Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
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Angiie
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Sé que el amor no existe. Y sé también que te amo.
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-¿Así que finalmente vuelves mañana? – Dije con el teléfono pegado a mi oreja y con las manos tecleando un reporte que, dignamente de mí, había olvidado hacer y debía entregarlo por la tarde.
-Probablemente sí. – Sasuke respondió desde alguna otra parte del mundo. – Todo depende de lo que pase en el transcurso del día, pero es casi un hecho. Estaré en Japón mañana. – Su tono de voz no dejaba lugar a dudas de que así sería. Y eso me hizo sonreír.
Sasuke había salido a un estúpido viaje de negocios a París, y cada que llamaba por teléfono era para decir que su regreso se había pospuesto por incompatibilidad de ideas entre él y su socio. Aparentemente ambos eran un par de rezagados frikys que no tomaban una decisión en concreto y eso sólo atrasaba sus negociaciones. Así que escuchar su voz asegurando que volvería pronto, fue como la calma después de la tormenta. Era un alivio realmente. Después de 15 malditos días, finalmente pronto le vería. Por dentro, mi corazón dio un vuelco de alegría. Podía tener el cerebro quemándose apresurado por mi trabajo pero eso no le impedía a mi corazón sentirse dichoso cuando escuchaba su voz, menos cuando sabía que le vería pronto.
-Me alegro. – Más de lo que podría admitir.
-¿Cómo están todos?
-No te has perdido de mucho. – Aunque él no podía verme, igual me encogí de hombros. – Ya sabes, llevas fuera sólo un par de semanas. – Bostecé. – Todos te echamos de menos en el desayuno de los domingos.
-Y yo a ustedes. – Respondió. – Los croissants aquí son deliciosos, pero creo que extraño mucho los del Ichiraku.
-¿Bromeas? – No pude evitarlo, arqueé una ceja. – ¡Estás en París!
-Hmp, lo sé.
-Seguro que todo es mejor ahí. – Relamí mi labio inferior. – La comida, la pasta, el vino… – Tú.
-Lo es. – Me interrumpió. – Pero… no es lo mismo desayunar con un grupo de extranjeros que hablan de negocios hasta cuando están en el baño, a desayunar con ustedes. Con Naruto quejándose de todo, con Hinata abrazándole, con Ino peleándose con Shikamaru, con Temari y Sai fingiendo desinterés en el tema, y contigo a mi lado. – Mis dedos se detuvieron por sí solos durante un par de segundos, en los que mis labios se curvaron en una tierna sonrisa.
-Así que, ¿me extrañas? – No necesitaba una respuesta explicita. Me hubiera bastado con un simple gesto o su típico 'Hmp' para saber que él me había escuchado. Incluso me hubiera conformado con una sarcástica respuesta idiota, de esas que un amigo le daría a una chica cuando pregunta algo estúpido como yo. En cambio, él respondió lo que menos, pensé, quería oír.
-Mucho. – Confesó. – Realmente te he echado de menos. Si no fuera así, molesta, no te llamaría diario.
-Creo, sinceramente, que es lo más lindo que me has dicho en la vida.
-Probablemente es por la distancia. – Reconoció. – Pero no le digas a nadie. Tengo una reputación que cuidar.
-Ja, ja. – No, no le diría a nadie. Mi corazón recordaría esas palabras tontamente ilusionado.
Y mis dedos retomaron su torpe labor.
-También te extraño. – Susurré. – Aunque prefieras a Batman… – Una tonta sonrisa se formó en mis labios. Como siempre, dándome cuenta de mis estupideces después de decirlas.
-Hmp. – Podría jurar que escuché una pequeña risa suya a través del teléfono. – No creo que por teléfono se discutan esas cosas importantes. – Cosas importantes…– ¿Has estado bien?
-Absolutamente. – Reconocí. Cierto que últimamente me sentía más cansada de lo normal, pero era casi seguro que se trataba porque su ausencia me provocaba insomnio. –Estoy comiendo bien, trato de dormir mis 8 horas diarias y no me he olvidado de nuevo de alimentar a Gilbert… estoy bien.
-Perfecto. – Respondió. – No quiero verte unos kilos más delgada cuando vuelva.
-Imposible. – Le aseguré. – Que te quede claro, amigo. El mundo sigue girando aún sin ti a mí alrededor. – El mundo si, mi corazón era otra cosa. – ¿Tú qué tal?
-Hmp, ¿Qué quieres saber?
Y por teléfono también se me daban esos ratos de sinceridad que no me atrevía a tener cuando estaba en persona.
- ¿Has conocido a alguien? – Dije tan bajo que no estaba segura de sí él me escuchó. – ¿Alguna francesa que ocultes amarrada en tu habitación?
-Qué graciosa. – Fue su respuesta. – A duras penas y he podido respirar aquí. Sólo quiero terminar y volver a casa.
-¿Eso es un no? – Me reí.
-Es un no.
-¡WOW! – Di un pequeño salto de alegría en mi silla. – Dos semanas sin sexo para ti, debe ser un record en tu historial.
-Probablemente sí. – Reconoció. – Tendrás que compensármelo cuando llegue. – Fue raro, pero me quedé estática por breves segundos ante su respuesta. Y luego: – Fue un chiste. – ¿O no? – Por cierto, ¿cómo está Ino?
-Bien. – Una sonrisa en mis labios demandó abarcar mi rostro. – Su vientre es pequeño, pero le cuidamos como si estuviera a punto de explotar.
-No lo dudo.
-Lleva ya casi 9 semanas, y dice que todo marcha bien.
-Eso es excelente. – Comentó. – He entrado a una tienda de cosas de bebé, y pensé en llevar algo para el monstruito. Pero aún no sé que será, así que le he comprado una cobija amarilla.
-Eso es lindo. – Sonreí sincera para la pantalla de la computadora. – Seguro que algún día serás un buen padre.
-Hmp, preferiría no opinar al respecto. –No era un secreto para nadie el que Sasuke y los niños pequeños no encajaban en la misma oración. Quizá, el bebé de Ino fuera la única excepción. Quizá.
-Siento envidia. – Suspiré. – Yo sólo le he comprado biberones. Quizá cuando termine mi estúpido trabajo podría comprar algo más.
-¿Qué estás haciendo ahora? – Preguntó. – Te escuchas apresurada.
-Sólo un reporte. – Respondí antes de suspirar. – Ya sabes que me gusta sentir la adrenalina y decidí hacerlo dos horas antes de la hora de entrega.
-Hmp, ¿Por qué no me sorprende? – Casi podía visualizarle. En aquellas hermosas calles, llenas de montones de distracciones, él se burlaba de mí. No me respetaba ni en un país lejano. – ¿Te estoy distrayendo?
-No, realmente. – Respondí. – He aprendido a trabajar bien bajo presión. Es un don. – Suspiré. – Pero dime, ¿qué estás haciendo tú en estos momentos? – Relamí mi labio inferior mientras leía el último renglón que había escrito. – Detállamelo todo.
-Estoy… caminando. – Él respondió a secas.
-¿Y?
-Y… hay mucha gente. – Aburrido ser, sin sentido verbal.
-¿Hace frio?
-Mucho.
-¿No has considerado nunca ser escritor? – Ironicé. – Eres taaaan detallista.
-¿Por qué presiento que te estás burlando de mi?
-No lo sé. – Reí. – Es que en verdad me encanta como detallas el hermoso París y me llena de ilusión. Amaría estar allí. – Soné absurda y burlonamente odiosa. Pero no del todo mentirosa. De alguna forma, con lo apurada que me encontraba, mi cabeza tenía espacio para fantasear con Sasuke en su típico traje negro y corbata mientras caminaba envuelto en su saco por las lujosas calles de París.
-Hmp. Tú sabes que soy de… pocas palabras. A diferencia de ti.
-Que tengo verborrea, lo sé, lo sé. – Rodé los ojos.
-Soy más… de acción. – Un silencio momentáneo del otro lado de la línea. – Acciones y no palabras. Ese sería mi lema.
Y me constaba. Pero no quería decírselo. Con seguridad, acabaría deseándolo y él se encontraba muy lejos. No era como si pudiera tomar un taxi en un arrebato de histeria y locura y pudiera aparecerme frente a él para coger en su oficina. No esta vez.
-¿Es lindo París? – Cambiar el tema sería la mejor opción.
-Hmp, lo es. – Respondió sin pensarlo. – Me encantaría que estuvieras aquí. – Dijo.
Quizá él no sabía lo que sus palabras me hacían sentir. Y aparentemente a mi cerebro también le pareció buena idea imaginarme también allí.
…Tomar un AVIÓN en un arrebato de histeria y locura y aparecerme frente a él para coger en París…
No.
-…Sería divertido.
-A mí también. – Dije dándome cuenta de que había dejado de teclear, nuevamente. – ¿Qué hora es ahí?
-…Las 6 de la tarde. – Respondió.
-8hrs de diferencia. – Dije a algo que él no preguntó. – Vaya que disparejos.
-Sin duda. – Podría jurar que esa mañana, extrañamente, Uchiha se levantó de muy buen humor. Quizá, muy platicador. – Pero… Nos veremos pronto. – Me recordó.
-Muero de ganas por verte ya. – en el momento en que las palabras salieron, deseé devolverlas. Mentalmente me golpeé por decir aquello. ¿Qué había entre él, los teléfonos y yo que me hacía hablar de más cuando no debía? Era como si cuando menos debía, mi boca se abría por sí sola y las palabras indebidas fluyeran por ella.
-Hmp…
-En fin, – Cambié rápido el tema, en parte no queriendo que él comenzara diciendo algo por compromiso que a la larga mi corazón malinterpretaría. – gracias por darme las buenas noticias.
-Ya sabes que siempre eres a la primera a quién llamo. – Respondió.
-Aún no entiendo porqué.
-Tú sabes. Siempre tienes algo gracioso que contar y que de alguna forma alegra mi día.
-¿Así que sólo te gusta burlarte de mí? – Con leve dramatismo apreté con ligera fuerza la tecla que mandaría mi trabajo a imprimirse. – Como si fuera tu payaso, o algo así.
-Bueno, molesta… – Suspiró. – Mis días no serían lo mismo sin ti… O mis noches, si cabe la redundancia.
-Ni los míos sin ti. – Respondí sin dudar. Porque era la verdad, por muy doloroso que fuera, ya nada era igual si no estaba él.
Me haces tanto bien… – Pensé, pero no se lo dije.
-Me alegra saberlo. – Dijo antes de que un ruido diferente se escuchara tras el teléfono. – Ahora debo colgar, tengo una reunión con un inversionista y después cenaré con mi socio para cerrar el trato.
-Oh, entonces… no volveré a saber de ti por hoy. – No era una pregunta, pero necesitaba su confirmación.
-Es probable. – Respondió.
-Que todo salga bien, entonces. – Le deseé mientras giraba en mi silla para acomodar los papeles que acababa de imprimir. – ¿Me avisarás a qué hora sale tu vuelo?
-Claro, en cuanto sepa el horario te avisaré. – Prometió. – Probablemente esta misma noche te tenga ya una respuesta. Salúdame a los chicos, molesta. Te quiero.
Cuando escuché el pitido que anunciaba que la llamada había finalizado, sentí que me faltaba algo. Pese a que colgó sin darme oportunidad de responder, dudaba mucho que pudiera hacerlo realmente. Mis labios se habían separado abruptamente y mi pecho martilleaba confundido deseando que aquel 'te quiero' significara para ambos lo mismo.
Era obvio ahora que no podría detener ya a mi corazón, pero bueno…
Debía reconocer que esta repentina separación me había sentado bien de alguna manera. Recapitulando y recontando el peso de los daños, al menos ya podía reconocer para mí misma que estaba enamorada de él. Perdida y absolutamente enamorada de mi mejor amigo. Y que dejarle de ver no era una solución.
Y que eso tampoco significaba el fin del mundo.
Aparentemente, le necesitaba a mi lado. Mi montaña rusa de emociones estaba avanzando sin frenos y sin ruta. En algún momento tendría que parar, pero no ahora. No cuando él me hacía feliz. Cuando parase, seguramente, me hundirá en una depresión profunda. Así que si en mis manos estaba mantenerlo, ¿Por qué detenerlo?
Llegaría ese día, algún día…
Mientras tanto, no podía negar que una tonta sonrisa estaba marcada en mi rostro y estaba segura de que ahí se quedaría por el resto del día. Y que nada podría disminuir siquiera su intensidad.
Nada.
O…
-¡Ya-es-hora-de-comer! – Di un pequeño salto de asombro a la par de mi mano aferrándose con fuerza en mi pecho que palpaba por mi corazón agitado.
A penas y me había dado tiempo para recomponerme de una grata emoción, como para que ahora ella llegara a perturbar mi paz.
-¡MIERDA, Ino! – Grité aún asustada. – ¿Desde cuándo estás aquí? – ¿Qué tanto de mis estúpidos suspiros melancólicos de chica enamorada has escuchado?
-Hace como 60 segundos. – Respondió encogiéndose de hombros. Genial, ha escuchado más de lo que quisiera.
-Un día de estos, vas a matarme de un infarto. – Dije cerrando por breves segundos los ojos y respirando profundamente para tratar de controlar mi ritmo cardiaco. – ¿Qué quieres? – Le vi con ligero desprecio. ¿Qué es tan importante como para interrumpirme mientras me doy ánimos a mí misma?
-Es hora de comer. – Repitió aparentando completo desinterés en lo que le había dicho y en mi desprecio. Mi vida le importaba en lo mínimo a esa mujer. – Muero de hambre... – Con sutileza llevó una mano a su vientre. – Morimos de hambre. – Pese a decir esto, en su mano libre tenía una envoltura vacía de frituras.
-¿Y eso? – Pregunté mirándole como si tuviera en sus manos algo sumamente desagradable. Aunque, tratándose de ella, era como sí lo fuera. – No es algo común verte comiendo algo con tantos conservadores. – Con desinterés, acomodé mis papeles en una carpeta.
-Tenía antojo. – Rodó los ojos mientras doblaba el envoltorio vacío y lo dejaba caer en mi bote de basura. – Una vez al año, no hace daño. ¿No quieres que mi hijo tenga cara de fritura… o sí?
-Sí, claro. – Volví a la tarea de acomodar mis papeles. – Échale la culpa al niño y a tus antojos por tus deseos reprimidos de comer comida chatarra como todos los mortales.
-Sólo fue una pequeña bolsa de frituras, Sakura. No exageres. – Me reprendió. Y lo decía la misma chica que me llamaba la atención cuando yo quería comer alguna fritura. Claro está, que yo era más bien de: "Una vez a la semana".– Y si no te apresuras, iré a la cafetería por otra. – Aporreó con decisión sus manos en mi escritorio. – Vamos, tengo mucha hambre.
-Sí, si… – Con su respectiva lentitud apagué la computadora y acomodé algunas cosas que tenía en mi escritorio. – Sólo voy a entregar estos papeles y…
-Yo lo haré por ti. – Dijo arrebatándome la carpeta. – Tú, da tu última vuelta por pediatría y te veo en 15 minutos en el estacionamiento. No olvides tus llaves, y… un chocolate si de casualidad pasas por la cafetería antes de salir. – Lo dijo de manera sutil, desinteresada. Como si tuviera otra opción, como si no supiera que para llegar al estacionamiento la salida más rápida era atravesando la cafetería.
-En serio tienes hambre. – Rodé los ojos considerando caminar lentamente.
-¡15 minutos! – Me repitió mientras salía del consultorio.
Y así lo hice, al menos mientras estuve a su vista. En cuanto doblé por el pasillo rumbo a pediatría, decidí seguir al pie de la letra las rápidas instrucciones dadas por Ino. Sobre todo porque yo también me estaba muriendo de hambre.
-Todo está bien. – Dijo la enfermera de pediatría en cuanto llegué al servicio a preguntar por los pequeños pacientes hospitalizados. – Los pequeños están tranquilos, y el médico que se queda por las tardes ya llegó, así que… Que tenga un buen fin de semana, doctora. – Su cálida sonrisa me pareció sincera.
-Gracias. – Respondí su gesto con una sonrisa amable. – Por favor, si pasa algo no duden en llamarme.
-Lo haré. – Respondió. – Aunque dudo mucho que pase algo. – Un suspiro de alivio salió de los labios de ambas. – Luce realmente contenta hoy, Doctora Haruno. – Comentó.
-Si… – mordí rápidamente mi labio inferior. Fue en ese momento que sentí esa ligera incomodidad en las mejillas. Como si llevara un buen rato con la sonrisa congelada en el rostro. – Ya sabes, no es siempre que tengo la fortuna de tener un día… tranquilo.
Y si, en parte era porque el servicio de pediatría estaba realmente en calma. Pero por otro lado, sabía que estaba en una burbuja de felicidad que no hacía nada más que crecer. Así que mejor me decidí por despedirme mientras daba pasos apresurados. Todo lucía tan perfecto que hasta me asustaba. Usualmente no tenía tan buena suerte.
-Nos veremos el lunes. – Me despedí.
Caminé rápido hacia la salida de pediatría consciente de que todo aquel que pasaba por mi camino veía a la simpática doctora Haruno sonriendo y caminando como si estuviera paseando sobre las nubes. No podía evitarlo, la sonrisa estaba ahí de forma involuntaria.
-Qué patética soy. – Me dije a mi misma en cuanto me vi en el espejo del elevador. Mi sonrisa estaba ahí, y era realmente estúpida. Mis mejillas estaban algo entumidas contando que mi recorrido me había tomado menos de lo que pensé aún con mi visita rápida a la cafetería. Ino aguardaba en el estacionamiento, tal y como dijo, dentro de su auto y jugueteando con su celular. – Tu chocolate. – Casi se lo aventé cuando subí a su auto y abroché el cinturón de seguridad alrededor de mi cintura.
-Gracias. – Dijo en cuanto tuvo el chocolate entre sus manos. – ¡SAKURA! – Gritó, sobresaltándome por segunda vez en menos de una hora.
-¿Si?
-¡Le diste una mordida a mi chocolate! – Un puchero gracioso en su rostro me hizo reír con malicia.
-¿Lo hice? – Le miré con aparente sorpresa. – No me di cuenta. – Llevé una mano a mi pecho tratando de demostrarle que era sincera en mis palabras. – Lo siento, Ino.
-Está bien. – Se encogió de hombros y le quitó con rapidez la envoltura que restaba al mordido chocolate. Con entusiasmo le dio una enorme mordida antes de arrancar el auto. – Delicioso. – Suspiró. – ¿Por qué tardaste tanto?
-¿Eso no arruinará tu apetito? – Pregunté con curiosidad haciendo caso omiso a su reproche.
-Lo comprobaremos en unos minutos, – Se encogió de hombros. – pero la verdad lo dudo mucho. Tu mordida fue enorme, así que lo dudo.
-Si tú lo dices. – Suspiré recordando que ella siempre se quejaba de esa clase de cosas, esas en que me involucraban a mí tragando algo que arruinaría mi apetito justo antes de ir a almorzar, pero tampoco tenía ganas de burlarme de ella. No deseaba pinchar mi burbuja perfecta yo misma haciendo enfadar a doña perfecta.
-Por cierto, Hina nos verá allí.
-Oh, qué bien. – Dije con entusiasmo. Al menos Hinata casi siempre estaba de mi parte y frenaba a Ino cuando empezaba a hablar de más. Cosa que hacía cuando Sasuke era el tema en cuestión. – Una reunión de chicas…
-Sí, sí. – Me ignoró por completo. – Ese es el plan.
-Ojalá Temari estuviera aquí también. – Me recliné en el asiento sintiéndome cómoda.
-Pues nos alcanzará en la noche.
-¿En la noche? – Me erguí, de nuevo. – ¿Nos alcanzará? – ¿Y ahora, qué?
-Más tarde. – Repitió. – Ella se unirá a nosotras más tarde. – No pude evitarlo, la sonrisa ya no lucia segura en mi rostro.
-¿Cuánto más tarde?
-Pues yo espero que le hayas dado muy bien de comer a Gilbert en la mañana, porque probablemente esto demore.
-No me habías… no dijiste nada de eso cuando me provocaste un mini infarto en mi consultorio.
-¿Es qué acaso tenías otros planes? – Giró la cabeza para mirarme por un par de segundos, antes de volver a concentrarse en la carretera.
-Pues… no, pero… – Los viernes usualmente dormía largo y tendido hasta el sábado. Ese era mi plan. O lo fue. Oh, y esperar la llamada o mensaje de Sasuke, también era parte de mi plan nocturno. – Nunca me dijiste eso. – Giré medio cuerpo para ver fijamente a la culpable de mi repentina migraña.
-Tal vez lo olvidé. Lo siento. – Sonrió apremiante. Era obvio que no lo había olvidado, y que tampoco lo sentía. Ahora sabia que morder el chocolate no había sido tan mala idea de mi parte, después de todo. – Escucha, fue idea de Hinata. Te ha visto algo… seria y preocupada. Dijo que quizá necesitábamos salir sólo nosotras y charlar.
-Vaya… – Me crucé de brazos sentándome derecha de nuevo, me sentía ligeramente engañada, pero extrañamente tranquila por ello.
-Sólo relájate. – Bufó. – Será una reunión de chicas. – Ino repitió mis palabras mientras se encogía de hombros. – Tú misma lo dijiste.
-Supongo. – Con discreción saqué mi celular de mi bolsillo esperando encontrarme con algún mensaje de Sasuke, pero no tenía absolutamente nada nuevo. Nada. Suspiré sabiendo que tenía menos de 2 horas de haber hablado con él. Quizá y seguía en su estúpida reunión con el estúpido inversionista. En cuanto alcé la mirada a la carretera, de nuevo, me di cuenta que no conocía el camino que estábamos tomando. Raro, ya que conocía bien los restaurantes favoritos de Ino y el camino que llevábamos no me parecía en lo absoluto el correcto hacía uno de ellos. – ¿Estamos en un desvío o algo así? – Pregunté observando los alrededores. Era como si estuviéramos saliendo de la ciudad. Una larga carretera frente nuestro, sin señales de vida cercanas.
-No. – Respondió. – Estamos en el único camino.
-¿Hacía donde? – Tragué saliva sintiendo un ligero estremecimiento en mi cuerpo. – ¿A dónde vamos? – Tuve miedo de preguntar, pero no pude detenerme. Debía saber.
-Realmente muero de hambre. – Con cierta histeria, oprimió el claxon del volante para que los coches frente a ella avanzaran más rápido.
-Ino…
-Tranquila. – Suspiró. – Escogí un restaurante que queda a 30 minutos del hospital. – Respondió. – Por eso te dije que te apuraras.
-¿30 minutos? – Fruncí el ceño. – Debiste elegir un restaurante más cercano. ¡Ya tengo hambre y mucha!
-Lo sé, – Asintió. – Sé que es algo alejado de lo que conocemos, pero escuché que sirven una pasta deliciosa y Hinata dice que su padre se lo recomendó mucho, así que… – Se aclaró la garganta. – Además hemos almorzado en todos los restaurantes que están cerca. – Dijo como si tratara de reprenderme. – Y yo realmente quiero comer algo con pasta. – Pasó por completo de mi razonamiento. – Noté también que acabamos de pasar una heladería, lo cual me parece perfecto porque en cuanto salgamos del restaurante podríamos parar por un helado. – La emoción en su voz era como la de una niña pequeña sugiriendo los juegos a los que se subiría en su primera visita al parque de diversiones. Y eso fue todo lo que necesité para olvidar que estaba un poco enfadada con ella. Porque su hijo se desquitaría de todas por mí. Con su primer hijo en camino, su vida sería toda una montaña rusa. Ya ansiaba verla aferrarse a ella. –…pero me encantaría el de fresa. O quizá uno de chocolate y fresa. O… ¡Unos pastelillos de…chocolate! – 15 minutos después, ella seguía hablando de comida. ¿Quién lo diría?
