Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
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Angiie
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Supe que sería un día exageradamente largo, cuando el viernes por la mañana el despertador no estaba retumbando incesantemente cerca de mi oído derecho como cada mañana, y por el contrario mi celular no dejaba de atacarme cerca del izquierdo. Rodé en la cama hasta quedar boca abajo tratando de ignorar mi celular sonando y el hecho de que ya era de mañana. Poco me importaba el mundo y demás, yo quería seguir durmiendo. Necesitaba dormir y no levantarme hasta el lunes por la mañana, mínimo. Por primera vez había rogado porque un viernes no llegara, pero ya sabía yo que no era una mujer con mucha suerte. Así mismo, sabía que rezar porque el fin de semana terminara y empezara el lunes era mucho pedir.
Sería un fin de semana largo, muy largo. Y era inevitable, jodidamente inevitable, el día finalmente había llegado.
Cuando el celular dejó de sonar, bostecé y sonreí aliviada. Me acomodé de nuevo bajo las sabanas mientras sentía mis parpados pesados y mis ojos cerrarse inevitablemente sin que yo pudiera hacer algo por evitarlo. Mi cama se sentía tan suave, tan cómoda… Y sentí como me estaba perdiendo lenta y placenteramente en la inconsciencia. Justo entonces, el molesto sonido proveniente de mi celular me regresó a la realidad. De nuevo.
Mierda.
Me senté en la cama mirando todo a mí alrededor, y lo que vi me dieron ganas de llorar, de tirarme de nuevo en la cama y encerrarme bajo las sabanas por el resto de mi vida. Mi habitación estaba hecha un verdadero desastre, había ropa tirada por todas partes, mi cómoda y armario estaban revueltos como si un tornado hubiera iniciado dentro. Había un par de maletas grandes junto a la puerta y Gilbert estaba acostado sobre un suéter mío durmiendo plácidamente como aparentemente yo ya no podría volver a hacer.
Mi celular sonó de nuevo.
Giré el rostro escaneando rápidamente mi cama y mis desechas sábanas rosas hasta que escuché el peculiar sonido proveniente de debajo de una almohada sobre la que mi cabeza descansaba justo antes de ser despertada. Tomé mi celular con rapidez tratando de alcanzar la llamada antes de que colgaran. Una parte de mi rogaba… anhelaba que fuera Sasuke el que llamaba. Esa parte de mi necesitaba escuchar su voz, porque tal vez, le echaba de menos… sólo un poco.
Pero… ¡Diablos! Dios no me estaba escuchando fervientemente esa mañana. El nombre en la pantalla de mi celular no era precisamente el que yo necesitaba ver.
-Hola, Ino. – Suspiré por la decepción.
-Sakura, ¿Dónde estás? – Su voz sonaba diferente. No era la Ino en exceso alegre y terriblemente energética que siempre trataba de ser, esta vez su voz sonaba apresurada, estresada, desesperada… como si el fin del mundo se acercara. Con seguridad, algo andaba mal en la planeación de su perfecta boda soñada... Que ni era de ella.
Y era una verdad grupalmente conocida que cuando a Ino no le salían las cosas como ella esperaba, todos sufríamos.
Los recuerdos de su boda y de cómo los 6 fuimos obligados a ayudarle una semana antes a cambiar algunas cosas de su singular fiesta retumbaron en mi mente como una punzada de dolor. Esa boda era el más grande y notorio ejemplo de que Ino era exigentemente perfeccionista. A la cerda no le agradaron algunos detalles que la organizadora de bodas había planeado, dicho sea de paso… organizadora de bodas que ella misma había contratado. Así que, nos tuvo casi 24 horas sin dormir mientras le ayudábamos a decorar arreglos con flores lilas y tulipanes morados que combinaran con todo el salón. La cara de Naruto asustado nos hizo pensar al resto que no querría casarse con Hinata jamás, pero afortunadamente la extravagancia de Ino no había sido lo suficientemente fuerte.
-Estoy... – miré a mi alrededor confundida tratando de razonar qué podría responderle a alguien con el humor de Ino y en esos momentos. Seguramente ella esperaba una respuesta positiva, algo como: "Ino, estoy llegando a donde me citaste. En menos de 2 minutos nos veremos" Pero, ¿Dónde se supone que vería a Ino? Y para empezar, ¿debía ver a Ino? Sinceramente, no recordaba. Tic, tac. La gentil señorita detrás del teléfono espera impaciente una respuesta y hacerle esperar más tiempo sería como hacer crecer más y más su enojo. – ¿Dónde debería estar, Ino? – Solté de repente. Estaba frita. Mi sinceridad salió a flor de piel y con seguridad me odiaría el resto de la semana.
"Gracias" a Dios, era viernes.
-¡SAKURA! – Gritó – ¡¿Te quedaste dormida?! Te dije que pusieras tu alarma. – Al menos en algo sí había acertado, Ino estaba de un humor de perros esa mañana.
Tomé el despertador en mis manos y no pude evitar sentir frustración.
-Ino, ¡son las 7:05am! – Protesté mientras me dejaba caer en la cama de nuevo.
-El día es extremadamente corto... – Escuché el ruido de muchos coches acelerando cerca de Ino. Genial, ella ya hasta estaba en su fabuloso auto rumbo a donde se supone que debería estar, pero que no estaba y no estaría a menos que me levantara de la cama… cosa que no sonaba tan placentero como dormir de nuevo. – Se supone que por algo pedimos permiso desde hace un mes para faltar al trabajo hoy, ¿recuerdas? – Ino sonaba realmente estresada. – Claro que a ti te dieron una semana entera… frentona barata. – A Ino no le agradaba del todo que mi semana de vacaciones hubiera llegado. Definitivamente ella odiaba no tener a alguien a quien fastidiar en el trabajo. – A veces pienso que también te has acostado con el jefe…
-Tal vez. – Sonreí maliciosa. Ino bufó porque sabía que no era verdad y que se lo había dicho por molestarla. Cosa que aparentemente había funcionado.
-Levanta tu vago ser de la cama, Sakura. – Su voz mezclaba suplica y molestia.
-Sí, lo sé. – Pero en lugar de levantarme, con la mano que tenía libre me dediqué a acariciar las orejas de Gilbert, quien estaba sobre la cama a mi lado. – Te juro que no tardo y te veré en… – Vacilé de nuevo. – ¿En dónde? – Escuché a Ino gruñir y refunfuñar; No pude evitar reír y apremiarme internamente por ser la causante de ello.
-Hinata se probará el vestido por última vez y nosotras también, después llevamos los vestidos a mi casa, iremos a la florería y… y… – Ino se detuvo. Por un breve instante temí que haya chocado, aunque conociéndola lo más seguro era que se hubiera encontrado a alguien interesante y de buen ver que hasta provocaba que la cerda de Ino dejara de hablar por un rato. O tal vez sólo quería hacérmela de suspenso.
-¿Ino? – Dije mientras me levantaba de la cama y caminaba hacia mi cómoda. – ¿Yamanaka?
-Aguarda un momento, frente. – Dijo luego de unos breves segundos. – Estoy buscando donde estacionarme.
-Oh. – Traté de ignorar el hecho de que todo dentro estaba desordenado, y saqué ropa interior limpia y una camiseta. – Entonces, ¿Dónde estás?
-Acabo de llegar al salón de belleza. – Me informó.
¿Salón de belleza? Estaba jodida. Conociendo a Ino, seguramente tendría que esperar ahí más de una hora. Cómo si lo necesitara. Ino era rubia y verdaderamente atractiva. Era esa clase de mujeres que hacían que más de una chica dudara de su sexualidad. Alta, delgada y siempre muy arreglada y minuciosa con su aspecto personal. Afortunadamente su trabajo en ginecología le accedía a atender sólo a mujeres, estaba segura de que los hombres no saldrían nunca de su consultorio sí fuera lo contrario. Aunque me había sorprendido como había aumentado el número de esposos que acompañaban a sus parejas a las consultas con la doctora Yamanaka.
Rayos, ella no necesitaba para nada ir al salón de belleza. Pero no podía decírselo o su arrogancia aumentaría.
-¿Ahí nos veremos, Ino?…En el salón… – Quise saber mientras caminaba al baño perezosamente.
-¿Es que tengo que explicarte todo de nuevo? – Su voz sonaba fastidiada. – Nos veremos en la esquina de la calle 53 para ir por los vestidos…
¡Maldición! Miré mi abdomen no tan plano. Ojalá entrara en ese vestido o Ino seguramente se encargaría personalmente de torturarme para bajar 20kg en 2 días.
-Pero, Ino, la tienda abre más tarde. – Hice un ligero puchero mientras comenzaba a desvestirme. Me quité la camiseta con la que dormí y desabroché magistralmente el broche delantero de mi sujetador.
-Sí, lo sé. – Escuché el ruido de muchas voces hablando. – Por eso nos veremos al medio día. – Estaba a punto de quitarme la parte baja de mi pijama, cuando ella respondió.
Detuve mi cometido justo después de escuchar aquellas palabras.
-¿A qué hora? – Por tu bien, Yamanaka, que haya escuchado mal.
-Al-Medio-Día. – Repitió.
Salí corriendo del baño a penas tapándome los pechos ya desnudos con el brazo que tenía libre y me detuve junto al despertador.
-¡YAMANAKA! – Enfurecí.
-¿Si? – Alrededor de ella el ruido de voces femeninas no cesaba. – ¿Qué ocurre?
-Si nos veríamos hasta entonces, ¿Por qué mierda me despertaste tan temprano? – Grité. – A penas son las 7:10.
