One Piece es propiedad de Eiichiro Oda. Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling. Yo sólo poseo esta historia llena de clichés.
III. Callejón misterioso
1
Luego de que terminó el momento emotivo, la familia Potter pasó poco más de una hora escuchando las aventuras de Luffy en la jungla. Lily Potter sentía como su corazón saltaba cada vez que contaba como un cocodrilo casi lo había devorado, o como por poco y terminaba aplastado bajo las poderosas garras de un oso gigante de más de una tonelada de peso. Y, varias veces, fulminó a su marido con la mirada cuando este solamente se reía entre dientes de las aventuras potencialmente mortales de su hijo.
Ann, por su parte, encontraba muchas de esas historias exageradas y no dejaba de hacer preguntas de lo más insidiosas, las cuales parecían tener por objetivo descubrir sus mentiras.
Ace reía abiertamente de algunas de las cosas que Luffy había hecho, y lo regañaba cada vez que admitía como casi había terminado devorado o destrozado por las garras de algún animal. Recordaba con nostalgia eventos similares, y deseó poder haber estado allí, como si todavía fueran dos (tres) niños jugando a ser piratas mil años atrás.
Brook permaneció en silencio casi toda la conversación, limitándose a observar la interacción familiar mientras bebía su té.
Finalmente, cuando el reloj estaba a punto de dar las once, Lily Potter se puso de pie y llamó la atención de todos.
—Vamos, hay compras que hacer, podemos seguir con esto más tarde.
Así, la familia Potter, más Brook, abandonó la habitación privada y se pusieron en marcha hacia el callejón Diagon.
Los ojos de Luffy brillaron cuando vio a los ladrillos del muro detrás del Caldero Chorreante hacerse a un lado ante el toque de la varita mágica de James Potter. Algo que su familia pareció encontrar sumamente divertido. En especial cuando su entusiasmo no hizo más que crecer al ver los escaparates de las tiendas anunciando toda clase de objetos encantados, en particular las escobas voladoras.
(Ace rápidamente hizo una nota de no dejar a Luffy sin supervisión a menos de cien metros de distancia de una escoba. Tal vez incluso debería tratar de convencer a su padre que solicitara la escuela excluirlo por completo de las clases de vuelo.)
La primera orden del día, como es obvio, fue ir al banco. Por lo general, incluso con el callejón en su máxima capacidad, caminar desde la entrada del callejón hasta Gringotts no tomaba más de veinte o treinta minutos. Pero la familia Potter, dada su fama, no tardó en ser abordada por docenas de personas que deseaban estrechar la mano del Niño-que-vivió.
Luffy notó de inmediato como por un segundo una mueca de fastidio apareció en el rostro de Ace, antes de ser empujada a un lado y comenzar a saludar a sus fanáticos.
Ann, por otro lado, no hizo mucho para ocultar su enfado ante esa escena.
Por fortuna, la situación embarazosa concluyó cuando un hombre tan alto como el viejo Shirohige, aunque en apariencia menos fuerte, se acercó a la familia Potter, causando que la multitud se dispersara.
—¡Hagrid! —exclamó Ann emocionada ante la llegada del hombre enorme.
La sonrisa de Ace cambió de falsa a genuina en cuanto se dio cuenta.
—Es bueno verlos —dijo con voz amable—. ¿Están aquí para las compras de Hogwarts?
Sus ojos negros como escarabajos se posaron en Luffy.
—¡Gorgonas galopantes! ¡Pero si es el pequeño Harry! No te había visto desde que eras tan pequeño que cabías en la palma de mi mano.
Luffy lo estudió por un momento con sus ojos curiosos. Finalmente decidió que era confiable y lo saludó alzando la mano:
—Hola, soy Monkey D. Luffy, el Rey de los Piratas.
—¿Rey de los Piratas? —cuestionó Hagrid con sorpresa. Luego comenzó a reír ruidosamente—. Por Merlín, parece que la varita no ha estado muy lejos del árbol.
