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"Naomasa-san. ¿Estás seguro que lo mejor es iniciar una reunión con el jefe del departamento general de seguridad nacional?".
"Pregunté a un detective de otra prefectura cuando fui a ver el caso de robo en gasolineras. Me dijo que lo mejor es incluir a un superior, sobre todo si vas a cooperar más adelante como asesor, en lugar de mero informante. Un contrato en algún momento ". Naomasa-san caminaba por delante con largos trancos, apenas dejando que el ojiverde lo alcanzara a pesar de ir casi corriendo.
Izuku sospechó tratar de sacar la ansiedad apretando la manilla del maletín que sostenía con su mano. Dentro, había un compilado de análisis peculiar de los ocho villanos, lo que consistía en anotaciones sobre usos, límites, sugerencias de captura que incluían héroes y puntos vulnerables para sus siguientes delitos.
A pesar del trabajo detallado, no estaba seguro de que valiera para algo. Sentía el collarín de la camisa apretando la garganta y las palmas le sudaban.
"¿Y si no funciona? ¿Si no lo convence mi trabajo?". Dijo viendo la espalda tiesa de Naomasa.
"En ese caso, quizás debamos buscar otras opciones".
Izuku no sabia si enojarse o sentirse apreciado, porque el policía pensaba llega a su trabajo para construir un futuro a Kurogiri ya él. Sintiendo la convicción del alcalde, Izuku se prometió darlo todo para obtener la aprobación del jefe de policías.
Cuadró los hombros y siguió a Naomasa hasta la oficina.
El adulto respiró hondo y golpeó la puerta entreabierta. "Buen día, jefe Kudai. Tenemos una cita".
"Buen día, policía Tsukauchi. Lamento decirle que la cita debe ser breve. Tengo un caso de prioridad y necesito ir a recibir el informe directo de los agentes que llevan el caso".
"De ser así. Jefe Kudai, le informó a Izuku. Es el caso que quiero ingresar a protección de testigos".
Al escuchar a Naomasa decir eso, al menor se le apretó la garganta, porque el ceño de Kudai-san se apretó en molestia.
"Ese no es el procedimiento regular, Tsukauchi-san. Y más curioso es que pesar de su famosa peculiaridad 'verdad', me presentó al invitado, un testigo, como asesor en su llamada telefónica. ¿Es esto una broma?".
Izuku al ver como Naomasa tragaba, hizo un salto de fe tomando el control de la conversación.
"Si me permite, Kudai-san, que exponga mi caso de manera resumida. Recuerdos que tiene que salir pronto".
"Adelante". Dijo de mala gana.
Izuku abrió el maletín sacando dos dossier. "Tengo problemas con mi pasado y me encontré con Tsukauchi-san, que me sugirió la posibilidad de ... cambiar mi identidad, si era útil como informante". Entregó los papeles, dejando que el capitán revise a su gusto. "Entiendo que no es una conducta dentro de los protocolos, pero es indispensable que entre en protección a los testigos". Esperó a que revisara la mitad para hablar de los documentos. "Yo soy peculiar. Y como resultado, dedicó mi tiempo a la observación y análisis de peculiaridad. Puedo hacer un balance de ventajas y desventajas, limitaciones y formas de maximizar el efecto tras cinco minutos de verlo. Creo que puede ser una buena forma para contribuir a la policía ".
El jefe de policías murmuró de manera indescifrable con cada hoja que movía. "¿Tsukauchi-san, todo esto lo hizo el joven?"
"Sí, señor"
"Hum. Debo admitir que es bueno. Detallado y explicado con buen ritmo. Si fueras un adulto buscando empleo, te contrato como asesor. No obstante, eres un niño del cual no sé nada. Obviamente tiene un pasado lo suficientemente conflictivo, como para que un policía quiera ayudarte colocándote bajo el radar. Pero esto es inaceptable. Para eso existen 'servicios sociales', ayuda familiar y esas cosas ". Juntó las hojas y los devolvió a Izuku. "Si eres un chico listo, seguirás los conductos regulares, porque están ahí para ayudarte. Si por el contrario realmente eres un testigo de un caso, dame los antecedentes para revisar la situación. Que tengan buen día". Sin más, se retiró de la oficina, dejando dos figuras de piedra.
