Harry se había asustado, y que Harry se asustara era dar diez pasos hacia atrás.
Desde el examen a su magia se había encerrado en su habitación.
Severus no sabía qué pensar, o más bien no quería pensar en las consecuencias de lo que había encontrado dentro de Harry.
La magia oscura de Voldemort estaba totalmente enredada en Harry, no había podido ver ni un resquicio de la del joven. Solo oscuridad, una enorme y siniestra oscuridad.
Nadie había sobrevivido a la maldición asesina, Harry, había sido el primero. Por ese motivo, no había ningún manual, ningún libro, ninguna forma de entender cómo eso había sucedido.
Pero algo estaba claro, de algún modo Voldemort vivía dentro de Harry, y eso era malo.
Severus se había encerrado también en su estudio, había consultado todos los libros sobre magia oscura, maldiciones, contramaldiciones, y aún así nada.
¿Cómo era posible que Voldemort, o al menos, una parte de la magia de Voldemort hubiera conseguido vivir en Harry?
—Tenemos que hablar con Harry—entró Remus en su estudio viendo el gran caos que había dentro.
—¿Y cómo le vamos a decir que está poseído por el mago que mató a sus padres?—se desesperó Severus. Necesita dormir.
—Eso no lo sabemos, no creo que Harry este poseído, quizás solo lo "contiene".
—Remus, esto es malo.—Se dejó caer sobre su silla Severus—Y no sé qué decirle a Harry, creo que él ya no confía en mí.
—Si Harry confía en alguien, es en ti.—Se le acercó Remus—Ve antes de irte a dormir, te necesita.
Severus miró la hora, era muy tarde, pero le hizo caso a Remus.
Llamó a la puerta del chico, pero nadie contestó. Se arriesgó y giró el pomo de la puerta.
Harry estaba sentado en un rincón, en el suelo, y agarrando aquella raída mochila.
—Harry.
Harry no se movió, parecía dormido, pero cuando Severus se acercó a él, se encogió sobre sí mismo.
—Harry, tenemos que hablar.
Se inclinó sobre él, daba pena verle así y se odiaba por no haber ido antes, pero necesitaba entender qué había visto y arrancárselo de su interior.
—Harry, por favor.
—Lo he sentido—dijo el chico—ellos tenían razón.
—¿Quiénes?
—Mis tíos.
—Esos desgraciados no tenían razón en nada de lo que te hicieron creer.—Severus realmente necesitaba dormir.
—Lo he sentido, hay algo malo en mí, soy malo.
—Sí, tienes razón.—No iba a mentirle, no había caso en hacerlo—Pero no es algo tuyo, el mago que quiso matarte cuando eras un niño de algún modo dejó algo de él dentro de ti. Algo de su magia, pero eso no te convierte en alguien malo.
—¿Puedo sacarlo de mí?—pidió esperanzado Harry.
—Eso es lo que llevo horas tratando de descubrir.—Severus le extendió una mano, y Harry no dudó en tomarla.
Ambos fueron hasta la cama del chico, y se sentaron juntos.
—Voy a trabajar por hacerlo, aún no sé cómo, pero también te hago una promesa—le dijo Severus serio—. Nunca voy a ponerte en peligro, y si arrancarlo de ti es peligroso, no lo haré.
—Pero…
—No, Harry, tu vida es más valiosa que un trozo de magia oscura en tu interior.
Los ojos de Harry se humedecieron, lo contuvo, como parecía contener siempre sus emociones. Severus le abrazó, porque él mismo lo necesitaba.
Porque sabía, que si Voldemort estaba en su interior, que si Harry había sido escondido y olvidado, era por un motivo. Severus no creía en las casualidades, y aquella sin duda no era una de ellas.
No supo en qué momento se durmió con Harry entre sus brazos, le dolía el cuello, pero Harry parecía dormir tranquilo. Acarició su mata oscura de cabello, necesitaba un corte con urgencia.
Volvió a cerrar los ojos, y no los volvió a abrir hasta que el sol los despertó a ambos.
Los tres desayunaban en la cocina, efectivamente, el cuello le dolía horrores, pero Harry parecía el chico que poco a poco iba saliendo del caparazón en el que cuando tenía miedo se escondía.
A pesar de haber descubierto algo que solo complicaba un poco más sus vidas, la mañana pasó con relativa tranquilidad. Severus escuchaba a Remus impartir sus clases a Harry.
