Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto

█ █ █ █ █ Derechos reservados █ █ █ █

Angiie


-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

De la decepción.

"A veces el pasado vuelve al presente porque quedó una historia pendiente."

-No-puede-ser. – Dije para mí misma en el momento mismo en que el planeta dejó de girar a la velocidad constante y todo se volvió como en cámara lenta para mí.

¿En serio? Es ¿EN-SERIO? – Fue lo primero que cruzó por mi mente cuando por breves segundos mi mirada se encontró directamente con los ojos grises de Sasori, y fue en ese mismo instante en que mis ojos y labios se abrieron sorprendidos y mi corazón comenzó a latir descontrolado. Por alguna razón también dejé de respirar por breves segundos. Y luego… maduramente esquivé mi mirada de él.

Conocía mi cuerpo tan bien como mis reacciones, y sabía que el hormigueo que recorría mis mejillas era por un sonrojo formándose en mi rostro debido a la adrenalina del momento. A eso, o quizá el alcohol que estuve tomando momentos antes en la mesa fueran la causa. Y bueno, conocí al idiota de Sasori tan bien mientras estuvimos juntos, que casi podía apostar que su arrogancia le haría pensar que lo que me pasaba era debido a su patética presencia. Y no es que mi posible sonrojo fuera a pasar porque se tratara de él, es decir… lo recordaba sexy, increíblemente sexy, pero en esos pocos segundos que le había podido mirar… no vi nada.

Quizá ya no era tan atractivo, quizá ya había engordado…

Suspiré cruzándome instintivamente de brazos. ¿Cómo era posible que hubiera una persona con tan mala suerte en este planeta?… Yo. Era el colmo. Estaba saladísima en cuestiones de hombres… bueno, casi… ¡AL DEMONIO! La verdad, si lo estaba.

-Tienes que estar bromeando. – Pensé mientras mis manos comenzaban a sudarme por los nervios mientras trataba disimuladamente de cubrir mi rostro con algunos mechones sueltos de mi cabello. Mi mirada desvariaba sin rumbo exacto, sólo esquivándole a él pero al mismo tiempo intentando con sutileza verle de reojo. Necesitaba comprobar que no estaba enloqueciendo y que se trataba de él, pero estaba en un 85% segura de que no estaba equivocada, y que necesitaba salir huyendo de ahí. Necesitaba una distracción. Así que seguí buscando por mí alrededor algún medio de escape, algo que distraiga, algo… alguien. Pero… no había nada, ni nadie conocido. Ni siquiera alguien que pueda ayudarme a escapar de él…

¿Escapar, porque? La voz interna y coherente en mi cabeza se mantenía firme ante la situación. Es raro y extraño que Sasori esté precisamente en este lugar, pero…

Lo medité un par de segundos más y luego maduramente pensé: Es completamente absurdo, todo debe ser producto de mi muy alocada y recientemente absurda imaginación. O más bien, del vino. Ni siquiera puedo recordar cuantas copas ya tomé. Con razón tengo tantas ganas de encontrar un baño…

Decidida a que la causa de mi alucinación con Sasori se debía a una prematura embriaguez, decidí que necesitaba saber el nombre del vino para comprarlo y beberlo tranquilamente en casa, sola. Si me provocaba alucinaciones tan realistas, quizá podría beberlo e imaginar a Sasuke bailándome o algo así.

Suspiré sabiendo que estaba enloqueciendo poco a poco. Pero de igual manera decidí comprobar que en verdad nada era real en ese momento. Llevé una de mis manos al brazo contrario y delicadamente me di un discreto pero duro pellizco en él.

-¡Auch! – Me sobresalté tallándome avergonzada el lugar en donde me había herido a mí misma.

-Oh, ¿estás bien? – Escuché la suave voz de Sasori pronunciando cerca de mí.

De acuerdo, era completamente improbable que el vino provocara esas alucinaciones tan exactas.…

Y entonces lo supe. Era oficial. No estaba alucinando y tampoco estaba ebria.

¡QUÉ ALGUIEN MÁS ME PELLIZQUE! Por favor… ¡Esto NO puede ser real! Esto es sólo un… un sueño. ¡Debe ser un sueño! – Si, estaba en peligro, pero mis dramas mentales sólo empeoraban con esto. En mi cabeza se libraba una parodia digna de una comedia. Porque esa parte madura me pedía enfrentarme valientemente a lo que sea que viniese a continuación, pero la parte menos sensata, esa parte irracional que me precipitaba a actuar sin antes considerar las cosas, me pedía que me fuese lejos, tan lejos como mis pies me lo permitiesen. Esa parte tenía una buena coartada: Sí de verdad era Sasori quien estaba frente a mí, y sí él seguía siendo tan… él como recordaba… Yo no sabía que tan inmune me habían hecho los años a los encantos de Sasori. Es decir, yo era consciente de que ese idiota me había herido en el pasado, pero… aún podía recordar claramente el temblor de mis piernas cuando él me hablaba de forma seductora. Ahora sabía que lo hacía para conseguir lo que fuese en su beneficio, pero eso no le restaba peligro a la situación. Y luego, muy profundamente había otra parte que me reclamaba el no haberle reconocido a penas escuché su voz cuando me pasó las flores, eso me habría dado una oportunidad de escapar… Después de todo, con tan sólo haberle visto a penas unos breves segundos consiguió que mi mente reaccionara alocadamente. Es decir, más de lo normal. Después de todo, Sasori y yo no terminamos porque yo así lo quisiera. Y no sabía precisamente sí mis reacciones se debían a emoción por verle o a que la última vez que le vi le traté muy mal y posiblemente él estuviera a punto de reclamarme.

Los años lo habían hecho de cierta forma impredecible.

-…Sakura. – Abrí los ojos aún más. Aquella ronca y estúpida voz pronunció mi nombre con cierta dulzura.

La forma en que había dicho mi nombre al principio fue como con duda. La primera vez no estaba del todo seguro que fuera yo quien estaba frente a él. La segunda, cuando me ofreció las flores, fue su forma de confirmarlo. Esta tercera vez era más exigente. Como si pensara: 'Ya sé que eres tú. Vamos, di algo'

Vamos, Sakura… MIERDA, ¡di algo! – Esa poca delicada voz en mi interior trataba desesperadamente de hacerme reaccionar. – Rápido o él pensará que eres estúpida, ó idiota… O ambas.

¿Por qué ahora? ¿Por qué aquí?... ¡¿POR QUÉ A MÍ?!

-… Hey… – A penas un suave y leve sonido. Aquella pequeña versión mía que vivía en mi cabeza bufó dándose por vencida.

Todo un caso perdido.

Pero, ¿Qué se suponía que debía decir? "Lo siento, estás equivocado… yo no soy Sakura"Es obvio que él ya sabía que si era yo. Y con el estúpido numerito del pellizco fue más que evidente. Qué tal sí le decía: "Lo siento, necesito ir al baño" Tal vez… No. Quizá si le decía: 'Idiota, yo no quiero verte o hablar contigo de nuevo' No, en definitiva. Suspiré. Después de unos 30 segundos ahí parada, con la boca ligeramente abierta y las palabras aún atoradas en mi garganta, él mínimo podía pensar que estaba loca, ahora que sabía que muda no era.

-Vaya, por un momento pensé que me había equivocado. – El alivio en su voz se hizo presente. Ladeé la cabeza un poco y di un ligero asentimiento simulando un gesto de saludo, mientras discretamente me cruzaba de brazos para poder darme a mí misma un ligero nuevo pellizco. Sólo uno pequeñito.

Muy madura, Sakura. De nuevo.

-¡Mierda! – Gemí tan bajo que ni yo misma me alcancé a escuchar. Discretamente bajé la mano con que me había medio pellizcado el brazo y fue entonces que me rendí ante los hechos. Yo no estaba soñando. Era real. Frente a mi no se encontraba una alucinación de mi distraída imaginación. Era en verdad él.

Sasori.

Llené de aire mis pulmones tratando de infundirme valor.

-Sasori… – Nuevamente hice un estúpido gesto con la cabeza a modo de saludo y me sorprendí a mi misma por lo tranquila que sonó mi voz y por lo estúpida que era al seguir sin mirarle.

-Hola. – Podía escuchar una risa en su voz. Sabía que no era la de burla, más sin embargo no estaba lejana a serlo. – Realmente no esperaba encontrarte aquí... – Dijo con asombro.

-Ahh. – Salió como un susurro de mis labios. Al menos ambos pensamos lo mismo. Definitivamente encontrarlo a él es lo último que pensé que me sorprendería de esta boda.

-… – Escuché los labios de Sasori separarse e inhalar aire para hablar, pero por fortuna un nuevo ruido de multitud se formaba en el punto medio del salón.

-¿Y ahora qué? – Rodé los ojos preguntándome sí quizá la novia aventaría otro ramo, porque él que yo había obtenido seguía en el piso, a mis pies.

Una música estúpidamente lenta sonó por todo el salón. Las luces se apagaron al instante mismo en que el ruido por la música se hizo más y más fuerte y agradecí por una vez el hecho de no poder ver bien en la oscuridad.

Suspiré aliviada llevando la mano derecha a la altura de mi pecho y subí el rostro hacía Sasori encontrándome sólo con su silueta difusa. Oh, vaya. Qué lástima.

Gracias, mala visión. Gracias.

La silueta de Sasori no me daba mucha información de cómo lucía físicamente, pero no se veía tan mal. Es decir, sí no le conociera y yo fuera simplemente una típica chica que conoce a un típico chico en una típica… no tan típica… boda, probablemente le permitiría guiarme por la oscuridad y seguramente terminaría permitiendo que pasara algo más. Conociéndome a mí, ese algo más terminaría en mi departamento o probablemente en algún hotel del cual yo huiría a la mañana siguiente con la típica frase: 'Gracias por el sexo, espero no verte nunca más' Y es que eso, antes de Sasuke, se me daba muy bien. A excepción de algunas fallas, como con Lee.

Pero eso ya era cosa del pasado.

-Bien, debería irme. – Me encogí de hombros sabiendo que él no me había escuchado.

No estaba interesada en saber cómo pararía esto. Pero no planeaba pasarme el resto de la noche esperando algo ahí. No si quería probar el pastel a gusto.

Sin embargo, la curiosidad me consumió por unos segundos. Mordí mi labio inferior preguntándome qué estaría pensando él de mí en esos momentos. Porque, ahora que tenía unos cuantos minutos para poder recomponerme de esta locura de mi vida, debía admitir al menos para mí misma que este reencuentro ya había sucedido tiempo atrás infinidad de veces en mi cabeza. Por supuesto que lo había hecho. Es decir, mentiría si dijera que nunca volví a pensar en su estúpida y patética persona en todos esos años.

En mis fantasías, Sasori y yo topábamos casualmente en algún desconocido lugar al que yo llegaría acompañada de algún irresistible galán al que yo nunca podía verle el rostro, pero que a juzgar por las reacciones de las personas y el enfado en el rostro de Sasori al vernos juntos, era perfecto. Por supuesto yo tendría un cuerpo esbelto, torneado, bronceado y perfecto. Nada comparable con la chica por la cual él me había dejado. En esos años sin vernos, de alguna manera, yo habría conseguido crecer unos cuantos centímetros más, mis pechos también habrían crecido un par de tallas y se verían fabulosos en un entallado vestido negro que resaltarían mis largas y cremosas piernas. Todo mi atuendo culminaría con unos hermosos tacones negros, altos y finos, los cuales, manejaría a la perfección sin parecerme a 'Bamby' recién nacido al usarlos. Mi cabello sería más ondulado y largo que el de la chica estúpida que él se había cogido en su departamento… Yo estaría sutilmente aferrada al brazo de mi pareja y sonreiría triunfante para mis adentros en cuanto Sasori supiera que no estábamos en la misma sincronía. Porque yo estaría tan fabulosa que sería la representación en carne y hueso de las fantasías eróticas de mi ex novio en ese momento. Sería tan perfecta y fabulosa que él babearía por poner un dedo sobre mí. Mordería sus labios ansiando probar los míos y se retorcería al darse cuenta que yo ya no le miraba con los mismos ojos.

Por supuesto, mi fantasía no simplemente se basaba en mis cambios físicos. Eso sólo era el inicio de todo lo demás. Ante mi presencia, Sasori se mostraría sorprendido de verme. Tanto que abriría la boca casi por completo y en seguida se arrepentiría de haberme desechado tiempo atrás de la forma en que lo hizo y luego me rogaría…No, él suplicaría, suplicaría por mi perdón. Se humillaría ante mí como el vil insecto que era, y todo con tal de que yo volviera con él.

Por supuesto, yo no quedaría muda ante su presencia, como estaba en realidad.

El final variaba según mi estado de ánimo:

a) Estaba la opción donde yo volvía a patearle con rudeza justo ahí donde más le dolería.

b) La opción donde yo finjo que no le conozco para simplemente ignorarle.

c) Y por último, pero no menos importante, donde yo finjo caer en sus encantos para después humillarle públicamente de tal forma que nunca pudiera volver a asomar su patético rostro en algún lugar del planeta, o al menos del país: Me ARROJARÍA a los brazos de aquél PERFECTO galán de cabellos negros sin rostro y le BESARÍA hasta las anginas de una forma tan jodidamente sexy y que haría enfadar jodidamente al estúpido de Sasori a tal punto de querer golpearlo. Claro que mi galán a parte de buen besador estaría en condiciones perfectas como para patear el estúpido y redondo trasero de Sasori.

Oh, que violenta y desagradable era mi imaginación cuando quería.

…Y entonces, a todo lo anterior es a lo que comúnmente le llamamos 'Expectativa'.

Esta era la realidad:

Yo, Sakura Haruno, después de casi 6 años desde la última vez que le vi… seguía completa y absolutamente igual. A penas y había crecido quizá medio centímetro… o no. Mis pechos seguían teniendo la misma talla que él bien ya conocía, ni siquiera habían cambiado un poquito. Mi vestido era lindo, Ino había hecho maravillas con mi cabello y maquillaje, pero sin él, seguía siendo la típica chica simplona cuyo único atractivo natural eran esos lindos ojos color jade. Mi cuerpo a penas y había ensanchado un poco de las caderas, pero seguía siendo esa chica delgaducha sin muchas curvas. Mis piernas no estaban mal, pero mis tacones eran lo suficientemente altos para verse elegantes, pero también lo suficientemente bajos como para permitirme caminar de un lado a otro sin tropezar siquiera. En conclusión, nada, ni un solo cabello mío había cambiado en esos cerca de 6 años sin verle. NADA.

Y la triste realidad es que en todas mis patéticas fantasías yo siempre salía triunfante porque sabía exactamente qué hacer y qué decir para hacerle sentir miserable. Como sí el reencuentro hubiera estado planeado desde un principio por mí e inclinado a mi favor. Y entonces él, quedaría desecho por completo. Justo como yo estuve en esa época idiota de mi vida cuando pensé que había perdido al hombre más importante de mi vida. Qué equivocada estuve.

El punto es que, la expectativa y la realidad nunca iban de la mano.

NUNCA.

Porque en mi cabeza había formulado el reencuentro de demasiadas formas y cada una con un final diferente a la otra. Con un mismo fin: Yo ganaría una batalla que ni siquiera existía realmente. En mis fantasías yo estaba preparada para cualquier cosa que pasara porque a fin de cuentas yo estaba segura de que lo encontraría en aquél lugar. Pero… Nunca me preparé para cómo reaccionar cuando te encuentras inesperadamente con tu ex, con aquél ex que marcó un antes y un después en tu vida amorosa.

Supongo que nunca estás lo suficientemente preparada para afrontar la tormenta.

Pero así eran estas cosas. Fantasías. Viles, irreales e imposibles. Porque no había forma humanamente posible de humillar a alguien a quien ni si quiera podía ver fijamente a los ojos en ese instante. Y no sólo por la repentina oscuridad, es decir… aunque prendieran las luces sabía que me costaría trabajo mirarle… y no estaba segura del porqué. Pensé por algunos segundos que mi miedo era debido a sus ojos, porque yo me conocía bien y sabia que sus ojos fueron alguna vez una de mis más grandes debilidades. No quería tentar al destino averiguando si aún lo eran. Pero luego recordé que en 5 años había conocido ojos mejores, cuerpos, personas, voces mejores. Sasuke por ejemplo. Si bien era cierto que a él ya le conocía de poco antes de terminar con Sasori… bueno, es una verdad absolutamente sincera que la anatomía física de Sasuke era indiscutiblemente mejor que la de Sasori... en muchos aspectos, Sasuke era mejor. Al menos unos 5 centímetros mejor que él. Y sus ojos…

-¿Puedes creerlo? – La voz de Sasori me regresó de aquella ensoñación. – Estaba tan aburrido hace poco y por un momento pensé que quizá ya era tiempo de marcharme. Suerte que no lo hice. – Oh, Sasori estaba hablando conmigo. ¿Desde cuándo? – Imagínalo, de haberme ido hace 5 minutos quizá yo no te habría visto caminar perdida por entre las damas que se disputaban el ramo.

-Aaaaaja. – Si, definitivamente no nos hubiéramos visto. Debí quedarme sentada y aguantarme la pis unos minutos más.

-Me siento tan contento ahora, mi Sakura. – Escuché su suave voz pronunciar con dulzura mi nombre mientras una de mis manos se posaba sobre mi hombro izquierdo en busca de autoprotección. Las luces se encendieron repentinamente de nuevo y mi cara ardiendo era una señal de que mi cuerpo reaccionó ante aquellas palabras que Sasori acababa de pronunciar. Aquellas palabras dichas por Sasori me trajeron estúpidos recuerdos cursis. 'Mi Sakura'. Fue inevitable para mí no recordar aquella primera vez que hablé con él. En la segunda semana de haber ingresado a la facultad de medicina, en el salón de clases, en la silla contigua a la mía. Había pronunciado las mismas palabras. 'Hola, mi Sakura' y me había tocado de igual manera el hombro para llamar mi atención aquella primera vez. Y entonces, como ahora, me estremecí por la forma posesiva pero tierna de pronunciar mi nombre. Como si desde el primer momento él supiera que yo sería suya, y él mío. Ahora era diferente. Ahora no podía permitirme caer. Pero… ¡Oh, esa maldita voz! Era suave y cálida, tranquila y parsimoniosa. Entonces recordé que en ese entonces yo creía que no había nada más delicioso que esa voz gimiendo mientras…

¡Concéntrate, Sakura!

-Sasori… – Susurré sintiendo un ardor en mi garganta. Estaba completamente seca. ¿Dónde estaban esos meseros cuando les necesitaba? Ladeé velozmente la cabeza en busca de uno, pero era como si la gente a nuestro alrededor pasara por completo de nosotros. Y así era. Si contamos que claramente en ese lugar muy pocas, demasiado pocas, personas me conocían… era como si estuviésemos solos en un planeta extraño rodeados de extraños.

Carraspeé un par de veces.

-¿Te encuentras bien? – Amablemente él preguntó. Volviendo a fijar la mirada en el suelo, asentí. Decidí concentrarme estúpidamente en algún punto y fijé la vista en las flores. No sería tan de locos fingir que yo simplemente veía las flores en el piso y no ocultándome de él.

-Yo… – Separé los labios y traté de hablar, pero mi garganta raspaba. Y seguía sin poder mirarle. Vamos, Sakura. ¡Di algo! Antes de que él piense que eres muy idiota. ¡Tan siquiera mírale ya! – Yo sólo…

Vamos. Siendo sincera, debía admitir que esto era algo de esperarse. Es decir, 5 años habían pasado y eso era demasiado tiempo sin ver a alguien. Es decir, era una gran ciudad, pero… 5 años eran mucho tiempo. Ya era justo y necesario. Y no estaba resultando ser el reencuentro que yo bien planeé en mi cabeza, pero al menos estaba siendo un reencuentro como las normas sociales dictaban: Incómodo y eterno.

Después de todo estábamos en una boda completamente irracional y este reencuentro… bueno, seguramente no sería lo peor de la noche. No, si me proponía que no me afectara en lo absoluto desde ese mismo instante.

El bullicio a nuestro alrededor comenzó a dispersarse y la música aburrida y lenta resonó por todo el lugar. Por unos breves segundos, sentí que su imponente mirada se apartaba de mí. Entonces discretamente le observé agacharse velozmente dejándome ver por unos segundos su hermoso y ondulado cabello pelirrojo a mis pies. Sus manos se detuvieron en el ramo de flores que estaba en el suelo. Ahí, agachado, le vi tratando de acomodar en su sitio unas cuantas flores que se habían desajustado del lazo que las mantenía unidas. Sasori estaba casi de rodillas frente a mí y una parte de mi subconsciente quiso pensar que tenía suficiente por un día y en esos segundos en mi mente me pregunté sí quizá ese era un buen momento para correr lejos de ahí… o no. Si. Podía tomar la dignidad que tenía y marcharme a grandes pasos de ahí. Podía dejarle solo como un idiota recogiendo flores. Podía… ¿O no? No. Sí me marchaba de ahí le dejaría una pequeña insinuación de que aún sentía algo por él. Es decir, no pasa todos los días que te reencuentras con tu ex. Bueno, siendo sincera años atrás él me hizo mucho daño… aunque… ¿Irme no demostraría que me dolió demasiado su engaño como para odiarle de por vida? Acaso yo, ¿no me vería como una ardida? Vamos, es obvio que poco más de 5 años después ya debía de haberlo superado. Se supone. Entonces… ¿Lo superé, o no? Si, definitivamente ya lo había superado. Quedarme sería una buena oportunidad para restregarle en cara lo feliz que estaba de ser yo sin él. Posiblemente, ante mis ojos tenía una buena oportunidad para vengarme. No como mis fantasías dictaban, pero al menos podría pararme frente a él y presumirle de la maravillosa vida que llevaba. Y bueno, quizá mi vida sería una excelente forma de humillarle. Claro está, que omitiría del guión mi situación amorosa.

Entonces… ¿Qué procedía?

La respuesta llegó a mí como una revelación divina. En una mesa, solo y sin dueño, una copa casi llena llamó mi atención. Y yo, fiel a mi estilo indiferente hasta el final, decidí que para todo problema, el alcohol era una buena decisión. Y tomé la copa de la mesa cercana a mí, sin importarme si quiera que alguien me viera. A penas y tuve que estirar un poco mi brazo derecho porque estábamos literalmente parados junto a aquella mesa. Bebí como posesa el contenido de la elegante copa de cristal sintiéndome agradecida por el delicioso champagne de fresa que se deslizaba por mi garganta. En unos segundos, Sasori ya estaba irguiéndose con la misma elegancia de un caballero inglés mientras yo torpemente le daba, casi aventaba, la copa vacía a un mesero que pasó, por primera vez, en el momento exacto. Sasori se acomodó el saco con elegancia y así mismo me ofreció, de nuevo, el hermoso ramo de flores que torpemente yo había dejado caer por la impresión del reencuentro.

Y entonces pasó…

Nuestras manos se rozaron de una forma curiosa. No fue un simple y accidental roce, él había aprovechado la excusa de darme las flores para poder tocar mi mano con descaro. Sus suaves manos me dejaron helada, su dedo pulgar masajeó suavemente el dorso de mi mano y fue inevitable lo que pasó después. Fue justo tras eso que mis ojos se posaron en él. Fijamente en él. No estaba segura de si el alcohol me había dado el valor, o fue la sorpresa que me provocó el roce de su mano en la mía… pero fue así como oficialmente me reencontré cara a cara con Sasori. Lo tenía justo frente a mí, lo suficiente como para observarle a detalle.

Y lo hice.

-No lo sueltes de nuevo. – Me sonrió aún rozando con sus dedos el dorso de mi mano. La suavidad de su mano provocó en mi cuerpo un ligero cosquilleo.

La sensación, la calidez, la nostalgia… todo llegó de golpe.

-Hola. – Dije ante la perfección inhumana de pie frente a mí. Me sentí idiota en ese mismo instante.

-Hola. – Sasori sonrió para mí, con esos perfectamente alineados y brillantes dientes. Y me quedé sin aliento.

Había olvidado casi por completo la cálida sensación que su voz conjunta a su sonrisa provocaba en mí, era una sensación de estupefacción increíble. Y enmarcándolo, ese perfecto rostro de rasgos finos y facciones delicadas. Era como si lo estuviera viendo de nuevo por primera vez. Esa piel cremosa, esos enormes ojos grises, esos delgados labios. Supongo que eso fue un recordatorio de porque lo soporté tanto tiempo. Su voz, su sonrisa, sus ojos, su olor, y el sexo con él eran asombrosos.

