Disclaimer: One Piece es propiedad de Eiichiro Oda. Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling. Yo sólo poseo esta historia llena de clichés.


Nota: Zoro y Nami son un año mayores. Así que Zoro (Ron) tedrá su cumpleaños en la fecha de One Piece, 11 de noviembre. Esto porque no quería tener a Nami fuera de acción todo un año escolar.


V. Viaje en el tren misterioso


1

Luffy no quería separarse de sus nakama. Habían estado lejos por tanto tiempo. Incluso cuando la muerte fue como quedarse dormido y no soñar nada, a eso siguieron años en esa casa horrible de un barrio horrible en una ciudad horrible; y luego años en el Monte Colubo, que, aunque se sentía como volver a la casa de su infancia, no era lo mismo sin su familia completa allí. Al menos la familia a la que todavía podía tocar y abrazar.

—No estarás solo —aseguró Nami—. Ace está contigo, ¿recuerdas?

¡Cómo si pudiera olvidarlo! Pero no era suficiente. Quería que estuvieran todos juntos siempre, como cuando viajaban juntos.

—Tres semanas más —agregó Usopp—. En tres semanas nos veremos en el Expreso de Hogwarts.

Solamente tres semanas, que pasaron muy lentas.

Los Potter decidieron que era momento perfecto para un viaje familiar. Fueron a una playa oculta de la vista de los no-mágicos en una pequeña isla privada cerca de la Isla Dawn. Luffy debía admitir que era bueno poder nadar de nuevo (posiblemente no habría sobrevivido cada vez que los cocodrilos lo devoraban si la maldición de la Fruta Gomu Gomu se hubiera quedado con él), pero no lo era tanto si de todas formas lo obligaban a usar un salvavidas que no se podía quitar (¡maldita magia!) y no le dejaban alejarse mucho de la playa.

Si hubiera podido adentrarse en el mar profundo, habría podido domesticar a un Rey del Mar o a un Calamar Gigante para hacer un viaje rápido en busca de alguna aventura.

La última semana de las vacaciones fue de aburrirse de nuevo en la casa Potter. Ann estaba cada vez de peor humor, y Ace parecía dividido respecto a que debía hacer sobre ese asunto. Había extrañado tanto a Luffy durante casi diez años, pero también sentía una gran responsabilidad y culpa por dejar a Ann de lado. Debía estar muy confundida respecto a porque de pronto toda la familia prestaba más atención al hermano que siempre había estado lejos.

—Probablemente Sabo habría sabido que hacer —murmuró mientras se sentaba bajo un árbol con el rostro malhumorado.

Así, con esa tención cada vez mayor, llegó el primero de septiembre.

Los Potter salieron de la red Floo en el Caldero Chorreante a eso de las ocho de la mañana. Pidieron una mesa privada y disfrutaron de un último desayuno en familia. A las nueve de la mañana, salieron del local y abordaron un coche enviado por el Ministerio de Magia, el cual se dirigió en dirección a los muelles.

A pesar de ser sábado, Loguetown tenía una mañana ocupada, así lo demostraba el tráfico matutino. No era de extrañar: era el último fin de semana de las vacaciones de verano, y muchas familias que vacacionaban en las Islas Polestar se dirigían a la estación para abordar sus trenes de regreso a casa. De igual forma, habría muchas llegadas a lo largo de ese día y el siguiente, de las personas que habían estado fuera y los estudiantes de la Universidad de Loguetown que regresaban para sus clases.

Con motivo de lo anterior, el coche tardó más de una hora en su recorrido desde el centro hasta la estación del tren marino en los muelles. Eran las diez con quince cuando los Potter se apearon frente al enorme edificio de la Estación de Tren Marino del Comienzo y el Final. Rápidamente cargaron los baúles en dos carritos de equipaje, junto con la jaula de Merry (a quién Ann seguía insistiendo en llamar Hedwig para la indignación de la lechuza de mar), para adentrarse en la atestada estación.

Ann resopló indignada cuando Lily la tomó por la mano para que no se perdiera.

—¡Mamá, no tengo cinco años! —se quejó en voz alta.

—Tal vez no, pero hay demasiada gente.

Ace mantuvo su Haki expandido todo el tiempo para evitar perder de vista a Luffy, lo cual resultó ser muy útil, ya que al menos dos veces casi se queda atrás en la zona de los restaurantes de la estación.

Tardaron aproximadamente media hora, navegando entre los montones de gente que atestaban la estación, en llegar a la entrada muggle del andén 9 y ¾.

—¿Por qué vinimos por el Mundo Muggle? —preguntó Ann—. Según Hogwarts, una historia, hay una zona de aparición y chimeneas para la red floo.

