Disclaimer: One Piece es propiedad de Eiichiro Oda. Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling. Yo sólo poseo esta historia llena de clichés.
IV. Fiesta de cumpleaños
1
La casa Potter era aburrida, decidió Luffy. Era una enorme mansión en la que no había muchas cosas que hacer. Ace no lo dejaba volar en las escobas, ni siquiera las de práctica. Tampoco podía explorar el bosque o el pueblo cercanos, porque esas extrañas criaturas a las que llamaban elfos domésticos lo devolvían de inmediato a los terrenos de la mansión cada vez que trataba de salir.
—Visitar el bosque es peligroso, Maestro Harry —decían.
En respuesta Luffy resoplaba molesto. En especial porque La Voz se negaba a advertirle cuando los elfos estaban cerca, y de alguna forma eran capaces de evitar ser vistos por el Haki.
Ace le advirtió que sin importar cuanto lo intentara no podría escapar de sus ojos vigilantes.
—La casa les avisa si intentas salir de los límites —explicó.
Luffy hizo un puchero y Ace simplemente se rio de él.
—No me gusta esta casa —dijo Luffy mientras se dejaba caer en el césped del jardín, sentándose con las piernas y brazos cruzados.
Volviendo a porque no le gustaba la casa Potter, otra de las razones: era demasiado grande. ¿Por qué una familia de sólo cuatro personas —Luffy no se incluía en el conteo— necesitaba una casa con más de veinte habitaciones? Si tan solamente pudiera explorar quizá no se aburriría tanto, pero los elfos no lo dejarían hacer ni eso.
—Nuestra familia, la Noble y Muy Antigua Casa Potter, es una de las más poderosas de East Blue, del mundo entero en realidad —explicó Ann con voz presumida—. Es normal que vivamos en una casa a la altura. Y de hecho esta es pequeña. Potter Manor en la Isla Goat tiene más de cien habitaciones.
Luffy frunció el ceño.
—¿Quién necesita tantas habitaciones?
Ann pareció querer discutirle eso, pero Ace se le adelantó:
—Déjalo así, enana. A Luffy simplemente no le interesan esas cosas.
—Pero, ¡es un Potter! Pondrá en vergüenza a la familia.
Ace se encogió de hombros.
—¿De verdad no te importa? La prensa estará aquí mañana para tu fiesta de cumpleaños, ¿dejarás que te avergüence?
—Creí que detestabas esas cosas —refutó Ace.
Ann abrió la boca, pero al parecer no encontró las palabras para responder a su hermano y volvió a cerrarla con fuerza. Entrecerró los ojos, dio media vuelta y se alejó dando fuertes pisotones. Ace se encogió de hombros, y luego recargó más en el árbol bajo el cual estaba recostado disfrutando de esa tarde de verano.
—Está muy confundida —dijo Luffy.
—No, sólo está celosa. Ya se le pasará.
—Dijo que mañana es tu cumpleaños —siguió Luffy como si no hubiera escuchado lo anterior.
Ace abrió un ojo para mirar a su hermano.
—No, únicamente dijo que mañana es la fiesta. Cumplí años la semana pasada.
—¿Eh? Pero, Ace, no estamos en enero…
—Luffy, nuestro cumpleaños es el 31 de julio.
—¡De ninguna manera! ¿Lo olvidaste? Tu cumpleaños es en enero y el mío en mayo.
Ace soltó una fuerte carcajada.
—Eso fue en otra vida. Esta vez compartimos cumpleaños, el 31 de julio. Y sí, ya estamos en agosto, pero este año mamá decidió atrasar la fiesta. Quiere aprovechar para presentarte ante los amigos de la familia.
Luffy inclinó la cabeza en un claro gesto de confusión. Luego se congeló, como si estuviera escuchando algo. Ace frunció el ceño. Había visto a Luffy hacer eso muchas veces, aunque no se había atrevido a preguntar que era exactamente lo que estaba haciendo. Luffy, sin importar cuanto tiempo pasara, incluso tras morir y reencarnarse mil años después de su tiempo, siempre tendría esas peculiaridades que lo hacían especial.
—Oh, cierto —dijo finalmente—. La Voz dijo que es verdad.
—¿Qué voz?
—La Voz del mundo —respondió Luffy como si fuera algo obvio.
Ace negó con la cabeza. No tenía caso tratar de entender cómo funcionaba la mente de Luffy. Era algo que aprendió simplemente a aceptar después de tanto tiempo. Había otra cosa que quería preguntar a su hermano menor:
—Luffy, ¿sabías cuando es tu cumpleaños?
