Severus con todos los libros que había reunido finalmente tenía una idea de lo que podría hacer con Harry.

Realizaría una batería de hechizos, pues los más sencillos, esos que había realizado en un principio, no le habían dado ningún resultado.

Lo tenía todo listo, sin embargo estaba esperando a Remus para llevarlos a cabo.

Como anunció, se fue a Godric's Hollow, y llevaba días sin volver.

Se había acostumbrado a tenerlo por su casa, siempre había pensado que el hombre era una presencia ligera en su hogar; ahora, con su ausencia se daba cuenta del peso que había tomado.

Aquellos primeros encuentros íntimos se habían suspendido desde que Severus levantó aquel muro entre ambos, sin embargo, se le estaba cayendo a pedazos.

Quería pensar que se debía a Harry, Remus se había convertido en su tutor, y ahora, para que Harry no perdiera el ritmo, Severus había vuelto a asumir ese papel.

Se dio cuenta del buen avance que llevaba Harry, y sintió orgullo por ese chico que no era nada suyo y por el que sabía había vuelto a poner su vida en jaque.

—Remus me dijo que él es un hombre lobo—dijo Harry cuando estaba leyendo, no sin dificultad, uno de los libros que le había dejado Remus. Era más un cuento que los niños magos tendrían antes de llegar a Hogwarts.

—Sí, lo es.

—Pero él no parece todo esto que dicen de ellos.

Agradecía el espíritu crítico de Harry, no todo estaba destruido dentro de él, ¿habían llegado a tiempo?

—No siempre podemos creer todo lo que leemos, o todo lo que oímos.

Harry se quedó unos segundo callado, pero al rato asintió. No tenía claro qué ejemplo habría usado para entender el concepto, pero seguramente no le gustaría.

—¿Y va a volver?—Esa misma pregunta se estaba haciendo él.

—Ha ido a tu antigua casa, en la que viviste con tus padres.—Los ojos verdes de Harry se abrieron levemente.

No estaba en su naturaleza, esa que habían forjado con miedo y dolor, hacer preguntas, pero Severus sabía que se moría por realizarla.

—Eres libre para hablar y preguntar, siempre.

—¿Yo podría ir alguna ver a verla?—Fue dicho bajo, mirando sus manos, y sin embargo la emoción que contenían aquellas palabras eran difíciles de ignorar.

—Hay algunas cosas que tienes que saber Harry, quisiera esperar a que Remus llegue para poder explicártelas—contestó Severus, si iban a realizarle los hechizos que había aprendido quería poder darle una explicación.—Pero sí, podrás ir cuando estés preparado.

Harry la merecía, ya había conocido la magia, sabía que sus tíos, por llamarlos de algún modo, le habían mentido sobre sus padres. Tarde o temprano debía conocer quién era él, quién había sido en el mundo mágico.

El chico, acostumbrado a obtener poco, se conformó con aquella respuesta.

Ambos pasaron de nuevo una tarde a solas, ¿cómo era posible que tras años de soledad pudiera sentirse tan solo un salón?

Ninguno dijo nada, pero los dos echaban de menos a Remus.


Fue a la mañana siguiente, cuando recién despertaba Severus que encontró a Remus preparando té en la cocina.

Diferentes emociones se arremolinaron dentro de él, apartó las puramente sentimentales; el alivio al comprobar que definitivamente estaba bien, que no se mostraba herido y que de nuevo estaba en casa. Las desechó, como acostumbraba a hacer, porque enfrentarse a ellas era realmente inoportuno, ahora, y para que engañarse, siempre.

—¿Encontraste algo?—le preguntó como si no hiciera días que le echara de menos.

—Nada—dijo el lobo con voz apagada.

No era un experto en consolar, y no se veía capaz de hacerlo con aquel hombre y en aquel lugar.

Pero si en su visita no había encontrado nada, ¿por qué tantos días fuera?

Definitivamente no sería una pregunta que le haría en voz alta.

Cuando Harry entró y vio a Remus, sonrió llevándose con él parte de la atmósfera deprimente.

