Remus notaba la luna, aunque no estuviera. La luna le marcaba desde la distancia su día a día.
La noticia de la magia de Harry había sido como un jarro de agua fría. Había deseado que eso que encontraron en él fuera reversible, que no fuera lo que lo mantuviera con vida.
Una parte de él quería pensar que Dumbledore no sabía toda la verdad, que estaba equivocado.
Severus ni siquiera se planteaba probar, el coste de equivocarse era la vida de Harry.
Mejor sin magia que muerto.
Pero Remus estaba inquieto y no era solo por la luna, le quedaban solo un par de noches. No deseaba irse de esa casa, no deseaba separarse de Severus y de Harry.
Pero sobre todo su lobo no quería dejar a su pareja.
Era algo de lo que ninguno de los dos había hablado, compartían cama, compartían la responsabilidad del secreto de Harry. Pero Remus no funcionaba como el resto de magos, como el resto de personas.
Solo que no podía poner aún eso en la mesa, no se sentía preparado todavía.
Mucho años atrás sintió algo similar, mentiría si dijera que no fue mucho más fuerte. Sirius lo era todo, pero Sirius no podía corresponderle como él necesitaba y el dolor que sentía tanto su corazón humano como el licano le llevaron a cometer muchas estupideces.
Solo pensar en Sirius le laceraba por dentro. Después de todos esos años, de vagar como un fantasma, de culparse por lo que pasó, de sentirse un huérfano de las dos únicas familias que había conocido, encerró el sentimiento.
Pero donde con Sirius era tortuoso, con Severus era calmado. Donde con Sirius solo eran unos niños pasionales, con Severus eran dos adultos con demasiado pasado a sus espaldas.
Le miró leyendo, Severus podría pasar el resto de su vida leyendo, pero no, conocía bien cuando sus ojos pasaban de sus páginas amarillentas a él. Remus quería quitarle el libro en ese mismo momento.
No quería hablarle de amor, pero sí quería hacérselo.
No estaba preparado para abrirse en canal y ser de nuevo rechazado.
Con ellos, como la curiosa nueva familia que habían formado estaba Harry. Siempre dicen que los hijos aprenden de los padres, Harry tenía un cuento infantil entre sus manos. Sin embargo, su mirada estaba lejos, y por su sonrisa supo en quién estaba pensando.
Es curioso como un alma tan maltratada como la de Harry podía brillar, podía sentir lo que el amor lograba en los corazones rotos.
Un fuerte instinto protector arañaba a Remus, no era hijo suyo, pero mataría por él como si lo fuese.
El chico Malfoy no le gustaba, y sabía que solo complicaría las cosas. Pero esa sonrisa en Harry valía la pena.
Si Harry no podía volver al mundo mágico, ellos le darían un lugar en el muggle.
Remus había tenido que comprarse documentos falsos para poder trabajar en él, si en el mundo mágico le costaba ganarse la vida, en el muggle era aún más complicado, pero necesitaba de ambos para subsistir.
Cuando Severus lo presentó como su hijo a Draco, Remus no dejó de darle vueltas.
En esos días volvió a contactar a quien pudiera conseguirle un certificado de nacimiento, una tarjeta de identidad, el resto iban a conseguirlo poco a poco.
Harry no sería un mago, pero le tenía a ellos.
La idea más cercana a esa escena en su vida había sido cuando visitaba a James y Lily en su casa. Sirius solo quería aventuras y Remus había renunciado a poder tener alguna vez un hogar con una familia.
No era lo más tradicional, pero él los sentía así.
La calma fue rota, como siempre, por el rubio que escasamente salía de la adolescencia y se creía un hombre.
Se habían acostumbrado a sus visitas, pero eso no significaba que le gustara. Olía a dinero y problemas, pero también a Harry, a sol y a felicidad.
Harry se levantó al verlo.
Le había prometido a Harry que aquella escapadita sería su secreto. No se lo contó a Severus, pero si amenazó de muerte a Draco.
Olió el miedo real cuando le enseñó lo que podía llegar a hacerle con sus dientes. El joven desde entonces no le miraba, tampoco sacaba a escondidas por la noche a Harry.
Pero aunque saludó a Harry, no se movió de allí, normalmente aprovechaban cualquier estúpida excusa para ir a la habitación de Harry.
La superioridad que creen tener los jóvenes creyendo en su capacidad para engañar a los adultos era, a veces, divertida. La capacidad para que Remus o Severus inventaran múltiples excusas para interrumpirles cuando los ánimos se caldeaban de más, era el aviso a Draco de que le estaban vigilando.