-Sa…sori. – Finalmente hablé dando un ligero asentimiento. – Cuánto tiempo sin verte. – Literalmente. Dije sólo por hablar, para demostrarle que no estaba muda o deslumbrada ante él. Pero… ¡Estaba tan deslumbrada en ese instante que me sentí torpe y estúpida dentro de mi cabeza! Había desperdiciado bastantes segundos sin mirarle. Todo era igual a como recordaba pero de alguna manera diferente. Cierto aire de elegancia y madurez brotaban de su al rededor... Y luego estaba yo. Igual de torpe, igual de distraída. Él sí que podía decir que yo estaba exactamente igual a como la Sakura que él había dejado.

-Sakura, es un verdadero placer verte de nuevo. – De repente, ignoraba cómo, mi mano derecha ya estaba envuelta entre sus suaves manos de porcelana y las flores a penas y siendo aplastadas entre mis brazos. – Ha pasado tanto tiempo... – Guió mi mano directo hacia sus labios y se encorvó a penas lo suficiente para darle al dorso de mi mano un delicado y suave beso. Esa ridícula galantería suya seguía ahí. Pero ahora la reconocía como su estúpida táctica para impresionar. ¿Pero quién era yo para impedírselo? Ya sabía que era un truco de él y eso me daba ventaja, porque no caería de nuevo ante sus encantos. Después de todo, el tiempo me había enseñado a confiar más en aquellos hombres que van al grano y te dicen lo que buscan de ti, en vez de aquellos que creen que con prometerte las estrellas te aseguran.

-Sí, han pasado... unos cuantos años. – Sonreí pacientemente esperando que liberara pronto mi mano de entre las suyas. Por su bien, por mi bien.

-¿Me creerías sí te dijera que no ha sido suficiente el tiempo… como para olvidarme de ti? – Mientras aún sostenía mi mano entre las suyas, Sasori sonrió tan maravillosamente. La sonrisa que mostró pareció llegarle hasta los ojos. Cómo si de verdad estuviera muerto de felicidad por haberme visto de nuevo.

-Vamos… – Me encogí de hombros jalando discretamente mi mano para que él la soltara. – Fueron 5 años. – Aseguré. – Estoy segura de que no has dejado que el tiempo pase en vano. Es decir, seguro has estado divirtiéndote desde entonces. – Sólo mírate. Eres de esa clase de personas que nunca tuvo problemas para buscar diversiones de una noche, como romances de meses.

Seguro él no había tardado en buscar alguna chica mejor que yo. Y yo había pasado el tiempo sólo… jugando.

Una parte de mi comprendió la preocupación de Naruto por mis relaciones promiscuas, ciertamente no eran algo digno de compartir con orgullo en una reunión social. O en un reencuentro inesperado.

-Tú sabes. – Sasori se encogió de hombros. Pero luego no dijo nada más. Quise preguntar más directamente, pero sabía que ya no me correspondía en absoluto saber algún detalle de su vida.

Ya no más.

Me recordé a mí misma: Sé que se ve absolutamente perfecto, pero no olvides que este fue el bastardo que rompió tu corazón, el idiota que se revolcó con otra tipa en su departamento y que encima te la restregó por la universidad haciéndote ver débil y urgida.

El tipo podría verse bien por fuera, pero estaba segura de que seguía siendo el mismo idiota por dentro.

Sasori suspiró y por breves segundos apartó la mirada de mí para observar el hermoso ramo de flores ya en mis manos.

-Tú… – Lo pensó unos segundos. – Tú no vas a arrojar ese ramo de flores como el último que traté de darte, ¿cierto? – Señaló mi mano izquierda la cual sostenía con fuerza el elegante ramo de flores que había recogido dos veces por mí. Sus palabras evocaron a mi memoria aquel último intento suyo con un ramo de rosas en la universidad con el cual trató de convencerme que le perdonara su escandalosa infidelidad, el cuál aventé sin consideración por una ventana.

-Básicamente no fue tu intención dármelas esta vez… – Me encogí de hombros. – Supongo que conservaré estas. – Llevé el ramo lo suficientemente cerca a mi rostro para poder oler las flores. – Son hermosas.

-Son sólo flores, Sakura. Simples y sencillas. Tú en cambio, luces grandiosa. – Le escuché decir y yo me quedé estática de nuevo con las flores aún casi pegadas a mi rostro. – Luces preciosa, Sakura. – Una sonrisa curva en sus labios provocó en mí un ligero temblor de piernas mientras él me observaba sin discreción.

¡Oh, no! Ese temblor de piernas en mí… se supone ya no le pertenecen a él…

-Y tú... – Joder, tu luces… perfecto. – Tienes un lindo... – Trasero, cuerpo, cabello. – Lindo traje. – Fue lo que salió de mis labios. En mi mente, una versión en miniatura de mi se estaba dando un fuerte golpe en la frente. Lindo traje. ¿Lindo traje, en serio?

Vamos, Sakura. Tú sabes que sin él se ve mejor. Mucho mejor.

-¿Mi traje? – Le escuché decir mientras se observaba a sí mismo. Bajé el rostro apenada e hice una mueca estúpida de frustración para mí misma. Después de todo, ni siquiera había visto su traje del todo. Color crema y corbata roja. Mmm... No sabía que el rojo le quedará tan...

-Ehh… si. – Asentí. – Te queda muy bien… el rojo… ehh, la corbata roja.

-Te lo agradezco. – Sonrió de nuevo. – Es mi favorito, ya sabes que siempre me ha gustado el rojo y… – Los labios de Sasori comenzaron a moverse con rapidez de arriba para abajo y aunque traté de entender si quiera alguna palabra, no pude del todo. No porque el ruido me lo impidiera, si no porque estaba más concentrada observando cada movimiento suyo que pretendiendo que me importaba escucharle hablar acerca de la ropa que llevaba puesta. –…Usé uno parecido cuando nos graduamos, seguro por eso llamó tu atención. – Seguía hablando con entusiasmo y yo seguía sin escucharle del todo. Sólo cierta parte de sus palabras llegaban con claridad a mis oídos. –…no sabía cuál usar así que lo decidí basándome en… – ¿Dónde se le ponía pausa a su boca? – y por eso es mi favorito.

-Lindo. – Repetí con voz fuerte sintiéndome mentirosa por no haberle hecho mucho caso.

Si, es decir, no te queda tan mal, amigo. Pero, siendo sincera… Ya sabes, a Sasuke le quedan mejor los trajes. Y sin ellos… – Negué apresurada. No era momento para sonrojarme entusiasmada o eso le subiría los humos a Sasori.

-¿Puedo decir que ese vestido negro te sienta bien? – Preguntó acercándose lo suficiente a mí mientras me observaba por completo de pies a cabeza, nuevamente. Me sentí incómoda y algo abochornada ante su mirada. Después de todo, la mirada es la única manera de tocar todo el cuerpo a la vez. Obviando el hecho de que él también sabía cómo era yo sin toda esa ropa.

-Te lo agradezco. – Me encogí de hombros fingiendo una sonrisa de agradecimiento. – Y por el cumplido de hace un momento, también.

-Oh, pero si no fue un cumplido. – La brillante sonrisa le llegaba hasta los ojos. – Realmente eres hermosa. – Llevó una mano a su cabello y lo revolvió sutilmente pero sin despegar su mirada de la mía. – Te has puesto bellísima en estos años. Realmente… – Dudó. ¿Realmente?

-Aún así… te lo agradezco. – Fue lo único que pude decir no queriendo saber que diría después.

-Realmente los años te han sentado de maravilla. – Dijo con cierta nostalgia, como sí hubieran pasado siglos.

-No exageres. – Sonreí con burla. – No ha… pasado tanto tiempo. Ya te dije, a penas… 5 años.

-5 años. – Repitió con confianza y cierta nostalgia. Como sí yo no lo supiera. Como si él se hubiera tomado la molestia de contar cada día, semana, mes en que no nos vimos. – Y no sabes cómo te he echado de menos. – Sí, claro. Una lúgubre voz en mi cabeza bufó insatisfecha.

Sasori acababa de quitarse la máscara. Estaba segura, sus palabras eran parte de alguna táctica de seducción. Eso, o la patada en los testículos que le había dado, lo había vuelto ridículamente cursi.

Y este creía que yo le creía.

-No me digas. – Sonreí secamente. En mi rostro, estaba segura, se había pintado esa sonrisa falsa que a veces tendemos a poner cuando por dentro sientes arder el cuerpo de ira. Cuando por dentro te estás mordiendo la lengua para no reír a carcajadas en la cara de la persona que cree que te está atrapando, como sí no le conocieras. Mi subconsciente me pidió que respondiera con una burla sarcástica o un: Yo no he pensado en ti para nada. Aunque no fuese del todo cierta. Pero mis niveles de antipatía y sarcasmo no llegaban a esos límites. Al menos no en ese momento. Necesitaba escuchar más.

-Sakura… – Carraspeó. – ¿Por qué no me acompañas a mi mesa? Sólo un rato. – Oh, que conveniente.

No seas tan fácil, Sakura.

-Yo… lo siento, Sasori. – Negué apretando los labios en una mueca, dudando. – La verdad es que me esperan en mi mesa… – Con un sutil gesto, ladeé la cabeza a mi izquierda. Por donde se supone se encontraba la mesa donde mis amigos aguardaban por mí. – Se supone que yo sólo iba al baño y…

-Prometo no robarte mucho tiempo. – Me interrumpió. – Sólo quiero ponerme al día contigo. Después tendremos tiempo para volver a conocernos a fondo. – Podría apostar que me estaba hablando en doble sentido. Albureándome. Sin embargo, su rostro sin una sola mueca más que en su sonrisa, me hizo flaquear. Más no por mucho tiempo. Estaba segura de que las tentaciones venían de donde menos imaginas.

-No lo sé, Sasori. – Mordí con discreción mi labio inferior tratando de pensar en alguna manera de poder librarme de la situación. – Yo no… – No he cambiado. Creo que aún soy débil. Y aún recuerdo como patear a bastardos en las bolas. – No puedo. – Créeme. Por tu bien.

-Sólo tomaremos una copa, por los viejos tiempos. – Me aseguró.

-No estoy segura. – Dije de inmediato. ¿En serio? ¿Qué parte de mí cree que quiere recordar esos viejos tiempos?

Sasori se puso serio. Casi podía jurar que se tensó de repente. Bajó la mirada hacía el suelo, justo como yo antes de poder verle.

-Entiendo. – Se encogió de hombros. – No te culpo porque no quieras verme ahora. Te entiendo. – Su mirada era como si sintiera alguna clase de pena por mí. – Yo realmente, realmente, fui un bastardo contigo en el pasado. – Oh no… no no no. Este idiota… – Lamento haberte herido de esa manera… – ¿DISCULPA? –…tanto que ahora no quieras ni estar cerca de mi… – Oh, Dios. – Admítelo… he visto como evitabas mi mirada hace un momento y...

Dios, líbrame de este mal humano… bastardo inmundo.

Bien hecho, Sakura. Le acabas de inflar un 20% más a su ego. Idiota.

-Yo sólo esperaba que me permitieras disculparme apropiadamente por haberte lastimado tanto en el pasado. – Se lamentó.

¿En serio tan importante se cree?

Es tu oportunidad, Haruno. Grítale lo patético que es, demuéstrale tu fortaleza y patéale. O mejor aún date la vuelta y déjale sólo con su patética y egoísta persona.

-Sé que te herí demasiado y…

-De hecho… estás muy equivocado. – Dije rápidamente mientras apretaba la mano que sostenía las flores. Podía sentir el crujir de la corteza quebrarse ante la fuerza que le aplicaba. – Yo sólo… decía que no puedo porque… – ¿Porque…? ¡Vamos, di algo! Ya empezaste, ahora…– Porque realmente me están esperando en mí mesa y se supone que sólo iba al baño. – De nuevo, me encogí de hombros.

-Oh. – Su expresión de pena y consternación no cambió.

-Tú sabes, yo vine acompañada y no creo que sea correcto que yo…

-¿Acompañada? – Repitió sorprendido. – ¿Quién…?

Mis amigos. Porque para ser sincera fuiste la última relación seria que pude mantener. – Claramente no podía decirle eso.

-¿Sabes qué? – Llevé la mano libre a mi cabello con rapidez para acomodar un rebelde mechón detrás de mi oreja. – Estoy segura de que podemos charlar un rato. – Le sonreí sínicamente. Veo que estás interesado en el pasado, tal vez pueda humillarte un poco con ello antes de que recuerdes preguntarme sobre mi vida amorosa. – Sólo un rato. – Le advertí.

Y bien. Sí era verdad que yo seguía siendo la misma Sakura sin cambio físico aparente… Y ya que la venganza que mis fantasías habían creado y recreado muchas veces había fallado, no veía otra solución que alardearle sobre mi felicidad a Sasori. Porque era la mejor venganza de todas. Con seguridad, nada vuelve más loca a una persona que ver a alguien teniendo una maldita vida buena.

-Excelente. – Su sonrisa victoriosa parecía decir: Te tengo. Y la mía aseguraba: Ese siempre ha sido tu error, Sasori. Creer anticipadamente en ti. Porque desde ese momento en que tú piensas que yo ya caí, es ahí, donde tú pierdes y yo gano. – Es perfecto, mi Sakura.

Sasori sonreía para mí de una forma extraña. Sí algo no había cambiado en él, es que se creía una bendición envuelta en belleza externa. Un regalo de Dios hecho hombre, con una personalidad inventada por el diablo. Era como si pensara que todas las mujeres del mundo estaban destinadas a babearse por él. Y yo me odiaba cada que sentía la baba acumularse a un lado de mi boca tras verle sonreír.

-Te sigo. – Dije haciéndome a un lado para que él nos guiara hasta su mesa. Sasori caminó a un lado mío y en algún segundo, cuando me encontraba con la guardia baja… él tomó mi mano entrelazándola con la suya. – ¿Qué…? – "¿Qué haces? Suéltame" Quise decirle.

Fue extraño e incomodo al mismo tiempo. Por más que quise evitarlo, en cuanto Sasori tomó mi mano con ese afán, yo no pude evitar pensar en Sasuke igualmente tomándome de la mano mientras caminábamos bajo la lluvia intensa dos días antes. Recordé con claridad esa sensación de mi corazón latiendo aceleradamente y mi respiración volviéndose errática y fuerte, y sin embargo, al mismo tiempo inspirándome paz.

Y luego, la mano de Sasori, provocándome un picor en la palma de la mano que me pedía que ya me soltara.

¿Cuánto tiempo más soportaría este reencuentro?

Entonces me di cuenta de que Sasori sólo caminó un par de pasos justo directo a la mesa de la cual me había robado la copa de champagne y casualmente se detuvo justo en el lugar de donde tomé la copa. Vaya… ¿Por qué estábamos parados frente a la mesa y él seguía tomándome de la mano?

-Esta es mi mesa. – Me indicó luego de unos segundos. – Por favor, – Mientras soltaba mi mano y jalaba caballerosamente la silla frente a mí para que yo pudiera sentarme. Después, se sentó a mi lado, jalando su silla hacía mi para que prácticamente nuestras rodillas chocaran por la cercanía. – Es un verdadero placer tenerte a mi lado, Sakura. – Dijo de forma arrogante. Cómo sí yo fuera un trofeo y él estuviera seguro de tenerlo, de tenerme.

-Sólo por un rato. – Le recordé.

-Bueno, yo…– Contempló la mesa en su totalidad antes de cambiar su expresión por una de absoluta confusión. Sí esa era su mesa, y ese el lugar donde estaba sentado, la copa que tomé era de… – Yo estaba bebiendo champagne… – Subió una de sus manos a su cabeza y revolvió sus cabellos rojizos de una forma tan familiar para mí. Por un segundo me recordó a cuando Sasuke revolvió sus cabellos húmedos aquél día que me siguió bajo la lluvia. – Pero no sé donde rayos dejé mi copa. – Frunció el ceño. Yo sí lo sé…– Estoy casi seguro de que estaba aquí… medio llena. – Fingí pena y desconcierto por su copa extraviada. – Supongo que ya la perdí. – Supones bien.

-Pidamos otra. – Porque la tuya no la encontrarás jamás. – Tal vez alguien la tomó por error. – Sasori asintió y con una mano llamó a uno de los meseros que estaba cerca de nosotros.

Hmm, ¿Por qué cuando yo estuve buscando uno, no había alguien cerca? Ah, sí… Bad Luck Sakura.

-Dos copas de champagne, por favor. – El camarero asintió y se dio la vuelta dejándonos solos por unos breves minutos. – Así que Sakura… ¿Cómo te ha ido? Cuéntamelo todo.

-Estupendo. – Sonreí con sinceridad. – Todo va de maravilla… en el trabajo. – ¿Era ahora el momento en qué debía hacerle creer que la vida sin él había sido buenísima? No, la verdad es que de mi vida laboral no podía quejarme. Tampoco de mi departamento. Ni de mis pertenencias, o de Gil… ni de mis amigos… El único defecto quizá era…

-¿Sigues viviendo en el mismo apartamento donde vivías antes?

-Claro. – Asentí de inmediato, casi mecánicamente.

-¿Sola? – Bueno, bueno… ¿No era muy temprano para las preguntas incómodas?

-No realmente. – Respondí con seguridad. Gilbert contaba como mi compañero de departamento, mi fiel compañero de habitación, ¿no? Pero, él no tendría que saber que Gil era la mascota. – Pero, ¿Qué tal tú?

-Tranquilo. – Se encogió de hombros. – Me he dedicado a estudiar arduamente y superarme a mí mismo, laboralmente hablando.

-Estupendo. – Asentí.

-Tú sabes, nunca he sido conformista. – Se encogió de hombros justo en el momento en que el camarero volvió con dos copas de champagne. Estupendo. Necesitaba alcohol más que nada. – De lo demás… no he cambiado. – Aseguró mientras me ofrecía una copa.

-No sé, te noto distinto. – Sonreí con cierto aire de coquetería.

-¿En verdad? – Preguntó incrédulo. – Pues sigo yendo al gimnasio por las tardes y creo que ahora sí notarías resultados. – Esa arrogancia en su voz no se iba. – ¿Lo recuerdas?

-¿El qué? – Me crucé de piernas permitiendo que mi vestido se alzara lo suficiente como para dejar que él, frente a mí, tuviera una buena vista de mis–Según Sasuke–cremosas piernas. Sasori me miró sin un poco de discreción mientras yo fingía siquiera inmutarme por su mirada sobre mí, sabiendo que por dentro la pequeña versión de mí estaba brincando de alegría mientras ac/dc cantaba para mí en mi cabeza: '…I'm on the highway to hell'. En segundos, Sasori carraspeó apartando abruptamente su mirada de mis piernas. Pequeño bastardo, ya era demasiado tarde. – ¿Decías? – Le animé con una suave sonrisa de triunfadora.

-Oh, si… – Continuó, enderezándose en su silla, recobrando la compostura. – Cuando salíamos juntos y yo iba al gimnasio, tú siempre te burlabas de mí y decías que no me estaba dando resultado. – Mordió su labio inferior por apenas un par de segundos, recordando. – Recuerdo que dijiste que no notabas cambio alguno a pesar de lo mucho que yo me esforzaba.

-Ah, eso. – Tragué saliva nerviosa. – Ya no lo recordaba. – La mano que tenía libre la llevé a mi barbilla rozándola suavemente. Estaba mintiendo. Por supuesto que lo recordaba, es decir… yo solía mirarle fijamente y le mentía al decirle que el gimnasio no le estaba dando resultado alguno mientras en mi mente me derretía por el excelente físico que tenía. Claro está, que ahora sabía también que Sasuke tiene un cuerpo casi perfecto y sin necesidad de matarse horas en el gimnasio. Sabía que él iba ocasionalmente, cuando el trabajo se lo permitía, y que sólo iba para mantenerse en forma. Pero no era como si diario estuviera ahí matándose y esforzándose hasta el cansancio. Como Sasori solía hacer. Y para no sentirme tan mal, también recordé a antiguas parejas. En su mayoría, me acosté con hombres de físicos buenos y mejores que mi ex.

-Eran buenos tiempos. – Tomó su copa y la meció suavemente. – Cada que me veo en el espejo para comprobar mis avances… pienso en ti burlándote de mí.

¡Ay, por favor…! – Discretamente rodé los ojos.

-¿Tan mala era contigo? – Me burlé.

-Supongo que no era tu intención. – Respondió.

-O tal vez sí. – Oh, ¿eso de verdad había salido de mi boca? Y aunque yo lo había dicho, no pude evitar sentirme avergonzada por breves segundos. Breves segundos justo antes de que él empezara a emitir suaves carcajadas.

-No has cambiado en absoluto. – Dijo entre risas. – Ese humor negro y sarcástico.

-No es algo que me caracterice, pero… supongo que sigue allí. – Y ese lado mío sale con las personas que se lo merecen.

-Creo que extrañaba más que nada eso. – Suspiró llevando la copa a sus labios. – Pláticas irónicas pero sinceras contigo. – Bajó la mirada al suelo por breves segundos permitiéndome ver sus espesas pestañas. – Recuerdo que solíamos tener pláticas como estás antes…

-¿Pláticas cómo estás?

-Éramos buenos amigos. – Aseguró con nostalgia. – y ahora charlando contigo, es como si no hubiera pasado un sólo día. Ya sabes, como si nada hubiera cambiado.

-Excepto nosotros. – Me encogí de hombros. – Ya sabes, somos por completo distintos ahora.

-Difiero un poco con eso. – Dijo con confianza en sus palabras. – Tú definitivamente has cambiado para bien.

-¿Eso fue un cumplido?

-Un pobre intento de uno. ¿Cómo estuvo?

-Bien, es sólo que ese cumplido ya lo había escuchado antes... Así que... – Me encogí de hombros.

-¿Te cuento un secreto? – Se acercó un poco más a mí.

-Te escucho.

-Te extrañé en serio. – Aseguró. – ¿Sabes cómo es que lo sé? – Negué mientras sentía como mi cuerpo se tensaba, ansioso. – No ocurre diario que conoces a una chica con la que puedes hablar de todo. Chicas sinceras y hermosas… como tú, no se encuentran a diario.

Me relajé ante su respuesta.

-¿En serio? – Sonreí antes de probar del contenido de mi copa. Delicioso sabor a fresa, bendito alcohol. – Lástima que haya idiotas que no aprovechen a las chicas como yo cuando las tienen. – Primer golpe.

Sasori me miró casi congelado. Sus ojos abiertos casi por completo y los labios entreabiertos.

-Eh… eso creo. – Ya era hora de que sintiera las delicias de la incomodidad de encontrarte con tu ex.

¿Y qué pensabas, Sasori? ¿Qué podías hablarme bonito y yo te respondería dulcemente? Blah.

Así que giré el rostro a mi derecha encontrándome con que la mesa en la que estábamos sentados tenía capacidad para 6 personas más, pero curiosamente nadie estaba acompañándonos. Tomé aire y lo dejé salir de golpe en un suspiro ruidoso y casi comparable con un bufido de frustración.

-Entonces, tú… ¿te especializaste? – Pregunté volviendo a mirar a Sasori. Pobre, debía estarse sintiendo patético por mi culpa y…

-Por supuesto. – Respondió de inmediato, sonriendo satisfecho por el cambio de plática. Sin embargo, estaba segura, el golpe le había bajado un poco la guardia. – Recuerdo que tú querías…

-Pediatría. – Asentí interrumpiéndole. – Y, ¿tú querías…?

-Ya sabes. – Sonrió con cierto aire de complicidad.

Y recordé ese brillo en sus ojos cuando usaba su típica frase:

-El verdadero arte radica en la belleza eterna. – Dijimos casi al mismo tiempo.

-Cirujano. – Asintió tratando de contener la risa. Para mí fue casi imposible. Después de todo, él tenía razón en el sentido de que no habíamos cambiado tanto. – Veo que después de todo, aún recuerdas ciertos detalles de nosotros.

¿Nosotros? Por favor, el tipo repetía eso hasta el cansancio. Estoy segura de que toda la generación lo recuerda diciendo su estúpida frase.

-Muy poco, realmente. – Mentí. – Pero cuéntame acerca de ello.

-Por supuesto. – La sonrisa se ensanchó. – Cumplí mi meta. – Alardeó felicitándose a sí mismo. – Conseguí ser un buen cirujano, de los mejores. – El orgullo en su voz era casi palpable, como si pudiera sacar su titulo y diplomas en ese momento para presumirlos.

-Te felicito. – Dije con sinceridad. Después de todo, yo sabía bien que el camino no era sencillo, sea cual sea la meta.

-Y tú, ¿Lo conseguiste? – Cuestionó justo mientras yo bebía un sorbo de mi copa.