Y aunque la voz monocorde de Remus era relajante, el dolor sobre sus hombros seguía molestándole.
Tenía poción para el dolor muscular en su baño, debería pasar a por ella, pero llevarse la mano a su cuello y masajearlo era un pequeño alivio momentáneo.
Él se había quedado en la mesa de la cocina tras el desayuno revisando por enésima vez los siete tratados sobre magia oscura que había conseguido. Ya lo había visto todo, pero necesitaba saber más, ese siempre había sido uno de sus mayores defectos y en este caso era lo que necesitaban.
Escuchó entrar a Remus a por una taza de té, cuando después de un tiempo y varios giros para aliviar su cuello, notó una mano sobre él, rápidamente fueron las dos.
Estaban calientes, y aunque debía pedirle que parara, el alivio que sintió cuando trabajó sus músculos se lo impidió.
—Tengo una pomada para los dolores musculares—dijo Remus, pero en ningún momento dejó de masajeare—. La uso tras las transformaciones, puedes probarla.
Severus le diría que no, por puro orgullo, ese mismo que le había mandado lejos. Así que se calló, y aunque no fuera propio de él no rechazó sus manos.
Ascendieron por su cuello, hasta llegar a su cuero cabelludo, y en ese punto, Severus emitió un pequeño gemido, de alivio, de placer.
Remus introdujo sus dedos más y más ascendiendo y Severus cerró los ojos dejándose hacer.
Cuando estas desaparecieron, Severus se quejó involuntariamente.
Abrió los ojos, Remus estaba a su lado, y Harry entrando por la puerta.
—Te traeré la pomada.—Se marchó Remus sin mirarle, y Harry también se marchó, no sabía cuánto había visto, o qué había entendido de todo aquello.
A Severus le dolía menos el cuello, pero se dio cuenta de que estaba excitado y solo esperaba que Harry no hubiera visto también eso.
Días después todos estaban igual, igual y más frustrados.
Ni él ni Remus llegaban a encontrar nada más sobre ese pedazo de magia dentro de Harry, y ambos sabían que aunque él no preguntara, más que nadie quería aquello fuera de sí mismo.
Harry no hizo preguntas sobre lo que vio en la cocina, tampoco era como si hubiera pasado nada, de hecho aquello no fue más que un masaje. Aunque desde entonces no había obviado las miradas que volvía a lanzarle Remus.
Había pensado que estas no volverían, que habían cerrado carpeta con eso. Pero, no se iba a engañar, sentía una cierta alegría por saber que no era del todo así.
Sin embargo, en algunos momentos veía como Harry les miraba.
¿Qué podía decirle sobre algo que ni siquiera ya estaba pasando? Aunque no era un crío, volvería a pasar, él al menos quería que volviera a pasar.
Era tan ridículo que Severus fuera capaz de hablar abiertamente sobre cómo un psicópata había dejado un trozo de su magia en Harry, pero no de cómo dos hombres adultos podían tener sexo consentido y disfrutar con ello.
En algún momento debería hacerlo, o Harry podría llegar a malinterpretarlo, y eso no sería bueno para él.
Severus miró a Remus, le había dado la pomada, sí, pero aunque ahora no paraba de mirarlo, no había dado ningún paso más.
Esa noche le visitaría, hablaría de cómo explicarle a Harry algo más sobre sexualidad, y si Remus quisiera, ellos mismo la practicarían.
Sus pensamientos fueron cortados cuando las llamas verdes se iluminaron, habían vuelto a darle acceso a Draco, pero Severus le había obligado a que antes de pasar, llamara. Como cualquier persona normal haría.
El chico llamó, parecía que él también podía tener modales.
Había hablado con Draco unos días antes, no había vuelto, y haciendo caso a lo que había hablado con Harry, quizás alguien de su edad aliviara un poco de aquella carga que llevaba el chico.
—Hola—dijo sonriente al entrar, Remus le gruñó, y Severus hubiera reído si él fuera de hacerlo.
Harry se levantó, y Severus se dio cuenta de que quizás la conversación sobre sexualidad debía darla a ambas partes.
Harry no habló en todo el tiempo en el que Draco no paraba de parlotear. Severus desconectó en un momento en el que se perdió entre nombres que ni sabía quiénes eran ni le importaban.
