Harry escuchó fuertes gritos venir desde el salón, Severus le había dicho que no saliera por ningún motivo. Y lo había cumplido, pero cuando los gritos de dolor de Severus llegaron hasta él, sintió el miedo atravesar completamente su médula espinal.
No debía salir, pero quizás pudiera llegar hasta el teléfono y llamar a la policía, siempre había estado callado, oculto e insignificante, pero no era tan estúpido para no darse cuenta de que estaban atacando a sus seres queridos y él estaba hecho un ovillo como un niño pequeño.
No podía dejarlo así, se lo debía aunque luego se enfadara con él.
Salió tratando de no hacer ruido, aunque dudaba que sus pasos pudieran ser escuchados en ese momento.
Lo que vio le heló la sangre completamente, en el suelo retorciéndose en un agudo dolor estaba Severus, sobre él un hombre rubio que se parecía muchísimo a Draco.
Un poco más atrás, Draco parecía sin sentido, y del otro lado, Remus estaba de rodillas sobre el suelo, con la peor cara que le había visto nunca.
Pero no pudo llegar al teléfono, aquel hombre le miró, y con la varita le apuntó. Harry sentía el corazón en sus oídos del propio miedo. No fue capaz de entender lo que el hombre le dijo, pero sí, que por el tono fue un insulto, y que le estaba apuntando con su varita.
¿Qué podía hacer? ¡Qué podía hacer!
No tuvo que pensar mucho, Remus había cogido su varita y había derribado al padre de Draco.
Estaba sobre él con la mirada menos humana que le había visto nunca, Harry fue hacia Severus que había dejado de retorcerse de ese modo tan inhumano.
El hombre sudaba frío, lo que el padre de Draco le debía haber hecho tenía que ser horrible. Y por primera vez sintió algo que nunca antes había experimentado.
Ningún golpe, ninguna humillación de su familia le habían hecho sentir eso. Era negro, era oscuro, y era malo. No tenía que ver con la culpa, ni con la lástima que sentía hacia sí mismo.
Nunca había tenido a nadie, nadie por quien sufrir, miró más allá a Draco, parecía dormido, no había rastro de dolor en su rostro pero no se movía.
Remus peleaba, arañaba y trataba de morder al padre de Draco.
Y Harry deseó, por primera, vez la muerte de alguien, aunque no sabía bien cómo era eso exactamente lo que quería.
Miró sus manos, deseaba matarlo. Y el sentimiento era tan fuerte que se asustó.
—Harry, tienes que salir de aquí, nosotros lo pararemos—escuchó que decía Severus aún en el suelo—. Vete.
Pero Harry no podía irse, ayudó a Severus a levantarse, le dio su varita, y esquivó por los pelos un rayo que venía de los dos que peleaban.
—Saca a Draco—Pidió Severus. Eso sí podía hacerlo, eso sí quería hacerlo.
Un grito agudo los distrajo, ambos vieron como Remus había clavado sus dientes en el hombro del otro mientras este trataba de escapar.
—Avada Kedravra—escuchó, Harry no conocía esas palabras, pero sintió como el ambiente era diferente, muy diferente.
Severus le empujó hacia Draco, y Harry lo agarró como pudo. El cuerpo laso pesa demasiado para él, pero lo arrastró a través de la habitación.
Harry no sabía que las maldiciones que volaban por la habitación eran letales, no sabía que era lo que provocaban pero sí entendía que estaban en peligro, y que el único culpable era el señor Malfoy, giró a mirarlo soltándose de Remus, mientras apretaba su propio cuello sin dejar de atacarlo.
Vio como Severus se unía a Remus, y como estaban acorralando al otro.
Solo necesitaba unos pasos más para sacar a Draco de aquella habitación, pero no pudo hacerlo.
Algo le había arañado un hombro, y sentía como se iba extendiendo. El grito de dolor le sorprendió incluso a él. Se extendía tan rápido que no tuvo tiempo de reaccionar cuando cayó al suelo al lado de Draco.
Su historial de sufrimiento era tan amplio que nunca pensó que algo pudiera sorprenderlo, obviamente, esto lo hizo. El dolor era indescriptible, como si el dolor se estuviera extendiendo por su sangre milímetro a milímetro, ardiendo, devorando todo a su alrededor.
