Advertencia: Mención de ideologías y temas religiosos. Demasiado diálogo (¿es eso malo?)
Dos Tipos de Soledad
Capítulo 3: Te siento respirar
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Atesora los buenos momentos, olvida los malos que pasaron,
recuerda que vendrán unos mejores y lánzate a la vida que, impaciente, te espera para vivir miles de ellos.
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Los hermosos rayos de sol matutino se infiltraban por las delgadas cortinas blancas que cubrían el ventanal de la sala y comedor, donde el grupo de jóvenes se encontraban durmiendo profundamente luego de una gran noche de festejo y diversión que, en cuanto se hubo acabado, la mayoría de los chicos cayó uno tras otro por los altos grados de alcohol en su cuerpo.
Celebraron el cumpleaños de Alfred hasta altas horas de la noche, rozando la madrugada, principalmente porque el cumpleañero había hecho su reaparición junto a Arthur luego de una hora de haber estado encerrados en la habitación del anfitrión. Continuaron la fiesta tomando vodka con Red Bull después de haberse acabado la cerveza y, debido a que no era la primera vez que festejaban de esa manera, habían logrado acabar la botella. Aunque, por eso mismo, no duraron mucho luego de enterarse que no había más alcohol que ingerir y el maltratado hígado los obligó a dormirse de una buena vez.
Estaban distribuidos por todo el apartamento gracias a la pequeña organización de Antonio –el último que duró de pie– y la ayuda de un colchón inflable extra que sacó de un armario del pasillo para mejorar la acomodación; aunque el colchón había quedado a medio inflar, aun así terminaron acostados Lovino y Antonio en él, sin problema alguno.
La salida del sol ocasionaba que sus rayos siguieran invadiendo todo el espacio del apartamento, cada vez más intensamente, pero ello no lograba despertar a ninguno de los presentes. El tictac del reloj de pared continuaba su continua resonancia, la brisa que entraba por una pequeña ventana de la cocina los rozaba levemente con su frío matutino y unas pequeñas pisadas sonaban acalladas sobre el piso de madera laminada.
Miau
Feliciano se removió un poco en su reducido espacio; algo pesado sobre su cintura y su rostro rozando un cuerpo cálido –que no lograba descifrar– provocó su pronto despertar. Botó aire por entre sus dientes y le retumbó la cabeza, ya se imaginaba la resaca que tendría una vez recobrara por completo la consciencia.
Miau
Apretó los ojos ante el sonido que provenía de algún lugar más allá de sus congelados pies, pero como no procesaba qué ocasionaba ese agudo sonido decidió volver a su intranquilo y alcoholizado sueño. El problema era que lo que sea que lo aprisionaba por la cintura y el bloque caliente que rozaba su nariz no lo dejaba descansar totalmente en paz, sumado esto al dolor de cabeza que sentía que iba aumentando y su boca reseca y pútrida que tanto odiaba tener luego de beber.
Miaaau
—Pero que mierda…
Escuchó a su mellizo mascullar unas palabras en la lejanía –que le parecía que le llegaba por un largo tubo– lo que ocasionó que sus ganas de dormir se fueran disipando y abriera un ojo para inspeccionar a sus alrededores, aunque no logró mantenerlo abierto por mucho tiempo cuanto la blanquecina luz del sol, filtrada entre las cortinas, le produjo ardor inmediato.
Miaaau, miau
Oh, exclamó Feliciano en su mente, es el gatito.
—Maldita sea, Toño, el gato —escuchó nuevamente a Lovino despotricar ante el maullido, seguido por el sonido de movimiento de cuerpos sobre una superficie de tela sobre el suelo—. Cállalo.
—Lovi… déjame dormí' —las palabras habían salido demasiado torpes, sin embargo Feliciano asumió que ése había sido Antonio. El morocho solo quería seguir durmiendo, pero ya se imaginaba que esto iba para largo, sobre todo si el gato seguiría pidiendo alguna cosa a sus negligentes dueños.
Miau
—Calla a ese gato antes de que lo tire por la ventana —amenazó Lovino. Feliciano ya sentía un dolor punzante en lo más profundo de su cerebro.
