Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
█ █ █ █ █ Derechos reservados █ █ █ █
Angiie
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
De la sorpresa.
Aquella fue la primera vez que sentí la urgente necesidad de que el mundo se detuviera hasta que yo pudiera comprender lo que estaba sucediendo.
No me había dado cuenta de la hora, en ningún momento me detuve a observar el reloj o contar el tiempo que llevábamos ahí, sabía que hacer eso sería tener un tiempo límite establecido para el final. De lo único de lo que era consciente era de que estábamos en el auto de Sasuke, en carretera y de regreso a casa. A pesar de que sentía mis parpados pesados y mi cabeza me suplicaba que me acomodara de cualquier forma posible para poder dormir, yo le ignoraba. Probablemente dormir haría menos pesado el camino, pero aún más corto. De por sí no dejaba de pensar y maldecir acerca de aquella verdad mundialmente conocida que asegura que el regreso suele ser lo más rápido de un viaje, sobre todo cuando te lo estabas pasando tan bien. Justo como nosotros. El regreso estaba siendo particularmente rápido, mucho más rápido de lo que yo deseaba. Pero claro, sólo era mi percepción y mis egoístas pocas ganas de dejar el fin de semana detrás. Sasuke iba a la velocidad en que siempre lo hacía y sólo se había detenido un par de veces en el camino: La primera fue para comprar algo de comer y la segunda fue cuando mis riñones demostraron que estaban en perfecto funcionamiento y me exigieron con urgencia que pidiera por un baño. Sasuke por supuesto, tan "caballeroso" como siempre, primero se burló de mi y después buscó un lugar seguro en el que pudiera desahogar mi vejiga. Después de aquél penoso momento, no nos detuvimos de nuevo en todo el camino. Yo pasé casi toda la tarde relajada en el asiento del copiloto escuchando música en el estéreo mientras Sasuke iba sumamente concentrado en la carretera. Pocas veces se distraía, y sólo era cuando yo le comentaba algo trivial o cuando inevitablemente leves tarareos salían de mis labios. No podía evitarlo. A pesar de mi ligera depresión porque el viaje a aquella hermosa playa terminó, no podía esconder mi satisfacción; era demasiado evidente en mí actuar que estaba por completo satisfecha por el resultado de la situación y de cómo había terminado nuestro fin de semana.
Vaya viajecito que habíamos hecho.
No era algo desconocido entre mis mejores amigos que ocasionalmente solía aislarme del mundo para pasarla encerrada en mi habitación sola o acompañada, generalmente era acompañada de algún sujeto que al final de cuentas no figuraba importancia en mi vida. Pero Sasuke y el resto del grupo sabían que esos fines de semana siempre terminaban con mi urgencia por que el lunes llegara lo más pronto posible. Probablemente, el hacer esa clase de cosas como le había hecho a Lee ya era algo típico en mi después del sexo. Sin embargo, esta vez era todo lo contrario. Mi tiempo de perderme con algún chico y aborrecerle a la mañana siguiente al sexo había terminado. Sasuke me había regalado el tiempo perfecto y sin duda un muy satisfactorio recuerdo de fin de semana que ambos deseábamos no terminara ahí. Habíamos tenido sexo y no tuvimos que decirle al otro: "lo siento, fue solo sexo. No creo volver a verte después de esto." Y no tuvimos que hacerlo porque ambos sabíamos lo que era, lo que hacíamos, y estábamos de acuerdo. Nuestra nueva relación de amigos con derechos sexuales nos permitía darnos placer mutuamente y luego volver a nuestra cotidiana vida como amigos.
Giré el rostro hacia Sasuke observándole por unos segundos, pero esta vez observándole realmente, ya sabiendo que presumía y de que carecía, observándole como un hombre y no como un amigo. Sasuke era humanamente perfecto en muchos sentidos, había descubierto jodidas y perfectas cualidades suyas que desconocía. No podría decir que era todo un Dios sexual, pero estaba completamente segura de que él había sido lo mejor que me había cogido en toda mi vida, hasta ese día. Sonreí como tonta para mí misma, desvié la mirada contemplando por la ventana abierta el paisaje que corría a la velocidad del auto de Sasuke. Después de todo no había nada mejor que hacer, ni él ni yo habíamos pronunciado palabra alguna en un buen rato. Probablemente, sí me sentaba detenidamente a pensar en ello, no se trataba de una buena señal después de la clase de intimidad que habíamos forjado, pero lo cierto era que no estaba en lo absoluto mortificada por aquel silencio. Conocía muy bien a Sasuke, lo suficiente como para saber que con él no existían silencios incómodos, sólo momentos en que no charlábamos porque simplemente no había nada que decir. Y no estaba mal, en lo absoluto. Después de todo, en compañía de Sasuke, todo, inclusive los silencios que se daban repentinamente entre nosotros, eran buenos. Sasuke era esa clase de persona que con la que podía hablar de todo sin preocupaciones. Porque él me conocía a mí también y sabía que yo disfrutaba más que nada de una excelente platica acerca de nada en especial. Sasuke sabía mis secretos y locuras que entraban en mi cabeza. Con Sasuke podía hablar de todo cuanto quisiera: de películas, átomos, defectos, personas, enfermedades, la vida, la muerte, galaxias, planetas, mis miedos, mis pacientes, mis mentiras, mis temores, de lo mucho que disfruto un café por las mañanas y el sexo por las noches, de comidas, de magia, mi vida… y sin embargo, cuando era necesario, siempre podíamos hablar de algo de nuevo. Porque él me conocía y no me juzgaba. Porque él me quería como yo a él. Sin embargo, esta no era una de esas veces en las que no hablábamos porque no había necesidad de ello. Habíamos tenido sexo y nos habíamos dicho de todo con nuestros cuerpos, no había nada más que decir. Ahora sí, podía decir con toda seguridad que nos conocíamos demasiado bien de los pies a la cabeza. Cada punta de cabello y cada cicatriz en nuestros cuerpos habían sido tocadas por el otro.
En algún momento extraño de mi vida, cuando yo no era muy observadora, simplemente llegó él. Entre tantas personas en el mundo había tenido la fortuna de conocerle, tal vez no en las mejores circunstancias, pero era mi mejor amigo. Y gracias al cielo, ahora también era mi amante.
Me relajé en el asiento, despreocupada por todo a nuestro alrededor. Eran pasadas ya las 9pm cuando comencé a reconocer la carretera que llevaba a casa, las calles comenzaron a sonarme familiares y el estúpido tráfico típico de la ciudad nos dio la bienvenida. No entendía a que se debía, pero habían demasiados autos en la calle y poco a poco Sasuke tuvo que disminuir la velocidad mientras nos encontramos atrapados en el embotellamiento.
-Hogar, dulce hogar. – Suspiré.
-Hmp. – Volví la mirada hacía Sasuke. Se veía ligeramente enfadado y sus cejas comenzaban a juntarse en un gesto de desagrado. Agradecí por unos segundos no estar en el lugar de Sasuke, el tráfico se veía espantoso. Después me compadecí de mí misma ya que sí Sasuke se enfadaba, lo más probable era que él tendría que sacar su ira empleando su lengua ponzoñosa contra alguien, y ¡maldita sea!, yo era la única persona a su lado. Era bien sabido que Sasuke era de esa clase de personas terriblemente impacientes y sabia que algo que le hacia enfadar a niveles máximos era cuando algo tan molesto detenga su rutina diaria, algo como el odioso tráfico. Eso le estresaba y le ponía de mal humor, más de lo normal. – Hmp – Repitió cerrando sus ojos y recargando su cabeza contra la cabecera de su asiento. Desvié mi mirada hacia la ventana. Cualquier cosa en ese momento sería interesante, menos él enfadado. – Demasiado tráfico. – Le escuché murmurar, con cierta tensión en su voz.
Aquí vamos.
-Lo normal, supongo. – Respondí como sí nada. Por ningún motivo en el mundo aparté la mirada de la carretera. Conocía mejor la parte irritante de Sasuke, mejor que nadie. Escuché el crujir del cuero del volante bajo sus manos y sabía que 'Hulk' estaba presente.
-Antes de salir calculé el tiempo que nos tomaría llegar para evitar este embotellamiento. – Por supuesto que lo había hecho, no tenía que usar ese tono de reproche porque me quedaba completamente claro que era verdad. El ser humano más calculador del planeta estaba sentado a mi lado.
-No me sorprende. – Me encogí de hombros esperando el momento en que yo me convertiría en la culpable de todo. Porque cuando sasuke estaba molesto buscaba pretextos absurdos de donde sea para gritar.
-Pero aún así terminamos metidos en esta mierda. – Cerré los ojos con fuerza rezando internamente porque no fuera tan duro contra mi persona.
…2
…3
-¡Todo ha sido porque tuviste que bajar al baño! – Allí estaba. Sasuke gruñón Uchiha en todo su esplendor. Mierda. Este cabrón de Sasuke sí que era un irritable sujeto de lo peor. ¡¿En serio?! ¿Me iba a echar a mí la culpa… por bajar al baño? Increíble. Era lo más patético que le había escuchado decir.
-En serio necesitaba ir, idiota. – Rodé los ojos tratando de controlar mis ganas bipolares de reírme en su cara y después golpearlo. Su tono de voz acusador sólo consiguió irritarme.
-Gracias a eso, hemos llegado justo a la hora en que hay demasiado tráfico, Sakura. – Gruñó y yo giré el rostro para verle a la cara, decidida a responderle cualquier idiotez que dijera contra mí.
-Bueno, tú eres el que conduce, cariño. – Obvié. – Sí no querías esto, podías meterte por alguna otra calle menos transitada ó bien acelerarle más para no llegar a "la hora en que hay demasiado tráfico." – Imité pobremente el tono grave de su voz. – Es absurdo.
-Hmp. – No respondió nada pero sabía que se estaba tomando unos breves segundos para pensar como contra atacar. – Es estúpido. – Murmuró.
-Claro que sí. – Susurré aparatando la mirada de la de él. Sí por algún momento en el camino llegó a cruzar por mi mente que sasuke dejaría de ser grosero conmigo después del sexo y se volvería más agradable… ¡Qué ilusa que fui! Aquí y en China Sasuke era un idiota arrogante, grosero y con poco uso del cerebro. Una parte de mi se sintió satisfecha de saber que estábamos llevando una "agradable y típica" conversación normal entre nosotros. No era la primera vez que me echaba la culpa por algo estúpido. Pero para mí buena suerte, el embotellamiento no duró más de 5 minutos más y tuve que inhalar y exhalar discretamente para evitar reír. Traté de concentrarme en algo interesante para comentarle, algo que le hiciera relajarse, pero eso sólo sirvió para darme cuenta de que estaba cansada y que me importaba poco el estado de humor de él. Bostecé un par de veces antes de recargar mi cabeza cobra el respaldo del asiento, demasiado consciente de que estaba a menos de 10 minutos de llegar a mi departamento.
Y así, el viaje había terminado. Al menos traía algo bueno de recuerdo, algo muy bueno sentado en el asiento del piloto y que tenía algo aún más bueno oculto bajo la ropa. Lástima que no estaba de un buen humor "ese algo".
-Casi llegamos. – La voz de sasuke me hizo sobresaltarme un poco por haber visto interrumpidos mis pensamientos. Aparentemente el cambio de humor en él era algo… pasajero. Me erguí en el asiento y parpadeé un par de veces para despejarme.
-Fue más rápido. – Dije para mí misma, tratando de sonar tranquila, pero muy en mi interior seguían retumbando aquellas palabras: Demasiado rápido.
-Y eso que esta vez no te quedaste dormida. – Sasuke se burló. Sí, era oficial, el tipo tenía tendencias bipolares. O tal vez ya había razonado y se había dado cuenta de lo estúpido que era. – Eso me asusta.
¡MALDITO BIPOLAR!
-Sí eso te preocupa, yo estoy segura de que me voy a quedar completamente dormida a penas ponga un pie en mi cuarto. – Bufé tratando de ocultar mi frustración al encontrarme ya a una esquina de mi departamento.
-No lo dudo. – Sasuke se estacionó justo frente a la puerta del departamento. – Duermes como un tronco. – Una sonrisa burlona se formó en sus labios mientras se deshacía de su cinturón de seguridad. – Pensaría que eres uno si no fuera porque te mueves mucho y pateas mientras duermes. –Sonreí convencida de que se trataba de otra broma suya.
-Eso es mentira. – Fruncí el ceño. – Yo soy toda una dama hasta durmiendo. – Traté de defenderme.
-Bueno, debo reconocer que al menos no roncas.
-Punto a mi favor. – De la nada un recuerdo se apareció en mi cabeza y tenía que decirlo antes de que la culpa me invadiera. Después de todo, si no lo decía era muy probable que terminara arrepintiéndome. : – Además, Sasuke, eso no debería molestarte mucho, ¿no lo crees? – Sasuke me miró confundido. No había entendido, aún… – Imagínate. – Le sonreí lo más sugerente que pude. – Sí así me muevo en la cama mientras duermo… uff… – Mordí mi labio inferior. – A ti te consta que me muevo mejor estando despierta. – Dicho esto me deshice del cinturón de seguridad y abrí la puerta del auto, pero no salí de él. Me quedé jugueteando con el interior de mi bolso, pero sin buscar algo en específico. Cuando di la vuelta para mirar a Sasuke, él ya no estaba dentro del auto. Probablemente no había hecho más que enfadarle con mi comentario o quizá él sabía que no tenía respuesta alguna para mí. Eso era algo que no podía discutirme. Sonreí como tonta y tomé mi bolso de mano mientras bajaba del coche sintiendo mis piernas algo incómodas por la posición en que venían en el viaje. Ciertamente sí caería profundamente dormida ya que a pesar de lo satisfactorio del viaje, no le había dado un descanso adecuado a mi cuerpo.
Me estiré con los brazos en alto en medio de un bostezo restándole importancia al hecho de que mi blusa era corta y se levantó un poco cuando me estiré. No lo había hecho adrede, sin embargo aparentemente le di una buena vista de mí a Sasuke. Su mirada obscura fue lo primero que vi al abrir los ojos tras el bostezo y un leve sonrojo en sus mejillas me afirmó que él había entendido mis palabras a la perfección.
-Intentar seducirme ahora no cambiara el hecho de que por tu culpa llegamos a la hora del tráfico. – Dijo con tono de burla. Le miré tratando de hacerlo con desdén, pero estaba tan cansada que no creía haber obtenido un buen resultado. – Te ves… ¿Cansada? – Dijo abriendo el maletero del auto.
-Demasiado. – Caminé hasta su lado y tomé mi maleta sacándola de un tirón del auto. Pero antes de que pudiera dar la vuelta y marcharme con ella, Sasuke me la arrebató de las manos y cerró su maletero con la otra mano. Le vi caminar apresurado hasta mi puerta y esperar por mí para que abriera la puerta para él. Cuando estuve a su lado le escuché bostezar lo más discretamente que pudo. Él era un hombre terriblemente orgulloso. Para alguien que se creía divinamente perfecto como él, no estaba permitido hacer cosas humanas. Aunque sinceramente no me sorprendió. Después de todo él había conducido por más de 4 horas sin descanso y al igual que yo, no aprovechamos nuestro tiempo en el hotel para dormir precisamente. Y encima me había tenido que traer a casa antes de poder ir a la suya a descansar. Él debía estar más cansado que yo, muchísimo más. Por un momento me preocupó un poco la idea de que él se fuera así a su casa. Cansado, como estaba, podría tener un accidente, había visto muchos accidentes así en el hospital. Aunque 'Urgencias' no era mi área, los accidentes de esa clase se comentaban por todo el hospital con pena. No quería tener que volver al hospital para encontrarme a mi mejor amigo hospitalizado por quedarse dormido mientras conducía. Mierda.
-¡Sakura! – Oh, mierda. Pegué un brinco, sobresaltada. Me había quedado ahí parada y sin moverme y Sasuke seguía esperándome para que abriera la puerta. Joder, ahora pensará que soy muy idiota.
-…Lo… siento. – Tartamudeé respirando agitadamente. Realmente me había espantado su grito.
-¿Te quedaste dormida? – Cuestionó mientras yo rebuscaba las llaves en mi bolso de mano, aunque ciertamente yo estaba distraída con la imagen de Sasuke accidentado.
-No. – Negué con la cabeza mientras con las puntas de mis dedos sentía el delgado metal de la llave. La tomé rápidamente y abrí la puerta mientras cruzó por mi cabeza una nueva idea, ¿sería buena idea preguntarle si quería quedarse a dormir conmigo? Esta vez sin algún tipo de fin sexual o algo parecido. No podía dejar de pensar en que probablemente él estaba muy cansado y me preocupaba el hecho de que manejara en esas condiciones. La idea me desconcertó un poco y nuevamente me encontré de pie y sin moverme en medio de la sala de mi departamento.
-¿…En tu habitación? – Escuché la voz de Sasuke preguntarme repentinamente mientras señalaba mi cuarto con un movimiento de su cabeza. Sus palabras me aturdieron un poco momentáneamente.
-¿Qué? – Balbuceé confundida. ¿Le habría susurrado, en medio de mi estupor repentino, si querría quedarse conmigo?