¿Cómo se atrevía esa maldita mujerzuela a meterse con mi preciado sueño? ¡¿CÓMO?!
-Bueno, de alguna forma tenía que estar segura de que te levantaras… – Estaba casi segura de que su rostro estaba adornado con una burlona sonrisa. Le mataría, le mataría en cuanto le viera. Le daría tan fuerte que borraría esa perfecta sonrisa de su perfecto rostro… – Además, no es culpa mía que seas tan olvidadiza… ayer te repetí varias veces nuestro itinerario. Por cierto, ¿recordaste apartar tu cuarto de hotel y boleto de avión? – Dejé salir de mi garganta un gruñido mientras apretaba mi mano libre en un puño importándome muy poco que ya nada me cubriera los pechos. Después de todo, sólo estábamos Gil y yo en la habitación.
Hinata y Naruto se casarían en una playa de un pequeño poblado que se encontraba a tan sólo un par de horas de la ciudad. La feliz pareja viajaría en avión desde el sábado en la mañana para llegar rápido y poder relajarse un poco antes de comenzar sus preparativos del domingo. Ino, por supuesto, y su querido Sai les acompañarían porque Ino estaba súper excitada con la boda y no podía esperar para meter mano en los detalles finales… y Sai no podía negarle nada a su mujer por temor a quedarse sin descendencia. Shikamaru viajaría el sábado por la tarde acompañado de Temari, quien había llegado desde un par de días antes. Sasuke y yo, habíamos decidido que Sasuke conduciría por la carretera el sábado al medio día ya que conocía bien el camino y no teníamos prisa alguna en llegar, mucho menos sabiendo que el día seria ajetreado.
-Sasuke y yo iremos en auto. – Le informé recordando que habíamos quedado de esa forma un par de semanas antes. Antes de que todo esto de nuestro nuevo trato… comenzara. – El cuarto de hotel él los reservó desde hace 15 días.
-¿Sasuke los reservó? – Ino sonaba ligeramente excitada.
-Sí, él lo hizo. – Rodé los ojos.
Algo en su voz me decía que Ino ya estaba más que ansiosa por tocar el tema de Sasuke… después de todo, ella ya estaba enterada de nuestra "genial" idea y su lengua viperina necesitaba con desesperación soltar un poco de veneno.
-Oh… ¿compartirán habitación? – Su chillona voz casi me lastimó el oído.
-No. – Mordí mi labio inferior un poco más fuerte de lo normal. De eso pedía mi limosna, Sasuke y yo… Pero aún no. – Él reservó un cuarto para él, y uno para mí. – Le escuché inhalar para hablar de nuevo, pero decidí interrumpir su entusiasmo antes de que lo dejara salir. –…Separados, por cierto.
Pude escuchar a Ino soltar un largo bufido cargado de decepción.
-Bueno, puede que no compartan habitación de hotel pero… – Ino contuvo su entusiasmo por unos segundos, y después volvió a la tortura. – puede ser que planee hacerlo en el auto, en una carretera solitaria… – Chilló de nuevo.
-Tentador… – Le seguí el juego momentáneamente – Pero dudo que Sasuke sea de los que juegan con fuego tan repentinamente.
-Bueno… ¿Aceptó o no la propuesta del sexo?
-Sí... – Respondí dudando hacia donde nos llevaría aquello. Ya le había explicado el asunto más de una vez, ¿Cuál era su afán de recordármelo casi diario?
-Yo creo que eso es un claro ejemplo de que a él… le gusta jugar con fuego. – Escuché una ligera risa y me sorprendió descubrir que Ino ya estaba de mejor humor. Definitivamente nada como el chisme para levantarle los ánimos a la cerda chismosa.
-Sí, vaya… Maldita sea, Ino, ¿y si...?
-Para. ¡Para en este instante! – Alzó la voz de nuevo – No puedes pensar en "y si", no ahora que "el plan" ha sido deliberadamente considerado y en planes de ser llevado a cabo. Además fue idea tuya, debes creer que va a ser perfecto.
-Sabes que no es tan sencillo, Ino. Tu misma lo dijiste…
-Sí, de acuerdo. Olvida lo que digo… a veces se me escapan cosas sin sentido.
¿A veces? – Rodé los ojos.
-Eso resulta fácil para ti, Ino, porque sólo serás una espectadora… pero para los que estamos enredados en "el plan" el futuro tiene algunos riesgos.
-¿Y qué no lo tiene? Diablos, mañana podría atropellarte un taxi. – Dios, sonó tan dramática, lo normal.
- Una lógica impecable. – Debía reconocérselo. – Pero sigue siendo absurdo… tonterías.
-¡No son tonterías! – Exclamó – Simplemente elijo mostrar un punto de vista optimista, lo cual, amiga mía, es una de mis virtudes.
-Creo que confundes el optimismo con el fatalismo.
-Oh, Dios mío. – Podía imaginarla haciendo ese gesto de desagrado suyo mientras jugueteaba con su cabello.
-¿Qué?
-Bueno, quieras o no aceptarlo, la idea de hacerlo en el auto suena excitante.
-No hablábamos de eso…
- ¿Debería decirle a Sai que vayamos en auto también? – Me ignoró.
Una mueca de desagrado se posó en mi rostro.
-Ino… – No supe que decir. – Voy a colgar.
-Te llamo en un par de horas, ahora mismo me harán la manicura.
-Bien. – Colgué.
A veces, y sólo a veces me preguntaba ¿qué sería de mi vida sin ella?
Observé el suelo de mi habitación lleno de ropa que había decidido no llevar al viaje y recogí una delgada blusa de tirantes blanca que me puse para cubrirme los pechos y no andar más semi desnuda por mi depa. Me rasqué la cabeza recordando que tal vez yo también necesitaba hacerme la manicura. La dama de honor debía verse… decente. Decidí tomar un ligero desayuno para no ir empachada a la prueba del vestido y de camino a la cocina me encontré a Gilbert durmiendo de nuevo.
Se veía tan lindo y extrañamente tranquilo durmiendo que… Recordé aquella vez en que interrumpió mi perfecto sueño con Sasuke. Sonreí maliciosamente y…
-¡Maldito vago, despiertaaaa! – Grité haciendo ruido con mis pies cerca de él. Gilbert se levantó alerta y me ladró un par de veces.
Reí unos segundos antes de darme cuenta de lo infantil de mi venganza.
-Lo lamento, Gil. – Lo levanté del suelo y le acaricié mientras caminaba con él en mis brazos hacia la cocina. – Desayunemos.
Me preparé un par de huevos y tostadas con una enorme taza de café. Le serví a Gil su desayuno y rellené su tazón de agua.
-Desayuno ligero. – Dije sentándome en la mesa y observando mi nada ligero desayuno. – Sí, claro.
Después de desayunar y lavar mis platos, decidí que pese a que odiaba tener que hacerlo, tendría que bañarme para ver a Ino y Hinata… después de todo, tenía aún muchas cosas que hacer en mi departamento antes de viajar. Así que entre más rápido dejara todo listo, más rápido podría relajarme. Decidí que en verdad necesitaba la ducha antes de arreglar mi departamento, pero me distraje con una revista vieja que encontré tirada junto a mi cama. La recogí del suelo y la hojeé tranquilamente. Era una vieja revista de decoraciones que había comprado algunos meses antes con la intención de remodelar un poco mi departamento. Al final, por supuesto, no había hecho nada. Dejé la revista junto a mis libros esperando algún día emplearla para un cambio.
Revisé mi celular comprobando que aún no tenía llamada alguna o mensaje de Sasuke, Ino o de algún ser vivo que se acordara de mí.
Recogí unas cuantas ropas del suelo y acomodé mi cama con sábanas limpias. Dejé caer unas cuantas prendas de ropa en la cesta de ropa para lavar, doblé algunas camisetas en mi cómoda y dejé mi armario un poco más decente. Observé unos segundos a Gilbert durmiendo plácidamente sobre mi cama. Me preguntaba, ¿Qué haría él cuando yo me iba a trabajar? Con seguridad, dormía todo el día. Y llegué a la conclusión de que en la siguiente vida, sí podía elegir, iba a regresar como una mascota. Una como Gil que tenía una buena y amable persona cuidándolo y que le dejaba dormir donde sea que él quisiera. Suspiré sabiendo que en esta vida aún tenía que prepararme para el fin de semana que me esperaba. Planificar mis horarios, hacer mis compras, viajar, sonreír, tratar de no tropezar camino al altar... Decidir qué diablos iba a hacer con Sasuke.
Regresé a la cocina y a penas me dio tiempo de acomodar un poco cuando escuché el timbre sonar repetidamente.
-Ino. – Resoplé haciendo una mueca con los labios mientras corría hacia la puerta. De camino observé el reloj que estaba en la pared de la sala, ya casi eran las 9:00am. Abrí la puerta de golpe esperando encontrarme con la rubia despampanante que tenia por amiga, pero en su lugar una perfección masculina de cabellos negros y sonrisa de lado estaba parada en mi puerta.
Sasuke Uchiha había vuelto.
-Hola. – Dijo con voz ronca. No conocía algo más sexualmente atrayente que verle con una camisa blanca ligeramente abierta dejando ver parte de su blanco pecho y el inicio de sus abdominales. – ¿Puedo pasar? – Dijo llamando mi atención.
-Claro. – Apenada me hice a un lado para que él entrara a mi departamento. – Lo siento.
Gilbert como siempre, fue el primero en dar la bienvenida.
-Yo sé que provoco en ti estas reacciones, Sakura, pero deberías tratar de disimular un poco… – Se burló de mí mientras tomaba a Gil entre sus manos.
Sasuke caminó a paso seguro por mi departamento mientras yo cerraba la puerta.