-¿El qué? – Mordí levemente mi labio inferior preguntándome sí habría cambiado el tema ahora él.

-Ser pediatra. – Respondió.

-Claro. – Sonreí con arrogancia, justo como él había hecho. Yo también estaba orgullosa de mí misma después de todo. – Soy pediatra… no sé si de las mejores, pero realmente intento ser buena en lo que hago.

-Dicen que cuando amas lo que haces, el trabajo nunca será cansado. – Suspiró. – Amo lo que hago, ¿y tú?

La tensión claramente estaba desvaneciéndose de nuevo.

-Por completo. – Sonreí por la dulzura de su hablar. – Inclusive los lunes. – Sasori negó con la cabeza mientras reíamos por el comentario.

-Supongo entonces que ya descubriste el porqué pediatría era para ti. – Preguntó dando un sorbo de su copa. – Recuerdo que tú siempre decías que es lo que querías, pero no sabías porqué. – Qué nostalgia. Él también recordaba esos pequeños detalles de mí. Flaqueé por unos segundos. Él recordaba más de lo que pensé.

-Estoy en eso. – Aseguré rápidamente, consciente de que mi sonrisa ya no era tan fingida. Estaba en parte feliz de saber que él recordaba esos miedos que yo compartía sólo con los cercanos a mí. – Ya sabes, diario me esfuerzo por dar lo mejor de mí y me apasiona mi trabajo… – Le aseguré. Sasori asintió poniendo una mano bajo su barbilla y apoyó el codo en la mesa. Estaba concentrado, observándome. – No sabes, es maravilloso el poder trabajar diario con niños. – Dudé, pensando – Es muy diferente a cuando estudiábamos. Todo es más difícil, pero más satisfactorio. El saber que tienes en tus manos más porque luchar… – No me di cuenta de en qué momento mis ojos ya desvariaban de nuevo en distintas direcciones mientras pensaba como explicar eso que mi corazón quería gritar. – Es sumamente increíble.

Inhalé lentamente sin poder borrar la sonrisa de mi rostro.

-Eso siempre me enamoró de ti, Sakura. – Sasori dijo de repente, separando su mano de la barbilla.

No pude evitar tensarme de nuevo. Y ahora, ¿de qué hablaba?

-¿El qué? – Dije sintiéndome de alguna manera frágil.

-Ese 'no sé qué' que tienes cuando hablas de las cosas que te gustan. – Dijo con un tono de voz que pareciera que estaba contándome el secreto más grande del universo. – ¿Nadie te lo ha dicho? – Preguntó ladeando la cabeza. – De repente, es como sí los ojos te brillaran y la sonrisa… wow, eres muy hermosa.

Bajé la mirada de su rostro mientras tragaba saliva discretamente.

-No, nadie me lo había dicho. – Fui sincera esta vez. Por supuesto que nadie me había dicho esas cosas jamás. Ni siquiera yo lo había notado.

-Realmente me impresionas. – Mantuvo su sonrisa para mí.

-Gracias. – Y por primera vez, mientras hablaba con él, mi sonrisa fue sincera.

-No tienes nada que agradecer. – Respondió. – Además de que conozco la sensación que describes. Es esa sensación de fortaleza y fragilidad en tus manos, ambas al mismo tiempo.

-Exacto. – Afirmé. – Tú lo entiendes.

Por breves segundos, no hubo palabra alguna entre nosotros. Sólo simples miradas que no decían nada, pero que estaban ahí.

-Háblame de ti, Sasori. – Pedí luego de un par de segundos. – Tú también lo conseguiste.

-Bueno… – Se encogió de hombros. – Ya sabes que soy muy… perseverante.

-¿Ah, sí? – Volví la mirada hacía la mesa encontrando una canastilla de pequeños chocolates cerca del centro de la mesa. Estiré un poco mi brazo tratando de alcanzarlo.

-Sí. – Sasori pronunció levantándose lo suficiente como para tomar la canastilla para mí. – Aquí tienes.

-Gracias. – Dije con una sonrisa como agradecimiento. – ¿Qué tan perseverante? – Dije por hablar, distraídamente mientras estaba concentrada en desenvolver uno de los chocolates de su empaque plateado.

-Ya sabes. – Le escuché responder. – Siempre obtengo lo que quiero… y recupero lo que es mío.

Por un segundo, sentí que mi cuerpo se tensaba obligándome a detenerme de mi cometido. ¿Eso era una advertencia?

Íbamos taaaaaaaaan bien, pero claro… tenía que salir su lado odioso, de nuevo.

-Oh. – Dije obligando a mis dedos a moverse de nuevo contra el molesto empaque hasta que conseguí liberar el chocolate. – Que bien por ti. – Sonreí brevemente y empujé el chocolate hacía mi boca.

-Trabajo en una clínica privada. – Bajó la mirada hacía sus lindas manos las cuales jugueteaban con un chocolate, pero no intentando abrirlo.

-¿En serio?

-De igual manera, siento una pasión en desmedida por mi trabajo.

-Hmm… – Musité saboreando el dulce entre mi lengua y mi paladar.

-Es como que, mi vida entera. – Y entonces, me miró de nuevo. – Es impresionante la cantidad de cosas que ves. Llego al trabajo sin saber exactamente con que me voy a enfrentar y trato de dar lo mejor de mí... cada día.

-Impresionante. – Llevé mi mano derecha de nuevo a la canastilla y tomé otro chocolate entre mis dedos.

-Inclusive amo mi trabajo cuando creo que será un día tranquilo y de repente todo se pone… terrible. ¿Te ha pasado?

-Por supuesto. – Asentí. – Ya sabes, los niños son muy especiales y los bebés… no hablan, – Dije con obviedad. – No saben cómo decir que les duele o cuanto duele, pero he aprendido a tratar de entenderles y sus madres…

-Me pasa también. – Cortó de golpe mi inspiración desviando la atención de nuevo… para él. – Esto de tener en tus manos las armas para la belleza… es mágico.

-Supongo que sí. – Sonreí tratando de aparentar que no me importaba el que me haya interrumpido tan abruptamente, nuevamente.

-Te lo aseguro, preciosa. – Dijo con un brillo en su mirada. – Es el mejor trabajo del mundo.

-Te creo. – Llevé la mano al borde de la mesa y tamborileé mis dedos sobre el fino mantel color crema.

-Tú sabes, siempre tengo que levantarme temprano para poder estar a tiempo en las cirugías y… – Oh, genial. Estaba teniendo ante mí una certera demostración de Sasori en su máxima expresión. Y justo eso, el verle hablando, fue un recordatorio a lo que no soportaba de él. Una vez que empezaba a hablar sobre sí mismo, me costaba un ovario callarle.

Encantador sujeto, y con el don de las palabras. Sabía qué decir y cuando decirlo, pero… pero era todo un dolor en el trasero.

Gracias a Dios y al padre de la novia que en ese instante tomó el micrófono para dar un discurso, no podía escuchar ninguna mierda salir de su boca. Seguramente él estaba adulándose a sí mismo. Siempre se había creído un adonis, hijo de Narciso, macho alfa… y bueno, ahora ciertamente parecía eso. Con seguridad estaba acostumbrado a que las chicas huecas se le tiraran encima. Sí se ejercitaba como me había asegurado, su ego debió haber crecido mínimo unas 10 rayitas más al que tenía en la universidad.

Con indiferencia llevé mis manos al ramo de flores y toqué con las yemas de mis dedos la suavidad de los pétalos. Lo que sea era bueno para ignorar a Sasori por un rato.

-Lo siento, – Sentí algo cálido cerca de mi oreja consiguiendo que me sobresaltara. – ¿Puedes escucharme ahora? – Ahora él tenía su rostro tan cerca de mí que todo el olor de su colonia me llegó de golpe directo en las fosas nasales. Junto con millones de cálidas sensaciones viejas y recuerdos.

Él seguía usando la misma colonia que yo recordaba. Aquella que yo una vez le regalé en su cumpleaños y que dijo usaría en adelante porque se había vuelto su favorita. Eso no podía ser una táctica suya para impresionarme. Es decir, él tampoco sabía que yo estaría allí.

Justo en ese segundo, el discurso terminó.

-Te escucho claramente. – Sonreí sintiéndome pérdida por dentro.

-Vaya – Dijo separándose abruptamente de mi.

¿Qué? – Pensé para mis adentros. – ¿Había algo malo en mi? – La repentina seriedad en su rostro me hizo sentir preocupada. – ¿Sería acaso que mi cabello olía mal? – Discretamente tomé un mechón y lo olisqueé rápidamente. No. Olía al mismo shampoo de siempre. – ¿tendría acaso chocolate en los dientes?

-Qué recuerdos – Le vi articular las palabras.

-¿Disculpa?

-Oh, Sakura. – Hablaba ahora más fuerte. – Yo… cuando me acerqué a ti…

-No me digas que apesto. – Sentí que me hundía en la silla antes de recomponerme de golpe. Yo misma sentía el olor de mi perfume aún en mi piel.

-Nada de eso. – Una carcajada se escapó de entre sus finos labios. – Es sólo que sentí el aroma de tu cabello y… – De la nada, volvió a acortar la distancia entre nosotros y sentí como pegaba el rostro al hueco entre mi rostro y mi hombro izquierdo.

-¿Qué estás…? – Contuve la respiración, asustada.

-Dios, ¡qué perfecta! – Dijo en cuanto se separó de mí. – Tú aún tienes ese característico aroma a café en la piel. – Oh, era eso.

Definitivamente él aún recordaba esos pequeños detalles de mí...

-Pues es que sigo usando el mismo jabón…– Dije sintiéndome estúpida al instante en que terminé la oración.

Sasori cortó la distancia de nuevo, pegando aún más su silla a la mía. Fue en el tiempo que duro un parpadeo en que ya tenía su mano derecha sobre mi cintura y atrayéndome hacía su cuerpo. Y entonces, mi rostro estaba casi rozando su cuerpo, oculto en el hueco entre su cabeza y su hombro. Desde ahí podía sentir a la perfección el aroma de su colonia y mi cuerpo estremecerse, al igual que su rostro sobre mi cabeza. La calidez de su cuerpo hizo que me estremeciera mientras mi corazón martilleaba fuertemente contra mis costillas.

-Justo como te recordaba. – Dijo pegando su rostro a mi oído izquierdo. – Tu cabello con olor a frutillas. Me encanta.

¡Mierda! – Pensé mientras mis labios estaban abiertos por la impresión. – Necesito ayuda.

Sasori se despegó de mí volviendo a acomodar su silla en una distancia prudente.

-Amaba tanto eso de ti.

-Vaaaaya. – Dije sin pensarlo mucho. – Tú realmente me sorprendes.

-¿A qué te refieres? – Arqueó una ceja.

"A eso. Utilizas la palabra amor con tanta trivialidad. Me sorprende que sepas usar el verbo 'Amar' en una oración. – Su expresión confusa era todo un manjar ante mis ojos. – Ya sabes, en tu boca esa palabra es tan… frívola. Suena tan manoseado, falso y tergiversado que…

-Por nada. – Dije suspirando.

No podía decirle lo que pensaba, él no entendería.

Algún día escribiré un libro con todo lo que quise decirte y no he podido por cordura, por inteligencia, por respeto, por compasión.

-A propósito, tu cabello ahora es más largo y ondulado. – Dijo tomando la punta de un mechón de mi cabello entre sus finos dedos.

-En realidad, – Llevé mis dedos hacía mi cabello y pasé el mismo mechón detrás de mi oreja. En parte porque de esa forma se escapó de las manos de Sasori y en parte porque la música subía de volumen cada cierto tiempo y en ese instante parecía estar subiendo de nuevo. Sí quería responder adecuadamente a cada insinuación de Sasori, debía al menos escucharle bien. – Ino jugó con mi cabello esta mañana, por eso se ve así…

-¿Quién? – Preguntó entrecerrando los ojos, confundido.

-Ino. – Me encogí de hombros. – Mi mejor amiga de toda la vida.

-¿Le conozco? – Rodé los ojos. No te hagas idiota, Sasori.

-Rubia, muy guapa… alta y orgullosa. – ¿Había otra forma de describir a Ino? – Y por cierto, ustedes se odiaban a muerte en la universidad… Justo después de que te vimos besándote con la rubia esa…

-Ya… YA SÉ. – Sasori alzó notablemente la voz antes de fruncir los labios en una mueca y después exhaló.

-Espera… – Extendí la mano derecha hacía él, esperando que no hablara en lo que yo fingía pensar por algunos segundos como si tratara de recordar algo importante, pero tenía la respuesta en la cabeza y en la punta de la lengua…– ¡Kin! – Grité. – Esa encantadora rubia que iba a visitarte a tu departamento…

-¡Yamanaka! – Alzó la voz, de nuevo interrumpiéndome. – Tú amiga era Yamanaka. – ¿Qué no se supone que no lo recordabas?

Segundo golpe.

-Ella misma. – Asentí satisfecha. Seguro yo no era tan mala dando descripciones. – Ino Yamanaka.

-Oh, pensé que ya no le veías más. – Tomó la copa de nuevo entre sus manos y le miró como si pudiera congelar su contenido con su simple mirada. Algo le había enfadado de repente.

Sonreí satisfecha.

-Nunca he dejado de verle. – Respondí pasando la mano izquierda por el largo de mi cabello. En algún punto, el anillo que llevaba puesto como accesorio en el dedo anular se enredó por breves segundos con mi cabello. – Es como mi hermana.

-Me alegro. – Mentía.

-Ella es ginecóloga. – Vamos a echarle un poco más de sal a la herida. Sea cual sea la razón.

-Aja. – Puso los ojos en blanco.

Mi lado punzante saltó a la vista. ¿En serio, Sasori querido? ¿Aún sigues con ese odio infantil hacía Ino?

-Es realmente buena en su trabajo. – Asentí orgullosa de mi mejor amiga. Ciertamente tenía un humor y carácter peculiar, pero era perfecta en lo que hacía y eso era presumible.

-Supongo. – Su mirada estaba casi perdida en algún punto de la mesa, estaba a punto de cambiar el tema, podía notar la desesperación en su ceño fruncido. Y entonces... – ¿Sabes? – Me cambió el tema abrupta y severamente. – Me ha llamado la atención algo que…

-¿Si? – Dije con cierta curiosidad. ¿Y ahora qué? ¿Ya habría notado mis intenciones inocentes de hacerle sentir mal?

-He querido preguntarte algo desde hace rato… – La seriedad en su voz me desconcertó.

-Adelante. – Le animé. De nuevo, mi curiosidad salía a flote.

Sasori me observó fijamente a los ojos. Sentí que mis mejillas comenzarían a pintarse de carmesí si no desviaba mi mirada, pero estaba atrapada frente a la suya. Así que sólo acerté estirando el brazo para tomar la copa y ocultarme tras ella en un largo sorbo llevándome todo el restante de un solo trago.

-Hace un momento mencionaste que te esperaban en tu mesa, y pese a que aseguraste que no se debía a lo que había pasado entre nosotros… tú te veías bastante… – Dudó. – Bueno… – Mordió brevemente su labio inferior y continuó: – Tú parecías realmente desesperada por volver a tu mesa… Dime, ¿Acaso ahí te está esperando alguien importante?

Interesante pregunta.

Sonreí aliviada de que no fuera tan directo.

-Sé más específico. – Le pedí. Aunque ya sabía por dónde iba la cosa.

-Bien, Sakura, tú ¿Tienes pareja? – La pregunta del millón. Ahora debía responder con confianza. – Sé que suena muy extraño de mi parte preguntarte eso, pero… noté que en la mano izquierda… tienes anillos y…

-¿Disculpa? – Abrí la boca sorprendida. ¿Anillos? Anillos. Él pensaba que estaba...

-En tu dedo anular tienes un anillo… – Señaló mi mano con confianza.

Observé la mano izquierda que temblaba ligeramente en mi regazo. He ahí, el anillo de la discordia, el que se atoró con mi cabello. Un anillo que mis padres me habían regalado cuando obtuve mi primer empleo.

-¿Estás comprometida?

Di que si, ¿Qué es lo peor que puede pasar?

No, eso sería muy… de desesperadas.

-Es sólo… un anillo. – Aseguré encogiéndome de hombros. – Un regalo de familia.

-Oh. – ¿Eso fue un suspiro de alivio? – Realmente pensé que…

-No estoy casada, ni comprometida. – Aseguré.

Sasori sonrió casi con satisfacción.

-Pero… ¿No tienes pareja o alguien…?

No, pero actualmente me estoy cogiendo a mi mejor amigo. Ya sabes, el que te robó a tu chica en el último año sólo para humillarte. Si, Sasuke Uchiha.

-Sí. – No, IDIOTA, no tienes pareja. – Quiero decir, no. – Me corregí enseguida tratando con todas mis fuerzas de mantenerme cuerda. Aunque porqué no mentirle… el chiste es que se arrepienta por haberme dejado… – Bueno… – Al diablo con él, ¡Ya lo superaste! – No es… – Humillarlo un ratito para que nunca olvide tu nombre… – Tú no… – ¡Basta de dramas mentales! – No tengo a nadie. – Bu. Eso sonó como que muy deprimente. – A nadie… oficial. – En mi mente, la versión pequeña e imaginaria de mi se dio una palmada en la cara. Idiota.

-Entonces, ¿Con quién vienes? – Preguntó con excesiva curiosidad en la voz.

-Unos amigos… – Respondí por inercia.

-¿Amigos? – Era palpable la curiosidad en su voz.

-Los que ya conoces. – Me encogí de hombros.

-Entiendo. – Su sonrisa parecía de alivio absoluto.

-Hablando de eso – Necesitaba saber… – Oye, Sasori… ¿Por qué estás aquí? – Solté tan abruptamente que hasta pareció que le estaba corriendo del lugar. – Debo admitir que de todos los lugares del mundo, este fue el último donde pensé volver a verte.

-La novia es amiga mía. – respondió haciendo un sutil gesto hacia los nuevos esposos. Por instinto, volví la mirada rápidamente hacía ellos. Se veían tan deslumbrantes y felices. Tan… tan… disparejos en cuanto a la edad del otro.

-Una… amiga tuya. – Volví para mirarle de frente. El tono sugerente de mi voz insinuaba a gritos que quería saber si entre ellos hubo algo más que una simple amistad tiempo atrás.

-Amiga mía. – Repitió sonriendo de una forma curiosa.

-Así que… – Una sonrisa de lado apareció en mi rostro. Desviemos la atención de nuevo a ti, cariño. – ¿Qué tan amiga tuya? – Me crucé de brazos.

-Sólo amigos. – Respondió llevándose una mano al pecho, a la altura del corazón como si estuviera haciendo un juramente. – Confía en mí. – Guiñó el ojo derecho.

-Está bien. – Asentí. – Si tú lo dices… Yo confiaré en ti. – Cómo no.

-De hecho, – Tomó una fresa de un plato cercano a él y la mordió de forma atrayente. – Yo soy responsable de esa fina y respingada nariz. – Apuntó discretamente a la novia.

-Oh… – Sin pensarlo, volví a mirar a Fugaku y a su nueva esposa. La chica era realmente hermosa, pero sin duda nada era perfecto. – Es una clienta satisfecha tuya.

-Hmmm… – Musitó – Has usado las palabras acertadas. – Le escuché decir con una ronca y sensual voz. De nuevo, la sonrisa pícara relució en su rostro.

Definitivamente no había sido sólo su cliente, y no era sólo una amiga suya.

Suficiente por una noche.

Llegué a una pequeña y breve conclusión tras mi encuentro con Sasori esa noche y ansiaba decírsela, pero sabía que sería muy loco y estúpido. Él era un idiota y yo muy torpe. Y lo aceptaba. Siendo sincera, completamente sincera, después de todo sí habíamos cambiado un poco. Él se creía invencible, perfecto; y yo no era perfecta, pero había elevado de categoría en cuanto a inmunidad sobre idiotas como él.

Ahora que había madurado un poco y veía el mundo desde otra perspectiva…: Lo acepto. Sasori, yo aun no te he superado. Pero créeme, ya no causas el mismo efecto en mí.

Y si te volviera a encontrar, algunos años después, probablemente seguiría pensando que fuiste una persona importante en mi vida, una buena historia que me gustaría contar a mis nietos. Les contaría de ti y de cómo a veces en el camino encontramos gente que cree que son el capítulo principal en tu historia de vida, pero que no son ni el prólogo, ni merecen ser parte de los agradecimientos.

-Bueno, creo que yo ya debo irme… – Carraspeé mientras acomodaba mi vestido de nuevo sobre mis piernas y tomaba el ramo entre mis manos para pararme y largarme de ese lugar.

-Oh… – Sasori se levantó también de su silla y me ayudó a ponerme en pie. – Pero, tú… ¿no estabas buscando el baño?

Buen punto.

-Sí, la verdad es que necesito ir primero a uno. – Asentí llevando una porción de mi cabello detrás de mis hombros. – Entonces, hasta luego…

-Oh, no. – Sasori me tomó del brazo que estaba libre haciendo que se entrelazara con el suyo. – Permíteme al menos ayudarte a buscar el baño.

-Gracias, pero será cuestión de preguntarle a alguien. – Traté de zafarme de él.

-Por favor. – Insistió. – Es lo menos que puedo hacer, por quitarte tanto tiempo.

-Bien. – Sonreí fingiendo estar de acuerdo.

Yo queriendo alejarme de él y él aferrándose más a mí.

Y era curioso, pero por algún motivo pensé en las manos de Sasuke y en las de Sasori aferrándose a mí. Cuando Sasuke me tocaba se sentía… como una corriente eléctrica recorriéndome el cuerpo.

Y me gustaba más esa sensación.

-Disculpe, ¿El baño de damas…? – Sasori le preguntó a uno de los meseros que pasaba con una bandeja de comida. Oh, vaya… la comida ya estaba por servirse y yo ni siquiera había hecho pis… A ese paso me demoraría aún más en probar el pastel que lucía delicioso desde mi punto de vista.

Mientras a Sasori le daban indicaciones yo examiné como experta el delicioso pastel de bodas. 5 pisos, probablemente de vainilla por lo pálido del merengue y con exquisitos detalles con pétalos de rosa a su alrededor y en su contorno. Bastante simple, pero atrayente. Seguro era delicioso.

-¿Sakura? – Sasori, que ignoraba en qué momento había tomado mi mano entre la suya, haló de mi con suavidad. – ¿Estás bien?

-Lo estoy. – Asentí apenada por mi repentino aturdimiento mental. – Sólo estaba…

-¿Viendo el pastel? – Sonrió con gracia adivinando mis pensamientos triviales. – ¿Sigues siendo fanática de lo dulce?

-Parece que aún me conoces. – Sonreí. – ¿Dónde está el baño?

-Ya te llevo. – Asintió mientras caminaba por delante de mí, con nuestras manos aún unidas.

A penas y podía seguirle el paso. Sasori seguía teniendo esa costumbre de caminar rápidamente. Sí no fuera por nuestras manos unidas, seguramente me hubiera podido perder y esconder entre la gente antes de que él pudiera hacer algo por encontrarme.

Con la mirada, busqué a mí alrededor a algún conocido, sabiendo que Sasuke sería imposible de ver por ahí. Es decir, con seguridad seguiría en la mesa con los chicos, ocultándose del resto de los invitados. Porque esas cosas le avergonzaban, las bodas múltiples de sus padres y los invitados viejos de su familia cuestionándole a él por alguna relación sentimental.

Y además…

Cuan equivocada estaba. Como en todo, como siempre… equivocada.

No podría decir exactamente cómo fue que lo noté. Sonará ilógico y fantasioso, pero pasó.

De repente, y de la nada, sin necesidad de algo que llamara mi atención, mis ojos se posaron con suavidad en un punto exacto. No fue en la mesa en que mis amigos aguardaban por mí, no fue en el pastel o en donde los novios se encontraban. Fue en una mesa, una enorme y redonda mesa casi al centro del salón. Ahí, unos lacios cabellos pelirrojos se mecían con delicadeza producto de las manos de una chica tratando de acomodarlos con suavidad. La reconocí al segundo exacto de haberla mirado. Era Karin… Y junto a ella estaba Sasuke sentado a su lado pero de una forma que casi le estaba dando la espalda. En casi 5 segundos contados, las blancas manos de Karin ya no estaban sobre su propio cabello. Sus brazos estaban ahora rodeando a Sasuke por la espalda mientras él rodaba los ojos y tomaba con una mano la copa de lo que fuese que estuviera bebiendo, mientras con la otra mano aferraba con firmeza una de las manos de Karin contra su pecho.

Se veían tan bien, tan… tan…

Juntos.