-Que sí dejo tu maleta en tu habitación. – Puntualizó. Oh, ahora me sentía como estúpida.
-…Por favor. – Asentí viéndole caminar rumbo a mi habitación.
¿Qué tan difícil sería decirle a alguien, con quien ahora tenía sexo, que podía quedarse a dormir si lo deseaba? Sólo a dormir.
Caminé por el pasillo rumbo a mi habitación aún dudando acerca de proponerle mi idea o simplemente dejarle pasar y esperar a ver qué ocurría. Suspiré y abrí la puerta de mi habitación encontrándome a Sasuke de pie frente a mi cama. ¿Estaría él pensando algo parecido a lo que yo pensaba?
-¿Qué ocurre? – Mi voz tembló un poco. Realmente estaba considerando qué hacer.
-Nada. – Suspiró. – Es sólo que… tu cama luce cómoda.
¿Quisieras comprobarlo? – Pensé. Pero, naturalmente, no se lo dije.
-Lo es. – Respondí. Habíamos quedado en decirnos todo para no complicar las cosas. Entonces lo decidí. Sí mi idea era buena o no, lo descubriría en ese momento. – Sasuke… – Carraspeé detrás tratando de llamar su atención. Sasuke me miró confundido. – Luces… cansado.
-No exactamente. – Se encogió de hombros. – Estoy bien.
-Ohh… – Sonreí nerviosa. ¿Qué rayos pasaba conmigo? – Tal vez deberías… – ¿Quedarte? Sin fines sexuales, sólo quédate. Sasuke me observó unos segundos y luego su expresión curiosa cambió por una postura relajada. Nos observamos fijamente por unos segundos… esperando quizá a que el otro hablara primero.
-¿Sí? – Finalmente, susurró.
-¿Porqué… – Carraspeé de nuevo – no esperas aquí a que pase el tráfico? – Era un buen comienzo, ¿no? Sasuke suspiró sin cambiar su expresión… más bien la inexpresión en su rostro. Me observó por unos segundos y después me sonrió.
-¿Quieres que me quede? – Dijo sin rodeos. Tal y como yo no pude hacerlo.
-Tú… ¿Quieres? – Dudé, de nuevo.
-No puedo. – Respondió secamente pero en su mirada a parte de cansancio había rendimiento, como sí le doliera tener que responderme negativamente.
-¡…No te estoy pidiendo que…! – Tenía que dejarle claro que no quería más sexo con él… no por esa noche. No quería que él pensara que estaba proponiéndole otra clase de cosas escondidas debajo de una falsa bondad. Simplemente me aterraba la idea de perderlo de una manera estúpida como un accidente.
-Hmp. Lo sé. – Me interrumpió.
-¿…Entonces?
-Tú no me lo estás pidiendo – Me explicó. – Pero yo... yo no estoy seguro de no querer. – Sin querer, abrí mi boca por completo. Sus palabras me habían dejado entre confundida y sorprendida.
-¿Qué?
-Si yo me quedo… probablemente no sea capaz de pensar 'sólo' en descansar. – Me advirtió con la misma calma y serenidad en su rostro. Por otro lado, no sabía cómo estaba mi rostro, pero de pronto me miraba como si de explicarme lo que había dicho dependiera nuestras vidas. – Te lo dije. Te dije que me sería difícil no querer hacerlo cada vez que podamos. – Mi corazón latió desbocado sabiendo ya de lo que era capaz y una parte de mi ansió que lo hiciera. Donde hubo buen sexo, antojos quedan. Por un largo rato, no dijimos nada más. Simplemente nos quedamos ahí parados mirándonos el uno al otro, porque él acababa de decir algo que hizo a mi corazón acelerarse, y lo que menos quería era involucrar al corazón en nuestros asuntos. – Tal vez ya deba irme a casa para dejarte descansar. – Hizo un gesto con la cabeza hacía la puerta. – Además mañana voy a trabajar y creo que es un poco tarde. – Hizo una graciosa mueca con sus cejas. – Hasta mañana, molesta.
¡No te vayas! – Quise gritar.
-… – Mordí mi labio inferior viéndole darse la vuelta. – Hasta… mañana. – Susurré. No pude evitarlo, después de eso me quedé en la misma posición, congelada, con los ojos bien abiertos y dudando de qué debería hacer. Todo esto mientras le miraba salir por la puerta de mi habitación.
No me sentía decepcionada ni mucho menos rechazada. Extrañamente me sentía deseada. Y sinceramente él era la tentación hecha carne ante mis ojos. Al menos era seguro que lo que tuvimos se iba a volver a dar, pero no esta noche.
Sus pasos firmes por el pasillo me hicieron reaccionar. Realmente era muy estúpida si le dejaba marchar así. Caminé apresurada hacia donde estaba él y le encontré ya cerca de la puerta, listo para marcharse.
-Te llamo mañana. – Dijo mientras caminaba con pasos firmes.
-Ahora. – Respondí apresurada. – En cuanto llegues a tu casa. – Pedí haciendo que detuviera su andar.
-¿Esperarás despierta por mi llamada? – Se dio la vuelta, encarándome.
-Sólo quiero saber que llegaste a casa. – Traté de ocultar la preocupación en mi rostro.
-Te mandaré un mensaje. – Me aseguró. – Estoy casi seguro de que lo leerás mañana, porque mi casa está a 20 minutos de aquí y tú estás a nada de caer profundamente dormida. – Traté de contener una risita, pero fue casi inútil. – Duerme bien, molestia.
-Claro. – Asentí parpadeando varias veces mientras él se daba la vuelta y tomaba el pomo entre sus manos pero sin abrir la puerta, simplemente se había quedado ahí parado como sí algo no le dejara salir. Frené mi caminar quedando justo unos centímetros detrás de él y miré curiosa su espalda preguntándome porqué de repente él se había quedado allí estático. – ¿Pasa algo? – Fruncí el ceño, esperando. ¿Se habría quedado dormido? O tal vez estaba abrumado.
-Sólo... – Le escuché susurrar. Se dio la vuelta, encarándome. Por un momento creí ver condena en su mirada pero él me estaba sonriendo como siempre. – Gracias. – Dijo en medio de un suspiro que me hizo estremecer. Se acercó a mí y tomó mi rostro entre ambas manos. En un rápido movimiento me dio un suave beso en la frente mientras acariciaba mi mejilla con el dedo pulgar. Bajó su rostro frente al mío y con la misma rapidez y seguridad me besó de nuevo pero en los labios. Me atrajo hacia su cuerpo tomándome de la cintura sin dejar de acariciar mi mejilla. Fue un beso lento pero estremecedor que me permitió sentir la calidez y suavidad de sus labios. Nuestras lenguas danzaban lentamente al ritmo de nuestras pesadas respiraciones. Esta vez no sentí ninguna carga sexual en su beso, simplemente me besaba como un hombre despidiéndose de su amante. Con esa suavidad y lentitud profunda que caracterizaba a alguien que no quería despedirse, con esa dulzura de alguien enamorado, pero con ese toque irresistible de Sasuke Uchiha. Lento, pausado. Como sí quisiera detener el tiempo por esos segundos. No estoy segura de en qué momento llevé mis manos a sus hombros apoyándome en él, aferrándome a él. No quería apartarlo, quería tenerle. Una de mis manos siguió un camino hacía su nuca, dónde acaricié su cabello. No supe cuanto nos tomó separarnos, pero me costó mucho trabajo recuperarme de eso. Mis ojos entreabiertos, respirando por la boca. Mi cuerpo temblaba ligeramente y sentí frio. Lo quería de nuevo, sentía la necesidad de abrazarme a él de nuevo y no apartarme. – Gracias, molesta. – Repitió.
- …¿Gracias por qué? – Susurré aún abrumada.
-Ha sido un buen fin de semana. – Me aseguró usando las palabras que yo misma me había dicho. Sonrió una última vez antes de darme un rápido beso en la frente. Se dio la vuelta abriendo esta vez la puerta. Salió y cerró con fuerza dejándome ahí parada con una patética expresión y rememorando la sensación que tuve con ese beso de despedida. Había sido diferente. Había sido un muy buen beso y aún podía sentir la sensación húmeda y cálida en mis labios. Mi cabeza aún daba vueltas y mi corazón palpitaba acelerado. Mis manos aún temblaban y de mis labios escapó un bostezo.
Eso me recordó que mi cuerpo podía sentirse recargado de energía, pero mi mente estaba muy cansada y que no tenia caso pensar en ello, por el momento. Así que decidí no darle más vueltas al asunto y concluí que era justo y necesario darle descanso a mi cuerpo. Cerré la puerta con seguro y apagué las luces que seguramente Sasuke había encendido cuando entró. Corrí a mi recámara y saqué de la cómoda un conjunto de ropa interior limpia. Busqué en mi maleta el neceser con mis cosas de baño y arrastré mis pies hacia el baño convencida de que con un buen baño caería profundamente dormida a penas tocara el colchón. Necesitaba con urgencia relajarme, no complicar a mi débil mente con ideas locas y sin fundamentos, necesitaba simplemente tirarme en la cama y dormir profundamente. Entré a la ducha tratando de nivelar el agua fría y caliente para tomar una ducha tibia sin preocuparme de que eso espantara mi sueño. Lavé rápidamente mi cuerpo sin muchos pormenores, sólo quería refrescarme un poco y quitar el detestable sudor de mi cuerpo. Cerré la llave del agua antes de envolverme en una enorme toalla con la cuál sequé mi cuerpo. Mientras pasaba la toalla por mi cuerpo, rememoré repentinamente algunos recuerdos del fin de semana, sobre todo a Sasuke acariciando mi cuerpo. Con pesadez, me puse la lencería de color rojo y corrí hacia mi cama mientras terminaba de secar mi húmedo cabello con una toalla más pequeña. Me convencí de que había demasiado calor como para dormir con pijama y decidí meterme tal cual en ropa interior a la cama. Me cubrí con la sábana a penas hasta mi cintura y apagué la pequeña lámpara en la cómoda a mi lado. Una estúpida sonrisa estaba coronando la comisura de mis labios. Sentía algo cálido en mi interior sin decidirme si se debía a la emoción de sentir mi cómoda cama bajo mi cuerpo, o sí se debía a alguna otra cosa relacionada con Sasuke. Podíamos haber regresado al mundo real, pero ya no era el mismo mundo. Las cosas nunca volverían a ser las mismas. Bostecé recordándome que no quería pensar mucho en ello, así que simplemente me dejé arrastrar en el sueño. Y justo como se lo había asegurado, caí profundamente en el sueño en cuanto mi cabeza chocó con mi cómoda almohada.
No me sorprendió en lo absoluto ver las manecillas del reloj apuntando hacia las 12 del medio día en cuanto abrí mis ojos. Me senté en la cama y tallé mis ojos con mis manos mientras recordaba que tenía un buen rato sin dormir tanto como en ese día, con seguridad desde que había entrado a trabajar. Definitivamente había sido una muy buena noche. Bostecé antes de darle la espalda al reloj. Podría dormir un poco más, sólo un ratito…
Me cubrí por completo con la sábana recordando que tendría que volver al trabajo el viernes y quedarme en la cama durmiendo todo el día no era una buena manera de aprovechar mis días libres restantes. ¿O sí? Después de todo dormir era lo que más falta me hacía. Cerré mis ojos de nuevo diciéndome a mi misma que sólo sería mientras pensaba acerca de las posibilidades que tenía, pero consciente de que volvería a quedarme dormida. Aparté las sabanas de mi cuerpo quejándome como niña de primaria siendo levantada para ir a la escuela… o como yo hacía normalmente cada mañana antes de levantarme para ir al trabajo un lunes temprano. Me senté en la cama decidida a aprovechar mis días libres. Mentalmente me daba ánimos diciéndome: "Tranquila, Sakura. En menos de 12 horas estarás de nuevo en tu comodísima cama." Definitivamente eso sería lo mejor que podría hacer.
Me levanté de la cama y me metí a dar una rápida ducha para poder salir a realizar algunas compras. Sí estaría en casa 'tanto tiempo' debería al menos tener comida en mi refrigerador. Revisé la despensa mientras memorizaba las cosas que necesitaría comprar. Abrí el armario buscando ropa cómoda, pero al final recordé que tendría que hacer una parada importante, así que simplemente me vestí con un pantalón de mezclilla y una camiseta que me quedaba lo suficientemente ancha como para que no se resaltara nada atractivo en mí. Claro que, considerando lo poco voluptuosa que era… no había mucho que resaltar o esconder.
Sería una salida rápida al supermercado y algo más, ya sabía que esa playera no volvería tan limpia como salía de casa, sobre todo por la última parada que haría antes de volver al departamento. Tomé mi celular y mis llaves y las metí en los bolsillos de mis jeans. Me aseguré de tomar mi cartera antes de salir y tomé un taxi esperando que el taxista no se viera atrapado en el transito del medio día. Aunque, probablemente, él no sería tan estúpido de echarme la culpa como Sasuke hacia.
¡Sasuke!
Saqué el celular de mi bolsillo y revisé las notificaciones recientes encontrándome con una llamada perdida de él y un mensaje. Él había llamado la noche anterior como le pedí y también había mandado un mensaje en el que aseguraba que había llegado bien a casa… y también se burlaba porque sabía que me había quedado dormida. Abrí el menú de 'opciones' adjuntado en su nombre y dejé mi dedo pulgar colgando justo sobre el botón de 'Llamar'. Mordí mi labio inferior preguntándome sí debía llamarle o simplemente esperar a que él me hablara. ¡Mierda! Me preguntaba si no se vería muy contradictorio a nuestros ideales llamarle. Es decir, yo nunca lo hacia sin razón aparente. Es cierto que el haber tenido sexo suponía una buena razón para llamarle, pero ¿no era eso de lo que veníamos huyendo? No, lo mejor sería simplemente dejarlo pasar. Metí de nuevo mi celular en el bolsillo sabiendo que era una estúpida al cuadrado. Sasuke había dicho que estaría ocupado, era probable que aunque yo llamara el no contestara. En cuanto llegué al supermercado me apresuré a escoger lo que llevaría para preparar mi almuerzo de los días venideros. No me demoré mucho, sobre todo porque había olvidado desayunar antes de salir y en verdad moría de hambre. Me urgía llegar a algún lugar donde pudiera comprar algo rápido para 'desayunar'. Pagué mis compras –que en realidad sólo eran 2 bolsas– y tuve que hacer una parada en 'Ichiraku' para pedir un café para llevar en el camino. Mientras esperaba por mi café, revisé mi celular encontrándolo sin ningún mensaje, ni siquiera de Ino. Volví a guardar mi celular y me crucé de brazos sintiéndome fastidiada.
No me dio tiempo ni de pensar en alguna tontería, de repente mi cuerpo se tensó por sí solo cuando alguien se paró justo detrás de mí en la fila de espera.
-Has escuchado alguna vez esa frase… ¿Cómo decía? Ah, sí. Ahora recuerdo... 'Tu ropa debe ser lo suficientemente apretada para demostrar que eres una mujer, pero lo suficientemente floja como para demostrar que eres una dama.' – Una ronca voz dijo a mis espaldas. – y tú, ¿aplicaste esta mañana esa frase?
-Hola, Shikamaru. – Dije dándome la vuelta. –¿Qué haces aquí tan temprano?
-¿Temprano? – Me miró confundido. – Pero sí son casi las 2pm.
-Lo sé, pero es casi como de madrugada para mí. – Cambié mi peso en el otro pie.
-Eso creo. – Sonrió. – ¿Un café a las 2 de la tarde?
-Desperté al medio día. – Le informé. – Fui de compras y olvidé desayunar, muero de hambre.
-Eso lo explica… hasta que vengas en pijama.
-Es sólo una camiseta. – Rodé los ojos.
-¿Es de Sasuke? – Preguntó observándome mejor.
¡¿Qué?!
-¿Por qué dices eso? – Tragué saliva.
-Te queda ancha. – Me explicó.
-Oh, es que voy a pasar por Gilbert antes de ir a mi departamento. – Sonreí. Realmente ya extrañaba a mi bolita de pelos. – Él no debe haber recibido un baño en mi ausencia y seguramente estará sucio, además lo cargaré y seguro dejaría marcas de sus patitas en mí.
-Entiendo. – Asintió. – ¿Cómo estuvo el regreso? – Preguntó cambiando repentinamente de tema.
-Fue rápido. – Respondí con ligera tristeza en mi voz. – Pero fue tranquilo. – Me encogí de hombros.
-¿Llegaron muy tarde? – El lado protector de Shikamaru ocasionalmente salía a flote. No le juzgaba, de cierta forma él era el más maduro y responsable del grupo. Y eso que no se había casado. A él no le gustaba hacer de algo problemático… complicado.
-Un poco. – Respondí.
-Realmente no entiendo porqué les gusta tanto complicarse la vida. – Dijo con presunción. – Son tan problemáticos. No les costaba nada tomar un avión como los demás.
-Ya sabes cómo somos. – Me encogí de hombros.
-¿Problemáticos?
-No es lo que quería decir. – Reí ante su comentario. – A ambos nos gusta movernos de la forma que ambos consideramos… cómoda.