—Cinco de mayo —respondió—. ¿No lo recuerdas? También es el día del niño.
Ace negó con la cabeza.
—No en la otra vida, en esta vida.
—Oh, eso. Sí, creo que La Voz lo ha mencionado. No es algo a lo que le preste atención.
—¿Sabes que ahora somos gemelos?
—¿Lo somos?
—Por supuesto: nacimos el mismo día, y tenemos los mismos padres, James y Lily.
Luffy se rascó la cabeza.
—Creo que Brook mencionó algo. Pero, estaba tan emocionado por verte de nuevo que no presté mucha atención.
Ace suspiró.
—¿Seguro que ya no eres de goma? Porque creo que tu cerebro lo sigue siendo.
Luffy respondió con una carcajada.
—No, ya no tengo mi fruta, pero descubrí algo.
Luffy se puso de pie de un salto. Comenzó a girar su brazo derecho de forma repetida veces para tomar impulso, luego, al tiempo que soltaba un puñetazo, gritó:
—¡Gomu Gomu no Pistoru!
El brazo de Luffy se estiró varios metros, golpeando el tronco de un árbol cercano, el cual se partió en dos.
Ace se puso de pie con los ojos y la boca abiertos en una expresión de incredulidad.
—¿Cómo…? —Se giró, encontrando a Luffy sentado en el suelo, con el rostro cubierto de sudor, la respiración agitada, y sobándose el hombro de su brazo derecho como si le doliera mucho.
—¡No es increíble! —dijo Luffy con voz entrecortada—. Lo descubrí hace un par de años: si uso ese nuevo Haki extraño que tengo, puedo volver a convertirme en un hombre de goma.
Hizo una mueca de dolor cuando la articulación de su hombro tronó de un modo un tanto desagradable.
Una vez pasada la sorpresa, Ace entendió lo que pasó: Luffy de alguna forma logró usar su magia para transfigurar su propio cuerpo en el de un hombre de goma el tiempo suficiente para usar una de sus técnicas. El problema, al parecer, era que la magia necesaria para eso era demasiada, y sin un entrenamiento formal sobre cómo usarla, además del hecho de que sólo era un niño que no había tenido tiempo para desarrollar completamente su núcleo mágico, el hacerlo le provocaba un gran estrés y agotamiento mágico. Seguramente, de no tener las cantidades insanas de energía que tenía, ese simple puñetazo lo habría matado o al menos llevado hasta un coma mágico.
—Tienes prohibido hacer eso de nuevo —ordenó Ace tajante.
Luffy hizo un puchero y al instante su estómago gruñó con hambre.
—Vamos, busquemos algo de comer.
Esto hizo sonreír a Luffy, así que ambos hermanos se pusieron de pie para ir a la cocina a pedir comida a los elfos.
—¡Ace! ¡Harry! —los llamó Lily Potter mientras corría hacia ellos, claramente muy asustada—. ¿Están bien? —preguntó.
—Sí —respondió Luffy confundido.
Lily no pareció conforme y recorrió a ambos niños con la mirada en busca de cualquier señal de que estuvieran heridos. Luego, miró el árbol caído, el cual tenía al menos quince metros de altura.
—¿Cómo…?
—Oh, es mi culpa, lo siento —dijo Luffy riendo—. Sólo quería mostrarle algo a Ace.
Lily miró a Luffy, al parecer sin creer mucho que un niño de once años pudiera hacer eso. A menos que hubiera tenido un estallido de magia accidental muy grande.
—¿Lo hiciste?
—Puedo intentarlo de nuevo…
—¡No! —se le adelantó Ace tajante—. Prohibido, ¿recuerdas?
—Pero, Ace… —se quejó Luffy arrastrando las palabras.
—¡Prohibido!
Luffy se cruzó de brazos e hizo un puchero.
Lily, todavía sin entender mucho, simplemente ordenó a los niños volver a la casa. Aún tenían que probarse las túnicas de gala para la fiesta del día siguiente.
2
Luffy jaló la manga de la túnica de gala mientras hacia un puchero. Era muy incómoda, incluso más que el traje que usó para infiltrarse a la fiesta de té de Big Mom. Estaba de pie en un banquillo, mirándose al espejo mientras Lily arreglaba su túnica.
—No será mucho tiempo —prometió Lily—. Una sesión de fotos para la prensa, y luego podrás usar algo más cómodo para la fiesta familiar.