Sentí que por un segundo algo en mi interior se quebró de forma curiosa, pero extraña. Como una opresión y un ligero dolor de esos que te dan cuando escuchas un ruido inesperado que te sobresalta y provoca que tu frecuencia cardiaca se descontrole por la sorpresa y decepción.

Justo en ese segundo, los ojos de Sasuke se desviaron hacía alguien que le llamó del otro lado de la mesa mientras Karin se levantaba de su asiento lo suficiente como para poder darle un beso en la mejilla a Sasuke… Y entonces, dejé de ver para poder retomar el camino frente a mí sabiendo que estaba cargando con mi peso y el de algo roto en mi interior. Mis pies estaban caminando por inercia y no por voluntad, y todas las fuerzas y ganas con las que contaba antes de lo que vi, se desvanecieron.

-Justo aquí. – Escuché la voz de Sasori cuando se detuvo frente a una hermosa puerta de madera de la cuál colgaba un letrero que apuntaba que era el baño de damas.

-Te lo agradezco. – Asentí robóticamente consciente de que mi mirada estaba evitándole nuevamente. – Te veré luego. – Traté de forzar mis labios a sonreír aunque sea por cortesía, pero por dentro sabía que las muecas de mis labios trataban de ocultar que necesitaba entrar al baño y llorar.

-Nada de eso. – Dijo tomando, casi arrebatándome, las flores de mi brazo. – Yo esperaré aquí. – Se echó ligeramente hacía atrás reposando su espalda contra la pared contraria a la puerta de madera.

-No es necesario, en serio… – Traté de persuadirlo. Él podía quedarse con las flores, yo necesitaba entrar con urgencia al baño y ya no sólo para orinar. – Sólo quiero entrar al baño y luego irme.

-No insistas, cariño. – Sasori hizo un gesto con la mano indicándome que debía entrar al baño.

-Bien. – Asentí sin muchos ánimos de discutir más. – No tardaré. – No prometo nada.

-Te esperaré. – Le escuché responder mientras me daba la vuelta y empujaba con más fuerza de la necesaria la puerta. La cerré detrás de mí y agradecí que aparentemente se encontrara vacío por completo.

Corrí con los tacones resonando sobre las baldosas color rojo y me metí en un cubículo, con prisa. Y ya no era precisamente por las ganas que había tenido de hacer pis. En cuanto cerré la puerta con el seguro, me dejé llevar por mis emociones y dejé que mi pecho se desahogara antes que todo lo demás porque la presión de mi corazón se había vuelto aún más intensa que cualquier otra. Sin ritmo alguno empecé a hiperventilar. Pequeñas lágrimas empezaron a descender por mis mejillas mientras mis manos subían temblorosas a cubrir mi rostro a penas humedecido. Me sentía débil… débil, patética y jodidamente confundida.

¿Desde cuándo me convertí en esa clase de chica que se encierra a llorar por culpa de un chico?

Era patético el hecho de que esa imagen de Sasuke aferrado a Karin me desconcentraría de esa manera. Y más patético aún porque aunque sólo les había visto unos cuantos segundos, llevaría esa imagen en mi cabeza por un largo tiempo.

Tan patético como aceptar que fue con eso que me di cuenta de todo.

Esto era justo lo que necesitaba, esto era lo que me hacía falta. Verle a él con otra persona para comprender que en verdad, verdad, verdad, verdad… sin duda alguna yo estaba enamorada de Sasuke. Estaba segura, porque en mi interior mi corazón ya se había cuarteado por haberle visto con otra chica. Y yo, quien le había visto innumerables veces con otras mujeres haciendo cosas peores, supe que no soportaría más compartirle con otra persona.

¿En qué momento? ¿Cuándo, desde cuando…? Ligeros sollozos salían de mis labios entreabiertos y mis manos se frotaban contra mis ojos enrojecidos y húmedos mientras trataba de buscar entre mis recuerdos cuando fue que él se convirtió en algo más para mí.

Pero siempre lo había sido.

Sasuke era antes que nada mi mejor amigo, y ahora…

¿Cuándo? Me había hecho esa pregunta millones de veces atrás y ya hasta comenzaba a sonar estúpido. No importaba cuando, o como. Lo que ahora importaba es que nunca debió pasar… nunca me amaría o si quiera consideraría quererme para algo más que para calentar su cuerpo. Porque él era así y yo también, y ambos lo sabíamos.

Tal vez ese fue el error…

Fuimos lo que fuimos y lo que quisimos sin ser nada. Quizá yo me acostumbré tanto a meterme en la cama con un disfraz que cubría mi indiferencia, pensando que después de follar con alguien nada iba a ser diferente, excepto por esa liberación de estrés que sentía tras el orgasmo. Tal vez él me estaba dando todo lo que yo necesitaba con su cuerpo, o quizá yo le permití que corrompiera mi mente a tal punto de hacerme sentir diferente. Tal vez el problema fue que le di más de mí de lo que él pidió. Porque él me conocía y antes de abrirle mis piernas, ya le había abierto mi corazón a él. Por eso todo con él era diferente y atrayente.

¿Por qué le permití que ocupara mi cama vacía, y mi corazón desocupado?

Es decir… Sasuke Uchiha siempre ha sido un mujeriego empedernido que se ha llevado a la cama a más mujeres de las que pudiera recordar. ¡Yo lo sabía! ¡SIEMPRE LO SUPE! Y entonces, ¿Por qué ahora me hacia sentir así? Yo lo sabía, yo sabía que él tenía un pasado… yo tenía un pasado… Yo misma me sentía orgullosa de mi vida y le animaba a él en la suya porque creía que no me importaba. Nunca me importó el hecho de que él se cogiera a quien quisiera.

Quizá el error fue que era él… que por más que le intentara yo… Yo le conocía tan bien que… Sólo me faltaba conocerle en ese aspecto sexual para darme cuenta que… Que quizá él era más importante para mí…

¿Cuál es el problema? – Pensé mientras tomaba un pedazo de papel higiénico para intentar secar mis lágrimas.

Karin…

Porque ahora me quedaría con las ganas de saber sí pudo o no pasar algo.

Mi cuerpo ardía de ira y coraje de saber que Karin estaba ahí, con él. Tocándole, abrazándole enfrente de toda su familia, y yo… Yo sólo podía estar en esa boda como su amiga. Una más de sus amigas que posa para las fotos y al final del día, cuando la noche termina, vuelve a ser su amante… y nada más.

Estaba segura de que ella fue parte de su pasado y… ¿Por qué ella también estaba aquí? Sería que… ¿estaba con ella cuando no estaba conmigo?, ¿estuvo con ella cuando se separó de nosotros en la fiesta? Y ella en una mesa tan a la vista y yo… en la mesa oculta con el grupo de amigos porque… Porque yo sólo era su amante. ¿Qué era Karin para su familia? Quizá no sólo su asistente…

¿Por qué entonces me sentía así? ¿Por qué en ese momento…? ¿Es porque era Karin? O quizá porque él dijo que nunca se enamoraría de mi… Él… ¿seguiría acostándose con ella al mismo tiempo que conmigo?

Una patética lista de dudas y preguntas se formaron en mi cabeza.

"Y es que el sexo lo inventó Dios… Ya lo de enamorarse y amar hasta la muerte, y esas cosas, esas cosas sí ya son del diablo".

Apoyé mi frente contra la puerta del cubículo observando mis pies y justo cuando sentí ganas de gritar mi mano derecha se estampó con fuerza contra la pared del cubículo mientras ahogaba un gemido de dolor.

-¡Qué estúpida he sido!

¿Por qué me afectaba tanto…algo que en el fondo ya sabía?

Yo misma me había atado la venda en los ojos tratando de inventarme excusas para no creer que le amaba, y ahora, había descubierto que me gustaba la sensación de ser ciega y no ver cómo me rompen el corazón.

Eché mi cabeza hacia atrás, mirando el techo sin mirar realmente. Las lágrimas que aún descendían por mi rostro nublaban por ratos mi vista. Pero estaba bien, porque mis lágrimas eran la prueba más fidedigna de que mis sentimientos estaban casi claros ahora… y él… él era la prueba más irrefutable de que enamorarte de tu mejor amigo sin duda era el acto desesperado más estúpido del planeta entero. Karin estaba ahí representado al karma por haber siquiera pensado en humillar a Sasori. Y el pago por querer ir por la vida acostándote con personas como sí nada, como si fueras invencible… y reconozco ahora que no lo soy.

Ahora, Sakura. ¿Cuál de las teorías de Ino es la menos estúpida?

¿Qué estaba haciendo de mi vida?

En qué momento… ¿Es que acaso esto tenía que pasar para darme cuenta de que mi vida no estaba llevando el ritmo que yo deseaba?

Sasuke Uchiha había llenado mi cuerpo y mente desde casi 2 meses atrás. Porque era estúpido y muy de cliché, pero no podía negar que pensaba en él casi todo el día.

Cubrí mi rostro con mis manos y luego imaginé que era yo quien estaba ahí, detrás de él, abrazándole. ¡Qué estúpida! Las reglas del juego las impusimos juntos, pero nunca dijimos nada de no recaer en el pasado o en los errores.

Al menos yo… no podía.

Porque estuve negándome algo que era obvio. Algo que no podía ocultar. Estaba ahí jugando a jugar con él, y preocupándome por tener una parte de él… que no quise ver que él ya me tenía a su merced.

-¿Es así como se siente amar a alguien que nunca te amará? – Dije mientras miraba fijamente al espejo. Del otro lado se encontraba una chica con ojos hinchados y tristes. Su cara estaba colorada y sus ojos verdes estaban enmarcados por un parche negro de maquillaje corrido.

Era una patética chica.

La vida que llevaba… se suponía la había escogido así para no volver a sentir dependencia por alguien, para no volver a ser vulnerable ante algún chico.

Desde unos cuantos años atrás, yo era simplemente la chica que cogía sin miedo a nada con algún chico que calentaba mi cuerpo y me quitaba las ganas, con ese mismo valor podía levantarme al día siguiente y seguir con mi vida ya satisfecha. Entonces cometí el error de meterme con alguien a quien ya conocía, a alguien que no debí meter en mi cama porque por más que quisiera no iba a poder apartarme de él a la mañana siguiente.

A veces, en ocasiones, sólo algunas veces… soñaba con ser esa chica. Aquella chica simple que enamora al chico que nunca se enamora. Pero esa noche, yo era esa chica que se enamora de quien no debe.

Es curioso. Siempre había pensado que una vez que has sentido todas las emociones que la vida te ofrece, ya nada nuevo pasará. Nada que te sorprenda. Solo pequeñas versiones que no llenan el vacío existencial.

Pero haya estaba yo, contradiciéndome a mí misma.

Sola, enamorada, y patética. Porque de todos los hombres… me acosté con mi mejor amigo, y me enamoré de él.

¡Mírate! – Mi subconsciente me gritó. – No hay nada que puedas hacer. Era parte del trato. El que se enamora, pierde.

El punto de esto era que habían muchas evidencias para decir que Sasuke me estaba volviendo incluso más loca de lo que ya estaba, y mantenerme alejada de él era lo mejor que podía hacer. Y también que era lo que menos quería. Simplemente no podía. La parte aún más jodida es que me encantaba la forma en que me hacía sentir. Como sí cambiara el color a las cosas malas y trajera oxigeno a mi vida cuando creía que ya no podía ni respirar.

-Supongo que ya había perdido desde el momento en que se lo propuse. – Suspiré mientras tomaba una servilleta y secaba mi rostro con delicados movimientos. De momento a otro, me di cuenta de que la servilleta estaba esparciendo más el desastre en mi rostro. – Oh, mierda. – Murmuré rindiéndome frente al espejo. – Luzco… – Mis mejillas estaban sonrojadas, mi nariz estaba ligeramente colorada y mis ojos parecían los de un panda. La palidez de mi rostro y un círculo negro alrededor por el maquillaje corrido eran la prueba de ello. En buen momento se me ocurrió levantarme de esa mesa, sola y sin celular. – Basta de estupideces, Haruno.

No podía demorarme más tiempo.

El incesante tictac de un reloj de pared sobre el enorme espejo del baño, eran ahora lo único que podía escuchar. Ya había tomado demasiado tiempo lejos del grupo y sabia que empezarían a buscarme pronto.

Y justo cuando creí que ese era oficialmente un día de mierda, algo embarró aún más la mierda en mi día.

La puerta del baño se abrió de repente mientras yo alisaba con mis manos mi cabello ligeramente revuelto. Y Karin entró con toda su despampanante y orgullosa humanidad detrás de ella. Con un vestido rojo entallado a su figura y unos altos tacones a juego, ella se contorneó hasta detenerse a mi lado. Sacudió su cabello detrás de sus hombros y se detuvo frente al espejo sin siquiera voltear a verme. Sacó de su bolso un labial y se tomó la molestia de retocarse los labios sin prisas. Todo esto lo observé de reojo a través del espejo, mientras simulaba aún componer el desastre que había hecho en mi rostro humedecido.

Tragué saliva dándome cuenta a través del espejo que ella y yo no éramos iguales, en lo absoluto.

Ella era perfecta, guapa y muy vanidosa. Yo, era yo.

Carraspeé mientras me lavaba las manos y tomaba una servilleta para secarlas antes de salir. Una última mirada a Karin y un último suspiro de resignación antes de salir del baño. Porque ahora ni allí estaba del todo a salvo.

-Oh, pensaba entrar a buscarte si no salías pronto. – Había olvidado por completo que Sasori me esperaba afuera del baño.

-Lo siento. – Sonreí apenada. – Necesitaba retocarme el maquillaje. – Mentí. – ¿Me he demorado mucho?

-Sólo un par de canciones. – Respondió. – Quizá tres. – Sasori me ofreció de nuevo el brazo para que yo me apoyara en él.

No quise hacerlo, realmente. Y por alguna razón mi rostro, ahora serio, se lo hizo saber. Sasori dejó caer el brazo al ver que yo fingía acomodar mi vestido sólo para hacerme tonta y no aprovechar el gesto de cortesía que él me había ofrecido.

-Te sigo. – Con la mano que no sostenía mi ramo de flores, él hizo un gesto sugiriéndome que le guiara a la mesa donde me esperaban.

-Te lo agradezco. – Suspiré al darme cuenta de que en verdad él me llevaría a mi mesa.

Algo tendría que hacer. El que yo me haya reencontrado con él, antes que alguien más, era algo bueno. Sabía que mi grupo de amigos aún sentía cierto rencorcillo por él y no era para menos. El tiempo nos había hecho cambiar, más no madurar del todo. No imaginaba las indirectas de Ino sí me veía llegar con él detrás de mí.

Fui yo quien comenzó a caminar. Sasori sólo seguía mis pasos lentamente a través del salón. Entre la multitud de personas que comenzaba a animarse a bailar en el centro de la pista, sabía que estaba mi oportunidad de escapar de su hostigadora persona.

-Apáguense las luces, apáguense las luces… – Decía para mí misma, abriéndome paso entre las personas del salón.

Caminé a pasos lentos por entre la gente, sabiendo que con seguridad Sasori estaría desesperándose por ello. Él era alguien que gustaba de apresurar las cosas. El hecho de estar siendo aplastada y empujada por las personas que bailaban no me importaba tanto, esperaba que a Sasori le estuviera yendo peor. Y es que él, no gustaba tanto de estar rodeado de mucha gente sin ser alabado.

Justo en el centro del salón, me di cuenta de que no sería rescatada, de nuevo.

¿Y ahora? – Me pregunté a mí misma mientras avanzaba, sabiendo que no había respuesta. – Quizá podría decirle que bailemos. Eso me daría un tiempo lento de pensar una solución, pero… ¿bailar con él? – Nunca en la vida – Quizá podría pedirle una bebida y decirle que esperaría por él, pero en cuanto se fuera yo bien podría irme corriendo a la salida y subirme en el primer taxi que… – oh, la maldita recepción estaba casi en la nada. Sasuke y yo habíamos llegado en su coche y se suponía que así saldríamos.

Me detuve en seco, sabiendo que lo que estaba pensando era una niñería. Debía decirle simplemente que quería que me dejara sola. Que solo esperaría el pastel y me marcharía de inmediato fuera de su vida, y él de la mía. De nuevo y esta vez para siempre. O eso esperaba.

Y entonces, algo blanco, reluciente y chillón, pasó corriendo a mi lado.

-¡Oh, Sasori…! – La novia, ahora esposa de Fugaku, pasó de mí a una velocidad impresionante. En un segundo, cuando pude voltear a verle, Sasori tenía enrollados los delgados brazos de Naori alrededor de su cuello. – Sabía que vendrías.

-Por supuesto. – El respondió correspondiendo el saludo mientras apoyaba sus pálidas manos en las caderas de la chica… señora.

Vaya, vaya.

-Una clienta satisfecha. – Me recordé. – Ya lo creo. – Tic, tac. Una oportunidad de escapar, Sakura. Deja de estar curioseando y…

Me di la media vuelta y comencé a caminar tan rápido como a Sasori hubiera orgullecido a través del pedazo restante de la pista de baile.

-Corre, Sakura, correeee… – Dije para mí misma mientras sentía como en vez de caminar rápido, iba casi corriendo sin importarme si tropezaba o no. Pero rogando internamente por no caer estrepitosamente. Eso lejos de hacerme pasar desapercibida, se me daba tan bien que quizá y hasta apareciera en el video de bodas.

A unos cuantos pasos, divisé mi mesa con sólo 6 personas sentadas alrededor de ella. Y en quien más pensaba, era el que no se encontraba.

Llegué en menos de 2 minutos, porque cuando me lo proponía era tan veloz y fugaz como los matrimonios de Fugaku Uchiha. Después de todo, nada como la desesperación para volverme velocista.

-Volví. – Dije jadeante, sintiendo la falta de aire en mis pulmones por mi caminata veloz y la adrenalina del momento.

-Volviste, pequeña. – Sai fue el primero en verme. – ¿Qué te tomó tanto tiempo? ¿Tienes una infección estomacal? – Casualidad o no, Temari comenzó a toser a penas Sai terminó su pregunta. Seguro ella, al igual que yo, recordó mi teoría de la enfermedad en vez de amor. Infección estomacal.

-No. – Respondí conteniendo una risita. – Yo sólo… – ¿Sería buena idea decir dónde estaba? Ellos podrían tomarse a mal que haya estado con el idiota de Sasori… o podríamos burlarnos juntos de mi cómica historia cargada de mi muy mala suerte.

Quizá.

Se habían aburrido de nuevo y quizá podríamos reír juntos un rato.

-En realidad me encontré con… – Quise contarles en cuanto vi sus caras no muy divertidas.

-¿Con Sasuke? – Naruto preguntó mientras buscaba desesperado detrás y al rededor de mí. – Y... ¿Dónde está él, Saku? – indagó poniendo sus ojos fijos en mi. En cuánto lo hizo, me confirmó que Sasuke no había vuelto y que, por ende, seguía con Karin.

Cómo si sospechara que Sasuke y yo nos encontramos en el camino y no quería decirle. Sus penetrantes ojos azules se entrecerraron momentáneamente. ¿Acaso Sasuke se había ido con Karin desde que yo me fui? Quizá pensaba que encima de haberme topado con sasuke nos habíamos puesto a coger en algún lado. La sospecha en su mirada se acrecentó. Naruto oficialmente estaba pensando que yo había cogido con Sasuke y por eso tardé en volver.

-No tengo ni idea. – Mentí tratando de aguantar el mirarle a los ojos aunque no quería hacerlo. Yo no podía mentirle a esos ojos azules, mucho menos ocultarles cuando estaba triste. Pero también sabía que él sospecharía aún más si me escondía de él. Buena o mala, esta seguía siendo una fiesta y no quería arruinarles la noche a mis amigos. Suficiente con que mi noche se haya arruinado para mí por estar en lugares y momentos incorrectos.

-Hmm... – Masculló resignado, creyéndose a medias mis palabras.

-¿De qué me perdí? – Pregunté sentándome en mi silla y buscando algunos chocolates o dulces en nuestra mesa. Pero sólo encontré envoltorios vacíos cerca de Naruto.

-De nada en especial. – Sai respondió. – Cuando acababas de levantarte, a los pocos minutos apagaron las luces. – Tenía razón, nada especial.

-Oh.

-Eso fue porque aventaron el ramo de la novia. – Temari bostezó después de informarme.

-Entonces Sasuke se levantó y dijo algo acerca de... – Pero Ino no terminó de hablar. Algo detrás de mí le distrajo momentáneamente. ¿Habría visto a Sasori, Karin o a Sasuke?

-¿Dijo algo de qué? – Fruncí el ceño, frustrada.

-Dijo que iría a buscarte porque tú probablemente terminarías tropezando debido a tu ceguera nocturna. – Terminó rápidamente. Tomó su bolso y revisó algo en él.

-Oh... – Murmuré. – Pues no le vi para nada. – Bajé el rostro al mantel. ¿Cuánto tiempo faltaba para que mi corazón dejase de latir aceleradamente por la opresión en mi pecho?

-Supongo que algo más le entretuvo. – Shikamaru se encogió de hombros. – Ya saben que toda su familia está aquí y que Itachi dijo que todos estaban ansiosos por saber de él.

-Así son estas cosas. – Temari asintió. – Incómodos reencuentros.

Y que lo digas.

-Supongo. – Me encogí de hombros tratando de aparentar desinterés.

-¡Tú…! – Escuché la voz de Ino como un reproche. ¿Y ahora qué?

-¿Qué? – Dije llevando una mano a mi pecho sintiendo como mi pulso se aceleraba de nuevo, víctima del susto que el grito de Ino me provocó. – ¿Qué hice ahora?

-¡Sakura! – Su voz sonó como la de una pequeña haciendo un berrinche. – Arruinaste tu maquillaje. – Un puchero se formó en sus labios.

-Oh, si… – Mi culpa.

-Joder, Ino. – Shikamaru le reprendió. – Casi nos provocas un infarto a todos.

-¿Qué pasó? – Hinata me miró con desconcierto, ignorando a Ino cuando esta le respondía a Shikamaru. – Parece como si hubieras estado… llorando…

-¡NO! – Casi grité, exaltada, mientras negaba con mis manos. – Fue sólo… arruiné mi maquillaje y traté de arreglarlo, pero…

-No digas más. – Ino se levantó de su silla con su bolso de mano y se sentó en el lugar de Sasuke, a mi lado, vacio. Velozmente de su bolso sacó un par de labiales y algunos productos de maquillaje. – Sólo arreglaré este desastre y será como sí nada…

-Tardaron mucho en notarlo, ¿No creen? – Me burlé. – Ahora veo cuan en cuenta me tienen. – Quise bromear.

-No es eso, linda. – Hinata me sonrió. – Es que estábamos pendientes de algo en particular y… lo sentimos.

-Yo lo noté. – Naruto intervino. – Pero la veo… igual que cada domingo por la mañana después de tener sus fiestas los sábados. Pensé que sólo estaba ebria.

-Muy gracioso, Naruto. – Discretamente le hice una rápida seña con mi dedo medio.

-Quédate quieta, Sakura. – Ino se quejó tomándome con firmeza del mentón. – Deja de moverte tanto que no me dejas ver, y menos verte bien.

-¿Qué es lo que están viendo justo…? – Quise saber el porqué ellos miraban fijamente detrás de mí.

-¡Cállate! – Ino enfadada cubrió mis labios con su mano izquierda. Con rapidez, sacó un labial rojo de su bolso.

-¿Cómo es que en ese bolso tan pequeño entra tanto maquillaje? – Temari preguntó asombrada. – Necesito uno de esos.

-¿Qué tanta basura traes en ese bulto? – Shikamaru preguntó observando curioso lo poco que pudo dentro del bulto de Ino, lejos de él.

-Cosas, vago. – Ino respondió. – Nunca lo entenderías. El maquillaje en el bolso para una chica, es como los condones en la cartera de un chico. Nunca debes salir de fiesta sin ello.

-Brillante. – Naruto sonaba divertido.

-¿No tendrás entre tu bolso algún artículo que arregle vidas? Necesito algo de eso. – El sarcasmo en mi voz fue detestable, hasta para mí. Ino detuvo el movimiento de la suave brocha que mecía contra mi rostro y me observó fijamente a los ojos.

-Hmm… Hinata tiene razón. – Susurró para que sólo yo escuchara. – ¿Pasó algo? – Y de nuevo, volvió a concentrarse en aplicar rubor en mis mejillas. Como sí no estuvieran lo suficientemente colorados por mis manos frotándose contra mi rostro para cesar mis lágrimas.

-Pasó todo. – Respondí mirándole fijamente. – Pero sigo sin nada.