—Yohohoho, ese parece ser el caso —estuvo de acuerdo Brook—. Siendo sincero, no esperaba verte por aquí a esta altura del año.
—Bueno, tengo un recado importante en Gringotts. Asuntos del colegio.
—Entonces hay que movernos o se nos termina el día —indicó Lily.
El grupo emprendió el camino en dirección al banco, esta vez de forma mucho más rápida.
—¿Qué me dicen, niños, felices por ir a Hogwarts en septiembre? —preguntó Hagrid a Harry y Ace.
Ace simplemente se encogió de hombros, mientras que Luffy hizo una mueca.
—No me gusta la escuela —masculló Luffy con los labios torcidos.
—Oh, vamos, ¡es Hogwarts! —exclamó Ann—. Ojalá yo pudiera ir ya. Además, si no vas a la escuela, ¿Cómo aprenderás magia?
—¡Entrenando! —exclamó Luffy.
Lily Potter se detuvo de pronto, se agachó frente a Luffy y lo sostuvo por los hombros.
—¿Alguna vez has ido a la escuela? —preguntó suavemente.
—No.
—¿Nunca? —cuestionó Ann sorprendida. Cuando Luffy asintió, agregó—: ¿No sabes leer y escribir?
—¡Por supuesto que sé!
—Pero, si no fuiste a la escuela, ¿cómo aprendiste?
—Me enseñó el abuelo —respondió como si fuera lo más obvio del mundo.
Ace sintió un escalofrío, sabiendo bien a qué abuelo se refería Luffy. Por un momento pudo imaginarlo: un hombre tan alto como Brook, pero mucho más robusto, sonriendo mientras mostraba su puño, y pudo escuchar su voz claramente:
—Para ser buenos marines no basta con tener músculos. ¿Cómo llenarán los informes si no saben leer ni escribir?
—Como si tú llenaras tus propios informes.
Ace cayó al suelo sobándose el enorme chichón que el abuelo le causó al golpearlo.
—Respeta a tu abuelo.
Sacudió la cabeza para volver a la actualidad, al tiempo que sentía un pinchazo de nostalgia. El abuelo Garp estaba muy lejos, separado de él por más de un milenio de historia.
—Creí que los abuelos habían muerto hace mucho —dijo Ann mientras enviaba una mirada inquisitiva a sus padres.
Lily Potter simplemente asintió, mientras una ligera esperanza de que, tal vez, Harry no hubiera estado tan solo en aquella selva se depositaba en su pecho, sólo para desaparecer con las siguientes palabras de Luffy:
—El abuelo murió hace mucho —dijo con voz inusualmente seria.
Brook suspiró sabiendo bien que se refería a Monkey D. Garp. Y por un momento, la imagen de Garp el Puño interponiéndose entre los puños de lava del Almirante de la Flota Sakazuki y su nieto, para permitirles seguir adelante hasta Laugh Tale, pasó frente a sus ojos.
Nadie dijo mucho más después de eso, prefiriendo continuar su camino en dirección al banco.
Gringotts era un enorme edificio con fachada de mármol. El grupo entró en el vestíbulo y James Potter se dirigió rápidamente hacia el primer cajero vacío que encontró.
Luffy miró con curiosidad a la extraña criatura de aspecto hosco que atendía la caja.
—Es un goblin —le susurró Ace—. No es buena idea meterse con ellos, al menos si quieres vivir tranquilamente.
—¿Son fuertes? —preguntó Luffy.
—Mucho, y también muy hábiles en la magia.
Luffy asintió, mientras observaba a James Potter hablando con el cajero. No mucho tiempo después, los dos niños acompañaron a su padre, así como a Hagrid, en dirección a un pequeño carrito minero. Lily prefirió quedarse atrás con Ann, ya que los carritos de Gringotts siempre la enfermaban. Ann no parecía muy contenta con ese arreglo, pensando que era suficientemente mayor como para subir a uno de los legendarios carros mineros de Gringotts. Brook decidió quedarse a hacerles compañía.