Esto no pareció contener el malestar de Luffy.
Lily estaba acostumbrada a lidiar con un niño así. Hacer que Ace se quedara quieto por más de cinco minutos cuando era más chico era difícil. Agradecía que Luffy parecía ser lo suficiente mayor como para tener brotes de magia accidental repentinos. Bueno, salvo el incidente con el árbol la tarde anterior. No recordaba que cuando bebé hubiera tenido alguno realmente impresionante. No al menos como los de Ace, que usualmente terminaban con las cortinas de la habitación donde estuviera incendiadas al hacer un berrinche.
Luffy saltó del banquillo y se dirigió hacia la puerta de la habitación.
—No será tan malo —le aseguró Ace, quien lo esperaba en el pasillo ya listo para la sesión formal de fotos—. Diez minutos de fotografías, luego mamá y papá responderán las preguntas de la prensa. Y finalmente la fiesta, solamente con familia y amigos.
Los dos hermanos caminaron en dirección al salón principal, que era donde se reuniría la prensa al pie de las escaleras. A mitad del camino se les unió Ann. Ella llevaba un vestido rojo tan formal y elegante como sus túnicas.
—Sí, sólo tendrás que sonreír mucho y estar tranquilo treinta minutos —dijo Ann—. Creo que hasta un mono puede hacer eso.
—Silencio, enana —le ordenó Ace.
Esto únicamente hizo que Ann apretara los puños y caminara más de prisa para llegar antes que ellos al salón.
Luffy no parecía darse cuenta de nada, más ocupado en seguir jalando la manga de su túnica.
Ace podía simpatizar con eso. Extrañaba no tener que preocuparse por cómo vestir para mantener una imagen. Cuando vivía con Dadan era usar lo que había disponible y ya. Algunas veces el abuelo mandaría ropa, pero nada demasiado complicado, lo suficiente para vivir cómodamente en medio de la jungla del Monte Colubo. Más tarde, luego de que Luffy fuera enviado a vivir con ellos, era Makino quien se ocupaba de que siempre tuvieran algo adecuado que vestir. Como pirata fue aún más fácil: usa lo que te permita luchar cómodamente. Y ya en el barco del viejo había toda una división, bajo el cargo de Izo, que se ocupaba de confeccionar ropa para todos.
Ace detuvo a Luffy antes de que pudiera abrir la puerta que llevaba al salón. Su padre y Ann ya estaban allí también, esperando al resto de la familia. La costumbre era que entraran juntos y bajaran las escaleras para que la prensa pudiera hacer sus fotos, antes de que se detuvieran a mitad de la escalera para la conferencia de prensa.
—¿Listos? —preguntó James Potter.
Ace simplemente asintió, mientras Luffy seguía jugando con los botones de la manga de su túnica.
Lily Potter llegó cinco minutos después, ataviada en un vestido elegante que resaltaba su cabello pelirrojo. Alzó la varita para lanzar un tempus y consultar la hora.
—Justo a tiempo —dijo—. Muy bien, Ann, tú adelante; Harry, a su izquierda; y Ace, a su derecha.
Ace tuvo que jalar a Luffy para que quedara en la posición que su madre indicó. Los Potter tomaron su lugar detrás de ellos, James a la derecha de Lily.
Exactamente al mediodía, la familia Potter, por primera vez completa desde hacía casi diez años, entró al salón para la conferencia de prensa tradicional previa a la fiesta de cumpleaños del Niño-que-vivió.
3
Una vez terminada la parte formal, los Potter se cambiaron a ropa más cómoda y fueron al patio trasero de la casa para reunirse con los invitados. La mayoría excompañeros del colegio y compañeros que lucharon a su lado durante la guerra, y por supuesto, los hijos de estos.
—¡Padrino! —saludó Ace cuando vio llegar a Sirius. Traía un par de cajas largas que seguramente eran dos escobas nuevas.
Sirius caminó hasta Ace y le dio un fuerte abrazo.
—¿Qué tal la fiesta?
Ace se encogió de hombros.
—Lo de siempre. La prensa siendo molesta.
Sirius se rio.
—Pues lo que yo habría dado por tener tanta atención de la prensa cuando niño.
—Creo que Ace ha escuchado eso un millón de veces —interrumpió una voz jovial, aunque con cierto deje de cansancio.
—¡Tío Lunático! —lo saludó Ace, también abrazándolo.
—¿Cómo estás, cachorro?
—Muy bien.