-Lo entiendo. – Asintió. – Al fin y al cabo, ustedes son tan parecidos… tan unidos… – No le dejé terminar.
-¿Por qué lo dices?
-Ya sabes, a veces se ven tan perdidos en un mundo que comparten, que da miedo interrumpirles. – Se encogió de hombros. – Tú serías una versión femenina de Sasuke, siempre que Sasuke fuese una versión masculina de ti.
-Hmm. – Murmuré. – Eso es muy lindo, pero no estoy segura de que sea verdad… al menos no tal y como dices.
-Como sea. – Shikamaru suspiró. – Esta semana estará algo ajetreada para el resto de nosotros. – Me informó. – Qué suerte que tú sigues vacacionando. ¿Qué harás con tanto tiempo libre?
-Sólo serán 3 días más. – Suspiré con pesadez. – Sabes que me la pasaré durmiendo o algo "problemático" – Hice referencia a sus palabras.
-Ya lo creo.
-Por cierto, ¿tú qué haces aquí? – Le cuestioné. – ¿Café a las 2 de la tarde? – Me burlé repitiendo sus palabras.
-Yo vine a un almuerzo con algunos clientes. – Me anunció sonriente.
-Oh. – Pestañeé varias veces, sorprendida.
-Su café. – Alguien dijo detrás de mí. Me di la vuelta y el barista me tendió mi café en un curioso vaso y con una tapa cubriéndole lo suficiente para que sólo viera pequeños humitos saliendo por donde se supone entraría el popote.
-Nos vemos luego. – Shikamaru me dio un rápido abrazo antes de volver a sentarse en una mesa cercana a la salida. No estaba en nuestra mesa de cada domingo. Claro, esa sólo era 'nuestra' mesa.
Camino al departamento, la última tarea del día me aguardaba. No podía, ni quería aplazarla más… era una tarea importante, y yo necesitaba más que nada cumplirla. Antes de volver al departamento pasé a buscar a mi Gilbert a casa de mi compañera donde se había quedado todo el fin de semana. En cuanto le vi mover su colita con alegría, supe que Gilbert era el único machito que se alegraba infinitamente con mi presencia. Sin embargo, nada me salvó de tener que ir todo el camino con él en brazos mientras le pedía perdón por haberle dejado. Gilbert olía un poco a humedad y sus patitas estaban llenas de montoncitos de tierra. Probablemente se había divertido mucho escarbando en el patio trasero de mi amiga. Mi fiel compañero se abalanzó a lamberme la cara a penas encontró oportunidad para hacerlo, al menos uno de los 2 sí extrañó al otro. Me sentí mal por mi falta de responsabilidad para con él, pero traté de disculparme acariciando sus peludas orejas mientras caminábamos de regreso a casa y yo me decidía acerca de qué comer. Era lógico pensar que ahora que estaría en casa casi toda la semana probablemente lo mejor sería preparar algo y no conseguir comida rápida, como siempre hacía con el pretexto de tener poco tiempo. Así que cuando llegué a casa me dediqué a preparar un rápido pero elaborado almuerzo. A Gilbert le bastó con su tazón llena de sus croquetas para mirarme con amor, de nuevo.
-¿He sido perdonada? – Le sonreí mientras le veía comer de su tazón, moviendo la cola tan rápido como podía.
Al terminar de almorzar llevé mis platos sucios al fregadero y me dejé caer satisfecha en el cómodo sillón con Gilbert a mi lado, encendí el televisor y me relajé ignorando el desorden que me aguardaba en la cocina. Mi poca práctica culinaria siempre provocaba que cuando yo intentaba cocinar algo, quedara la cocina peor que en un campo de batalla. Apreté el control remoto en mi mano derecha y me dediqué a cambiar los canales encontrando la programación verdaderamente aburrida hasta que me topé con una película romántica de esas que Ino amaba, yo soportaba y Sasuke repudiaba. Decidí dejarlo pasar, sobre todo porque la temática era de 2 amigos que tenían sexo por diversión pero terminaban enamorándose el uno del otro.
-Vaya cliché. – Bufé mientras rodaba los ojos. Eso no era para nada cierto, a mi punto de vista. Era ilógico y para nada coherente. Se suponía que eran adultos que sólo iban a tener sexo y nada más, entonces se enamoraron y al final se quedaron juntos... ¿Por qué esas películas de Hollywood se empeñaban en hacernos creer que el amor era así de... afortunado? Es decir, ellos ya eran amigos que se conocían de mucho tiempo, convivían juntos y decidieron tener sexo, y entonces, se enamoraron. ¿Te puedes enamorar de una persona sólo teniendo sexo con esa persona? Encontrar al amor de tu vida así de fácil y saber que se trata de ÉL sólo porque tuvieron sexo... No, eso era increíble. Es decir, se trataba de algo como mi vida actual, pero nada parecido... Dejando a un lado que Sasuke y yo también éramos amigos con sexo... Yo ya había tenido sexo con hombres antes que con Sasuke y nunca me había enamorado de ningún hombre ni ellos de mi tras una larga noche de intercambio de fluidos corporales... ¿Por qué? Sasuke también se había acostado con muchas mujeres antes y nunca mencionó nada de amor. Entre nosotros obviamente la historia era la misma, no nos amábamos pero sí que disfrutábamos del sexo… así que en definitiva la respuesta no era el sexo. Tal vez se trataba de un acto físico poderoso, pero nada que nos haga cambiar de ideales acerca de unir nuestras vidas a demás de nuestros sexos. Tal vez yo no era la mejor amante del mundo pero ninguno se había quejado, ni siquiera Sasuke que pecaba de ser en extremo sincero. Entonces ¿Cuál era la respuesta a ese amor tan repentino? Acaso, los de la película... ¿Se amaban desde antes pero no se habían dado cuenta hasta después de tener sexo? Rememoré en mi cabeza sí había algo en mi encuentro con Sasuke que me hiciera creer que nosotros podríamos enamorarnos perdidamente del otro. Pero nada. Aunque... lo que tuvimos fue un buen, fuerte y jodidamente delicioso sexo... lo cierto era que no podía negar que había algo diferente, después de todo. Siempre me había gustado estar en compañía de Sasuke, pero de alguna forma… lo ansiaba más que de costumbre, quizá hasta me había vuelto un poco egoísta. Una parte de mi ansiaba volver a verlo y volver a tener sexo con él. Porque, quizá no éramos esa pareja que se enamoraba después de tener sexo, pero algo era seguro: Haber estado con el había sacudido más que mi cuerpo. Sasuke había sacudido mi mundo con la forma fuerte en que él me tomaba. Todo a nuestro al rededor se había sacudido y no había marcha atrás.
Negué varias veces con la cabeza tratando de apartar esos recuerdos de mi mente. La idea de sentir necesidad de él no me agradaba en ese momento. Sabía que probablemente estaba ocupado y por eso no le vería tan pronto como mis ganas necesitaban.
Pensando en él, nuevamente, tomé mi celular entre mis manos buscando señales de vida de su parte. Nada. Dudé de nuevo en llamarle. No sabía si se debía a la estúpida romántica película que había visto, pero mi mente no dejaba de divagar acerca de Sasuke evitándome. No quería pensar que él simplemente no llamaba porque quería poner fin a esto, pero no buscaba la forma de decirlo… ¡Estúpida, Sakura! Obviamente no es así. ¡Re mierda! Malditas sean las jodidas películas dramática-cursis. Aparentemente estaban hechas con la finalidad de confundir a inocentes personas como yo.
Igual, al final no le llamé.
Gilbert bostezó un par de veces y después de eso cerró sus enormes ojos por un buen rato. Me levanté del sillón caminando rumbo a la cocina. Me topé de frente con el enorme montón de trastes que tenía por lavar y casi sentí ganas de llorar. Suspiré y me di la vuelta de nuevo hacia la sala tratando de aparentar que no había visto nada. Me acosté en el sillón mientras buscaba algo nuevo para ver.
Me repetí muchas veces a lo largo de la tarde que no podía permitir que mis vacaciones pasaran en vano. Me propuse remodelar algún área de mi departamento, pintar la cocina o trabajar en alguna cosa que me sea útil y de provecho. Pero todo se quedó en simples promesas, como los políticos, así de falsas.
El resto de mis días vacacionales pasaron rápidamente bajo mis sábanas. Casi no salí de casa y mi único medio de comunicación con el mundo exterior y mis amigos había sido por el celular. Ocasionalmente les mandaba mensajes asegurándoles que estaba con vida e inclusive me había dedicado a ver toda una colección de películas románticas que me aturdían más. Todo desde mi cómoda cama, donde me mantuve casi todo el día. Un par de días el clima estuvo algo loco. Las lluvias fuertes me dieron un perfecto pretexto para justificar mi falta de actividad fuera de casa, así como el que me la haya pasado casi todo el día acostada en cama envuelta en mis sábanas y con un tazón de palomitas a mi lado. Antes de que siquiera pudiera ser lo suficientemente consciente de que las vacaciones se hicieron para disfrutarse... el viernes llegó. Decir que me levanté maldiciendo a la humanidad fue poco. Realmente estuve a punto de tomarme un día más, llamar al hospital y decir que había pescado una rara enfermedad o algo parecido. Deseé inmensamente que lloviera ese día también, pero no fue así. El día era perfecto, soleado… como sí el día fuera cómplice para mi sufrimiento. Todo el mundo conspiraba para que yo saliera a trabajar, todo menos mi cuerpo. Realmente deseaba quedarme. No había hecho nada de lo que quería, ni siquiera había movido un solo mueble en mi departamento. Suspiré.
Al final terminé levantándome, bañándome y seguí maldiciendo al mundo mientras caminaba por el pasillo del hospital con toda la flojera del mundo sobre mis hombros sabiendo que al final de cuentas había desperdiciado mis vacaciones de la manera más patética posible. Mientras caminaba por el pasillo del hospital y me ponía mi blanca y algo arrugada bata de médico, me puse a rememorar mis horas libres. De Sasuke sólo había conseguido un par de mensajes irrelevantes pero ninguna llamada. ¿Debería sentirme mal por ello? No estaba del todo segura de que ese asunto no me importaba, muy en el interior tal vez yo esperaba buscar algún estúpido pretexto para saber de él pero al final no me decidía. ¿Por qué no podía hacerlo? Antes de iniciar con esta relación sexosa, nosotros nos hablábamos por teléfonos y platicábamos mucho… pero no sentía que sería igual en esta ocasión. Por más que le daba vueltas al asunto no dejaba de pensar que probablemente podría llamarle, platicar como sí nada… ¡hasta me había inventado en la cabeza posibles conversaciones triviales que podríamos tener!... pero todas ellas terminaban igual. Me conocía bien y sabía que al final… al final terminaría pidiéndole que nos viéramos para coger. ¡Mierda! Yo definitivamente era débil. Aunque ciertamente, él lo ameritaba. Habían pasado 4 días desde la última vez que tuvimos sexo y yo había pensado que los sueños sexuales con Sasuke desaparecerían después de haber tenido sexo real con él. Pero no. Después de haber tenido sexo real con Sasuke, sólo podía pensar en tener más y más sexo con él.
Me observé frente a un espejo tratando de distraerme acerca de mis pensamientos de Sasuke, llamadas y sexo. Contemplé mis ojos y sonreí satisfecha al ver las ojeras casi desaparecidas de mi rostro. Por supuesto, la mayor parte del tiempo de mis vacaciones la había dedicado en comer, jugar con Gil y, cómo no, dormir. Suspiré sintiéndome absurdamente vaga, pero sin una pizca de arrepentimiento. ¿Cómo podría arrepentirme de alguna manera de haber pasado mis días libres durmiendo? Sí bien no había hecho nada de ejercicio, nada en mi departamento, nada productivo... lo cierto era que las ojeras que enmarcaban mis ojos antes de las vacaciones se notaban menos pronunciadas. Ya no parecía más un adorable y tierno panda, ahora en el espejo veía a una Sakura que irradiaba ganas de que sus próximas vacaciones volvieran pronto. Pero, al menos, ya no tenía ojeras.
Avancé lentamente por el pasillo de los consultorios saludando a las personas, conocidas o no, con las que me topaba. Apresuré mi andar sabiendo que probablemente tendría mucho que hacer esperando por mí. Seguramente me esperaba un largo y ajetreado día, y lo más seguro era que a pesar de ello me aguardaba un asunto más importante que resolver antes de poner manos en mi trabajo. Sabía que antes del deber, estaba la obligación. Ino Yamanaka era esa obligación. Sí yo no le saludaba antes de ponerme a trabajar, era un hecho verídico que en cuanto tuviera la oportunidad ella me reclamaría sin descanso. Ino era esa clase de mujeres que guardaba todas tus fallas muy bien en su memoria y las aprovechaba en tu contra apenas le dabas la oportunidad de echártelas en cara. Al menos así siempre me hacía a mí. Pero no me quejaba, después de todo, al que seguramente peor le iba era a Sai. El vivía, almorzaba, dormía y convivía con ella… todos los días, más tiempo que los demás. Él debía ser o muy afortunado o muy paciente. Además, no podía negar que realmente, realmente, ya le echaba de menos.
Avancé más rápidamente por el pasillo sintiendo mi cuerpo más energético debido al descanso que ya le había dado. Me detuve frente a las puertas de los consultorios y golpeé la puerta cuyo letrero señalaba "Ginecología".
-Adelante – Escuché su suave voz responderme. Suspiré, preparándome mentalmente para encontrarme con la energía usual de mi mejor amiga. Pero al abrir la puerta sólo vi a una hermosa mujer rubia de ojos verdes mirarme con resignación y dulzura al mismo tiempo. Ino no se tiró sobre mi persona o me bombardeó con las preguntas curiosas usuales en ella. Ni siquiera parloteó o se quejó de que no le había llamado o algo parecido. Ella se quedó mirándome fijamente desde detrás de su escritorio de madera natural y con un montón de papeles a penas y cubriéndole de mi vista. – Sakura, ¿has vuelto ya? – Preguntó en medio de un suspiro mientras acomodaba unos cuantos papeles en su mesa. Agitó un poco el cabello que cubría sus hombros y ladeó su cabeza de un lado al otro. Era claro que estaba incómoda, pero no podía entender ¿por qué? Ino nunca era así. Se notaba claramente tensa, como sí mi presencia supusiera una perturbación en ese momento. – ¿Ocurre algo? – Me observó detenidamente, y yo a ella.
-¿Te ocurre algo? – Usé la misma interrogativa que ella. Era claro que pasaba algo y que tendría que tantear el terreno para descubrirlo. Ino estaba en su modo egoísta, y me costaría saber qué le ocurría. O no. Me senté en la silla frente a ella tratando de mantener una distancia apropiada que no le hostigara, entonces pude fijarme mejor a detalle de ella. Ino realmente estaba ocultándome algo. Sus brillantes ojos no demostraban su característica felicidad, ella había llorado. Su pequeña sonrisa era aún más fingida que mi felicidad un lunes por la mañana. Sus mejillas sonrojadas eran debido a sus manos frotándose contra sus mejillas buscando secar las lágrimas de su rostro. – Ino... ¿Qué sucede? – Me levanté horrorizada de la silla y rodeé su escritorio para quedar a su lado. – ¡Ino! – Le tomé de los hombros y agité con suavidad su delgado cuerpo. Las lágrimas salieron de nuevo de sus enormes ojos y entonces se las limpió tan rápido como pudo.
-Negativo. – Respondió mientras hipaba. Su respuesta me dejó momentáneamente más aturdida de lo que ya estaba.
-¿Nega…? – Bajé la vista a sus manos y encontré, ocultó bajo sus dedos, una caja rosada. – ¿Qué es eso, Ino? – Le arrebaté la caja de sus manos y me encontré con las palabras en grande: Prueba de embarazo. ¡Mierda! Todo pensamiento coherente abandonó mi cuerpo de repente. ¿Qué había pasado? ¿Qué debía decirle? ¿Cuál fue el resultado? Dijo "Negativo", ¿había sido negativo? ¿Qué mierda decir? Mi cabeza daba vueltas sin parar y entonces… – Negativo. – Fue lo único que dije. Ino asintió mientras limpiaba sus ojos con una servilleta. Esta vez fui yo quien se tiró sobre ella en un fuerte abrazo. No sabía sí eso le ayudaría o no, yo sólo sentía que eso era lo correcto. Darle un abrazo tan fuerte, que le rompa todos sus miedos. Ino devolvió el gesto aferrándose a mi espalda mientras pegaba su frente en mi hombro. Suspiró un par de veces y después se separó de mí para volver a secar sus lágrimas con una servilleta.
-Había estado teniendo algunos síntomas y pensé que quizá era… – .Comenzó a platicarme, pero sus ojos se humedecieron de nuevo. – Bueno… – Sacó de la bolsa de su bata la prueba ya usada y me la mostró. Una enorme y tortuosa raya azul en la pantalla. Negativo.
-Oh, Ino… – No supe, ni quise, decir nada más.
-Está bien. – Bajó sus manos con resignación y dejó caer la prueba en el bote de basura junto a su escritorio. – Tal vez no era el momento apropiado. – ¿Cómo saberlo? Ella estaba ilusionada y cualquier momento, sea el apropiado o no, hubiera sido una bendición para ella. Eso era seguro.
