Capítulo 20: Asesinas
Sentía menos pesadez en la cabeza, por lo que abrió los ojos lentamente. Vio el techo de la enfermería con la poca luz con la que las velas pobremente alcanzaban a iluminar. Se talló los ojos, notando que no tenía sus guantes puestos. Tampoco sintió que nada cubriese sus pies. Además, sentía que su túnica estaba abierta, dejando parte de su pecho y abdomen al descubierto.
–No me extraña, menos si me envenené…
–¿E-Estas bien?
Sonrojó al reconocer la tímida y femenina voz de la curandera que le atendió, más aún cuando confirmó su teoría cuando dirigió su mirar a la sonrojada chica tomando con fuerza su bastón, como si fuese un arma para defenderse de algún cruel enemigo.
Sonrojó entonces al recordar que su torso estaba al descubierto ante una chica temerosa y se cubrió rápidamente con las sábanas, sintiendo la vergüenza quemar sus mejillas.
–De seguro pensó que soy un pervertido…
Aunque no debía de porque, es decir, el no abrió su túnica a propósito, pero tampoco podía decir que ella había sido por la notable distancia entre ambos. La admiró de manera discreta, aprovechando su sonrojo para disimular los pensamientos que tenía de ambos siendo una pareja y como sería su vida si estuvieran casados.
–¡Togho!
Desgraciadamente dedujo de quien había heredado Makao ese molesto hábito de interrumpir sus bellos pensamientos sobre un futuro con Hashira. Sin embargo, solo suspiró pesadamente y vio a los molestos orbes morados del hombre, quien parecía verle con sed de quemarlo vivo.
–¿Qué necesitas, padre?
El hombre no relajó su mirada, al contrario se enfureció más con el chico.
–Levántate ahora y vístete…–su voz era tan amenazadora como su mirada, cosa que al parecer ya no parecía sorprenderle–…vendrás conmigo en este instante…
Y sin siquiera esperar a que el ex-comandante de Archanea respondiera, el hombre se dispuso a retirarse. El joven suspiró pesadamente. Si bien era cierto que ya estaba acostumbrado a tan duro y gélido trato, el de cabellos plateados aún tenía deseos de volver a Archanea, donde si bien su vida no fue tan fácil como cualquiera llegaría a pensar, era buen lugar para vivir. Como todo tenía sus puntos malos, siempre había bandidos o rufianes que querían sacar provecho de los inocentes aldeanos, incluso guerrilleros que amenazaban de vez en cuando con la paz y buena vida que el más grande país de Arkanea ofrecía a todo aquel que se mudaba a sus tierras. Pero bien era cierto que la princesa Nina y su familia se encargaban de sofocarlos de inmediato con el fin de no afectar a los inocentes por eternos momentos para ellos. Le alegraba saber que alguna vez, desde sus tempranos 12 años, formara parte de este honroso deber, escalando sin dificultad hasta puesto de general y mano derecha de la princesa a quien, a pesar de que los deseos de la gente era el que se desposaran, la realidad es que Nina era más como su hermana mayor que una compañera o amante. Y no porque la princesa fuese fea, pues era raro que su belleza no dejase pasmado a quien la viera por primera vez, sino porque el joven desde su llegada sintió el apoyo y cariño de hermanos y nunca quiso salir de ese lugar debido a lo cómodo que se sentía en esa posición que ellos mismos dictaron.
–Eso y las curanderas eran más adorables…
–S-Señor…
Entonces recordó donde y con quien estaba, dirigiéndose nuevamente a la joven Telliana, quien esta vez, con su enrojecida cara, le traía sus ropas.
–L-Las lavé y s-sequé m-mi lord…–elevó las prendas, logrando tapar su avergonzada cara–…e-espero haberlo hecho bien…
Sonrojó y sonrió con pena al pensar en todas las cosas que la pequeña peli azul había hecho por él, desde atenderle hasta cuidar bien de sus prendas. Las tomó con cuidado, queriendo mostrar respeto por todas las molestias por las que la hizo pasar.
–Gracias…–y le sonrió de manera sincera.
La chica le vio, aún muy roja e hizo una pequeña reverencia antes de irse lo más pronto posible de la presencia del chico. Este suspiró pesadamente, realmente sería un camino difícil hacia el corazón de la pequeña curandera, pero por el momento no podía armar la estrategia ideal, debía ponerse su uniforme para estar en presencia de su padre, quien justamente le esperaba afuera. Vio al señor unos momentos antes de que este empezara a guiarle en silencio. Se le había enseñado a no cuestionar a los superiores, incluyendo a su padre, sin embargo, la soledad de los pasillos y el susurrar de los criados de hechos que sus oídos no alcanzaban a captar le hizo empezar a inquietarse por el motivo que su padre quería reunirse con el.
–Disculpa padre…–le habló de manera firme, haciendo que el Lord se detuviera para verle con molestia, sin embargo, Togho se mantuvo firme a pesar de sentir un escalofrío recorrer toda su espina dorsal–…pero, ¿Qué es lo que está pasando?
Unos momentos de silencio incómodo hicieron dudar a Togho si debió preguntar o no, aunque palideció bastante al conocer la respuesta.
