Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto

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Angiie

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Del plan en acción.

Habrá un día en el que no podamos más… y entonces lo podremos todo.

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Después de entregarle mis maletas a Sasuke para que las llevara a su auto, me aseguré de que todas las luces del departamento estuvieran apagadas y todas las ventanas correctamente cerradas. Suspiré un par de veces mientras hacía un recorrido por mi departamento una vez más y trataba de recordar sí tendría todo lo necesario en las maletas. Yo era muy consciente de que siempre tenía que olvidar algo. No importaba cuanto me propusiera ser más organizada y menos confiada, al final terminaba olvidando alguna cosa importante. Me conocía tan bien que por esa razón tuve que llevar a Gilbert a casa de una compañera de trabajo antes de que le olvidara en casa y sin nadie que le alimentara.

-Veamos… – Susurré pasando lista mentalmente a lo que necesitaría para el fin de semana que me aguardaba a tan sólo unas horas en carretera. Tenía el vestido, los zapatos, accesorios y bolso escogidos para la boda. Bien, ese aspecto aparentemente estaba cubierto. Llevaba playeras, algunos shorts y… un par de vergonzosos trajes de baño que Ino me había obligado a comprar para el fin de semana en la playa. También un par de vestidos frescos, pantalones, blusas y… lencería. Mucha lencería. Para eso Ino no me había obligado. Yo misma había decidido que iría preparada para cualquier cosa que pudiera pasar el fin de semana. Ya casi lo conseguíamos. Sasuke y yo… nosotros. Estaba completamente segura de que algo bueno saldría del viaje. Y previniendo cualquier cosa, también me aseguré de que llevaba una buena lencería debajo de la ropa que tenia puesta en ese momento. ¿Quién sabe? Tal vez el auto se echara a perder a medio camino y Sasuke y yo tendríamos que coger en el asiento trasero en lo que algún mecánico llegaba. Tal vez y sí tenía mucha suerte, lo haríamos sin necesidad de que el auto se averiara.

Sacudí mi cabeza varias veces tratando de borrar esas imágenes de mi mente.

-¡Mierda! Estoy como enferma. – Me dije a mi misma llevando una mano a mi cintura.

-Y lenta, también. – La gruesa voz de Sasuke me sobresaltó. Me giré para verle. Se había cambiado antes de ir a buscarme y en ese momento llevaba puesto una camiseta blanca de cuyo cuello colgaban sus lentes de sol, además de un pantalón negro que le sentaban demasiado bien. Dat Ass – ¿Acaso te espanté? – Sasuke trató de disimular que quiso reírse de mí.

-Me espantaste un poco… sólo un poco. – Carraspeé y pasé junto a él saliendo de mi habitación.

-Así tendrás la conciencia, molesta. – Sasuke cerró la puerta de mi habitación y caminó hasta llegar frente a mí. Me observó unos segundos antes de llevar una mano a mi frente. – ¿Estás segura de que estas enferma? – Bajó su mano a mi mejilla derecha. – Podría llevarte al médico… aunque tú lo eres.

-Estoy bien. – Asentí para que me creyera y traté de apartar su mano de mi cara.

-Pero… Estás sonrojada. – Acercó su rostro un poco más al mío.

-Vámonos. – Aparté mi rostro de su mirada, sí seguía acercándose me sonrojaría más y entonces no me dejaría en paz. Me di la vuelta y di un par de pasos hacia la puerta cuando Sasuke me tomó del brazo e hizo que girara a verle.

-Espera…

-¿Qué pasa? – Me tomó de la barbilla haciendo que mi rostro y el de él quedaran a la misma altura. – Sasuke… – Pregunté tratando de contener las ganas de chillar de emoción.

-Nada. – Negó mirándome directamente a los ojos. – Sólo estaba pensando cosas…

-Oh. – Tragué saliva. Yo también estaba pensando mucho en… cosas.

-Pensaba que… en verdad será un largo fin de semana y no te ves enferma.

-Ya te dije que no lo estoy. – Susurré.

-Hmp. – Sasuke acarició mi mejilla izquierda lentamente con el dorso de su mano. Me observó fijamente a los ojos en silencio. Mi mirada vs la de él.

¿Cómo se atreve a mirarme a los ojos… y no besarme?

Separé un poco mis labios como si tratara de decir algo, pero sólo incitándole a que él diera el primer paso. ¡Por Dios! Estaba en su mirada. En cada poro de su ser se notaba que él estaba a punto de explotar, que esta abstinencia sexual no sólo me estaba matando a mí, sí no que él se sentía igual de frustrado que yo. Sus labios entreabiertos como si quisiera actuar pero no sabiendo cómo hacerlo… Suspiré dándome por vencida. Después de todo, la que había insistido había sido yo… tal vez sí quería algo yo debía… Mi mente se quedó en blanco en cuanto le vi hacer un movimiento rápido. Sasuke acercó su rostro al mío a penas rozando rápidamente mis labios con los suyos en el beso más corto pero placentero que pudiera imaginar. Se apartó rápido de mí y me miró dudando, tal vez esperando que yo me negara o algo. ¡Dios! ¿Cómo negarme al placer que, sabía, sólo él podría darme?

Ante mi falta de negatividad, Sasuke ladeó la cabeza y se acercó de nuevo a mi rostro, mordió mi labio inferior suavemente.

-A la mierda… – Llevó sus manos a mi cintura atrayéndome un poco más a él y me besó con rudeza. En verdad me había agarrado desprevenida, por unos segundos no pude corresponderle con la misma intensidad con que él me había tomado. Cerré los ojos para disfrutar de ese improvisado y fantástico momento. Pude sentir la sangre subiendo a mi cabeza, estaba segura de que mi rubor había aumentado. Sasuke abrió mi boca maestralmente con su lengua dejando que esta entrara a recorrerme como ya había hecho en ocasiones anteriores. Nuestras lenguas se tocaban y enredaban de la forma en que yo deseaba que estuvieran nuestros cuerpos. Para cuando le di pelea, me di cuenta de que mis manos estaban aferradas a su cabello atrayéndolo con fuerza a mis labios. Gemí de satisfacción, finalmente él estaba actuando como debía… pero esta vez le haría saber lo feo que se siente el quedarte con las ganas.

Me aparté de él lentamente.

-¿Qué…? – Susurró mirándome confundido.

-Deberíamos irnos ya. – Me encogí de hombros y me di la vuelta sacudiendo ligeramente mi cabello en el camino. Tuve que darle la espalda para poder sonreír por la satisfacción y orgullo que crecieron en mi interior.

Pero, ¡Maldición! El tipo sólo me había dejado caliente.

Sasuke soltó un suspiro y yo sonreí por que por primera vez él había dado el primer paso, y yo, yo aprovecharía eso.

Sasuke pasó a mi lado y salió antes que yo.

-Tch…Vamos, entonces. – Dijo con un tono muy característico de él. Aparentemente Sasuke había adoptado su posición de mandón en ese momento. – Nos espera un largo camino.

-Bien. – Tomé mi bolso de mano y busqué mi juego de llaves. Tomé mi celular y lo dejé caer dentro de la bolsa. Caminé hacia la puerta dispuesta a salir de una vez por todas y cerré la puerta segura de que a mi regreso todo sería distinto. Subí al auto de Sasuke y me puse el cinturón de seguridad. Le miré mientras se ponía sus lentes de sol y arrancaba.

-Acaba de mandarme un mensaje Sai, por cierto. – Me anunció saliendo a carretera.

-¿Ah sí?

-Dice que llegaron hace como 15 minutos al hotel, que es precioso y que Ino ya empezó a visualizar todo para mañana anticipadamente.

-¿Osea…?

-Nos está advirtiendo para que no lleguemos demasiado pronto. – Su sonrisa torcida apareció de repente.

-Bien, entonces no hay prisa. – Dije en un tono casi sugerente, pero aparentemente no lo suficiente ya que no hizo gesto alguno de ello.

-Ninguna. – Sasuke me miró brevemente antes de volver a concentrarse en la autopista. Dejé caer mi cabeza en el asiento.

¡Perfecto! Podía relajarme y tomarme un tiempo para pensar bien una estrategia. El auto iba a buena velocidad, lo suficiente como para calcular que tardaríamos menos de 3 horas en llegar a nuestro destino. Considerando que Sasuke manejaba siempre a una velocidad dentro de los límites… cuando estaba asiendo acompañado, claro. Cerré mis ojos tan sólo un momento para concentrarme.

Sólo un momento.

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Un peculiar sonido como de árboles meciéndose con el viento me hizo abrir los ojos a penas lo suficiente como para darme cuenta de que estaba en un auto, en la carretera, y que yo no estaba conduciendo. Volví a cerrar los ojos sólo un poco, pero estaba muy consciente y sabía que únicamente estaba reposando. Sólo era un ligero pestañeo, una siesta, nada largo. Bostecé silenciosamente y acomodé mi cabeza pegándola al vidrio para volver a cerrar mis ojos, sólo por un rato. Igual y no me dormiría, yo era muy consciente de que tenia entre mis manos una oportunidad de oro y no podía desaprovecharla.

No debía…

.

Cuando abrí los ojos, de nuevo, después de un insignificante pestañeo para recobrar fuerzas… me di cuenta de que ya podía sentir la brisa del mar azotándome de frente a la cara y que estaba literalmente acostada en el asiento del copiloto, el cual estaba casi por completo reclinado. Yo no recordaba haberme acomodado así… ¿en qué momento…? De repente, mis fosas nasales se llenaron de ese olor a sal tan característico de la playa y podía escuchar, muy levemente, como grandes olas estaban azotándose contra la costa y las gaviotas haciendo su característico sonido cada vez más cerca.

Un momento… ¿Habíamos llegado ya?

-¡NO! – Grité alzando mi cabeza junto con el resto de mi cuerpo. Sentí como el coche paraba de golpe provocando que mi cuerpo se impulsara un poco hacia adelante.

-¡Mierda, Sakura! – Giré el rostro hacia Sasuke quien me miraba enfadado. – ¿Qué carajos te pasa?

-¿Qué…? – Contuve la respiración conmocionada… miré a todos lados, hasta detrás de nosotros… Ya estábamos en la playa. – Joder…

De alguna forma u otra, el viaje en carretera no fue como lo imaginé.

-Pensé que estabas durmiendo. – Sasuke volvió a arrancar el auto.

-¿Cuánto falta para llegar? – Me llevé la mano izquierda a la boca para morder mis uñas compulsivamente como hacía cada que estaba ansiosa.

