Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto

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¿A los cuantos: "Todo pasa por algo" Me va a pasar algo bueno?

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Una tenue luz blanca me recibió en cuanto dejé atrás la oscuridad. Sin embargo ella misma fue quien provocó que cierre los ojos por lo irritable que resultó.

Mi cuerpo se sentía extrañamente liviano y ajeno y aún así dejé que mis dedos tantearan la superficie en la que estaba. No estaba muy segura de lo que a mí alrededor transcurría, pero era un hecho que había estado fuera de combate e ignoraba la razón y el tiempo en que lo estuve. Estaba acostada en algún cómodo lado. No quería abrir los ojos para confirmar pero sabía que no era mi cama. Mi cama era más mullida, suave y confortable. Además, las ventanas de mi habitación tenían grandes y gruesas cortinas que evitaban el paso de la molesta luz del sol sobre mi rostro a primera hora de la mañana, y no tenía luces tan brillantes, menos sobre mí. Pero, donde fuera que me encontraba, estaba cómoda.

Sentí algunos mechones pequeños de cabello sobre mi rostro y que mis pies estaban descalzos a juzgar por el frío que sentía. A los pocos segundos el olor a alcohol cerca de mi me hizo fruncir el ceño de nuevo, pero no fue suficiente para provocarme ganas de moverme. Fue un ruido cercano a mí lo que hizo que sin pensarlo yo abriera repentinamente los ojos maldiciéndome por ello al instante. Parpadeé un par de veces sintiendo como por instinto mis ojos se entrecerraron ante la molesta luz de nuevo sobre mí. Era por cosas como esta que la ventana de mi habitación siempre se mantenía cerrada.

Subí mi mano derecha a la altura de mis ojos para cubrirme de la luz, pero me topé con un paño mojado sobre mi frente.

-¿Qué…? – Dije apartando el paño de mi cabeza con mi mano derecha. Lo observé confundida. ¿Quién lo habría puesto y porqué? Lentamente me senté apoyándome en el brazo libre y dejé caer mis pies al suelo. – Humm. – Me quejé. Definitivamente no tenía puestos los zapatos y el piso estaba sumamente helado.

Observé a mí alrededor dándome cuenta de que estaba en una habitación blanca e iluminada. Lo reconocí de inmediato como un consultorio del área de estudios. La respuesta a por qué el olor a alcohol se respondió por sí sola.

Suspiré con pesadez mientras me obligaba a tratar de recordar algo.

Yo en definitiva recordaba haber ido a ver a Tsunade después de dejar a Ino en el estacionamiento, estuvimos un rato en su oficina y luego le seguí al área de estudios en donde ahora me encontraba… sola. Lo último que podía recordar fue aquella pesadilla en que Tsunade decía algo sobre mi salud. ¿Un tumor?

-No, no… – Me dije mientras con la mano me frotaba la sien tratando de recordar las palabras exactas que Tsunade había usado. Ella había descartado el tumor, pero… dijo otras cosas. Algo sobre manchas, círculos, figuras en la pantalla, nauseas… algo sobre… un ninja. – Ninja. – Murmuré recordando como yo misma bauticé a la mancha en la pantalla como un ninja. La mancha. Aquella mancha que ahora sabía que era… Era… Es… – Es… – Grité cubriendo al instante mi boca con mis manos heladas. – ¡Mierda! – Di un puñetazo a la camilla con la mano derecha. Al instante sentí como mi boca se secaba y mis labios se abrían lo suficiente como para que hiperventilaciones salieran de ellos.

Por inercia una mano bajó a mi vientre ya cubierto por mi ropa, y… me dejé caer de nuevo en la camilla. Yo misma me puse el paño húmedo de nuevo sobre la cabeza mientras cerraba los ojos.

-No puede ser, no puede ser, no puede ser, no puede ser… – Repetí tantas veces que no las conté. – Es imposible.

Y entonces el recuerdo de lo que pasó antes de que todo se volviera obscuridad llegó a mí como una película corta y rápida. Supongo que fue el sentimiento de horror, incredulidad y miedo lo que me provocaron lo que, ahora sabía, fue un desmayo repentino. Pero por sobre todas las cosas, esa sensación de sorpresa que me golpeó los intestinos como si de un puñetazo a puño limpio se tratara.

No podía ser cierto, no podía ser cierto. ¿En verdad? ¿Por qué? ¿Cómo? ¿En qué momento? ¿Dónde? ¿Cuándo?

-No, no, no. – Dije sintiendo como mi mundo comenzaba a venirse abajo.

Quizá y la maquina se haya equivocado o Tsunade esté tan vieja que sus ojos fallaron y su diagnostico no era el correcto. – Pensé. – Quizá lo mejor sería ir con otro médico… tenía derecho a una segunda opinión y…

No, no. Yo misma había visto la mancha en la pantalla. Yo no debía especular que había sido engañada… porque yo confiaba en Tsunade, esa mujer era una persona sumamente respetable. Cada palabra que salía de su boca era como una lección nueva para mí… sin embargo… Algo debía estar mal. Por más que la idea era posible… es decir, llevaba una vida sexualmente activa-Gracias a Dios-y, maldición, amaba tener sexo y disfrutaba haciéndolo, pero… No podía aceptarlo. Me negaba a la idea. Yo definitivamente no podía. No debía ser verdad. ¡NO AHORA!

Y si fuera cierto, si yo estuviera embarazada… ¿Cómo? No, mierda, por supuesto que sabía cómo… es decir, estaba loca por coger con Sasuke y eso, era obvio que sabía exactamente CÓMO pasó… pero, ¿Cuándo? 4 semanas… ¿Cuál fue…? 4 semanas… ¿En cuál de mis encuentros sexuales pasó? Hmmm… ya ni siquiera recordaba bien lo que había comido hace dos días, ¿cómo iba a recordar en cuál de las veces que me acosté con Sasuke me había embarazado…?

-¡Sasuke! – Dije abriendo de nuevo los ojos. De nuevo, la luz blanca me fastidió la visión. Con cuidado, me acomodé para quedar de lado y así evitar futuras cegueras por causa de esa molesta luz. – Él…

Lógicamente, si fuera el caso, era obvio quien era el padre. Es decir, llevaba más de un mes acostándome con él y sólo con él… ¿Cómo mierda dudar? Era total y absolutamente seguro que Sasuke era el padre del… ninja… en mi interior.

Oh, mierda.

¿Cómo mierda pasó? Es decir… ¡JODER!

Se supone que Sasuke siempre había usado preservativo… quizá… ¿acaso alguna vez no usó y yo ciega, torpe y ansiosa por el sexo con él no lo noté? Pero no… no podía recordar ni una sola vez en que él no haya usado. Es decir, lo hubiera notado de alguna forma. Era algo que no puedes pasar por alto, y lo conocía tan bien que estaba segura él se había protegido siempre hasta el fin. Él era alguien tan meticuloso, cuidadoso y responsable que era estúpido siquiera pensar que lo haya olvidado o simplemente dejado pasar. Y si el problema no fue cuestión de anticonceptivos… ¿Entonces…? Distraídamente, con la mirada recorrí la pared frente a mí. Un letrero con brillantes colores captó de inmediato mi atención. Un letrero con consejos sobre métodos anticonceptivos. Planificación familiar.

-Planificación. – Dije para mis adentros. – Hmm. – Hice una mueca mientras cerraba los ojos y trataba de meditar.

Y recordé mi planificación de vida.

Cuando era joven, a los 10 años quizá, alguien me preguntó: ¿Cómo crees que serían tus hijos? En ese entonces, pensaba y respondía: Serán 5 y tendrán el color de mis ojos en los suyos. En ese entonces era joven e ingenua y me encantaba la idea de tener hijos con los cuales jugar todo el día.

Conforme los años pasaron la respuesta cambió tomando tintes más maduros-O eso pensaba yo-: Quizá tenga 2, pero ambos del mismo sexo. El ser hija única siempre me pareció algo preocupante. No crecí sola. Siempre tuve la fortuna de tener amigos con quienes crecer y convivir. Sin embargo, no quería que mi hijo tuviera que ir a pedirle permiso a la vecina para jugar con su hijo. Él tendría su hermano para jugar juntos. Sí eran niñas, no tendría que preocuparme tanto. Las chicas serían felices creciendo juntas y serían buenas amigas.

Un año atrás, mientras bebíamos café, Hinata comentó con despreocupación: Espero que sí algún día tenemos hijos, sean tan amigos como nosotros. Recuerdo que me reí un rato para mis adentros mientras Ino hablaba emocionada sobre cómo sus hijos harían bullying al de Shikamaru. Pensé: ¿Hijos? Sería lindo pero con trabajo y recuerdo que tengo a Gilbert a mi cargo, además… Disfruto mucho teniendo sexo duro y odiaría que algo complicado me parase de disfrutar algo que se me daba de manera natural.

¡Aghh! Si, es verdad que había pensado muchas, muchas, muchas veces en que tener un hijo para que me acompañase en mi vejez sería lo mejor.

Como todas las personas solteras, en cierto momento de mi vida pensé que no sería mala idea tener un hijo con alguno de mis amantes si a los 35 seguía sola. Por supuesto, él no sabría de su existencia para evitarme disputas legales por la manutención, ni lo tendría que dejar ir en navidad cuando su padre quisiera llevárselo. Él o ella sería por completo mío. Yo lo mantendría, cuidaría y adoraría con cada poro de mí ser. En cierto momento, esos fueron mis planes. Mi madre me dijo una vez: Me parece excelente tu idea, Sakura. En vista de que sigues soltera y que no pareces tener planes de casarte pronto… Deberías empezar a juntar el dinero suficiente para la inseminación artificial. En cuanto ella lo dijo yo le sonreí y asentí asegurándole que lo haría en algún momento. Para mis adentros me burlaba de aquellas palabras y pensé: ¿Inseminación artificial? Yo tendré al niño y si me va a doler el parto, mínimo debo disfrutar al hacerlo. Mi hijo será concebido bajo el placer y la satisfacción de una noche de sexo duro y sudoroso.

En esos momentos, ni siquiera imaginé que terminaría acostándome con Sasuke. En ese momento, no pasaba por mi cabeza que… En verdad… Yo…

Después de todo. Después de que casi pasé por una crisis emocional por él.

Ese experimento.

¡Maldición!

Después de todas las cosas que pasaron por mi mente antes de acostarme con él, de todas las teorías, de todos los finales concluyentes que, pasaron por mi cabeza, podrían arruinar nuestra amistad… ¡¿ESTO?!

Había pensado mucho, teorías ridículas. Antes de acostarme con él, pensé: "Quizá el sexo sea malo, quizá no le atraiga, quizá mi cuerpo no le satisfaga, quizá mis pechos sean poco para él, quizá a mí no me guste como lo hace, quizá no me llene por completo en el ámbito sexual, quizá él no fuera como pensaba, quizá el sexo no fuera como esperaba, quizá no me excitara, quizá nosotros a pesar de todo no fuéramos compatibles… quizá me enamore de él, quizá él se enamore de mí (Si, cómo no), quizá él se enamore de alguien más…" Y de todo eso, lo único que pasó fue que el sexo fue FABULOSO, que ese hombre despertaba en mí los más bajos sentimientos y despertaba a los demonios que habitaban en mi interior. Que cuando veía al hombre, mi cuerpo reaccionaba por sí solo y comenzaba a hiperventilar por el simple roce de su piel, que me mojaba como ningún hombre lo había conseguido, que el verle me hacía sentir deseos de arrancarle la ropa y montarme en él como nunca se lo habían hecho, que él me hacía sentir más cosas que nadie, que no había cosa que yo deseara más que estar con él.

Oh, y también… Me había enamorado de él. Le amaba como no imaginé, como nunca pensé, como no lo planeé. Le amaba. Tonta, estúpida y locamente. Porque no debía, porque no era lo correcto. Pero lo quería a él, estar con él como marido y mujer. Que me amara, que me viese con los mismos ojos de amor con los que Naruto veía a Hina, o Sai a Ino, inclusive como Temari veía al vago de Shikamaru. Quería que él creyera que conmigo todo sería mejor, que nuestros demonios encajaban, que combinamos, que aun habiendo millones de personas fuera él para mí y yo para él. Deseaba más. Que conmigo cambiara su tonta idea del amor y matrimonio. Que yo fuera su única… Pero lo cierto es que me conformaría, en esos momentos, con que él sintiera por mí lo mismo que yo por él.

Y es que por más que lo intentara, nunca más volvería a verle como un amigo.

Jamás volveríamos a ser Sasuke y Sakura los domingos por la mañana en su auto platicando antes de llegar al Ichiraku sobre nuestra agotadora semana y sobre el sexo con algún amante del viernes o sábado por la noche. Jamás volvería a burlarme de sus estúpidas amantes que le rogaban más mientras él se vestía por la mañana. Jamás volvería a contarle de algún amante que me hizo sentir placer por un par de horas para luego desear que se marchara. Seguramente porque nunca volvería a sentir el placer que sentía con él, quizá ningún hombre pudiera conseguirlo y no era como si estuviera deseosa de buscar alguno para intentarlo.

Ser su amiga ya nunca volvería a bastar. Estas palabras las había repetido en mi mente más veces de las que podría jurar.

Pero… ahora mismo nada de eso era discutible ya.

Después de todo no padecía ningún virus ni había comido nada en mal estado. De algún modo, a pesar de todas esas veces juntos y que yo estaba segura en todas y cada una se había protegido, había quedado embarazada. ¿Cómo pude haber sido tan idiota? Todo apuntaba a ese resultado. El retraso de mi menstruación, las náuseas, los vómitos, los mareos, ese sueño excesivo, mi cansancio. Era tan obvio que hasta me parecía absurdamente estúpido el que yo misma no me haya dado cuenta antes.

Quizá en lo más profundo de mi subconsciente la idea era clara, pero yo me negaba a verlo así. Me negaba a la idea de que todo terminara de esta manera, porque pensaba que no era posible, que no me pasaría. Y, sin embargo…

Yo… Estaba embarazada.

De todo lo que pensamos podría salir mal de todo esto… La única idea que no pasó por mi mente en ese momento, lo único que no pensé que ocurriera… Pasó. Un hijo. Un hijo mío y de Sasuke.

Y sinceramente, aunque lo negara, en el pasado me tomé la molestia de fantasear un poco con un brillante futuro al lado de Sasuke. Una casa pequeña y morada, con 2 ventanas al frente, un hermoso jardín, Gilbert, y quizá, en algún momento… hijos. Pero no ahora, no cuando mi mente estaba debatiéndose y… ¿Cómo demonios podría decirle?

"Sasuke, cariño. Estoy enamorada de ti. Y estoyembarazada, por cierto."

-Ni mierda. – Suspiré mientras giré el rostro y leí de nuevo el letrero lleno de letras, porcentajes e imágenes. Debajo de todos esos consejos y demás, aparecían los porcentajes de eficacia de cada método elegible. El condón aseguraba un 97% de eficacia... y entonces todo cayó sobre su propio peso.

¡Mierda!

Te lo dije, ¿no es cierto? Sakura-"mala suerte" debería ser tu apodo.

-¿Por qué, Dios, porque? – Gemí cerrando los ojos de nuevo.

De todas las personas en el mundo… ¿Por qué yo tuve que ser del triste y estúpido 3% restante?

-Oh, Sakura. – Una voz conocida llamó mi atención cayéndome de golpe como un cubetazo de agua fría. Un escalofrío me recorrió desde los pies a la cabeza.

-Tsunade-sensei. – Suspiré incorporándome de golpe, temerosa de que ella haya escuchado el fatídico drama que acababa de hacer. Lo último que necesitaba era sentir vergüenza frente a una de las personas que más admiraba.

-Ten cuidado. – Me dijo acercándose velozmente frente a mí. – ¿Ya te sientes mejor? – Preguntó colocándose sus lentes.

-¿Qué pasó? – Pregunté llevando inconscientemente una mano a mi cabeza.

-Te desmayaste. – Se cruzó de brazos a la par que mi subconsciente se burlaba sarcásticamente de aquella respuesta. No me diga. – Realmente me preocupaste… yo, fui a pedirte una cama en el servicio de gineco…

-¿Por qué? – Sentí que perdía el color en mi rostro y el pánico se apoderó por completo de mí. – ¿Pasa algo malo conmigo? Algo con…– Por inercia, mi mano se posó con suavidad en mi abdomen.

-No, no… – Negó de inmediato tratando de tranquilizarme. – Tu desmayo… debo admitirlo, me asustó un poco. Aunque… Supongo que no te esperabas una noticia así. – Indagó.

-No. – Respondí sin rodeos. – No realmente.

-Entonces… – Tomó una silla y la acercó a la camilla en la que yo aún estaba sentada. – ¿Todo bien? – Cuestionó sentándose frente a mí.

-¿Sobre qué? – Arqueé una ceja, confundida. ¿A dónde pretendía llegar? ¿Quería saber si estaba bien con la noticia? ¿Es qué acaso con el desmayo no le quedó claro? Quizá deba fingir un nuevo desmayo para dejarle claro mi postura ante la situación.

-Ya sabes, el trabajo, tu familia, en tu casa…

-Sí. – Respondí de inmediato. Estoy bien, sólo quiero irme ya. A algún lugar donde pueda gritar y llorar. – ¿Dónde están mis zapatos?

-Junto a tu bolso. – Respondió con un movimiento de cabeza apuntando en la dirección donde estaban mis cosas. – Oye, Sakura… – Carraspeó antes de que pudiera levantarme.

Oh, la charla no había terminado.

-Por lo que sé no eres casada… – Comenzó. Estaba segura de que al terminar de escuchar sus palabras mi rostro se deformó en un gesto de confusión. La ruda manera que tenía Tsunade de empezar una charla sacaba de control hasta a una persona cuerda y consiente, estaría de más tratar de explicar como lo hizo conmigo.

-No lo soy. – Le sonreí falsamente. No tiene porque recordármelo.

-Pero… tienes novio. ¿Cierto? – Se cruzó de piernas y suspiró sin perder de vista mi rostro. El cual, según el reflejo en una pantalla de computador sobre el escritorio cercano a mí, yo estaba seria.

¿En serio? ¿Cuántas humillaciones más pretendía hacerme en menos de 5 minutos? Contémosla. 1, 2…

-Sola. – Reconocí. – Solo… tengo a Gilbert, mi perro.

-Oh. – Una mueca con sus labios me demostró que mi chiste no le hizo gracia. – ¿Y qué edad tienes?

-26. – Respondí de inmediato. – Casi 27.

-Ya veo. – Asintió. – ¿Vives sola?

3…

-Con Gilbert… mi…

-Tu perro. – Me interrumpió. – Ya entendí. – Hasta yo que me sentía tensa, podía notar como perdía la paciencia con cada palabra que yo le respondía. Algo estaba carcomiéndole en la cabeza. Tal como Ino, cuando tenía una idea que estaba creciendo y creciendo en su cabeza, tendría que decirla antes de que explote sin remedio.

Vamos, hable ya. Yo tampoco me sentía precisamente de buen humor. De pronto estar en mi cama me sonó tentador.

Quería ir a casa.

-Sakura, seré… directa. – Soltó, al fin.

-Adelante. – No esperaba menos. Se lo suplico, hable ya.

-Acaso tú… ¿sabes quién es el padre? – Entrecerró sus ojos de una forma acusadora, esperando paciente por mi respuesta.

Ah, tanto rollo para esto.

Quizá ella estuviera pensando seriamente que yo era una promiscua mujer que va por la vida acostándose con tipos que a penas y conocía y que irresponsablemente había quedado embarazada de un completo desconocido. Y la verdad es que sí y en realidad no. Durante las últimas semanas sólo fue Sasuke. Mi hijo resultó ser, de hecho, concebido bajo el placer y la satisfacción de una noche de sexo con uno de mis amantes. Con mi amante. Con ÉL.

-Antes de responderle a eso… necesito preguntar algo. – Inhalé fuertemente tratando de contener el aliento en mis pulmones, quizá así al soltar las palabras que diría no me costara tanto trabajo y esfuerzo.

-Por supuesto, lo que necesites. – Tsunade se cruzó de piernas y suspiró esperando paciente por mi pregunta.

-Usted, ¿en verdad está segura de que lo que vio… de que lo que tengo es un… embarazo?

-Lo viste por ti misma, ¿no es así? – Ella respondió con voz cansina. – No hay forma de que 4 ojos se hayan equivocado. – No, no había forma. Sin embargo, tampoco pensaba que los anticonceptivos se equivocasen.

-Solo… – Tragué saliva. – Quisiera re… reafirmar… – Balbuceé. – Saber que no hay error.

-No lo hay. – Confirmó. Se formó un nudo en mi garganta y sentí como mi estómago se contrajo de forma violenta.

-Entonces no fue un producto de mi siempre imaginativa mente, o de mis nervios traicioneros. – Ratifiqué para mí misma. – Yo realmente escuché bien. Estoy… – suspiré. – Embarazada.

-Entonces, ahora que lo has reafirmado, ¿responderás a mi pregunta?

-Pregunta… – Susurré demasiado bajo para ser escuchada. – ¿qué pregunta?

La voz de Tsunade retumbó en mis oídos pero yo ya no estaba ahí. En algún momento me quedé mirando fijamente a la nada mientras mi mente divagaba en galaxias lejanas de donde me encontraba. Estaba aterrada y podía sentir como mi pecho subía y bajaba agitado. El aliento comenzó a salir por mi boca como si me doliera respirar normal. Estaba asustada. No estaba preparada para algo así… Es decir, en lo más profundo de mi corazón esperaba que todo lo que me pasara fuera por otras causas, pero…

-¡Sakura! – Unas firmes y heladas manos me sacudían. La voz resonó en mi cabeza como un eco lejano, y luego… – ¡Por Dios, Sakura! Me asustas. – Tsunade gritó. No puede estar más asustada que yo, créame. – ¡Maldición! Enfermaré de los nervios por tu culpa. – Dijo mientras se sentaba de nuevo con una mano en su pecho.

-Lo siento. – Dije casi dejando que la vida se me fuera en esas palabras. Sentí mis ojos humedecerse y de un rápido movimiento con el dedo índice sequé una gota traicionera que alcanzó a llegar a mi mejilla derecha. – Es sólo que… Lo siento. – Repetí. – Yo si… yo si sé quién es el padre. – Confesé sintiendo como mis dedos se entrelazaban nerviosos con los de mi otra mano. – No hay duda de que sé quién es el padre de mí… ninja. – Susurré.

-Tú… ¿ninja? – Entrecerró los ojos. Me miró por unos segundos fijamente, como si creyera que estaba loca, pero aguardó por una explicación.

-Así… – Oculté mi rostro de sus aún acusadores ojos. – así fue como le puse a… este… al…

-Bebé. – Ella terminó por mí.

-Sí. – Asentí. – Al… bebé. – No pude evitar que una mueca aterrada se formará en mis labios tras decir la última palabra.

-¿Estás… segura?

4

-¿De llamarle 'ninja'? – Necesitaba de alguna forma evitar llorar por un rato más. Al menos hasta que estuviera lejos de todo. Bromear con la mala suerte de mi situación me pareció de momento no tan mala idea.

-Sabes que no me refiero a eso. – Si, su expresión lo dejaba por completo claro. Ella no estaba de acuerdo con mis ganas de bromear.

-Lo sé, Tsunade-sensei. – Respondí riendo nerviosamente. Estaba segura que ella lo había notado, pero también que no diría nada. – Sé a qué se refiere, y sé quién es el padre del bebé… – Lo sabía. Sin duda alguna, pero no sabía si fuera… prudente decir que sólo era mi amante. Nunca mi novio, ni mi esposo, sólo mi amante. Pensar en él provocó que de alguna manera mis fuerzas flaquearan de nuevo. – ¡Aahh! – Dije tratando de aparentar que acababa de recordar algo. – Olvidé que debía ir a casa de mi madre hoy. – Mordí mi labio inferior. – Debo irme ahora. – De un rápido movimiento me apoyé en mis brazos para bajar de la camilla de un pequeño salto. Al instante, esa vaga sensación de mareo me asustó. Ahora que sabia a que se debían era más consciente de su presencia entrometida.

-Preferiría que te quedaras… – Tsunade se veía lista para rogar en cualquier segundo. – te desmayaste y…

-Me pasa cuando recibo noticias… inesperadas. – Carraspeé con las manos aferradas a mi costado. – No se preocupe. Estaré pendiente y volveré si me siento mal. – Dije mientras me preguntaba si ya estaría lista para mover los pies helados. Pasaron sólo unos cuantos segundos más hasta que noté que mis piernas eran ya capaces de sostenerme; fue entonces que caminé rodeando a una Tsunade aún algo consternada. Suspiré tranquilamente mientras me colocaba los zapatos y levantaba mi bolso del suelo, donde lo había dejado junto con mi bata. – Yo… hablaré con Ino. – Le aseguré buscando que creyera en mí. – Seguro que no podré apartarla de mí una vez que sepa todo, así que…

-De acuerdo. – Asintió levantándose de la silla. – Si Ino te cuidará, te dejaré ir más tranquila. – Suspiró. – Confío plenamente en ambas.

-Claro. – Susurré mientras acomodaba mi bolso sobre mi hombro. – Nos vemos. – Me acerqué a ella sintiendo leves temblores en mi cuerpo, le di un rápido abrazo y me aparté antes de que sintiera como mi cuerpo estaba helado y tembloroso, y con decisión me encaminé a la puerta.

-Piensa bien antes de hacer algo, ¿quieres? – Dijo a mis espaldas.

Sus palabras me aturdieron de repente. ¿Antes…? Oh, quizá ella no me había creído lo del padre. Seguramente lucía triste y confundida. Y lo estaba. Es decir, no pasa que recibes todos los días esta clase de noticias. No pasa siempre que algo tan abrumador y repentino… sea el detonante que lo cambie todo. Pero… aún si no tuviera un esposo o novio… debía afrontar la situación. Y tomaría la mejor decisión, aún si no fuera la correcta.

-Lo prometo. – Respondí sintiendo como lagrimas comenzaban a acumularse en mis ojos. – Tsunade, le agradezco todo. – Dije sin tener el valor necesario para mirarle en esos momentos a la cara. – En verdad, se lo agradezco. Pero… hoy necesito estar sola. – Reconocí. – Gracias por todo.

-Siempre estaré si me necesitan. – Su voz sonó preocupada. Y quería decirle que no temiera, que yo era alguien torpe, pero… todo estaría bien. – Puedes… tomarte unos días para descansar. Esta semana no tienes muchas consultas programadas. Piénsalo y, por favor, si decides algo… llámame, ¿de acuerdo?

Si decidía algo…

Asentí agradecida ante sus palabras, pero no pude voltear a verle. Ella era alguien en quien confiaba y apreciaba, pero… no quería que nadie me viera llorar en ese momento. Quizá, solo Gilbert.

Con pasos firmes caminé hacia la salida del hospital. Las lágrimas seguían asomándose por mis ojos, pero ninguna se derramó mientras yo avanzaba. Caminé por aquellos pasillos donde sabía me podía topar con menos gente y finalmente salí del hospital.

Fuera, con todo el ruido típico de una gran ciudad, mi cabeza olvidó por fracciones de segundos que me encontraba mal. La gente pasaba a mi lado, los autos recorrían la calle, el mundo seguía girando mientras yo sentía mis piernas a punto de derrumbarse, y como si mi mundo estuviera a punto de colapsarse. Aferrada a mi bolso, comencé a caminar rumbo a ningún lugar. Rodeando a la gente que caminaba en el sentido contrario al mío, avanzando con la mirada en el suelo y con la cabeza llena de dudas, preguntas sin respuestas. A pesar del indiscutible cansancio mental y emocional que sentía, y de qué hacía algo de frío, caminé un buen rato por la calle, con los brazos aferrados a mí. Abrazándome a mí misma. Necesitaba más que nada pensar y pensar en lo que sucedería a raíz de la nueva noticia que había recibido. ¡Por Dios! Sería madre. Tenía una pequeña vida en mi interior. Y pensé. Pensé mucho mientras caminaba y pequeñas lágrimas bajaban por mis mejillas. Caminé y caminé sintiendo como dejé de temblar de miedo, para hacerlo por frío. No sabía cuánto tiempo llevaba caminando, pero estaba segura de que no estaba buscando llegar a ningún lado. Por ratos, frotaba mis manos una contra la otra buscando calentarme un poco. Sopesaba la idea de tener en mi vientre algo que no esperaba. Algo que no necesitaba en ese momento, pero que estaba ahí. Era mío. Estaba creciendo en mi interior y estaba ahí. Recordándome que… mi mala suerte era legendaria.

Y avancé por una calle mientras pensaba en Sasuke. Sasuke. Oh, Sasuke, ¿Comprendes lo lejos que nos ha llevado este experimento? ¿Yo… tendría el valor para decirte que…? Se suponía que sólo sería sexo, y ahora…

-Pfft. – Bufé. – Ni siquiera he podido decirle que le amo.

Avancé una calle más: ¿Se notaría pronto? A Ino comenzaba a notársele. Pero ella llevaba 10 semanas y un poco más.

Una calle más: ¿Y si le decía sólo a alguno de los chicos? Alguien que me aconsejara y… Imposible. Nos conocíamos tan bien que los secretos entre 2, eran de 7.

Otra calle: Bueno, si Sasuke se enteraba… ¿Qué pasaría? Podríamos… casarnos.

Otra calle: Imposible. ¿Casarnos por un bebé? No sonaba como la idea del siglo sólo casarnos por esa nueva responsabilidad. ¿Me pediría que me casara con él, por el bien del bebé, para luego arrepentirse el resto de su vida?

Casarnos sólo por algo así sin duda era lo más lógico pero no era correcto. Quizá, con el tiempo, cuando descubramos que nuestras vidas cotidianas no llevan nada en común más que un hijo, terminaríamos en un trágico divorcio que acabaría con todo. Hasta con nuestras amistades. No soportaríamos vernos y ellos lo resentirían tanto que no querrían vernos tampoco. Y seriamos un raro ejemplo de porqué NO casarte con tu amigo del cual accidentalmente te embarazaste.

De repente noté que llevaba un rato sintiéndome diferente. Mi cuerpo se empezó a sentir cansado, desganado y luego… deseé estar en casa, en mi cama.

En realidad, deseé muchas cosas en ese momento. El estar soñando fue una de ellas.

