrisa ladina, Xiao Zhan extendió una mano para acariciar esos abdominales perfectamente marcados, comprobando que en verdad Yibo se había concentrado mucho en el gimnasio desde su separación, de esa manera había logrado canalizar emociones y sentimientos que no sabía cómo controlar.
Le encantaba.
Wang Yibo era una delicia para los sentidos. Con los años solo se había vuelto más robusto, lo suficiente para dejar de ser un chico "flaco", su apariencia de adolescente había quedado en el olvido. Tenía una espalda ligeramente más ancha que su angosta cintura, se notaba que había trabajado en ella. Su cuello se veía apetecible, al igual que sus pectorales y… Xiao Zhan siguió descendiendo la mirada y sus manos por ese torso, llegando de nuevo a sus abdominales.
El hecho de que estuviera acariciándolo mientras se mordía el labio y le dedicaba esa mirada lasciva… aumentaba mucho el ego de Wang Yibo. Saberse sexy para su amado era un gran motivo por el cual sentirse orgulloso.
Las suaves manos de Xiao Zhan descendieron a su vientre bajo luego de acariciar en círculos ese hermoso ombligo, de donde nacía un ligero camino de vellos que descendía. Zhan Zhan lo siguió con la punta de sus dedos, erizándole la piel y haciéndolo tragar en seco cuando con un solo dedo acarició el dorso de ese miembro cada vez más grueso y grande. Lo recorrió desde la base hasta la punta solo con un dedo. Yibo apretó la mandíbula y soltó un jadeo al final.
La sonrisa ladina del mayor incrementó al ver que lentamente, pero sin detenerse, ese miembro iba aumentando de tamaño.
Entonces lo tomó con la mano, lo encerró en su puño y comenzó a acariciar de arriba hacia abajo con movimientos suaves y girando un poco su muñeca, evitando tocar la punta en cada recorrido, pero haciéndolo de vez en cuando. Y cuando lo hacía, arrancaba un gemido delicioso de Yibo. Este se mordía los labios, tenía un brazo descansando sobre su frente, y en la otra mano aún sostenía el suéter de Xiao Zhan.
No pasó mucho tiempo antes de que volviera a estar erecto, grande e intimidante como de costumbre. Xiao Zhan supo que estaba haciendo un buen trabajo cuando, sin dejar de masturbarlo, usó su mano libre para acariciar uno de sus pectorales, enfocándose especialmente en uno de sus pezones.
Yibo arqueó su espalda y dejó de lado el suéter que hasta ahora no había soltado, este cayó al piso, haciendo ruido al quedar sobre la bolsa de cartón.
—Oh… por poco lo olvido —detuvo lo que hacía. Yibo frunció el ceño, inconforme, al verlo tomar esa gran bolsa de papel amarillo que decía "LEGO".
—Deja eso —chasqueó la lengua, se incorporó hasta quedar sentado. Tenía su erección a tope, y pudo notar que entre los pliegues de la bata de baño de su amado se asomaba una erección igual de necesitada. No entendía por qué quería armar legos en ese momento.
—No tienes idea de lo que hay aquí dentro, ¿verdad?
—Sinceramente… —le dio un manotazo a la bolsa—…no me interesa —alzó ambas cejas y estuvo a punto de echarse sobre él como león a su presa, pero la risa de Xiao Zhan lo detuvo.
—En verdad no lo recuerdas —sacó una de las tantas cosas que había en el interior de la bolsa—. He guardado esto por años —le mostró un extraño juguete sexual.
Fue en ese momento cuando todo cobró sentido.
¡Eran los juguetes que habían pedido por internet hace muchos años!
¿Todavía los tenía?
—Oh… —se quedó pasmado al ver que entre ese montón de juguetes había un dildo gigante—. ¿Por qué compraste ese? —lo señaló.
—¿Disculpa? —rio, pues había sido Yibo quien lo eligió.
—¿Quieres usarlos? —redireccionó de nuevo el tema al asunto más importante del momento.
—Sí —sonrió de lado, provocativo—, pensé que sería buen momento para estrenar alguno.
—Elige tú.
—¿El que elija lo puedo usar en ti?
El menor lo pensó unos segundos, se estaba arriesgando, pero al mismo tiempo tenía una ligera urgencia por continuar.
—Sí, sí, como sea.