-Estaremos en el hotel en unos 45 minutos. – Respondió señalando el gps de su auto.

-Arghhh – Gemí con las uñas aún siendo masacradas por mis dientes.

-Deja de hacer eso. – Me miró con desagrado. – Por cierto, gracias por ofrecerte a conducir por mí a medio camino… se te agradece.

-¿Me dormí… todo el viaje? – Dramaticé. – En serio…

-¿No es obvio? – Sasuke trató de contener una sonrisa. – Te dormiste casi desde que estábamos saliendo a la carretera.

-¡No puedo con esto! – Jalé con las 2 manos las puntas de mi cabello.

Inhalé y exhalé tratando de recuperar la calma, entonces me di cuenta de que mi asiento seguía estando muy hacia atrás.

-¿Cómo… como acomodo esto? – Observé a ambos lados del asiento buscando una palanca o algo. – ¿Cómo acabó así? – Volví a sentirme ansiosa y fuera de control.

-Oh, estabas durmiendo en una posición muy incómoda y… – Sasuke se pegó un poco a la orilla de la carretera haciendo que dejara la tarea de buscar una solución para el asiento. – Yo me encargo. – Movió algo en mi asiento que hizo que se acomodara de nuevo y volvió su atención al volante.

-Decías… – Le incité.

-¿Qué? – Me miró de nuevo. – Ahh si, te decía que te veías muy incómoda y sólo acomodé el asiento para que durmieras mejor. Tuve que estacionarme y bajar del auto para poder "recostarte" bien.

-¿Hiciste eso? – Abrí la boca sorprendida – ¿Cuándo, cómo…?

-Casi a medio camino. – Se encogió de hombros.

-¿Y aun así no me desperté?

-Tienes el sueño en exceso pesado. – Se burló. – Creo que pude haberte violado y aún así no te habrías despertado.

¿Y por qué no lo hiciste? – Pensé.

Sasuke sonrió de lado y aceleró un poco más permitiendo que el aire fresco llenara nuestros pulmones.

-Gracias. – Le dije observando fijamente por la ventana el camino.

Había desaprovechado la oportunidad de hacerlo en la carretera, pero el fin de semana a penas estaba comenzando. Aún tenía oportunidad, ¿no?

Para cuando llegamos al hotel, después de recorrer un poco los alrededores del hotel, ambos moríamos de hambre. Me quedé parada junto a Sasuke mientras el arreglaba lo de nuestras reservaciones. El hotel se veía demasiado bien. Era grande y muy iluminado. Tenía unos sillones frente al ventanal enorme que permitía una excelente vista a la playa. Observé rápidamente todo tratando de buscar una cara amiga, pero afortunadamente no vi a nadie. Y más importante, Ino no estaba cerca. Volví mi concentración a Sasuke y lo encontré mirándome fijamente, o eso aparentaba hacer bajo sus lentes de sol. Él me tomó por la cintura y besó mi frente. Traté de evitar ruborizarme y me concentré en el área de recepción. Era grande y tenía muchas flores adornándole.

-¿Son cuartos separados? – Llamó mi atención una empalagosa voz demasiado cerca de mí. Giré el rostro y me encontré con la encargada de la recepción mirando descaradamente a alguien. Perpleja, seguí el rumbo de su mirada encontrándome a Sasuke no siendo indiferente a las insinuaciones de la chica.

Sasuke asintió con la cabeza y le sonrió de lado.

¿Qué? ¿Pero…?

Aparté la mano de Sasuke que tenía en mi cintura, y me separé como medio metro de él aparentando interés en un florero lleno de rosas.

¡Mierda! ¿Cómo rayos sucedió eso? Sasuke estaba coqueteando en mi presencia… aunque claro, no tendría porque contenerse… después de todo nuestro trato solo implicaba sexo y nada de amor o celos. Yo misma había aclarado eso. Nuestro trato implicaba sexo, que por cierto, no habíamos tenido.

-Gracias. – Escuché la voz de Sasuke acercarse a mí. – Tus llaves… – Me mostró un llavero dorado con el número 250 grabado en él.

-Gracias. – Le arrebaté las llaves y caminé hacia el elevador dando enormes pasos. Oprimí el botón verde y me aparté esperando que el elevador abriera antes de que Sasuke me alcanzara.

-¿Ocurre algo? – Sasuke ya estaba detrás de mí.

-No. – Rodé los ojos. – ¡Mierda!, mis maletas. – Me di la vuelta para regresar al lobby, pero un tirón de mi mano izquierda me hizo detenerme y chocar contra alguien.

-Ya mandé a que llevaran tus maletas a tu habitación. – Las manos de Sasuke estaban en mis hombros y el detrás de mí. – ¿Te ocurre algo?

-Nada. – Dije entrado al elevador ya abierto.

Me crucé de brazos sintiéndome ligeramente irritada. Sabía que para Sasuke no era nada difícil llevarse a alguna chica a la cama, pero no quería presenciar como una potencial pareja sexual se le insinuaba frente a mí apenas 5 minutos después de conocerle y él no había sido indiferente a la situación… Y que para decidirse a acostarse conmigo le había tomado cerca de 1 semana de pensarlo más muchas preguntas y vistas de lado negativo. ¡La vida no era para nada justa con las mujeres buenas, razonables y nada enojonas… como yo!

-¿Estás… – Alcé la mirada hacia Sasuke quien ya no tenía sus lentes de sol. – molesta?

-Estoy bien. – Dije secamente.

-Bien. – Le escuché reír.

En cuanto el elevador se detuvo, bajé del elevador por delante de Sasuke y me detuve en el cuarto 250 donde alguien ya me estaba esperando con mis maletas.

-Bienvenida, señorita. – El joven me dijo sonriéndome amablemente.

-Gracias. – Dije abriendo la puerta para que pudiera pasar con mis cosas y para ya no ver más a sasuke.

En cuanto me encontré sola e instalada en mi cuarto, decidí buscar a Ino para distraerme con algo. Seguramente ella tendría algo que contarme que me hiciera olvidar lo mal que iba mi día hasta entonces. Busqué mi celular y le marqué esperando que contestara rápidamente.

-¿Si? – Ino respondió rápido, menos mal.

-Hola, Ino. – Saludé. – ¿Dónde estás?

-¿Cuál es el número de tu habitación? – Preguntó.

-La 205.

-Bien. – Colgó. De acuerdo. Aparentemente estaba muy ocupada o muy distraída.

Bostecé y decidí darme una tranquila ducha antes de buscar donde comer. Tomé la maleta más pequeña y la aventé sobre la cama. Saqué mi shampoo y jabón liquido corporal que había llevado. Abrí otra maleta y saqué un vestido blanco de tirantes con lencería a juego. Sabía que no podría evitarlo y terminaría yendo a la playa, por lo cual también saqué un traje de baño negro dudando sobre si ponérmelo bajo el vestido o ponerme la lencería. Resolví que tomaría esa "importantísima"decisión después de darme el baño. Realmente me sentía sudada y nada atractiva. Con una mano en el pomo de la puerta, escuché la puerta de mi cuarto abrirse violentamente.

-¡Ahh! – Pegué un pequeño grito asustada y me giré a ver quien había entrado así a mi cuarto.

-Bienvenida. – Ino estaba parada en la entrada con una copa de piña colada en la mano derecha.

-¡Me has asustado! – Le grité – ¿Eres consciente de que existe una palabra llamada privacidad? No puedes entrar en el cuarto de otra persona así nada más.

-Lo sé. – Asintió. – Y esto te va a enseñar a cerrar la puerta con llave, nunca sabes qué loco psicópata se va a meter a tu habitación mientras estás distraída.

-Muy graciosa. – Entrecerré los ojos. – ¿Qué quieres?

-Bueno, tú me hablaste a mí… así que yo debería ser quien pregunte.

-Ah, sí. – Suspiré. A buena hora se me había ocurrido llamarle. – Me voy a dar una ducha. Muero de hambre. ¿Has comido ya?

-Claro, son las 4:30. – Dijo mirando el reloj de oro que adornaba su delgado brazo. – Apresúrate y vamos a la playa. – Chilló emocionada. – Naruto y Hinata están ahí. La playa aquí es asombrosa.

-Bien. – Asentí ligeramente excitada ante la idea. Siempre me había gustado el mar y lo poco que había visto de esta playa pintaba bien. – Entonces… – Regresé mi vista a los conjuntos que había sacado y opté por ponerme el traje de baño de una vez. – No tardo. – Le aseguré.

-Espera… – Ino me detuvo antes de que entrara al baño.

-¿Qué pasa? – Le vi tomar algo de la cama y curvó sus cejas dudando.

-Estas dejando esto… – Respondió dándome el shampoo y el jabón. – ¿Tu jabón es de… café?

-Mi jabón huele a café, si. – Asentí no dándole importancia a su comentario.

-¿Por qué? – Me miró con contrariedad.

-Qué importa, me gusta el olor.

-Bien. – Hizo una mueca y se dejó caer en mi cama encendiendo la televisión.

Entré al baño y abrí la llave esperando que el agua estuviera sobre todo fría. Me di un muy rápido baño tratando de no tardar tanto, después de todo planeaba darme un chapuzón en la playa y no tendría mucho caso lavar mi cabello en ese momento. Cuando salí, Ino estaba sentada en mi cama con la copa ya vacía y observando realmente emocionada el televisor.

-Estoy lista. – Saqué de una maleta mi cepillo y lo pasé rápido y sin suavidad por mi cabello para desenredarlo un poco. – Vámonos.

-Ya era hora. – Ino se levantó de la cama de un salto y se acomodó el vestido lila antes de salir.

A penas bajamos del elevador, en el lobby, Ino me mostró lo poco que había conocido del enorme hotel. Los baños, las piscinas, el bar… por supuesto, y el casino. Todo pintaba maravilloso, pero en serio moría de hambre… mucha hambre. Ino me condujo por un corto sendero que llevaba a la playa y después de unos 5 minutos caminando entre familias, sombrillas y boomerangs, llegamos a una mesa apartada del resto, la cual estaba llena de bebidas y botanas.

-Ahí están. – Me señaló a Naruto y Hinata, no muy lejos de la mesa, tratando de construir un castillo de arena que más bien parecía un montón de arena amontonado.

-Hola, Sakura. – Hinata saludó dejando a un lado su construcción para abrazarme. Hinata lucía su espectacular figura debajo de un traje de baño azul ligeramente conservador, aunque no lo suficiente para ocultar sus atributos.