—Es parte de la experiencia —respondió su padre guiñándole un ojo.

Lily negó con la cabeza, antes de responder ella misma:

—Está prohibido aparecerse con menores de doce —le recordó—. Y las chimeneas están tan congestionadas como la parte muggle.

—Pero siguen siendo más rápidas —debatió Ann.

—Ya déjalo, enana, no es como si fueras a venir con nosotros.

Esto sólo hizo que Ann se enfadara más.

—¡Ace! —El tono con el que dijo su nombre y un gesto de enojo por parte de su madre fueron suficientes para que Ace retrocediera. Las madres daban miedo.

—Muy bien, estamos con límite de tiempo, casi son las once —dijo James rescatando a su hijo.

Miró el muro que separaba a los andenes 9 y 10, estando de pie del lado izquierdo del último, y luego alrededor para asegurarse de que no había muggles cerca. Lily se apresuró a explicar:

—Muy bien, Ha… Luffy, sólo debes caminar hacia el muro, cierra los ojos y corre si te da miedo.

—Ok —respondió Luffy sin cuestionarse lo ilógico que sonaba el caminar hacia un muro de apariencia muy sólido. Por supuesto, su Haki de Observación le permitía ver la existencia de toda una zona oculta a los ojos de la mayoría y cuya entrada estaba frente a él.

Sin mucha prisa, empujó el carrito y atravesó el muro.

Fue recibido por una marea de gente vestida de forma pintoresca, con túnicas como las usadas en Arabasta, y un enorme tren de mar de color escarlata, el cual soltó un silbido que llenó el andén con vapor blanco.

—¡Estudiantes, favor de abordar el tren! —solicitó la voz de una mujer que retumbaba por todo el sitio—. Partimos hacia Hogwarts en quince minutos. No olviden su equipaje, gatos, sapos, ranas o lechuzas.

Ace ingresó justo detrás de él, seguido por el matrimonio Potter y Ann.

—Cuanta nostalgia me da este lugar —dijo James Potter mientras veía el andén atestado de gente—. ¿Recuerdas nuestro primer viaje, amor?

Lily Potter resopló.

—Cómo olvidarlo: tú y Sirius se metieron en una pelea con los Slytherin ni bien subieron al vagón.

—Se lo merecían: ¡estaban siendo idiotas!

Lily miró a sus hijos gemelos.

—No sigan el ejemplo de su padre, ¿quieren?

—Exactamente —le dio la razón James—. No inicien peleas hasta después del primer mes de clases, cuando ya puedan hacer algo más que lanzar chispas y humo de sus varitas.

—¡James Potter, eres incorregible!

—Soy un pirata, claro que soy incorregible —replicó su esposo con tono presumido.

—Vamos, se acaba el tiempo y tenemos que buscar una cabina vacía.

Se dirigieron a los vagones del final del tren, los cuales, sabían por experiencia, siempre estaban vacíos, al ser los últimos en llenarse. Lily sintió una punzada de amargura al notar que el tren era mucho más pequeño de lo que recordaba. Por supuesto, con la guerra, había muchas familias que se marcharon hacia los otros Blues, o que simplemente decidieron no tener hijos ante la situación. Y aun así el Ministerio se negaba a admitir a todos los Nacidos Muggle dejándolos a su suerte.

—Me extraña que no haya reporteros —dijo Ann, al notar que nadie los había parado en el camino.

Ace pusó mala cara al escuchar esto.

—El Ministerio decidió prohibirles el ingreso al andén —respondió James—. No quieren importunar a las familias que vienen a despedir a sus hijos.

—Bueno, en este vagón hay cabinas vacías —anunció Lily.

Antes de que James pudiera ofrecerse a ayudar a sus hijos, Ace ya había alzado los dos enormes baúles y los había subido en el vagón.

Luffy, todavía mirando a su alrededor con un gesto curioso, sonrió de oreja a oreja cuando una serie de presencias conocidas comenzaron a aparecer. Había tanta gente que le había sido complicado filtrarlas, pero ahora que lo había logrado sabía que nunca más podría perderlas de vista.

—Usopp, Sanji, Chopper, Robin, Franky, Jinbe —enumeró en voz baja.

Frunció el ceño. Había otra presencia, una que no le resultaba del todo familiar, pero que La Voz reconocía como nakama. Se concentró un poco más en ella, e incluso le envió una especie de saludo mediante su Haki de Observación.

—¡Vivi! —gritó cuando recibió la respuesta.

Ace se giró a verlo con el ceño fruncido. Detrás de él podía ver a sus padres igual de confundidos que él por la reacción repentina de su hermano.