Los dos adultos miraron al niño muy similar a Ace, pero más bajito, sin pecas y el cabello un poco más desordenado. Además, de ser el único en la joven generación Potter que heredó los ojos verdes de Lily.
—Harry —dijo Remus con un tono de voz bajo y melancólico. Allí estaba de nuevo, el cachorro que había extrañado por tanto tiempo.
Sirius miró al niño con una sonrisa triste. Podía recordar los días en que era un bebé. Era un niño increíble, en especial por esa sonrisa contagiosa que tenía, la cual era capaz de hacerle olvidar que estaba en medio de una guerra. Y el llanto desconsolado de Ace cada vez que alguien sacaba a Harry de la misma habitación, como si pudiera sentir en donde estaba su hermano en todo momento.
También recordó cuando Ace, con cinco años, lo enfrentó sobre el paradero de su gemelo. Ese día sintió miedo cuando vio la mirada de Ace. No era la de un niño, sino la de alguien que ha visto el infierno de la guerra. Quizá la misma mirada endurecida que él y otras personas tenían cuando recordaban lo que fue el momento de máximo poder de Voldemort.
El niño, Harry, no pareció darse cuenta de su presencia, limitándose a ver su alrededor como si buscara a alguien.
—¡Luffy! —lo llamó Ace.
—¿Luffy? —preguntó Remus con clara confusión. Una mirada rápida a Sirius le indicó que él estaba igual de desconcertado.
—Sí, ese es su nombre —respondió Ace.
Harry sonrió en cuanto escuchó la voz de Ace, y esa enorme sonrisa capaz de hacer olvidar todos los problemas se dibujó en su rostro. Al verla, Sirius sintió como si no hubiera pasado una década desde que vio al pequeño. Sí, bueno, ahora era más grande, pero la sonrisa estaba allí, tan brillante como la primera vez que la vio.
—¡Ace! —gritó mientras corría hacia ellos.
Harry se detuvo a unos pasos de distancia. Inclinó la cabeza como un cachorro y los miró con sus dos enormes ojos verdes brillando de curiosidad.
—Ellos son mi padrino Canuto y el tío Lunático —los presentó Ace.
—Harry… —comenzó Remus.
—Luffy —interrumpió el niño.
—¿Luffy? —volvió a preguntar Sirius—. ¿Por qué ese nombre?
—Es mi nombre —respondió Luffy encogiéndose de hombros.
Sirius no parecía seguro de cómo reaccionar a eso, así que Remus tomó el control de la situación:
—Es Luffy, entonces. ¿Sabes? Nosotros te conocemos desde que eras un bebé, somos algo así como tus tíos honorarios. Tu padre es nuestro mejor amigo desde el primer día en el colegio.
Luffy siguió viéndolos con esos ojos llenos de curiosidad. Remus se estremeció. Era como si esos ojos pudieran ver sus secretos más profundos. La sonrisa en el rostro de Luffy había desaparecido por completo, remplazada por un gesto mitad de intriga mitad de cautela. Luego, lentamente, la sonrisa volvió a brillar.
—Es un placer —dijo con voz alegre—. Soy Monkey D. Luffy: el rey de los piratas.
Sirius parpadeó un par de veces, antes de emitir una risotada que sonaba parecida a los ladridos de un perro.
—¡Oh, por Merlín! —dijo mientras cargaba a Luffy—. De tal palo tal astilla. ¿Sabes que tu padre firmaba los documentos secretos de la tripulación de los Merodeadores como Gol D. Roger? Y ahora su retoño se refiere a sí mismo como el segundo Rey Pirata ni más ni menos.
Remus mismo también sonreía entre la nostalgia y la diversión. Ace, por su parte, puso mala cara al escuchar el nombre de Roger.
—¡Pero yo soy Luffy! —protestó el otro niño.
Sirius lo dejó en el suelo y le revolvió el cabello.
—Puedes ser quien tú quieras, cachorro. Es tu fiesta de cumpleaños.
Esto sólo hizo que Luffy inflara sus cachetes con una mueca de molestia.
—Bueno, iré a dejar esto a la mesa de regalos —les indicó Sirius—. Y luego iré a buscar a Cornamenta para ponernos al día. Diviértanse.
Sirius se alejó. Remus dio una última mirada nostálgica a Luffy antes de seguir a Sirius para buscar a sus amigos.
—Son buenos tipos —dijo Luffy—. Aunque también están confundidos.
—Luffy, ¿sabes que tu nombre legal es Harry?
