—Baja la varita, Draco—dijo Severus de nuevo con calma.

—No, que la baje él primero—dijo el muchacho con el más típico tono petulante de los Malfoy.

—Él es mi invitado y tú vas a bajar la varita, ahora.

Draco le miró, le costaba verlo como un adulto ya que le conocía desde que nació. Cuando le has sonado los mocos a un niño es complicado verlo nunca como un adulto. Pero Draco sabía que Severus no hablaba en broma, y bajó la varita.

No tuvo que decirle nada a Lupin, inmediatamente la bajó, aunque la tenía fuertemente sujeta.

—Te he dicho que tienes que avisar antes de venir—se quejó Severus.

—Entonces no dejes la maldita chimenea abierta.

Ahí tenía un punto el chico, aunque hablaba con Severus, no podía evitar mirar al chico que se escondía detrás de Lupin.

Draco carraspeó.

—Él es Lupin, Remus Lupin.—Les presentó Severus, el hombre se adelantó levemente para ser presentado correctamente—Él es Draco Malfoy.

El rostro de Lupin no pudo ocultar una muestra de preocupación, Severus lo entendía perfectamente.

Lucius había sido exculpado de su asociación con los mortífagos, había alegado que se encontraba bajo la maldición Imperius.

Severus sabía que aquello no era cierto, pero las donaciones que realizó, y la fuerza tanto económica como política de los Malfoy, era entonces y ahora muy fuerte.

—Draco, ahora no es buen momento—le pidió al joven.

—¿Y él quién es?—preguntó el rubio mirando a Harry que se veía extremadamente pequeño entre ellos, aunque se mantuviera lo más alejado posible.

—Es mi hijo—respondió Lupin rápidamente—, Harry.

Ambos adultos se miraron, y Harry solo se encogió aún más.

—Necesito hablar contigo, Severus—pidió Draco—. Tienes que hacer entrar en razón a mi padre.

—Te he dicho que no es buen momento.

—Tú eres al único que escucha, dile que no puedo casarme con esa chica.—Como si se hubiera olvidado de que no estaban solos, Draco se lo pidió de un modo suplicante.

—Tu padre no me escucha más a mí que al resto.

—Por favor, quiere que nos casemos en primavera.—Draco, aunque ya era un hombre, siempre acababa recurriendo a él cuando tenía una discusión con su padre, poniendo en una mala posición a Severus.

—Draco.

—No quiero esconder mi homosexualidad, no quiero acabar como vosotros acabasteis.

Suficiente, pensó Severus cuando el chico comenzó a ser más indiscreto de lo que debía delante de Lupin y Harry. El licántropo le estaba mirando con una cara realmente extraña.

—Vamos arriba, Draco—dijo malhumorado—. Realmente eres inoportuno.

No solo había hablado demás sino que había mostrado la magia a Harry, el incidente en la cocina había pasado por alto para el joven. Pero ver salir de las llamas a Draco, no creía que lo fuera a olvidar fácilmente.

—¿Estás con ese tipo?—le preguntó Draco cuando estuvieron a solas, Severus bufó y recordó porque no soportaba a aquel chiquillo.

—Draco, no puedes venir a mi casa libremente, ya te lo dije la última vez que te peleaste con Lucius.

—Ese hombre está loco si cree que me voy a casa con Astoria.—Su capacidad para escuchar solo lo que le interesaba, también era molesta.

—Eres el heredero de tu apellido, es tu obligación.

—Suenas como él.—Le miró mal, pero Severus odiaba que padre e hijo guardaran tanto parecido—. No puedes decirme que tú te alegraste de que mi padre se casara con mi madre.

—Tú no existirías si ellos no se hubieran casado—apuntó Severus—. Claro, que lo mismo así no tendría que aguantar tus rabietas.

—Tú le querías, y él te dejó para casarse.

Severus hacía mucho tiempo que no pensaba en ello, y odiaba profundamente que Lucius hubiera revelado su historia a su hijo.

El muy cretino creía que aquello ayudaría a Draco, el deber, el heredero de los Malfoy. Para Lucius siempre estuvo aquello antes que nada, y nadie.

Incluso le convenció de que casarse con Narcisa no cambiaba lo que ambos tenían, y por un tiempo, Severus también lo creyó. Sin embargo, no fue así. Severus no estaba hecho para compartir, ni para esperar por las migajas de nadie.