—¿Luffy?

Su hermano no respondió, limitándose a sonreír ampliamente.

—Vaya bicho raro —murmuró Ann por lo bajo, ganándose una mirada de reprimenda de su madre.

Los Potter decidieron dejar pasar el detalle, tomándolo como otra más de las excentricidades que habían notado en su hijo… «En su hijo que creció solo en la jungla». James Potter tuvo que contenerse para no liberar una ola de Haki del Rey en medio de la estación.

Lily miró a sus hijos con los ojos llorosos. Especialmente a Luffy. No había pasado ni un mes desde que lo recuperaron, y ahora tenían que despedirse de él. Al menos esta vez no se iría por tanto tiempo, se consoló.

—Recuerden escribir —dijo—. Sé que es emocionante y todo, pero queremos saber todo lo que hacen.

—Descuida, mamá —la tranquilizo Ace—. Yo me ocuparé de eso… Luffy, bueno, él no es de los que mandan cartas.

Lily asintió, todavía un poco aturdida porque su hijo mayor conociera tan bien al hermano que estuvo lejos por tanto tiempo. Tenía que ser cosa de gemelos, decidió.

—Recuerden, nada de peleas hasta el segundo mes de clases…

—¡James!

—Oh, está bien, nada de peleas. —Terminó guiñando un ojo a sus hijos para indicar que no era en serio.

Lily se adelantó y dio un fuerte abrazo a los dos niños. Ace lo correspondió, mientras que Luffy, perdido al parecer en sus propios pensamientos, hizo un gesto de extrañeza ante el repentino abrazo. La mujer los soltó, depositando un suave beso en la frente a cada uno.

James Potter, por su parte, se limitó a revolverles el cabello.

—El tren está por irse, apresúrense —dijo con una sonrisa tan enorme que casi igualaba a la de Luffy.

Así, los dos chicos desaparecieron en el interior del vagón.

La voz de la mujer retumbó de nuevo en el andén anunciando la última llamada, pues el tren partiría en cinco minutos.

Luffy se sentó en el compartimiento, viendo por la ventana a la gran cantidad de personas que saludaban a sus hijos desde el andén, despidiéndose de ellos. Incluso James y Lily hacían lo mismo, así que Ace se asomó para devolver el saludo. Sonrió con nostalgia cuando vio a Ann contener el llanto.

Claro, Luffy por su parte tenía su mente en otra cosa. Sonrió feliz cuando las dos presencias que faltaban brillaron con toda su intensidad, y se apresuraron entre la marea de gente para subir al tren.

—Zoro, Nami —susurró alegre.

Concentró su Haki de Observación para verlos llegar.

—¡Por poco y no lo logramos! —exclamó Molly Weasley.

—No estaríamos tan atrasados si el pequeño Ronnie no se hubiera extraviado dos veces —agregó uno de los gemelos.

—¡Yo no me extravié! Ustedes se perdieron —exclamó Zoro.

Luffy se desconectó en ese momento, mientras enviaba su ubicación a todos sus nakama a través de Haki, incluso a Vivi, quien respondió con confusión.

Justo unos segundos antes de que el tren comenzara a moverse, Luffy captó otra ola de Haki. Una presencia que había permanecido oculta hasta el momento. Había pocas personas capaces de ocultar su presencia de él, y está en específico era una a quien estaba deseando ver desde hacía mucho.

—¡Sabo! —gritó poniéndose de pie de un salto.

Ace, quien veía por la ventana como su madre se despedía agitando la mano, mientras su padre consolaba a una llorosa Ann, saltó asustado ante el repentino exabrupto de Luffy.

—¿Sabo? —preguntó.

—¡Está aquí! Puedo sentirlo… ¿No lo sientes, Ace?

Luffy tembló de emoción. La puerta del compartimento se abrió y afuera había cuatro pelirrojos.

—Ace, Harry… —saludaron los gemelos.

—Dejamos a los enanos con ustedes… —dijo George.

—Nosotros iremos a buscar a nuestros amigos… —agregó Fred.

—Lee Jordan coló una araña gigante…

—Y tenemos que ir a verla.

Y se marcharon.

Luffy sonrió ampliamente, mientras Zoro y Nami entraban al compartimento. Zoro cargando ambos baúles, los cuales no tardó en subir a las rejillas del equipaje.

—Buenos días —saludó Nami.

—Buenos días —correspondió Ace.

Al instante siguiente, ambos pelirrojos estaban en el suelo cuando Luffy se arrojó sobre ellos dándoles un gran abrazo.

—¡Luffy! —gritó Nami—. Avisa cuando hagas estas cosas.

