Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
█ █ █ █ █ Derechos reservados █ █ █ █
Angiie 3
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
De la propuesta.
-Bien chicos, estamos a 15 días para la boda. – Ino nos recordó. – Todo debe salir perfecto, así que… – Miró a Shikamaru con desdén. – Por una vez en tu vida vístete decente, vago.
-Es la boda de Hinata, Ino. – Shikamaru le hizo señas al camarero para que nos llevara la cuenta. – Cada día lo recuerdas y suenas más emocionada que Hinata.
-Bueno, lo estoy. – Ino rodó los ojos. – Ustedes saben que tengo un don para organizar fiestas.
-Alguien quiere casarse de nuevo, Sai. – Shikamaru se burló.
-No seas ridículo, Shikamaru. – Ino le miró con fastidio.
Miré con orgullo al pequeño grupo de personas que me acompañaban en la mesa. 5 años después seguían siendo los mismos, con pequeños detalles modificados.
Ino y Sai llevaban ahora 2 años casados. Finalmente y pese a todas las apuestas en su contra, fueron la primera pareja del grupo en volverse oficialmente esposos. El que la más habladora del grupo se hubiera decidido a dar el 'si' era algo de festejar… tal y como lo hizo Ino con su boda ridículamente ostentosa. Nos había obligado a Hinata y a mí a llevar vestidos morados y a los chicos a llevar corbatas del mismo color. Por supuesto, Sasuke y Shikamaru se negaron. Y pese a ello, Ino amenazó con avergonzarlos públicamente en la recepción si no lo hacían.
Hinata y Naruto serían los siguientes, pero era algo que todo mundo ya esperaba. De ellos nunca habíamos escuchado una verdadera pelea. Pocas veces se separaban el uno del otro y a menudo la gente pensaba que eran familiares porque siempre andaban de un lado a otro juntos. Finalmente se casarían y afortunadamente, ambos habían acertado eligiendo una boda pequeña en la playa, discreta y sin corbatas coloridas.
Shikamaru era el único que si bien no estaba casado, tenía pareja estable. Su novia, Temari, vivía en otro estado. Temari era hija de un antiguo mandatario y hermana mayor de un político importante y otro… no tan sobresaliente pero igual de renombre. Prácticamente era considerada una princesa en su tierra y Shikamaru era el indeseable novio vago que ningún padre aceptaría, pero que extrañamente el de Temari sí. Shikamaru la iba a visitar ocasionalmente y ella lo había hecho un par de veces. Esas fueron las únicas veces en que nuestra mesa necesito de una silla más.
Con el tiempo había perdido a muchas personas. Pero ellos seguían ahí, siendo mi punto constante en un mundo cambiante. Cada domingo a las 10:00 am, en el 'Ichiraku' y con un chisme nuevo que viborear. Hasta cierto punto, una parte de mi amaba esa estabilidad emocional que ellos me brindaban.
-¿Hinata, fuiste ya a la última prueba de vestido? – Shikamaru preguntó ante el silencio que se había producido en la mesa.
-Aún no. – Hinata respondió mientras entrelazaba los dedos con los de Naruto. – Iré unos 3 días antes, ¿me acompañaran, cierto? – Nos miró a Ino y a mí.
-Yo si puedo – Ino alzó la mano como si dijera: "presente" – No sé Sakura, pero yo sí.
El camarero se acercó a nuestra mesa con la cuenta y se llevó los platos en una enorme charola plateada.
-No me lo perdería por nada del mundo. – Saqué un par de billetes de mi bolso y se los di a Shikamaru quien siempre se encargaba de dejar el dinero exacto sobre la mesa. – ¿Pero con 3 días serán suficientes?
-Yo espero que sí. – Hinata respondió. Podría notar a kilómetros de distancia la ilusión en su rostro.
-Bueno, podríamos aprovechar igual para buscar el conjunto que usarás después. – Ino chilló sacando una libreta pequeña de su bolso de mano. – ¿Qué tal el próximo miércoles?
-¿Qué quiere decir con el conjunto que usará después? – Naruto me preguntó algo nervioso.
-Conociendo a Ino, y según veo en su expresión… – Traté de explicarlo |– quiere decir la lencería que se pondrá Hinata para la noche de bodas. ¿Me equivoco, Ino?
-No, frentona. – Ino me sonrió – Estás en lo correcto.
-Pe… pero, Ino. – Hinata estaba sonrojada hasta las orejas. – Yo no…
-Oh, vamos, Hina. – Ino le interrumpió. – No vas a ir a la guerra sin fusil, ¿o sí?
-Ridículo. – Sasuke volvió a hablar, finalmente. – Se van a casar, no creo que no lo hayan hecho antes.
Esta vez, hasta Naruto se sonrojó.
-No… Sasuke-kun – Hinata empezó a mover las manos nerviosa – Nosotros…
-Ellos son quienes menos hablan de su vida sexual. – Shikamaru comentó mostrándose más despierto que en otras platicas.
-Además, ¿Qué quieres decir con ridículo, Sasuke? – Ino se exaltó de nuevo. – Aunque ya lo hayan hecho, la lencería es importante para esa noche.
-Pero, Ino… – Hinata intentaba hablar aún.
-Hmp, eso es lo de menos. – Sasuke miró por unos breves segundos. – No creo que Hinata sea de las que necesita lencería fina para provocar a Naruto.
-Teme, por más confianza que haya, Hinata, sigue estando más que en los limites inquebrantables. – Naruto dijo aunque Sasuke no le hacia caso.
-¿Qué quieres decir con que no la necesita? – Ino se levantó de su silla mientras tomaba la mano de Sai.
-Bueno, sólo mírala. – Sasuke me miró por unos muy breves segundos a los pechos y por ultimo me guiñó el ojo antes de levantarse de la silla. – Para empezar… dudo que ella necesite relleno en el sostén…
-Le voy a matar. – Rezongué apoyando mis manos sobre la mesa y empujando la silla hacia atrás antes de levantarme.
-No entendí nada de eso – Ino me miró con curiosidad y después regresó la vista a una aún asustada Hinata. – Pero… Hinata, ¿el próximo miércoles está bien?
-Bien. – Hinata suspiró rendida mientras Naruto la abrazaba infundiéndole apoyo.
Caminé hacia la salida seguida de Shikamaru. Y como si no les bastara con las 2 horas que nos hacíamos en la cafetería, nos reunimos nuevamente alrededor del auto de Sai mientras Ino y Hinata terminaban de conversar sobre los pequeños detalles que aún faltaban por arreglar. Me paré justo entre Sasuke e Ino y contemplé mis uñas sólo para no aburrirme. Rogaba internamente que ya cambiasen de tema. No es que no estuviera emocionada por la boda, es sólo… que Ino nos lo daba a desayunar, almorzar y cenar diario. No había día que no nos recordara los días restantes antes de la boda y no había necesidad de ello. Aparentemente Shikamaru tenía razón, Ino quería casarse de nuevo. Eso, o su sueño frustrado era ser organizadora de bodas.
- Sí algún día me llego a casar, nunca dejen que Ino se entere. – Shikamaru nos susurró a Sasuke y a mí.
-Imposible. –Respondí.
-Sakura, yo te llevo a casa. – Sasuke me informó mientras se hacía el idiota tratando de cambiar el tema que Ino había impuesto. – Aún tenemos cosas de qué platicar.
-Sí es de Lee, no estoy interesada. – Le previne.
-Juro que no. – Llevó su mano derecha a su pecho a la altura del corazón.