–Iremos a cuestionar a quien casi asesina al príncipe Ike esta noche…
Se había dormido. Por fin su hijo descansaba tras casi ser asesinado, pero eso no impedía al castaño acariciar los cabellos de su joven peli azul. Aún lucía muy pálido y todavía jadeaba un poco, de seguro por el susto que este se llevó, pero estaba mucho más tranquilo que cuando los curanderos vinieron a atenderle. Tenía que admitirlo, él también tenía mucho miedo. Creyó perderlo hace 12 años y no lo perdería realmente ahora que Ashera hacía que se quedase a su lado. Quiso ignorar todos sus recuerdos de cuando le informaron la mala noticia, pero estos se habían aglomerado en su mente desde que vio a Ike tendido en el piso del cuarto que se suponía debía protegerle que no pudo evitar reproducirlos una vez más.
FLASHBACK:
Con un simple movimiento de Urvan terminó con la vida del último asesino. Fue una batalla difícil y que sin lugar a dudas dejó muchas víctimas y muertes. Pero, gracias a que él, el actual príncipe de Tellius junto con Lord Yuken y sus subordinados, lograron terminar con ese baño de sangre innecesario. Es decir, ¿Qué ser tan perverso arrebataría la vida de cientos de niños junto con sus padres que caían en la desesperación por protegerlos?
–Sin duda, solo un ser demoníaco…
Dirigió un par de órdenes hacia sus soldados para después dirigirse a Klagg, a quien no parecía atormentarle mucho el hecho de estar bañado en sangre de tantos enemigos, aunque en el fondo sabía que hacia esto con el fin de darles un ejemplo a seguir a sus tropas de nunca perder la compostura ante un enemigo y menos aun cuando sus familias corrían un riesgo mortal.
–Klagg…–Le llamó. Este le miró y se enderezó con respeto–…llévame al fuerte del que tu esposa habló.
El de cabellos plateados solo hizo una respetuosa reverencia y guio al castaño entre los árboles quemados. Tenía que admitir que tenía un poco de miedo, ya que un par de veces creyó escuchar a su pequeño Ike pidiendo ayuda a lo lejos. Sabía que en realidad eran solo paranoias suyas, puesto que a Annika Yuken se le encomendó la misión de llevar a los descendientes en aquel lugar secreto que solo la pareja conocía su ubicación exacta.
Les tomó horas, pero por fin lograron llegar al fuerte. Estaba ansioso de abrazar y besar a sus pequeños, de consolarlos y hacerles sentir seguros y la fuerza que los protegería no importaba la edad que ellos tuvieran. También tenía ganas de rodear el delicado y esbelto cuerpo de su esposa, quien tomó a sus hijos desesperada y huyó buscando a su guardiana en lo que él evitaba que les persiguieran. Quería que llorara en su hombro y se relajara, también se había determinado a que haría que su mujer pasara bien el resto de la noche tras haber dormido a sus niños.
Pero al llegar había soldados murmurando, que fueron callados con la imponente presencia del príncipe y del noble. Se sentía extraño, como si quisieran decirle con su mero comportamiento alguna mala noticia. Sin embargo, debía esperar, lo más importante ahora era ver a su familia y hacerles ver que todo estaría bien, por lo que con un simple movimiento de mano le ordenó a Klagg que continuasen su camino.
–¡Alteza!, ¡Me alegro saber que está bien!
Tuvo que contenerse para no ver con enfado a su segundo al mando. Y aunque sabía que Sephiran no se molestaría por expresarle sus verdaderos sentimientos, pero sentía que a veces era demasiado bueno ese hombre que no se merecía tan duras manifestaciones de su característica personalidad, por lo que tras enorme suspiro encaró al peli negro de extensos cabellos negros, de ojos esmeraldas que brillaban con intensidad en esas pálidas y frágiles pieles del obispo.
–Sephiran…–le habló con seriedad, pero calma a la vez–…también me alegro que estés bien, pero, si no te molesta, iré a ver a mi esposa y a mis hijos…
Esas palabras borraron rápidamente la sonrisa del recién llegado, siendo reemplazado por un rostro que llevaba consigo tristes y trágicas noticias. Temiendo lo que seguía, el príncipe alzó la ceja mientras trataba de controlar los agitados y asustados latidos de su corazón.
–Sephiran…–le habló más serio, tanto que hasta a él le daba miedo–…¿Qué ocurrió?, dilo rápido que me asustas…
Su consejero quedó estático unos segundos antes de llevar su mano dentro de su túnica, sacando una bolsita de cuero. El príncipe no entendió que pasaba hasta que de ella salieron tres anillos, todos del tamaño del anular de un recién nacido y de oro blanco. Perdió todas sus fuerzas al reconocerlos.