—Que molestia —murmuró Zoro con una expresión de fastidio, la cual pronto fue traicionada por una gran sonrisa.

—¡Zoro, Nami! —exclamó Luffy—. ¡Están todos aquí! Bueno, falta Brook, pero todos los demás están.

Nami abrió los ojos, sorprendida.

—¿Estás seguro?.

Aunque todos los mugiwara eran capaces de sentirse uno al otro gracias al Haki, habían descubierto que la muerte había atrofiado sus capacidades, y no estaban ni por asomo al nivel necesario para encontrar la presencia de los otros en un lugar tan atestado de gente como la estación del tren marino de Loguetown. Luffy, por otro lado, parecía no tener esos problemas. Algo que ciertamente se podía atribuir a su capacidad de escuchar La Voz de Todas las Cosas. Desde que Luffy aprendiera a manejar ese poder, tras la guerra contra los Yonko, la Voz nunca más lo había abandonado. El hecho de que los reconociera nada más verlos era prueba de esto último.

—Sí… Usopp, Sanji, Chopper, Robin, Franky, Jinbe… Incluso Vivi… Oh, y Sabo.

Ace miró a los tres niños desde la esquina del compartimento.

—¡Espera! —intervino—. ¿Cómo lo sabes?

—Puedo sentirlos —respondió Luffy como si fuera lo más obvio del mundo.

Ace asintió aceptando eso. Él podía sentir a Luffy instintivamente, al menos cuando estaba relativamente cerca, así que no le extrañó que pudiera ser capaz de saber dónde estaban sus nakama. Luffy siempre había tenido una intuición especial que ni él ni Sabo llegaron a comprender.

—Se acerca alguien más —aseguró Luffy.

Dos segundos después, la puerta de la cabina se abrió de nuevo y apareció un chico rubio de cara redonda y piel quemada, al parecer por estar mucho bajo el sol:

—¡Aquí estoy! ¡Soy el pirata más valiente de los mares! Tal vez les sorprenda, pero tengo más de diez mil subordinados. Los que me conocen me llaman el valiente, el único e invencible… El Dios, ¡Capitán Usopp!

—Estás mintiendo —dijeron los otros cuatro niños en el interior del compartimento.

Usopp agachó la cabeza deprimido.

—Sigues siendo gracioso —se rio Luffy.

Zoro y Nami sonrieron con nostalgia recordando la primera vez que se encontraron con Usopp en las costas de su isla natal.

—¿De verdad son los nakama de Luffy? —preguntó Ace.

A decir verdad, sus actitudes siempre le habían parecido similares a los recuerdos que tenía de su único encuentro con los nakama de su hermano, pero nunca pensó que de verdad pudieran ser ellos.

—Seguro estás confundido —dijo Nami—. Estoy segura de que Luffy no puede callarse un momento y revelar que de hecho él…

—Es la reencarnación del pirata del Sombrero de Paja —agregó Ace—. Sí, lo supe en cuanto lo vi.

—Ace es Ace —dijo Luffy mientras sonreía.

Zoro alzó una ceja, mientras Nami abría los ojos con sorpresa y Usopp lo miraba con una expresión muy exagerada de espasmo.

—¿Ace como en Portgas D. Ace? —preguntó Nami.

—¿No se habían dado cuenta? —preguntó Luffy ladeando la cabeza.

—¡Por supuesto que no! —gritó Nami—. Es decir, ¿cómo íbamos a sospechar…? Sabíamos que nosotros regresaríamos… La Dama Muerte… Y, bueno, ya sabes.

—¿La Dama Muerte?

—Ah, ¿cómo decirlo? Es una historia muy larga —agregó Usopp.

La puerta del compartimento volvió a abrirse y por ella se asomó una niña de cabello enmarañado de color castaño y una sonrisa burlona en la cara.

Fufufu —se rio la niña—. Parece que se están divirtiendo. ¿Puedo sentarme aquí?

La sonrisa de Luffy se ensanchó.

—¡Robin!

La niña, que venía preparada para la bola de energía que sabía le saltaría encima, utilizó su magia para evitar ser derribada cuando Luffy se arrojó sobre ella.

—Me alegra verlos de nuevo —dijo con una amplia sonrisa mirando a Zoro, Usopp y a Nami sobre el hombro de Luffy.

—Adelante —agregó Nami con un gesto de fingido exaspero—. Si me quedaba un poco más tiempo rodeada por tanto niño inmaduro, creo que me volvería loca.

—¡Oye! —gritaron Usopp y Zoro, mientras que Ace se había quedado dormido en la esquina del compartimiento.

