Draco estaba intentado tratar con la situación, Harry estaba en la cama tal y como lo había dejado.
—Lo siento—volvió a decir el moreno.
Y Draco tuvo ganas de mandarlo a callar, pero solo se quedó él mismo callado.
Todo había estado yendo bien, muy bien, había estado esperando por ese momento muchísimo tiempo, al menos a él le había parecido una eternidad.
Desde que le besó en la fiesta de Blaise, había pasado un mes, Draco nunca había esperado tanto con nadie. Y ahora se daba cuenta de que los motivos por los que él creía que estaba sucediendo eran equivocados.
Había abierto la puerta con el corazón bombeándole al ver a Harry, por un momento pensó que no iba a atreverse a bajar.
Remus los había interrumpido como parecía ser la costumbre en esa casa, habían cenado y Severus le había aconsejado descansar y que al día siguiente hablaran sobre lo que había pasado con su familia.
La verdad es que Draco no había pensando mucho, más bien había actuado.
Cuando tuvo en sus manos las invitaciones de la boda, Draco se enfrentó a la realidad.
—No—dijo a su madre.
—Podemos cambiar las tipografía, pero este es el estándar para una invitación…
—No me importa la tipografía, Madre—dijo soltando el pergamino en la mesa—.No voy a hacerlo.
—Draco.
—Ninguno de los dos me habéis tomado en serio con esto, no lo voy a hacer.
—No volvamos con esto.
Draco se levantó, aquel saloncito que tanto amaba su madre era asfixiante. Aquella casa era asfixiante.
—No podéis obligarme.—Aquello lo había dicho tantas veces que las palabras ya no sorprendían a su madre.
—Draco, ha llegado el momento, tu padre va a meterte en los negocios familiares y un día serás el dueño de todo.
—Pero yo no quiero nada de esto, no si para eso tengo que venderme.
—Siempre con ese modo de ver las cosas tan melodramático, hijo.
Draco sentía que le faltaba el aire, como si viviera en un bucle perpetuo donde siempre vivía el mismo momento.
Y nada de lo que dijera servía para nada.
—No vas a renunciar a nada, solo vas a hacer las cosas que debes.
—NO.
El grito fue tan fuerte que hasta sorprendió a la mujer, Draco había tenido pataletas toda su vida, sí, siempre había sido caprichoso y consentido.
Pero en este caso no era un capricho, era más que eso, era él, era no ser dueño de sí mismo, era vivir en una jaula.
—¿Y qué piensas hacer, Draco?—le habló seriamente su madre—Si no accedes ya sabes cuáles son las consecuencias, y tu padre no es alguien que no mantenga una promesa. Te quitará todo.
—¿Es que no lo ha hecho ya?—Tendría dinero y un apellido, pero no era libre de vivir su vida como él quisiera.
No pudo evitar recordar a Harry, estaba loco por él, pero aunque nadie lo creyera él no era ningún iluso. Esto era por Draco, solo por Draco.
—Sé que hay alguien por el que piensas ahora que lo darías todo.—Aquellas palabras de su madre le sorprendieron—Soy tu madre, te conozco, hijo. Esa sonrisas, esa cara de enamorado.
—No sabes lo que dices.—Ni siquiera él sabía lo que sentía.
—El amor se va—dijo ella completamente seria—. Eso que ahora sientes acabará yéndose, y solo quedará el recuerdo. Tráelo, vive con él si quieres, pero forma tu propia familia.
Porque al final es lo único que tienes, una familia, tu padre y yo tenemos otro tipo de amor, el que crea tener un proyecto común, el tenerte a ti y haber formado esta familia.
El otro se irá, créeme, ese amor es como la pólvora, prende tan rápido pero acaba por consumirte, y cuando estalle y no te quede nada te arrepentirás.
Draco nunca había escuchado a su madre hablar así, no se le escapan los chicos jóvenes que iban a la Mansión, que cambiaban cada poco. Su padre mantenía a sus amantes por años, su madre los quemaba en meses.
¿Eso era a lo que él podía aspirar? Ni siquiera era capaz de imaginarse a sí mismo como padre.
Siempre había querido a los suyos, pero hacía años que solo peleaban, podía ver la decepción en los ojos de su padre. Como este le chantajeaba con no darle acceso a lo que por derecho era suyo, como debía tomar la forma que ellos querían para ser un Malfoy.
—No, madre, siento no ser como vosotros, no puedo vivir así, no quiero vivir así.
Se miraron por un largo rato, Draco no tenía más que decir, y sabía que había llegado el momento de tomar su propio camino.
