Severus podría decir que se arrepentía del estúpido impulso que tuvo besando a Remus.

Podría, pero no tenía ganas de llevar más motivos de sufrimiento a su vida. Era adulto, Remus también, ninguno se habían hecho promesas estúpidas.

Solo fue un encuentro entre dos adultos, nada más. Estaba bien.

No le daba más importancia a los recuerdos de aquella noche, a la pasión con la que había descubierto a un nada tímido Remus. Una de las caras de aquella persona que estaba comenzando a conocer.

Había pasado la luna llena, y con la poción matalobos, había podido pasarla en casa de Severus, su sótano podría resistirle en aquella condición.

Sin embargo, ambos habían advertido a Harry de no salir de su habitación, que Severus, en cualquier caso había sellado con magia.

El aspecto de Remus aquella noche le puso los pelos de punta a Severus, era paradójico tener demasiadas imágenes del licántropo en su mente.

Pero una que le había acompañado a lo largo de los años, se estaba volviendo a dar en el sótano de su casa. El hombre lobo que le olfateó en la casa de los gritos; el que rugió por su presa a punto de cazarle; el andrajoso hombre que había aparecido en su casa de noche; el paciente profesor que enseñaba a Harry. Y el amante que penetraba una y otra vez a Severus, el que a pesar de su mala condición física le tuvo hasta el alba arrancándole gemidos. Al que sintió en su cuerpo durante días.

Cuando bajó al sótano sellado también con magia, le encontró desnudo y hecho un ovillo en el suelo.

Recordaba como las desapariciones de Remus en la escuela le habían escamado, como permanecía en la enfermería tras la luna llena.

Esperaba ver una versión enferma, pero no fue así.

—Este sótano huele a ti—le dijo Remus cuando Severus se inclinó a verle. Los ojos ambarinos parecían ser aún los de la bestia que habitaba en su interior.

No pudo evitar recorrer su cuerpo completamente desnudo, no tenía edad para sonrojarse. Ni siquiera cuando comprobó su fuerte erección.

No habían hablado tras su primer encuentro, ni antes ni después, tampoco habían vuelto a repetir. Ni siquiera estaba en sus planes que aquello durara más de una noche.

Sin embargo, cuando Remus lo tumbó en el nido que había hecho durante la noche, Severus le dejó hacerlo.

Cuando le quitó los pantalones y le abrió las piernas, Severus no se resitió; tampoco lo hizo cuando Remus tomó su varita y le lanzó un hechizo dilatador, ni cuando le penetró.

No resistió cuando le besó, hinchando sus labios, cuando la fricción entre sus cuerpos hizo que se corriera, ni cuando Remus se vació en su interior.

No se resistió cuando lo cubrió con su cuerpo, cuando lo abrazó en el nido que el lobo había hecho para él, y acompasó su respiración adormeciéndolos a ambos.

Tampoco hablaron después de aquella segunda vez.

¿Qué tendrían que decirse más que ambos necesitaban ese contacto físico?

Severus sabía que Draco trataría de volver, por eso, le selló la entrada a su chimenea. No quería más encuentros no deseados en el salón de su casa.

Eso no significaba que el joven no lo intentara, y finalmente apareció, pero lo hizo en la puerta de su casa.

—Este lugar es una mierda, Severus—le dijo cuando le abrió la puerta.

—¿Qué quieres, Draco?—Aunque era obvio el motivo por el que el joven de los Malfoy volvería.

—Mi padre no te ha escuchado.

—Ya te dije que no lo haría, no entiendo porque creías que lo haría.

El joven miraba hacia el interior de su vivienda, y finalmente le dejó pasar.

Harry y Remus estaban en la planta superior, Severus no iba a dejar que Draco se acercara de nuevo a ninguno de los dos.

—Renuncia a tu herencia, Draco—le dijo sirviéndole un té.

—Eso es fácil de decir, ¿sabes?—se quejó el rubio.

—No siempre se puede tener todo, quizás es algo que nunca te enseñaron.

—¿Qué puedo hacer?—le ignoró.

—¿Has hablado con tu madre?—Severus no podía creer que tuviera que ser él el que tuviera que iluminar a aquel chiquillo.

—Ella piensa igual que él, no la entiendo—se quejó Draco—¿Sabes cuánto le costó a mi padre que su nuevo amante superara tu visita?

Aquello a Severus debía de no impártale lo más mínimo.

—No entiendo cómo a ella no le molesta que en su cama duerma otro que no sea ella.

—Ellos no se casaron por amor.

—Aún así.

—No sabía que en el fondo fueras un romántico—se mofó Severus, haciendo que el muchacho esquivara su mirada.

—No lo soy.

Por un momento sintió lástima por Draco, realmente debía sentirse muy solo si tenía que recurrir a él entre todas las personas. Pero desgraciadamente no tenía ningún consejo a parte de que asumiera las consecuencias de sus decisiones.

El sonido de pisadas en la escalera le dijeron que aquella reunión debía de acabarse.

—Suerte, Draco—le dijo en tono de despedida, sin embargo los ojos del rubio no se separaron de la escalera.