—¡Shhhh! —chistó alguien detrás de él que lo sobresaltó por completo y ocasionó que abriera los ojos por completo producto del susto. Volteó su cabeza hacia atrás y vio a Gilbert junto a él, abrazándolo fuertemente y hundiendo el rostro en su espalda. ¿Desde cuándo Gilbert abrazaba a alguien mientras dormía? Es más, se preguntaba Feliciano, ¿por qué no lo hace Ludwig? No era normal despertarse sin el fuerte cuerpo de su novio apretando el suyo luego de haber pasado juntos la noche, además de saber que al rubio no le haría ninguna gracia ver a su hermano abrazando tan fuertemente a su novio mientras dormían.
No era de su incumbencia meterse entre los pequeños altercados de los hermanos Beilschmidt, pero tenía muy claro que a Ludwig le molestaba de sobremanera los tratos cariñosos que le brindaba Gilbert a menudo, como para darle más razón a sus celos incongruentes esa mañana.
Siempre le había quedado la duda de cuándo nacieron esos celos hacia cualquiera que se le acercara, y por qué no podía dejarlos pasar cuando se trataba de su cuñado, pero siempre que lo pensaba, su cerebro le recordaba que él se comportaba igual frente a hombres que se quedaban mirando a su pareja por la calle. No podía negar que su gran físico atraía y suponía que su forma extrovertida de ser causaba problemas igualmente, por eso sus constantes discusiones por celos eran la mayor causa de sus cortas peleas, pero eso sería una discusión mental para otra ocasión.
—¡Antonio!
—Lovi, cállate… —Feliciano se removió del fuerte agarre de Gilbert mientras escuchaba a los otros dos mascullar enfadados el uno con el otro. No le gustaba que lo abrazaran por la espalda, a menos que fuera Ludwig, y la incomodidad aumentaba al darse cuenta que el mayor no lo soltaba aunque solo tuviera un brazo sobre él. Al parecer era tan fuerte como Ludwig y eso no lo había visto venir. Además, una vez abrió los ojos supo que Ludwig se encontraba frente suyo dándole la espalda con un brazo cubriendo sus ojos, por lo que su deseo de voltearlo hacia él y abrazarlo hasta dormir aumentó y para ello debía quitarse de encima a Gilbert.
—Gigi, suéltame, por favor —susurró, pero el chico no le prestó atención y tan solo soltó un bufido que sintió bastante caliente en su cubierta espalda—. Gil, que me sueltes, anda.
Miaaau
—¡Ninín! —exclamó Antonio—. ¡Cállate, coño!
—Gilbert, oye, quítate ¿sí? —finalmente sintió como Gilbert se despegaba de él y lo miraba entre confundido y adormilado, totalmente entendible para él. Feliciano se arrastró lo más que pudo hacia la espalda de Ludwig y dio media vuelta para encarar a su cuñado—. Hola Gigi, perdón por despertarte, pero me estabas incomodando.
—¿Oh? —balbuceó Gilbert, luego se acostó de espaldas y se restregó las manos por la cara. Cuando entendió la situación se detuvo en seco y miró a Feliciano apenado—. Ay, Fefe, que vergüenza. Perdón —Feliciano solo esbozó una sonrisa para indicarle que no se preocupara y le dijo que volviera a dormir, pero Gilbert no dejaba de mirarlo completamente angustiado, comenzando a incorporarse, muy lentamente, del sofá cama.
Luego observó en silencio cómo la vista de Gilbert caía sobre la de su durmiente hermano y luego se tranquilizaba un poco. Acto seguido aceptó la insistencia de Feliciano a volver a dormir, para después dar media vuelta y continuar su descanso. En eso, el moreno siguió escuchando cómo Lovino instigaba a Antonio a levantarse de una buena vez a alimentar a su gato mientras éste seguía con su agudo maullido.
Alzó su pesada mirada a Ludwig y no pudo evitar la inquietud que le quedó frente a las acciones de Gilbert, pero soltó una pequeña risa al comprobar que su pareja no se inmutaba frente a los pequeños pellizcos que le hacía en la espalda para despertarlo. Recordaba levemente el momento en el que Ludwig se había desplomado en el sofá cama por su embriaguez y lo difícil que había sido el levantarlo luego para convertir el sofá en un buen sitio para dormir. Se incorporó suavemente y observó a su alrededor, solo veía a Gilbert y a Ludwig a su lado, a Mathieu en el otro sofá –durmiendo un poco incómodo–, y a Lovino junto a Antonio en un colchón inflable a medio hacer.