Me preguntaba… sí cada vez que le viera, terminaría sorprendida por lo atractivo que era. Definitivamente las cosas habían cambiado.
-¿Cómo estuvo el viaje? – Ignoré su comentario.
-Tranquilo. – Se dejó caer en mi sillón y suspiró sonoramente. – Fue un viaje relativamente rápido… sólo lleve unos papeles a los Ángeles para que Itachi los firmara.
Caminé hacia el sillón pequeño frente a donde estaba sentado él. Le conocía tan bien que sabía que la relación con su hermano no era de lo más buena. Cada que volvía de ver a algún miembro de su familia, regresaba con un humor distinto. Sí me sentaba a su lado probablemente mi instinto salvaje saliera y Sasuke necesitaba más ser escuchado en ese momento, que mancillado. Camino al sillón tropecé con algo en el suelo que me hizo detenerme a mirar qué era, pero noté algo más…
¡Mierda! Re mierda…
Recordé que tenía puesta una blusa blanca delgada y no llevaba sujetador debajo.
-¡Mierda! – Me quedé a medio camino hacia el sillón. Sentí la mirada de Sasuke clavada en mi espalda y giré sobre mis talones tan rápido que temí tropezar. – Aguarda… – Le grité corriendo a mi cuarto. Abrí el armario con fuerza provocando un fuerte ruido y busqué algo para ponerme sobre aquella blusita. Chillé de desesperación hasta que encontré una camiseta de botones que podría ponerme rápidamente. La saqué del gancho y me la puse apresurada para después abrochar los botones. – Uff… – Exhalé. Salí de nuevo a la sala y le sonreí a Sasuke como si nada hubiese pasado.
-¿Estás bien? – Me preguntó observándome de pies a cabeza con los ojos abiertos por la sorpresa.
-Perfectamente. – Asentí repetidas veces. – Bien, ¿Cómo está Itachi? – Traté de no sonar nerviosa.
-Igual que siempre. – Se encogió de hombros. – Dice que papá se va a casar. – Soltó.
-¿De nuevo? – Me senté en el sillón, ya más relajada. – Pero si su ultima boda fue hace… – Traté de sacar cuentas en mi cabeza. Sasuke me había suplicado que le acompañase a la ultima boda de su padre, por eso mismo estaba segura de que recordaría la fecha. – Hace…
-Hace 2 años. – Sasuke terminó la frase.
-¿Se divorció tan pronto?
-No sé como lo hace. – Suspiró. – En fin…
-¿Y tú has hablado con tu padre?
-Hmp… No, realmente no. – Hizo una mueca de desagrado.
-Vaya. – Sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo. Probablemente, era gracias a sus padres que Sasuke era como era. Un hombre frio que le huía al compromiso fiel con alguna mujer.
Y, ¿Cuál era mi pretexto? Mis padres estaban infelizmente casados, pero el hecho de que se separaran o tuvieran otras múltiples parejas como los de Sasuke, no era algo que me quitara el sueño. Y estaba segura de que Sasuke sentía lo mismo por sus padres, pero aún así había aprendido mucho de ellos.
-¿Ino te ha llamado hoy? – La fuerte voz de Sasuke me hizo regresar de mis pensamientos.
-Hace como una hora, le veré más tarde. – Respondí.
-¿Y? – Alzó una ceja. – ¿Aún tiene todo bajo control?
-Sí. – Suspiré. – Por ahora. ¿Tú ya hablaste con Sai por la despedida de Naruto?
-Hmp, no. – Respondió. – Eres la primera a la que vine a ver.
-Oh. – Me sonrojé.
Sasuke me sonrió y dejó caer su cabeza en el respaldo del sillón.
-Creo que necesito una ducha. – Su pose tan relajada me recordó la forma en que nos habíamos despedido la última vez que nos vimos. Me sonrojé un poco al recordar sus manos sobre mi cintura y sus labios moviéndose con fuerza contra los míos.
-Podrías ducharte aquí. –Le aseguré.
-¿Segura? – Volvió a mirarme.
-Claro, no sería primera vez que lo haces, ¿Cierto?
-No, claro que no. – Respondió. – Es sólo que…
-¿Si?
-Debo ir a bajar ropa de mi auto. – Bajó la mirada. – Después de todo, tengo mis maletas allí aún.
-Bien. – Ambos nos levantamos del sillón al mismo tiempo.
Sasuke sacó las llaves de su pantalón y salió a la calle en busca de su ropa. Yo corrí hacia el baño y me aseguré de que todo en el camino estuviera en ligero orden. Comprobé que había una toalla limpia y seca en el baño, y me aseguré de que hubiera suficiente jabón y demás para que Sasuke se diera una buena ducha. Salí a mi habitación esperando que se viera presentable para cuando Sasuke inevitablemente lo viera y regresé a la cocina para servirme un vaso de agua helada.
Era muy agotador tratar de ser aseada, aún cuando nos conocíamos de años y estaba segura de que Sasuke sabía que yo era la persona más desordenada. Muy al contrario de él.
-Sakura… – Le escuché en la sala. Salí en su encuentro y él ya tenía ropa colgando en su hombro derecho.
-¿Sí?
Sasuke frunció sus labios como si fuera a decirme algo realmente difícil. Por un momento temí que fuera a decirme que estúpidamente había dejado la puerta abierta y Gil había escapado, pero un ladrido desde la cocina me hizo desechar la idea.
-Sobre la ducha... – Su voz sonó ansiosa.
-¿Pasa algo? – Su expresión me preocupó.
-Tu… – Hizo una ligera mueca. – Quizás…
Traté de acomodar sus palabras en una oración coherente para poder entenderle.
"¿Sobre la ducha, tu… quizás…?"
Tal vez él…
Por un momento creí saber lo que él quería decir.
¡¿Sasuke y yo tomando una ducha?! ¿Ese era el siguiente paso? Maldición, ¿qué debía hacer? El cuerpo entero me pedía a gritos que aceptara, porque yo le necesitaba. Pero no podía moverme, no hasta que él lo dijera fuerte y claro.
- Yo, eh... yo... – Balbuceó.
-¡¿Qué?! – solté ansiosa.
Sasuke sonrió de lado, como burlándose de mí.
-Hmp, nada. – Sasuke avanzó hacia el baño.
-Eh, vamos… dímelo. – Hice un puchero.
-Sólo quería saber… – Sasuke se detuvo volteándose a mirarme. – Quería saber si tienes otro shampoo… que no sea el que huele a frutillas. – Se llevó una mano a su cabeza – La última vez tuve que usarlo, pero créeme que yo no quiero un cabello "Lacio admirable" mucho menos con olor a fresas salvajes.
Reí un poco al imaginar a Sasuke meneando su cabello como en los comerciales.
-No. – Negué tratando de ocultar mi risa. – Prometo comprar uno especial para ti la próxima vez que vaya al súper. – Sasuke rió. – Uno que diga: Para negros exóticos con olor a macho indomable.
-Graciosa. – Sasuke caminó hacia el baño casi arrastrando los pies.
En cuanto lo perdí de mi campo de visión, aporreé la palma de mano contra mi enorme frente. ¡Maldición! ¿Le habría espantado? ¿Me habría dejado ver tan… desesperada, urgida?
Pude detenerlo antes de que llegara al baño, o él pude detenerse. Cualquiera de los 2 pudo hacerlo, pudo decirlo. Sasuke y yo siempre nos habíamos dicho nuestras verdades en la cara. Siempre habíamos podido decirnos mutuamente lo que sea que tuviésemos en la cabeza sin temor a herir o espantar al otro. Pero, ¿Por qué yo sentía que en esos momentos, cuando decidí hacer nuestra amistad más íntima y menos emocional, no podía decirle a Sasuke lo mucho que lo deseaba, que ansiaba verlo desnudo entre mis sábanas y sobre o debajo de mí? ¿Por qué simplemente no podía caminar, meterme en la ducha con él y pedirle que me coja contra cualquier parte de mi departamento? ¿POR QUÉ? Él y yo siempre habíamos sido inmaduramente rectos. Yo nunca tenía problemas para decirle a Sasuke que era un estúpido arrogante, altanero, orgulloso, despreciable ser de la humanidad, pero ¡temía decirle que esa abstinencia en la que él sin querer me tenia… era jodidamente frustrante! Bien. No había sido mi intención sonar tan… desesperada, pero no podía dejar de pensar en lo bien que sería entrar en el baño con él, alzar la parte inferior de su camiseta y levantarla despacio por encima de su abdomen hasta sacársela por completo… deteniéndome sólo un breve instante y sólo para poder admirar lo bien formado que seguramente estaba bajo la ropa y lo perfecto que sería ver su perfecto abdomen si me sentara sobre él para… ¡Mierda! No, de nuevo. Oh, Dios. ¡Era a Sasuke en quien estaba pensando de nuevo! El único hombre que me había visto borracha, enferma y maldiciendo a hombres, como Sasori. ¿En qué diablos pensaba?
En ese momento escuché el sonido del agua de la ducha.
Corrí a la cocina tratando de apartar los pensamientos lascivos de mi cabeza. Me dispuse a preparar un poco de café para Sasuke y también porque necesitaba concentrarme en algo que no fuera él duchándose en mi baño. Una cucharada de azúcar, 2 cucharadas… ¿Sasuke lo tomaba con o sin azúcar?
¿Podría ir a preguntarle…?
¡No!
En cuanto dejé la cafetera lista, corrí a la sala y me senté en un sillón encendiendo mi laptop. Necesitaba seguir distraída y no concentrada en que el agua de la ducha seguía escuchándose. Agua que caía por su perfecta anato…
-¡Ahh! – Gruñí ocultando mi rostro en una de las almohadas del sillón.