-No me digas. – Como si nada, observé mis uñas tratando de demostrarle cierta indiferencia. – Lo dice la chica que siempre se burla de mi afición por comer cosas dulces.
-Tú no estás embarazada, Sakura. – Bufó. – Yo sólo lo estaré por unos 7 meses más, debo consentirme tanto como desee.
-A eso se le llama gula. – Me burlé.
-Yo he escuchado que le dicen: 'Antojos'. – Me devolvió el ataque.
-Sí tú lo dices. – Di un pequeño bostezo y acomodé mi cabeza contra el respaldo del cómodo asiento.
-Sólo quiero que sea feliz conmigo. – Automáticamente regresé la mirada hacia ella. – Por eso le consiento con lo que me pide. – Se encogió de hombros. – No es ningún crimen.
-No lo es. – Asentí.
-En cuanto nazca iré a un gimnasio, pero ahora… seremos felices comiendo. – Suspiró mientras se estacionaba en la entrada de aquel restaurante que definitivamente yo no conocía.
-Será feliz, Ino. – Le aseguré. – Contigo como su madre, no habrá día en que se aburra.
-Tienes razón. – Sonrió. – Después de todo, estoy feliz.
-Y yo también, por ti. – Le aseguré mientras le dedicaba una sonrisa. Una distinta, una que sólo tenía para ella, para mi mejor amiga. – También estoy hambrienta por ti. – Dicho esto la sonrisa se fue y salí del auto apresurada y ruidosamente.
Porque ella era mi mejor amiga, pero con mi estómago nadie se metía.
-Les estaba esperando. – Hinata nos saludó con entusiasmo en cuanto nos vio entrar.
-Hola, Hina. – Le di un fuerte abrazo. – Muero de hambre, pero a Ino le vale y le da por hacerse de crisis existenciales, como si no supiera que puedo desmayarme en cualquier instante.
-¿Has ordenado algo? – Ino se sentó en una silla desde la cual me miraba a mí con desdén y a Hinata con sutileza.
-Aún no, pero he observado que son muy rápidos en cuanto al servicio. – Hinata le respondió.
-Excelente. – Ino suspiró aliviada.
-¿Tu también temes desmayarte del hambre, Ino? – Hinata vagamente preguntó.
-No, realmente. – Ino leyó el menú concentrada en no fallar en cuanto a su elección. – Lo normal.
-¿Y sabes por qué, Hina? – Interrumpí mientras igual leía el menú con diversos platillos de los que ni la mitad conocía. – La Yamanaka se tragó un chocolate en el camino. – Lo solté rápido, consciente de que al terminar de hablar ya tenía la mirada fría de Ino sobre mí. – Oh… hay ravioles… – Exclamé tratando de retrasar lo que sea que ella fuera a hacer. Medio minuto después ella seguía sin hablar, así que… – también se comió una bolsa de frituras… – Esta vez lo dije más bajo, pero con la misma intención. Como niña de primaria acusando a su compañerita caprichuda. – ¿Tú crees que deberíamos pedir vino para nosotras, Hina? Seguro que los ravioles con vino estarían perfectos.
-Oh, Ino. – Hinata miró a Ino con curiosidad, ignorando mi pregunta. Si bien era cierto que la había hecho buscando aparentar que la información se me había escapado accidentalmente, ahora rondaba por mi cabeza la idea del vino. Y sin embargo, ella ahora no me prestaba atención. No culpaba a Hinata, después de todo yo me tuve la culpa de que no se tomara en serio a mi estomago hambriento. – ¿Se arruinó tu apetito?
-Para nada. – Ino bajó el menú con arrogancia y apartó la mirada fría de mí para poder releerlo una última vez. – Pero pediré algo ligero, no quiero subir mucho de peso y echarle la culpa al bebé luego. – Dicho esto, hizo una sutil seña al camarero. – Y ni siquiera fue una barra entera de chocolate, por cierto, Sakura le dio una enorme mordida antes de dármelo. – El orgullo en su voz era imposible de ignorar. Pero tampoco el hecho de que ella no me había reprochado nada, hasta el momento.
-¿No piensas decirme nada? – Ser prudente nunca había sido lo mío.
-No. – Pero sus enormes ojos verdes no me regresaron la mirada.
-¿Segura? – Mordí mi labio inferior. ¿Estaría muy enfadada?
-¿Te sientes bien, Ino? – Hinata llevó una mano a la espalda de la rubia.
-Hambrienta. – Le respondió. – Sakura, Hinata… – Entonces sus ojos verdes ya estaban clavados en mí con rudeza. – Sí aquello de mi repentino gusto por lo dulce y frito llega a salir de este restaurante juro que te mataré. – La advertencia fue dirigida directamente hacía mi.
-Hey, ¿Por qué a Hina no le amenazas también? – Me crucé de brazos.
-Porque sé que ella no diría nada. – Sonrió con malicia hacía las dos.
-Entonces, ¿vino está bien? – Pregunté de nuevo a Hina, ella sólo se rió de nosotras por un buen rato.
Ya sabía que con Ino hambrienta no se debe jugar. Debía esperar, por lo menos, a que su estomago estuviera satisfecho para volver a molestarle. Sin embargo, la cosa fue así: Esa mujer devoró un plato de espagueti con casi un litro de jugo de naranja. Pidió un helado de fresa, chocolate y vainilla y nada le impidió comer un chocolate más mientras conducía de regreso a casa.
No le dijimos nada. No porque no hubiéramos tenido la oportunidad, si no porque después de todo, ella estaba feliz. Ya habría oportunidad de molestarle más.
.
-¿Has sabido de Sasuke? – Hinata me preguntó mientras Ino se detenía en la estación de gasolina a llenar el combustible de su auto.
Oh, genial. Me había salvado de llevar esa plática en toda la tarde, en todos y cada uno de los minutos de las 3 largas horas que pasamos comiendo pasta, como para que ahora Hinata-la que pensé me rescatara si Ino tocaba el tema-fuera quien hablara.
-Sí. – Respondí tratando de parecer indiferente. – Llegará mañana.
-Oh, quiere decir que al fin desayunaremos juntos el domingo, como siempre. – Hinata sonrió realmente satisfecha.
-Así parece. – Asentí. – Finalmente.
-¿A qué hora llegará? – Hinata siguió cuestionando.
-Pues no estoy segura. – Me encogí de hombros. – Me llamó en la tarde, pero aún no tenía su boleto de avión, así que… – Suspiré. – Realmente dijo que no era algo seguro, pero daba casi por hecho que estaría de regreso este fin de semana.
-¿Cómo es que yo no sabía de eso? – Ino asomó su cabezota por la ventanilla del auto.
-¿No sabias qué? – Le cuestioné.
-Sasuke vuelve mañana. – Aseguró. – ¿Por qué no me habías dicho?
-No pensé que… te importara. – Sonreí tratando de esconder mi culpa. Después de todo fue muy egoísta de mi parte él haberme quedado con esa información sin decirle aunque sea a Ino.
-Siento que Naruto ya le extraña. – Hinata dijo con cierta gracia. – Probablemente está más deprimido que si yo me fuera por dos semanas de viaje.
-Probablemente. – Bromeé.
-¿Saben quien más le echa de menos? – Ino entró de nuevo a su auto y se abrochó el cinturón de seguridad.
-¿Sai? – Arqueé una ceja.
-Tú. – Dijo mientras arrancaba. – ¿Era él con quien hablabas por teléfono esta tarde? – Me cuestionó con la vista fija a la carretera. – Esa sonrisa que tenías cuando entré a tu oficina… ¡wow! Si él la viera… – Oh, genial. Ella me había visto sonreír estúpidamente.
-Creo que aún la tiene. – Hinata se unió al acoso de Ino. – ¿Has decidido algo? – Vaya, vaya… Hinata estaba atacándome mucho ese día.
-¿Sobre qué? – Me hice la tonta. Quizá eso desesperara a Ino, pero no funcionaría del todo con Hinata.
-Sobre Sasuke. – Ella respondió con una sonrisa, tranquila.
-Sí. – Bajé el vidrio del auto mientras dejaba que el viento frío revoloteara mis cabellos. Eso, quizá, me impediría pensar tonterías y responder estupideces. – Que todo fluya. – Suspiré. – Pasará lo que tenga que pasar…
-No suena tan mal. – Ino reconoció. No lo pude creer de inmediato. Tuve que voltear a verle para saber que no bromeaba.
-¿Lo dices en serio? – Asintió.
-Porque sé lo que pasará. – Volvió la mirada hacía mi tan repentinamente que me dejó sin aliento. – Él se dará cuenta tarde o temprano de tu amor… y serán felices.
-¿Cómo puedes estar tan segura?
-Soy optimista.
-Y yo realista. – Aparté la mirada de ella volviendo a mirar por la carretera a mi lado. Apoyé mis brazos en la ventanilla y recosté mi cabeza en ellos. – Si él no me quiere, algo tendré que hacer pero… ya estoy aquí. En el lado de las personas que se enamoran de quien no deben, cuando no deben. Y, bueno,… ya veremos qué pasa.
-Me agrada tu nueva manera de pensar. – Escuché a Ino asegurar. – Pero, enserio… esa sonrisa que tienes cuando de él se trata es…
-¿Sonrisa? – Giré medio cuerpo para poder ver a Ino a mi lado y a Hinata en la parte de atrás. – Pero si yo me siento como siempre. Me veo como siempre.
-¿Cómo siempre? – Hinata se acercó a mí de golpe. – ¿Cómo es eso?
-Con cara de: "Odio a la humanidad" – Me burlé de mí misma. – Como siempre.
-No. – Hinata sonrió. – Tu rostro de siempre es… de indiferencia. – Hinata siempre tratando de ser amable.
-Más bien sarcástica. – Ino siempre tan sincera. – Pero ahora de forma diferente. Sonríes mientras lo haces. Y eso es nuevo.
-Graciosas. – Susurré. Sabía que por un breve instante había desviado la atención de mí, pero eso no me duraría toda la noche. Ellas solían ser insistentes cuando querían. – ¿Ya nos vamos?
-¿Por qué la prisa? – Hinata sacó su celular del bolsillo de su abrigo. – Aún son las 6pm.
-Mi celular se descargó. – Respondí mientras sacaba el celular de mi bolso. Por quinta vez intenté volver a encenderlo, pero no pasaba nada. – Necesito ir a mi departamento para cargarlo.
-¿Esperas una llamada importante o algo así? – Ino preguntó estacionándose frente a un semáforo en rojo. Sus ojos se clavaron acusadoramente en los míos, como sí tratara de ver a través de mi mirada la verdad.
Si, Sasuke prometió avisarme a qué hora volvería.
-No realmente. – Mentí a medias.
-¿Entonces? – Ino desvió la mirada de mí y se concentró por unos segundos en su celular mientras de reojo se concentraba en el semáforo.
-Sólo… necesito cargarlo. – Mordí mi labio inferior. Era realmente pésima mintiendo.
-Te dije que Temari se nos uniría. Y por cierto… ella acaba de llegar. – Nos informó. – Está en el aeropuerto y dice que Shikamaru no irá por ella. – Dicho esto, Ino se estacionó frente a un bar mientras nos miraba a la expectativa por el espejo retrovisor. – Creo, Sakura que ir por nuestra amiga es más importante que llevarte a tu casa por tu cargador…
-Definitivamente debemos ir por ella primero. – Hinata me miró buscando apoyo. – Podría pasarle algo.
-Dudo que alguien intente hacerle algo. – Me encogí de hombros. – Ella es Temari. – Les recordé. – La chica que le dio un buen balonazo a Naruto jugando en la playa. Tiene fuerza. Pero también creo que debemos ir por ella ya mismo.
-Aún así, nos hace falta para que esta sea una verdadera noche de chicas, ¿no? – Ino arrancó el coche de nuevo mientras encendía el reproductor de música. – Iremos a un bar y esto se pondrá mejor.
-Supongo. – Asentí resignada a que no cargaría mi celular ni sabría de Sasuke, al menos no por un buen rato. Era sólo un mensaje, él dijo que no llamaría… así que… – Necesito alcohol. – Suspiré. – Ya me urge por ahogar las mariposas de mi estómago.
-Excelente. – Ino río satisfecha por mi comentario. – Divirtámonos un poco.
En cuanto llegamos al aeropuerto, Temari estaba ya en la entrada con sus maletas a su lado y con cara de desesperación.
-¿Ocurre algo? – Pregunté en cuanto Ino le abrió la cajuela para que ella guardase sus maletas.
-No. – Respondió. – El piloto dijo que las condiciones meteorológicas indicaban que llovería esta noche. Y ustedes no venían por mí. – Se encogió de hombros. – Supongo que temía que me hayan olvidado.
-Para nada. – Ino le aseguró. – Es sólo que había tráfico.
-¿Qué planes hay, chicas? – Temari se sentó al lado de Hinata y le dio un rápido abrazo.
-Alcohol para ustedes, helado para mí. – Ino le puso al tanto mientras yo entraba de nuevo al auto y me abrochaba el cinturón. – ¿Has comido ya?
-Saben que detesto la estúpida comida de avión. – Temari reconoció. – Pero si. Mi estomago está listo para alcoholizarse.
-Estupendo. – Sonreí para ella a través del espejo retrovisor antes de que un bostezo cambiara la curva de mis labios.
-¿Cansada? – Hinata me preguntó con sorpresa en su rostro.
-Un poco. – Le respondí. – Ya sabes que yo siempre tengo sueño.
-Cierto.
-Sin duda alguna. – Ino concordó. – ¿Qué les parece si vamos a mi casa? – Propuso. – Tengo un par de botellas de tequila, y Sai trabajará esta noche, así que tenemos casa sola. – Aseguró.
-Suena estupendo. – Temari asintió de inmediato.
-Le mandaré un mensaje a Naruto para decirle. – Hinata se concentró brevemente en su cometido.
-Oh, Sakura, ¿Necesitas pasar a tu departamento por algo? – Ino cuestionó. – Comida para Gil, tu cargador… ¿nada?
-A Gil le dejé suficiente comida esta mañana. – Le aseguré. – Y puedo cargar mi celular en tu casa, ¿cierto?
-Correcto. – Asintió. – Entonces vamos a mi casa ya. – Dijo animada mientras tomaba el volante en dirección a su casa. – Seguro que no puedes esperar más para ver si Sasuke te ha llamado o algo. – Le escuché susurrar a la par de que Hinata le comentaba algo a Temari. Ellas con seguridad no habían escuchado, pero yo sí. Si hubiera estado bebiendo algo, seguro me hubiera atragantado.
-¿C… cómo dices?
-Te acabas de delatar tú misma, ¿sabes? – Ino sonrió de lado, de esa forma burlona cuando se había salido con la suya. – Esa estúpida sonrisa cuando mencionan su nombre te delata siempre. – La satisfacción en su voz era inconfundible.
-No sé donde puede caber tanta maldad en ti, Ino. – Entrecerré los ojos. – Ni siquiera yo sé cómo te soportas. – Le aseguré. – ¿Cómo es que siquiera eres mi amiga? – Ino sólo se encogió de hombros a modo de respuesta.
-¿Entonces?
-Sí, estoy esperando un mensaje suyo. – Acepté rindiéndome ante los hechos. A ella no se le escapaba nada, absolutamente nada.
-¿Noticias importantes? – Trató de adivinar ignorando mis dramas acusadores.
-Sólo me dirá la hora en la que sale su vuelo. – Me encogí de hombros.
-¿Sólo eso? – Bufó ante mi confirmación. – Pensé que diría algo más… relevante para nuestra investigación.
-¿Investigación?
-Investigación de porque no se ha enamorado perdidamente de ti. – Pesé a que por el tono de su voz parecía estar molesta, la sonrisa que le siguió demostró lo contrario.
-Olvídalo.
-Es que te miro, Sakura y sé que no tiene sentido. – Ahora su tono fue por completo hostil. – Es decir, yo sé que soy hermosa. – Suspiré. Narciso había renacido en esa mujer. – Pero tú… eres preciosa. – Susurró. – Sin caer en lo lésbico. – Aclaró. – Tus ojos son muy ¡wow! Eres delgada y bueno, siempre te quejas del tamaño de tus pechos pero he conocido chicas con menos pecho que tú. – Vaya su extraña forma de animarme. – Lo pensé y llegué a la conclusión de que ese chico es el problema. Si no fuera porque tú has cogido con él y no sólo una vez, yo pensaría que es gay. Y es decir, es loco porque le hemos visto desfilar chicas a su alrededor y eso, pero no entiendo porque si eres la mujer más cercana a él no se ha enamorado de ti. – Inhaló por la boca tratando de recuperar algo del aire que perdió hablando. – Necesito saber qué es lo que piensa.
-También yo.
-Y lo descubriremos. – Dijo en cuanto se estacionó. – El problema es cuando sabes que es una piedra, y aún así estás dispuesta a tropezar. Quizá sólo necesita… – Y se detuvo justo antes de decir lo que sea que estuviera pensando.
-¿Llegamos? – Temari se alzó entre nuestros asientos. – Wow, ¿le has hecho algo nuevo a tu casa, Ino?
-Sólo unos arreglos. – Ella respondió mirando fijamente la puerta de su hermosa casa. A su lado, me di cuenta de que en realidad no estaba prestando mucha atención. Le conocía tan bien como para notar que su mente estaba maquinando algo.
.
Sonreí agradecida cuando vi mi vaso lleno del líquido ámbar.
-Tequila, dulce manjar de los dioses. – Temari tomó de un golpe rápido medio vaso.
-¿Te sirvo más? – Hinata ofreció a Temari.
-Claro. – Definitivamente la historia de la despedida de soltera de Hinata pintaba para repetirse. – Nada de fotos esta vez, Sakura. – Amenazó. – Shikamaru aún se burla de mi foto tirada en la alfombra de Ino.
-Te veías realmente bien en la foto, Tema. – Hinata trató de animarla.
-Sí, claro. – Ella rodó los ojos sabiendo que nadie podía verse bien durmiendo con el maquillaje corrido en los ojos, la boca abierta, el cabello despeinado y las ropas arrugadas.
-¿Qué dicen si vemos una película? – Ino ofreció.
-No sé, de todas formas nunca las vemos. – Manifesté.
-Sí, pero… – Y justo cuando Ino iba a protestar, un ruido conocido sonó cerca de nosotras. – Es tu celular, Sakura.
No supe cómo fue, de repente me hallé junto a mi celular que estaba en la mesita de la sala de Ino. Era el sonido de un mensaje y yo ansiaba que se tratara de Sasuke. Juraría que hasta crucé los dedos de la mano libre mientras la otra tomaba el celular y lo desbloqueaba con mi dedo pulgar.
Y, por primera vez en un buen tiempo, los planetas se alinearon para darme un poquito de buena suerte.
Era un mensaje de Sasuke:
"Sakura: Esto se retrasó un poco más, de nuevo. Tomaré un avión por la noche, mañana. Así que te veré hasta el domingo. Paso por ti, como siempre."
-¿Buenas noticias? – Escuché a Temari preguntar detrás de mí.
-Muy buenas… – Mordí mi labio inferior tratando de contener un chillido de emoción. Pronto llegaría. No tan pronto como me hubiera gustado, pero llegaría.
Me di la vuelta para volver a sentarme con ellas en el comedor.
-Apuesto las botanas a que fue Sasuke quien le mandó mensaje. – Ino me observaba, curiosa.
-¿Por qué lo dices? – Hinata imitó la acción.
-Por la sonrisa que tiene en su rostro. – Lo dijo con un tono de superioridad, como si la respuesta fuera muy obvia.
Y en ese momento por inercia alcé el rostro y me contemplé en el elegante espejo que Ino tenía en la blanca pared. Una enorme sonrisa en mi rostro. Oh, vaya… Este estaba siendo un día raro.
-¿Fue Sasuke, Sakura? – Ino aprovechándose de mi aún estúpida ensoñación repentina, preguntó. Me observaba con cierta expresión en el rostro. Una que metía presión y asustaba de cierta forma, al mismo tiempo. Y así era como ella conseguía que se le respondiera al instante.
-Llega el domingo. – Suspiré sintiéndome incapaz de querer discutir con ellas.
-¿Te sirvo más tequila, Sakura? – Hinata amablemente llenó mi vaso a penas y le asentí.
-Ya sabes, para ahogar mariposas. – Bebí de un trago medio vaso.
-¿Sabes, Sakura? – Temari se cruzó de brazos y me observó fijamente mientras Ino volvía con un tazón de palomitas. – Creo que en todo este tiempo he comprendiendo ciertas cosas realmente locas pero ciertas de la vida.
-¿Cómo qué? – Ino sirvió más jugo en su vaso mientras con sutileza buscaba en el tazón las palomitas que menos picante tuvieran.
-Bueno, ahora sé que las oraciones más sinceras se hacen en un hospital, los besos más sinceros se dan en un aeropuerto, y… que las declaraciones de amor se dan más fáciles con una botella de tequila en una mano. – Sonrió con suficiencia. – Tal vez eso es lo que necesitas.
-Ya que no puedo declararme sobria, quizá con alcohol pueda. ¿A eso te refieres? – ella asintió. – Suena tan absurdo que debería intentarlo. – Relamí rápidamente mis labios. –… Quizá.
-Ahora mismo yo me conformaría con que quites esa sonrisa de tu rostro, – Ino se burló. – Es linda, pero se te va a arrugar el rostro.
-No estoy segura, Ino. Parece una mueca de… inexplicable felicidad. – Temari trató de ayudar. – No creo que ella la esté controlando.
-Chicas… dejen de molestarle. – La dulce y apacible voz de Hinata me hizo negar con la cabeza sin dejar de sonreír.
-Déjenme en paz. – Les dije. – Ino, Tema… nada de lo que digan podrá hacerme sentir mal.
Y es que últimamente tomaba las cosas con tanto positivismo que cualquiera pensaría que estaba enloqueciendo. Y lo cierto era que las cosas nunca se me daban al 100% bien. Sonará muy pesimista de mi parte, pero era totalmente cierto, tanto como aquella verdad mundialmente conocida que dice que cuando cierta parte de tu vida comienza a marchar bien, otra empieza a ir mal… Ninguna de mis partes físicas o emocionales iba al 100% bien, pero al menos me sentía más resignada en cuestiones amorosas a tomar lo que venga, como venga. Por Sasuke, asumiría las consecuencias, pero quizá mi positivismo era consecuencia de algo malo por venir.
Si, debí notarlo. Debí saber que algo andaba mal cuando mi optimismo me hizo sentir emocionalmente bien. Debí…
El domingo, como por arte de algún misterioso milagro, me levanté por mi propia cuenta. Ni siquiera había sonado el despertador que puse la noche anterior con la esperanza de que por primera vez me levantase temprano. Sasuke pasaría a buscarme esa mañana para desayunar y él odiaba mi retraso en cuanto a mi arreglo, quizá podría ser un buen pretexto para recibir un elogio o una cálida sonrisa el que por alguna vez él me viera lista para hacer las cosas como a él le gustaban. Así que me levanté de la cama y me estiré. Busqué en el armario la ropa que había seleccionado la noche anterior. Una linda falda y una fresca blusa que alguna vez Sasuke había nombrado como: 'linda y además te sienta bien'. Apagué el despertador en cuanto sonó y seleccioné mi ropa interior. Que combinara y fuera fácil de quitar.
