Los chicos habían desaparecido dejando a Remus, Severus y Lucius a solas.

—Esto no va a quedar así, Severus, lo sabes. —Lucius no parecía una persona atada y a merced de dos magos con suficiente motivos como para matarle.

—En unos segundos dejará de ser problema tuyo.—Severus estaba harto de ese hombre.

—¿Qué es?—Al fin una pregunta lógica, pero Severus le ignoró.

—Ve abajo, yo me encargaré.—Se giró hasta Remus que comenzaba a tener problemas para respirar bien.

—No quiero dejarte con él.

—¡Qué bajo has caído para ser amante de una criatura!—se burló el mago sangrepura. Severus se olvidó de la magia y le pegó un puñetazo en la cara que lo dejó atónito y gracias a todo, mudo.

—Baja, no compliquemos más las cosas.—Severus besó al hombre lobo, porque lo necesitaba, porque todo lo que había pasado esa tarde era demasiado. Porque lo que venía era aún peor.

Remus le atrapó por la cadera, pero se contuvo de lo que sus instintos le pedían.

Había tomado la poción matalobos todos los días de aquella semana, Severus ya se estaba haciendo un experto en ella, había llegado a pensar en ponerla entre su catálogo para las boticas y sanatorios a los que servía.

Había conseguido que tuviera un ligero, demasiado ligero, sabor a chocolate, y Remus aún tenía aquel regusto en sus labios.

—Vete, es mejor que me encargue de esto yo solo, menos recuerdos que borrar.—Remus miró a Lucius, el odio mortal entre ambos era casi como una cuerda que los ataba.

Lucius había tratado de matarlo, y desgraciadamente si lo hubiera conseguido no hubiera tenido ninguna consecuencia legal.

Si una criatura mágica altamente peligrosa, como los hombres lobos estaban clasificados para el Ministerio, atacaban a un mago este podía matarlos.

Cuando Remus volvió a robarle un beso y gruñó a Lucius, Severus se quedó a solas con su ex amante.

—Sabes que no dejaré que te quedes con Draco.—Estúpidamente Lucius se relajó cuando él y Severus se quedaron a solas.

—Yo no tengo retenido a Draco.—Resaltó la obviedad—Las personas no son de tu propiedad, Lucius, es algo que nunca has llegado a entender.

—Hasta tú sabes que no está seguro con esa criatura.—Por mucho que le molestara, en ese punto sí tenía razón—Tráelo, me lo llevaré, y haremos como si no hubiera pasado nada.

Severus no iba a discutir nada más, estaba muy cansado, había perdido mucha sangre, el enfrentamiento mágico con Lucius y el estrés que había sufrido al perder a Harry.

No sabía si Harry era plenamente consciente de que había hecho con ellos lo que había querido solo diciéndolo. La magia sin varita era algo excepcional, tanto que muy pocas personas en la historia de la magia la habían podido realizar, y no del modo en el que Harry la dominaba, como una extensión de sí mismo.

A Severus le dolía la cabeza, y aún iba a necesitar de toda su capacidad para borrar cualquier rastro de Harry en la mente de Lucius.

Severus apuntó con su varita a Lucius, que trató de resistirse y se profirió mil amenazas.

—Obliviate—susurró.

Los ojos de Lucius se quedaron en blanco, realizar un buen obliviate era muy complejo, y Severus llevaba muchos años sin hacerlo.

Durante más de media hora fue desanudando, como si de los hilos de un tapiz se tratara, la trama de recuerdos de su mente.

Colocar recuerdos falsos era algo aún más complejo, siempre es más fácil destruir que crear, por lo que se detuvo cuando llegó a momentos antes de que Lucius apareciera en su casa.

En la mansión, con un chico joven que le pedía que dejara a su hijo, que tenía derecho a vivir su vida.

Pero no solo era eso, también eran los celos que sentía porque fuera a visitar a su antiguo amante. Ese era el punto donde debía dejarlo, una discusión entre amantes.

