Harry no entendía prácticamente nada de lo que hablaba Draco con sus amigos, lo único que sabía era que no quería que le soltara. Le había besado, y había sentido que todo lo que había dentro de él, todo el dolor que guardaba, todas las esperanzas que se obligó a nunca dejarlas salir, salieron, se desbordaron. No le dejaban pensar en nada más que Draco siguiera mirándolo, siguiera hablándole, le quisiera a su lado.

No quería que él acabara dándose cuanta del tipo horrible de persona que él era. Y eso también le hacía temblar.

En algún momento Draco lo sabría, Draco lo repudiaría y lo miraría con asco. Pero con Severus se había sentido válido por una vez en su vida, digno de vivir, digno de sentir, de sentir algo más que asco y dolor.

Draco era con la persona con la que quería serlo.

Veía claramente como sus amigos le miraban, sobre todo la chica. Ella sabía el impostor que él era. Pero por una vez se dejó sostener por Draco, hasta que él no le soltara él no se iría. Y durante toda la noche no le dejó.

No miró a su alrededor, no más allá de Draco, pero aunque quisiera mantenerse ciego al resto. Lo que allí estaba pasando era algo que le ponía muy nervioso.

Veía cómo todos se besaban, se tocaban. Harry no podía evitar temblar, su tío siempre le amaneraba con que lo llevaría a sitios donde decenas de hombres se lo follarían hasta destrozarle, siempre que no obedecía, siempre que se quejaba le dejaba claro que siempre podría ser peor.

Harry dejó de quejarse muy pronto.

¿Aquel lugar sería el tipo de sitios que su tío le decía?

¿Draco sería de ese tipo de persona? Harry le miró, no entendía qué hacía a su lado, ¿qué veía en él?

Cuando le llevó al jardín pensó creer saber lo que quería, y él lo hubiera hecho, hubiera hecho lo que Draco quisiera con tal de que no se fuera de su lado.

Pero no había pasado nada de lo que Harry había esperado, Draco le había besado, de un modo en el que no sabía si quiera que pudiera hacerse. Queriendo que Harry lo disfrutara, lo quisiera.

Se había sentido estúpido, aunque no saber lo que hacer era siempre su realidad. Harry no sabía de nada, más que de estar callado y aguantar cualquier cosa.

Con Severus y Remus estaba aprendiendo cosas, muchas cosas que jamás pensó que pudieran existir.

Aprendió a leer, mal, pero iba mejorando poco a poco. Remus le había dado libros, por las noches Harry se enfocaba más en los dibujos, porque las palabras acababan dándole dolor de cabeza.

Le enseñaba números, animales, pequeños trucos de magia que estaban fuera de su alcance pero le hacían sentir que había cosas hermosas fuera de sí mismo.

Había aprendido a cocinar cosas más elaboradas, limpiaba, y a veces, las que más le gustaban, Severus le dejaba entrar a su laboratorio, y le pedía que buscara algunos ingredientes. ¡A él!

Harry leía mil veces los nombre de cada tarro, no quería equivocarse, la letra era clara, de esa que se le daba bien leer.

Severus siempre le daba las gracias, y hacía sentir bien a Harry.

Pero lo que Draco le hacía sentir, era muy diferente, tanto que no quería que acabara nunca.

—Mira quién viene por ahí.—Pansy no miró a Draco sino a Harry, por un momento pensó que serían Remus o Severus que se habían enterado de que había salido.

Pero, no, solo era un chico castaño y muy guapo, que miraba fijamente a Draco. Este le soltó en ese momento, y Harry sintió frío.

El chico fue directo a Draco y le besó la mejilla, para después mirar a Harry. Pero él no lo vio, solo miraba a Draco que parecía haber visto a un fantasma.

—Pensábamos que ya no vendrías, Cedric.—Harry sabía cuando alguien tenía maldad en su voz, y Pansy la tenía.

—¿Has dejado a Cho en casa?—Harry fue consciente del tono ácido de Draco, y le hubiera gustado que volviera a tomarle de la mano.

—Draco, ya sabes que lo nuestro es un matrimonio por conveniencia.—La mano del nuevo se puso sobre su mejilla.

Harry quería irse en ese momento, no le gustaba que nadie tocara a Draco así. Dio un paso hacia atrás, pero Draco volvió a tomar su mano.

—Qué mal educado, Harry, este es Cedric. Cedric él es Harry.

Por primera vez, Harry elevó la vista. Aunque el rostro de Cedric era armonioso, sus ojos le miraban con disgusto. Aún así alzó una mano para saludarle, la sonrisa que mostraba era falsa, a Harry no le gustó el tacto.

—Encantado, Harry, ¿eres el nuevo amante de Draco?

Harry no tenía nada que decir ante esa pregunta. Pero fue Draco el que contestó.

—No es asunto tuyo.—Draco sonaba enfadado, y era extraño, sus amigos habían dicho miles de cosas que a Harry habían incomodado.