Luffy disfrutó mucho el paseo en los carritos, y parecía que tanto Ace como James encontraban de igual forma agradable el viaje. No así Hagrid, quien parecía que estaba a punto de echar fuera no únicamente su desayuno, sino también los intestinos.
—¿Puede ir más rápido? —preguntó Luffy muy emocionado.
El goblin que conducía pareció sorprendido por esa petición. Hagrid sintió verdadero pánico por eso. Mientras que la sonrisa de James Potter creció más, si es que podía. Ace se limitó negó con la cabeza ante algo que quizá debió prever qué sucedería.
—Una sola velocidad —dijo el Goblin con tono de incredulidad. Aunque misteriosamente, el carrito pareció moverse un poco más rápido.
Los Potter visitaron dos cámaras, ambas continuas. James aclaró que ambas contenían el fideicomiso que podían usar para pagar todos sus gastos escolares, y algunas cosas más, hasta que cumplieran los diecisiete años y pudieran recibir una parte más sustancial de las riquezas de la familia Potter. Eso sí, la verdadera fortuna Potter siempre permanecía en las bóvedas de alta seguridad y no podía ser tocada a menos que hubiera una emergencia.
Ace tenía un gesto fastidiado, ya que al parecer era algo que había escuchado una y otra vez a lo largo de los años. A Luffy no parecía importarle el asunto en lo absoluto. Nami se ocupaba del dinero.
Cuando James Potter abrió la bóveda a nombre de Harry, Luffy miró las enormes montañas de monedas de oro, plata y bronce. Parecía que había incluso más de lo que consiguieron en la cámara del tesoro de Thriller Bark. Se preguntó cuánta carne podría comprar con eso.
—No vale gastar todo en carne —dijo Ace intuyendo lo que Luffy estaba pensando.
Luffy pareció decepcionado por eso.
—Bueno, también tengo que comprar un barco —admitió Luffy.
Ace frunció el ceño, sin creer del todo que Luffy pudiera poner el sentido común por sobre su estómago.
—Este dinero es únicamente para gastos de la escuela —dijo James Potter.
Rápidamente, llenaron una bolsa con oro más que suficiente para las compras del primer año, y algún que otro extra para gastos adicionales.
De regreso, se detuvieron en una de las bóvedas de alta seguridad, donde Hagrid tomó un pequeño paquetito arrugado. Luffy frunció el ceño cuando La Voz comenzó a susurrar sobre un peligro relacionado con ese paquetito.
Finalmente fue la hora de salir del banco y explorar el callejón.
Para decepción de Luffy, Brook tuvo que despedirse y volver a Hogwarts, aunque le aseguró que lo vería allí el primero de septiembre. Luego partió junto con Hagrid en dirección al colegio.
2
Las compras fueron extenuantes. Había tanto que hacer y al parecer tan poco tiempo. Lily vigilaba a los niños y su esposo, asegurándose de que no compraran algo demasiado extravagante (especialmente Luffy, a quien las cosas brillosas le llamaban demasiado la atención). Aunque quizá lo más complicado fue lograr que Luffy permaneciera quieto lo suficiente para que Madame Malkin pudiera tomar las medidas para sus túnicas del colegio.
Por fortuna, Ace se quedó dormido (de pie) a mitad del proceso, por lo que fue mucho más simple tomar sus medidas. De cualquier forma, Madame Malkin estaba más que acostumbrada a esa peculiaridad del Niño-que-vivió.
Lily también se dio cuenta de que tendría que mandar ajustar mucha de la ropa casual que compraron para su segundo hijo. Había asumido que tendría una estatura similar a la de Ace, pero resultó ser una cabeza más bajo.
—Muy bien, en seguida traigo sus pedidos —les aseguró la amable mujer.
Lily entonces acordó con su esposo que, mientras él esperaba las túnicas, ella iría a la librería a surtir los libros del colegio, y luego se verían en la papelería para comprar los pergaminos, las plumas y la tinta.
Luffy salió de la tienda de túnicas con el ceño fruncido. Los uniformes escolares no eran para nada cómodos. Se sentían incluso más restrictivos que las túnicas que usó en Arabasta.