No quería ser el amante del hombre casado que iba a visitarlo para darle lo que su mujer no era capaz de darle ni lo sería nunca.

Prefería no tener nada, a tener solo aquella parte.

Lucius no parecía pensar lo mismo y le ató todo lo que pudo. Draco aún le recordaba, Severus fue una persona importante en su infancia y recurría a él, porque sabía que era el único que se enfrentaba a su padre.

—Yo no quiero amantes—dijo Draco—. Bueno, quiero muchos, pero no quiero tener que casarme y llevar una doble vida. Por Merlín, si todo el puñetero mundo mágico sabe que soy más gay que Elton John.

Severus no entendió la referencia popular de Draco, pero sí, era bien sabido por las revistas de sociedad la inclinación del joven heredero de los Malfoy y el gran número de amantes que gastaba el chico.

—A ti te escuchará, tío Sev.—Le miraba como cuando era pequeño, usando aquel nombre que él tanto odiaba; con enormes ojos brillantes que no le pegaban lo más mínimo en su rostro adulto y masculino.

—No sé de donde sacas la idea de que Lucius me escucha, hace mucho tiempo que no hablamos. Y si tanto quieres negarte, no te cases, eres mayor de edad.

—Me quiere desheredar si no lo hago.

Severus se río cínicamente, ese era el punto que le había llevado allí. Aquel niño rico y consentido no quería perder su estilo de vida ni su dinero.

—Quizás debas elegir por una vez en tu vida, y buscarte un trabajo.

El gesto ofendido de Draco sí le dio ganas de reír por primera vez en toda esa tarde.

—Yo creía que tú estarías de mi parte—dijo Draco en dirección de la puerta—. Al menos veré como se pone verde cuando le cuente que tienes novio y una pequeña familia.

La reacción de Severus fue rápida, sacó su varita y amordazó a Draco haciéndolo chocar contra la puerta.

—Ni se te ocurra hablarle de Remus y de Harry—le amenazó. Draco tenía los ojos muy abiertos, realmente había asustado al muchacho y retiró el hechizo sobre él, pero no la presión.

—Draco...

—No le diré nada, pero hablarás con él, por favor.

Severus maldeciría al pequeño manipulador entre sus manos, pero también sabía que si lo hacía el chico no hablaría. Era un vago y un quejica, pero al menos tenía palabra.

—Hablaré con él, pero no te prometo nada, Lucius no cambiará de idea.—Draco sonrió y le abrazó, a Severus le incomodó sobremanera y le separó—Ahora, largo.

El chico obedeció y bajó por las escaleras trotando, abajo, en el salón seguían Lupin y Harry. El chico parecía aún en shock, el problema con el que debería lidiar a continuación era mucho peor que volver con su ex amante.

Sin embargo, cuando Harry los vio aparecer dirigió su mirada a Draco, y la sonrisa seductora que este le dedicó no le gustó nada a Severus.

Harry se sonrojó y agachó la cabeza, no sería esa la única conversación que mantendría en Malfoy Manor cuando fuera, sin dudas.

—Hemos hecho un trato, Severus—le recordó el joven, y Severus lo metió de un empujón dentro de las llamas, pero Draco le traspasó con la mirada y le guiñó un ojo a alguien a sus espaldas.—Hasta luego, guapo.

El gruñido que emitió Lupin fue completamente efectivo e hizo a Draco desaparecer entre las llamas, más asustado de lo que lo había estado en algún momento con Severus.

A sus espaldas encontró a un Harry sonrojadísimo, un Lupin aún enseñando los dientes, y una situación complicada.

—Harry.—El muchacho levantó la vista cuando Severus le llamó—¿Me dirías que has visto desde que ha llegado Draco a nuestra casa?

Lupin asintió, aún muy cerca de Harry.

—Él salió por la chimenea—dijo aún avergonzado—, entre las llamas, eran verdes, igual que ahora. Y no se quemó.

—Te parecería raro, ¿verdad?

Harry asintió, y volvió a mirar a la chimenea que ahora solo lucía unas pacíficas llamas doradas.

—¿Confías en mí?—Harry rápidamente asintió—¿Y en Lupin?

—Remus—corrigió el hombre, Severus rodó los ojos.

—¿Y en Remus?—Harry le echó una ojeada a ambos hombres y asintió.

—¿Serías capaz de creer que la magia existe?

