Draco sabía que había interrumpido una conversación, de la que hubiera deseado formar parte. Estaba allí, estaba con Harry, él necesitaba saber, e intuía que había demasiadas cosas que no sabía y en las que había entrado a ciegas.

Pero Severus se fue con su hombre lobo.

Harry le miraba, y aunque lo intentaba los escalofríos por lo qué había detrás de ellos, eran imposibles de evitar.

—Tengo que irme—dijo Harry.

—¿Irte a dónde?

—¿Vendrás conmigo?—Draco sintió un escalofrío detrás de esa pregunta.

Su padre volvería, y más si llegaba a recordar lo que había hecho Harry.

Estaban literalmente jodidos.

—¿A dónde?

—Tengo cosas que arreglar.—El humo negro se hizo tan denso que casi asfixia a Draco.

—Hablaremos con Severus, él tendrá un plan.

—Sin él, sin ellos.—Levantó la vista Harry, de nuevo negra—Solo nosotros.

—Harry, no tenemos dinero, ni ningún lugar al que ir.

—Yo lo conseguiré.

—¿Ah sí, cómo?

Las caricias de sus llamas le cosquillearon los tobillos, Draco se levantó rápidamente.

—No puedes usar eso, en el momento que alguien lo vea, vamos a tener a veinte aurores detrás de nuestros culos.

—¿Aurores?

—El cuerpo de seguridad mágica.

—¿Policía?

Draco asintió sorprendido por el término muggle.

—Nadie avisará a la policía.—La magia de Harry lo tocó, lo arrastró hacia él, y Draco se dio cuenta de que ya no tenía libertad. Fue arrastrado hasta la habitación de Harry, donde pensó que permanecerían hasta que Severus volviera. Pero Harry solo tomó una mugrienta mochila vieja y los desapareció de la casa.

A Draco no le gustaba sentir el tirón de la desaparición provocado por otra persona, prefería ser él el que lo hiciera. Pero la de Harry era diferente, era mil veces peor, cuando sus pies tocaron suelo, vomitó todo lo que había desayunado.

—No vuelvas a hacer eso, Harry—le dijo molesto Draco. Pero Harry había dejado de prestarle atención.

Estaban delante de una casa, o al menos lo que había sido una casa en el pasado. A Draco le resultaba levemente familiar.

—¿Dónde estamos?

Harry no contestó, solo miraba el lugar, cuando Draco le giró sus ojos volvían a estar invadidos por las sombras.

—¿Yo los maté?—Suponía que esa pregunta no estaba hecha hacia Draco, que no tenía la más mínima idea de lo que estaba hablando.

—Harry—volvió a llamarle, pero sin obtener ninguna respuesta.

El lugar parecía un residencial tranquilo, salvo por el hecho de estar ante una casa completamente arruinada que desentonaba en la estética del lugar.

Draco vio una placa en el suelo, algo más adelante. En vista de que Harry había entrado en modo humo negro, Draco decidió resolver sus dudas.

Cuando leyó lo que había escrito en ella entendió de que le era tan familiar aquel lugar, salía en cualquier libro de Historia de la Magia Moderna.

Aquella era la casa de los Potter, donde según una rara profecía, el hijo de los Potter, Harry, siendo tan solo un bebé, venció al mago más peligroso de todos los tiempos. Voldemort.

Harry se había vuelto el nombre más usado en los últimos tiempos, menos en su entorno social, en este no se hablaba de la guerra, en su casa nunca se hablaba de la guerra. Pero ninguno de sus compañeros de casa en Slytherin llevó ese nombre, ni probablemente lo llevaría.

—¿Qué hacemos aquí, Harry?—Los ojos oscuros habían desaparecido, ahora volvían ser del verde adecuado.

—Yo viví aquí, esta era mi casa.

—No digas tonterías.—Una cosa era que hiciera magia rara, otra que se creyera la reencarnación de un Potter.

Ese apellido había muerto con el último de ellos.

—Volvamos con Severus, seguro que él tiene un plan.

Pero Harry hizo como si no le escuchara, y entró en la propiedad, que tenía un claro cartel del no pasar.

—Harry, no.—Miró a ambos lados de la calle, no había nadie. Pero entrar a un monumento histórico era un delito, te vieran o no, tendría un sistema de seguridad mágica activada.

Cuando estaba por decírselo, Harry lo destrozó, el humo negro que revoloteaba a su alrededor jugueteó con la magia de protección, y literalmente la calcinó.

Vamos—dijo Harry, Draco volvió a actuar como si el moreno le hubiera lanzando un Imperius, salvo que era consciente de todo.

Entraron, la mitad de la casa estaba destruida, aún calcinada por lo que debió ser un estallido de magia que mató a todos.

La otra parte se conservaba prácticamente igual a cualquier hogar, solo que todo se veía anticuado.

