Severus hacía mucho tiempo que no visitaba Malfoy Manor, no se le había perdido nada allí, salvo alguna vez la dignidad. Pero ya recuperada, se arrepentía de estar bajo los caprichos de Draco.
Cuando un elfo le hizo pasar, Severus sintió la típica sensación en su vientre, era una mezcla de anticipación y malestar.
Conocía aquella mansión demasiado bien, y estaba siendo llevado al ala privada de Lucius. No pudo evitar recordar mucho tiempo atrás, cuando él apenas era poco más que un adolescente.
Quedó completamente impresionado por el lugar, todo era tan lujoso como lo era ahora, pero en sus recuerdos tenían el brillo de los ojos de un inexperto Severus.
Lucius era prefecto de su casa cuando Severus había entrado a Hogwarts, y aún no entendía qué había visto en él.
Severus había recibido la misma acogida en la escuela de magia que en su antigua escuela muggle. En Slytherin era ignorado, sin embargo, pronto despertó la enemistad en cuatro Gryffindor que le atormentaron durante los siete años que asistió.
Black y Potter eran los peores, eso siempre había sido así, pero Lupin y Pettigrew siempre iban a la saga. Nunca fue justo aquel tres y medio contra uno. Pero estaba medianamente acostumbrado.
En su propia casa no despertaba ni odios ni simpatías, le dejaban estar sin ocasionarle ningún problema. Y por primera vez, se sintió bien en un lugar. Su sala común era un lugar neutral, donde podía pasar el tiempo sin problemas. Donde podía estudiar y escuchar las conversaciones de los demás sin que estos le miraran mal.
Sien embargo, no tenía amigos allí. Por eso, cuando Lucius frenó en varias ocasiones los ataques de los cuatro Gryffindor, no creyó que lo hiciera por simpatías hacia él, sino porque era miembro de su casa, y él un prefecto y orgulloso Slytherin.
A pesar de saber eso, Severus le miraba lleno de admiración, dentro de lo que su adusto rostro dejaba entrever las emociones, que bien ocultaba en lo más profundo de su corazón.
A veces, Lucius le daba unas palmadas en el hombro, y Severus sentía que su día mejoraba considerablemente.
Le saludaba por los pasillos, le sonreía en el comedor, le preguntaba por sus deberes. Lily, su única amiga estaba asignada a otra casa, y tener la simpatía de alguien más le resultaba extraño, pero muy placentero.
No podía considerarlo un amigo, porque no interactuaban más allá de esos encuentros, era mucho mayor que él, y él solo un crío. Era absurdo pensar que Lucius hiciera aquello por algo más que pena.
Sin embargo, ese primer verano después de Hogwarts pensó mucho en qué estaría haciendo Lucius Malfoy, en cómo sería su vida, y si al año siguiente seguiría siendo amable con él.
Lo fue, y no solo eso, evitó muchas de las "bromas" de los Gryffindor, algo de lo que Severus siempre le estaría agradecido.
Era el último año para Lucius, y Severus se sentía ansioso porque nunca más le vería. Era poco probable que sus mundos coincidieran. Pero para su sorpresa, no fue así, al año siguiente, en su tercer curso recibió una lechuza de Lucius en el Gran Comedor, a él nadie le escribía, su madre tenía prohibido hacerlo.
Sintió algo muy cálido en el pecho cuando vio la pulcra caligrafía del ex-Slytherin.
Severus le contó más de su vida a Lucius de lo que le había contado a nadie en su vida, nunca hablaba de las humillaciones de Potter y Black, en el fondo se avergonzaba de que Lucius al fin se diera cuenta de que él era un perdedor y cortara el contacto.
Pero no lo hizo, en su cuarto año, le invitó a su casa en las vacaciones de verano. Severus no pudo ir, pero año tras año recibió la invitación. Finalmente se reunieron cuando cumplió la mayoría de edad y amenazó a su padre a punta de varita.
Aquel verano vio a Lucius y perdió su hogar, no era un buen hogar, pero era el único que tenía.
Con esos recuerdos en su mente, volvía a adentrarse en Malfoy Manor, él había cambiado, muchas cosas habían pasado. Pero si algo echaba de menos, era la sensación que a sus 17 años tuvo cuando volvió a ver a Lucius.