-Hinata. – Le devolví el gesto antes de saludar a Naruto quien me llenó de arena mojada.

-Bienvenida, ¿Cómo estuvo el viaje? – Preguntó con su típica sonrisa enorme.

-Estuvo bien. – Respondí sonriéndole.

-De hecho, ella se pasó todo el viaje roncando. – Sasuke decidió acompañarnos, detrás de él Sai llegó con más bebidas.

-No sé de que hablas. – Fingí demencia para ocultar la maravillosa vista que en ese momento Dios me estebe regalando. Sasuke en la playa. Interesante. Muy interesante ya que no tenía puesto más que un short azul y su abdomen descubierto estaba perlado con su sudor. Definitivamente si me arrepentía de no haberle insistido para ir a la playa antes.

Tragué saliva extasiada. Me senté en una de las sillas que daba la vista directo al mar y tomé un pedazo de fruta que Ino estaba comiendo. Todo, para ocultar ese deseo que tenía por morderme los labios y babear.

-¡Oye… teme! – Naruto gritó horrorizado. – ¡Has destruido mi castillo de arena!

Sasuke observó bajo sus pies sólo un montón de arena húmeda que alguna vez fue una "magnifica construcción" para Naruto.

-Hmp. Pensé que era sólo arena amontonada.

-¡Teme! – Naruto le gritó.

-Deberías agradecerme, eso no parecía para nada un castillo de arena… dobe.

-¡Era un magnifico castillo de arena!

Dios, que alguien le dijera a Sasuke que se veía jodidamente sensual y que debía ser un crimen exponer tanto de su anatomía en frente de una mujer hambrienta y desesperada por tener sexo duro con él.

-Sakura, ¿vas a ordenar algo para comer? – Ino me distrajo.

-¿Ehh? – No quería perder detalle de cómo los músculos de la espalda de Sasuke se contraían cuando él se encogía de hombros. Mis manos me picaban por frotarse contra su abdomen o pasar suavemente por su espalda. Uno, dos… tenia 2 lunares en la espalda y se veían sexys. ¿Era eso posible?

-Sakura… – Ino me llamó de nuevo. – ¿Vas a ordenar?

-Claro – Respondí sin apartar mi mirada de la perfección en short. – Que cosa tan… sabroso – Casi babeé.

-Oh, Sakura… Podrías disimular un poco.

-Jódete. – Dije negando.

Sasuke volteó a vernos y por inercia tuve que girar la cabeza hacia otra parte… hacía Ino soplándose con un pequeño abanico. No estaba segura de sí el calor que sentía en el cuerpo era lo normal por la playa, o por la vergüenza que me dio de que Sasuke casi me cachaba. Escuché la ligera sonrisita de Ino seguramente burlándose de mí.

-Te lo dije. – Dijo en un tono cantadito.

-Bueno… – Volteé a mirarla rápidamente. – podrías ayudarme.

-¿Cómo? – Observé que Ino tenía a su lado un enorme bolso blanco y lo tomé tan rápido que no le dio tiempo de protestar. Lo abrí sin mucha delicadeza y husmeé en él hasta que encontré los lentes de sol obscuros de Ino.

-Perfecto. – Susurré poniéndomelos y le devolví la bolsa a Ino acompañado de una cínica sonrisa de agradecimiento.

-Son míos, frentona. – Se quejó.

-Sólo los usaré un ratito. – Me relajé en la silla y mientras fingía que observaba la playa, mis ojos se desviaban descaradamente a Sasuke y su amplia espalda. – Sabroso. – Susurré. – Ino… ordéname una hamburguesa, por favor.

-Deberías pedir también una piña colada… En serio están deliciosas.

-Suena bien. – Dudé. – Pero creo que prefiero… una margarita.

-Bien. – Escuché la silla de Ino moverse un poco. – ¡Sasuke…! – Ella gritó.

-¿Si? – Sasuke respondió haciendo callar a Naruto con una mano.

-¿Quieres comer algo? Sakura pidió una hamburguesa… ¿quieres una?

-Suena bien. – Respondió. – Y una de esas piñas coladas que Sai estaba tomando.

-Perfecto. – Ino hizo una seña a un camarero y ordenó nuestra comida. El muchacho anotó todo en un papel y se dio la vuelta.

-Espero que no tarde. – Dije llevando una mano a mi estomago que estaba a punto de rugir. En serio moría de hambre.

-¡Hola! –Temari llegó tomada de la mano de Shikamaru. Por un instante tapó mi perfecta vista, hasta que se sentó en la silla a mi lado.

-Que fastidio, hace mucho calor. – Shikamaru se sentó en la silla frente a mí.

-Deja de quejarte, vago. – Temari sacó de su bolso un pequeño abanico como el de Ino y empezó a soplar para sí misma.

-Hmp, dobe… era el peor castillo de la historia. – Sasuke se sentó en una silla poniendo punto final a la discusión con Naruto.

-Yo podría hacerlo mejor. – Sai hizo un comentario que volvió a encender los ánimos de Naruto.

-¿Y bien? – Ino bebió un enorme vaso de agua helada tratando de ignorar el hecho de que ahora Sai era el que discutía con Naruto. – ¿Qué tal estuvo el trafico en carretera, Sasuke?

-Tranquilo. – Se limitó a responder.

-3 horas manejando, debió ser aburrido. – Ino me miró brevemente.

-Algo así.

-Pero él venía con Sakura, ¿no? – Temari cuestionó.

-Sí, y ellos son inseparables – Shikamaru aclaró. – No creo que Sasuke se haya fastidiado para nada.

-De hecho… – Hinata trató de contener la risa.

-Ella se durmió todo el camino. – Sasuke me señaló justo cuando nuestro almuerzo llegó. – Bien…

-No me dormí. – Le miré con recelo. – Sólo tomé una pequeña siesta…

-Una pequeña siesta que duró las 3 horas del viaje. – Sasuke me interrumpió.

-Que te den. – Tomé mi hamburguesa y le di una enorme mordida concentrándome en saciar mi apetito y no en discutir con Sasuke. Después de todo ahora estaba sentado frente a mí y yo aún tenía los lentes de sol. Bebí sólo un trago de la margarita y sentí mi cuerpo relajarse. – ¡Ino! – Le llamé. – ¿Probaste esto? – Ino me miró desinteresadamente y después negó. – Estas margaritas son realmente deliciosas.

-No me gustan. – declaró.

-Prueba esta. – Le ofrecí. – Es lo máximo.

-No… – Negó de nuevo.

-Sólo un trago. – Le di mi copa y ella la tomó casi de un arrebato.

-Bien. – Bufó. – Voy a probar tu estúpida margarita. – Ino dejó su vaso a un lado y le dio a penas un sorbo a mi copa. Me miró por unos segundos con el rostro denotando sorpresa. – Me encanta.

-¿Mejor que tu piña colada? – Sonreí.

-Sí, creo que pediré una para mí. – Le hizo señas al camarero.

-También pídeme una, Ino. – Temari pidió sin dejar de abanicarse.

-No repitan su fiesta loca de ayer aquí, por favor. – Shikamaru rogó a Temari.

-Nada de eso, vago. – Temari respondió. – Después de todo, mañana es el gran día de Hinata y no podemos hacer ridiculeces.

-Te lo agradezco. – Hinata sonrió.

-Oye, Hinata… ¿su luna de miel será aquí? – Sasuke preguntó dejando a un lado el tema de nuestras bebidas. – Porque el lugar es realmente bueno.

-Es precioso, ¿cierto? – Hinata le respondió emocionada. – Pero no... De hecho sólo la boda será aquí.

-¿A dónde irán después?

-No lo sé, Naruto dice que será sorpresa.

-¿Me lo dirás a mí, Naruto? – Ino preguntó ansiosa.

-No. – Naruto estaba tratando de levantar de nuevo su "construcción".

-En serio necesito saberlo. – Rogó.

-No. – Repitió.

-Por favor, no estoy segura de haber empacado la ropa correcta para Hinata.

-¡Ino! – Hinata se sonrojó.

-Yo le ayudé a empacar su lencería pero no sé si es la correcta. – Ino dijo tratando de sonar angustiada. – ¿Qué tal y le empaqué lencería delgada y tú la llevas a un lugar frio?

-Lo que sea estará bien. – Naruto sonrió mientras su 'castillo' tomaba forma de nuevo.

-Sí, será su luna de miel… no creo que importe mucho la lencería. – Shikamaru se burló.

-¿Está nerviosa, Hinata? – Pregunté tratando de distraer a una muy apenada Hinata.

-Es bastante sorprendente, pero no. – Hinata sonrió ilusionada – No puedo esperar para que llegue la hora. – El delicado rostro de Hinata se enmarcó con un leve sonrojo que le hizo ver más hermosa de lo que era.

Observé a Ino y Hinata por unos breves segundos. Definitivamente Ino sabía de lo que Hinata hablaba, yo no. Ambas estaban perdidamente enamoradas de los hombres que habían escogido, ambas estaban seguras de que ellos las amaban. Y yo, yo sinceramente no podía imaginar dejar mi libertad pronto, sobre todo en mi situación actual. Además yo sabía que Sasuke pensaba igual que yo.

-Necesito otra margarita. – Suspiré.

Para cuando me di cuenta, la puesta de sol ya estaba en su esplendor. Yo llevaba ya 8 margaritas en mis riñones e Ino llevaba sólo 5. Shikamaru y Temari jugaban voleibol contra Naruto y Hinata.

-Apuesto el próximo desayuno en el Ichiraku a que el próximo punto será para Temari. – Sai llamó la atención de Sasuke.

-Hmp. Y yo apuesto a que el próximo balonazo dará en la cara a Naruto.

-Trato. – Sai y Sasuke estrecharon sus manos. Ambos se levantaron de sus sillas y se acercaron más al grupo para observar mejor el juego.

-¿Algún plan? – Ino susurró en cuanto ellos ya no estuvieron cerca.

-¿Qué? – No entendía.

-Para este viaje… con Sasuke.

-Ah, sólo dejaré que las cosas se den.

-¿No insistirás más? – Ino sonó sorprendida.

-No, prefiero dejar que él tome la iniciativa.

-Suena bien – Ino mordisqueó el popote de su vaso. – Una buena estrategia. Sólo que… olvidaste que es Sasuke de quien hablamos. – Me recordó. – Un ser completamente impredecible.

-Ya lo creo… pero está notablemente más interesado en el asunto que hace 15 días.