—Creo que este lugar es un poco pequeño para todos —comentó Usopp cuando los seis se sentaron uno frente al otro.

Luffy parecía concentrado en buscar las presencias de los que faltaban.

—Vienen Franky y Chopper. —Frunció el ceño—. Creo que Sabo está en problemas.

Ace, quien ya había despertado, enarcó una ceja.

—¿Dónde está?

—Cerca —fue todo lo que dijo su hermano antes de ponerse de pie y abrir la puerta.

Ace se apresuró a seguirlo.

—¿Deberíamos…? —preguntó Nami.

—Seguro Ace puede evitar que se meta en problemas —le respondió Usopp.

Zoro se limitó a bostezar, luego se acomodó en su asiento y en menos de un segundo ya estaba roncando.

—En momentos como estos, extraño mis poderes Hana Hana —suspiró Robin.


2

Luffy abrió la puerta del siguiente vagón y fue allí cuando encontraron a Sabo. A diferencia de los otros, no había cambiado nada: seguía teniendo el mismo cabello rubio, el cual llevaba corto como cuando era niño en su otra vida. Vestía un traje azul desgastado que en otro tiempo debió ser muy elegante, además de un sombrero de copa a juego. Estaba de pie en medio del pasillo, sonriendo a un chico mayor que lo apuntaba con una varita.

—Por supuesto —dijo el chico mayor—. ¿Qué podía esperarse de un sangre sucia inmundo?

—Oh, te molestaste —dijo—. Sólo dije la verdad: eres un enorme imbécil. ¿Y qué es eso de sangre sucia? He escuchado mejores insultos a un niño de cinco años.

—¡Sabo! —gritó Luffy sin prestar atención al chico mayor.

—¡Oh, Luffy! Perdón por no ir antes, este… caballero, se interpuso en el camino.

Ace estaba de pie en la entrada del compartimiento con los ojos fijos en Sabo. Realmente era él. Sabo reparó en su presencia y se permitió una sonrisa avergonzada.

—¿De verdad eres tú, Ace? —le preguntó.

El chico mayor frente a Sabo gruñó antes de girarse para ver al recién llegado.

—¡Tú eres Ace Potter! —dijo abriendo los ojos sorprendido, antes de volver a fruncir el ceño—. Por supuesto, un traidor a la sangre como tú sería amigo de un asqueroso sangre sucia.

Ace apretó los puños mientras fulminaba al grandote con la mirada.

—No uses esas palabras frente a mí —advirtió con tono frío.

—¡Oh! ¿Y qué pretende hacer un mocoso de primero…?

Sabo los interrumpió interponiéndose entre ambos.

—Vamos, vamos, no hay necesidad de ponernos violentos —dijo. Luego, su mirada se ensombreció mientras miraba al grandote—. Porque entonces tendríamos que mandarte al hospital y, francamente, no quiero hacer mala impresión en mi primer día en una escuela nueva. Así que, caballero, porque no te pierdes.

—¿Te atreves…? —antes de que pudiera terminar, estaba en el suelo inconsciente con espuma saliendo por su boca.

Sabo se giró hacia Luffy, quien no parecía haber variado su expresión sonriente.

—¿En serio, Lu? Creo que te pasaste de la raya.

—Me molestó —respondió sin darle mayor importancia.

—¿Qué te parece, Ace? Nuestro hermano pequeño nunca cambia.

Antes de que pudiera decir nada más, Ace estaba en el suelo en pose de disculpas.

—Lo siento —dijo—. Debí saber… si yo hubiera…

Sabo suspiró.

—Está bien —dijo—. Las cosas malas simplemente pasan. Y yo, bueno, si hubiera podido habría regresado. Si tú te disculpas por cosas que no podías controlar, entonces yo también debería hacerlo.

Ace se puso de pie, secándose las lágrimas con la mano. Antes de que pudiera hacer algo más, Sabo le había dado un golpe en el estómago.

—Y esto es por ser un idiota e ir a morir de esa forma tan absurda. Te dije que si no aprendías a controlar ese temperamento tuyo haría que te mataran, pero, como siempre, no me escuchaste.

Ace respiró profundamente, tratando de recuperar el aliento. Mientras, Sabo se encontró envuelto en una bola de energía y con su saco lleno de lágrimas.

—Sabo… Te extrañé tanto… Si yo no hubiera…

—Está bien, Lu, hicimos elecciones. Tu destino era ser Rey de los Piratas, mi destino era luchar hasta el final para que todos pudieran tener libertad. En cierto sentido, funcionó. Mira el mundo ahora: los nobles ya no pueden hacer las mismas mierdas que hacían antes.

La mirada de Sabo se dirigió a Ace.

