N.A: lamento la demora u.u

aquí algo para continuar con la historia. Nos leemos pronto

.


Capítulo 18: ... Ganancia de pescadores

El ambiente relajado y el intenso olor a café trajo buenos sentimientos a la mujer mayor, pese al nudo de ansiedad que sentía en el pecho. Ese día el joven Izuku-kun traería al niño Shimura y Chiyo temía la situación psicológica por la que el jovencito estaba pasando. Después de todo, mató a su propio padre en un accidente y fue repudiado por su familia, a la tierna edad de cuatro años.

Ensimismada con esos pensamientos bebe de su taza de té chai, casi escupiendo el líquido por el inesperado saludo de cierto héroe rubio.

"¡Recovery girl! Es bueno verte de nuevo".

"Yagi-kun, quisiera decir lo mismo". Dice, recogiendo servilletas para limpiar las manchas de té en la mesa y en la comisura de la boca.

El rubio toca su nuca con expresión culpable antes de sentarse frente a la veterana enfermera. "Siento haberte sorprendido".

Chiyo responde con un resplandor severo en sus brillantes ojos detrás de los lentes, el cual fue ignorado por Toshinori que estaba llamándola atención del mesero neblinoso.

"Debo decir que este lugar me gustó. Es tranquilo y tiene buen servicio. ¡Gracias por invitarme a conocerlo, Chiyo-san!".

Como respuesta no verbal Chiyo continúa su resplandor, con un aumento de hostilidad de varios niveles, por encima de su elegante taza. Tal vez ella estaba cuestionado si fue tan buena idea llevar al rubio héroe a su cafetería favorita.

"Bienvenido a Duaokazo. ¿Tiene algún pedido en mente o prefiere la carta?".

"Me gustaría un expreso americano acompañado con una tartaleta de frutos rojos". Tras ver asentir al joven que se retira al mesón, Toshinori comienza una conversación unilateral con su compañera heroína.

"...estaba yo luchando contra esa viga de acero que arrojó el villano y escucho el jadeo de una civil atrapada en los escombros. Apreto los dientes y me liberó de la viga, salto frente al muro de concreto y con una mano levanto el muro. ¡La civil me miró con tal felicidad!. Cuando termino de apresar al villano y lo dejo en el retén, ella me hace señas desde la ambulancia ¡Quería un autógrafo!". Se ríe entusiasmado dando algunos manotazos en la mesa. Chiyo por su parte bufa molesta por el ruido innecesario. "Ah~, ese es el deber de un proheroe, estar siempre dispuesto cuando lo necesiten. Por ello la ciudadanía necesita de Al Might como símbolo de la paz".

"Toshinori-kun, nunca vas a cambiar". Murmura Chiyo tras su taza ahora vacía, siendo ignorada por el hombre alto de dorada cabellera, demasiado envuelto en su nube de ideales y sueños.

"Los proheroes no son omnipresentes, señor Yagi-san". Con una leve exaltación por la llegada abrupta del Kurogiri, Toshinori casi empuja la bandeja con su pedido. "Jamás van a estar para todos los que les necesitan. Y el continuar contando esa fábula, hará que las personas a las que no lleguen para ayudar, les guarden rencor. Espero disfrute de la comida, señor. Chiyo-san, traje un pequeño regalo por parte de la casa, espero lo disfrute". Kurogiri, realizando una breve reverencia, se retira sin esperar alargar la charla.

Por otro lado, Toshinori vio aturdido la espalda del camarero que se iba. Pocas veces se había topado con alguien que no aprobara al 'símbolo de la paz'. Trató de ver en Chiyo-san una explicación y quizás, encontrar apoyo, pero la veterana enfermera no hizo contacto visual muy contenta con las galletas gratuitas que Yamashita-kun trajo como atención especial para ella.

Evidente hasta para un ciego era que, Yamashita Kurogiri no apreciaba a los prohéroes y que sólo su ética profesional evitaba sacar a Toshinori a la calle.

'Quizás no debí invitar a All Might a esta cafetería'.