Xiao Zhan rio, le dio un ligero empujón en el pecho para que volviera a acostarse sobre el colchón. Yibo lo observaba con atención, y antes de que eligiera uno de los juguetes, se incorporó de nuevo solo para quitarle esa bata.
—Quiero verte completamente desnudo —admitió sin un atisbo de vergüenza. Eso enrojeció un poco las mejillas de Zhan Zhan, sin saber bien por qué.
Sacó un juguete de la bolsa, Yibo sintió alivio al notar que el empaque era pequeño, al menos no había elegido el dildo gigante.
—Abre un poco más tus piernas —le empujó las rodillas a los costados, notando con sorpresa que era mucho más flexible que antes—. Wow…
—Es gracias al baile —admitió, orgulloso. Y podía hacer muchas cosas más. Ya se las mostraría luego—. ¿cuál elegiste? —se asomó un poco desde su posición, pero no alcanzó a ver mucho, en especial porque Xiao Zhan lo volvió a empujar para que se quedara recostado. Solo vio cómo abría el lubricante y vertía un poco sobre su entrada—. ¡Está helado!
—Lo siento —rio al ver su piel erizada, pero entonces tuvo la idea de verter un poco sobre su miembro, haciéndolo estremecer por el cambio de temperatura. Sonrió al recibir jadeos excitados en respuesta—. Haré esto con cuidado —advirtió antes de introducir un solo dedo en Yibo.
—Demonios… —cerró los ojos con fuerza al sentir cómo se abría paso dentro de él, sólo había sido un dedo, pero eso quería decir que introduciría un juguete en él. Comenzó a sentirse un poco nervioso.
Ese dedo entró y salió un par de veces antes de que se le uniera un segundo, y finalmente un tercero.
Travieso, Xiao Zhan se impuso la tarea de encontrar aquel punto sensible dentro de Yibo. Con disimulo fue palpando cada vez que entraba y salía de él. Pero no lograba encontrarlo, hasta que utilizó solo dos dedos y logró percibir aquella suave protuberancia. No lo pensó dos veces antes de frotar sus dedos contra ese punto en específico, suave al principio, un poco más fuerte después.
Fue como encender un interruptor en él. Su espalda se arqueó y soltó un jadeo ahogado totalmente inesperado.
—¿Te gusta ahí?
—¡Demonios! —se llevó una almohada a la cara para poder gritar y jadear sin problema, pero Xiao Zhan no tardó en arrebatársela.
—No hagas trampa, quiero escucharte —volvió a tocar ese punto erógeno tan sensible, viendo cómo el ceño de Yibo se fruncía en una tierna expresión de súplica. Quería y necesitaba más.
No tenía por qué esperar más.
Tomó el juguete previamente lubricado y lo llevó a la entrada de su amado. Yibo pegó un pequeño respingo al sentir algo frío y distinto a los suaves dedos de su novio.
—¿Qué es? Ah… —se retorció un poco cuando sintió la intromisión de algo lo suficientemente grueso como para no pasar desapercibido, pero tampoco tanto como el miembro de su novio.
—Wow…
Por otra parte, Xiao Zhan estaba asombrado por la facilidad con la que entró. Su amado ya estaba bastante dilatado.
Al no obtener respuesta, Wang Yibo bajó la mirada y descubrió a su novio aún sentado entre sus piernas, deliciosamente desnudo y con una expresión tan sensual que casi lo hace correrse. Fue entones que reparó en el control remoto que tenía en una mano.
—¿Qué es… ¡Ah! ¡Oh! ¡Xiao Zhan! —se retorció como oruga al sentir unas extrañas vibraciones dentro de él, era una sensación difícil de describir, era… delicioso y al mismo tiempo excitante. Le hacía cosquillas, pero al mismo tiempo aumentaba su excitación a niveles inimaginables.
Eso le trajo recuerdos. Hace años él había usado ese juguete en Xiao Zhan, incluso le había jugado una mala broma haciéndole creer que el cordón de la cápsula vibradora se había desprendido mientras lo tenía dentro. También recordaba lo placentero que era penetrarlo mientras tenía ese juguete dentro. ¿Acaso Xiao Zhan tenía planeado hacer lo mismo con él?
Con una sonrisa victoriosa, el mayor se recostó a un lado del cuerpo de su pareja, miró su perfecto cuerpo y acarició todo ese torso con la punta de sus dedos.