Pero la fría realidad era cruda y me decía a gritos que era verdad. Aquello que creía imposible. Así que decidí que definitivamente mi cama era donde encontraría la respuesta oportuna. Y si no, al menos estaría en mi cama. Me di la vuelta buscando algún lugar transitado para conseguir un taxi prontamente mientras mi cabeza seguía formulándose cosas que no creía que pasarían. No pasó mucho tiempo cuando 'el' taxi pasó. Sonreí agradecida cuando lo abordé, sabiendo que mis mejillas estaban algo sonrojadas, mi nariz estaba roja y mis pies algo adoloridos. Nunca había sido buena para afrontar el frío, sola.

Con resignación, pegué mi cabeza a la ventanilla y suspiré mientras la lluvia comenzaba a caer en la ciudad. Parecía que hasta el clima estaba de mi lado.

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-Qué ironía. – Pensé al entrar al departamento. Arrojé las llaves y bolso al sillón más cercano y casi corrí a la cocina para servirme un vaso de agua para mi garganta seca. – Irónico.

Qué ironía. A Ino y Sai les tomó un tiempo conseguirlo. Aún recordaba las lágrimas de Ino aquella mañana en su consultorio. Esa prueba negativa. Sus ojos hermosos perdieron brillo esa mañana. Quizá nadie más lo notó, pero tras esa primera prueba, ella lucía decepcionada. Por ratos, ella parecía perdida. Mientras almorzábamos, mientras platicábamos, mientras conducía. Ella seguro pensaba en lo mucho que deseaba recibir la noticia que a mí me aquejaba. Y luego, la noticia de su embarazo hizo que ella renaciera, que sus ojos volvieran a tener esa magia. ¿Por qué yo no podía saltar de alegría y sentirme igual de dichosa? ¿Por qué? Ellos lo deseaban, ellos lo necesitaban, y… nada.

A Sasuke simplemente le bastaron unas cuantas noches de placer indescriptible para conseguirlo, y ¡Bang! Ahí estaba el resultado.

Mientras avanzaba por el departamento, me fui despojando de mi ropa. Una pieza tras otra. Dejé caer mis zapatos en algún lugar de mi cuarto y fue en el baño que me quité, por último, mi ropa interior. Completamente desnuda y con desgana, me metí bajo la ducha de agua tibia. Contuve unos momentos la respiración y permití que el agua resbalara por mi cuerpo tembloroso. Cuanto deseé en esos momentos tener una bañera para poder llenarla y hundirme en ella para no escuchar absolutamente nada ni en mi cabeza, como en las películas hacía la protagonista tras recibir una noticia de impacto.

Fue, tras el primer sollozo que salió de mis labios entreabiertos, que me di cuenta de que estaba llorando desde un buen rato atrás, y que la ducha no me había permitido distinguir las lagrimas de las gotas de la regadera.

Me abracé a mí misma por un par de segundos mientras intentaba recordar cómo respirar.

-¿Qué voy a hacer? – Gemí sintiéndome impotente. No estaba preparada para esa clase de noticias. Yo definitivamente no esperaba ni en un millón de años luz tener un hijo en esos momentos. Todo mi mundo daría un giro inesperado. Todo debía cambiarse, comenzando por mi forma de ver las cosas.

Con desesperación froté el jabón contra mi cuerpo siendo consciente de que ni siquiera estaba por completo concentrada en lo que hacía. Tomé el bote de shampoo y eché sobre mi cabello más de lo que usualmente necesitaba. Pero mi cabeza no estaba concentrada en las dosis de productos para el baño, mi cabeza estaba dando vueltas tratando de ignorar que estaba algo mareada y que no estaba de humor. Mi cabeza aún no terminaba de procesar cómo pasaron las cosas. ¿Cómo pasé de ser una simple chica de 27 años con un amante casi perfecto, con amigos infaltables, con un buen trabajo, con un perro, con un cuerpo decente… a ser una chica de 27 años embarazada de su amante, del cual por cierto también estaba enamorada?

A veces pensaba que la vida se traía algo contra mí y que disfrutaba viendo como algunas piezas de mi vida no encajaban con las demás.

-¡Ayy! Que idiota. – Maldije al sentir como accidentalmente la espuma causada por el shampoo entró en mis ojos. Me froté los ojos con el antebrazo y traté de quitar la espuma de mi rostro con la toalla cercana a mí. Enfadada conmigo misma por mi estupidez, cerré la llave de la regadera y me envolví en la toalla.

Salí del baño y al pasar frente al mueble de mi ropa interior, me detuve frente al espejo y me observé en él por completo. Dejé caer la toalla y me contemplé como, probablemente, no volvería a verme por un buen rato. ¿Cómo iba a saberlo? Todo parecía físicamente igual que siempre. Mi cuerpo delgaducho y con pocas curvas. Y pensé en lo frágil que era, quizá en algún tiempo no volvería a verme de la misma forma. Aún tenía el estomago casi plano, aún no había rastro de que llevaba una vida en mi interior. Cierto que nunca había tenido un cuerpo digno de pasarela de Victoria's Secret, pero me sentía cómoda con las pocas curvas que poseía. Pronto, quizá, todo cambiaría. Mi abdomen crecería, mis pechos alcanzarían una copa que siempre había querido pero serían algo estorbosos y pesados, las estrías… Dios, quizá nunca volvería a recuperar mi peso. Mi cuerpo jamás se volvería a ver igual. Ni con meses de gimnasio post parto lo conseguiría. Además de, aceptémoslo, el levantarme de la cama y caminar fuera de mi departamento sólo para llegar al trabajo ya era difícil… levantarme temprano para hacer ejercicio o ir al gimnasio… JÁ, ni en un millón de años.

-Nunca nada volverá a ser lo mismo. – Le dije a la Sakura que me observaba a través del espejo.

Esa Sakura tenía los ojos rojos, la mirada triste, los labios entreabiertos, su cabello húmedo y revuelto. Esa Sakura tenía miedo y angustia en la mirada. Su cuerpo temblaba y sus manos estaban cerradas en un puño porque estaba frustrada. Porque quería gritar y destruir todo cuanto pudiera. Quería salir corriendo hasta el fin del país y no descansar hasta caer exhausta. Quería llorar y gritar al mismo tiempo. Quería tomar algo entre sus brazos y abrazarlo con fuerza. Quería mucho y no sabía si podría todo. Quería ser abrazada. Quería que alguien, a su lado, le consolara y le dijera que todo estaría bien.

Pero en esa habitación estábamos solas. La Sakura a través del espejo y yo.

Con resignación, levanté la toalla y terminé de secar mi cuerpo. Me puse la primera ropa que encontré entre la ropa limpia: una playera y unos shorts cortos. Y entonces, sin importar que mi cabello seguía húmedo, me metí en la cama y me envolví entre mi sabana. De repente esa paz que encontraba en mi espacio me tranquilizó un poco. Y es que todo fue tan repentino que fue ahí, justo en ese momento, en el lugar que era el más seguro para mí… Ahí me permití llorar como no lo había podido hacer. Con ambas manos en mi rostro, y con los labios entreabiertos. Con sollozos y gemidos exasperantes. Como no había llorado en mucho tiempo. Con desesperación, impotencia…

Con miedo.

Tenía miedo.

Me abracé a mí misma tratando de infundirme valor, de darme calma.

Un hijo. Tendría un hijo.

-Por Dios… – Sollocé. – Un hijo.

Un hijo lo cambiaba todo. Todo.

Y es que yo no sabía si en verdad estaba lista para ello. Más bien, no… no lo estaba. Ni siquiera me consideraba capas de cuidar de mi misma. Ni siquiera había podido reconocer que él o ella estaban dentro de mí. ¿Cómo le cuidaría una vez que estuviera fuera? Dios. Ni siquiera había podido cuidarme de embarazarme, o si quiera estar segura de que Sasuke lo hiciera. Y de repente dejé de preocuparme por Sasuke. Por un momento eso pasó a ser algo… sin importancia. Carente de mi atención. Y en lugar de pensar en eso, pensé en mí. Ya no de cómo me afectaría físicamente, si no… Yo no sabía cómo ser madre. Era pediatra, trataba con niños todos los días, pero… mi hijo. Mi hijo, ¿Cómo podría…? ¿Sería… buena madre? Dios, no quería verle en el hospital enfermo… yo ¿podría mantenerlo alejado de todo eso a lo que yo me dedicaba? ¿Sería lo suficientemente competente para cuidarle? Dios, mi trabajo. ¿Podría mantenerle por mi misma? Ni siquiera sabía conducir… ¡Demonios! Ni siquiera tenía un auto. ¿Cómo llevaría al niño al jardín de infantes? Siempre había pensado que cuando tuviera un hijo, ya tendría un auto para pasear con él. Por supuesto, le diríamos adiós a los taxis. Mi pequeño sería tan mimado que no conocería ni el metro. ¿Quién lo cuidaría mientras yo trabajaba? La casa de mis padres estaba a 3 horas en auto del hospital. ¿Cómo le llevaría con mi mamá para que yo pudiera sentirme tranquila? Es decir,… ¡Mis padres! Ellos debían saberlo. ¿O no? No, si alguien debía saberlo primero, ese debía ser Sasuke. Y es que en mis planes a futuro ciertamente había pensado en un hijo, pero… en un ¡futuro! Cuando yo estuviera lista mental y personalmente. Cuando yo quisiera, cuando mi vida estuviera resuelta en muchos ámbitos, cuando lo tuviera a él, quien quiera que fuera el príncipe azul. No ahora. No cuando mi vida laboral a penas arrancaba y mi vida amorosa era una mierda. No cuando apenas estaba aceptando que me había enamorado de Sasuke y que podría vivir con ello sin que me matase, porque ahora había algo más que seguro él notaría y yo no podría negar.

Gilbert se acurrucó en la cama, a mi lado. Con una mano le acaricié las orejas, mientras con la otra me secaba las lágrimas.

-No puedo, Gil. – Dije sintiendo como un nuevo torrente de lágrimas salía sin control descendiendo por mis mejillas. – No puedo.

Dejé caer mi cabeza contra la almohada y me abracé a mí misma con desesperación. Cerré los ojos y dejé que todos mis sollozos se dieran camino fuera de mí. Ya había cargado demasiado con todo. Y entonces, traté de pensar en algo que me ayudara, algo positivo de la situación. Algo que me dijera: No es tan malo.

Al menos no es un tumor.

Pero no podría tenerlo…

.

La sensación de alguien jalando mi camiseta me hizo sentarme de golpe. Una mano en mi pecho agitado me hizo darme cuenta que me había quedado dormida después de más de una hora llorando.

A lo lejos, pude escuchar mi teléfono sonar pero no tuve fuerzas ni ganas para levantarme y buscar mi celular para responder. Estaba segura de que era una llamada, como estaba segura de que fuera quien fuera, sí era importante volvería a llamar.

De nuevo, esa presión en mi camiseta se hizo presente.

-Gilbert. – Dije suspirando aliviada. – Estoy viva, no te preocupes.

Su incesante forma de mirarme me recordó que no estaba ahí para consolarme. Estaba ahí para recordarme que necesitaba comida. Un leve gruñido de mi estómago me hizo retractarme. Ambos. Ambos necesitábamos comer lo que fuese.

No podía darme el lujo ahora de decir: No quiero comer.

Ya no.

-Un bebé, Gil. – Dije cuando le servía su comida en su habitual tazón, él sólo me ignoró mientras degustaba de sus croquetas y movía su colita con alegría. – Ya no serás más mi consentido. – Me reí por breves segundos antes de que mis labios volvieran a formar una mueca de aflicción.

Me lavé mis manos y me decidí a sacar algo de sopa que había preparado la noche anterior. Calenté lo que creí suficiente y me serví en un plato que llevé a la mesa. Tomé un vaso de la alacena y abrí el refrigerador en busca de algo para beber. Como un foco iluminándose en mi cabeza, la botella de tequila apareció en mi mente. Aquella botella que compré para mí y los chicos, y la cuál no necesité abrir.

Vaya que necesitaba alcohol ahora más que nunca.

Serví un pequeño vaso con el tequila y llevé a mis labios un pequeño sorbo.

De inmediato, casi al segundo, lo escupí contra el lavabo de la cocina.

-¡Mierda! – Grité.

No debía beber. Se suponía que no podía… no.

Enjuagué mi boca sintiéndome culpable al instante. Por poco…

-Por poco… – Suspiré. – Necesito… Un cigarrillo. – Dije mientras frotaba mi sien. – Necesito… Uff…

Tampoco debía fumar.

Debía ser… cuidadosa. Y…

Entonces mis acciones de las últimas semanas me llegaron de golpe: Todas esas copas de vino. El tequila con Ino y las chicas. El alcohol. Más tequila con Shikamaru. Todo ese café. Ese humo del cigarrillo que Shikamaru a veces fumaba cerca de mí. Esas copas de vino que bebía al comer fuera. Esas cervezas cuando almorzaba en mi casa. Esas veces que me caí. Esas noches de insomnio por estrés. Esos sábados en que no desayunaba por flojera de levantarme de la cama. Todo ese maldito estrés por pensar idioteces.

5 semanas haciendo idioteces.

-Todo este tiempo… sin saberlo.

Tomé la botella de tequila y la escondí en un rincón, entre esos viejos trastos que nunca usaba y esos libros de cocina que nunca abrí. No podía sucumbir en la tentación en esos momentos, pero no quería decir que no necesitaría de ella después.

Me serví un vaso de agua fría y me senté en la mesa con más preocupación que hambre.

-Mierda. – Dije tomando grandes cucharadas de mi sopa como si alguien pudiera entrar por la puerta tratando de quitarme el plato antes de que yo pudiera terminármelo.

Sabía que estaba dando golpecitos al suelo con mis pies descalzos, que mis piernas se movían inquietas en un gesto que hacía cuando estaba nerviosa. Sabía que estaba siendo algo… ¿dramática? Pero no podía dejar de hacerlo. En verdad, estaba muy, muy, muy confundida.

Cuanto extrañaba en esos momentos aquellos días en que mi preocupación principal era haberme enamorado de Sasuke, o meditar si estaba enloqueciendo.

Me levanté de la mesa y dejé el plato vacío en el fregadero demasiado consciente de que ni siquiera me había tomado la molestia de concentrarme en si estaba bueno o no. Sólo tragué y tragué. Me encaminé a la sala y decidí prender el televisor sólo para distraerme un rato. Ya estaba demasiado angustiada como para meterle más ideas a mi cabeza sí seguía pensando en ello. Sin embargo, fue inevitable. Observar a mí alrededor y darme cuenta de que con unos pasos llegaba a cualquier habitación me asustó. Mi departamento era perfecto para una sola persona… y un perro, nada más.

-El departamento. – Dije tragando saliva.

No tenía espacio para una habitación para el bebé. El departamento en el que vivía era propio, no rentaba, pero… necesitaba algo más. No estaba segura de que un pequeño departamento con una recámara y un baño fueran… apropiados para un bebé. Y, peor aún, no sabía si podía permitirme algo mejor. Es decir, era justo para una persona adulta, cómodo, silencioso, pero… para un bebé… no. Definitivamente mientras más lo pensaba, más motivos tenía para pensar que un hijo en esos momentos no era la mejor idea del mundo. Ni siquiera había espacio donde acomodar su cuna, donde él pudiera mecerse en su andadera, para que él diera sus primeros pasos, dónde él corriera… cerca del departamento ni siquiera habían parques, o escuelas, o niños.

Definitivamente no era buena idea criar a un niño allí.

-¡Mierda! – Dije a penas y notando lo quebrada que salía mi voz.

Tragué saliva antes de dejarme caer en la cómoda almohada.

Iba a ser madre. Sasuke iba a ser padre.

Cuando el teléfono sonó de nuevo, yo ya estaba demasiado cerca de él como para ignorarle accidentalmente. Lo tomé entre mis manos frías y sosteniéndole fue que noté que seguía temblando sin querer y sin poder evitarlo. Ino era quien llamaba y temía no ser capaz de coordinar mi lengua con el cerebro. Mi voz seguía sonando quebrada, mi nariz aún estaba algo tapada y enrojecida por mi llanto anterior, mi cuerpo aún se sentía extraño y yo estaba… asustada.

Dios, sólo te pido fuerzas para que nadie sospeche hasta que decida…

Suspiré tratando de infundirme valor.

-¿Bueno? – Voz quebrada…

-Olvidaste llamarme, frente. ¿Qué pasó?

-¿De qué? – Manos temblorosas.

-Con Tsunade. – Suspiró. – ¿Todo bien?

-Ah, Ino. – Traté de sonar convincente. – Olvidé que te llamaría… Más bien, me quedé dormida. – Me sinceré pensando que podría distraerle por un momento.

-Lo supuse. A penas es lunes y siento que ya es oficialmente una semana muy larga. – Expresó.

-Cómo no tienes idea. – Dije sonriendo sarcásticamente. – Esta semana ha sido muy… rara. Así que necesitaba dormir. – Le informé.

-Ha sido muy aburrida, diría yo… En fin, ¿Qué pasó con Tsunade? – ¿A quién engañaba? A esa mujer no se le escapaba nada.

-Oh, yo sólo… fui a consultar con ella una duda sobre un paciente. – Esperaba de todo corazón que ella me creyera. – No sabía cómo dar un tratamiento y ella…

-Sí, claro… – También suelo ser buena perdedora. Podía apostar que ya tenía una mano en la cintura y negaba con la cabeza. – No te creo.

-¿Porqué? – Mordí mi labio inferior. – ¿Cuándo te he mentido?

-Eres una buena en lo que haces, frente. – Respondió. – Tsunade siempre es tu último recurso, porque prefieres sentarte horas a releer tus libros de pediatría y tratar de buscar respuestas por ti misma antes de pedirle ayuda a ella. – Su silencio fue a penas momentáneo. – Corres directamente con ella cuando se trata de algo tuyo o de tu familia, porque eres demasiado miedosa como para afrontar algo malo en ti. – Escuché como inhalaba aire, lista para seguirme gritando. – Dime algo más convincente o iré a verte en este preciso momento a tu departamento y te torturaré hasta que hables.

Oh, mierda.

El que Ino fuera mi mejor amiga, y que hasta trabajara conmigo era algo de miedo. A veces.

-Yo… – Piensa… por una única vez este día, piensa…

-¿Si?

-Voy a… – ¡Tener un bebé! Como tú… ¡NO! Voy a… voy a… Voy a tomarle la palabra a Tsunade. – voy a… – ¿Salir… de viaje? No. Con la mala suerte que me cargaba, capaz y ella se ofrecía a llevarme al aeropuerto o hasta acompañarme. – voy a tomarme una semana libre. – Susurré antes de, inmediatamente, hacer una mueca asustada, preguntándome si quizá mi excusa fuera lo suficientemente convincente para ella.

-¿Por qué? – ¿Me habría creído? – ¿Desde cuándo te tomas días sólo porque si? ¿Qué está pasando? – Crucé los dedos para que la mentira siga funcionando.

-Voy a… – Titubeé pensando. Algo que justificara que me quedara en casa todo un día y que fuera lo suficientemente bueno como para que ella no me moleste por un rato. – Voy a tomarme un descanso, Ino. – Escuché como jalaba aire por la boca, dispuesta a hablotear de nuevo. Pero no se lo dejé tan fácil. – No te preocupes, cerda. Estoy bien. Sólo que Tsunade piensa que los malestares que he tenido se deben al estrés acumulado. Me ha ofrecido unos días libres y acepté.

-¿Segura? – Dijo a penas terminé de hablar.

-Seguro. – Respondí tratando de sonar algo agotada. Nada difícil dadas las circunstancias. – Quizá regresé antes de que termine la semana, sólo necesito un par de días como mucho. – A la par que hablaba con ella, con la mano libre anoté en el reverso de la nota del súper un recordatorio: Mandarle un mensaje a Tsunade para decirle de mis días libres. – Todo está bien, no te preocupes. – Suspiré. Técnicamente si, estaba bien. Sin embargo, no pude ignorar esa pequeña opresión en mi pecho al mentirle.

-Me parece que es una excelente idea. – El alivio en su voz fue perceptible. Lo había conseguido. Le había mentido y ella me había creído. – Tú trabajas duro y mereces un pequeño descanso. ¿Necesitas ayuda?

-No lo creo. Está todo cubierto. – Sólo quiero estar sola.

-No dudes en que te llamaré. – Prometió. Y no sé porque sabía en el fondo que lo haría. – Ya sabes que me aburro sin ti. – Por supuesto que sí.

-Esperaré tu llamada. – Le aseguré para tranquilizarle. –... ¿Cómo está Sai?

-Mejor. – Respondió casi de inmediato. – Es… curioso.

-¿El qué? – Escuché su risita a través del teléfono.

-Él debería de estar cuidándome y consintiéndome y soy yo quien está cocinándole y haciéndole su gelatina y bueno, sabes que tengo debilidades en cuestiones de ama de casa… – Después de todo, la mujer perfecta tenía debilidades. – Gracias a Dios, ya se está sintiendo mejor.

-Oh, vamos, Ino. – Me burlé. – Ese hombre te cuida como si fueras su diosa, no te mataría ser linda con él unos días más.

-Lo sé. – Respondió. – En fin, hablamos después. Tengo que ir a comprar unas cuantas cosas al supermercado. ¿Necesitas algo? Podría llevarlo de camino a tu depa…

-Estoy bien, Ino. – Le corté antes de que mi respuesta no fuese una opción para ella. – Gracias.

-oh, entonces te veré después. – Dijo antes de colgar.

Lo había conseguido. No sólo le había mentido a Ino sin titubear, también conseguí que se creyera mis palabras y una buena excusa para quedarme en casa unos cuantos días para poder escapar del mundo exterior. Porque no sabía si tendría la misma suerte y el mismo valor para mentirle a la cara. Mientras me acomodaba mejor en el sillón reaccioné a mi plan. Y pensé, ¿Por qué querría quedarme sola en casa? ¿Para pensar? ¿No era suficiente con que mi cabeza doliera ya?

Comencé a arrepentirme de mis decisiones. Al menos, de esa.

Cuando desperté, al día siguiente, descubrí que se sentía demasiado bien eso de levantarme tarde entre semana. Fue algo reconfortante encontrarme envuelta en mi sábana a una hora que normalmente consideraría como 'tarde' en un día laboral.

Aparté la sabana de mi cuerpo sintiendo que había algo de frio y quizá quedarme en la cama no sería tan mala idea, pero esa parte más racional de mi me obligó a repensar. Quizá mi cama era un buen lugar para llorar, pero ya no tenía las suficientes lágrimas para seguir haciéndolo.

Ni las lagrimas, ni las ganas.

Con pesadez me levanté de la cama y me desvestí mientras sentía como con cada prenda de ropa me quitaba un gran peso de encima. Me di una rápida ducha sintiendo como mi rostro dejaba de sentirse pegajoso por las lagrimas que se habían secado en él de la noche anterior. Evité mirarme en el espejo mientras me vestía. La Sakura que estaba detrás de él, tenía un rostro que no quería ver.

Me serví un poco de cereal con leche sorprendiéndome de que curiosamente mis nauseas iban volviéndose cada vez menos frecuentes, no había vomitado esa mañana y eso se sentía perfecto. Algo bueno tenía que pasarme.

Cuando terminé de desayunar estaba decidida ya a que quizá lo único que necesitaba era tratar de ser fuerte y tratar de que no me mataran los nervios. Quizá sólo necesitaba distraerme momentáneamente. Ver otras cosas y pensar en otras cosas, sólo hasta que llegara la noche e inevitablemente, al estar en mi cama, me viera de nuevo envuelta en esa espiral de ideas que no me dejaban respirar. Pero yo siempre era mala para tomar decisiones sin importancia, por ello terminé escogiendo el peor lugar en el cual distraerme. El supermercado. Lugar rodeado de gente. Madres con sus hijos haciendo berrinches. Pañales, biberones, niños corriendo y tirando cosas, padres en el área de juguetes pensando qué pista de carreras le gustaría más a su hijo, sabiendo que el padre sería quien más uso le dé. Pero convencida de que necesitaba hacer compras para al menos distraerme un rato tomé un carrito dispuesta a llenarla con víveres y artículos sumamente necesarios. Además, nunca estaba de más ver lo que me esperaba. Quizá.

Sin embargo, 5 minutos después, me topé con una pequeña haciendo berrinche en el pasillo de la juguetería y a su madre buscando tranquilizarle prometiéndole juguetes nuevos si dejaba de llorar.

Si fuera mi hija, probablemente yo… – Negué de inmediato. Estaba pensando mucho, de nuevo.

-Vamos, Sakura, sólo… busca una bolsa de frituras y marchémonos de aquí. – Me dije a mí misma mientras contemplaba como mi carrito estaba lleno de comida basura. Esas cosas que yo amaba comer normalmente sólo por gusto, y ahora por distracción.

Ni siquiera había notado que estaba mordiéndome las uñas con exagerado enojo desde un buen rato atrás. Había destrozado una de mis largas uñas y la segunda estaba siendo mordisqueada sin probabilidades de sobrevivir. Mis nervios no estaban cooperando ese día conmigo. Definitivamente no.

De camino tomé algunas cosas sanas pensando que podría alimentarme bien, para variar. Procuré alejarme del área de vinos y licores y del área de bebés. Los precios de pañales, formulas y demás eran algo aterradores y prefería no preocuparme de momento por ello. Y de licores… no sabía que tanta resistencia a probar una copa tendría.

-¡Ouch! – Gemí sintiendo como brotó una pequeña gota de sangre de mi dedo índice. – Qué torpe. – Dije en un susurro observando cómo había mordisqueado de más mis uñas. Prácticamente había acabado con una uña casi por completo y dolía terriblemente.

Ahora, además de todo debía comprar curitas para mis uñas mordisqueadas y dedos sangrantes.

Convencida de que ese no era el lugar ideal para una distracción oportuna, me decidí a marcharme de ahí. Sin duda, mi casa era el mejor lugar para descansar. Digo, sí de todas formas terminaba pensando en lo que menos necesitaba, eso podía hacerlo en casa y en mi cama. Así que antes de pasar al área de cajas a pagar, me desvié a la sección de Farmacia. Caminé por los pasillos llenos de medicamentos y artículos de primeros auxilios, uno a uno buscando la caja de curitas sin éxito. Estaba segura que los había visto unas cuantas semanas atrás en el pasillo del final, pero aún así preferí recorrerlos todos para estar segura. Y entonces sin querer me encontré en el pasillo de preservativos.

-Vaya, vaya… ¡Miren que tenemos aquí! – Dije sabiendo que estaba por completo sola en ese pasillo. Nadie escucharía la creciente gama de insultos que tenía en mente. – Y yo que confiaba en ti, y me fallaste. – Dramaticé mientras tomaba un par de cajas con ligera brusquedad. – Malditas sean… – Sí hubiera habido alguien cerca, seguro me juzgaría de loca. – Estúpidos e inútiles. De haber sabido que me harían esto mejor ni hubiera…

Unas letras negras y resaltadas pero pequeñas llamaron mi atención. Entrecerré los ojos para leerlo mejor. Como un pequeño e injustificable martirio lo decía: 97% de eficacia.

¡Oh, vamos! No podía ser… ¡MALDICIÓN!

-¡Maldita sea! – Grité. – ¡No es justo! Algo tan importante como esto debería estar escrito en letras más grandes.

Con enojo regresé las cajas a los estantes. Me di la vuelta para seguir con mi búsqueda cuando vi una pareja joven acercarse a los estantes de los que yo buscaba alejarme. Ellos me miraban tal y como sabía que lo haría quien me viera gritando improperios en el supermercado: Como si estuviera loca.

-Soy del triste 3% restante. – Les dije sólo consiguiendo que se miraran entre sí quizá preguntándose: '¿Qué le sucede?' Yo misma me lo pregunté segundos después.

Rodé los ojos con fastidio y me di la vuelta de nuevo avanzando por el pasillo hasta encontrar lo que buscaba. Tomé una caja de curitas y la aventé casi con enojo entre el resto de mis compras. Me di la vuelta doblando por otro pasillo, evitando pasar de nuevo cerca de los preservativos y parejas felices, sabiendo que en parte la culpa del 97% me estaba comiendo viva.

-Que ridícula. – Me dije a mí misma mientras pagaba mis compras. – Echarle la culpa a los preservativos. Debo estar quedando loca.

Al día siguiente, mi humor seguía siendo terrible. Me veía al espejo y me encontraba con una chica ojerosa, con los ojos hinchados y con el cabello hecho un asco. No estaba en mi mejor momento, eso era un hecho factible. Mi rostro pegajoso por las lágrimas era como una tortura para mi cabeza, peor que la resaca. Me senté en la cama con las manos cubriendo mi rostro y con mis dedos frotando suavemente mi frente. La cabeza me estaba doliendo demasiado, sin embargo ya sabía que se debía a las lagrimas que había derramado la noche anterior antes de dormir. Me levanté de la cama decidida a hacer algo que me mantuviera distraída por un buen rato. Reacomodar el departamento cumplió con el requisito más de lo que podía haber imaginado. Rebuscando entre mis compras me di cuenta que tenía todo para hacerme un buen almuerzo y así lo hice. Concentrarme en no quemar mi cocina dio el resultado que necesitaba: escapé de la realidad tanto como pude.

Y entonces lo decidí. Buscaría cada día una manera agotadora pero eficiente para distraerme y al final caer dormida profundamente sin haber pensado en lo que estaba tratando de dejar pasar, al menos por un rato. Me olvidaría de ello. Lo suficiente hasta que me decidiera por una solución. Como si nada sucediera.

El jueves me sentí ligeramente mejor, mis hombros con una menor carga sobre ellos, pero aún estaba algo… distraída. Dado que en mi departamento ya no encontraba más por hacer quedándome como en el principio: "Libre para pensar cualquier cosa", tomé a Gil de pretexto para salir a caminar por algunas calles para ver cosas diferentes y pensar cosas distintas. Evité parques y lugares concurridos por niños, pero recordé que estábamos entre semana y probablemente ellos se encontraran en la escuela. Y entonces al llegar a un parque me di cuenta de lo absurdo de mis pensamientos. Era pediatra. No era como si pudiera evitar ver a algún niño toda la vida.

-Qué estúpida. – Me dije a mí misma mientras caminaba apresurada tratando de seguir el ritmo de Gil.

Así que al llegar a casa le mandé un mensaje a Tsunade diciéndole que estaba bien y que volvería al trabajo al día siguiente. Después de todo, seguía igual. Sin aceptarlo, y sin solucionarlo.