No encontraba a Sey, su prima Belén, Francis, Alfred o a Arthur. Debido a que el hermano de Alfred seguía en el apartamento, Feliciano pensó que quizá Alfred seguiría con Arthur en la habitación del español, pero seguía sin saber qué había sido del resto de sus amigos.
—Toño, levántate… —Feliciano observó silencioso cómo el gatito persa negro se posicionaba entre las piernas de Antonio y Lovino para luego comenzar a ronronear mientras jugaba con la sabana—. Va a morir de inanición por tu culpa, idiota —se cansó de ver la escena y, al caer en la cuenta de que el gato al fin había dejado de maullar, se desplazó lentamente por sofá cama y al levantarse por completo se dirigió a la cocina por un vaso de agua. Sentía la boca y la garganta reseca, así que aprovecharía para tomar alguna pastilla para el dolor de cabeza—. ¿Toño? ¿¡Ya te dormiste de nuevo!?
Feliciano sonrió y se preguntó si su hermano se habría percatado, en algún momento, que estaba llamando a Antonio por su sobrenombre, algo que detestaba completamente; resopló y se convenció de que probablemente seguía un poco ebrio como para darse cuenta por sí solo. Eso solía pasar, después de todo el solo haber dormido pocas horas –sobre todo después de haber ingerido alcohol– hacía estragos en el cuerpo.
Había regresado a la sala luego de haber encontrado un frasco de acetaminofén y habérselo pasado con agua, cuando encontró a Lovino nuevamente arropado de pies a cabeza durmiendo, con el gatito a un lado y a Antonio con una parte de su cuerpo fuera del colchón y un brazo tocando el frío suelo. Se sentó en una de las sillas del comedor para esperar el efecto de la pastilla, cuando escuchó una puerta abrirse y de ésta vio salir a un adormilado Alfred rascándose la cabeza.
—Oh, buenos días Ali —Alfred levantó la mirada antes de entrar al baño del pasillo y le devolvió el saludo, su voz salió un poco rasposa causando que Feliciano se burlara—. ¿Dormiste bien?
—Ah, sí, es solo que tengo la garganta un tanto seca —entró al baño y cerró la puerta suavemente. Luego salió secándose las manos contra su bluyín y tomó asiento junto al morocho, éste aprovechó para preguntar por su mejor amigo y Alfred respondió—. Arthur sigue durmiendo en la habitación y creo que ya debo irme con Mat a casa. Mi mamá me acaba de llamar, dijo que en dos horas viajamos.
—Ve, que mal… —estiró ambos brazos sobre el vidrio del comedor y recostó su cabeza sobre ellos—. ¿Te divertiste? Se perdieron de mucho anoche después de que se acabase el Red Bull y se fueran a dormir.
Alfred rio e imitó la posición de su amigo, solo que miraba hacia otro lado y no a Feliciano— Sí, bastante. Muchas gracias, estuvo buenísimo y debo recordar darle las gracias a Toño por prestarnos su cama… Lo que debe de odiarme Lovino ahora —se rieron y en eso escucharon a alguien moverse en la sala. Se voltearon curiosos y vieron a Mathieu caminando hacia ellos, ajustando sus gafas sobre su nariz—. ¡Hola Mat!
—Buenos días.
—Mamá llamó, en dos horas salimos —Mathieu asintió en silencio y se dirigió a la cocina, cuando regresó tomó asiento igualmente a un lado de Feliciano con un vaso de jugo de naranja en sus manos—. ¿La pasaste bien Mat?
—Sí, tus amigos son divertidos —contestó sonriente y miró a Feliciano—. Sobre todo tu cuñado, ¿Gilbert?
Feliciano soltó una risotada, que luego apaciguó cuando recordó que los otros aún dormían, y asintió— ¡Sí! es muy chistoso y es así todo el tiempo. Qué suerte que estaba tan borracho que no te obligó a beber el vaso completo de vodka como rito de iniciación al grupo, como lo llama él.