-Por si acaso. – Me encogí de hombros al pasar frente al espejo justo antes de meterme a la ducha.
Fue en el momento en que me senté en mi sillón después de ver por quinta vez el reloj de la pared, que me di cuenta de que él no llegaría puntual.
Por primera vez.
-Está retrasado. – Mordí rápidamente mi labio inferior justo antes de recordar que ya me había puesto labial y no quería arruinarlo. Me levanté del sillón y caminé hacía mi habitación para buscar mi celular y mi reloj de mano. Porque casi podía escuchar el tic tac corriendo cruelmente y nada de su auto estacionándose o él golpeando la puerta de mi departamento.
Revisé mi celular buscando el último mensaje que había recibido de él justo la noche anterior: "Ya estoy en mi casa, molesta. Finalmente cerré ese negocio, pero te juro que estoy agotado. Necesito dormir largo y tendido. Tenía la intención de ir esta noche a tu departamento, pero estoy tan cansado que siento que me dormiré a penas mi cabeza tope con mi almohada. Nos vemos mañana. Y, por favor, espero que estés lista mañana cuando pase por ti."
Breve, conciso y alentador. Un claro mensaje con su sello de simpática personalidad Uchiha.
De no haber sido por ese mensaje yo hubiera pensado que él no había llegado, que algo había pasado y seguramente estaría seriamente alarmada. Recorriendo hospital por hospital y aeropuerto por aeropuerto, pero él si había llegado, sano y salvo y ahora… su retraso era inusual.
-No es normal esto. – Suspiré.
Me enfadé un poco conmigo misma por haberme privado de esos minutos de sueño con tal de estar lista a tiempo para recibirle. Quizá, en mi subconsciente tenía la absurda idea de que al estar lista a tiempo, con todo y los minutos de anticipación que el siempre se tomaba, yo podría invitarle a pasar y darle una 'cálida bienvenida'. Algo que le hiciera pensar durante todo el desayuno que debíamos despedirnos temprano y quitarnos del Ichiraku a prisa. Quizá meter la mano bajo el mantel y motivarle para que pidiera lo más pequeño del menú. Algo que pudiera comer rápido para llegar al lugar con cama más cercano a nosotros. Sin embargo, viendo a mi reloj, me di cuenta de que era ya demasiado tarde hasta para llegar tarde.
-Bien. – Suspiré. – Esto definitivamente no está bien.
Entonces, cuando pensaba que era el momento justo para comenzar a alarmarme, alguien golpeó a mi puerta. Me levanté de un brinco del sillón a la par que sentía que mi corazón volvía a latir en mi pecho y que el aire me regresaba a los pulmones. Él estaba aquí. Tomé mi bolso y celular del sillón, las llaves de la mesita de centro y corrí hacía la puerta demasiado consciente de que mi repentino ánimo no pasaría desapercibido por él. No sabía si eso era bueno o no, pero ¡qué diablos! ya estaba abriendo la puerta lista para al fin verle de nuevo.
-Vaya, vaya… – Grité con una sonrisa burlona, la cual al segundo se esfumó. La persona en la puerta no era a quien yo esperaba ver, al menos no en ese momento.
-Sakura-chan. – Naruto estaba parado en mi puerta con un paquete en sus manos. – Buenos días.
-Na… Naruto, ¿qué haces aquí? – Tragué saliva demasiado consciente de que mi voz había sonado algo gélida. De repente mi estómago se contrajo tanto, que sentí nauseas. – ¿Pasó algo? – Mi voz temblorosa me asustó hasta a mí.
-Te traje esto. – Dijo sin haber notado la preocupación en mi voz, o al menos ocultando bien que lo había notado.
-¿Qué… qué es? – Llevé una mano a mi pecho.
-Un presente de Hanabi. – Respondió dándome la caja. – Pensaba dártelo en el Ichiraku, pero Hinata temía que yo olvidara dártelo o que tú lo olvidaras en la mesa. Además, estaba de paso. – Se encogió de hombros.
-¿Dónde está Hinata? – Pregunté observando sobre su hombro.
-Se adelantó. – Respondió mientras yo me hacía a un lado para dejarle pasar a mi departamento. – ¿Llego en mal momento? – Sentí sus ojos azules clavados en mi rostro.
-Bueno, – Titubeé. – Sasuke…
-¿Él está aquí? – Arqueó una ceja y miró el cuarto a su alrededor, buscándolo. Su cuerpo se giró casi por completo en dirección a donde mi recámara estaba.
-No. – Gemí. – De hecho, él no ha llegado por mí aún. – Le informé. – Me… preocupa un poco. Ya sabes que él es… puntual.
-Oh… – Por un momento su expresión fue similar a la mía. – Pero… – Sus ojos azules bajaron a observar con cierta discreción el pequeño reloj de oro en su muñeca derecha. – Aún es temprano, ¿no? Nosotros nos vemos normalmente temprano, pero faltan unos… 45 minutos.
-Lo sé, pero tratándose de Sasuke…
-Ya es tarde. – Dijimos al mismo tiempo. No pude evitarlo, reí un poco por la sincronía.
-Lo entiendo. – Naruto suspiró. – ¿Y le has llamado ya? – Preguntó. – ¿A qué hora volvió?
-Anoche. – Respondí. – Tarde. Y no, no he intentado llamarle… es que sé que los domingos no se fija tanto en su celular, así que… – Naruto me observó con cierto escepticismo.
-Bien. – Asintió entrecerrando los ojos. – ¿Por qué no vienes conmigo y en el camino le llamas? – Opinó. – Si no responde, nos desviamos del camino y vamos a verle a su casa. Quizá se durmió.
-De acuerdo. – Podría haber besado con fuerza a Naruto en ese instante en agradecimiento por su rápida idea. Pero no lo hice. – Vamos. – Salimos a prisa de mi departamento. En cuanto subí a su auto tomé con determinación mi celular dispuesta a llamarle, aunque Naruto ni siquiera había entrado al auto. – Será mejor que… – Apreté la tecla de llamada mientras Naruto arrancaba y esperé un par de veces a que el timbre sonara. Sin embargo, no hubo respuesta. Nuevamente remarqué y… nada.
-En aproximadamente 3 minutos estaremos en esa calle en la que debes decirme si sigo de largo al Ichiraku o me desvío por Sasuke. – Naruto me informó cuando nos detuvimos en un semáforo en rojo.
-De acuerdo. – Asentí con determinación. Mi corazón martilleaba desesperado. – Volveré a marcar. – y fue justo cuando el timbre sonó por tercera vez que al fin, escuché su voz.
-Demonios, – Su voz sonaba torpe y atropellada. Como de recién despertado. – creo que me quedé dormido. – Era un hecho. – Lo siento, el cambio repentino de horario… creo que… no sé.
-Tranquilízate. – Sonreí al teléfono, una parte completamente aliviada y la otra burlándome del error del rey de la perfección. – Es decir, no es el fin del mundo. – 5 minutos más y me hubiera dado un infarto, pero nada más. – Se quedó dormido. – Susurré para Naruto. Él asintió y tomó el camino rápido a nuestro desayuno.
-¿Aún estamos a tiempo?
-Claro, ¿Pero no preferirías quedarte en tu casa y descansar? – Tenía que decir algo amable. Quería ver a Sasuke, pero quizá el que se quedara en casa descansando no fuera tan mala idea. En algún momento demandaría toda su energía para mí.
-No. – El fuerte ruido de agua cayendo hizo que la voz de Sasuke se escuchara débil y lejana. – Tomaré una ducha rápida y te veré en… ¿Dónde estás?
-Camino al Ichiraku. – Respondí sintiendo culpa. – Naruto pasó a mi departamento y pues… estamos yendo al Ichiraku justo ahora.
-Está bien. – Le escuché suspirar. – Entonces te veo allí.
-Bien. – Colgué. Finalmente le vería. Una sonrisa curva en mis labios demando abarcar mi rostro, pero traté de contenerla por miedo a que Naruto preguntara y yo hablara.
-¿Tranquila? – Naruto sonrió de lado.
-Estoy mejor. – Respondí.
Y pensé que no diría nada más, ya que estábamos cerca del Ichiraku, pero podía notar la incomodidad cerca de él, la forma en que apretaba el volante y en como parecía sentirse… sofocado.
-¿Pasa algo? – Pregunté, en parte sintiendo que quizá me arrepentiría.
-¿Hablaremos de esto alguna vez? – Él susurró
-¿De qué? – Suspiré. – ¿De este momento en que casi me da un infarto por no saber del idiota de Sasuke? No creo que sea motivo de un debate trascendental, pero si quieres puedes exagerar mis reacciones cuando contemos esta historia en el desayuno. – Accedí.
-No me refiero a esto. – Le vi arquear las cejas. – Hablo de su relación. Sasuke y…
-Oh, vamos… Naruto. – Gruñí. – Creí que ya estaba todo dicho.
-Es sólo que… quizá deberías pensar mejor lo que haces. – Una mueca en su rostro que no pudo ocultar me desconcertó.
-No entiendo. – No mentía.
-Puede que no termine tan bien.
-Sigo sin entender…
-En estos juegos alguien siempre termina perdiendo o lastimado… – Suspiró pesadamente. – Temo que uno de mis mejores amigos termine mal por esto.
-Lo entiendo. – Era obvio, hablaba de mí. Terminaría mal para mí en algún momento y yo perdería. Sí hasta el idiota de Naruto se había dado cuenta de ello, era un caso perdido. – No te preocupes. – Dije. – Estoy segura de que se solucionará. – Mi corazón podría cuartearse o dañarse irreversiblemente, pero saldría adelante de alguna forma. – Ya verás que cuando esto termine todo seguirá siendo normal.
-De acuerdo. – Sin embargo la tensión no se había ido del todo. Tarde o temprano quizá él sería mi fuente de consuelo. Él era algo torpe pero era cierto que era de las pocas personas que sabían cuando decir: te lo dije. Y quizá, nunca lo escucharía de él. – Llegamos. – Anunció estacionándose justo frente al Ichiraku. – Alcanzamos buen lugar. – Suspiró. – Por cierto, – Dijo cuando yo me quitaba el cinturón de seguridad para bajar del auto. Mi estómago comenzaba a demandar alimentos pero me pareció correcto escuchar lo que tendría por decir. – Te ves muy linda hoy. – Sonrió con cierta ternura. – Diferente. – Me observó fijamente. – Hay cierto brillo en tus ojos que… – Tragó saliva mientras cierto rubor subía apresuradamente por sus mejillas. – Estoy casado. – susurró desviando su mirada de mi. – Se supone que sólo debo mirar bonita a mi esposa.
-No le diré nada. – Me reí de su rostro sonrojado. – Gracias por el cumplido. – Le di un suave beso en la mejilla. – Y gracias por rescatarme hoy. – De no ser por él, seguramente esta princesa seguiría en su torre esperando por su estúpido y dormilón príncipe.
-Un placer. – Respondió devolviéndome una cálida sonrisa. Ambos salimos del auto al mismo tiempo.
El Ichiraku lucía como siempre lleno, no así nuestra mesa. Hinata y Shikamaru eran los únicos aparte de nosotros que habían llegado. Ellos platicaban en sus lugares, respetando los vacíos para sus futuros ocupantes.
-Me pregunto si algún día dejarán de reservarnos esta mesa. – Dije a penas Naruto y yo nos sentamos. De inmediato Naruto observó con devoción a su esposa y le dio un rápido beso. Sonreí hacía ellos. Eran tan… tiernos que su dulzura nunca me parecía empalagosa, más bien lindo.
-Nunca. – Shikamaru respondió a mi pregunta. – Tú sabes, puede estar lloviendo afuera o un huracán podría llegar en el momento exacto, pero nosotros estaríamos aquí. – Se encogió de hombros. – Nunca faltamos.
-Y nunca lo haremos. – Hinata opinó uniéndose a la plática.
-Me pregunto si debemos considerar la idea de una silla extra.
-¿Silla extra? – Naruto me observó incrédulo.
-Cuando el hijo de Ino nazca, supongo que formará parte de nuestra rutina del desayuno.
-Es probable. – Shikamaru sonrió.
-Muero por verla desesperada. – Sonreí con malicia.
-¿Por? – Hinata me observó fijamente.
-Gajes del oficio. – Respondí. – Ino no es precisamente recordada en el hospital por su paciencia con los niños.
-Lo hará bien. – Hinata salió en defensa de la ausente Ino. Y es que esa mujer, aún cuando estaba ausente, era motivo de atención.
Y una taza de café después y un chisme recién contado, Naruto anunció que Sasuke le había mandado un mensaje asegurando que estaba buscando donde estacionarse.
Fue ahí cuando mi corazón comenzó a acelerarse en júbilo. Mis manos comenzaron a sudarme y discretamente las escondí en mi regazo, bajo el mantel de la mesa.
-¿Entonces Ino come grasa? – Shikamaru se reía con Hinata por cierta información que teníamos prohibida compartir.
Traté de unirme a la conversación para no parecer desesperada, para aparentar que siempre estuve inmersa en la plática y no en el reloj y en los minutos que pasaban sin que Sasuke apareciera, pero fui demasiado consciente de que mi mirada no se despegaba de la puerta de entrada. Y es que cada que alguien entraba al lugar yo inevitablemente le miraba tratando de ver si era Sasuke encaminado finalmente a nuestro reencuentro, pero al menos 4 veces no fue él. 3 de esas veces fueron mujeres las que entraron. Así que bajé la mirada algo decepcionada.
Ya llegará, no te alarmes. – Mi mente trataba de calmarme, pero mi pecho no recibía el mensaje.
Fue justo en ese segundo, cuando de reojo le vi entrar por la puerta, que me di cuenta de todo lo que él representaba para mí. Todo al rededor de él parecía resplandecer para que yo le prestara atención.
La Sakura que no creía en el amor aún estaba ahí, todo era igual… sólo que… ahora estaba él. Algo confuso, cierto. Pero… me encantaba.
-Sasuke… – Susurré sintiendo como mis piernas comenzaron a temblar por levantarme de la silla y correr a abrazarle y besarle.
-Muero de hambre, ¿cuándo piensan venir…? – Escuché a Shikamaru quejarse.
Sasuke caminaba con pasos seguros hacia nosotros. Su cabello lucía húmedo y algo despeinado aún. Si no fuera porque le había visto desnudo muchas veces, podría pensar que nunca le había visto mejor que con esa camisa negra.
-Oh, ¡Sasuke! – Hinata gritó en cuanto él estuvo de pie junto a nuestra mesa.
-Estoy de vuelta. – Sonrió arrogantemente. Como si pensara que el mundo volvía a funcionar ahora que él había vuelto. Y quizá sí.
-Bienvenido de vuelta, Uchiha. – Shikamaru fue el primero en levantarse de la mesa. – Te extrañamos.
-No me digan. – Sasuke sonrío con sarcasmo. – No sabía que me apreciaban tanto.
-No realmente, pero soy educado. – Shikamaru sonrió tan cínico como Sasuke.
-Bienvenido – Hinata le dio un rápido abrazo. – ¿Cómo estuvo el vuelo?
-Excelente. – Respondió aún con su sonrisa correspondiéndole el abrazo.
-Hermano. – El abrazo de Naruto fue más largo e intimo. Fue cómico ver a Naruto abrazando con fuerza a Sasuke y como él trataba de zafarse.
-Es suficiente, idiota. – Sasuke le daba fuertes empujones.
-Te extrañé mucho. – Naruto estaba realmente emocionado.
Cuando finalmente le soltó, yo ya estaba de pie esperando por mi turno.
-Tu lugar, amigo. – Le señalé su, hasta entonces, silla vacía a mi lado. – Como siempre.
Sasuke volvió la mirada hacía mi, y fue justo como si fuera la primera vez. Nuestros ojos se encontraron de una forma especial. Como si no hubiera pasado el tiempo, como si no hubiera un abismo entre nosotros. Él sonrió de lado como sabía que me gustaba, y yo… bueno, sabía que estaba sonriendo también. Como últimamente lo hacía cuando se trataba de él. Estúpida y enamorada.
-Molesta. – Me 'saludó'. – Cuanto tiempo. – Sasuke cortó el espacio entre nosotros para encontrarse conmigo. Me dio un fuerte abrazo que hizo que mi cuerpo temblara y me erizara por la pura sensación de estar entre sus brazos de nuevo, de respirar su fuerte fragancia contra mí. Como si no hubiera nadie a nuestro alrededor, como si estuviéramos solos. Pero… no lo estábamos.
-Por favor… acaba de volver, Sakura. – Shikamaru cortó de golpe la película rosa que se formó a nuestro alrededor. – Danos al menos unas horas para poder ponernos al día con él. – Rodó los ojos. – Ya después puedes llevártelo a tu departamento o al motel que está aquí cerca…
-No seas ridículo, Shikamaru. – Me crucé de brazos sintiéndome ligeramente enfadada con él. – Sólo estoy saludándole como siempre que vuelve de un largo viaje.
-Sí, bueno… – Shikamaru bufó. – Al menos esta vez no fuiste a darle la bienvenida a su oficina. Ya sabes, como cuando Naruto les encontró en posiciones indecentes.
No pude evitarlo, el calor subió por mis mejillas de forma instantánea.
-¿Dónde está Temari? – Sasuke preguntó ignorando las burlas de Shikamaru mientras se acomodaba en su silla, a mi lado. – De hecho… ¿Dónde están los demás? – Sasuke había vuelto algo… distraído.
-Temari está en casa de una de sus tías lejanas. – Respondió. – Lamenta no estar aquí, pero su tía le invitó de improvisto a desayunar en su casa y no pudo negarse.
-¿Le veremos más tarde? – Hinata preguntó antes de beber un sorbo de su té.
-Seguro. – Asintió.
-¿Qué hay acerca de Ino y Sai? – Sasuke volvió a preguntar.
-Fueron al médico. – Hinata respondió. – Ino mandó un mensaje hace poco y dicen que están cerca ya.
-¿Todo está bien con ella?
-¿A qué te refieres? – Hinata frunció el ceño, preocupada.
-Ino, ¿Por qué fue al médico? – Respondió como si la pregunta estuviera de más.
-Oh, sólo fue a una consulta de rutina. – Le respondí antes de que su estúpida mente pensara algo peor.
-Pero ella es… ginecóloga. – Sasuke seguía no conforme con las respuestas.
-Sí, y Sakura es pediatra y a veces tiende a ser infantil. No tiene nada que ver. – Shikamaru bromeó.
De inmediato volví la mirada hacía Shikamaru. La más seria y amenazante que tenía.
-¿Qué te traes ahora conmigo, vago? – Le miré con desdén.
-Lo siento, molestarte es más divertido cuando está Sasuke por aquí. – Se encogió de hombros.
-¿Por qué?
-Yo qué sé. – Respondió. – Es como tratar de dejarte mal con él.
-Hmp. – Todos volvimos la mirada hacía él. Creo que ya extrañábamos el estúpido monosílabo de Sasuke más que nada. – Muero de hambre. – Contempló la canastilla de panes dulces en el medio de la mesa y con un gesto de mano llamó al camarero. – Un café americano, por favor. – Pidió.
-No es lo mismo el desayuno sin ti, hermano. – Naruto le dijo mientras jugueteaba con un mechón del cabello de Hinata.
-En realidad, Sai y Shikamaru no tenían a quien fastidiar. – Comenté mientras bebía despreocupadamente de mi taza.
-Sólo me fui 2 semanas. – Se encogió de hombros. – ¿Qué pasaría si me fuera por más tiempo?
-Sakura volvería a ser virgen. – Shikamaru rodó los ojos, mientras yo me atragantaba con el café. Hinata, a su lado, no pudo contener la risa. – Uchiha, cállate y disfruta ser el centro de atención. En pocos minutos Ino vendrá y entonces dejaremos de hostigarte.
-0 y van 2, Shikamaru. – Con ligera molestia, le mostré mi mano derecha echa un puño. – Una más y no la cuentas.
-¿Lo ves, Sasuke? – Shikamaru dejó caer por un momento su cabeza en el respaldo de su silla. – Lo que te dije hace un momento. Ella es infantil.
-Me gusta así. – Sasuke de manera despreocupada le dio una enorme mordida a un pan. Mi corazón se descontroló a tal punto que estaba segura que si todos se callaban en ese instante, él podría escuchar mis latidos.
-Estamos aquí. – Ino anunció provocando que todos se concentraran en ella. – Bienvenido, Sasuke. – Ella rodeó la mesa y le dio un rápido beso en la mejilla a penas y dejándole una marca pequeña de su labial en la piel. Con la misma rapidez, caminó de vuelta a su lugar dejando caer su humanidad dramáticamente en su habitual silla.- ¿Ordenaste por mí, Hina? – Preguntó casi con suplica.
-Ella, en serio, muere de hambre. – Sai explicó sentándose también.
-Sí, la reina del drama ha encontrado una perfecta excusa para aumentar de peso. – Shikamaru susurró. Pero, como siempre, no fue tan discreto e Ino terminó por escucharle.
-Te escuché, bastardo – Ella dijo tratando de contener su postura relajada. – Y cuando mi bebé nazca, yo me meteré al gym y quedaré tan perfecta, incluso más que ahora.
-No lo sé, Ino. – Shikamaru sorbió de su taza tratando de mostrar desinterés. – Podrás perder peso, pero las estrías… además de que ahora comes frituras y eso se va a tus caderas. No sé si puedas vencerle a la grasa.
Ino sin delicadeza aporreó ambas manos en la mesa.
-¡Sakura! ¿Les dijiste de mi pequeño desliz con las frituras? – Gritó abriendo por completo sus expresivos ojos.
-Y con los chocolates también. – Hinata terminó de quemarme.
-Se los agradezco. – Dije con cierto sarcasmo tratando de contener la risa. – Se supone era un secreto. Además Hinata también habló. – Al menos no iba a morir sola.
-No se puede evitar. – Shikamaru se encogió de hombros. – Tal vez, tenemos en nuestras manos las armas para vengarnos de la reina del drama. Hacerle bullying nunca será más fácil. Dime, Ino querida, esa blusa ¿siempre te ha quedado tan apretada?
-Me las pagarás, vago. – Ella entrecerró los ojos. – Yo me desquitaré en cuanto este niño nazca. Yo te patearé en las bolas hasta que te las saque por la boca.
-¿Efectos del embarazo? – Sasuke se acercó discretamente a mí para preguntarme, sin perder de vista la discusión entre Ino y Shikamaru.
-¿Lo irritable? – Pregunté perdiéndome momentáneamente de lo de a mi alrededor.
-Sí. – Respondió.
-No, de por si ella es así. – Respondí viendo como al fin, la mesa volvía a quedarse en paz.
-Hmp. – Asintió recobrando su postura. – Supongo que ya extrañaba esto. – Su voz llamó la atención de Sai.
-Oh, bienvenido, Sasuke. – Le saludó con una simpática sonrisa. – ¿Qué tal Italia?
-Estuvo en París, querido. – Ino dijo exhalando aire por la boca.
-¿Qué tal París? – Replanteó la pregunta.
-Hermoso. – Respondió a medias.
-¿Puedo servirles ya? – El camarero habitual se acercó a nosotros.
-Por supuesto. – Hinata respondió reconociendo al joven. – Lo de siempre.
En cuestión de minutos ya estábamos todos finalmente en nuestra mesa, tal y como acostumbrábamos y extrañábamos. Juntos.
-Entonces el doctor dijo que todo va bien. – Ino contaba acerca de su reciente consulta con su médico. – Parece que estoy en el peso exacto, así que eso me relaja mucho.