Al pasar junto a la tienda de escobas, y ver a los niños emocionados por el nuevo modelo, Luffy también quiso acercarse a ver, pero Ace lo detuvo.
—Las escobas están prohibidas.
—¡Pero, Ace! —se quejó arrastrando las palabras.
—Pero nada, prohibidas.
James miró a ambos niños con diversión.
—Vamos, hijo, es normal que sienta curiosidad. Además, es un Potter. Prácticamente nacemos pegados a una escoba.
Ace fulminó a su padre con la mirada.
—Conozco a Luffy. Si se sube a una escoba es capaz de terminar del otro lado del mundo en cuestión de segundos sin que nadie pueda hacer nada para detenerlo.
James miró a su hijo con intensidad unos segundos, luego pareció rendirse.
—Vamos, tenemos que ver a su madre y a Ann.
La visita a la papelería tampoco fue divertida, aunque Luffy estaba seguro que era el tipo de tienda que Nami y Robin disfrutarían —la primera para poder comprar material para sus mapas, y Robin porque tenía que escribir muchas notas sobre las ruinas que encontraban en las diferentes islas de Grand Line—. Lo que de verdad quería hacer Luffy era volar en una de esas escobas. No parecían ser tan geniales como los peces que montó en Sabaody, pero si tantos magos creían que eran divertidas entonces algo debían de tener.
De pronto, La Voz trajo un susurro a su oído. Era el inconfundible eco de la presencia de un nakama. No era Brook, cuya presencia casi se había perdido, aunque ahora que habían estado frente a frente le era mucho más fácil encontrarlo entre los ecos que le llegaban de los finitos seres vivos que poblaban el mundo. Tampoco podría ser alguno de los otros, ni siquiera Chopper. La presencia no se sentía humana o de la forma en la que se sentía un usuario de zoan. Se sentía como el Sunny, pero a la vez diferente.
Luffy se concentró en la presencia, ignorando todas las demás. Sus pies comenzaron a moverse, sin prestar atención a lo que había a su alrededor. Esquivó a las decenas de personas que se movían por las calles, ignorando el llamado de los Potter. Aunque pudo sentir a Ace siguiéndolo.
Se detuvo frente a una tienda que olía a excremento de aves. Era una tienda de tamaño decente, cuyos escaparates estaban llenos de lechuzas de mar de diferentes tamaños y colores.
—¡Luffy! —le gritó Ace—. No puedes ir corriendo por allí por tu cuenta.
—Está aquí —dijo.
Ace lo miró sin entender bien a qué se refería.
Luffy dio un paso al interior de la tienda, sin prestar atención a ninguna de las aves que se exhibían allí. Luego, se detuvo frente a una jaula plateada en cuyo interior descansaba una lechuza de mar de color blanco. Una pequeña placa indicaba que era una lechuza nival traída desde una isla invernal de Grand Line.
La sonrisa en la cara de Luffy creció, mientras alzaba la mano en dirección a la puerta de la jaula. La lechuza alzó la cabeza, que hasta el momento había estado oculta bajo su ala derecha, y miró intensamente al niño con sus ojos amarillos.
—Hola —la saludó Luffy—. Ha pasado mucho tiempo.
La lechuza ululó alegre como respondiendo a Luffy, quien sonrió de forma aún más amplia.
—Todos estarán felices de verte, especialmente Usopp. Los encontraré a todos, conseguiremos un barco y volveremos al mar.
La lechuza pareció afligirse por esas últimas palabras.
—Está bien, Merry, tal vez ya no podrás llevarnos, pero eso no significa que no puedas venir con nosotros. ¡Eres nakama!
—Luffy —la voz de Ace le llamó la atención.
—¡Mira, Ace! ¡Es Merry!
—Luffy, Merry era un barco...
Luffy inclinó la cabeza, confundido.
—¿No puedes sentirla? —preguntó.
La Voz volvió a susurrar en su oído. Ace era su hermano, pero no era nakama. Él tuvo su propio viaje, sus propias aventuras. Por eso no podía sentir que Merry había vuelto en forma de lechuza.