Luffy miró a Ace como si no lo entendiera.
—Sí, es lo que dice La Voz. Pero mi nombre es Luffy, siempre será Luffy.
Ace sonrió.
—Por supuesto.
Luffy se encogió de hombros. No sabía por qué de pronto todos querían llamarlo Harry. De hecho, hasta que La Voz le susurró que ese era su nombre ahora, el día que recibió la carta misteriosa, él mismo jamás había escuchado que alguien lo llamara Harry Potter. Así que, no, él no era Harry Potter. Su nombre era Monkey D. Luffy, y siempre sería ese.
Luffy estaba por seguir a Ace hacia la mesa de los bocadillos, cuando su Haki detectó una presencia conocida. Se detuvo un momento, concentrándose en esa presencia. De hecho, desde que recordaba, era la presencia que más cerca estaba de él; por lo que, en las noches despejadas, cuando quería sentir si sus nakama estaban bien, era la más fácil de encontrar.
—¡Usopp! —medio gritó antes de salir corriendo en dirección a donde estaba la presencia.
Luffy se detuvo frente a la puerta de la casa. Vio salir a un niño rubio, de cara redonda y piel bronceada, aparentemente por estar mucho tiempo bajo el sol.
—¡Aquí está, el gran capitán Longbotton! —exclamó el niño ante un pequeño grupo de otros niños que se había reunido a su alrededor—. Deben saber que soy un gran pirata con más de diez mil subordinados.
—Shishishi —comenzó a reír Luffy sin poder contenerse—. ¡Eres muy gracioso!
El niño rubio dejó de hablar. Sus ojos se abrieron como dos enormes pelotas de golf. Miró al niño de cabello negro, y en ese momento lo supo:
—¿Luffy?
La enorme sonrisa volvió a adornar el rostro de Luffy.
—¡Usopp!
Antes de que el niño rubio pudiera decir algo más, estaba rodando por el suelo, mientras el otro niño lo envolvía en un gran abrazo, al tiempo que manchaba su túnica con lágrimas.
—También me alegra verte, Luffy.
4
Donde la tripulación vuelve al comienzo
(Bueno, hace falta el cocinero, aunque esta vez al menos tienen al músico.)
Luffy sintió como si tuviera muchas cosas que decir a Usopp; pero no era capaz de encontrar las palabras. Fue algo curioso. Con Ace todo salió natural: contar en dónde estuvo, qué había hecho, todas las aventuras que tuvo en su camino para ser Rey de los Piratas. Aunque, claro, cuando se trataba de hablar de Laugh Tale y lo que sucedió allí era capaz de encontrar la forma correcta de hacerlo. Es casi como si La Voz no quisiera que hablara sobre eso, y de alguna forma está evitando que recuerde los detalles.
Con Usopp fue diferente, no hay necesidad de contar sus aventuras. Él estuvo allí, y conoce todos los detalles. Siendo así, decidió que bastaba con sentarse junto a él y disfrutar de la compañía de su nakama. La fiesta de los Potter no era tan animada como las fiestas de celebración que hacían luego de cada aventura. Pero al menos había comida, por más que no fuera la de Sanji.
No había pasado ni media hora, cuando el Haki de Luffy volvió a detectar más presencias familiares.
La sonrisa volvió a dibujarse en su rostro y sintió que podría reventar de felicidad. Poco a poco su familia está regresando. Primero Brook, luego Ace y Merry. Usopp hace sólo unos momentos, y ahora Zoro y Nami están cerca.
Usopp se dio cuenta también, cuando vio llegar a una numerosa familia de pelirrojos. De entre todos ellos, como si brillaran con un aura especial, destacan los dos menores: un niño de rostro aburrido y piel tan bronceada como la de Usopp; y una niña de mirada astuta y calculadora.
—¡Zoro! ¡Nami! —los llamó Luffy,
Usopp rápidamente hizo lo único que podía para evitar que su capitán metiera la pata hasta el fondo: tapó su boca con sus manos al tiempo que lo tira al suelo.
—¡Luffy, no puedes usar sus viejos nombres de esa forma! —dicho eso, alzó la mirada para enfrentar las miradas curiosas de la familia de pelirrojos.
Una mujer regordeta, que de inmediato Luffy decide es alguien que le agrada, dirigió a los dos niños en el suelo una sonrisa divertida.
—Debes de ser Harry Potter —saludó la mujer regordeta—. Feliz cumpleaños.
—Luffy —respondió él mientras se ponía de pie de un salto—. Mi nombre es Monkey D. Luffy.
