Harry había vuelto a la realidad, una que nunca debía haber dejado.

Era un estúpido, era obvio que no era suficiente para Draco, ni para él, ni para nadie.

Había desoído lo que había aprendido durante años, Harry no era nada, ni tendría nada.

Unos lo tienen todo, y otros nada. Esa lección le había quedado clara desde muy pronto en su vida.

¿Era injusto? Harry no sabía de justicia, solo de de sobrevivir y de dolor.

Salvo que el que ahora sentía era en un lugar donde ni siquiera creía que podría ser dañado. Como si Draco hubiera creado un órgano nuevo en su cuerpo y lo hubiera pisado para romperlo después.

Harry salió de la habitación de Draco sintiendo asco y dolor, por sí mismo, por lo que iba a perder.

Cuando no tienes nada, no puedes perder nada, ¿verdad?

Harry tenía sentimientos por Draco, y sabía que estos no se irían, sin embargo, en Draco había visto el rechazo, la desilusión.

Tenía un profundo miedo de que descubriera todo sobre él y le rechazara, pero se mentiría a sí mismo si creyera que eso no iba a pasar, más tarde o más temprano iba a ocurrir. En este caso, antes.

Miró a Draco, desayunaba con los ojos hinchados por el sueño. Él había preparado aquellos alimentos que el rubio ingería. Y sintió ganas de vomitar.

Había vivido momentos peores, ahora tenía un techo bajo el que vivir sin tener que sufrir por ello, podía comer todas las veces que quisiera al día. Dormir en una cama, podía vivir como una persona y no como un animal.

Había aprendido a leer y en la escritura, aunque horrorosa, estaba mejorando. Le hablaban, le respetaban, y sentía que podía confiar su vida a Severus y Remus.

Nunca había conocido a personas así, pero el sentimiento que tenía por ellos era diferente a lo que sentía por Draco.

Y a pesar de todo lo bueno que ahora tenía, se sentía desgraciado. Y sentirse desgraciado le hacía sentir desagradecido. No tenía derecho a estar triste, tenía más de lo que jamás pudo haber soñado encerrado en su alacena.

Pero dolía.

Draco no le evitaba, pero tampoco era tan cercano como en los días anteriores, y menos desde que Severus habló con él. ¿Le habría contado Draco que le daba asco estar con él?

Aunque tratara de que no se notara, Severus apreciaba al rubio. ¿Tendría que irse Harry para que Draco estuviera cómodo?

Severus le había asegurado que él haría todo lo posible porque Harry tuviera una buena vida, pero él no era un mago, y los otros tres sí.

Draco jugó con él a aquel raro juego de cartas explosivas, pero casi no habló, casi no le miraba, y mucho menos le robó un beso como hacía antes.

Esa noche Harry pensó que quizás lo mejor fuera irse, dejarlos a todos tranquilos con sus vidas. Severus tenía a Remus, y Draco ya había enfrentado a su padre y no tendría que casarse con aquella chica.

El único que sobraba era él, miró su mochila raída, la había dejado olvidada en un rincón de su habitación con todos sus horribles recuerdos.

¿Debería irse? No quería, eso lo sabía, solo pensar en separarse de Severus y Remus le hacía temblar de miedo. Pero ser una carga para ellos era malo, le habían dado todo.

Se quedó dormido dándole vueltas a qué podría hacer. Y las imágenes de lo que había ocurrido hasta que Severus le encontró le entristecieron mucho, sabía que solo ellos serían buenos con él.

El día siguiente fue muy parecido al anterior, con Draco distante, con Severus preocupado con él, con Remus mirando mal a Draco. Notó la presión en el ambiente, y la absorbió a la suya propia.

Como en una rutina hueca repitieron sus rutinas, salvo que Remus ese día no podría darle clases. Esa noche sería luna llena, y Remus iba enfermándose poco a poco, se volvía más brusco, más impaciente. Harry siempre había mantenido cierta distancia con el hombre, los cambios de humor en las personas siempre le habían desestabilizado.

Por eso, ese día, Draco y él estuvieron más tiempo juntos.

A Harry le hubiera gustado hacerse tan pequeño que nadie pudiera verle. Sobre todo Draco, que ahora le miraba como queriendo desentrañar un misterio.

¿Le habría contado Severus el tipo de persona que él era? ¿Todo lo que había tenido que hacer anteriormente?