-Tal vez… – Sólo me quedaba asentir y darle ánimos. Pero no sabía cómo. – No está mal, ¿no? – Le sonreí. – No es como si no fueras a seguir intentándolo.
-Absolutamente no. – Me devolvió la sonrisa. Esta vez parecía más sincera que la que había mostrado segundos atrás. – Yo no le había dicho nada a Sai en dado caso de que el resultado fuera… lo que fue. – Se encogió de hombros. – Pero él ya aceptó mi propuesta. – Una sonrisa de orgullo se enmarcó en su rostro. – Aceptó que tengamos un hijo.
-Por supuesto. – Asentí. – Te dije que aceptaría. Ese hombre está loco por ti… aceptaría lo que tú le propusieras sin dudarlo.
-No lo creas. – Carraspeó y arrojó un par de servilletas al bote de basura tratando disimuladamente de ocultar la prueba debajo de ellas. Probablemente no quería tener que recordarlo en el resto del día. – A él le gusta el nombre Inojin. – Suspiró antes de morder su labio inferior, tratando de contener una pequeña sonrisita. – Sai aceptó con la condición de que le pongamos así, pero a mí no me gusta tanto…
-Tienes mucho tiempo para convencerle. – Le aseguré. – Él saltaría de 10 metros por ti. – La sonrisa que se formó en sus labios fue hermosa, casi tanto como ella. A pesar de sus mejillas rosadas por su llanto y de sus ojos hinchados, ella se veía casi perfecta. Cualquier hombre podría enamorarse de ella sí la viera en ese momento. Se veía tan frágil e inocente, tan dulce. Sólo quien la conocía bien sabía que ella era fuerte y yo sabía bien, casi podría apostarlo, ella superaría esto. –…Serían hermosos. – Las palabras salieron de mis labios de la nada.
-¿Quiénes? – Preguntó confundida mientras acomodaba su largo cabello.
-Los niños Yamanaka. – Sonreí mientras caminaba rumbo a la puerta. – Por favor, no dejes de intentar buscarlos. – Le pedí provocando que ella soltara una sonora carcajada. – No prives al mundo de una belleza como, seguramente, ellos serán. – Me despedí de Ino abriendo la puerta para salir.
-Gracias, Frentona. – Le escuché decir antes de salir. – Y bienvenida de vuelta. – Le sonreí una última vez y salí del consultorio de Ino. Entre el consultorio de Ino y el mío, habían 4 consultorios… sólo 4 consultorios nos separaban. Ella y yo sabíamos que eso nunca había sido suficiente barrera cuando una de las 2 necesitaba de la otra. En cualquier momento del día, sabía que la volvería a ver y que ella estaría mejor.
Antes de entrar a mi consultorio, me topé con el señor que hacía la limpieza de los consultorios y se encargaba de sacar la basura. El triste recuerdo de Ino ocultando su prueba negativa entre la basura, me anunció una forma de ayudarle.
-Disculpe… – Le llamé al señor de limpieza. Él se volvió hacía mí y me sonrió con una mirada de sorpresa.
-Doctora Haruno, bienvenida de nuevo. – Saludó.
-Gracias. – Sonreí sintiéndome ligeramente culpable por no recordar cuál era su nombre. No era un menosprecio a su trabajo, era que simplemente yo realmente era malísima recordando nombres
-¿Puedo ayudarle en algo? – Preguntó.
-Por supuesto. – Asentí. – ¿Podría ir al consultorio de Ginecología, con la doctora Yamanaka, y vaciar el bote de basura de junto a su escritorio?
-Desde luego. – Aceptó. – ¿Pasó algo?
-Sólo… – Dudé – Ella realmente parecía tener mucha basura en su oficina. – La excusa más patética que seguro había usado alguna vez en mi vida, pero que, a juzgar por la dirección que el señor tomó funcionaría.
Abrí la puerta de mi consultorio, resignada a que nada impediría mi regreso al deber. No mejoró el hecho de encontrar el lugar tal cual lo dejé. Las paredes verde pálido, los muebles grises, el piso tristemente blanco. Todo diseñado para la relajación del paciente, pero se veía triste y nada reconfortante. Se suponía que al estar en un consultorio de pediatría, debía tener un consultorio colorido, con dibujitos o algo así. Pero el lugar me deprimía, me deprimía demasiado y el pensar que me esperaba un agitado día por delante me hundió en lo más profundo de la tristeza. Miré al reloj con desilusión, no había pasado ni media hora. Ciertamente era algo a lo que ya me había acostumbrado con los años, pero igualmente me daba pereza pensar en las horas venideras hasta el momento de salir rumbo a casa. Me senté en mi cómoda silla mientras contemplaba los papeles que se encontraban en mi escritorio. Esto no eran trastes sucios que podría lavar después. Alguien tendría que trabajar en aquellos papeles y saber que yo era la 'elegida' me hizo sentirme devastada.
-Dios, necesito otras vacaciones. – Suspiré.
Observé mi reloj sabiendo que me quedaban exactamente 7 horas y 30 minutos para poder ir a casa a dormir, eso si no pasaba algo que me hiciera quedarme más tiempo. Así que pasé 2 horas atendiendo consultas y llenando papeles entre una consulta y otra. Esta vez no existía montón 1, 2, 3… sólo un GRAN montón haciéndome sufrir. Por ratos, en lo que pasaba algún paciente al consultorio, me disculpaba un momento alegando que necesitaba buscar algo pero sólo me daba discretas vueltas cerca del consultorio de Ino. Un par de veces la vi platicando en el pasillo, dando consultas y la mayor parte del tiempo, igual que yo, atendiendo interminables montañas de papeles. Se veía considerablemente mejor que en la mañana. Sonreía con sinceridad mientras caminaba airosamente con sus tacones rosados por su consultorio. En algunas ocasiones me encontré en los pasillos con algunos compañeros de trabajo quienes me saludaban y me daban la bienvenida, de nuevo. Algunos me preguntaban cómo habían sido mis vacaciones y siempre respondí: "Tranquilas". En una ocasión, cerca de las 13pm me topé en el baño con una enfermera que solía trabajar en el área de Lee.
-Bienvenida. – Me saludó.
-Gracias, Tenten. – Sonreí. '¿Cómo está Lee? Quise preguntar. Sin embargo me mordí la lengua para no hacerlo. Sabía que ella era amiga de Lee y no sabía que tanto podría ella saber de lo que había sucedido entre nosotros. Probablemente ella estaba al tanto de todo y no quería verme involucrada en algún chisme o algo parecido. No conocía bien a la chica, pero se veía de armas tomar, así que en parte me ganó el miedo a que ella me reclamara algo. En cuanto a Lee, me recordé a mi misma que no me interesaba en lo absoluto su vida, ahora menos que nunca.
-¿Se ha enterado de las buenas nuevas? – Ella comentó de repente sacándome de mis pensamientos y recuerdos.
-… ¿Algo bueno? – Carraspeé.
-¿Se acuerda del doctor Lee? – Asentí y maldije mentalmente a la pequeña castaña frente a mí. Aquí vamos. – Se va a casar. – Un sutil chillido de alegría salió de sus labios.
-Oh. – Fue lo único que pude decir. – No sabía que estaba saliendo con alguien.
-No lleva mucho tiempo saliendo con esa chica. – Hizo un gesto de desagrado. – De hecho casi nadie la conoce, pero dicen que es muy atractiva y que Lee está enamorado.
-¡Qué bueno! – Fui sincera. – En verdad me alegro mucho por él. – sin embargo una punzada en mi estómago me hizo sentir falsa y sin sentimientos. Salí del baño con prisa, sin siquiera despedirme y me encerré en el consultorio de nuevo. – 'Me alegro mucho por él.' – Repetí las mismas palabras para mí misma, pero de una forma chillona y molesta. Me estaba burlando de mí misma y de mis palabras. – Increíble. – Bufé. Lee había conocido a una chica después de mi, se habían enamorado y… se iba a casar. Una opresión en mi pecho me hizo sentir miserable. Mordisqueé sin delicadeza el extremo opuesto a la punta de un lápiz, mientras pensaba en lo ridículo de la situación. No eran celos, estaba segura. No era como si de repente me empezara a surgir amor por Lee, se trataba más bien de ligera envidia. Lee casándose y yo sin recibir llamada alguna de mi amante. Mi amante, Sasuke. El recuerdo de él desnudo me hizo olvidar por un instante a Lee. ¡Es que no había comparación alguna! Definitivamente la noticia de Lee me había sobresaltado momentáneamente, más no me había echado a perder la vida. El hecho de que pensar en Sasuke me hiciera olvidar tan repentinamente, me hizo darme cuenta de lo trivial e insignificantemente absurdo de la situación. El mundo entero podría hacerse pedazos mientras yo pensaba en Sasuke. No estamos inmersos en una relación o algo parecido, pero al menos él era mi amante y eso me agradaba.
Decidí volver a concentrarme en lo que realmente ocupaba importancia para mí en ese momento, eran cerca de las 3 de la tarde cuando me encontré con la última consulta de la tarde y cerca de terminar el papeleo. Bufé de frustración mientras trataba de concentrarme y razonar rápidamente qué era lo que el niño que estaba atendiendo tendría. Junté muchas ideas en mi cabeza: Dolor de pecho, dificultad para respirar… ¿asma, gripe, problemas de nacimiento…? Busqué algo más en él, intenté concentrarme más en él mientras escuchaba con un estetoscopio sus pulmones.
-Asma. – Dije finalmente en cuanto me senté en mi silla. Tecleé apresuradamente una receta con medicamentos que le servirían, le expliqué a su madre acerca de los cuidados que debía tener y me despedí del niño tan dulcemente como mi agotado cuerpo pudo. – Gracias a Dios, es viernes. – Suspiré cerrando la puerta en cuanto el pequeño y su madre salieron. A penas regresaba al trabajo de mis vacaciones, y ya estaba orgullosa de que fuera viernes y yo no trabajaba los fines de semana. Seguramente era el ser humano más vago del planeta tierra y sus alrededores. No podían culparme, 4 días tirada en mi cama sin hacer nada habían sido la gloria para mí y volver al trabajo era como despertar de ese hermoso sueño. Me concentré en mis papeles de nuevo, dispuesta a terminar pronto. No quería llevarme trabajo a casa por ningún motivo. Estaba decidida. Nada interrumpiría mi trabajo. Después de un breve descanso que tomaría, claro. Saqué mi celular del bolsillo de mi bata y revisé los correos que habían llegado. No encontré nada nuevo, más específicamente no encontré nada de Sasuke. Bufé un par de veces mientras estuve tentada a revisar la hora de su última conexión… pero preferí evitarlo. No entendía del todo a qué se debía mi urgencia por saber de él tan desesperadamente. Revolví mi cabello con rapidez mientras apartaba mi celular de mí vista lo más que pude. Me estiré un poco aún desde mi silla y decidí dejar mis problemas para después. Por ningún motivo permitiría que algo retrasara más mi inminente salida y llegada al departamento a dormir, de nuevo.
Sin embargo, Ino Yamanaka no parecía entender eso.
-¡Frentona! – Sonrió abriendo la puerta sorpresivamente y sentándose en la silla frente a mí con un par de tazas de café humeante. Me ofreció una y dio un pequeño soplido a la suya tratando de restarle lo caliente a su bebida.
-¿Todo bien? – Di un pequeño bostezo mientras firmaba unos papeles. Ino asintió. Esta vez se parecía más a la Ino que yo adoraba y a veces, cuando me hacía ir de compras con ella, aborrecía. Su sonrisa era sincera y en su rostro, perfectamente maquillado, se notaba el brillo de una mujer llena de amor. Era la Ino que debí saludar en la mañana, pero que ahora estaba frente a mí.
-Acabo de notar… – Se cruzó de brazos. – Que no hemos platicado en toda la semana. – Definitivamente ya era la Ino de siempre, y ya veía venir sus reclamos de siempre.
-Lo sé. – Por supuesto que lo sabía, ella era tan curiosa que un día sin hablar con ella era como un día extraño.
-Te mantuviste oculta toda la semana. – Dijo curiosa. – ¿Qué tanto hiciste en tus maravillosas vacaciones, frentona? – Su tono de voz cargado de curiosidad y fastidio me hizo pensar que ella probablemente ya había terminado su jornada laboral y sólo estaba allí buscando a quien molestar.
-Qué te digo, Ino. – Traté de concentrarme en acomodar algunas cosas. – Me la pasé durmiendo, intentando cocinar y cosas así. – Respondí. – Lo normal.
-¿Y cómo resultó? – Me miró casi con pena. Ella sabía bien que la cocina y yo no nos llevábamos bien. – No me enteré de ningún incendio cerca de tu departamento, así que supongo que no quemaste la colonia en busca del estofado perfecto… – Bromeó fingiendo seriedad en el asunto.
-Pues digamos que sirvió para confirmar lo que ya sabíamos… la cocina no es lo mío. – Aseguré. – Si me llego a casar algúuuuuuuun lejano día, – Imposible. – no sé qué haré cuando mi marido me pida comida.
-Seguro que sí, pero no te preocupes. – Dijo con confianza. – Estoy segura de que no tendrás problema en buscar un marido que sepa cocinar.
-Sería tener mucha suerte si encuentro uno así.
-Yo, por ejemplo. – Se señaló a sí misma. – Sai es perfecto… en la cocina. – el tono de su voz fue demasiado empalagoso. Reí al buscarle un doble sentido a sus palabras, justo como ella quería que hiciera.
-Mmm. – Murmuré. – ¿Sólo en la cocina?
-Y en la sala, el baño y… en el coche… también. – Su sonrisa retumbó por todo el consultorio.
-Eso definitivamente enamora. – Acepté.
-Bueno… – Dudó. – En esta vida ya no basta con buscar un hombre bueno.
-¿Ah, no?
-Te lo digo yo, que soy tu mejor amiga y voz de la razón: – Se autonombró. – Olvídate del príncipe azul, esos ya no existen. – Aseguró. Ella solía decir que el último príncipe azul en la tierra había sido su marido, Sai. Los demás eran simples mortales. – Lo que debes hacer es buscar… un lobo feroz. – No pude evitarlo. Tuve que alzar el rostro, soltar mi pluma y mirar a Ino con atención. Sabía que a continuación diría algo extrañamente único y que debía prestarle la máxima atención posible. –…Ya sabes, uno de esos que te vea mejor, te escuche mejor… y te coma mejor. – En sus labios se formó una graciosa sonrisa que me hizo dudar sí creer que era una broma o sí hablaba en serio. No quise indagar el porqué de su consejo. Las intimidades sexuales de Ino nunca me habían agradado escucharlas.
-Vaya… – susurré jugueteando nerviosamente con la pluma. – Eso es…
-Lo sé. – Se encogió de hombros. – A las chicas como nosotras ya no nos interesan los hombres buenos.
-¿Cómo nosotras? – Le miré a la expectativa. – ¿A qué te refieres?
-Bueno, ya sabes… chicas inteligentes que saben lo que quieren.
No pude evitarlo. ¿Qué es lo que queremos? Quise preguntar. ¿Qué es lo que quiero? No lo sé, realmente no estaba segura de estar llevando el ritmo de la conversación.
¿Qué es lo que quiero?
Una imagen de Sasuke mirándome fijamente desde el sillón de cuero rojo en la habitación del hotel me hizo estremecer. Después de eso vinieron más recuerdos a mi mente: Él tomándome contra el cómodo colchón, estrujándome contra su cuerpo, pidiéndome que le monte…
-¿Qué es lo que quiero, Ino? – Me atreví a preguntar.
-Bueno… tú dices que no necesitas de un príncipe azul y que te conformas sólo con un buen sexo… pero sé que no es verdad.
-¿Ah, no?
-Te conozco. – Apuntó hacía mi con su dedo índice. – Y has dejado de buscarlo. Pero en el fondo quieres pensar que él existe en alguna parte, sea o no para ti.
¿En serio?
-Te has cansado tanto de ello que te escudas en el sexo y dices estar en busca de un hombre que te satisfaga pero sabes que en el fondo sólo buscas a un idiota afortunado y con cerebro, porque te has dado cuenta que pene tienen todos.
-Gran consejo. – Suspiré repitiendo mentalmente sus palabras: Buscar un hombre con cerebro, porque pene tienen todos. Me sentí ligeramente derrotada. Tal vez algo en sus palabras eran verdad. Tal vez ella me conocía tan bien como decía. Ella sabía mejor que yo de príncipes azules y no tan azules.
-En fin. – Bostezó. – Lo encontrarás. – Me aseguró moveteándose en la silla y buscando acomodarse cómodamente en ella. – Y ahora, hablando de Sasuke…– Soltó de repente.
-¿Perdón? – Casi me atraganté con un sorbo de café. – ¡No mencioné en ningún momento a Sasuke…!
-No importa. – Rodó los ojos. Sí, a ella no le importaba. – Sólo quería decir que no había sabido nada ni de ti, ni de Sasuke desde el lunes que nos despedimos. – Se recargó en la silla. Algo en su tono de voz me aseguraba que ella intentaba llevar la conversación a otros niveles, pero no parecía estar segura aún de por dónde empezar.