Aquel viernes resultó ser diferente. Me levanté demasiado temprano. Unas terribles nauseas interrumpieron mi sueño alrededor de las 4:00am. Para cuando llegué al baño me di cuenta de que todo había sido una falsa alarma y que debía volver a la cama. Sin embargo, pese a que me envolví en las sábanas y cerré los ojos con fuerza, no conseguí volver a quedar dormida en las horas restantes hasta que llegó la hora de levantarme para llegar al trabajo. Cuando la alarma sonó, yo ya estaba en la ducha tratando de relajarme un poco. Trencé mi cabello y me vestí justo a tiempo para sentarme a desayunar tranquilamente mientras el televisor estaba encendido en un canal de noticias, a las cuales ni siquiera presté atención. Llegué al trabajo tan temprano que resultó extraño hasta para mí.

-Debería llegar siempre a esta hora. – Dije al ver que la puntualidad me evitaba amontonamiento de trabajadores del hospital entrando rápido y abarrotando los elevadores, toparme con algún conocido que me preguntara por mi ausencia y sobre todo encontrarme con Ino quien de seguro me cuestionaría mientras su tiempo se lo permitiera.

Sin embargo, al caminar por el pasillo que me llevaba al consultorio, me encontré con unos largos cabellos rubios que parecían aguardar por mí.

-Tsunade-sensei, Buenos días. – Saludé conteniendo la respiración mientras buscaba entre mi bolso mis llaves. ¿Qué hacia esa mujer fuera de su oficina? ¿No la necesitaban en su baticueva, o estaba dando su rondín diario buscando criminales irresponsables, como yo?

-Buenos días, Sakura. – Me respondió. – ¿Cómo te encuentras? – Indiscretamente contempló mi cuerpo tembloroso de pies a cabeza, tomándose demasiado tiempo en mi abdomen cubierto por la blusa. ¿Qué esperaba encontrar? No se veía nada, yo misma me observaba cada mañana buscando algún indicio de que nada era verdad.

-Bastante bien. – Le respondí mientras trataba de que la llave encajara en la cerradura.

-¿Todo bien? – Se cruzó de brazos en una postura que mostraba más que nada superioridad. Como si estuviera lista para sermonearme en cualquier segundo según fuera mi respuesta.

-Por ahora sí. – Respondí.

-¿Qué hiciste esta semana? – Una de sus cejas se arqueó, escéptica. ¿A dónde trataba de llegar?

-Pensar. – Suspiré pesadamente.

-¿Y?

-Bueno… – Finalmente conseguí que la llave correcta entrara en la cerradura y la giré rápidamente. – Aún no sé qué pensar, pero seguro que pronto… – Suspiré nuevamente. – Pronto.

-Bueno, espero que hagas lo correcto. – Su voz sonó tan amenazante que ella sonrió tras decirlo. Se dio la vuelta y comenzó a avanzar por todo el largo pasillo como si fuese la villana que dijo un diálogo hiriente antes de marcharse dramáticamente. – Por cierto, – A penas dio media vuelta y puso una mano sobre su cintura. – Tengo algo para ti, del área de estudios. – Una sonrisa en su rostro me hizo pensar que tenía un as bajo su manga… bajo su bata. – Te lo mandaré después, ahora mismo no se en que parte de mi oficina lo dejé. – Me hizo un gesto con la mano de despedida y se marchó. Esta vez sin volver.

Entré al consultorio casi arrastrando los pies. ¿Tenía un regalo para mí? Quizá fuera algo como: SORPRESA, era broma lo del ninja… lo del bebé… en realidad no estás embarazada. Sólo es un pequeño tumor.

-¡Ay! – Yo misma me di un fuerte golpe con la palma de la mano en mi frente. – No seas estúpida, Sakura. – Entré a mi consultorio y cerré la puerta tras de mi recargándome en ella para poder tranquilizarme.

Lo primero que me recibió fue el escritorio lleno de papeles y pendientes.

-Genial. – Suspiré teatralmente.

La Sakura de unas semanas atrás probablemente hubiera puesto mala cara ante todo el trabajo que le aguardaba en su consultorio. Esta Sakura estaba por completo conforme. No satisfecha, pero si conforme. Para empezar porque ese amontonamiento de trabajo había sido provocado por mi irresponsabilidad de faltar a mis responsabilidades. Luego estaba esa satisfacción de tener algo en que entretenerme.

Pasé toda la mañana atendiendo consultas, con la cabeza ocupada en nada más que en dar un buen diagnóstico y tratamiento. Conforme veía a los niños desfilando uno tras otro por la puerta del consultorio, en vez de sentirlo como algo aterrador fue como un alivio. Una razón demasiado justa y buena para no pensar en nada más. Me reencontré con Ino justo en un pasillo demasiado transitado.

-¿Desocupada? – Me preguntó mientras caminaba un par de pasos detrás de mí.

-No. – Respondí mordiendo el interior de mi mejilla para evitar reír. No le mentía, y eso sentaba bien. Cuando giré la cabeza para verle sobre mi hombro, ella estaba dándole indicaciones a una persona mayor quien seguramente estaba perdida.

Después de eso, intentó acosarme un par de veces en mi consultorio. Verme ocupada con pacientes fue, probablemente, lo único que le detuvo.

Cuando la hora de irme a casa se acercaba, casi corrí al área de pediatría donde programé algunas cirugías para mi siguiente semana buscando mantenerme ocupada lo suficiente, aunque ciertamente también había ido allí buscando perderme de Ino hasta que olvidara que existía, por lo menos ese día. Revisé mis pendientes y di información a los padres de un niño que operarían el fin de semana por el médico en turno.

-Ten fe. – Le dije al pequeño niño que parecía al borde de las lágrimas. – Pronto estarás en casa jugando Xbox. – El pequeño secó sus lágrimas y me sonrió por unos breves segundos. – Te veré pronto. – Aunque mi estado de ánimo seguía siendo el mismo y que tenía por ratos más ganas de llorar que el pequeño, por alguna razón le sonreí con sinceridad y apreté fuerte su mano sana mientras él me miraba fijamente. – Y ya no vuelvas a subirte a los arboles, no querrás romperte el otro brazo.

-No lo haré, gracias. – Su sonrisa dejó al descubierto la falta de un diente, causándome gracia.

-Hasta luego. – Me despedí y salí de su habitación sintiendo como al instante mi estado de ánimo volvía a ser de absoluta e inalterable seriedad.

Caminé casi arrastrando los pies hasta un sillón cómodo en el área de descanso. Me permití cerrar los ojos unos segundos mientras estiraba mis piernas. Estaba agotada. Físicamente había tenido un buen y efectivo descanso esa semana, pero mentalmente estaba agotada.

Una suave y conocida risa llamó mi atención al otro lado del pasillo. Mis ojos se abrieron al instante en que también escuché aquella voz. Me levanté del sillón y tomé mis papeles en una sola mano mientras que con la otra tomé el pomo de la puerta, incrédula, pues había visto desde el cristal de quien se trataba.

Ino estaba en el área de juegos rodeada de uno niños de no más de 5 años. Los pequeños competían por encestar pequeñas pelotas de colores en una canasta que colocaron a una buena distancia en el suelo. No pude evitarlo, sonreí distraída por su radiante sonrisa. La de Ino no era de esas sonrisas fingidas que los adultos usualmente usan cuando están con pequeños molestos, era de esas que marcan hoyuelos en las mejillas y que hacen aparecer arrugas de expresión. Ino se veían tan cómoda como una pluma siendo llevada por la brisa del verano.

-Es su turno. – La más pequeña del grupo le ofreció a Ino una brillante pelota morada. Ella la tomó entre sus manos sonriendo agradecida y de forma casi teatral lanzó la pelota encestando en el primer intento.

-¡SIII! – Gritó Ino levantando los brazos en señal de 'victoria'. Acto seguido, chocó puños con todos los pequeños como si de una de ellos se tratara.

-Eso fue trampa. – Dije parada en el umbral de la puerta y con los brazos cruzados.

Ino se dio automáticamente la vuelta y pasó rápidamente una mano por sus cabellos con un muy notorio sonrojo en el rostro.

-La doctora. – La pequeña niña, que le había dado la pelota a Ino, anunció con cierto temor. – ¿No viene a decirle a la enfermera que me inyecte de nuevo, o si?

-No. – Le sonreí agachándome un poco para estar a su altura. – Vine a llevarme a la doctora Ino.

-Pero ella es la única que sabe jugar. – Hizo un puchero y frunció el ceño mirando hacia el suelo privándome de ver por completo sus hermosos ojos.

-Hace trampa. – Repetí.

-No lo hice. – Ino negó apresurada. – ¿Me crees, Konan? – La niña le miró por breves segundos antes de correr hacia ella.

-Le creo, doctora. – Y le abrazó por las piernas. Ino sonrió con ternura y se agachó para acariciar su cabello recogido en un moño.

-Debo irme. – Dijo levantándose. – La doctora Sakura me regañará si no les dejo descansar.

-¿Volverá? – Un niño pelirrojo le preguntó.

-Sigue practicando, Nagato. – Ino se despidió, sin promesas.

-Eso fue interesante. – Le susurré cuando ella llegó junto a mí.

-Venía buscándote, de hecho. – Dijo casi en voz baja, cerrando la puerta tras nosotras.

-Me parece que tratas de quitarme el trabajo. – Le 'reproché'. – Inclusive sabes sus nombres. – Recordé asombrada. – Yo lo sé, soy su doctora, pero tú… ¿Cómo?

-Esta semana sin ti me aburría mucho. – Sonrió. – Tenía que entretenerme y ya sabes que adoro tu área, pero sigue sin ser lo mío. – Carraspeó. – Además, ellos creen que soy muy bonita.

-Y tú te sientes alagada. – Me burlé.

-Pues… – Se encogió de hombros. – Los niños, los borrachos y Sai siempre dicen la verdad.

-¿Quiere decir eso que vas perdiéndole el miedo a los niños?

-Un poco. – Respondió sonriendo. – Sobre todo porque ellos fueron agradables conmigo.

-Por supuesto. Después de todo eres la única que sabe jugar. – Le respondí repitiendo las palabras de la pequeña Konan, sabiendo que ahora sería descortés de mi parte evitar a Ino de nuevo con alguna mentira. Descortés e innecesario. Esa mujer leía mis mentiras y me buscaba a donde huyese, como si tuviera radar oculto con el cual me encontraba.

Caminamos rumbo a la salida del área de pediatría en completo silencio. Yo fingía que revisaba los papeles que aún llevaba en la mano, mientras ella caminaba a mi lado y jugueteaba con las puntas de su cabello.

-¿Todo está bien? – Preguntó luego de unos segundos. Aparté abruptamente los ojos de los papeles y le miré, confundida.

-Eh… claro. – Me encogí de hombros. – ¿Por…?

-Pues… No había podido hablar contigo. – Le escuché suspirar. – Te ausentaste 3 días y hoy me estás evitando.

-No estaba evitándote... – Una punzada de arrepentimiento me golpeó el pecho. – Sólo estoy… ocupada.

-Bien. – Me miró entrecerrando los ojos por unos cuantos segundos. – ¿Tú descanso…?

-… – Bufé. – Quizá nunca tome uno de nuevo. – Me miró arqueando una ceja. – Tengo mucho trabajo ahora.

-Lleva las cosas a tu ritmo. – Dijo con una amable sonrisa.

-Llevar las cosas a mi ritmo… – Repetí con desgana.

-Yo… – Le vi morder su labio inferior. – Hmm… Te eché mucho de menos. – Soltó deteniéndose abruptamente en el cruce entre los consultorios y el pasillo que llevaba al área de partos. – Mucho.

-Y yo a ti. – Le aseguré. Algo en la forma en que Ino me miraba, me hizo pensar que por alguna razón, sus palabras albergaban más de lo que ella diría.

-Te veo en 15 minutos. – Dijo caminando al lado contrario de donde yo iba. – Voy a entregar el área.

-¿Ya es hora de irnos? – Murmuré mordiendo mi labio inferior. Eran cerca de las 3:00pm. – Qué rápido se me fue el día.

Rechacé sin culpa la invitación de Ino de ir a almorzar alegando que mi cansancio era monumental. Y es que estaba tan cansada que me quedé dormida en su auto de camino a casa.

Nunca me había considerado una fanática al trabajo, sin embargo no podría explicar cuanto bien me había hecho. Agotarme física y mentalmente por primera vez se sintió de maravilla. Estaba segura de que mi cuerpo me cobraría multa después, pero el sentir mi mente libre al menos durante ese tiempo en el trabajo bien valía la pena. Estaba dispuesta a aprovechar esas 8 horas laborales, sin contar que estaba considerando quedarme tiempo extra con la excusa de llenar el molesto papeleo antes de que montones 1, 2 y 3 regresen. Quizá no era el mejor plan, pero estaba segura de que funcionaría. Así, la parte distractora quedaría solucionada en mi trabajo durante las siguientes semanas, sin embargo aún tenía que pensar cómo evitar verme demacrada frente a los chicos. Mi estado de ánimo nunca había sido algo que pasará desapercibido para alguien, menos para ellos. Poéticamente se describirían mis expresiones como de 'un libro abierto' yo, sin embargo, pensaba que era 'una estúpida que no tiene control de sus emociones frente a los demás'.

.

¿Así que vuelves mañana a casa, Tema? – Ino cuestionó a la aludida mientras limpiaba airosamente la comisura de sus rojos labios con una servilleta.

-Sí, sólo he venido a una rápida visita ya que no podré volver hasta dentro de 15 días. – Temari respondió observando fijamente a Shikamaru. Quizá esperaba que él dijera algo, más Shikamaru sólo asintió.

-¿Ocurre algo? – Naruto preguntó, con notable curiosidad.

-Sólo algunas ocupaciones en casa. Nada serio. – Le restó importancia con un sutil gesto de mano.

-¿Todo bien con tu familia? – Hinata preguntó antes de soplar un poco su humeante taza de té.

-Claro. – Tema asintió entusiasmada. – De hecho me he visto comprometida a acompañar a mi hermano en unos eventos de su trabajo. – Se encogió de hombros. – Ya saben, fingir que somos la familia perfecta y esas cosas.

-¿Así que sólo viajaste para estar con Shikamaru un par de días? – Sai preguntó mientras jugueteaba con la cucharilla sobre su plato vacío. Temari asintió entusiasmada, como si creyera que era el plan del siglo. – ¿Y qué hacen aquí? Deberían estar teniendo algo de sexo.

-¡Sai! – Hinata, sonrojada, le reprendió. – Lo que hizo Temari fue lindo, por favor, no…

-Pues yo estoy segura de que vino a despedirse. – Ino interrumpió a Hinata. – Seguramente ella ya se fastidió del vago y ha decidido, al fin, dejarle.

Shikamaru rodó los ojos mientras Temari, a su lado, reía por los comentarios.

-Les aseguro que nos veremos en 2 semanas. Sin falta. – Prometió.

-Te esperaremos con gusto. – Hinata le aseguró.

-Pero, en serio, – Ino llevó la mano derecha a la altura de su corazón. – Sí al final de todo decides no volver, te comprendemos.

-¿Porqué no lo haría? – Escuché a Sasuke, a mi lado, preguntar.

-Ya sabes. – Respondió. – Nunca he entendido como es que le soporta.

-Ni yo. – Sasuke se unió a la burla de Ino.

-Pues… – Tema observó a Shikamaru con una tierna sonrisa.

-Ella es tan… bonita. – Ino continuó. – Shikamaru es…

-Shikamaru. – Sai dijo en tono de burla para total deleite de mis amigos quienes rieron afirmando la opinión de Sai. Todos, excepto yo. Y es que no pude reírme ni un poco, o esbozar una falsa sonrisa si quiera. Y no es como si hubiera perdido el sentido del humor, pero… No sentía deseos de reírme. No ese día. De hecho, pasé el sábado tratando de encontrar una buena excusa para faltar a nuestra cita dominical, sin embargo nada se me ocurrió. Llamar y decir: "Lo siento, tuve que viajar a casa de mis padres de improvisto" fue la mejor opción, y aún así no pude hacerlo. Si ni siquiera podía sostener una mentira, 2 sería patética e imposible. Seguramente cuando volviera a verles ellos preguntarían por mi viaje y me pedirían detalles que no podría contarles ni tomándome la semana entera para planearlo.

Y es que estaba nerviosa. Sumamente. Estar rodeada de las personas que mejor me conocían me hizo sentir temor.

Sabía que en algún momento el secreto dejaría de serlo y temía que ellos asumieran que yo lo llevaba bien cuando no era así. BadLuck Sakura. Pero siendo sincera, estaba más nerviosa por estar sentada al lado de Sasuke, como sí nada. Saber que ya había hecho de las suyas mi mala suerte era una cosa, pero estar al lado de la otra persona implicada y no poder decirle… era muy diferente.

-Te echamos de menos en la reunión que tuvimos hace unos días. – Hinata le comentó a Temari cuando la calma volvió.

-Shikamaru me contó casi todo. – Ella dijo con cierta emoción. – Hubiera amado estar presente.

-¿Casi todo? – Ino cuestionó alternando la mirada entre ella y Shikamaru.

-Dijo que olvidó la mayor parte, – Le señaló con un sutil gesto de cabeza. – yo creo que fue resaca.

-Pues podríamos hacer otra cuando vuelvas. – Naruto opinó. Yo suspiré por lo bajo. – Ya sabes, un buen pretexto para volver a reunirnos.

-Porque lo que hacemos cada domingo no le basta a Naruto. – Sasuke dijo con cierta ironía.

-Quizá sea porque aquí no podemos alcoholizarnos. – Sai dijo mientras apoyaba su barbilla en la palma de su mano izquierda.

-Probablemente. – Shikamaru concordó con él. – Este lugar debería tener algo de alcohol.

-No sería lo mismo. – Ino negó. – A mí me gusta como es.

-Además, venden pastel de rompope… ¿cuenta como alcohol? – Hinata sonrió con cierto toque de inocencia.

-El pastel de chocolate envinado es lo más 'fuerte' que he probado aquí. – Sai concordó con Hinata.

-Entonces quizá nosotros deberíamos buscar un lugar donde reunirnos a beber. – Shikamaru bostezó ignorando la plática de postres. – Como lo hacemos en este lugar pero en un día distinto.

-Pensé que para eso estaba la casa de Sakura. – Ino bufó en burla. – Ahí hay más privacidad y podemos… reírnos sin pena.

-Pero si tú eres la que siempre se avergüenza de nosotros. – Shikamaru contraatacó. – Ya sabes, somos demasiado ruidosos para ser tus amigos.

-Cierto. – Susurré sabiendo que era poco probable que alguien me haya escuchado. Sólo pensé que de vez en cuando debía mover la boca para que nadie notara que en realidad no estaba muy al tanto de las pláticas en la mesa. Y es que por ratos, cuando mi mente me llevaba a pensar estupideces, tenía que concentrarme en la plática para opinar de vez en cuando y que nadie notara que ese día me sentía terrible.

-Bien, ¿qué me dicen de un día del ramen? – Naruto tenía que dar su punto de vista. – Un día al mes en que comemos ramen hasta saciarnos.

-Paso. – Ino dijo de inmediato – Yo soy consciente de que en serio he comido demasiadas cosas que normalmente no haría debido al embarazo, pero… paso del ramen.

-Y yo. – Shikamaru concordó. – No es mi estilo.

Aparté la mirada de mis amigos y me fijé por unos segundos en mis manos temblorosas, por ese motivo no supe bien que orilló a Sasuke a decir: Hmp, ni hablar. Pero supongo que era obvio que Naruto le había preguntado a Sasuke su opinión acerca del día de Ramen y obviamente él se había negado.

-¿Tú qué opinas? – Escuché a Naruto preguntar a alguien más. Subí mi brazo derecho apoyando el codo en la mesa mientras llevaba mi dedo pulgar a mis labios para mordisquear mi uña. Mis ojos estaban entrecerrados mientras en mi mente pensaba acerca de cuánto tiempo me tomaría volver a tener las uñas largas y pulcras. Suspiré. Sin duda unos cuantos muchos meses.

-Creo que no te escuchó. – Alguien casi susurró. Aparentemente no lo suficiente, ya que aún que estaba distraída pude escucharle con claridad.

-Hey, Sakura… – Mi nombre, alguien dijo mi nombre. ¿Y ahora de qué estaban hablando exactamente? Me tensé al notar que me había perdido de más de un minuto de conversación. Miré a los chicos quienes me observaban curiosos. Vamos, Sakura. Finge que estuviste pensando algo y responde con un sí o no. Eso siempre funciona. Tomé aire sintiendo como llenaba precipitadamente mis pulmones y lo dejé salir todo con palabras:

-Sí, bueno… no. No sé. – las palabras salieron rápidas y atropelladas, una tras otra. Alcé la mirada para encontrar 7 pares de ojos mirándome casi asustados. ¿A qué le había respondido? Demonios...

Mordí mi labio inferior y parpadeé varias veces.

-Lo siento, yo... – Susurré pensando decirles que yo en serio no tenía ni idea de que estaban hablando. No me odien. Pero mi concentración no está aquí si no en... mi.

-Ahh… ¿No sabes… qué? – Ino cuestionó con una ceja arqueada.

-Que responder… – Tragué saliva. – No sé… ¿de qué hablábamos?

-Sakura, ¿estás aquí? – La severa voz de Naruto no me sorprendió tanto como escucharla demasiado cerca de mí. Aparentemente él se había levantado de su asiento para comprobar por sí mismo mi estado de salud y se encontraba de pie, justo al lado de mí.

-Naruto. – Dije casi asustada. Traté de disimular la sorpresa por lo incómodo que parecía. – ¿De qué hablas? Claro que estoy… aquí. – Le saludé con un gesto de mano, tratando de parecer graciosa, como si nada. – Ahora siéntate, me incomodas. – Traté de sonar suave, pero firme. Tratándose de mí con Naruto, normalmente siempre era menos sutil.

-Es que ni siquiera notaste cuando llegué a tu lado. – Dijo ignorando mi petición. – Luces distraída esta mañana. – Naruto continuó mientras me miraba con preocupación. – Más de lo normal.

-Está así desde que fui esta mañana a buscarle. – Sasuke boca floja. No tienes porque seguir metiéndome en problemas.

Si hubiera tenido ánimos de hacerlo, probablemente hubiera volteado a verle de forma hostil.

-Sakura, ¿te encuentras bien? – Temari rozaba su barbilla con la yema de sus dedos. – Estás algo… me recuerda a aquella vez cuando almorzábamos y te nos perdiste por un rato. ¿Recuerdan? – Esta vez la pregunta, estaba segura, dirigida a Hinata e Ino.

Ino y Temari intercambiaron miradas por unos segundos, como si estuvieran hablándose a través de sus mentes. Fue raro, pero consiguió provocarme un escalofrío. A los pocos segundos el rostro de Ino demostró comprensión. Había recordado mi lapsus en aquel mismo restaurante.

-¿Sigues pensando en eso, Frente? – Ino bufó con el rostro inexpresivo. Mi mente tradujo enseguida la pregunta: "¿Sigues pensando en Sasuke, hermosa y adorable Sakura?"

-No, nada de eso. – Respondí de inmediato. – Sólo estoy algo… cansada. – Traté de sonar segura de mis palabras, más que nada porque quería que Naruto regresara a su lugar.

-Ah, ella literalmente es el único ser humano que conozco que se toma casi una semana para descansar de su trabajo por recomendaciones médicas y cuando regresa se mata horas y horas ocupada en hacer todo lo que no hizo mientras descansaba, – Ino puso los ojos en blanco por unos cuantos segundos. – como si el mundo se fuera a acabar si hace las cosas con calma.

El mundo entero no, el mío interno sí.

-Sí, supongo que es por eso... – Le di la razón a Ino porque no quería tener que dar muchas explicaciones. Y sinceramente, no se me hubiera ocurrido otra cosa como excusa.

-Oh, Sakura, ¿puedo sugerirte que descanses un poco? – La cálida voz de Hinata me abrumó. – Luces cansada. – Naruto, volviendo a sentarse a su lado, asintió.

-¿Has dormido bien? – La ronca voz de Sasuke a mi lado me hizo temblar un poco.

-Más de lo que necesito en la última semana. – Respondí sin atreverme aún a mirarle. – Estoy bien, – Aseguré para todos. Inclusive para un par de meseros que voltearon a vernos, a verme. – Sólo que creo que me dará gripe. Quizá. – carraspeé fingidamente, tratando deplorablemente de fingir que estaba enfermándome. – Pero si, Naruto, estoy aquí. Sana y salva, aún. – Aún.

Mentí en parte. Porque físicamente estaba, pero mi mente divagaba lejos. Ellos tenían razón, yo estaba distraída y no era porque realmente quisiera estarlo. Era consciente hasta cierto punto en el que sabía que como cada domingo nosotros estábamos reunidos, en el mismo lugar y todo, pero con mi cabeza y estómago un poco menos revueltos. Y con mi mente pensando demasiadas cosas como para recordarlas en ese instante. Por breves instantes mi concentración estaba en ellos, en las pláticas, en los cotilleos, y luego ya no estaba ahí. Era como si mi subconsciente buscara castigarme porque estaba sentada junto al hombre que acababa de cambiar mi vida y no podía decirle nada. NADA. No sólo no pude decirle que le amaba, tampoco parecía poder querer decirle que estaba embarazada de él.

-Eso lo explica todo. – Sai concordó satisfecho. – Sé lo que se siente.

-¿No tienes temperatura? Estás algo… sonrojada. – Shikamaru me señaló directamente con el dedo índice.

-No lo creo... – Respondí sintiéndome de cierta forma conmovida por la notable preocupación de mis amigos por mi estado de salud. Porque mi cuerpo no tenía síntoma alguno de estar por contraer gripe o fiebre o algo parecido, físicamente sólo me sentía somnolienta, sólo eso.

-Tal vez debas pedir algo caliente, Sakura. – Hinata me sugirió. – ¿El jugo que estás tomando no está muy helado? Además de que el clima es algo frío últimamente.

-Temperatura. – Shikamaru repitió asintiendo hacía donde Sasuke estaba.

-Estaré bien, Hinata. No te preocupes. – Le aseguré justo antes de sentir una mano cálida en mi frente. – Sólo… – Mordí mi labio inferior sin apartar la vista de Ino, frente a mí. Ella me miraba de forma curiosa. Esa mirada que parecía siempre decir: Sé que no estás bien, ¿me lo dirás o tendré que sacártelo? – Sólo… – Tragué saliva. La mano seguía en mi frente y mi corazón latía desbocado. – Estoy bien. Quizá sólo necesito uno shots de tequila.

-No sé mucho de esto, pero su temperatura se siente normal. – La voz de Sasuke cerca de mi oído hizo que los vellitos de mi nuca se erizaran y un discreto temblor me recorriera por la espalda baja justo cuando apartó su mano de mí. Qué curioso, a pesar de todo lo que sentía en esos momentos, el anhelo que mi piel sentía cuando él me tocaba aun seguía más que presente.

-Gracias. – Dije con desgana. – Supongo que tengo buenas defensas. – Tomé el valor suficiente para mirarle directo a los ojos.

Sasuke asintió mirándome con preocupación. Hablaríamos de esto, tarde o temprano. Sabia de su necesidad de querer saber todo, y podía ver esa misma mirada que tenía cuando estuvo en mi departamento cuidándome cuando vomité. Inquietud. Sin embargo, a los pocos segundos su rostro volvió a ser inexpresivo y de nuevo volvió a ser el sujeto que lucía con calma, como si ninguna preocupación le aquejara. Lejos de inquietarme eso, me daba paz, tranquilidad.

-Le creo a Sasuke. – Sai asintió cruzándose de brazos. – Seguro que él ha visto a Sakura caliente de verdad.

Ino sonrió traviesa para su esposo, sin embargo él no pudo devolverle el gesto antes de quedar inexpresivo. No estaba muy segura, pero apostaría que su expresión cambió cuando vio a Sasuke. Quizá el le miró con ira contenida, y eso siempre calmaba a Sai. O a cualquiera.

-Qué alivió. – Hinata suspiró. – Entonces quizá sólo necesitas descansar más.

-Sí, eso es justo lo que necesito. – Con la sonrisa más falsa que mis ganas de estar ahí, les convencí. Y es que había aprendido bien que a veces la risa no era la mejor medicina, pero si el mejor disfraz.

-En conclusión, ¿El día del Ramen quedó descartado? – Naruto lo intentó de nuevo consiguiendo que finalmente la atención se desviara de mí, al menos por un rato.

-Definitivamente. – Temari se burló.

-Pero Sakura no dio su opinión, y...

-No. – Respondí lo más cortante que pude. Y eso fue lo que hizo que ellos se terminaran de convencer de que yo estaba bien.

Te lo dije, responder con un sí o no siempre funciona.

Los chicos seguían debatiendo sobre las propuestas de Naruto y yo trataba de mantenerme presente porque sabía que más que nada necesitaba mantenerme ahí y no darles motivos para que volvieran a cuestionarme por cosas que no podría responderles en esos momentos.

-Hmp. Porque es lo más estúpido que se te ha ocurrido, Naruto. – Sin quererlo, escuchar su voz me hizo sentir una opresión en el pecho. Y es que no sabría explicar lo difícil que había sido verle esa mañana y tratar de aparentar tranquilidad.

Básicamente cuando me desperté esa mañana pensé en lo terrible que sería verle, porque siendo sincera aún me levantaba por las mañanas con la esperanza de que todo fuera un sueño y que mi menstruación llegara con retraso, pero llegara. Aún esperaba con ansias algún inexplicable milagro, para después decepcionarme con la verdad. Y pensaba que no podría verle mientras siguiera pensando que él tenía cierta culpa. Y ya que no podía de ninguna forma creíble decir: "Hey, no podré llegar a nuestro desayuno dominical acostumbrado" tomé la madura decisión de bañarme, vestirme apresuradamente y salir con mi enorme frente en alto. No me sentía lo suficientemente lista para mentir, pero tampoco me sentía con muchas ganas de salir de mi departamento para ver a Sasuke. Especialmente a él. No podía verle y contener dentro de mí esa verborrea que quería gritarle, esas palabras que tenía atoradas en mi garganta y ni con todo el jugo del mundo me tragaría. Y es que yo aún quería creer que sería fuerte. Que no era mi culpa, si no suya; de algún modo, por haber metido en repetidas ocasiones su pene en mi interior hasta hacerme desearle casi a diario y por haberme embarazado aún cuando fuimos cuidadosos. Una parte de mí estaba buscando culpables sin siquiera asimilar lo que estaba pasando. Esa parte de mi apuntaba amenazadoramente directo a Sasuke y su hermoso y grueso pene. Pero cuando le vi en la puerta de mi departamento esa mañana, todo pasó. Como si su sola presencia me regresara la calma.