-¡Sakura! – Ino gritó sobresaltándome momentáneamente. – No olvides que tienes pocos días para ponerte a dieta rigurosamente.
-Bien. – Gruñí. – No tienes porque gritarlo.
-Oh, vamos. – Ino me rodeó los hombros con su delgado brazo izquierdo. – No es para tanto, sólo será por ese día. La dama de honor debe lucir encantadora.
-Ni dejando de comer, Ino.
-No seas pesimista. – Ino se apartó de mí. – Sólo necesitas unos cuantos gramos menos y listo.
-Y más relleno. – Sasuke murmuró cerca de mi oído –También necesitarás esa salida para comprar lencería, yo apostaría que el color rojo te queda perfecto.
Estiré mi brazo y estampé mi puño izquierdo contra el brazo de Sasuke provocando que se sobresaltara.
-Sabes que bromeo, molesta. – Sasuke me dio unas palmaditas en la cabeza.
Naruto miró la pantalla de su celular y se despidió alegando que aún tenía trabajo pendiente y poco tiempo para terminarlo.
-Hasta el domingo, chicos. – Naruto dijo antes de subirse a su auto con Hinata.
-Estaremos en contacto, no lo olviden. – Ino se 'despidió'.
Shikamaru me dio un rápido abrazo y a Sasuke un apretón de manos antes de subirse en su nueva motocicleta. Me di la vuelta y caminé rumbo al auto de Sasuke. Ya sabía yo que él no era la persona más paciente del mundo y que el regreso a mi departamento dependía de la velocidad en la que entrara en su auto. Sasuke llegó al auto antes que yo cerrando la puerta de un portazo y le metió seguro al resto de las puertas.
Me detuve justo en frente del auto tapándole el camino. Sasuke bajó el vidrio de su lado.
-Tardaste más de 30 segundos. – Me miró con una sonrisa burlona. – Tú ya sabes que la paciencia no es un don que se me dé.
-Que te jodan. – Le mostré mi dedo medio y él abrió la puerta para que yo entrara.
Subí al auto rápidamente y bajé la ventanilla mientras Sasuke conducía hacia la carretera. Encendí el estéreo y me relajé mientras buscaba cualquier canción en la radio que despejara mi mente por unos breves instantes.
-¿Quieres dejar una canción y ya? – El mal genio de Sasuke hizo acto de presencia.
-No.
Cuando finalmente encontré una canción lo suficientemente lenta pero pegajosa como para relajarme, me di el lujo de bostezar un par de veces. Definitivamente necesitaba dormir un buen rato.
Giré el rostro para ver a Sasuke Uchiha a mi lado. Mi estúpido, muy estúpido amigo. No le vi importancia alguna a disimular que descaradamente le estaba examinando. Era consciente del atractivo físico que tenía, pero su rostro me era tan familiar como el mío propio y por más que lo pensaba no terminaba de decidir que era exactamente lo atractivo en él. Ciertamente había dejado atrás sus rasgos adolescentes y ahora se veía completamente más maduro, aunque su cabeza seguía siendo hueca y gustara de fastidiarme tanto como a Shikamaru le gustaba hacer enojar a Ino. Por supuesto, seguía siendo terriblemente fastidioso cuando se lo proponía e impaciente. Su clásico 'Hmp' era algo a lo que me había acostumbrado, pero aún me causaba curiosidad tratar de averiguar el porqué lo repetía a veces sí y a veces no. Además de su lengua viperina que siempre destilaba veneno cuando se trataba de alguien que no le agradaba y su instinto básico de venganza cuando él lo consideraba necesario.
-¿Qué? – Sasuke preguntó de repente y mirándome fijamente también.
-Sólo te observaba. – Respondí sonrojándome por haber sido descubierta.
-¿Y qué observabas? – Sasuke no apartaba la mirada de mí.
-Que sigues siendo un idiota. – Respondí. – Deja de mirarme y conduce, estoy cansada. – Regresé mi vista al frente notando que el auto estaba estacionado. – Ahh…
-Hemos llegado hace como 5 minutos. – Sasuke ladeó la cabeza y parpadeó un par de veces. – ¿Te encuentras bien?
-Algo cansada – Suspiré mientras abría la puerta del auto y salía de él ligeramente apenada por mi ensoñación.
Sasuke salió del auto también y me tomó del brazo antes de que yo pudiera abrir la puerta del departamento. Me jaló hacia él haciendo que quedáramos frente a frente.
-¿De qué querías hablar? – Le recordé ignorando sus formas bruscas de reclamar mi atención.
-Nada en especial. – Reconoció. – Descansa, y suerte mañana.
-¿Por qué? – Le miré confundida. ¿Suerte?
Sasuke se llevó el dedo índice a la frente, justo a la altura de las cejas y su expresión me recordó a las cejas de Lee.
-Prometiste no hablar de Lee. – Me separé de él.
-No lo hice. – Se dio la vuelta y abrió la puerta de su auto – Tu dijiste su nombre, no yo.
Sonreí para mí misma sintiéndome derrotada.
Sasuke entró a su auto y me dio 'adiós' con la mano izquierda antes de arrancar y marcharse.
Entré a mi departamento y cerré la puerta de un portazo. Bostecé sonoramente y decidí que ir a la cama sería una excelente idea. Me sentía patéticamente agotada. Caminé rumbo a mi habitación casi arrastrando los pies, hasta que el ruido de unas patitas corriendo hacia mí, me regresaron momentáneamente la energía.
-Hola, Gilbert. – Saludé al pequeño perrito que Sasuke me había regalado 2 años atrás con la excusa de que sería el 'único machito constante en tu cama'. Y ciertamente, era el único que tenía permitido acurrucarse por las mañanas, tardes y noches a mi lado y el único al que le dedicaba canciones de amor.
Gilbert dio pequeños brincos frente a mí y recordé que había olvidado alimentarlo esa mañana. En cuanto me aseguré de que sus tazones de agua y comida estaban llenos, caminé hacia la cama con la misma idea inicial. Tirarme en ella y no levantarme hasta el día siguiente. Era poco más de mediodía y necesitaba con urgencia que la semana pasara rápido y que pronto fuera viernes de nuevo.
Me recosté en la cama sin molestarme en quitarme los tenis. Rodé por ella buscando una posición cómoda que me permitiera acomodar mis ideas y solucionarlas. Mi almohada, mi fiel consejera. Lo primero que tendría que resolver era Lee. Aún no había meditado como mantenerme alejada de él por el resto de mi vida y la idea de tener que verlo en el trabajo me desesperaba. Lo segundo sería buscar alguna forma de no engordar para tener contenta a Ino, al menos hasta que pasara la boda. Y por último… necesitaba con urgencia aprender a ser más selectiva con mis parejas nocturnas para nunca volver a meterme en un embrollo como el de Lee. El recuerdo de él corriendo hacía mi en el elevador me provocó una mezcla de pena ajena y risa.
Seguramente yo era la peor perra del mundo, pero Lee ni en un millón de años era lo que estaba buscando.
Saqué el celular de mi bolso y le mandé un mensaje a Sasuke calculando que ya estuviera en su casa.
"¿Algún consejo?"
Me levanté de la cama y encendí la televisión mientras buscaba algo realmente entretenido que ver para mantenerme o despierta, o algo lo suficientemente aburrido como para dormir en el sillón. Sólo un par de minutos después, Sasuke respondió:
"No le des explicaciones, no las entenderá."
Simple, sencillo y preciso. Pero con Lee no funcionaría. Nada lo haría.