-¿Has sabido de Naruto y Hinata? – Traté de distraerla.
-No. – Se encogió de hombros. – Supongo que volverán pronto.
-En una semana más, ¿no? – Seguí el juego. – Hinata dijo que tal vez tardarían 2 semanas y ya llevan una…
-No lo creo, según tengo entendido, Naruto dejó trabajo pendiente. – FUNCIONÓ ¡Había funcionado! Ella estaba hablando de otra cosa. En mi mente, una versión de mi estaba alzando los brazos triunfante. – Entonces… ¿has hablado con Sasuke? – ó no. No. Suspiré en cuanto me vi derrotada. No podía contra esta mujer.
No he sabido de él. Ni una llamada, siquiera. Gracias por recordármelo, Ino.
No quería hablar de él, en lo absoluto. Mi interior gruñía de coraje por ser débil contra la insistencia de mi amiga. Necesitaba distraerla, hacerle olvidar por un momento todo referente a Sasuke para que yo lo olvidara también.
-¿Sabías que Lee se va a casar? – Solté de la manera menos sutil posible. Inclusive, hice un gesto de absoluta sorpresa mientras se lo decía.
-Sí, todo el hospital lo sabe… – Su tono de voz me dio a entender que era noticia vieja, al menos para ella.
El ser humano más chismoso del planeta siempre era la primera en enterarse de todo. Qué sorpresa…
-¡No lo puedo creer! – Seguí con el juego. – Todo el mundo se está casando. – Como sí eso me quitara el sueño.
-Sí, bueno…
-Increíble. – No le dejaba ni pensar.
-Bueno, él realmente… – Hizo un gesto de desagrado.
-¡Me enteré esta mañana! – Volví a usar la expresión de interés.
-Desde hace unos días… – Por supuesto.
-Espero que sea feliz y…– ¿Y? me daba igual.
-¡Sakura! – Ino gritó, ya enfadada.
-¿Si? – Me hice la desentendida.
-¡Mierda, Sakura! – Pocas veces hacia que Ino perdiera los estribos así. – Ya entendí que no quieres hablar de Sasuke. – Rodó los ojos.
-Me alegro. – Respondí satisfecha. Suspiré sintiéndome complacida de haberle puesto fin al teatro que armé.
-Pero… – Insistió.
¿Es que nunca se cansaba?
-¿Por qué no me dices mejor a dónde quieres llegar, Ino? – Rodé los ojos en espera de la inminente llegada de su bombardeo de preguntas.
-Sólo pregunté, frentona, sí has hablado con él… – Hizo un gesto gracioso haciéndose la ofendida y después se llevó la taza a la altura de sus labios. – No te estoy preguntando si ya se acostaron o algo así… – Lo dijo tan bajito que sólo pude escucharlo porque en el pequeño consultorio no había más ruido que nuestras voces y las hojas moviéndose al ritmo de mis manos.
Ino Yamanaka había soltado la sopa. Eso es lo que ella estaba esperando por averiguar.
-Te escuché. – Le miré con ligero desdén y adoptando una postura a la defensiva. En cualquier momento comenzaría a bombardearme con sus preguntas directas. Ella no pareció inmutarse con mi gesto, más bien le causó cierta gracia.
-Lo hice con esa intención. – Una arrogante sonrisa en sus labios me hizo sentir escalofríos.
-No he hablado con él. – De todas maneras, le respondí.
-Oh. – Levantó delicadamente su taza de sobre la mesa, la colocó a la altura de sus labios rojos y bebió de ella sin apartar la mirada de mi. A veces daba la impresión de que Ino podía leer tu mente, o quizá sólo era muy buena observando las expresiones faciales de las personas. Lo que fuese que ella hacía, lo estaba haciendo en ese momento. –…Bueno… – Se encogió de hombros y se levantó de la silla acomodando su falda antes de caminar hacia la puerta con su ya vacía taza de café.
-¿Te vas? – Dejé caer mi pluma en un cajón y sonreí satisfecha de haber terminado el papeleo pendiente. Después volví a mirar a Ino, aún parada en la puerta. – ¿Así nada más? Sin haber obtenido la información que buscabas…– Fingí estar consternada. – ¿Qué sucede contigo? – Me levanté de mi silla y observé el reloj. Hora de ir a casa. Acomodé los papeles en un enorme cajón y apagué la computadora.
-Bueno… – Ino abrió la puerta y esperó a que yo tomara mis cosas para poder salir juntas. – Es claro que no se han acostado. – No se molestó en disimular. – Además sé que me contarías sí pasa algo… ¿no? – Me miró amenazante.
-Por supuesto. – Traté de decirlo con seriedad, era tan mala mintiendo que Ino siempre me descubría. Sonreí para mis adentros ante mi mentirita. – Pero te juro que no le he visto desde el domingo que me dejó en la puerta de mi casa. – En ese sentido decía la verdad.
-Lo sé. – Ambas caminamos rumbo a la salida.
-¿Qué sabes? – Dudé tratando de seguirle el paso. No sabes nada. Quise decirle. Estaría muerta si ella supiera leer las mentes.
-Sasuke tuvo que salir a otro viaje de negocios. – Anunció como si nada. Abrió su pequeño bolso mientras rebuscaba algo en su interior y prosiguió: – Es obvio que no le has visto… – Sonaba completamente segura de sus palabras. – Nadie le ha visto o hablado con él, por eso te preguntaba.
-¿Qué dijiste? – Detuve abruptamente mi andar. Ino se dio cuenta de que ya no estaba junto a ella y se giró para mirarme.
-¿Qué sucede? – Ladeó la cabeza, confundida.
-¿Cómo sabes eso? – Traté de no aparentar consternación, pero ciertamente me había noqueado su comentario.
-Shikamaru me dijo. – Se encogió de hombros. – ¿No te lo dijo? – Negué repetidamente. – Se fue ayer en la mañana… regresa el lunes. – Me informó de forma muy casual. Como sí ella estuviera segura de que yo estaba al tanto de lo que pasaba. – Pensé que tú sabías algo… Pero… probablemente se le olvidó decirte también a ti. – Su tono de voz disminuyó con cada palabra. Era evidente que ya se había dado cuenta de que la noticia me había consternado un poco. Era obvio que no sabía nada, nada.
-Oh. – Un suspiró salió de mis labios. – Entonces… – No sabía que decir, Ino tampoco.
-Bueno, Shikamaru dijo que habló con él por cuestiones de trabajo y por eso se enteró… quizá, sólo… olvidó decirlo y… ammm – Me miró con un gesto de disculpa. –… ¿Quieres que te lleve a tu departamento? – Carraspeó cambiando el tema.
-Ahmm… Claro. – Asentí tratando de disimular el impacto de su noticia.
Todo empezaba a tener un poco más de sentido. Probablemente no había llamado porqué estaba ocupado… Pero… aunque no tuviera que hacer, no era su obligación llamar. Yo había tenido vacaciones y no le había llamado. Sin embargo yo no salía nunca de la ciudad sin avisarle a mis amigos… él ni siquiera me había mandado un mensaje de texto avisándome… Aunque, ¿Por qué habría de avisarme? Nuestra relación no implicaba eso… Ciertamente nada le hubiera costado avisarme para que no anduviera debatiéndome acerca de que era lo mejor sobre llamarle o no… Claro que, no me había debatido mucho. No habría tenido nada interesante que contarle de todas maneras… Sasuke no me había dicho porque probablemente si estaba evitándome… ¡Mierda, no! Comenzaba a detestar esos debates internos.
-Lo lamento. – Susurró Ino, tomándome por sorpresa.
-Oh, no… – Mordí mi labio inferior. – Sólo me dejó algo... amm… sorprendida tu notica, pero supongo que no tiene por qué decirme a dónde va o porque lo hace… Nosotros no tenemos nada especial, lo sabes.
-Sí, sólo pensé que… – Volteó su rostro hacía el lado contrario a mí. La conocía tan bien como para saber que estaba apenada y estaba ocultando su rostro de mí por lo mismo. – Yo sólo estaba bromeando cuando te pregunté por él… no pensé que…
-Sabes, Ino… – le interrumpí mientras abría las puertas de su auto. – ¿Por qué no vamos a ese restaurant de comida china que vimos el otro día en el centro?
-¿El nuevo? – Dijo poniéndose sus lentes de sol y arrancando su auto.
-Sí, el que está al lado de esa pizzería que no nos gustaba pero que a Naruto si.
-¿El que está frente a la tienda de accesorios que le gusta a Temari? – Ino comenzó a bromear como usualmente hacía. Sabia, en parte, que lo hacia para distraerme. Se le daba bien, así que decidí seguirle el juego.
-Sí, la que está a la vuelta de esa tienda donde Hinata compró la revista de donde se basó para tejer la hermosa bufanda que le regaló a Naruto en Navidad.
-¿La bufanda roja como del color del labial que usó Hanabi en la boda de Hina?
-Claro, ese labial lo compró en la calle que le sigue a la que nos lleva al centro…
-… – Ino se detuvo frente a un semáforo en rojo y después me miró conteniendo una sonrisa. – Ya no se me ocurre nada más. – Empezamos a reír ignorando el cambio en el semáforo.
-Mierda, Ino. – Le dije en cuanto escuché un auto pitar. – ¡Arranca!
Definitivamente ella y yo nos complementábamos de esa manera extraña. Hacíamos olvidar a la otra los malos ratos que pudiera llegar a tener, sin importar como.
Cuando llegué al departamento, casi a las 7pm, Gilbert me esperaba cerca de la puerta con cara de hambre y necesitado de un nuevo baño.
-Lo siento mucho, bebé. – Susurré acariciando suavemente sus pequeñas orejas. – Ya te voy a alimentar, discúlpame por el abandono en el que te he dejado últimamente. – Me sentía miserable. Mi Gil no tenía que ser ignorado, como yo.
Suspiré mientras caminaba a la cocina. Había un reloj de arena en mi cuerpo, con cada segundo que pasaba mi energía se iba desvaneciendo. Necesitaba ya de mi cama.
Estaba tan distraída, que volví a cometer una falta con mi Gil. Terminé echando sus croquetas en el tazón de agua y su agua en el de su comida. A él no pareció importarle eso, pero a mí sí. No podía pasar el resto del día pensando en lo que fuera que estaba pasando en mi cabeza. Tomé una ducha, vi un poco de tele con Gil mientras yo tomaba una copa de vino. Realmente sentía mi cuerpo relajándose con cada trago que daba de mi copa y, en cierta forma, eso me hizo sentir mejor. Gilbert y yo vimos series de televisión y después nos fuimos a dormir demasiado temprano. Deprimentemente más temprano de lo usual tratándose de un viernes en la noche.
El sábado no fue mejor. Me levanté temprano, de madrugada para mí. Ver en mi reloj que eran las 8:30am me hizo sentir madrugadora. Eso considerando que los sábados me levantaba tarde, tarde, muy tarde. Ciertamente sabia que eso se debía a que tristemente me había dormido temprano la noche anterior. Resignada, me levanté de la cama y me di el baño más corto de mi vida, lo suficiente para poder quitarme el sueño. Me conocía lo suficiente bien como para saber que me darían ganas de volver a la cama pero que no me dormiría enseguida, sabía que me quedaría acostada simplemente pensando y pesando… y era evidente que terminaría pensando en Sasuke. Preparé un desayuno muy rápido: Un café con leche y pan tostado con mermelada. Se veía bien, rico, nutritivo… y ciertamente estaba desayunando eso porque no había encontrado nada mejor en mi refrigerador. Nada me apetecía en ese momento y sabía que también tenía flojera de hacer algo más elaborado.
En cuanto me hice una idea mental de que faltaba mucho para volver a la cama y que lo mejor sería hacer algo de provecho, me di cuenta que era un buen momento para lavar ropa. Tenía ropa acumulada de 2 semanas atrás y me había decidido a hacerlo porque sabía que no podía seguir acumulando ropa sucia por doquier, y también porque me vi en la penosa situación de no encontrar alguna blusa limpia para ponerme. Eso me distrajo un rato, sólo un rato hasta que me di cuenta de que mi mente seguía divagando tanto que casi echaba cloro en la ropa de colores.
-¡Mierda! – Gemí de frustración mientras metía mi ropa en la secadora. Estaba ligeramente enfadada y no sabía con quién. No sabía si conmigo por comportarme estúpidamente o con Sasuke, por simplemente ser él.
¡Estaba total y jodidamente enfadada! Así que lo vi como una muy patética, pobre, lamentable y vergonzosa excusa para llamarle. Llamarle en ese momento sería algo estúpido y dramático. Sin embargo, esta vez, lo hice.
-¡Estúpida y patética, Sakura! – Me grité a mí misma, pero no por eso me detuve. Marqué el número, consciente de que mis dedos sumían con poca delicadeza la pantalla de mi celular. – ¡SASUKE! – Grité cuando finalmente respondieron tras unos cuantos timbres.
-Ehh… él se encuentra un poco ocupado… – Una femenina voz me dejó en silencio y fría.
¡Por Dios! ¡UNA FEMENINA VOZ RESPONDIENDO EL CELULAR DE SASUKE! ¿Quién mierda era? Piensa, Sakura, piensa… ¡Di algo! ¿Quién era ella? ¿Cómo…?
-Ah… – Balbuceé. – ¿Quién habla? – La curiosidad ante todo.
-Karin. – La fémina en cuestión ya tenía nombre y 1000 maldiciones sobre ella. – Su secretaria.
-Oh. – Suspiré recordando con exactitud. Karin, su secretaria… la Karin que también se había acostado con Sasuke. La recordé rápidamente. La había visto una vez yendo detrás de Sasuke la misma mañana en que pateé sin consideración el pobre corazón de Lee. Karin era alta, pelirroja y atractiva. Curvilínea en donde debía y prominente en donde otras no podían. ¡Carajo! – Entiendo. – respondí mecánicamente. Carraspeé sintiéndome estúpida. Claro que lo entendía, ella se había ido de viaje con él. Ellos…
Una cálida sensación en mi pecho me hizo sentir terriblemente estúpida. ¿Qué mierda iba a hacer ahora? ¿Con qué pretexto iba a justificar mi llamada?
-¿Quiere que diga que llamó? – Su voz me sonaba terriblemente irritante.
¡Mierda, no!
-Sí. – Me di un leve golpe en la frente por mi estupidez. ¡En buen momento se me había ocurrido separar mi cabeza de mi lengua! –…por favor. – Tuve que morderme la lengua para sonar amable y no escupir mi veneno sobre el teléfono y sobre todo, para no gritarle de alguna forma a Karin.
-¿Quién le habla, entonces? – Sin embargo, ella no parecía muy interesada en disimular que la conversación le sonaba aburrida. Desde luego, si ella estaba con Sasuke probablemente estaba desperdiciando su tiempo hablando conmigo. La ira se acumuló en todo mi cuerpo.
-Haruno... Sakura. – Dije tan bajo que por un momento dudé sí ella había escuchado o no.
-¿Haruno? – Repitió, el tono de su voz repentinamente cambiado.
-Si. – Suspiré importándome poco ya si esto traería consecuencias o algo parecido. – Gracias... Y hasta luego. – Separé sólo un poco el teléfono de mi oído y estuve a punto de colgar, cuando escuché la voz de Karin gritando algo.
-... ¡Por favor, NO CUELGUE! – Gritaba.
-¿Ocurre algo? – Volví a dejar que el teléfono se acomodara en mi oído derecho.
-Mi jefe me dio órdenes explícitas para que le comunicara con usted a penas llame. – Escuché un suave suspiro de alivio. – Aguarde un momento, por favor.
-Claro… – Susurré sabiendo que ella había dejado el teléfono en alguna parte y se había marchado. Lo supe por el ruido de sus pasos alejándose cada vez más de mi campo auditivo. ¿Y ahora qué? No dejaba de preguntarme a mí misma. Sasuke había ordenado que le avisaran en cuanto yo llamara. Él no iba a hablar desde un principio, él estaba esperando por mi llamada. Tales conclusiones hicieron que mi cabeza se sintiera a punto de explotar. Tomó un par de segundos en los que me dediqué a acariciar suavemente a Gil en mi regazo para ignorar el leve sudor en mis manos, pero finalmente escuché unos fuertes golpes, como pasos firmes contra el suelo cada vez más cerca y posteriormente una masculina voz al otro lado de la línea.
-Hmp… – Le escuché "saludar".
-Un gusto escucharte de nuevo, Sasuke. – Dije, sintiéndome relajada en cuanto escuché su voz. La tensión que había sentido ya no estaba más.
-Sakura…
-Sasuke… hola. – Saludé.
-¿Qué has estado haciendo en toda la semana que no te tomaste la molestia de llamar, molesta?
Vaya…
-Lo mismo quisiera saber, idiota. – Traté de disimular mi risa. – ¿Ocupado?
-La verdad, sí. – Casi podía jurar que estaba estresado. Su tono de voz era notorio.
-¿Te estoy distrayendo? Si quieres puedo llamarte más tarde…
-¡No! – Me interrumpió. – Necesitaba escuchar una voz amiga.