—¿No ibas a hacerme el amor? —le recordó, con un tono travieso y tremendamente tentador.
Yibo se iba a volver loco. ¿En verdad esperaba que él se lo hiciera? ¡¿Teniendo ese juguete dentro?!
Reto aceptado.
Con la cápsula vibradora haciendo estragos con su nivel de placer, Wang Yibo se echó sobre el cuerpo de su pareja, lo apresó contra el colchón y besó sus labios con pasión arrebatadora. Le costó un poco de trabajo hacer bien las cosas, pues de repente se detenía debido al inmenso placer que le provocaban esas vibraciones.
—Demonios… —jadeó, dejando todo su peso sobre Xiao Zhan, pero este empezó a ondular sus caderas hacia él, restregándose contra su miembro, excitándolo aún más y recodándole que él también quería atención.
Xiao Zhan decidió bajar un poco la potencia del vibrador, la puso en lo mínimo, causándole aún mucho placer, pero no tanto como para incapacitarlo.
—Gracias —jadeó el menor, listo para seguir con su trabajo. Xiao Zhan abrió sus piernas y atrapó las caderas de su novio entre ellas.
Yibo alcanzó el lubricante y colocó de inmediato un poco de él en su entrada. Ninguno necesitaba más juegos previos, estaban ansiosos y necesitados, por no decir que urgidos.
Xiao Zhan exclamó un pequeño gemido al sentir de golpe la intromisión de dos dedos. Yibo tenía algo de prisa.
—¡Demonios, Yibo!
—Lo siento… —se dio cuenta de que estaba siendo un poco precipitado.
—No, no ¡Sigue! Me gustó… —admitió con un poco de vergüenza que muy pronto desapareció al sentir que necesitaba más—. Wang Yibo… ¡Sigue!
El aludido sonrió, sorprendido por esa reacción tan inesperada. Lo dilató por un par de minutos más, no había logrado mucho, pues estaba bastante estrecho, pero se moría por penetrarlo y al parecer él se encontraba en la misma situación.
Para compensar la falta de dilatación, vertió un poco más de lubricante en él y en Xiao Zhan, no solo en su entrada, sino sobre su miembro también para poder estimularlo mejor.
Comenzó masturbándolo con la mano, pero…
—Detente —jadeó Xiao Zhan.
—¿Duele? —temió ser muy rudo. El otro soltó una pequeña risa. Estaba agitado y muy acalorado.
—No duele, pero… —jadeó—…si sigues así, me correré muy pronto —quitó la mano de Yibo que masajeaba su miembro—. Mejor… mejor solo mételo ya.
Las mejillas del menor se pusieron totalmente rojas, no, su rostro entero. Xiao Zhan no pensaba con claridad debido al placer proporcionado, así que no pensaba muy bien en lo que decía, y su repertorio de palabras se limitaba a "Mételo ya". Yibo soltó una pequeña risa por ello, pero a Xiao Zhan no le causó gracia. Frunciendo el ceño tomó de nuevo el control del vibrador y lo aumentó al máximo, como castigo.
El cuerpo entero de Yibo se estremeció ante el repentino estímulo.
Tomó su miembro, y a como pudo, penetró a Xiao Zhan. Lo hizo de una sola intención, profundo, completo.
El aire escapó de sus pulmones, se aferró a la espalda de Yibo y enterró sus uñas en ella. ¿Estaba más grande? ¿O él estaba más estrecho? No estaba seguro, solo sabía que apretaba, y mucho.
El menor no esperó a que se acostumbrara a su tamaño, salió por completo de él solo para penetrarlo una vez más hasta el fondo. El ruido de sus cuerpos chocando era lascivo y delicioso. Xiao Zhan alzó sus caderas en busca de un mayor contacto. Dolía, sí, pero le gustaba. Así que abrió más sus piernas y permitió que la penetración fuese más profunda.
Yibo salía y entraba en él a su entero antojo.
—Estás muy apretado… ¡Ah! —aumentó la rapidez de las embestidas, ondulando sus caderas en un vaivén sensual que cualquiera se moriría por siquiera presenciar. Ninguno de sus bailes se comparaba al movimiento de esas caderas, tan fluido, tan seductor, tan… masculino.