Me recosté en el sillón mientras acariciaba a Gilbert acostado en la alfombra cerca de mí.
Para cuando la noche cayó, la respuesta ya había llegado a mi cabeza: Yo era malísima para planear cosas. Así que me dije a mi misma: "Seguro que mañana sabré que hacer." Pero no era cierto.
Toda la mañana del lunes me la pasé en mi consultorio tratando de ocuparme lo suficiente como para no toparme con nadie indeseable. Procuré atender a todos mis pacientes tomándome el tiempo necesario, y aún así me descubrí libre de trabajo demasiado temprano para mi gusto. Así que salí del consultorio rumbo a una máquina de dulces necesitada con urgencia de algo para no morir de hambre. Me paré frente a la máquina decidiendo que se me antojaba más en ese momento, indecisa sobre si debía comer algo o simplemente beber un café instantáneo.
-Ni lo sueñes. – Unas delgadas manos taparon mis ojos. – Esto es la tentación, no le mires. – Podía reconocer esa voz, porque no era para nada discreta.
-Ino, en serio muero de hambre. – Pero sólo escuché su tenue sonrisa.
-Estás a dieta. – Me recordó.
-Ya me probé el vestido, me queda perfecto. – Me separé de ella. – Te juro que un panquecito no me hará daño.
-Sí, ya te probaste el vestido. – Me dio la razón – Y es precisamente por eso que no debes engordar. Me daría mucha vergüenza que tengas que ir a pedir que te cambien de talla el vestido.
-Bien. – Me resigné arrastrando los pies de regreso a mi consultorio. – Iré por una fruta o algo.
-Mucho mejor. – Ino se dio la vuelta y caminó airosa y velozmente de regreso a su consultorio con sus elegantes tacones resonando por el pasillo. En cuanto el ruidito estuvo lo suficientemente lejos, regresé a la máquina, metí una moneda y saqué lo primero que vi. Sonreí victoriosa y caminé de regreso a mi consultorio rogando porque el resto de las horas laborales que me quedaban pasaran rápido. Y de alguna forma, agradecí que asiera fuera.
Esa noche al llegar a mi departamento, Sasuke Uchiha me estaba esperando afuera. Tenía la chaqueta colgando de su brazo izquierdo y las mangas de su elegante camisa blanca arremangadas hasta sus codos. Su corbata lucía completamente chueca y su cabello estaba jodidamente revuelto. Por alguna enferma razón, esa imagen de Sasuke me pareció complemente sensual.
-¿Alguna de mis vecinas te atacó? – Dije llamando su atención. – Luces… ultrajado.
-Muy graciosa. – Me miró haciéndose a un lado para que yo abriera la puerta.
-¿Ocurre algo? – Pregunté nerviosa. Sasuke no era el tipo de persona que llegaba de visita en las noches, generalmente sólo llamaba o me mandaba mensajes para hacerme saber que seguía con vida, pero nada más.
-Nada de eso. – Sasuke entró al departamento detrás de mí. – Quería verte.
Oh, tampoco era de esos tipos que "Sólo querían verme" Por Dios, ¿a quién creía que engañaba? Sasuke Uchiha era esa clase de caballeros que prefería hacer una videollamada antes que conducir 20 minutos hasta la casa de una chica para "verle".
Sasuke se sentó en mi sillón con una postura demasiado relajada mientras subía a Gil a sus piernas y lo acariciaba.
-Hola, pequeño ¿Tu ama te trata bien?
-¿Quieres beber algo? – Pregunté por cortesía desde la cocina.
-A penas es lunes, Sakura. – Le escuché responder – Guárdalo para el viernes.
-Me refería a café, jugo, agua, té… – Asomé por la puerta y le vi meditando su respuesta.
-Sólo agua suena bien. – Respondió.
-Bien.
Serví un par de vasos con agua helada y le ofrecí uno mientras me sentaba junto a él en el enorme sillón.
-¿Cómo te fue con Karin? – Pregunté mientras encendía el televisor. Estaba tratando de tantear el terreno, llegar al fondo de porque sorpresivamente ahora quería verme. Aunque siendo sincera, su rostro serio e inmutable le estaba delatando. Con seguridad había tenido un día de mierda y por ser un 'machito' no buscaba como quejarse.
-Fue un martirio. – Respondió restándole importancia. – Karin es insistente cuando se lo propone. ¿Qué hay de Lee?
-No le vi en todo el día, y me pareció fabuloso. – No pude contener la emoción en el tono de mi voz.
-Hmp, qué afortunada. – Sasuke sonrió satisfecho.
-¿Estás listo para la boda? – Pregunté sólo para sacar un tema de conversación. La idea de parecerme a Ino con el tema de 'la boda' cada 5 segundos no era agradable.
-Naruto me ha dado la total libertad de llevar una corbata del color que yo quiera. – Respondió con serenidad – Supongo que estoy listo.
-Yo en cambio debo entrar en un vestido pequeño y rosado.
-Y debes conseguir una lencería a juego…
-Con relleno, – Predije el final de su chiste. – muy gracioso.
-Hmp. – Sasuke sonrió de lado.
Me acomodé mejor en el sillón adoptando una postura relajada como Sasuke, quien tras un breve silencio volvió a beber de su vaso y continúo:
-Después de Naruto, posiblemente Shikamaru sea el siguiente. – Su voz sonaba distinta, nostálgica. – Y entonces sólo quedaremos tú y yo.
Recosté mi cabeza en su hombro y suspiré. Ya nos había visto a Gilbert y a mí en un futuro, solos y viejos contra el mundo.
-Después serás tú – Predije – y entonces…
-No pienso casarme. – Me interrumpió. – No creo hacerlo.
-No me digas que pretendes encajar en ese cliché. – Me separé de él.
-¿Cuál? – Me miró confundido.
-Hijo de padres divorciados que no cree en el matrimonio.
Sasuke sonrió de esa manera que no lograba descifrar y me miró de nuevo con confianza en los ojos.
-No. –Respondió. – Pero, tal vez, si llego a casarme… me casaría una sola vez, no 2 como mi madre o 3 como mi padre.
-Así que buscas a tu única. – Afirmé.
-No la estoy buscando, de hecho. No planeo casarme por ahora. – Hizo una mueca con sus labios. – ¿Tú sigues buscando al príncipe azul?
-No. – respondí de inmediato. – Llegará cuando tenga que llegar. Mientras tanto… – Le miré haciéndole un gesto sugerente. – El sexo es mi único anti estresante.
-Ya lo creo. – Sonrió de nuevo.
-¿Llevarás a alguien a la boda?
-No, llevar a una chica a una fiesta casi familiar es generalmente mal interpretado… ¿Tu llevarás a alguien?
-¡Ni loca! – Bostecé – Ino no me va a dejar en paz toda la noche.
-Bueno, nunca falta la amiga incómoda y solterona en una boda que está desesperada por acostarse con el padrino. – Se encogió de hombros. – Tal vez llegue solo pero salga acompañado.
-Sí, sólo que el padrino será Sai… y la única amiga solterona y desesperada de Hinata… soy yo. – Hice una mueca de desagrado. Joder.
-Pues podría emborracharte deliberadamente, llevarte a mi habitación del hotel y… – Detuvo sus románticas palabras por unos instantes – No me molestaría tener sexo contigo.
-Si… no lo creo. – Bebí de mi vaso de agua.
-¿Por qué no?
-Eres Sasuke…
-¿Y?
-Bueno… para empezar tengo mucha Grasa, lonjas, llantas… gordura. Yo estoy acomplejada con mi cuerpo. – mentí.