Se quedó tan parado en la entrada de la cocina, que Severus sabía lo que el chico en realidad quería hacer y temía al mismo tiempo.

—¿Cómo has estado, cachorro?—le preguntó Remus con un tono que nada recordaba al que había usado antes.

Harry se acercó, y Remus le acarició la cabeza; desde el malentendido, nunca había propasado algo más que un toque en su pelo. No se atrevía a ir más allá por el profundo malestar que le causó en su día.

Severus no iba a meterse, ellos tendrían que lidiar con el contacto que quisieran tener.

Pero era evidente que Harry apreciaba a Remus, aún así con el que únicamente era capaz de tener contacto físico seguía siendo él.

Dudaba que en condiciones normales él fuera el receptor o emisor de muestras de afecto ideal, no tenía un rostro agradable, rara vez sonreía, y mucho menos era alguien que diera muestras de cariño. Estaba claro que la afabilidad no era algo que le inspirara confianza a Harry.

Volvieron a la rutina de un modo rápido, clases para Harry y Remus, pociones para él.

Por la noche, momento en el que Remus y él compartían opiniones, también se dio. Sin embargo, allí, el ambiente no era idéntico al anterior.

Remus se mostraba más reservado, incluso su lenguaje corporal le hacía apartarse levemente de Severus.

Mejor, pensó, mejor así.

—Tengo los hechizos preparados para realizarlos sobre Harry.

—Lo haremos mañana—asintió Remus mirándole apenas.

—Le dije donde fuiste, tenemos que contarle la verdad.

—Hagamos primero los análisis, después le llevaremos allí.—En ese punto sí le miró, las llamas estaban encendidas y hacían volutas sobre sus ojos de un color tan peculiar—Hay una lápida con su nombre, nunca había sido capaz de visitar la tumba de James y Lily.

Él nunca lo había hecho, saberse responsable de la muerte de los Potter era demasiado peso sobre su conciencia.

Él había querido a su amiga, y salvo Dumbledore y el mismísimo Señor Oscuro, dudaba que alguien supiera que había sido él quien le había dado el fatídico dato de la profecía que había marcado el destino de los Potter.

Nunca, tras la guerra, fue algo que gustó de comentar. Lucius no era el receptor de ese tipo de confesiones, le hubiera dado su vida, pero nunca sus secretos.

¿Cómo reaccionaría Remus de saberlo? ¿Cómo lo haría Harry?

Había tenido años para tratar de perdonarse sobre ello, sin embargo, había fracasado. No se había perdonado, pero tampoco pensaba en ello constantemente. Había llegado a una especie de pacto con sus secretos. Estos se fueron al diablo cuando Harry apareció.

Solo le quedaba un pequeño consuelo, Harry no había muerto aquella noche, y eso, pese a la horrible vida que había tenido el niño, su madre agradecería desde el lugar en el que estuviera.

Severus había adquirido una nueva deuda, era diferente a la culpa, pero al menos con ella se sentía mínimamente útil a la memoria de su amiga.

"Yo le protegeré, Lily" volvió a repetir a la nada, a su recuerdo.

El ambiente deprimente en el salón era demasiado para ambos, sin consolarse el uno al otro, ambos se fueron para sus respectivas habitaciones.

En un momento de debilidad, con el peso de su promesa, Severus estuvo tentado de invitar a Remus a su habitación, pero este no le dio oportunidad cerrando su puerta rápidamente.

No fue una buena noche.


—Harry, queremos hacerte algunas pruebas—le dijo Severus a la mañana siguiente durante el desayuno—. Las haremos con magia.

El chico dejó de comer, y le miró, el tenedor en su mano comenzó a temblar.

Esperaba algún tipo de reacción, y el miedo estaba entre ellas.

—No será doloroso, solo queremos saber si hay magia dentro de ti.

—¿Y si no la hay?—dijo mirando a su plato, pero al menos había dejado de temblar.

—Te conocí cuando era un niño—dijo Remus—. En aquel entonces sí la tenías, puede ser que la perdieras, no lo descartamos, pero queremos estar seguros.