Ya le había avisado de que con Harry no podía iniciar ningún tipo de acercamiento sexual, no estaba a su alcance o le caparía con una ristra de maldiciones lentas y dolorosas.
Le iba a estallar la cabeza si seguía escuchando todos los chismes sobre una sociedad que le importaba un comino.
Echó una ojeada a Remus, y este le estaba mirando con una medio sonrisa. El hombre se levantó.
—Creo que voy a preparar más té.—Severus había estado pensando en lo mismo, necesitaba salir de aquel salón o estrangularía a alguien, principalmente a Draco.
Severus le miró como se iba cabeceando, ¿estaría muy mal que él también abandonara por un rato el barco?
Miró a Harry, aunque le costaba mirar directamente a Draco, de vez en cuando lo hacía. Harry le había hablado de un primo, no sabía la edad que tuviera, ni si habían tenido una buena relación.
Pero algo le decía que Harry no había tenido contacto con nadie de su edad, y que la mayor parte del tiempo estaría encerrado.
—Harry, ¿te parece bien si voy con Remus a preparar el té?—El chico le miró, si veía cualquier tipo de duda, no se movería. Pero él solo asintió.
Draco sonrió, Severus le dedicó una mirada asesina y el rubio se atragantó con su propia saliva.
Cuando Severus abrió la puerta de la cocina encontró a Remus contra la encimera.
—¿Los has dejado solos?—preguntó preocupado.
—Draco tiene una amenaza directa de castración si se le ocurre intentar algo con Harry.
Remus sonrió, las sonrisas tan directas y hacia él, se habían vuelto escasas desde la última vez que estuvieron juntos.
Draco vio como los dos hombres se iban a la cocina, le sorprendía que Severus estuviera con alguien más que con su padre, a pesar de los años que habían pasado.
No era que le gustara mucho aquel tipo que le miraba como si fuera a matarlo de una forma violenta. Pero veía cómo se miraban, había que estar ciego para no hacerlo.
En un sillón separado de él estaba Harry, no había abierto la boca desde que él había llegado. Era guapo, era muy guapo, pero también se daba cuenta de que aquel chico no era normal.
Eso unido a la amenazas de Severus le habían quitado bastante de las ganas que le dieron de él cuando lo vio por primera vez.
—¿Y cuánto tiempo llevan juntos tu padre y Severus?—le preguntó directamente.
Harry le miró, ¿tendría algún tipo de retraso mental? ¡Qué pena! Porque tenía un polvo, incluso dos.
—No lo sé—contestó demasiado tiempo después.
—Yo creo que se están dando el lote allí adentro—sentenció. Esperaba que Harry se riera o emitiera algún tipo de muesca de asco, él lo haría si hablaran así de su padre.
Harry no emitió ningún tipo de señal.
—Ya sabes, besarse, meterse mano… sexo.
Harry no enrojeció como cualquiera haría, él se quedó blanco y se miró fijamente las manos.
¡Qué chico tan raro! Vale que en algún momento a él le hubiera interesado, pero ahora se arrepentía de haber aceptado la propuesta de Severus.
¿De qué mierda iba a hablar con él si ni siquiera hablaba?
Se empezaba a dar cuenta de que Severus le estaba encasquetando a Harry para poder tener tiempo a solas con su novio.
Le estaban usando de niñera, y él había accedido como un estúpido.
—Bueno, Harry, ¿y a ti qué te gusta?
—¿Qué me gusta?—había vuelto a preguntar.
—Pues sí, no sé, a mí me gusta salir, la verdad es que me gusta mucho salir con mis amigos, lo malo es que mi padre se empeña en que vaya al despacho a encargarme de los negocios familiares, pero bueno, no sé, soy demasiado joven para estar encerrado entre libros de cuentas, ¿verdad?
—Sí—sonrió Harry. Se veía lindo, demasiado lindo para ser tan tonto.
—Quizás un día quieras salir conmigo y mis amigos.
Otra sonrisa, quizás Severus no tuviera porqué enterarse.
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Tenemos a Voldemort dentro de Harry, a Severus y a Remus a su alrededor, y con Draco las cosas solo parecen que se pueden complicar.
Me resulta un poco extraño volver a esta historia con el tono que necesita, desde luego, lo ligero se me da mejor.
Bueno, espero que os guste.
Hasta el próximo capítulo.
Besos.
Shimi.