–No…–dio unos pasos atrás, queriendo buscar algo que desmintiera lo que claramente su vista contemplaba, pero mientras más veía, más horrorizado quedaba al confirmar que esos tres anillos, eran los de su familia, solo que salpicados en sangre. Cuando nacía un integrante se le mandaba hacer un anillo con sus dimensiones, el cual era usado por la criatura hasta que no entrase en él, de modo que cuando crecían, solían usarlos como pendientes, pulseras o collares, siendo el caso de dos anillos con cadenas similares, bañadas en sangre–…¡No puede ser!, Ellos…ellos no…ellos no…
Pero solo se dejó caer de rodillas, no queriendo aceptar que las prendas mostradas por el obispo eran falsas, siendo que solo agonizaba más y más al sentir que no debió separarse y que debió ayudarlos. ¿De que servía toda su fuerza y coraje si no podía proteger lo que más amaba?...
No…debía ser un error…
–¡Tu me mientes!... –gritaba desesperado, con los puños cerrados y sus lágrimas formando un doloroso río por su pálido rostro, aun negándose a creer que lo había perdido todo–…¡Deben de estar ahí!, ¡Tienen que estar ahí!...deben de…deben de…
Pero solo veía como el obispo con calma le colocaba las pertenencias de su ahora fallecida familia en su mano, cosa que lo llevó a terminar de creer lo que el hombre le decía. Una fuerte lluvia apareció de repente, como si Ashera llorase con el cuándo por fin el hombre escuchó tan crueles palabras:
–Lo lamento tanto, mi lord Greil…
Confusión, dolor, ira hacia sí mismo por ser tan mal esposo y padre llevaron al castaño a cerrar los puños y empezar a golpear el suelo una y otra vez, acompañados de gritos de desesperación, aun permaneciendo terco en no creer. Se les pudo haber caído durante la huída, ¿no?, no era una prueba contundente que su esposa e hijos se encontraban ahora inertes y sin vida en algún lado de Altea.
Pero entonces un fugaz y espeluznante recuerdo de la batalla le hizo ver que el peli negro no estaba del todo equivocado. Pues bien recordó como en un momento de la batalla, creyó escuchar de los labios de su mismo pequeño exclamar:
–"¡Sueltame!, ¡socorro!, ¡mamá!, ¡papá!"
Era mucho más que una alucinación o paranoia…
…su pequeño Ike de 6 años claramente estaba en peligro…
…y el…no fue en su rescate como lo había jurado momentos antes de la batalla…
–¡No!... –exclamó con desesperación sin dejar que la lluvia o relámpagos opacasen su dolida voz–…¡No, ellos no!
Gritó todo lo que tuvo que gritar, maldijo a sus deidades cuanto pudo maldecir, exclamando al final cosas sin sentido, pero con una notable desesperación. Inmediatamente, y sin ocultarlo, esa desesperación se tornó lentamente en gritos de lamentos y dolor. No le hubiera importado que el pueblo entero se hubiese quemado con tal de tener a sus hijos y esposa a su lado, a pesar de que por un tiempo las relaciones entre Altea y Tellius no fueran las mejores…
…Simplemente, cualquier cosa era mejor que eso…
…era mejor haber fallado como soldado y no como padre…
FLASHBACK
Aún y a pesar de que su hijo estaba a su lado nuevamente, le era difícil no pensar que le falló. Que pudo haber estado presente en toda su vida si él hubiese hecho algo diferente esa noche. Incluso llegó a pensar que toda su familia pudiera estar junta si no hubiese sido por una tontera suya de no escuchar a la razón cuando esta le indicaba claramente que algo no andaba bien. Fue precisamente ese instinto paterno el que le hizo correr a la habitación de su hijo al sentir un extraño ritmo en la batalla.
–No me permitiré perderte otra vez…–pensó sin dejar de mimar al inconsciente muchacho–…hijo…
Sin embargo, un nuevo sonido empezó a alterar al castaño, pues su hijo, aparentemente dormido, empezaba a moverse y quejarse de inconformidad.
–De seguro es esa pesadilla…
Acarició su mejilla con el fin del calmarle, cosa que no le ayudó para nada, todo lo contrario, el chico se retorció un poco más en su cama y con una fuerte expresión de dolor en su rostro.
–¡Corre!,… –exclamaba el joven peli azul por instantes–…¡Eso nos quemará vivos si no corremos, vámonos!
Empezó a alterarle un poco el diálogo, pues sonaba un poco diferente, pero sin llegar a hacérsele demasiado extraño, pues podría estar repitiendo los diálogos de alguien más durante el incendio. Tenía que calmarlo si no quería que a su hijo le diera un ataque mientras dormía. Después de muchos intentos fallidos, logró hacer que el joven abriera de repente los ojos, llegando a notarlos de un tono un poco diferente, pero pensando que se debía a su falta de sueño no le hizo mucho caso y se dedicó a tranquilizar al chico recién despertado.
–Ike, calma, calma…–colocó su mano en el acelerado corazón del peli azul, logrando frenarlo lentamente hasta que eran normales, así como su respiración. Le sonrió para calmarle para después acariciar su mejilla y apartar sus sudorosos cabellos de su azulina mirada–…todo está bien…ya todo está bien, hijo…
No se detuvo hasta que su hijo estuvo del todo calmado, hecho que le llevó a sonreír un poco sin dejar de mimarle.
–¿Esos sueños otra vez, no Ike? –comentó tranquilo aunque asustado a la vez. El chico solo respondió asintiendo la cabeza.