-¿Y? – Parecía incrédulo – eso no es molestia alguna. Escucha… – se acercó un poco más a mi – ese es el secreto con el cual los profesionales no suben de peso.
-¿Sexo?
-Lo creas o no, quemas muchas calorías cog… teniendo sexo. – Regresó a la posición en la que estaba antes – es el mejor ejercicio que podrías hacer. Eso dependiendo de cuantas ganas le eches al trabajo. Y… – añadió – son 2 horas de ejercicio que ni siquiera ves pasar.
-¡No te creo! – Grité asombrada – Soy médico y no estoy segura de todo lo que dices… Primero… ¡¿2 horas?!
Sasuke me hizo señas para que bajara el tono de mi voz como si alguien pudiera escucharnos. Dios, sólo estamos él y yo… y Gilbert.
-2 horas – repitió.
-Yo no creo que…
-Yo normalmente hago 2, pero eso depende de la situación.
-Estás demente – Negué varias veces con la cabeza.
-Como sea, sí tuviéramos sexo… seguro que te enviciarías conmigo.
-¿Cómo Karin?
-Posiblemente. – Asintió.
-Como sea, si tu vieras los defectos corporales que tengo… perderías tu erección. Créeme.
Sasuke volvió la mirada hacia el televisor. Imité su acción concentrándome en el estúpido programa de comedia que Sasuke odiaba y yo amaba, y más que nada ocultando el sonrojo que la estúpida charla anterior había provocado en mí.
-Sakura… – Tras unos cuantos minutos, Sasuke rompió el silencio de nuevo.
Giró el rostro para verme y yo me tensé. Pude notar como mi respiración cambiaba de ritmo y la idea de que él lo hubiese notado también, me aterraba.
Sasuke se acercó un poco más a mí rompiendo la distancia entre nosotros. Mi rodilla chocó contra la suya y traté de mantenerme tranquila, pero mi pecho no me ayudaba mucho. Mi respiración seguía acelerada y mi pecho subía y bajaba sin ritmo.
Giré el rostro hacia él. Grave error.
Sasuke se acomodó el cabello hacia atrás con una mano, mientras que pasó su otro brazo detrás de mis hombros, reposándola en el respaldo del sillón. Sasuke lucía ligeramente tenso. Como si quisiera soltar la bomba verbal más grande del universo y no buscara las palabras exactas para hacerlo.
-Sakura… – Habló de nuevo.
-¿Si? – susurré.
Sasuke mordió su labio inferior brevemente y por un instante hubiera pensado que sus labios estaban lo suficientemente cerca de los míos como para…
¡Estábamos tan cerca!
Sasuke suspiró y después de unos segundos se acomodó de nuevo frente al televisor y bebió de su vaso para después dejarlo en la mesita de centro. Juraría que hasta le escuché hiperventilar bajito.
-Estaba pensando… – Volvió la vista en la pantalla justo cuando un comercial anunciaba una reconocida marca de condones.
-¿Qué cosa? – Le animé a seguir nerviosa.
Sasuke me miró de nuevo. Sus ojos negros contra los míos color jade. Me acerqué un poco más a él. No importaba que pasara… yo quería que Sasuke…
-Sabes que detesto ese programa. – Sasuke interrumpió mis pensamientos apuntando el televisor. – ¿Por qué no lo has cambiado?
-Y yo lo amo. – Reí ante la estupidez de su comentario y regresé mi vista al televisor rápidamente antes de que me viera tensa y sonrojada. Era mi mejor amigo y conocía muchas cosas de mí, probablemente él podría interpretar mis movimientos corporales si se lo proponía.
¿Tanto rollo para esto? – Mordí discretamente mi labio inferior.
-Hmp. – Sasuke bajó a Gilbert de su regazo. – Debo irme… me espera trabajo en casa.
-Está bien. – Me levanté junto con él y salí a la puerta a despedirlo. – Ten cuidado.
-Ya lo creo. – Sasuke entró en su auto. – Cierra la puerta, no quiero arrancar sin asegurarme que estás adentro, encerrada y a salvo.
-Hasta luego. – Cerré la puerta del departamento con seguro. Apagué el televisor y corrí a acostarme en la cama.
¡¿Qué demonios acababa de cruzar por mi cabeza?! ¡Dios! Por un momento yo deseé desesperadamente que Sasuke me tomara duro contra el sillón. Llevé una mano a mis mejillas. Yo estaba caliente… ¡en todos los sentidos! Jamás en mi vida había sentido una atracción fija por ese pedazo de ser humano. Para mí siempre había sido Sasuke Uchiha, el sr frío, el 'todolopuedoUchia'… el ¡IDIOTA más GRANDE del universo ENTERO! Nunca me había detenido a pensar en él de otra forma más que de un amigo, casi un hermano, y nada más.
Tomé una almohada y cubrí mi rostro con él.
¡JODER! ¿En que universo sano se me pudo haber ocurrido besar a Sasuke y mancillar su perfecto cuerpo salvajemente?
Al menos de algo estaba segura, no era amor o enamoramiento lo que acongojaba mi pecho… era deseo. Deseé a Sasuke de una forma inmoral, de una forma sucia y placentera.
-Tranquila – Me dije a mi misma mientras me sentaba en la cama apartando la almohada de mí. – No pasó nada, esto sólo fue un momento de debilidad. – Suspiré. – Aún estás tensa por lo de Lee, tienes hambre por culpa de Ino y… además… ¡No hubieron victimas que lamentar!… así que…
Inhalé y exhalé exageradamente varias veces hasta que sentí mi respiración regularse. Me dejé caer en la cama de nuevo con Gilbert a mi lado.
-Bien, Gilbert… no temas… el terrible lunes casi termina.
Me acurruqué en mi cama, dispuesta a cerrar mis ojos de una maldita vez, y esta vez sin interrupciones.
Por supuesto Ino impidió que el maravilloso sueño que tenía en el que era tomada salvajemente por un tipo desconocido de cabello negro tuviera un final feliz. Miré el despertador y mi celular dudando de que ruido debiera atender primero.
-¿Qué quieres, Ino? – Dije contestando y apagando el despertador al mismo tiempo.
-¿Recordaste levantarte más temprano para hacer un poco de ejercicio? – Me levanté de la cama fijando mi vista en el espejo. Me había dormido con los jeans puestos.
-Eh… sí, claro. – Mentí.
Caminé hacia la ducha y después de poner el celular en altavoz, comencé a desvestirme.
-¡Bien! – Ino seguía hablando – Estoy orgullosa de tu dedicación.
-Igual yo. – Dije desde la regadera mientras tanteaba que el agua estuviera tibia.
-Nos vemos en unos minutos. – Colgó.
-Si claro, como si yo fuera a levantarme a las 5:30 sólo para hacer ejercicio, pudiendo dormir hasta las 7am... Ino loca.
.
Para cuando el miércoles llegó, supe que no era normal el que Lee siguiera sin aparecerse en mi camino. Ino insistía en llevarme fruta a mi consultorio y me obligaba a bajar o subir por las escaleras en vez de usar el elevador.
Ese magnífico miércoles por la tarde la culpable de mi hambre y dolor de piernas entró en mi consultorio sorprendiéndome en medio de un montón de papeleo que debía llenar.
-¡Largo! – Dije mientras ella se sentaba en una silla frente a mí.
-Es miércoles. – Susurró como si estuviera contándome un secreto trascendental.