Estaba nervioso. Apenas salió de la oficina con el permiso de la tarde libre sus manís comenzaron a sudar. ¡Iba a hacerse cargo de otro niño! Y con casi quince años.

En otra vida quizás habría gritado 'locura'. Ahora, no cabía en sí para ayudar al joven Tenko. Evitar que sufriera una vida de abuso y desamor, convirtiendo al dulce niño en un adulto rencoroso con un quirk propenso a ser mal usado.

Y sin embargo, la inquietud competía con los sentimientos positivos, porque ¿quien era Izuku? Un adolescente promedio, sin quirk y luchando por ganarse un lugar en la vida.

"Sin padres, carente de experiencia parental, con un horario de oficina que no permite cuidar a un niño. ¿Debería dejarlo en una guardería? ¿Es una buena idea? Y al necesitar educación escolar ¿Debo llevarlo a una escuela? Con el quirk que tiene, puede ser intimidado. Pero una educación en casa siendo el único niño, puede ser nefasto para el desarrollo de habilidades sociales. Entonces, en la secundaria deberá tener un base en defensa personal para no lesionarse si alguien lo intimida …"

"Zuku-chan, éstas murmurando".

El peliverde abre los ojos confundido por segundos, hasta que reconoce la presencia de Kurochan y su leve amonestación. "Lo siento. Pero estoy ansioso".

El gato cibernético asiente con comprensión.

Había decidido acompañar al joven asesor a buscar al nuevo habitante del departamento, por lo que se comportaba como un gato común desde que lo recogió fuera de la oficina. No estaba demás ser precavidos si la mafia aún está detrás del felino.

Por suerte, la calle estaba vacía de peatones al ser por la tarde, hora laboral, permitiendo que puedan relajar un poco la pantalla de civiles normales.

"Si dices que el niño confió en ti en un momento tan estresante, tienes la mitad de la batalla ganada, Zuku-chan. Lo que me preocupa es su habilidad de desintegración. ¿Éstas seguro de poder manejarla? No tengo que recordaré que no tienes una particularidad, que por muy simple, la menos te daría algo con lo que enfrentar un berrinche si el niño se pone violento".

"Mientras tenga la mano parcialmente cubierta, su quirk no será un problema. Es un poco como tu misil en la punta de la cola. Es letal, pero mientras tengas cuidado con NO activarlo, estamos bien". Al menos el gato malhumorado se vio avergonzado por sus malas acciones pasadas y sus armas escondidas. Continuaron su camino junto al muro hasta encontrarse con un portón enrejado. "Llegamos".

La casa hogar estaba ubicada en casona era grande de tres pisos y techo de tejas, de estilo occidental.

"Pulsa el botón del comunicador". Indica Kurochan el aparato pegado al muro.

Izuku se acerca y pulsa el botón blanco esperando por la llamada del portero.

"Buen día, ¿que se le ofrece?". Oye la voz distorsionada.

"S-soy Yamashita Izuku. Vengo para recoger a un niño, Shimura Tenko-kun".

"Adelante". El fuerte ruido de la apertura electrónica de la chapa resuena en el espacio vacío, dejando abierta la entrada para ambos visitantes.

Tanto Izuku como Kurochan comparten una mirada aprensiva antes de entrar.

"Kurochan, cuidate de que algún niño te vaya a jalar la cola". Dijo con una sonrisa burlona el humano del grupo, dando paso al felino por la reja abierta.

Mismo animal que se erizó al percatarse de ese detalle. Lástima que estaban cerca de un grupo de niños impidiendo que el cybercat respondiera con su habitual desparpajo.

De camino al edificio Izuku pudo notar a la distancia diferentes quirk de tipo mutante en los niños huérfanos; así como otros que manifestaban algún control elemental débil. ¡Cómo le gustaría sacar su libreta y anotar todos los quirk interesantes! Pero está ahí por un motivo más importante que estudiar peculiaridades. Por lo que contra su usual estado de ser, se concentró en cómo abordar al encargado de la casa hogar.

Al menos no estaría totalmente solo en la desconocida situación de la adopción de un niño. Tomó valor de la presencia del neko negro y juntos caminaron por el camino empedrado hasta el frontis con puertas sin seguro del edificio.