—Entonces, ¿qué han estado haciendo? Me enteré de que ahora eres una celebridad por ser un héroe.

Ace frunció el ceño con fastidio.

—Oh, cierra el pico.

Los tres hermanos pasaron un par de horas solos en el compartimento donde Sabo viajaba. Al parecer, otros chicos de grados mayores lo habían expulsado de otra cabina. Y cuando llegó a esa, ocupada por el chico grandote de antes, este se puso violento al ver su vestimenta. Así que, con el grandullón ahora inconsciente en el pasillo, lo cual generó cierta conmoción de otros alumnos que pasaban por allí, hasta que llegó un prefecto de séptimo y lo despertó, los tres eran libres de hablar con tranquilidad.

Había tantas cosas para ponerse al día.

—Oh, demonios, Lu —dijo al enterarse de que su hermanito había estado en el Monte Colubo—, si hubiera sabido habría ido a buscarte. Escapar del orfanato no es tan difícil. Ya creciste sólo allí con Ace una vez, ahora era mi turno.

—No es gracioso —se quejó Ace.

—Vamos, no lo tomes a mal —dijo riendo—. Ahora te toca a ti ver como Lu recupera el título. No ha habido un Rey de los Piratas desde que él… bueno, eso.

Ace frunció el ceño. No quería pensar en su hermanito muriendo.

—Pero, Sabo, esta vez deberíamos partir los tres. Hay una promesa pendiente, ¿recuerdas?

—¿A los diecisiete? —preguntó Sabo.

—Se supone que a los diecisiete estaremos comenzando nuestro último año en Hogwarts.

—Pero, Ace —se quejó Luffy alargando las palabras—. ¡No quiero esperar tanto!

—Sólo es un año más, Luffy.

—Bueno, ahora todos tenemos la misma edad —les recordó Sabo—. Tal vez deberíamos zarpar juntos los tres esta vez. Ya saben: viajar en el mismo barco, conquistar Grand Line juntos. Hacer el viaje que nunca pudimos.

Luffy ensanchó su sonrisa.

—¿Una sola tripulación? —preguntó Ace, y luego sonrió—. Me gusta.

—¡Yo soy el capitán! —gritó Luffy.

—¡Por supuesto que no! —replicó Ace.

—Pero yo soy el Rey Pirata… eso significa que soy el de más rango aquí.

Ace frunció el ceño.

—¿Dónde aprendiste sobre los rangos?

Luffy simplemente rio más fuerte.

—Seamos capitanes los tres —dijo Sabo—. Somos los piratas ASL, después de todo.

Ace y Luffy se miraron un momento.

—¡De acuerdo! —dijeron.

—Necesitaremos una tripulación —les recordó Sabo—. Creo que esa será nuestra misión principal en Hogwarts.

—Pero yo ya tengo una —se quejó Luffy—. Tengo un primer oficial, un navegante, un mentiroso, un cocinero, un médico, un arqueólogo, un carpintero, un timonel y, lo más importante, un músico… Oh, y una princesa también.

—Todos volvieron, ¿eh? —se emocionó Sabo—. Me preguntó si Koala estará por allí también.

Ace frunció el ceño. ¿Quién era Koala?

—Te sonrojaste…

—¡No es cierto! —Sabo negó, rojo como un tomate.

—De todas formas, ¿para qué necesita una tripulación pirata un arqueólogo?

Luffy frunció el ceño.

—¡No podemos dejar a Robin!

—No quise decir eso —se defendió Ace de inmediato.

—Llegar a Laugh Tale no es fácil —explicó Sabo—. Necesitas de alguien capaz de descifrar el camino. Nico Robin debe ser una de las pocas personas capaces de hacerlo, si no es que la última. Desafortunadamente, el Gobierno Mundial logró destruir todo el conocimiento para leer los Poneglyph antes de su caída. Los arqueólogos llevan décadas, desde que se redescubrieron algunos de ellos, discutiendo si es posible recuperar ese conocimiento.

Sabo hizo una mueca extraña.

—Siempre he pensado en lo curioso que es el hecho de que Luffy haya sido capaz de reunir la tripulación perfecta para llegar a Laugh Tale. Creo que todos ustedes estaban destinados a hacer eso.

Luffy inclinó la cabeza.

—No, no era el destino, eran nuestros sueños.

—Sueños guiados por el Destino.

Luffy rio.

—Debo irme —dijo—. Mis nakama me esperan.

—Oh, y creo que, antes de tomar la decisión absoluta sobre el viaje, habrá que preguntarles.

Ace asintió de acuerdo con Sabo.

—Yo no creo que les importe.

Luffy abrió la puerta y salió de la cabina.