-Si, Ino, lo sé. – susurré imitando su tono de voz. – Mi calendario me dijo lo mismo.
-¡Oh, vamos, Sakura! – Ino se levantó de la silla a una velocidad sorprendente y me jaló de la mano que tenia libre.
-¿A dónde? – Bostecé.
-No te hagas la cansada. – Me recriminó. – Hinata nos necesita.
-Oh, la lencería. – Recordé. – Estoy muy ocupada, Ino. Además tu sola puedes con eso.
-Vamos, ¡será divertido!
-Ya lo creo que sí, pero…
Ino dio un pequeño jalón más a mi mano provocando que suspire en señal de frustración.
-Vamos, deja el trabajo sólo por hoy. – Rogó. – Necesitas algo diferente. Cada día te ves más amargada.
¿Algo diferente…?
-De acuerdo. – Acepté levantándome de la silla. Ino chilló emocionada y yo le hice señas para que se callara. – Dejaré el trabajo por hoy, pero no para ir contigo, Ino.
-¿Qué? –Abrió la boca, tanto como su mandíbula le permitió.
-Necesito un descanso. – Bostecé de nuevo.
-¿Te has ido de juerga otra vez? – Se sentó de nuevo frente a mí. – Ya te dije que dejes de andar de promiscua. Me preocupas.
-No. – Respondí con sinceridad. – No me fui a ninguna fiesta, y no me he acostado con nadie. – Hice un puchero – Ustedes me tienen en un mal concepto, yo no soy tan promiscua. Es sólo que ocasionalmente necesito un poco de sexo, ¿qué tiene de malo eso?
-Sinceramente creo que deberías buscar un chico con el cual solo tengas sexo y ya. – Ino jugueteaba con las puntas de su cabello.
-De verdad, sólo iré a casa. – Me levanté de la silla y comencé a acomodar los papeles que tenía en el escritorio y a guardarlos en un cajón.
-Bien – Bufó Ino enfadada y levantándose de la silla. – Lárgate a casa, pero espero que no compres una pizza o algo peor en el camino, o no te lo perdonaré nunca. – Ino salió del consultorio dramáticamente y cerró la puerta sin molestarse en hacerlo despacio.
Me sentí victoriosa ante la nueva partida ganada contra Ino y salí de mi oficina apresuradamente. Me despedí de unas cuantas personas que se cruzaron en mi camino y tomé un taxi en la puerta del hospital, el cual afortunadamente no tardó en dejarme en la puerta de mi departamento. Abrí la puerta esperando que Gilbert fuera a recibirme como siempre hacía y corrí al baño a darme una larga ducha.
Preparé palomitas y le serví croquetas a Gilbert en su tazón. Me acomodé en el sillón y justo cuando iba a encender el televisor, mi celular sonó.
-Ino, estoy en mi depa cenando fruta… – dije creyendo que Ino era la única que llamaría para preguntar que estoy haciendo y comprobar que no comiera nada grasoso. – Lo juro.
-Bueno… – Una masculina voz me sorprendió – Soy Sasuke, y no me interesa lo que cenes…
-Bueno, Sasuke… ocurre que "me daría mucha vergüenza tener que ir a pedir que me cambien de talla el vestido." – Dije imitando pobremente el tono de voz de Ino.
-Ya lo creo. – Le escuché reír.
Los recuerdos de la última vez que le vi volvieron a mí.
-¿Pasa algo? – Pregunté aún nerviosa.
-Quería saber cómo estás. – Respondió.
-Oh, ¿Ya me extrañas? – Traté de bromear.
-No exactamente. – Hubo una breve pausa – Tú siempre tienes algo graciosamente vergonzoso que contarme.
-Ten paciencia… aún es miércoles.
-Ya lo creo. Pero… según escuché, Ino no te está dando vida.
-No me lo recuerdes. – Suspiré – a veces se pone peor de berrinchuda que un niño a punto de recibir una inyección.
Le escuché reír e intentó ocultarlo con un discreto carraspeo.
-Soñé contigo… – Dijo de repente.
-¿Conmigo? – Contuve el aliento, sorprendida. – ¿Qué soñaste?
-No recuerdo…
-Bueno, dicen que detrás de un "Soñé contigo, fue raro y no me acuerdo, existe el: Soñé sexualmente contigo pero no te quiero contar".
-No fue un sueño sexual, precisamente.
-¿No?
-Soñé contigo en ese estúpido vestido rosa.
-Jódete, Uchiha.
-Y tú, ¿has soñado conmigo?
Un recuerdo fugaz de mí pensando en besarle, regresó a mi mente.
-No. – Respondí. – No he tenido pesadillas últimamente.
.
El viernes por la mañana mientras terminaba de atender a un pequeño niño con gripe, decidí dejar atrás ese incomodo momento que había tenido. Después de todo sólo había sido una sucia jugada de mi torpe imaginación. Sin embargo, no podía dejar de pensar que necesitaba contarle a Sasuke lo que había pasado por mi cabeza. Le tenía demasiada confianza, sabía que él era un burlón de lo peor… pero era mi mejor amigo y él sabía muchas cosas de mí. Sasuke fácilmente tenía el poder para destruirme y no lo había hecho y sabía que nunca lo haría. Una parte de mi me decía a gritos que Sasuke merecía saberlo. Seguramente se reiría de mí, me haría bullying por un tiempo y después lo olvidaría como todo lo vergonzoso que él sabía de mí.
-Hasta luego, doctora. – La madre del niño se despidió de mí.
-Adiós. – Le sonreí al pequeño mientras por dentro esperaba que salieran para llamarle al idiota de Sasuke. Tomé mi celular y marqué su número esperando que contestara rápido.
-¿Si? – Su voz sonaba tranquila.
-¿Estas ocupado? – Suspiré.
-Un poco. – Respondió – Extrañamente los viernes es cuando más trabajo tengo.
-Nada que no desquite un buen fin de semana, ¿no?
-Hmp, ¿Quién sabe? Aún no tengo planes… Por cierto, tú me llamaste, ¿pasó algo?
-Nada grave – Alegué – Puede esperar al domingo. – Joder, el domingo enfrente del resto del grupo ¡NOOO!
-¿Segura?
-Claro. – suspiré.
-Bien, puedo llegar antes sí quieres.
-¡Perfecto! – Así sólo él lo sabría. – Con 30 minutos antes estará bien. – Jugueteé con el lápiz sobre el escritorio. – Hasta entonces.
-Hmp, nos vemos entonces… – Sasuke colgó.
¡Mierda! ¿En serio se lo iba a contar…?
El sábado por la mañana aproveché mi día de descanso y decidí ordenar mis ideas saliendo a correr con Gilbert por el parque cerca de mi departamento. Recorrimos el pequeño parque 3 veces y para cuando nos sentamos a descansar ya había decidido que contárselo como si fuera un chiste sería la mejor opción. Eso le restaría importancia al asunto y después seguiríamos con nuestras vidas como sí nada. Así que cuando el domingo por la mañana me levanté con un dolor de piernas intenso tuve que llamarle a su celular para que fuera por mí.
-¿Es broma? Tú no haces ejercicio.
-Necesitaba sacar a pasear a Gil.
-Sigo pensando que mientes. – Podía escuchar su tono de voz lleno de burla hacia mi pobre persona. – Gilbert es igual de vago que tú.
-Cada día suenas más como Shikamaru… ¿vendrás por mi o no?
-Estoy saliendo de mi casa… en menos de 20 minutos estoy ahí, no tardes en salir o te dejo… lo sabes.