Cuando vio a Harry bajando, a Severus no le gustó lo que vio.

Se sentía terriblemente protector con Harry, y aunque en el fondo no consideraba una amenaza a Draco, no quería que nadie le lastimara por no saber tratarle.

—Hola—saludó Draco a Remus y a Harry.

El brazo sobre los hombros de Harry por parte de Remus, le hizo saber que Remus se sentía igual que él mismo.

Lo que ninguno esperaba era que el tímido chico al que le costaba salir de su mutismo le contestara.

La sonrisa de Draco fue demasiado amplia.

Y obviando a Severus, Draco se acercó al chico.

—La otra vez no pude presentarme correctamente, discúlpame—le dijo Draco de un modo demasiado encantador.—Draco Malfoy.

La mano extendida del rubio era como una serpiente esperando a clavar su veneno en Harry.

Remus le miró, y se pegó más a Harry. Pero de nuevo este, se desvinculó, y extendió también su mano.

—Harry.

Los dos adultos miraron como ambos jóvenes daban un paso delante de ellos, un paso que no habían calculado.

Porque por primera vez vieron a Harry salir de su patrón de miedo y recelo. Y eso, por mucho que a ambos les asustara era un paso hacia adelante, aunque fuera de la mano de Draco.

Cuando por fin Draco se marchó, Severus pensó que lo mejor sería hablar con Harry. Realmente solo querían protegerle, pero tenían que tener en cuenta lo que el chico estuviera sintiendo.

Desde que el joven había mostrado interés en la magia, tanto Remus como él habían estado mostrándosela.

La capacidad para adaptarse de Harry no paraba de sorprenderle, sin embargo, llegar hasta él, seguía siendo complicado.

Severus le había enseñado su laboratorio, y había descubierto que a Harry le gustaba verlo trabajar. Le preguntaba tímidamente sobre los ingredientes que utilizaba y para qué servían.

Poder revelar la verdad de su mundo, hacía todo mucho más sencillo.

Por eso, a Severus le pareció un buen escenario para tener aquella conversación.

—¿Sabes, Harry? Conozco a Draco desde que era pequeño—comenzó a hablar mientras cortaba raíces—. Es el hijo de un viejo… amigo mío.

Sabía el efecto que aquellas palabras tendrían en él, rápidamente había captado el interés del muchacho.

Pasaron la tarde entre pociones y viejos recuerdos de Severus, Harry le iba pasando ingredientes que comenzaba a identificar con facilidad.

—¿Te gustaría que viniera algún día a tomar el té?—Harry le miraba, y era incapaz de evitar reflejar en su rostro la emoción.

Aquello iba a complicarse aún más con Draco por allí, pero si servía para ayudar a Harry, podría valer la pena.

Quizás alguien de su edad pudiera ser de ayuda para mostrarle a Harry cómo era la realidad.

Cuando Harry asintió, supo que debería tener una importante charla con Draco, en la que alguna amenaza y promesa de tortura tampoco iban a quedar de lado.

—¿Realmente crees que es buena idea?—le preguntó Remus, a él, Draco no le daba ninguna buena espina.

—¿Has visto la reacción de Harry?—le preguntó Severus—. En todos estos meses no le he visto hacer algo como eso.

—Aún así…

Severus dejó lo que estaba haciendo para acercarse a Remus.

—Hablaré con él.

—¿También volverás a hablar con su padre?—le inquirió Remus, agarrándole por la cadera.

Severus no se esperaba esa pregunta, no veía escenario para tener que volver a encarar a su ex amante. Y le molestaba que cualquier persona se metiera en sus asuntos.

—En cualquier caso, no sería asunto tuyo—le contestó, y se separó de él. Notó la molestia en el rostro del otro.

No esperaba llegar a tener que embarcarse en aquella conversación, estúpidamente había creído que nunca llegaría a darse.

—Tienes razón, no es asunto mío.—Severus no esperaba aquello—Harry, sí. Que el joven Malfoy venga, pero no pienso dejarlos a solas.

Severus asintió, y no evitó mirarle, pero el lobo se enfocaba en otro punto.

—Remus…

Los ojos ambarinos se le clavaron.

—¿Tienes algún avance sobre la magia de Harry?—le cortó, y Severus lo entendió, se había acabado allí.

—Tengo que ir a recoger los libros que encargué en el callejón Diagon.

—Voy a ir a Godric Hollow este fin de semana—le adelantó Remus—. Ha pasado mucho tiempo, pero quizás encuentre algo.

No olvidaba el motivo que les había unido, y cómo no quería complicarse la existencia, más de lo que ya lo estaba. Pero había sentido un mínimo consuelo dentro de él en esos días. No lo suficientemente grande como para echarlo de menos.

Estaba bien, solo tenían que pensar en Harry.

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No es el capítulo con el que más contenta estoy, pero bueno, así es como ha salido. He querido respetar que el romance no es el punto focal de esta historia (dentro de lo que yo soy capaz de hacer eso, claro).

Tenía ganas de escribir sobre esta historia.

Espero que estéis bien.

Besos.

Shimi.