Severus encontró a Lupin leyendo en su salón y no le dio tiempo de dejarlo reaccionar cuando lo agarró por las solapas de su vieja chaqueta clavándole la varita en el cuello.
—¿Has tocado a Harry?—preguntó con un hilo de voz letal, Severus había hecho cosas en su pasado como mortífago de las que no se sentía en absoluto orgulloso; pero tenía claro que si debía volver a hacerlas, lo haría.
—¿Cómo?—Lupin parecía aturdido, pero no se defendió.
—Es sencillo, ¿has tocado a Harry? ¿Has intentado aprovecharte de él?
—No.—Los ojos ambarinos estaban realmente abiertos, y extrañamente le creyó, lo que le hizo soltarle en el momento.
—Harry, ¿puedes explicarme lo que ha pasado?—Severus trataba de calmarse, quizás esa pregunta debería habérsela hecho al muchacho arriba.
Harry solo miraba sus pies completamente asustado, la escena le había hecho retroceder hasta su interior de nuevo, y Severus se lamentó de su imprudencia.
—Creo saber cuál ha sido el malentendido—dijo Remus de un modo calmado—. No pasa nada, Harry, cuéntalo como tú lo has sentido, por favor.
El chico levantó la vista.
—Lo siento—balbuceó—. Yo no quería causarles problemas.
—Harry salió corriendo cuando le di unas palmadas en la rodilla, solo quería reconfortarlo por su avance—relató Lupin—. Ahora me doy cuenta de mi error.
—¿Eso fue lo que pasó, Harry?—preguntó mucho más suave Severus a Harry, él le miró y asintió.
Severus tomó aire por varios segundos, hasta que acabó abrazando al chico que tembló entre sus brazos pero aceptó el gesto dejándose sostener.
—Nunca, nunca te pediría algo así—le habló al chiquillo—. Nunca tienes que hacer algo que tú no quieras, y si alguien te toca sin tu consentimiento, si alguien intenta contigo algo como lo que hacía tu tío, te prometo que le mataré.
Aquello último hizo que Harry alzara la vista hacia Severus, le miraba sin comprender, pero sabiendo que Severus hablaba en serio.
—Nadie volverá a herirte de ese modo.
Cuando Harry se calmó, y él mismo lo hizo también, le pidió que por favor fuese a la cocina y preparara algo de comer.
Harry se fue contento a hacer algo con lo que se sentía completamente a gusto.
—Severus, no quise provocar esto.
Lupin había estado cayado todo ese tiempo, mirando solo la imagen de ellos dos abrazados.
—Harry no entiende que alguien lo toque sin esperar un contacto sexual—explicó Severus—. Ese gesto, que para ti podría ser inocente, en él, abren todo lo que está roto dentro en su interior.
—Lo siento.
Severus se masajeó el puente de la nariz, la verdad era que entre las horas de trabajo que llevaba y ese momento de tensión, necesitaba descansar un poco.
—Al menos contigo no siente eso—expuso Lupin no sin cierto recelo.
—La noche que lo traje a mi casa, él se ofreció solo porque le di un plato de comida.—Esa parte Severus la había omitido de su relato, pues tampoco la consideraba completamente relevante. Al parecer, se había equivocado—Era lo único que conocía.
—Tiene suerte de estar muerto—dijo Lupin levantándose.
Severus asintió porque él pensaba exactamente lo mismo, pero aún había otra persona que debía pagar. Cada cosa a su tiempo, se calmó pensándolo.
—Me gustaría poder llegar hasta él—confesó Lupin—. Esta claro que no he comprendido hasta dónde él está herido.
Al fondo se escuchaba el ruido de los tratos de la cocina, dejando a los dos hombres de nuevo en silencio.
Lupin se acarició el punto donde Severus le había clavado la varita, y quizás debería haberse mostrado algo arrepentido, pero la realidad era que volvería a hacerlo, y mucho más, si tenía la más leve sospecha de nuevo.
—Lo entiendo—dijo Lupin.
—¿Qué?
—Entiendo tu reacción.—Le sonrió el hombre lobo—Jamás haría algo así con Harry, ni con ningún otro chiquillo.
Severus debería sentir alivio por esas palabras, sin embargo Lupin aún no había acabado.
—Prefiero a los hombres adultos que son capaces de tomar sus propias decisiones—continuó.