-¡Qué caballeroso! – Sasuke colgó el teléfono.
Regresé a mi habitación y me senté frente al tocador para terminar de peinarme, mientras Gilbert daba pequeñas vueltas en el piso tratando de llamar mi atención.
-Oh, Gil… voy a salir con el vago de Sasuke… pero no puedes venir. – Le miré con pena. – El próximo sábado iremos de nuevo a correr, mami lo promete.
Tomé a Gilbert en mis brazos y lo senté en el sillón a mi lado mientras esperaba a que el idiota llegara. Me levanté para dejarle comida y agua en el tazón a Gilbert y tomé mi bolso antes de salir del departamento. Sólo 5 minutos después Sasuke llegó.
-¡Mi héroe! – Grité entrando a su auto.
-¿Así que… – Sasuke me miró tratando de contener la risa. – finalmente Ino te dominó?
-Ya te dije que necesitaba pensar y Gilbert pasear.
Sasuke arrancó y subió todas las ventanillas del auto.
-Va a llover. – Sasuke me informó mientras veía por el parabrisas el cielo.
-Ya está lloviendo. – Anuncié en cuanto pequeñas gotas golpearon la ventanilla de mi lado del auto.
-¿Crees que los chicos vayan a la cafetería hoy?
-Llueve, truene o relampaguee… ellos siempre están ahí.
-Supongo que sí.
-¿No recuerdas aquella vez que Naruto tuvo un accidente?... cuando le enyesaron el brazo…
-Lo recuerdo. – Asintió.
-A penas le dieron el alta, tomó un taxi y pidió su ramen para desayunar.
Sonreímos ante el pequeño recuerdo.
-Además, Ino no desaprovecharía la oportunidad de recordarnos que faltan 8 días para la boda.
Sasuke recorrió todo el largo de la conocida calle buscando donde estacionarse. Tan sólo 3 vueltas la calle después llegó a la conclusión de que no encontraríamos un lugar vacio y que tendríamos que caminar un poco.
-Pero está lloviendo. – Me quejé. – Podrías parar en la puerta de la cafetería, esperar a que yo baje y luego ir a estacionarte y…
-Deja de quejarte. No voy a entrar solo a la cafetería, por eso siempre paso por ti.
-Pasas por mí porque yo te obligo.
-Como sea, sólo caminaremos media cuadra.
-Bien. – Me crucé de brazos y esperé paciente a que Sasuke se estacionara magistralmente.
Ambos bajamos del auto y en cuanto Sasuke se aseguró de que las puertas estuvieran bien cerradas, me tomó del brazo y me obligó a correr por ese pequeño pedazo de calle hasta llegar a la cafetería.
En cuanto el camarero asentó la taza de café frente a mí, la tomé tratando que el calor que irradiaba la taza calentara mis manos frías. Miré a mi alrededor curiosa. Aparentemente ese domingo el 'Ichiraku' estaba más lleno de lo habitual.
-¿Y bien…? – Sasuke tomó la pequeña taza entre sus manos y bebió un sorbo de su café.
-¿Y bien…? – Repetí.
Sasuke rodó los ojos y después los posó fijamente en mí.
-Y bien… – Dijo nuevamente – ¿Por qué querías que viniera antes de lo normal?
-Oh, sólo… – Me encogí de hombros – Sólo estaba buscando un pretexto para no ir a correr hoy. – Mentí.
Le sonreí buscando de alguna forma suavizar su gesto de fastidio que puso ante mi respuesta.
-Hmp, ¿Y cómo participo yo en tu excusa?
-Bueno, querido Sasuke, les diremos a los demás que tu y yo teníamos un par de cosas de que hablar y no podían esperar a mi muy divertida rutina para no engordar. – Mordí rápida y ligeramente mi labio inferior tratando de ocultar inocentemente una sonrisa descarada.
-No creo que ellos duden de tu excusa.
-No lo harán, nadie duda de ti.
-Que lista, pequeña molestia. – Sasuke dio otro sorbo a su café. – Siempre buscas un pretexto para no hacer lo que no quieres.
-Sí, pero esta vez TÚ eres el pretexto. – Le informé. – Así que podrías platicarme algo interesante para hacer más… más real el pretexto.
-¿Ahora? – Alzó una ceja.
-Por algo TÚ "me citaste" 30 minutos antes, ¿no? – Tomé un pan de la canastilla. – Cuéntame algo bueno.
Sasuke me miró como si hubiera enloquecido, negó con la cabeza y por último suspiró.
-¿Qué estás pensando ahora? – Apoyé mi barbilla en mi mano izquierda mientras con la derecha movía la cucharilla del café.
-Te sorprendería.
-Suéltalo.
Sasuke se tensó.
-De hecho, esta semana has estado raro… – Comenté adoptando una expresión más seria, como él.
-¿Raro, yo? – Se apuntó a sí mismo.
-Raro, tú.
-Algo distraído, tal vez.
-Oh, ¿y por qué?
Sasuke giró su cabeza hacia el enorme ventanal a su izquierda. Fijé mi mirada en lo que fuese que Sasuke estaba viendo, pero aparte de la torrencial lluvia no había nada más. La calle estaba casi desierta y sólo los coches que pasaban velozmente eran lo único apreciable de la vía. Regresé mi mirada a Sasuke.
-¿Está todo bien? – Pregunté preocupada. – En serio, me preocupas.
-Lo estoy. – Respondió sin verme.
-Bien. – Traté de ocultar mi cara de enojo y frustración tras la taza de café.
-Sakura, – Me miró fijamente y después a la taza de café frente a él. – Estaba pensando… – Sasuke cambió su postura tensa por una más relajada.
-Supongo que sí. – Le interrumpí.
-No empieces. – Me miró serio.
-Bien. – Tomé otro sorbo de café.
-Pues últimamente he pensado que... – Su mirada volvió al café. – no he tenido una relación seria en mucho tiempo, y… ¿sabes? No me molesta en lo absoluto. No sé si sentirme una terrible persona por ello.
-Eso es muy conmovedor, Sasuke – Me burlé. – Así que, ¿nada de parejas estables por ahora?
-No lo sé, realmente. – Se acomodó en la silla adoptando una postura relajada, como hacía siempre que entraba en confianza y estaba a gusto con la plática. – Me gusta la vida que llevo. – Se encogió de hombros. – Es decir, soy perfecto y todo. Mi trabajo, mi casa, mi coche, el sexo… Supongo que en realidad no he encontrado a alguien lo suficientemente buena para mí.
Negué con la cabeza sin poder ocultar mi sonrisa burlona.
-Don perfecto, necesitas más café y menos bla bla.
Sasuke miró detrás de mí por unos segundos.
-¿No será que nadie te hace caso ya? – Dije con una fingida preocupación. – Tal vez Sasuke no puede encontrar a una chica que le haga caso… ¿No has pensado que las chicas te usan a ti en vez de que tu a ellas?
-La chica que está sentada en la mesa que está detrás de ti – Me informó – no deja de mirarme y ya van 2 veces… 3 veces que me guiña el ojo.
-Tal vez sólo tiene un tic. – Me burlé.
-Como sea, tú y yo sabemos que puedo conseguir a la chica que quiera. – No pudo ocultar el egocentrismo en su tono de voz.
-Así parece. – Mordí una galleta. – El problema aquí es… que a mí también me gusta mi vida así y aparentemente es mal visto que una chica sea tan… promiscua.
-A mi gustas así.
