Harry no encontró ningún tipo de luz blanca al final del camino, no encontró nada, absolutamente nada.

No vio colores, pero sí sintió muchas cosas, pero la principal fue la rabia, como nunca la había sentido antes.

Esta le devoró, como si fuera un animal, después abrió los ojos y vio a Severus, Remus y Draco.

Le costó entender al principio qué ocurría, por qué estaban sobre él. Porque su cuerpo era tan pesado, como si algo lo oprimiera contra el suelo.

Unas volutas de fuego negro taparon sus ojos, pero se sintió ligero de nuevo.

Miró a Draco, y la rabia remitió bastante, pero no lo suficiente. Era incómoda, no le gustaba, pero de nuevo sentía que no podía luchar contra ella.

Era un sentimiento tan raro para él que le agotaba, ¿cómo podía estar sintiendo eso y estar aún vivo?

Pero el hilo de sus pensamientos se perdió, al fondo, de pie con unas cuerdas luminosas estaba el padre de Draco. Harry inclinó la cabeza, se parecían tanto, y sin embargo le odiaba, Harry se rió, ¿qué era eso?

—Harry, ven conmigo, por favor—escuchó a su lado. Era Severus, Harry amaba a Severus, sintió que ese amor borraba en parte el odio que quería volver a dominarlo.

—Yo te quiero.—Su voz le resultó tan extraña, como si los oídos le dolieran, pero no había nada malo en ellos. Los tocó, había recibido muchos golpes en su cabeza, pero allí estaba todo bien.

Severus le tendía una mano para ayudarle a levantarse y la tomó. La piel de su mano era áspera, pero cálida, demasiado cálida ¿No eran así las manos de todas las personas?

—¿Qué es eso?—Harry giró su cabeza, de nuevo ese hombre. Severus le agarró más fuerte de lo que a Harry le gustó. Con solo un movimiento estaba de nuevo libre.

Harry caminó hacia él, pero notó como era retenido por Severus y Remus, Harry aturdido no entendía porque le retenían, no le gustó, no le gustaba que le tocaran. No quería que nadie volviera a tocarle.

Nunca más.

Ambos se quejaron y le soltaron, Harry no les prestó atención, no vio como las mismas volutas de humo negro quemaban las manos de Severus y Remus, obligándole a soltarle.

El padre de Draco le miraba con miedo, Harry sí sabía de miedo. Él había pasado mucho miedo, pero le costaba ponerle otra cara que la que veía ahora.

Y las manos le cosquillearon, las miró, eran sus manos, tenía cortes, y el dedo anular derecho un poco doblado, recordó que se lo había roto alguna vez.

Recordó el dolor agudo, y el miedo, miró de nuevo al hombre atado. Harry quería hacerle daño, y que tuviera miedo. Mucho miedo.

De sus manos salió humo, pero no dolía, no quemaba. Era hermoso, había tan pocas cosas hermosas en el mundo, que Harry sonrió al mirar como jugaban entre sus manos.

El padre de Draco gritó que le soltaran, pero nadie le soltó. Su voz era tan desagradable, amenazaba, y atacaba a Severus y a Remus.

Cállate—gritó Harry, y se quedó completamente mudo.

No le había obedecido, solamente había perdido la voz.

Y Harry volvió a sonreír.

—Harry—le llamó Draco, le gustaba tanto su voz que podría escucharla por siempre—¿Qué te pasa?

Harry le miró, parecía preocupado y quiso acariciarle para que no se preocupara por nada, pero este se retiró dando varios pasos hacia atrás.

A Harry ese gesto le dolió, él solo quería hacer cualquier cosa por él, cualquier cosa. Y volvió a tratar de tocarle, pero Draco también le miraba con miedo.

No le gustó.

—Él nunca más te obligará a nada.—Señaló a su padre—Serás libre.

Pero aquello no le sirvió a Draco, ¿cómo podía hacérselo entender mejor?

La volutas de humo negro rodeaban su cuerpo ahora, Harry trató de acariciarlas, ellas sí querían estar a su lado.

—Nosotros nos encargaremos.—Aseguró levantando su mano apuntando hacia su padre.

Pero Severus le atacó con esa varita suya, le atacó y Harry sintió la rabia de nuevo comérselo vivo.

Él no, él le había prometido que nadie le volvería a hacer daño, y le había atacado.

—¿Tú también me has mentido?—Harry le quería, le quería mucho, ¿por qué? Notaba como la pena, una compañera que le había abrazado muchas noches quería salir, pero Harry no quería volverla a sentir nunca más.

No quería ser débil, ya no se sentía débil, ¿por qué las personas siempre le traicionaban?

Severus trató de nuevo de atacarle, y Harry lo levantó del suelo con una sola mano. Detrás de él, Remus también le atacó.

No podía ser verdad, ellos no, por favor.