La cocina, y parte de una sala de estar.

Incluso había fotos de la familia Potter, Draco dudaba que alguna vez hubiera visto el interior de aquel lugar. Pero Harry parecía conocerlo.

Tocaba las superficies, tomaba objetos, incluso para Draco que no era especialmente respetuoso con nada le pareció poco decoroso.

Pero solo seguía a Harry en su deambular.

—Yo tenía una mini escoba—recordó, y comenzó a buscarla. Draco incrédulo no podía dejar de mirarlo. Y aún más cuando abrió una pequeña despensa y la escoba para niños estaba allí, llena de polvo y telas de araña.

Draco volvió a tener control sobre sí mismo cuando Harry hizo volar a la escoba con el hechizo de control automático que traían. Draco había tenido una similar cuando él había sido niño.

—Harry, ¿de qué conoces este lugar?

—Ya te lo he dicho, era mi casa.

—No es posible...

—Soy Harry Potter.

Una carcajada incrédula escapó de los labios de Draco, pero aquello no le gustó a Harry que lo inmovilizó contra la pared.

—Harry.

—Míralo.

Su rostro giró haciéndole daño con la pared y su viejo papel pintado que se destrozó con el movimiento.

En la pared perpendicular, lo suficientemente cerca para que Draco lo viera sin ningún problema había una foto de un niño pequeño, no más de un año. A Draco al principio no le dijo nada, un bebé, muy bien. Pero podía ver algún rasgo familiar entre ambos, lo que le dejó con la boca literalmente abierta y una sensación de vacío en el estómago no fue el niño, sino el padre.

Era como ver a Harry en unos años más allá, una versión más adulta del Harry actual. La mujer, de ella tenía los ojos verdes.

Miró a Harry.

No podía ser, Harry Potter había muerto, y los había salvado a todos.

Y el Harry delante de él no podía ser el símbolo del bien y la paz. Ni este oscuro ante sus ojos, ni aquel tímido que conoció y del que se enamoró como un tonto.

—¿Harry Potter?—Harry asintió, como si también lo reconociera ante sí mismo—. Todos dijeron que habías muerto.

—La gente miente, miente demasiado.

—¿Ese fue el accidente del que hablaba Severus?—Harry acariciaba una pieza de una vajilla realmente horrible, pero en sus labios había una sonrisa.

—Seguro—dijo vagamente, y siguiendo el recorrido por la casa.

No hizo falta que Harry le obligara a seguirle, lo hizo sin pensarlo.

¿Por qué ocultarían que Harry había sobrevivido? ¿Por qué hacerle creer a todo el mundo mágico aquella mentira?

Subieron unas escaleras que podrían caerse en cualquier momento, aquel lugar no era seguro, y aunque Harry hubiera destrozado el sistema de seguridad, en algún lugar en el que estuviera conectado en el Ministerio, se darían cuenta.

Draco tomó su mano.

—Tenemos que irnos de aquí, Harry—le pidió—. Vendrán a ver qué ha pasado.

—Es mi casa.—Se enfadó.

—No, ya no. Este lugar tras tu...su... lo que sea, tras la noche en la que todos moristeis pasó a formar parte del patrimonio del Ministerio de Magia.—Harry no se movía—Vendrán los aurores.

Eso sí hizo reaccionar a Harry.

—Vámonos—le volvió a pedir.

Harry se movió tomado de su mano, cuando salieron a la calle, aún no había nadie en la calle.

—¿Confías en mí Harry?—le preguntó Draco.

Harry ladeó su rostro, queriendo ver más allá de la pregunta de Draco.

—Sí.

—Por favor, no saques en ningún momento eso de ti, mantén tus ojos siempre en verde, y por favor, trata de no hablar.

Harry parecía molesto con la petición.

—Por favor, solo se me ocurre un lugar al que ir, y tienes que parecer de nuevo el Harry tímido, o sospecharán.

Draco le besó, solo un suave beso, y Harry sonrió.

—Vale.

Draco lo agarró de la cintura, si pensaba que estaba en un lío al plantar todo, su apellido, su vida. Estar ahora con el difunto Harry Potter, el cual no solo no estaba muerto, sino que era más poderoso de lo que nadie debería serlo nunca, complicaba las cosas por mil. Por diez mil.

En el tirón de su obligo todo se volvió un torbellino, pero pudo ver como una pareja de aurores se aparecían en el mismo momento que ellos se iban.

Agarró con fuerza a Harry, y dejaron Grodic's Hollow.


Draco cada vez va sabiendo más de Harry, y Harry cada vez va tomando más consciencia de todo lo que puede hacer.

Saltos, saltos, vamos a estar dando muchos saltos.

Hasta la semana que viene.

Besos.

Shimi.