Usopp sintió deseos de darse un golpe en la cara. Por la expresión de Nami, Ginny en esta vida, no fue difícil adivinar que ella quería hacer algo parecido, salvo que ella seguramente golpeará la cabeza de Luffy en vez de su propia cara. Junto a ella, su hermano Ron, Zoro en realidad, mantuvo el ceño fruncido sin apartar los ojos de Luffy.
Tras salir de su estupor, la madre de sus dos nakama vuelve a hablar:
—Soy Molly Weasley, es un placer conocerte, amor.
Usopp decidió desconectarse un poco. Conocía la rutina de memoria: Molly Weasley presentará a sus hijos, Ron bostezará —ganándose un regaño de su madre— si decide que no es lo suficientemente fuerte como para que valga la pena. Ginny fingirá ser una buena niña, mientras busca como estafar al incauto que le están presentando para meterlo en una de sus deudas eternas (al pobre Zoro le está cobrando intereses atrasados de mil años). Por supuesto, los gemelos harán su rutina característica («Por Merlín, mujer, ¿te dices nuestra madre y no puedes reconocernos?»). Y al final, Percy se presentará con ese tono pomposo que le ganará ser la burla de sus hermanos. Es una lástima que Charlie y Bill no estén cerca. A Luffy le habría encantado conocerlos a ellos. Es fácil saber que Luffy amara las historias sobre dragones que Charlie cuenta todo el tiempo. El mismo Usopp, por más que le den miedo, no puede parar de escucharlas
Por supuesto, en esta ocasión la rutina habitual cambió un poco. Era Luffy quien estaba frente a ellos después de todos.
Usopp se reconectó a tiempo para ver a Molly disculparse para ir en busca de Ace y de los Potter. Los gemelos y Percy también habían desaparecido para ese punto.
—¿De verdad eres tú? —la voz de Nami salió entrecortada, denotando lo mucho que le costaba contenerse para no echarse a llorar allí mismo.
—Por supuesto —respondió Luffy sonriendo ampliamente.
Una vez más, parecía que las palabras no bastaban para expresar lo que significaba ese momento para todos ellos.
—Muy bien, ¿cuál es el plan, capitán? —Por supuesto, fue Zoro quien se adelantó tomando la iniciativa para seguir adelante.
Luffy dedicó una mirada intensa a sus tres nakama. Una mirada que envió escalofríos a través de ellos. Conocían bien esa mirada: era la misma que les daba cuando se ponía serio justo antes de enfrentar a un gran enemigo.
—Encontraremos a los demás y nos haremos fuertes. Cuando estemos listos, conseguiremos un barco y volveremos al océano.
Los cuatro niños, formando un círculo, asintieron con determinación. Ese era el único camino que podían seguir. En algún punto, una hermosa lechuza de mar de color blanco llegó volando para posarse en el hombro derecho del capitán.
—Esto es muy inusual —comentó Nami—. ¿No se supone que los piratas tienen un loro?
Luffy no pareció captar la broma, más ocupado acariciando a la hermosa lechuza.
—¡Merry! ¿También te unes a la fiesta?
La lechuza en su hombro chilló lo que al parecer era un «sí».
Usopp, sin apartar los ojos de la hermosa ave, estiró la mano para tocar sus plumas. La lechuza como toda respuesta le dio un ligero y amigable pellizco con su pico.
—Hola, niña, ¿cómo has estado?
Tuvo que luchar con todas sus fuerzas, igual que Nami antes que él, para no soltar el llanto allí mismo. ¡Merry había regresado! No es la forma en la que esperaba, pero no importa. ¡Esa era Merry! Y en cierta forma, eso le hacía sentirse como si Kaya todavía estuviera allí con él de alguna manera.
—¿Saben dónde podrían estar los demás? —preguntó Nami, limpiándose una lágrima.
—Brook nos está esperando en ese sitio, Hogarts.
—Hogwarts —corrigió Nami a su capitán.
—Yo he visto a Sanji —dijo Usopp—. Nami, Zoro, no van a creer esto: es Draco Malfoy…
El mundo debe tener cuidado, la tripulación de los Piratas del Sombrero de Paja está de regreso a la acción.
Se dice que un D cambiará el mundo. Hubo uno que lo cambió de forma irremediable, en cierto sentido, lo llenó de magia. Ahora ese mismo D estaba de regreso para continuar su leyenda. Y el mundo, una vez más, no volvería a ser el mismo.