Severus le miró intentando contener su sorpresa, era alguien dado a pocas demostraciones en público, y Lupin acaba ser testigo de dos de ellas.
Abandonó la habitación con un leve gruñido que hasta a él le molestó.
Las cosas había vuelto a la normalidad, más o menos, Harry había empezado a soltarse un poco más con Lupin. Como su nuevo tutor estaba haciendo muchos más avances con el chico que él mismo.
Nunca se alegró más en su vida de haber tomado la decisión correcta de no aceptar el puesto de profesor que Dumbledore le ofreció años atrás. Él no sería un buen profesor, sin embargo el hombre sentado en su salón hablando con voz calmada, sí lo sería.
Los días pasaban y no llegaban a ningún punto, Severus estudió los rituales de detección de magia en sus libros, pero iba a necesitar hacer una visita al callejón Diagon. Realmente el mundo de los squib era completamente desconocido; prácticamente no había literatura sobre ellos. Pero el caso de Harry era diferente, él no nació siéndolo.
Estaba convencido de que haber sobrevivido a la maldición asesina tenía mucho que ver, pero sobre eso tampoco había literatura. Harry era el único caso en la historia de un sobreviviente a la maldición.
Su rostro se levantó rápidamente de su libro al escuchar algo que nunca antes había oído.
Harry se había reído, no una sonrisa, fue una cantarina risa. El corazón de Severus se estrujó, ni siquiera sabía que eso pudiera experimentarse. En su vida había tenido muy pocos momentos de dicha, y sin duda de ellos hacía tanto tiempo que solo eran recuerdos lejanos.
Ahora, con un niño perdido y roto, que no era nada suyo sentía calor en su interior. No duró mucho, Harry no estaba acostumbrado tampoco, por lo que rápidamente paró. Pero el ambiente relajado que había dejado hizo que ambos hombres adultos se miraran.
Una extraña sensación familiar, la sonrisa que llegaba también a los ojos del hombre lobo.
Y ese era otro de sus problemas, Lupin le miraba, le miraba todo el tiempo aunque no estuvieran hablando. Como si él fuera algo fascinante.
Casi siempre sus conversaciones trataban sobre el chico, pero mirarle a él no tenía nada que ver. Y no podía negar que le estaba empezando a perturbar.
No sabía qué vida había llevado el hombre lobo, pero dudaba que hubiera sido muy buena. Los de su condición no eran aceptados en la sociedad mágica. Eran considerados meras criaturas, y la regulación sobre ellos no pasaba de considerarlos animales, y peligrosos, para más señas.
Eso mismo le hizo plantearse, que tampoco habría tenido mucha aceptación para encontrar amantes. Al parecer este se inclinaba más hacia los hombres como él mismo lo hacía.
Obviamente era su necesidad la que hacía mirar al único hombre disponible en aquella casa. Severus lo tomó como eso y no como algo más.
—Esta tarde iré al callejón Diagon—anunció cortando el hilo de sus pensamientos, había cosas sobre las que era mejor no ahondar.
Harry le miró, aún no sabía como tratar ese tema con el chico. más tarde o más temprano iban a tener que confrontarlo con la verdad. Pero aún había muchas incógnitas que resolver y surgirían muchas más preguntas para las que aún no tenían respuestas.
La chimenea de su casa estaba abierta, pero siempre trataba de no usarla desde que Harry estaba allí.
Sin embargo, era la opción más rápida para llegar al lugar comercial mágico. Aprovechó que Harry estaba en el patio exterior de su casa, para tomar su capa y salir.
—Necesito pedirte un favor—escuchó a su espalda.
Lupin después de semanas en su casa parecía haber recuperado algo de color, sin embargo algo ceniciento había vuelto a su rostro.
—Dime.
—Necesito poción matalobos, la luna llena se acerca.—Severus lo comprendió rápidamente. No había caído en la cuenta de que al menos durante un par de noches al mes, Lupin debería irse cuando se transformara. Severus tenía un pequeño sótano, pero este jamás resistiría a un hombre lobo en plenas facultades.
—Compraré los ingredientes.—Le dijo Severus, no la había hecho nunca, pero no creía tener problemas en elaborarla.
Los ojos de Lupin centellearon ante las llamas verdes dándole un color extraño.
Estaban tan cerca que Severus podía notar su respiración, tenía que irse. Debía irse.