Se habían acabado los noes, era momento de marcharse.
—Adiós, Madre.
Solo en ese momento su madre se dio cuenta que el momento había llegado, Draco se iba.
Se levantó apresuradamente.
—Hijo.
Draco se fue esa misma tarde, su padre solo lo miraba con una mirada helada. No le creía, tan arrogante pensaba que Draco acabaría volviendo arrepentido.
Draco se fue solo pensando en que ese era su primer día de libertad.
Cuando Harry llegó a hurtadillas esa noche, sabía que había hecho lo correcto.
Pero ahora, se sentía un completo imbécil.
El ambiente se había caldeado con rapidez, un mes de besuqueo eran los mayores preliminares de su vida.
Siempre habían sido interrumpidos por Severus o por su novio el cortarollos. Pero ahora lo había tenido completamente para él.
Había acabado encima de Harry, besándolo y sosteniendo sus piernas entre sus brazos. Con una erección que a pocos roces se iba a correr encima, por eso cuando metió la mano en el pantalón de Harry y encontró que estaba completamente flácido no lo entendió.
Harry lo miraba completamente paralizado, en sus manos, pero al parecer sin entender cuál era el problema.
—¿No estás excitado?—preguntó Draco sorprendido, hubiera jurado que aquello les estaba gustando a los dos.
Harry no contestó y Draco sintió que el pulso se le saltaba un par de pasos. ¿Tan ajeno estaba a la situación que no se había dado cuenta de que a Harry aquello no le estaba gustando?
—Si esto no te estaba gustando podrías haberlo dicho—se quejó apartándose de Harry.
En ese momento Harry entró en pánico ante sus ojos.
—Yo sí...—tartamudeó—tú me gustas.
Draco no pudo evitar echar una ojeada a la entrepierna de Harry, aunque la suya había comenzado el camino a casa para no volver a salir más.
—Obviamente no.
No había querido sonar tan desagradable, había soñado con ese momento durante un mes. Un puto mes entero, se le había metido en la cabeza que Harry era especial, que todo aquel aire puro y virginal era encantador, refrescante. No es que tuviera ningún tipo de fetiche que los culos vírgenes, de hecho prefería amantes más experimentados para evitar momentos incómodos como ese mismo.
Harry se movió tan rápido que Draco casi se cae cuando encontró al moreno de rodillas chupando su ya marchita erección.
Duro y constante, una mamada para sacarle el alma. Pero algo estaba mal en su cabeza, Draco volvía a estar duro como una piedra en la boca de Harry. Miró al chico, concentrado y le tomó de la barbilla.
Tenía los ojos completamente cerrados y fruncidos, y las lágrimas corrían por su mejillas.
Draco se separó.
—Pero ¿qué mierda te pasa?—La situación ideal en su mente se estaba convirtiendo en algo grotesco.
Harry seguía flácido, lloroso y con cara de pánico.
—Lo siento—Se quejó el moreno—. Lo siento, yo...
Draco bufó, no quería ser un gilipollas pero le estaba costando horrores.
—¿Tú qué?
Vio a Harry temblar y darse la vuelta, la situación era cada vez más extraña. Ahora esta sobre la cama a cuatro patas y sin parar de llorar.
¿De qué lugar había salido ese chico para creer que Draco se lo iba a follar así?
—Para, Harry—pidió intentando buscar calma dentro de él.
—Lo siento.
—Deja de decir lo siento y de hacer cosas raras.
Harry se quedó mirándole con unos enormes ojos verdes, y Draco comenzó a darse cuenta de que lo estaba haciendo fatal.
Se acercó de nuevo a Harry, la desesperación en su rostro le hizo darse cuenta de algo más, se había cegado por lo que él había sentido. Harry parecía mucho más joven, mucho más vulnerable de lo que jamás había querido verlo. Algo de lo que Severus le había advertido.
Algo que él no había querido ver, y sintió una oleada de asco, no hacia Harry especialmente, sino ante sí mismo. Ante lo que él había querido, y que esto solo hubiera sido una ilusión.
Se sintió mal, había creído que Harry era algo que obviamente no era, había pensado que por primera vez se había enamorado. Y ni siquiera había tenido en cuenta la persona a la que tenía delante.
—Lo siento.—Volvió a decir Harry abrazado a sí mismo.
Draco no pudo evitar abrazarle, pero tampoco pudo evitar sentirse completamente desilusionado.
Cuando lo tuvo contra sí mismo, trató de cubrirlo, lo que Harry tomó como que aún quería que aquello continuase y besó su cuello.