Ver a sasuke esperando por mi me hizo darme cuenta de lo estúpida que había sido echándole toda la culpa a él. Lo cierto era que no estaba ni en su suerte, ni en la mía. Había llegado a la conclusión de que fue el destino, la fortuna, una fuerte vuelta de la vida. Un giro inesperado que ahora crecía en mi interior y que no pesaba ni un kilogramo. Sasuke sabía que habría consecuencias, tanto como yo. Y quizá, al igual que yo, no esperó esa clase de consecuencias. No podía culparle, después de todo, me constaba que él se había protegido adecuadamente. Y si no, qué más daba. Lo hecho, hecho estaba.

Y a pesar de haber comprendido eso, no conseguía poder evitar que los nervios me desenfocaran. Como tener en mis manos una bomba que al estallar acabaría con todo, y tenía a mi lado a la persona en quien siempre confiaba pero no podía decirle por miedo porque ni yo misma sabía qué hacer con esa bomba. Tic, tac.

Un chasquido proveniente de Naruto me hizo recordar que de nuevo me había ido lejos. Tratando de no volver a ser descubierta en mis momentos de dudas existenciales me decidí a unirme a alguna conversación. Cualquiera. Si bien había descubierto que el trabajo me distraía de pensar en mi ninja y en los problemas que traería, decidí que no sería tan mala idea distraerme también en presencia de mis amigos. O al menos hacer que no notaran lo abrumada que mi cabeza estaba.

-Hinata, ¿terminaste la bufanda que estabas haciendo? – Pregunté. Por alguna razón mi llamó la atención de los 6 restantes también.

-Sí. – Ella respondió animada. – A tiempo para que Naruto la use ahora que empezará el frío. – Le sonreí a ambos sintiendo esa especie de envidia de la buena. Ellos eran tan felices.

-¿Roja? – Ino preguntó siguiendo el tema de conversación.

-Naranja. – Hinata sonrió mientras buscaba en su celular una foto para mostrarle. – Ya le había hecho una roja antes.

-La recuerdo. – Temari se unió. – Me la mostraste y me encantó.

Mi táctica inicial dio pie a que la mayoría se uniera a esa charla, tanto que no notaron cuando yo ya estaba divagando lejos de ahí. De nuevo, me encontré pensando en todo mientras ellos cambiaban de plática nuevamente, pero no me sentí tan requerida. Sin embargo, para no volver a ser descubierta en mis momentos de crisis existenciales, decidí tratar de mantenerme a flote por largos ratos y al menos estar enterada de la plática que mantenían en el momento. Tomé una cucharilla para mermelada que nadie había usado y que estaba cerca de mí y me puse a juguetear con ella mientras escuchaba la explicación de Sai sobre un trabajo que realizaba. Suspiré con pesadez mientras hacía que la cucharilla girara en mis dedos como si de un lápiz se tratara.

-¿Estás bien? – Escuché la masculina voz de Sasuke en mi oído. La cucharilla resbaló de mis dedos por el sobresalto que su voz me causó.

-Lo estoy. – Asentí mientras disimulaba mi sorpresa tomando rápidamente el vaso de jugo y bebiendo de un sorbo el restante. – ¿Por qué la pregunta? – y supe que para hacer más creíble mi respuesta tendría que mirarle de nuevo. Y así lo hice, y reafirmaba lo que pensaba en el coche mientras íbamos a desayunar: lucía endemoniadamente bien con camisas oscuras. Su piel lucía pálida pero apetecible.

-Estás algo… distraída.

-… – Resoplé – No irás a empezar tu también como Naruto a observarme fijamente alegando que estoy de humor diferente cuando sólo estoy concentrada comiendo, ¿o sí?

-Hmp, pues estás… demasiado concentrada hoy. – Entrecerró un poco los ojos.

-Me parece que exageras. – Respondí con rapidez, tratando de hablar con total naturalidad a pesar de que los nervios me provocaron repentinas náuseas. – Ya les dije que sólo estoy cansada. – Sin querer mi voz sonó casi como un regaño.

-Hmp, ¿sólo eso? – Arqueó una ceja, dudando.

-Claro. – Suspiré. – Sólo eso. – Le sonreí sabiendo que aquella sonrisa pecaba de ser falsa. Cualquiera lo notaría al instante.

-¿Y porque tengo la sensación de que estás mintiendo? Como si estuvieras ocultándome algo.

-¿Ocultándote algo? – Le miré directamente para que pensara que no mentía. – ¿Por qué lo haría? – Mi voz sonaba de cierta forma evasiva.

-Dímelo tú. – Nerviosamente comencé a tamborilear mis uñas sobre la mesa y sentí ese picor en mi garganta. Yo estaba mal. Él tenía razón. Yo estaba ocultándole algo que probablemente él debía saber. Estaba haciendo mal al ocultarle la verdad a él. No decirle que le amaba era una cosa, pero ocultarle que sería padre estaba muy mal.

Quizá debía decirle ya, en ese momento. Sasuke, estoy embarazada. ¡Vamos, Sakura, DILO!

-¿Y bien?

Sólo unas palabras… y todo cambiaría. Para siempre. O…

-Bueno, Sasuke, supongo que hay cosas que no debes saber… – Parpadeé rápidamente un par de veces. – No aún.

-¿No aún? – Me cuestionó.

No, porque aún no me siento lo suficientemente fuerte. Menos frente a los demás. Porque ellos especularían que ambos criaremos al niño y te presionaría a hacer algo que no quieres. Además… no sé si yo quiera que el ninja… No sé si pueda ser madre. Quizá si en algún momento llegamos a estar realmente a solas, yo podría… explicártelo.

-Yo sólo… necesito saber bien lo qué haré. – Mordí mi labio inferior. – Y luego… quizá te diga. Cuando ya me haya decidido. – Cuando todo se haya solucionado.

-¿Lo que harás con qué? – Frunció el ceño, confundido.

-Conmigo. – Con nosotros. Hablando del ninja y de mí.

-¿Así que me dirás cuando sepas qué harás? – Repitió para reafirmar.

-Quizá. – Bajé la mirada y la fijé en mis uñas rotas. – Hay cosas que debo decidir por mí misma.

-¿Cómo qué? – Insistió.

Ser madre o no serlo.

-No sé… cosas personales. – Ahora sí que sonaba odiosa.

-¿Cuándo me has ocultado algo 'personal'?

-Siempre hay una primera vez para todo. – Reí para mis adentros mientras acomodaba un mechón de cabello tras mi oreja.

-Hmp. – 'Dijo' Sasuke y apartó la mirada de mi. Un par de minutos más tarde bebió su taza de café como si fuese agua.

Casi respiré de alivio al darme cuenta que nadie había notado la curiosa platica que acababa de terminar con Sasuke. Al igual que minutos atrás, todos seguían inmersos en una plática en la que mi opinión no tenía cabida. Pero sentía la necesidad de decir algo, sólo para evitar que algún curioso obsesivo con mi forma de concentración me volviera a preguntar. Porque era obvio que no estaba bien, y ni siquiera tenía deseos de seguir ahí. Ino mirándome por breves segundos fue la respuesta, quizá platicar con ella hiciera que la mañana se fuera más rápida. Ella siempre tenía algo para hablar y hablar por largos minutos. Quedarme callada y sólo escucharle hablar era algo que hacia a menudo, ¿Por qué no hacerlo de nuevo? al menos para que creyeran que estaba bien. Sin embargo, al observar a todos a mí alrededor me di cuenta de que me había perdido de mucho en todo el día y quizá ya no pueda unirme a alguno a debatir. La mesa estaba llena de platos casi vacíos, Sai jugueteaba con una cucharilla mientras observaba 'disimuladamente' el vientre de Ino, Temari revisaba por ratos su celular, Naruto comía su tercer plato de ramen, Ino platicaba con Hinata y Shikamaru observaba a todos mientras seguramente pensaba en su cabeza: "qué fastidio". Por otra parte, Sasuke a mi lado, estaba al igual que yo, callado y sin aparentes ganas de intentar hablar con alguien. Me pregunté por un momento si quizá sería buena idea hablarle, quizá así dejaría de pensar que algo me pasaba. Pero me contuve sabiendo que me gustaba más así, en silencio. Me gustaba la forma que sus hombros subían y bajaban con sus lentas respiraciones cuando estaba callado, me gustaba como sus largas pestañas subían y bajaban mientras él observaba un punto fijo, me gustaba como jugueteaba con sus dedos sin querer hacerlo en realidad. Pero también me gustaba su voz profunda y madura, sus gemidos, su risa que rara la vez dejaba ver a los demás, su forma de actuar tan imponente a todo, no sé, todo me gustaba de él. Pero en esos momentos, verle callado y sin ponerme tan nerviosa me gustaba más. Y por alguna razón, me encontré pensando en ello. En él, específicamente. En la forma en que sus hombros anchos se movían al compás de su risa o lo mucho que me gustaba abrazarme a ellos cuando estábamos juntos. Nunca me había dado cuenta de lo mucho que me gustaban los hombres con hombros anchos, hasta él. O quizá no, quizá no me gustaban y quizá él fuera la excepción. Y luego, de la nada, volví a pensar cosas sin sentido mientras mis amigos debatían sobre una película que no había visto y que ello me sirvió de excusa para no comentar mientras fingía escucharles. Pero en lugar de eso, por un instante me encontré pensando en mi trabajo, en mi departamento, en lo fatídico que se volvió mi fin de semana, en lo absurdo de mi situación, en mi embarazo, en Sasuke, en mí, en las estúpidas soluciones que habían pasado por mi cabeza mientras lloraba. Luego pienso que definitivamente no había sido una buena semana, o un buen mes, ni un buen año, o siquiera una buena vida. ¡Maldita sea! Luego, mi mente da un giro inesperado y de la nada pienso en las varias veces que compartí mi cama con sujetos que no amaba o siquiera quería y como abría las piernas para ellos buscando ese placer que encontré con alguien cercano a mí. Pensé en lo estúpido que había sido llenar ese vacío emocional de mi vida con algo físico. Pensé en lo irracional que fui y en el alivio que es saber que de todos los hombres que pasaron por mi cuerpo, al menos me había embarazado de alguien a quien amaba… Otra historia se contaría si Lee fuese el que me fecundó-suspiré mientras ponía los ojos en blanco por breves segundos. Terminé de comer un panquecillo y escuché por algunos segundos una plática entre Ino y Temari acerca de su salud. Comenté algo banal dándole la razón a Ino y luego me encontré de nuevo perdida entre mis pensamientos.-Pienso en las cosas que tengo pendientes por hacer y que quizá ya no pueda hacerlas. Pienso en ese tatuaje que prometí hacerme un día y que nunca me haré, en esa única clase de piano a la que asistí a los 10 años, en que nunca aprendí a pintar, en que quiero llorar desde el viernes, en que no he dormido bien, en lo mucho que pensaba que un vaso de alcohol me vendría bien, en el cigarro que Shikamaru tenía en su bolsillo y que, sabía, prendería al salir. En que debería de dejar de querer cargar el mundo en mis hombros. Pienso en una copa de margarita, en volver a la playa para ver una puesta de sol, en esa primera vez con Sasuke en el hotel, en vino, en sexo, y luego en que estoy nauseabunda y que necesito llegar a un baño pronto. Ah, y también en que necesitaba comenzar a pensar en mejor excusas, necesitaba comenzar a tomarme las cosas con seriedad y hablar con quien tendría que hablar. Pero necesitaba decidirme primero por mi futuro, por lo que sería mejor para mí. Y es que con o sin él, yo sería la única afectada de esto.

Hmm, ¿Por qué cuando alguien nos pregunta: "¿Qué estás pensando?" nos es más fácil responder: "Nada"? Tantas cosas que pasaron por mi cabeza en 5 minutos, que no sabía si tendría el valor moral para decir: "Nada" cuando alguien me preguntara. ¿Por qué mentimos?

La respuesta llegó por sí sola casi de golpe: Quizá porque es más fácil mentir a dar explicaciones.

-¿Ordenarás algo más? – La voz de Naruto de nuevo fue quien me hizo reaccionar.

-De hecho, ¿Alguien podría pedir algo más de comer para qué no se vea tan mal que yo ordene unos hot cakes? – Ino susurró como si estuviera preguntando quien le ayudaría a enterrar un cuerpo o cometer un crimen.

-Ordena una taza de café para mí. – La voz de Sasuke sonaba más seria que antes.

-Y más jugo para mí, por favor. – Pedí.

-Se los agradezco. – Ino sonrió satisfecha antes de hacer una seña con la mano para llamar la atención del mesero que nos atendía.

Un ruido bajito llamó mi atención por breves segundos.

-Temari, tu celular está sonando. – Dije sobresaltando a Tema, quien estaba entretenida en una conversación privada con Shikamaru.

-Gracias, Sakura. – Contestó con una sonrisa agradecida. – Es papá. – Informó pidiéndole con un gesto a Shikamaru para que guardara silencio. Para mi sorpresa, le devolví el gesto a Temari con sinceridad, en especial porque me había parecido una sonrisa encantadora.

Por respeto a la llamada de Tema, los chicos parecieron guardar silencio por unos segundos, después simplemente susurraban. Contrario a ellos, el Ichiraku se volvía más ruidoso debido a la cantidad de gente que entraba buscando un refugio del frío, a juzgar por la cantidad de abrigos que veía desfilar por la entrada. Abrí los ojos al recordar que yo también había llevado un suéter negro, pero lo había olvidado… y no recordaba donde.

-Sasuke… – Llamé su atención tocándole suavemente el brazo derecho.

-¿Si? – Preguntó mirándome fijamente.

-¿Viste donde dejé mi suéter?

-…– Él me miró por unos segundos como si estuviera procesando mi pregunta. Sus cejas se curvaron y sus ojos me miraban extrañados. ¿Qué le costaba ya responderme con un sí o un no? Quizá él tampoco recordaba donde lo había dejado. – En mi auto. – Respondió mirándome por unos segundos como si yo fuera el ser humano más torpe. Y lo era. – Te dije que lo estabas dejando y tú me ignoraste. Saliste del auto y caminaste por el estacionamiento como si te afectara en lo mínimo el hecho de que esté haciendo frío. – Ah, por eso me miraba así. Él me había advertido, y yo le había ignorado. – ¿Quieres que vaya por él? – Suspiró.

-No. No siento tanto frío. – Mentí sintiendo mis manos un poco demasiado heladas. El jugo tenía cierta parte de culpa y yo por haberme puesto una blusa de tirantes y una falda corta.

-Es porque estamos aquí dentro, pero creo que fuera…

-Está bien. – Le corté. – Estoy bien. Ya pensaré en ello después, cuando nos vayamos.

Sin embargo, mi respuesta pareció enfadarle un poco. Sasuke tomó aire y pareció retenerlo en sus pulmones por unos segundos mientras sus cejas se unían en un gesto de enfado. Estaba perdiendo la paciencia, o eso parecía. Después de todo siempre había sido un hombre desesperado. Segundos después dejó salir el aire por la boca en un casi gruñido y de un rápido movimiento pegó su silla un poco más a la mía haciendo que nuestras rodillas chocaran.

-Hmp.

Fue curiosa la sensación de mi mente poniéndose en blanco mientras mis sentidos reaccionaban ante su cercanía, y luego ante su roce. Sasuke posó un brazo sobre el respaldo de mi silla de forma tan casual que nadie se alarmó o notó siquiera sus movimientos. Su rostro estaba fijo en quien estaba frente a él, pero sin ver en realidad. Parecía sólo que estuviera evitando verme. Con la mano, Sasuke tomó un mechón de mi cabello que había estado sobre mi hombro y lo jaló suavemente mientras de forma discreta rozaba con el dorso de su mano mi hombro descubierto y parte de mi cuello. Contuve la respiración por unos segundos mientras trataba de mantener la vista fija en un punto ciego. No estaba segura de que lo estuviera haciendo a propósito pero la forma en que trazaba círculos en mi piel y ocasionalmente presionaba con más firmeza de la necesaria me hacía desear más de su toque, hasta el punto en que pensé que si estuviéramos solos probablemente todo sería mejor.

-¿Segura que no tienes frio? – Fue pregunta, sin embargo el tono de su voz sonó más a sarcasmo que a curiosidad.

-Qu… ¿Qué? – Ladeé el rostro lo suficiente para poder escucharle mejor, pero aún sin mirarle.

-Tu piel está… algo helada. – Sentí sus ojos fijos en mi rostro.

-Ah… Sin embargo, yo no siento que haya mucho frío. – Respondí tratando de mantener la calma mientras él pasaba la mano libre por sus cabellos rebeldes que caían revueltos por su frente. La verdad es que su roce en mi piel provocaba que mi corazón se acelerara y la sangre recorriera más rápido mi cuerpo, por supuesto que ya no sentía tanto frío en esos momentos. Inclusive podía sentir como mi rostro ardía y mis orejas se iban poniendo calientes, estaba segura que se trataba de los nervios provocados por su toque después de tanto haberme preocupado por él.

-Tú… No has desayunado muy bien, sigues con nauseas. – Me dijo bajito. No era una pregunta, él afirmaba seguro de que le daría la razón.

-De hecho, no. – Respondí usando el mismo tono de voz bajo que él. Le miré fijamente al rostro. Parecía seguro, triunfante, como si creyera que con sólo mirarme profundamente y hablarme como lo hacía yo caería a sus pies y le contaría cada secreto que ocultaba. Y era cierto, pero no del todo. Aparté la vista de él tratando de disimular un poco mi nerviosismo. Era como si temiera que de la nada aquellas palabras que estaba tratando de ocultar salieran por mi boca distraída por su toque. Y si de algo estaba segura era de que no quería decirle aún, no hasta que decidiera como iba a actuar. – Me siento bien ahora. – Le aseguré con una media sonrisa.

-Hmp. – Fijó de nuevo su vista al frente y retomó su toque contra mi piel presionando con más seguridad. Su mano se movía por mi piel buscando mantenerme tibia o eso parecía. Y de cualquier manera, me hizo reaccionar de una forma incomoda y hasta de cierta forma inapropiada. Fue inevitable no sentir calor y deseo a la vez, pero no deseo meramente sexual si no físico en un buen sentido. Tenía esa necesidad… era como si necesitara desde hace mucho esa clase de toque de mi amante, más desde mi visita a Tsunade. Y es que más que nada deseaba que me abrazara, de esa forma que él sabía Como sólo él podía. – Entonces, ¿Nada de enfermedades esta vez? – Preguntó con un tono de voz demasiado seductor provocando que la línea de mis pensamientos cambiara abruptamente.

-¿Eh?

-¿Nada de enfermedades? – Repitió.

-Eso creo – Respondí al sentir como la mano de Sasuke paseaba por mi espalda de regreso y luego se cruzó de brazos por unos segundos mientras miraba fijamente a Hinata quien parecía haberle preguntado algo que yo simplemente no escuché.

-Aparentemente sí. – Le respondió.

-¿Van bien? – Hinata preguntó casi con entusiasmo.

-Hasta ahora todo va bien. – Reconoció mostrando apatía por el tema en cuestión.

-Es un alivio. – Ella sonrió no notando los gestos de desinterés por parte de Sasuke, o quizá los ignoró. – Salúdale de nuestra parte.

-Lo haré. – Agachó la mirada como si hubiese encontrado algún distractor, pero en el fondo sabía que fue su manera de ponerle fin a la plática corta que había tenido con Hina. De reojo observé como al cabo de unos segundos él los observó a todos y quizá cuando estuvo seguro de que nadie le hablaría de nuevo, me dedicó una fugaz sonrisa de lado. – ¿Dónde estaba…? – Musitó.

De repente fui consciente de sus lentos pero precisos movimientos. Sasuke pasó su mano hacía mi lado y dejó que sus tibios dedos rozaran el dorso de mi mano que descansaba sobre mis piernas. Me sobresalté un poco, pero nadie pareció notarlo y simplemente dejé que él trazara figuras amorfas con el dedo índice sobre mi piel. Hasta ese momento fui consciente de que mi mano estaba hecha un puño y que gracias a su caricia relajé mi mano, junto con mis sentidos. Con la mano libre tomé mi vaso y bebí un gran trago para que nadie pensara que estaba quieta y perdida de nuevo. A los segundos, la mano de Sasuke comenzó a descender con cautela, como pidiendo mi consentimiento para llegar hasta mi muslo y bajo el blanco mantel. Algo en mi forma de actuar provocó que él interpretara mis reacciones como una afirmación a sus deseos.

Di un respingo cuando sentí como se colaba hasta rozar mis piernas con el dorso de su mano. Me acariciaba de una forma suave, lenta. Como si estuviéramos solos y sin prisas.

-… – Suspiré entrecerrando un poco los ojos al sentirle tocar mi piel cada vez más ansioso. Y temblé de anhelo, deseando que él tocara más y más. Al final, había encontrado algo que me hacia olvidar mis preocupaciones. Irónicamente, Sasuke fue quien me mostró esa solución.

Las manos de Sasuke no dudaron en abrirse camino pronto bajo mi falda negra, subiéndola un poco sobre mis piernas para que no estorbaran en su toque por mis muslos. Mis manos se aferraron en puños contra la silla a la cual me sujeté buscando una forma de contener la sensación placentera que Sasuke me provocó con el roce de sus dedos en mi piel cada vez más cerca de encontrar ese lugar que tanto le extrañaba.

¿Cómo puedes permitir esto, Sakura? ¡Debes detenerle ya! Recuerda que ahora las cosas son diferentes. – Me regañaba en mi subconsciente.

Pero no era su culpa. Él no sabía nada, él pensaba que entre nosotros todo seguía igual y que seguíamos siendo amantes deseosos del sexo. Él no hacía nada malo al rozarme, al pretender excitarme para después cogerme como si todo estuviera bien, y ahora ya no. Yo estaba mal porque no le había dicho… Pero, ¿Cómo decirle a alguien que sería padre cuando ni siquiera yo estaba segura de querer ser madre?

Oh no, de nuevo pensando en eso. ¿Es que nada podría apartarlo de mi cabeza por unos segundos?

-No te pierdas. Te necesito aquí, conmigo. – Dijo Sasuke con la voz ligeramente ronca. Su voz tenía esa capacidad de regresarme a la 'realidad', al ahora y eso era justo lo que me hacía sentir mejor.

-Sasuke… – Susurré. – estamos en el Ichiraku. – Dije con cierto toque de temor y excitación. Sin embargo mi cabeza se sentía lo suficientemente lúcida como para ser consciente de que tendríamos que separarnos pronto. Estábamos en un restaurante lleno de gente, con nuestros amigos presentes y con tantas ganas de tocarnos que si no nos deteníamos la bomba acabaría por explotar y eso nos metería en serios problemas. Seguramente el Ichiraku también tenía sus límites inquebrantables y no les agradaría que los rompiéramos.

-Hmp, soy consciente de eso… molesta. – Susurró.

-Sasuke… – Susurré antes de morder con fuerza mi labio inferior por unos segundos.

Dios, no estaba segura de que fuera el momento correcto o el lugar, pero cuando uno de sus dedos de repente rozó mi ropa interior, perdí la cordura.

-Mierda… – Volví la mirada a él mientras dejaba escapar una silenciosa bocanada de aire.

Su rostro, serio, como si no estuviera pasando absolutamente nada fuera de lo común. La mano que tenía libre tamborileaba con impaciencia sobre el blanco mantel. A comparación de las mías que parecían querer arrancar un pedazo de la tela del mantel con mis uñas. Sus ojos parecían concentrados en lo que fuere que Hinata estaba contando, y su pecho subía y bajaba al compás de su rítmica respiración. Volví la mirada a su rostro justo a tiempo para verle sonreír de lado triunfante, como si hubiera conseguido su cometido. Y con ello sentí al fin como sus finos dedos se dieron paso bajo mi ropa interior.

"Lo bueno de estar en cenizas es que ya no te hace ningún daño el fuego"

-Ahh – Dejé escapar el aire de mi boca tan bajo como pude. Nadie pareció notarlo, todos parecían demasiado ocupados, concentrados en ellos mismos o como si fuéramos nosotros los que estaban apartados, lejos muy lejos de ahí.

Con delicadeza, Sasuke apartaba la tela de mi centro y jugaba con mi clítoris como si fuese algo cotidiano de hacer en un lugar como en el que estábamos. La manera en que pellizcaba y friccionaba la sensitiva parte de mi cuerpo provocó que yo entreabriera la boca un poco, buscando respirar normal. En serio no me explicaba cómo nadie parecía notar el cambio de color en mi rostro o el movimiento del brazo de Sasuke abriéndose paso entre mis piernas.

Mis pies se estiraron poniéndose casi en punta y mis piernas temblaban ante la idea de querer juntarse pero luchando por mantenerse separadas para seguir sintiéndole. No estaba segura de cual, pero uno de sus dedos se adentró un poco y por instinto tuve que bajar una de mis manos de la mesa para aferrarla a mi falda y arrugarla de la misma forma en que me aferraba a las sábanas cuando Sasuke y yo estábamos en la cama.

-Dios… – Gemí bajito. Por favor, que nadie me esté observando ahora. Por favor.

El calor subía poco a poco por mi cuerpo y mis dedos se contraían formando puños con mis manos. Sentí mis mejillas cada vez ardiendo más y más por la pena y estaba segura de que se notaría enseguida que mi piel usualmente pálida se tornara enrojecida de repente, pero poco me importó. No era como si estuviera en consideración apartar su mano o irme de ahí. Se estaba sintiendo bien y no tenía más ganas de llevarme culpas a casa. Y es que en ese momento lo único coherente que pasaba por mí cabeza era la indecisión entre si lo que me hacia falta seguía siendo un abrazo o un orgasmo.

La situación me recordó tanto a la noche en la boda de Naruto y Hinata, cuando él me propuso irnos temprano de la fiesta para subir a su habitación a tener sexo que por instinto de supervivencia tomé mi bolso lista para huir, como aquella noche, pero en realidad haciéndolo porque necesitaba aferrarme a algo real.

A final de cuentas, sí tomaba una decisión, podría decirle más tarde que de esta forma fue como concebimos un hijo. Algo así como explicarle con peras y manzanas el procedimiento.

Como le había extrañado. Sabía que ya necesitaba sentirle y mi mente se excusaba pensando que quizá eso despejara dudas, mi cerebro decía a gritos que no, que eso sólo me confundiría más. Pero ¿Qué más daba? Él sabía agitar cada terminación nerviosa de mi cuerpo. Le necesitaba en esos momentos. De todas las formas posibles, pero más de las físicas. Después de todo, él era capaz de hacer que mis monstruos se sintieran libres, mis obsesiones comprendidas, mis manías aceptadas y mis deseos sexuales cumplidos.

Mis dedos se retorcían, el oxigeno me faltaba y mi garganta picaba por dejar escapar gemidos e improperios. El dedo de Sasuke jugaba con mis nervios, entrando y saliendo solo un poco. Una caricia que no era profunda, sólo parecía concentrarse en la entrada, queriendo provocarme, hacerle rogar porque lo hiciera tan fuerte y profundo como sabía que me gustaba. La idea de mandar todo al diablo y levantarme de la mesa para llevármelo al estacionamiento a coger estaba reluciendo con fuerza en mi cabeza pero aún conservaba cierto grado de cordura. Me levantaría de la mesa y le diría que quería ir a casa y luego…

-¿Qué dicen, chicos? – Di un pequeño salto ante la voz de Sai y su mirada fija en Sasuke y en mí. – ¿Vamos por helado?

-Qu… ¿Qué? – Mi entrecortada voz debido a la sorpresa y agitación anterior no pasó desapercibida para nadie. No obstante, por la sorpresa estaba segura de que volví a mi pálido estado.

-Helado. – Sai repitió con una encantadora sonrisa en el rostro. – ¿Vienes?

-A… ¿Ahora? – Nerviosa, pasé un mechón de mi cabello detrás de mi oreja. En ese mismo instante, Sasuke se cruzó de brazos. Por el sobresalto ni siquiera fui muy consciente del momento en que él separó sus manos de mí.

-Sí. – Ino asintió mientras buscaba algo en su bolso. – Mataría por uno de fresa.

-Aquí venden helado, Ino. – Dije, tratando de sonar normal mientras discretamente volvía a acomodar mi falda y tomaba un sorbo del café de Sasuke.

-Sí, pero sabes que mi favorito es el que está cerca del aeropuerto. – Ino respondió con cara de fastidio.

-Paso. – Sasuke se limitó a responder negativamente. – Sakura tiene sueño y la llevaré a casa, y yo necesito ir a la mía a trabajar.

¿En serio o se trata de una de esas formas bobas que tienes de advertirme que nos iremos a coger? Esperaba que sí.

-Además, ¿No hace mucho frío para helados? – Shikamaru hizo un mohín.

-Mi cuerpo tendrá frío, pero mi estómago jamás. – Ino le respondió antes de mirarme fijamente, como sí evaluara mis reacciones.

-¿Antojos, Ino? – Tema le preguntó mientras observó a Shikamaru bostezar.

-Sí. – Asintió apenada. – Además, el de fresa es mi sabor favorito.

-No sabía.

-Estragos del embarazo, creo. – Se encogió de hombros. – ¿Vendrás, Sakura?

-No. – Respondí a secas antes de que un movimiento proveniente del lado de Sasuke llamara mi atención. Él llevó los dedos índice y medio, con los que me había torturado segundos antes, a sus labios y los adentró en su boca uno por uno como si tratara de saborear algo que había quedado en ellos.

-Mi sabor favorito. – Susurró sabiendo que sólo yo le había escuchado.

Mis labios se entreabrieron y mis piernas se juntaron por inercia propia.

-Qué descarado. – Mascullé para mí misma al verle relamiendo rápidamente sus labios con su lengua. – Dios… – Yo, que sabía lo hábil que su lengua también solía ser no pude hacer nada más que apretar la mano en un puño. El tipo estaba enloqueciéndome. – Voy al baño. – Le dije a Sasuke al oído mientras trataba de pasar desapercibida. Estaba segura de que necesitaba acomodar mi ropa, y mojar un poco mi rostro acalorado.

Sasuke asintió apartando su silla para dejarme salir de la mía.

-¿Segura que puedes? – Sonrió burlonamente. – ¿No necesitas ayuda?

-Dame un respiro, mis piernas aún están temblando. – Le dije mientras tomaba aire y me levantaba de un rápido movimiento.

-Sakura, ¿te encuentras bien? – Naruto se levantó de la mesa mientras sentía la mirada del resto sobre mí. No conforme, la voz de Naruto había salido tan fuerte que las personas de un par de mesas cercanas a nosotros también me miraron con curiosidad.