Izuku apretó los papeles, sintiendo el estómago revuelto. ¿Qué puede hacer ahora?
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Tras volver del departamento de policías, Naomasa fue puesto en un régimen de trabajo alto. Negándose a creer que tuvieron una forma de castigo de parte del jefe policías, el hombre de veintipocos emprendió el reto con una sonrisa y ánimos envidiables.
"Es bueno para mi, después de todo, busco convertirme en detective". Dijo mirando a Izuku, que toma una taza de té junto a Kurogiri su café cortado. "Que me digas que algún día lo lograré me dan más ganas de alcanzar mi meta".
Izuku devolvió el gesto con una pequeña sonrisa, que daba más tristeza que alegría, algo que Naomasa no podría cambiar.
El policía colocó sobre su cabeza la gorra azul y se despidió deprisa.
Izuku no podría culparlo. Después de salir de la reunión hace cuatro días había estado de un humor negro. Sus planes debieron ser reestructurados, dejando a Naomasa con mayor carga como su próximo representante legal; siendo la falta de libertad lo que más molestaba al ojiverde.
Sin educación formal acreditada, seguro social ni identificación, crear un futuro dentro de los límites legales, se hizo virtualmente imposible. Y se negaba a participar dentro del mundo criminal. Si bien no se convertiría en un héroe profesional, no participaría en actos de villano.
Con ayuda de Kurogiri, Izuku fue capaz de encontrar toda la información posible sobre la administración de una cafetería.
Revisa las finanzas necesarias para mantener el negocio los primeros cuatro meses y los comparó con el dinero que su madre había pedido en préstamo. Contabilizó el arriendo del local, los muebles, implementos y trabajadores, que en principio, Kurogiri-kun y él mismo. El dinero alcanzaba justo y la cita para hacerse con el local estaba fijada por tres días más.
Por eso Izuku se dedica a planificar para que Naomasa pudiese hacerse cargo de todo sin contratiempos. Siendo Kurogiri su compañero de negocios.
"¿Qué te parece Kurogiri-san? Los colores en tono madera hacen del ambiente relajado y agradable".
"Me gustan más los rojos oscuros y amarillos. Dan energía. La barra también me gusta más que las mesas. Así puedes trabajar sin moverte tanto".
Izuku sospechó molesto. "Se supone que las mesas dan más propinas. Entre más tengas mejor serán los ingresos".
"Y más desordenado". Mostró el dibujo de las mesas en el cual trabajaban. "Además, hay más probabilidad de accidentes".
El viajero del tiempo se agarró los cabellos frustrado. "Por eso dije que cambiáramos las mesas simples del muro por cubículos semicerrados. Eso es más privacidad para las citas y mejora el paso de los meseros".
Opuesto a su compañero nervioso, el adolescente neblinoso revisó las propuestas de menú con calma.
"Me gustan estas sugerencias de pasteles". Pastel de queso, tortas de yogur y panqueques, tartaletas, kuchen, magdalenas, masas rellenas y galletas, incluso sándwiches y ensaladas. "Lo que no entiendo es la parte de comidas calientes y frías alimentos para el almuerzo. Vas a abrir una cafetería, no un restaurante".
Los ojos verdes se iluminan con una expresión de amor y ternura al momento de tomar el menú.
"Quiero que la gente venga porque damos alimentos, no solo golosinas". Con el dedo índice repaso una de las palabras escritas: Katsudon. "Este es mi plato favorito, que mamá siempre cocinaba para darme ánimos o celebrar algo importante". Levantó la vista para mirar a los amarillos ojos de Kurogiri. "Quiero que ese sentimiento llegue a las ventas. Que puedan llegar aquí a pasar un buen rato, celebrar cosas, reír sin preocupaciones". Olvidando su última desilusión, le dio a su compañero de negocios una brillante sonrisa, capaz de ruborizar hasta una fría piedra. "¿No quieres algo así, Kurogiri-kun?".
El ojiamarillo agradeció en ese momento que su piel se volviera negra como el alquitrán, porque estaba seguro que de lo contrario, estaría rojo como una remolacha. "Hum. Suena encantador". Volvió su atención a los papeles en la mesa. "Creo que tenemos todo lo administrativo cubierto". Golpeó con el bolígrafo una hoja en blanco. "Sólo faltaría el nombre".