—Haré lo que tú quieras, lo que quieras—la desesperación se pegaba a la piel de Draco.
—No, Harry, para—pidió tratando de mantener la calma y no salir corriendo de allí.—No hay que hacer nada más, así está bien.
Harry se acurrucó contra él, y Draco comenzó a acariciar su pelo.
En aquel momento los sueños de los dos juntos se habían roto de algún modo.
Cuando Harry se calmó, le ayudó a vestirse y salir de su habitación.
Cuando Draco se quedó solo comenzó a sentir una opresión en su pecho, había tomado ese mismo día una de las decisiones más duras de toda su vida. Había roto con su familia, había dicho NO a algo que nunca había querido, pero se había agarrado más a la relación que creía tener con Harry, a lo que podrían ser ellos dos.
Y eso se había roto ante sus ojos, sentía ganas de llorar, pero hacía muchísimo que Draco no lloraba, él era más de almacenarlo, de evadirse y postergar las cosas.
Pero ya no había a donde ir, y se sentía solo y engañado, no por Harry, sino por sí mismo y eso era más de lo que podía aguantar.
¿Qué iba a hacer ahora? No iba a volver con el rabo entre las piernas, pero ¿qué iba a hacer completamente solo?
A la mañana siguiente subió a desayunar, Harry le miraba tímidamente, y Draco se sentía un estúpido bastardo, era obvio que Harry no era lo que él había creído, y ahora lo veía como el chico con problemas que su instinto le había dicho que era.
Severus y Remus se colocaron a sus lados, protegiéndolo, y se alegró de que les tuviera a ellos. Le costó comer su desayuno, y le costó mirar a los ojos a Severus cuando este le pidió hablar a solas, ¿le iba a matar por lo que había pasado la noche pasada?
—¿Qué ha pasado?—le preguntó cuándo ambos estuvieron a sola.
—Lo siento, Sev, yo no quería hacerle daño—se disculpó.
—Tú padre no me importa.—Draco se quedó mirándole sorprendido, ¿de qué estaban hablando?—Pero aquí no puedes quedarte, sabes que Lucius no va a dejarte tranquilo y no lo quiero en mi casa.
—Me iré, solo necesito organizarme un poco.—Había tomado la decisión de dejar su hogar, su apellido y su sustento sin tener más plan que ir a por Harry y comenzar una vida con él.
Se sentía un estúpido chiquillo, ¿ese había sido su gran plan?
—¿Tienes algún plan?—Draco suspiró, siempre había tenido una extraña relación con Severus, era hosco y desagradable, pero aún recordaba como le había mostrado más cariño que alguno de sus padres cuando aún vivía en la Mansión, cómo lloró cuando se fue, cuando fue sustituido por un tipo cualquiera por su padre.
—No.
No fue capaz de mirarle, se sentía profundamente abatido. Como años atrás cuando por cualquier pataleta escapaba de la mansión para llegar a la casa de Severus buscando consuelo.
—Preguntaré a algunos contactos si tienen algo para ti, pero tienes que comprometerse, Draco. Tienes que tomártelo en serio y afrontar tus decisiones como un adulto.
Draco tenía un nudo en la garganta, con Severus podía ser él mismo, podía desahogarse y llorar como el niño de 7 años que corrió tras Severus suplicándole que no se fuera y que no le dejara.
Cuando Severus abrió los brazos, Draco no se lo pensó, se tiró a su cuello, respiró entrecortadamente pero sintió que iba a poder salir del pozo de sus emociones. Severus nunca le había fallado.
—Pero tienes que sacar a Harry de tus ecuaciones—le dijo Severus mientras le mantenía abrazado—. Él no puede ir contigo, él no pertenece a nuestro mundo y solo sufriría si continúas con esta relación.
Draco no esperaba que dijera aquello, había sido Severus el que le había pedido que fueran amigos. ¿Sabría que habían sido algo más que eso?
—Harry es un squib, y no vamos a permitir que sufra por ello.
¿Un squib? Draco había pensado que solo había tenido un accidente mágico, eso era lo que Severus le había dicho, ¿por qué le habían engañado de ese modo?
No pudo evitar sentir un conato de repulsión, si malo era relacionarse con muggles, un squib era una deshonra para cualquier familia.
Si se supiera, Draco sería el hazmerreír de su mundo.
Continuará
A veces cuando me frustro con una historia, en vez de pararme y dejarla tranquila un tiempo que es lo que la lógica me dice, yo voy como pollo sin cabeza y me empeño en seguirla.
Aquí va mi empeño.
Nos leemos.
Shimi.