La sangre le quemaba, y comenzaba a ver todo rojo.
Iba a morir, y en lo único que podía pensar era en Draco, en Severus y en Remus. Quería más tiempo, quería vivir, aunque tuviera que irse de allí, aunque no pudiera verlos nunca más. Quería vivir, quería vivir pero también quería dejar de sufrir.
No podía moverse, el dolor le había llegado a la garganta y se iba metiendo más y más en su interior.
Pensó que perdería la conciencia en pocos segundos, quizás fuera lo mejor. Vio a Severus sobre él, susurrando, apuntándole con su varita. Vio a Remus herido y preocupado. Y por último vio a Draco, aturdido pero consciente.
Y Harry supo que había llegado el momento, iba a morir rodeado de las únicas personas que le habían querido, a las que les había importado, y a pesar del dolor, a pesar de no querer separarse de ellos, se sintió feliz.
Se los llevaba, allá a donde fuera, lo que sentía por ellos no podían quitárselo.
Severus estaba tratando de contrarrestar la maldición que Lucius le había lanzando a Harry, estaba sufriendo los efectos de esta, peor que un avada kedravra, ya que al menos esta era rápida y fulminante.
Severus se maldecía a sí mismo, había pensado que esos años habían pasado, y los efectos de no estar preparado para enfrentarse a un ex mortífago habían sido su peor error.
Sordida sanguine era un hechizo muy popular entre los mortífagos durante la guerra y su caza a magos nacidos de muggles, sangre sucia. No era tan solo un insulto sino una maldición letal, si se sabía controlar. Lucius Malfoy era demasiado hábil con ella.
Habían reducido a Lucius, Remus le había mordido, y eso había terminado por sacar al homicida que llevaba dentro, uno que Severus nunca había querido conocer. Recitaba cada uno de los contra hechizos que conocía, uno tras otro, pero no parecían estar siendo suficiente, avanzaba sin remedio infectando toda la sangre de Harry.
Remus respiraba fuertemente a su lado, la luna estaba demasiado cerca, y él muy agotado tras la pelea.
—Harry, trata de respirar lento, lo más lento que puedas.—Pero sus pulmones arañaban por un poco de aire. Debería llevarlo a San Mungo, pero Severus sabía que lo más efectivo y amable sería lanzarle un avada y acabar con su sufrimiento.
—Lo va a matar—dijo Remus confirmando algo que ambos sabían—.Tenemos que contener su interior, Severus.
Draco estaba despertando, le dolía la cabeza por el golpe contra el suelo.
Lo primero que escuchó fue la voz desesperada de Severus, y recordó todo, su padre. Lo encontró con facilidad, sangraba por el cuello, atado por unas sogas hechas de magia lo miraba lleno de reproche. Como si fuera culpa suya.
Miró a su lado, Severus y Remus estaba al rededor de ... Harry, este se retorcía de dolor, ¿qué había pasado?
¿Qué le había hecho su padre?
Realmente, sí era culpa suya, se acercó para mirarlo. Sus ojos abiertos mostraban el espanto que estaba sintiendo transmitiéndoselo a Draco. Su dolor era palpable.
—Trata de respirar más lento, lo más lento que puedas—le dijo Severus a Harry, pero este estaba lejos, no parecía poder escuchar.
—Harry, lo siento tanto.—Ese era él, poniendo en palabras lo que sentía.
En mitad de aquel dolor, Harry sonrió, y aquello fue devastador.
—¿Qué le ha hecho?—preguntó Draco desesperado.
Pero nadie le contestó, miró a su padre, y aquel brillo en sus ojos le llenó de cólera. Estaba orgulloso de lo que había hecho.
—Ese chico no es digno de un Malfoy.—Tuvo el atrevimiento de decir.
Draco le apuntó con su varita, las palabras rozaban sus labios deseando salir.
—Necesito tu varita en Harry—le llamó Severus a algo más importante—. Recita sin parar un Sanguinem Purgatio.
No hacía tanto que Draco había asistido a Hogwarts, pero su fuerte no eran los hechizos sanadores, sino las transformaciones.