-Te lo dije. – Suspiré. – Antes del niño llevabas una vida sana, seguro que tus antojos son algo nuevo para tu cuerpo pero no has subido tanto de peso como esperabas.
-Entonces, ¿seguimos sin saber lo que será? – Shikamaru apoyó su barbilla en su mano libre.
-Aún no. – Sai respondió. – Quizá en la próxima consulta.
-Nos lo dirás, ¿cierto? – Hinata preguntó con cierta ilusión.
-Por supuesto. – Ino asintió decidida. – Necesitan empezar a consentir a mi hijo con lindos regalos.
-Claro. – Naruto asintió.
-Cuenta con ello.
-Inojin tendrá a los mejores tíos. – Sai sonrió tiernamente.
En cuestión de segundos, el semblante pacifico de Ino cambió por completo. Sus mejillas se tiñeron de rojo y mordió su labio inferior por unos segundos.
-Ya te dije que no se llamará así. – Ino casi gritó. Inhaló y exhaló con fuerza por unos segundos tratando de contenerse, Sai le miraba tenso mientras nosotros sin ponernos de acuerdo fingimos que nada pasaba ahí. –…Cariño. – Supongo que la contuvo el hecho de que estábamos rodeados por un montón de mesas ocupadas por gente que buscaba un desayuno tranquilo al igual que nosotros. – No pasará.
-Pero cariño… – Sai hizo un ligero puchero con sus labios.
-No te sale eso. – Ino apartó su mirada de la suya.
-¿Cómo es que son nuestros amigos ellos? – Sasuke susurró para mí y Naruto, distrayéndonos por breves segundos de la discusión.
-No lo sé, pero supongo que me he acostumbrado al carácter de cada uno. – Me encogí de hombros.
-Sin dudarlo. – Sasuke asintió. – Con el tiempo uno se acostumbra y aprende a… ser tolerante.
-Es cuestión de percepción… – Aseguró Naruto. – Cada quien percibe las cosas de forma distinta.
-¿A qué te refieres? – Pregunté.
-Por ejemplo… – Naruto se aclaró la garganta. – Los desconocidos piensan que soy tranquilo porque no me conocen. En mi trabajo que soy abierto porque escuchan lo que quieren. Pero mis mejores amigos, ustedes, saben que soy inquieto y me aceptan así. Percepción.
-No podría estar más de acuerdo. – Le sonreí con sinceridad.
-A propósito, – Shikamaru habló tan fuerte que interrumpió todo lo que se estuviera diciendo en la mesa. – Tengo una duda…
-¿Si? – Ino ignoró a su esposo prestándole completa atención a Shikamaru.
-Ustedes,… ¿desde cuándo planearon tener hijos?
-Pues… – Ino se encogió de hombros tomando la palabra. – Supongo que no fue muy planeado… – Si, como no.
-Es decir, sabíamos que queríamos hijos pero no pensamos que… pasara así de rápido. – Sai hizo una mueca graciosa. De seguro ni él mismo esperaba que fuera así de rápido.
-Lo habíamos platicado… – Ino mordió su labio inferior.
-Que esperaríamos… – Sai asintió.
-Y simplemente pasó. – Mi amiga se encogió de hombros antes de sonreírle a su esposo con ternura.
-Pasó. – Susurré para mí misma.
Esas cosas… simplemente pasan.
-Aunque supongo que era obvio. – Sai tomó de la mano a Ino por sobre la mesa, mientras en su rostro estaba la expresión de la indiferencia. Como si estuviera recordando algo importante pero no buscaba como decirlo.
-¿Por…? – Shikamaru con impaciencia, preguntó.
-Ya sabes, Ino y yo lo hacíamos diario… Sexo.
-… – Tuve que morder mi labio inferior para evitar reír por lo incómodo del momento y el excesivo sonrojo en el rostro de Ino y Hinata. El resto, no pudo contenerse. Las carcajadas empezaron a resonar en cuestión de segundos.
-¡MIERDA, SAI! – Al parecer a la reina de la elegancia no le importó mucho ser escuchada por medio restaurante. – ¿De dónde…? ¿Cómo…? ¡Ahh! ¿A quién se le ocurre decir algo así? – Le dio un suave puñetazo al hombro de su esposo y luego se cubrió el rostro sonrojado con ambas manos. – ¡No puede ser!
-No me interesaba escuchar eso, Sai. – Shikamaru protestó aún entre risas.
-No puedo con ustedes. – Dejé escapar un suspiro. – Trato de ir por el sendero del señor, y ustedes hablando de sexo. Qué malditos.
-Oh, sí claro. Sobre todo tú. – Sai se burlaba de mí ahora.
Las risas continuaron hasta que el camarero volvió con nuestro desayuno. Entonces, tuvimos que contenernos por unos segundos para no causar más atención de la necesaria en nuestra mesa. Nuestro humor estaba por los cielos esa mañana, y estaba segura de que nada podría arruinárnoslo.
-Gracias al cielo. – Ino sonrió agradecida en cuanto comenzaron a desfilar los platos en la mesa.
-Estaba a segundos de desmayarme. – Dije con dramatismo mientras saboreaba mi desayuno.
-Igual yo. – Ino suspiró observando el plato con ensalada de frutas y otro con pastelillos dulces.
-Pero a Sakura podíamos cargarla si se desmayaba, a ti no Ino. – Shikamaru mordisqueó su sándwich. –… por gorda. – Susurró.
-Te escuché, vago. – Ino le informó. – Pero estoy muy hambrienta como para responderte en estos momentos.
El desayuno pasó un poco más en calma. Ino platicaba con Hinata de su embarazo, Shikamaru contestó una llamada de Temari, Sai y Naruto estaban perdidos en su mundo como siempre. Así que yo no buscaba nada que hacer aparte de comer en completo silencio.
-¿Por qué tan callada? – Sasuke preguntó susurrándome en el oído provocando un ligero sobresalto en mí.
-Es porque aún no me decido a que subgrupo unirme. – Me encogí de hombros. – Hay tantas opciones. – Fui irónica.
-¿Segura? – Enarcó una ceja.
-Claro. – Respondí a secas.
-Hmp.
-¿Por qué la pregunta? – Le pregunté volteando a verle fijamente. ¿Por qué se veía taaaan perfecto hasta de perfil?
-No sé, es que parece que… estás triste por algo.
-Para nada – Respondí carraspeando. – Es decir, me encuentro ahora mismo algo… sorprendida.
-¿Por?
-Tal parece que ahora tú y yo formaremos un subgrupo, ¿eh? – Sonreí. – Eso me agrada. – Hice una mueca simulando que estaba pensando algo seriamente. – Pero triste... No. – Me apresuré a responderle. – Digo, ¿Por qué estaría triste?
-Esperaba que tú me lo dijeras. – Alegó. – Últimamente… no se qué pensar con tus cambios de humor.
-¿Últimamente? – Me burlé. – Tú estuviste fuera dos semanas. No puedes decir 'últimamente' tan a la ligera.
-Tienes razón. – Con ambas manos hizo una señal de rendición. – Pero… luces… consternada por algo.
-Nada de qué preocuparse. – Le sonreí lo más sincera que pude. – ¿Porque el interés?
-Pues… tú reacción fue justo después del tema de los hijos. – Aparté la mirada de él casi cuando terminó de hablar. – Pensaba que quizá estabas triste porque quieres tener hijos – Sí hubiera estado bebiendo algo, seguramente lo habría escupido en ese mismo instante.
-¿Cómo dices? – Mi tono de voz subió algunos decibeles, sin embargo, aparentemente no lo suficiente como para que los chicos dejaran sus conversaciones aparte.
-Ahí lo tienes. – Ladeó la cabeza para contemplar desde ese ángulo mi rostro. – Tus cambios repentinos de humor.
-No, en serio, ¿a qué te refieres? – No sabía cómo estaba mi rostro, pero en mi frente sentía esa presión por tener el ceño fruncido. Sus palabras me dejaron en un estado de ánimo anormal.
-Pues… hijos. – Se encogió de hombros. – Supongo que una mujer de tu edad tiene en marcha ese reloj biológico.
‑Una mujer de mi edad, ¿eh? – No pude evitarlo, una risa burlona se formó en mi rostro. – ¿Es que ahora soy demasiado vieja?
‑No me refería a eso, yo...
-Tú eres mayor que yo, idiota. – Le interrumpí. – ¿Qué me dices de ti? – Le señalé con el dedo índice. – Tú reloj biológico también corre.
-Hmp, soy consciente de ello. – Respondió desinteresadamente.
-En algunos años no podrás conseguir una erección decente y entonces te arrepentirás de no haberte establecido.
-Quizá. – Sonrió de lado. – Pero no me refería a que estuvieras vieja o algo así. – Expresó.
‑Está bien – agité una mano. – No te has metido en problemas. – Afortunadamente para él yo no era una persona taaaan rencorosa.
-Qué alivio. – Fingió un suspiro. – Realmente temía que por mi imprudencia no quisieras ir conmigo a aquel motel cercano que Shikamaru dijo hace rato.
-Já. – Sonreí – No suena mal. Aunque… Creo que tienes razón, me parece que estoy un poco triste.
-¿Te parece? – Le vi arquear una ceja, confundido.
-Pues… ahora que mencionaste que soy demasiado vieja para tener hijos, si.
-Sabes que no fue por eso… – Se corrigió de nuevo apenado. – Aunque sabes que ya casi tienes 30. – Se encogió de hombros. – Y sin perspectiva de marido a la vista.
-Déjalo mientras puedas, Uchiha. – Entrecerré los ojos. Y fue entonces que se volvió un acierto su comentario de mis cambios de humor. Me sentía irritable y no sabía si se debía a que su especulación era tan absurda que desafiaba toda lógica o a sí había dado en el clavo.
-De acuerdo. – Sonrió una última vez para mí.
-Chis-to-si-to. – Mascullé consciente de que él ya no me estaba escuchando.
-¿Vieron aquel grupo sentado en el otro extremo de la mesa? – Shikamaru preguntó guardando su celular en el bolsillo de su camiseta y distrayéndome por algunos segundos de mi enojo repentino.
-Sí. – Hinata asintió mientras todos discretamente observábamos por la mesa donde Shikamaru asintió.
Un grupo de 6 jóvenes sentados en una mesa, desayunando y platicando amenamente. Ajenos al resto, sólo concentrados en lo que en su mesa se suscitaba.
-¿Qué pasa con ellos? – Sasuke preguntó apartando la vista.
-¿No les recuerdan a nosotros? – Shikamaru respondió.
-¿Por? – Ino cuestionó mientras igual apartaba la vista de ellos.
-Es la segunda vez que les veo. – Hinata entrecerró los ojos sin apartar la vista de ellos.
-Tú nunca me decepcionas, Hina. – Shikamaru sonrió satisfecho. – La semana pasada igual estaban ahí, en la misma mesa.
-Como nosotros. – Me reí. – ¿Qué tiene de malo?
-Nada malo. – Shikamaru suspiró. – Sólo que me hace recordar… nosotros, en la cafetería de la universidad.
-Sí, ellos parecen ser universitarios. – Suspiré ladeando sutilmente la cabeza para observarles mejor. – Me pregunto sí… ¿ellos sabrán que están en la mejor época de sus vidas?
-Quizá nadie les ha dicho que lo peor está por venir. – Sai se encogió de hombros. – El mundo adulto es cruel.
-Ustedes, ¿recuerdan cuando aún éramos estudiantes? – Shikamaru sonaba emocionado. – Aquellas desveladas que pasamos juntos…
-Me parece que estas ante una crisis de edad. – Sai apuntó a Shikamaru. – ¿Te sientes ya demasiado viejo?
-Todos estamos viejos. – Dije con una voz tan tétrica, tratando de darle una punzada en indirecta a Sasuke. Me había llamado vieja el muy maldito y aún tenía que reclamarle un poquito más. – ¿No es cierto, Uchiha?
-Déjalo ya. – Sasuke carraspeó tratando de ignorarme.
-Sólo… – Shikamaru suspiró. – recordé por un momento. – Se encogió de hombros.
-Lo que más recuerdo, sinceramente, son las tareas interminables. – Naruto fue el primero en opinar.
-Los proyectos finales. – Sasuke le siguió. – Aún nos recuerdo ayudando a Sakura con su modelo anatómico.
-Una gran noche. – Sonreí recordando que me tomó todo un día en el baño sacar el café, que me mantuvo despierta, de mis riñones.
-¡Iugh! – Ino hizo una mueca. – También recuerdo eso.
-Tuviste una pequeña discusión con Sai esa noche. – Naruto se burló.
-¿Recuerdan la semana de exámenes? – Ino hizo una mueca de desagrado.
-¡Los exámenes! – Hinata repitió con horror.
-Y que a pesar de ser de diferentes campus, nosotros nos juntábamos en casa de alguien a estudiar. – Shikamaru sonreía nostálgico. – Cada quien en un rincón, cada uno en lo suyo.
-Pero juntos. – Terminé por él.
-Y luego, tratar de entrar todos en el auto de Sasuke para poder llegar a tiempo a las clases. – Sai suspiró.
-Y desearnos suerte justo antes de los exámenes finales.
-Eran buenos tiempos. – Shikamaru concluyó. – A veces siento que lo extraño.
-Buenos tiempos. – Hinata suspiró.
-Buenas pijamadas. – Ino le siguió perdida entre sus propios recuerdos.
-Podríamos hacer una. – 6 pares de ojos me miraron con ilusión.
-¿Podríamos? – Naruto abrió sus enormes ojos azules. – ¡Podríamos!
-No para estudiar o trabajar. – Me encogí de hombros. – Sólo para charlar, beber y recordar.
-Jugo para mí, por favor. – Ino pidió pegando pequeños brinquitos en su silla.
-¿Con qué pretexto?
-Celebrar el embarazo de Ino… que estamos juntos luego de 2 semanas, – Me encogí de hombros. – O simplemente porque queremos.
-Llevaré tequila. – Shikamaru se ofreció. – Con 3 botellas bastará.
-Llevaré el jugo de Ino y sus golosinas. – Sai sonaba animado ignorando el sonrojo de su esposa.
-Pasaré por pizza. – Sasuke se apuntó.
-Yo llevaré mucha hambre. – Bromeé para deleite de mis amigos. – Y, ya saben, ofrezco mi departamento.
-¿El próximo sábado?
-Es una cita. – Sonreí entusiasmada.
-Eso me emociona y… me abre el apetito. – Ino suspiró tomando el menú de nuevo.
-¿Ordenarás algo más, Ino? – Shikamaru le observaba con cierta calma. Quizá estaba tan feliz de que su nostalgia haya resultado en algo bueno, que no pensaba burlarse de Ino esta vez.
-Pues el omelette de Sasuke luce delicioso. – Ella respondió contemplando el desayuno de Sasuke. – No debo quedarme con el antojo, así que… lo ordenaré.
-A mi me parece que tiene muchas especias. – Shikamaru bostezó. Era increíble como el estado de ánimo de ese hombre si cambiaba rápido.
Hasta el momento, no me había dado cuenta o más bien no le había prestado mucha atención al desayuno de Sasuke o de alguno de los demás, al menos no olfativamente. Mi desayuno era un simple croissant y café, el cuál pedí tan cargado como para que olvidara las nauseas que había sentido por la mañana. Café. Porque, claramente, la mayoría ordenaba café también y era el olor más clásico en nuestra mesa y en la cafetería. Y fue justo en el instante en que me tomé el atrevimiento de mirar de reojo el plato con medio omelette, me arrepentí de ello.
-¿Puedo probar? – Ino se estiró sobre la mesa para tomar una cucharada pequeña del famoso omelette. – A cambio prueba el tocino que Sai pidió, es delicioso.
-No, Gracias. – Sasuke negó de inmediato.
Y fue ahí que lo sentí. Sentí el aroma del omelette de Sasuke y el famoso tocino, y una desagradable sensación me dio de lleno desde la boca del estómago. Un ligero ardor y… ¡necesitaba con urgencia un baño! Estaba a segundos de devolver todo el desayuno y estaba segura de que no estaba en un buen lugar. Me levanté de la silla apresurada, mientras con cierta discreción cubría mi nariz para no sentir más el olor del desayuno.
-Ahora vuelvo. – Traté de sonreír, pero ni siquiera pude esperar a que alguien me escuchara o si quiera hiciera caso. Caminé a pasos apresurados, casi trotando, por el restaurante hasta llegar al baño de damas.
¡Perfecto! Vacío. – Todo completito para mi sola.
Con una fuerza innecesaria, cerré de un golpe la puerta del baño y le puse seguro. No quería que nadie presenciara ese desagradable momento que estaba por ocurrir. No, si podía evitarlo. Justo mientras avanzaba hacia un cubículo en el cual encerrarme, noté que no estaba del todo sola. Un hombre mayor se encontraba de pie frente al lavabo observándome asustado a través del espejo. Era mayor, con un tupido pelo blanco, gafas y cuerpo bien conservado. Tenía las mejillas acaloradas, pero aparte de eso, parecía notablemente sereno, dadas las circunstancias.
-Baño equivocado. Estás en el baño de hombres. – Él dijo con cierta sorpresa en la voz y observándome como si creyera que estaba ahí para darle el mejor día de su vida. Una chica linda en un baño a solas con un hombre mayor. Ni lo sueñe.
-Lo siento. – Fue lo único que atiné a decir cuando me metí a prisa en el primer cubículo y me arrodillé frente al váter sintiendo como todo lo poco que había comido se me regresaba. ¡Ah, maldición! Como odiaba vomitar. SÍ había algo que en serio odiaba, era enfermarme y vomitar. Lo detestaba.
Aferré mis manos a los lados de la pared y escuché como golpeaban a la puerta. No ahora, por favor. Una de mis manos bajó a mi estomago y me abracé a mí misma por unos cuantos segundos, como si con eso pudiera retrasar lo inevitable. Cerré los ojos tratando de contenerme. Había sido algo extraño. Sólo bastó un par de segundos lejos de mi taza de café para sentir esa terrible mezcla de olores en la mesa y a mí alrededor. Café, jugo, mermelada, huevos, sopa, tocino, grasa, especias… todo junto. De repente el recuerdo hizo que las nauseas volvieran y entonces sí, pude al fin vaciar mi estómago.
-¿Necesitas ayuda, linda? – El hombre afuera, preguntó.
-No. – Respondí antes de que una arcada me cortara la voz.
-¿Segura? – Su preocupación me conmovió, pero no así a mi estómago.
-Segura. – Con un pedazo de papel higiénico limpié un poco mis labios. – Pero por favor cierre la puerta con seguro al salir.
-De acuerdo, linda. – Escuché sus rápidos y firmes pasos alejarse hacia la puerta.
Y entonces me quedé sola y vomitada, en el baño.
-Estupendo. – Me dije a mí misma minutos después mientras recargaba mi cabeza contra la pared y abrazaba mis piernas con mis brazos. Cerré los ojos sintiendo humedecidas mis pestañas por las lágrimas que habían escurrido de mis ojos por el desgaste de vomitar. Además, pero no menos importante, también estaba presente esa muy desagradable sensación de mi boca seca y con un sabor ácido. Apoyándome sobre mis piernas, me puse de pie de golpe, arrepintiéndome en el segundo mismo en que me mareé. – Vamos… – Murmuré. Jalé la palanca del váter y salí del cubículo demasiado consciente de que no había sido todo. Aún tenía la sensación de náuseas, pero no quería aceptarlo. Me paré frente al enorme espejo viéndome ojerosa, pálida y algo demacrada, además de recién vomitada. Me eché un par de chorros de agua directo en el rostro y enjuagué mi boca, deseando que eso fuera suficiente para deshacerme del mal sabor pero sabiendo que no lo era. – Es inútil. – Aún sentía cierto dolor en la boca del estomago y necesitaba con urgencia recostarme en mi cama. De repente fui consciente de que el mareo que me produjo el levantarme rápidamente del suelo no se había ido. Al igual que las nauseas y la sensación de que a mi estómago todavía le faltaban algunas cosas por vomitar.
¿Qué mierda estaba pasando? Es decir, mi dieta estaba siendo la misma de cada domingo. Seguía comiendo algunas chucherías entre consultas en el trabajo, pero era normal. Mi estómago estaba acostumbrado a mis atracones repentinos y fugaces. Nada nuevo. Ni siquiera había tomado tanto alcohol la noche en casa de Ino. Un par de tragos con los que me demoré sólo para que Temari no me molestara con que le estaba dejando beber sola. Así que todo estaba jodidamente normal. Menos mi estómago.
-Necesito mi cama. – Me dije mientras seguía contemplándome en el espejo. Una rápida mirada en el reloj en mi muñeca y comprobé que llevaba varios minutos encerrada allí. – No puedo volver a la mesa. – Eso definitivamente no era una opción.
El Ichiraku estaba lleno, como todos los domingos, y sabía que yo daba mal aspecto. Así que la única solución que pude pensar en ese momento fue: Huir. Definitivamente no quería volver a mi mesa. Una de las razones por la cual amaba esa mesa, era porque estaba de cierta manera apartada del resto. Eso nos daba privacidad, pero también me dejaba a unos cuantos metros de posibilidades de vaciar el estómago mientras llegaba allí. Mejor aún, tenía un plan. Le llamaría a Sasuke para explicarle que tuve un inconveniente que me obligó a salir del Ichiraku apresuradamente y me iría a casa a dormir toda la tarde. Agradecí el que mi celular lo mantuve en el bolsillo de mi falda y no en mi bolso, como acostumbraba. Estaba casi segura de que desde donde la mesa se encontraba, los chicos no me verían cuando saliera del baño. Sólo esperaba llegar sin vomitar mis intestinos.
-Mierda. – Susurré justo con una mano en el pomo de la puerta. ¡Mi bolso! Mi cartera estaba ahí. Si quería llegar a casa, un taxi era la mejor opción, pero… Podría llegar con rapidez a mi mesa, sacar unos billetes para el taxi y dejarle a Sasuke lo de mi desayuno. ¿Llegaría? Un retorcijón en mi estómago me hizo dudar de mi plan. Tenía mi celular, podría llamarle a alguien para que me llevara el bolso a la salida… No, lo que menos quería es que se enteraran de lo que había pasado. Apresurada, tanteé en mis bolsillos buscando algo que me ayudara. El bolsillo derecho estaba vacío… el izquierdo… un billete. Bien. – ¡Estupendo! – Lo justo para volver sana y salva a casa.
Salí del baño y observé que no había nadie en la puerta esperando porque saliera para reclamar mi estúpida equivocación al confundirme de baño. Gracias a los Dioses. Posiblemente haya sido lo más estúpido que me había pasado en el año, pero no me sentía físicamente bien como para reírme siquiera de mí misma. Con una mano aferrada a mi estómago para tratar de aliviar inútilmente el dolor y malestar, caminé hacia la salida. No podía quedarme un segundo más en ese lugar. Lo amaba, amaba desayunar ahí con mis amigos, pero… en esos momentos estaba sintiendo cierto malestar que me hacia odiar a la humanidad entera. Carraspeé aún sintiendo ardor en la garganta y me decidí: Escaparía. Prefería escapar e ir a mi casa a encerrarme en mi cuarto todo el día, antes de que los chicos me vieran así y me sermonearan o peor aún me obligaran a ir a un médico. Así que caminé más rápido, antes de volver a vomitar y que esta vez se diera a medio restaurante, frente a todo el mundo. No quería arruinarle el desayuno a nadie. No de nuevo.
