Draco estaba nervioso esperando ante una puerta más que conocida, no veía seguro utilizar ningún tipo de chimenea, y ya se estaba arrepintiendo que haber ido.
Pero la puerta se abrió, y Blaise parecía completamente fuera de lugar al ver allí, tras la puerta a la que nadie llamaba nunca, a Draco y su novio.
—¿La puerta?—preguntó dudoso.
—Es urgente—dijo Draco mirando a ambos lados de la calle.
Blaise se apartó, y los dejó pasar, la ropa en aquella casa, al parecer era opcional.
Más allá estaba Theodore, casi tan desnudo como Blaise que solo vestía un trozo de ropa interior.
—Vaya—dijo este con una de esas sonrisas que tanto odiaba Draco—, es cierto que te has fugado a lo Romeo y Julieta.
Blaise, de normal poco serio, ahora sí lo estaba y amonestó a su pareja con la mirada. Draco sabía que no estaba en posición de mandar a volar a Theo con un comentario ácido, necesitaba la ayuda de ambos.
—Tu padre estuvo aquí, realmente le has tocado las pelotas.
Notó a Harry moverse a su lado, y Draco estiró una mano, agarrándolo de la cintura para atraerlo a él, la simple y pura verdad, era que no se fiaba completamente de él, y prefería tenerlo cerca.
—Se ha vuelto loco, completamente loco.—Reconoció Draco. Y por primera vez vio en los ojos de Theo algo de misericordia.
—Reconozco que tienes huevos, nunca hubiera pensado que renunciarías a todo por amor.
Draco sintió como todo el costado que sostenía a Harry comenzaba a quemar, para luego ser solo un cosquilleo agradable.
—¿Me dejarías tu casa de Portofino?—Draco había ido con la idea de la pequeña villa de Blaise en Italia.
—No sabía que fueras tan cobarde para tenerte que esconder en otro país.—La voz de alguien que de verdad no tenía ningunas ganas de enfrentar le puso tenso.
Pero no fue Draco quien reaccionó, Harry había empujado a Cedric contra la pared sin mover un solo dedo.
—Harry, no—le pidió, pero Cedric no había solo chocado contra la pared sino que sus pies no tocaban el suelo.
Blaise y Theo observaban la situación sin comprender qué estaba pasando exactamente, la imagen de un Harry tímido y apocado se había ido completamente.
—Tú debería callar tu sucia boca—le dijo el moreno a un Cedric asustado, sus labios se fueron fundiendo y sus ojos reflejaban puro pánico.
—Suéltalo.—Draco vio la varita de Theo alzada contra ellos, y supo que aquello se iba a complicar cada vez más y que había cometido un enorme error en ir hasta allí con Harry.
—Por favor, baja la varita—le pidió a Theo, pero sin mirarle a él, sino a Harry, tomó su rostro entre sus manos, sin poder disimular que le temblaban.
—Harry, suéltale.
—Es mezquino—dijo Harry como si aquello fuera todo lo que tuviera que decir.
—Sí, lo es, pero no puedes hacerle daño, él no es ninguna amenaza.
Harry lo miró, mostrando un profundo desprecio por un asustadísimo Cedric.
—Él te quiere para él.—Se quejó Harry.
—Pero yo te quiero a ti.—Un beso y Harry soltó a Cedric dejándolo caer de un sonoro golpe, sus labios no se despegaron.
—Draco, tienes que irte de aquí.—Blaise estaba mortalmente serio, sabía reconocer una amenaza aunque su vida fuera puro libertinaje.
Theo aún sostenía su varita, y Draco reconoció que su plan se desmoronaba entre sus dedos. Tomó a Harry, y salieron de allí, había sido una idea nefasta.
Draco los desapareció para llevarlos a Regent Park, siendo el lugar más cercano que se le ocurrió. En cuando sus pies tocaron tierra firme se separó de Harry.