-Lo estoy, Naruto. – Me reí por lo irónico de la situación mientras observaba a Sasuke sonreírme con descaro. Lo dicho, él era el culpable de todas mis desagracias.

-Pero la otra vez… – Comenzó con un tono de voz un poco más bajo que el anterior pero que seguía mostrando preocupación y angustia.

-Tranquilo. – Dije sonriéndole. – Sólo tomé demasiado jugo. – Susurré sin perder la sonrisa, porque quería que me creyera. – Ya vuelvo. – Anuncié dándome la vuelta, esperando llegar sin interrupciones.

-No entres al de hombres esta vez. – Escuché la voz de Ino a mis espaldas y llevé mi mano derecha a mi espalda sacando el dedo medio. No sabía si ella lo había visto o si alguien más lo vio, pero me sentí mejor al hacerlo.

Y caminé a pasos firmes hacía donde estaban los baños, con pasos apresurados pero no lo suficiente como para que los chicos se preocuparan. Lo menos que necesitaba es que ahora me siguieran preocupados hasta en el baño. Me cercioré dos veces al llegar de entrar al correcto. Entré en el cubículo que encontré vacío y me relajé por el placer de la soledad y el silencio y cerré los ojos mientras dejaba que mi mente se vaciara y mi consciencia me reprendiera. ¿Qué mierda estuve a punto de hacer, abrirme de piernas en un lugar público para él? como si no hubieran demasiadas consecuencias ya.

-Estúpida, estúpida…

Casi, pero no.

Llevé una mano a mi cabeza, enredando mis dedos en las hebras rosas y pegué mí frente a la puerta cerrada.

Mierda. Por un momento deseé que pasara, sin medir las consecuencias de mis actos. Por un momento, quise que él me hiciera olvidar por completo y entregarme a él porque sabía que era mi respuesta a todo. Y es que él al ignorar por completo lo que yo estaba atravesando pensaba que las cosas entre nosotros estaban normales y que yo caería ante él sexo con él como siempre hacía. Y era algo curioso. Le deseaba, pero sabía que aún tenía algo pendiente por resolver.

Salí del cubículo y me detuve frente al espejo para cerciorarme de haberme acomodado bien mi falda. Lavé mis manos con movimientos casi monótonos mientras me decía a mí misma en mi mente palabras de agradecimiento porque conseguí visitar el baño sin vaciar el estómago. Enjuagué un poco mi rostro a penas y echándome algunas gotas de agua que no corrieran el maquillaje en mis ojos pero que aliviaran el calor en mis mejillas. Cerré la llave del lavabo y sequé mis manos con servilletas desechables cuando escuché la puerta del baño abrirse y luego cerrarse casi de un portazo. Ignoré a quien fuera la persona que estaba detrás de mí, evité a toda costa mirarle a través del espejo pensando que se trataba de alguna de las chicas que había ido a ver el porqué tardaba tanto en volver a la mesa. Sabía que si de eso se trataba, probablemente yo pondría la peor cara posible. Sin embargo, sólo se trató de una señora con su pequeña hija no mayor de 5 años.

-Mami esperará aquí. – Le dijo con una cálida voz.

La pequeña de largos cabellos negros y rosadas mejillas entró en el cubículo del cual yo había salido. Su pequeño cuerpo envuelto en un vestido rosa me pareció tierno.

-No es posible. – Susurré tragando saliva al notar que por un breve instante fantaseé con una niña de largos cabellos negros y ojos jade…

Respiré hondo y salí del baño a pasos grandes, casi trotando. Resoplé dejándome caer en la silla. Quizá no había nada más peligroso que la mente, acababa de comprobarlo.

-¿Todo bien? – Hinata preguntó, preocupada.

-Sí. – Me encogí de hombros. – ¿Tardé mucho?

-Lo suficiente. – Hinata me sonrió dulcemente.

Tomé mi vaso de jugo entre mis manos y bebí un gran sorbo mientras observaba a los demás inmersos en una plática que les hacía lucir serios y concentrados. Al instante me di cuenta de que Sasuke no estaba sentado a mi lado. De hecho, no estaba ni cerca de la mesa.

-Sasuke salió a responder una llamada. – Naruto respondió a la pregunta que ni siquiera alcancé a formular.

-Ah. – Gesticulé. – Gracias por decirme. – Traté de que mis gestos simularan que me daba igual, sin embargo mi corazón si se había inquietado un poco al no verle. Naruto asintió antes de volverse para seguir en su plática con Hinata, Ino y Sai. Lucían serios y algo consternados, como si no pudieran creer algo. Ino se cruzó de brazos y me observó fijamente por un par de segundos antes de asentir hacía Naruto. – ¿De qué hablan? – Pregunté a Temari. – ¿Acaso hablan mal de mí?

-Jamás. – Shikamaru fue quien respondió. Sin embargo, al igual que el resto estaba serio.

-Más les vale, vago. – Le sonreí pidiéndole silenciosamente que continuara hablando. Si no era de mi, ¿de qué hablaban?

-No tengas delirios de persecución, frente. – Ino aparentemente había escuchado mi pregunta a Temari.

-Tengo miedo. – Acepté. – Cuando les veo tan serios y susurrándose cosas… tiemblo. – Me burlé, aunque ellos no parecieron notar la gracia.

-Sasuke recibió una llamada mientras estuviste en el baño. – Sai, amablemente-No como su esposa-me contó. – Dijo que se trataba de su trabajo y salió a atender la llamada. Sólo pensábamos que es algo… inusual que le soliciten un domingo. – Se encogió de hombros.

-Creemos que se trata de algo grave porque salió sin pensárselo a responder. – Naruto estaba algo preocupado.

-Oh. ¿Eso es tan malo?

-No, sólo es raro. – Shikamaru respondió con una sutil sonrisa de lado.

-Aquí viene. – Hinata anunció tomando su bolso.

-Con toda su molesta seriedad en el rostro. – Shikamaru fue el primero en levantarse mientras observaba su rolex que brillaba en su muñeca derecha.

Sasuke volvió sólo para tomar su chaqueta y ponerla sobre mis hombros.

-Hace frío afuera. – Informó aún con el celular en la mano y los labios ligeramente curvados en una mueca de enfado.

-¿Pasa algo? – Pregunté mientras pasaba la chaqueta por mis brazos. Los demás esperaban también por una respuesta de su parte y no se molestaron en disimularlo.

-Un problema en la oficina. – Se limitó a responder. – Debo arreglarlo pronto.

-¿Ahora? – Naruto hizo una mueca de desagrado mientras caminaba detrás de Hinata.

-No es usual – Sai concordó antes de caminar hacía el mesero para pagar la cuenta.

-Hmp, no se preocupen. – Sasuke respondió antes de hacer un gesto con la mano, disculpándose por una llamada entrante en su celular que no demoró en responder. – Les veré en el estacionamiento. – De inmediato dio grandes pasos que lo pusieron a él fuera del restaurante antes que los demás.

-No es común verle trabajando los fines de semana. – Hinata dijo cuando Sai volvió al lado de Ino.

-Es el jefe. – Ino les recordó. – Supongo que tiene muchas responsabilidades sobre sus hombros.

Responsabilidades. – Tragué saliva.

-Por eso es como es. – Naruto prosiguió mientras todos le seguíamos al estacionamiento. – Ya saben, no tiene pareja porque tiempo es lo que siempre le hace falta. Nada puede salir mal tratándose de él, siempre tan perfeccionista.

-Claro. – Susurré.

-Siempre tiene tiempo para Sakura. – Shikamaru dijo con un tono sagaz.

-¿Quién se negaría al placer de buen sexo para desestresarse? – Sai dijo con una enorme sonrisa en el rostro.

-Mmm… – Refunfuñé.

Hablaban de mí como si no estuviera presente, recordándome que para Sasuke yo sólo significaba 'sexo para desestresarse'. Vaya. Y entonces… si lo que decían era así de cierto, su ocupada vida no tendría cabida para un hijo. Sería una responsabilidad más y un espacio más en su agenda que programar. Y ya no sería sexo conmigo para desestresarse si no que yo sería la causante de más estrés en su vida. Probablemente, al igual que yo, pensaría que no estaba listo para un hijo. Un punto más a favor de porque no tener un hijo en esos momentos era lo mejor.

-Sakura debe estar muy cansada como para no responderte con un golpe, Sai. – Shikamaru me rodeó con su brazo izquierdo sobre mis hombros consiguiendo que mi cabeza se concentrara en él.

Sólo decidí ignorar su 'hermosa y nada hiriente plática' sobre mí. – Quise responderle.

-Hey, ¿segura que estás bien? – Preguntó en un susurro.

-Por milésima vez, si. – Respondí casi con cansancio. – ¿Cómo se los dejo claro?

-Sonriendo más, pero verdaderamente. No falsa, como hoy. – Shikamaru me dio un rápido beso en la cabeza – Iré a verte pronto. – Anunció.

-¿Por qué? – Pregunté dejando caer mi cabeza sobre su hombro mientras los demás seguían platicando.

-¿Por qué no? – Respondió mientras buscaba en sus bolsillos sus llaves. – Siempre me gusta escucharte y creo que hoy casi no has hablado. Así que… – Sacó sus llaves y me las mostró triunfante. – Ten una buena semana. – Me dio un rápido abrazo y se separó de mi a tiempo en que notamos que Sasuke estaba ya dentro de su auto y aún hablando por teléfono.

-¿Te llevamos, Sakura? – Ino preguntó llamando mi atención antes de abrir la puerta de su auto.

-Pues… Sasuke debe ir a su oficina, supongo. – Volví la mirada a Sasuke. Él me miró por breves segundos y respondió algo rápido antes de colgar.

-Bien, entonces…

-Vámonos ya, Sakura. – Sasuke bajó la ventanilla de su auto y asomó su cabeza antes de despedirse del resto con un gesto de mano.

-¿Seguro? – Dije antes de morder mi labio inferior. Shikamaru tenía en sus manos el casco de su motocicleta, esperando por la respuesta para poder ponérsela. Tras de él, Temari se aferraba con ambos brazos alrededor de su cintura.

-Vamos. – Y volvió a subir el vidrio de su auto.

Me despedí de los demás antes de correr y entrar al auto. Sasuke lucía impaciente y no debía hacerle demorar más. Me acomodé en el asiento y me coloqué el cinturón de seguridad a penas Sasuke arrancó.

-¿Algún problema? – Suspiré observándole directamente.

-Nada grave, pero requiere mi atención pronto. – Suspiró mientras maniobraba el volante para salir del pequeño estacionamiento tras el coche de Naruto. – No debe esperar.

-Entonces debes ir primero a tu oficina. – Le aconsejé. – Puedo tomar un taxi desde ahí…

-No, tengo tiempo para llevarte a casa antes de ir. – Me respondió.

-¿Seguro?

-Seguro. – Sonrió para mí. No fue una sonrisa de esas que expresaban algo, no era de esas que arrugaban el rostro o formaban constelaciones. Pero fue una sonrisa. Una cuyo objetivo era tranquilizarme.

De nuevo dejé que mi cabeza se distrajera mientras observaba el camino que recorríamos para llegar a mi casa. Usualmente era yo quien siempre hablaba y hablaba mientras íbamos en el auto de él rumbo a cualquier parte, sin embargo me gustaba ese silencio. Me daba cierta paz mental que obviamente estaba necesitando más que nunca. Sin embargo, tampoco podía dejar de pensar en el intenso momento que compartimos minutos atrás y sólo un poco en los estúpidos nervios que había sentido por la mañana al verle.

-¿Concentrada de nuevo? – Preguntó con cierto toque de curiosidad.

-Algo así. – Respondí sonriéndole. – En realidad, esta vez sólo me agarraste pensando. Sólo pensando.

-¿En qué?

-Te sorprenderías.

-Pruébame. – Pude ver como su mirada alternaba entre el camino por el que conducía y mis ojos fijos en él.

-No creo que entiendas mucho de la lógica de la mente de una chica como yo. – Dije sonando algo hostil, sin querer.

-Quizá no, pero podrías decirme. – Su típica sonrisa de lado me hizo jadear. – ¿Ya lo pensaste?

-¿Qué?

-Dijiste que cuando supieras que hacer me contarías.

Nada se le escapaba.

-Dije que 'quizá' – Le recordé. – Y pensé que esa plática ya era vieja historia.

-Sólo pasaron unos minutos. – Dijo observando el reloj de oro que relucía en su muñeca izquierda. – No seas dramática.

-No soy dramática. – Mantuve mi voz baja.

-Por supuesto que no. – Su sonrisa cargada de arrogancia me hizo pensar que él ya no estaba intentando que yo hablara, si no que yo me relajara. – Perdona, seguro te has sentido mal porque no he podido pasarte anticuerpos apropiadamente. – Susurró provocando que temblara al comprender el significado de sus palabras. Oculté la mirada volviendo a fijarla en la ventanilla para que no notara mi sonrojo. Pasarme anticuerpos. – Y para variar, parece ser que esta será una semana más en que algo pospone las ganas que tengo de cogerte. – Dijo crudamente. Sin titubeos y sin pena. De inmediato y sin pensarlo mi rostro se giró para verle fijamente.

-Bueno, creo que con lo de hoy tengo para mantenerme al margen esta semana.

Me miró de reojo rápidamente y cuando tuvo la vista al frente sonrió brevemente.

-Supongo que tendré que conformarme con ello, también. – Se quedó unos segundos en silencio, como si estuviera pensando algo sumamente importante. Me pregunté por un momento si estaba preocupado por algo del trabajo.

-¿Pasa algo? – Pasó una mano por sus cabellos pensando de nuevo.

-Sólo… pensaba que no tendríamos la necesidad de conformarnos. – Respondió.

-¿Por qué lo dices?

-En realidad mi plan era…

-¿Plan?

-Hace rato. – Explicó. Sus cejas se juntaron en un gesto de enfado. – Cuando me dijiste que estarías en el baño. – Su rostro se volvió hacia mí y sus orbes negras me miraban con inquietud. – Mi plan era seguirte. Pensé decir a los demás que iría también al baño pero en realidad quería encerrarnos a ti y a mí. Esta vez le pondría seguro a la puerta. – Aseguró. – Estuve a punto de hacerlo. –Sus manos apretaron con fuerza el volante.

Y lo comprendí todo. Él en verdad estaba dispuesto a terminar aquello que empezamos, en el baño del Ichiraku.

-¿Y qué pasó? – Quise saber la razón por la cual me iría esa noche a la cama con ganas. – Al final, ¿por qué no fuiste?

-Dos cosas. – Respondió. – Me llamaron del trabajo… y…

-¿Y?

-Saqué mi billetera para pagar nuestra cuenta y me di cuenta de que… – Tragó saliva.

-¿Si?

-Yo… olvidé traer preservativos. – Suspiró antes de maldecir bajito.

-Ah. – Aparté la mirada de él de forma rápida y tosca. Mis ojos se concentraron de nuevo en las calles mientras sentía como mis labios temblaban por formar una sínica sonrisa.

-No creí que fuera conveniente, así que regresé a la mesa con los demás en lugar de ir a sorprenderte al baño como había pensado, y tú ya estabas allí, por supuesto.

-Bueno… – Tragué saliva viendo como halaba un poco un mechón de su cabello en señal de frustración. – Supongo que no podemos hacerlo sin… preservativos. – Cerré los ojos un par de segundos maldiciendo en mi cabeza.

-Hmp. – Asintió con las mejillas sonrojadas. Su pecho subía y bajaba mientras su mano derecha se contraía en un puño. Como si tratara de mantener la calma y no hacer algo estúpido. – Maldición. Debí traer un par… – Le escuché susurrar. – Y quizá en lugar de hacerlo en un baño público, te habría traído rápido a tu departamento para follar como tengo semanas deseándolo para luego ir a mi oficina más relajado y así no gritarle a los incompetentes que trabajan para mí.

-¿Ese era el plan B?

-Tal vez. – Bufó. – Ahora será todo lo contrario. La falta de preservativos provocó que ahora mi mal humor se concentre en mi oficina. Quizá rueden cabezas. – Se estacionó maestralmente en la puerta de mi departamento y se quitó el cinturón de seguridad.

Preservativos. Quería decirle que no los necesitaba ya. Que era demasiado tarde para preocuparse por métodos anticonceptivos, porque de nada servirían. La consecuencia de no usarlos ya estaba en camino. Pero ya no sentí que fuera el momento correcto.

-Quizá más tarde. – Susurré para mí misma.

Y en ese instante sentí como me daba un suave golpecito en la frente con los dedos índice y medio.

-Ten por seguro que más tarde… – Una cálida sonrisa me hizo creer en su palabra. Había interpretado nuevamente mis palabras a su conveniencia. Y pensé que quizá lo mejor fuera esperar a más tarde.

Cuando estuve de nuevo al pie de los escalones de mi departamento, respiré aliviada. De nuevo en mi oscura mazmorra llena de malos pensamientos. Patético, pero cierto.

-Te veré el próximo domingo, Sasuke. – Dije abriendo mi bolso para buscar mis llaves. Un ruido fuerte de una puerta cerrándose me hizo notar que Sasuke había salido de su auto también y estaba revisando su celular mientras aguardaba porque yo entrara a mi departamento. – ¿Dónde diablos están? – Bufé desesperada por encerrarme. Hacía algo de frío, tal como Hinata dijo, y Sasuke seguro se moría de frío sin su chaqueta. Volví la mirada hacía él esperando verle temblando de frío o mínimo mirarme con impaciencia, pero en su lugar estaba viéndome con una sonrisa en los labios y mi suéter en la mano derecha.

-Creo haber visto que las metiste en el bolsillo de tu suéter. – Mis cejas subieron y le miré con completa curiosidad. – Tus llaves. – Señaló la puerta aún sin abrir. – Las metiste en el bolsillo de tu suéter.

-¿Seguro? – Bajé un par de escalones a la par que él también avanzaba hacía mi, encontrándonos a medio camino. Con las manos tanteé los bolsillos de ambos lados hasta que un tintineó suave confirmó lo que él había asegurado.

-Seguro. – Dijo, con burla.

-Gracias. – Subí los escalones de dos en dos y abrí la puerta sorprendiéndome por un momento del hecho de que a pesar de los temblores de mis dedos por el frío, no me costó tanto trabajo abrirla.

Gilbert me recibió con su usual saludo de bienvenida. Me agaché para hacerle una rápida caricia y me levanté rápido para poder cerrar la puerta y así evitar que se colara el frío. Un pie en un reluciente zapato italiano evitó que la puerta se cerrara por completo.

-Oh, Sasuke. – Dije algo apenada. – Disculpa… ¿No tenías que ir a trabajar?

-Puede esperar un momento. – Dijo con una sonrisa de lado mientras dejaba que el resto de su cuerpo acompañara dentro a su pie derecho.

-Maldición, es por tu chaqueta, ¿verdad? – Me la quité rápidamente. – Lo siento. – Se la devolví mientras él asentaba mi suéter en el sillón y se colocaba rápidamente su chaqueta.

-Bueno… en realidad también quería preguntarte algo. – Dijo casi en un susurro.

¿Preguntarme algo? ¡Mierda!

Instintivamente di un par de pasos hacia atrás hasta que sentí como mi trasero chocaba con el borde de uno de mis sillones.

-¿Sobre qué? – Dije sintiendo como comenzaba a temblar. Pasé mis manos a los lados de mi cuerpo y me aferré con fuerza a los bordes temerosa de caer desmayada ahí mismo. ¿Sospecharía algo? ¿Es que mis mentiras eran tan estúpidas que él simplemente había descubierto acerca de mi ninja? Imposible.

-Pues estoy casi seguro que está pasando algo que quizá no querías decir frente a los demás… y por eso decidí preguntarte de forma amable y paciente: – Carraspeó. – ¿Hay algo que deba saber?

Oh, después de sincerarse conmigo sobre el pla quizá esperaba sinceridad de mi parte.

-Ya te dije que no. – Sasuke me observó de pies a cabeza. No había descaro ni deseo en su mirada, sólo una absoluta y sincera preocupación que me hizo tambalear por dentro.

-No te creo. – Fue su respuesta. – Estás tan… ¿Sigues sintiéndote mal? – Me examinó con discreción.

-No, ya estoy… mejor. – Respondí a secas.

-¿En verdad fuiste al médico? – Se cruzó de brazos aún observándome fijamente a los ojos, tratando de buscar un rastro de mentiras en mis movimientos, en mi respuesta.

-Sí, si fui al médico. – Una tonta sonrisa se formó en mis labios, pero sólo estuvo ahí un par de segundos. Y luego se fue. Y estaba segura de que él lo había notado, porque en ese momento dio un par de pasos acortando el espacio que había entre nosotros.

-¿Y? – Enarcó una ceja mostrándose en verdad consternado. – ¿Algo malo?

Si, si. Algo… había algo pero no sabía si sería correcto llamarle: Algo malo.

-Sólo… no me siento yo misma. – Admití. – Es como si estuviera en un sueño, una pesadilla quizá, y siento que no es mía en realidad. Que todo… acabará en algún momento… Sólo es estrés.

-¿Sólo eso? – Apoyó la mano derecha en mi hombro y con la otra retiró algunos cabellos sueltos que se pegaron a mi rostro.

-Por supuesto. – Dije seria, tratando que me creyera.

-Sé cuando me mientes. – Se acercó tanto a mí que sólo podía sentir el calor de su aliento en mi piel cuando pegó su frente a la mía. ¿Cómo podría describir la forma en que él estaba mirándome? Sus penetrantes ojos negros están fijos en los míos, como si le doliera dejar de verlos. Estaba segura de que estaba sonrojada, mis mejillas ardían y mis orejas se sentían en extremo calientes. Sé que mis manos estaban heladas, lo sé porque llevé una mano a mi cintura y nerviosamente rocé el dedo pulgar contra mi piel mientras acomodaba el borde de mi falda. Sasuke agachó la mirada hasta su reloj y luego volvió a mirarme a los ojos. – Quizá ahora no tenga el tiempo suficiente para sacarte la información pero… tarde o temprano. – Y era cierto. De alguna forma él cumplía sus amenazas y tenía algo que tarde o temprano notaría si no me decidía a decirlo.

-Es que… – Susurré. Si tengo algo pero no sé si confiar en ti.

-¿Si? – En sus ojos había un rayo de superioridad. Él había ganado y lo sabía.

¿Y qué más daba? Quizá no debía esperar el momento oportuno o "perfecto" para decirle, porque no lo encontraría jamás. No podía esperar, por supuesto, a que él reaccionara bien a la noticia pero bien podría decirle ahora que llevaba prisa por irse y entonces me dejaría sola y él tendría el tiempo suficiente para pensarlo. Quizá lo mejor sería sólo dejar salir las palabras justas: Embarazada, nuestro, miedo.

Quizá juntos encontraríamos la solución correcta. Porque después de todo, juntos lo habíamos hecho.

-Bueno… – Arqueó una ceja, esperando.

-¿Si? – Repitió.

-La verdad es que yo…

-Te escucho.

-No sé cómo decirlo, pero… – Bajé la mirada al suelo por algunos segundos, al subirla de nuevo, me encontré con Sasuke mirando disimuladamente el reloj de pared que colgaba llamativamente junto a la ventana de la sala. – Yo, creo que no puedo. – Solté al fin.

-Sakura… – Susurró mirándome fijamente. – Si no quieres decirme ahora, no es justo que te presione tanto.

No sabía si era sincero con lo de no presionarme o su repentina 'amabilidad' se debía a que estaba ya demasiado corto de tiempo.

Una parte de mí sintió cierto alivio. En parte acababa de decirle lo que sentía. No podía.

-Quizá después…– Suspiré. – Tienes que irte ahora, ¿no? – Me crucé de brazos. Él mordió su labio inferior con cierta pena. – No te preocupes. – Asentí. – Estaré mejor la próxima semana. – Porque no puedo dejar pasar más tiempo. – Vete, salva al mundo y… regresa sano y salvo.

-Lo siento. – Me miraba casi son suplica. – De verdad no quiero irme así, pero… no hay tiempo y… – Se separó unos centímetros de mí sin dejar de mirarme. Ladeó la cabeza un poco y frunció el ceño mientras esperaba por algo que yo tenía que decir o hacer; O quizá simplemente se dio cuenta de que quizá el día no podía terminar así. Vaya uno a saber que pasó por su mente en esos segundos en que se quedó callado y mirando fijamente mi rostro. – Al diablo, – La respuesta fue corta y práctica. Y me gustó imaginar que nuestras mentes se acoplaban al grado de hacernos desear lo mismo. Y tener la misma impetuosidad al actuar. – aún me queda algo de tiempo. – Sasuke me tomó con una mano por la cintura y con la otra por la nuca, y luego me acercó tan fuertemente a él, que sentí cierto dolor cuando nuestros labios chocaron. No fue algo molesto, en realidad, se sintió demasiado bien a pesar de que sus manos estaban aún más heladas que las mías. Ironías de mi vida, yo queriendo decirle algo sumamente importante y él callándome con un beso. Quizá esa fuera la manera más inteligente que él tenía para callar mis labios y mis pensamientos: con un beso. Un beso que me robaba el aliento y las ideas. Porque cuando él mordía mi labio inferior, yo me olvidaba hasta de mis problemas.

Sentí mi cuerpo estremecerse de un placer que no entendía, pero que me gustaba. La persona a quien más amaba estaba besándome como tanto me encantaba. Sus labios moviéndose con fiereza contra los míos. Chupaba, mordía, y saboreaba mis labios con absoluto fervor.

Sus labios sabían tanto a café en ese momento, que besarle se sintió como desayunar dos veces.

Mis manos subieron a su espalda y lo aferré más contra mí sabiendo que eso no era suficiente porque quería siempre más de él. Nuestras lenguas se rozaban como si fuera la primera vez o la última. Nuestras respiraciones se escuchaban agitadas y sentía como mi pecho martillaba con tanta fuerza que creía él podía sentirla cuando nuestros cuerpos se rozaban. Sus labios se movían contra los míos con una desesperación contenida que nunca había mostrado. Como si estuviera dispuesto a perder el control, dispuesto a ceder aún sabiendo que no era el mejor momento. Sus manos subieron a mi cabeza y revolvió con ternura mi cabello enredando sus dedos en él para después bajarlas lentamente hasta mi cintura pasando con fuerza por mi espalda atrayéndome aún más a él. Mis manos subieron a la par que las de él bajaban. Enredé mis brazos en su cuello y traté de ponerme de puntas para poder darle un descanso a su espalda encorvada hacía mí mientras luchaba por recordar respirar al mismo tiempo. Estaba entre sus brazos, prácticamente compartiendo un abrazo con él, justo como tanto había necesitado. Esa paz, esa calma que él me daba… y yo no quería que terminara nunca.

Y lo reafirmé. Era él. La respuesta a todas las incógnitas de mí aturdida vida. En sus brazos me olvidaba de pensar, de razonar, de tener miedo. Sólo éramos él y yo compartiendo ese perfecto espacio y aquel beso por el cual habría huido del Ichiraku si fuese necesario.

Quizá sólo se trataba de la vida siendo tan cruel que permite que nos repare la misma persona que nos rompió.

No supe cómo o porque, pero repentinamente nos separamos. Como si nos hubiésemos puesto de acuerdo y al mismo tiempo. Nuestros cuerpos seguían abrazados y nuestras manos frías aún sobre la piel del otro mientras tratábamos de conseguir el aliento de nuevo.

-¿De verdad… tienes que irte? – Pregunté aún abrumada por el fugaz pero certero encuentro. Quizá sí obtenía más paz de la que él me daba, yo me decidiría a hablar.

-Lo siento. – Frunció el ceño en una mueca de aparente sufrimiento pero aún con sus manos en mi cintura.

-Bien. – Suspiré apartando mis manos de su cuello. Sasuke se apartó unos cuantos centímetros de mí y luego acarició mi rostro con su mano derecha, acunándome con cierto afecto.

-Te llamaré más tarde.

-Hazlo. – Le pedí.

-No te estreses tanto. Te necesito libre de virus la próxima vez que nos veamos. – Pasó el dedo pulgar en mi labio inferior como si estuviera quitando una mancha de mis labios. – No sabes las ganas que me llevo de sentir tus piernas al rededor de mi cintura. – Relamió sus labios lentamente. – Y de saborearte más lentamente que en el Ichiraku. – Susurró.

No supe que responderle. Normalmente le respondería algo que le hiciera flaquear en su idea de irse, pero me sentía cansada. Tuve demasiado para una mañana.

Sasuke bajó discretamente la mirada a su reloj y una mueca se formó en sus labios.

-Te veré pronto. – Dijo besando mi frente con ternura antes de soltarme y darse la vuelta. – Recuerda lo que te pedí. – Exigió.

-Lo intentaré. – Asentí viéndole marchar. No estresarme.

Con sólo unos pasos llegó a la puerta y la abrió sin pensárselo, asomó la cabeza lo menos discreto que se puede explicar y luego salió. Cuando cerró la puerta tras de él, me di cuenta él era esa clase de hombre que necesitaba cerca, porque cuando se iba dejaba un vacío en mi corazón.

Respiré lo más profundo que pude para tratar de normalizar mis nervios recientes. Caminé hacía un sillón y me recosté en él cerrando los ojos y cubriendo mi rostro entre mis manos.

-¿Qué demonios estoy haciendo? – Me sorprendió de momento como él me hacia cambiar de estado de ánimo así de rápido. Me había olvidado de todas mis preocupaciones mientras él me besaba y tocaba y había dejado pasar oportunidades de decirle… pero, ¿realmente quería decirle? Realmente él debía saber que… Necesitaba verle cuanto antes. Necesitaba saber lo que pensaba.

Un peso extra en el sillón me hizo alzar la cabeza instantáneamente para ver de qué se trataba.

-Oh, eres tú. – Gilbert trataba de recordarme que él aún era mi prioridad. – Largo día, ¿eh? – Lo cargué entre mis brazos.

De repente, mientras Gil se acurrucaba en mis piernas, una lucecita parpadeante se encendió por completo en mi cerebro. ¿Qué estaba pensando? Sai lo dijo claramente.: Para Sasuke yo sólo significaba sexo. Un revolcón para desestresarse. Un hijo no tendría cabida jamás en su vida. Lo más probable es que él se deslindara de la criatura no nata y me dejara más desesperada... ¿O no? No. Él era Sasuke, mi mejor amigo. Tendría que darle más crédito. Ciertamente era un idiota y muy desesperante ser, pero lo conocía bien. Jamás me lastimaría o… No. No sabía. Lo conocía demasiado bien en cuestiones de amistad. Él era alguien responsable en su trabajo, con principios y demás, pero sin duda no sabía cómo reaccionaría ante algo que no estaba en sus planes. Algo que nunca planeó o siquiera pensó. Algo como un hijo. Sasuke quizá, al final de cuentas, en lugar de oponerse a la idea que rondó en algún momento en mi cabeza, la aceptaría irrefutablemente. Quizá, estando tan estresado y bajo ese absolutamente indeseable suceso, me pediría algo de lo que aún no estaba segura de ser capaz. Pero, ¿yo podría…?