Escuché el ruido del agua por un momento. Aún no había terminado de ducharse, quizás no era tan tarde. Dejé la laptop a un lado y me levanté decidida. Sí Sasuke no se decidía a dar el siguiente paso, lo haría yo.
Caminé rápidamente por el pasillo hasta mi habitación… Justo a medio camino me di la vuelta de regreso a la sala… Y luego volví a girar de regreso a mi habitación. Necesitábamos dar otro paso, ¿no?
Sí, debíamos…
El celular sonando en la sala me hizo pensar que seguro ni Dios quería que hiciéramos eso.
Suspiré no sabiendo si de satisfacción, o nuevamente de desgracia. Mierda. Ojalá quien fuera tuviera un buen motivo, o…
Tomé mi celular y respondí sin ver quién era. No tenía intenciones de fingir felicidad cuando la frustración me estaba matando.
-¿Hola?
-Sakura, mi manicura quedó divina. – Era la voz de Ino chillando de emoción. Nuevamente me hizo apretar mis mano libre en un puño… esta vez sentí hasta mis uñas clavarse contra la palma de mi mano. – Ahora estoy esperando a Hinata, le obligué a que se hiciera una… creo que se verá preciosa. Tú también deberías venir, yo sé que no te gustan estas cosas… pero…
¡Maldición! ¿Tenía que llamar, de nuevo… Y justo en ese momento?
-Ahora no puedo, Ino. – Le interrumpí secamente. – Sasuke está en mi depa, y…
-¿Está Sasuke ahí? – Susurró como evitando que alguien le escuchara. – ¿Lo han hecho ya? – Esta vez no se pudo contener y elevó el tono de su voz.
Meneé la cabeza al oír la voz de Ino fuerte y clara.
-Cielos, Ino. No necesitabas publicarlo.
-Exageras. – Respondió. – Si estoy sola.
-¿Y Hinata? – Me senté de nuevo en el sillón tratando de relajarme. Lo de Sasuke era caso perdido ya.
-Está hablando por teléfono con su papá.
-Bien. – suspiré aliviada.
-¿Y bien? – Me animó a seguir.
-¿Qué? – Me hice la desentendida.
-Contéstame.
-No.
-¿No, de: no me quieres contestar, o no de: "no lo hemos hecho todavía"?
-Ambas cosas. – Sonreí triunfante. Le frustraría la diversión a ella también.
-Maldita sea. Y Yo que pensé que hoy iba a tener un poco de suerte.
-No te pases, Ino. – Rodé los ojos.
-Oh, vamos. – Le escuché reír. – Lo suyo es algo digno de sentarse a observar con calma.
-Te desilusionarías
-¿Se ha decidido?
-Ya te dije que sí. – Fruncí el ceño. – Bueno, quizá... sí. A veces parece como que aún lo está pensando…
-Ah… – Comentó Ino – Olvidaba que hablábamos del hombre más indeciso sobre la faz de la tierra. El hombre que un día cree que odia la pasta y al otro pide una ración para almorzar.
-Pero esto no se trata de una decisión fácil… como qué comer o algo así.
-Claro que sí, tú le quieres y le propusiste sexo. – Obvió. – Él te quiere y nunca se ha negado al buen sexo. ¿Cuál es el problema? Ya hablamos de ello, deja de quejarte como una amargada… sólo tengan un buen sexo y déjense de niñerías… ambos son adultos.
-Bien.
-Estupendo. – La satisfacción en el tono de su voz me sorprendió. – Hablaremos de ello luego.
-¡No! No hablaremos de ello en ninguna otra parte… Ino, este tema me frustra y…
-¿Te ha dicho alguien alguna vez que compartes mal con los demás? – Preguntó sonando ansiosa.
En lo que me decidía a qué responderle, reinó una larga pausa. Aquello me permitió escuchar como la ducha se cerraba.
- Sí. – Respondí tensándome. – Nos vemos al rato, ¿sí?
-De acuerdo, adiós… – Ino colgó.
Ya sabía que esa plática no había terminado ahí, pero no tenía cabeza para pensar en ello en esos momentos.
Ya estaba. La oportunidad ya había pasado. En cualquier momento Sasuke saldría de mi habitación… Sasuke ya había aceptado hacerlo conmigo y yo sabía que él no era un hombre que se quedara de brazos cruzados, además aparentemente lo que había pasado hacia unos minutos fue un intento de proponerme algo. ¿Entonces…? Intenté respirar con tranquilidad, pero no me resultó fácil cuando pensaba que tendría un ataque al corazón. Sasuke iba a abrir esa puerta en cualquier segundo. La cuestión era cómo. ¿Vestido? ¿Desnudo?
Di un paso en dirección a la cocina. El café probablemente ya estaba hecho. Caminé con la cabeza gacha mientras trataba de calmarme… Me serviría una taza de café, una enorme taza de café… Pero... yo no quería café. No cuando tendría que ponerme el vestido rosa y debía entrarme a la perfección. Me volví hacia la sala de nuevo, lo que necesitaba era una ducha. Una toalla para mi ducha y una ducha fría… de acuerdo, yo necesitaba en serio esa ducha.
… Quizá si quería el café. Giré de nuevo en dirección a la cocina. Tan sólo un par de pasos bastaron para que yo sintiera mi cabeza estrellarse contra algo firme pero suave… Sentí unas manos húmedas y frías tomarme de los brazos y alcé el rostro asustada.
-¿Qué estás haciendo? – Sasuke me sonreía como con burla.
De acuerdo, no estaba desnudo. Al menos no del todo.
Sasuke no tenía camisa y sólo ligeras y pequeñas gotas de agua le cubrían el abdomen.
¡Santa MIERDA!
Bajé la mirada velozmente sabiendo que lo hacía más para comprobar si Sasuke igual no tendría nada cubriéndole por debajo y no por pena.
-Lo siento. – Un extraño calor cubrió mis mejillas y orejas. No le había oído abrir la puerta, y no estaba desnudo. Bien, me relajé un poco, pero no podía negar que me sentía decepcionada…
Sasuke me soltó rodeándome para seguir su camino, mientras yo seguía con la mirada clavada en "el suelo"
Di enormes zancadas hasta mi cuarto, cerré la puerta con seguro y corrí por una almohada en la cual enterrar mi rostro. Tuve que contener mis ganas de chillar de emoción. ¡Santa mierda! Era en serio… ¡Sasuke estaba que se caía de bueno! Tenía el abdomen marcado, pectorales definidos… ¡Ni siquiera sabía que Sasuke se ejercitaba! Ese marcado abdomen en un six pack perfecto, eran una clara prueba de que debí insistirle alguna vez para que vallásemos a la playa. Joder… que sabroso estaba.
Traté de contener la respiración y guardar mi excitación de nuevo. Salí de mi habitación y regresé a la cocina tratando de disimular la estúpida sonrisa de placer que adornaba mi rostro. No podía esperar por probar ese perfecto cuerpo…
-Sasuke… – Asomé mi cabeza hacia la sala sólo para encontrarme con que, desafortunadamente, Sasuke ya estaba completamente vestido y relajado en el sillón viendo tele.
-¿Si? – Me miró por breves segundos antes de volver a distraerse con la televisión. Su equipo de basquetbol favorito estaba jugando un partido.
-¿Café? – No me importaba que estuviera vestido, ya había visto una pequeña pero fabulosa parte de él y ahora sí que podía hacer lo que quisiera con mi imaginación.
La atracción mental es mucho más fuerte que la física. De una mente no te libras ni cerrando los ojos.
-Claro. – Me miró de nuevo con una sonrisa en los labios.
Era oficial. Lo tendría.
Le serví café a Sasuke y regresé a la sala sentándome a su lado.
-¿A qué hora veras a Ino? – Preguntó sin despegar sus ojos de la televisión.
-Al medio día.
-Sai me mandó un mensaje, debo verle a la 1pm.
-Mmm.
-Podría dejarte en donde Ino antes de pasar con Sai.
-Te lo agradezco. – Mi estúpida sonrisa seguía ahí. – Ya tengo listas mis maletas. – Le informé tratando de sonar despreocupada pero preguntándome si tendría en ese momento una oportunidad de seducirle.
-Oh, el viaje en carretera será largo. – Me levanté de junto de él lentamente.
-Aún podemos pedir un vuelo exprés. – Caminé hacia la cocina moviendo mis caderas más de lo habitual, pero tratando de no verme exagerada o vulgar. Me sentí observada por él desde la sala.
-De ninguna manera. – Le escuché responder. – Sabes que me gusta más viajar en mi auto.
-¿Estás seguro? – Regresé a la sala. – Igual podrías dejarme manejar si estas muy cansado.
Oh, podríamos descansar… en la carretera. La idea de Ino dejó de sonarme estúpida.
Sasuke me miró seriamente un par de segundos como si estuviera meditando mi respuesta.
-No. – Giró el rostro apartando su mirada de mí. – No me gusta que nadie toque lo que es mío. – Volvió a mirarme de una forma que no supe descifrar si era posesiva o tal vez… libidinosa.
-Bien… – Me dejó sin habla por unos breves segundos. Sentí mi respiración acelerarse y un impulso me hizo desear llegar más lejos, más que un beso.
Deseché esa idea tan pronto como llegó.
Pero me estaba siendo completamente imposible no imaginarnos a los dos en una cama grande bajo el edredón. Viendo alguna película antigua, compartiendo palomitas de maíz y… tocándonos, riendo, abrazándonos durante las largas noches. Dios, deseaba tanto que esto funcionara. Sin compromisos ni promesas, ni corazones rotos. Solo deseo, pasión y una excitante satisfacción que sólo Sasuke me pudiera dar.