—¿Estará bien? —preguntó Ace.

—Si se trata de llegar donde sus nakama, no puede perderse.


3

Luffy llegó a la cabina justo en el momento que Sanji finalmente se presentó. Al igual que Sabo no había cambiado mucho. Tenía el cabello rubio, aunque con cierto tono platinado, y su flequillo tapaba uno de sus ojos, esta vez el izquierdo. Sólo le faltaban los remolinos de las cejas y su característico cigarrillo.

—¡Luffy! —saludó con una voz infantil, antes de también verse arrojado al suelo por la bola de energía que era su capitán.

—¡Sanji! —gritó.

—Maldición, sigues teniendo mucha fuerza, capitán de mierda.

Luffy se rio mientras se sentaba sobre el pecho de su cocinero.

La puerta de la cabina se abrió y los otros niños se asomaron.

—¡Luffy! —esta vez fue el turno del capitán de caer al suelo cuando la forma llorosa de un niño se arrojó sobre él.

—¡Chopper!

Chopper no era un reno que había comido una fruta. Era humano: tenía el cabello corto de color negro y la piel de un tono rosa pálido. Además de ser de estatura pequeña y complexión algo delgada.

—¡Oh, sí! ¡Qué encuentro tan Súper! —gritó un niño de complexión más robusta, cabello color arena y que vestía una camisa con motivos floreales sin abotonar. Llevaba pantalones, puesto que su madre los había hechizado para que no pudiera quitárselos por más de un minuto (o a menos que estuviera bañándose o haciendo otras necesidades).

—¡Franky!

—Capitán —saludó una voz tranquila.

Jinbe era humano también. Era el más alto, y en realidad iba por delante de todos ellos en Hogwarts, siendo de dos a tres años mayor que el resto. Tenía el cabello medio largo de color oscuro y unos ojos grises de mirada serena.

—Jinbe —lo reconoció Luffy poniéndose de pie, a lo que su timonel respondió con una ligera inclinación de cabeza.

—Entonces, ¿es verdad? ¿Todos volvimos? —preguntó una chica. Tenía el cabello pelirrojo de un tono similar al de Zoro y Nami, aunque mucho más largo que el de la última.

—Vivi —dijo Luffy sonriendo.

—¿Cómo sucedió esto? —preguntó la ex princesa—. Llevo toda una vida preguntándome esto. Morí, rodeada de mi familia, y luego fue como despertar de un sueño poco a poco.

Nami suspiró.

—Es una larga historia —dijo—. En pocas palabras: todavía hay trabajo que hacer. Aunque, me sorprende que tú…

—Vivi es nakama —interrumpió Luffy—. Incluso si no viajó con nosotros hasta el final, un nakama es un nakama.

Robin pareció pensar un poco lo que ocurría, antes de decir su hipótesis:

—Posiblemente todo aquel que verdaderamente se considere a sí mismo, y por los otros un Sombrero de Paja, regresó.

—Merry está de vuelta, puedo creer eso —agregó Usopp.

Se escuchó que la señora del carrito de golosinas se acercaba, así que como pudieron se apretujaron todos en el compartimento.

—Mierda, porque tengo que estar con el marimo de mierda a lado.

—Cierra la boca, ceja rizada.

—¡Tu insulto ya no vale!

—¡Tampoco el tuyo!

Nami suspiró.

—¿Quieren algo…? —preguntó la vendedora—. Son demasiados para un solo compartimento, deberían dividirse al menos en dos.

La mayoría se veían avergonzados, mientras Luffy no paraba de ver los dulces con los ojos brillosos.

—Oh, quiero uno de cada uno —dijo mientras sacaba varias monedas de oro de su bolsa.

—¿Uno de cada uno? —preguntó la mujer estupefacta.

—Es verdad, es muy poco, ¡qué sean diez de cada uno! —Y sacó veinte monedas más—. ¿Es suficiente?

—Hasta te sobra, guapo —dijo la mujer mientras se apresuraba a pasar la varita por el carrito para guardar los dulces en una bolsa con un conjuro de expansión indetectable.

—¡Gracias! —dijo Luffy recibiendo la bolsa con su compra y el cambio.

—Sabes, te haré un favor sólo por esto, pero únicamente durará hasta que el tren llegue a Hogsmeade.

Les pidió que salieran del compartimento, y luego arrojó un hechizo de expansión.

—Listo, que tengan un buen viaje.

Ahora, con mucho más espacio, todos los Sombrero de Paja se sentaron cómodamente mientras Luffy, sentado en el suelo, vaciaba el contenido de su bolsa frente a él para examinar su compra.