El humo negro se incrementó a su alrededor, pero Remus no le soltó, Harry realmente no quería hacerles daño a ninguno de los dos.

Soltadme, vosotros no.—Ambos dejaron de luchar, de querer hacerle daño.—Me prometisteis que siempre estaríais a mi lado.

—Harry, tienes algo dentro que tenemos que sacarte.—Severus nunca le había mentido, pero acababa de atacarle.

—¿Recuerdas lo que notaste cuando te hice aquel examen de magia? ¿La cosa oscura que notaste?—Severus le hablaba con calma, pero notaba que no confiaba en él.

—Ha salido, está en tus manos, ese cosa oscura no es buena, por favor, no la uses más.

—¿Soy un monstruo?—Había escuchado tantas veces eso, que no le fue difícil rescatarlo de su mente.

—No, nunca serías algo así.—En parte, Harry se sintió aliviado—Pero te está haciendo hacer cosas que tú nunca querrías hacer.

—No quiero que alguien vuelva a tocarme.

—No volveremos a tocarte, te lo prometo—concilió Severus.

—Él os ha hecho daño—señaló al prisionero mudo que lo miraba con aún más miedo y odio—mucho daño.

—Él no importa, solo tú, nosotros queremos protegerte a ti.

Harry miró a Remus que asintió también, pero Draco le miraba aún asustado. Él no quería darle miedo a Draco, pero Harry ya no se sentía débil.

—Por favor, no uses "eso" en nuestra contra.

Harry se miró las manos, el humo se había ido pero lo llamó y apareció de nuevo acariciándole en forma de llamas. Le gustaban, le hacía sentirse tan bien, tan seguro como no se había sentido en su vida. Nunca había tenido fuerza, ni voz, ni una vida que fuera suya y no trataran de hacer con él lo que les diera la gana.

Nunca pudo hacer que alguien no abusara de él, y ahora le pedían que no se defendiera.

—Por favor—volvió a pedir Severus.

Harry le pidió que que no salieran, pero que no se fueran lejos. Notó sus caricias.

—Gracias.

—¿Y él?—preguntó Harry mirando al padre de Draco.

Remus y Severus se miraron, a Harry no le gustó. Ese hombre merecía recibir el mismo dolor que él había causado.

—Llamaremos a los aurores, luego, pero él ahora no importa.

Harry miró a Draco.

—No me mires así, yo nunca te haría daño, Draco—le pidió, pero Draco no parecía muy convencido.

—Draco, ven—le llamó Severus, pero este no se movió ni un milímetro de su sitio.

Ven—le obligó Harry, no tenía que ser así. Draco le había dicho que podrían ser amigos, pero Harry ahora quería más, deseaba tener más, podía tener más.

Harry le tomó de la mano, como tantas veces había hecho Draco con él, y la sintió muy caliente, pero le gustaba, no iba a soltarle.

—La luna está a punto de salir—confirmó Remus, Severus le acarició el hombro.

—Tú irás al sótano, y Harry, tú irás a tu habitación con Draco.

—Yo no voy a irme con él—se quejó Draco. Harry se dolió con esa respuesta, Draco le había rechazado anteriormente, pero no volvería a hacerlo, no se lo iba a volver a permitir.

No dijo nada más, y Harry estuvo bien con eso.

—Yo me ocuparé de Lucius.

—¿Qué vas a hacerle?—De nuevo Harry se sintió molesto, ese hombre los había atacado, le obligaba a hacer cosas que él no quería.

—Le borraré la memoria, ahora no puede ir a ningún sitio a contar lo que ha visto aquí.

—¿Por qué?—Draco parecía asustado, y Harry quiso tranquilizarle acercándolo más a él, las volutas negras quisieron acariciar a Draco, pero Harry recordó que Severus le había pedido que no las usara.

—Draco, cállate—le gritó exasperado Severus—deja de hacer preguntas que ahora mismo no podemos contestarte. Obedece y cuida de Harry.

Draco bajó la mirada, y Harry le lanzó una muy dura a Severus.

—Por favor, yo lo solucionaré.

—Tiene que pagar por lo que ha hecho, él tiene que sufrir—dijo sincero Harry, tan sincero como nunca había sido capaz de serlo.

—Harry, nosotros no somos así—le cortó Remus—No castigamos de ese modo, no somos como él.

Harry miró al padre de Draco.

Habla.

Draco, desátame, vámonos de aquí—le ordenó a su hijo—Suelta a ese ser, y vuelve con tu familia.

Por primera vez, Draco fue el que apretó la mano de Harry, y este sonrió de lado, ese hombre sufriría.

—Vámonos, Harry, Severus se ocupará.

Notó como Draco tiraba de él, y un sentimiento de euforia le recorrió. Draco le había elegido a él, y le siguió tranquilamente.


Continuará


Draco, ¿dónde vas?

Hasta la semana que viene.

Shimi.