Pasaron junto al portero que les indica el camino a la oficina del encargado, dejándolos llegar sin más ayuda.

"Este lugar está algo sucio". Dice Kurochan tras olfatear el suelo. "Me llega a dar asco caminar por aquí. ¡Llegando a casa, meto mi piel de peluche a lavar!".

"Silencio, Kurochan. ¿Qué pasaría si te escuchan hablar?"

"Respondes que estas practicando para ventrílocuo".

Izuku suspira sin comprometerse con la idea. Deteniendo su andar ante la puerta del director.

"Es hora". Toca la madera para anunciarse, abriendo la puerta tras esperar unos segundos.

Dentro los recibe un hombre alto de hombros anchos y edad avanzada, sentado tras su escritorio.

"¿Eres tu Yamashita-san?"

"Así es, señor". Izuku da una de sus sonrisas más brillantes para ablandar al hombre, mientras entrega los papeles dados por la abogada de familia, Asui-san.

Pero la parecer, sus encantos no surten efecto en el director de la casa hogar. "Esto es una broma. Eres un crío. No estás capacitado para cuidar a un niño. ¿Qué edad tienes? ¿17?".

Con la sonrisa estampada en la cara Izuku fuerza una respuesta cortés. "Tengo catorce, señor".

"¡Inaudito! Quién sea del departamento jurídico que te otorgara el permiso, es un idiota. Me niego a dejar que te lleves al joven Shimura".

"Señor, si ve el folder puede comprobar que todo está en orden y es legal".

El director se levanta molesto. "Me importa un cacahuete lo legal que sea. Es obvio que el juez es negligente si quiere dejar a un infante en manos de un niño. Sobretodo a un infante peligroso y que necesita una mano firme para guiarlo por el buen camino. Aunque me parece que no tiene mucho arreglo, con ese quirk que posee. Su futuro es ser encerrado en el Tártaro, niño asqueroso-o".

Se detiene en seco ante el fuerte manotazo que Izuku hace sobre el escritorio. Pese a la sonrisa amable en el rostro pecoso, el ambiente se volvió frío y tenso, opresivo. "Señor. Como dice este folder, tengo la edad legal requerida para ser considerado adulto, por mi estado quirkless. Poseo un trabajo en la policía metropolitana como asesor y soy dueño de una cafetería. También tengo a mi cargo a mi hermano con un quirk considerado complicado, sin inconvenientes. Todo es legal y puedo traer al jefe de policía Kudai-san para corroborarlo. Si aún así insiste en negar mi derecho y deber con el joven Shimura, entonces me voy. Pero esté por seguro que la siguiente visita que tenga será mi abogado de familia, del clan de abogados Asui; y como además lo acusaré de discriminación quirkless, al no admitir la ley de emancipación, puedo pedir un respaldo legal de la fiscalía, llamando al fiscal Horitsu-san, un conocido proquirkless". Con soltura cambia su postura por otra algo más amenazante: hombros atrás, cabeza en alto y mirada altiva. "Y me parece, que a estos cargos, debo hacer una demanda por negligencia y falta de cuidado a esta institución; de camino hasta aquí, noté una falta de adultos en el patio que cuide de los niños, ¿y sabe que algunos tiene quirks elementales? Por ley, ellos debe tener un cuidador pendiente de posibles accidentes. Si a eso incluimos la escasez de personal dentro del edificio, carencia de higiene y quien sabe que otra cosa pueden encontrar en una investigación sumaria, pueden llegar a clausurar esta casa hogar. Con consecuencias nefastas para los trabajadores. ¡Tal vez, manchar papeles con cargos criminales! Después de todo, el bienestar de los niños huérfanos es algo que la ciudadanía puede llegar a empatizar si esto se hace mediático, hasta pedir cárcel a los malos administradores".

Kurochan miraba entretenido desde el marco de la puerta, notando cómo la cara del director perdía color con cada nueva acusación que hacía Zuku-chan.