Profundizó en el recuerdo del desprecio de Lucius hacia el joven por todas aquellas palabras, le acarició el rostro, era un joven muy apuesto.

Lucius lo echó de su casa, de su vida, de su mundo.

Ese era Lucius Malfoy.

Con un último giro de varita colocó todo en la habitación tal y como estaba antes de la pelea, le devolvió la varita al bastón que siempre llevaba y desapareció las cuerdas.

Se colocó rápidamente completamente pegado a Lucius, besándole.

—Vete de mi casa, entre tú y yo nunca habrá nada más—le gritó Severus separándose y limpiando sus labios.

Lucius estaba tratando de reubicarse, efectos secundarios de un obliviate.

—¿Qué hago aquí?—preguntó.

—Humillarte a ti mismo—dijo ácido Severus—. Vete con tu mujer y con tu amante de turno.

—Yo…—balbuceó Lucius, sin llegar a recordar nada.

El mago se acercó intentando agarrar a Severus del hombro sin entender muy bien, solo quedaba una cosa para darle total credibilidad.

Un puñetazo en su mejilla, ese camuflaría el que le había dado anteriormente.

—No vuelvas a tocarme en tu maldita vida, yo ya no soy esa persona, ni siquiera eres tú ya la persona que fuiste conmigo.—Notaba como a pesar del pozo negro que podía llegar a ser Lucius sus palabras le afectaron—Ahórrate esto y vete de mi casa.

Severus no iba a poder aguantar mucho más tiempo en pie.

Pero Lucius estaba demasiado desconcertado, era lo suficientemente listo como para saber que algo no iba bien, y que aquel no era el lugar más seguro para él en ese estado.

Lo vio irse a la chimenea, mirándolo sin entender nada.

Cuando desapareció entre las llamas, bloqueó la chimenea y se dejó caer en uno de los sillones.

Tenía que ir con Harry y Draco, no podía dejarlos solos, trató de levantarse pero fue incapaz de moverse más.

Tenían que empacar todo para que se marcharan a la mañana siguiente, aquel no era un lugar seguro para ellos. Quizás no esa noche, ni al día siguiente, pero Lucius volvería a por su hijo en cuanto intentara buscarlo de nuevo.

Luchaba por no caer en la inconsciencia, pero esta pesaba como una losa sobre él.

De lejos, muy de lejos, un aullido lastimero se coló en sus oídos pero Severus ya no podía oírlo.


Draco había acompañado a Harry a la habitación de este, lo había hecho con la seguridad del momento, pero ahora a solas, sintió como toda su piel se erizaba mientras Harry le miraba.

¿Qué era lo que le había pasado?

Harry le sonrió, y el escalofrío por su columna fue claramente visible.

—Me tienes miedo.—Fue una afirmación, y Draco hubiera dicho que no, pero algo le decía que mentirle a Harry en ese momento era peligroso para él.

—¿Vuelves a tener magia?—Severus le había dicho al principio que Harry había tenido un accidente con su magia, después que no tenía nada en absoluta, un squib. ¿Cuál versión era la cierta?

Harry levantó una mano, le sonrió y las volutas de humo negro danzaron en ella, como si jugaran con él.

—Es hermosa—le dijo a Draco volviendo a mirarle, ¿Por qué había cambiado tanto? Eran sus ojos, era su sonrisa, y sin embargo era diferente.

—Es más que hermosa, es muy poderosa.

—Y eso te da miedo, yo nunca te haría daño.—Harry se levantó y Draco tuvo que hacer un fuerte esfuerzo por mantenerse en su sitio.

Sintió su caricia en el rostro antes de que la mano de Harry le tocara, era cálida, solo un roce.

Sus labios fueron después, y esta vez no fueron tocados por la magia de Harry, sino por su propia boca.

Era Harry, eran sus movimientos y su sabor, era cálido y conocido. Draco se descubrió rodeando su cintura para atraerlo más a sí mismo.

Y las manos de Harry le imitaron acariciándole, salvo que no había nada de inocente en él, eran manos expertas, manos que fueron directas a amasar su trasero.