-Vaya… Por cierto, ¿Traes puesto ese lindo traje de baño que compraste voluntariamente a la fuerza?

-El que me forzaste a comprar, si. – Asentí.

-Perfecto. – Ino se puso de pie rápidamente y adrede tiró el contenido de su vaso sobre mí. – Oh, Sakura, lo siento. – Gritó tratando de sonar discretamente natural.

-¡Ino! – Me levanté de la silla estremeciéndome por lo helado del líquido. Mi vestido blanco se estaba pegando a mi cuerpo y mi traje de baño empezaba a notarse ligeramente.

-¿Qué pasó? – Naruto volteó a vernos espantado y Temari lo aprovechó para meter punto contra la cabeza de él. – ¡Ayyy! – Gimió.

-¿Están bien? – Shikamaru gritó desde donde estaba.

-Oye, el herido fui yo. – Naruto se tallaba su cabeza y Hinata le veía con preocupación.

-Me debes el desayuno. Apostaste a la cara, le dio en la cabeza. – Sai se dio la vuelta y corrió hacia Ino. – ¿Están bien? – Ino asintió no pudiendo contener una sonrisa.

-Hmp. – Sasuke llegó detrás de Sai.

-Fue un accidente. – Ino comunicó. – Creo que deberías… quitarte el vestido. – Me miró de pies a cabeza aparentando preocupación. – Te podrías enfermar.

-No creo que sea para tanto, Ino.

-No lo sé. – Ino insistió. – Mi vaso estaba lleno y tenía hielo… deberías… después de todo, traes traje de baño debajo, ¿no?

-Ya te había dicho… – Entonces comprendí todo. Desde los tonos de voz de Ino, hasta el "accidente" de la mujer más cuidadosa del mundo. Ino asintió tratando de ocultar su sonrisa medio maléfica.

-Vaya, creo que esas margaritas si les afectaron. – Sasuke se sentó en la silla a mi lado.

-Sólo me mojé un poco. – Respondí restándole importancia.

-Sasuke tú que eres su amigo del alma, ¿Por qué no le convences para que se quite ese vestido? Está mojado y ella como doctora que es debería saber que se puede enfermar y no quiero gérmenes en la boda de Hinata. – Sasuke volteó a verme mientras intentaba inútilmente secarme con una servilleta.

Bien, Sakura. Tranquila. – Pensaba – Es sólo un traje de baño… después de todo pretendes que él te vea con menos que eso. Te depilaste las piernas, tu piel huele a café y ese traje de baño realmente nos luce.

Suspiré y me quité el vestido blanco rápidamente.

-Ya está. – Sentí mis mejillas teñirse de color. Después de todo, no pasó desapercibido por mí el hecho de que un par de ojos oscuros estaban concentrados en mi cuerpo. Sasuke no disimuló ni un poco que estaba mirándome de pies cabeza.

-Oh, ese traje de baño es adorable. – Ino dijo fingidamente. – Es muy bonito… Como si lo hubiera escogido yo. – Rodé los ojos y me senté de nuevo en la silla. Pero Sasuke seguía ahí siguiendo con la mirada cada movimiento que daba.

-Te ves… bien. – Susurró.

-Gracias. – No podía ni voltear a mirarle. Después de todo el traje de baño negro de 2 piezas que Ino había escogido, definitivamente hacia que mis pechos se vieran más voluptuosos de lo que realmente eran. Eché mi cabello por detrás de mis hombros para darle una mejor vista a Sasuke.

Sonreí satisfecha cuando le escuché tragar saliva.

-Sai, vayamos a la habitación. – Pidió Ino tomando su bolso. – Debemos dormir bien para mañana.

-Aún es temprano, ¿no?

-No. – Ino le sonrió y antes de irse me quitó sus lentes y me mandó un beso volado. Me crucé de piernas tratando de concentrarme en ellos hasta perderlos de vista, pero sabía que cuando lo hicieran sería inevitable para mí no darme cuenta de que Sasuke estaba a mi lado bebiendo agua helada apresuradamente.

-¿Dónde está Ino? – Hinata regresó con Naruto.

-Se acaba de ir a descansar. – Respondí velozmente.

-Entonces nosotros nos vamos, también.

-De acuerdo. – Me levanté para darle un abrazo cálido a Hinata. – Descansa.

-Gracias. – Ella me devolvió el gesto. – Te ves bien… debiste quitarte el vestido desde hace rato… ahora el sol se ha ocultado. – Se lamentó. – En fin… Naruto-kun, ¿seguro que estás bien?

-Está bien, sólo fue un golpecito. – Temari no podía dejar de reír.

-Estoy bien, Hina. – Naruto la tomó en brazos y dio vueltas con ella, mientras ambos reían. Cuando la bajó, caminaron hacia el hotel abrazándose.

-Sasuke, quiero ir al casino al rato… ¿vienes? – Shikamaru propuso.

-Ehh… – Tartamudeó. – De hecho… Tenía planes con Sakura… – Mi sistema nervioso mandó una alerta rápida a todo mi cuerpo. ¿Teníamos planes? Bueno, teníamos un plan en marcha pero… ¿esta noche? Mierda. Si, si… Me tensé y disimulé contemplando mis uñas pintadas de rojo.

-Vamos, sólo será un rato. – Le insistió. – Naruto también irá.

-Con mayor razón no se me antoja ir. – Sasuke le miró con indiferencia.

¡Bien! Punto para mí.

-Vamos, no seas amargado.

-Mira quien lo dice. – Temari rodó los ojos. – Oh, Sasuke… ¿te encuentras bien?

Tuve que girar mi rostro hacia él para poder entender de lo que hablaba Temari. Sasuke estaba ligeramente sonrojado.

-Sólo me quemé un poco. – Carraspeó.

-¿Y bien? – Shikamaru retomó su plan.

¡No, Sasuke! ¡NO! Por favor… Sasuke me miró un par de segundos y después asintió.

-Sólo un par de horas. – Sasuke respondió antes de volver a mirarme pero ahora con sufrimiento en la expresión.

Sí supiera cómo estaba yo.

-Nos vemos, entonces. – Shikamaru y Temari caminaron tomados de la mano de regreso al hotel.

-Iré a mi habitación. – Me levanté de la silla derrotada y traté de ponerme mi vestido de nuevo.

-Ponte esto. – Sasuke me ofreció una camisa de botones azul.

-Pero…

-Tu vestido sigue húmedo. – Replicó.

-Claro. – Me puse su camisa abrochando los botones lentamente. Acomodé un poco mi cabello y empecé a caminar sintiendo la arena tibia bajo mis pies descalzos.

-Esta noche… – Sasuke comenzó, caminando a mi lado.

-¿Si? – susurré.

-Quería ir a tu habitación. – Detuve mi caminar.

-Ah… – Bajé la mirada.

-Lo siento. – Susurró. – La verdad es que… esas margaritas me pusieron algo… ebrio. No quiero hacerlo así.

-No… no importa. – Miraba el suelo distraídamente mientras volvía a avanzar.

-De todas formas… creo que necesitamos estar bien mañana.

-Sí. – Asentí.

-Sakura… – Llegamos al looby el cual estaba semi vacio.

-Dime.

-No podemos prolongar más esto. – ¡Por supuesto que no! – Tú… tú has hecho de alguna forma que ya no pueda soportar más la espera. – No supe que decir. Sólo caminábamos juntos rumbo al elevador. Por un momento deseé que usáramos las escaleras para alargar más la charla pero sería cansado e incómodo. – Te necesito. – susurró. – Te juro que no entiendo cómo pasó, pero… te necesito. – Mi corazón latió desbocado y sentí mis manos sudar.

-Oh. – Yo también le necesitaba...

-Yo necesito… necesito tenerte. – Cuando dijo eso, el elevador se abrió y lo encontramos vacio. Ambos subimos a él y estaba demasiado satisfecha de saber que éramos los únicos dentro. Sería incómodo que alguien más escuchara la plática que se estaba dando.

-Yo también… – Dije arrepintiéndome después. – Es decir…

-Te deseo. – De repente me di cuenta de que… estábamos solos. En un espacio increíblemente pequeño y con nuestros cuerpos picando por tocarse. Había una tensión en el ambiente que me provoco escalofríos. Mi respiración estaba acelerada y el corazón me latía a toda prisa.

Sasuke rompió la distancia entre nosotros y se abalanzó sobre mí empujándome contra la pared del ascensor que estaba detrás de mí. Antes de que pudiera protestar, ya tiene sus manos en mi cadera y sus labios estampándose contra los míos con desespero. Cada vez más cerca. Cada vez más placentero. Gemí contra sus labios dándole la oportunidad de que metiera su lengua con deliciosa prisa. Nuestras lenguas juguetean en un delirante placer mientras una de mis manos bajaba por su abdomen hasta llegar a su miembro semi despierto. Dudé por un momento sí sería conveniente hacer lo que pensaba, pero estaba segura de que debía dar ese paso. Volví a acerca mi mano esta vez con más seguridad y sentí su parte intima tocándole por primera vez. Ahí estaba… Sasuke en su gloria absoluta. Le toqué lenta y suavemente por sobre la ropa dudando acerca de si debía tomarme el atrevimiento de meter mi mano dentro de su short, pero decido concentrarme por el momento en lo que palpaba mi mano. Estaba realmente sorprendida por mi audacia… definitivamente esto debía acelerar un poco las cosas. Subí y bajé mi mano por todo su largo sorprendiéndome de lo rápido que le tomó cobrar vida. Lo sentía duro, caliente y listo para mí y deseé desesperadamente que su short no fuera tan grueso. Me hubiera gustado conocer cada detalle de su anatomía. Aún así podía afirmar sin duda alguna que era grande, no enorme… es decir, era un ser humano pero definitivamente era más grande de lo que pensaba. Pude comprender un poco el porqué de la obsesión de sus anteriores parejas por estar a solas con él. El tipo no sólo tenía buen cuerpo y besaba bien, Sasuke no era sólo una cara bonita… Sasuke tenía todo y lo tenía demasiado bien.

-Mmm. – Gemí contra su boca sintiendo como recorría mi cintura desesperadamente.