"N-no es necesario llegar a eso, Yamashita-san. Firmo la autorización de adopción y puede ir a buscar al joven Shimura". Saca su pluma fuente para escribir su nombre y firmar los tres papeles necesarios para el trámite, agregando un sello institucional que valida los documentos.

Izuku revisa todo antes de asentir conforme, entregando uno de los papeles al director para que sea archivado. Sin dejar de sonreír guarda los demás.. "Entonces. ¿Dónde tengo que ir para encontrara a Tenko-kun?".

"Por aquí. Yo lo escolto, Yamashita-san".

Kurochan debe darle crédito a Izuku, porque intimidó tan bien la hombre que, pese a ver a un gato negro en su oficina, no comentó la presencia del animal; primando en su mente sobrevivir al encuentro con el enfurecido adolescente.

En silencio, sigue a los dos humanos por pasillos estériles y escaleras de madera hasta el tercer piso, parando frente a una puerta solitaria.

Por fortuna, no era la que daba al desván o la ira del ojiverde traumatizaría de por vida al director de la casa hogar. El cual saca de su bolsillo una llave que usa para quitar el pestillo de la puerta. Algo que inquieta a Kurochan ¿quien cierra la puerta de un niño así?. Porque, el seguro no estaba por dentro, notó el cybercat dado el modelo de la cerradura.

Otro punto en contra del director era la habitación desnuda. Austera. Con una cama y una cómoda cuya superficie mostraba rastros de polvo.

Todo aquello agregando un aire deprimente a la solitaria figura sentada en la cama, que abrazaba sus rodillas contra su cuerpo con fuerza, sin levantar la cabeza. Sus manos mal cubiertas con papel higiénico.

Izuku dio una mirada que espanta al director, dejando a un adolescente, un niño asustado y a un neko negro dentro de la silenciosa habitación.

El ojiverde se acerca con cuidado para no asustar al niño conteniendo la respiración. "Tenko-chan. Soy yo, Izuku. He venido a buscarte". El pequeño apenas reaccionó al tono dulce. Izuku se acercó hasta llegar a la cama y sentarse en el suelo, mirando al niño desde abajo. "Tenko-chan".

"Déjame aquí. Nadie me quiere". Dice el pequeño con voz ahogada, sin cambiar de posición. "Soy malo".

Se nota al oír la carraspera en si voz infantil que a llorado por mucho tiempo. Kurochan quiere acercarse para consolar al niño, pero primero debe darle tiempo a Zuku-chan para traspasar las barreras del lastimado Tenko. El rastro de un aroma capta el interés de su nariz apartando su atención de la conversación.

"¿Malo? ¿Quien dice eso?".

"Todos". Susurra. "Mi mamá lo dijo, mis abuelos y Hina-oneesan que lloraba cuando la abracé. Hago mal". Kurochan da un salto en la cama para rastrear mejor el arima. El olor a sal es pesado en el aire, aunque no tanto como el conocido olor ferroso del cual el neko negro quiere hallar la fuente. Cerca del niño Shimura. "Todos aquí me odian. Mis manos están mal; rompen lo que tocan. Por eso soy malo". Apretó su cabeza en sus rodillas, escondiéndose. "Dicen que soy vill~llan-no porque maté a mi papá y soy malo. Que iré a la cárcel y debo morir". Sus manos pequeñas aferran la tela del pantalón dejando manchas rojas que no pasan desapercibidas. "Los niños dijeron que ni un héroe vendrá a salvarme".

Para sorpresa del menor, fue abruptamente abrazado por Izuku.

"No. Nunca digas eso. No. No eres un villano. Fue un accidente. Tú, más que nadie, merece ser salvado y tener una vida. Ser feliz y reír".

Los ojos rojos se llenan de lágrimas. "Soy malo porque quise hacer daño. ¡Papá gritaba y daba miedo! SOY MALO. Debo ir a la cárcel donde van los malos ¡VETE!". Tenko lucha contra el abrazo tratando de soltarse del peliverde soltando poco a poco las improvisadas vendas de las manos y que pese a todo, el peliverde no suelta su agarre.