–Sí, padre…–comentó con temor el peli azul, pareciendo aun no digerir del todo que fue un sueño–…fue….fue horrible…–talló sus ojos antes de volver a ver con ellos a su progenitor–…las llamas del lugar nos sofocaban…sentía que…me moriríamos…si no hubiese sido por esa luz, supongo que no estaríamos aquí…
Lo abrazó en cuanto articuló esas últimas palabras. Aunque la forma de narración fue extraña, decidió no presionarle más a hablar, pues lucía muy afectado por el tema y el solo quería que recuperase sus fuerzas.
–Hijo…–le volvió a hablar, aún sin soltarle–…a veces los miedos los vemos reflejados en nuestros sueños…pero, no significa que debamos temerles…solo debes verlos como enseñanzas para que sigas adelante…–le abrazó con mayor fuerza aún, pues sentía que el chico lo necesitaba–…no dejes que unos sueños arruinen tu vida, Ike…
Sintió como el cuerpo adherido a él se relajó al escuchar esa oración, deduciendo que se volvía a dormir le recostó con cuidado y le cubrió con mantas al ver que su teoría era correcta. Después de cerciorarse que los guardias tuviesen completamente protegido a su hijo, se dispuso a salir al encuentro de la mujer que esa noche salvó a la única familia que le quedaba viva, quien esperaba de brazos cruzados con una molesta y orgullosa expresión en su bello y fino rostro que le resultaba extrañamente familiar.
–¿Y bien?... –la peli negra que respondía al nombre de "Aqua" según le habían dicho, inició la conversación con enfado–…¿Qué quiere?, estaba hablando de algo muy serio con mi amiga…
El castaño alzó la ceja y le vio de la manera más dura que podía.
–¿Así que quien casi asesina a mi hijo es tu amiga? –y le imitó cruzándose de brazos–vaya lógica.
La peli negra alzó su mentón de esa manera tan peculiar de mostrar orgullo que en algún otro lado había conocido.
–Ni que sus amigos fueran unos ángeles caídos del cielo…
Eso le hizo enojar más de lo normal, pero procuró calmarse para no decir algo inapropiado, al final de cuentas, era la mujer que salvó a su primogénito.
–Lamento el malentendido con Lord Klagg…–habló de manera cordial, pero seca–…sin embargo, espero que la dama entienda por qué se le iba a arrestar junto con su amiga…
La peli negra rodó los ojos y giró la cabeza con desdén.
–Ya ni porque le estaba dando medicinas para que resistiera a las heridas…
Sonrojó de vergüenza y llevó su mano atrás de su cabeza apenado. Tenía que admitir que en cuanto salió la rubia tan tranquila y guardando sus armas él estaba tan dañado y alterado por su hijo que no pudo evitar malpensar de la chica que le daba de beber una pócima para recuperar parte de su sangre por alguien que trataba de terminar con su vida con un potente veneno. Claro que la situación empeoró cuando la verdadera asesina vino a la defensa de su amiga así como la guardia del fuerte, alterándose la verdad por el caos que se creó por el calor del momento.
–Lo bueno es que nos arreglamos a tiempo…–suspiró pesadamente y le dedicó una leve sonrisa a la chica con el fin de tratar de hacer las paces, quien se mantenía en su orgullosa posición–…Oye, ¿que tal si nos dejamos esto?, al final de cuentas, estamos del mismo bando, ¿no?... –y le ofreció su mano.
La peli negra le vio con inferioridad mientras analizaba la mano del agradecido padre, quien a pesar que sintió que tardó demasiado en contestar, se mantuvo firme en su postura.
–Solo tengo dos condiciones para olvidar estas groserías…–dijo sin siquiera relajar su fúrica mirada–…la primera, no dejará que le hagan nada a mi amiga, un solo rasguño y se las verá conmigo…
Se tensó un poco al escuchar esa oración. Cierto que quería hacer pagar a la joven por lo que le hizo a su hijo, pero tenía el gran enigma de conocer quién era esa chica y las razones de ella, o mejor dicho, de su patrón para proteger a Ike, por lo que suspiró pesadamente antes de contestar.
–Bien…–todo fuera por saber sus verdaderas intenciones–…¿Cuál es la segunda condición?
Pero la frustración le hizo reventar al escuchar la segunda cláusula de la chica, pues…
–Nadie de aquí me forzará a hablar sobre mi misión o quien me mandó aquí, solo deben de confiar en mí…
…no le quedaba de otra más que aceptar que no sabría más de la extraña chica.
Era horrible el lugar donde la habían colocado. El simple respirar era una tortura por la combinación de diversos y asquerosos aromas. Sabía bien que los calabozos no eran lugares agradables ni saludables, pero esas celdas lucían abandonadas desde hace décadas ya. Cadáveres descomponiéndose en sus propios desechos y orines, moho, aguas negras, ratas comiéndose incluso los cadáveres de su propia especie no paraban de darle asco y con el pasar del tiempo aumentaban las posibilidades que su revuelto estómago regresase todo lo de su última cena, terminando por ceder a las exigencias de este último.