Caminé hacia una esquina buscando un taxi que pudiera llevarme, mientras sacaba el celular de mi bolsillo y buscaba en números frecuentes el número de Sasuke. Estaba registrada como mi numero 1 más frecuente. Ni las llamadas de mis padres eran tan recurrentes como las de él. Mientras escuchaba al teléfono timbrar, mis ojos buscaban apresurados por un taxi vacío. Timbró un par de veces más. Casi podía aportar que estaba en silencio su celular. Pero cuando la llamada estuvo a punto de cortarse, su voz preocupada respondió:
-¿Dónde estás?
-Sasuke. – Dije con alivio. – Gracias por responder, ahora mismo yo…
-Hinata fue a buscarte al baño y dijo que estaba vacío. – Me interrumpió. – ¿A dónde demonios te fuiste? – Su voz sonaba exaltada.
Posiblemente Hinata no me encontró porque me estaba buscando en el baño equivocado, en el de mujeres, quizá.
-Escúchame. – Murmuré. – Tuve que irme. Por favor, toma mi cartera y paga mi parte de la cuenta. Yo tuve que salir... Una emergencia.
-¡¿Qué pasó?! ¿Dónde estás? – Sonó alarmado. Podía apostar que se había levantado apresurada y dramáticamente de su silla.
-No te preocupes. – Traté de calmarle. – Estoy bien. Te explicaré luego, ¿de acuerdo? Sólo… tuve que irme.
-¿En qué te fuiste?
-En un taxi. – No mentía del todo. Justo en ese momento un taxi se detuvo frente a mí. Sonreí agradecida. Me metí apresurada y estuve a punto de darle al taxista la dirección de mi departamento cuando recordé que hablaba por teléfono y si Sasuke escuchaba que iría a mi departamento, probablemente él iría con el resto del grupo a ver qué estaba pasando conmigo. Y yo sólo quería acostarme y no salir de mi cama en todo el día. – Te llamo luego, ¿bien? ahora mismo tengo que colgar. – Y sin esperar respuesta, colgué. Aquello me costaría muy caro. En algún momento.
Le di mi dirección al taxista mientras rogaba que fuera lo suficientemente rápido como para que me diera tiempo de llegar a mi baño a seguir vomitando, pero también lo suficientemente lento como para no revolverme más el estómago.
Mi teléfono vibró en mis manos un par de veces. Ambas eran llamadas de Sasuke, pero ninguna quise responder. Estaba segura de que me gritaría o algo parecido y no estaba de humor.
-Así no es como se supone que esperaba reencontrarme con él. – Susurré recordando que inclusive había combinado mi ropa interior por si corría con suerte esa mañana. – Patética.
-¿Se siente bien, señorita? – El taxista, un hombre algo mayor, me observaba preocupado a través del espejo retrovisor. – Luce pálida.
-Claro. – Respondí. – Es… gripe. – Mentí.
-Casi estamos donde me pidió.
-Gracias. – Sonreí agradecida.
Y si, un par de vueltas más por las calles y salió por un atajo, que ni siquiera yo conocía, justo en mi calle.
-Gracias. – Le di el billete que tenía y subí las escaleritas del pórtico a pasos lentos. Tomé el pomo de la puerta para abrirlo y… ¡Mis malditas llaves estaban en mi bolso! – ¡Maldita sea! – Grité dándole un puñetazo a mi puerta. – No es mi día. – Gemí. – Definitivamente no lo es. – Me di la vuelta esperando que el taxista siguiera ahí para pedirle que me regresara al Ichiraku, pero ya no estaba ni siquiera cerca. Así que odiando a la humanidad y más a mí misma, me senté en uno de los escalones sintiéndome por completo derrotada. Tendría que hacer algo que iba a odiar. Devolverle la llamada a Sasuke. Remarqué esperando que tardara al menos 2 timbrazos para responder, pero curiosamente no fue así. – ¿Sas… Sasuke? – Susurré extrañada de que él respondiera la llamada a la primera.
-¿Dónde demonios estás? – Gruñó.
-Mi departamento. – Respondí por lo bajo. – Afuera, de hecho, porque olvidé que mis llaves estaban en mi bolso.
-Tengo tu bolso. No te muevas de ahí, estoy cerca.
-¿En ver…? – Y el timbre sonó. Él había colgado. – Dios… – Susurré cubriendo mi rostro con mis manos. La persona que menos quería me viera así era quien venía, ¿Dónde estaba mi héroe Naruto cuando en verdad le necesitaba? Mi celular sonó de nuevo y respondí en seguida sin siquiera ver quién era. – ¿Sí?
-Uchiha está yendo para tu departamento con tu bolso. – Ino dijo con cierta gracia en su voz. – ¿Ahora si tienes la bendita infección estomacal que tanto pedías?
-¡Calla! – Gemí – Sólo… algo en la comida me hizo mal. – Respondí.
-Desayunaste lo de siempre. – No me digas.
-Lo sé. – Rodé los ojos aunque sabía que ella no podía verme.
-Así que preferiste huir. – Se burló.
-Lo siento. – suspiré. – Vomité en el baño del Ichiraku y me siento desagradable y asqueada. Ahora mismo necesito recostarme y descansar un poco. Diles a los chicos que estoy bien y que me disculpen.
-Estamos enterados. – Escuché la voz de Naruto.
-¡Mierda, Ino! – Grité. – ¿Altavoz?
-Queríamos asegurarnos de que estás bien. – Hinata habló.
-Lo estoy, en serio. – Mentí. Estaba algo asustada y desesperada por acostarme, mi estomago comenzaba a calmarse pero no estaba del todo bien. – Por favor, díganme que no me escuchó medio restaurante también.
Con que alguien ya me haya visto así, bastaba. Pobre hombre del baño de caballeros.
-Tranquila, estamos en el estacionamiento. – Fue el turno de Shikamaru.
-Gracias.
Y justo cuando Ino comenzaba a hablotear de algo, de nuevo, el auto de Sasuke se detuvo en la entrada de mi departamento. Pude verlo mientras maniobraba por estacionarse. Estaba algo enfadado, serio.
-Sasuke está aquí. – Informé. – Te llamo más tarde, ¿bien?
-¿Segura que no fue un plan entre Sasuke y tú para zafarse de nosotros y en realidad están en aquel motel que Shikamaru mencionó? – Sai discutió.
-Juro que no. – Dios sabía que era por completo verdad. – Hasta luego. – Y colgué porque necesitaba comenzar a disculparme. Mordí mi labio inferior cuando vi a Sasuke cerrar la puerta de su coche y rodearlo para quedar frente a mí. – Hola. – Susurré cuando él se agachó quedando justo a mi altura.
-¿Quisieras decirme que fue lo qué pasó? – El reproche en su voz era notable. Sin embargo, con su mano derecha apartó un mechón que se había pegado a mi frente humedecida en sudor.
-Estoy enferma. – A penas y yo misma me escuché. – Necesito mis llaves. – Extendí mi mano derecha pidiéndole mis llaves.
-¿Enferma de qué? – Llevó el cálido dorso de su mano a mi frente y luego ambas manos a los lados de mi rostro. Me contempló unos segundos y luego suspiró. – Estás pálida.
-Lo sé. – Reconocí. – Sólo quiero acostarme en mi cama y… – un mareo de nuevo me hizo callar. – En serio, necesito mis llaves. – Le pedí sintiéndome sin ganas siquiera de ponerme de pie.
Sasuke asintió y abrió mi pequeño bolso, rebuscando. Sacó mis llaves y las observó un poco mientras yo inútilmente estiraba mis manos pidiéndole en silencio que me las diera de una buena vez.
-Tengo muchas llaves allí. – Dije reconociendo que en el llavero tenía 3 llaves que eran de diferentes puertas de mi departamento. 2 de mi consultorio. 1 de la casa de Ino. Y otras 3 que seguía sin recordar de donde salieron. – Déjame buscarlas y…
-Está bien. – Dijo poniéndose de pie. – Sé cuáles son. – Con acierto, tomó la llave y abrió la puerta de mi departamento. Gil le recibió en el mismo instante en que él puso un pie dentro y aventó algo en algún lado. Mis llaves o mi bolso quizá. Sasuke salió de nuevo y como si hubiera leído mis pensamientos anteriores, con delicadeza me tomó del brazo y me ayudó a ponerme en pie. A pasos lentos entramos al departamento y de una suave patada cerró la puerta detrás de nosotros. – ¿A tu cama? – Preguntó deteniéndose frente al sillón.
-A mi baño, de hecho. – Susurré sintiéndome culpable por no hacerle mucho caso a Gil mientras él brincoteaba a mi lado rogando por mi atención.
Sasuke me llevó hasta la puerta del baño. Justo ahí tomé fuerza de Dios sabe dónde y me metí corriendo hasta el váter en donde terminé de vaciar mi estómago.
¿Es que nunca iba a detenerse?
-¿Estás bien? – Sonaba tierno cuando preguntó, pero no me preocupé por ser amable cuando le respondí.
-No… Creo que es obvio. – Traté de contener una arcada. –…Idiota. – Gemí arrodillándome y llevando una mano a mi frente como si eso pudiera contener las punzadas de dolor que me dio el esfuerzo inútil por tratar de no vomitar de nuevo.
-Lo siento. – Susurró mientras se arrodillaba a mi lado y acariciaba con sutileza mi espalda.
-¿Podrías dejarme sola un momento? – Estaba a punto de vaciar mi estomago de nuevo, podía sentirlo. Y no estaba segura de que fuera bueno que él me viera así, de nuevo.
-Está bien. – Asintió sentándose en el piso del baño y estirando sus piernas como si estuviera buscando una pose cómoda para pasar el rato. – Me quedaré aquí.
-Hablo en serio, Sasuke. – Una de mis manos se aferró con fuerza contra mi estómago. Me sentía débil, terriblemente débil. Malditos virus que me atacaban, definitivamente odiaba estar enferma.
-Igual yo hablo en serio, Sakura. – Respondió casi gruñendo. – ¿Qué quieres que no vea? Te he visto en peores condiciones.
-Lo dudo. – Respiré hondo. Tal vez podría controlarme si lo hacía profundamente.
-¿Lo dudas? – El sarcasmo en su voz era evidente. – Te he visto ebria y vomitando muchas veces en el baño de mi casa, te he visto con resaca infinitas veces y también te he visto enferma.
-No. – Una arcada me hizo impulsarme hacia adelante instintivamente. Falsa alarma. – No estoy ebria o con resaca, Sasuke. – Volví a respirar hondo. ¿Cuánto más tendría mi estómago para sacar?
-Hmp.
-Aunque lo dudes. – Cerré los ojos sintiendo una acidez desagradable en mi garganta. Maldición, necesitaba darme un baño también.
-¿Entonces?
-Sólo comí algo en mal estado, o quizá un virus. – Suspiré sintiendo como lagrimas caían por mis mejillas. – Ve a casa, estaré bien.
-No pareces estar bien.
-Ahora que he sacado todo, estoy segura que lo estaré. – Con desgana jalé la palanca del váter y me senté en la pared opuesta a donde estaba apoyado Sasuke. – Sólo necesito recostarme y estaré como nueva. – Traté de sonreír, pero hasta yo que no me veía sabía que mi sonrisa era estúpida y falsa.
-No sé, quizá debas ir…
-Soy médico. – Le interrumpí – Te aseguro que estoy bien. – Y para demostrarlo me apoyé de la pared para ponerme de pie ignorando frente a él que inclusive los mareos seguían. – Ahora… necesito una ducha.
Me apoyé en el lavabo y me observé. En verdad estaba pálida y mis ojos se veían algo llorosos. Mis mejillas eran las únicas sonrojadas y mis cejas estaban arqueadas en una expresión de angustia.
Cuando volví la mirada hacia Sasuke, ya no le encontré sentado. Ni siquiera de pie o fuera del baño. Me había dejado sola.
Saqué el cepillo de dientes del cajón y me lavé efusivamente un par de veces los dientes tratando de quitar por completo el mal sabor y ardor en mi garganta que el vómito había dejado mientras agudizaba el oído tratando de escuchar el momento en que la puerta se cerrara detrás de Sasuke. Tomé mi enjuague bucal y me concentré en echar la cantidad justa en el vasito mientras escuchaba que Gil ladraba débilmente, como cuando alguien jugueteaba con él. ¿En verdad… se quedaría Sasuke conmigo?
Fue cuando menos lo esperaba que él se marchó.
La puerta se cerró casi de golpe, sobresaltándome. Las pocas fuerzas que tenía se escurrieron por mis pies hasta el suelo. Era una sensación ocurrente. Me sentí triste pero aliviada al mismo tiempo. Al menos uno de los dos era consciente y respetaba la privacidad del otro. Pero…
-Necesito una ducha. – Suspiré quitándome la blusa y la falda de rápidos movimientos. – Ropa interior que se quita rápido. – Me dije a mi misma con burla. – Estúpida. – Murmuré mientras tomaba una toalla del mueble y me dispuse a quitarme el resto de mi ropa y meterme a la regadera. El agua estaba helada, pero no me tomé la molestia de nivelarla con la tibia. Lo que necesitaba era quitarme la terrible sensación de lo que me había pasado en el desayuno y luego meterme a la cama por el resto del día. Mientras enjuagaba mi cabello pensaba en que quizá debía llamarle a Ino para decirle que estaba bien, seguro ella informaría al resto. Quizá después le llamaría a Sasuke también. Después podría dormir unas horas y luego prepararme una sopa, o mejor aún, encargar una en algún lugar con servicio a domicilio. Vivir sola me había hecho fanática de conservar los números de los buenos lugares con servicio a domicilio exprés. Quizá encontraría uno más tarde cuando saliera de la cama. Justo cuando cerraba los ojos para que el shampoo no los irritara al enjuagarse de mi cabello, escuché el ruido de la puerta. – Mierda. – Dije cerrando la regadera y notando que también había dejado la puerta de mi baño abierta. Escuché los suaves ladridos de Gil, pero nada raro. Él ladraba por todo y a todos a modo de saludo. – Necesito un perro más agresivo. – Mordí mi labio inferior mientras tomaba la toalla y me envolvía en ella. Salí del baño a penas y asomando la cabeza, tratando de recordar donde había dejado ese gas pimienta que Ino me había dado como obsequió cuando adquirí el departamento.
-Volví. – La despreocupada voz de Sasuke hizo que me sobresaltara. Un pequeño grito salió de mis labios y luego una mano se aferró a mi pecho.
-Sasuke, ¿Cómo entraste?
-Me llevé tus llaves. – Tanteó el bolsillo de su pantalón y tras un leve tintineo metió su mano para sacar mis llaves y dejarlas en mi tocador. – Te traje algo de sopa y jugo de naranja. – Me informó mientras con descaro bajaba la mirada y observaba mi cuerpo húmedo envuelto en la toalla. Se detuvo unos segundos en mis piernas y sonrió de lado como solía hacer cuando me tenía desnuda bajo su cuerpo. ¿Era posible que este hombre acabara de verme haciendo algo desagradable y aun así se tomaba la molestia de mirarme con esos ojos que provocaban sensaciones pervertidas en mí? Quizá y lo hacía por simple lástima… – Llamé a Ino de camino para acá. – Dijo mientras se daba la vuelta casi a regañadientes y dio un par de pasos hacia mi cajón de ropa. – Le dije que estoy contigo y que estás bien. – Abrió el cajón donde guardaba mi ropa interior y una mueca de desagrado se cruzó por su rostro. – ¿No organizas tu ropa?
-No. – Dije a secas. – Deja de husmear en mis cajones de ropa intima, pervertido.
-Hmp. – Me miró con una picara sonrisa. – Pero si yo sólo estoy buscando algo para que te vistas. – Dijo. – Pero estás en tu casa, puedes andar como quieras.
-Planeo andar en toalla todo el día. – Ironicé.
-Per…fecto. – Sonrió mientras sus ojos volvían a recorrer mi cuerpo húmedo.
-Hazte a un lado. – Le di un suave empujón. – Yo me encargo. – Saqué lo primero que mis manos tocaron. Ni siquiera me importó que las bragas negras no fueran el conjunto del sujetador rojo. Yo sólo quería que él dejara de criticar mi poca feminidad al acomodar mi ropa.
-Si viviéramos juntos, o algo así… – Carraspeó. – Yo definitivamente no dejaría que mal organices tus cajones de ropa.
-¿O qué? – Puse mi mano derecha en mi cintura. – ¿No me cogerías si fuera una desorganizada?
-Hmp, no. – Negó. – Tengo sexo contigo aún sabiendo que no eres la persona más pulcra del mundo. – Se encogió de hombros.
-Muy gracioso. – Sonreí. – Ahora voy a vestirme. – Le informé haciendo un sutil gesto con la mano invitándolo a salir de mi habitación.
-Es estúpido que me pidas privacidad para vestirte, ¿no crees? Después de todo, te he visto desvistiéndote. – Se sentó en el borde de mi cama de frente a donde yo estaba parada, mientras Gil entraba al cuarto y se acostaba a sus pies. Perfecto, ambos machos igual de pervertidos. – Conozco cada parte corporal tuya, sólo vístete para que yo pueda verte y ver que te recuestes en tu cama y traerte la sopa. En serio muero de sueño.
-No creo que conozcas cada parte corporal mía. – Me crucé de brazos.
-Yo creo que sí. – Me contradijo igualando mi acción.
-No te creo. – Arqueé una ceja. – Pruébalo.
-Tienes un lunar en la espalda cerca de tu omoplato derecho, – Ladeó un poco la cabeza. – otro, justo en tu pecho izquierdo. – Mordió discretamente su labio inferior. – Tienes una marca de varicela en el brazo izquierdo – Señaló con el dedo índice justo donde estaba la mencionada marca en mi brazo – y una cicatriz en el dedo meñique. Nunca me has contado cómo te la hiciste, pero creo que fue grande porque son marcas de suturas.
No pude evitar sonreír un poco ante el hecho de que si, conocía algunas partes corporales mías.
-Me caí de pequeña contra un vidrio y los pedazos rotos cortaron mi dedo meñique. – Le informé. – Fueron 2 pequeñas suturas y trato de que nadie note las cicatrices porque me da pena que se burlen de lo torpe que fui de niña. – Bufé. – ¿Me dejarías vestirme ya?
-Adelante. – Hizo un gesto con la mano derecha. – Estás en tu casa.
-Qué amable. – Rodé los ojos rindiéndome ante él. Dejé caer la toalla a mis pies mientras velozmente cubría mi cuerpo con la ropa interior. No era tanto porque quisiera seducirle o algo así, es decir, no me sentía bien para ello. Era precisamente por eso, porque no me sentía bien como para discutir que le permití quedarse ahí. Ni siquiera pensé en ese momento que pude meterme en el baño y vestirme allí.
-Más despacio, ¿quieres? – Escuché su voz a mis espaldas.
-¿Qué? – No me molesté en mirarle ni por un segundo.
-No te he visto en 2 semanas, ya extrañaba esas… – Su burla fue palpable. Y aparentemente seguirás sin verlas.
-Ve a casa a descansar, Sasuke. – Dije mientras subía mis bragas por mis piernas. – Yo estaré bien. – Cubrí mis pechos con mi antebrazo izquierdo y me dispuse a buscar en mi segundo cajón un pijama. Rápidamente y aún de espaldas a él me puse un short cómodo y una playera negra sin el sujetador.
-No lo creo. – Cuando le encaré, dio unas suaves palmadas al colchón y me extendió la mano para que yo la tomara. Tal y como me gustaba. – Ven a la cama. – Me sonrió. Era obvio que sus palabras fueron en un obvio doble sentido, pero mi expresión no cambio. Al menos no adrede. Así que tomé su mano rindiéndome nuevamente ante él, cuando lo hice, me jaló hacia la cama y me acomodó envolviéndome con la sabana desdoblada que dejé sobre la cama esa mañana. – Descansa un poco.
-Gracias. – Mordí mi labio inferior. Al segundo, sentí como me tomaba por la barbilla con su pulgar obligándome a dejar de hacerlo.
-Te extrañaba. – Susurró. – Mucho.
-Y yo a ti. – Él estaba recostado a mi lado, mirándome fijamente. Yo me sentía débil y susceptible, con la fuerza tan baja como para que él hiciera conmigo lo que quisiera.
-¿Tenías que enfermarte justo hoy? – Arrugó por un segundo su nariz en una mueca de reproche.
-El sexo es una buena manera de prevenir enfermedades. – Le informé. – Si enfermé hoy es porque pasé casi 2 semanas sin tener sexo. ¿De quién crees tú que es la culpa?
-¿Mía? – Se irguió un poco, apoyando su cabeza en su mano izquierda. Con la mano libre acarició un poco mis cabellos húmedos.
-Correcto. – Asentí. – Tú culpa.
-Y yo estaría encantado de ayudarte a sanar. – Me sonrió. – Te pasaría de mis anticuerpos y de paso prevendríamos otras enfermedades, pero… ahora mismo no luces bien para ello.
-No tengo ni fuerzas para levantarme, – Anuncié. – tendrías que hacérmelo aquí acostada.
-No soy fanático de la necrofilia.
-Lo sé. – Me reí por su comentario. – Luces cansado también. – Pasé la mano derecha por su rostro notando sus pequeñas ojeras bajo sus ojos.
-Lo estoy.
-Quizá deberías de ir a casa a descansar.
-No. – Respondió a secas. – Quiero quedarme, contigo.
-Quizás no sea…
-Lo he decidido. – Me aseguró. – Debo cuidarte. Después de todo, fue mi culpa.
-Entonces, ¿Te quedarás? – Aunque eso contradecía lo que acababa de pedirle y lo que en verdad era correcto, deseaba porque su respuesta fuera positiva.
-Claro. – Asintió sonriéndome con ternura.
-No tienes que hacerlo, ¿sabes? – Dije sintiendo como de repente mis parpados se volvían pesados.
- Quiero hacerlo. – Respondió. – Somos amigos, después de todo. – Una de sus suaves manos se deslizó por mi mejilla de una forma que se sintió bien. Cálido y delicado. – Sería una pésima persona si no lo hiciera. – Nuevamente acarició mi rostro mientras yo cerraba los ojos sintiendo que así disfrutaría más del momento. – Tú me cuidas cuando soy yo el que enferma. A pesar de que hemos sido amantes, eres mi mejor amiga y siempre lo serás. Y quiero cuidarte.
-Tú amiga. – Susurré antes de caer inconsciente.
…y siempre lo serás.
Cuando abrí los ojos de nuevo, sentí algo pesado sobre mi cuerpo. Algo cálido y pesado. Traté de estirar mi cuerpo, pero noté a Gil durmiendo cerca de mis pies y sobre mi sabana. Giré el rostro y Sasuke era quien estaba casi aplastándome. Uno de sus brazos estaba enrollado en mi cintura y una de sus piernas estaba enredada con una mía. Sonreí aliviada de verlo dormir pacíficamente. Después de todo, si se había quedado. Pensé que era algo tierno. Gil, Sasuke y yo. Como una familia. Quizá después podríamos…
-…un hijo. – Bostecé acomodándome de nuevo en la almohada, pero esta vez quedando de frente a él. Con mi rostro escondiéndose en su pecho.
Cuando abrí los ojos por segunda vez, Sasuke ya no estaba mi lado. Ni Gil. De hecho, me encontraba sola en la habitación. Me levanté lentamente de la cama. En parte porque no quería hacer ruido y porque temía marearme de nuevo. Dejé que mis pies se apoyarán lentamente en el suelo tanteando si los mareos se habían ido por completo. Caminé hacia el baño y me eché un poco de agua en el rostro. Me sentía mejor. Me veía menos pálida y mis mejillas tenían el mismo color de siempre. Sequé mi rostro con una toalla y salí de la habitación en busca de la famosa sopa que Sasuke dijo haberme comprado.
-¿Despertaste ya? – Su voz provenía de la cocina.