—Harry—le llamó Draco, Harry notó como su corazón se saltó un latido al escuchar su nombre en sus labios.

Le miró, con miedo, con vergüenza y sobretodo con mucha tristeza.

—Perdóname por lo que ocurrió la otra noche, no te traté bien.

Harry solo era capaz de mirarlo con el corazón encogido.

—De verdad, lo siento, quizás te he obligado a ir más rápido de lo que estabas preparado.—Draco se veía realmente incómodo—Quizás lo mejor es que seamos solo amigos.

Harry no había tenido nunca un amigo, tampoco entendía bien los límites que para otros eran obvios. Pero el tono de Draco le decía que era algo menos de lo que ellos habían tenido.

Harry asintió, porque Draco parecía estar esperando una respuesta.

—Yo ahora tengo que buscar una solución para mi vida, no voy a volver con mi padre.

Harry le miraba al hablar, se alegraba por esa decisión que había tomado. Draco no era feliz con los planes que su padre había hecho para él, y Harry eso lo comprendía muy bien. Se alegraba por él, y sin embargo, le seguía doliendo. Ojalá parara.

—Lo comprendes, ¿verdad?—preguntó Draco.

Harry dudó unos segundos, Draco quería que dijera que sí, y Harry lo hizo. Asintió, y Draco le sonrió.

—Severus me está ayudando a conseguir un trabajo.—Aquello se parecía mucho a lo que habían vivido antes en aquel salón cuando Draco no paraba de hablarle sobre su vida, pero era diferente, porque antes buscaba cualquier excusa para tocarle, para insinuar que estaba interesado en él, pero de un modo diferente al que él conocía.

Draco no se merecía tener que estar con alguien como él, e iba a empezar una buena vida.

Cuando la chimenea crepitó Harry esperó ver salir a alguien, como cuando Draco la usaba. Pero la chimenea parecía no querer dejar entrar a nadie.

Draco se puso de pie rápidamente y Harry le imitó, estaba nervioso y eso puso nervioso a Harry que hasta ese momento solo había estado triste por ver como Draco se iba a alejando de él.

—Severus—gritó Draco—. Severus.

En segundos tanto Severus como un grisáceo Remus estaban en el salón.

Severus tomó a Harry por el hombro girándole.

—Ve a tu habitación y no salgas de ahí—le ordenó con prisa—. Por favor.

Harry miró a los tres, ¿qué estaba pasando?

Severus le impulsó a que se fuera, y notó cómo Draco perdía color.

Hizo lo que le dijeron, se fue. Se encerró en su habitación y se quedó mirando a la puerta sin entender nada.

Volvió a mirar su mochila, sintió un agujero en su estómago. No quería hacerlo, no quería irse de allí y dejar a las únicas personas que le habían tratado con respeto y dado un hogar.


La chimenea estaba siendo literalmente atacada. Y Severus sabía quién era, hacía años que tenía vetada su entrada por red flu, pero aunque Draco pensara que todo aquello iría bien, Severus sabía que Lucius no iba a permitir que su apellido muriera.

El apellido Prince había muerto en el momento en que su madre se casó con un muggle, pero los Malfoy eran de los pocos sangre pura que se enorgullecían de seguir manteniendo sus líneas de sangre intachables.

Draco no solo iba camino de no darles descendencia sino de sacarlos directamente de los sagrados veintiocho.

Para Severus eso pertenecía a un pasado que pocas veces le importó, para Lucius, era tan importante como respirar.

—No le dejes pasar—pidió Draco, Severus volvió a ver al niño que una vez fue, pero no dejarle pasar por red flu no evitaría que Lucius acabara apareciendo en su casa.

Remus estaba a su lado, casi sin tiempo para la llegada de la luna llena, y podía escuchar un gruñido bajo en su garganta.

Ese encuentro llegaba en muy mal momento, le dio un suave apretón en el hombro a Remus, y desbloqueó el acceso a la chimenea.

De él salió un furibundo Lucius Malfoy. La imagen le trajo recuerdos de muchos años atrás, también apareció en su casa enfadado porque Severus le había dejado, las súplicas ya no servían, y Lucius era una persona que no se rendía fácilmente.

El rubio los miró a todos, pero notó como sus ojos ardían sobre Remus, que estaba haciendo verdaderos esfuerzos para contenerse y no atacarle.