–Un prostíbulo lleno de borrachos pervetidos huele mucho mejor…
Se limpió con desgano las sobras del asqueroso líquido verde que escapaba de su jadeante boca como pudo al tener las manos atadas, sintiéndose humillada y con su ego gravemente herido, aunque a pesar de su estado no dejaba de luchar contra las cuerdas que le mantenían prisionera, recordando como antes era algo imposible a sus ojos. Aunque claro, para cualquier pequeña de 5 años, el estar bien atada de manos significaba solamente el fin del mundo.
FLASHBACK:
–¡Si serás inútil!
Otra bofetada marcó su infantil y lloroso rostro. Era demasiado para la pequeña de 5 años. Hacía lo que podía para deshacerse de los nudos, ¿no les era suficiente a esos señores?
–¡Es increíble que lleves así toda la noche!... –No quería ver al imponente hombre frente ella, no necesitaba ver directo al moreno de penetrante mirada escarlata y cabellos grisáceos para saber lo decepcionado que estaba de la aprendiz, pues llevaba ya varios intentos y ni siquiera estaba a mitad de lograrlo. Sabía también que entre su cabellera escondía un par de orejas de lobo que lucían más grises por el simple hecho de la poca higiene que el laguz tenía. Sin embargo, solo se encogió de hombros para no quedar más dolida por la cruel mirada del señor–…¡Nos costaste demasiado Andra!, ¡Tú sabes mejor que nadie que ibas a ser nuestra cena y sin embargo nos apiadamos de ti!, ¡¿Cuál fue la única condición que nosotros, los mejores asesinos de la basta región de Archanea te pusimos?!
La pequeña sollozó un poco antes de contestar, pues temía no decir lo que el moreno quería.
–¡¿Y bien?!... –espetó, haciendo desear a la niña el haber sido tragada el día que fue vendida–…¡Habla, retrasada!
Ahogó otro par de sollozos tras el golpe del hombre y con miedo vio a través de su vidriosa vista al líder que le estaba haciendo el "favor" de dejarle vivir, quien lucía más imponente cuando solo usaba un short para cubrir todo su cuerpo.
–S-Ser su aprendiz…–contestó con su voz quebrada por las lágrimas. Agradeció a los cielos que el señor con orejas de lobo no le pusiera la mano encima de nuevo y que solo le mirara con frialdad, como si esperase más de ella. Entonces lo recordó, ante la amenaza de la mano volviendo a maltratar su roja cara–…y s-servirles…hasta completar la deuda…
Calló cada llanto que pudo durante ese silencio incómodo donde tanto el jefe como sus seguidores le veían de manera extraña, como si quisieran hacerla trozos para tener que cenar esa noche. Sin embargo, el líder suspiró pesadamente antes de hablar.
–Nadie te sacará esta vez…–Esa frase aceleró su corazón del horror de pensar quedarse sola en un sótano atada de manos y pies–…no se te traerá comida ni agua, hasta que te liberes podrás volver a beber y cenar…
Y dicho esto, le dirigió su espalda, seguido de unas cuantas palabras en un extraño lenguaje para que los seguidores del de orejas de lobo dejaran sola a la niña, sumida entre sus llantos de piedad y ayuda. Realmente estaba aterrada, más porque sabía que el señor nunca faltaba a sus promesas y que este no dudaría en hacerla el platillo principal si ella dejaba pasar el tiempo. Lloró cuanto pudo, mientras intentaba de manera fallida librarse de las cuerdas.
Inclusive el infierno sonaba a un mejor lugar de donde ella se encontraba…
FLASHBACK
Por más extraño que sonase, Andra sí estaba agradecida con los asesinos que le apoyaron y dieron bases para realizar su profesión, más que nada por el hecho de "apiadarse" de una niña que inclusive su madre propia la había vendido como comida poco después de salir de su útero.
–Aunque si lo pienso bien, era mejor que me devorasen si tan mal deseada era…–pensó terminando de liberar sus ensangrentadas muñecas para atender su pie que se encontraba atado a aquella grosería que quería simular una cama–…aunque de seguro el mundo hubiese necesitado de mi bella existencia…
Cierto que eran realmente buenas ataduras, pero gracias a su arduo entrenamiento no fue imposible, aunque si tardó un poco más de lo acostumbrado. Intentó ignorar todo el hedor que le rodeaba mientras buscaba alguna salida o punto débil de su puerta. Se detuvo al escuchar pasos acercarse a su celda, así como ver que otra antorcha se acercaba. No iba a fingir, eso era de cobardes. Deseaba en el fondo que fuera ese estúpido noble para desgarrar su orgullo al ver que su prisionera se había liberado a pesar de haber devuelto todos sus alimentos. Sin embargo, se llevó una enorme decepción al ver que solo era un arquero que ella había visto en el techo y que, aunque odiaba admitirlo, era el único que tenía mejor habilidad con el arco que cualquiera de sus compañeros.
–…Y a pesar de que tiene el cabello rosa luce más varonil que ese estúpido Klagg…
–Vaya vaya…–el peli rosa comentó de manera burlona al llegar junto a la celda de la chica–…así que lo hiciste de nuevo, aunque no debería de sorprenderme…
Eso confundió demasiado a Andra, pues claramente no sabía a que se refería el arquero, por lo que alzó la ceja en confusión y se cruzó de brazos antes de hacer más clara su duda e inconformidad.