Cuando iba a meterse en las llamas, Lupin le agarró del brazo acercándole de nuevo, su corazón latía a mil por horas, expectante. Para segundos después, notar sobre su mano el tacto del metal.
—Gracias—dijo el licántropo, marchándose.
Los galeones que había dejado en su mano, pesaban. Se marchó sin quitarse de los labios el sabor de la decepción.
¿Qué estaba esperando?
El callejón Diagon acababa siempre siendo ese lugar atemporal donde, por más que le pesara, Severus se sentía en casa.
Apartarse hasta ese punto del mundo mágico, aunque era lo que él había decidido, tenía un precio.
No era uno que no hubiera pagado siempre, la soledad. Sin embargo, ahora no estaba solo. Su casa estaba repleta de problemas, y tenía claro que todos iba a reventarle, tarde o temprano, en la cara.
Se tomó el tiempo, que en el fondo él mismo necesitaba antes de volver a su casa. Consiguió un par de libros, y dejó encargados otros más. Los ingredientes eran realmente costosos, pero nada que ver como la poción ya elaborada. Dudaba que Lupin pudiera costearse a menudo aquella poción, y se preguntó qué hacía habitualmente las noches de luna llena.
Él había contemplado a la bestia que habitaba en su anterior, muchos años atrás, y había sentido puro terror cuando el lobo le miró.
Potter y Black habían contenido al depredador de su presa, y aún días después notaba el miedo recorrer su cuerpo cuando Lupin estaba cerca.
El correcto y perfecto estudiante de Gryffindor, era una bestia sanguinaria que se había quedado con su olor. Lo había visto olfatearle aquella noche, y tenía el temor de que en la siguiente luna llena le buscara en su dormitorio de Slytherin.
Nunca pasó, lo que sí recibió fue una disculpa del licano. Jamás esperó algo así de ningún miembro de aquel cuarteto. Sin embargo, también descubrió como el director de Hogwarts jamás haría nada por él, cuando fue hasta él años después rogándole por Lily, lo hizo porque sabía que si bien por él no haría nada, por ellos haría todo lo posible.
Se sintió incómodo por el pensamiento, había presupuesto demasiado de ese hombre, dudaba que no conociera la supervivencia de Harry. Que no hubiera sido él el que había conducido al chico a aquella vida llena de dolor.
No solía pensar en aquello años, solo en lo que ocurrió una vez acabó todo. Una vida de postguerra, lo de antes, simplemente dolía demasiado.
Con aquellos recuerdos que desde que Harry había aparecido fue incapaz de volver a esconder, volvió a su hogar.
A esa hora, Harry y Lupin estarían en una de sus clases, por lo que no podría utilizar la chimenea.
Abandonó el callejón Diagón y se apareció junto a su casa, donde las miradas ajenas no sospecharían.
Cuando entró en su casa la imagen que encontró le sorprendió.
Lo normal hubiera sido encontrar a Lupin y a Harry en la mesa del comedor, sin embargo, la escena era bien diferente.
La chimenea lucía las características llamas verdes de la red flu, nadie podía acceder a su hogar desde fuera salvo él. Él y aquel muchacho que blandía su varita ahora contra el hombre lobo que ocultaba con su cuerpo a Harry que miraba todo con los ojos abierto como platos.
—Draco, baja tu varita inmediatamente—le dijo al joven que parecía dispuesto a atacar; Lupin a su vez tenía su propia varita alzada, y los tres le miraron.
Mantener la magia oculta por un poco más de tiempo no sería posible. Los ojos grises de Draco iban de Severus a Lupin, pero donde realmente reposaban más tiempo eran en Harry que parecía al borde del colapso.
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Hola chicas, un nuevo capítulo que ya tenía escrito de la semana pasada, y menos mal, porque no estoy escribiendo nada.
Para las que no lo sepáis, soy española y vivo en Madrid, ahora mismo esta ciudad está bastante afectada por el coronavirus y estamos ante las primeras medidas de contención.
Estoy teletrabajando y con muy pocas ganas de escribir, no os voy a mentir. Espero que vuelvan en estos días.
A las que me seguís en mi otra cuenta ( verdelimalimon) os habréis fijado que no he publicado nada estos días, y es que no tenía nada nuevo escrito.
El ánimo no es malo, solo que supongo mis ganas de escribir quedaron un poco relegadas.
Os mando un beso y que pase esto pronto.
Shimi.