Sasuke metió su mano en la chaqueta y prestó su total atención a su celular. Le observé fijamente mientras él con la mano libre revolvía ligeramente su cabello aún húmedo. Hasta ese momento no había sido consciente de lo bien que se veía con una camisa blanca y chaqueta negra. De repente las palabras de Ino regresaron a mí. Me sonrojé violentamente y sentí mis mejillas y orejas arder ante un pensamiento nada decente. Pude sentir como las palabras se acumulaban en la punta de mi lengua. Recuerdos y momentos giraron en torno a mi cabeza y entonces… la idea se formuló de repente.
Me sobresalté. ¿Qué demonios acababa de pasar por mi mente? Negué varias veces y finalmente mordí mi labio inferior.
Podría, tal vez, intentarlo…
¡No! Ni loca…
O, tal vez…
-Oye, Sasuke…
-Dime… – Su vista seguía fija en la pantalla de su celular.
-¿Porque no tenemos sexo? – Solté de repente.
Sasuke Parpadeó involuntariamente un par de veces antes de clavar su vista fija en mí.
-Porque no tenemos a nadie, supongo. – se encogió de hombros respondiendo a mi estúpida pregunta. – ¿O es que tu ya tienes a alguien y sólo quieres restregármelo en la cara?
-Nada de eso. – contemplé mis uñas pintadas de rojo sobre el mantel de la mesa mientras pensaba en los días anteriores. – Nadie que me atraiga seriamente, al menos.
-Oh. – Susurró.
-Y tú tampoco. – Afirmé.
-Aja. – Asintió. Sasuke me miraba como si fuese una extraña.
-Es perfecto. – Sonreí de lado.
-¿Te estás burlando de mi? – Entrecerré los ojos. Sasuke sabía ser lento cuando se lo proponía.
-No – Respondí. – Nada de eso.
-¿Entonces?
-Entonces… A lo que me refiero es… ¿Por qué estamos perdiendo el tiempo en vez de tener sexo?
-Bueno… – Ladeó la cabeza – Porque es muy difícil buscar a una persona que entienda que sólo la quieres en tu cama por las noches y fuera de ella antes de que te despiertes. Supongo.
-Exacto.
-¿Entonces…?
-Bien – Continué. – Tu y yo sabemos lo difícil que es buscar sólo sexo sin ningún compromiso de por medio.
-Sí.
-Y lo difícil que es buscar una pareja estable.
-Claro, ya hemos hablado de eso antes…
-Joder, no hay nada más difícil que eso. – Mordí mi labio inferior. Ciertamente después de Sasori no había tenido algo serio y duradero. – Y bueno, estaba pensando que… – Me rasqué la nuca un poco nerviosa.
Sasuke seguía mirándome a la expectativa.
-Estaba pensando que tal vez tu y yo… – Dudé. – ¿Por qué no tenemos sexo? Tú y yo, quiero decir. – Lo ultimo lo dije casi, casi, susurrando.
El silencio incomodo adornó nuestra mesa. Tuve que apartar rápidamente mi mirada de Sasuke. De algo estábamos seguros ambos… yo había enloquecido.
¡¿Y ahora qué?! – Me alarmé.
Regresé la mirada hacia él consciente de que me rechazaría y tendría que vivir con eso toda mi vida. ¿Cómo había llegado a esto?
-¿Es una broma? – Dijo en cuanto nuestras miradas se encontraron.
-…No. – Fui sincera. – No lo es.
Sasuke se quedó mirándome fijamente como por 30 segundos y después de titubear, repitió:
-No es una broma. – Sentí sus orbes negras penetrarme hasta el alma.
-Te juro que no estoy bromeando, Sasuke... – Me tensé – Sólo… tengamos… sexo. – Dije poco consciente de que había gente a nuestro alrededor.
Sasuke me hizo señas para que bajara el volumen de mi voz y luego, prosiguió:
-A… ¿Ahora?
Mi mente se quedó en blanco por breves segundos.
-¿Cómo dices? – Dije sorprendida. – Naturalmente no, idiota. – Frunció el ceño. – ¡No seas inmoral! Hay una gran diferencia entre hacerlo en un cuartito de limpieza en la universidad a hacerlo en una cafetería… No me refería a eso tampoco.
-Lo sé. – Se quedó callado unos 5 segundos y después continúo: – Haber… creo que no entiendo nada. – Estaba sumamente confundido.
-Así parece.
-Tú quieres que nosotros… – Abrió la boca y sólo pequeños intentos de palabras salían de ella. – ¿Desde cuándo? ¿Cómo?
-Bueno, sólo se me ocurrió. – Respondí tratando de restarle importancia. – Estaba pensando que tú me atraes físicamente y bueno… podríamos, tal vez, hacerlo. Intentarlo.
Suspiré.
Oh, un pequeño detalle…
-A menos que yo no te atraiga… ¿Es que no te atraigo físicamente? – Le miré ligeramente furiosa con la expresión: "Di que no soy atractiva y te mato" escrita en el rostro.
-No es eso. – Respondió de inmediato. – Enserio creo que eres… estás… bueno, no estoy ciego. Sé que tienes… yo…
Por primera vez en mi vida había escuchado a Sasuke tartamudear así.
-Sasuke, ¿te sientes aunque sea un poco atraído por mí?
-¡No es esa la cuestión! – El idiota me estaba cambiando el tema y creía que no me había dado cuenta.
-¡Responde! – Ordené. – ¿Te atraigo físicamente o no?
-¿Es una pregunta capciosa? Sí es así, la respuesta es diferente.
-Sólo responde. Dejemos a un lado lo del sexo y aquello… yo ¿te atraigo un poco?
-Bueno, yo… – Comenzaba a sudar. ¿Cómo pudimos haber tenido tanto frio hace apenas unos minutos?
-Si no podemos ser sinceros el uno con el otro después de tanto tiempo, ¿Qué sentido tiene?
-Bueno, sí. – Dijo de repente. – Me siento ligeramente atraído por ti, pero…
-No lo digas por cortesía.
-Escucha, Sakura… no me he sentido atraído ni por la mitad de las chicas con las que me he acostado. Pero tú eres… Sakura, y sabes perfectamente que eres… que estás… demasiado buena.
-Bueno, tú también me atraes… físicamente, digo.
-¿Ah sí? – Me miró sorprendido.
-Claro, eres muy sexy... – Le miré más descaradamente. – Me gusta tu cabello y tu sonrisa… – Aunque casi no la muestres – creo que tu cuerpo es de envidia y que tus ojos son misteriosos y… bueno, me gustan. – Hablé demasiado rápido, pero segura de que me había entendido.
-Yo…
-Y no tienes porque numerar mis encantos. Yo sé que tengo demasiados.
Ambos reímos.
-¿Qué demonios se te metió en la cabeza? – Sasuke dijo aún sonriendo. Suponía que en esos momentos había pasado a quedar como una loca y el tipo no estaba precisamente en su mejor momento. Le había desarmado. – Es una broma de mal gusto, SAKURA. – En serio, no estaba segura ya siquiera de que estuviera bromeando. – Estas cosas no son cosas que una señorita decente le diga a un hombre como yo.
-Pero sí ya te he dicho que no es broma, Sasuke. – Llevé mi mano sobre la suya. – No hay una cámara escondida por ningún lado y ni Naruto, ni Ino saldrán de detrás de alguna de esas cortinas para burlarse de ti.
El camarero se acercó a nuestra mesa y rellenó nuestras tazas con café.
-No estoy bromeando. – Dije en cuanto el camarero se fue. – Dame solo un buen motivo por el cual no es una magnífica idea.