Draco intentó apartarse, Harry era suave, blando, tímido en sus caricias, este no, pero no le soltaba, tampoco su boca. Y aunque el moreno era mucho más menudo que él, su agarre era de acero.

Un sentimiento de angustia le invadió, quería separarse, no porque fuera demasiado para él, sino por el simple hecho de poder hacerlo.

Su respiración comenzó a alterarse, no solo por sus besos que seguían siendo calientes. Antes de poder entrar en pánico, Harry le liberó.

—No quiero ser solo tu amigo.—Los ojos verdes tras la gafas brillaban, Draco estaba aún tratando de recuperarse.

—Harry, yo…—¿Qué? ¿Él seguía pensando lo mismo que hacía unas horas? Cuando había decidido que no podía seguir con esa relación. ¿O pensaba lo mismo que cuando Harry se encontraba entre la vida y la muerte? Que no le dejaría por nada del mundo.

Un nuevo beso, dulce, Harry. Draco olvidó la angustia que había sentido segundos antes, y fue él el que le besó, la boca de Harry le recibió contenta.

—Sí—dijo sobre sus labios—. Sí.

Harry sonrió, Draco tomó el control y lo llevó hacia la cama.

Solo pensaba seguir besándole toda la noche, besarle y no parar. Y Harry parecía que no se cansaba de lamerle.

Tumbados en la pequeña cama de Harry no sintieron que faltara ningún espacio, Draco tenía a Harry recostado contra la almohada, su pierna sobre su cuerpo. Draco sobre él, nadie más podría destruir ese momento.

No podría precisar si llevaban besándose minutos u horas, pero Draco pegó su cadera a la de Harry, llevándole más hasta él, por puro instinto.

Su miembro llevaba rato hinchado, pero no era eso lo que le importaba en ese momento, no solo eso. Serpenteando encontró una dureza similar a la suya.

Eso sí le hizo frenar sus besos, no pudo evitar recordar solo un par de noches atrás como el cuerpo de Harry no reaccionó al suyo, como todo se truncó a partir de ese momento.

Harry estaba excitado, sus ojos verdes eran líquidos, sus labios abiertos e hinchados no se habían visto tan eróticos nunca.

Harry fue el que volvió a frotarse con Draco, una vez y otra vez más, hasta colocarse sobre él.

Draco sonrió como un bobo, no sabía qué era lo que le había pasado a Harry, pero le gustaba, le gustaba mucho.

Con la espalda contra la cama, Harry se sentó sobre él a horcajadas, notó como la magia le recorría, ¿cómo podía hacer eso?

Esta acabó contra su pene, haciendo gemir a Draco, incapaz de apartar la mirada de Harry. Trató de llegar hasta él para besarlo, pero le resultó inalcanzable, una nueva oleada de magia, un nuevo gemido más alto.

Draco trató de contener el sonido, teniendo en cuenta el historial de interrupciones no quería darles más motivos.

Pero ese pensamiento, ese que le llevaba a recordar a su padre, al hombre lobo bajo aquel techo, a la sangre de Harry siendo maldecida hasta matarlo. Todo eso, todo eso desapareció cuando Harry se inclinó sobre él.

Un nuevo beso, tan profundo que Draco se quedó clavado contra la cama.

Harry sobre él moviéndose sobre sus cuerpos aún vestidos, y aún así, sintiéndolo como si quemara.

Draco agarró a Harry por su trasero, siguiendo el ritmo que él mismo hacía sobre el cuerpo de Draco.

Cuando se apartó unos centímetros de sus labios, Harry estaba rodeado de llamas oscuras.

Tócame—susurró, las manos de Draco se movieron para colarse debajo de la ropa de Harry, tan duro como Draco nunca llegaría a comprender que Harry había estado antes.


Continuará


Cuidadito con este Harry, que te mata y todavía te gusta como lo hace.

Nos leemos.

Hasta la semana que viene.

Besos.

Shimi.