—Oh, sí… recuerdo cuando el amigo de Ludwig vino de visita —agregó Alfred haciendo una mueca—. Fue horrible.
—¡Vash estuvo toda la noche vomitando! Fue asqueroso —rio Feliciano, recordando aquella reunión de hace tiempo. Vash, siendo el mejor amigo de Ludwig en su infancia, había regresado de Suiza a su ciudad natal para visitar a su abuela y había decidido verse con él después de tantos años de haberse ido de Santa Isabel con su familia. Luego de ese día, Vash no volvió a ser el mismo y Ludwig siempre le recriminaba a su hermano aquella travesura, aunque desde entonces Gilbert y Antonio hacían que esa tradición se mantuviera. Mathieu se salvó esa noche porque luego de tomar un poco menos de medio vaso, Sey lo empujó por accidente ocasionando que el vaso cayera de sus manos—. Debiste de haberle caído bien, sino te lo habría hecho tomar completamente y repitiendo, es en serio. Además, Toni estaba ocupado con Nino, sino…
Mathieu hizo una mueca –que le pareció a Feliciano muy similar a la que había hecho Alfred anteriormente– y tomó un poco de jugo. Feliciano se reclinó sobre la mesa y, con los ojos muy abiertos, se inclinó un poco hacia Alfred.
—Por cierto, Ali, ¡cuéntame cómo te fue con Tutu anoche! —vio cómo el rubio se ruborizaba y miraba hacia otro lado evitando a toda costa la mirada del morocho—. ¡Hey! Ahora no te pongas de santo que no te pega. ¡Anda, cuéntanos!
—Eh… pues, bien —se aclaró la garganta y volteó a ver a su hermano quien lo observaba aún con el orillo del vaso sobre sus labios—. Mat no le cuentes a nadie, por favor. Esto queda entre nosotros ¿sí?
Mathieu bajó el vaso hasta la mesa suavemente y lo miró a los ojos, estuvieron en una pequeña batalla de miradas hasta que el mayor tomó la iniciativa—: ¿Desde cuándo, Al? —al ver que tanto su hermano como su amigo lo miraban confundidos, suspiró y se explicó mejor—. ¿Siempre has sido gay? O bueno, quiero decir… ¿es tu primer novio?
Alfred se atragantó con su saliva y comenzó a toser incontrolablemente, claramente no se había esperado esas preguntas de parte de su tranquilo hermano mayor. Feliciano, por su parte, solo los miraba atónito. Una vez se calmó, luego de escuchar un grito pidiendo silencio de parte de Gilbert, contestó sonrojado hasta las orejas—: Pues… Eh… Pues, sí, es mi primer novio.
—¡Así que ya son novios! —soltó animado Feliciano, intentando alivianar la situación enfocándose totalmente en su amigo quien se encontraba con los nervios de punta—. ¡Qué bueno, Ali, te dije que todo saldría bien!
—Ah, sí… Anoche lo hablamos —miró a su hermano de nuevo con un rostro que denotaba preocupación—. Mat, lo siento… Sé que debí contarte algo antes, pero nunca hablé de esto con nadie. Apenas la semana pasada pude decirle algo a Feli y fue muy complicado. Ni siquiera sé cómo manejaré esto que tengo ahora con Arthur en el colegio…
—¿De qué hablas? —preguntó Feliciano sin poderse contener. No podía creer que aún Alfred tuviera esos pensamientos negativos frente a sus sentimientos por Arthur—. No puedes decirlo en serio, Alfred.
Volteó a ver a Mathieu al darse cuenta de que Alfred no le prestaba atención por tener su mirada fija en su hermano, al otro lado de la mesa. Ambos se miraban con preocupación sin saber qué decir y a Feliciano le pareció que era mejor retirarse y dejarlos hablar sus cosas, pero cuando se disponía a levantarse del asiento y Mathieu había abierto la boca para decir algo, un grito sofocado proveniente de la habitación principal los detuvo a media acción.
—¡Al! —era Arthur—. ¡Ven, por favor!