Izuku no supo cómo responder. ¿Qué puede decir?. Entonces recordó a su madre el día que supo que era quirkless y ella sólo lloró en su hombro. ¿Qué haces cuando una situación te sobrepasa de tal modo? Tenko-kun necesita ayuda especializada, algo que Izuku no puede darle por sí mismo.

Cambia de posición para sentarse detrás de la espalda de Tenko, recostando la espalda del angustiado niño en su pecho. "¿Quieres seguir… haciendo daño? ¿Herir a otros? ¿a mi?".

"¡NO! Lo del perrito fue un accidente. No quería hacer daño a Hina-oneechan. ¡No quería! Lo siento. Soy malo".

Kurochan en tanto miraba en silencio al par de humanos, sin comprender mucho de lo dicho entre ambos.. ¿Qué demonios le hizo el chiquillo al perro? Nadie mencionó que había una víctima animal producto del descontrolado quirk. Y en cuanto a la tal Hina, supuso que Tenko se arrepentía del daño a su hermana mayor. Eso daba algo a lo que podía aferrarse. El niño Shimura no era malo pero las cartas de la vida fueron mal distribuidas en su caso.

Esperando no estar cometiendo un error, se acerca ronroneando al par, llamado la atención con su cola.

"Mira Tenko-chan. No vine solo a buscarte. Kurochan me acompaña porque no quería perderse la oportunidad de verte".

El niño miraba al gato negro con ojos imposiblemente grandes y redondos, enrojecidos e hinchados por las lágrimas. Con lentitud alza una mano mal envuelta con papel sanitario, que baja con igual lentitud. "Manos malas". Mira triste sus propios dedos. Hasta que son envueltos por los dedos de Izuku.

Para completo asombro del niño, la cálida mano del adolescente toma por completo el pequeño apéndice, quitando el arrugado papel dejando en evidencia una serie de marcas sangrientas: rasguños y mordidas autoinflingidas; moretones, falta de una uña y cortes. Kurochan al ver las lesiones frunce el ceño molesto.

"No son malas. Nunca lo serán. Son tuyas. Únicas". Con cuidado, Izuku lleva el dorso de la mano a su propia mejilla pecosa. "Tu quirk es tuyo. Especial. Vas a controlarlo y sólo usarlo cuando quieras". Deja que la palma y los dedos de Tenko toquen su piel, interponiendo siempre un dedo o dos entre la mano y su cara, evitando que el quirk de descomposición se manifestara. "¿Quieres hacerme daño?". El menor agita su cabeza en negación sin hablar, fascinado por poder tocar a Izuku pese a todo lo ocurrido con sus manos. "¿Ves?, no eres malo. Vamos a hablar de esto más adelante. Ahora nos vamos de aquí". Deja la mano pequeña en el regazo de Tenko para envolverla otra vez con el papel sanitario. Ignorando la mirada molesta que el felino estaba dirigiendo a su persona. Dejar que un niño con un quirk tan peligroso tocara su cara, fue algo temerario.

"¿Con mamá y Hina-oneechan?"

"No. Ellas necesitan un tiempo para pensar. Vienes conmigo y con Kurochan por unos días, Tenko-chan".

El niño de cabello blanco se dejó cargar por Izuku sin quejarse y los tres se fueron de la vacía habitación, sin siquiera recoger la poca ropa que dejó la familia Shimura para el niño.

Al salir de la casa hogar la noche estaba cubriendo poco a poco con su oscuro manto la ciudad de Tokyo. El atardecer luchaba por mantener la luminosidad, perdiendo estrepitosamente con el ciclo de tiempo. ¿Cuantas horas perdieron en la casa hogar? ¿Tres, cuatro?.

Kurochan nota que Tenko se quedó dormido en brazos del adolescente pecoso, por lo que se permite hablar. "Zuku-chan, hablaremos de actitudes desinteresadas altamente perjudiciales al llegar a casa".

"Está bien, Kurochan". Responde derrotado. "Oniisan me va a matar cuando se entere".

"Y Chiyo-san, Naomasa-san, Reiko-san, Sato-san, Kasuya-san…"

"¡Ya entendí!". Dice evitando subir mucho la voz para no despertar a Tenko-chan. Saca su móvil para llamar a un taxi. Y de paso, avisar a su hermano mayor que estaban de camino a casa.