–¿De que hablas?
El hombre solo sonrió burlonamente antes de contestarle.
–Te escurriste de tus ataduras como lo hiciste en el fuerte esta noche…
Le enorgulleció escuchar tal alago que alzó su barbilla de manera orgullosa y cerró sus ojos…
–Gracias…
–…aunque no debería de extrañarme…
Esta vez se quedó confundida de nuevo, por lo que volvió a su antigua postura.
–¿De que hablas? – ¿será que ya era tan famosa que incluso seres tan apartados del mundo real conocían de ella?...
–Hablo de que es un talento natural tuyo, ¿no?...
Esa frase elevó su ego mucho más allá de los límites…
–¿Eso crees?
El chico sonrió más.
–Claro, porque no…
Era lo más lindo que le decían en su vida…
–…es decir, las gatas lo tienen en la sangre…
…o eso creyó…
–¡¿De qué demonios hablas?!... – de estar completamente satisfecha con lo que escuchaba pasó a estar totalmente ofendida e incluso se sentía ingenua al no pensar que ese hombre podría estar a punto de hacerle un pesado comentario–…¡¿Por qué no me dijiste que no sabías que lo tomaba como un halago?!
El hombre simplemente extendió su burlona sonrisa.
–¿Quién dijo que no sabía?
Si no hubiese sido por los barrotes entre el arquero y la asesina, esta ya hubiera descuartizado al cretino peli rosa ante ella. Este último solo sonreía, como si disfrutara de la humillación que le causaba a la chica y eso la enfurecía más, llegando a sentir como todo el calor se aglomeraba en su cabeza e iba a estallar frente al joven.
–Tiene suerte de que me quitaron mis dagas…
–Cómo sea…–continuó Shinon con aburrimiento, sin lograr que la rubia se relajara ni un poco–…vine a traerte esto…–de su túnica sacó una manzana y se la lazó a la de ojos naranja, dejándola completamente sorprendida esta vez con la nueva acción de peli rosa, aunque sin bajar la guardia del todo, viéndole con desconfianza.
–¿Crees que con esto te voy a perdonar? –se mantuvo seria a pesar de que el joven hombre solo mantenía su burlona sonrisa aunque lucía más relajado que antes.
–Solo pensé que no querrías apestar a vomito para cuando tengas tu audiencia con Lord Klagg, al final de cuentas eres alguien muy interesante como para que tu aliento apeste a comida echada a perder…
Y sin esperar contestación alguna de la prisionera, se retiró. Andra pensó unos momentos, alternando la vista entre la manzana y la silueta que le había ofrecido alimento, llegando a pensar que no era tan malo…
–¡…a menos que esa sea la forma en la que tengas así tu cuerpo, gatita!
…No…se la aplicó nuevamente pocos momentos antes de retirarse de ese horrible calabozo.
Realmente le habían herido el orgullo como nunca, haciéndola ver como una idiota que no se sabía defender.
–Pero ya verá…–mordió la manzana para deleitarse con su sabor y olor, olvidándose por instantes del verdadero infierno donde se ubicaba–…esto no se quedará así, arquero de cuarta…
Tomó un último y fuerte respiro antes de que los sirvientes de su padre abrieran el camino a las mazmorras. Realmente era apestoso allá abajo, realmente no sabía si tener o no piedad de aquellos quienes se ganaban la condena de vivir ahí.
–Aunque si estamos hablando de aquella que casi le arrebata la vida al príncipe de Tellius será poco este castillo…
Vio de reojo a su hermano menor que había sumado como protección un pañuelo que le cubría nariz y boca del asqueroso aroma que acababan de desatar.
–¿Qué esperan?, ¿una invitación?... –la pesada voz del Lord solo empeoraba la situación. Este no parecía alterado por el ambiente, todo lo contrario, parecía que solo iban a otra parte del fuerte–…¡Entren!
Y sin decirle la contraria, bajó junto su hermano menor a las mazmorras del lugar. Realmente parecía mentira que el fuerte Yuken guardase tan aberrante secreto. Lo horrible de todo es que leyendas urbanas empezaban a circular por el pueblo que estaba bajo su protección y cuidado sobre esta área, con el inocente objetivo de motivar a los niños a obedecer a sus mayores o se les obligaría a pasar una sola noche ahí.
–No quiero ni saber cuál será su reacción al saber que esto es real…
Se enfocaba en cualquier cosa, menos en su entorno, sabía que ese era el secreto para sobrevivir ahí abajo por un rato, aunque debía admitir que conforme se alejaban del iluminado cielo nocturno su concentración quería huir a otro lugar con el pasar de los segundos. Tenía que pensar en algo y rápido, de otra manera, agregaría el brebaje que acababa de tomar para sus heridas en parte de la decoración y aromatizante de este asqueroso espacio.