"No se me ocurre nada". Se recostó sobre la mesa, aplastando algunas hojas de trabajo. "Soy malo con los nombres. ¿Qué hay de ti?".
"Igual". Dejó el lápiz para abrir la portátil. "Me dices que quieres dar una sensación cálida y de bienvenida. ¿Cómo llamarías a esa idea?".
Curioso, Izuku trato de pensar. "Quiero que se sientan a gusto. Que quieran volver". Miró a Kurogiri teclear los botones.
"¿Algo más? ¿Algo que te guste? ¿Qué quieres representar?"
"¿Oh?". Se declinó en la silla. "Me gustan los héroes, pero los pro héroes están sobrevalorados. No. Perdieron su esencia, el significado". Se frotó la piel de sus mejillas, enrojeciéndose niveladamente el contorno de sus pecas, dando un aire inocente a su expresión triste, que ambos jóvenes ignoraron cada uno pendiente de sus pensamientos. "Todo es tan diferente a antes cuando era un niño y las cosas eran blanco y negro, bueno o malo. ¿Qué tipo de gente entrará en la cafetería? Todos necesitan comer, incluso los villanos".
"¿Quieres servir café a los villanos?".
"No. Pero sí a la gente como tú". Kurogiri dejó la pantalla para ver la expresión decidida del pecoso. "Para muchos eres un villano, por el quirk que tienes. ¿Recuerdas si habías podido entrar a una tienda antes?".
"Cuando vagué por las calles, nadie me dejaba quedarme en ninguna parte por miedo a mi apariencia. No me dieron la oportunidad de explicar mi situación". Tragó con dificultad por la apretada garganta. "Si hubiera recibido un trozo de pan en ese momento, habría llorado como un bebé". En eso siente algo cálido que lo envuelve. Anonadado se da cuenta que era Izuku que lo estaba abrazando con fuerza.
El emotivo chico recibió los sentimientos de miedo y desolación de Kurogiri para soportarlos entre sus brazos, cambiándolos por aceptación y cariño.
Por las mejillas de niebla cayeron gotas de agua salada, sorprendiendo al usualmente tranquilo adolescente. ¿Cuando fue la última vez que se sintió querido? ¿Que alguien lo sostuvo para consolarlo? El dolor de cabeza que surgió cada vez que intentaba recordar volvió como siempre. Y no obstante, instintivamente sabía que había sido un largo tiempo desde que recibió el calor de otro humano. Izuku era especial por eso. Desde que llegó a su vida la luz calentaba su oscura piel. Y a pesar de que a veces creía ser menos humano conforme pasaban los días, el ojiverde lo anclaba.
Emocionado, devolvió el gesto cuidando de no atravesar el cuerpo del otro y activar si quirk descuidadamente enviándolo lejos. En ese momento se juró ayudar a Izuku en todo lo que necesitara.
Pasa un tiempo antes de separarse, percibiendo en el aire un cambio en su relación a algo más cercano.
Buscando quitar el aire de ligera incomodidad, Kurogiri volvió a teclear en la computadora. "Me parece que, este es el mejor nombre para la cafetería". Muestra la pantalla con el traductor del buscador, con dos palabras escritas. "Si las pronuncias juntas suena Duaokazo".
"Dua-okazo, duao-kazo. Duaokazo. ¡Me gusta!".
Ambos se rieron felices de su nueva cafetería. Hasta que escucharon ruidos en el pasillo.
"¿Naomasa-san vuelve temprano hoy? Lleva un par de días sin regresar"
"Tsukauchi-san avisó que llegaba tarde. El caso de asesinatos seriales de parejas tiene a toda la policía y prohero alertas".
"La prensa lo llama 'psicópata de Musutafu'. Lleva 6 crímenes en dos meses. Que horrible".
La llaves entran en la cerradura alertando al par del arribo del dueño del departamento. El hombre apareció jadeando y con sudor en la frente; su uniforme desarreglado y el rostro con una barba incipiente, enmarcaban una expresión desencajada.
"Izuku-kun, ven conmigo. El jefe quiere verte en la comisaría".
Continuará...
