Draco despertó con Harry dormido contra su cuerpo, con una sensación cálida que no residía únicamente en su piel.
Esta se irradiaba hasta su interior.
Aún no era de día, la habitación estaba a oscuras y solo estaban ellos y los recuerdos de pocas horas antes.
Nunca pensó que el sexo con Harry pudiera ser así, incluso ahora, viéndolo durmiendo sobre su pecho le costaba creerlo.
¿Le asustaba? Sí.
No conocía a Harry de tanto tiempo, pero si algo claro había en él era que hacía a Draco estremecerse, y que era un chico profundamente tímido.
La persona sobre él la noche anterior no lo era, lo estrechó un poco más.
Algo le había pasado, y no era tan bueno como al Draco híper excitado de la noche anterior le había parecido.
¿Era aún Harry? No lo sabía.
Quería pensar que sí, que aquel era el mismo chico que vio al salir de la chimenea de Severus, el que le miraba como nadie le había mirado nunca. El que se sorprendía de cualquier cosa, el que daba los besos más dulce que Draco hubiera recibido hasta el momento.
Este Harry podría haber matado a su padre, y sin embargo no lo hizo porque Severus se lo había pedido, no podía ser tan malo si sabía controlarlo. Y por Salazar, debía ser el mago más poderoso, las clases de historia de la Magia se las pasaba dormitando como cualquier alumno en su sano juicio, pero nunca había leído de un mago o bruja con ese poder.
No debería, pero sintió cierto regocijo, Harry era una auténtica caja de sorpresas, y seguía queriendo ser suyo.
Le besó la frente, había descubierto que tenía una cicatriz bastante profunda que nacía desde su cabeza hasta casi la línea de su flequillo.
La acarició con uno de sus dedos, era muy antigua, pero estaba claro que debió ser un profundo golpe.
Otra pequeña sobre su labio, esa la había besado tanto que la reconocía de memoria, también la acarició.
En su omóplato derecho una delgada línea blanca, parecía ser la más reciente, de todo el mapa de pequeñas cicatrices que poblaban su cuerpo.
Harry había tenido que ser un niño muy revoltoso para tener tantas cicatrices, algo que no casaba con la personalidad tímida, y con el hecho de tener un padre mago.
Había hechizos que borraban aquellas marcas de cualquier niño.
Lupin no parecía un padre negligente.
Sus manos se movían suavemente recorriendo su cuerpo. Por lo que la reacción de Harry le sorprendió.
En un momento, más rápido de lo que Draco pudo reaccionar, Harry había atado sus manos con su humo negro, Draco se quejó, le ardía la piel.
—Harry, soy yo—gimió de dolor.
Pero sobre él, Harry tenía los ojos completamente negros, como cuando despertó tras el ataque de su padre.
—Harry, por favor, me haces daño.—El pequeño cuerpo de Harry comenzaba a arder también sobre él, que estaba totalmente desnudo.
El negro se retiró, dejando los brillantes ojos verdes de nuevo libres.
El dolor desapareció, el humo lo acariciaba como la noche anterior, sin herirle.
Harry no había sufrido ningún accidente, Harry había sido en algún momento contenido.
—¿Qué eres?—Preguntó Draco por fin.
Harry le miraba sin entender a qué se refería, Draco le besó.
—¿Cómo puedes hacer todo esto?—Insistió volviendo a acariciarle.
—No lo sé.—Se acurrucó en su pecho, y Draco no hizo más preguntas.
Harry volvió a desprender aquel agradable calor, pero obviamente no había saciado su curiosidad, quizás fuera cierto que Harry no lo sabía.
Severus despertó sobresaltado, las llamas en la chimenea se habían consumido y sintió su cuerpo helado.
Había caído inconsciente, su cabeza aún dolía, y su cuerpo se resentía por la postura en la que había dormido.
Se tambaleó hasta llegar a la habitación de Harry, al abrirla vio a los chicos dormir abrazados.
Acercándose lentamente descubrió los hombros desnudos de Draco, el corazón se le heló, pero la respiración calmada del joven le tranquilizó.
Cuando miró a Harry este le estaba devolviendo la mirada, completamente oscura.
Del mismo color de la magia que encontró en su interior.
—¿Podemos hablar, Harry?—pidió cuando notó el humo negro comenzar a rodearlo.
Estas solo revolotearon, como inspeccionando a su alrededor, volvieron a Harry, y este se levantó de la cama completamente desnudo.
Severus apartó los ojos de él, pero Harry no trató de cubrirse en ningún momento.
—Vístete y acompáñame, por favor—pidió Severus lo más calmado que pudo, comenzando el camino de regreso hacia fuera de la habitación.
Esperó a Harry en la cocina, preparando té. Como cualquier otra mañana, salvo que no podría ser más diferente.
Harry parecía el mismo chico que había acogido en su casa la noche de la helada, sin hacer ruido se sentó en la mesa delante de su taza de café.
Quizás pudiera controlarlo, quizás no fuera tan malo lo que había ocurrido.
Pero sus volutas de humo jugaban con él, y eso, no pasaría nunca desapercibido.
—¿Cómo te encuentras?—le preguntó, lanzándole una mirada reprobatoria al humo, este se escondió dentro del cuerpo de Harry.
—Jamás me había sentido tan bien.
Severus no pudo evitar alegrarse por eso, podría matarlos a todos sin esfuerzo, pero el niño maltratado que era también necesitaba curar sus heridas. Severus había pensado en buscarle un psicólogo muggle en el nuevo lugar al que tuvieran que irse, aún pensaba que lo necesitaba, pero ahora, quizás no fuera suficiente.