De inmediato, llevado por la amargura de su conversación con su hermano y el llamado de la persona más importante para él en ese momento, se levantó del comedor y se dirigió a la habitación de Antonio sin mediar palabra con Mathieu o Feliciano.
Se mordió el labio, le pasaba a veces cuando se preocupaba, y le prestó toda su atención al hermano de Alfred quien seguía con su mirada clavada en el pasillo por donde había desaparecido su hermano menor. No sabía si entrometerse o no en lo que pasaba entre ellos, sin embargo le debía mucho a Alfred por todos esos años de amistad y quería ayudarlo de alguna forma, así que tomó aire y se arriesgó.
—Mattie —le llamó y éste volteó su rostro hacia él, tenía las cejas arrugadas y la boca torcida—. No lo asustes, por favor, no sabes las cosas que me dijo cuando me confesó que le gustaba Arthur. Se le veía muy preocupado, creo que le asusta lo que la gente piense de ellos…
—No quiero meterme en su vida —contestó Mathieu luego de varios segundos, quien no pudo sostener la mirada de Feliciano dirigiendo la suya a sus manos entrelazadas—. Quiero decir, él sabrá qué hace, solo que me confunde mucho a veces —elevó la mirada hacia Feliciano e hizo una mueca—. Tú sabrás que hay cosas que se le meten en la cabeza y luego las deja pasar… No sé si esto será por tu influencia, o la de Arthur o la de alguno de ustedes, o si de verdad es lo que siente…
—Ellos se quieren mucho, yo lo sé. No es algo pasajero, Mattie. Así como pudiste ver anoche, ya todos nos imaginábamos que pasaría en algún momento —suspiró—. Ayúdalo a entender que no es algo malo, creo que es lo que él necesita escuchar ahora mismo.
Quedaron en silencio luego de eso y Feliciano sintió que el dolor de cabeza volvía de nuevo junto con un malestar en el estómago por tomar la pastilla en ayunas; no era el mejor momento para ponerse serio, pero por lo menos había aclarado algo de todo ese enredo para Mathieu, aunque sea un poco. Ya sería el turno de Alfred hablar mejor las cosas con su hermano si así lo quisiera, pero por lo menos se sentía aliviado de saber que Mathieu en verdad se preocupaba por su hermano y ese hecho lo hacía muy feliz, ya que era lo que más necesitaba su amigo.
El rubio terminó de tomar el jugo de naranja y se puso de pie para lavar y guardar el vaso que había tomado sin permiso del dueño. Feliciano aprovechó ese momento para volver al sofá cama y abrigarse bajo las revueltas cobijas azules y los fuertes brazos de su amado, quien no se había movido un centímetro desde que lo dejó ahí.
Escuchó a lo lejos las bisagras de una puerta rechinar y los pasos tambaleantes de alguno de los rubios acercándose a la sala. Alzó la cabeza que tenía apoyada sobre uno de sus brazos doblados y observó en silencio cómo Alfred reapareció solo, dirigiéndose a la cocina y sirviéndose un vaso lleno de agua probablemente para él y Arthur. Mathieu se le acercó al mesón de la cocina y tuvieron una pequeña conversación en susurros que Feliciano no alcanzó a enterarse, luego escuchó que Alfred le comentó que hablarían después –de qué, no sabía– y volvió sus pasos a la habitación.
Feliciano cerró los ojos y recibió con gusto su deseado descanso.
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—… Con todos los chocolates que comimos ayer en la tarde… Además del Red Bull, Artie.
—Sí, pero hace mucho no me daba algo así. No quiero que me pinchen, así que no abras las boca ¿oíste? Ya me cuido yo con el bebedizo de hierbas que hace mi mamá.
—Ay Artie… Cuídate más ¿ok?
Feliciano abrió lentamente sus ojos nuevamente (¿cuándo lo iban a dejar dormir?) y vio de soslayo a Arthur y a Alfred recogiendo sus respectivos abrigos de una de las sillas del comedor que había quedado asignada para ese fin. Hablaban a media voz, pero aun así lo habían logrado despertar y –por los murmullos que escuchaba a lo lejos– también a su hermano o a su cuñado.