-Oh, – Suspiré. – ¿todo bien?
-Si… sólo estoy en New York arreglando unos asuntos que realmente me dan dolores de cabeza.
-¿Algo malo? – Quise saber.
-Nada que no tenga solución. – Respondió. – Volveré mañana domingo en la mañana pero debo ir a la oficina… así que supongo que faltaré al Ichiraku. – Su voz sonaba angustiada, como disculpándose. – Por favor, avisa a los demás.
-Uhhh. – hice un gesto casi de desagrado. Los domingos era el día en que me enteraba de su vida más que en cualquier otro. – Esa es una falta gravísima. – Ironicé. – Sabes que es un delito faltar a nuestro desayuno dominguero… ¡estas violando una ley de la naturaleza! – Hice un drama tratando de animarle.
-Lo sé… – Respondió. – Pero realmente esto es importante y no puedo…
-Entiendo. – Le aseguré interrumpiéndole. – No te preocupes, salva al mundo. Yo hablaré con los chicos…
-Te lo agradezco. – Escuché un leve cambio en su voz, le había aliviado. – Por favor hazles saber que lo lamento.
-No te preocupes por ello. – Aseguré. – Supongo que por eso dijiste que volverías hasta el lunes, ¿no?
-… ¿Cómo sabes que dije eso?
-Amm… – Já. Te has delatado sola, Sakura. – Pues… Shikamaru le dijo a Ino y ella…
-Oh… – Murmuró. – Lamento que te hayas enterado por otras personas y no por mí… pero no sabía cómo decirte…
-Como siempre lo has hecho. – Traté de no sonar como reprochándole.
-Claro, como siempre… – por un segundo pensé que tal vez ni él ni yo pensábamos que todo era 'como siempre'. – Lo siento…
-No pasa nada. – Susurré. – No tienes porqué… no somos… nada.
-Eres mi mejor amiga. – Respondió. – Siempre te he contado todo, sólo que esta vez yo no pude…
-Entiendo. – Mordí mi labio inferior. Lo entendía, porque a pesar de tener el teléfono y estar escuchándole yo no podía decirle lo mucho que le había pensado, y cuanto le estaba extrañando. – Mañana la mesa estará un poco vacía. – Traté de cambiarle el tema.
-Ciertamente. – Concedió – Pero no se aburrirán sin mí.
-Puede que yo sí. – Susurré pero estaba segura de que él me había escuchado
-Te veré pronto. – Aseguró.
-¿Qué tan pronto? – Quise saber.
-Mañana por la tarde puedo pasar a tu departamento.
-Perfecto… – Respondí. – Te veré mañana, entonces…
-Así será. – Afirmó.
Un pequeño silencio surgió de repente. Quería hablarle más, quería saber qué pasaba en su mente. Quería…
-Entonces… tal vez debería dejar que sigas trabajando… – Pero quería enterarme de esas cosas en cuanto le viera. Tenía que dejarle libre por el momento. Sí mi presencia, aunque fuese por llamada, conseguía distraerle de la manera en que él hacia conmigo… esto no tendría fin y yo ya necesitaba verle. – tienes que tomar un vuelo temprano… ¡No toleraré que llegues tarde a verme!
-No lo haré. – Respondió. – Te veo mañana… Muero por verte, molesta. – Sasuke colgó el teléfono antes de que yo pudiera responder algo. Mientras yo me quedaba estática, con la respiración contenida y con la garganta seca.
-También muero por verte. – Mordí mi labio inferior mientras dejaba caer el teléfono en el sillón, a mi lado. –… Sasuke.
Nuevamente sonábamos como un par de estúpidos amantes despidiéndose. Y la sensación me gustó. No me tomó mucho tiempo darme cuenta del repentino cambio de humor que esa llamada me produjo. Toda la tormenta que se estaba formando en mi cabeza se desvaneció con sus palabras. No porque él me hubiera dicho algo reconfortante, era por lo que había conseguido que sintiera con su llamada.
…
..
.
Desde que me levanté de la cama el domingo por la mañana, muchas ideas estúpidas–y no tan estúpidas–cruzaron por mi cabeza. Normalmente yo no solía ser una persona organizada. A mí nunca se me había dado bien eso de planear cosas antes de hacerlas. Todos a mí alrededor pensaban que yo estoy muy loca, desorganizada y distraída, pero ¿para qué planear estratégicamente las cosas, sí al final nada saldrá como esperas que lo haga? Toda mi vida se había formado bajo esa norma.
Creo firmemente en el karma y en él: sí te levantas una mañana con una idea muy estúpida en la cabeza… ¡hazla! Simplemente hazla, porque por algo se te ocurrió.
Así que no me sorprendió en lo absoluto cuando me encontré mirándome frente al espejo mientras me vestía. Acomodé mi falda y blusa y me concentré en acomodar mi cabello de varias formas distintas hasta que lo dejé de la misma manera en que comencé: Suelto. Me puse un poco de labial rojo y rímel en mis pestañas buscando que se vean más espesas. Una última mirada en el espejo bastó para decirme:
-¡Estúpida Sakura! – Suspiré mientras tomaba mi bolso. – ¿Tienes idea de lo mal que te vas a ver? – Realmente no era buena para dar ánimos… ni a mí misma. Lo cierto era, que me sentía muy confiada al menos en mi apariencia física. Me gustaba la falda negra que llevaba puesta, y la blusa blanca de mangas también me gustaba. El maquillaje sutil pero presente en mi rostro era perfecto. Tomé el perfume que más me gustaba y rocié un poco sobre mí.
Tenía frente a mí, en el espejo, a una estúpida pero bien arreglada chica. Delgaducha, con pechos planos, ojos color jade que resaltaban en la piel pálida. Esta chica aún se debatía internamente sí debía cometer locuras o no.
Cerré la puerta detrás de mí y caminé sólo unos cuantos pasos debatiéndome sí debía regresar a casa y cambiarme de ropa para ir a desayunar con los chicos. Probablemente eso sería lo mejor que podría hacer. ¿Debería? Me detuve un rato y pensé: "¿Que es lo que estoy haciendo?" No obtuve respuesta de mi subconsciente, al menos no en ese momento. ¿O tal vez lo mejor sería seguir el camino que ya tracé e ir a verle…? ¿Debería? ¿Lo haría?
¿Qué sería lo peor que podría pasar? ¿Y qué lo mejor?
-Esto es absurdo. – Seguí caminando, con prisa.
Era absurdo, tal vez. Pero muy en el fondo sentí un vacío existencial, como si le extrañara, como si la ausencia de saber sobre él me estuviera hundiendo poco a poco en un vacío profundo. No era necesidad de una llamada o un mensaje, era necesidad de su presencia. Pensé en lo mucho que de repente me alegraría estar cerca de él. También descubrí que no era al 100% una necesidad sexual. Por supuesto que le ansiaba, era claro y evidente que mi cuerpo se había vuelto sensible y vulnerable a su recuerdo, pero mi mente no. En mi mente solo ansiaba verle para calmar una sensación de desconsuelo en mi cabeza y pecho.
Por supuesto que le extrañaba, pero... Era esta la primera vez en que extrañarle con urgencia era algo asfixiante.
Unos cuantos pasos más y decidí que esto sería mejor dejarlo a la suerte. Era domingo. La ciudad era muy movida y transitada. Tomar un taxi un domingo en la mañana, era casi tan complicado como encontrar al hombre perfecto en toda tu vida. Tenías suerte, si encontrabas alguno disponible. Así que no me molesté en apresurar las cosas. Simplemente caminé un poco más, sintiéndome completamente estúpida por haberme puesto tacones. No eran muy altos, ni mucho menos incómodos, sólo que sentí que era demasiado.
-Bien, todo depende de este momento. – Me detuve en una calle transitada. Miré a ambos lados de la calle encontrándome con demasiada gente transitando cerca. Habían muchas personas paradas junto a mí, quizá esperando por un taxi también. No me preocupé en lo absoluto, después de todo lo que tendría que pasar, pasaría. Como sea, pasaría. Así que observé por unos segundos la calle y me fijé en 2 taxis que venían. Uno de cada lado de la calle. –…Bien… – Estiré mi mano despreocupada hacia un taxi que estaba en la calle frente a mí. No estaba segura de que me haya visto, siquiera de que quisiera darme el servicio a mí. Después de todo no había sido la única que lo había visto. Fue extraño, pero en un momento mi cuerpo pasó de tenso a relajado. El taxi había seguido de largo. –…Lástima. – Susurré. Fue cuestión de segundos en que me encontré con el mismo taxi viniendo del lado correcto de la calle. Él iba hacía mi. – Por favor no se detenga, por favor no se detenga. – Susurré bajito, sólo para mí. El taxi se detuvo justo frente a mí. Rodé los ojos sintiéndome infantil por mi acción. Abrí la puerta y me acomodé en el asiento trasero. – Se lo agradezco. – Dije en cuanto estaba sentada dentro. Le indiqué al chofer la dirección que me sabia casi de memoria y me relajé. No supe en qué momento comencé a juguetear con mi bolso, ni mucho menos en qué momento ya estaba debajo del taxi. Mientras el taxi recorría las calles, había comenzado a llenarse el cielo de nubes grises y amenazantes. Sin duda llovería en algún momento incierto del día.
El lugar y alrededores estaban menos transitados. Así que no me sorprendió demasiado cuando tras pasar la enorme puerta de cristal obscuro, no encontré a nadie para recibirme. Normalmente me encontraba a alguien que me abría la puerta y luego alguien en recepción que anotaba mi nombre en una enorme libreta de visitas y después me daba un gafete de 'Visitante'. Esta vez no había nadie en la entrada, de hecho estaba todo tan tranquilo que me asustó. Se sentía como en una de esas películas de terror en las que todas las señales obvias te decían que no debías entrar y aún así lo hacías. Caminé a paso veloz hasta el elevador. Sabía que él estaba en el último piso de ese enorme edificio de 5 pisos. Era normal que esos viajes en elevador a su oficina fueran lentos, igual que en el hotel cuando iba con Sasuke. El elevador se abrió repentinamente en el piso 3 y me di cuenta de que sí había gente ahí trabajando. El lugar no estaba tan desierto como yo creí. Cuando volvió a parar, en el piso 5, me di cuenta de que había estado jugueteando con mis manos como Hinata cuando estaba nerviosa. Me sentí ligeramente estúpida. No como si creyera que Hinata era estúpida por hacerlo, era sólo que en Hinata se veía tierno y en cierto sentido lindo. En mi se veía estúpido y desconcertante. O tal vez yo comenzaba a sentirme así con cada paso que daba hacía fuera del elevador. Después de todo, ni siquiera antes de nuestra primera noche me había sentido así. Pero así estaba en ese momento. Caminé derecho hacia su puerta sorprendiéndome de no encontrar a su estúpida secretaria detrás de su escritorio, como siempre. Tal vez está dentro con él. Tomé aire por la boca acumulándolo todo en mis mejillas. Subí mi mano formada en un puño para golpear la puerta de madera. Preparé mi mano para golpear la madera con el dorso de mi mano derecha, tomé impulso y justo a centímetros de la madera me di cuenta de que no podía. Apreté mis uñas contra las palmas de mi mano tratando de calmarme e infundirme valor, pero al final sólo conseguí sobresaltarme ante la punzada de dolor que me provocó el contacto de mis uñas contra mi piel. Era estúpido, pero no me sentía con valor. Di un par de pasos hacia atrás y caminé de regreso al elevador. Seguía siendo débil y torpe.
Llevé mi dedo índice al botón que llamaba al elevador, pero tampoco pude sumirlo.
-¡Carajo! – Mascullé enfadada conmigo misma.
Apreté nuevamente mis manos en puños y caminé dando enormes zancadas hacia la puerta que tenia escrito: 'Uchiha' en un plástico blanco. Tomé aire y golpeé 3 veces contra la madera, lo hice tan fuerte que era obvio que el que estuviera adentro tenía que escucharme. El ruido retumbó en mis oídos por unos segundos, seguido momentáneamente de un silencio sepulcral. Esperaba escuchar un: "Hmp, adelante" Pero nada. Ni un solo ruido se escuchó del otro lado de la puerta.
-Bueno… – Exhalé ruidosamente por mi boca. – Qué lástima. – Limpié con el dorso de mi mano mi frente perlada en sudor y me di la vuelta de nuevo. – Al menos lo intenté. – Sonreí nerviosa para mí misma. – Qué más da.
Caminé recto hacia el elevador. Aún estaba a tiempo para ir a desayunar con los chicos. Aún podía hacer de cuenta que nada en mi vida comenzaba a tornarse complicado. Visto por otra parte, sería un agradable desayuno con Shikamaru, Ino y Sai, sin nadie que me pusiera nerviosa o me hiciera recordar una increíble noche. Todo sería como si no…
Un tintineo frente a mi me sobresaltó. El elevador se había abierto y en su interior había varias personas. 2 para ser exacta. Sasuke Uchiha y Karin.
Mi corazón dio un brincoteo exagerado en cuanto reconocí a mi mejor amigo parado frente a mí. Mis labios se separaron un poco dejando exclamar suspiros por la sorpresa y mis manos comenzaron a sudar extrañamente. No pude evitar morderme mis labios al fijarme en sus labios entreabiertos por la sorpresa. Sasuke ladeó la cabeza y se quitó apresuradamente los lentes de sol que le cubrían sus hermosas orbes negras de mí. Parpadeó varias veces seguidas como si no pudiera creer que yo estaba frente a él y finalmente sus labios volvieron a unirse.
-Sakura… – Dijo con calma.
-Sasuke… – Respondí por inercia.
-¿Quién le ha dejado pasar? – El tono irritable de Karin rompió repentinamente la atmosfera. Su voz fue más de lo que quise escuchar. – Ni siquiera trae identificación. – Miró en mí pecho buscando el pase de 'visitantes' que se suponía debía llevar puesto. Sasuke hizo lo mismo, pero no se detuvo sólo en buscar la identificación. Él me miró indisimuladamente hasta la punta de los pies, aparentemente olvidando que ya no tenía los lentes cubriéndole de mi.
-No había nadie en la entrada. – Me encogí de hombros, más para responderle a Sasuke que a Karin.
-No puedes… – Karin aparentemente quería seguir peleando conmigo.
-Hmp, eso no importa. – Sasuke hizo callar a Karin desde el momento en que su típico 'Hmp' salió de su garganta.
Karin se acomodó los lentes y me miró despectivamente de nuevo.
-¿Quién es usted? – Dijo de forma más calmada.
¡Wow, qué perra! – Gesticulé con los labios envueltos en una sonrisa incrédula. Pese a que me hubiera gustado que ella lo notara, sólo Sasuke leyó en mis labios aquellas palabras y no pudo contener una sonrisa de lado.
Ó él pensaba lo mismo que yo, o simplemente le había dado gracia la forma en que lo'dije'.
-No escuché su nombre. – Karin regresó su mirada a mi rostro. Se había quedado un buen rato comparando su cuerpo prominente con el mío delgaducho y carente de atributos exagerados como los de ella. Probablemente en esos momentos se sentía por sobre mi por el simple hecho de que ella estaba súper bien dotada y yo no. Al menos esa impresión me dio en el momento en que se cruzó de brazos de una forma que hizo resaltar aún más sus pechos.
Suspiré.
-Sakura Haruno. – Respondí echando unos mechones de mi cabello hacía detrás de mi espalda. En parte, porque quería usar ese gesto como una forma de superioridad hacia Karin. ¿Qué importaba que ella fuera la puti-secretaria de Sasuke? Había algo entre nosotros llamado 'derecho de antigüedad' y acuerdos confidenciales.
-… – Karin me miró con los ojos bien abiertos sorprendida. Sus cejas se juntaron en un gesto de desagrado y me miró de nuevo, esta vez de pies a cabeza, buscando algo en mi que seguramente no le iba a agradar. – ¿Se le ofrece algo? – Caminó hacia su escritorio mientras sasuke buscaba algo en su chaqueta. – Quizá yo pueda ayudarle… – Karin no dejaba de mirarme como si yo fuera portadora de la peste y no quisiera que me acercara a ella, o a Sasuke. Sobre todo a Sasuke.
-¡NO! – Sasuke dijo en tono fuerte antes de que yo pudiera decir o hacer algo para responderle a Karin. – Viene a verme a mí. – Le informó. Era obvio que venía por él, como también fue obvia la manera en que le miró. Como si ella estuviera estorbando y él no tendría por qué darle explicaciones. – Ya te puedes ir a casa, Karin. – Sasuke tomó el pomo de la puerta entre sus dedos y antes de abrir la puerta se giró a decirle: – Gracias por venir a ayudarme. – Sasuke se hizo a un lado y me dejó que entrara primero por la puerta de su oficina. Él me siguió a penas y pisándome los talones.
-No le caigo bien a tu secretaria. – Dije fingiendo pena y afligimiento por la situación en cuanto cerró la puerta.
-A ella no le cae bien nadie, ni a nadie le cae bien ella.
-No entiendo porqué. Ella es una mujer muy… agradable. – Caminé con pasos firmes por la oficina de Sasuke sorprendida de la enorme cantidad de papeles que había en ella.