En lo que esperan su transporte fuera del muro de la casa hogar, el gato cyborg hace una pregunta que ronda por su cabeza.

"La casa hogar está mal gestionada ¿vas a presentar una denuncia?"

Los labios de Izuku forman ese gesto amable que lejos está de ser reconfortante. "No es acaso mi deber como ciudadano, el de reportar cosas que están mal en el sistema". Con cuidado toma una de las pequeñas manos heridas mal envuelta en papel. "Y si lo hago por medio de la fiscalía dedicada a casos de corrupción, con un dato anónimo; no es que esté buscando venganza. Tan solo no tengo tiempo para investigar por mi cuenta".

Kurochan asiente percatándose del taxi que se acerca. "Si yo tengo el tiempo para revisar sus movimientos bancarios y correos electrónicos; es para dar a la investigación causa probable".

No se dijeron más hasta que el taxi los dejó en la entrada de su cafetería, que se encontraba cerrada. Situación que continuaría por un par de días más, hasta que las cosas se asienten en el hogar de los Yamashita.

Izuku lleva a Tenko, que se despertó por el movimiento, hasta su departamento seguido por Kurochan aun en su papel de civil, siendo recibidos por Naomasa-san y Kurogiri al abrir la puerta.

"¡Hola a todos! Este es Tenko-chan. Vivirá aquí con nosotros un tiempo". Die al entrar con el pequeño aferrado a su ropa.

Kurogiri se acerca al niño con sus rasgos completamente oscurecidos por su quirk; dejando sus ojos amarillos para señalar su cara; vestía una blanca camisa de manga larga, con un chaleco gris delgado encima y pantalones de tela café claro. Con su collarín metálico en el cuello.

"Bienvenido, Tenko-kun. Soy Yamashita Kurogiri, hermano mayor de Izuku. Espero que nos llevemos bien".

El niño de cabello blanquecino y ojos rojos saluda medio escondido desde el cuello de Izuku. "Hola".

El siguiente es el mayor de los hermanos Tsukauchi. "Soy Naomasa, vecino de Yamashita-kun. Si necesitas algo, estoy a dos puertas de distancia". Tenko asintió sin hablar. Sin molestarse por el callado niño, Naimasa presenta a su hermana. "Ella es Makoto, mi hermana menor".

"Es un placer, Tenko-chan". Dice la joven adolescente con una cálida sonrisa.

Pese a lo amable del recibimiento, Tenko estaba apretando sus manos con demasiada fuerza para comodidad de Izuku. Que, tratando de quitar la situación tensa, corre a la cocina. "¿Qué tal si hacemos algo para celebrar la llegada de Tenko-chan?". Deja al niño en el suelo y saca sartenes, ollas, harina, chocolate, vainilla, cebollines, pimientos y otros ingredientes.

Kurogiri abre sus amarillos ojos por la cantidad de comida. "¿Quieres matarnos, Izu-chan? No podemos comer todo eso".

"No es para el mismo plato. Vamos a hacer también el postre. ¿Tenko-chan, quieres ayudar con las galletas?

El niño miró asustado la mesa con ingredientes y sus manos lesionadas, a lo que Izuku se golpea mentalmente por olvidar el estado de las pequeñas manos.

"Kurogiri-oniisan, ¿Puedes ver lo de la cena? Voy a limpiar a Tenko-chan y enseñarle el departamento".

Kurigiri asiente colocándose el delantal para no manchar su ropa y Makoto se ofrece a colocar la mesa. Naomasa se acerca a Kurochan, sin quitar de su vista al par que se dirige a baño.

Una vez en el baño, izuku saca el botiquín de primeros auxilios, que en su caso es una caja enorme repleta de medicamentos, jeringas, vendas, antiséptico, alcohol, banditas, algodón, gel para quemaduras, mascarillas, agujas, pinzas y tijeras quirúrgicas. Todo organizado y debidamente etiquetado.