Los tres se quedaron en silencio, ambos habían esperado que Harry estuviera algo más animado al saber si tendría magia dentro de él. Sin embargo, el muchacho no se veía nada animado.

—No tenemos porque hacerlo si no quieres—le dijo Remus, Severus pensaba que era necesario pero cuando Harry le miró, supo que necesitaba que Severus le reconfortara.

—No es necesario, pero tenemos muchas preguntas sobre lo que te pasó, muchas preguntas porque para nosotros, tú estabas muerto.—Harry no era tonto, aceptaría cualquier cosa, ya lo había hecho durante toda su vida, pero necesitaba información para aceptar algo que temía.

—¿Si no tengo magia tendré que irme?—preguntó, ese era el temor real de Harry.

—Nunca, esta es tu casa, Harry. Siempre que tú quieras estar aquí—le aseguró Severus.

Asintió, varias veces, y Remus y él se miraron.

—Vale, lo haré.

Severus necesitaba espacio, por los que a media mañana los tres estaban en el salón, la habitación más grande de su casa.

Habían retirado la mayoría de los muebles pegándolos a las paredes. Harry se veía nervioso, pero en ningún momento se echó atrás.

En mitad del círculo que habían dibujado en el suelo se le veía demasiado pequeño.

—¿Estás listo?—le preguntó Severus.

Los ojos asustados de Harry no pestañearon cuando él asintió.

Severus levantó su varita y lanzó el primer hechizo.

Uno tras otro todos ellos daban el mismo resultado, no había nada, ni rastro de alguna raíz mágica dentro de Harry.

Severus estaba agotado, muchos de ellos drenaban su propia magia. Uno de los motivos por lo que necesitaba que Remus estuviera allí, era porque necesitaba de su magia para ello.

Había agotado la mayoría de opciones, salvo una, la había dejado para la última porque esperaba no tenerla que usar sobre Harry.

Muchas de las anteriores habían rayado la legalidad, sin embargo esta, era auténtica magia oscura y prohibida.

Remus asintió, y le ofreció su magia, aquello les iba a afectar a los dos.

Reprodujo los intrincados movimientos del hechizo, y sintió como le arrancaba un pedazo de su magia. Harry se tensó, le había prometido que no le dolería, y aunque para Severus estaba siendo molesto, esperaba que no lo fuera para Harry. Esta atacaba a la magia.

Sin embargo, Harry comenzó a chillar, y lo que Severus encontró le heló la sangre.

Negro, oscuro y viscoso, Harry tenía un núcleo mágico dentro de él, blindado. Se defendía de Severus, luchaba contra él.

Pero por un segundo lo vio, él había sentido esa magia sobre él, sus maldiciones jamás las olvidaría en su vida.

Oscura y malvada, la magia de otro mago que no debería estar vivo.

Severus dio un paso atrás, al borde de caer, fue sostenido por Remus. Perdió la conexión, Harry cayó al suelo. Y ambos le miraron.

—Voldemort—dijo Severus, la magia de Voldemort estaba dentro de Harry.


Mi tendencia natural al romance me hace que, ahora, me cueste un poco esta historia. Obviamente habrá, pero espero que no se lo coma todo.

No sé si llevo una o dos semanas sin actualizar esta historia, a la que la haya estado esperando, una disculpa.

La historia avanza, lenta, pero avanza.

Pd.: Ayer lo puse en otra historia, pero si hay otras lectoras en esta historia lo pongo también.

Estoy a punto de llegar a los 4000 seguidores en Wattpad y se me ha ocurrido celebrarlo de alguna forma, un alma caritativa me dio una idea genial.

Haré una historia de varios oneshot con vuestras sugerencias (personajes, situaciones, la idea la pones tú), pero para hacerlo más emocionante haremos un sorteo.

Tú te inscribes y yo te doy un número, digamos que saldrán ¿10 ganadores? Si sale tu número tú me dices lo que quieres que te escriba: Draco veela enamorando a medio Hogwats; Remus teniendo un harem de lobitos, no sé, la idea será la tuya y tus personajes.

Si os animáis id a mi perfil, y en las conversaciones encontrareis el hilo donde inscribiros.

Besos.

Shimi.