—Supongo que deberíamos presentarnos —dijo Nami—, ya saben, nuestros nuevos nombres. No podemos usar nuestros nombres originales o llamaremos mucho la atención.

—De acuerdo, estamos en los libros de historia, al menos en los muggles es así —les explicó Robin.

—Bien, soy Ginny Weasley en esta vida, y supongo que ya notaron que tengo que soportar a Zoro como mi hermano. Su nombre es Ron.

—Cállate, bruja.

—Oh, claro que lo soy —respondió Nami enseñando la lengua.

Sanji parecía dividido entre patear a Zoro o no, tomando en cuenta que ahora técnicamente su insulto ya no tenía el mismo efecto al ser Nami realmente una bruja.

—Díganme una cosa —les preguntó Robin—. ¿No habrán tenido un romance secreto? Alguna vez leí que los amantes, si mueren juntos, renacen como hermanos.

Sanji quedó hecho piedra ante la simple idea del marimo y su hermosa Nami teniendo intimidad.

—¡Yo con esta bruja!

—¡Yo con este bruto!

Robin simplemente sonrió divertida.

—Por cierto, en esta vida soy Hermione Granger —explicó.

—Cedric Diggory —se presentó Jinbe.

—¡Él único e insuperable, dueño de una isla completa, con un ejército de diez mil subordinados! ¡El capitán Neville Longbotton!

—¡Ah, diez mil subordinados! —gritó Chopper sorprendido.

—Miente —dijeron varios.

—¡Ah! ¿De verdad?

—Nunca dejes la inocencia, Chopper —dijo Robin—. Y si alguien se atreve a destruírtela, tendré que asesinarlo.

—Sí, bueno —interrumpió Vivi—. Soy Susan Bones.

—¿Bones? —preguntó Usopp—. ¿Cómo en Amelia Bones?

—¿Hay otra familia Bones en el East Blue Mágico? —replicó Vivi con claro sarcasmo.

—Oh, cierto —respondió Usopp riéndose.

—Soy Terry Boot —fue el turno de Chopper.

—Oh, debí saber que eras tú —dijo Robin—. Leí que lograste graduarte de la universidad de medicina de la Isla Gecko con sólo nueve años. Solamente que no había fotos, por causa de la ley de protección a los menores.

—Basta, tonta, no creas que me haces feliz con eso —respondió Chopper retorciéndose de felicidad.

Robin simplemente sonrió y le revolvió el cabello al joven médico.

—Los Boot son sangre pura, ¿cómo fuiste a una escuela muggle? —preguntó Vivi.

—Mamá es Nacida Muggle, y quería que tomara la educación básica en una escuela muggle.

—Parece que hiciste un poco más que eso —dijo Robin riendo.

—¡Eso no me hará feliz!

Fue el turno de Franky:

—Seamus Finnegan. No es un nombre muy Súper, así que sigo optando por Franky.

Nami miró a Luffy, quien estaba más entretenido mascando cuanto dulce le cabía en la boca, y a Sanji que todavía no se recuperaba de su petrificación.

—Luffy es Harry Potter.

Todos allí lo sabían. El misterioso gemelo Potter perdido todavía era primera plana en todos los diarios del East Blue Mágico y quizá más allá.

—Y Sanji es Draco Malfoy —agregó Usopp.

—Oh, es verdad —recordó Nami, ya que Usopp se los había dicho antes—. Bueno, al menos así sus peleas con el idiota no pasarán por algo raro.

—Cierra la boca —gruñó Zoro abriendo uno de sus ojos.

Robin miró su reloj. Era uno viejo de cuerda que había pertenecido al abuelo Granger. Su investigación sobre este Mundo Mágico le hizo saber que los relojes más modernos no funcionarían en Hogwarts.

—Son casi las cinco, llegaremos en menos de dos horas, tal vez sea hora de cambiarnos.

Así, las chicas obligaron a los chicos a salir del compartimento para cambiarse.

Media hora más tarde, con todos ya en sus túnicas, Ace y Sabo finalmente aparecieron. Se hicieron las presentaciones de rigor, mientras Ace regañaba a Luffy por gastar tanto en golosinas.

—Arruinarás tu apetito —dijo—. Esta noche habrá un gran banquete.

—¿Banquete? —preguntó Luffy babeando.

—No arruinará nada —explicó Sabo—. Ustedes dos siempre han sido agujeros sin fondo de comida.

Ace se enfurruñó por eso.

Pasaron el tiempo que restaba del viaje divirtiéndose con una partida de snap explosivo y terminando las pocas golosinas que Luffy dejó.

Finalmente, a las siete de la noche, el tren comenzó a aminorar su marcha.