No era aquel joven del que se despidió en la estación de Hogwarts, y lo que sentía por él había evolucionado a algo que le avergonzaba profundamente.
Desde aquel día, uno de demasiadas primeras veces, no le negó nada a Lucius. Y se arrepentía profundamente de ello, sin embargo, ahora sabía que tuvo pocas opciones de hacer algo diferente. No culpaba del todo a Lucius, aunque a esas alturas le conocía perfectamente, sabía cómo había estado jugando sus cartas.
¿Le amó? Según él sí, del modo en el que Lucius Malfoy podía llegar a hacerlo, teniendo todas las cartas en su poder, cerrándole las puertas a los demás, sobre todo a él.
Pasó demasiado tiempo hasta que Severus salió de su influjo, de la necesidad que sentía por él, de la adicción que era su amor.
El compromiso con Narcisa Black llevaba firmado desde antes de que Lucius saliera de Hogwarts, todo lo que sucedió aquel primer verano, era a sabiendas de que en poco tiempo, él sería un hombre casado, y Severus su amante.
Cuando el elfo abrió la puerta, y vio a Lucius, casi le recordó a aquel joven con el que se reencontró en el verano de sus 17 años.
Pero pronto la ilusión desapareció, y el actual Lucius Malfoy le miró con un rostro impasible. En aquel pequeño salón, apostado contra la ventana seguía siendo toda una visión, aunque le pesara.
—Severus, qué placer volver a verte.
—No puedo decir lo mismo.
—Sin tanto odias verme, ¿por qué has venido requiriendo mi presencia?—Estaba disfrutando con tenerlo allí contra su voluntad.
—Por Draco.
Quizás aquello no era lo que esperaba, pero dudaba que Lucius no supiera que su hijo acudiría a él.
—¿Te ha contado que no quiere casarse y perpetuar el legado familiar, que lo que quiere es vivir la vida, y follarse a media Inglaterra?—Lucius hablaba de modo casual, pero Severus le conocía, y sabía lo enfadado que estaba con la situación.
—Es su vida—apostó Severus, había dado su palabra de que abogaría por él.
—Cuando eres un Malfoy, jamás es solo tu vida, tú más que nadie deberías saberlo.
Severus al principio tan solo sintió el dolor de quedar relegado a un segundo plano, aunque nunca estuvo en el primero, y si era sincero consigo mismo, jamás existiría un escenario en el que pudiera serlo junto a Lucius. Pero era joven, estaba muy enamorado, y creía que Lucius también de él. ¿Cuántas veces le suplicó que no se casara?
¿Cuántas veces Lucius no le había repetido aquella frase?
—Él no es como tú, dudo que le hagas entrar por el aro.
—Su madre lo ha consentido demasiado, y jamás será capaz de renunciar a sus lujos, ese niño hará lo que tiene que hacer, aunque sea por dinero.
—Si tú lo dices.
Lucius que había estado contra la ventana se acercó a él. ¿Cuánto hacía que no se encontraban así?
Diez años por lo menos, sí, se habían vuelto a ver, alguna vez, no porque él quisiera, sin duda.
Pero recordaba la última vez que estuvo en aquel lugar, recordaba como Lucius le suplicaba que no le abandonara, necesitaba irse de allí. Había cumplido con su promesa.
—Te echo de menos, Sev.
Estaba cerca, pero no era tan estúpido como para atreverse a acorralarle.
No debería haber ido, le costó muchísimo salir de aquella casa, establecerse por su cuenta, olvidarle.
Pero jamás pudo olvidarle, solo dejó de de pensar en él.
Su último beso se lo dio Lucius, igual que el primero, era complicado olvidar a tu único amor. Era complicado salir de una relación cuando esta había sido la única que habías tenido, cuando aún lo amabas aunque te hubiera roto el corazón incontables veces.
Tenía que irse de allí, incluso por un momento pensó en que aquello podría haber sido orquestado por Lucius. Usar a su hijo para volver a acercarse a él, sería algo que bien podría hacer su ex amante.
Seguía usando el mismo perfume, la misma presión en el cerebro de Severus.
—Yo no soy capaz de olvidarte—le confesó Lucius, las pequeñas arrugas que rodeaban sus ojos no le restaban atractivo, pero sus ojos se veían cansados.