—No puedes hacer eso, Harry, tienes que controlarlo o solo nos pondrás en grandes apuros.
Sí, estaba enfadado, y también asustado. Se paseó de un lado hacia otro pensando, tenía que volver con Severus.
—¿Harry?—Draco se dio la vuelta rápidamente, para ver a un joven rubio, enorme y desagradable que estaba mirando a Harry con sorpresa.
—Dudley—escuchó que Harry reconocía al joven rubio.
Lo que ocurrió a continuación fue todo demasiado rápido.
El humo negro de Harry se lanzó contra el otro, Draco no había visto que no estaba solo sino que lo que no podían ser más que otros dos muggles miraban de un modo despectivo a Harry.
Cayeron al suelo, inertes, ni siquiera en lo que duraba un pestañeo, y el inmenso joven era atacado por el humo estrangulando.
Trataba de hablar, pero por su garganta no salían más que quejidos ahogados.
—Harry, no—pidió, pero Harry estaba lejos de allí, lejos de él. Completamente violento y letal. Ese no era Cedric, no era alguien que Harry no conociera realmente.
Era evidente cuanto quería que sufriera, era obvio como estaba disfrutando haciéndolo.
Y también era evidente que Draco no tenía modo de pararlo, los hechizos que le lanzó fueron todos esquivados, pero en ningún momento le atacó a él.
Un mero espectador impotente en un parque a plena luz donde no eran los únicos. Un grupo de muggles estaba viendo algo que tenían completamente mostrar prohibido, la magia era un secreto y Harry estaba haciendo un alarde espeluznante.
Los aurores estarían allí en cuestión de segundos.
Pero antes de que aparecieran Harry había desparecido con el tal Dudley.
Y había dejado a Draco con dos muggles muertos, y sin saber donde demonios había ido.
Lo más lógico hubiera sido esperar a los aurores, no estaba hablando de entrar en un edificio histórico y destrozar su barreras, esto había sido asesinato y Draco un testigo directo.
Pero no estaba preparado para testificar contra Harry, no estaba preparado para afrontar lo que en realidad ocurría, y es que Harry nunca había estado bajo su control, no era domesticable y era una verdadera amenaza.
Y ahora andaba suelto.
La casa de la Hilandera estaba vacía, Severus y Remus habían recogido sus cosas abandonando el lugar. Draco comenzó a hiperventilar, aquello se había ido completamente de su control, había sido un estúpido al pensar ni siquiera que lo había tenido alguna vez.
Se quedó en la cocina de la casa, sin saber realmente qué hacer.
Su vida había sido programada, pero al menos era medianamente estable, ahora había saltado por los aires.
Como en reproducción vio las secuencias que marcaban los cambios, y como había sido él el que los había detonado.
Si no hubiera aparecido en casa de Severus, no hubiera conocido a Harry; si no le hubiera conocido y se hubiera enamorado estúpidamente no se hubiera atrevido a dar el paso que tanto quería, su padre no le hubiera buscado; y no hubiera provocado todo ese caos. No hubiera hecho que Harry cambiara, ni que hubiera matado a dos muggles, y quizás a un tercero.
No hubiera hecho huir a Severus y a Remus.
Por primera vez, se vio como el culpable de algo. El peso de la responsabilidad cayó sobre sus hombros.
Se levantó y se dirigió hacia la chimenea.
Con una última mirada hacia atrás, ese lugar se veía mucho más triste y desolado de lo que lo había sido antes.
Tomó un puñado de polvos flu que aún estaban sobre la repisa de la chimenea y se metió dentro.
Ojalá nunca hubiera provocado todo eso, pensó antes de arrojar los polvos y activar la red flu.
—Malfoy Manor.—Draco desapareció entre las llamas verdes, volviendo a casa con el rabo entre las patas.
¿Alguien dudaba que Harry fuera a encontrar a los Dursley?
Hasta la semana que viene.
Besos.
Shimi.