-No sé qué decir. – Bebió compulsivamente de su taza como si de agua en el desierto se tratara. – Somos amigos.
-Y eso lo hace perfecto. – Respondí como si hablara con alguien de lento aprendizaje.
-Qué… - Titubeó.
-Mira – Traté de nuevo. – Nos conocemos de hace mucho tiempo, sé exactamente tus rutinas diarias y sé perfectamente que estás pensando que enloquecí.
-Bien, acertaste. – No se molestó en mentir.
-Y… – Continué – Yo tengo un buen trabajo, un departamento, un perrito, y… no me quejo de mi vida.
-Eso es maravilloso, pero Sakura…
-Tú por otro lado tienes un excelente trabajo, una casa enorme, un lindo auto y una buena vida. ¿O hay algo que no te guste de la vida que llevas? Porque acabas de decirme que no.
Sasuke dudó de nuevo.
-No uses mis palabras en mi contra.
-Llevamos buenas vidas. – Afirmé – Y, sí hay algo que tu y yo sabemos hacer bien… es el sexo. Nunca te he escuchado quejarte de algún tema referente a ello. Siempre alardeas con lo satisfechas que dejas a tus parejas y que no tienes ningún problema con ello.
-Bueno… no, pero…
-Yo sigo creyendo que el sexo es maravilloso. Y… confío en ti.
-Lo mismo pienso – Por fin terminó una oración. – Tengo más confianza en ti que en el resto y pondría mi vida en tus manos sí fuera niño de nuevo. Pero esto es algo… No somos niños, Sakura. – Me recordó.
-Sólo eres mayor que yo por 8 meses.
-Cierto.
-Y me cansé de jugar al gato y al ratón. – Suspiré intentando no verle a la cara.
-Es muy distinto… eres mi mejor amiga.
-Bueno, te diré algo…
-Te escucho.
-Sé que has tenido muchas mujeres hermosas y la sola idea de hacerlo contigo me preocupa, me daría una vergüenza extrema si me vieras desnuda y aún así sigo pensando que deberíamos probar intentarlo.
-¿Eso crees? – Sonrió de lado. – Te he visto en ropa interior un par de veces. Y sé que usas relleno en el sujetador. Y no creo que haya algo más vergonzoso que eso…
Me acerqué un poco más a él y estampé mi puño en su brazo.
-¿Lo ves? – Bebí un sorbo de café. – Tengo más que perder yo.
-Supongo. – Susurró.
-Escucha, Naruto tiene razón en cierta parte. Hemos estado en la búsqueda de algo grande y siempre caemos en el mismo error. Yo no tengo una pareja sexual fija y sinceramente estoy cansada de cometer errores como el desliz con Lee.
-Hmp.
-Entonces, si yo no me acuesto en estos momentos con nadie y tu tampoco… Podríamos intentarlo.
-Bueno… Es sólo que no te había considerado como una opción… ¿Podemos tomarnos una pausa? Intento encontrar el equilibrio en el torbellino de tu vida.
Reí brevemente mientras movía la cucharilla dentro del café.
-Somos amigos, Sakura. – Me recordó – Muy buenos amigos.
-Lo sé, eso lo hace perfecto… No hay regla alguna que prohíba tener sexo con tu amigo ¿o sí? Y esto será sólo sexo, Sasuke. No te estoy pidiendo que tengamos una relación más que meramente sexual. Y hasta podría ser… divertido.
-Divertidísimo – Bufó – La idea suena estúpida.
-Tal vez. ¿Pero…?
-Aún no me queda claro ¿Por qué yo? – Me miró completamente fuera de sí – ¿Es que ya no puedes conseguir algo por ti misma?
-No seas idiota. – Me quejé. – Yo también tengo mis encantos, sé que podría conseguir a cualquier idiota, hacerle la misma propuesta y aceptaría… pero te conozco. Conozco tus hábitos y tus caprichos. Me siento cómoda a tu lado en cualquier parte. Creo que es perfectamente lógico.
-Supongo.
-No pareces entusiasmado – Fruncí el ceño. – Te estoy ofreciendo sexo, no drogas.
-Quizás se deba a que he perdido el poder del pensamiento coherente. – Respondió – Gracias a ti.
-¿Porqué?
-La idea de acostarme contigo ha pasado por mi mente antes. – Confesó. – Cuando te conocí y cuando te vi en tu cuarto la semana pasada, después de que volvimos de ese hotel juntos… sólo por mencionar algunas.
-¿Si? – Estaba sorprendida. Aparentemente en algún punto de mi vida había sido irresistible para el todopoderosos Uchiha.
- Claro que he pensado en ello. Pero somos amigos… Y me siento cómodo como tal.
-Claro.
-Quizás nos sintamos cómodos porque no tenemos sexo.
-Quizá… ¿No te gustaría averiguarlo?
-¿Sólo intentarlo?
-Además, no tendríamos que cambiar lo que sentimos por el otro. – Le ignoré – No quiero casarme por ahora y tú tampoco, de modo que no habría nada oculto y ambos sabríamos a lo que vamos.
-Sexo.
-Sí.
-¿Eres consciente de que esto es un gran paso y que podría arruinar nuestra amistad de una forma inaceptable?
-Somos adultos, Sasuke. – Mi voz irradiaba confianza absoluta en mi misma y ni siquiera sabía si eso era bueno. – Eres mi mejor amigo. Al final del día, sólo quiero llegar a casa para llamarte y contarte cuantas veces metí la pata en el trabajo aún sabiendo que te burlaras de mí por ello… Yo sólo te estoy haciendo una propuesta que… bueno, no nos va a matar intentarlo, ¿o sí?
-Será sólo sexo – Repitió.
-Y durará tanto como los dos queramos.
-¿Qué hay de las emociones? Eres una chica…
-Soy plenamente consciente de mi sexualidad, Sasuke. Y no habrá diferencia alguna de las otras personas con las que nos hemos acostado.
-¿Qué pasa si te enamoras de mi? – Sasuke dijo como niño alarmado.
Reí internamente. Ambos sabíamos que había una posibilidad. ¡Por Dios! Era Sasuke.
-No había considerado esa opción. – Reconocí. – Te aseguro que te lo haré saber sí eso llega a pasar.
-No será sólo intentar y ya… ¿Qué pasa si nos gusta? – Sasuke lucia más comprometido con la plática.
-Entonces seguimos.
-¿Y si no nos gusta?
-Entonces estrechamos nuestras manos y hacemos de cuenta que no pasó nada.
-Nos gustará. – Sasuke metió su celular a su chaqueta.
-¿Muy seguro de ti mismo?
-No conoces esa parte de mí. – Se cruzó de brazos. – Sí piensas que ahora soy irresistible… espera a probar más de mi.
-¿Eso es un sí?
-No sabes en lo que te has metido.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
¿Y qué pensaban, Que Sasuke era el que se lo iba a proponer? Pues… si \O/ así debía ser, hasta que me di cuenta de que Sakura nunca era la promiscua que le propone sexo a Sasuke, y como me gusta llevar la contraria siempre, pensé: Todo mundo espera que Sasuke sea el que quiera sexo… ¿Qué tal si no?
Turn down for what 8)
Yo sólo quiero ver el mundo arder :B JAJAJA
No me odien!
Y reviewwsenme diciendo que les pareció. Si me odian, si no me odian, si lo odiaron, si les gustó. Plisito, espero sus reeviews!
Pórtense bien… Y no me odien!
Háganme feliz con sus comentarios.
Beshos :*
Angelli 3