Al moverse así sobre Xiao Zhan, lograba que su vientre bajo estimulara el miembro del mayor, dándole doble placer.
Xiao Zhan sentía que en cualquier momento llegaría su orgasmo, pero no quería que eso terminara.
—Zài zài —jadeó con voz ronca después de tanto gemir.
—¿Mnh? —no se detuvo.
—¿Podríamos… cambiar… ah… de posición? ¡AH! —jadeó al sentir una última y fuerte penetración.
—¿Qué tienes en mente? —mordió el lóbulo de su oreja, ondulando sus caderas de un lado a otro, muy suave, sin salir de él y solo para seguirle causando placer.
Xiao Zhan reunió la fuerza para empujarlo lejos de él, sacándoselo de adentro para poder girar y ponerse a cuatro frente a él.
Yibo casi se corrió de solo verlo, sin mencionar que el vibrador seguía haciendo maravillas dentro de su cuerpo.
No lo pensó dos veces antes de soltar una fuerte e inesperada nalgada en ese trasero bien formado, parecía pedírselo a gritos, y él se lo dio.
Xiao Zhan soltó un pequeño grito rasposo. Estaba seguro de que quedaría marca de su mano en su piel. Sintió cómo amasó su trasero a su entero antojo, estaba siendo bastante rudo, y a él le estaba gustando demasiado aquello.
Y así, sin previo aviso, lo penetró una vez más, alcanzando una profundidad aún mayor debido a la posición.
Colocó sus grandes manos en la angosta cintura de Xiao Zhan, notando que no había cambiado eso con los años. Lo tomó con fuerza y lo pegó a su entrepierna, buscando una profundidad aún mayor, como si no fuese ya suficiente. Salió por completo de él, se quedó así unos segundos, y cuando Xiao Zhan comenzaba a preguntarse por qué demonios se detenía, Yibo lo penetraba con una sola estocada hasta el fondo.
Si seguía así desfallecería en cualquier momento. No soportó tanto tiempo en esa posición, sus rodillas comenzaron a temblar, su trasero dolía jodidamente delicioso y Yibo se movía tan… no había palabras para describirlo.
Podría ser rudo, azotarlo y penetrarlo de esa forma, pero al notar que sus piernas temblaban se detuvo y se inclinó sobre su espalda para susurrar algo en su oído.
—Amor, ¿estás bien? ¿duele?
Xiao Zhan soltó una risa inesperada, ¿que si dolía? ¡Joder! ¡Pero claro que dolía tener ese miembro tan grueso abriéndose paso en su trasero una y otra vez!
—Sí —admitió—. Sí duele, pero… no te detengas.
—Pero… —fue interrumpido por el movimiento de caderas de Xiao Zhan.
—Si no lo haces tú, lo haré yo —espetó. Con eso logró arrancarle un extraño gruñido a Yibo. Este terminó empujándolo contra el colchón para colocarse de nuevo entre sus piernas.
Una idea había atravesado su mente.
Continuó con las embestidas, una tras otra, hasta que notó que Xiao Zhan no podía más, estaba a punto de correrse, y él también.
—¿Estás cerca? —quiso cerciorarse, acarició el vientre de su amado, su lindo y suave vientre, sobre el cual descansaba su miembro por completo erecto y ya bastante húmedo, líquido preseminal escurría sobre él, mojando su abdomen.
Xiao Zhan asintió.
—Muy cerca, yo… ah… demonios —jadeó más fuerte ante la última estocada. Wang Yibo frotaba una y otra vez su próstata con cada penetración.
Entonces Yibo hizo algo que Xiao Zhan jamás se imaginó que sucedería. Tomó el cordón que aseguraba el vibrador y lo jaló sin tacto alguno, sacándolo por completo de su interior y olvidándolo en algún punto de la cama. Todo esto solo para salir de Xiao Zhan y cambiar de posición, quedando sentado a horcajadas sobre la pelvis del mayor. Tomó el miembro de Zhan Zhan y se sentó sobre él, penetrándose a sí mismo.
No había necesitado dilatación, el vibrador se había encargado de ello, pero nadie había preparado a Xiao Zhan para tal nivel de estimulación. Hasta hace un momento había estado siendo penetrado, y ahora era su miembro el que se encontraba dentro de algo muy suave, cálido y apretado.