—¿Sabes lo que ha pasado?—Severus necesitaba comprobar cuánto quedaba de Harry allí dentro.
—Ellas se liberaron.—Sonrió, pero no tuvo que sacar sus volutas para saber de qué hablaba.
—¿Ellas te hablan?
—No como tú.
—¿Pero las sientes como si fueran algo más que tú?
Sus ojos volvieron a ser negros.
—Tú también me tienes miedo.
—Tengo miedo, sí, pero por lo que pueda pasarte, ¿recuerdas cómo eras antes?
El verde brillante volvió.
—Era sufrimiento—sus ojos reflejaban todo eso— Era miedo, hambre, frío y dolor.
Severus extendió su mano, desde que lo encontró trató de protegerlo de lo exterior, pero también de todo lo malo que le había pasado y le hacía daño desde el interior.
Harry le dejó que tomara su mano.
—¿Confías en mí?—Ojalá no temiera aquella contestación.
Pero no llegó, Harry no contestó, solo retiró su mano de la de Severus.
—El hechizo que ayer sufriste te mató.—Volver a enfadar a Harry no era lo mejor, pero mentirle no iba a servirle—A una parte de ti, al menos, eso rompió lo que sellaba tu magia, pero creo que también liberó el trozo de alma que dejó el mago que mató a tus padres.
Harry no hablaba, solo le miraba, pero sus ojos ya no le esquivaban como los del antiguo Harry que temía hasta el aire que le rozaba.
—Voldemort nunca pudo hacer lo que tú hacías, no tenía ese poder, pero sí era poderoso. Tú lo eres más, mucho más.
—Y eso te parece mal.
—No me parece mal, me parece peligroso.
—No lo maté—chasqueó la lengua Harry, Severus no sabía si se refería a Lucius o a Draco.
—¿Te diste cuenta de que con tus palabras nos dominaste a todos? Ningún mago puede hacer eso, sin varita, sin hechizos.
—Quieres controlarme.—Le miró desafiante, como no le había mirado nunca—Quieres que sea mi versión humillada y asustadiza, quieres que pida permiso hasta para respirar, pero eso no va a volver a pasar.
—Nunca he querido eso, lo que quiero es que estés bien, que controles tu nuevo poder, que seas consciente de lo que puedes hacer y lo uses correctamente.
—¿O qué? ¿Dejarás de quererme?—Fue la primera vez que vio al antiguo Harry delante de él.
—A los hijos nunca se les deja de querer.
—Yo no soy tu hijo.—La emoción en su voz era real.
Draco apareció en ese momento y el ambiente cambió. Harry cambió.
—Iré a ver a Remus.—Trató de acariciar la mano de Harry, pero este la retiró.
Remus había pasado una noche horrible, a pesar de tomar la poción matalobos, a pesar de no claudicar ya a los deseos del lobo, él y Severus habían decidido que lo mejor era estar encerrado.
El cuerpo desnudo le temblaba a pesar de las mantas y pieles con las que hacía su nido. La transformación le debilitaba, para eso no había pociones, solo para domesticar al lobo.
Había llorado por Severus, había aullado por su pareja, pero esta no había bajado y Remus temió por él. Por él y por Harry.
¿Era el hijo de Lily y James, era el niño tímido y dañado, el que había comenzado a confiar en dos desconocidos? Se sentía impotente, porque dentro de él solo veía la amenaza que era.
Remus solo veía un final, y se sentía culpable porque fuera uno en el que Harry estuviera muerto.
Severus abrió la puerta de su celda, Remus suspiró aliviado.
—¿Qué ha pasado?—Trató de levantarse, pero Severus no le dejó, fue él quien se tumbó a su lado abrazándolo para darle calor.
—Están bien, he hablado con él.
—¿Es Harry aún?
Esa era la pregunta que Remus se había hecho toda la noche, ¿era Harry de verdad? ¿O el niño había muerto dejando solo un cascarón? Y si había muerto, ¿qué era? ¿O quién era? No tenían respuestas, en realidad llevaban sin respuestas sobre Harry desde que había llegado a sus vidas.
—Creo que sí.—Remus besó sus manos al oírle, eso podía cambiar las cosas—Pero no sé si esa magia lo acabará devorando.
—Jamás había visto algo igual, no es solo magia sin varita, ¿Qué es eso que sale de su cuerpo?
—No, no sé lo que es.—Severus parecía tan cansado como él mismo.
—¿Y Malfoy? El padre.—El odio arañaba su garganta, no podía entender cómo Severus había querido alguna vez a ese cretino.
Había tratado de matarlo, y habría salido impune, sabía lo que el Ministerio dictaba en caso de ataques de hombres lobos, por eso había evitado tanto a la población mágica.
—Obliviatado, pero no será suficiente, volverá.—Remus se giró dentro del abrazo.
—Tenemos que irnos.—Era la conclusión lógica, los dos lo sabían.
Severus asintió, pero ninguno fue capaz de levantarse del nido que ahora sí se había vuelto cálido.
Los ojos se les cerraron poco a poco a los dos.
Cuando despertaron, solo una hora después, se encontraron una casa vacía.
Supieron que no volverían cuando inspeccionando la habitación de Harry parecía que no faltaba nada, salvo la vieja mochila con la que lo había encontrado.
Harry y Draco habían desaparecido.
Continuará
Ya sé que la pregunta es la misma, ¿es Harry? ¿No es Harry? No sé si ni el mismo Harry lo sabe.
¡Qué se han ido, madre mía!
A esto le queda un buen rato creo, ¿cuánto? No sé, la verdad, solo espero que no os aburráis con tantos misterios.
Nos leemos.
Hasta la semana que viene.
Besos.
Shimi.