Ino frunció los labios. No comprendía, pero sabía que no era el momento.

-Hablaremos luego. – Le aseguré. Entonces ella asintió y reafirmó el labial rojo sobre mis labios.

-Sí, ahora no. – Ino susurró separándose de mí y regresando todo a su bolso. – Lista. – Anunció.

-Eres rápida. – Temari dijo moviendo su cabeza, observándome desde todos los ángulos que le fueran posibles.

-Y precisa. – Hinata sonrió mientras descansaba su cabeza contra el hombro de Naruto. – Y aún con la iluminación baja.

-Lo agradezco. – Ino se levantó, con el ego por las alturas. Caminó hacía su silla y volvió a sentarse con elegancia propia de su vanidad.

-Sí, sí, maravilloso, exquisito… – Pretendí restarle importancia. – ¿Ahora sí me dirán qué es lo que están observando desde hace rato?

-¡Ayyy pero como fastidias! – Ino gimoteó.

-Si me dicen ahora, prometo quedarme callada y…

-Once. – Shikamaru de repente dijo llevándose la copa medio llena a sus labios. – Van once. – Dijo a Hinata, como si quisiera reafirmar sus palabras. – ¿Todos lo vieron?

-¿Once? – Pregunté confundida. – ¿Once qué?

-Once. – Hinata asintió mientras leía algo escrito en una servilleta entre sus manos. – Ino sigue siendo la que más se aproxima, hasta ahora.

-¿Qué puedo decir? – Ino mordió su labio inferior. – Es mi sexto sentido. – Anunció sobreexcitada.

-Oh, lo sentimos, Sakura. – Naruto sonreía algo emocionado. – Verás, cuando ustedes se fueron, – ¿Sasuke y yo? – Nosotros nos fastidiamos de nuevo. – No-me-digan. – Entonces para matar el tiempo decidimos jugar a apostar.

-¿Acera de…? – Sonaba interesante.

Ino señaló detrás de mí muy discretamente con el dedo índice.

-Hasta el momento, la flamante y distinguida señora Uchiha, se ha separado de su esposo por momentos y ha abrazado a once jóvenes apuestos. – Ino anunció.

-¿Y luego? – Arqueé una ceja.

-Pues por la forma tan intima en que lo hacen tenemos la sospecha de que son sus ex amantes.

-Oh. – Discretamente volví la mirada por sobre mi hombro izquierdo para observar a Naori platicando con un joven de negros cabellos ondulados. – Entiendo. Ustedes están contando a todos y cada uno de ellos…

-Y cada quien dio una cifra aproximada de a cuántos de ellos habrá invitado. – Hinata me mostró la servilleta con los nombres de los 6 junto con una cifra de 2 dígitos cada uno.

-Y, ¿Los han contado verdaderamente a todos? – Tenía que saberlo. De ser así, ellos ya estaban enterados de que Sasori estaba respirando el mismo aire que nosotros en esos momentos.

-No exactamente. – Sai frunció los labios. – Por momentos, ella se pierde entre la gente y no sabemos si está bailando o abrazándose con otro chico.

-Uff – Suspiré de alivio. Quizá no estaban enterados aún. – Vaya tesoro que se lleva Fugaku.

-Aja. – Ino asintió. – Pero, igual y no creo que dure taaaaanto tiempo como para poder arrepentirse. – Susurró sabiendo que todos a nuestro alrededor eran familia o amigos de la pareja de recién casados.

-¿Apostamos por ver quien se aproxima al número de años que tardaran casados? – Sai casi gritó.

-¡Shhh! – Hinata, apenada, le silenció. – No ahora, Sai.

-Aunque no es mala idea. – Shikamaru asintió sonriente. – Apostaría en verdad por ello.

-No le doy mucho. – Suspiré. – Seguro que ni siquiera sabe que su nariz no es real.

Mierda. Abrí la boca de más.

-¿No lo es? – Hinata entrecerró los ojos observando a la chica.

-Ella miente, Hina. – Shikamaru bostezó.

-Es muy bonita, pero pensándolo bien no es una belleza muy… natural que se diga. – Temari contradijo a Shikamaru. – Tal vez Sakura tenga razón.

-¿Lo dices en serio, Sakura? – Ino me miraba incrédula. – ¿Cómo sabes eso?

-Rumores que escuché en el baño. – Mentí tratando de salvar mi pellejo de ser cuestionada.

-Quizá debí de ir contigo al baño. – Ino suspiró. Si supiera que quizá todo hubiera sido distinto si ella me hubiera acompañado, aunque ahora ya era muy tarde para decirle lo que debió o no hacer. – Había olvidado que siempre es el mejor lugar para cotillear y criticar a la novia. Las cosas que una se entera en los baños son únicas. – Chilló.

-¡Un momento! – Hinata llevó su dedo pulgar a sus dientes, nerviosa. – ¿Alguien fue al baño a criticarme en mi boda?

-No. – Todos en la mesa negamos casi al mismo tiempo.

-Pero Ino dijo que siempre…

-No. – Repetimos.

-Hinata, tu boda la organicé yo. – Ino le recordó. – No había nada que criticar.

-Claro, – Shikamaru le sonrió. – Además recuerda que eso no debes preguntarlo en general. Ya sabes, Sakura y Sasuke ni siquiera estuvieron la mitad de la fiesta. – Le miré de inmediato con odio. El resto de la mesa se tomó como chiste su comentario.

-Muy gracioso, Shikamaru. – Rodé los ojos. – Muy gracioso. Tú estabas ebrio, así que probablemente todos te criticaron a ti.

-Lo sé. – Respondió encogiéndose de hombros.

-¡Silencio, todos! – Temari aporreó discretamente la mano derecha contra la mesa.

-¡Aquí viene! – Shikamaru se irguió en su silla posponiendo momentáneamente sus graciosos comentarios.

-Silencio, todos. – Ino curvaba sus labios tratando de disimular la risa que amenazaba con salir a carcajadas. – Hina, esconde las apuestas.

-Lo tengo. – Hinata nerviosa arrojó exasperada la servilleta dentro de su bolso.

-¿Qué viene? – Me tensé. Mala idea eso de sentarme en el lugar que le da la espalda al resto del lugar.

-Shh… – Sai me silenció. – Esto será bueno.

-Buenas noches, chicos. – La ronca voz de hombre adulto me sobresaltó. Por un momento no reconocí la voz, pero luego fue inevitable. Inconscientemente había escuchado esa voz unas cuantas veces esa noche.

-Buenas noches, señor Fugaku. – Ino saludó enérgica levantándose de su silla, igual que el resto, para saludarle.

Al igual que ellos, me levanté de mi silla y me di la media vuelta para poder verle de cerca, de nuevo. Seguía impecable en ese traje negro formal. Se veía atractivo, y verdaderamente serio. Era esa clase de hombres que ves y piensas: 'Seguro que fue muy atractivo cuando era joven ó con unos 30 años menos, yo también me casaría con él' pero se notaban ya sus 50 y algo de años. Al menos se conservaba prácticamente bien para su edad. Ojalá fuera cosa de genes. Moría por ver a Sasuke con 50 y algo y verse tan bien como su padre.

-Buenas noches, Ino. – Respondió educadamente tras darle un sutil abrazo. – Ha pasado mucho desde que les vi.

-Demasiado. – Dijo Naruto estrechando su mano con él.

-Me alegra tanto que pudieran venir. – Dijo con cordialidad.

-No nos lo perderíamos por nada del mundo. – Pese a que el comentario de Shikamaru fue dicho con un tono de franqueza hacia Fugaku, para nosotros no pasó desapercibido el hecho de que estaba siendo irónico.

Para ellos era la primera boda Uchiha a la que asistían. Ellos estaban, por supuesto, asombrados. Pero yo ya era… experta en el tema. Tanto que estaba casi segura de que la cena sería filete y pasta, la comida favorita de Fugaku.

-Eran sólo unos jovencitos cuando les conocí. – Las palabras de Fugaku me regresaron de la nada a la plática.

-Pero usted no ha cambiado en nada. – Hinata pestañeó un par de veces. Hasta su cuerpo sabía que no eran verdad sus palabras.

-Y, ¿Dónde está Sakura?

-¡Aquí! – Me puse más a su vista. – Estaba justo detrás de usted. – Le informé sintiendo que estaba hablando de más.

-Pero si es Sakura… – Fugaku Uchiha me miró con ternura. – Tan hermosa. – Tomó mis manos entre las suyas y las llevó a su altura besándolas como si yo fuera una doncella y él un elegante caballero. – Cuanto tiempo sin verte, querida.

Desde la última de sus bodas, hace unos… ¿2 años? – Pensé.

-Se ve guapísimo. – Le alagué. Porque sabía que a él le encantaba eso.

-Y tú lucías hermosa en la iglesia. – Sonrió. – No pude decírtelo, porque… ya sabes, estoy casado. – Mostró con orgullo su mano izquierda en la cual posaba un delicado anillo de oro. Y por un momento me pregunté si quizá había usado el mismo anillo en sus matrimonios anteriores, o compraba uno nuevo por cada uno. Un misterio del milenio por resolver.

-Felicitaciones. – Traté de sonreírle lo más sincera que pude. Espero que esta vez aguante casado más tiempo que con la última.

-Ya sabes, cuando te llega el amor… debes aferrarte a él.

¿Aunque sea por cuarta vez?

-Eso dicen. – Asentí aún con la sonrisa fingida.

-Ustedes se ven realmente bien. – Dijo Temari. – Su esposa es preciosa.

Fugaku sonrió con aprecio, pero no respondió.

-Además de… enérgica. – Sai seguramente pensó en decir: 'Es joven', como el resto. Pero 'enérgica' quizá le pareció más apropiada.

No pasó desapercibido para mí el suspiro de alivio de Ino por la discreción de su esposo.

-Estoy muerto ya. – Dijo con cierta gracia en su voz. – Cualquiera pensaría que ya estoy acostumbrado a estas cosas, pero no realmente.

-No le entretenemos más, señor Uchiha. – Shikamaru dijo, condescendiente. – Usted tiene una laaarga noche por delante.

-Nos estaremos viendo. – Fugaku hizo un sutil gesto de despedida con la mano derecha y se dio media vuelta, dejándonos solos para poder discutir con alivio lo graciosamente incomodo de la charla con él.

Pero justo cuando estábamos a punto de sentarnos, Fugaku se dio la vuelta y caminó firmemente hacía mí.

-Olvidé decirte algo, Sakura. – Dijo como si hubiera leído mi mente y supiera que iba a preguntarle: ¿Qué pasa ahora? Posó su mano derecha sobre mi hombro y mirándome fijamente dijo: – Espero que mi hijo te haya dado mis saludos apropiadamente el otro día, cuando le llamé. Por si acaso, debes saber que moría de ganas por charlar contigo ese día.

-¿Disculpe? – No entendí del todo.

Fugaku frunció el ceño y se apartó unos centímetros de mí, extrañado.

-La otra tarde yo le llamé a su casa para pedirle un número de teléfono de un cliente nuestro, – Explicó. – y él me dijo que estabas con él. Fue hace dos días, exactamente.

Me tensé.

Oh-oh. Aquella tarde cuando en medio del sexo, Sasuke tuvo que contestar su MUY INAPROPIADA llamada.

-¿Dos días? – Ino repitió con burla. – ¿En su casa? – Fugaku asintió.

-Oh, si… – Asentí de inmediato. – Él me dijo…

-Quería hablar contigo, pero él me dijo que estabas ocupada… – Fugaku dijo con cierta pena.

-Estaba ayudándole con unas cosas. – Contesté de inmediato con lo primero que se me ocurrió.

-Claaaaaro que sí. – Sai se burló.

-Hmm… inclusive le dije que quería invitarles a tomar un café, pero el maleducado me dijo que tenía que colgar. – Fugaku frunció el ceño.

-Si… él… es así. – Sonreí patéticamente. – Ya le conoce. – ¿Podría cambiar el tema, por favor?

-Casi me alegré cuando me dijo que estabas en su casa. – Ayyy, no. – Creí que… bueno. – Meció suavemente su cabeza, de un lado a otro. – Creí que estaban juntos.

-No es así. – Estaba segura que hice un gesto de desagrado que realmente no planeé.

Nerviosa, me crucé de brazos sintiéndome hostigada por el tema. Él y yo juntos era en lo que menos quería pensar en esos momentos.

-Entonces, – Sus labios bajaron en un fruncimiento breve antes de que se cruzara de brazos y dijera: – ¿Aún soltera?

¿Podemos volver a la charla donde me delata con el resto del grupo que he seguido cogiendo con su hijo? Es menos incomodo que la típica pregunta de: ¿Aún sin novio?

-Mejor aún. – Sai dijo antes de que yo pudiera responder. – Le encantaría saber que ella no es de novios, ella es más de…

-Sigo soltera. – Le interrumpí. – Soy más de… romances y eso. Por eso sigo sola. – Sonreí con falsedad. – No ha llegado mi príncipe azul. – Cuán patética me escuché. Si yo fuera otra persona ajena a esta charla, seguro me habría reído a carcajadas de esa respuesta.

-El que te cabalga sin compasión. – Escuché a Sai volver a burlarse y esta vez acerté dándole una patada bajo la mesa. – Owww… – Le escuché quejarse.

-Oh, bueno… – Fugaku acarició mi mejilla derecha. – Sí no llega ese príncipe pronto… – Nada que tenga que ver con su hijo, porfi. Lo peor que podría pasar es ser molestada también por él con su hijo. – Yo me apunto para ser tu media naranja. – Peor aún.

Y mi boca abriéndose desencajada, dijo todo lo que no pude decir. Seguramente, mi rostro estaba rojo por la vergüenza. Esa era simplemente una emoción a la que ya estaba acostumbrada.

-¿En serio? – Esa voz ajena a la plática, me hizo tensarme.

No ahora, por favor.

Ahhh. La cereza del pastel.

-Ah, Sasuke. – Fugaku se dio la vuelta encarando a su hijo, quien llegó para hacer de esa reunión algo aún más incomodo.

-¿Es en serio que quieres hacer a Sakura la quinta? – Sasuke estaba cruzado de brazos, con el rostro serio.

-Y la última, – Afirmó. – sí tú no te atreves a hacerla tú primera. – ¡Oh, mierda! Fugaku…

¡SILENCIO!

No quise averiguar cómo estaría mi rostro en ese momento. Seguro el término 'rojo' ya no era el apropiado.

-Papá… – Sasuke negó con la cabeza.

-Me retiro, chicos. – Fugaku se acomodó el saco después de darme un breve abrazo. – Luces encantadora cuando te sonrojas, Sakura. – Se despidió. Esta vez nada le detuvo en su camino hacía quien sabe dónde. Seguramente iría a derrochar encanto en otra mesa.

-¡Wow! – Ino mordió brevemente su labio inferior. – Eso fue…

-¿Más vino? – Un camarero que salió como de la nada sostenía con firmeza una charola llena de copas de vino las cuáles sirvió en la mesa reemplazándolas por las vacías.

-Como caído del cielo. – Shikamaru agradeció al camarero.

-Muchas gracias. – Por una vez en la noche, alguien llegaba oportunamente a mi vida.

-Lamento eso. – Sasuke jaló la silla vacía a mi lado y se sentó en ella en medio de un suspiro.

-Fue divertido. – Ino no contuvo más tiempo su risa. – Como no te imaginas.

-Realmente lo fue. – Shikamaru concordó. – Sólo espera a que te contemos lo que hemos hecho en su ausencia.

-Muy graciosos. – Me quejé mientras mis dedos apretaban con fuerza la copa.

Ahora Sasuke estaba allí, a mi lado. Y yo no sabía cómo reaccionar, menos después de esa abrumadora charla con Fugaku.

-¿Algo interesante? – Preguntó tomando una de las copas llenas. – Sakura… – Su voz sonó ronca. Un hormigueo recorrió mi espina dorsal y los pelitos de mi nuca se erizaron. – ¿Cuándo volviste?

Sin responder, tomé la copa y la llevé justo a mis labios. Estaba firmemente desesperada en buscar un poco de coraje líquido.

-Hace poco volvió, Sasuke. – Ino respondió por mí. Notando al instante que estaba nerviosa por él.

-Justamente. – Asentí pensando que ya había bebido demasiado vino. Lo que necesitaba ahora era… tequila. Si, quizá con tequila en mi organismo todo comenzara a sentirse menos fúnebre en mi corazón. – ¿Vieron hacía donde fue el camarero? – Pregunté a Hinata y Naruto, quienes estaban sentados en los lugares con más vista al resto de la sociedad.

-Claro. – Naruto asintió llamando al camarero con un gesto de mano. ¿Es que a todos se les daba eso mejor que a mí?

Daba igual.

-¿Podrías, por favor, traerme dos tragos de tequila? – Pedí con firmeza ni bien el camarero estuvo a mi lado.

-En seguida. – El chico de lindo cabello castaño asintió marchándose.

-¿Tequila? – Sasuke preguntó. – Tú… – Él lo sabía bien. Yo no bebía tragos de tequila a menos que fuera una de esas noches en que necesitaba perderme de los problemas. Los demás, parecieron no notar nada extraño en mi pedido.

-Es una de esas noches. – Simplemente le dije. No estaba dispuesta a dejar que saliera de mis labios qué tipo de noche era.

En segundos, el camarero ya estaba de vuelta con dos tragos de perfecto tequila.

-¿Algo más? – Preguntó a mis espaldas. – Podría traerle más en cuanto termine estos, sólo avíseme. – Fue cortes, como ningún camarero hubiera sido a no ser de que desde la posición en que él se encontraba, a mis espaldas, estuviera viendo el escote de mi vestido.

Asentí con la cabeza, porque sabía que mi garganta podría haberse cerrado tras beber el primer trago.

-Te mantendré al tanto. – Le indiqué.

Tomé entre mis dedos el segundo trago de tequila y lo contemplé preguntándome sí estaba siendo una exagerada. Pero me encogí de hombros. Estaba con mis amigos, después de todo, quizá sería bueno pensar en otras cosas y divertirnos juntos.

Llevé el pequeño vaso a mis resecos labios y bebí de dos tragos su contenido.

-Uff… – Suspiré en cuanto comencé a sentir ese hormigueo en el cuerpo propio del alcohol entrando a mi organismo.

¡Bendito tequila!

-Sakura… – La voz de Sasuke me sorprendió. Aún más el hecho de que estaba susurrando en mi oído y su cálido aliento fue algo levemente estremecedor. – Por cierto… – Dijo aquellas palabras, como si hubiéramos estado manteniendo una conversación de la cual yo aparentemente me perdí. Asentí hacía él sin querer abrir la boca, porque estaba consciente de que aún no estaba lo suficientemente ebria como para hablar. ¿Dónde estaba aquel camarero simpático cuando le necesitaba? – Fui a buscarte, pero no te encontré por ningún lado. – Dijo casi con reproche, ignorando a Ino y al resto de la mesa. ¿En serio? ¿Buscándome? ¿Es que acaso desde el lugar de Karin la vista era perfecta para buscar personas extraviadas en un salón, en una boda? Oh, genial. Ahora sí que ni siquiera el poderoso tequila podría llevarse esos recuerdos de mí. Habían quedado impresos en mi cerebro. – ¿Dónde estuviste? – Cuestionó volviéndose hacía mí.

-Por ahí. – Respondí con simpleza sin voltear a verle. Mentalmente me apremié porque a pesar de que en mi mente estaba ardiendo de ira y mi cuerpo ya tenía un leve porcentaje más elevado de alcohol, le estaba respondiendo con educación y controlando mis impulsos estúpidos.

-¿Por ahí? – Pude notar esa gota de ironía en su voz.

¿Dónde estuviste tú, Sasuke?

-Tuve un pequeño contratiempo en el camino. – Mentí. – Nada que te incumba. – Ese lado modo perra en mí, no salía a menudo. Menos con él. Pero ya se me había acumulado todo en un día. Como si se me hubiese acumulado el cansancio de haber pensado en él tanto tiempo y hubiera perdido las fuerzas para decidir cualquier cosa sobre nosotros. – Quizá tú no buscaste bien. – Le informé con apatía. – Yo estaba por ahí, tú… ¿Dónde estabas?

Alcé el rostro por breves segundos y entonces, el resto de la mesa nos miraba con confusión y asombro. Pensándolo desde un punto de vista externo, la manera seca de hablarnos sonaba como si estuviéramos enfadados el uno con el otro. Al menos de mi parte eso parecía. Yo estaba enfadada conmigo misma, y estaba decepcionada en mí interior por mí con Sasuke, pero él… quizá a él simplemente no le importaba. Y eso de nosotros evadiéndonos, o de mí evadiéndole a él, no era algo común que vieras todos los días. No entre nosotros.

-Hmp, unos conocidos me saludaron. – Respondió a mi pregunta. Y no me cupo la menor duda, Karin era toda una conocida suya.

-Ojalá sirvan ya la cena. – Hinata trató de cambiar oportunamente la conversación, pero dirigiéndose a todos menos a mí y a Sasuke.

-¿Apostamos a ver quien adivina lo que servirán de plato fuerte? – Sai continuó dándonos privacidad.

-¿Estás bien? – Sasuke seguía mirándome. Podía sentir esos penetrantes ojos observar mi rostro insistentemente.

-No. – Respondí a secas. – Realmente no lo estoy, Sasuke. – Y armándome de valor decidí ya voltear a verle. Porque necesitaba que él, que me conocía tan bien, se diera cuenta de que en verdad estaba triste y necesitaba más que nada salir de ahí. – Pero no te preocupes, tú no necesitas saber qué pasa.

-Necesito saberlo. – Repitió llevando una mano al dorso de mi mano, sabiendo que eso provocaría que yo volviera el rostro para mirarle.

Y ahí, viéndole fijamente a los ojos, es que me di cuenta de todo. De cómo, de cuando, de porqué. Ahí comprendí porqué él. Porque después de todo, él había sido uno de los pocos hombres que me había visto realmente desnuda. Y no hablando de esa desnudez que tenemos al sacarnos la ropa, al contrario, Sasuke me conocía con esa desnudez del alma que no le muestras a cualquier tipo que conoces. Sasuke conocía lo mejor y peor de mí. Mis gestos, mis sueños, mis miedos a morir o a que una pequeña vida en mis manos muriera…

Sasuke sabía mucho de mí.

Él me había visto realmente desnuda en todos los aspectos. Quizá esa fuera la respuesta a todo lo que necesitaba saber.

Y quizá él nunca se enteraría de las reacciones que provocaba en mí.

No estaba besándola, Sakura. Ella estaba de encimosa sobre él. Él le daba la espalda. Ahora él está aquí y no con ella. – Traté de mentirme a mí misma para poder contestarle más serenamente.

-Estoy bien. – Carraspeé. – En verdad, hablaremos luego. ¿Bien?

-Hmp. – Asintió. – ¿Quieres que te lleve ya a tu casa? – Sus penetrantes ojos estaban absortos en mi rostro, como si quisiera encontrar algo más oculto que mis gestos dirían.

-No. – Me negué. – Sabes que estoy esperando el pastel.

-Sabes que tendrás mi porción también.

-Gracias. – Traté de sonreírle.

-Bueno… – Sai suspiró llamando nuestra atención. – Esto es aburrido. Naori ya está sentada comiendo y nosotros no.

-¿Naori? – Sasuke preguntó confundido. – ¿Quién es ella?

-Ufff. – Ino resopló. – ¿Dónde tienen la cabeza? – Dijo exaltada. – Es tu madrastra.

-… – Sasuke hizo una mueca de desagrado. – No me interesa en lo absoluto su nombre. – Se cruzó de brazos. – Pensé que se llamaba Amane.

-No, no. – Ino suspiró. – Esa fue la tercera.

-Ah, la chica que dejó a Fugaku porque él no dejaba de llamarle: 'La tercera' – Sasuke sonrió de lado al recordarlo.

-Exacto. – Ino alzó su copa con agua hacía Sasuke. – Que buena memoria, amigo.

-Por cierto, Sakura… – Sai se reclinó sobre la mesa para observarme mejor. – No será que quizá tú estabas en el extenso grupo del medio del salón, peleándose por el ramo. – Dijo con burla, aunque casi le había atinado.

De repente, fui consciente de que me tensé por lo acertado del comentario.

-No sé de que hablas. – Fingí una risita. – Yo ni siquiera supe en qué momento fue eso.

-A penas te fuiste al baño. – Ino me informó.

-Parece que pasó de todo en lo que yo no estaba.

-No todo. – Hinata me sonrió con dulzura. – La noche aún está empezando, no hemos cenado aún.