Moví mi mano por toda su extensión una y otra vez deleitándome cuando Sasuke comenzó a errar en sus movimientos. Le estaba llevando a su límite. Aceleré un poco más mis movimientos acariciándole en forma circular. Podía sentirle más caliente y duro que al primer toque, pero sabía que había sido mi culpa ello y me enorgullecí más. Me sentí poderosa por ese breve instante y sabia que en verdad lo era. Tenía a sasuke Uchiha sucumbiendo de placer por mí. Y tenía algo seguro. Yo quería verlo… quería ver todo lo que no había visto antes. Ya no me conformaba con saber que tenía un buen abdomen, también necesitaba comprobar si lo que sentía bajo mi mano se veía tan bien como pensaba. Sasuke aferró sus manos más sobre mi cintura y me acercó a él haciendo que mi pubis chocara contra el de él. Sus manos comenzaron a subir lentamente la camiseta que él me había dado y la mano que tenia libre la aferré en su hombro. Sasuke recorrió lentamente mis piernas descubiertas y posó sus manos en mi trasero por debajo de la camiseta pero aún resguardado con el traje de baño. Acarició con rudeza mi trasero y me acercó más a su erección. De pronto sentimos el ascensor disminuir la velocidad y las puertas se abrieron pero no nos separamos. Importaba poco ya si alguien nos veía, estábamos demasiado sumidos en un involuntario placer como para dejarnos guiar por la decencia. Di un ligero apretón a su miembro y sentí sus dedos clavándose en mi trasero con fuerza antes de que gruñera en mi boca.

En un abrir y cerrar de ojos, nos separamos un poco y yo alejo mi mano de él.

-Esta noche no. – Murmuró con su aliento alcoholizado dándome de frente. Su expresión denotaba todo menos duda. Él estaba seguro de lo que acababa de decir y de lo que acababa de pasar y no estaba para nada arrepentido. Sus ojos negros estaban inmersos en los míos y cuando creí que iba a besarme de nuevo recordamos que estábamos en el elevador aún. Este seguía quieto en el piso en que debíamos bajar y ambos salimos apresurados.

-Más te vale que mañana no tomes nada de alcohol. – Dije caminando apresuradamente por el pasillo.

-Claro. – Respondió. – Ni tu…

-¿Yo?

-No quisiera que estés semi inconsciente cuando te haga lo que planeo. – Se adelantó hasta llegar a su habitación y entró cerrando de un portazo la puerta.

¡¿Cómo pasó eso?! ¿CÓMO? Me quedé parada frente a mi puerta pensando todo. Yo también quería hacerle muchas cosas, joder sí no. Ya le había demostrado de lo que era capaz y deseaba hacerlo de nuevo y sin ropa de por medio. Nos deseábamos y no podríamos aguantar más tiempo esa dulce tortura.

.

El incesante ruido de alguien golpeando mi puerta me levantó espantada a la mañana siguiente. Abrí los ojos con desgracia y me senté de golpe mientras apretaba la sabana contra mi pecho.

-¡Mierda! – Mi corazón latía agitado. Y la puerta no dejaba de sonar.

-¡SAKURA! – Escuché la voz de Ino desesperada. – Sí no sacas tu trasero de esa cama en este instante, ni Hina ni yo te lo perdonaremos… nunca. – La reina del drama se había levantado de mal humor esa mañana. Llevé una mano a mi frente perlada por sudor. Llegó el día. Finalmente. Salí de la cama y caminé hacia el baño dispuesta a vaciar mi vejiga llena de margaritas de la noche anterior. Me lavé la cara y busqué mi cepillo para tratar de aplacar un poco mi cabello enredado. La puerta volvió a sonar con desesperación y ya suponía quién era. ¡Maldita sea Ino y su maldita desesperación!

Aventé enfadada mi cepillo a la cama. Caminé hacia la puerta con enormes y ruidosos pasos.

-¿Qué mierda quieres, Ino? – Grité abriendo la puerta.

-Hmp. Buenos días, molesta. – Mierda. Era Sasuke.

-Sasuke. – Bajé la cabeza tratando de ocultar mi rostro, apenada.

-Hmp. – Respondió. – Ino me pidió… me obligó a que te dijera que estás retrasada…

-Que se joda, necesito desayunar primero. – Hice una mueca enfadada.

-Ordenó el desayuno para todos. – Sai dijo asomando por la puerta de su habitación al otro lado del pasillo. – 4 desayunos para la habitación de Naruto y 4 desayunos para la habitación de Hinata. – Suspiró. – Apresúrate, o se desquitara conmigo. – Sai suspiró despidiéndose y salió rumbo a la habitación de Naruto.

-El día es corto. – Sasuke llevó una mano a mis hombros y me hizo que girara de nuevo adentro del cuarto. – No olvides tus cosas… Por cierto, ¿paso por ti como siempre?

-Hoy no, Sasuke. – Sonreí tomando mi maleta pequeña donde estaban mis accesorios y demás. – Hoy me toca a mí.

-Bien, entonces pasa tú por mí. – Casi cerró la puerta. – No llegues tarde.

-Nunca. – Dije mordiendo mi labio inferior. – Adiós.

-Hmp. – Esta vez sí cerró la puerta.

-Bien. Llegó la hora. – Me metí al baño a darme una corta y rápida ducha. Lavé mi cabello con mi habitual shampoo de frutillas y lavé muy bien cada parte de mi cuerpo. El día seria largo y necesitaría estar bien despierta para no perder detalle. Ninguno solo.

Salí de la ducha con la toalla enrollada en mi húmedo cuerpo y me encontré con Ino sentada en mi cama con una copa entre sus manos.

-¿Qué te dije de la puerta? – Ella gritó.

-¿No es muy temprano para beber? – Saqué de mi maleta unos jeans y una blusa de tirantes y los dejé sobre la cama para después buscar mi ropa interior.

-Hoy no. – Tomó mi vestido que estaba colgado en un perchero frente a mi cama y la caja donde estaban mis zapatos. – Vámonos. – Me tomó del brazo y me arrastró hacia la puerta.

-¡Espera! – Grité. A penas y me había dado tiempo de ponerme las bragas. – Ino no puedo salir así. – Pero no me escuchó. Aferré la toalla a mi cuerpo con la mano que tenia libre y trataba de llevar su ritmo. Ino abrió la puerta y la cerró detrás de mí. Caminamos por el pasillo rumbo a la habitación de Hinata. Justo cuando estábamos cerca, Sasuke abrió una puerta asomándose.

-¿Qué está…? – Me observó de pies a cabeza y por ese momento deseé que la tierra me tragara. Mientras él trató de disimular su mirada llena de sorpresa.

-Arréglalo, por favor. – Ino le dijo antes de abrir la puerta y meternos dentro del cuarto.

-Oh, ya están… aquí. – Temari nos recibió.

-¡Ino… eso era completamente innecesario! – Grité.

-No, no lo es. – Las 2 rubias dijeron al mismo tiempo.

-Naruto tiene una crisis. – Temari me informó.

-Crisis, ¿Cómo que crisis? – Me alarmé.

-Ya sabes, Shikamaru dice que tiene como 15 minutos hiperventilando en el baño.

-Debe estar muy nervioso. – Ino se sentó en una silla. – No sé qué hacer… Hinata no puede enterarse.

-¿Ocurre algo? – Hinata salió del baño recién duchada y me observó de pies a cabeza. – Sakura… ¿te vas a bañar…?

-No… – Entré rápido al baño para poder terminar de vestirme. Terminé de secar mi cabello y salí lista para lo que vendría.

-¿Crees que ya no quiera…? – Escuché a Temari susurrarle a Ino.

-¿Dónde está Hinata? – Observé todo el cuarto pero no la encontré.

-Salió con Hanabi. – Temari me tendió una charola con comida. – Tu desayuno.

-Huele bien – Observé el plato de fruta y la taza de café con leche que Temari me ofrecía. – Gracias. – Me senté en el suelo cruzando mis piernas y me dispuse a comer el nutritivo desayuno de Ino.

-No creo que se haya arrepentido. – Ino respondió la pregunta anterior de Temari. – Sólo debe estar…

Escuchamos alguien golpeando la puerta y Temari se levantó de la silla apresuradamente.

-Todo bien… – Shikamaru asomó por la puerta. – Fue falsa alarma.

-¿Qué sucedió? – Ino preguntó alarmada.

-Él sólo tenía miedo de que Hinata se echara para atrás… Sasuke le ha dado un golpe y ahora está tranquilo.

-¡Espero que el idiota no le haya dejado un ojo morado! – Ino en vez de tranquilizarse enfureció más.

-Tranquila. – Shikamaru se encogió de hombros. – Él luce bien… Por cierto, ya casi es medio día… y estas retrasada.

-¡Cállate vago! – Ino se levantó de la silla y corrió a sacar muchas cosas de una maleta.

-Volví. – Hinata anunció trayendo en sus manos un hermoso arreglo de flores. – Miren…

-Hinata… – Shikamaru le llamó. – Naruto quiere saber sí aún estás segura de querer hacer esto. – Hinata se quedó parada con sus flores en la mano. Parpadeó un par de veces y una sonrisa se asomó en su bello rostro.

-Por supuesto. – Respondió con total seguridad. – Jamás lo dudes. – Escuchamos a Naruto suspirar escondido detrás de Shikamaru.

-Entonces… te veré en unas horas, Hina. – Le dijo.

-No llegues tarde. – Hina le respondió.

-Bien. – Shikamaru cerró la puerta y lo último que escuchamos fue a Naruto gritar: ¡Señores… me caso!

-Bien. – Ino suspiró. – Hinata, por favor necesito que desenredes tu cabello para que pueda peinarte. Temari, trae tu ropa ya. Sakura… termina de desayunar y vienes rápido para maquillarte.

-Bien. – Respondí terminando mi café.

-¿No es temprano aún? – Temari se cruzó de brazos.

-Nunca es demasiado temprano. – Ino respondió sacando un estuche enorme de maquillaje. – Ya son las 12pm y tengo que dejarlas hermosas pero no más que a Hinata.

-Entiendo. – Temari encendió la televisión en un canal de música.

Corrí a buscar entre mis cosas mi cepillo de dientes y entré al baño. Hinata se encontraba ahí secándose su largo cabello negro con una secadora de cabello. Me cepillé mis dientes rápidamente y guardé el cepillo antes de salir del baño. Ino se encontraba sola en el cuarto.

-Listo, Ino.

-Siéntate. – Pegó un tirón de mis hombros hacia abajo provocando que cayera sentada en una pequeña silla frente al espejo del tocador.

-¡Auch! – Gemí tallando mi codo que había chocado con alguna parte de la dura silla. – ¿Qué vas a hacer?

-Supongo que primero tu cabello. – Me observó a través del espejo y se dio la vuelta. Cuando volvió traía consigo una rizadora de cabello y suspiró. – Espero que funcione… tu cabello es muy lacio.