–Alice…
No supo porque, pero pensar en la laguz le relajó durante el macabro trayecto y poder resistir cualquier cosa que sus pies o nariz detectaran. Cierto era que ya llevaban bastante tiempo de conocerse de una manera más profunda (a su gusto) de una amistad. Cada que la veía se le aceleraba el corazón y una vez que empezaban a conversar no podía acabar con el tema a menos que se le necesitara a alguno de ellos en ese momento. Era curioso, había conocido a varias mujeres en Regna Ferox, cada una más fuerte que la anterior y ninguna le hacía sentir así.
No sabía que le pasaba, pero era muy agradable a su juicio. Esa chica le hacía pasar un buen rato, olvidando todos sus problemas y malos momentos de su vida. Incluso, algunas veces llegaba a sentir en su pecho un calor que le hacía recordar los momentos vividos con su ahora difunta madre.
–…Debo estar alucinando…
–¡¿Pero como?!
Dejó sus incógnitas a un lado al escuchar al alterado de su hermano hablar así. Claro que él llevó su mano al mango de su espada al ver que la asesina que habían capturado se había deshecho de sus ataduras y estaba recargada en la pared, cruzada de brazos con una burlona sonrisa en su pálido rostro.
–Es hábil…–frunció el ceño analizando mejor a la rubia–…lástima que sea del bando contrario…
–¿Qué pasa?... –vio como la atrevida asesina se acercaba de manera coqueta a las rejas, como manera de burla a su hermano menor, colocándose en una posición sensual al llegar al borde, sonriendo al ver como el de cabellos plateados sonrojaba por los actos tan burlescos de la joven–…¿Es que acaso querían una mujer que se dejara tan fácilmente solo por estar amarrada y encerrada?... –rio más y tomó de la barbilla al caballero oscuro, quien solamente veía con odio a la rubia–…se nota que no me conoces cariño…
Vio a su hermano menor soltarse del agarre de la muchacha con furia. Sabía que solamente por el hecho de que su padre les prohibió atacar a la asesina sin razón alguna este no había sacado un tomo o su espada levin. La risa empezaba a perforar sus oídos de manera cruel, no entendía como es que ella seguía tan tranquila a pesar del lugar y situación en la que se encontraba.
–Hombres idiotas…–vio como su mirada seguía siendo burla hacia ellos y seguía haciendo poses que presumían su cuerpo, que hicieron a Makao sonrojar de solo imaginar a la laguz en su lugar, cubriendo su cara para disimular el sonrojo con un mareo del primogénito de los Yuken–…creen poder intimidar a una mujer por solo mantenerla prisionera aunque esta sea la que casi le arrebata la vida al príncipe de Tellius…
–Sea hombre o mujer, lo sentenciaremos…–Volteó a ver a su padre, quien apartó a su hermano menor para, con su sola presencia, intimidar a la mujer–…a este fuerte nadie se mete a dañar un solo cabello de sus altezas…
Pero una sonrisa burlona y mirada astuta se vieron reflejados en el rostro de la rubia. No parecía intimidada, si no…
–Oh cariño, puedo asegurarte que dañe mucho más que su cabello…
…que parecía querer burlarse de su padre. Cosa que sabía que el mayor no permitiría.
–¡Pero te hemos detenido!... –replicó el Lord, tratando de no demostrar que la rubia había herido su orgullo de caballero–…¡Mira donde te encuentras!. ¡Deberías de estar aterrada!
Pero la chica, manteniendo su postura, contradijo:
–Pues no lo estoy…
Makao y Togho tuvieron que detener a su padre antes de que este tomase su lanza de plata para atravesar el abdomen de la prisionera, pues aún necesitaban recolectar información sobre ella y sobre quien la empleo para tan ruin trabajo.
–¡Klagg!
Pero quien realmente detuvo los forcejeos del padre contra sus hijos, fue la potente voz del afectado padre del joven, quien se presentó ante ellos de manera imponente, quien, aunque ya no poseyera el título de nobleza, merecía el simple respeto que demanda el trabajar para un rey.
–Greil…–el aludido terminó de soltarse de los agarres de sus hijos y se dirigió hacia él. A pesar de que nadie hacía ni un ruido ni comentario, no se alcanzaba a oír la conversación de los señores, aunque, gracias a ver los gestos que su padre hacía ante las oraciones del castaño, podía deducir que estaba recibiendo órdenes que no quería cumplir. Esto se confirmó tras el gruñido de frustración que su padre emitió al volver con la rubia, junto con Lord Greil, quien mediante señas, le pidió que se acercara, haciéndolo sin rechistar.
–Vaya, vaya…–volvió a comentar con burla la de orbes naranja, cruzándose de brazos y analizando a cada uno de ellos. Makao sintió, por más extraño que pareciere, que la chica le prestó mayor atención a él que a los mayores a su lado–…un trío, que interesante…
–¿Cómo te llamas?... –sin verse afectado por el comentario en doble sentido que la chica hizo, Lord Greil le llamó de manera autoritaria–…¿Quién eres y porque esta noche le ibas a arrebatar la vida a mi único hijo?
La chica sonrió de lado.