—Necesita sangre.—Severus estaba subiendo su manga—Mi sangre es compatible con la suya. Debo tener agujas y tubos en mi laboratorio.
Remus se levantó y fue tambaleándose hacia allí, Draco no había parado de recitar el hechizo, pero Harry cada vez parecía más ido.
—¿Sobrevivirá?—preguntó.
—No lo sé.
No era lo que quería oír, no eso.
—Si Harry no sobrevive—dijo serio Severus—, vamos tener que realizar un fuerte hechizo bloqueador sobre él. Sé que no lo entiendes, pero te voy a necesitar, la magia de Remus no es estable en estos momentos.
—Tu maldita bestia me ha mordido—escuchó a su padre hablar—. Me encargaré de le lleven a donde le corresponde, será un excelente espécimen para estudios, creo que los lobos sufren bastante antes de morir.
Draco no comprendía nada, pero sí que su padre era posible que no saliera vivo de allí si seguía hablando.
Severus le ignoró, pero Draco no pudo.
Severus recitaba una ristra de hechizos, pero con la mirada le avisó de que no era momento para preguntas sino para actuar.
¿Un hombre lobo? ¿Qué más secretos le había estado ocultando Severus?
Miró a Remus entrar con lo que Severus le había pedido, todo fue muy rápido y la sangre de uno estuvo en el otro circulando.
—No pares de recitar, Draco—pidió Severus sostenido por Remus, este tenía sus ojos en Harry y en su padre. Pero este se había callado, no parecía ser tan estúpido como para retarlo sin varita.
Draco olvidó a su padre, a que había estado conviviendo, incluso siendo un amenazado por un hombre lobo.
Solo miraba a Harry, había cerrado los ojos, pero aún respiraba, lo hacía demasiado rápido.
Draco con su mano libre tomó su mano, apretándola. Toda aquella historia de ser amigos, aquel Draco asustado de no poder lidiar con algo que no comprendía, se había ido.
Él le quería, era la única realidad, y si sobrevivía lucharía por eso, porque que Harry no estuviera con él, ya no le merecía la pena, de ningún modo, daba igual lo que tuvieran que enfrentar.
Le gustaría decirle tantas cosas, peros su voz estaba ocupada, su magia también. Se enfocó en ella, en que le salvara como nunca se había enfocado en algo tanto en su vida.
No sabía cuánto tiempo pasó, pero todos hicieron caso omiso a su padre que había decidido que era buen momento para volver a hablar y amenazarlos.
Le dolía el brazo de sostener la varita, el hechizo se había convertido en una especie de mantra sin sentido de tanto repetirlo. Remus había obligado a Severus a dejar de compartir su sangre, a ese ritmo no sería solo a Harry al que habría que tratar si no paraba.
Remus había relevado a Severus, realmente estaba haciendo fuertes esfuerzos por controlar su magia, no le quedaba duda de lo que era, pero aunque toda su vida le habían inculcado un profundo miedo y desprecio ante ellos, Draco no sintió ninguna de ellas.
Aún sostenía la mano de Harry, sintió un suave apretón, y las esperanzas volvieron a él para luego esfumarse por completo.
Harry dejó de respirar, Severus le tomó el pulso y por primera vez le vio derrotado.
—Lo siento, pequeño.—Le acarició el pelo.
Draco no daba crédito, no podía creerlo, Harry no debía morir.
—Repello inimicum—susurró Severus—. Draco, séllalo.
Severus le había pedido que si Harry moría hiciera eso, pero no tenía sentido, nada tenía sentido.
Remus y Severus habían creado una burbuja que encerraba a Harry, un bizarro féretro que a Draco le pareció excesivo.
—Es ridículo, dejadle—se quejó. Pero ellos mantuvieron sus varitas sobre Harry.
Cuando este abrió los ojos, Draco hubiera sentido una profunda alegría si la mirada, igual de verde y hermosa de siempre, no hubiera estado llena de algo.
Algo malo.
El escudo protector, el que ahora entendía que no protegía a Harry sino a ellos, ardió en un extraño fuego negro dejándole libre.
Por si alguien pensaba que esto no iba a pasar, ¡pasó!
La hemos cagado, yo solo digo.
Hasta el próximo.
Besos.
Shimi.