Los Potter finalmente alcanzaron a sus hijos, al tiempo que el dueño de la tienda se acercaba.
—¿Hay algo que les interese? —preguntó con tono amable.
James Potter estaba por negarlo, cuando notó un detalle interesante que le hizo cambiar de opinión: la lechuza blanca miraba a su familia de una forma que no parecía común en un animal. Había un entendimiento en esos ojos que la hacían parecer diferente a cualquier otra lechuza en la tienda. Además, Harry, Luffy, se corrigió mentalmente, parecía también notar la mirada, a juzgar por la forma en que sus grandes ojos llenos de ilusión permanecían fijos en la lechuza. Su hijo tenía la mano puesta sobre la jaula, mientras sonreía ampliamente, como si no pudiera ser más feliz. James no lo sabía, pero sonreía de la misma forma que él mismo cuando estaba con sus nakama, tanto en esta vida como en la pasada.
—¿Cuánto por la lechuza blanca?
3
Después de eso, la visita al callejón pasó con mayor velocidad. Luffy dejó de prestar atención a las cosas que lo rodeaban, más emocionado por contarle a Merry todo lo que habían hecho desde que tuvieron que despedirse de ella en Water Seven. Las personas a su alrededor lo miraban como si estuviera loco, pero una mirada fulminante de Ace, quien por un momento había olvidado su «sonrisa de relaciones públicas» en favor de proteger a su hermano menor, era más que suficiente para disuadirlos de hacer cualquier comentario.
(Agregar un poco de Haki también funcionaba de maravilla para remarcar el mensaje: «ocúpense de sus propios asuntos».)
Ann, muy emocionada por la nueva lechuza, comenzó a listar los nombres que podían darle, todos ellos pertenecientes o relacionados con magos y otras personas famosas de las que había leído.
—Se llama Merry —le aclaró Luffy luego de un rato.
—¿Merry?
Luffy asintió. La Voz volvió susurrando que ella era su hermana, pero él no supo si llegaría a acostumbrarse a tener una hermana menor. Es decir, en su mente siempre habían sido tres: Sabo, Ace y él. Era difícil pensar que los piratas ASL ahora debían ser cuatro. «Pero quizá ella no quiere ser pirata», se dijo y ciertamente no parecía material para pirata.
—No creo que ese sea un nombre adecuado para una lechuza —se quejó Ann—. Podrías darle otro nombre. ¿Qué tal Hedwig?
—Su nombre es Merry —repitió Luffy malhumorado.
Ann entrecerró los ojos. Luego de pensarlo un rato, abrió la boca lista para replicar.
—Déjalo, enana —se le adelantó Ace—. Si ha decidido que su nombre es Merry, pues ese es su nombre. Cuando tengas tu lechuza, la llamas como quieras.
—Sigue gustándome más Hedwig —se quejó Ann cruzándose de brazos.
—Ya te lo dije: cuando tengas tu propia lechuza, podrás llamarla como quieras.
Ann miró a Ace con un gesto de fastidio. Pero Ace no había sido su hermano por tanto tiempo sin aprender a notar algunas cosas respecto a ella: como el hecho de que, más que fastidiada, estaba dolida. Entendió que los siguientes días iban a ser un dolor de cabeza. Luffy, su Luffy, estaba allí y quería saber todo lo que hizo los últimos años (tanto de esta vida como de la anterior); además, tenía tantas cosas por las que disculparse. Empezando por el hecho de haber muerto frente a él, dejándolo solo en medio de un campo de batalla, en el cual los enemigos lo superaban en poder y estaban dispuestos a sacrificar lo que fuera necesario con tal de no dejarlo salir vivo de allí.
—Estamos aquí —anunció Lily Potter trayendo a Ace de vuelta al presente.
Ace alzó la mirada para ver la tienda polvorienta frente a ellos. Era la tienda de varitas de Ollivander.