Gil subió al sillón y se acomodó a mi lado. Mientras le rascaba las orejas, sonreí. Quizás no tuviera que esperar hasta la siguiente vida para sentirme tan satisfecha como Gil. Sí las cosas iban bien, lo cual esperaba, Sasuke y yo podríamos sentirnos a gusto en el conocimiento de que nada cambiaría. De que sus necesidades y las mías se veían complacidas. De que no nos haríamos daño jamás ni nos abandonaríamos o engañaríamos. Sería perfecto. Lo único que tenía que hacer era superar esa fase de incomodidad.
Sólo era cuestión de dar el siguiente paso.
-Sasuke…
-Hmp. – Me "respondió" haciéndome saber que me estaba escuchando.
-¿Podríamos…? – Me acerqué un poco a él. – Nosotros…
-¿Si? – Volvió a mirarme.
-¿Podríamos… dar el siguiente paso?
Uno de los tendría que dejar a un lado la pena…
Sasuke me miró con los ojos abiertos. Ni siquiera le importó que su equipo hubiera anotado…
-¿Sigues aquí? – Le miré consternada.
-Sí. – Respondió.
-Yo creía que la otra noche habíamos superado un poco la fase de quedarnos helados con cualquier cosa que diga el otro con respecto "al plan".
-Sí, pero… – Alzó rápidamente una ceja y después se volvió a poner inexpresivo, como siempre. – Creí que también habíamos quedado en que iríamos lento.
-Esa noche me aclaraste todo lo que debía saber. Maldita sea, dejemos de perder tiempo y energía frustrándonos cuando las cosas se ponen buenas… Yo estoy a favor de que nos dediquemos a un intercambio saludable de fluidos corporales. ¿Qué dices? – Ladeé mi cabeza apuntando hacia mi habitación.
-¿Ahora? – Sasuke cambió su postura quedando completamente frente a mí. Estaba segura de que el partido que veía había pasado a segundos términos, eso era una buena señal.
-Dejémonos de niñerías, Sasuke…
-Hmp. – Sasuke ladeó la cabeza mirándome con curiosidad. – Sakura… – Dijo, luego de unos segundos. – ¿Eres consciente de todo lo que tener sexo significa?
-Creí que ya hemos dejado atrás la etapa de preguntas y respuestas… – Jugueteé con mis dedos tratando de ocultar mi ansiedad. – Se supone que ya habíamos hablado de eso y de que ambos seguiríamos…
-No te distraigas. – Me reprendió. – No es de retractarme de lo que hablaba. – Me aclaró. – A lo que me refiero es que tener sexo significa que vamos a estar desnudos. Uno delante del otro.
Dios, esperaba que sí.
Tragué saliva.
-Te acabo de ver sin camisa – Me crucé de brazos. – Nunca pensé que fueras una persona… pudorosa.
-Hmp. Lo decía por ti, de hecho.
-¿Por mi? – Me apunté a mí misma con el dedo índice. – No tengo nada diferente a lo que hayas visto antes.
-Y si sabes eso… ¿Por qué corriste apenada a ponerte una blusa sobre la de tirantes que tenias?
La sangre subió nuevamente a mi rostro y mi respiración se tornó pesada.
¡Mierda! Se había dado cuenta.
-Amm… – No supe que decir.
-Yo no soy pudoroso, molesta. – Sasuke se acomodó de nuevo frente al televisor y me ignoró por unos breves segundos en los que intentaba regresar a mi color pálido normal. – También te he visto en bañador. – Agregó cambiando de canal el televisor.
-¿Cuándo? – Entrecerré los ojos dudando.
-Naruto me mostró alguna vez unas fotos tuyas con las chicas en la playa.
-No es lo mismo. – Aparté mi rostro tratando de concentrarme en alguna otra cosa.
-Exacto. – Asintió. – Pero, Sakura… si aun quieres hacer esto…
-Lo quiero. – Le interrumpí volteando a mirarle de nuevo. Él estaba tenso, pero aún seguía aparentando que me ignoraba. – Lo único que quiero dejar claro es que aún no has visto todas las partes de mí y eso podría decepcionarte… pero quiero seguir.
-Hmm. – Murmuró.
-Yo tampoco he visto todavía todas tus partes – Sasuke respiró hondo.
-Touché.
De repente, se removió en el sillón como si este le quemara.
-No tengo nada que no hayas visto antes.
-Tal vez yo quiera dar el segundo paso… – Mordí mi labio inferior. – Tal vez yo… necesito ver…te. – Sasuke me miró con los ojos completamente abiertos. Tenía que reconocer que él era un hombre al que muy pocas veces se pudiera sorprender, pero esta vez yo sentía que mi presencia últimamente le estaba sacando de su rutina normal. Debía apremiarme por ello. – Tal vez podríamos seguir adelante… – continué. – Si nos viéramos.
-¿Vernos? – Dejó caer su cabeza en el respaldo del sillón pero con el rostro hacia mí, aún viéndome fijamente. – Ese es tu 'segundo paso'.
-Sip. – Asentí completamente segura.
-¿Con que objetivo? – Alzó una ceja. – ¿Cómo una especie de prueba? ¿Vas a cambiar de idea si no la tengo lo suficiente grande?
Reí negando repetidamente.
-¡No! No, no tiene nada que ver con eso.
Nos miramos en silencio por unos segundos. Seguramente él necesitaba que yo dijera algo, una explicación. Pero yo no tenía nada que decirle. Lo único que pude oír por algunos segundos fue nuestras respiraciones aceleradas.
-Eres demasiado peligrosa. – Susurró. – Últimamente actúas y dices cosas sin pensarlo y eres la que da los primeros pasos… No sé si sentirme excitado por ello o asustado.
-Me gustaría que te sintieras excitado.
-Oh, molesta, lo estoy. – Afirmó. – ¿Quisieras comprobarlo?
Me quedé sin habla. Mi garganta se secó repentinamente y aunque quería mover mi cabeza para asentir, sentí a toda la fuerza de la gravedad en mi contra.
Parecía que en ese momento el dique se había abierto. Desde que hablamos de tener sexo yo no había podido pensar en otra cosa. Pero en ese momento, en la forma en que me hablo y en la forma en la que él me miraba… parecía que la necesidad debía llevar dentro de él mucho tiempo. Justo bajo la superficie.
-Has cruzado la línea. – Sasuke se acercó por completo a mí. Pude sentir su respiración con olor a café contra mi rostro. – ¿Segura que necesitas superar lo de la desnudez primero…?
Observé fijamente sus labios semi abiertos cerca de mí. Y las palabras salieron por sí solas.
-Va a ser incómodo, los dos lo sabemos. Pero si lo hacemos de una forma sosegada, seremos capaces de superar la incomodidad. – Mordí mi labio inferior nerviosa. – Necesitamos dar el siguiente paso.
-¿Y esos dos pasos no pueden darse al mismo tiempo? – Su aliento se mezclaba con el mío pero nuestros labios aún no se tocaban.
-Tú fuiste el que dijo que debíamos ir lentamente…
-Al diablo con eso. – Recorrió mi brazo derecho con el dorso de su mano. – Pero si quieres…
-¿Sí quiero…? – Un ligero temblor recorrió mi espina dorsal.
- Nos desnudamos.
-Tú…
-Hagámoslo… Aquí, ahora… – Cortó la distancia entre nosotros. Aferré mi brazo izquierdo detrás de la cabeza de Sasuke atrayéndolo a mi tanto como necesitábamos. Clavé mis rodillas en el sillón elevándome más que Sasuke hasta que sentí sus manos en mi cintura. Me tomó desprevenida pero cortó el beso con rapidez para hacer que quedara sentada en su regazo. – ¡Mierda! – Gruñó cuando quedé por completo sobre de él. – Esta posición se ha vuelto nuestra "favorita". – Dijo casi en un jadeo.
Me acercó de nuevo a él y volvió a unir nuestros labios en un beso demandante, cargado de todo lo que necesitábamos y más… su aliento de café se mezclaba con el mío, sus manos despertaron de la nada recorriendo mi cintura, subiendo a los lados de mis pechos, bajando de nuevo a mis caderas. Me separé momentáneamente de él permitiéndonos a ambos respirar un poco antes de volver a tomar sus labios contra los míos. Halé con mis dientes su labio inferior sin lastimarlo y luego él hizo lo mismo. Ambos respirábamos pesadamente, ambos estábamos necesitados de esto. Sus labios se movían con desesperación contra los míos. Sus manos me recorrían la cintura y espalda atrayéndome más a él. Nos separamos de nuevo y le vi sin pena alguna. Estaba ligeramente despeinado y sonrojado, perfecto. Y yo quería ver más.
Sus labios bajaron a devorar mi clavícula y cuello. Y yo estaba poniéndome en exceso acalorada. La temperatura corporal que ambos desprendíamos en ese momento casi podía palparse en el viento. El cuerpo entero me picaba por la necesidad de sentir más de Sasuke. Ansiaba sentir más de él. Ladeé mi cabeza dándole más acceso a que besara y lamiera todo lo que pudiera de mí.
Toda yo estaba por completo en sus manos y así pude comprender ¿Por qué él? Porque no había hombre al que le tuviera más confianza y al que deseara más aunque sin amor. Era él, mi alma gemela pervertida…
Dejé mis temores a un lado y llevé mis manos a sus hombros sosteniéndome de él mientras apretaba los labios para no soltar improperios. Traté de acomodarme un poco mejor sobre su cuerpo, pero ya no era yo la única necesitada. Su miembro estaba despierto. El llevaba razón, estaba excitado, muy excitado. Sus pantalones ocultaban un prominente bulto al que le urgía salir a jugar un poco. Me aferré con fuerza a sus hombros y comencé a mover mis caderas sobre su miembro lentamente, de adelante hacia atrás recorriendo el largo tanto como su pantalón me permitía.