Este chico, que parecía agradable, sí estaba molestando a Draco.

—Hace solo unos días cenamos con Astoria, es una chica con suerte, va a llevarse al mejor soltero de Londres.

—Sabes que eso no va a pasar, yo no soy como tú.

—¿Ah, no? Ella parecía completamente convencida, Cho va a ir con ella a ver trajes de novia.

—Cedric, creo que por allí están los tipos a los que le importa tu opinión, ve a que te chupen un rato la polla, cielo.

Harry miró a Pansy, no entendía a esa chica. Pero se sintió agradecido porque había logrado molestarle de verdad.

El tal Cedric se fue, no sin ante querer dar otro beso en la mejilla a Draco que le rechazó abiertamente.

—Harry es hora de que te lleve a casa.—Draco no parecía el mismo.

Se despidieron de los que Draco debía considerar sus amigos, y a Harry no se le escapó como Cedric los miraba.

El sueño de Harry acababa en ese momento.

Al poco Draco los apareció frente a la misma ventana por la que Harry había salido.

El rubio parecía seguir turbado por lo que le habían dicho.

—Siento que ese imbécil nos haya aguado la fiesta, ¿te lo has pasado bien hasta ese momento?—Draco volvía a mirarlo a él.

Harry asintió, queriendo consolarle de algún modo, lo único que se le ocurrió fue abrazarlo. Severus lo hacía y él se sentía seguro. Al principio pensó que quizás Draco lo alejara, pero se abrazó a él.

Cuando se separaron Draco volvió a besarle, muy suave.

—Me alegro de haberte conocido—suspiró Draco—. Parece que eres el único que no espera más que esto de mí.

La caricia sobre su pelo le estremeció, Harry quería todo lo que pudiera alcanzar aunque no supiera qué significaba.

Draco le ayudó a subir hasta el canalón por el que se había descolgado, la ventana seguía abierta tal y como él la había dejado.

Cuando volvió a mirar, Draco ya no estaba.

Lo que quedaba de noche Harry no durmió, era imposible con la cantidad de cosas que habían pasado. Con las emociones y miedos que giraban en su interior.

Por la mañana, más temprano de lo habitual, Harry bajó a la cocina, pero Remus ya estaba en ella.

—¿Lo pasaste bien anoche, Harry?—preguntó el hombre leyendo un periódico donde las fotos se movían.

—Yo…

—¿Sabes? Hay un dicho que dice que el diablo sabe más por viejo que por diablo. —Los ojos amarillentos que nunca le dejaban bajar la guardia brillaban—Yo también he tenido tu edad, y también he tenido a un chico que me volvía loco y me hacía comportarme como un estúpido esperándome bajo mi ventana.

Harry miró sus manos avergonzado.

—La próxima vez agradecería que me lo contaras. Sobre todo cuando Severus no está y me deja a tu cuidado.

—Yo, lo siento.

—Algo me dice que no lo sientes tanto, ¿fue todo bien?—Harry le miró, no parecía tan enfadado como temía.

—Sí, no sé, yo nunca he estado en sitios así.

—¿Y Draco?

Harry sentía como sus mejillas se coloreaban y era incapaz de hablar.

—¿Sabes? Tu padre fue detrás de tu madre durante casi todos nuestros años de escuela.—Harry le miraba, notaba como Severus casi nunca hablaba de su padre, sin embargo, Remus siempre sonreía al recordarlo—Él tenía claro que sería su esposa, pero cuando todos le decíamos que era imposible, que ella le odiaba, que porque no buscaba otra chica que no pareciera querer cruciarle las pelotas, él sonreía como tú acabas de hacerlo. Decía que no había ninguna como ella, y resultó que tenía razón.

Remus sonrió, pero su sonrisa siempre acababa siendo triste.

—Les echo muchísimo de menos.

Harry hubiera dado cualquier cosa por acordarse de ellos, pero él solo tenía aquellos recuerdos que Severus y Remus le daban.

La chimenea crepitó, y ambos escucharon salir de las llamas a Severus.

—Será nuestro secreto, Harry. Pero no vuelvas a salir así nunca más, ¿lo entiendes?

Harry asintió.

Al parecer ninguno de los tres habían dormido mucho esa noche, cuando Severus entró a la cocina se le veía realmente cansado.

Harry se sentía culpable cuando los ojos oscuros se posaron sobre él, pero cuando Severus le abrazó volvió a sentirse bien.

Si supiera lo que Severus sabía, no lo hubiera estado.

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Que la boda de Draco es realidad, no lo podemos negar por mucho que ellos nos gusten.

Pobre Cedric, si él en el fondo es un rollito de canela, pero alguien iba a tener que traer la realidad de Draco ante ellos. Y Pansy me gusta demasiado.

Remus sabe que no puede ponerse todo loco con Harry, es un lobito listo. Veremos la próxima vez que se encuentre a Draco lo que pasa ^^

En fin, allá vamos, la historia sigue.

Besos.

Shimi.