No había duda que el retrato de Dumbledore estaba maldito. Severus miró a McGonagall, y esta se mostró imperturbable.
—Cuánto tiempo sin verte, Severus. ¿A qué debemos el honor?—La voz del antiguo mago reptaba por las superficies de la sala llegando a él, la sensación helada y viscosa de la magia negra le acarició.
Le recordaba demasiado a un pasado que había tratado de olvidar.
Todos sus instintos le decían que mantuviera a Harry protegido, que a pesar de no ser más que un retrato, no quería que supiera que le había encontrado.
—Dice tener algo de los Potter.—La directora no se mandó por las ramas.
No tenía caso negar el motivo por el que había acabado allí, y cuanto antes obtuviera respuestas antes podría salir.
—¿Qué sabes de la noche en la que murieron los Potter?—No lo iba a soltar tan rápido de cualquier modo.
—Que todos murieron, incluido Tom.—Sonrió de un modo bizarro el retrato.
La mirada tras los lentes en forma de luna ya no era engañosamente amables. Quizás ese era el aspecto que siempre tuvo el mago, y lo que a los demás mostraba solo fuera una máscara.
—Todos no.
McGonagall lo miró, sin duda estaba sorprendida, sin embargo el retrato de Dumbledore, no.
—Creo que es momento de que nos dejes a sola, Minerva—pidió la pintura.
Tras unos momentos de dudas la mujer se retiró, no sin antes darla una última mirada a Severus.
La sensación opresiva de la pequeña sala en la que se encontraban solo se intensificó.
—Habla, Severus.
—He encontrado un pedazo de Voldemort.—Esa era la realidad.
No vio sorpresa, de nuevo, en el retrato, ningún rastro de ella.
—Solo quedó uno, así que supongo que has encontrado el último horrocrux que él creo.
La palabra le era completamente desconocida, pero no auguraba nada bueno, y si Dumbledore sabía eso, estaba claro que era el responsable de aquella mentira. De la horrible vida a la que había abocado a Harry.
Severus sintió la rabia ascender por todo su cuerpo, incluida su magia.
—¿Por qué has venido en realidad?—preguntó el antiguo mago
—¿Por qué nos mentiste a todos aquella noche?
—Verdad y mentira solo son matices de diferentes realidades.
—No digas estupideces, mentiste esa noche, y sigues mintiendo—dijo Severus irritado.
Severus no pensaba que aquella confrontación pudiera enfurecerlo tanto, pero no estaba para filosofar, ni para andar con juegos. Quería arrancarle lo que Voldemort hubiera dejado en el interior del chico y que viviera una vida, una auténtica vida. Tal y como se merecía.
—Di su nombre, Severus.
—Ya lo sabes, tú destrozaste su vida.
No sabía en qué momento había sacado su varita, ni qué efecto tendría atacar al retrato protegido.
—Di su nombre, Severus.
—Harry, Harry Potter.
El marco del retrato se abrió, Severus no había esperado algo así. ¿Qué demonios escondía todo aquello?
No bajó su varita, no sabía qué mal escondería el interior del castillo. Pero sin respuestas; sin que el retrato volviera a hablar; sin nada que apareciera para atacarlo, solo quedaba una cosa que hacer.
Entró iluminando el pasillo oscuro con su varita, el frío y un olor a cloaca inundó sus fosas nasales.
Descendió y sintió haber dejado su capa en el despacho de la directora.
Cuando pensaba en lo estúpido de meterse en un pasadizo oscuro y helado que llevaba a ningún lado, algo de luz apareció a su izquierda. Siguió hasta encontrarse en un lugar rodeado de agua estancada, iluminado por antorchas que producían en el sitio excavado en la roca un aspecto lúgubre.
Calculaba que estarían en las cloacas del castillo, y que aquello no solo olía mal, también pintaba a ser una trampa para acabar con cualquiera que supiera de la existencia de Harry.
—No tiene porque ser así.
Severus se giró apuntando al lugar desde donde procedía la voz, la misma del ex director de Hogwarts.
—¿Qué es esto?—Estaba en algún lugar en las sombras pestilentes.
Esperaba encontrar otro retrato pero no al fantasma de Dumbledore.
La apariencia blanquecina y volátil del anciano no reflejaba aquel aire malvado, era más parecida a la del hombre de sus recuerdos.
—La cámara de los secretos—contestó el fantasma.
—De esos coleccionaste bastantes, ¿no es cierto?
—Si has llegado hasta aquí es porque estás a punto de conocerlos.
—¿Así de simple?—Severus dudaba de las cosas simples encerradas tras retratos tenebrosos en las profundidades de un castillo.
—No hay nada simple aquí, créeme.
—¿Por qué ocultaste la supervivencia de Harry? Él podría haber tenido otra vida, y no ese horror al que le sometiste.
—Harry debía haber muerto, pero no lo hizo.
—Eso no responde a mi pregunta, ¿quién te creías para jugar así con su vida?—De nuevo lo amenazó con su varita—¿Quién para robarle su magia, y dejarlo indefenso con esos muggles?
—Harry está maldito, Severus. No fui yo el que le arrebató nada. Esos muggles eran su única familia.
—No, él hubiera podido tener otra vida, hay orfanatos mágicos.
—Harry no es un mago, Severus.
Estaba perdiendo la paciencia con aquella conversación, prefería mil veces la versión oscura que esta santurrona y paternalista.
—Que Harry volviera al mundo mágico solo podría acabar en tragedia, la maldición asesina que le lanzó Tom aquella noche, tuvo un efecto completamente diferente al que él pensó.