Cerró los ojos con fuerza solo un segundo antes de volver a abrirlos para no perderse de la maravilla ante él. Yibo comenzó a cabalgarlo sin descanso alguno. Tomó las caderas de Yibo con sus manos y dejó que se apoyara con las manos sobre su pecho para que siguiera sentándose una y otra vez sobre él.
¡Joder! Se estaba volviendo loco de placer.
Yibo de pronto se contrajo sobre sí mismo debido al tan deseado e intenso orgasmo que lo invadió. Un gemido grave y prolongado salió de su garganta al mismo tiempo que enterraba sus uñas en el pecho de Xiao Zhan, sin dejar de dar "brincos" sobre su miembro, penetrándose durante su orgasmo. Sus paredes se contrajeron involuntariamente. Dio un último sentón sobre el miembro de Xiao Zhan y sin dejar que saliera de su cuerpo comenzó a moverse hacia delante y hacia atrás, hacia un lado y hacia el otro, pues su amado aún no se corría, pero esos últimos movimientos lo estimularon lo suficiente como para que alcanzara también su orgasmo.
Al igual que Yibo, un largo gemido escapó de su garganta, pero además tomó de nuevo las caderas de él y comenzó a embestirlo con frenesí hasta que no pudo más y sintió los efectos de la hipersensibilidad haciéndose presentes.
En peso muerto, Wang Yibo se dejó caer sobre él. Xiao Zhan lo recibió en su pecho y lo rodeó con sus brazos.
Sus corazones seguían latiendo a un ritmo desbocado, sus respiraciones eran erráticas. Yibo incluso se sintió mareado, tuvo que aferrarse con fuerza al cuerpo de Xiao Zhan para que la habitación dejara de darle vueltas.
La situación había dado un giro inesperado, pero jodidamente bueno.
Pasaron largos minutos antes de que pudieran moverse. Ni si quiera habían logrado emitir palabra alguna.
Cuando su agitación se disipó, Xiao Zhan fue el primero en hablar.
—¿Qué rayos acaba de suceder? —tenía una sonrisa sensual y algo boba en sus labios.
Yibo soltó una risa cansada y alzó la mirada hasta toparse con esa expresión.
—Ge Ge —murmuró con voz ronca—. No me siento bien —rio.
Xiao Zhan se alarmó.
—Yibo, espera… ¿Te lastimé? ¿Necesitas que… —fue interrumpido.
—Shh… —rio de nuevo—… estoy mareado, solo eso. Y tengo mucha sed —sentía su garganta áspera.
Ambos se morían de sed.
—Te traeré agua, en un momento —suspiró, le dolía demasiado el trasero. Acarició toda la espalda de Yibo. Ambos estaban aún algo agitados y bastante sudorosos.
—Sí… gracias —tenía su mejilla pegada al pecho de su amado. Soltó un pequeño jadeo cuando Xiao Zhan salió de su interior, pero luego de eso ninguno se movió de su posición.
Estaban tan exhaustos que terminarían dormidos en esa posición, Yibo aplastando a su amado y este abrazándolo.
—Ge Ge —murmuró antes de caer en la inconsciencia, tenía que apresurarse si quería que Xiao Zhan lo escuchara, pues también se encontraba en esa línea que separaba la inconciencia de la consciencia.
—¿Mnh?
—Te amo.
Una preciosa y adormilada sonrisa adornó el rostro del mayor, quien acarició la espalda de su amado una vez más, sintiendo ciertos relieves en ella, ¿lo había rasguñado tan fuerte? No estaba seguro.
—Yo también te amo… —y sin poder evitarlo más, cayó rendido al sueño.
No habían tenido sexo en meses, pero sin duda alguna, este encuentro superaba con creces a los últimos que habían tenido, borrando cualquier inseguridad que se hubiese podido crear entra ambos a través de los años de separación. No se contendrían más, si querían sexo, se lo dirían a su pareja.
Aún les faltaba mucho por desempacar y ordenar en su hogar, pero dejarían que el Xiao Zhan y el Wang Yibo del futuro se encargaran de ello.
Continuará…
¡Hola, pastelitos!
¿Qué les pareció este nuevo capítulo? Debo admitir que me esforcé, y me costó trabajo. Gracias a todas por su ayuda, pues me inspiraron y me dieron buenas ideas.
¡Las quiero!
25/10/21
11:00 a.m.