-¡¿Qué?! – Chillé. – Demonios, Ino. Tengo miedo de ti cerca de mí con un objeto caliente.

-No temas, no dolerá. – Tomó un pequeño mechón de mi cabello y le roció una especie de líquido que olía bien. Después enrolló el mechón en la rizadora sólo hasta la mitad mientras me observaba fijamente. – ¿Dormiste bien? Tienes ojeras.

-Sí, la cama es demasiado cómoda.

-Lo sé. – Sonrió dándome la razón. – En verdad lo son.

-Auch, Ino… eso está muy caliente. – Dije algo asustada por mi cabello.

-Deja de quejarte. – Ino liberó mi cabello para dejar a la vista las puntas enrolladas. – Se ve bien. – Aceptó.

-Si… eso creo. – Dije viendo mi cabello a través del espejo.

-Ya lo creo. – Sonrió. – Oye… ¿podemos hablar? – Su expresión de repente cambió.

-Claro.

-Bueno… – Dudó.

-Sólo suéltalo.

-En fin, yo estaba pensando… – Titubeó mientras tomaba otra porción de cabello y lo cepilló. – Estaba pensando en mí y en Sai.

-¿Pasa algo malo? – A pesar del vapor que mi cabello liberaba, sentí el calor abandonar mi cuerpo.

-No, no es nada… bueno… – Mordió su labio inferior. – Ayer, por primera vez en 2 años…

-¿Discutieron? – Dejé de preocuparme por mi cabello y demás y sentí preocupación y angustia por Ino. Yo sabía mejor que nadie que ellos casi nunca discutían y que cuando lo hacían, el sexo era el mejor remedio para ellos. Pero la expresión en el rostro de Ino me hacía pensar que tal vez no era algo tan fácil que se pudiera solucionar así.

-Algo así. – Respondió. – Ayer hablamos por primera vez de… hijos. – Hizo una mueca con sus delgados labios.

-¿Hijos, Ino? – Abrí mis ojos sorprendida.

-Bueno… – Ino llevó una mano a su garganta como si tuviera algo atorado en ella. Conocía esa sensación. El sabor amargo de la decepción. – No sé si estoy lista para eso.

-¿Y Sai que opina?

-El… él cree que no es el momento.

-¿Entonces ambos están de acuerdo?

-No. – Negó asustada. – Yo creo que ahora es cuando.

-No entiendo. – Su respuesta me aturdió.

-Sai no cree que sea el mejor momento – Aclaró. – dice que deberíamos esperar un par de años más… pero…

-¿Pero?

-Pero yo no quiero esperar más. – Dejó la rizadora en alguna parte y acomodó mi cabello. Roció más líquido en él y volvió a acercarle la rizadora.

-¿Entonces quieres tener hijos, cerda?

-Sí. – Sus ojos se llenaron de cierta expectativa y dulzura. – Creo que no estoy lista, pero podría intentarlo porque me gustaría tener algo de él y mío… algo nuestro.

-Ya tienen una enorme casa. – Bromeé. – Y en serio es hermosa. – Ino trató de contener la risa, pero no pudo. Me miró fijamente mientras su expresión de angustia se iba disipando de su rostro.

-Como sea, quedamos en que lo hablaríamos después de todo esto.

-Pero, ¿quedaron bien? Es decir, no están molestos ¿o sí?

-No. – Negó satisfecha. – Después de eso lo hicimos en nuestra, muy cómoda, cama. – Rodé los ojos.

-Demasiada información, Ino. – Bufé. – Pero sí es cómoda.

-Demasiado. – Su sonrisa se ensanchó. Por un momento me hizo pensar que había algo pervertido oculto debajo de su encantadora sonrisa.

-Deberían intentarlo… sería bueno verte con un niño o niña. – Reí. – Ni siquiera soportaste una hora en el pabellón de pediatría. – Le recordé.

-Será diferente. – Rió también. – Él será nuestro. – Su rostro se iluminó de nuevo y me sentí feliz. Por primera vez ella se veía firme y decidida. Sabía que no le costaría mucho trabajo convencer a Sai. Después de todo él amaba tanto a esa mujer que no podía negarle nada.

"Ella podía iluminar toda una calle con su sonrisa. Él la hacia reír todo el tiempo. Quizá amaba su luz o tenía miedo a la oscuridad."

-Bien… listo tu cabello… ¡Ahora maquillaje! – Ino giró la silla para dejarme de frente a ella.

-Lo más difícil. – Suspiré.

-Eso dices tú. – Me miró con superioridad. – No hay imposibles para mí. – Ino me observó decidida y con suavidad comenzó a aplicarme diversas cosas en el rostro. Después de eso, el resto de la tarde pasó demasiado rápido. Para cuando Ino terminó conmigo, Temari y Hinata se encontraban sentadas esperando su turno. Yo me miré en el espejo y tuve que parpadear varias veces tratando de asimilar lo que reflejaba. No era yo. Definitivamente quien estaba del otro lado… no era yo. La chica del espejo tenía el cabello desenredado, suelto y enrulado sólo de las puntas. Su rostro estaba suavemente maquillado y los ojos delineados de una forma que resaltaban los ojos color jade.

-¿Qué me hiciste? – Pregunté tocando el reflejo en el espejo.

-Resalté tus encantos. – Sonrió rápidamente antes de obligar a Temari a que se quedara quieta.

-Haces magia. – Toqué mis rosadas mejillas y jugué un poco con una punta de mi cabello.

Me senté en la cama aún fascinada por el trabajo de Ino y decidí buscar una película para matar el tiempo. Ni siquiera me di cuenta de cuando todas pasaron por la silla de Ino.

Hinata estaba ya en el baño cambiando su ropa interior antes de ponerse el vestido y Temari estaba luchando con un abanico para no sudar y no estropear su suave maquillaje.

-Vaya, Ino… en otra vida debiste ser organizadora de bodas y maquillista. – Temari le felicitó.

-Lo sé. – Modestamente, ella respondió. – Se ven preciosas, pero no más que Hinata. – Hizo una mueca mientras trataba de ponerse rímel en sus pestañas. – Hoy es el día de ella. Por cierto, ¿Dónde está?

-Ella dijo que necesitaba ir al baño antes de ponerse su vestido. – Respondí aún distraída.

-Listo, ya estoy. – Ino observó su rostro en el espejo. Giró el rostro de un lado, luego del otro y alzó la barbilla cerciorándose de no olvidar detalle alguno. Tomó un cepillo y desenredo su larga melena rubia, la cual trenzó y enrolló un poco. Cuando le volví a ver, 15 minutos después, su rostro estaba hermosamente maquilladlo y su peinado sólo remarcaba lo bella que se veía.

-¿Hinata no ha salido del baño? – Ino suspiró. – ¡Díganle que ya casi son las 4:30!

-¡Ya estoy! – Hinata salió envuelta en una bata de algodón. – Ino… toda la lencería que empacaste en serio es muy… ligera.

-Olvida eso. – Ino le restó importancia al comentario. – Shikamaru tiene razón al decir que no lo necesitaras.

-Pero… Ino.

-Sakura, ¿quieres vestirte ya? – Ino me reprendió.

-Sí, claro. – Bostecé importándome poco la hora. Comenzaba a darme sueño.

-Hinata… ¡deja ya la pena y ponte la lencería blanca! – Ino le gritó – Y apresúrate que ya debes empezar a ponerte el vestido.

Me levanté de la cama en cuanto la película que estaba viendo terminó. Tomé el vestido que estaba colgado y me quité la blusa que llevaba puesta tratando de no estropear mucho mi maquillaje y peinado. Me puse el hermoso vestido rosa con ayuda de Temari para subir el cierre. Busqué mis zapatillas a juego y me volví a sentar en la cama para pintarme las uñas.

-¿Dónde está Hinata? – Pregunté soplando mis uñas para que se secaran rápido.

-En el baño con Ino. – Temari respondió mientras suspiraba observándose en el espejo. No era secreto para nadie que ella no gustaba mucho de vestir de rosa, y sólo por esa ocasión accedió a hacerlo. – Ya se está poniendo el vestido.

-¡Temari! – Ino llamó a penas asomando su cabeza por la puerta del baño. – ¿Quieres pasarme por favor los zapatos de Hinata? Sakura… ya ve yendo por Sasuke… les veremos abajo.

-Claro. – Suspiré levantándome de la cómoda cama y salí del cuarto atravesando el pasillo hacia el cuarto de Naruto. Shikamaru abrió la puerta ya con su pantalón y camisa a medio abotonar. – ¿Sasuke está aquí?

-En su cuarto. – Respondió. – Dijo que aquí había mucha gente.

-Claro. – Suspiré. – Gracias. – Caminé el corto tramo hasta el cuarto de sasuke y golpeé su puerta esperando que no demorara demasiado en abrir.

Acomodé mi cabello y revisé que mi vestido se viera bien. Acomodé discretamente mi escote y volví a golpear la puerta a penas una vez, cuando abrió. Esperaba encontrármelo listo. Con un una camisa de mangas, con un peinado que aparentara estar despeinado, con un perfume exquisito que me enloqueciera a penas verle. Pero no, el caballero no estaba para nada listo. Tenía la misma ropa con que le había visto antes de que Ino me arrastrara a vestirme, su cabello sí que estaba despeinado y definitivamente no se había bañado.

-¡No estás listo! – Le miré ceñuda. Sasuke parpadeó confundido.

-Naturalmente no. – Se encogió de hombros. – Aún estoy a tiempo. – Giró el rostro al reloj de pared que estaba junto a la puerta y volvió a mirarme. – ¿Quieres pasar mientras tanto? – Asentí y él se hizo a un lado dándome espacio para que entrara.

Observé su habitación perfectamente arreglada. Como siempre, su obsesión con el orden. Estaba segura de que el cuarto de Ino era un buen ejemplo de contradicción con ese cuarto.

-Sasuke, son las 5:00. – Dije sonando frustrada. – La boda es a las 5:30.

-Sakura, la boda es justo en este hotel. – Buscó en su maleta y sacó un par de calcetines blancos. – No hay forma alguna de llegar tarde. Sólo tenemos que bajar por el elevador y caminar como… unos 10 minutos por la playa hasta el lugar.