-Sí. – Respondí mientras caminaba hacia donde él estaba.
-¿Te sientes mejor? – Preguntó sirviendo en un vaso jugo de naranja.
-Justo ahora, me siento famélica.
-Siéntate a almorzar. – Me señaló la mesa donde estaban servidos dos platos de sopa. – Estaba pensando ir a despertarte. – Me avisó.
-La verdad, me siento mejor. – Le afirmé mientras me sentaba en la silla más cercana a mí. – Gracias.
-Tomé tu temperatura un par de veces. – Se sentó en la mesa frente a mí y me ofreció el vaso con jugo. – No tienes fiebre, pero te ves mejor.
-Lo estoy. – Sonreí agradeciéndole con ello todo lo que había hecho por mí.
-Quizá después de comer debas dormir un rato más.
-Estoy bien. – Dije tomando una cucharada de la sopa. – He dormido lo suficiente. ¿Qué hora es?
-Casi las 4:00pm – Respondió.
-Debería alimentar a Gil. – Dije apoyando mis manos en la mesa para ponerme de pie.
-Ya lo he hecho. – Sasuke se apresuró a informarme para que yo no me levantara de la mesa. – Come mucho, por cierto.
-Y que lo digas. – Reí junto con él mientras Gil nos contemplaba.
-Duermes como un tronco.
-Me lo has dicho ya. – Le recordé. – Gracias por quedarte, amigo. – Susurré la palabra tan bajo que salió de mis labios como un suspiro.
Después de almorzar Sasuke se sentó en el sillón a mi lado mientras yo cambiaba la televisión de canal, buscando algo para ver.
Sasuke apoyó una mano en el respaldo del sillón sobre mi espalda y jugueteaba con algunos mechones de mi cabello, mientras con la otra mano revisaba algunos correos desde su celular.
Fue… raro. Como de repente ese día se volvió perfecto. Mis fantasías de nosotros, viviendo juntos, una familia con perros e hijos comenzaba a pintarse de una forma no muy lejana. Algo que podía ocurrir y sin embargo… no. No pasaría.
-¿Todo bien? – Pregunté al verle con el rostro contrariado.
-Sí. – Respondió sin mirarme. – Sólo que olvidé que debía mandar un par de correos antes del anochecer.
-Oh, puedes usar mi computador. – Ofrecí.
-Los archivos están en la mía. – Bajó el celular a su costado y me miró con esos hermosos ojos negros. – Está bien. Nadie puede obligarme, soy el jefe. – Se encogió de hombros.
-Sí, pero…
-¿Quieres algo de beber? – Me interrumpió. – ¿Más jugo, agua?
-Estoy bien. – Él asintió y se levantó del sillón para ir a la cocina. – Pero estaría mejor si…
Sasuke volvió con un vaso de agua que bebió de dos tragos.
-Sasuke. – Dije buscando llamar su atención. – Ve a casa. – Me cercioré de sonar firme e insistente. De que no notara que mi interior quería que se quedara, pero por sobre todo sabía cuán importante era el trabajo para él. Llevaba cuidándome medio día y fue lindo, perfecto, pero ya me sentía mejor. Por desgracia.
-No sé. – Manifestó. – Aún te noto diferente. Pálida.
-Es porque no llevo maquillaje. – Le aseguré. – Casi siempre me ves arreglada y ahora no. – Suspiré. – Si me pongo algo, ¿irías a casa a trabajar?
‑Si no te conociera – sonrió –, juraría que estas tratando de deshacerte de mí.
-¡Y es verdad! – Reí. – Debes mandar esos correos y descansar un poco. El cambio de horario te afectó más de lo que necesitas. Mañana debes trabajar y me sentiría horriblemente peor si se complicaran las cosas en tu oficina por mi culpa. – Pese a ello, Sasuke no se movió ni un segundo de donde estaba de pie. Me miraba tratando de buscar algo mal en mi, escaneándome, buscando algo que le permitiera rematar él porque yo le necesitaba en ese momento. Pero seguro que ni él podría negarse a la prueba dada por el termómetro de que ni siquiera tenía fiebre.
-¿Segura que no te ahogaras en la bañera si te dejo sola? – Entrecerró los ojos, mirándome.
-No. – Respondí riéndome de su idea. – Ni siquiera tengo una bañera. – Su risa se unió a la mía por unos segundos. – Así que vete a casa. Me has cuidado muy bien, pero sea lo que fuere lo que tenía esta mañana, ya ha desaparecido.
-Vendré en la noche. – Dijo mientras tomaba sus llaves de la mesita de centro.
-No. – Le corté. – Debes descansar.
-Te llamaré entonces. – Aseguró. – Y si no respondes yo vendré a la hora que sea.
-Lo prometo. – Sonreí para él. Para que se creyera que estaba bien.
Sasuke se inclinó y me besó, primero en la mejilla, luego en la comisura cerca de mis labios y al final… en los labios. Como había extrañado esos labios, esos besos. Su calidez. Sasuke me tomó del rostro para asegurarse de que no me despegara de él. Ese último beso se demoró, recordándome que le estaba mintiendo. Que en realidad quería que se quedara. Que me había encantado pasar el día con él así. Que quería que durmiera esa noche en mi cama abrazándome como por la mañana lo hizo. Que quería que se quedara, no sólo esa tarde, sino para siempre. Su lengua se abrió espacio entre mis labios para recorrer el interior de mi boca. Sus manos se aferraron a ambos lados de mi rostro para asegurarse de que me quedara allí y yo no pensaba dejarlo. Mis manos subieron a sus hombros atrayéndolo con fuerza porque necesitaba sentir más de su calidez, porque me encantaba sentirlo cerca, sentir su cuerpo. Nuestras respiraciones rápidas se hicieron presentes llenando el cuarto con el ruido de leves jadeos. Me sentía algo ansiosa, torpe. De golpe, Sasuke me tomó de la cintura y me cargó de forma que enrollé mis piernas alrededor de su cintura. Era esa la clase de cercanía que había extrañado de él. Sus manos se aferraron con fuerza a mi trasero donde acarició con firmeza mi piel por sobre el short. El beso no se había cortado más que en breves segundos cuando ambos tomábamos aire. Aferré mis manos a sus hombros con fuerza cuando sentía como ese curioso picor comenzaba a recorrerme el cuerpo entero. Necesitaba sentir sus manos por todo mi cuerpo. Necesitaba siempre más de él.
-Sasuke… – Gemí cuando sentí sus labios bajar a mi cuello. Sus manos subieron bajo mi blusa por los costados. Ahora sí que podía sentir calor en mi cuerpo, sí Sasuke tomara mi temperatura después de algún encuentro de esa magnitud con él seguro que se asombraría.
Una suave mordida en mi hombro izquierdo hizo que una de mis manos se aferrara con cierta fiereza a sus cabellos.
Eso fue lo que nos hizo a ambos volver a la realidad.
-¿…Qué? – Dije entre jadeos cuando la ausencia de sus labios sobre mí me sorprendió.
-¿Segura que quieres que me vaya? – Preguntó mientras me sonreía con cierta picardía.
-¿Seguro que tienes que irte? – Mordí mi labio inferior pegando mi frente con la suya.
-Sí, – susurró. – ahora que comprobé que en serio estás mejor. – Con una mano en mi rostro me atrajo a sus labios de nuevo. Su lengua jugueteó por unos segundos con la mía y mis fuerzas me abandonaron por completo. Me derretí entre sus brazos. – En verdad quisiera quedarme. – Dijo cuando nos separamos. – Pero…
-Pero debes ir a trabajar. – Le recordé mientras sentía mi pecho subir y bajar en busca de aire.
-Supongo que lo pospondremos de nuevo. – Una mueca apareció en sus labios mientras me dejó en el suelo, con delicadeza.
-Procuraré no estar enferma para entonces. – Traté de bromear, pero era totalmente cierto. No sabía cuánto más resistiría sin él.
-Cuídate. – Pese a que sonreía cuando lo dijo, sus palabras sonaron como una sutil amenaza.
Él me sonrió dándome un último beso y revolvió mi cabello con ternura. Y pese a que era raro, ya me había acostumbrado un poco al vacío en mi pecho cuando él se iba. Cada vez que él salía por la puerta, sentía que otra pieza de mi ser se desmoronaba. Mientras él salía por la puerta yo pensé que en algún momento ya no quedaría nada. Al menos eso solucionaría el problema. Sin corazón, no habría dolor.
Cuando escuché su auto arrancar y acelerar, maldije la injusticia de la vida. Para ser un hombre que evitaba una relación seria, que juraba ser alérgico al matrimonio y a lo que representaba, actuaba como un marido muy convincente. De no conocerlo, habría jurado que había conquistado su miedo al compromiso.
Cuando Gil se subió a mi regazo me sequé las lágrimas de los ojos, como si temiera que él las notara. De vez en vez es normal hacerse la fuerte, pero luego, ya no se puede fingir más. Tenía miedo. Estaba asustada y creía saber a qué se debían mis malestares.
..
.
-¿Entonces te sientes mejor ahora? – Ino preguntó mientras movía con una cucharilla el café que estaba preparándome.
-Lo estoy. – Asentí concentrada en lo que tecleaba en la computadora. – Fue sólo algo malo que comí. – Me encogí de hombros.
Mentí. Había vomitado nuevamente esa mañana.
-Realmente me asusté cuando Hinata dijo que no estabas en el baño. – Me ofreció la taza de café y se recargó en el respaldo de la silla cruzándose de brazos, esperando por mi respuesta.
-Es porque Hinata seguramente fue a buscarme al baño de damas. – Mordí mi labio inferior por unos segundos mientras encendía la impresora.
-Claro, ¿Por qué iba a ser lo contrario? – Me miró confundida.
-Me equivoqué de baño, Ino. – Tomé la taza y soplé un poco mientras observaba como mis documentos se imprimían.
-¿Cómo dices? – Ella gritó. – ¿Entonces dices que Hinata no te encontró en el baño de damas porque tu entraste al de hombres?
-Exactamente. – Le di un sorbo a mi café. – Tal cual.
-No es posible. – Su tono de voz seguía siendo alto. – ¿Qué rayos hiciste para que tu día estuviera tan… loco?
-Nacer. – Suspiré tratando de no recordar mi vomitivo día anterior.
-Sólo esas cosas te pasan a ti. – Se levantó de la silla y comenzó a caminar observando todo lo que estaba en mi consultorio.
-Sólo a mí. – Repetí con resignación.
-En fin, ¿Sasuke se quedó contigo todo el día? – Ino preguntó sin mirarme. Su concentración estaba en la báscula en la que se subió para pesarse.
-Toda la mañana y parte de la tarde, si. – Respondí acomodando mis papeles y guardándolos en una colorida carpeta. – Se fue como a las 5 o 6.
-¿Por qué? – Preguntó cuando se bajaba de la báscula.
-Tenía trabajo. – Respondí encogiéndome de hombros.
-¿Él o tú? – Se dio la vuelta para encararme.
-Él.
-Oh. – Siguió su recorrido.
-Llamó por la noche y esta mañana también.
-¿Y? – Observé como mordió su labio inferior tratando de contener la emoción que rogaba por expresarse en su rostro.
-Nada. – Manifesté. – Preguntó que como estaba y eso que tú también hiciste por texto. – Le reproché en broma.
-En mi defensa… – Comenzó a explicar sentándose de nuevo en la silla frente a mí. – Supuse que estarían reencontrándose en tu cama y no quise interrumpir.
-Te mandé un mensaje respondiéndote de inmediato. Si hubiéramos estado cogiendo… no sé cómo podría contestarte tan rápido.
-Quizá mientras descansaban de la primera ronda. – Ino canturreó. – Los reencuentros siempre suelen ser… largos. Además, tú dices que no lo hacen solo una vez, así que…
-Estaba enferma, Ino. – Rodé los ojos. – ¿Cómo…?
-Da igual. – Se quejó jugueteando con un mechón de su largo cabello.
-Naruto me llamó esta mañana también y… oh, Shikamaru igual lo hizo. – Volví a reprocharle.
-Sí, sí. – Ino tarareó. – Él es un bebé. No ha dejado de fastidiarme con mi peso.
-Él te quiere, igual que nosotros.
-Lo sé. – Batió inocentemente sus espesas pestañas mientras contemplaba sus largas uñas rojas. – Oh, por cierto, hablando de bebés… esta mañana atendí un parto, y…
-¿Si? – Suspiré mientras apartaba la vista de unos folletos que había estado tratando de leer.
-Quisiera saber si podrías ir a ver al bebé.
-¿Algo que te preocupe?
-No. – Respondió. – Está bien, igual que su mamá.
-¿Entonces?
-Sólo me gustaría que le eches un vistazo antes de que le den de alta y yo a sus mamá. – Alegó.
-Claro. – Asentí levantándome de la silla.
-¿Irás ahora?
-No estoy haciendo nada ahora mismo. – Respondí tomando mi bolso. – La siguiente consulta será hasta dentro de una hora, así que tengo tiempo.
-Bien. – Sonrió satisfecha.
-Además, seguro que no dejarás de fastidiarme hasta que vaya.
-Sabes que sí. – Cerró la puerta del consultorio cuando salimos y sus pasos se escuchaban firmes detrás de mí. – Ojalá mi esposo fuera como tú. – Suspiró.
-¿Obediente? – Me burlé.
-No me molestaría que de vez en cuando hiciera las cosas justo cuando se lo pidiera. – Respondió positivamente a mi sarcasmo.
-Te embarazó cuando quisiste y dijo que tenían sexo diario, ¿qué más quieres?
-No es gracioso. – Respondió, pero su voz no sonó enfadada. Fue más bien, como si también le hubiera gustado el chistesito. – Después de ti. – Dijo mientras abría la puerta de pediatría para que yo pasara primero.
-¿Aún le temes al área de pediatría? – Me crucé de brazos ignorando el 'amable' gesto de su parte.
-Sí. – Confesó. – No quiero entrar ahí sin ti.
-Vamos, Ino. – Me burlé. – Tendrás un hijo.
-Y desde pequeño trataré de evitar que sea llorón, sabes que me pone algo nerviosa el llanto incesante de niños. No saber qué pasa, me aturde. – Sacudió graciosamente su cabeza como si tratara de borrar un terrible mal recuerdo. – Por eso soy ginecóloga, las mujeres siempre gritan cuando tendrán a sus hijos pero al menos sé porque su llanto y me apresuro a aliviarlo.
-Aprenderás – Le sonreí. – Tendrás que aprender a reconocer el llanto de los bebés. Ya verás. Nadie nace sabiendo ser madre. – Dicho esto, entré al área sintiendo como ella caminaba tras de mí, casi pisándome los talones.
-Buenas tardes. – Saludé a la enfermera que cuidaba a los bebés recién nacidos. – Estoy buscando a…
-Aquél – Ino me señaló un pequeño bebé que dormía plácidamente en su cuneta. – El pequeño…
-Lo tengo. – Respondí en un susurro, preocupada de no despertar a ningún pequeño durmiente. – Veamos… – Con suavidad tomé al bebé en mis brazos y observé lo frágil y delicado que se sentía. – Es precioso. – Sonreí cuando le vi bostezar. Estaba despierto, pero no había sido yo quien lo despertó de mal humor. Él estaba tranquilo, como si sintiera seguridad entre mis brazos. – Oh, Ino…
-Lo sé. – Ella sonrió a mi lado. Tratando de observar al pequeño sobre mi hombro. En ese instante, como si lo hiciera por nosotras, él abrió sus enormes ojos y parpadeó batiendo sus preciosas pestañas pequeñas. – Mira esos hermosos ojos.
-Negros. – Suspiré. Tan negros como los de Sasuke. Si tuviera un hijo con Sasuke, amaría que tuviera esos hermosos ojos negros suyos.
-¿Entonces? – Ino se cruzó de brazos, parándose frente a mí.
-Yo lo veo perfecto. – Asentí. – Echemos un vistazo. – Con delicadeza, para no molestar a mi nuevo amigo, le pasé el bebé a Ino. Ella lo sostuvo con fuerza entre sus brazos y con una enorme sonrisa en su rostro. – Ayúdame a quitarle la sabanita. – Le pedí. Con mi estetoscopio me tomé un tiempo en escuchar su corazón y luego sus pulmones. Me cercioré tanto como pude que todo estuviera bien. – Está algo bajo de peso, pero nada alarmante. – Le informé. – Pienso que puede irse a casa con su mamá.
-Excelente. – Ella sonrió agradecida mientras arrullaba con delicadeza al bebé. – Mira, se ha vuelto a quedar dormido.
-Doctora Yamanaka. – La enfermera le llamó casi en un susurro. Quizá yo no era la única que temía molestar a los pequeños que dormían. – Al pequeño que sostiene le toca baño a las 2, ¿quiere practicar de nuevo?
Cuando la enfermera dejó de hablar, casi de inmediato, volteé a ver a Ino. Estaba segura de que mis ojos estaban abiertos enormemente por la sorpresa. Ella, por otro lado, estaba sonrojada hasta las orejas, pero en ningún momento dejó de arrullar al bebé en sus brazos.
-¿Practicar de nuevo? – Arqueé una ceja, curiosa.
-He estado viniendo desde la semana pasada. – Me informó. – Yo quiero aprender un poquito de cuidados de bebés.
-¿Así que vienes y ayudas en el cuidado de mis pacientes? – Me burlé.
-Técnicamente, yo les conozco de antes que tú. – Sonrió burlona mientras volvía a acostar al bebé en su cuneta. – Ya sabes, yo les saco del interior de su madre.
-Muy explicito. – Me di la vuelta buscando salir del área tratando de hacer el menor ruido posible.
-Deberías venir más seguido. – Ino me siguió.
-Ino, soy pediatra. Este es mi territorio. Creo que conozco este lugar mejor que tú, ¿Cómo puedes sugerir que venga más seguido?
-Sí, pero no sólo a verlos y tratarles, quizá… podrías empezar a practicar también con bebés, como yo. – De nuevo, fue ella quien abrió la puerta para que saliéramos del área.
-¿Yo para que querría practicar? La que tendrá un hijo eres tú. – Le recordé.
-Por ahora. – Me contradijo. – Uno nunca sabe. Además, quizá tú cuides a mi bebé algunas veces.
-Quizá no. – Suspiré. – Si resultara ser tan berrinchudo como tú, yo paso de cuidarlo.
-Quisiera saber cómo serían los tuyos. – Dijo mientras me pasaba de largo rumbo al área de ginecología.
…
.
El sábado por la tarde disfrutaba de mi perfecto fin de semana. Mis uñas de pies y manos estaban recién pintadas de rosa pálido y mi cabello recién lavado estaba envuelto en una enorme toalla. Estaba retrasada, era consciente plenamente de ello, tenía 2 horas para vestirme, salir, conseguir un taxi, ir al súper y volver a tiempo para la reunión con los chicos.
-Ojalá me hubiera hecho la occisa ese día, ¿ehh, Gil? – Le acaricié con suavidad la cabeza mientras buscaba ropa para vestirme. – Ahora mismo estaría preparándome para dormir.
Con resignación y sueño me vestí rápidamente con un ligero vestido y me detuve en la cocina para mordisquear una manzana antes de salir del departamento. Con suerte conseguiría un taxi rápidamente. Caminé un par de cuadras pensando que quizá correría con más suerte si lo intentaba en una calle más concurrida, y así fue. Llegué al súper en menos tiempo de lo que pensé y me dirigí de inmediato al área de comidas chatarras.
-Mi sección favorita. – Dije aventando con sincero placer dentro del carrito diversas bolsas de frituras.
De camino tomé algunas que otras cosas sanas que, sabía, Ino querría comer, y otras cuantas que a mí me gustaban. Y después de darme una rápida vuelta por el súper pensando si habría algo más que pudiese necesitar y que necesitaba comprar, me di cuenta que había algo que estaba olvidando: Más tequila. Quizá una botella de tequila más, por si con las que Shikamaru compraba no nos bastaba.
-Más vale prevenir. – Sonreí casi con satisfacción al encontrarme cerca del pasillo de los licores. – Sólo fingiré que una botella llega por accidente a mis compras. – Y si no la tomábamos esa noche, en mi departamento estaría perfecta.
Me detuve a considerar qué tequila era bueno. Un buen tequila, como un buen amante, no era una cosa que se encontrara fácilmente. No era una cosa que se tomara a la ligera. Tomar mi tiempo para encontrar el indicado requería paciencia y…
-¡Mierda! – Tenía apenas 1 hora y minutos para volver. – Yo te elijo. – Tomé la primera botella cerca de mí y caminé-casi corrí-hacia el área para pagar.
Me detuve en la fila más corta y saqué de mi bolso la tarjeta de crédito con la que pagaría. Necesitaba que todo fuera rápido. Si no estaba lista para cuando alguien llegara, seguro sería la comidilla de la noche. Si conocía muy bien a mi tropa. Fastidiosos cuando se lo proponían.
Impaciente me crucé de brazos mientras con la mirada contaba: 1, 2,3 personas delante de mí. ¿Por qué no se apresuraban a cobrarles?
De reojo observé la salida. Despejado. Tras pagar, podría correr rápidamente al área de taxis para poder volver a casa a tiempo. Esperaba, hubiera uno. Rogaba por ello.
Volví la mirada a mi izquierda justo donde el montón de revistas se encontraba. Leí los títulos de algunos para matar el tiempo, sólo para evitar desesperarme. La paciencia no era un don fuerte que me caracterizara. Revistas de chismes, noticias, periódicos… una de bebés.
Carraspeé mientras una loca idea repentina comenzó a llenar mi cabeza, y…
-¿Mi Sakura? – Escuché una cálida voz a mis espaldas provocándome un sobresalto. Cuando mi subconsciente reconoció la voz, sentí que me tensé de inmediato. Los vellos de mi nuca se erizaron y en mi rostro se formó una mueca, o al menos eso parecía dada la incomodidad en mi ceño. – ¿Eres tú?
Con sigilo me di la vuelta para encarar de frente el problema.
-Sasori… – Suspiré.
-¡Hola, linda!
Tiré mi cabeza hacia atrás, irritadamente odiándome por mi mala suerte. Nooooo, por favor.
-Hola… – Bufé con desgana.
Vómito, ¿Dónde estás cuando te necesito?
-Soy yo. – Su perfecta sonrisa abarcaba su rostro como si adrede quisiera que lo notara. La forma en que me sonreía cuando nos sentábamos juntos en clases.
-No me digas. – Sonreí tan falsamente que ni un desconocido podría ignorar mi gesto de odio indisimulado.
-Qué alegría encontrarte de nuevo. – Ni tanto.
-Sí, claro… – La sonrisa falsa, de nuevo.
-No te he visto desde la boda donde nos reencontramos. – Una de sus manos subió a su cabeza acomodando un par de mechones rebeldes de su cabello. – Por cierto, te perdiste ese día.
-Si, umm, tuve que irme de ahí. – A tener fabuloso sexo con mí amigo Sasuke en mi departamento. – Así que… – Con discreción volví la mirada hacia detrás de mí. 1 persona. Sólo una persona más. – ¿Cómo has estado? – Volví a mirarle. No me interesaba en lo absoluto, pero… dejarle hablar hasta marcharme de ahí sería lo mejor.
-Absolutamente bien. – Respondió con entusiasmo. – ¿Estás saliendo de tu trabajo?
-Los sábados no trabajo. – Mordí mi labio inferior volviendo a mirar cuanto faltaba para que al fin pudiera escapar. ¿Por qué se demoraba tanto?
-No se reconoce su tarjeta de crédito. – Escuché a la cajera suspirar. – ¿Alguna otra forma de pago?