—No eres bienvenido, Lucius.—Fue el saludo de Severus.

La mueca despectiva del patriarca de los Malfoy le recordó a la peor cara que conocía de su ex pareja.

—Draco, ya está bien—se dirigió directamente a su hijo—. Ya es hora de que vuelvas a casa.

Draco dio un paso hacia atrás acercándose más a Severus.

—No voy a volver.—A Severus le hubiera gustado que su tono hubiera sonado más seguro.

—Ya hemos discutido esto muchas veces, hijo. Harás lo que tienes que hacer, y podrás llevarte a quien sea que te esté haciendo actuar tan estúpidamente a casa.

—No…

—¡Nadie te está pidiendo que renuncies a nada, sino que lo tengas todo!

El grito autoritario hizo que el recuerdo de su pasado volviera, pero notó el brazo de Remus en su cadera. Pensaba que había superado todo lo que Lucius representaba.

—Tu hijo no quiere seguir tus pasos, es hora que lo vayas asumiendo.

Lucius alzó su varita para enmudecer a Severus, pero este fue más rápido y bloqueó su hechizo.

Remus ya no pudo controlarse más, y le enseñó los dientes a un sorprendido Lucius.

—No sabía que habías caído tan bajo para relacionarte con este tipo de bestias.—Su tono despectivo hizo que Remus dejara el gruñido bajo para hacer vibrar toda la sala, Lucius volvió a alzar la varita.

Pero Draco fue el que lo desvió con sus palabras.

—Deshéredame, borra mi nombre de nuestro árbol genealógico, no pienso casarme ni con Astoria ni con ninguna otra bruja sangrepura que tú elijas para mí, no comprendo qué no entiendes.

Todo pasó demasiado rápido, padre e hijo levantaron sus varitas apuntándose.

—Bajad las varitas, acabad con esto—ordenó Severus, con Remus a su lado a los flancos de Draco.

La clara desventaja no parecía afectar a Lucius, que atacó en primer momento.

Lucius era un gran duelista, pero Severus tampoco se quedaba atrás, los hechizos volaron. Y Severus le pidió a Remus que se llevara a Draco, pero ninguno de los dos le escuchó.

Lo que ninguno esperaba fue que Lucius atacara directamente a su hijo dejándolo inconsciente en el suelo.

Remus y Severus recrudecieron sus ataques, el salón estaba siendo destrozado y Remus tan cerca de su transformación era casi incapaz de controlar bien su varita.

—No sé en qué momento creíste que podías quitarme a mi hijo—. Hubiera esperado cualquier estupidez de parte de su ex amante, pero esta era demasiado grande.

—Si lo respetaras y cuidaras como un padre debería de hacer, él nunca hubiera necesitado recurrir a mí.—Su hechizo fue bloqueado—No puedes obligar a todos a hacer lo que tú quieras.

Un fuerte sectum cortó la mejilla de Severus, Remus dejó su varita y se abalanzó sobre Lucius tratando de morderlo.

Pero este fue interceptado por un crucio que dejó retorciéndose a Remus a medio camino.

Con esto Lucius había abierto la veda a una lucha de verdad, el uso de imperdonables le decía que de allí no todos iban a salir ilesos.

Estaba a punto de lanzarle un sectumsempra, dispuesto a herirlo gravemente cuando su visión periférica vio algo que le heló la sangre.

Se había olvidado de Harry al que había mandado a su habitación, pero el caos que debió de haber escuchado lo sacó de ella.

Vio los ojos acerados de Lucius sobre el chico; sorpresa, odio y su varita dirigirse a él mientras Harry veía a Remus retorciéndose y a Draco inconsciente en el suelo.

A Severus lo traicionó el instinto de querer protegerlo físicamente, no fue lo suficiente rápido al moverse y cuando alzó la varita apuntando Lucius este ya había lanzado un nuevo crucio a Severus que se retorcía en el suelo delante de Harry.

Severus había soportado aquella maldición demasiadas veces en su vida, era como si todo su cuerpo estuviera siendo desgarrado una y otra vez, de dentro hacia afuera.

Los ojos verdes llenos de espanto sobre él solo le daban un punto donde enfocarse.

—Así que tú eres el motivo de la estupidez de mi hijo, esperaba algo … más.—Severus trató de luchar contra el dolor, pero al final este le devoró.


Continuará