Con el tipo de familia y trabajo que tienen, es una obligación estar preparados para cualquier contingencia.

Izuku sienta a Tenko en una silla y se arrodilla para comenzar a tratar las heridas. No comenta ni pregunta cómo se lesionó o perdió la uña el pequeño; decidiéndose por hablar de su trabajo con la policía, el de su hermano en la cafetería; los tipos de galletas y pasteles que hacen, de los clientes, los demás trabajadores y amigos.

Cuando terminó su labor de enfermero, Tenko tenía dos manos envueltas en vendas blancas, con alguno que otro parche de piel a la vista y sus dedos desnudos.

"Con esto bastará hasta mañana. Que iremos a que te vea un doctor".

El pequeño apenas abre los labios para susurrar. "¿Podré hacer galletas?".

Izuku acaricia con ternura los cabellos blanqueados. "Por supuesto".

Se levanta y va a abrir la puerta que es alcanzado por Tenko, aferrado a sus pantalones. "¿Ellos me quieren? ¿No les doy miedo?".

Izuku levanta al niño cargando su peso en los brazos. "Ellos saben de tu poder y quieren conocerte".

Salen al pasillo e Izuku recuerda que debe hacer una gira al pequeño nuevo habitante de su hogar. "Déjame presentarte las otras habitaciones. Esta es de Kurogiri-oniisan. Le gusta el orden. Trata de no desordenar sus cosas. Esta es mía y tuya; vamos a compartir. ¿Ves? Ya hice espacio para tus cosas". Indica el armario, la cajonera y por sobre todo, la cama adicional. El espacio se hizo mucho más estrecho; el escritorio y el archivador debieron ser desterrados a la sala. Lastima por el trabajo del peliverde, Tenko merecía su propio lugar.

"Por último, esta es la habitación de Kurochan".

"¿Una mascota puede tener su habitación?"

"Er~". Eso dejó sin palabras al ojiverde. Se olvidó que para Tenko, el gato negro era sólo un gato negro. ¿Puede decirle un secreto a un niño de cinco años, y esperar que no diga nada? No, el niño se olvida de lo dicho o lo dice sin pensar. Y como ver todos los días a un gato parlante impide la primera opción, la segunda es una apuesta segura. "Mmm, Tenko-chan ¿sabes qué? Te voy a decir un secreto. Kurochan es un hada mágica". El niño contiene la respiración. "Puede hacer fuego, transformarse en una estatua de metal, volar, nadar y hablar. Puede saltar muy alto, sacar cosas de su estómago, jugar con la computadora y beber aceite de motor de automóvil. Y como necesita un lugar para dejar sus cosas mágicas, tiene su habitación". Para ese momento, los ojos de Tenko estaban que se salían de su pequeña cara, emocionados por el extraño cuento que inventaba Izuku. "Nadie puede saber eso o se lo llevarán lejos; incluso, pueden hacerle daño. Tienes que guardar el secreto. ¿Entiendes?". El peliblancos asiente. "Bien. Volvamos con los demás". Mucho más relajado, los lleva devuelta a la sala.

Con esa historia, si se le escapa a Tenko algo sobre Kurochan, el que lo oiga pensará que es un cuento infantil.

Ese momento de genialidad debe comprarles tiempo hasta que Tenko pueda realmente entender la dinámica de su extraña familia. Al menos unos cuantos años., espera.

Llegando a la sala se percata de nuevas adiciones al grupo.

"¡Hey, miniboss! ¿Me extrañaste?"

"Buena noche, Yamashita-kun. Traigo algunos papeles de la oficina. Espero que pueda revisarlos cuanto antes".

"Espero no ser una molestia, jefe".

Suspira casado antes de saludar a sus vecinos-amigos-secuaces. "Hola Kasuya-chan, Reiko-san, Sato-san. ¿Llegan para conocer a Tenko-chan?".

"¡Sí! Chibibossy, eres tan lindo". Kasuya se acerca para ver de cerca a Tenko. "Mi nombre es Kasuya, puedes llamarme oneesan".