4
Dónde Ace intenta comprender su nueva vida
Ace no podría decir en qué momento terminó el dolor. En especial porque, a pesar de que ya no sentía la lava del puño de Akainu quemando su pecho, no podía parar de llorar. Sólo puede ser feliz cuando la conocida presencia de Luffy está cerca de él, pero si lo alejan llorará a todo pulmón sin importar cuánto daño se haga.
Esto parece funcionar de maravilla por un tiempo. La presencia de Luffy jamás se aleja un par de pasos de él. Puede sentir la frustración de las otras presencias que de tanto en tanto aparecen en la habitación; pero no le importa. Dejó a Luffy solo una vez, no volverá a pasar.
Todo cambia cuando en una ocasión una presencia nueva aparece en la pieza. Ace abre los ojos y mira al extraño. Los ojos rojos le devuelven la mirada, mientras una risa fría llena el lugar. Una risa demasiado familiar y que hasta ahora todavía le hace hervir la sangre, causando que Ace desee ser capaz de usar su Haki de forma correcta para poder noquear al desgraciado traidor. Sin embargo, las pocas ráfagas de Haki que es capaz de enviar sólo hacen reír más al bastardo.
—Vamos, pequeño comandante, ya tendremos tiempo de jugar después.
Ace maldice el hecho de que no puede hablar bien y de que lo único para lo que realmente tiene fuerzas es para gritar y patalear.
El desgraciado levanta su varita, pero no le apunta a él. Está apuntando a Luffy.
Ace grita. El maldito se ríe. Hay una explosión tras la cual Ace queda aturdido y confuso.
Lo único que Ace puede hacer antes de perder el conocimiento es asegurarse que Luffy este bien. Por un momento no puede sentir su presencia, y Ace siente que falló de nuevo. Si esta vez va a la otra vida, está seguro de que Sabo estará allí listo para darle un puñetazo por no haber podido proteger a su hermano pequeño, de nuevo.
Cuando vuelve abrir los ojos, siente la presencia de esas personas que sus instintos le dicen que son sus padres. Lily está llorando, y James trata de parecer fuerte, pero es tan inestable que sabe que en cualquier momento —probablemente cuando esté solo en casa con su familia— se va a derrumbar. Las otras dos personas que han sido una constante en esta vida, Sirius y Remus, recuerda, también están allí. Lucen tan destrozados como Lily y James.
La presencia de Luffy no está por ninguna parte.
Ace se retira a lo profundo de su mente. Ha fallado en proteger a su hermanito.
Los meses pasan en una confusión después de eso. Lily tarda un rato en recuperarse. Cuando finalmente vuelve a visitar a otras personas, o se permite salir a la calle a hacer compras como antes, algo cambió. La gente se acerca a ellos. Quieren verlo a él y felicitarlo por alguna razón que no entiende.
Lily no está muy conforme por esto, y aunque puede ver que a James también le disgusta, parece que al menos él es más diplomático al respecto que su esposa.
A medida que Ace va creciendo, las cosas cambian más. Comienza a comprender que la gente lo convirtió en una especie de Héroe. El Niño-que-vivió, lo llaman. Ace lo odia y quiere gritarles. Entonces viene el anciano. La gente necesita esperanza después de tiempos tan oscuros, dice. Trata de comprenderlos.
Ace simplemente se deja llevar a partir de ese punto. Se concentra en la familia que tiene, para no pensar en Luffy. Después de todo, ahora tiene una hermana pequeña. Debe protegerla a ella como no protegió a Luffy, como no pudo proteger a Sabo. No volverá a perder a otro hermano.
Ace tiene cinco años cuando se entera de la verdad. Luffy no está muerto. Fue enviado lejos, con una horrible tía de la que nunca se habla en casa y que sólo conoce porque está en las viejas fotografías de la familia de su madre.
¿Por qué hacer eso? ¿Por qué enviar a Luffy lejos? No puede entenderlo.
Lily y James dan excusas. Necesitaban proteger a Luffy y a su tía. Era mejor si no estaba cerca. Ace cree que es un montón de mierda.