-Al menos no es un tumor. – Me dije sacudiendo mi cabeza para desviar la línea de pensamientos que estaba tomando. Ese era el salvavidas al cual me aferraba cuando sentía que estaba a punto de hundirme.

Bueno. Al menos había obtenido una semana más de prórroga.

Una semana. Pasaría una semana entera hasta que volviera a verle de nuevo. Quizá eso fuera lo mejor, quizá eso era lo que necesitaba. Quizá apartarme un poco de él para pensar por mí misma, para mí sola. Quizá era momento de afrontar las cosas. Necesitaba sentarme y ponerme a pensar las cosas en serio para poder decidirme por algo. Necesitaba terminar de convencerme de que la decisión que estaba brillando con fuerza en mi cabeza sería la mejor. Para mí. Después de todo, quizá era la mejor decisión…

-…para todos. – Susurré secando la lágrima que caía por mi mejilla.

Y una vez más, volvía a acostarme con las ganas y no con él.

.

La Sakura que estaba del otro lado del espejo me observaba diferente cada que me encontraba con ella. Sus ojos se veían cada vez más preocupados. Su cuerpo delgado a pesar de que no debería ser así ahora. Sus mejillas sonrojadas contrastando con la palidez del resto de su piel.

Estaba asustada. Cada día más y más.

Cerré los ojos con lentitud sintiendo como la humedad de mis pestañas me recordaba que lagrimas habían escurrido por mis mejillas mientras vomitaba mi cena anterior. Guardé el cepillo de dientes con el que efusivamente me había quitado el sabor amargo de la boca y me envolví en la toalla saliendo a mi habitación para poder vestirme. Sequé mi cuerpo lentamente y me puse la primera ropa interior que saqué del cajón.

-Vamos, Sakura, ¿Cuándo superaremos esta fase de 'miedo y sorpresa'?

Encendí el televisor mientras me abrochaba los botones de mi blusa roja y buscaba con la mirada mi suéter que, estaba segura, Sasuke había votado en algún sillón. Casi corrí a la cocina y saqué del refrigerador una botella de leche y tomé un plato de la alacena para echarle cereal. Las náuseas me habían levantado temprano de nuevo, y eso era terrible por donde le mirara.

-Bonita forma de empezar un lunes.

Observé nuevamente la hora en el televisor. Estaba justo a tiempo para llegar terriblemente temprano al trabajo y eso era considerado un milagro, inclusive para mí. Con calma, terminé mi desayuno y volví al baño para lavar mis dientes nuevamente y de paso peinar mi cabello. Tomé mi bolso del sillón y fue ahí, debajo de una almohada, que encontré mi suéter negro. Me lo puse rápidamente antes de abrir la puerta, fuera hacía tanto frío que no fue nada agradable cuando mis temblorosas manos se cerraron en el terriblemente helado pomo de la puerta para poder cerrar con llave. Fue un alivio que el taxi que se detuvo llevara calefacción. Estaba tan cómodo dentro que ni siquiera noté cuando estuvimos fuera del hospital justo a tiempo, tal como el viernes anterior.

Saludé a todos en el pasillo, como casi siempre hacía, algunos me preguntaban el motivo de mi puntualidad y yo sólo sonreí. ¿Es que todos aquí piensan que soy una floja? – pensaba cada que alguien me preguntaba '¿Por qué tan temprano?'

Me encerré en el consultorio y acomodé unos cuantos papeles que estaban regados en mi escritorio. Mis recientes actividades de sobrecarga de trabajo me tenían ligeramente desordenada. Revisé con paciencia unos cuantos archivos en la computadora y firmé unas cuantas órdenes de laboratorio que tenía pendientes, cuando alguien entró de improvisto a mi consultorio sobresaltándome.

-Buenos días. – Saludé sabiendo, por el suave olor a perfume, que era Ino. Alcé el rostro para verle ladeando la cabeza para observarme desde todos los ángulos de mi rostro.

-Sakura, ¿has madrugado? – Dijo sentándose sigilosamente en la silla frente a mí. Su cara era una mezcla entre sorpresa y miedo y sus movimientos eran cautelosos.

-No. – Respondí. – Digamos que me levanté temprano accidentalmente. – Me encogí de hombros. – No se repetirá diario.

-Oh, menos mal. – Suspiró dramáticamente.

-No me cuestionarás por mi comportamiento de ayer, como los demás, ¿o sí? – Le miré retadoramente antes de volver a concentrarme en mi computadora.

-No. – Negó con un suave movimiento de cabeza. – Estás terriblemente idiotizada por Uchiha, lo sé. – Se cruzó de brazos. – Aunque últimamente te está pegando fuerte. Pareces más obvia que antes. – Bostezó. – ¿Has pensado qué harás con eso?

Mis dedos se congelaron sobre las teclas y mis ojos se abrieron más de lo que normalmente hacía.

-¿Acerca de qué? – Tragué saliva. Esas palabras, ¿Por qué…?

-Con Sasuke, ¿con qué más? – Bufó. – ¿O es que acaso existe algo más que te esté quitando el sueño?

-Nada de eso. – Suspiré volviendo a mi labor. – Sigue siendo lo mismo, pero ahora más complicado.

-Las cosas siempre son complicadas contigo, frente. – Sonrió burlonamente y luego se levantó de la silla con gráciles movimientos. No tienes idea de cuánto. – Te veo al rato, para desayunar. No te sobrecargues de trabajo. – Se despidió cerrando de un portazo la puerta.

Los primeros pacientes llegaron cuando estaba a punto de quedarme patéticamente dormida en la silla. El haber madrugado por las náuseas comenzaba a cobrarle a mi cuerpo.

Cuando dieron las 10:00 de la mañana estaba a punto de desmayarme de hambre. Mi estómago llevaba unos cuantos minutos comenzando a doler por la necesidad de alimentos y mis riñones me recordaban que también necesitaban cierta atención. Revisé la lista de pacientes programados y sonreí casi de absoluta felicidad al ver que tenía una hora libre hasta que mi próximo paciente llegara. Normalmente usaba ese tiempo libre para darme una vuelta por el área de pediatría, pero en verdad mi estómago gruñía. Tomé mi bolso y salí en busca de mi ginecóloga favorita, la única con la que me llevaba, de hecho.

-Cerda. – Dije abriendo la puerta de su consultorio. Sabía que estaba desocupada ya que la enfermera que siempre le apoyaba con sus pacientes me saludó amablemente y me dijo que la doctora Yamanaka estaba hablando por teléfono, así que había entrado sin siquiera golpear la puerta. Ino estaba observando la calle a través de su ventana. Su largo y lacio cabello se mecía a la par de sus movimientos distraídos. Ella giró un poco la cabeza para observarme, sus cejas se alzaron sorprendidas y finalmente sus hermosos ojos verdes subieron a la altura de un reloj que tenía en la pared. Asintió con la cabeza mientras su celular seguía pegado a su oreja derecha. Caminó hasta su escritorio, tomó su bolso y me hizo un gesto con la mano para que saliéramos. – ¿Todo bien? – Gesticulé para no interrumpir aquella extraña llamada en la que ella no había dicho palabra alguna. Extraño, tratándose de ella.

-… – Ino asintió y caminó delante de mí guiándome a la cafetería del hospital. – Claro. – Dijo, no podría asegurar a quien.

A lo lejos, en el extremo contrario del pasillo, me pareció a ver a Tsunade conversar con una persona que no conocía.

-Mierda. – Susurré y empujé delicadamente por la espalda a Ino. Puse ambas manos en sus hombros y le obligué a que acelerara sus pasos sólo un poco. – Tengo mucha hambre. – Le dije cuando le sentí tensarse sorprendida.

Nos sentamos en la primera mesa desocupada que encontramos. Ino colgó finalmente y guardó su celular en su bolso con una mueca de desagrado.

-Pensé que nunca terminaría. – Dijo con cierto desagrado. – Era la madre de Sai.

-Oh. – Hice una mueca sabiendo que la encantadora doctora Yamanaka era irresistible para todo ser humano, inclusive para su suegra. Ino era esa clase de mujer perfecta cuya suegra siempre usaba como ejemplo de buena esposa y nuera, pero que a Ino eso le agobiaba. Su suegra le quería tanto que a ella le resultaba terriblemente empalagosa. – ¿Y?

-Ella está convencida de que cuando nazca el niño debería ir a su casa. – Respondió abriendo la botella de agua que le llevé.

-¿Y? – Repetí.

-¿Bromeas? No pienso ir a su casa. – Sus exagerados gestos con las manos-cabeza dejaron en claro que su respuesta fue un rotundo 'NO'. – Sai y yo ya lo hemos discutido. Ambos podremos con ello y estaremos bien en tanto tenga que volver al trabajo. Entonces probablemente le pidamos su ayuda por unas horas. – Suspiró. – Pienso quedarme pegada a él o ella tanto tiempo como pueda.

-¿Tú sola con Inojin? – Dije dándole una enorme mordida a mi hamburguesa.

-Con él o ella. – Dijo casi en un gruñido. Su mirada se concentró por unos segundos en mi hamburguesa. – ¿Cómo puedes… comer tanta grasa? – Preguntó.

-Hmm… – Observé mi hamburguesa llena de queso, tocino, grasa, carne, tomate, grasa. – Se me antojó. – Sonreí para mí por la elección de palabras.

-Como sea, Sai y yo lo tenemos todo bajo control.

-¿Entonces lo tienen planeado todo?

-Nos estamos organizando poco a poco. – Asintió.

-Suena bien.

-Ya sabes que él siempre se preocupa por mí y todo eso. – Se encogió de hombros. – Creo que el saber que él estará conmigo me consuela. – Suspiró. – No sé qué haría si tuviera al bebé yo sola.

-… – Su comentario casi hizo que me atragantara, pero lo disimulé bebiendo al instante un gran trago de jugo. – ¿Sola?

-Sí. – Asintió distraída. – Admiro a las mujeres que traen a sus hijos solas al mundo. Son admirables. Él mío aún no nace pero ya siento que necesitaré de Sai a mi lado en todo momento.

-Además, él tendrá 6 personas más cuidándole. – Le advertí. – Nunca estarás sola.

-Sí. – Una amplia sonrisa se formó en su perfecto rostro. – Todos para uno, – dijo señalándose. – Y uno para todos. – Me señaló fugazmente antes de volver a concentrarse en su desayuno. Le observé fijamente por unos segundos. Esa persona sabia tanto, tanto de mí. Ella me conocía a la perfección y siempre había podido contar con ella. Nunca… nunca me había puesto a pensar que quizá en algún momento, cuando el barco se hunda, ella podría ser mi salvavidas.

El barco comenzaba a hundirse…

-Ino… – Necesito un consejo. Por favor, ayúdame a cambiar de idea. No sé si lo que quiero hacer sea bueno.

…Tarde o temprano.

-Mataría ahora mismo por pastel, ¿Quién cumple años próximamente? – Preguntó mirándome directamente. – Compremos un pastel de vainilla, ahora mismo muero por una porción.

-Iré a preguntar si aquí tienen. – Dije apoyándome en la mesa para levantarme. En seguida sus manos me obligaron a sentarme de nuevo.

-Olvídalo. Prefiero el del Ichiraku. – Aseguró.

-¿Por qué no me sorprende? – Mordí mi labio inferior.

.

El miércoles volví a mi rutinario estilo de impuntualidad llegando con 5 minutos de retraso, como ya era mi costumbre. Esa mañana no había tenido náuseas o a Gilbert como despertador, sin embargo, me había levantado exactamente a las 4:30am por mí misma. Traté de echarle la culpa al mal tiempo o al ruido que provenía de la moto del vecino y que usualmente hacía demasiado escándalo como para ignorarlo, sin embargo no fue eso lo que me despertó, porque sinceramente yo usualmente ignoraba esos ruidos y me envolvía en mi colcha para dormir plácidamente. Nada me perturbaba cuando dormir era mi prioridad. Así que era difícil explicarme lo que me había mantenido despierta o más bien, lo que me impidió volver a dormir después. Por lo cual, y sin razón aparente, quizá yo ya estaba enloqueciendo. No había de otra.

Sin embargo, mientras me cepillaba el cabello decidí que no tenía prisa y me tomé todo el tiempo que necesité para buscar una blusa que me cubriera del frio y que me gustara como para que valiera la pena el que llegaría tarde. Y también porque llevaba un tiempecito sin preocuparme por lavar mi ropa sucia y quizá el reto estaba en buscar algo que combinara entre lo poco limpio que me quedaba.

Así, finalmente salí tarde de mi departamento y llegué tarde al trabajo. Principalmente lo había hecho porque no quería crearles un conflicto de ideas a mis compañeros acostumbrados a mis retrasos. No quería que pensaran que yo estaba enferma y por eso mi puntualidad.

Tan buena persona yo, como siempre, pensando en mis prójimos. – Pensé burlándome de mí misma.

-5 minutos tarde. – Observé el reloj que adornaba mi muñeca izquierda mientras esperaba por el elevador. – Lo normal.

Cuando llegué a mi consultorio fue agradable ver que la ventaja de mis recientes llegadas temprano al trabajo había dejado como resultado que la enorme pila de trabajo, que aguardaba siempre por mí, había disminuido considerablemente.

Atendí las pocas consultas que había para ese día y dediqué parte de la mañana atendiendo a montón 1, el único que quedaba. De nuevo me había desocupado, pero me di cuenta que era aún demasiado temprano, inclusive para desayunar y que faltaba un buen rato para la siguiente consulta programada. Además esa mañana, me había dado ya más de 100 vueltas por el área de pediatría y para mi 'pesar' todo estaba demasiado tranquilo. Las operaciones que había programado se realizarían el fin de semana por cuestiones de materiales y ello me dejaba a mí con pocos pendientes que ocupasen mi tiempo.

Pensé, entonces, que Ino siempre resultaba ser quien me distraía con alguna plática u ocurrencia, así que decidí mandarle un mensaje para saber si estaba desocupada. Ella y yo teníamos un trato en el trabajo: Sí pasaban más de 5 minutos y no respondíamos el mensaje que la otra había mandado, significaba que en verdad estábamos ocupadas. Observé con cierta impaciencia la hora.

-Bueno… esperar 5 minutos. – Dejé el celular en el escritorio y me estiré sintiendo cierto alivio en mi agotado cuerpo.

4 minutos después ella seguía sin responder.

-Um… – Suspiré pegando mi frente al escritorio y cerré los ojos pensando que quizá estaba teniendo una de esas pequeñas concesiones de la vida para poder tener un pequeño descanso. Sólo podría, quizá tener una pequeña y merecida siesta. Sólo... Un bostezo y levanté la cabeza. Eso era peligroso. Sin duda alguna me pude haber quedado dormida y eso no era como que la idea mas brillante.

-Ufff... – Moví la cabeza de un lado a otro tratando de desperezarme. Las últimas mañanas levantándome a las 4:00 y algo estaba comenzando a cobrarme venganza.

Observé la hora de nuevo, sabiendo que en realidad no faltaba tanto para desayunar. Así que me puse a revisar unas cuantas cosas en mi celular para matar el tiempo en lo que Ino hacía su aparición rogando por comida. Estaba tan concentrada revisando viejas fotos mías y de los chicos y recordando con exactitud el momento en que esas fotos fueron tomadas, que simplemente dejé pasar el momento en que alguien-supuse que Ino- abrió de improviso la puerta del consultorio. Pasé mis dedos por la pantalla del celular fijándome en lo bien que se veía Sasuke en aquella foto que tomamos cuando nos graduamos de la universidad.

-Cerda, que bueno que llegaste. – Dije sin dejar de mirar la pantalla. – ¿Verdad que Sasuke se veía muuy bien a los 23?

-Hm. Déjame ver. – Esa ronca voz... No era de Ino. Y justo en ese momento noté mi error. El olor fuerte a colonia de caballero sin duda no era de Ino. Miré fijamente a la persona frente a mí. Ojos negros, piel pálida, sonrisa descarada. Hombre. No era Ino quien había entrado sin permiso a mi oficina.

-¡SAI! – Grité con una mano en el pecho. – Me has dado un susto de muerte. – ¿Porqué sería que a él y a su esposa les gustaba sorprenderme en mi oficina así? Los odié en ese momento.

-Así tendrás la consciencia. – Respondió sin que su enorme sonrisa se viera perturbada.

-Pero, ¿Qué haces aquí? – Carraspeé ocultando el celular en el bolsillo de mi bata.

-Vine a ver a mi esposa. – Respondió.

-¿Porqué, le estás devolviendo con servicios de chófer por aquella semana en que te cuidó mientras tenías gripe? – Me burlé tratando de no parecer que me compadecía de él.

-No. – Negó con la cabeza de forma apresurada. – Yo sólo le traje su desayuno que olvidó en casa esta mañana.

-Oh. – Sai me mostró la pequeña bolsita en que Ino solía llevar su desayuno. – Pero, ¿no deberías estar en tu trabajo?

-Sí. – Asintió haciendo una mueca la cuál borró rápidamente. – Ella misma me dijo que lo olvidara y prometió alimentar apropiadamente a Inojin.

-Y entonces, ¿Porqué...?

-Pues decidí sorprenderle. – Se encogió de hombros. – Ya sabes que ella es una mujer a la que le gustan esos pequeños detalles.

-Como a cualquier mujer, Sai. – Suspiré. – En verdad eres un excelente esposo. Y serás aún mejor como padre. Imagino que también llevarás el desayuno a tus hijos o conseguirás sin problemas un domingo a media noche los materiales de papelería que tu hijo olvidó que debía llevar al otro día... Por el contrario, seguro que Ino será de esas madres que perderá la paciencia rápido.

-Supongo. – Sonrió como sí hubiera imaginado a detalle lo que acababa de describirle.

-Oh, pero, ¿Qué haces aquí, porqué no estás con ella?

Sai se acomodó en la silla y pareció pensarse la respuesta.

-En realidad, porque creo que llegué muy puntual y ella está aún atendiendo consultas. – Respondió. – Además sé que desayunan juntas y pensaba esperarle aquí para cuando viniera a buscarte fuera más: Sorpresa.

-Comprendo.

-Pero siendo sincero, también estoy aquí porque esperarle fuera de su consultorio parece aburrido. Seguro que contigo me entretendría más.

-Ah, así que en realidad me usarás de medio para no aburrirte mientras esperas a Ino. – Sin poder evitarlo una mueca de enfado se formó en mis labios. – ¿Acaso me ves cara de tu payaso o qué?

-A veces. – Rió de forma casi contagiosa. Quizá, sí no fuera porque se suponía que estaba enfadada por su comentario, me hubiera unido a su contagiosa risa.

-Qué gracioso, Sai. – Me crucé de brazos. – Aún así pienso que es lindo de tu parte ser tan considerado con tu esposa. Ustedes... Debes amarle mucho.

-Hm, la verdad es que lo que Ino y yo sentimos... No es amor. – Admitió. – Y ambos lo sabemos.

-¿Cómo dices? – Sentí como mis labios temblaron por el miedo de saber la respuesta de Sai.

-Lo nuestro no es amor, nunca lo ha sido. Lo nuestro, es arte. – Suspiró con una pequeña sonrisa adornando su pálido rostro.

-¿Arte? – Pregunté al no comprender su filosofía.

-Bueno, le amo como nadie y sorprendentemente ella a mí. – Asintió. – Cada mañana al despertar le digo lo perfecta que es mi vida a su lado y ella me dice lo mucho que me ama y lo mucho que ama estar conmigo y que no desearía que fuera de otra manera. Esas palabras salidas desde lo más profundo de su corazón son como poesía para mis oídos. Lo que siente por mí es arte.

-Oh, Sai. – Llevé una mano a mis labios aún temblorosos pero ahora por otras razones. – Eso fue… perfecto. Son perfectamente el uno para el otro.

-Bueno, lo intentamos. – Sonrió con ternura. – La amo y sorprendentemente ella a mí. Seguramente podremos con cualquier cosa sí nos ponemos en ello. – Sonrió con ternura.

-Claro, cuando se propusieron tener un hijo y se pusieron a 'trabajar' en ello... también lo consiguieron. – Sonreí burlándome de él usando su relación como medio para ello, tal como él solía hacer con los demás. En mi cabeza, sólo le había dado un poco de su propia medicina. La forma casi avergonzada en que Sai resintió mis palabras no dejó lugar a dudas de que lo había conseguido.

-Supongo. – Su sonrisa hecha para distraerme me hizo pensar que ahora que tenía su completa atención podría hacerle una pregunta seria y con suerte él no tomaría tan mal mis palabras.

-Sai...

-¿Si?

-¿Puedo hacerte una pregunta... un poco personal?

-Hmm... – Lo pensó. – ¿Tengo otra opción?

-No. – Soné tan crudamente sincera, como él.

-¿Qué necesitas?

-Yo... yo sólo quería saber cómo estás llevando esto. – Apreté mis labios por algunos segundos. – Sé que al principio sólo era Ino quien estaba convencida de tener hijos y… – Aquí era donde me detenía a pensar cómo podría decirle de forma sutil que yo estoy enterada de todo, absolutamente todo, porque Ino me cuenta todo. – Bueno, sé y entiendo que tú tuviste tus dudas... – Sai asintió sin pensárselo. – Tú... ¿No te sentías listo para ser padre?

La siempre sarcástica sonrisa de Sai se ensanchó de forma curiosa.

-No. – Respondió sin duda alguna. – Para nada. – Por unos segundos pareció pensárselo mejor, y luego añadió: – La verdad es que yo no creía posible poder con esto, tenía ansiedad por la posibilidad de fallar. Supongo que así son los padres primerizos… quizá así reaccionaron nuestros padres cuando supieron que nosotros estábamos en camino.

-Supongo. – Una débil sonrisa se forma en la comisura de mis labios. Y me gustaría seguir: Te comprendo, Sai. Te comprendo más de lo que quisiera decir.

-No sé, quizá… es normal la sensación. – Respiró pesadamente. – Un preámbulo fascinante a lo que se vendrá cuando nazca.

-¿Entonces no tienes más dudas? – Pregunté casi segura de que la respuesta era más que obvia, pero aún así me arriesgué a esperar por escucharlo de su propia voz.

-¿Ahora? – Hizo un puchero mientras pensaba su respuesta. – Ahora me siento completamente seguro de que será lo mejor que podría pasarnos.

-¿No tienes miedo? – Le pregunté sin siquiera haberlo pensando. Fue una pregunta que escondía en lo profundo de todo mi reciente temor.

-Mucho. – Asintió. – Pero más es mi miedo a perder a alguno de los dos. No sé qué sería mi vida sí Ino o Inojin... él bebé, me faltaran.

-Vaya. – Agaché la mirada tratando que no viera esa sensación de nostalgia en mis ojos.

-Ya he experimentado esa casi sensación de miedo y te aseguro que no quisiera sentirla de nuevo, nunca. – Mis ojos subieron súbitamente encontrándose de nuevo con su mirada.

-¿Hm? ¿A qué te refieres?

-El miércoles pasado, cuando Ino... – Se detuvo abruptamente a pensarlo. – Oh, ¿Es que Ino no te contó lo que pasó la semana pasada, cuando te ausentaste unos días? – Me miró confundido.

-¿Acerca de qué? – Arqueé una ceja.

¿La semana pasada? Pero si ya nos habíamos visto el domingo en el desayuno y estuvimos charlando todos, y estaba segura de que ella no había mencionado nada a ninguno de los chicos, segura que no fue una de las charlas que yo me pude haber perdido en mis lapsos paranoicos mentales. De ser así, Sai lo habría recordado con reproche en vez de decir: ¿Es que Ino no te contó lo que pasó la semana pasada, cuando te ausentaste unos días? Así que con seguridad se trataba de algo que sólo Ino y Sai sabían, por el momento.

-No estoy seguro. – Se encogió de hombros. – Creo que quizá debas esperar a que ella...

-Oh, vamos. – Estampé mi mano abierta contra la madera del escritorio.. – Ya comenzaste a hablar...

-Pero...

-Habrá derramamiento de sangre si no hablas. – Le mostré mi puño sintiéndome casi como Ino cuando amenazaba mi integridad física a cambio de que le contase algo.

-Das miedo cuando quieres. – Sai tragó saliva.

-Por supuesto. – Sonreí satisfecha. – Ahora dime… – ¿Pasó algo? – Sai asintió casi con pesadumbres. – ¿Algo malo? – Asintió de nuevo. – Puedes contármelo. – Dije tragando saliva, nerviosa. Miré rápidamente el enorme reloj en la pared. Faltaban casi 5 minutos para la hora en que Ino acostumbraba llegar quejándose. – Hay tiempo.

-Pero... – Hizo una mueca y carraspeó.

-Por favor. – Casi rogué sintiendo esa necesidad de saber qué podría afectar a mi amiga tanto como para poner a Sai en ese sorprendente y serio estado.

Sai exhaló separando sus labios casi como en un suspiro. Quise pensar que se había resignado al fin.

-Fue el miércoles pasado. – Comenzó. La parte curiosa de mi saltó de alegría al ver que Sai definitivamente se rindió. – Cuando llegué a nuestra casa encontré las luces apagadas y menos ruido del que acostumbro escuchar. – Se encogió de hombros. – Estoy acostumbrado a encontrarle en la cocina acomodando los platos para la cena o sentada en algún sofá viendo tele. Ese día no encontré nada, ni a nadie... pero sabía que ella estaba en casa. Su coche estaba estacionado y su bolso estaba tirado en un sofá, sus zapatos cómodos favoritos estaban tirados al pie de las escaleras. Así que subí apresurado tratando de buscar respuestas y... ella estaba en el cuarto de lavado. Tenía en las manos su bata con una mancha de sangre que era obvia a simple vista. Ya sabes lo pulcra que siempre intenta ser.

-Lo sé. - Asentí

-Me acerqué asustado a ella. Pensé que esa sangre era suya y a juzgar por la forma en que le encontré... Creo que cualquiera hubiera pensado lo mismo. – El tono de su voz era más sería de lo que estaba acostumbrada a escuchar y eso asustaba aún sin pretenderlo.

-¿Cómo...? – ¿Cómo le encontraste? Quise preguntar.

-Sentada en el suelo, llorando. – Respondió antes de tragar saliva. – Tenía miedo. Mucho miedo de que algo haya ocurrido o a Inojin. – Sai tomó aire y pareció retenerlo en sus pulmones por un rato, pensando antes de seguir.

-¿La sangre? – ¿La sangre de quien era?

-Era de su paciente... – Bajó la mirada por unos segundos.

-Mierda. – Susurré. – Pero…

-Eso fue todo lo que me quiso decir. – Una fría mueca en su rostro me dijo que era el final de la historia, pese a que él sabía, y también yo, que no era así. – Estaba hecha un manojo de nervios y probablemente se pasó la tarde entera llorando, pero cuando platicamos… ella no quiso contarme mucho. Pensé que contigo sería diferente.

-No me ha dicho nada de esto. – Mordí mi labio inferior por breves segundos.

-Supongo que no quiere preocuparte. – Me informó.

O quizá yo no le había dado la oportunidad como merecía. Quizá ella buscaba consuelo en mí y yo egoístamente me había encerrado en mi mundo de miseria y había ocupado por completo mí tiempo dejándome sin un minuto libre para poder apoyar a mi amiga. ¿En qué momento me volví esa chica egoísta que cree que el mundo se detiene cuando ella tiene un problema? Pareciera que olvidé que el mundo sigue girando y las personas siguen moviéndose mientras yo me hundo en esa patética sensación de miseria. Pero, ¿Por qué no noté que Ino se sentía mal? ¿Porque ella siempre parecía notar cuando a mi me pasaba algo pero yo no… porque no podía ser el barco de la persona que siempre ha sido el mío? Ahora era obvio que cuando ella se acercaba a mi no lo hacía buscando sacarme respuestas como yo creía.

Podía recordar cómo me había dicho que me había echado de menos. Ahora todo tenía sentido.

-Mierda. – Mascullé sintiendo mis mejillas arder por el coraje hacía mí misma. Entonces, me di cuenta de que si seguía así nuevamente me concentraría en mí y caería en mi automiseria, de nuevo. – ¿Qué pasó después?

-Platicamos de ello y juró que se sentía mejor. – Continuó. – Pero... no quisiera verle así de nuevo. Nunca.

Una parte de mi subconsciente se lamentó nuevamente por no haber podido estar con ella cuando pasó.

-No te agobies. – Sai se estiró y dio un par de palmaditas en mi cabeza, buscando a su manera de reconfortarme.

-No estuve con ella. – Mi voz salió más rara de lo que pensaba.

-No fue tu culpa. – Entrecerró los ojos. – Tú también necesitabas ese descanso para pensar en muchas cosas.

-La verdad... Si. – Mordí mi labio inferior. Si supiera que al final sigo igual.

-Además mi esposa es sorprendente...

-Lo es. – Asentí aún con esa punzada en el pecho.

En ese momento, como si le hubiésemos invocado, ella apareció abriendo la puerta de forma excesivamente ruidosa. Como siempre.

-¡Hola Sa...! ¿SAI? – Le miró casi con escepticismo. – Cariño, ¿Qué estás haciendo aquí?

-Traje tu desayuno. – Dijo levantándose de la silla y caminando lentamente hacía Ino, quien aun le miraba como si fuese una aparición con afán de asustarle.

-¿Porqué? – Juraría que le vi jadear antes de quedarse sin aliento. – Te dije que estaría bien.

-Porque me apetecía verte. – Le sonrió dulcemente y le abrazó con fuerza rodeando sus hombros con sus largos brazos.

-Gracias, cariño. – Ino correspondió a su abrazo y se aferró con fuerza a él.

-Voy al baño, chicos. – Informé sabiendo que probablemente hacía mal tercio, pero más que nada porque mi fortaleza se había debilitado un poco y sentía un nudo en la garganta que no sabía cómo pasar. – Pero ni se les ocurra hacer algo sucio en mi oficina. – Entrecerré los ojos. – Vayan a la de Ino, porque yo ni siquiera he usado la mía para esas cosas... No pueden llevarme ventaja en mi consultorio. – Dicho esto y ante los ojos bien abiertos de Ino y la sonrisa irónica de Sai, salí del consultorio y caminé apresuradamente al baño de mujeres.