Yo sabía que él era un hombre muy ocupado y trabajador, pero no podía comprender como es que ni el estrés laboral le hacia perder el gusto por lo ordenado. Su oficina era exageradamente ordenada, nada que ver con mi pequeño consultorio. De hecho eran todo lo contrario, completa y absolutamente distintas, del suelo al techo. Pese a que había muchos papeles amontonados en una pequeña mesita de madera, se veían apropiadamente ordenadas en carpetas de colores distintos.
Rodé los ojos fastidiada, seguro eso era obra de Uchiha.
Al entrar a su oficina lo primero que se notaba era el escritorio de madera. Era enorme, casi parecía una mesa de comedor antes que un escritorio de oficina. Un estante enorme con muchos libros de colores tristes y serios ocupaba casi una tercera parte de la oficina. Un par de cuadros en las paredes blancas frente a su escritorio eran visibles sólo si prestabas atención a todas las paredes. El suelo era tan blanco como las paredes y no conseguí encontrar ni una pequeña hormiga. Estaba todo tan ordenado que daba miedo. Finalmente detrás del escritorio, justo frente a mí, estaba el enorme ventanal panorámico. Tenía una enorme y preciosa vista de toda la ciudad que conseguía ponerme nostálgica cada que iba a visitarle. Sobre todo en esa mañana en que la ciudad estaba nublada. Desde allí podía ver con facilidad los techos de los edificios más pequeños y algunos edificios vecinos. La ciudad se veía pequeña y lejana a pesar de que técnicamente se encontraba a unos 5 pisos en elevador de nosotros. Todo se veía tan lejano y distante, tan irreal.
Sería excelente que mi consultorio tuviera una vista así de maravillosa. Deseché esa idea tan pronto como llegó. Sí algún día mi oficina llegaba a tener una vista así, probablemente nunca trabajaría. Podría quedarme absorta contemplando la ciudad todo el día, que no me importaría nada más.
-Es preciosa. – Susurré sin pestañear.
-Hmp, lo es. – Respondió cuando comprendió lo que estaba observando y de lo que le estaba hablando. – Sakura… – Llamó mi atención luego de unos segundos. La gravedad en su voz me hizo perder la concentración en la vista frente a mí. Ladeé la cabeza buscándolo y lo encontré parado junto a un sillón de cuero negro en forma de 'L' que remataba otra tercera parte de su oficina. Frente al sillón había uno más pequeño y una pequeña mesita de madera con exquisitos detalles tallados a mano. Sasuke se quito lentamente la chaqueta negra mientras caminaba hacia un perchero oculto en una esquina de la oficina. Después se dio la vuelta y me miró fijamente mientras daba enormes pasos de vuelta a su silla tras el escritorio. – Toma asiento. – Me sugirió. Señaló con una mano la silla que estaba frente al escritorio y se aflojó un poco la corbata mientras se acomodaba
-Gracias. – Asentí mientras me sentaba en la comodísima silla de cuero que se hundió debajo de mí. Hasta las sillas para los visitantes eran mejor que en mi trabajo.
-¿Te ofrecieron algo de tomar allí abajo? – Preguntó mientras adoptaba una postura dominante para sentarse. Me recordó demasiado a la forma en que me miraba desde aquel sillón en el hotel después de que lo hicimos. Podía apostar que había una chispa de lujuria en su mirada en esos momentos, igual que en aquella noche.
-Ya te he dicho que no había nadie abajo. – Respondí tratando de verme natural y para nada tensa.
-Lo hiciste. – Asintió. – Pero no has venido aquí para quejarte de mi personal, ¿Ó si?
-En lo absoluto. – Negué rápidamente.
-Hmp. – Sonrió de lado y yo me sentí derretir en la silla. Mis manos apretaban, lo más discreta que pude, los lados de la silla. Estaban sudorosas y temblaban ligeramente. Había olvidado esa parte dominante de él, que después de la primera noche me resultaba jodidamente excitante.
Nuestras miradas estaban justo frente a frente y yo me sentía jodidamente frágil ante él. Recordé las palabras de Ino por unos segundos: "Un lobo feroz que te vea mejor, te escuche mejor y te coma mejor". Carecían de mucho sentido para mí aún en esos momentos. Sasuke había demostrado que poseía todas esas cualidades pero no recordé aquellas palabras por esa razón, simplemente se cruzó por mi mente la idea de que no importaría ser frágil ante él.
Ese pensamiento me hizo sentir el corazón más acelerado aún. ¿Por qué esas ideas estúpidas y locas me venían cuando le miraba a los ojos? Se sentían como los pensamientos de una estúpida chica enamorada, y se suponía que yo no lo estaba.
Sasuke seguía mirándome fijamente mientras sus labios se mantenían firmes en una sensual mueca que hizo que mis piernas temblaran con discreción.
-… – Sasuke apoyó sus manos en el escritorio y echó su cuerpo hacia adelante como si estuviera buscando observarme mejor. – ¿A qué has venido exactamente, Sakura? – Preguntó en un susurro que me erizó la piel.
¿A que había ido? Había ideado una perfecta coartada sobre que responderle en caso de que él preguntara, ¿no? No… ¡NO! ¡Qué mierda iba a responderle!
-Yo… – Mis labios se separaron y se volvieron a unir por qué no salió nada de ellos. No sabía que decir.
Carraspeé y me preparé para responderle algo sencillo como: 'Quería saber cómo estabas, ó, Yo sólo pasaba por aquí y…' Pero sabía que era muy estúpido.
-¿Y bien? – Tamborileó los dedos en su escritorio, impaciente. Pero aquella sonrisa no se borraba de su rostro, como tampoco la forma en que me miraba. Fuerte, dominante, Uchiha.
Sabía muy poco acerca de postura corporal, pero conocía mucho acerca de Sasuke. La forma en que me miraba, la forma en que sonreía torcidamente, la forma en que su cuerpo señalaba hacía mí. Sabía muy bien que Sasuke usaba esa sonrisa perfecta para fines perversos.
No podía decir que tan cierto era que él tenía curiosidad por saber porque estaba yo allí, pero aparentemente él ya suponía una respuesta y él simplemente quería que yo respondiera para confirmarlo.
No pude evitar que una pequeña risita saliera desde mi garganta.
-¿Qué es lo que quieres que te responda exactamente, Sasuke? – Le cuestioné cruzándome de brazos.
Yo también podría jugar el juego que él ejercía sobre mí. Si quieres seducir a una persona, primero empieza por su mente. Dejé que mi cuerpo se relajara en la silla y al igual que mis brazos, crucé mis piernas lentamente como sí de paso acariciara mis piernas.
-La verdad. – No apartó su mirada de mí ni por un segundo.
-Sólo quería verte. – Me encogí de hombros. – ¿Hay algún problema con eso?
-Ninguno. – Bajó su mirada a mis piernas sin una pizca de disimulo. – Y… – Pasaron breves segundos hasta que volvió a mirarme a los ojos. – Yo también moría por verte. – Me aseguró.
-Sí, eso dijiste por teléfono. – Recordé.
-Es la verdad.
-Me estás viendo. – Bajé sugerentemente la mirada por mi cuerpo y en un pestañeó le volví a mirar a él.
-Lo hago. – Asintió volviendo a fijar su mirada en mis piernas.
-Y... – Mordí mi labio inferior. – ¿Me veo bien?
-Malditamente bien. – La rapidez con la que respondió no dejó lugar a dudas de que decía la verdad... O quizá sólo era muy bueno mintiéndole a una mujer. No quise preocuparme demasiado por ello.
-Extrañaba eso de ti. – Le sonreí.
-¿El qué? – Elevó sus cejas de una forma que me pareció adorable.
-Esta forma de intentar seducirme tan tuya. – Respondí sin rodeos.
-¿Intentar seducirte? – Preguntó sorprendido.
-Por favor, ¿cuando has hecho un cumplido sobre mi?
-Lo he hecho. – Se defendió.
-Bien, rectificaré la pregunta: ¿Cuándo has hecho un cumplido SINCERO sobre mí? – Enfaticé las palabras para que no pudiera evadir responderme.
-Hmp. ¿Estaba funcionando? – Cuestionó cruzándose también de brazos.
-Tal vez. – Descrucé mis brazos y apoyé el codo del brazo izquierdo en el reposabrazos mientras jugaba con un mechón de cabello enredándolo entre mis dedos.
-¿Tal vez? – Repitió.
-Tal vez sólo olvidaste que soy igual que tú. – Sobraban las explicaciones, él entendía bien.
-Hmp. – Sonrió ampliamente. – Puede que sea tantito peor, pero aún no te has dado cuenta. – Se levantó de la silla y caminó por la oficina lentamente. Hola de nuevo, maravilloso trasero de Sasuke Uchiha. No pude evitar seguirle con la mirada. Sasuke caminó hacía un lado de la repisa y sus libros. Oculto junto a un libro de administración, estaba una botella de whisky y 2 vasos, ¡Inclusive hasta tenía una hielera de cristal! No lo habría notado antes, de no ser que rumbo a ello fue el camino que tomó Sasuke. Sirvió los vasos y caminó de regreso frente a mí. Me ofreció un vaso y se recargó en el escritorio, de pie frente a mí.
-Vaya... – Dije tomando el vaso entre mis dedos. Moví suavemente el vaso de un lado y del otro mientras un suspiro salió de mis labios entre abiertos. – Estás... Muy bien equipado. – Sasuke llevó el vaso a sus labios y bebió un trago mientras asentía. – Hasta tenías 2 vasos listos. – Carraspeé - Y... Venías directo hacia aquí… con Karin. – Susurré a penas lo suficientemente bajo como para que él a penas y lo escuchara.
Sasuke dejó su vaso en el escritorio mientras tocía obviamente tras haberse atragantado con el whisky. Llevé el vaso a mis labios y bebí casi medio vaso del líquido ámbar, primero me secó la garganta de una manera rasposa y después lo sentí delicioso. Lo primero que vi al apartar el vaso de mi, fue la marca de labial que había dejado en él mientras ignoraba a Sasuke aún tosiendo.
-Hmm… – Sasuke carraspeó.
-¿Estás bien? – Le pregunté haciéndome la inocente.
-¿Qué...? – Dijo carraspeando con una mueca de sufrimiento.
-¿Que sí estás bien? – Repetí mientras bebía de nuevo de mi vaso, esta vez sí que le miraba.
-Hmp. El par de vasos siempre ha estado aquí... – Me informó, ignorando mi renuencia a responderle lo que quería.
-Oh, y Karin también. – Susurré, de nuevo.
-Hey, hey... ¿Qué te hace pensar que Karin iba a venir a mi oficina?
-Es tu secretaria... – Obvié. – Te estaba ayudando, ¿No? – Pregunté mirándole retadoramente. – Además ni que fuera la primera vez que se quedan solos... Hasta te acompañó en aquel viaje de negocios que...
-Hmp, ¿escucho celos en tu tono de voz? – Cuestionó arqueando una ceja.
-Ni una pizca. – Desvíe la mirada de él a lo poco que restaba del líquido en mi vaso.
-Hmp.
-Hmp. – Repetí su monosílabo.
-Sakura, creí haberte dicho que no volvería a repetir ese error. – Hizo una mueca de desagrado.
-Lo sé. – Le sonreí con sinceridad. – Sólo bromeaba. – Alcé mis manos en señal de derrota.
-Hmp. Eres una completa molestia.
-También lo sé. – Susurré.
Sasuke terminó de beber el líquido en su vaso y me observó fijamente mientras yo no buscaba que hacer con mis manos que jugueteaban nerviosas con el vaso.
-Sasuke Uchiha nunca repite errores. – Sonreí.
Cerré mis ojos con fuerza mientras bebía el resto de mi vaso de un solo golpe. Sentí un pequeño cubo de hielo derritiéndose en mi boca y bajé de nuevo el vaso a mi regazo mientras abría mis ojos. Sasuke estaba parado justo frente a mí, con el rostro a sólo centímetros del mío.
-Tienes… – señaló mis labios. – Algo…
Su cercanía me puso nerviosa, tanto que me costó trabajo reaccionar, y de buscar a lo que se refería ni hablamos. Sólo la sensación helada de algo resbalando de mis labios hasta mi barbilla fue lo que me hizo darme cuenta de a qué se refería. Una gota del vaso de Whisky se había escapado de mis labios y estaba abriéndose camino por mi rostro.
Subí una mano para limpiar con el dorso mi barbilla, pero sentí una presión en mi muñeca. Sasuke bajó mi mano con la misma velocidad con que la subí. Antes de que yo protestara, él susurró: Yo me encargo. Y llevó sus labios a mi barbilla. Lamió la gota de vino con la punta de su lengua y se apartó de mí sin hacer nada más.
-Delicioso. – Susurró mientras relamía su labio inferior. Me miró de nuevo con los ojos entrecerrados. Él definitivamente era mejor seduciendo que yo.
-… – Abrí los labios sólo un poco sorprendida.
-¿Qué?
Puse los ojos en blanco tratando de contener mi nerviosismo.
-Bueno, Sasuke. – Llevé mi dedo índice a la comisura de mis labios y limpié la humedad que había quedado en ella. – Esa fue una buena táctica, pero…
-Cállate, Sakura. – Sasuke me tomó con fuerza por la nuca para acercarme a él. Sonrió para mí una vez más curvando sus labios de lado antes de estrellar sus labios contra los míos. Sasuke enredó sus dedos entre los mechones sueltos de mi cabello y con la mano libre puesta en mi hombro derecho me obligaba a quedarme quieta. El beso era jodidamente demandante, furioso. Y me gustaba, en serio me gustaba. Sus labios delineaban los míos a fuego lente. Mordió, lamió y succionó de mi labio inferior a su antojo. Mis 5 sentidos despertaron de una manera perfecta para permitirme sentir y retener todo cuanto pudiera. Mis labios igualmente saboreándolo, mis oídos pendientes del compás de nuestras respiraciones, mis ojos entreabiertos maravillados por la cercanía de él, el aroma de su perfume inundó mis fosas nasales y mis manos aferrándose a sus hombros con fuerza, porque a pesar de que yo estaba sentada y él de pie inclinado hacia mí, yo sentía que podría desvanecerme en cualquier instante.
Me encanta la forma en que sabe despertar esos 1000 demonios que llevo en la mente.
Un ruido fuerte de un relámpago nos sobresaltó a ambos obligándonos a separarnos.
Me costó unos largos segundos darme cuente de que estaba respirando por la boca y de que mi pecho subía y bajaba exageradamente. Sasuke, por otra parte, se encontraba aún inclinado hacia mí, pero se veía jodidamente bien. Irresistiblemente bien, para ser exactos.
-Uff… – Exhalé.
-Parece que lloverá. – Susurró, como sí nada. Señaló con su cabeza hacía detrás de él.
-Así parece – Observé por el ventanal panorámico. Estaba terriblemente nublado y no faltaba mucho para que se desatara la tormenta que se había estado formando.
La suavidad de los labios contra mi frente me hizo sobresaltarme, de nuevo.
-Al mal tiempo, buen sexo… – Susurró.
Mi corazón se detuvo brevemente antes de que pudiera razonar sus palabras.
-Sasuke… cuando preguntaste a qué vine… yo no vine para esto…
-Lo sé. – Ladeó la cabeza.
-Sólo… en verdad te extrañaba. – No pude mentirle.
-Sabes, Sakura… – Me miró de nuevo con esas orbes negras que parecían mirar a través de mi. ¿Cómo mentirle a la mirada más jodidamente baja bragas que había conocido alguna vez en mi vida? – Sí mal no recuerdo… dijimos que no había problema en hacerlo cuando nos viéramos siempre que los dos quisiéramos...
-¿Qué te hace pensar que yo quiero? – Me encogí de hombros en un gesto de fingida inocencia. Mierda, claro que quería. Sobre todo en ese momento después de ese jodidamente perfecto beso.
-Créeme, Sakura… – Delineó mis labios con su dedo pulgar. – Sé que lo quieres tanto como yo.
-Quizá más que tú. – Le tomé de la camisa y lo jalé de nuevo hacía mi pero no conseguí besarle. Un ruido lejano, tranquilizador y débil llamó mi atención distrayéndome de lo que estaba pensando hacer. Observé a Sasuke dudando sí preguntarle qué era aquel ruidito. Sasuke contempló hacia ambos lados en su oficina un par de veces pero deteniéndose brevemente de mi. – ¿Qué es…? – Susurré escuchando como el ruido se detenía. Oh, extraño. Acomodé mi cabello sintiendo algunos mechones pegándose en mi cuello por la humedad de mi sudor pese a que la oficina de Sasuke tenía aire acondicionado y estaba dándome casi de frente. A penas algunos segundos después el ruido volvió a llenar la oficina de una manera alarmante. – ¿Dónde…?
-En tu bolso, Sakura. – Sasuke apuntó el bolso pequeño que había dejado en una silla a mi lado. ¡Oh, ahora voy a quedar como idiota con él! ¿Cómo es posible que no reconozca el sonido de mi propio celular? Qué estúpida. Tomé el bolso rápidamente y saqué mi celular suspirando de fastidio. La pantalla se iluminó mostrando el nombre de 'Naruto' debajo de las palabras: 'Llamada Entrante'
-Es Naruto. – Le anuncié a Sasuke mientras contestaba la llamada y llevaba el teléfono a mi oído derecho. – ¿Hola? – Dije con sincera felicidad.