"Ho-ola, Kasu-chan"

Izuku pudo haber jurado que los ojos de la adolescente mayor se convirtieron en dos estrellas, por la cantidad de luz que parecían irradiar ante el apodo.

Reiko-san, que no quiere quedar atrás en el nivel afectivo, empuja a la menor para acercarse al niño en brazos de Izuku.

"Yo soy Reiko. Puedes llamarme Reiko-chan. Y traje regalos". Con sus cuidadas manos indica una serie de bolsas de papel de tiendas caras.

Izuku se exalta ante el dinero que debió gastar. "¡Reiko-san! No era necesario".

"Tonterías. Tenko necesita ropa y zapatos". Dice sacando pantalones, playeras, abrigos y otras prendas. "Cómo no sabía su talla, compré ropa para niños de cuatro, cinco y seis años".

Fue entonces que Izuku nota una pila de bolsas en el recibidor. "Uhm, voy a llevar estos a nuestra habitación… Eh… mañana veré que le queda". Ir contra una mujer que va de compras es un imposible. Y ante lo imposible, nadie está obligado; piensa, resignado a la actitud maternal de la ex falsificadora.

Deja a Tenko en el suelo antes de dirigirse a ordenar las bolsas de ropa esperando que el grupo se comporte.

El niño recién llegado mira a todos con miedo en sus facciones hasta que Sato se acerca, incando una rodilla para quedar a la misma altura.

"Hey, campeón. Me contaron que tienes problemas con tu quirk". Del bolsillo de su chaqueta saca un par de guantes de ecocuero. El par tiene una abertura para la palma de la mano y deja libre hasta la segunda falange de los dedos. "Creo que esto puede ayudar".

Tenko alza los guantes embelesado. Eran negros con lineas rojas, con una correa para ajustar en la muñeca. Suaves y flexibles.

Con cuidado se los coloca, dejando que Sato ajuste la correa. Aun con las vendas, el material no se siente apretado. Eran perfectos.

Con cariño abraza el cuello del otrora ladrón, que aprovecha para alzarlo hasta sentarlo sobre sus hombros.

"Aw. Chibibossy tiene un favorito". Kasuya se cruza de brazos haciendo un puchero.

"Es inevitable. Sato-san fue más listo".

"Se equivocan. Izuku-sama me dijo que podía traer de regalo a Tenko-oujisama".

Ambas mujeres, con ánimos burlescos, hacen gestos de divertida ofensa. "¡Tramposo!".

El grupo comenzó a hacer bromas y reír de ellas, jugando con el pequeño niño que se divertía mirando desde lo alto.

Escena que era admirada por aquellos que estaban saliendo de la cocina en ese mismo momento con la cena preparada. Makoto traía tres botellas de jugo, Naomasa una bandeja con sopa; Kurochan, que terminó de jugar al gato común, caminaba en dos patas cargando dos botellas de sake, seguido de Kurogiri, que abrió un portal justo en medio de la mesa para aparecer la parrilla con carne y verduras asadas.

El ameno parloteo ahora se centró en buscar un lugar donde sentarse y pedir que acerquen tal o cual plato, más jugo o sake.

Ajeno al movimiento, Izuku los observado desde lejos cubierto entre las sombras del pasillo con los brazos cruzados; feliz al ver que Tenko-chan se estaba riendo aún en los hombros del hombre mayor, rodeado de los demás que jugaban a rogar al ex ladrón para que bajara al niño.

Muy parecido a lo que una vez sitió de niño con su madre: felicidad, calidez y paz. Un cariño que se convirtió en su mayor fortaleza.

Y pese a ello, recordó la sensación de quedar sobrepasado por la situación de Tenko. El niño tenía un trauma terrible que no sanaría con risas y juegos. Asesinó a su padre, después de todo. El peso de aquello aún no se ha asentado en la psique del menor. Sumado a un quirk tan peligroso. Izuku deberá estar atento a cualquier síntoma de ansiedad de parte de Tenko.

'Mañana tendremos que buscar un terapeuta'. Se dijo, descruzando los brazos y caminando a la cálida atmósfera familiar en la mesa abarrotada. 'Y quizás comprar una mesa más grande'.


Continuará...