—Lo he hecho–dijo el rubito orgulloso.
Los tres le miraron, unos con más entusiasmo que otros.
—He renunciado a mi herencia, no voy a casarme.
Harry saltó del sillón en el que estaba sentado y se abrazó a Draco. No habían sido testigos de ningún tipo de acto cariñoso por parte del chico.
Siempre era Draco quien tomaba su mano, acariciando su mejilla. Esa relación iba mucho más avanzada de lo que él había imaginado.
—Enhorabuena, Draco.—Le felicitó seriamente Severus, este le lanzó una mirada a Remus.
No, aquello no era bueno.
—De momento no tengo donde quedarme y había pensado que podría estar con vosotros un par de semanas.
Podría parecer inocente, pero Draco miraba fijamente a Severus. Una cosa era aguantar las dichosas visitas del chico, que fuera amigo de Harry. Pero sinceramente nunca había creído que duraría más de lo que las obligaciones de un sangre pura comenzaran a tirar.
Harry sufriría porque era obvio el cariño que le tenía, pero ya había demostrado lo fuerte que era. No creyó que el mimado y arrogante Draco Malfoy renunciara a todo por él.
—Un par de días—advirtió Severus.
—Sí, sí—prometió falsamente—.Puedo dormir en la habitación de Harry.
—Puedes dormir en el sótano.—Le cortó Remus.
Draco apreciaba su reciente libertad y no tentó la suerte.
Cuando ambos chicos con la excusa de deshacer la maletas se marcharon, Remus suspiró.
—No debería quedarse aquí—dijo—. Por Harry.
—Se irá, yo me encargaré de que se vaya.
Harry y Draco no habían parado de besarse desde que habían cerrado la puerta de la habitación.
Harry había comenzado a disfrutar de verdad aquellos besos, todo lo que hacía con Draco.
—Lo he hecho—volvió a decir Draco como si fuera él el que no lo creyera.
Lo levantó del suelo abrazándolo.
—No más conversaciones sobre mi deber como heredero, no más discusiones sobre tartas o invitados.—En cada frase le robaba un beso a Harry—Solo tú y yo.
Harry le besó, cuando estaba con Draco era incapaz de no hacerlo. Reconocía que al principio estaba muerto de miedo, aquello era diferente. Le gustaba a Draco, era bueno con él, le hacía sentir una persona diferente, buena, válida.
Pero aunque estaba loco por él, aunque nunca había sentido volar al ver a alguien. Una parte de él sabía que no era bueno para Draco. Que él haría su vida, que aquello solo era pasajero.
Se había enterado de la fecha de la boda, y se daba miedo a sí mismo por odiar a alguien que ni siquiera conocía. Odiaba cuando Draco decía su nombre, aunque asegurara que ella no tenía la culpa.
Severus y Remus no decían nada, pero sí los interrumpían cuando pasaban mucho tiempo a solas en la habitación de Harry.
—¿De verdad quieres estar conmigo?—preguntó Harry sin creérselo.
—Solo contigo.
Draco le besó el cuello, Draco siempre le besaba el cuello. Y Harry había descubierto algo que pensaba no era para él.
Era como un calambre, como esos que le daban en las piernas, pero diferente, estos eran buenos.
Draco le besaba, le acariciaba. Y aunque Harry al principio se sentía sucio, con Draco comenzó a ser diferente.
A su tío no le importaba lo que Harry sintiera, no le importaba hacerle daño, Harry no era nadie.
Para Draco, Harry era importante, se sentía bien entre sus manos. Draco le sonreía, le decía lo mucho que le gustaba, le soplaba el deseo que sentía por él.
Harry no sabía lo que era el deseo, no sabía lo que era sentir atracción por otra persona, pero Draco se lo estaba enseñando. Solo sabía que quería estar todo el tiempo posible con Draco, y que él iba a quedarse allí a partir de ese día.
Un ruido en la puerta les avisó.
—Quiero hacerlo contigo, Harry, quiero que seas solo para mí. Ven esta noche al sótano, cuando duerman.
El sonido en la puerta era insistente, Remus les llamó.
Draco le robó otro beso con una sonrisa enorme antes de abrir la puerta con las manos arriba y la mirada de Remus sobre él.
Continuará
Este capítulo tiene cuatro versiones, lo he escrito cuatro veces, ¿me gusta alguna? No, pero cuando algo se enquista, bajo mi punto de vista, hay que sacarlo, porque sino se va directita a hiatus y no quiero eso.
Hala, pues hasta el próximo capítulo.
¡Se vienen los problemas!
Besos.
Shimi.