Vaya, quería verdaderamente tomar mi tarjeta y pagar por él a cambio de que…
-Oh… tú… ¿tendrás una fiesta hoy? – Volví la mirada a Sasori quien observaba el contenido de mi carrito de compras.
-¿Yo?, ehhh si… – ¡NO! Idiota ¿qué tal y él se invita solo a la reunión? ¿Cómo explicarías esto al resto del grupo? – No. – Cambié de inmediato. – Yo… pues… compré estas botanas para… navidad. – Iugh, daba asco mintiendo. – Falta taaaan poco.
-¿Navidad? – Arqueó una ceja. – Faltan unos cuantos meses para ello.
-Sí, pero… estaban en oferta y… mujer precavida vale por dos, así que…
-Siguiente. – La cajera al fin estaba libre.
-Disculpa. – Dije a Sasori mientras comenzaba a darle los productos a la cajera esperando que todo en el momento fuera rápido y yo pudiera marcharme. Con desesperación le entregué mi tarjeta de crédito mientras mordisqueaba mis uñas. – Rápido, rápido… – Susurré tan bajo como pude.
-Gracias, vuelva pronto. – Dijo la joven al devolverme mi tarjeta. ¡Éxito! – Siguiente.
-Nos vemos luego, Sasori. – Dije a penas y saludándole con un sutil gesto de mano. – Hasta luego. – O hasta nunca…
-Oh, podrías esperarme. – Sugirió antes de que pudiera emprender vuelo a la salida. – Te llevaré a casa. – Se ofreció.
¿Y que sepas donde vivo para llegar repentinamente cuando se te hinchen los…? Ni bien loca.
-Lo siento, pero… están esperándome fuera, así que… Adiós. – Observé el contenido en su carrito mientras tomaba mis bolsas. Eran muy pocas cosas, si no corría…
-¡Espera! – Dijo cuando planeaba comenzar mi carrera a la salida. – Ten. – Una tarjeta plateada en sus manos me desconcentró momentáneamente.
-¿Qué…?
-Es mi tarjeta. – Respondió la pregunta que ni siquiera me dejó terminar de formular. En letras grandes estaba escrito claramente: "Dr. Akasuna no Sasori. Bla bla bla Médico Cirujano. Bla bla bla Teléfono particular Bla bla bla"– Por favor, llámame.
-Yo… – Fruncí el ceño confundida. – No creo necesitar tus servicios por ahora, pero… gracias. Lo pensaré cuando quiera operarme los pechos. Lo prometo.
-Sólo… llámame cuando quieras. – Dijo con una tierna sonrisa de: Yo no mato una mosca.
-Adiós. – Macullé sin tener intenciones de detener mi plan de escape de nuevo.
A pasos veloces, cuál ladrón huyendo de la escena del delito, corrí hasta la salida. Me detuve en el área de taxis rogando porque alguno se detuviera ahí, rápido. Con disimulo volteaba a ver la puerta, esperando por Sasori salir. Y justo cuando me pareció ver unos cabellos rojizos abriéndose camino entre la gente, un taxi se detuvo frente a mí.
El mismo taxista que me había llevado a casa después de vomitar en el Ichiraku. Me encogí de hombros. Él sabía de atajos y yo necesitaba huir. Así que le di mi dirección y agradecí que me sacara de ahí permitiéndome ver a lo lejos a Sasori buscándome por el estacionamiento.
Querido, Dios. Nunca permitas que vuelva a toparme con él. Ya no más.
.
Mientras preparaba unas palomitas de microondas, Gilbert se recostó cerca de mis pies esperando que jugara con él. Con mi pie, acaricié su lomo sabiendo que así le mantendría quieto por un rato. Posiblemente en cuanto viera mucha gente a su alrededor demandaría más por mi atención.
-Gil, eres taaan celoso. – Me burlé justo cuando sonó la alarma que indicaba que la botana estaba lista. Saqué las palomitas del microondas y las eché en un tazón. Un par cayó accidentalmente al suelo y Gilbert se encargó de ellas antes de que pudiera protestar. – Quién necesita aspiradora teniéndote Gil. – Me agaché lo suficiente para darle una rápida caricia en el lomo de Gil. Un pequeño bostezo salió de mis labios y sentí mis parpados demasiado pesados como para negar que tuviera sueño. Dejé las palomitas en la mesita de centro y me senté en el sillón acurrucándome contra una enorme almohada y me estiré sintiendo como mi cuerpo se relajaba. Las leves gotas de lluvia que comenzaron a golpear la ventana sólo me adormecieron más. – Quizá aún tenga tiempo de dormir sólo un ratito… – Con pereza, me acosté en el sillón dispuesta a dormir sólo un poco. En cuanto alguien llegara, seguro golpearía la puerta y eso me despertaría, ¿cierto? – Si. – Me respondí a mí misma. Sólo un ratito…
Y justo cuando mis parpados comenzaron a ceder, alguien golpeó la puerta.
-No puede ser cierto. – Bufé quejándome. – ¿Esperamos a alguien, Gil?
Con toda la flojera encima, me levanté del sillón.
Esperaba que quien estaba golpeando la puerta fuera Sasuke. No porque él fuera quien más me interesaba ver o algo así. Simplemente que para él la puntualidad siempre había sido algo serio. Encontrarme con el grupo completo al abrir la puerta fue algo que definitivamente no esperaba. Sinceramente no pensé que fuese verdad. Parpadeé asombrada un par de veces.
-¿Todos al mismo tiempo? – Pregunté sonando, sin querer, algo incrédula.
-Naruto pasó por nosotros. – Ino respondió entrando apresurada.
-¿Por todos? – Pregunté sabiendo que la respuesta era obvia, pero queriendo escucharles para reírme a gusto.
-Por todos. – Sasuke asintió bastante mosqueado.
-Pensé que ese era el plan. – Naruto hizo una graciosa mueca.
-¿Sabes lo fastidioso que es acomodarse en un auto para 5, siendo nosotros 6? – Shikamaru se dejó caer dramáticamente en el sillón grande de mi pequeña sala. – Sentí que me asfixiaba.
-¿En serio entraron todos? – Tuve que agarrarme al respaldo del sillón para poder reírme a carcajadas sin temor a caer.
-No, no te rías. – Sai silenció de momento mis carcajadas. – El plan consistía en que mañana iríamos todos al Ichiraku, como siempre.
-Sí, bueno… – Lo normal. ¿Dónde estaba el problema?
-Mañana seremos 7 en un auto de 5.
-¡Ni hablar! – Grité. – Uno de ustedes tendrá que ir muy temprano por su auto. Naruto, no entraremos todos…
-Bueno, antes lo hacíamos en el de Uchiha. – Naruto se excusó.
-¡Estamos hablando de 10 kilos atrás! – Shikamaru atacó. – Es decir, mira a Ino. Qué bueno que se nos ocurrió esta idea ahora, no quiero ni pensar donde íbamos a meterla cuando subiera más de peso, con todo y los chocolates y grasas que come ahora.
-Deja de joderme, vago. – Ino entrecerró los ojos mientras le mostraba el dedo medio.
-Pasamos por la pizza de camino. – Sasuke se sentó en un sillón. Discretamente palmeó en un espacio libre, a su lado, sólo para que yo le viera. – Muero de hambre.
-También yo. – Naruto se sentó en el suelo, cruzándose de piernas.
-Sakura, iré a tu cocina a servir el vino. – Dijo Shikamaru cuando pasé cerca de él para sentarme al lado de Sasuke.
-Creí que traerías tequila, Shikamaru. – Dije recordando mentalmente que yo tenía la botella de emergencia aún sin abrir.
-Lo traje. – Levantó con una mano una bolsa blanca donde asomaban al menos 3 botellas de tequila. – Pero primero brindaremos por este momento.
-De acuerdo. – Le sonreí cuando sentí como Sasuke jugueteaba discretamente con uno de sus dedos paseándose por la parte descubierta en la espalda del vestido que tenía puesto.
-Sabes, Sakura, es raro verte en vestido. – Hinata comentó provocando que me sobresaltara. Temí que haya visto el jugueteo de Sasuke y que alguien más lo haya notado.
-Faldas, por supuesto. – Sai opinó también.
-Shorts, la he visto así también. – Naruto siguió.
-Pero vestido…
-Sólo en ocasiones especiales. – Respondí sonriéndoles con cierto orgullo. Como Ino cuando recibía una alabanza a su perfección.
-Pues te sienta bien. – Shikamaru volvió de la cocina y me ofreció una copa de vino junto con una cálida y sincera sonrisa. – Espero que ya te sientas mejor. – Susurró mientras los chicos a nuestro alrededor hablaban de otras cosas.
-Lo estoy. – Dije bebiendo un sorbo de la copa. – Este vino es delicioso. – Relamí un poco mis labios.
-Es extraño. – Sasuke susurró cerca de mi oído mientras Shikamaru terminaba de repartir las copas. Asentí para indicarle que continuara pero sin voltear a verle, preferí fingir que estaba siendo parte de la conversación que en la sala se daba. – Ellos te han visto con ropa, yo sin ella, y también creo que te ves bien con vestidos.
-Trataré de usarlos más seguido cuando esté contigo, si con eso estarás contento. – Susurré.
-No, sin ello puesto estaría mejor.
Una risita salió de mis labios justo a tiempo para cuando Shikamaru propuso que brindáramos.
Las pláticas nostálgicas fueron apareciendo una a una al ritmo que las rebanadas de pizza desaparecían de las cajas. Todo iba bien, todo marchaba perfecto. La noche era larga y nosotros no estábamos para nada preocupados por la hora. En todo el rato que charlamos, ninguno se preocupó ni por un segundo en las horas transcurridas.
Nada podría arruinarnos el momento.
Casi nada.
Y luego…
-Ahora vuelvo. – Dije levantándome velozmente del sillón. Algo no estaba cayéndome bien en el estómago, de nuevo. A pasos grandes llegué a mi cuarto, corrí al baño, y… – Maldito alcohol barato. – Dije cayendo de rodillas en el váter, tal como el domingo anterior. Un par de arcadas y mis porciones de pizza salieron sin piedad de mi interior. ¡Mierda! No, de nuevo.
Esto definitivamente ya no era algo normal y ya no podía seguir evitándolo.
Respiré lento y pausado, buscando tranquilizarme y a mi estómago. Cuando estuve segura de que no saldría nada más de mi boca me levanté del suelo y sacudí un poco mis rodillas enrojecidas por la fuerza con que me dejé caer. Jalé la palanca y suspiré mientras me miraba en el espejo.
-No está bien, Sakura. – Saqué mi cepillo de dientes del cajón del lavabo y le puse una exagerada cantidad de pasta dental. – Sabes que no está bien. – Con efusividad cepillé mis dientes un par de veces hasta que me convencí de que el amargo sabor de mi boca había desaparecido. Por si las dudas, saqué el enjuague bucal y enjuagué mi boca haciendo muecas graciosas un par de veces. Escupí el líquido azul directo al lavabo y sequé mis humedecidos labios con el dorso de mi mano.
Esto ya era demasiado.
Esta vez no me encontraba pálida ni mareada, pero el vomito era cada vez más… recurrente. Necesitaba con urgencia tomarme las cosas en serio y ser consciente de que algo no marchaba bien.
Y eso me asustaba.
En ese instante recordé a mi nany. Mi abuela, quien en sus años de gloria sufrió con una especie de cáncer. Era muy pequeña entonces y nunca quise preguntar qué fue exactamente lo que pasó. Sólo recordaba con claridad que ella siempre fue una mujer fuerte pero hizo caso omiso a las mismas señales que su cuerpo le daba, y entonces cuando quiso ir al médico… fue tarde. Aún podía recordarle mientras agonizaba. Yo era muy pequeña pero casi podía sentir el sufrimiento que ella trataba de ocultar.
-Le extraño. – Suspiré recordando como ella solía trenzar mi largo cabello por las noches.
Y quizá ya era tiempo de afrontar las cosas como viniesen. No podía seguir negándolo… mi abuela había tenido cáncer y era un claro ejemplo de que ignorar los síntomas no era una brillante idea de mi parte. Hasta ahora sólo había sido vómito, pero… ¿luego? Tragué saliva mientras me decidí a mandar un mensaje a ese número que rara la vez consultaba.
Cuando me sentí un poco mejor y lista para dar una explicación convincente a los chicos, decidí que era hora de volver. Tomé el pomo de la puerta y cuando quise jalar con mi poca fuerza para abrirla, alguien más lo hizo por mí provocando que ésta casi me diera un golpe en la frente.
-Lo siento.
-Sasuke. – Susurré viéndole de frente a mí, su rostro era de absoluta seriedad y preocupación. – Pasa, ya he terminado de usar el baño…
-Oh, no. – Negó sin soltar el pomo de la puerta. – Yo vine a buscarte. ¿Pasa algo? ¿Te encuentras… bien?
-Pues… – Acabo de vomitar casi media pizza y muero por acostarme en mi cama a dormir porque odio vomitar, pero si… creo que debería responder que estoy bien. – Estoy bien. ¿Qué me dices de ti? – ¿En serio? ¿Qué me dices de ti? ¡Mira su rostro! Es obvio que no cree que estés bien.
-Bien. – Asintió. – Sólo me preocupaste cuando saliste corriendo de la sala.
-Debo estar enferma. – Respondí. – O quizá fue por la pimienta, ya sabes que me provoca náuseas.
-Es verdad. – Hizo un gesto de desagrado. – Lo recuerdo.
-En fin, estoy bien. – Suspiré.
‑Estupendo – Pero la forma repentina en que entrecerró los ojos me hizo pensar que él dudó de mis palabras. Como si silenciosamente dijera: "Sé que no estás bien, pero no quieres decirme."
-Será mejor que volvamos. – Dije para que él dejara de verme como lo hacía. De esa forma como si estuviera incómodo, y de cierto modo yo lo estaba más que él. – Naruto sospechará que estamos haciendo alguna otra cosa y entrará de improvisto para cerciorarse de que estamos a más de 10 metros de distancia. – Un pequeño comentario sarcástico y esperaba que él se convenciera de que me encontraba bien.
-Tienes razón. – Sonrió un poco más relajado.
-A menos que ahora si tengas que… – Con un sutil gesto señalé la puerta del baño.
‑No, no. – Respondió. – Vayamos antes de que vengan a vigilarnos.
‑De acuerdo.
Pero ninguno de los dos nos movimos de lugar. Yo aún seguía con medio cuerpo dentro del baño y él aún tenía la mano sobre el pomo de la puerta. Y por un momento quise olvidar que estábamos en mi departamento, en mi habitación, con la cama a menos de 5 metros de distancia de nosotros, con nuestros mejores amigos del otro lado de la puerta…, y besarle. Quise besarle como me gustaba hacerlo. Hasta quedarnos sin aliento y hasta que él se diera cuenta de que nuestros labios encajaban a la perfección, hasta que él sintiera que yo estaba ahí, pensando en él como siempre.
Sasuke apartó la vista primero.
-Pensaba… que no han hecho apuestas por el hijo de Ino. – Dijo antes de curvar levemente las cejas, como hacía cuando decía algo estúpido y se daba cuenta sólo después de haberlo dicho.
-Tienes razón. – Le sonreí fingiendo que era la observación más brillante de su vida. – Pero ¿Quién sabe? Puede que eso estén haciendo los chicos justo en este momento. – Sin mucho esfuerzo, le rodeé para ir de regreso a la sala. Sentí los pasos de Sasuke justo detrás de mí.
Cuando al fin salimos de la habitación, como si tuviéramos un imán escondido en las ropas, los chicos voltearon a mirarnos, curiosos.
Sai se levantó del sillón y me miró de pies a cabeza.
-Ese, chicos, debió ser el polvo más rápido de la historia.
La sala se llenó de carcajadas encabezadas por las de Ino. – Dijo apenas y conteniendo la risa.
-Fueron 10 minutos, para ser exactos. – Shikamaru anunció. – El tiempo suficiente como para que haya sido placentero.
-¿10 minutos? – Ino dejó de reír y llevó una mano a su pecho agitado. – Aún así…
-No pasó nada. – Les corté apenada. Y créanme que no fue por mí. – Lo juro.
-Hmp, ¿Apostando de nuevo?
-Sólo les estábamos esperando, chicos. – Hinata nos miraba curiosa. No podía ocultar que ella igual se había vuelto fan de las famosas apuestas.
-No hemos apostado acerca de cuánto tiempo más durará la relación de Sasuke y Sakura antes de que alguno de los dos lo eché a perder de alguna forma. – Sai opinó rascándose la barbilla mientras Sasuke y yo volvíamos a sentarnos. Esta vez, uno en el extremo contrario al otro.
-Me niego. – Ino y Hinata protestaron al mismo tiempo.
-¿Por qué? – Sai sólo esperó por la respuesta de su querida esposa.
-Con una relación no se juega. – Ino contemplaba con desinterés sus largas uñas.
-O apuesta. – Hinata terminó por ella.
-¿Por?
-No es sano. – Ino negó. – Durará lo que tenga que durar, pero no creo que sea buena idea apostar por ello.
-Estoy completamente de acuerdo con Ino. – Shikamaru expresó. El resto de nosotros le miró fijamente. No era algo normal, o incluso usual, escucharle decir cosas como esa.
-¿Tú…?
-Yep. – Asintió bebiéndose de un trago lo que quedaba en su copa. – Opino igual que Ino por primera vez.
Ino asintió agradecida.
-¿Porqué? – Naruto cuestionó extremadamente confundido.
-Ya saben lo que dicen. – Shikamaru respondió. – Una mujer es como una buena taza de café. Una vez que se toma, no deja dormir.
No quise voltear a ver a Sasuke tan de repente. Sin embargo de reojo me di cuenta de cómo de la nada, él ya estaba inmerso en una plática privada con Ino, a su lado. Sasuke tenía una inexplicable sonrisa, mientras Ino le observaba y asentía de vez en cuando. Nunca lo había notado. Quizá si las cosas hubieran sido distintas, ellos se veían tan bien juntos. Ino era hermosa y Sasuke… bueno, seguro sus hijos hubieran sido realmente preciosos.
No quise pensar más en ello. La idea no era mala, pero si incoherente.
-¿Entonces, no? – Sai lo intentó de nuevo.
-No. – Sonreí en burla para él.
-Sakura, el presente de Hanabi, ¿te gustó? – Hinata preguntó buscando cambiar repentinamente de tema.
-Si, por supuesto. – Dije con sinceridad. – Es una preciosa cajita musical. Dile por favor que se lo agradezco mucho. Supongo que ella recordó que en tu despedida de sotera mencioné que de pequeña coleccionaba cajitas musicales.
-¿Lo hacías? – Naruto preguntó bebiendo de su vaso.
-Claro. – Asentí mientras intentaba comer algunas palomitas. Después de todo, esperaba ya no volver a vomitar.
-Deberías considerarlo. – Aparentemente fui la única que notó que la plática entre Sasuke e Ino se tornaba más privada y rara. Ellos realmente susurraban cosas que a penas y alcanzaba a escuchar alguna que otra palabra. Nada que tuviera sentido a menos que escuchara todo. – Uchiha, no sabes lo que puedes perder.
-Hmp. – Le vi cruzarse de brazos.
-¿Está lloviendo? – Shikamaru me distrajo abruptamente de ese par. Él estaba de pie cuando abrió la ventana y asomó su enorme cabeza hacia la calle. – Está lloviendo. – Confirmó.
-¿Muy fuerte? – Ino preguntó antes de levantarse del sillón dejando a Sasuke mirándome fijamente.
-No, – Shikamaru respondió mientras cerraba la ventana de nuevo. – apenas está comenzando a llover.
-Qué alivio. – Hinata suspiró.
-No sé ustedes, pero yo me siento ya lo suficientemente ebrio como para no estar consciente de lo que estoy haciendo. – Shikamaru se sentó de nuevo en el sillón y rápidamente, antes de que alguno de nosotros dijera palabra alguna, él se quitó los zapatos y calcetines. – Nos vemos afuera. – Con decisión se encaminó a la puerta sólo deteniéndose un momento para enrollarse un poco los bajos de su pantalón.
-Espera… ¿qué…? – Ino estaba boquiabierta.
-Démosle a esta noche algo inolvidable. – Naruto imitó su acción y dejó sus zapatos cerca del sillón. – ¿Hinata? – De pie, le ofreció una mano a su esposa, quien decidida se levantó del sillón y se encaminó con él a la salida.
Al resto, nos tomó a penas unos cuantos segundos seguirles. Al principio, me detuve en la puerta observando como ellos comenzaban a juguetear con los charcos que apenas se iban formando a media calle, después la curiosidad me ganó. Ino se quitó sus preciosos tacones bajos y salió tomada de la mano de su esposo. Así que faltábamos Sasuke y yo.
-Aquí voy. – Susurré.
Aventé sin delicadeza las sandalias que tenía y me aventuré a bajar los pequeños escalones de la entrada de 2 en 2, olvidando que mi torpeza era legendaria.
Y fue único.
Ino estaba de pie bajo la lluvia, a penas y permitiendo que las gotas mojaran su hermoso cabello rubio y arruinaran su maquillaje. Sai corría con Shikamaru a lo largo de la calle buscando atrapar y derribar a Naruto, quien huía de ellos. Hinata se reía como pocas veces le había visto. Y yo, olvidando que llevaba puesto un vestido, me puse a dar vueltas y vueltas sin parar. Sólo sintiendo la lluvia, sólo divirtiéndome y riéndome de lo gracioso de que algo tan insignificante para algunas personas se volviera especial para mí. No sabía lo que otras personas se encontraban haciendo en esos momentos, a las… casi 2:45 am, pero yo estaba viviendo un momento único e irrepetible. Porque al volver a ver la lluvia tras mi ventana recordaría ese momento en que nos volvimos jóvenes de nuevo, pero ni aunque nos sentáramos a planearlo y nos basáramos en una lluvia… ese momento no se repetiría. O al menos, no sería tan perfecto.
Cuando detuve mis vueltas y recobré mis fuerzas por el mareo, observé detrás de mí. Faltaba alguien. Sasuke estaba parado en la puerta de mi casa. Seco. En las manos tenía su celular y se veía por completo divertido mientras nos fotografiaba o grababa. Él siempre fue así. El chico que prefiere estar en el momento indicado aunque no fuese parte de la diversión. Eran pocas las fotos donde estábamos todos juntos porque era él quien prefería tomarlas a salir en ellas.
-Aguafiestas. – Le grité imitando un megáfono con mis manos. – Ven a divertirte. – un estruendo detrás de mi me indicó que finalmente Naruto había caído sentado. La risa de Ino fue la confirmación.
-Vamos, Uchiha, no me digas que temes arruinar tu ropa finísima. – Shikamaru se burló de él.
-Sólo esperaba ser quien se salvara de la gripe, pero dado que los 6 están mojados y seguro se enfermarán, temo que dejaremos de vernos por un tiempo. – Guardó el celular en el bolsillo de su pantalón y se cruzó de brazos. – No quiero enfermarme.
-Yo me encargo. – Dije corriendo hacia él mientras él retrocedía, evitándome.
-Mojarás tu alfombra. – Dijo sacando de nuevo su celular.
-Compraré una nueva. – Le respondí.
-Si salgo, echaré a perder mi celular. – Buen intento.
-Déjala ahora en algún lado, esto es realmente divertido. – Le aseguré mientras extendí mi mano como él siempre hacía para mí, esperando que él la tomara. – Vamos.
Sasuke sonrió de lado y antes de que pudiera pestañear, él aventó su celular al sillón y me tomó en brazos para salir corriendo a la calle.