-¿Ustedes no fueron por el ramo? – Pregunté mirando a Temari y Hinata. Después de decirlo, recordé que Hinata ya no tenía porqué. Ella ya estaba casada.

-Ni hablar. – Temari respondió apoyando su barbilla sobre su mano. – Odio que me empujen y aprieten… y por unas simples flores.

-Es muy problemático, ¿no, cariño? – Shikamaru adoptó la misma postura que Temari.

-Demasiado. – Ella le respondió sonriéndole, cómplices de algo.

-Creo que necesito ir al baño. – Sasuke informó poniéndose de pie. Y por mi mente pasó la duda de si en verdad iría al baño, o…

-No tardes, Sasuke. – Ino pidió. – En verdad nos aburrimos y sin ti… igual nos aburrimos, pero al menos estás cerca para quejarnos.

-Hmp. Lo intentaré.

-Y si no vuelves pronto, yo comeré tu cena. – Sai sonrió desinteresadamente.

-Adelante, estoy seguro de que tengo privilegios en esta fiesta. – Y dicho esto, Sasuke partió perdiéndose entre la gente que cada vez se volvía menos en la pista del salón.

-Ustedes, ¿están peleados? – Naruto cuestionó frunciendo el ceño a penas volví la mirada a los demás. 6 curiosos pares de ojos realmente me observaban con curiosidad.

-No. – Respondí casi de inmediato. – ¿Por?

-Tú sabes, volvieron a la mesa y ambos… lucen de diferente humor.

-Coincidencia, tal vez.

-¿Segura que todo bien? – Naruto estaba cada vez más concentrado en sacarme algo.

-Sí. – Respondí a secas, mirándole fijamente y apretando mis manos contra mis rodillas por la frustración.

-Suficiente para mí. – Ino bebió un trago de su agua mientras jugueteaba con su cabello.

-¿Lo dices en serio? – Shikamaru ahora sí que estaba confundido. – Pero si tú eres la reina del drama y chismes. Siempre quieres saber todo.

-No esta vez. – Se encogió de hombros. – Conocen a Sakura, sí ella dice que es coincidencia, le creo. Y si está mintiendo, ya saben que con dos tragos de tequila se está infundiendo valor y no hablará. No esta noche. – Mentalmente le tiré flores en agradecimiento a Ino, porque ella en serio distrajo a los demás para que no siguieran preguntándome cosas de las cuales yo trataba de olvidar con tequila. Muy en el fondo, no quise recordar que Ino fue amable porque quería enterarse primero de lo que en verdad pasaba por mí cabeza. Era como una niña pequeña, recelosa de algo que sólo ella quería saber.

Sasuke volvió justo en el momento que el camarero servía la cena. Justo como esperaba, filete y pasta.

-Qué sorpresa. – Irónico Sasuke comentó.

-Luce delicioso. – Ino contempló el platillo con afecto. – Muero de hambre.

-No irás a usar ese pretexto de: 'Ahora estoy comiendo por dos' para justificar que subes de peso, ¿oh, sí? – Shikamaru se burló de ella.

Pero me importó poco su respuesta. Yo simplemente me concentré en pedir más tequila. Mientras todos estaban distraídos cenando, yo estaba concentrada en los últimos dos tragos de tequila que había pedido. Cuando el último bajó por mi garganta, mis labios ya estaban lo suficientemente entumecidos como para preguntar de qué estarían cotilleando ahora mis amigos.

Pero ese fue mi límite.

Cuatro tragos de tequila fueron todo lo que necesité para darme cuenta de que el alcohol no me ayudaría en nada. No esa noche.

¿Estaría bien pedir algo un poco más fuerte?

-Hmm… – ¿Qué había más fuerte que el tequila? ¿Whisky? ¿Ron?

-Tu padre está buscándote. – Shikamaru señaló detrás de mí y de Sasuke. Pero ambos volvimos la mirada a nuestras espaldas. Y si, Fugaku trataba con desesperación-y seguramente .5 gramos de alcohol- de llamar la atención de Sasuke.

-¿Y ahora qué? – Sasuke suspiró. – Vuelvo en un segundo. – Se acomodó su elegante saco negro en cuanto estuvo de pie.

-Esto tardará. – Ino dijo mordiendo su labio inferior. – Sasuke no luce feliz.

-Esto debe ser sofocante para él. – Hinata asintió. – Una boda más de su padre a la que es obligado a asistir.

-Con razón detesta tanto las bodas y no quiere casarse. – Naruto suspiró. – Ha estado en más bodas de las que Ino ha organizado.

-Y eso es mucho. – Ino asintió.

-En fin, – Suspiré. – ¿Tardarán mucho con el pastel?

-Posiblemente no. – Temari respondió dándose cuenta en seguida de mi poco tacto para querer cambiar de tema, pero aún con la intención de ayudarme continuó: – Lo han partido hace poco.

-Esto terminará pronto. – Shikamaru ladeó la cabeza. – Yo quizá deba ir al baño antes de irnos. – Le dijo a Temari mientras se levantaba y rodeaba la mesa dirigiéndose justo por el sitio donde me perdí de Sasori.

-Hmm… – Farfullé. ¿Qué habrá sido de él? Sea como sea, no me arriesgaría a levantarme de la silla de nuevo, ni para ir al baño.

Una vez tropiezas con la piedra, dos ya no.

-¿Bailas conmigo, Hinata? – Naruto ofreció su mano a su esposa esperando que ella asintiera.

-Esperaba que lo dijeras pronto. – Ella respondió sonriéndole. La jodida etapa de la luna de miel aún estaba allí. Quizá dentro de algunos años, estarían como Ino y Sai. Naruto sería completamente devoto a la palabra de su esposa. Pero… eso ya estaba sucediendo.

-Ni hablar. – La risa de Ino captó por completo mi atención. – Sai, no le pondremos al niño Inojin. – Hizo un cálido y gracioso gesto arrugando un poco su nariz. Sus mejillas estaban sonrojadas por el tenue frío que empezaba a caer y aún así parecía como si estuviera a punto de salir en alguna portada de revista.

-A mí me gusta el nombre. – Sai insistió completamente perdido, como yo, en su esposa y la hermosa sonrisa que tenía. Sus ojos estaban absortos en cada palabra de ella. Su sonrisa se ensanchaba cada que ella reía a carcajadas. Él estaba tan enamorado de Ino que verlos provocaba envidia en las personas que no sabían lo mucho que les había costado llegar a formar su familia.

-Ya lo hablaremos después. – Ella no podía quitar la sonrisa de felicidad de sus labios. Tenía en su interior el regalo más perfecto que nadie más pudo haberle dado, pero que ella deseaba más que nada.

-Hey, Sakura. – Temari aclamó por mi atención.

-¿Si? – Respondí viéndola directamente. – ¿Pasa algo?

-¿Estás bien? – Preguntó con seriedad. – Es que luces muy distraída.

-Estoy bien. – Respondí dedicándole una corta sonrisa. Porque las personas te preguntan si estás bien por educación y tu respondes que si sólo por costumbre.

-¿Sabes? Yo lo estuve pensando…– Dijo mientras mecía una copa de vino entre sus delgadas manos.

-¿Acerca de…?

-Ti – Respondió con simpleza. – Pensaba en ti y tu problema. – Me miró con una sonrisa de lado y sutilmente ladeó la cabeza hacía el lugar vacío de Sasuke.

-¿Y? – Bajé la mirada a mi regazo, tratando de ocultar el hecho de que mi corazón se había fracturado ligeramente minutos antes.

-Llegué a la conclusión de que no es tu culpa. – Me aseguró antes de tomar un trago de su copa. – Enamorarte de él. – Respondió a una pregunta que sólo había formulado en mi mente. – Tú estabas acostumbrada a los chicos que llegaban a tu vida sólo para acostarse contigo… y ya; Y luego llegó Sasuke, quien llegó a tu vida mucho antes, y lo hizo para satisfacerte no sólo en la cama, si no que te hace aún más feliz fuera de ella. Tú simplemente no pudiste evitar enamorarte. Supongo que una forma más fácil de decirlo, es que él te llena en todos los aspectos. Esa, Sakura, es la diferencia de porqué te enamoraste de él, y no de cualquier otro.

-… – No pude decir nada. Su revelación concordó tanto como mi reflexión en el baño, que el hecho me dejó estática.

-No se puede evitar. – Ladeó la cabeza haciendo crujir sutilmente su cuello. – Hay personas que te alegran la piel pero no el corazón. – Un suspiro enternecedor escapó de sus labios. Como sí recordara algo lejano de su pasado. – Querer acostarse con alguien no es lo mismo que querer despertarse con él. Y yo creo que tú mueres por despertar a su lado… por más tiempo de lo que quisieras admitir. Admítelo y no pierdas la oportunidad ahora que la tienes.

-¿Tú crees? – Suspiré como dejando una parte de mi alma con ese suspiro. Ella, sin dudar, asintió. – Es que no es algo tan… fácil.

-Te entiendo. – Posó su mano izquierda sobre la mía. – Pero te aseguro que vas por el camino correcto.

-¿Cómo lo sabes?

Temari esbozó una cálida sonrisa y miró por detrás de mí. Sus ojos se entrecerraron por breves segundos.

Una parte curiosa de mi, estaba segura de que Temari tenía un pasado el cuál quizá no sabría nunca. Pero sí algo era seguro, es que fuera lo que fuera, Shikamaru había sido su recompensa.

-Porque es casi imposible amar a alguien y nunca sufrir por esa persona, – Me advirtió. – Se trata de encontrar a alguien por quien valga la pena pasarlo mal alguna vez.

-Supongo. – Me encogí de hombros. No supe que más decir.

-¿Quieres un consejo? – Asentí. – No existe realmente algo como el chico ideal, es sólo un falso prototipo que usamos como consuelo y nunca termina siendo lo que uno busca… pero sin darte cuenta llega alguien que se convierte en tu mundo si es que te atreves a aceptarlo y vivirlo como tu corazón lo dice.

-Temari, eso es muy dulce. – Mis labios se curvearon en una mueca deprimente. – Pero por lo que yo sé, hacen falta dos para tener una relación de amor, Temari. Dos personas que quieran exactamente lo mismo.

-Es cierto. – Ella reconoció. – Y quizá él lo quiera. Es posible y lo sabes.

-No lo sé. – Negué. – Yo no creo que él…

-Es porque es un chico. – Rodó los ojos con fastidio. – A veces no son… demasiado brillantes. – Ladeó insinuante la cabeza hacía la silla vacía de Shikamaru. – Aunque digan que son todos unos genios, no lo son en todo.

-¿Y qué debo hacer?

-Darle un poco más de tiempo. – Manifestó. – Terminará por verlo.

-No lo sé… Es… ¡Es Sasuke!

-¡Y mis signo zodiacal es Leo! – Dijo exasperada. – Eso no tiene nada que ver.

-Es que él jamás se comprometerá con nadie… es que es así.

-¿Por qué estas tan segura de que él no quiere? – Me preguntó. – ¿sólo porque lo dijo? – Asentí. – Es estúpido.

-No, no lo es. – Respondí. – Es lógico que él no me ame.

-¿Lógico en qué sentido?

-En muchos, en todo. – Refuté. – Mira, él es casi perfecto. Es algo arrogante, y estúpido, pero es guapo y todo en él es cautivador.

-¿Y? – Se cruzó de brazos esperando mi respuesta.

-Los chicos como él no se fijan en chicas como yo. – Me encogí de hombros tratando de ocultar el ligero temblor en mi cuerpo. – Chicos como él no se enamoran de chicas como yo porque están muy ocupados con la perfecta pelirroja de voluptuoso cuerpo como para enamorarse y dedicar su vida a una chica delgaducha y sin atributos grandes… como yo.

-¡Al demonio con eso! Sí tú no le dices lo que sientes, en verdad puedes perder más de lo que crees.

-No puedo… – Murmuré. – En serio…

-Bien. – Aporreó una mano contra la mesa. – Entonces lo siento. Por los dos. – Justo en ese instante Shikamaru llegó y se sentó a su lado. Él le dio un rápido beso en la frente y ella sonrió acariciando su barbilla.

-¿Qué me perdí? – Preguntó mientras aflojaba un poco su corbata verde.

-Toda una historia. – Temari le sonrió.

-¿Una historia? – Curvó una ceja y esperó por su respuesta.

-Espero que tenga un buen final. – Ella sonrió con tristeza y me dirigió una rápida mirada. – ¿No, Sakura?

-También lo espero.

.

-Esto es absurdo. – Sasuke regresó y se sentó a mi lado trayendo consigo un plato enorme con una apropiada porción de pastel. – Fugaku te manda esto. – Me dijo casi al oído.

-¡Oh! – Ino masculló observando mi plato. – Se ve delicioso. ¿No hay privilegios especiales para la chica embarazada? – Podía jurar que su expresión nunca la había visto en mi vida.

-Ni hablar. – Susurré. – Este es todo mío. – El pastel se veía tan apetitoso como esperaba. Tomé un enorme bocado y lo saboreé mientras estuvo en mi boca. Vainilla. ¡Delicioso! – Oh, Ino. Desearía que probaras esto.

-¿Y qué pasó ahora? – Shikamaru preguntó a Sasuke, ignorándonos.

-Naori quería que me tomara fotos con ellos. – Sasuke arqueó la ceja derecha. – Más bien con ella.

-No me digas, tu nueva madrastra quiere contigo. – Sai se burló.

-Mi padre se las busca cada vez más descaradas.

-¿Ella te tocó en lugares inapropiados? – Ino le provocó.

-No. – Respondió sonriendo de lado. – Pero me pidió ayuda para buscar algo con ella en la cocina. Solos.

Sentí que podría atragantarme con el pastel que estaba tratando de comer.

-¿Disculpa? – Murmuré tragando de un golpe la delicia que ahora me sabía simple.

-Por supuesto le dije que le pediría a algún mesero que le acompañe. – Respondió sin verme. – Luego llegó mi padre y pude zafarme rápido del incómodo momento.

-Me asombras, Uchiha. – Ino discretamente tomó un pedazo pequeño de mi pastel con su tenedor. – En otras circunstancias le hubieras dado una buena…

-¡Ino! – Sai le interrumpió. – No quiero que nuestro hijo escuche malas palabras de ti.

-Él aún ni nace. – Ella rodó los ojos mientras llevaba su tenedor a sus labios.

-No lo hice por ella – Sasuke fastidiado apoyó el codo en la mesa y su barbilla en la mano. – Menos por mi padre.

-¿No?

-No me gustan las chicas así… como ella.

-Creí que te encantaban. – Ino seguía picándole. – Aventadas, fáciles y que buscan revolcones rápidos y fugaces.

-No ahora. – Reconoció.

-¿No ahora? – Discretamente volteó a mirarme rápidamente. – Entonces, ¿ahora qué te gusta?

-Hmp. – Sonrió momentáneamente de lado. – Te sorprenderías.

-Inténtalo. – Ella le miró retadoramente.

-Sólo… – Le miró inmutablemente – No tenía ganas. – Con un parpadeo, apartó la mirada de ella y me miró a mí, casi con suplica. – Sakura, ahora que has probado el pastel ¿Podemos irnos?

-¿Seguro? – Pregunté saboreando el merengue.

-Te lo ruego. – Suspiró viéndose verdaderamente agotado.

-Bien. – Fue entonces que recordé que quizá no debía irme con él. No por miedo a que alguien nos viera. Los chicos lo sabían, su familia pensaba que era su amiga y su padre lo vería apropiado. Pero de mi parte… yo ya no estaba ni segura de que pasaría con nosotros ahora. – Aunque, quisiera quedarme un poco más. – Mentí. – Pero puedes ir a tu casa a descansar. Yo le pediré a alguien más que me lleve.

-No, está bien. – Él asintió. – Yo te esperaré.

-No me molesta si quieres marcharte ahora, Sasuke. – Le aseguré.

-Hmp. Lo sé. – Respondió. – Pero quiero esperarte. – La firmeza en sus palabras me hizo temblar en rendición. Ambos éramos igual de tercos. Él insistiría en llevarme tanto como yo en resistirme a que lo haga. No había de otra.

-Vámonos. – Me levanté de la silla aferrándome a mi bolso de mano.

-¿Ya? ¿Estás segura? – Asentí. – Bien. Despídanos de Naruto y Hinata, por favor. – Les dijo a Ino y Sai. – Hasta luego, chicos. – Tomó entre sus manos las llaves de su auto y con un gesto de cabeza se despidió.

Vaya, Uchiha. Ni se hacía del rogar.

-¿No irás a despedirte de tu padre? – Pregunté caminando a pasos rápidos detrás de él.

-He tenido suficiente de mi padre por un fin de semana. – Respondió mientras se daba media vuelta y me tomaba de la mano para que pudiera caminar a su ritmo. Realmente tenía prisa en salir de allí. No quise observar para saber si alguien nos estaba mirando. Quizá su familia, quizá ella… No me importó en realidad. La diferencia entre Sasuke tomándome de la mano, comparado a cuando alguien más lo hacía, es que cuando era Sasuke mi corazón se calmaba. La pieza que me faltaba, la paz en medio de la tormenta. Y mi cuerpo flotaba haciéndome creer que no necesitaba de nada más.

Conquistaría el mundo con una mano, sí la otra la tomaras tú.

-Así que… ¿Te divertiste? – Preguntó cuando estuvimos dentro de su auto.

-Mucho. – Respondí poniendo alrededor de mi cintura el cinturón de seguridad. Por supuesto que había sido una noche memorable. Definitivamente me tomaría bastante tiempo olvidar esa noche.

-Menos mal. – Suspiró. – No quiero volver a saber más de bodas por el resto de mi vida. – Se quejó.

-Al menos no dentro de dos años cuando alguno de tus padres decida divorciarse y casarse de nuevo. – Él no se veía muy de humor para bromas, pero aún así me arriesgué.

-Oh, puedes apostar que así será. – Negó con la cabeza. – Estoy casi seguro de que mi padre se casó con… – Se quedó callado por unos segundos mientras pensaba en algo. – ¿Cómo dices que se llama la chica?

-Naori. – Respondí mientras revisaba mi celular.

-Claro. – Asintió. – Estoy seguro de que se casó con ella porque se enteró que mi madre se casó hace poco también.

-¿Se están haciendo competencia? – Pregunté observando su concentración fija en la carretera.

-Sólo detestan la idea de que el otro sea más 'feliz'. – Entrecerró los ojos sabiendo que esa palabra no era sincera. – Como sea, espero que esta vez tarden el tiempo suficiente casados como para que yo me reponga del trauma y humillación.

-¿Y por qué no simplemente dejas de asistir a las bodas? – Me encogí de hombros. – Yo lo haría.

-Lo he intentado. – Respondió. – Mamá me hizo un drama y papá amenazó con darles mi dirección a mi familia.

-Lo cuál te molesta más. – No era una pregunta, y sí así fuera, ya sabía la respuesta.

-Sabes que sí. – Por supuesto.

-No entiendo porque te desajenas tanto de tu familia.

-Ustedes son mi familia. – Respondió. – Me siento más allegado a ustedes que a mis padres y hermano.

-¿Lo dices en serio? – Me hubiera gustado ver mi propia expresión en ese momento.

-Sí. – Se encogió de hombros. – Naruto es ese hermano torpe al que siempre debemos cuidar. Shikamaru es el vago al que siempre hay que recordarle la hora o no llegaría a su trabajo a tiempo. Tú eres… – Se detuvo a pensarlo.

-¿Qué soy? – Estaba segura, ahora mi expresión era seria.

-Estoy intentando descubrirlo aún.

A las 2:00 am y con la carretera vacía en un domingo, a Sasuke le tomó menos de 20 minutos dejarme en la puerta de mi departamento.

-Aquí estamos. – Me informó estacionándose.

-Al fin. – Suspiré sintiendo como el cansancio y las emociones encontradas de aquella noche se acumulaban en mis pies adoloridos.

Salí del auto y abrí al instante mi bolso rebuscando mis llaves en su interior. Mientras subía los pequeños escalones de la entrada, escuché la otra puerta del auto cerrase. Sasuke había salido de su auto y caminaba a grandes pasos hacía mi. Excelente.

Mis manos temblaron ligeramente cuando sentí una de sus manos agarrando mi cintura. Tragué saliva y por un segundo olvidé lo que estaba buscando en mi bolso.

Llaves de mi departamento

Mis llaves

Llaves.

Las malditas llaves…

¿Dónde estaban cuando…? Dónde estaban cuando su mano descendía lentamente.

Suspiré de alivio cuando las encontré. No así cuando me di cuenta de que estaba tan nerviosa sin razón aparente que fallé un par de veces en meter la llave en la cerradura de la puerta.

-¿Tienes frío? – Él, detrás de mí, preguntó. Seguro había notado el temblor de mis manos y lo mal interpretó.

-No. – No mentía. Era sólo el nerviosismo de sentir el calor de su cuerpo detrás de mi cuerpo. Y era absurdo por completo. Después de todo, le había sentido en posiciones más intimas y algunas de ellas le incluían a él detrás de mí también.

Un tercer intento fallido después, me di cuenta de que estaba siendo patética. Sin embargo, él no dijo nada. No tomó las llaves ni intentó abrir él mismo. Lo cuál era perfecto. Ese hombre me hacía sentir bien y todo, pero aparte del hecho de que yo era un completo desastre emocional y físicamente hablando, no necesitaba que encima de darme placer él tuviera que abrir la puerta de mi departamento por mí. En cuanto conseguí abrir la puerta suspiré de alivio. Después, como si el alcohol a penas estuviera haciendo efecto en mí, las palabras salieron de mis labios atropelladas.

-Sasuke, ¿quieres pasar…? – A mi departamento, conmigo.

¿Disculpa? La parte racional de mi cabeza estaba sorprendida por mis palabras. ¿En serio?

Él me observó un par de cortos segundos, y luego asintió con entusiasmo.

-Claro. – Respondió.

Le había invitado a pasar a mi departamento, sin razón aparente. Es que ni siquiera había planeado o pensado que esas palabras saldrían de mis labios. Es cierto que yo realmente necesitaba hablar con alguien, decirle lo que estaba pasando por mi cabeza confundida en esos momentos. Necesitaba que me escucharan y aconsejaran, pero no especulaba en mí contándole algo a Sasuke. No porque mi principal problema era él. Cuando la persona que más sabe de ti, es a quién menos puedes contarle. No podía. A mi mejor amigo, a quien sabía mucho por no decir todo de mí. No podía decirle que él era quien me estaba haciendo sentir así, ¿O sí?

Empujé aún más la puerta para que él entrara conmigo. De un sutil empujón la cerré detrás de mí y encendí la luz del recibidor provocando que una ligera molestia en mis ojos me hiciera parpadear un par de veces.

-Hola, Gil. – Saludé a mi peludo amigo en cuanto sentí sus pequeñas patitas apoyándose firmemente contra mis piernas para que yo pudiera alzarlo en mis brazos. – Mami te extrañó. – Me agaché lo suficiente como para poder sostenerlo y llevarlo conmigo hasta la cocina. – Ya sabes dónde están las botellas, Sasuke. – Dije mientras dejaba a Gil de nuevo en el piso y sacaba de la alacena la caja de croquetas que él amaba. – Siéntete libre de servirte lo que gustes. Si quieres.

-Lo haré. – Escuché su voz firme detrás de mí. El tono lascivo de su voz me hizo pensar que quizá él malinterpretó mis palabras, o yo ya me había vuelto más pervertida de lo que imaginaba.

-Pensé que estabas en la sala. – Dije poniéndome de nuevo en pie. – Aguarda un segundo, sólo le daré de cenar a Gil. – Serví un poco de croquetas en su tazón y lo dejé justo en la esquina donde él prefería acolcharse y comer. Estaba segura, sólo comería un poco y luego me seguiría hasta la sala esperando que le acariciara como siempre.

-¿Trabajas mañana? – Preguntó.

-Hasta la tarde.

-Hmp, con razón no te veo estresada aunque ya son casi las 3am.

-Ino también irá en la tarde. – Le informé aunque él no lo preguntó.

Fingiendo desinterés, abrí el grifo del lavamanos y me lavé las manos preguntándome por qué rayos le había invitado a entrar al departamento.

-¿Privilegios de embarazada?

-Sólo… tiene buenos contactos. – Me encogí de hombros.

-No me sorprende.

En segundos, sentí el cuerpo de Sasuke pegado a mi espalda mientras una de sus manos sacaba algo de la alacena y con la otra me tomaba por la cintura.

-Tengo las copas. – Estaba tan pegado a mí que pude sentir su respiración casi irregular en mi hombro.

-Bien. – Asentí sin mirarle. Estaba más concentrada fingiendo interés en Gil y la forma curiosa que tenía de mover la colita de felicidad mientras cenaba. – Uff.