Finalmente es Sirius, su padrino, quien le dice la verdadera razón. Algo que debe guardar en secreto. Su familia está maldita. La muerte los maldijo. James debía elegir entre alejar a Harry —el nombre por el que ellos conocen a Luffy— o no estar allí para ver crecer a sus hijos.
(Ace siente que hay algo más, pero Sirius no sabe más detalles al respecto.)
La muerte también prometió que su hermano volvería a ellos cuando fuera momento de ir a Hogwarts. Y desde entonces Ace espera con ansias el día que deba ingresar al colegio. Mientras, debe vivir según el nuevo papel que le ha dado el destino.
Ser Ace Potter es completamente lo contrario a ser Portgas D. Ace. La gente lo admira donde antes lo odiaban. Nadie lo llama hijo del demonio. El gobierno no quiere matarlo, sino que prácticamente besan el suelo por el que camina su familia. James y Lily odian esto tanto como él. Pero, interpretando el papel que tienen en la vida, se tragan el disgusto y sonríen. Especialmente porque si no lo hacen no pueden usar el poder que viene con el apellido Potter para tratar de mejorar un poco las cosas.
Ace tiene que admitir a regañadientes que ser un noble puede ser bueno. Mientras no seas como esos bastardos que orillaron a Sabo a la muerte, quienes quemaron la Grey Terminal sin remordimiento alguno, a pesar de las miles de familias que vivían allí. Se promete que nunca será como ellos. Aunque tampoco está seguro que puede ser como James y olvidar sus sueños para quedarse y mejorar las cosas para otros.
—Si tanto querías ser un pirata, ¿por qué renunciar a tu sueño?
Sabe que Luffy llamaría a este hombre un cobarde por hacer eso. Se calla, sin embargo. James no sabe sobre Luffy, para él es solamente Harry: el bebé al que mandó lejos para no tener que morir.
James Potter sonríe con tristeza.
—El mar siempre va a llamarme —reconoce—. Pero mis días de aventura quedaron atrás. Mi familia es lo más importante ahora.
Ace se muerde la lengua para no recriminarle sobre Luffy.
—¿Qué hay de ti? —su padre le devuelve la pregunta—. ¿Estarías dispuesto a dejar todo para ir al mar a vivir una aventura?
Ace no sabe qué responder. Ni siquiera está seguro de si la última vez salió al mar debido a su llamado, o sólo porque era el único camino que el mundo le dejaba. Ser un pirata al menos le daba posibilidad de defenderse. El abuelo no entendió eso. Incluso si hubiera sido un marine, habría sido condenado a muerte. Es el precio de ser hijo del demonio.
Claro, está la promesa que le hizo a Sabo y a Luffy. Los tres querían ser libres, y en ese momento de la historia ir al mar y ser pirata era la única forma de serlo. ¿Era todavía la única forma?
—No lo sé —responde.
James sonríe ampliamente. A veces esa sonrisa le recuerda tanto a Luffy.
—Eres joven, hijo. Todavía tienes tiempo para averiguarlo.
Cuando conoce a Ron Weasley, no puede evitar sentir que ya lo conocía de antes. El niño parece no querer hacer nada más que dormir, y no precisamente a causa de la narcolepsia como Ace. Al parecer únicamente es flojo, cuando no está usando una rama o un palo viejo de escoba para practicar katas de kendo.
Luffy se llevará bien con él, decide. Él, por el momento, no está deseando hacer amigos. Se conforma con cuidar de Ann y esperar a que sea hora de que Luffy regrese.
La hermana menor de Ron, Ginny, es otra cosa. La muy pilla se las arregla para meterlo en una deuda que al parecer nunca va a poder pagar. Cuando se junta con los gemelos es incluso peor. Los tres juntos son una mente maestra de los negocios turno.
En las fiestas del ministerio, a las que se ve forzado a ir por asuntos de «relaciones públicas», conoce a algunos de los otros niños que irán con él a Hogwarts.