—La he visto en la televisión, sí.

—Algo más que esos trucos muggles, me temo—dijo Lupin, ganándose una extraña mirada ante la palabra desconocida.

—Somos magos, podemos viajar entre las llamas y realizar hechizos con esto.—Severus sacó su propia varita y se la mostró a Harry. Este lo miraba extrañado, pero curioso. Severus le extendió su varita y este la acarició entre sus dedos.

—Ellos se apuntaron con estos trozos de madera.

—Varitas—apuntó Lupin.

—Draco no sabía quién era Lu... Remus, y se defendió.

—¿Quieres verlo?—preguntó Lupin, recibiendo una dudosa mirada de Severus, ¿Sobrexponerlo a la magia?

Pero el chico asintió, y Lupin sacó su propia varita.

Con un simple Wingardium leviosa hizo levitar un par de libros sobre la mesa, Harry lo miraba sorprendido, pero sin ningún tipo de temor. Y para alguien tan hermético como el chico aquello parecía un soplo de aire fresco. La sonrisa en su rostro le recordó tanto a su vieja amiga cuando descubrió la magia, que Severus tuvo que dejar de mirarle.

—¿Mis padres eran magos?—La lógica funcionaba en su cabeza, el chico no era estúpido y ya lo había demostrado antes, ¿en qué tipo de persona se habría convertido si no hubiera sido encerrado y abusado? ¿Sería posible sacar de su interior al chico brillante que Severus entreveía a veces?

—Sí, ambos eran magos, y muy buenos.

La siguiente pregunta era lógica también, sin embargo Harry no la realizó, como si supiera su respuesta.

Tan solo se quedó allí callado mirando los libros aún levitando.

Remus y Severus se miraron, no era aún el momento, ya que enfrentarlo a la realidad de que él sí tuvo magia en un momento y ahora no, era cruel. Y los motivos, aún más.

Harry había aceptado por sí solo que él no era como ellos, y parecía tranquilo con la idea. Pero como siempre, entender lo que el chico realmente sentía era complicado.

—Gracias por mostrármelo, me ha gustado mucho. ¿Puedo ir a preparar la cena?

Severus asintió, y Harry se fue hacia la cocina.

—Demasiado pronto—concluyó Lupin, y Severus pensó lo mismo. Necesitaba que Harry se sintiera algo más seguro de sí mismo para afrontar la verdad.

Severus se sentó en el sillón frente a las llamas, realmente no sabía cómo manejarlo todo. Quería proteger al chico, sin embargo, tampoco quería mentirle.

—No sabía que fueras tan cercano a los Malfoy—se sentó el licántropo a su lado, demasiado cerca para su gusto—¿Confías en ese chico?

—Draco es muchas cosas, sobre todo un niño irritante, pero no dirá nada.

Lupin asintió pero no dejó de mirarlo, de nuevo, como si él fuera descifrable.

—¿Qué?—dijo exasperado.

—¿Tú y Malfoy?—Era evidente que aquel dato no había pasado desapercibido, obviamente.

—Eso fue hace mucho tiempo.

—¿Vas a ir a verle?—¿Por qué su tono era molesto? Él era el primero que no quería ir a ver a su ex amante, además sabía que era misión imposible, Lucius no iba a doblegarse a no tener a su heredero sobre sus propios pasos.

—Iré, pero no le diré nada de Harry, puedes estar seguro.

—Parece que no fue solo una aventura, ¿no?

—Lo siento, Lupin, eso difícilmente es asunto tuyo. Que ambos estemos involucrados en esto no nos hace amigos, no voy a contarte mis penas de amor.

Lupin asintió mirando las llamas, y Severus no soportaba aquella situación más. No quería volver a ver a Lucius, lo evitaba todo lo posible. Pero quería proteger a Harry, eso había pasado a ocuparlo todo, ¿no?

—Iré a preparar tu poción—dijo abandonando el salón.

—Gracias—escuchó cuando ya estaba casi en el piso superior.

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Estoy muy contenta, al final la he podido tener lista para hoy.

Sabía que las ganas volverían, manteneros, manteneros.

Dentro del drama de esta historia, Draco viene como un soplo, ¿alguien pensaba que no sería un insolente y caprichoso en este universo? Veremos qué tal le viene eso a Harry.

Contadme, ¿qué os está pareciendo? ¿Seguimos?

Besos.

Shimi