Un mensaje me llegó mientras estaba esperando por mi turno para usar un cubículo. Lo ignoré mientras vaciaba mi vejiga y pensaba en alguna forma para preguntarle a Ino por la semana pasada sin meter a Sai en problemas. Lavé mis manos y retoqué un poco mi labial cuando sentí de nuevo el vibrar de mi celular. Lo saqué del bolsillo de mi bata y abrí la sección de mensajería. Un mensaje era de Sasuke, el segundo fue de Ino.

-Demonios. – Maldije abriendo primero el mensaje de Ino: "Estoy esperándote justo afuera del baño. No tardes (:"

Sequé mis manos húmedas con una servilleta desechable y suspiré preguntándome cuan curiosa era mi suerte que la persona de quien por ratos buscaba distraerme me recordaba que estaba vivo, aunque fuese con sus mensajes cortos pero directos. El mensaje de Sasuke solo decía: "¿Estarás ocupada hoy?"

Bloqueé mi celular y lo guardé en el bolsillo de mi bata médica sabiendo lo mucho que él odiaba que no le respondiera en seguida. Y es que a pesar de que en verdad moría de ganas por verlo sabiendo que de cierta forma él controlaba mis temores, no me sentía lista aún.

Yo era muy débil, y él era muy listo.

No estaba preparada para verle de nuevo, al menos hasta tener más clara la mente y las ideas.

Cuando salí del baño, Ino aguardaba por mí con su desayuno en mano. Su labial estaba ligeramente corrido y sus mejillas rebosaban de rubor natural, no vi necesario perturbarla en ese instante diciéndole que casi medio hospital le veía con el labial desaliñado y su bata un poco ajada.

-¡Sakura! – La fuerte voz de Ino para llamar mi atención, como si aún no le hubiese visto, interrumpió mis pensamientos llenos de posibles respuestas para Sasuke. Las respuestas negativas tenían trato preferencial.

-¿Sai nos espera en el comedor? – Pregunté al observar que él no estaba si quiera cerca de nosotras.

-No. – Respondió. – Sai tenía que volver a su oficina rápido.

-Entiendo. – Caminaba a su lado rumbo al comedor. – Sólo seremos tú y yo. – Confirmé.

-Como siempre. – Asintió mientras parecía caminar sobre las nubes.

Mientras desayunábamos me concentré en escuchar los suspiros de mi amiga. Ella se veía tan contenta que no parecía que hubiera tenido un problema como Sai había contado, pero no me atrevía a preguntarle aún. Quizá debía esperar a que ella me contara porque así lo quisiera.

-¿Estás bien? – Me preguntó dejando a un lado su tenedor y fijando su atención por completo en mí.

-Por supuesto. – Respondí. – ¿Luzco distraída de nuevo? Sí es así perdóname. Quizá es por la forma de mis ojos, pero yo... – No estoy bien. Tengo miedo, pero ahora mismo más que nada me preocupas… – Estoy bien.

-Frente. – Dijo riéndose sonoramente. – Tus ojos son muy bonitos, pero debo confesar que extrañaba oír tus teorías.

-¿Teorías?

-Teorías. – Confirmó. – Estoy considerado escribir un libro con tus teorías absurdas.

-¿Tengo muchas? – Elevé a propósito la ceja izquierda.

-La de Infección estomacal para cubrir el enamoramiento, sin duda es mi favorita.

-Qué simpática. – Le miré con apatía, para deleite de ella.

-Lo soy, ¿cierto? – Su rostro tenía un gesto altanero, pero adorable al mismo tiempo.

-No sé como Sai te soporta. – Me burlé.

-Bueno… – Pareció pensarlo. – Le daré un hijo, supongo que es por ello. – Su sonrisa era hermosa y sincera. Lo que fuese que había pasado, ya no le aquejaba más.

-Seguro. – Reí con ella.

-Es gracioso.

-¿Qué?

-¿Recuerdas que al principio él era quien decía no estar listo para ser padre? Cuando se lo planteé la primera vez parecía seguro en no querer. Y sin embargo, ahora...

-Está emocionado. – Terminé por ella.

-Sí. – Asintió.

-Hasta escogió un nombre.

-No pasará – dijo acomodándose en su silla. – Sólo un milagro haría que aceptara que mi guapo hijo tenga un nombre así.

-Si tú lo dices... – Alegué jugueteando con una cucharilla. – Alguien tiene que ceder.

-Quizá si le doy otras opciones de nombres… – Se encogió de hombros. – Quizá si sea una niña.

-Creí que morías por que fuera un varón.

-Sí, pero… lo que sea con tal de que se llame de forma distinta. – Hizo una graciosa mueca.

-Respondiendo a mi comentario de que alguien tiene que ceder, supongo que será Sai quien lo haga.

-Hm. – Asintió.

-Él siempre te dará la razón.

-Ah. – Bufó mientras pasaba un dedo por sus pestañas, como si de repente tuviera algo molestándola. – Él es… el mejor hombre que he conocido… – Suspiró. De pronto fue tan obvio que algo aún le preocupaba, y que estaba pensando en ello justo en esos instantes.

-¿…Pero? – Mordió por breves segundos su labio inferior mirándome con culpa.

-Pero… – Jadeó. – Yo… yo no soy reciproca con él.

-¿Porque lo dices?

-Le he mentido tantas veces que… – Espera, ¿Qué?

-¿Qué? – Sentí que la sangre me abandonó tan rápido que me sentí helada en cuestión de segundos. – ¿Qué? – Repetí más fuerte.

-Ah, no es la clase de engaños que seguro te imaginas, frentona inmoral.

-No te estoy entendiendo, Ino querida. – Tragué saliva. – ¿Serías tan amable…? – De explicármelo. Sin embargo, no pude terminar la oración. Estaba aún algo distraída por sus confesiones.

-Verás, él es sincero conmigo. – Explicó. – No hay cosa alguna que él haya hecho en el día y que yo no termine por enterarme por su propia voz. Pero yo, no siempre soy sincera con él. – Confesó. – Él me ve como si fuera la única mujer en el mundo, me ama en serio y yo a veces no quiero llorar frente a él porque tengo miedo de que cambie la forma en que me mira, en cómo me ama. No quiero ni pensar en la cantidad de veces que le he dicho: "Estoy bien" sólo para que él no se enterase de lo débil que soy.

-Pero… ¿No estás bien? – Le pregunté.

-Yo… – Tragó saliva. – Tengo tanto miedo.

-¿De qué? – Sonó más fuerte de lo que pretendía. – ¿De ser madre?

-No. – Respondió enseguida.

-¿Entonces?

-Tengo miedo de no… de no serlo. – Apartó la mirada de mí. – Tengo miedo de no ser madre.

-¿Por qué?

-Porque… soy tan débil.

-Ino, no creo que lo seas. – Le aseguré. – Eres totalmente fuerte y cuando te propones algo, lo que sea, lo consigues. ¿A qué le temes?

-No todo lo que me propongo. – Me miró con los ojos ligeramente húmedos. – ¿El no te lo dijo? – Soltó de repente.

-¿Hm?

-Sai, mientras esperaban por mí, ¿Él no te contó? – Bajé la mirada tratando de concentrarme en mi gelatina para aparentar que no pasaba nada.

-¿Decirme qué? – Me hice la confundida.

-Lo que me pasó. – Le miré a tiempo que ella bajaba la mirada brevemente a sus manos temblorosas.

-No te entiendo, cariño.

-No está mal si me dices, en realidad me facilitarías las cosas. – Se tensó. – Pienso contártelo, aunque no aquí.

-Está preocupado. – Acepté. – Pero dice no saber exactamente qué pasó.

Ino me miró fijamente por breves segundos antes de fijar su vista en su regazo. Tamborileó sus dedos en la mesa y luego pasó un largo mechón de su cabello tras sus hombros.

-¿Irías conmigo a otra parte? – Evitó por completo mi mirada.

-…– Sonreí aunque ella no me vio. – A donde quieras. – Le respondí dejando caer mi mano sobre la suya.

Ino asintió y se levantó de su silla.

-Vamos.

Ambas salimos del comedor y le seguí en completo silencio hasta el área de ginecología. Nos detuvimos frente a la puerta abierta de una habitación en la que se observaba a una joven mujer dormir con dificultad. Tenía vendajes en casi el 60% de su cuerpo y una fractura en su pierna izquierda por lo cual estaba enyesado.

-¿Quién es? – Pregunté con temor a entrar. En su habitación había 2 personas quienes conversaban a voz demasiado baja quizá por temor de despertar a la joven.

-Mi paciente. – Suspiró. – ¿Cómo está? – Ino preguntó a una enfermera que caminaba por el pasillo rumbo a esa habitación.

-Igual que hace una hora que preguntó. – Le respondió. – Estable.

-Es un alivio. – Pese a sus palabras, el rostro de Ino no mostraba alivio en absoluto.

-Comprendo. – Dije sabiendo que probablemente era la paciente que Sai había mencionado.

Ino observó desde fuera a la joven por un rato más antes de darse media vuelta. Al instante en que nuestras miradas se encontraron, me hizo una seña indicándome que le siguiera a la salida. Su rostro estaba serio y sus labios se curvaron en una mueca justo cuando pasó a mi lado.

-Camina rápido. Necesito salir de aquí. – Masculló a penas y viéndome por el rabillo del ojo.

-¿Pasa algo? – Pregunté asustada.

-Sólo… – Bufó. – No puedo con ello. Camina.

-¿Qué?

-¡Camina! – Repitió.

-¡Ino! – Frené apresuradamente, provocando que ella se detuviera al instante. – ¿Me dirías qué ocurre?

-Pues… – Agachó la mirada antes de que pudiera verle mejor, pero estaba segura de que alcancé a ver sus ojos opacos, señal de que necesitaba llorar.

-Oh, Ino. – Me asusté casi al segundo mismo en que vi como trataba de contener las lágrimas dentro de sus ojos. – Lo que sea, dímelo ya. – Tragué saliva, asustada.

-Cada que le veo… me siento tan mal. – Mordió su labio inferior. En ese momento me di cuenta de que estaba temblando de forma extraña. – Tan inútil.

-No, Ino. – Aferré mis manos en sus hombros.

-…– Ino cerró los ojos y tomó todo el aire que pudo en sus pulmones, luego lo soltó de golpe mientras parpadeaba un par de veces. – En… – Trató. Puse una mano en su hombro derecho, para tratar de mostrarle mi apoyo.

-Dime…

-… – Suspiró. – La semana pasada, esa paciente ingresó porque tuvo un… – Tomó aire de nuevo. – accidente automovilístico. – Quise preguntarle más, pero aguardé porque ella siguiera hablando. – Y… – Se cubrió la boca con una mano mientras la otra la aferraba con fuerza a mi brazo. – Perdió a su bebé.

-Oh, Ino…

-Ella llegó por urgencias, tenía un sangrado – Eso explicó para mí el hecho de su bata llena de sangre que Sai encontró. – Por más que tratamos… – Su mirada bajó al suelo y la mía siguiéndole. Sus manos temblaban. – No se pudo hacer nada por el bebé. – Temblando, llevó una mano a su vientre y cerró los ojos mientras contenía un suspiro.

-Hiciste lo que pudiste…

-No fue suficiente. – Negó compulsivamente mientras pasaba su mano libre a la altura de su brazo contrario, auto protegiéndose.

-Estoy segura que sí. – Tragué saliva. – ¿Ella está bien? – Temía angustiarla más, pero necesitaba que sacara todo el malestar que le aquejaba.

-Sí, ella sí. – Suspiró. – El pronóstico de ella ahora mismo es bueno, pero… – Tragó saliva. – Casi me siento terrible, ¿sabes?

-¿Por qué?

-Yo… voy por ahí, paseándome por el hospital sonriente, abriendo mí bata cada que un conocido se acerca, casi gritando a los 4 vientos: ¡Lo conseguí, seré madre! – Sus cejas se juntaron en un gesto de desconsuelo. – Y ella está ahí, semi inconsciente por los analgésicos que se le administran cada dos horas para que soporte el dolor de las fracturas en su cuerpo. No quiero ni imaginar el dolor que sintió ella cuando despertó y supo que su vientre ahora está vacío…

-No es culpa tuya, Ino. – le aseguré. – El bebé probablemente murió tras el impacto y que viviera era imposible…

-Lo sé. – Asintió mirándome con sus hermosos ojos humedecidos y a punto de explotar de nuevo en lágrimas. – Pero no puedo evitarlo. Tal vez sean mis hormonas alborotadas.

-Seguramente. – Le respondí tratando de reconfórtala. Le di un fuerte abrazo sintiendo como mi corazón se aceleraba y sus lagrimas mojaban mi hombro. Ella enrolló sus brazos en mi cuello y me aferré a ella con todo lo que tenía. Su cuerpo temblaba mientras yo sentía mi corazón apachurrado, triste, y no sabía si era por ver a mi mejor amiga llorar o porque yo también sentía pena por aquella paciente.

Discretamente llevé una mano a mi abdomen. Hasta ese momento no me había permitido tocar esa parte más que cuando me bañaba o me rascaba… pero esta vez lo hice sintiendo algo en mi pecho. Miedo. Un miedo completamente irracional y distinto del que había sentido antes. Al instante aparté mi mano y volví a abrazar a Ino.

-Vámonos. – Dijo Ino mientras sacó de su bolsillo un pañuelo desechable con el cual limpió su rostro. A pesar de las manchas negras que se había formado bajo sus ojos por el maquillaje corrido, ella seguía viéndose deslumbrante y lo sabía. – Iré a pediatría, estamos frente al área, sé que no quieres volver así que…

-Te acompaño. – Dije comenzando a caminar a su lado.

-Te he manchado, lo siento. – Dijo sacudiendo su nariz con otro pañuelo.

-¿Qué? – No había entendido del todo su comentario.

-En los hombros, mi maquillaje. – Mordió con timidez sus labios rojos. – Lo siento.

-Está bien. – Sonreí con calma. – ¿Por qué vamos a pediatría? – Pregunté abriendo las puertas corredizas para ella. Ino prácticamente entró corriendo al área de recién nacidos y entonces todo en su semblante cambió. Sus ojos no estaban más apagados y su sonrisa a penas y buscaba asomarse en sus labios.

-Sólo aquí encuentro algo de paz. – Susurró observando aquel lugar repleto de bebés que parecían tan frágiles que temía hasta respirar cerca de ellos.

-No creo que los bebés sean precisamente un sinónimo de paz, Ino. – Rodé los ojos. – Sin embargo, a mí también me gusta esta área.

-Sí. – Respondió observando desde fuera como un pequeño era alimentado con un biberón por la enfermera. – En estos momentos, no sabes cuanta paz me dan.

Ironías, ironías de la vida. Lo que para mí significaba trabajo y más trabajo, para ella representa 'paz'; lo que en estos momentos para ella se ha convertido en el milagro de su vida, para mí es lo que me ha quitado el sueño y ha revolucionado mi vida.

-Supongo. – Le sonreí mientras pasaba un brazo sobre sus hombros. – Quisiera sentir esa misma paz. – Ino volteó a verme por un par de segundos con sus enormes ojos. Sus rojos labios entreabiertos dejaron salir una bocanada de aire y luego volvió a ver a los bebés mientras yo recordaba que tenía pendiente responderle a Sasuke.

-En realidad, ese día cuando no estabas para desahogarme contigo… vine aquí. – Me informó humedeciendo sus labios.

-Lamento no haber estado. – Le confesé. – No sabes cuánto.

-No te preocupes. – Me sonrió. – En el área de juegos encontré consuelo.

-¿En verdad?

-Nagato y su pandilla me recibieron en su espacio.

-Comprendo.

-Me vieron llorar en una esquina, como niña regañada y ellos interrumpieron su juego preguntándose quién sería la loca que se esconde tras la puerta que cree está vacía a llorar. – Sentí mi bolsillo vibrar insistentemente ante una llamada, pero no quise interrumpirle. – Konan me ofreció una flor echa de papel diciendo que yo era linda y Nagato me invitó a jugar serpientes y escaleras con ellos. Me dejaron tirar los dados 2 veces en cada turno porque yo era mayor.

-Sabía que lo tuyo era trampa. – Dije sonriendo con suficiencia.

-Supongo. – Mordió su labio inferior. – Sakura… gracias por escucharme.

-Siempre. – Tomé su mano envolviéndola con la mía como solíamos hacer en la escuela para infundirnos valor antes de algún examen. – ¿Te doy un consejo? – No esperé por su respuesta. – Ten más fe en Sai. – Me miró pensativa, no comprendiendo del todo mis palabras. – Sé que a veces él es un poco insensible, pero sí en este punto de su relación no confías tu vida en él, la poesía no será más que palabras al viento. – Ino separó los labios y me miró como si hubiera dado en el clavo de una de sus ideas.

-Gracias, Saku. – Sonrió. – Gracias.

-Cuando quieras. – Ambas volvimos a mirar a los recién nacidos y entonces recordé que tenía algo pendiente. Mi celular mostraba una llamada perdida de Sasuke.

-Ops. – Susurré. Observé a Ino sonriente y jugueteando con un mechón de su cabello demasiado distraída como para ver mi mueca de aflicción.

"Si. Estaré ocupada" – Envié el mensaje y guardé el celular en mi bolsillo. Necesitaba también algo de paz.

Un par de horas más tarde, Ino y yo platicábamos por el pasillo que nos llevaba rumbo al estacionamiento. Su estado de ánimo volvía a ser el mismo que siempre, el mío seguía siendo el de ansiedad.

-Entonces me gustaría aprender a preparar pastelillos. – Me informó.

-¿Por qué no simplemente los compras? – Rodé los ojos. – Seguro que es más sencillo pasar al supermercado, tomar un paquete de cupcakes y tragarlos en la comodidad de tu casa.

-Pero no estaría 100% segura de que son saludables. – Hizo un gesto de desagrado.

-Por supuesto que no serán 100% saludables, ni siquiera si los prepararas tú misma. – Contraataqué. – Pero no por eso dejan de ser deliciosos, si los preparas guárdame uno.

-Lo pensaré. – Dijo deteniéndose frente a su automóvil.

-Cada vez te estacionas más lejos de la entrada, Ino. – Le hice notar. – ¿Es tu forma de hacer ejercicio?

-No. – Respondió abriendo la puerta de su lado. – Últimamente todos están llegando temprano.

-¿En serio? – Me senté y acomodé mi bolso sobre mis piernas antes de ponerme el cinturón de seguridad. – Quizá sea su propósito de año nuevo. – Murmuré.

-Aparentemente. – Suspiró y luego una sutil sonrisita salió de sus labios como si hubiera recordado un chiste que le hizo cierta gracia.

-¿Qué pasa?

¿Por qué la risa? – Quise decir.

-Escuché en el baño esta mañana… – Se detuvo unos cuantos segundos, luego prosiguió: – que si la doctora Haruno puede ser puntual, cualquiera puede.

-¿Qué? – Mi voz sonó más alta de lo que planeaba. – Es un chiste. – Sugerí. – Dime que lo es.

-No. – Mordió su labio inferior tratado de contener una risita. – Pero fue Tenten quien lo dijo.

-¿Quién?

-La amiga de Lee. – Me informó. – Pequeña, castaña…

-Ya sé, ya sé. – Arrugué la nariz. – Ya sabía que esa pequeña zorra me odia.

-¿Porqué? – Esta vez bi pudo o no quiso contener la risa.

-Yo que sé. – Me encogí de hombros. – Por guapa, creo.

-No estoy segura de eso. – Rebuscó algo entre su bolso. – Quizá sea por Lee.

-Obviamente por Lee. – Le di la razón. Unos pasos resonando por sobre el silencio típico de aquel estacionamiento llamaron mi atención. – Mira... – Dije a Ino.

Shizune, la asistente de Tsunade-sensei estaba corriendo por entre los autos estacionados buscando llegar a algún lugar.

-¿Estará bien? – Ino me preguntó mientras se ponía sus lentes de sol.

-Creo que está buscando a alguien. – Respondí.

-Quizá le asaltaron. – Supuso teatralmente.

-No seas dramática, cerda.

-Ayudémosle. – Ino se quitó el cinturón de seguridad y bajó el vidrio para asomar su cabeza y brazo buscando llamar su atención. – ¿Necesitas ayuda? – Gritó.

-Creí que morías de hambre. – Le dije viendo como Shizune se acercaba a nosotras a grandes pasos.

-No podría comer tranquila si, conociendo a Tsunade, esta chica es regañada. – Los enormes ojos cafés de la chica brillaron al vernos.

-Gracias al cielo les alcancé. – Dejó escapar una bocanada de aire y llevó una mano a su pecho mientras trataba de respirar con normalidad.

-¿Nos buscaba a nosotras?

-La doctora Tsunade me dijo que ustedes se marchaban juntas y… me pidió que entregara esto a la doctora Haruno. Dijo que es urgente. – Shizune me ofreció un enorme sobre amarillo.

-¿Para mí? – Fruncí el ceño, confundida. – ¿Qué…?

-Dijo que usted sabría exactamente de qué se trata. – Shizune aún estaba agitada, sin embargo su mirada denotaba alivio. Tsunade no le perdonaría si fallaba en su encomienda.

-Dios… – Inhalé tanto como pude. – Bien, gracias. – Tomé el sobre y lo dejé sobre mis piernas. – Te lo agradezco.

-No es nada. – Shizune sonrió amablemente. – Recuerde que ella dijo: Urgente.

-De acuerdo. – Asentí temiendo lo que en su interior pudiera haber. Shizune se dio rápidamente la vuelta y se marchó esquivando los autos estacionados para volver más aprisa.

-¿De qué se trata, frente? – Ino me cuestionó arrebatando de mi regazo el sobre. – Oh, tiene el sello del área de estudios. – Con maestría buscó el borde donde se debía abrir el sobre, sin embargo estaba completamente sellado.

-¿Área de estudios? – Le arrebaté el sobre para comprobar sus palabras. – Yo no le he ordenado a ningún paciente… – Y de repente todo comenzó a encajar en su sitio.

Tengo algo para ti, del área de estudios. – Había dicho Tsunade, el viernes pasado, antes de irse malévolamente por donde llegó.

-¿Entonces…? Si tú no los pediste qué será…– Ino hizo ademán de abrir el sobre. Con lo desesperada que ella era, quizá fuera demasiado fácil para ella enterarse de su contenido.

-Ah, ya recordé. – Dije casi arrebatándole el sobre. – Sólo son unos resultados de laboratorios de un paciente. – Dije empujándolo en el interior de mi bolso. – Pero nada de importancia, al menos no tanta.

-¿Por qué no los revisas de una vez?

-N… no. – Negué tratando de aparentar desinterés. – Preferiría hacerlo en casa, con calma.

-Pero, ¿no se está arrugando en tu bolso?

-Ja, no pasa nada. – Hice un gesto con la mano derecha simulando que en serio era algo sin importancia pero rogando en silencio porque lo olvidara pronto.

-Bueno. – Arrancó el coche y me llevó a casa mientras hablábamos de cualquier cosa.

Una vez dentro de mi departamento aventé mis zapatos haciendo que se estamparan contra la pared más cercana. Tiré mi bolso en un sofá y me dejé caer en el sillón sintiéndome terriblemente agotada. Desde donde estaba acostada, observé como Gil me miraba curioso desde el sofá junto a mi bulto.

-Ven, pequeño. – Le dije dando un golpecito en mi pierna. – Ven, Gil.

Gil se bajó apresurado tirando de paso mi bulto y regando el contenido por todo el suelo.

-Ay, no. – Bufé. – ¿Por qué eres tan… torpecito, Gil? – Me senté apresurada y acaricié a Gil quien estaba recostado sobre mis pies. Desde ahí, levanté una pluma que rodó desde la bolsa y un borrador. Me levanté del sillón y levanté lo que tuve más a la vista. Un labial, un bolígrafo, mi identificación, mi cartera, mis notitas de colores y luego… casi debajo del sillón pude ver el sobre amarillo. – Hmm… Gil, llévate eso lejos. – Le señalé el sobre esperando que él entendiera que podía disponer de él como quisiera. Sin embargo, Gil lo ignoró y a mí y se fue a la cocina esperando que yo le siguiera. – El mejor amigo del hombre, ¿eh? – Levanté el sobre y lo puse sobre la mesita de centro. Más tarde, cuando comía unas palomitas y veía una película con el fin de distraerme, le dejé caer encima unos periódicos viejos. Por la noche, adrede puse sobre los periódicos un florero vacío. Antes de acostarme a dormir, reemplacé el florero por el libro más grueso de anatomía que tenía, ese que nunca usaba más que para aplastar cosas porque me daba absoluta pereza verlo siquiera por el voluptuoso tamaño que tenía.

Y así, dejaría que se quedase debajo de la anatomía porque no sabía ni imaginaba siquiera lo que Tsunade podría estar tramando.

.

El viernes por la mañana fue una llamada de Sasuke la que me despertó temprano. Estaba demasiado inconsciente por el sueño como para decidir no responderle y el celular estaba demasiado cerca de mí como para ignorar la llamada.

-¡¿Qué?! – Dije tallándome los ojos con mi mano libre. Al instante observé en mi reloj que eran cerca de las 5:00am. Demasiado temprano, de nuevo.

-Lo siento, ¿Te desperté? – Lo burlona de su voz me hizo pensar que en realidad no lo sentía tanto como decía.

-Uchiha, son las 5 de la mañana. – Le informé rudamente. – Por supuesto que me despertaste.

-Hmm... – Casi pude imaginarle sonriendo de satisfacción.

-¿Qué ocurre? – Me senté en el sillón y encendí la lamparita de la mesita de noche.

-Estoy saliendo rumbo a los Ángeles en este instante. – Comunicó casi susurrándolo, como si estuviera convencido de que yo le armaría un lío o algo por ello.

-¿En serio? – Bostecé. – ¿Todo bien? ¿Rodaron muchas cabezas?

-No las suficientes. – Respondió. – Por eso te pedí vernos antes, pero estabas ocupada. – Su voz lejos de sonar como un reproche, sonaba comprensiva. En cambio, yo sentí algo de culpa y luego alivio. – Volveré el domingo.

-¿Seguro?

-Claro. Sólo voy a reunirme con Itachi.

-Inesperado. – Murmuré. – ¿Seguro que todo está bien?

-Descuida, es más una visita familiar que de negocios.

-¿No pudiste simplemente llamarle? – Tallé mis ojos y acomodé mi espalda en las almohadas resignada pero animándome al recordar que era mi día favorito de la semana.

-Las cosas no siempre son así de fáciles.

-O quizá ustedes son los que se complican. – Bostecé de nuevo. – Llámame cuando estés de regreso.

-Lo haré. – Prometió.

-Saluda a Itachi de mi parte. – Pedí sabiendo que eso le disgustaría un poco.

-Lo pensaré.

-Cuídate.

-También tú. Ten un buen día en el trabajo. Y no vuelvas a dormirte cuando cuelgues.

-No lo haré. – Respondí ante el silencio del otro lado de la línea. – Hablaremos cuando vuelvas. – Él ya había colgado.

Dejé el teléfono a un lado y me levanté de la cama sintiendo enseguida la necesidad de volverme a acostar. El piso estaba frío y el cuarto también, así que tomé mi sabana rosa y me envolví en ella. O había mucho frío o yo era muy friolenta al despertar. Quizá ambas.

Asomé por la ventana sintiendo al instante como el cristal estaba helado y empañado. El sol aun no salía por completo por lo cual la calle estaba casi en penumbras.

Regresé a la cama y me acosté cerrando los ojos con fuerza sabiendo que era inútil. Ya no volvería a quedarme dormida.

La doctora Haruno seguiría imponiendo disciplina. Después de todo, ese hábito de madrugar no era tan malo. Por las noches, caía completamente rendida y eso era mejor.

Así que con toda la actitud, me levanté de la cama y decidí que sería un buen viernes.

Un buen viernes.

Lo fue.

6 consultas, una cirugía exitosa de urgencia y 0 encuentros incómodos con Tsunade después, comprendí que mi paz estaba en mi distracción mental. Una hora antes de mi hora de salida, estuve desocupada pero concentrada en mantenerme en ese estado que luchaba casi diario por mantener: Como si yo no supiera absolutamente nada.

Un libro pareció ser la solución, momentáneamente. Pero como siempre, nada parecía durarme tanto como necesitaba.

-¿Ya viste la hora? – Ino llamó mi atención.

Llevaba sentada frente a mí un par de minutos. Yo leía un libro de pediatría, ella leía unos expedientes con los que trabajaría al día siguiente.

-No. – Casi por necesidad tuve que mirar el reloj de pared del consultorio. – Oh, ya es hora de ir a casa. – Estaba sorprendida de que en verdad últimamente las horas se me fueran volando. – Finalmente es viernes. – Dije levantándome de la silla. Tomé mi bolso y saqué las llaves para poder cerrar el consultorio al salir.

-¿Apendicetomía? – Escuché a Ino decir sorprendida. Volví la mirada a mi amiga quien estaba absorta revisando el libro que minutos antes yo estaba leyendo. – Casi diario la realizas… Es tu pan de cada día, ¿Por qué lees esto?

-Estaba haciendo tiempo para poder irnos a casa. – Me encogí de hombros. Y era verdad. Necesitaba hacer algo para mantener mi mente ocupada en otra cosa que no involucrara Sexo, Sasuke y bebé en una misma situación y en ese mismo orden.

-Vaya manera que tienes de matar el tiempo. – Cerró el libro de forma muy ruidosa y lo dejó caer de igual forma en el escritorio de madera. – Vamos, muero de hambre. – Sin embargo en un bolsillo de su bata sobresalía la envoltura de unos malvaviscos.

-Igual que yo. – Le informé mientras abría la puerta para que ella saliera primero. – ¿Me darías un malvavisco si te lo pido gentilmente? – Por alguna razón, sentí una especie de 'antojo' por aquel dulce.

-No sé de que hablas. – Respondió metiendo su mano en el bolsillo para empujar su preciado tesoro al fondo de su bata y que nadie lo viera.

-Egoísta. – Susurré mientras con la mano libre acomodaba un mechón de mi cabello detrás de la oreja.

-Oh, mira Tsunade-sensei viene por el pasillo. – Ino dijo a mis espaldas. Su voz estaba 100% cargada de sorpresa y algo de admiración. Como de una fan-girl viendo a su amor platónico pasar.