El hijo de los Malfoy es extraño, decide. Cuando nadie lo ve, se comporta como si todo lo que pasa en esas fiestas fuera una tortura. Y puede jurar que cuando su padre le da la espalda le envía miradas de muerte. En cierta ocasión, alguien insinuó que la comida de esos eventos era cada vez peor, antes de escupirla. Draco Malfoy parecía querer estrangularlo allí mismo.
Neville, que siempre acude al ser arrastrado por su abuela, parece ser un mentiroso patológico. Y por extraño que parezca, cuando no hay muchas personas que los miren, él y Draco Malfoy intercambian palabras amables. Nada muy notorio, como si simplemente reconocieran su existencia mutua para luego ir cada uno por su propio lado.
(No se quita de la cabeza, al igual que cuando conoció a Ron Weasley y a su hermana, que los había visto en otro lugar, mucho antes de conocerlos en esas fiestas aburridas.)
Ace mejora mucho en sus «relaciones públicas» como Niño-que-vivió, y su madre cada vez está más preocupada de que parezca ser incapaz de hacer amigos de su edad. Amigos verdaderos. Sabe cómo él que la mayoría sólo quieren colgarse de la fama. A Ace realmente no le importa. Vivió toda una infancia sin amigos una vez, hasta que Sabo y Luffy lo salvaron de la soledad, puede hacerlo de nuevo.
(No lo admite, pero teme que si se acerca a alguien morirá, como Sabo, como sus nakama y su padre intentando salvarlo de las consecuencias de su propia estupidez.)
Cuando conoce a Brook, no le llama mucho la atención. Su magia, o lo que cree que es su magia, le dice que hay algo más en él. Lo único que sabe es que ha estado en el Nuevo Mundo, pero como él mismo ha estado allí, no piensa que haya nada nuevo que pueda contarle al respecto. Y no va a intercambiar con él historias de sus días de pirata.
(Ace nunca supo que Brook es nakama de Luffy. Murió antes de enterarse. Así que, años más tarde, se lamenta, porque pudo haber hablado con él sobre su hermano pequeño y las aventuras que vivió para convertirse en Rey Pirata como siempre fue su sueño. Es muy posible que así su segunda niñez hubiera sido un poco mejor… O tal vez únicamente habría servido para convencerlo de salir de su casa e ir en busca de Luffy.)
Cuando llega el momento de ver a Luffy de nuevo, está feliz. ¿Cómo podría no estarlo? Pero es incapaz de expresar su felicidad de la forma correcta. Nunca ha sido bueno demostrando sentimientos, ocultándose detrás de la ira, una actitud relajada o simplemente detrás de las falsas sonrisas que da en esta vida. En lugar de eso, se comporta estoico como la primera vez que se vieron. Bueno, no tanto. Su madre no estaría contenta si arrojara a Luffy de un puente (él mismo se odiaría si lo hiciera de nuevo esta vez).
Finalmente, no puede más. Luffy siempre será Luffy. Y Ace no puede soportar más la culpa y el remordimiento. Así que pronuncia las palabras que ha querido decir por tanto tiempo:
—¿Puedes perdonarme?
Sabe que Luffy lo ha perdonado (en realidad, nunca estuvo enfadado, porque esa no es su naturaleza, pero para él siempre será más fácil pensar lo contrario). Sólo para que suelte una bomba que no esperaba: Sabo estaba vivo.
Ace llora. Siente remordimiento por creer que Sabo se había ido y no ir a buscarlo, y a la vez paz, porque a pesar de su estupidez, Luffy nunca estuvo solo.
Hay tantas cosas que pensar, tantas cosas que quiere decirle a Luffy. Pero por ahora hay compras que hacer. Por primera vez se siente libre, y poco a poco deja la máscara. Luffy es más importante que la estúpida reputación del Niño-que-vivió.
Entonces llegan a Ollivander. El anciano con ojos de águila mira a Luffy con un brillo que no le gusta.
—Es curioso que esté destinado a esta varita, joven Potter, ya que fue su hermana quien casi lo asesina.
Si el destino existe, Ace quiere patearlo en las bolas.