–Vaya, por fin alguien que va al grano y no se anda con tonterías…–Makao vio como su padre resistía la tentación de volver a atacar a la prisionera y volvió su vista hacia la rubia, quien se cruzó de brazos–…soy Andra…soy una de las asesinas de élite en Archanea, aunque también he viajado a Tellius y ganado algo de fama allá hace algunos años…bueno…–sonrió de lado la chica, sin dejar de ver fijamente a Greil–…tengo que admitir que también en Valm, Ylisse y Pherae resuena mi nombre…ahora, con respecto al porqué iba a matar a ese niño, era simplemente por dinero…
No sabía si sentir asco o asombro por como la chica simplemente lo dijo todo.
–Bah, que calaña de mujer está presente…–sin embargo, su padre parecía muy convencido de sus sentimientos respecto a Andra–…venderse para matar a un príncipe solo por plata…
Pero la chica solo volvió a sonreír de lado.
–Peor calaña que venderse a usted no existe…
Una ira se aglomeraba en el pecho de Makao por comentarios tan ofensivos hacia su padre, sin embargo, no podía negar que su padre era un jefe muy pesado como para trabajar con el, por lo que no pudo hacer más que enojarse con la asesina por las ofensas hacia el de cabellos plateados.
–¿Y si trabajaras para mí? –los tres voltearon a ver al castaño al pronunciar tal oración.
–¿De que habla? –la rubia respondió.
–¿Trabajarías para mí protegiendo a mi hijo junto a tu amiga Aqua?, claramente te pagaría el triple de lo que te ofreció tu patrón anterior…
Makao vio como la chica se quedó estática al escuchar ese nombre. Debía ser alguien muy cercana a ella como para reaccionar de esa manera. Tenía que admitir que hacerse amigo de la enemiga era lo más seguro para Greil al ella ser la única que había logrado filtrarse en la seguridad del fuerte y casi asesinar al príncipe.
–Tal vez no es tan loco como suena…
–¡¿Estás demente Greil?!... –pero parecía que Lord Yuken no pensaba igual–…¡Lo único que lograrás es que asesine a tu hijo!, ¡Ni siquiera sabemos quién la envió!
Su padre tenía un punto, una traición no estaba asegurada por entregarle dinero a una enemiga de desconocidos orígenes y mucho menos si esta ya había intentado tan obsucra tarea y lo más macabro era que casi la concluía.
–Yo confío en ella…–pero la amigable sonrisa de Greil hacia Andra, hacía pensar que el no tenía inconformidad alguna de tenerla de su lado, todo lo contrario, parecía que estaba completamente complacido con la idea–…yo se que ella no traicionaría de nuevo a mi hijo ni a Aqua, ¿verdad?
–…Así es…–para sorpresa de todos, tras un incómodo silencio, la rubia por fin había contestado. El castaño pidió que le abrieran a la muchacha, cosa que Makao obedeció, sintiendo una extraña sensación de ser meticulosamente estudiado por la que antes era la prisionera y se dirigió con el grupo por fin a la salida de ese asqueroso pasaje.
–No es por desconfiar…–comentó el de heterocromía al respirar las primeras bocanadas de aire puro a la chica, quien le veía con un extraño deseo–…pero, no dijiste quien era tu patrón…
–Sí…–su hermano menor comentó con desconfianza–…aún no nos dices quien quiere la cabeza del príncipe.
Y realmente tras el solemne juramento que hizo la rubia , les extrañó la siguiente contestación de su parte.
–Lo siento,… –en su cara relucía la verdad…–…pero ni siquiera yo sé su rostro o nombre…
…¿O era solo otra cruel mentira muy bien planificada?
I'm back (?)
Antes que arrojen tomates o malos reviews, tengo que decir que me tardé de más porque me salí de la escuela (para variar) y me inscribí a otra…aunque yo hubiese preferido un semestre sabático solo con mi empleo T-T
Pero ya que :/
¡Oh Naga santa!, ¡Casi 7000 palabras!, La verdad pensé en recortarlo...pero no pude TwT sentí que así tenía que quedar...
Ok no, la verdad es que no sabía que quitar (?)
En fin...
...¿A cuántos más les gustó el trato de Shinon a Andra?...¿no?...¿nadie?...¿ni la parte donde Andra hiere el orgullo a Klagg?...¿solo yo :c?...Bah, al cabo ni era cierto que me gustó :'v
En fin, espero hayan conocido un poco más a nuestras nuevas chicas :B y bueno, Togho quiere a Hashira…pero ella le tiene miedo :v juasjuasjuasjuas que caso tan triste uwu
¿Alguien más notó algo raro en los sueños de Ike? ¡OJO!, importante que noten la diferencia entre estos sueños y los que tenía en Sholua...aunque creo que se estarían spoileando solitos, entonces mejor me callo (?)
Jaskjsjksaj…¿Para quién trabajaba Andra?, ¿les estará mintiendo?, ¿voy a callarme y terminar esta madre de una vez para seguir con la siguiente?...
Ya pues, me pasé :B
PINKDIAMOND4000: :v son lindos uwu más que nada porque Greil quiere estar con su bebé después de tantos años de estar solito :'c :v yo se que si uwu. No la quiere :B es una fastidiosa uwu y si :3 son bellos juntos uwu :v x, aquí no pasa nada raro (?) :v ¿te extraña de esta? Si uwu Hail Aqua :v
Les invito a dejar review y a leer mis otras historias :3
Nos leemos!