-¿Cansada?

-Cómo no tienes idea. –Bostecé caminando rumbo a la sala, con él aún detrás de mí. – Muero por quitarme ya este maldito vestido y no volver a ponérmelo hasta la próxima boda de tus padres. – Me senté en el sillón, y justo como pensaba Gil estaba ya a mi lado y del otro Sasuke.

-Yo puedo ayudarte con eso. – Su voz era ronca, áspera. Y fue tan jodidamente sensual que no pude evitar el estremecimiento que recorrió el largo de mi columna vertebral. Menos cuando sentí sus dedos recorrer el largo de mi brazo.

¿Cómo es que con el sólo toque de sus dedos, yo ya me sentía estremecer?

-…Sasuke. – Anhelé cuando una de sus manos bajó desde mi cintura hasta mi muslo.

Necesitaba hablar con él, decirle que estaba confundida… necesitaba a mi mejor amigo. Porque no había nadie en el mundo que me importara más que mis amigos. Tantos años y seguíamos como en aquellos años de universidad, cuidando el uno del otro. Viajando juntos por la vida. Uñas y carne. Pero con Sasuke… él era más.

No estaba bien, no lo estaba… Nada.

Las manos de 'mi mejor amigo' estaban recorriendo con descaro mis piernas por debajo del vestido cada vez llegando más arriba y mi cuerpo se estremecía con su brusco tacto. Sus labios estaban en mi cuello. Y yo, yo estaba estática, sintiendo todo lo que él me hacía, pero muda. Confundida. Con la cabeza a millones de kilómetros de distancia.

Necesitaba detenerle antes de que mi cordura terminara de irse.

-Sasuke… – Le llamé.

-¿Si? – Seguía con los labios sobre mi rostro, mordiendo con suavidad el lóbulo de mi oreja.

-Antes de que sigas… – Le corté apartándome sutilmente de su lado. – Tengo que decirte algo.

-¿Qué pasa? – A pesar del tono de preocupación en su voz, él no se apartó ni un milímetro de mi piel.

-Es una petición, realmente. – Susurré. – ¿Puedes escucharme?

-Hmp, de acuerdo. – Se enderezó sólo un poco, pero su mano seguía firme en mi muslo. – Lo que quieras. – Y su tono de voz sutilmente insinuante me hizo pensar que él esperaba una petición descarada de mi parte.

-Te necesito, Sasuke. – Mi voz sonó más como un sollozo que como una petición.

-Está bien. – Le sentí acercarse de nuevo a mí. – No tienes porque pedirlo, Sakura. Yo también… – Y justo cuando estaba a punto de acercar sus labios a mi rostro, yo me aparté de nuevo. Pegué mi espalda al lado contrario del sillón, tan lejos como pude de él. –…Hmp.

-Lo siento. – Mordí mi labio inferior mientras suspiraba avergonzada.

-¿Pasa algo? – Su voz sonaba ahora si realmente seria.

-Yo… sólo… estoy confundida. – Admití sabiendo que un temblor comenzaba a formarse en mis manos.

-¿Sobre qué?

-Yo… – Vamos, Sakura. No es momento de dudar. – Yo… – Dilo, ahora. – Yo…

-Dilo… – Pidió casi con desesperación.

-¿Quién crees que es mejor, Batman o Superman? – Mentalmente, me di un golpe justo en la enorme frente.

¿En serio? Tanto rollo para…

-¿Disculpa? – El tono burlón de su voz fue la cereza del pastel.

-Si… ammm… ¿A quién le vas? – Volví a mirarle encontrándome con esa mirada que él ponía cuando creía que yo decía algo muy estúpido. Nada inapropiado en ese momento. – ¿Batman o Superman?

-Hmp. Lo sabes. – Se enderezó por completo y se cruzó de brazos mientras aparentaba pensar por unos segundos. – Batman.

-Sí, pero… Él es un humano, Superman es… ¿Un Dios? – Moriría con la mentira. Como los grandes.

-Hmp, No. – Respondió. – Superman es un extraterrestre con krytonita como debilidad, Batman es humano, pero millonario.

-Entonces, sí Batman fuera…

-Aguarda. – Me interrumpió. – Tú… – Me miraba con expectativa. – No quieres tener sexo, ¿verdad? – Sus palabras me dejaron momentáneamente helada. Con la boca abierta y los ojos humedeciéndoseme lentamente.

-No. – Acepté.

-¿Estás en esos días? – Preguntó sin intentar si quiera ocultar su descaro.

-No. – Me sonrojé. – No se trata de eso.

-Entonces, ¿de qué se trata?

-Es sólo que… – Mordí mi labio inferior y aparte la mirada de él. – Sólo quiero que seas tú esta noche.

-¿Quién? – Preguntó. Aunque sentía que una parte de él ya lo sabía.

-Tú. – Tragué saliva. – Mi mejor amigo.

-Nunca he dejado de serlo. – Su fría mano tomó la mía entrelazando nuestros dedos.

-Lo necesito más que nunca, esta noche. – Suspiré. – Hablar con él.

-Y ¿de qué quieres hablar? – Dejó caer su espalda contra las mullidas almohadas. – ¿Quieres escuchar mis argumentos sobre porqué Batman es mejor? – Negué sin poder evitar una pequeña risa. – ¿Entonces?

-No sé. – Me encogí de hombros. – Sólo… no quiero estar sola esta noche. – Suspiré. – ¿Quieres venir conmigo a la cama? – Señalé con la cabeza la puerta de mi habitación.

-Sin sexo. – No era una pregunta. Yo asentí. – Hmp. – Sonrió de lado sin apartar su mirada de mí. – Cámbiate de ropa. – Ordenó. – Ahora vuelvo. – Y de un rápido movimiento, Sasuke se levantó del sillón. Se agachó lo suficiente como para darme un rápido beso en la frente, como Shikamaru a Temari, y salió por la puerta cerrándola detrás de él.

Y yo me quedé ahí sentada, preguntándome sí quizá él volvería. Le dije que no tendría sexo con él y le había pedido algo de compasión y compañía. Eso es algo que se puede pedir a un amante, ¿no? Quizá él no… ¿Volvería o es que ese beso había sido de despedida?

Miré a Gil con confusión. El peludo dormía plácidamente sobre una almohada ajeno a todo lo que acababa de pasar en esos largos minutos.

-Oh, mierda. – Me levanté del sillón dando pasos hacia atrás, hacia mi recámara. Y justo cuando pensé que lo mejor sería simplemente acostarme a esperar un infarto que acabara con todo, como la perfecta drama queen que era, la puerta se abrió de nuevo, y Sasuke ya no tenía su chaqueta puesta.

-¿Sigues aquí? – Preguntó cerrando la puerta detrás de él.

-¿A dónde fuiste?

-Fui a ver si había cerrado bien mi coche – Respondió. – Además, tengo que cerciorarme de que hayas cerrado apropiadamente la puerta.

-No tardo. – Susurré girando sobre mis talones y corrí a mi habitación para cambiarme. Abrí los cajones y saqué lo primero que encontré. Una camiseta delgada y unos shorts cortos que usualmente usaba para hacerme la vaga en casa. Entré al baño sin molestarme en cerrar la puerta y saqué de mis cajones desmaquillante y un cepillo para mi cabello.

Quizá esta sería mi oportunidad para aclarar todo.

Me quité los tacones aventándolos contra la pared del baño y bajé a prisa el cierre del vestido. Desabroché mi sostén y sólo me puse la playera encima. Mientras cepillaba mis dientes, escuché el ruido de la puerta de mi habitación cerrarse, y me quedé estática viéndome en el espejo preguntándome si realmente podía hacerlo. Podía ir y decirle… ¿Decirle exactamente qué? No podía decirle que le amaba. ¿Con que fin lo haría? ¿Decirle que él era todo en cuanto pensaba? No podía. No, porque su respuesta era clara y no sólo para mí. Me lo había dicho trescientas veces, demostrándolo con cada mujer con la que había salido. Era ridículo pensar que podíamos en algún futuro...

Él definitivamente desaprobaría que al final de cuentas yo haya sido quien cayó en esa trivialidad de enamorarse.

Yo debía superar esa fantasía romántica en que los dos avanzábamos de la mano hacia un perfecto futuro, o al menos dejar de acostarme con él. Ninguna opción parecía buena. Porque me gustaba pensar que cabía una remota posibilidad de algo más con él. Definitivamente la lógica no intervenía en el asunto. Lo necesitaba en el plano celular, era una necesidad que superaba toda función cognoscitiva. Y para él sólo significaba un buen polvo de fin de semana.

Y entonces la segunda opción me pareció más apropiada. Por lo menos hasta que buscara la mejor manera de decirle…

Dejé caer el cepillo en el lavabo y me miré fijamente tratando de infundirme valor. Podía hacerlo. Podía decirle que necesitaba parar por un tiempo la relación que teníamos. Decirle a la cara que no había funcionado para mí. Que era maravilloso, que la cuestión no tenía nada que ver con él, sino conmigo, pero que no podía hacerlo más. Ni siquiera una vez más. Lo más probable era que él se sintiera desconcertado, incluso contrariado, pero a la larga sería lo más inteligente. En unas semanas, tal vez uno o dos meses, le explicaría bien el porqué. Y después, quizá en algunos meses cuando ambos ya hayamos retomado nuestra magnifica vida sexual con otras parejas, yo podría revelarle que me había vuelto loca por él. Quizá lo entendería o quizá no. Pero al menos ya sería cosa del pasado.

Tomé el cepillo de nuevo y lo enjuagué mientras sacaba de un cajón mi enjuague bucal. Vertí un poco del liquido azul en la pequeña tapa blanca y mientras hacía muecas con él dentro de mi boca, repasé las palabras exactas en mi cabeza: "Sasuke, éstas han sido las semanas más maravillosa de mi vida, y todo te lo debo a ti. Pero no creo que sea una buena idea continuar. No es por ti. Es por mí." En verdad, por mí.

Breve y conciso. Además de directo. Podría contenerme las lágrimas y las emociones.

Escupí el líquido azul y me miré en el espejo por última vez antes de salir del baño. Había llegado el momento. Era fuerte.

Salí del baño con la cabeza en alto, los hombros erguidos y con una determinación indestructible. Además, pero no menos importante, el cabello lacio y desenredado. Sasuke se encontraba acostado en mi cama. Tenía los pantalones finos puestos y estaba con la camiseta blanca con dos botones desabrochados. Fue como una fantasía erótica adolescente. Un Dios griego esperándome en mi cama para darme el placer más excitante de mi vida… Ops. ¡Concéntrate, Sakura!

-Linda pijama. – Sonrió con burla al verme.

-Linda la tuya. – Respondí mientras encendía una luz y sacaba de mi cajón una playera ancha que pensé podría venirle a él. – ¿Quieres cambiarte?

-Estoy bien así. – Respondió en un suspiro. – ¿Vienes? – Estiró la mano derecha para mí.

Me fue imposible no recordarle haciendo el mismo gesto para mí en aquel hotel cuando pasamos la primera noche, juntos. "Cuando tengas dudas, mírame" Sasuke palmeó el colchón a su lado y aunque abrí la boca para hablar, olvidé todo mi formulado discurso. No sentí pánico o miedo, fue quizá la sensación de que él era todo lo que necesitaba a mi lado esa noche. Y no tenia porque decirle en ese momento, podía esperar.

Quizá más tarde, o quizá mañana.

-¿Qué querías decirme? – Preguntó cuando estuve sentada a su lado, mi cabeza apoyada contra la pared y mi espalda reposando sobre las mullidas almohadas contra la cabecera de madera.

-De todo un poco. – Susurré viéndole fijamente a los ojos.

-¿Y con qué quieres empezar?

-Tú… – ¿Tú sigues acostándote con Karin? – Tu familia, ¿se encuentra bien?

-Lo están. – Llevó una mano a su cabello revuelto y miró por breves segundos el techo. – Mis parientes me preguntaron, como en cada boda a la que asisto, si tengo pareja.

-¿Y qué respondiste?

-Que no. – Me miró por breves segundos, y después el techo volvió a parecerle importante. – La verdad.

-Oh. – Murmuré. ¿Qué les dijiste de Karin? – ¿Extrañas tener pareja? – No pude evitarlo, simplemente lo dije.

-No. – Respondió de inmediato. – Me gusta la vida que llevo. Por completo, tal cual.

-¿Todo?

-Cada mínimo detalle. – Una sonrisa curva se asomó en su rostro. – ¿Qué me dices de ti? – Esta vez se quedó mirándome fijamente provocando un estúpido nerviosismo y sonrojo en mi rostro. – ¿Has conocido a alguien?

-No. – Fue mi turno de contemplar el techo. – Creo que hasta he olvidado cierta parte.

-¿Cuál?

-A veces, creo que he olvidado cómo es que conseguía lo que quería. – Fruncí el ceño e hice un mohín. – Ya sabes a qué me refiero.

-Hmp. – Asintió. – ¿Va todo bien? ya sabes, en general.

-A veces creo que sí. – Respondí. – A veces siento que mi vida es un completo desastre.

-¿Qué parte de ella?

-Casi toda. – Fruncí el ceño. – Siento que yo… no sé, como si estuviera volviéndome loca.

-Siempre lo has estado. – Se burló.

-¿Y está bien eso?

-Definitivamente. – Asintió. – No serías tú si fuera diferente. Y me gusta cómo eres.

Pero no te gusto yo, ¿o sí?

-¿Sabes? – Se cruzó de brazos. – Contigo todo ha sido diferente.

-¿Hmm?

-Sí. – Repitió. – Desde cómo empezó, hasta… ahora. Todo. Todo es diferente contigo.

-¿Diferente?

-Antes de ti yo no era capaz de tener amigas. – Confesó.

-¿Por qué no? – La respuesta era obvia, pero ya lo había preguntado.

-Yo no podía conservarlas. – Respondió. – Terminaba de alguna manera acostándome con ellas y cagándola. – Se quedó serio por unos segundos, y luego continuó: – Entonces, te conocí a ti. Revoltosa, gritona y mandona. Y luego a Ino y Hinata, inclusive ahora Temari. Y fue diferente. – Se encogió de hombros. – ¿Recuerdas cuando te dije qué había pensado en acostarme contigo antes de que lo hiciéramos? Nunca tuve el valor para decírtelo porque eres demasiado importante para mí. – Asentí. – Pero al final, fuiste tú quien tuvo el valor para romper con los paradigmas que dictan que las amistades se rompen tras tener sexo. – Él no pudo verlo, pero tragué saliva y acomodé un mechón de mi cabello sintiéndome pequeña en esa cama a su lado. – Y es que hasta el sexo ha sido diferente contigo.

-¿Diferente para ti, es bueno o malo?

-Perfecto. – Me miró sonriéndome con la sonrisa más deslumbrante de la noche. Sólo un par de segundos después, volvió a concentrarse en algún punto de la habitación. – No necesitas saberlo, pero normalmente no necesito de mucho para llevar a una chica a la cama.

-¿No? – ¿Y yo qué era, una excepción? Quizá yo fui más fácil que las demás. Oh, maldita sea.

-No. – Mordió rápidamente su labio inferior. – Me basta con sonreírles y decirles lo que planeó hacer con ellas en cuanto estén en mi cama.

-¿Y ya? – Arqueé una ceja.

-Y ya. – Asintió.

-Es la táctica más estúpida que he escuchado en mi vida. – Me reí.

-Pero efectiva. – Se encogió de hombros.

-¿Cómo es posible? Con esa clase de conversaciones pre sexo no me imagino cómo es que has conseguido acostarte con tantas chicas en tu vida. – Me burlé. – No sé cómo es que sigo acostándome contigo. – A su lado, pude ver como una sonrisa descarada se formaba.

-Yo tampoco. – Giró su rostro quedando de frente al mío. Su aliento y el mío chocaron de forma hilarante. Una distancia de apenas 10cm era todo lo que separaba a su rostro del mío. Y casi pude sentir como si las mariposas que habían estado revoloteando en mi estómago ahora convulsionaran. La sonrisa que tenía en mí rostro desapareció de inmediato y entonces fui más consciente del galopeo insistente de mi corazón contra mi pecho.

Y aunque al principio yo dije que no quería tener sexo con él esa noche, pese a que le vi a penas unas cuantas horas antes con Karin en la boda de su padre, pese a que estaba desesperada y muy, muy, muy confundida, no pude evitar cortar la distancia que había entre nuestros labios. Una alarma se encendió en mi cabeza en el instante mismo en qué probé sus labios dulces. Mi mano izquierda se aferró en su mejilla y me aventuré a usar mi lengua en ese beso.

La alarma resonó cuando su lengua chocó contra la mía.

Esto está mal, Sakura. No puedes hacer esto, no ahora. ¡Apártate de él! ¡YA!

Y como la persona más torpe del mundo que yo me consideraba, simplemente le ignoré. Le ignoré porque quise. Porque a pesar de todo yo estaba segura de que le amaba. No me importó en ese momento sí él no me correspondía, o sí él seguía acostándose con otra chica. No me importó el hecho de que fuera mi mejor amigo y que estuviera echando a perder todo mi autocontrol por un desliz así. No me importó nada en cuanto sus manos se aferraron a mi cintura y me empujaron con rudeza contra la cabecera de la cama. Con ese movimiento, sus labios se apretaron más duros contra los míos. Su lengua empujó con más rudeza. Mis manos cayeron lentamente contra su pecho explorando las curvas de sus abdominales bajo la tela de su camisa.

Sus manos desesperadas se clavaron en mi cintura, y un hilo de ansiedad me bombardeó. Y al igual que el resto de mis emociones afectivas destructivas de esa noche, le ignoré. Dejé una mano sobre su pecho y la otra la envolví al rededor de su cuello, apegándome más a él.

Cuando nos separamos momentáneamente para tomar aire, Sasuke jadeó temblorosamente contra mis labios. Su mano derecha acarició mi mejilla con dulzura antes de volver a retomar el beso mientras las mías se concentraron en quitarle la camisa blanca. La desabroché rápidamente sin importarme el hecho de que pudiera perder algunos botones en el camino. Sorprendentemente, sobrevivió sin aparentemente ninguna pérdida que lamentar. Su pálido torso desnudo fue un orgasmo visual.

No podía esperar más. No quería esperar nada ya.

Con urgencia llevé mis manos a su pecho y le empujé con rudeza apartándolo brevemente de encima de mí. En cuanto lo hice él me miró confundido.

-Permíteme. – Le dije mientras yo misma alzaba mis brazos y me quitaba la camiseta que tenía puesta. Con la misma urgencia mi short terminó en el suelo junto con mis bragas.

-Creí que no querías esto. – Jadeó.

-Cállate. – Me aventé de nuevo a sus brazos. Sí vuelves a hablar, yo posiblemente me arrepienta de hacer esto y… No, no podría.

Maldición, esa noche necesitaba de mi mejor amigo. Y si no era capaz de desvelarle mi corazón con palabras, podía hacerlo con el cuerpo.

Sasuke jadeaba respirando irregularmente sin poder apartar sus ojos de mi cuerpo desnudo. Mi pecho estaba latiendo desesperadamente bombeando sangre a mis mejillas sonrojadas. Mi cabeza me daba vueltas y yo ya estaba lo suficientemente mareada como para saber que estaba a punto de hacer algo estúpido y de lo cual podría arrepentirme en algún momento. Pero qué más daba.

Sí algo tenía seguro es que hacerlo todo mal debía contar como mi especialidad.

Sasuke me tomó del antebrazo y me jaló hacía encima de su regazo. Y ahí, con desesperación le besé de nuevo sintiendo como mi corazón martilleaba en mi pecho como un tambor en una melodía fuerte. Mis pechos se rozaban con su torso y mis manos se aferraban a sus hombros como si temiera caer de su regazo, como si supiera que estaba a punto de perderme a mí misma. Y Sasuke me agarró con fuerza de la cintura mientras comenzaba a desabrocharse a sí mismo su pantalón.

Se suponía que no debía hacer eso. Se suponía que debía… tenía que decirle algo importante, decirle que yo… que él… que lo amab…

-A…hh. – Se suponía que debía decirle, pero eso podía esperar. Porque me olvidaba hasta de mi nombre cuando sus dedos estaban en mi interior.

Gemí en cuanto sentí dos dedos entrando y saliendo desesperados de mi interior. Más fuerte, más profundo. Nuestros labios seguían unidos a pesar de los gemidos que brotaban en mi garganta. Pero ni eso hizo que él bajara la presión o velocidad dentro y fuera de mi interior.

En cuanto el temblor del primer orgasmo de la noche me recorrió entera, me sentí débil y necesitada de su protección.

Y justo ahí, cuando iniciaba la escarpada ascensión hacia el segundo clímax, Sasuke frenó y me alzó de sobre de él. Una excitante sonrisa se formó en sus labios al tiempo que me empujaba con violencia contra el colchón.

No me fijé en ese momento de sí él llevaba condón o no, sólo sentí que cuando entró en mí, todo se volvió color de rosa.

Su cuerpo cubrió por completo al mío. Sus manos se aferraban a mis pechos, sus rodillas se clavaron en el colchón y nuestras lenguas se enredaban deliciosamente. Sus gemidos y los míos llenaron la habitación. Esperaba que Gil no estuviera allí dentro, con nosotros. De lo contrario quedaría traumatizado.

Sus manos acariciaban con rudeza mis pechos y bajaban a mi cintura con excesiva fuerza, para luego regresar a mis pechos y centrarse en mis demasiado sensibles pezones, que apretó con suavidad con los pulgares. Escondí mi rostro en el hueco de su hombro y su rostro mientras mis labios soltaban gemidos en su oído.

Su cuerpo y el mío chocaban de una forma perfecta, unidos, acoplados.

Mis manos se aferraban a sus hombros y mis uñas se clavaban en su ancha espalda. Mis caderas se movían por instinto propio y mis talones se enterraron en el colchón como si pudiera caerme de la cama de no hacerlo.

Los gemidos de Sasuke se volvieron frenéticos de repente, su voz pronunciando mi nombre me hizo olvidarme de sus manos, sus pulgares, su aliento… todo. Entraba tan deprisa, con pasión, como si…

Como si fuera la última vez.

Jadeé desesperada cuando él se retiró casi por completo de mi interior y volvió a entrar más deprisa volviendo a penetrarme. Una y otra vez embistió. Y justo cuando pensaba que ya no podía ser mejor, él aumentó la velocidad de sus embestidas. Mis gemidos estaban arrítmicos, irregulares… estaba tan cerca de volver a sentir esa pequeña porción del paraíso al que Sasuke me llevaba… La habitación entera se llenó de jadeos, respiraciones fuertes, gemidos y maldiciones por mi parte cuando sentía que él bajaba sólo un poco el ritmo.

Y de repente, me penetró una vez más gritando mientras alcanzaba el orgasmo y me provocaba a mí el más perfecto orgasmo de la vida. El tiempo se detuvo mientras mis talones se clavaron en su trasero y mis manos se aferraron al colchón, porque tenía que sentir que era verdad y no un sueño.

Mi nombre salió repetidas veces de sus labios y yo no sé en qué idioma hablaba. Pero fue perfecto. Fue lo que tanto necesitaba sentir. A él. En mi departamento, en mi cama. Y mientras él trataba de recuperar el aire, se quedó recostado sobre de mi cuerpo. No fue incómodo o molesto, no fue raro. Fue lindo, cómodo, perfecto. Cómo sí mi cuerpo hubiera sido creado para acoplarse él, y el suyo creado para llenarme entera. Mis brazos rodearon su espalda. Le abrazaba y apegaba contra mi cuerpo mientras jadeaba descontroladamente. Sasuke dejaba escapar bocanadas de aire con el rostro escondido tras mis cabellos revueltos en el colchón.

-Eres jodidamente perfecta, Sakura.

Quisiera poder decirte lo que significas para mí.

-¿Cuándo pararemos esto? – Preguntó cuando volvió del baño para deshacerse del preservativo. Después de todo, si había llevado uno.

-¿Quieres parar? – Temblé mientras se metía en la cama, acostándose a mi lado. Quizá hasta él pudo sentir como mi cuerpo se tensó. Por supuesto que querría, sí yo fuera hombre y tuviera de opción a una chica como yo de un lado y del otro a una despampanante chica con grandes atributos y que encima es mi secretaria y está conmigo todo el día… no quería pensar más en ello.

-No. – Respondió envolviéndose con mis sábanas. – ¿Tú?