-Sí, pero… ¡Ni siquiera te has dado una ducha, o algo! ¿Qué has hecho durante todo este tiempo? – cubrí mis rostro horrorizada. – ¡Llegaremos tarde! Todo el mundo estará sentado en los bancos, todos nos mirarán y…

-¡De acuerdo! – Sasuke gritó tratando de apaciguar mi histeria mientras me observaba con seguridad en su mirada. – Todo está bien. Simplemente dame diez minutos y te prometo que estaré listo. No llegaremos tarde. – Me aseguró mientras se movía apresuradamente hacía el baño. Le miré con exasperación mientras desaparecía cerrando la puerta. Una vez que estuvo fuera de mi vista sentí mis hombros encorvarse tristemente. Después de todo… él ni siquiera me había dicho cómo me veía. No había notado nada distinto en mí, ni siquiera cuando hasta yo misma me había sorprendido de mi apariencia. No había visto ni mi cabello por el cual tenía miedo de que Ino quemara, ni mi vestido que estaba hecho a la medida y resaltaba lo poco de escote que tenia. No se había tomado la molestia de detenerse a ver nada de mí. Decepcionada, me dejé caer en la orilla de su cama recién tendida, seguramente, por él. Al menos, podía asegurar que la mujer que se casara con Sasuke sería jodidamente afortunada. Me dejé caer en la cama suavemente tratando de no estropear mi cabello con el colchón. Cerré mis ojos y no pude evitar imaginarme en ese mismo colchón con Sasuke sobre de mi y volviendo a sentir su… ¡Demonios! Sí Sasuke no se apuraba, no sería tan necesario el maquillaje para tener rubor sobre mis mejillas. Me removí inquieta por su cama preguntándome ¿por qué rayos no estaba listo aún? Giré el rostro y observé de nuevo el reloj de la pared. Estaba del todo preparada para morder mis recién arregladas uñas por la desesperación e impaciencia que sentía. Mordí mi labio inferior pero lo solté recordando el labial que Ino me había puesto. Realmente me gustaba mi aspecto y no estaba segura de sí había valido la pena. Llevé una mano frente a mi rostro y observé el esmalte pálido sobre mis largas uñas. Acerqué mi mano derecha a mis labios, pero no tuve la oportunidad de dañarlas. Justo 8 minutos después de que Sasuke entrara al baño, salió por la misma puerta con una camisa de algodón blanca y de mangas largas, y un pantalón color beige. Su cabello estaba todavía húmedo por la ducha y ligeramente peinado hacia atrás. Y claro, definitivamente hasta donde yo estaba acostada podía sentir su perfume demasiado seductor. Él estaba listo. Diez minutos. Diez minutos y se veía fabuloso. ¡A mí me había llevado casi todo el día arreglarme decentemente y a él le había bastado con cochinos diez minutos!

Le miré con odio mientras él se acomodaba las mangas de su camisa.

-¿Lo ves? Te dije que sería rápido. – Dijo apaciguadoramente mientras se sentaba en la cama a mi lado. Buscó de debajo de la cama sus zapatos y se los puso sin prisa alguna. Para cuando terminó, miró el reloj. – 5:10 en punto. Creo que nos sobra tiempo. – Se acostó a mi lado y se acomodó en el colchón para quedar justo frente a mí.

-Debería empezar a confiar más en ti. – Le dije resignándome. – Cuando dices 10 minutos, son 10 minutos.

Sasuke sonrió y cerró los ojos.

-Y cuando te dije 2 horas, tampoco mentía.

Hice una mueca confundida. Cuándo él dijo "2 horas"… ¿Cuándo lo había hecho?

-Sasuke, ¿Cuándo…?

-Hmp. – Abrió los ojos mirándome fijamente. Sus ojos se veían más oscuros, tal vez por la cercanía o… – Te dije que yo te daría 2 horas de ejercicio. – Aparté la mirada de él tratando de recordar… Oh, lo había recordado. Aquella vez en la que Sasuke y yo hablamos de sexo y me aseguró que… mierda. ¿2 horas? Me sonrojé violentamente y me senté tratando de controlar el temblor de mi cuerpo. – ¿Has recordado ya? – Sasuke susurró a mi lado. Él también se había sentado en el colchón y rozó mi brazo con sus dedos.

-Lo recordé. – Asentí nerviosa.

-Yo cumplo mis promesas Sakura. – Aseguró con la voz ronca.

-Eso espero. – Traté de sonar confiada pero sentía que mis piernas temblaban.

-Ya verás que sí. – Me dio un rápido beso en la cabeza antes de separarse de mí.

-Bueno… deberíamos irnos. – Me levanté rápido de la cama. Sabía que si seguía ahí tan cerca de él, no llegaríamos ni a la boda ni a la fiesta. Y uno de los 2 debía conservar la cordura, al menos hasta después de la boda.

-Claro. – Se levantó también de la cama y caminó hacia la puerta principal deteniéndose para esperarme.

-Ya son las 5:15. – Aclaré mi garganta y acomodé mi vestido. Le observé salir por delante de mí. Todavía seguía ligeramente excitada pero más que nada me sentía irritada por la rapidez con que se había arreglado.

Sasuke cerró la puerta detrás de mí de un modo cortés.

-Por cierto, te ves encantadora, molesta. – Sasuke comenzó a caminar a paso veloz delante de mí antes de que yo pudiera responderle, pero eso no evitó que yo sonriera ampliamente. Mi humor había cambiado de nuevo.

Caminé justo detrás de él sin poder evitar mirarle cada corto tiempo de reojo. Para cuando salimos a la playa, yo ya me sentía menos nerviosa y más relajada. Yo no era fanática de las bodas, casi no me gustaban pero decidí que esa sería especial. Quizás la noche no fuera tan mala y podría guardar un buen recuerdo de ella.

-Llegamos. – Sasuke me tomó de la cintura y acercó sus labios a mi oído. – Justo a tiempo, te lo dije.

-¿Ves a Ino por algún lado? – Observé a mí alrededor buscando a mi tonta amiga.

-Ahí. – Sasuke señaló una carpa blanca donde seguro estaría Hinata terminando de arreglarse.

-Gracias. – Me giré para darle un rápido y suave beso a Sasuke en la mejilla derecha. – Te veré en un par de minutos.

-Estaré con Naruto. – Se despidió.

Caminé a pasos rápidos hacia la carpa encontrándome con Ino marcando algún número en su celular.

-Aquí está. – Temari llamó la atención de Ino. Ella me miró y suspiró aliviada.

-¿Qué pasa? – Pregunté buscando a Hinata. – ¿Algún problema?

-Ninguno. – Hinata respondió detrás de mí. Me giré para observarla sentada en una silla y bebiendo un poco de agua con hielo. – Ino temía que Sasuke y tu llegaran tarde.

-¿Por qué lo haríamos? – Me encogí de hombros.

-¿Sasuke está aquí? – Ino se acercó a mí con sus tenazas y enruló un mechón de mi cabello.

-Ino, ya está bien. – Me quejé. – Sasuke está con Naruto.

-Bien. – Me observó por última vez antes de sonreírme. – Ahora sólo nos queda esperar la hora.

-De acuerdo. – Hinata empezó a hiperventilar.

-No de nuevo. – Ino rodó los ojos. – Hinata, cálmate.

-Ya sé, es sólo que… – Hinata bebió de su vaso con rapidez.

-¿Te has arrepentido? – Temari se acercó a ella.

-¡Nunca! – Hinata le respondió sin dudarlo.

-¿Entonces?

-Estoy muy nerviosa. – Respondió hiperventilando.

-No temas. – Ino acercó su polvo compacto para retocar las mejillas de Hinata. – Es normal, recuerda que yo lloré.

-Todas lo recordamos. – Me burlé.

-Pero si estás segura de que esto quieres… sólo disfruta tu día, Hina. – Ino ignoró mi comentario.

-Chicas, llegó la hora. – Shikamaru asomó su cabezota y nos apresuró.

El papá de Hinata entró y observó a su hija mayor tratando de contener las lágrimas de emoción.

-Luces preciosa.

-Gracias. – Hinata e Ino dijeron al unisonó. Rodé los ojos tomando a Ino del brazo y llevándola fuera.

-Estoy nerviosa. – Ino confesó. – Como si fuera mi boda.

-Prácticamente lo es. – Murmuré.

Me acomodé el vestido por última vez y en cuanto escuché la delicada música de los violines sonando, supe que la hora había llegado. En primer lugar estaba Naruto con su madre, Kushina, igual de temperamental que Ino… pero más aterradora. Cuando ellos estaban ya frente al altar, Ino tomó del brazo a Sai y sonrió ampliamente caminando lentamente por el pasillo. Suspiré sabiendo que mi turno había llegado. Me aferré al pequeño ramo de rosas que se suponía debía llevar y recé para no tropezar con los brillantes tacones que Ino me había obligado a usar a pesar de que no pensaba que quedaran bien en la playa. Caminé lentamente más por temor a tropezar que por protocolo. Me vi rodeada de personas observándome y cámaras tratando de retratar una sonrisa que era más que nada fingida. Para cuando llegué al final del pasillo, ya me encontraba más confiada. Temari llegó a mi lado un par de minutos después y al igual que yo, una sonrisa fingida se reflejaba en su rostro.

-Mierda, no pudo con estos tacones. – Me susurró.

-Lo sé. – Asentí. – Son de lo peor. Me los quitaré a penas termine esto. – Temari concordó conmigo.

Alcé la mirada y me encontré con Sasuke parado en una banca frente a mí. Él me sonreía y juro que sentí deseos de besarle como la noche anterior. De pronto, él, junto con el resto de los asistentes, clavó su mirada al final del pasillo. Hinata estaba aferrada a su padre. Su vestido blanco brillaba marcando graciosamente los contornos y curvas de su cuerpo. Estaba gloriosa. Un ángel. La mujer más hermosa que había visto en toda mi vida, y eso era decir bastante. Giré para ver a Naruto, él tenía pequeñas lágrimas en los bordes de sus ojos y su boca se curvaba en un gracioso puchero. Yo estaba sin habla, asombrosamente. Simplemente mirando con admiración y ternura a mi amiga caminando hacia Naruto. El hombre que había escogido, el hombre que amaba. Cuando ella llegó, Naruto le tomó de las manos y se miraron el uno al otro tratando de contener las lagrimas.

Era amor, sin duda alguna de por medio. Ellos eran el uno para el otro.

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-¿Segura que no quieres beber nada de alcohol? – Shikamaru me preguntó por tercera vez cuando ya estábamos todos sentados en nuestra mesa comiendo y bebiendo.