-Tus zapatos. – Chillé en cuanto le escuché aplastar varios charcos al avanzar.
-Compraré unos nuevos. – Guiñó el ojo derecho, dejándome de pie a media calle. – ¿Cuánto más puedes caer al suelo, Naruto?
-¿Qué? – Naruto se separó de Hinata para volver a emprender carrera lejos de Shikamaru, Sai y ahora Sasuke.
-¡Corre, Naruto! – Grité importándome poco si mis vecinos escuchaban el escándalo que en la calle estábamos haciendo. Me importaba muy poco. Asumiríamos las consecuencias luego, en ese momento no importaba nada.
-Esto es divertido. – Hinata sacudió su cabello. – Ino, ¿te encuentras bien?
-Mejor que nunca. – Ella sonrió de esa manera que dejaba sin aliento.
-Ino, cuando sonríes así… me haces dudar de mi sexualidad. – Dije en broma.
-Lo sé. – Alardeó en broma, también.
Cuando los chicos corretearon de nuevo, cerca de nosotras, Naruto estaba cubierto de lodo hasta en el rostro.
-Ven, cariño. – Ino llamó a Sai.
-¿Ocurre algo? – Él corrió a su encuentro tan rápido que ni parecía que acababa de recorrer casi una calle entera jugueteando con los chicos.
-Sí. – Ella asintió tomándole por los hombros. – Yo nunca he dado un beso bajo la lluvia. – Y de más estaría decir, que tuve que voltear a otro lado para darles la privacidad que el momento requirió.
Naruto abrazó por la cintura a Hinata antes de darle un beso en la frente.
-Oigan, respeten. – Shikamaru se quejó. – Mi novia no está, no se pongan cursis… son molestos.
-Ven, Shika. – Naruto gritó. – Yo te besaré. – Y fue el turno de Shikamaru de correr. Hinata y Naruto le siguieron.
Me reí tanto por verles que cuando volteé a ver si Sasuke reía también, me di cuenta que él no estaba cerca de mí. De hecho, estaba sentado en uno de los escaloncitos de la entrada. Quité los mechones de cabello húmedos que estaban pegados a mi rostro y caminé lentamente hacía él.
-¿Tú también quieres un beso bajo la lluvia? – Preguntó en cuanto me senté a su lado.
-No. – Respondí apoyando mi cabeza en su hombro. Yo me conformaba con esos pequeños momentos. Ahí, sentada a su lado. Pensando. La persona que más quiero está a mi lado. No necesito un beso. El momento es perfecto, tal como es.
-Naruto, espera… – Sai gritó emprendiendo carrera tras el resto.
-Pasaré al baño, Sakura. – Ino dijo pasando a nuestro lado. – Tanta agua me descontrola. ¿No te importa que… ya sabes… se moje dentro?
-No. – Respondí sonriéndole. – ¿Quieres que te acompañe? No quiero que resbales.
-Estaré bien. – Sonrió de una forma curiosa. – 'Ahora' – Articuló con los labios y me hizo una seña de aprobación con el dedo pulgar antes de entrar. Asentí al espacio vacío que Ino dejó. ¿Ahora?
-¿Sabes? – Carraspeé acomodando mi cabeza de nuevo en el hombro de Sasuke. – Estaba pensando que aquella noche, en la boda de tu papá, y más específicamente en alguna de las bodas a las que te he acompañado… nunca te he… nunca te he visto bailar. ¿Sabes bailar?
-Sí. – Respondió tras un suspiro. – ¿Nunca me has visto hacerlo? – Sentí su mirada sobre mí.
-No. – Respondí sintiendo mis mejillas arder, pero con la mirada fija al frente.
-Un baile no se da con cualquiera, Sakura. – Susurró. – Un baile es algo… ¿Cómo decirlo?
-¿Especial? – Tanteé.
-Algo así. – Asintió. – Algún día… te explicaré.
-¿Bailarías conmigo? – Dije levantándome de un salto. De nuevo, le ofrecí mi mano mientras mis labios comenzaban a temblar por los nervios. – Soy tu mejor amiga, después de todo.
-Claro. – Asintió tomando mi mano.
De esa forma, agarrados de la mano, caminamos hasta media calle a penas y escuchando a lo lejos los gritos de los chicos. Me detuve frente a él y sonreí sintiendo el sonrojo en mis mejillas cuando él dejó ambas manos en mi cintura y yo las mías en sus hombros.
-La verdad es que… no sé hacerlo. – Admitió. Segundos después, nuestra risa resonó fuerte a nuestro alrededor.
-Lo sabía. – Dije acariciando su mejilla con suavidad. – No importa. – Me encogí de hombros. ¿Qué más da ahora? ¡AHORA! – Quisiera decirte que…
-¿Si? – Dijo mirándome directo a los ojos.
-Creo que comienzo a sentir algo…
-¿Algo? – Ladeó la cabeza con quietud.
-Por alguien… creo. – Lo dejé salir así. Sin ser clara. Porque aún temía por su respuesta.
-¿Amor? – Cuestionó sin que su expresión cambiara en lo absoluto.
-Yo… no estoy segura. – Respondí. – Nunca he sabido que es el amor en verdad. – Dije. – -Tú y yo… cuando… cuando hemos estado con otras personas… Nunca decimos la palabra 'amor', ¿no es verdad?
-Hmm… – Lo pensó. – Creo que no.
-Por ello… no sé si decirlo, o cómo decirlo…
-Bueno… – Exhaló. – Ten cuidado con la palabra amor. Es la palabra más usada, mal empleada, falsificada, tergiversada… No se le dice a cualquiera.
-…Supongo. – Suspiré.
-Bueno, Sakura, pienso que debes hacerlo en cuanto tengas la oportunidad. – Esa calma en su voz, esa paz. ¡Por Dios! Estaba hablándole de lo que sentía. Mis sentimientos en breves palabras y él le era indiferente… él pensaba que hablaba de alguien más, y…
-Creo que… ha habido muchas oportunidades para hacerlo, pero…
-Si amas a alguien, debes decirlo. En ese momento. Antes de que el momento se vaya. – Me sonrió, de nuevo. Y mi corazón comenzó a latir con más fuerza. No sabía si él podía sentirlo, pero hice puño una de mis manos, sintiendo como mis uñas se clavaban en la palma.
El momento perfecto.
Ahora o nunca.
Quizá él no lo sabía pero sus palabras me estaban dando luz verde para hablar. Quizá el momento perfecto era ese. Ahí, juntos, bajo la lluvia, abrazados. Con mi corazón latiendo tan fuerte sólo porque estaba entre sus brazos. Ni en un millón de encuentros tendría de nuevo un momento perfecto como este.
Porque me enamoré de una persona mientras estaba en esa etapa de mi vida en la que una propuesta indecente se volvió más fuerte que la ilusión de unos falsos 'te quiero'. Me enamoré de él de la forma más ridícula que pude. Y no me arrepentía. Para nada.
Podría huir ahora o podría decirle sin rodeos: sasuke, ¿recuerdas esa teoría que dice que las amistades se rompen tras el sexo? ¿Porque hay posibilidades de que uno se enamore y todo eso? Pues bueno, temo que este experimento falló, temo que me enamoré de ti. Te quiero a ti con todo incluido: Tus defectos tú pasado tus errores tú sonrisa tus bromas tú sarcasmo tus celos tus enojos.
Todo era perfecto. Nada me detendría. Salvo el hecho de que sabía, con todo mi corazón, que aquello terminaría mal.
Y quise besarle. Quise decirle de todas las formas humanamente posibles que era él en quien pensaba cada que estaba sola. Que él era el culpable de ese envenenado hábito de pensarle cada fracción de segundo. Que siempre sería él.
-Chicos, Hinata está estornudando ahora. – Shikamaru nos llamó. – Entraremos ahora.
-En un segundo vamos. – Sasuke le respondió sin despegar sus ojos de mí.
-¿Sabes? – Carraspeé bajando la mirada al suelo y apretando mi cuerpo contra él. Mis manos bajaron de sus hombros a su espalda y le aferré contra mí. – Quizá sólo estoy equivocada. – Susurré.
Y me di cuenta de que fue ahí, en ese lugar, en ese momento. La ocasión perfecta. El momento perfecto. Debí decírselo.
Pero mi momento pasó, y se fue.
Después de entrar de nuevo al departamento, tuvimos que volver a beber alcohol para entrar en calor de nuevo. Sasuke se mostró más decidido a alcoholizarse que antes y yo, menos ansiosa a vomitar de nuevo. Así que en mi vaso sólo me servía yo. Shikamaru era muy generoso a la hora de servir alcohol y temía volver a vaciarlo en mi baño. Al día siguiente, en el Ichiraku todos tomamos café y chocolate caliente. Porque sabíamos que la gripe no tardaría en aparecer.
El lunes por la mañana tenía un malestar terrible.
-¿Nada aún? – Ino preguntó mientras se pesaba en la báscula de mi consultorio.
-¿De…? – Pregunté guardando mis cosas en mi bolso.
-Gripe. – Me encaró mientras se ponía sus sandalias de nuevo.
-¿Qué te puedo decir? – Me encogí de hombros. – Tengo buenas defensas.
-Igual yo. – Sonrió brevemente antes de que su sonrisa se volviera una mueca de frustración. – Pero Sai… no.
-¿Tiene gripe?
-Fiebre. – Su risa maliciosa no se hizo esperar. – Está en casa ahora mismo.
-Pobrecillo. – Colgué mi bolso de mi hombro mientras buscaba mis llaves en mi bata. – Dale mis saludos.
-Lo haré. – Asintió. – ¿Irás a dar una última vuelta a pediatría, o…?
-Iré a ver a Tsunade. – Respondí a secas.
-Oh. – La seriedad en su rostro se hizo presente. – Tú nunca vas a verle a menos que sea algo serio. ¿Estás bien?
-Sólo necesito consultarle algo. – Dije mostrándole una pequeña sonrisa para tranquilizarle. – Lo juro.
-¿Te espero? – Abrió la puerta del consultorio y salió detrás de mí.
-No. – Respondí. – No es necesario. – Le aseguré. – Ve a casa, prepárale sopa a tu esposo. Te llamaré por la tarde.
-Bien. – Me dio un cálido abrazo y luego le acompañé al estacionamiento. – Cuídate. – Se despidió al entrar a su auto. – No olvides llamarme.
Tsunade había sido mi maestra en la universidad. Podría decirse que gracias a ella, y a la confianza puesta en nosotras mientras fuimos sus estudiantes. Ino y yo teníamos ese trabajo. Pero ciertamente, ella tenía un cargo muy importante ahora en el hospital. Básicamente era la jefa, del jefe, del jefe, de mi jefe. Una mujer taaan ocupada, que para verle, tenía que avisarle con anticipación para que se tomara el tiempo. Por ello, sólo acudíamos a ella cuando en verdad ser requería. Por enfermedad, un consejo, alguien que me escuche profesionalmente hablando.
Con nerviosismo caminé por el hospital saludando a quien frente a mí pasara. Subí al elevador sintiendo como mi pecho martilleaba nervioso.
Cuando bajé, caminé directamente a su oficina. Alrededor de él, habían otras oficinas y otras personas, y mucha gente ocupada me vio caminar hacía allí. Pero todos eran personas con ocupaciones tan demandantes que nadie se molestaba siquiera en saludar.
Golpeé con los nudillos la puerta de su oficina esperando escuchar su voz, en vez de eso, fue ella quien abrió la puerta y me recibió con una sonrisa en el rostro.
-Cuánto tiempo sin verte. – Saludó.
-Gracias por recibirme. – Dije tras darle un rápido abrazo. Tsunade cerró la puerta tras nosotras y rodeó su escritorio repleto de papeles.
-Siéntate, por favor. – Dijo mientras servía algo de café en una hermosa taza de porcelana. – ¿Café?
-Estoy bien, gracias. – Respondí sentándome en la silla frente a la suya. – ¿Segura que está bien que esté aquí? – Pregunté. – Parece que está ocupada.
-Lo normal. – Se encogió de hombros mientras se sentaba en su silla. – Siempre tengo tiempo para ver viejas amistades. – Expresó. – Y debo admitir que me siento feliz de verte. – Sonrió mientras bebía de su taza. – Ha pasado un buen rato desde la última vez que te vi por el pasillo.
-Bastante tiempo ya. – Reconocí.
-¿Toda va bien? – Dejó su taza en algún espacio libre del escritorio.
-En realidad yo… seré directa. – Mordí mi labio inferior. – Creo que estoy enferma y no sé que pueda ser. – Suspiré. – Ya sabe que siempre me bloqueó cuando se trata de mí misma o de mi familia.
-Oh, Sakura. – Me observó más fijamente. – No tengas dudas de que yo te ayudaré. Sigo siendo doctora, después de todo.
-Gracias. – Exhalé con tranquilidad.
-¿Qué síntomas tienes? – De algún cajón sacó unos lentes y se los puso mientras tomaba una hoja en blanco y una pluma. – No omitas nada.
-Supongo que podría empezar con las… náuseas. – Dije encogiéndome de hombros. – Y… mareos.
-¿Náuseas y mareos? – Arqueó una ceja. – ¿Sueño?
-Lo normal. – Respondí restándole importancia.
-Lo normal… – Repitió. – Normalmente tú siempre tienes sueño. Solías dormirte a veces en clase.
-Sí. – Dije apenada. – Lo recuerdo.
-Dime, querida, ¿Menstruaste este mes?
-Ammm… – Lo pensé por unos segundos. – ¡Oh, claro! – Chillé. – Eso era lo principal. Tengo alrededor de 3 semanas de retraso y yo normalmente soy regular. – Bufé.
-Bien. – Asintió. Su hoja seguía en blanco y se retiró sus lentes para colgárselos en el bolsillo de su bata. – Permíteme. – Se levantó de la silla y caminó hasta un teléfono que por el polvo a su alrededor, supuse pocas veces usaba. – Haré esto yo misma. – Lo descolgó y marcó un número que parecía saberse de memoria. – ¿Bueno? Dr, por favor, permítame un equipo disponible. Iré enseguida con una paciente. Si, gracias. – Colgó. – ¿Vamos?
-¿A… a donde? – Tragué saliva asustada.
-Sígueme. – Tomó sus llaves y salió de su oficina. De inmediato me levanté de la silla y le seguí a pasos firmes. – Shizune, vuelvo enseguida. – Dijo a su asistente.
-De acuerdo. – La chica castaña le respondió antes de saludarme gentilmente con la mano.
-¿A dónde vamos? – Volví a preguntar dentro del elevador.
-Necesito revisarte bien. – Respondió. – Me preocupas y quiero ver que te encuentres en perfectas condiciones.
-Se lo agradezco mucho, Tsunade, pero…
-Llegamos. – Dijo cuando el elevador se detuvo y ella retomó el rumbo a pasos firmes. Yo, a penas y le seguía los talones. Pese a que yo ya era una doctora respetable en el hospital, al caminar tras de mi maestra, me sentía como una niña pequeña.
Reconocí la puerta de cristal del área de estudios a penas doblamos en un pasillo.
-Gracias. – Dijo a los guardias que abrieron las puertas de par en par para ella. – La doctora Haruno viene conmigo. – Anunció.
-Doctora Tsunade. – Un viejo y conocido médico nos recibió. – Doctora Haruno. El consultorio está disponible para ustedes.
-Será rápido. – Dijo Tsunade tras darle un suave apretón de manos. – Vamos, Sakura.
Con cierto temor, entré al consultorio. Nunca había estado allí y me pareció como un descubrimiento preocupante.
-¿Qué hacemos aquí? – Dije metiendo mis manos en los bolsillos de la bata.
-Ya sabes que hacer. – Tsunade se sentó en un banquito frente al monitor.
-Yo… ehh…
-Recuéstate y descúbrete el abdomen. – Me dijo con voz fuerte.
-¿Por qué?
-Quiero confirmar algo. – Con un suave movimiento de cabeza retiró de su hombro un mechón de su rubio cabello. – Apresúrate.
-Bueno. – Asentí temerosa obedeciéndole. Le conocía bien y sabía que la paciencia no era una de sus virtudes. Suspiré sintiendo como mi cuerpo temblaba cuando me quité la bata y la dejé junto con mi bolso en algún lado.
Me recosté en la camilla y al instante sentí como ella ponía un frío gel en mi abdomen.
-Aquí vamos. – Sonrió mientras movía el transductor por mi abdomen esparciendo el gel.
Cerré los ojos temerosa. Si tenía algo malo, no quería enterarme tan pronto. Aún no me sentía lo suficientemente lista como para saber que algo no estaba bien en mí. Aún no. Era demasiado joven aún.
Siempre he pensado acerca de lo fácil y sencillo que es volver un día común a uno extraordinario. Para bien o para mal. Todo se basa en una situación, cualquiera que sea, que logre cambiar de alguna forma tu vida para siempre.
-Oh, creo que ya encontré el problema. – La cálida voz de Tsunade me tensó.
-Pro… ¿Problema? – Mordí mi labio inferior con fuerza y abrí mis ojos. – ¿Tengo algo malo? – Mi corazón se agitó ligeramente.
No te precipites, Sakura. Eres médico, conoces a muchos buenos doctores. Sí es algo malo, seguro encontraremos ayuda. – Me dije a mí misma. – Mucha gente nos quiere, no estaremos solas en esto…
Mierda.
-Mmm… No, exactamente. – Escuché a Tsunade responder. – Bien, Sakura, tú eres doctora… ¿qué ves ahí? – Señaló la pantalla con su lápiz.
Mmm… todo se veía gris y negro como una televisión sin señal… pero… ¿Qué debía buscar?
-No. – Negué. – No veo nada. – Tímidamente acepté. – Sabe que ya tiene años que no veía una de estas, desde que me especialicé en pediatría… de hecho.
-¿Así que no te has dado cuenta? – Suspiró. – De acuerdo… veamos… – Carraspeó. – ¿Ves esa pequeña mancha negra en la pantalla?
Entrecerré mis ojos un poco y traté de concentrarme lo suficiente como para buscar una 'pequeña mancha negra' en la pantalla que me indicara algo fuera de lo normal.
-No lo sé. – Ladeé un poco mi cabeza. – Veo muchas manchas negras… – Me encogí de hombros.
-Hay una mancha negra allí, Sakura… – Su voz sonaba cada vez más desesperada. – ¿No la ves?
-¿Cómo es? – Pregunté.
-Es pequeña y tiene forma de… es redonda. – Le sentí caminar a mi lado y posar suavemente una mano en mi hombro. – ¿Ahora la ves? – Señaló con su dedo índice la pantalla.
-¡Diablos! Soy mala para estas cosas… – Cerré los ojos con fuerza. – Mala en el crucigrama, sudoku, "encuentra las 10 diferencias"… no sirvo para buscar y adivinar… ¡enséñeme la maldita mancha y dígame que es!
-Bien – Inhaló con fuerza y escuché sus fuertes pasos resonando por el cuarto. Era como si estuviera marchando. Le volví a mirar frente a su teclado y de alguna forma hizo que apareciera un círculo rojo en la pantalla. – ¿Lo ves ahora?
De nuevo entrecerré mis ojos y entonces fue más claro. Una pequeña mancha negra en la pantalla.
-Menos mal. – Suspiré. – Por un segundo pensé que necesitaba anteojos.
-¡Mierda, Sakura! Si necesitas anteojos con urgencia. – Se exaltó por un segundo.
-No es mi culpa, Tsunade-sensei… – Me quejé. – Tengo ceguera nocturna, ¿recuerda? Además de que la mancha es pequeña y se camuflajea con las demás manchas… como un ninja. – Ladeé mi cabeza y traté de hallarle forma, pero en mi mente ya había bautizado a mi mancha negra como el 'ninja' – ¿Qué es? – Pregunté un poco temerosa… Sentí mi cuerpo tensarse. ¿Es algo malo? ¿Debería ir considerando pagarme un seguro médico en caso de que mi muerte sea inevitable?... pero, ¿a quién beneficiaría, a Gilbert? No debía sacar conclusiones hasta escuchar a Tsunade. – ¿Es… un tumor? Es pequeño.
-Es porque "él" o "la" ninja tiene apenas una semanas… – Dudó un poco y se detuvo a pensar. – No estoy muy segura del tiempo, pero al menos confirma mis sospechas. – Finalmente, dijo sonriendo. – No es un tumor. Menos mal.
Oh, bueno… 4 o 5 semanas. 4 o 5 semanas… ¿4ó 5 semanas de qué?
-Disculpe, Tsunade… ¿4 o 5 semanas? – Mi cuerpo por inercia propia comenzó a temblar.
-Si, 4 o 5 semanas de embarazo. – Sonrió cálidamente para mí antes de encender la luz.
4 o 5 semanas… la mancha redonda… ninja… mancha negra en la pantalla… ¡Oh, mierda!
Me senté de golpe en la cama sintiendo como un ligero mareo me estremecía. Dejé que la respiración escapara por mi boca mientras aferraba mis manos a los lados de mis piernas. Mi cuerpo estaba helado, temblaba, seguramente estaba pálida y…
¡MIERDA!
Mi cuerpo reaccionó de la única forma que sabia manifestar su profunda sorpresa. En cuestión de segundos mis ojos se cruzaron, mi cabeza empezó a dar vueltas alocadas y mi cuerpo se comenzó a sentir liviano, débil, y entonces… lo último que vi fue a Tsunade tratando de llegar a mi… y luego nada. Caí inconsciente.
Estaba jodida…
Y estaba embarazada.
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¡Sorpresa!
¿Cuántos meses sin leernos? ¡NO ME ODIEN! Se los SUPLICO :(
Sé que me toma demasiado tiempo actualizar y reitero que en serio entendería y aceptaría sus reclamos, pero se me complica a veces ser rápida. Mi mente trabaja perfectamente en altas horas de la madrugada, y bueno… a veces no aguanto despierta y me duermo sin haber hecho gran cosa. Mi conciencia ha estado reclamándome por no haber subido continuación. Recibí varios: VAGA INMUNDA, SUBE CAPITULO Y DEJA DE ESTAR ECHADA SIN ESCRIBIR, con amor. Y aún así, no podía subir capitulo. Reitero y aclaro: NO VOY A DEJAR ESTA HISTORIA INCONCLUSA. Así me cueste la vida, yo la seguiré hasta el FIN.
Les dejo este capítulo como mi obsequio para ustedes de mí porque el lunes 25 cumpliré años lml. Espero sus reviews y teorías de q sucederá como obsequio.
Supongo ya sabían que esto pasaría. Varios reviews comentaron sus teorías. Y sepan que AMO LEER SUS TEORÍAS. A veces hasta me dan ideas. ¡GRACIAS! (:
En fin, ¿Qué les pareció? Cumplió sus expectativas hasta ahora? Valió la pena la espera?
Se vienen más cosas. Se vienen más enredos. Imagínense. Sí la Sakura no puede declararse, ¿Cómo decir de un bebé? /-\
Espero haya sido un buen capitulo para ustedes, después de tanto tiempo, pero sí esperaba más para agregarle más cosas, tomaría más tiempo y sé que muchos dejarían de seguirme y realmente quiero que sepan el resto de la historia que sale de mis observaciones.
Porfavor, tengan fe y paciencia ;)
Gracias por la espera, y espero sigan acompañándome a pesar de todo.
Porfis reviewwseenme diciendo que tal este capítulo, si les gustó, si no les gustó, si lo odiaron, si me odiaron, si lo amodiaron….
Así que ya saben ;)
Nos estamos leyendo. Como siempre espero sus consejos y críticas constructivas. Y sus TEORÍAS y opiniones :D
Besos :*
Una muy apenada AngelliH.