-¿Quién? – Pregunté alarmada y dando un pequeño salto. – ¿En serio? – Accidentalmente dejé caer las llaves al suelo y tragué saliva. La única persona, aparte de mí, que sabía de mi embarazo estaba próxima a nosotras. Le había prometido decirle a Ino todo pero en vez de eso seguía manteniéndolo como un secreto porque ni siquiera yo misma sabía cómo asimilar la situación. Si Tsunade llegaba y le contaba a Ino la verdad de mi condición probablemente se enfadaría al darse cuenta que en vez de relajarme y cuidarme como necesitaba, estaba atravesando una etapa de innecesario estrés. Ino probablemente pegaría un grito aún más escandaloso de lo que estaban acostumbrados mis oídos y luego me regañaría como niña pequeña para después llevarme donde Sasuke para que le dijera absolutamente toda la verdad. Toda. Y siendo sincera aún no estaba lista. En nada, para nada. Ni siquiera me había tomado la molestia de asimilarlo como debía. Había decidido que el fin de semana tomaría una decisión, pero aún no…

-Lo sé. Es raro verla salir de su oficina, ¿cierto? – Escuché como jugueteaba con la bolsa de malvaviscos y sacaba uno para comerlo.

-Claro. – Respondí mientras nerviosamente me agachaba para recoger las llaves del suelo.

-Oh, ella me saludó. – Ino dijo entre dientes, como si tuviéramos la completa atención de Tsunade sobre nosotras.

-¿Viene hacia acá? – Cerré con fuerza los ojos temiendo que así sea. Seguía dándole la espalda a Ino y me erguí volviendo a poner las manos sobre la cerradura de la puerta, la cual ya había cerrado pero estaba segura que mis pies no me responderían del todo bien, aún si intentara huir.

-Está conversando con el doctor de cardiología. – Respondió mientras mordisqueaba su malvavisco. – ¿Nos estamos ocultando de ella por alguna razón?

-No. – Dije de inmediato. – Sólo,... Creo que quizá quiera hablar conmigo por mi salud. – Mordí mi labio inferior temiendo que mis palabras se hagan realidad y enfrente de Ino.

-Dijiste que estabas bien. – Ino protestó encarándome.

-Ya sabes cómo es ella. – Me repuse. – ¿Por qué no te adelantas? Te veo en el estacionamiento. – Rogué porque me hiciera algo de caso. – Creo que dejé algo en mi consultorio.

-Oh, pero si aún estamos aquí. – Ella obvió. – No me molestaría esperarte. Además quisiera saludar a Tsunade-sensei.

-Sabes que tardo más si no me presionas. – Le recordé. – Además si te quedas aquí probablemente Tsunade te busque platica y sería descortés decirle que tenemos hambre y por eso no responder su plática. Vamos, Ino, ve al estacionamiento. – Dije tomándola por los hombros para instarla a darse la vuelta hacia la salida. – Yo le diré que necesitabas pasar al sanitario antes de irnos. Ella comprenderá. – Le aseguré tratando de disimular mi desesperación. – Hormonas y organismo alborotado por el embarazo.

-Tienes razón. – Ella respondió aun mirándome con los ojos bien abiertos. – No quisiera que a media charla con Tsunade mi estómago suene hambriento. No tardes. – Dijo dando media vuelta hacia la salida. Sus pasos firmes, aunque ya no usaba tacones altos, resonaron como 'culpa' en mi cabeza.

Respiré profundamente tratando de recobrar la compostura. Temía que Tsunade se acercara a preguntar por mi embarazo. Temía que lo mencionara enfrente de alguna persona y sabía que el hospital era grande, pero sus pasillos pequeños. Tarde o temprano la noticia llegaría a oídos de Ino.

Me di la vuelta lentamente para encararle, pero le vi pasar de mí triunfalmente. Sus largas piernas le favorecían el avanzar por los pasillos más rápido de lo que parecía.

-Por favor, es necesario que reprograme sus cirugías. – Le escuché decirle al médico de cardiología mientras avanzaban rápido hasta el final del pasillo. – El quirófano tiene una deficiencia de materiales.

-Oh. – Me quedé estática por la sorpresa. ¿Mi suerte estaría comenzando a cambiar? – Gracias a Dios. – Susurré dejando salir todo el aire de mi pecho. La había librado.

Sin embargo, antes de dar vuelta por el pasillo, Tsunade se volvió un poco y me observó de pies a cabeza antes de asentir satisfecha. No entendí demasiado el gesto, pero me sentí aliviada de verle marcharse.

Pasé mis húmedas manos por los lados de mi bata para secar el sudor de mis manos y para disimular mis nervios mientras comencé a caminar. Ino aguardaba por mí y ahora todo estaría bien.

Fue al doblar por el pasillo por donde Tsunade acababa de irse que me di cuenta que no era tan afortunada.

-¿Cómo has estado? – Tsunade le preguntó a Ino mientras se abrazaban en un corto y sutil gesto.

-Muy bien. – Ino respondió sonriendo.

-Ah, Ino. – Tsunade asentó su mano derecha en el hombro de mi rubia amiga. – No había podido felicitarte personalmente por tu embarazo. – Di un respingo y llevé mis manos a mis labios.

Por favor no diga nada de mi embarazo, por favor no diga nada. Nada. Nada. Por favor. ¡Tenga piedad!

-Descuide, lo hizo por mensaje y sabiendo lo ocupada que siempre está eso fue suficiente para mí. – Ino dijo con una enorme sonrisa que ocultaba el hambre que tenía.

Siempre tan ocupada y aún así parecía tener últimamente el tiempo suficiente para acosarme.

Ya váyase Tsunade, siga su camino… ¡circule!

-Ni hablar. – Tsunade suspiró. – Espero que aconsejes bien a Sakura. – Me miró con los ojos entrecerrados por unos segundos. ¡NOOO! Mi fin estaba cerca. – Me alegro que estés cuidándole.

-De hecho ella es quien cuida de mí. – Ino sonrió dulcemente. Quien no le conociera…

-Cuídense una a la otra, como siempre. – Tsunade nos observó a ambas por unos cuantos segundos, alternando miradas entre una y la otra. – Ustedes siempre fueron muy unidas, desde que estudiaban. Como el cordón umbilical y la placenta. Y ahora, ambas…

-Oh, qué término tan apropiado. – Sonreí falsamente disimulando que mi intención había sido distraerle.

-Sakura, espero que estés guardando reposo. – Su expresión era una mezcla perfecta entre una figura maternal y una más profesional. Como si una parte de ella estuviera lista para sermonearme y la otra tratara de guardar la compostura a toda costa.

-Lo hago. – Asentí de inmediato.

-Ino, sé que tú debes ser la consentida, pero ya sabes que Sakura es terca y probablemente no se esté cuidando apropiadamente… – Ino volvió la cabeza hacía mí para observarme con curiosidad. Entrecerró los ojos a penas un poco cuando la voz de Tsunade nos sobresaltó de nuevo. – Bueno, será mejor que me vaya. – Dijo antes de darle un abrazo rápido a Ino, y luego se acercó a mí para abrazarme casi con delicadeza. – Les veré luego, chicas. – Se dio la vuelta y avanzó un par de pasos antes de detenerse abruptamente como cuando recuerdas que estás olvidando algo. – Sakura, – Se giró para encararme de nuevo. – ¿recibiste mi paquete? – Enarcó una ceja.

El paquete. Esa mañana lo había visto mientras buscaba en la sala unos papeles que sabía había dejado en la mesita de centro. Levanté el libro de anatomía, los periódicos, revoloteé todo a mi alrededor hasta que encontré lo que buscaba y aquel sobre también. Entonces le dejé caer el libro de anatomía con fuerza y saña.

-Shizune me lo dio personalmente, Tsunade-sensei. – Le informé.

-¿Y lo has visto?

-Hoy, cuando llegue a casa. – Así que ya déjeme ir…

-Bien. – Sonrió. – Espero te guste.

-Seguro. – Dije de dientes para afuera viendo como se marchaba sin detenerse. Cuando le vi alejarse por el pasillo me di cuenta que llevaba unos buenos segundos conteniendo la respiración. Solté el aire de golpe en un ruidoso gesto parecido a un suspiro pesado.

-¿De qué hablaba? – Ino estaba mirándome con sus hermosos ojos verdes acusadores. – ¿Cuidarte de qué?

-Oh, por el… ehmm…

-¿Estrés?

-Sí, ella sabe que eres como mi hermana y que me cuidaras y aconsejaras para que no siga… preocupándome por cualquier cosa. Eso me crea estrés. – Mis labios se curvaron en un gesto de angustia. No tenía la misma suerte de la semana pasada al mentirle a Ino.

-Oh. – Ino apoyó un brazo en mi hombro, abrazándome. – Por supuesto que te cuidaré, amiga. Después de todo, tú cuidarás de mi pequeño cuando nazca.

-Claro. – Sonreí con falsedad. – Cuidaré al bebé… – ¡Yaay! Cuidar bebés se acababa de fijar como una mala hierba en mi cerebro. No me libraría de ese pensamiento en todo el fin de semana.

Necesitaba parar esto de una vez. Era algo que no podía ocultarse toda una vida.

-Vámonos. – Pedí.

Absurdo. Todo era completamente absurdo. Necesitaba hacer algo, pronto. No sabía que tanto podía confiar en que Tsunade no dijera nada a alguien o en que alguien de los que me había visto entrar al área de estudios o a quien fuese que Tsunade le pidió ayuda en el área de ginecología hablara. El hospital era grande, pero el mundo muy pequeño cuando se trataba de comunicar algo de esa magnitud.

Comenzaba a ser consciente de que no pasaría mucho antes de que alguien lo notase, o alguien lo rumorase en el baño de chicas. Sí, aparentemente todos cuchicheaban ya por mis repentinas entradas, puntuales… no podía ni pensar lo que se diría de mi en los pasillos. Menos, si Ino fuese quien se enterara del rumor antes que yo supiera cómo pararlo.

La cosa era simple. Tener o no tener a un hijo a mis 26 años, sin marido o novio a la vista, embarazo fruto de uno de los muchos amantes que mi promiscua vida me otorgó, hijo de cuyo padre estaba enamorada pero no me atrevía a decirle… sería madre soltera, en un departamentito, con millones de razones que me atormentarían, con una carrera que estaba despegando y ya con una traba… No, no… si me ponía a pensar en las contras, el resultado sería al que más miedo le tenía.

-¿Almorzamos? – Ino me preguntó deteniéndose frente al semáforo en rojo. – Estamos en la avenida. Si dices que si, seguiré al restaurante de comida italiana que te gusta por el vino que sirven. Si dices que no, tomaré la ruta corta a tu departamento porque ya tengo hambre.

-La ruta corta, Ino. – Dije frunciendo el ceño. – Es la única ruta que hay.

-¿Segura que no quieres comer en el italiano? Piensa en el delicioso vino… hasta a mí se me antoja. – No pude contener la risita en mis labios.

-Realmente hoy no se me antoja. – Dije justo cuando el semáforo cambió a verde.

-Bien, entonces queda pendiente para la próxima semana.

-Cuenta con ello.

Sabía ya, que rechacé su propuesta más que nada porque no estaba segura de que tomar vino y alcoholizarme fuera bueno o siquiera lo correcto.

Así, que apenas me despedí de Ino, entré al departamento y en vez de correr al sillón a mi cama para dormir y evadir responsabilidades, me senté en la mesa de la cocina y tomé aire.

¿Sí o no?

-Sólo hay una manera, Sakura. – Me dije. – Sólo una.

Tener o no tener un hijo.

-Él… o ella, ya están dentro.

Había estado pensándolo mucho en los días que descansé e incluso en aquellos en los que no. Había pensado tanto y seguía sin nada.

-No puedo, no puedo… – Dije dándome cuenta de que estaba a punto de comenzar a hiperventilar.

Dejé caer mi frente en la mesa y cerré los ojos con fuerza. Una parte de mí sabía que si no lo hacía volvería a caer en esa sensación de ahogo y no pararía hasta gritar o llorar. No podía. Eso era un hecho irrefutable. Yo aún no estaba lista, yo aún no entendía mucho de algunas cosas, yo aún no quería, yo aún no aprendía a correr y…

Y las lágrimas ya estaban allí.

Me levanté de la mesa y arrastré los pies hasta el sillón en la sala. Tomé una almohada grande y la abracé tratando de apoyarme a mí misma, como si el abrazo fuera de alguien más. Mordí mi labio inferior recordando las palabras de Sai:

"-La verdad es que yo no creía posible poder con esto, tenía ansiedad por la posibilidad de fallar. Supongo que así son los padres primerizos… quizá así reaccionaron nuestros padres cuando supieron que nosotros estábamos en camino. Ahora tengo más miedo de perderlo."

Nuestros padres. Claro.

Yo había sido producto de una noche de borrachera. Lo supe cuando tuve 12 años y me sabía la historia con afecto. Mis padres trabajaron un tiempo en el mismo hospital. Mi madre era residente y mi padre tenía un par de años de haberse recibido como médico. Ambos eran jóvenes y valientes, y… metieron la pata. Tras una fiesta que se descontroló conforme las horas pasaban, ellos me concibieron. Tras 8 meses y 2 semanas después, yo llegué cambiando la vida de ellos. En algún momento, yo también fui el ninja de mi madre y quizá… ella también pudo haber dudado. Quizá. Sí mi madre hubiera sido valiente yo no estaría… ni conocido a Ino o a Sasuke, ni estudiado, ni… nada.

Mi madre.

Tomé el teléfono con desesperación y marqué el número que me sabía de memoria pero casi nunca usaba. La línea sonó una, dos y tres veces hasta que finalmente esa voz que me arrullaba en mis noches de insomnio respondió.

-¿Bueno?

-¿Mamá? – Dije apretando el teléfono con fuerza contra mi oído.

-Sakura, cariño. ¿Cuánto tiempo sin saber de ti? – Su voz me reconfortó. Fue como un alivio para mis oídos. – ¿Cómo has estado? – Tanto tiempo sin escuchar su voz y luego… fue como volver a respirar.

-Bien. Todo bien, mamá. – Respondí suspirando. – Todo marcha bien.

-¿El trabajo va bien?

-Así es. – Respondí. – Muy bien.

-Qué alivio. – Podría jurar que le escuché suspirar. – Es raro que llames.

-Lo siento. – Tragué saliva al sentir la punzada de culpa. – Lamento… abandonarlos tanto. Aunque vivimos en el mismo país y estado… yo… les he abandonado mucho tiempo.

-Trabajas, eres adulta y tienes echa tu propia vida. – Su voz sonó compresiva. – Tu papá y yo lo entendemos. No te preocupes.

-Lo sé, pero…– Tomé aire y lo retuve dentro de mis pulmones unos segundos. – Siento que no los merezco. Es decir…

-Sakura, todos los padres sabemos que llegará un momento en que sus hijos tendrán que marcharse. – Aseguró. – No te sientas mal por ello. Es parte de la vida, supongo.

-No quisiera que mis hijos lo hicieran. – Bromeé.

-Lo harán. – Susurró. – Algún día tendrás tus propios hijos y entenderás…

Esa repuesta hizo que enmudeciera repentinamente. Algún día, pero ahora en un día no tan lejano. De repente la idea de pedirle un consejo fue más fuerte que la culpa que ya sentía. Quizá necesitaba que alguien que me conocía mejor que yo misma me diera luz verde para continuar con mis planes.

-Mamá… – Sentí como se me iba cortando la voz. – ¿Alguna vez te arrepentiste de tenerme tan joven? – Me dejé caer en el sillón a la par que las palabras salían de mi boca.

-Nunca. – Su respuesta fue rápida e inmediata.

-Pero yo fui… no planeaste tenerme y… ¿Tú nunca has pensado que tu vida hubiera sido distinta si yo no…?

-Sakura, eres mi única hija. – Respondió interrumpiéndome. – Te amo y nunca dudé de traerte a este mundo. Sin ti, probablemente mi vida sería distinta, si, pero sería… aburrida. Vacía. – Le escuché suspirar antes de continuar. – Tú eres todo lo que más amo en esta vida.

-Entonces… ¿No fui… un impedimento en tu vida?

-No. – Expresó. – Por el contrario, tú fuiste quien me dio las fuerzas para ser mejor persona cada día.

-Mamá…

-Sakura, yo siempre estaré orgullosa de ti, ¿lo sabes, cierto?

-S…Si. – Dije cubriéndome al instante la boca con mi mano. No quería que ella me escuchara llorar. No quería preocuparle más de lo que seguro mi llamada había hecho.

Cuanto deseé estar a su lado en ese momento, que me abrazara y me dijera: ¡Hazlo, tú puedes!

El silencio que se formó fue momentáneo. Luego, su voz hizo que regresara todo de nuevo al interior de mi corazón.

-Muero de ganas de verte, hijita. ¿Vendrás a casa para las vacaciones, cierto?

-Por supuesto. – Una lágrima traidora comenzó a descender por mi mejilla. Culpaba a mis hormonas alborotadas por mis constantes cambios de humor y en especial por mis constantes ganas de llorar por todo. – Ojalá pudiera ir antes. – hipé. – Pero he pedido unos días y no creo que…

-Oh, ¿Te encuentras bien? – Me interrumpió. – Sé que a veces eres muy floja, pero... tú no faltarías al trabajo a menos que sea necesario.

-Estoy bien. – Le aseguré. – Sólo algo… cansada. – No quise usar la palabra 'estresada' con ella. Esa mentira la había usado demasiadas veces ya.

-¿Por qué?

-No sé. – Suspiré. – Supongo que… sólo necesito que alguien me escuche y aconseje. – Tiré la indirecta a sabiendas que la respuesta sería positiva.

Me encantaría hacerlo! – Dijo con esa energía que le caracterizaba. Mi madre siempre había sido una mujer muy enérgica a la que rara vez se le veía con desganas. – ¿De qué se trata?

-Nada… malo. – Mordí mi labio inferior recordando lo mala que era para mentir. – Es sólo que pronto empezaré con… algo nuevo para mí. – Tragué saliva pensando la manera más discreta de decirle sin decirle precisamente. – Y yo no me siento lista, no sé si pueda con ello.

-Vaya. Suena complicado.

-No tienes ni idea. – Suspiré – Me asusta pensar que no pueda con esa… responsabilidad.

-Una responsabilidad. – Repitió.

-Sí, un cargo… – El de madre.

-Oh… ¿Qué te hace pensar que no podrás con ello?

-Me conoces bien. – Alegué – Sabes que tiendo a ser torpe y a estresarme rápido cuando las cosas me salen mal. – Tragué saliva. – Temo echarlo a perder y luego… – Me quedé callada por unos segundos esperando que ella entendiera que era su turno de hablar.

-Entiendo. – Dijo – ¿Y no hay forma de evitar esa responsabilidad?

-¿Evitarla?

-Ya sabes, posponer tener ese cargo hasta que te sientas lista.

Lo pensé por unos minutos.

La única forma de evitar esa carga… digo, al ninja, sería no tenerlo. La idea había cruzado por mi mente cuando me dije a mí misma por primera vez que no estaba lista para ello pero moralmente no me sentía capaz de hacerlo. Es decir, ¿porque yo que estudié medicina con el fin de salvar vidas, terminaría con una? Para empezar Sasuke no me lo perdonaría si se enterara alguna vez, pero también no sabía cómo reaccionaría al saber que uno de sus espermas resultó ser todo un campeón. Bien, quizá… No tendría otra opción, más que… pensar en mí en vez de pensar en los demás. Pensé en que seguramente mi ninja era una señal de que había hecho algo bien en mi vida, aparte de coger.

Con miedo, recorrí la mirada en toda mi sala pensando como decir: "No puedo" sin que me temblase la voz. Ella necesitaba escuchar mis 'no puedo's' si quería un buen consejo de su parte.

-Yo no… – Y entonces mi vista se concentró en el libro de anatomía que había aventado en la mesita de centro y cubierto el sobre. – ¿Puedes esperar un segundo? Alguien llama en la puerta.

-Tomate tu tiempo, cielo. – Respondió.

Dejé el teléfono sobre una almohada y con desesperación aparte el libro y periódicos que cubrían el sobre amarillo que Tsunade me había enviado.

-Del área de estudios. – Articulé las palabras y delineé con mis dedos las orillas del sobre.

Tomé aire y con rapidez rasgué el borde superior del sobre sintiendo desde ese momento que se trataba de una hoja perfectamente doblada y algo más pequeño y cuadrado.

Desdoblé la hoja primero. Era una nota hecha a mano de la cual se podía leer con perfecta caligrafía:

Sakura:

Sé que estás asustada. Lo pude ver en tus ojos cuando estuvimos platicando. Estoy segura de que tienes miedo y creo que es porque no te esperabas algo así y no te sientes preparada.

Piénsalo.

Quizá estés considerando las opciones, quizá tu descanso fue más bien una huida a la realidad y sólo te la pasaste pensando y sopesando la idea de que no lo tendrás, pero piénsalo. ¿Realmente quieres abortar?

Llegado a este punto de la carta, yo ya estaba helada pero sabía que debía continuar leyendo.

Un hijo es una gran responsabilidad y un gran peso que llevar sobre los hombros. Sin embargo, no tenerlo puede ser, por mucho, un peso aún más enorme pero ese lo llevarás siempre en tu corazón.

En secreto, imprimí esto para ti.

Éste es tu bebé, tú ninja. ¿A que es precioso? Y es tuyo.

Estaré para apoyarte en la decisión que tomes. Tanto si decides tenerlo, como si no.

-Tsunade.

-Mier… – No pude acabar la frase, porque un sollozo me lo impidió.

Ciertamente, no era el momento ni la forma, y definitivamente yo no estaba lista para ser madre, pero simplificando las palabras de Tsunade era algo que ya no podía evitar.

Doblé la hoja de nuevo tal y como estaba y saqué el restante del sobre ya teniendo una vaga idea de lo que ahí podría encontrarme. Entre mis manos temblorosas sostuve la ecografía.

Mi ninja.

Tal y como lo recordaba. Pequeño, amorfo y camuflajeándose en mi interior. La mancha en forma de cacahuate que había visto en la pantalla y que seguro Tsunade había impreso en ese mismo instante porque estaba encerrado en el circulo que ella trazó en el computador para mostrarme a mi hijo.

-Mi hijo. – Volví a sollozar

No lo pensé, no lo esperaba. No era real para mi subconsciente que trataba de ayudarme. Hasta que vi la ecografía no existió realmente para mí.

No podía parar de llorar.

Después de todo, los pasos que no te atreves a dar también dejan huella.

Tuve muchas dudas en los últimos días y había llorado mucho hasta el punto de sentirme vacía de lagrimas, había pensado mucho en las contras que olvidé pensar en los pro's y sobre todo olvidé pensar en mí y en lo que quería. Lo que realmente quería sin preocuparme sobre las consecuencias que me traería con Sasuke o con los demás.

Él o ella estaban ahí. Definitivamente. Sostuve 'el regalo' de Tsunade entre mis manos.

MI ninja.

Lo quiero. – Pensé sintiendo como una sonrisa sincera se formaba en mis labios por primera vez en muchos días. Una sonrisa de alivio y agradecimiento. Fuera cual fuera la razón porque le concebimos o la causa por la que se estaba formando en mi interior, yo quería tenerle. Sin importarme el resultado con Sasuke, mis amigos, mi familia… se trataba de lo que yo realmente quería y necesitaba hacer.

Se sintió como un alivio al salir de mis labios:

-¿Mamá?

-¿Todo bien, cielo?

-Lo haré. – Decidí que tendría un hermoso y adorable 'ninja'. – Ocurrirá.

-¿Pero pasó algo cuando te ausentaste? Suenas más decidida.

-Lo estoy. – Sequé mis lágrimas con el dorso de mi mano libre.

-¿Entonces?

-Voy a hacerlo. – Repetí. – Me he dado cuenta que me arrepentiría toda la vida si no lo intento.

-Entonces no hay de otra, cariño. Tú debes enfrentarte a ello. – Dijo como con alivio. – Sé que podrás hacerlo.

-Me asusta no poder. – Reconocí. – No me siento… preparada.

-Estoy segura que si, sin embargo, no te queda más opción que arriesgarte. No temas fallar, todos lo hacemos alguna vez y sin embargo salir adelante es la única opción.

-Gracias, mamá. – Suspiré aliviada. Ya no tenía dudas, yo nunca estaría sola a partir de ahora.

-Espero haberte ayudado.

-Ya lo has hecho, má.

-¿Cómo están tus amigos? – Preguntó después de un rato.

-Muy bien. – Contesté

-¿Qué me cuentas de Sasuke?

-Él está de viaje. – Le informé. – Ya sabes, siempre ha sido un hombre ocupado.

-Envíales mis saludos. – Pidió. – Y un fuerte abrazo a Sasuke.

-Con mucho gusto. – Dije riendo sinceramente.

Tras colgar el teléfono me sentí con un peso menos sobre mis hombros. Me estiré en el sillón y subí los pies a la mesita de mesa mientras contemplaba a Gil en el suelo.

-Tendremos compañía, Gil. – Dije sabiendo que no me había escuchado.

Observé a mí alrededor sin borrar la sonrisa de mi rostro. El departamento en él que vivía era pequeño, pero sería suficiente para los 2 al menos durante los primeros meses y ya después consideraríamos mudarnos. Seguramente mantener a un bebé era demasiado, así que me olvidaría del auto por un tiempo, cuando el bebé entrara a la escuela entonces lo consideraría de nuevo. Quizá consiga un trabajo por las tardes, al menos mientras pudiera. Necesitaba estar lista en todos los ámbitos posibles para recibir a mi bebé. Económicamente era un punto importantísimo a discutir. Podría con ello. No me quedaba otra opción.

-Mi ninja. – Suspiré mientras contemplaba mi abdomen aún casi plano.

Era mío. Y estaba ahí. Ya no había nada que pudiera o quisiera hacer. No había sido mi decisión embarazarme, pero si tenerle. Él, o ella, estaba creciendo en mi interior, era una hermosa y pequeña parte de mí ahora. No podía negar que seguía asustada pero ya no tenía dudas. Yo le tendría. Nosotros seríamos una familia de 2 o 3, qué más daba. Al fin y acabo una familia. Y nunca me arrepentiría de mi decisión, porque yo le daría todo cuanto pudiera. Siempre.

La imagen de Sasuke cruzó fugazmente en mis pensamientos. No podía ocultarlo. Él tenía el derecho a saber que él ninja llegaría en unos cuantos meses más, él quizá vaya a notarlo antes de que encontrara una excusa. Infección estomacal no sería el pretexto más creíble para la enorme barriga que tendría. Así que probablemente lo más sensato sería llamarle y hablar seriamente con él.

Quizá eso fuese menos complicado que confesarle mi amor.

Algo fácil y sencillo como: Sasuke, cariño, no te asustes pero... estoy embarazada. No te lo estoy diciendo porque quiera que te cases conmigo y me jures amor eterno por un año o menos. Te lo digo porque sé que tienes todo el derecho del mundo a saber de la existencia del ninja, como le llamo a nuestro hijo. Debes saber que no espero nada de ti. Ni económicamente, ni con el bebé y mucho menos románticamente. Sé que la idea de tener sexo fue mía y por ello asumiré las consecuencias por mi propia cuenta. Sólo quiero que sepas que él o ella existen… Y por si te quedaba la duda de cómo pasó pues entérate, los preservativos sólo aseguran un 97% de eficacia.

Si, algo así. Con eso bastaría.

Él necesitaba saberlo pronto.

Del amor y esas románticas cosas, podríamos hablar después. Quizá y no necesitaría de eso teniendo todo el amor que mi hijo pudiera darme.

¿Quién lo diría? Era como si esa mañana me hubiese levantado con ánimos de tomar todas las decisiones importantes de mi vida.

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Una enorme y monumental disculpa.

Lo siento. No los merezco.

Una serie de eventos raros y algo locos me impidieron subir el capítulo.

Un dia después de subir el capitulo anterior tembló en mi país. México. ¿Todos bien? Todo bien por mi lado, mi casa y familia en pie (: Sin embargo, fue un mes caótico después de ello.

Tras haber pasado todo esto comencé a escribir el capitulo rápido esperando subirlo antes de que terminara el año, tal como prometí y no cumplí :(

-Aquí hago un apartado para desearles una feliz navidad y año nuevo- ¿Seguimos juntos este 2018? Gracias por el 2017 lleno de reviews y mensajes de amor y odio y más que nada de: ¡Sube capitulo, vaga! GRACIAS. Les quiero. -

Sinceramente el capitulo estuvo listo hace mucho y sin embargo cada q intentaba terminar los detalles y lo releía no terminaba de convencerme. Lo reescribía y algo cambiaba que debía releerlo de nuevo. Creo que sin mentirles, el escritorio de la computadora tien documentos llamados: Cap 14, 14incompleto, 14terminalo, 14ahora si, 14(5), 14yaaaa y así...

Y les explico: Como ya habrán notado, este capítulo no tiene lemmon, no tiene Sasusaku. Este capítulo es un lapsus en el que Sakura evita a toda costa asumir la responsabilidad que tiene. Un debate en su cabeza que, creo, las personas que 'meten la pata' hacen. La historia de los padres de Sakura es un resumen de como yo fui no planeada. Espero no decepcionarle con un capitulo sin Sasusaku pero el siguiente ya se viene con todo. Siento en mi alma que esto ya casi llega a su fin, porque mucho de algo no es bueno. No obstante, aún faltan algunas cosillas que voy escribiendo y luego las afino cuando decido que ya es hora que vean la luz.

Pd: Alguna página Sasusaku que me recomienden? Estoy enganchadisima con la de fb de Sasusaku Eternal Love. Hay tren de mame, doujinshis, recomendaciones de fic's \O/ y esas cosas que me alegran el corazón. (Siento que sonó a promoción jaja es legal eso?) xD En fin, la recomiendo y recomiéndenme alguna que les guste.

No les prometeré esta vez un capítulo para la siguiente semana porque luego no se puede, sin embargo trataré de ser más rápida y precisa. Y bueno... Fans de Sasori... Esperenle.

Como siempre envíenme sus románticos mensajes de:

VAGA INMUNDA, SUBE CAPITULO Y DEJA DE ESTAR ECHADA SIN ESCRIBIR, con amor.

Porfavor, tengan fe y paciencia ;)

Gracias por la espera, y espero sigan acompañándome a pesar de todo como hasta ahora. GRACIAS A LOS QUE SIGUEN AQUÍ, CONMIGO.

Porfis reviewwseenme diciendo que tal este capítulo, si les gustó, si no les gustó, si lo odiaron, si me odiaron, si lo amodiaron….

Nos estamos leyendo. Como siempre espero sus consejos y críticas constructivas. Y sus TEORÍAS y opiniones

Besos :*

Una muy asueñada AngelliH.