La puerta se abrió, nadie entraba a aquel salón sin el permiso de Lucius, dudaba que el dueño de la mansión hubiera cambiado sus costumbres.
Un hombre joven entró sin problemas, pero frenó en seco cuando los vio.
—Lucius…
A Severus no le hacía falta nada más para entender que aquel era su sustituto, o uno de ellos, le daba igual.
—Cuando pierdas a tu hijo, quizás te arrepientas, no le hagas cometer tus mismo errores—le dijo antes de salir del maldito embrujo que tejía Lucius en aquella habitación.
No prestó atención al reclamo que el joven le estaba haciendo al señor de Malfoy Manor, no era su asunto ni lo sería nunca más.
Hacía años tomó la única decisión que podía tomar, solo se arrepentía de no haber sido más fuerte para haberlo hecho antes.
Cuando llegó a su humilde hogar jamás se alegró tanto de verlo, los recuerdos de su infancia habían sido borrados de él con mucho esfuerzo, pero ahora no solo era su hogar, era mucho más.
Cuando entró escuchó voces, algo que en el pasado le hubiera incordiado ahora le daba una extraña bienvenida.
En el salón estaban Remus y Harry, ambos le miraron, ninguno era realmente su familia, pero volviendo de un pasado doloroso que había tenido que volver a traer al presente, se sentía bien.
Se sentía correcto.
—¿Todo bien?—le preguntó Remus, se le veía ojeroso, la luna llena sería en solo un par de noches, la poción matalobo estaba casi a punto.
Severus asintió, y Harry le miraba, se le veía cómodo pero algo le decía que se sentía mejor cuando Severus estaba en la casa.
—¿Qué estáis estudiando?—No era dado a muchas cordialidades, ni a mucho contacto humano, pero lo necesitaba. Y entrar en aquella extraña familiaridad en la que Harry estaba en el centro de sus preocupaciones, era hasta cierto punto liberador.
—Le estaba leyendo algo de Animales fantástico y dónde encontrarlos.
A Severus le sorprendió que fuera aquello sobre lo que estuvieran hablando, Harry no pareció interesado en el tema cuando le revelaron la existencia de la magia.
Severus miró a Remus inquisitivamente.
—¿Realmente existen todos estos animales?—preguntó Harry sorprendido, aquella reacción era más lógica que la que había tenido cuando tan solo se escabulló a la cocina. Cualquier persona sentiría curiosidad por el mundo mágico, aunque no formara parte de él. Miró de nuevo a Remus, se alegraba de tener a alguien que fuera capaz de explicarle al chico con paciencia.
Pero también de tenerlo para él, para compartir aquello que les venía grande a los dos.
Con Lucius nunca había compartido problemas, los había escabullido al abandonar su hogar; y los había sufrido por tener que ser un amor en la sombra. Pero jamás sintió que compartiera una carga con alguien, se sentía bien. Aunque fuera de la última persona de la que lo hubiera imaginado.
Más tarde, mucho más tarde, a solas en el mismo salón con una copa de vino de saúco, repasaba su encuentro con Lucius.
—¿No puedes dormir?—Realmente no le sorprendió, conocía a la perfección los ruidos de su hogar. Y una parte de él estaba esperando ese encuentro.
—Tú tampoco.—Remus se colocó en su campo de visión, no solo tenía ojeras en su rostro. Quizás hacía mucho que no veía esa expresión, pero la recordaba, la recordaba.
Severus se levantó del sofá, Remus no se movió, lo que sí hizo fue agarrarle cuando Severus le besó, le agarró tan fuerte que el pocionista se sintió vivo después de muchos años.
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Lucius no da puntada sin hilo, como suele decirse.
Leyendo un poco sobre ellos, me sorprendió que alguien como Lucius sintiera tempranas simpatías por alguien como Severus. Esta versión me parece un tanto retorcida, pero ¿no le pega demasiado a un Malfoy?
Espero que todas estéis bien, y que esto acabe pronto. Por aquí los nuevos contagios van descendiendo, parece que se ven los resultados del confinamiento, aunque las cifras siguen siendo brutales.
Nos leemos.
Besos a distancia.
Shimi.