-…– Mi cuerpo estaba cansado y mis ojos me pedían a gritos cerrarse. Mis mejillas estaban sonrojándose y agradecí que después del sexo, él haya apagado la luz. Así, no podría ver como mi cuerpo se estremecía. Él ya hizo la pregunta, sólo responde con la verdad. – No. – Le aseguré. En algún momento, lamentaré haber respondido esto. – No. – Susurré para mí misma.

-Menos mal. – Apoyó la cabeza contra sus brazos. – Sólo quería saber sí estabas bien con lo nuestro aún.

-Lo estoy. – Susurré envolviéndome hasta el cuello con la sábana.

-Realmente me gusta mucho lo que tenemos. – Aseguró. – No sé si quiera parar.

No pude responderle nada. No, porque sentía todo acumulado en la garganta y no sabía cómo saldría.

Cuando nos quedamos en silencio un buen rato, me di cuenta de que rápidamente se había quedado dormido en mi cama. Y entonces, me acomodé mejor bajo mis sábanas, abrazándome a mí misma. Dándome a mí misma ese consuelo que tanto necesitaba. Infundiéndome apoyo moral y valor. Mucho después, dejé que el sollozo que estaba quemando en mi garganta saliera.

Fue hasta que sentí la humedad sobre la funda de mi almohada que me di cuenta de que llevaba un buen rato llorando en silencio.

..

.

-Realmente amo que me acompañes de compras, aunque sea en el supermercado. – Ino sonrió satisfecha mientras empujaba su casi lleno carrito de compras.

-Hmm… – Respondí. – Prácticamente me obligaste a venir, pero bueno.

-Ya me conoces. – Bostezó. – Odio venir de compras sola.

-Y, ¿Por qué Sai no vino contigo?

-No quise que lo hiciera. – Respondió descaradamente.

-¿Por qué no?

-Porque últimamente no he hablado contigo. – Confesó. – Ni siquiera en el trabajo.

-Ambas hemos estado algo ocupadas.

-Lo sé. – Asintió mientras se detenía en la sección de frutas. – Así que, ¿qué ha pasado de nuevo en tu vida? – soltó de repente.

-Nada nuevo. – Me encogí de hombros.

-Vamos, tiene que haber pasado algo nuevo. – Protestó tomando una bolsa con manzanas. – Aún tienes mucho que contarme.

-¿Ah, sí? – Contrario a Ino, en mi carrito eché un par de bolsas de frituras.

-Sí. – Respondió mirando con enfado mi compra. – La boda de Fugaku fue hace dos semanas, y no me has contado absolutamente nada de lo que pasó esa noche. – Realmente pensé que con el embarazo Ino controlaría mejor sus cambios de humor, pero seguía irritándose con simplezas.

-No pasó nada. – Una sonrisa fingida en mi rostro y esperaba que ella se lo creyera.

-No sé, actuaste extraño esa noche desde que volviste del baño. – Ino aventó la bomba. Como siempre, dando en el blanco.

-No.

-Sí.

-No.

-… – Un bufido salió de sus labios rojos. – ¡Habla ya!

-No pasó nada. – Repetí. – Lo juro.

-Bueno, ¿y después?

-¿Después?

-Sí, ya sabes. – se dio la vuelta, encarándome. – Cuando Sasuke te llevó a casa.

-Oh, – Me encogí de hombros. – Le di de cenar a Gil y luego me acosté a dormir.

-No sé porque no te creo. – Sus ojos se entrecerraron. – Sé muchas cosas de ti, ¿crees que te juzgaría por algo?

-¡Pues es que no pasó nada! – Repetí sintiéndome cada vez con menos valor para negárselo a ella.

-Bien. – Se dio la vuelta rápidamente moviendo su largo cabello rubio con el dorso de sus dedos, provocando que me azotaran las puntas en el rostro.

Agarré a penas y las puntas de un mechón y halé con suavidad de él.

-No te enfades. – Le dije. – Es sólo que ni yo sé que es lo que está pasando en mi vida. – Y con la misma rapidez con que ella se había dado la vuelta, yo le rebasé con mi carrito.

-Podría ayudarte. – Dijo cuando me alcanzó, sólo un par de estanterías más adelante. – ¿Es sobre Sasuke? – Preguntó. – Cuando Fugaku dijo que le llamó y tú estabas con él, ¿estaban haciéndolo? – Asentí sin verle. – Y después de la boda, ¿sólo te llevó a tu departamento?

-También lo hicimos. – Acepté mientras me detenía a observar las ofertas de vinos y licores. – Y también hace dos días. – Me encogí de hombros. – Él fue a mi departamento y dijo que saldría de viaje en unos días y no sabía sí nos veríamos hasta el próximo domingo. Así que… de alguna forma, terminamos haciéndolo.

-Vaya, vaya. – Ino farfulló.

-Y estuvo bien, pero

-¿…Pero…?

-La noche que volvimos de la boda de Fugaku…

-¿Si?

-Realmente no planeaba hacerlo esa noche.

-¿A qué te refieres?

-Estaba dispuesta a pedirle que nos tomáramos un tiempo. A dejar de hacerlo por un tiempo.

-¿Y qué pasó?

-Me di cuenta de que no puedo. – Tomé una botella de tequila. – Y hace dos noches… ni siquiera pensé que terminaríamos haciéndolo y… tampoco le dije.

-Pero, ¿Por qué ibas a querer pausar sus relaciones?

-… – Suspiré. – Porque le vi con Karin, en la boda. Ella estaba abrazándole y él permitió que ella le abrazara y besara,… creo.

-¿Karin? – Asentí. – ¿Y?

-¿Y? – Repetí.

-¿Es que acaso no eras ya consciente de que ellos lo hicieron en el pasado? – Su voz era suave, pero firme.

-En el pasado, claro.

-Es cómo sí él se enfadara porque te viera con Sasori, Lee o algún otro tipo de tu pasado. – No pude evitarlo, me tensé ante la mención de Sasori.

-Como sea. – Quise cambiar el tema. – Yo pensaba decirle que estaba confundida y que debíamos parar esto, sólo por un tiempo. – Con una mano sacudí mi cabello, tratando de ocultar mi nerviosismo. – Y terminé durmiendo con él.

-¿Y luego? – Ella también parecía estar poniéndose nerviosa con mis confesiones. – Es decir, a la mañana siguiente, ¿qué pasó?

-Él se marchó temprano, mientras yo aún tomaba de mi taza de café. – Respondí. – Dijo que tenía una junta y que me llamaría por la tarde.

-¿Y lo hizo?

-Claro. – Asentí. – Pero no hablamos del tema, en absoluto. Sólo… charlamos de su día.

-Oh, pero ¿aún le dirás lo que sientes, no?

-No. – Respondí. – No por el momento.

-Oh, vamos. – Rezongó. – ¿Por qué no?

-Porque no, Ino. Tengo miedo de hacerlo.

-¿Qué es lo peor que puede pasar, Sakura? – Ino rodó los ojos como sí creyera que mis temores eran una completa estupidez. Como sí ella también hubiera pensado en las posibilidades y supiera que nada malo pasaría. – Sólo dile y ya. Una vez que le hayas dicho, lo que venga es bueno. Créeme.

-No lo entiendes. – Suspiré mientras aventaba una bolsa de malvaviscos en mi carrito de compras. – El miedo no está en la pregunta, sí no en la respuesta.

-¿Y eso porqué? – Ino se encogió de hombros mientras yo volteaba a verle con seriedad.

-¿En serio? – Entrecerré los ojos. – ¿Qué parte no entiendes?

-Todo. – Se detuvo abruptamente frente a varias cajas de cereales. – Intenta explicármelo mientras yo me decido entre el cereal que es bajo en grasas ó el que no lo es.

-Bueno, Ino, no sé qué piensas pero ambas sabemos que tú llevarás el que es bueno para tu salud y yo el que es malo porque me vale la dieta. – Dije tomando ambas cajas de cereal.

-Exacto. – Ino suspiró en cuanto dejé una de las cajas entre sus compras. – Ahora, ¿vas a evadir el tema o…?

-No estaba evadiendo el tema. – Respondí mientras con una mano sostenía mi celular y con la otra empujaba el carrito de compras. – Es sólo qué no sé cómo hacerlo y tengo miedo de lo que él pudiera responderme… sí es que lo hace.

-¿Por qué no iba a hacerlo?

-No lo sé, entiéndelo. – Me estaba exasperando. – Es qué tengo miedo a lo que podría pasar, ¿qué tal y esto no tiene futuro o no es bueno?

-Bueno, porque no simplemente le dices y en base a su respuesta decides si tienen o no un futuro.

-… – Bufé. – Entiéndeme Ino, no es cómo si pudiera llamarle y decirle que siento algo por él y quiero… algo con él.

-No entiendo porqué te martirizas tanto. El tipo te gusta y lo sabes. – Casi gritó. – Independientemente de sí te enamoraste de él antes o después del sexo… ¿Qué más da ahora? La única e inigualable Sakura Haruno está enamorada. Supéralo ahora.

-Ese es el problema. – Cerré los ojos y llevé mi mano derecha al puente de mi nariz. – Es que es… estúpido y loco. Yo… rompí las reglas, ¿entiendes? Me enamoré de quien se supone no debía.

-Sí. – Ino se encogió de hombros, como sí nada. – Eso de romper las reglas es la moda. – Enrolló un mechón de su cabello en el dedo índice y jugueteó con él distraídamente. – La primera regla del club de la pelea es no hablar del club de la pelea. ¿Lo captas en tu caso? – Se volvió para mirarme fijamente. – Tú hablaste de más conmigo, ¿recuerdas? Yo me enteré de lo que estaban haciendo antes que Naruto y los demás, y el mundo no se acabó por ello. – Regresó su mirada a las compras. – Qué más da sí has roto otra regla. Enamorarte de Sasuke no es un crimen. 9 de cada 10 mujeres solteras lo hacen… Antes las estadísticas eran 8 de cada 10, pero ahora a ti te gusta… así que… – Se encogió de hombros, de nuevo. – Ya díselo. – Me animó. – Dile que sientes algo por él y que quizá lo mejor sea parar con su relación sexosa… por tu bien.

-Pero no quiero parar… – Me exalté. – Creo que no has entendido que yo siento algo por él, pero detener nuestra relación definitivamente no… no creo… no quiero…

-Y seguramente él tampoco. – Aseguró rodando los ojos. – Por eso mismo él buscará una solución apropiada.

-Y esa sería… – Entrecerré los ojos, esperando.

-O es un Si, o es un No. – Afirmó. – Y si su respuesta es un No, amiga, créeme… él estaría perdiendo más de lo que puedes imaginar.

-No estoy muy segura… – Susurré.

-Vamos, amiga. – Ino lo intentó de nuevo. – ¿Seguirías haciendo esas cosas con él, aún sí él no te amara?

-NO-LO-SÉ. – Rodé los ojos. – No sé qué hacer. Ese es el problema. – me quejaba como niña pequeña.

-Oh, vamos. – Abrió por completo los ojos y la boca. Estaba en verdad enfadándose.

-Ya me conoces. – Suspiré. – Es sólo que… no sé en qué me metí y a qué me llevará. Sí por algún milagro él sintiera algo por mí… Tú y yo sabemos que a mí eso de mantener relaciones exitosas no se me da. ¿Cuánto tiempo pasaría antes de que lo que tenemos termine mal?

-¿Quien te entiende, Sakura? – A pesar de que por voluntad propia escogí no ver directamente a los ojos a Ino cuando terminó de hablar, pude imaginarla arrugando el entrecejo y haciendo una graciosa mueca con los labios.

-No lo sé, Ino.

-Oh, Vamos, Sakura. – Ino bufó. – Nunca estás segura de nada.

-No es así. – me encogí de hombros.

-Pruébalo.

-Bien. – Suspiré. – ¿Quieres que sea sincera acerca de Sasuke? Lo seré. – Tomé aire y... lo solté. – Yo sólo sé que antes de todo esto, yo era esa amiga que le escuchaba los domingos en el auto, camino al Ichiraku, mientras él me contaba de su maravilloso fin de semana con alguna estúpida chica a la cual él botaba al otro día, y me sentía bien, tranquila, diciéndome a mí misma: Gracias a Dios, ahora soy yo la que decide, la que se va, la que dice 'adiós' a los chicos al otro día de haberme acostado con ellos y gracias a eso nunca más escucharé de algún chico dejándome como Sasuke lo hace de sus amantes. Y ahora, Ino, ¡Mírame! Volví a ser esa chica. Enamorada y vulnerable. Yo no quería ser esa chica de nuevo. Yo no quería y no era parte de mi plan que esto pasara ¡y menos con Sasuke! Se suponía que sólo nos acostaríamos y los disfrutaríamos hasta que ambos nos cansáramos o encontráramos a alguien que nos gusta y atrae más, y ahora… no concibo la idea de acostarme con alguien que no sea él, porque dudo mucho que alguien pueda en esta vida hacerme sentir como Sasuke me hace sentir aún cuando no estamos en la cama. – Me detuve en cuanto sentí la falta de oxigeno en los pulmones. Ino se cruzó de brazos. – ¿Entiendes ahora? – Tiré otra bolsa de papas fritas en mi carrito. – Pero ¿sabes qué?… No quiero hablar más del tema. – Dije casi suplicando.

-Entonces, ¿Me permitirías unas últimas palabras del tema? – Su voz sonaba tan confiada y obstinada, que sabía que no importaría lo que yo le respondiera. Ella lo diría de todas formas.

-Adelante. – Suspiré accediendo. Más por ahorrarme palabras y una discusión que ella tenía asegurada.

Ino acortó la distancia entre nosotras, y puso una mano sobre mi hombro sonriéndome de forma tierna.

-El cielo es más oscuro cuando está a punto de amanecer. – Con suavidad llevó la mano libre a su pequeño vientre oculto bajo el enorme abrigo lila. – Ahora lo sé.

-Te lo agradezco, Ino. – Sonreí llevando una mano también a su vientre. – Ya muero por verte enorme e hinchada. – En cuanto aparté mi mano de ella, Ino regresó a la seriedad que le caracterizaba mientras hacía compras.

-Aún falta mucho para ello. – Suspiró. – Por fortuna. – Pero sabía que por dentro, ella también estaba deseando verse a sí misma de esa forma.

-¿Cómo vas con los antojos? – Curioseé.

-Muy poco. – Negó. – Sólo…

-¿Si?

-A veces siento unas locas ganas de comer cosas muy dulces…

-¿Cómo qué?

-Fresas, golosinas, pastel… – Y en ese mismo instante, dejó caer una enorme caja de galletas entre sus compras. – Cosas que yo normalmente no desearía con desesperación.

-Bueno, supongo que esa es una señal. – Sonreí. – Quizá tendrás una niña.

-¿Qué te hace pensar eso? – Ladeó la cabeza, incrédula.

-Pues eso dicen. – Me encogí de hombros. – Tienes antojo de cosas dulces, quizá sea una dulce niña.

-Por supuesto que no. – Ella chilló – Mí hijo prefiere las cosas dulces, pero será un niño grande y fuerte. Guapo y admirado como yo, y… simpático como Sai.

-Sí. – Sonreí. – Espero que no saque ese lado de Sai de siempre tener comentarios… inoportunos cuando menos los necesitamos.

-¿Qué te puedo decir? – Ella se mordió brevemente el labio inferior. – Son esos encantos suyos que me enamoran.

-¿Encantos? – Arqueé una ceja.

-Esos detalles suyos que me hacen… enamorarme más y más de él.

Esos detalles suyos, únicos. E inmediatamente pensé en Sasuke. Y en lo mucho que me gustaban esos detalles únicos suyos. Sus ratos de ira, sus malos hábitos, lo grosero y poco educado que suele ser a veces, sus creencias absurdas y su falta de respeto a las deidades. Me gustaba él, aunque eso contradiga lo que yo misma pienso del amor.

-Soy tan patética. – Susurré para mí misma.

-Deberías comprar esto. – La voz de Ino detrás de mí me sobresaltó.

-¿Qué? – Me di la vuelta suspirando. ¿Qué absurda cosa innecesaria para mí Ino querría que yo adquiriera ahora?

-Yo llevaré también. – Aseguró mientras en sus manos sostenía unas cajas rosadas.

-¿Qué son? – Enarqué las cejas.

-Toallas femeninas. – Rodó los ojos. – Están en oferta.

-Y tú, ¿para qué quiere eso? – Me crucé de brazos. – No las necesitarás en un buen tiempo.

-No, pero… en algún momento las volveré a usar. – Aseguró dándome un par de cajas a mí. – Tú sí.

-Pues… supongo. – Me encogí de hombros. – Creo que ya no me quedan en casa.

-¿Crees? – Alzó una ceja.

-Sí, no recuerdo sí las usé todas la última vez. – Me encogí de hombros. – Supongo que debería comprar.

-Pero qué distraída eres. – Me reprendió. – Es algo que nunca debe faltarle a una mujer en casa.

-Lo sé, pero… soy regular y… – Estaba apenada. Yo en verdad era muy distraída en esos aspectos. Ella tenía razón y no tenía sentido moral negarlo. – Lo siento. Yo simplemente salgo de compras en cuanto empiezo a sentir cólicos.

-Eso es absurdo. – Me miró casi sin expresión.

-No-o. – Negué. – Mis malestares empiezan un día antes de que empiece a menstruar. Nunca falla.

-No me digas.

-Y es entonces cuando salgo de compras y me surto de lo que necesitaré. – Mordí mi labio inferior apenada. – Es algo… rutinario.

-Quisiera saber qué harías cuando te fallen los malestares y sorpresivamente se te adelante tu menstruación. – Enfadada, aventó una caja más en mis compras.

-Eso no pasará. – Rezongué. – Siempre es exacto. – Aseguré.

-No me digas. – Lucía incrédula.

-Cada día 10 del mes, sin falta. – Dije casi con orgullo. Ella podía tener razón en que yo era muy distraída, pero no tanto como pensaba. Como ya había asegurado, me conocía bien a mí misma.

-Y, ¿ya tienes los cólicos? – Preguntó ladeando la cabeza.

-¿A qué te refieres?

-Hoy es 11. – Resopló. – Mejor vete a casa antes de que te ocurra un accidente en la calle.

-Oh. – Que distraída.

-Con que siempre es exacto. – Se burló de mí.

-¿Estás segura? – Saqué apresuradamente el celular de mi bolsillo. Necesitaba certificarlo por mí misma.

Y en la pantalla. Por sobre mi fondo de pantalla de Gilbert, estaba en letras grandes: 11.

¡MIERDA!

Tragué saliva mientras volvía a guardar mi celular en el bolsillo trasero del pantalón. Giré el rostro al lado contrario de donde las cajas de toallas femeninas estaban. Y ahí, estaba una caja de pañales con una enorme foto de un hermoso bebé.

¡MIERDA X 2!

-¿Estás bien? – Ino estaba de pie frente a mí. – Estás pálida.

-Ammm… – Subí mi mano derecha a mi frente limpiando discretamente unas gotas de sudor. – Sí. Estoy bien. – Le aseguré.

-De acuerdo. – Dijo con alivio. – Necesito tu consejo. – Me dio la espalda y tomó entre sus manos algo de un estante para luego volverse de frente a mí. – ¿Amarillo con búhos, o azul con pingüinos? – Entre sus manos sostenía unos encantadores biberones. Y por alguna razón, mi mirada regresó al bebé en la caja de los pañales.

-Es… amm…

-¿Segura que estás bien? – Regresó la preocupación a su rostro.

-Ambos me… gustan. – Tartamudeé evadiendo su pregunta.

-Si, a mi también. Pero…

-Es que… yo – Sutilmente subí una mano a mi vientre y suspiré. – Creo que me siento algo mareada así que… quiero ir a casa. – Tomé de entre sus manos ambos biberones y los eché en mi carrito. – Yo los compraré… ambos. – Le dije sonriendo. – Será mi primer regalo para bebé Yamanaka.

-De acuerdo. – Asintió. – Vamos a pagar y te llevaré a tu departamento.

En cuanto estuve en el auto de Ino, con muchas bolsas en la cajuela, supe que estaba siendo ridícula y exagerada.

-Es un retraso – Me dije mientras Ino llamaba por su celular a Sai fuera del auto. – No es como sí un día de retraso significara algo.

No, no era posible.

Es decir, Sasuke siempre había usado protección y… era imposible que mi mala suerte ahora también abarcara… un embarazo.

No, no, no.

Era imposible, absurdo… era falso. No estaba embarazada. ¡Lo sabría! Yo era médico y estaba segura de que ese miserable día de retraso se debía a que yo había estado bajo estrés últimamente. Yo sólo estaba estresada, nerviosa y confundida. En mis épocas de universidad, cuando tenía exámenes importantes, el estrés me provocaba ligeros retrasos en mi periodo que no pasaban a mayores. Esto no era un examen, pero era peor.

Suspiré aliviada.

Tenía un retraso y era una ridícula. Todo el estrés de Sasuke en mi corazón y reencontrarme con Sasori me había alterado emocionalmente. El estrés siempre me daba problemas de salud, y seguramente ahora también había conseguido que mi periodo se haya retrasado un poco. Seguramente, en unos días llegaría sin pena ni gloria. Pero ahora, gracias a Ino, ya estaba preparada para recibirlo.

-Listo, hermosa. – Ino entró al auto y se acomodó abrochando delicadamente el cinturón de seguridad alrededor de su cintura. – Vamos a tu departamento para que…

-Me siento algo mejor, Ino. – Le aseguré.

-Pero…

-Lo juro. – Sonreí mostrándole mi mano derecha como señal de juramento. – Ahora tengo hambre. – Abrí los ojos mientras mordisqueé mi labio inferior. – Tengo antojo de… – Me detuve abruptamente. Un antojo. No, no. Sólo… – Quiero…

-¿Si?

-Mataría por un poco de sopa. ¿Qué dices?

-Perfecto. – Sonrió satisfecha por mí propuesta. – Es como si me hubieras leído la mente. Ahora mismo quiero un enorme tazón de sopa.

-Vamos, entonces. – Me acomodé mejor en mi asiento mientras ella arrancaba el auto en marcha de un restaurante donde sirvieran sopa caliente para ese crudo frío. Esperaba que cucharada a cucharada el temor se fuera desvaneciendo.

Esa noche cuando estuve en mi departamento me sentí extrañamente sola, a pesar de que Gil estaba acostado a mi lado. Era raro porque siempre habíamos sido sólo él y yo, pero por alguna razón en mi mente no dejaba de pensar en Sasuke.

Y nuevamente me fui a la cama con la sensación de que algo me faltaba. No estaba segura de si era él, o una taza de café.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.


¡NO ME ODIEN! Se los SUPLICO :(

Sé que me ha tomado casi un año actualizar y en serio entendería y aceptaría sus reclamos, pero en verdad la escuela y demás me han uff retrasado mortalmente. Juro que diario abría mis documentos para actualizar y mi conciencia ha estado reclamándome por no haber subido continuación. Recibí varios: VAGA INMUNDA, SUBE CAPITULO Y DEJA DE ESTAR ECHADA SIN ESCRIBIR, con amor. Y aún así, no me sentía lista para publicarlo.

Mis amigos creen que dejé botada esta historia, pero CREANME, eso NUNCA pasará. Así me tome toda la vida, esta historia ya tiene un final en mi mente y no descansaré hasta publicarlo.

Hasta puedo adelantarles que se vienen los dramas peores. JAJAJA

Odio las indecisiones de Sakura, pero créanme, está basada en hechos reales. Mi M'amiga y sus dramas por su 'amigo' hsdbcjdsbcd jajaja yo sería como la Ino sólo que sin un Sai ni bebé.

Debo confesar que a veces me tomo mi tiempo para leer fics de otras personas, como toda fan xD Y cada que alguna de mis historias favoritas tarda en actualizarse, yo simplemente pienso: VGA, que mal plan :C Luego recuerdo que yo también abandoné mucho esta, y se me pasa :B

En fin, ¿Qué les pareció?

Sé que no es un capitulo digno de una resucitación después de tanto tiempo, pero sí esperaba más para agregarle más cosas, tomaría más tiempo y sé que muchos dejarían de seguirme y realmente quiero que sepan el resto de la historia que sale de mis observaciones y mi cabeza que hasta a punto de dormirme piensa: ¿Y ahora que vga va a pasar entre estos dos?

Porfavor, tengan fe y paciencia ;)

Gracias por la espera, y espero sigan acompañándome a pesar de todo.

Porfis reviewwseenme diciendo que tal este capítulo, si les gustó, si no les gustó, si lo odiaron, si me odiaron, si lo amodiaron….

Así que ya saben ;)

Nos estamos leyendo. Como siempre espero sus consejos y críticas constructivas. Y sus TEORÍAS y opiniones :D

Besos :*

Una muy apenada AngelliH.