-No. – Negué casi gritando sobre la música fuerte que empezaba a sonar. – Las margaritas de anoche me bastaron.

-De acuerdo. – Él se sirvió más vino en su copa.

Estábamos en la fiesta posterior a la ceremonia religiosa. Era una especie de salón de fiestas muy elegante que el hotel tenía cerca de la playa, más no en ella.

-Finalmente – Ino suspiró sentándose junto a Sai por primera vez en la noche. – Juro que estoy muerta.

-Se acabó. – Le sonreí tratando de levantarle los ánimos. – Hiciste un muy buen trabajo, cerda.

-Lo sé. – Me devolvió el gesto modestamente.

-¿Qué pasó ahí? – Shikamaru señaló la mesa donde estaban los padres de Naruto y el padre de Hinata.

-Oh, sólo un pequeño problema de ubicación. – Ino se encogió de hombros. – Ya saben que Kushina y Hiashi no simpatizan mucho.

-¿Y será correcto que compartan mesa? – Sasuke destapó una botella de vino sirviéndole a Sai.

-Pues Minato les amenazó, así que… – Ino le dio su copa para que le sirviera también.

-Como sea, ambos son tan… – Mordí mi labio inferior tratando de pensar en una palabra correcta.

-¿Dramáticos? – Ino meció suavemente el contenido de su copa y bebió un pequeño trago.

-No exactamente…

-Son lindas personas. – Temari les dio un rápido vistazo.

-Bueno… eso no lo discuto, pero…

-Son… – Sasuke les observaba discretamente.

-¿Cómo describirlos…? – Shikamaru les observaba con menos discreción que Sasuke. – Es molesto.

-Bueno, ambos son igual de insoportables. – Sai, tan sincero como siempre, acertó.

-Cariño, siempre dices esta clase de cosas en el peor momento. – Ino meneó la cabeza fingiendo estar apenada.

-No, él siempre dice lo que todos pensamos pero nadie se atreve a decir. – Sasuke hizo un gesto con su copa celebrando las palabras de Sai.

-Pues yo me alegro que no hayan metido mano en la boda, no tanto como quisieron. – Ino dejó su copa en la mesa y probó un bocadillo de su plato.

-¿Cómo tu? – Shikamaru se burló.

-¿Yo qué? – Ino casi se atragantó.

-Aceptémoslo, esta boda tiene un 40% tu estilo.

-¿Qué es un "40%"? – Ino se encogió de hombros. – Casi nada. – Esta vez, Sai prefirió llenar su copa por sí mismo para no comentar nada al respecto. Él prefería hacerse el idiota antes de hablar mal de su esposa. – Como sea, estoy muy contenta de que a pesar de las preocupaciones de la familia de Hina de que la boda era demasiado apresurada y lejos como para que todos los Hyuuga vinieran, la mayoría está aquí.

-¿La mayoría? – Shikamaru miró a su alrededor curioso. – Hay mucha gente aquí.

-Bueno, sinceramente hay menos gente que en mi boda. – Ino alardeó.

-¿Qué tan grande es la familia? – Sasuke cuestionó a Ino.

-¿Cuándo dices familia, en realidad quieres saber… cuantas mujeres hay? – Sai soltó de repente. Observé a Sasuke esperando escuchar su respuesta.

-Espero que no hayan muchas Hyuuga. – Fue la manera de Sasuke de darle la razón a Sai.

-Por Dios, espero que así sea. – Shikamaru se pegó más a Temari.

Miré a Sasuke y después a Ino. Ambas apretamos los labios pero fue inevitable, ambas explotamos en risas. Por más que traté de contener la risa, no pude ignorar la sensación que me invadió desde el fondo de mi estomago hasta la punta de la lengua. Curiosamente la boda de Ino, había resultado una mala experiencia para los chicos. Sai tenía poca familia, pero Ino… Ino tenía una familia enorme, la mayoría de la cual parecían ser mujeres solteras que miraban a Sasuke, Shikamaru y Naruto como si fueran el plato principal de una comida en curso. Ellas ni siquiera se habían calmado cuando vieron que estaban acompañados por nosotras. Estaba segura de que ni Sasuke ni Shikamaru habían superado ese día y no anhelaba otro desastre como el de esa boda donde habían pasado la mayor parte de su tiempo evitando a las invitadas femeninas.

Sasuke hizo una mueca y observó hacia todos lados probablemente buscando una salida rápida y confiable. Afortunadamente, Ino dejó de reír y serenó algunos de sus miedos.

-La familia de Hinata es bastante pequeña si la comparan con la mía, y son en su mayoría hombres… así que en esta boda la mayoría de las mujeres son casadas.

-Gracias a Dios – Murmuró Shikamaru, intercambiando una mirada con Temari quien sólo le sonrió confundida. Ino le hizo una seña dándole a explicar que después le contaríamos esa historia.

-¡Chicos! – Naruto llegó de repente con una copa de champagne en sus manos. – ¡Brinden conmigo y Hinata!

Todos nos levantamos de nuestras sillas y chocamos nuestras copas con la de nuestros amigos.

-Felicidades… ahora eres don Hyuuga. – Shikamaru se burló.

-Y muy orgulloso de ello. – Naruto sonrió abrazando a Hinata por los hombros. – Por cierto, Ino… Gracias por todo. – Le dio un rápido abrazo.

-Por nada, idiota. – Ino trató de contener las lágrimas. – Estoy muy contenta. ¡Shikamaru! – Le gritó. – Cásate pronto… esto de las bodas me emociona.

-¡Mierda, no! – Shikamaru llevó una mano a su cabeza asustado.

-Oye, Ino… Había olvidado decirte que me pareció encantador el traje que escogiste para Sakura. – Sasuke me observó unos segundos.

-Oh, yo no lo escogí… fue Hinata. – Ino observó mi vestido rosa aún puesto en mí. – Luce bien, ¿verdad?

-Sin embargo, no me refería a ese vestido… yo hablaba más bien del vestido con el que se paseó en la mañana por el hotel.

-¿Vestido en la mañana? – Ino me observó confundida buscando una respuesta de mi parte.

-Te confundiste de persona, Sasuke. – Le miré como si hubiera enloquecido.

-No, no… el vestido blanco que tenias puesto por el pasillo…

Cerré los ojos tratando de contener la furia que se acumulaba en mi interior.

-Ino… él se refiere a esta mañana cuando me sacaste de mi cuarto envuelta en una toalla. – Expliqué tratando de controlar el impulso de reclamarle en ese momento a Ino.

-Ah… también te veías bien con eso. – Ino se burló.

Una canción lenta comenzó y sabíamos que la hora romántica estaba comenzando.

Suspiré. Me preguntaba sí sasuke bailaría conmigo… No, él no bailaba ni de chiste. Menos esas canciones lentas.

Observé con resignación mi plato semivacío y jugueteé un poco con unas flores del centro de mesa buscando distraerme. De la nada un aliento cálido rozó mi oreja izquierda y sentí mi cuerpo erizarse.

-Sakura… – Sasuke susurró para mí. – ¿Nos vamos? – Sentí una de sus manos sobre mi pierna izquierda.

Traté de contenerme y mantenerme como sí nada para que nadie notara mí cambió de comportamiento. Sasuke apretó sutilmente mi muslo por sobre el vestido.

-Es mi turno, Sakura. – Susurró de nuevo en mi oído.

Sasuke levantó la falda de mí vestido sólo lo suficiente para que su mano siguiera tocándome pero sin el estorbo de la ropa. Agradecí enormemente que los manteles de las mesas fueran largos, de esa manera sabia que nadie estaba observando lo que Sasuke estaba haciendo conmigo. Sasuke subía y bajaba su mano recorriendo todo lo largo de mi muslo, de la misma forma en que yo lo había hecho con su miembro. Fue subiendo y bajando y subiendo cada vez más… hasta que sentí que se detenía cerca de mis bragas. Mis mejillas ardían por la pena y mi respiración comenzaba a acelerarse. Sentía mis piernas temblar e instintivamente dejé caer mi cabeza hacia atrás cuando rozó mi centro, aún bajo mis bragas, con su dedo pulgar. Volvió a llevar su mano hasta mi rodilla y de nuevo la subió por mi muslo hasta mi centro.

Mordí mi labio inferior. Mierda, esto debía ser un crimen.

-¿Nos vamos? – Mordió rápida y discretamente el lóbulo de mi oreja antes de levantarse de la silla.

Acomodé mi vestido de nuevo y tomé mi bolso rápidamente.

-Chicos, ¿Qué tal si vamos a la playa? – Shikamaru nos detuvo antes de que hiciéramos algún movimiento.

-Estamos en la playa. – Ino rodó los ojos.

-Además es la boda de nuestros amigos. – Sai agregó.

-Sí, pero… mírenlos… ellos están bailando tan alegres. ¿Qué tal si vamos sólo nosotros 6 a la playa un rato.

-Hoy no. – Sasuke respondió antes para no vernos envueltos en aquello.

-¿A dónde van? – Temari preguntó.

-Yo voy al baño. – Traté de sonar normal. – Sasuke va a saludar a un amigo que se encontró hace rato.

-Hmp. – Él respaldó mi respuesta.

-Bien… – Shikamaru suspiró. – Esperaré a que Naruto terminé de bailar… seguro él si viene.

-Dios, Shikamaru… ya estas ebrio. – Ino le miró con desdén. – No aguantas nada, vago.

Sasuke me tomó de la mano antes de que algo más sucediera.

Recé internamente para que ya nada se interpusiera en mi camino.

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Una enorme y monumental disculpa. Me ha tomado más tiempo de lo que pensé.

Esta vez no tengo pretextos acompañados de breves historias :( jaja Sólo puedo decir que mi cerebro estuvo un poco seco por mis cursos y que mi internet fallaba más de lo normal.

En realidad quería ya poner "cositas" en este capítulo (If U know what i mean ;D) Pero me iba a llevar muchas hojas y no quería aburrirlos con un capitulo taaan largo. Debo confesar que mis padres decidieron viajar para las vacaciones (la otra semana) y no sé si el capitulo esté listo para antes de irme (Yo espero que sí)… pero prometo que procuraré que la espera valga la pena. Trabajaré arduamente en ello.

Por favors coméntenme en un review que tal les está pareciendo la historia. Siempre es un placer para mi leer sus opiniones al respecto y sus teorías sobre qué pasará hahaha Gracias :D

Reviewseenme mucho! :D

Gracias por seguir conmigo aún con mis tardanzas.

Besos :*

Angellihatake *~*