No aparté la mirada de él, no podía hacerlo, quería saborear cada instante.
No habría marcha atrás.
Sasuke me tomó de la nuca con rudeza y estampó sus labios contra mí, nuevamente, pero esta vez mordió mi labio inferior con más fuerza haciéndome jadear. Sasuke aprovechó eso para meter su lengua en mi cavidad bucal. Nuestras lenguas se encontraron y se tocaron aún mejor de lo que habían hecho la última vez. Quise separarme de él para sacarle la camisa, pero cuando empecé a romper el beso, protestó con un fuerte gemido y clavó sus dedos en mi trasero, tratando de retenerme ahí, moviéndome contra su miembro. Era justo como necesitaba. Aún no le había visto, pero sabía que lo que sentía debajo de mi era grande, duro, grueso y listo para enterrarse en mi sin piedad. Dios, ya quería eso. Jadeé de puritito placer cuando sentí como sus manos se metieron debajo de mi blusa, por la espalda y acariciaba mi columna vertebral haciéndome estremecer y curvarme pegando mis pechos a él.
Sasuke se separó de mí y tomó mi blusa de botones por la parte baja. Dio un ligero tirón de ella haciendo que se abriera por completo. Unos cuantos tintineos de los botones cayendo en el suelo me sobresaltaron. Por un momento me sentí expuesta, pero aún tenía la molestia blanca de tirantes sobre mis pechos. Tomé sus manos y las llevé a los lados de sus piernas para que no me estorbaran en mi cometido. Me apoyé en su pecho para acomodarme mejor sobre él y pude sentir su corazón latir desbocado. Juraría que el mío se encontraba igual, e incluso peor. Acerqué mis labios a su rostro y le di ligeros mordiscos en su barbilla. Bajé por su garganta trazando un camino de suaves besos mientras comenzaba a trabajar en los botones de su camisa.
Para entonces, no me había dado cuenta de que ya estaba moviendo mis caderas más rápido y con más certeza contra él. Sasuke soltó un jadeo muy bajito y me miró. Daba ligeras bocanadas de aire y un ligero rubor cubría sus mejillas. Subió sus manos a mis caderas y de alguna forma consiguió que moviera mis caderas sobre su erección más rápido y con más firmeza.
-¡Ahh! – liberé un pequeño gemido que me puso roja como un tomate. Jamás hubiera imaginado que terminaría gimiendo para Sasuke.
Mordí ligeramente mis labios tratando de contener otro gemido mientras movía mis caderas en círculos. Escuché un ronco sonido proveniente de su pecho y supe que él estaba disfrutando del roce de nuestros cuerpos tanto como yo.
Terminé de desabrochar su camisa y recorrí sus abdominales con mis manos, de abajo hacia arriba. Enrollé mis dedos entre sus finos cabellos y pegué mí frente a la de él.
-¡Por favor…! – Sasuke me miró y curvó sus labios en una sonrisa de lado.
-Hmp, será un placer. – Tomó la blusa blanca del borde y comenzó a subirla lentamente. Alcé mis brazos para darle completa libertad a desnudarme y entonces, él no lo hizo. Sasuke subió mi blusa sólo justo hasta debajo de mis pechos y me miró fijamente.
-¿Qué pasa? – Dejé salir un gemido de frustración.
-Algo está vibrando en el sillón. – Su voz sonaba ronca, áspera. – ¿No lo sientes?
-¡Demonios, no! – Bufé. – ¿Qué importa? – Dejé caer mis brazos de nuevo.
Sasuke alzó un poco las caderas, aún conmigo sobre de él y me agarró del trasero para con una mano tantear detrás de una almohada que estaba en su espalda. Puso delante de mis ojos un celular rosa y me lo ofreció tratando de contener una sonrisa burlona.
-Creo que es para ti.
Le arrebaté el celular y respondí completamente encolerizada.
-¡¿Qué?! – Gruñí.
-Sa… sakura… – Escuche la tímida voz de Hinata. – Soy yo, Hinata.
Suspiré.
-Lo lamento, Hina… – Hice una mueca sintiéndome culpable. – No es un buen momento… yo estaba…
-Perdona, Sakura… es sólo que Ino me pidió que te recordara que ya deberías estar viniendo a la prueba del vestido…
-Ahh… – Cierto.
¡Por favor, no!
-Por favor, no tardes. – Su tranquila voz sonaba ansiosa. – Es muy importante, ya que la boda es el domingo y en serio necesito que…
-Sí, si… – Apoyé mi mano libre en el hombro de Sasuke y me levanté de sobre de él. – Estoy saliendo para allí, lo juro. – Nos vemos.
Colgué el teléfono y miré a Sasuke con frustración. Mierda… casi lo había tenido…
-Ya lo sé. – Sasuke miró alrededor de él y tomó una almohada que estaba en el suelo tapando aquella parte notable en su pantalón con ella. – Nos dejamos llevar. – Su voz sonaba ronca.
-No tanto como necesitaba…
-No, pero ya sabes que hoy no es un buen día. – Se llevó una mano a su cabeza y revolvió ligeramente su cabello. – Esto cada vez va mejorando…
-La próxima no habrá nada que nos detenga. – Le aseguré.
-Lo sé. – Estiró su mano ofreciéndomela para que la tomara. En cuanto lo hice, Sasuke me haló hacia él y me besó desesperadamente. Cuando me soltó, pude notar ese brillo en sus ojos.
Me deseaba como yo a él.
Definitivamente, nada nos detendría la próxima vez.
-Necesito una ducha. – Señalé mi habitación.
-Sí, eso creo. – Su sonrisa de lado me distrajo.
Entonces…
-¿Quisieras acompañarme? – Le ofrecí.
-No me tientes, Sakura… – Respondió. – O nunca llegaremos… siquiera a la boda.
-¿Es una amenaza?
-No tan certera como la que Ino te hará si no te apresuras.
Sasuke se acomodó de nuevo en el sillón y se concentró en el televisor de nuevo mientras yo corría hacia mi baño.
.
A penas vi a Ino a lo lejos, mi cuerpo comenzó a arder en ira. El trayecto en el auto de Sasuke no había sido para nada incomodo, había sido tranquilo, relajado… la única tensión que se había sentido… era la tensión sexual porque ambos necesitábamos cogernos sin piedad. No había más temor o tensión. Bajé del auto y nos despedimos con una sonrisa agradable… sonrisa que se había borrado en cuanto vi a la tonta de mi amiga mirándome con burla en la sonrisa.
Mientras caminaba directo hacia ella, era consciente de mi rostro lleno de ira y de mi dedo medio centelleando para Ino.
-¡Llegaste! – Me saludó rodeándome en un caluroso abrazo. Acercó sus labios a mi oído y susurró: – ¿Y bien?
-Mierda, Ino. – Susurré. – No, no llegué. ¿Y adivina porqué? Porque alguien me interrumpió más de una vez el día de hoy. Y encima hiciste que Hinata me hablara porque sabias que a ti te puedo mandar a la mierda pero a ella no.
-¿Qué te puedo decir? – Su voz sonaba dramáticamente consternada. – Necesito que entres en ese vestido y no puedo perder mi tiempo porque tú estabas… Espera… ¿ya lo estaban haciendo?
Me aparté de ella.
-Casi. – Caminé por el pasillo de aquella tienda buscando los probadores. – ¿No entiendes? No pude llegar. – Bufé.
-Lo hablamos luego. – Dijo pasando junto a mí. – Póntelo, ya. – Me ofreció una bolsa para ropa negra y una caja de zapatos.
Tragué saliva.
Le arrebaté de las manos lo que me ofreció y me metí a un probador casi temblando de miedo.
-Aquí voy.
Me desvestí mientras me observaba fijamente en el espejo. En ese momento agradecí un poco que las cosas con Sasuke no hubieran terminado… no me hubiera perdonado si mi piel quedaba marcada para la boda. No cuando el vestido era algo revelador.
Era un hermoso y fino vestido color salmón. Largo hasta por debajo de las rodillas, con escote en forma de corazón y con pequeños detalles en pedrería en la cintura. El vestido no era feo, era agradablemente hermoso, pero los zapatos…
-¿Tacones, Ino? – Grité desde el probador. – Es en la playa.
-Y la fiesta en un salón, deja de quejarte y sal ya. – Respondió.
Salí del probador justo a tiempo para ver a Hinata secándose las lágrimas desde el probador frente al mío.
Hinata lucia preciosa con un vestido de novia, con falda de encaje que cubría hasta sus pies y una cintilla dorada en la cintura que acentuaba su curvilínea figura. Al igual que el mío, tenia detalles en pedrería, sólo que los de ella resaltaban su perfecto escote, que de por sí ya llamaba bastante la atención.
Hinata y yo cruzamos miradas al mismo tiempo. Ella me miró asombrada y yo le miré perpleja. Ella era hermosa, definitivamente lo era. No tenía ni pizca de maquillaje en el rostro y sus ojos lucían hinchados y rojos, y aún así lucía perfecta.
Hinata salió de su probador y corrió hacia mí. Me tomó de las manos y me miró de pies a cabeza.
-Eres bellísima. – Me aseguró con los ojos húmedos.
-No tanto como tú. – Me uní a su gesto abrazándola mientras trataba de contener la emoción.