La profecía, si la hubieras escuchado completa, dejaba claro que ninguno viviría. Sin embargo, Harry vivió.
La magia oscura que vive en su interior es un trozo del alma de Voldemort, el último trozo que queda, el más oscuro y menos humano, pues su dueño la había dividido tantas veces que solo quedaba pura maldad.
La maldición los mató a ambos, es lo único que pude llegar a sacar en claro, pero el trozo de alma oscura es lo que hizo seguir vivo a Harry.
Cómo quedó sellada y absorbió la magia de Harry es algo que desconozco.
Pero si saliera, entonces volveríamos a estar en grave peligro.
—Entonces tú decidiste que Harry había muerto, y que viviera como un muggle con la hermana de Lily.
—Sí, Harry tenía que estar fuera del mundo mágico, por su bien y por el nuestro, al menos hasta que supiera como disgregar ambas partes.
—¿Eres consciente de la vida que ha tenido Harry?—Severus estaba consternado por las palabras del fantasma, él había visto la mostruosidad en su interior, pero aún así todo había sido injusto para el niño—Esos muggle le maltrataron y abusaron sexualmente de él. Cuando lo encontré estaba dispuesto a que cualquier persona lo hiriera, le han destrozado. Le has destrozado.
El fantasma osciló por unos momentos ante él, dejándole ver al ser que alojaba el retrato.
—Eso no lo sabía, morí hace diez años, tenía un hechizo localizador para él, pero nunca volví para ver cómo se encontraba. No hasta tener una solución para él, pero los horrocruxes de Tom me mataron antes.
—No debiste tomar ese tipo de decisiones tú solo, no tenías derecho.
—No pensaba que le tuvieras tanto cariño al hijo de James y Lily, recuerdo como me pediste que la salvara solo a ella.
Eso era cierto, Harry nunca le importó, de hecho no sintió nada por su perdida sino por la de Lily. Sí, quizás él no hubiera hecho nada por Harry tampoco. Pero ahora lo haría.
—Cuéntame todo lo que sepas, ahora Harry es mi responsabilidad.
La noche transcurrió entre recuerdos de pensadero, relatos contados por el viejo fantasma y un asco profundo por ese hombre que había cedido la vida de Harry por el futuro de otras personas sin que el pulso le temblara.
Pero la conclusión, fue la misma. Tristemente fue la misma.
Dumbledore había destruido todos los trozos de alma que había escondido en diferentes lugares. Todos malditos, todos letales. Solo quedaba Harry, la serpiente, el único horrocrux vivo había muerto al romper el trozo de alma de su interior.
Pero antes había luchado por traer de vuelta a su amo, Dumbledore había temido lo que podría ocurrir si eso pasaba con Harry.
—Las opciones son todas nefastas, Severus.
En todas ellas Harry moría o volvía poseído por el alma de Voldemort.
—Tiene que haber una tercera opción.
—Yo no la encontré.
Severus estaba agotado, no sabía qué hora era, solo quería volver a casa con Harry, con Remus.
—Extraños compañeros de viaje.—Le sonrió el viejo, estaba claro que leía su mente sin ni siquiera usar un legeremens.
—¿Qué pasará cuando Harry muera?—preguntó Severus—La magia siempre retorna, no desaparece.
—Solo espero que transmute y sea solo eso, magia.
—Quieres decir que no lo sabes.—Severus rió sin ganas, apartando su cabello humedecido por la atmósfera de aquel lugar.
—No.
—¿Por qué no lo mataste?—Severus sabía que esa era una opción que Dumbledore tuvo que barajar.
—No tuve corazón.
—Pero sí lo tuviste para abandonarlo a su suerte.
El fantasma osciló de nuevo, parecía dispuesto a atacarlo, pero finalmente volvió aquella versión afable. Y Severus supo que no obtendría nada más por ese lado.
—Harry solo puede morir, ahora o cuando llegue a su fin, Severus—finalizó Dumbledore—. Es a la única conclusión que he llegado después de todo esto.
—Entonces será siendo viejo y cuando haya podido vivir una buena vida.
—Que así sea.
—¿Quién más sabe esto?—preguntó, quería volver a su casa, estaba agotado y sin opciones.
—Solo tú, he esperado mucho tiempo a que alguien viniera con noticias, esperando que en cierto modo la carga que llevo sobre mis hombros fuera compartida.
—No será de mi parte, no después de lo que hiciste.
—Entiendo que no te guste, hijo, pero yo ya estoy muerto, y Harry ahora es tu responsabilidad. El amor que le tienes le ayudará.
El viejo sonrió antes de desaparecer en las sombras.
—Extraños compañeros de viajes—escuchó antes de quedarse completamente solo.
Severus emprendió el ascenso por el mismo lugar que había entrado. Con la cabeza llena de nuevas imágenes, con la certeza de que aunque lo odiara, Dumbledore tenía razón.
Y Harry tendría hasta el día de su muerte que vivir con aquel trozo oscuro en su interior devorando su propia magia.
No podía aparecerse a su hogar desde tanta distancia, dormiría un par de horas y volvería con respuestas aunque estas no solucionaran nada.
Pensó en Remus, y en lo dependiente que se había vuelto a dormir entre sus brazos.
Extraños y necesarios compañeros de viaje, ahora más que nunca.
o0o0o0o0o0o0o0o
No son grandes noticias, pero no podíamos esperar un bonito hechizo para que Harry estuviera limpito de Voldemorts así de fácil, ¿verdad?
Me gusta un Dumbledore menos enmascarado por supuestas buenas acciones.
Nos vemos en el próximo capítulo.
Besos.
Shimi.