-Sakura, ¿Cómo están todos?
-Oh, Naruto, – Respondí en cuanto pude hablar. – Estamos bien, todos extrañándoles. – Sonreí para mi celular como si Naruto pudiese ver a través del auricular – ¿Cómo estás tú, cómo está Hinata?
-Estamos bien. – Respondió. – ¿Estás con los chicos desayunando? Espero no olviden nuestra tradición sólo porque yo no estoy.
Oh, los chicos. Cierto. Había olvidado avisar que llegaría tarde a desayunar… o no. Definitivamente tenía que avisar a alguien para que no ordenara mi desayuno, ni el de Sasuke. Obviamente no diría en donde me encontraba. Ellos creían que sasuke llegaba el lunes y yo tendría que decirles que estaba en otro lado o Ino comenzaría con sus especulaciones estúpidas pero ciertas. Era capaz de llamar a la oficina de sasuke o a su celular para fastidiar a cada rato.
-De hecho voy un poco retrasada. – Mentí. – Tal vez no vaya.
-¿Por qué? – Su voz sonaba alarmada. – ¿Pasó algo?
-No, sólo que… – Podría decirle a él, ¿no? Naruto no estaba en la ciudad ni sabía o intuía algo de Sasuke conmigo, así que: – Estoy de visita en el trabajo de Sasuke.
-¿Es cierto? – Escuché una risita infantil salir de sus labios. – No me digas.
-Así que no creo ir a desayunar con los chicos hoy. – Suspiré. – Les avisaré a penas cuelgues para que no me esperen.
-¿Así que estás con Sasuke en su oficina?
-Claro. – Asentí. – ¿Tú dónde…?
-Salúdale de mi parte, – Susurró poco antes de colgar. – adiós.
-Uh… de acuerdo. – Susurré para mí misma. – Eso fue…
-¿Extraño? – Sasuke terminó la oración por mí.
-De hecho, lo fue. – Asentí mientras guardaba mi celular de vuelta en mi bolso. – ¿Qué más da? – Dije levantándome de la silla.
Mordí mi labio inferior y en mi mente sólo preguntaba ansiosa: ¿podemos continuar ahora?
-Bien, podemos irnos ahora…– Le informé.
-¿Irnos? – Arqueó una ceja mirándome como sí yo hubiera enloquecido. Me tomó con fuerza por la cintura provocando que chocara mi pelvis con la suya. – ¿Por qué quieres irte ahora que me tienes tan ansioso? – Susurró con su aliento rozando mis labios.
-A dónde quieras… – Susurré.
-¿A dónde?
-A mi departamento, a tu casa… a donde quieras. – Sentía que me estaba faltando el aire y me mareaba el hecho de estar tan cerca de los labios de Sasuke y estarle besando aún.
-¿Y porque no aquí?
-Es tu oficina. – Obvié. – No podemos… hacerlo aquí.
-¿Por qué no? – Cuestionó de nuevo aferrando más sus manos en mi cintura.
-No está bien. – Observé el lugar, buscando. Lo más cómodo que encontré allí era su sillón en forma de 'L' pero no creía posible que…
-Tú lo has dicho… – Sasuke interrumpió mis pensamientos. – es mi oficina. Puedo hacer lo que quiera aquí.
Sentí mi cuerpo temblar de la excitación.
-Cuando hay ganas, el lugar es lo de menos. – Susurró contra mis labios. – Sakura…
-… Yo…
Me sentí jodidamente excitada. No pude hacer nada contra la humedad que comenzó a hacer acto de presencia entre mis muslos.
-La puerta… – Susurré. – Alguien podría entrar.
-Es domingo Sakura… – Respondió. – Al menos en este piso no hay nadie más que tú y yo.
-¿Y si alguien…?
-No hay nadie… – Acercó sus labio aún más a mí.
Una de sus manos descendió lentamente hasta mi trasero. Oh, santa mierda. Y cedí. Asentí para él porque yo era débil ante su tacto. Decidí mandar todo a la mierda y hacerle caso a mi instinto básico que me pedía a gritos lanzarme de nuevo sobre Sasuke y cogerlo sin descanso. Porque no sólo mi corazón lo extrañaba, cada célula y fibra de mi ser y cada órgano reproductor ansiaba por él.
-Pero antes… No les avisaste a los chicos. – Sasuke señaló mi bolso, de nuevo. – Y no sé tú, pero creo que esto nos tomará un buen rato. – Me soltó de su agarre provocando que yo sintiera un leve frio por la separación de su contacto.
-¡Mierda, es cierto! – Saqué el celular de nuevo sintiéndome torpe, olvidadiza y agradecida con Sasuke porque no se estuviera burlando de mí como debía.
Marqué al celular de Shikamaru. Probablemente en el fondo sabía que él sería el único al que podría decirle y no me llenaría de preguntas. Ino no dejaría de jugar con mi mente hasta que yo dijera algo de lo cual podría arrepentirme después.
-¿Hola? – Shikamaru respondió en seguida.
-Hola. – Saludé. – Shikamaru, ehh… no voy a poder desayunar con ustedes hoy. – Las palabras salieron lentas y bajitas de mi boca, como si de una tortura se tratase. Me sentí peor que cuando le hablaba a mi mamá para decirle que había reprobado alguna materia de la escuela media. Así de torpemente culpable.
-Hmm, ¿todo bien?
-Sí, sólo estoy… algo ocupada… – Mentí. Aunque no del todo. Realmente moría por ocuparme en Sasuke, en nosotros.
-De acuerdo. – Respondió. – Nos vemos luego…
-Gracias. – Colgué el teléfono. Algo extraño oprimió mi pecho. Rara vez tenía intuiciones fuertes, pero cuando aparecían siempre resultaban acertadas. ¿Y qué más daba? Lo arriesgado suele ser más rico.
Aventé el celular en alguna parte, poco importaba dónde. Sólo escuché el ruido que hizo al caer en el sillón del cual acababa de levantarme. Enrollé mis brazos en el cuello de Sasuke y le besé con urgencia y desesperación. Sasuke en lugar de sorprenderse o molestarse por mi gesto, no perdió el tiempo y asentó sus manos en mi cintura.
Qué importaba ya. Todo pensamiento negativo que me hiciera dudar se desvaneció de mi mente. Sasuke podía hacer con sus labios que yo olvidara todo lo malo que se me podía ocurrir. Su lengua terminó con mi moral y me aferré aún más a sus hombros en cuanto mis piernas comenzaron a fallarme.
"Y es así como algo tan pequeño como una lengua puede controlar todo un sistema nervioso."
Sasuke llevó sus manos a mi trasero y me alzó. Por puro instinto tuve que enredar mis piernas en su cintura, pero esto sólo provocó que la falda que llevaba se enrollara y se elevara más allá de mis piernas. Mis bragas y muslos quedaron a la vista y contacto de él y eso fue el detonante para nuestra perdición. Sasuke caminó conmigo, sin despegar sus labios de los míos, hasta su escritorio y me dejó caer en la sentada en él. Ni siquiera tuvo que tirar papeles o algunas otras cosas de papelería al suelo, su escritorio estaba casi vacío y no hubo impedimento alguno para que yo me acomodara bien en la madera. Se separó de mi lo suficiente para permitirme observar como desabrochaba los botones de las mangas de su camisa.
-Luces ansioso. – Susurré juguetonamente.
-Lo estoy. – Abrió su camisa sin apartar la mirada de mi y se la quitó tan rápido que ni siquiera él se preocupo por ver en qué parte terminó su blanca y limpia camisa. Se acercó de nuevo a mí mientras yo mordía mi labio inferior. Sasuke me tomó de la barbilla y con su dedo pulgar me obligó a liberar mi labio de mis dientes.
-Te estás encargando de algo que me corresponde hacer a mí. – Susurró acercándose a mis labios.
-No te veo haciéndolo. – Repliqué.
Él no respondió. Simplemente se acercó de nuevo a mí y tomó delicadamente mi rostro entre ambas manos. Acarició con los pulgares mis mejillas y finalmente mi labio inferior. Me dio un rápido beso y finalmente mordió con suavidad mi labio inferior.
Bajé mis manos a su pantalón y comencé con la labor de desabrochar su cinturón. Sasuke llevó ambas manos sobre las mías impidiéndome que siga con mi cometido.
-Las damas primero. – Susurró mientras tomaba la parte baja de mi blusa y me la quitaba con rapidez.
-¿Vamos al sillón? – Susurré viendo como sus ojos se oscurecían ante mí.
-Mierda, no. – Respondió secamente. – Cómo las extrañé. – Susurró acercando sus labios al nacimiento de mis pechos.
Reí por el comentario mientras él no se preocupó en ningún momento por buscar el broche de mi sostén, en su lugar, simplemente subió el sostén hasta arriba de mis pechos para liberarlos y dejarlos expuestos a él.
-… Y ustedes a mí. – Susurró con la respiración agitada.
Sasuke bajó su rostro a mis pechos y un involuntario gemido salió de mis labios ya entre abiertos. Rodeó uno de mis pezones en su lengua y succionó de mi pecho con desesperación.
¡Mierda! Esa lengua…
-Hmm…– Gemí sintiendo un cosquilleó recorriendo todo mi cuerpo. Me tomó por la cintura con la mano derecha para acercarme a él y con la otra mano acarició mi otro pecho. Sasuke lo tomó con algo de rudeza y lo estrujo sin reparos. ¡Oh mierda! Claro que yo también lo extrañaba. – Ahh… – Exhalé sintiéndome ya demasiado excitada. Mis manos se aferraron con fuerza a sus hombros. Sasuke se separó de mí brevemente, sólo lo suficiente como para llevar sus labios en atender el otro pecho. Le dio un pequeño y suave mordisco a mi pecho provocando que yo enterrara mis uñas en la orilla del escritorio. La forma tan poco delicada en que me tomaba me hizo sentir demasiado ansiosa. Lo aparté de mí lo suficiente como para poder quitarme el sostén y tomándolo del rostro pegué mis labios contra los suyos, de nuevo. Nuestras lenguas se encontraron de una manera jodidamente perfecta. No pude evitar gemir de nuevo cuando sentí como enrollaba su lengua con la mía de la misma forma que lo había hecho en mis pechos.
-Te necesito ya… – Susurré en cuanto me separé de él.
-Entonces, permíteme… – Me tomó de la cintura y me bajó del escritorio. Abrió el cajón que estaba hasta abajo en el escritorio. Sacó un paquetito plateado y lo abrió con sus dientes tan rápidamente que hizo que mis piernas se sintieran como de gelatina.
-El sillón, por favor… – Susurré casi rogándole.
-¿No preferirías aquí? – Preguntó sin apartar la mirada de mí mientras cubría su miembro con el preservativo. Lo había hecho tantas veces que lo estaba haciendo sin siquiera verlo. – Aquí tendremos una maravillosa vista de la ciudad. – Susurró mientras me tomaba del brazo. – Vamos, Sakura. – Susurró. – Tengo la necesidad de sentir esa presión de tus piernas en mi cintura cuando estoy completamente dentro de ti. – Se dejó caer en la silla y me jaló hacía él para que quedara sentada sobre él. Alzó mis caderas sólo lo suficiente como para que él entrara sin interrupciones en mi de una sola y certera estocada. La unión de nuestros sexos se sintió tan increíble que fue inevitable, ambos gemimos audiblemente. Por dentro, esperaba que lo que él me aseguró acerca de que no había nadie fuera verdad, hubiera muerto de pena si alguien hubiera escuchado el gemido que salió de mis labios.
Mi cuerpo entero recibió con gusto a Sasuke, estaba listo para recibir lo que fuera que este hombre tenía para darme. Me sentía en el cielo. Me aferré a mis hombros sintiéndome dichosa de la relatividad del espacio-tiempo. Estaba allí. En ese preciso momento en el cual el mundo no se detenía ni dejaba de girar por ningún motivo, yo estaba allí. En los brazos de Sasuke… envuelta entre sus extremidades. Y no quería apartarme por ningún motivo. Sasuke me tomó de las caderas y me obligó a moverme por todo el largo de su bien erecto pene.
-¡Aahh! – Gemidos comenzaron a salir de mis labios, uno tras uno. – Hmm… Sasuke…
Definitivamente quería quedarme allí.
-¡Sa… Sakura! – Gruñó mientras me ayudaba a subir y bajar.
Miré por detrás de su hombro y de la enorme silla de cuero que nos servía de 'cama'. El ventanal de Sasuke me regaló una perfecta vista de la tormenta que estaba empezando.
-¡Ahh! – Sasuke subió con más rapidez sus caderas para penetrarme más profundamente. – ¡Mierda…! ¡Sasuke!
La ciudad entera seguía moviéndose mientras nosotros también lo hacíamos. Subía y bajaba al compás de lo que nuestros cuerpos exigían. Me aferré a sus hombros sintiéndome dichosa, completa.
-¡Sasuke…!
Entre sus brazos todo se sentía mejor y más placentero. Inclusive podríamos estar debajo de la lluvia, pero mientras estuviera entre los brazos de Sasuke no habría problema alguno.
Ninguno.
Así que me sorprendió cuando cerré por unos segundos los ojos y al volverlos a abrir me encontré con un cambio en mi panorama. Más allá de la enorme ventana que servía para contemplar la ciudad mientras Sasuke trabajaba, esa ventana estaba hecha de cristal. El cristal podía… reflejar cosas, ¿no? Porque a través del cristal, más bien sobre él, fue imposible no notar que alguien había abierto la puerta de la oficina.
El cuerpo de Sasuke tensándose definitivamente no fue una buena señal. Su cuerpo se puso tan rígido que primero pensé que se había corrido, pero deseché la idea al sentirlo aún duro y clavado en lo más profundo de mi interior.
-No te muevas… – Susurró en mi oído.
-¿Qué? – Susurré.
-¿Sakura-chan? – Una ronca voz me hizo ponerme igual de rígida. No fue tan evidente para mis ojos a través del cristal como lo fue para mis oídos al reconocer esa voz. No cavia duda alguna. Naruto había sido quien abrió la puerta de la oficina, y no sólo eso, Naruto acababa de descubrirnos mientras teníamos sexo.
¿Dónde quedaba la educación, porqué no tocó a la puerta y…? No había excusa alguna…
Acabábamos de ser descubiertos rompiendo los límites inquebrantables de Naruto, peor aún… no era la primera vez y él nos había descubierto
¡Mierda!
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Yo sé, yo sé. Me odian por no haber subido capitulo en más de 2 meses. Los asimilo y comprendo porque me mandaron los reviews con las palabras mágicas: VAGA INMUNDA, SUBE CAPITULO Y DEJA DE ESTAR ECHADA SIN ESCRIBIR! Y hasta con amor 3 y aún así tuve la indecencia de no subir capitulo.
Sólo puedo decir: ¡PERDÓNENME! No me odie, porfi :(
Realmente trataba y trataba pero la escuela y mis nuevas y recientemente adquiridas: "guardias nocturnas" no me dejaban mucho valor y energía para escribir (teclear) justo cuando tenía tiempo libre mis ojos se cerraban y demandaban dormir… :(
Sin embargo, quise subir un capítulo más o menos largo para compensar la espera… y a las personas que me pedían: ¡Que ya se compliquen las cosas! He aquí, ese capítulo.
¿Qué les pareció? De todas las personas que lo sabían o intuían… Naruto los vino a descubrir en el mero acto JAJA
Déjenme su review comentándome que les pareció, porfi. Créanme que los tomo mucho en cuenta. Inclusive los mensajes privados (sobre todo esos mensajes amenazantes que tuve en este último mes por no subir capitulo) es gracioso, porque mi mejor amiga me mandó un mensaje amenazador donde decía: '¡Sé dónde vives!' y amigos, ella sí sabe donde vivo. D:
Bien, coméntenme que les pareció el capitulo. Ya sé como se viene el que sigue así que espero que sea menos complicado de elaborar entre descanso y descanso. Créanme que me fue más difícil a mi no poder subir capitulo. La culpa no me dejaba dormir en paz y pensé, en serio, cederle mis ideas y cuenta a una amiga que tiene tiempo para que ella redactara estas locuras por mí, pero luego pensé: Al diablo, la historia es creada de la forma en que yo la voy imaginando. Nadie más puede pedir de una forma más adorable que yo: "Porfis reviewwseenme diciendo que tal este capítulo, si les gustó, si no les gustó, si lo odiaron, si me odiaron, si lo amodiaron…."
Así que ya saben ;) sólo ténganme paciencia, yo prometo que no puedo dejar esta historia inconclusa o no podré vivir en paz nunca más. :*
Gracias por la espera, y espero lo disfruten.
Aún pueden mandarme él: VAGA INMUNDA, SUBE CAPITULO Y DEJA DE ESTAR ECHADA SIN ESCRIBIR, con amor.
Nos estamos leyendo. Reviewseenme y como siempre espero sus consejos y críticas constructivas.
Besos :*
AngelliH.