-Por favor, yo soy más bonita que las dos… – Ino interrumpió el momento. – Si se van a poner lésbicas sentimentales… cámbiense primero sus vestidos, que no quiero que los arruinen.
-Ino, ¿y tu vestido? – Hinata le preguntó no haciendo caso a sus comentarios.
-Lo tengo en mi casa desde ayer. – Respondió acomodando la falda de Hinata. Yo lo llevaré en el avión, no te preocupes. – Me miró y sonrió satisfecha. – Entraste en él. – Me 'felicitó' – Inclusive tal vez sería buena idea meterle un poco…
-No. – Le corté. – Necesito poder comer con él puesto, ¿sabes? Así está perfecto.
-Bien. – Hizo una mueca sabiendo que trataría de convencerme después.
Y pese a todo lo que había pasado tan sólo esa mañana, el resto de la tarde fue más corta y divertida de lo que pensé. Después de un ligero almuerzo entre pláticas y consejos de Ino para Hinata, nos pasamos una tarde en el centro comercial buscando los accesorios que llevaríamos para conjuntar los vestidos.
Ino saboteó con desesperación una tienda de accesorios que se encontraba en oferta y de la cual nos costó trabajo sacarla. Parecía que se trataba de llevar víveres frente a algún desastre natural o algo parecido.
-Ustedes se burlan, pero eran buenos precios y muy buenos productos. – Observó satisfecha las 3 bolsas que llevaba en las manos mientras descendíamos por las escaleras eléctricas a la planta baja para salir al estacionamiento.
-Yo creo que tú hubieras comprado esos lindos accesorios aún si no hubiesen estado en oferta, Ino. – Hinata agregó riendo discretamente.
-¿A dónde vamos ahora, 'mapa'? – Le pregunté a Ino en medio de un bostezo.
-Hinata, ¿compraste lo que te pedí?
-Sip. – Hinata asintió sonriendo alegre.
-¿Qué haremos? – Quise saber.
-Es una sorpresa. – Ino sonaba emocionada mientras guardaba sus compras en la parte trasera de su auto.
Hinata subió adelante con Ino y yo me senté atrás con las bolsas de compras y como la encargada de cuidar los vestidos que se encontraban en bolsas transparentes y muy protegidos.
Ino condujo hasta su casa, la cual aseguro que sería solo para nosotras ya que Sai había salido con los chicos.
-¡Empieza lo divertido! – Ino chilló – La despedida de soltera de Hina.
-No de nuevo - supliqué.
-oh, Ino. – Hinata lucía acalorada. – Prometiste que nada de bailes exóticos ni hombres en uniformes. – Hinata estaba completamente roja.
-¿Lo hice? – Ino se estacionó en su enorme cochera y abrió la puerta de su formidable hogar. – Sí lo prometí es porque lo cumpliré. – Afirmó.
-¿Y entonces…?
-Sólo nos divertiremos un poquito. – Guiñó el ojo antes de rodear su auto para ayudarnos a bajar las compras.
Las 3 entramos casi al mismo tiempo topándonos con el lugar completamente obscuro. Sólo por el fuerte olor de su perfume, supe que Ino caminó al lado de nosotras y se adelantó para encender la luz.
La claridad nos dio de golpe y tuve que parpadear varias veces antes de abrir la boca sorprendida. Todo el departamento de Ino estaba llenó de arreglos de múltiples flores y globos de muchos colores. Ino nos miró sonriendo y con las manos en su cintura como demostrando superioridad y satisfacción.
-¿Y bien? – Nos animó. – ¿No le quedó precioso a Naruto?
Los ojos de Hinata se iluminaron y exhaló de entusiasmo en cuanto escuchó el nombre de su futuro esposo.
-¿Él está aquí? – El sonrojo en su rostro me pareció de lo más conmovedor.
Ino negó, pero antes de que Hinata se mostrara más desilusionada agregó:
-Él estuvo aquí. – Le aseguró tomándola de los hombros. – Junto con Sai y los demás decoraron el lugar para ti. Naruto me dijo que te dejó una carta escondida entre alguna de estas flores y dijo que tu sabrías donde encontrarla. – Hizo una mueca observando a su alrededor. – Espero que sea así, porque hay muchas flores…
-Podemos ayudarte a buscar. – Le aseguré igual de maravillada que ella.
Hinata se había sacado la lotería con Naruto, y él era el jodido hombre más afortunado del planeta tierra.
-Y no estamos solas. – Ino sonrió maliciosamente abriendo la puerta del armario.
-¡Strippers no, Ino! – Hinata cubrió su rostro mientras yo me dejaba caer en un espacio libre de un sillón.
Sí no había remedio, tendría que disfrutarlo.
Pero en lugar de que del armario saliera un hombre uniformado o algún bailarín exótico, Temari y Hanabi, la hermana menor de Hinata, salieron de ahí.
-¡Sorpresa! – Hanabi gritó arrojando confeti sobre Hinata.
-Oh, chicas. – Hinata corrió a abrazarlas.
-Felicidades, Hinata. – Temari, diplomáticamente educada como siempre, saludó.
-Ellas también ayudaron a Naruto. – Ino entró a la cocina brevemente. Cuando salió, llevaba una bandeja con copas y una botella de champagne.
-Se los agradezco. – Hinata lucía a punto de llorar de nuevo.
-¿Has buscado la carta ya, Hina? – Hanabi preguntó curiosa. Sólo era 5 años menor que su hermana, pero lucía más decidida que ella.
-Oh, de hecho… – Hinata observó rápidamente todas las flores.
-Ojalá hubiera visto en cuál la ocultó. – Hanabi se lamentó.
-Tal vez olvidó hacerlo. Tomé un arreglo de rosas entre mis manos y rebusqué entre ellas sin éxito.
-En las rosas blancas… – Hanabi corrió pero tampoco tuvo éxito.
-Lo tengo. – Hinata sonrió y caminó muy segura hacia unos girasoles que se perdían entre el montón de flores. – Aquí está. – Hinata revolvió sólo un poco y sacó de entre ellas una carta pequeña. La desdobló y leyó en silencio mientras Ino nos dio a cada quien una copa de champagne.
-Es delicioso, Ino. – Temari se sentó en el suelo cruzando sus piernas.
-Es el favorito de Sai. – Ino volvió a la cocina.
-Iré a preparar palomitas. – Hanabi le siguió.
-¿Shikamaru está con los chicos? – Pregunté a Temari.
-Claro, ellos consiguieron que el vago saliera de su bati-cueva por una noche.
Reí por el comentario. A Shikamaru raramente le hacían salir… de noche.
Ino y Hanabi volvieron con tazones de botana. Ino llevaba una en cada mano y Hanabi consiguió acomodar 3 en una charola grande.
-Ino, ¿Cuánta botana compraste? – Pregunté atemorizada.
-Es una suerte que no te haya convencido de ajustar los vestidos. – Ino sonrió. – Definitivamente es una buena señal que quedaran un poco anchos.
-Oh… – Escuchamos un sollozo salir de los labios de Hinata y ella nos volteó a ver con las mejillas y nariz rojas y los ojos húmedos.
-¿Qué pasa? – Me levanté del sillón temerosa.
-Él es todo lo que siempre soñé. – Respondió y dobló la carta metiéndola en un bolsillo de su falda.
-¿Qué decía, Hina?
-Él me ama, en serio me ama. – Respondió tomando la copa que Ino le ofreció. – Y no puedo esperar para que llegue el domingo.
Por un breve instante pensé sí en algún momento de mi vida conocería a alguien que me hiciera sentir algo más fuerte que el deseo que sentía por Sasuke. Tal vez podría buscar a alguien a quien yo amara y no sólo le deseara. Pero en ese momento la conexión más fuerte que tenia era él.
-Pero ahora… – Temari se levantó del suelo y corrió al armario saliendo con una bolsa. – Traje algo… – Sacó el contenido de la bolsa.
Tequila.
-Excelente. – Ino asintió satisfecha. – Porque yo… también traje una botella. ¿Vamos a mi recámara? – Preguntó. – Hay más espacio y… veremos películas.
-Yo digo que sí. – Me encaminé hacia las escaleras. – Esto estará bueno.
El resto de la noche, Hinata no pudo borrar esa sonrisa de su rostro.
Las chicas y yo platicamos largo y tendido ignorando el televisor y la película. Hinata contaba sus momentos más románticos y graciosos con Naruto. Ino le platicó los problemas que había tenido con Sai para que ella previniera que le pasara lo mismo. Temari se unió a la plática contando de manera graciosa sus tácticas para hacer que Shikamaru dejara de ser tan vago al menos cuando ella estaba de visita.
Conforme las horas pasaban y las botellas de tequila bajaban, me iba sintiendo más relajada. Hanabi, se había quedado dormida en cuanto la primera botella se terminó y Hinata estaba casi por unírsele.
-Juro que lo amo. – Escuché a Temari – Ustedes saben, es un perezoso y muy estúpido… pero lo amo. Shikamaru es… fastidiosamente lo que necesito. – Asintió. – Más muchos montones de pereza más.
-Y Sai es… hermoso. – Ino sonrió. – Nunca me niega nada y cuando lo hace, sólo lo hace porque sabe que acabaremos discutiendo… lo cual terminara bien. – Hizo un gesto sugerente. – Ya saben, las reconciliaciones…
-Oh, oh. – Temari chilló. – ¿Hablaremos de sexo?
-No, no… – Ino agitó sus manos.
Ambas sonaban ligeramente muy ebrias.
-¿Por qué no? – Temari negó.
-Hinata es muy tímida. – Ino hipó.
-Bueno, pero… ¿Sakura… que tal tu?
-¿Yo? – Me señalé sintiendo todo mi cuerpo relajado y ligeramente mareado.
-¿Tienes a alguien?
Nada, sólo me quiero coger a mi mejor amigo.
-No. – Respondí.
Yo no me sentía muy cuerda y temía soltar la lengua.
Escuchamos un ruido sobre la cama y supimos que Hinata ya había caído.
-Búscate a alguien. – Ino comenzó con la fase de toda ebria dando consejos. – En verdad, amiga… te lo mereces.
No quiero buscar a alguien... yo sólo quiero coger con Sasuke.
-Claro. – Temari asintió.
-Mira, yo particularmente desconfió de los hombres que prometen mucho… son los que menos dan. Mejor búscate a uno que te diga: Quiero coger contigo. Así de simple y sincero…
-Consejazo. – Bebí el restante de mi vaso y me levanté del suelo donde estábamos sentadas.
Caminé hacia el baño y me mojé un poco el rostro notando mis parpados pesados. Salí y me dirigí a la cama de Ino.
-No vomites en mis sabanas de algodón egipcio. – Ino me amenazó.
-No lo haré. – Sentí la suavidad sobre mi rostro y tras un rápido bostezo cerré mis ojos dejándome llevar por el sueño.
.
-Ni una palabra. – Ino gruñó poniéndose sus lentes de sol justo antes de cerrar la puerta de su casa.
Todas nos subimos a su auto con lentes de sol y un dolor de cabeza monumental.
"Lo primero que había visto al despertar fue a Temari en el suelo tapada con una sábana pequeña. Sentí algo pesado sobre mis piernas y me encontré a Ino durmiendo detrás de mí con una pierna sobre las mías. Como pude me zafé de ella y corrí al baño sintiendo mi estómago pesado. Me dejé caer en el suelo con la cabeza cerca del inodoro pero nada pasó. Me levanté de nuevo y me metí a la ducha de Ino. La cabeza me daba vueltas aún y sentía que podría resbalar en cualquier momento.
En cuanto salí, observé a mis amigas aún en su quinto sueño y bajé a la sala por mi celular. Después de revisar que no había mensajes nuevos, bajé el volumen y les tomé tantas fotos como pude.
-La próxima semana, esto valdrá oro. – Me apremié satisfecha."
En ese momento nos dirigíamos al Ichiraku por nuestro desayuno grupal antes del viaje.
-¿No se supone que ustedes sólo desayunan juntos los domingos? – Temari preguntó soplándose con un pequeño abanico.
-Depende. – Respondí.
-Sí no podemos hacerlo los domingos, fijamos un día de reemplazo. – Ino trató de explicar,
-Mayormente el sábado. – Hinata continúo.
-Y ya que mañana no podrán por la boda… ustedes desayunaran hoy. – Temari comprendió. – En serio es importante esto para ustedes.
-Claro. – Me acomodé mejor los lentes de sol sabiendo que saldríamos del auto pronto.
Ino se estacionó casi en la puerta y bajamos todas apresuradas. Fui la primera en entrar y pedí la mesa de siempre.
-Adelante. – Aún con los lentes el mesero me reconoció y me señaló a los chicos ya instalados en la mesa.
-¡Naruto! – Hinata corrió al encuentro de mi rubio amigo y le abrazó con fuerza.
-¿Cómo puede gritar así? – Ino se quitó los lentes de sol y caminó lentamente a su silla.
-Gracias por las flores. – Hinata se aferró a su cuello. Naruto asintió y le dio un apasionado beso que hizo que Hinata se sonrojara violentamente.
-Cariño. – Sai se levantó de la silla y le dio un suave beso en la frente a Ino. – Te eché de menos.
-Eso espero. – Dijo sentándose y llevando una mano a su cabeza. –…Cariñito. – Le dio un ligero roce en los labios.
-Mujer. – Shikamaru saludó con la mano a Temari. Siempre vago hasta para saludar.
-Vago. – Ella le respondió.
Vaya que eran tal para cual.
-¿No habrán ido con mujerzuelas, verdad? – Ino miró a Sasuke con ligero coraje.
-No. – Respondió volteando a verme. – Lo juro.
Me senté en mi silla de siempre e hice señas al mesero.
-Café, por favor. – Pedí.
-¿Cuántas tazas?
-Para todas. – Ino frotó su sien. – Y unas aspirinas.
-Correcto. – El mesero se dio la vuelta rápidamente.
-¿Y ustedes? – Shikamaru nos miró con burla. – Lucen…
-Cállate. – Ino bufó.
El mesero nos asentó una taza de café caliente y una caja de aspirinas.
-Dame 2, ¿quieres? – Temari suplicó mientras bebía de su café como si fuese agua.
-Claro. – Le ofrecí las pastillas mientras trataba de concentrarme en recordar si no había soltado la lengua la noche anterior.
-¿Dónde está Hanabi? – Naruto preguntó observándonos.
-Mi papá fue por ella temprano. – Hinata tomó pequeños sorbos de su té. – Ellos van a por mi abuelo primero y de ahí tomaran el vuelo a la playa.
-¿Así que ellos llegaran primero? – Ino lucía considerablemente mejor.
-Sí.
-¿Quién lo diría? – Naruto suspiró. – Nuestro último desayuno como solteros. – Abrazó con fuerza a Hinata.
Hinata asintió luciendo ilusionada.
-No empiecen. – Sasuke rodó los ojos.
-¿Qué pasará después de la boda? – Shikamaru mordió su pedazo de hamburguesa.
-¿A qué te refieres? – Ino bebió el restante de su taza.
-Contigo, Ino.
-Oh, cuando terminé la boda ya no habrá nada que me entretenga… – Se lamentó. – Por eso espero que te cases pronto. – Le miró con satisfacción mientras Shikamaru tocía atragantado. Temari le dio suaves golpes en la espalda y él bebió de su vaso de jugo para poder componerse.
-¡Ni hablar!, busca alguien más para joder. – Dijo en cuanto se repuso.
-Bueno… siempre puedo decorar la casa en la que ellos vivan. – Señaló a los futuros esposo mientas Naruto empalidecía y Hinata llevaba una mano a su cabeza.
-No, díganle que no… por favor. – Naruto suplicó.
-Sólo está bromeando, Naruto. – Le aseguré.
-Quien sabe. – Ino sonrió sospechosamente.
Naruto se levantó de la silla ruidosamente llamando la atención de algunos comensales a nuestro alrededor.
-Apresúrense, señores. – Le dio dinero a Shikamaru. – Me caso en menos de 24 horas y mi vuelo sale en 3.
Su típica sonrisa zorruna se posó en su rostro decidida a no irse nunca más. Tomó de la mano a Hinata y salió de la cafetería apresuradamente.
-¡Naruto se va a casar! – Ino me miró sorprendida.
-Lo sé. – Asentí.
-Nunca creí que pasaría. – Inclusive Sai sonrió.
-¡Vámonos! – Ino metió su mano en la chaqueta de Sai y sacó su billetera. Le dio dinero a Shikamaru sin ver cuánto y salió dando enormes pasos.
-También deberíamos irnos. – Sasuke se levantó de la silla e imitando la acción de los demás, pagó mi parte y la de él y me ofreció su mano para que me levantara. – Nos espera un largo camino.
-Nos vemos más tarde. – Shikamaru se despidió.
-¿No vienen? – Pregunté tomando mi bolso y poniéndome los lentes de sol de nuevo.
-No. – Respondió Temari. – Nosotros aún tenemos al menos unas 5 horas antes de que salga nuestro vuelo. Diviértanse en carretera.
Alcé una ceja confundida.
-Espero que no haya mucho tráfico. – Terminó.
-Nos vemos. – Tomé la mano de Sasuke y salí con él de la cafetería.
Nos esperaba un largo camino juntos, solos… en carretera.
Tal vez, después de todo, Ino llevaba un poquito de razón. Hacerlo en la carretera sí sonaba excitante.
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Una ENORME, GIGANTE Y MONUMENTAL disculpa por haberme atrasado :(
Tengo un buen pretexto acompañado de una breve historia:
Como algunos de uds saben, en la vida real xD si soy estudiante de medicina. Yo, como Sakura, tengo mi viejo y fiel grupo de amigos. Casualmente desde que estábamos en segundo semestre conocimos a un chico que es 2 años mayor que nosotros. El mejor promedio de su generación. Mis amigos y yo le admirábamos y a las chicas y a mí nos atraía. Cierto día, mi amigo (algo así como el Naruto del grupo por inquieto, ruidoso y en extremo confianzudo. Todos tienen uno así en su grupo de amigos, si tu no lo identificas…. Tal vez tú eres) le habló y conversaron un rato sobre quién sabe qué. El caso es que terminó almorzando con nosotros y desde entonces nos saludaba en los pasillos y nos acompañaba en las salidas de fiesta. Se volvió parte del clan. Y él, se graduó esta semana \O/ Muy orgullosa de él, pero nos pidió ayuda en toda esta semana para que practicara el discurso que le pidieron que diera y también le acompañamos de compras para la fiesta que hizo después. Acabamos ebrios, lloramos y reímos mucho. Felicidades al Itacho del grupo ( por ser más grande y guapo 8) )
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Volviendo a lo nuestro… Espero les haya gustado el capitulo y puedan perdonar mis negligencias y tardanzas :((((((((((
Y ¡POR FA! Reviewseenme :(((((((
Reviewseenme mucho porque eso me ayuda mucho a saber cómo voy, si les va gustando, si la cosa va bien o no…
Coméntenme si les gustó o no y ya saben… el lemmon está más cerca de lo que huelen B)
Nos leemos :*
Besos de su Bff Angelli ~*