—Hey, no te preocupes tontito, solo fue un poco de vértigo —escuchó decir a Arthur aún a media voz y Feliciano se preguntó si fue por el vértigo, del cual hablaba el inglés, la causa del llamamiento a Alfred anteriormente. Se restregó entonces los ojos para despertarse del todo y despedir a los dos chicos antes de que se fueran, en eso sintió que Ludwig se daba media vuelta y quedaba de espaldas sobre el colchón para así comenzar a abrir los ojos levemente.
—Hola, dormilón —susurró Feliciano.
Ludwig giró su cabeza hacia él y le dedicó una mueca de dolor que lo divirtió. Le sugirió que volviera a dormir, así como había hecho con Gilbert antes, a lo que el adormilado rubio quiso negar con la cabeza, pero no pudo hacer mayor cosa más que detener sus movimientos y agarrársela con ambas manos. Gruñó, producto del dolor que sentía, y eso hizo que llamara la atención de Arthur quien ahora se acercaba al sofá cama.
—Oh, están despiertos. ¡Good morning, boozers! —saludó divertido mientras se acomodaba la chaqueta y la bufanda que había agarrado de la silla anteriormente—. Al, Mat y yo nos vamos ya, Feli, como tienen que viajar voy a aprovechar para acompañarlos y después iré a mi casa.
Feliciano esbozó una sonrisa y se incorporó en el sofá, después escuchó otro gruñido de parte de Ludwig por lo que se disculpó por no haber sido suficientemente delicado al hacerlo.
—¡Ja! ¡El borracho es él, Tutu! se puso a apostar con trago y ahora sí que se da cuenta de su error —entre risas, Arthur le tendió la mano para ayudarle a levantarse y el moreno aceptó con gusto—. Por cierto, ¿qué te pasó antes?
Arthur abrió los ojos sorprendido y respondió—: Oh, ¿te desperté? Es que necesitaba ayuda porque me dio un poco de vértigo al despertar.
—Ah, no, no te preocupes. Estaba hablando con Ali y Mattie cuando te escuchamos… ¿fue muy fuerte?
—Un poco, pero ya se me pasó —miró a Alfred cuando lo sintió cerca de ellos y sonrió—. Al me calmó con un poco de agua. Creo que me he excedido un poco con el dulce.
—Ya le dije que debe revisarse, pero no me presta ni pizca de atención… —dijo Alfred—. Con los ataques de hambre que le da últimamente y las ganas de ir al baño a cada minuto, ya me imaginaba yo que tendría el azúcar alto.
—Bueno, ¿quién te crees que eres ahora, mi mamá o mi enfermera? —Arthur puso los brazos en jarra mientras lo miraba burlón y tanto Feliciano como Alfred rieron.
—Si lo pones así… me creo tu novio ahora, cariñito —Arthur soltó una pequeña carcajada, aunque Feliciano pudo ver cómo su cara se sonrojaba un poco—. Ok, nos tenemos que ir Feli. Gracias, de nuevo, por todo.
—No me lo digas, todo fue idea de Tutu. Todos ayudamos un poco, no más —se despidieron de abrazo y en eso pudo ver a Mathieu salir del baño y acercándose a la puerta de entrada del apartamento—. Por cierto, ¡felicitaciones por su noviazgo! ¡Ya era hora!
—¿Qué noviazgo? —los tres jóvenes se voltearon hacia donde estaba el colchón inflable, del cual Antonio se encontraba levantando, y vieron al mismo bostezar abiertamente mientras tomaba en brazos al gatito negro que descansaba sobre el estómago de Lovino—. Vosotros no dejáis dormí' una mierda…
—¡Toni! ¡No te enteras de nada! —gritó Feliciano y se le acercó mientras el español caminaba hacia su cocina, dando saltos de emoción que no disminuía frente a la tosca actitud con la que Antonio se despertaba luego de beber—. ¡Alfred y Arthur ya son novios!
Antonio dejó el gatito en el suelo y se devolvió caminando rápido hasta donde estaba la pareja en medio de la sala.
—¿¡Es en serio!? —Alfred se acomodó la bufanda y le entregó a Arthur un gorro de lana gris asintiendo frente a la pregunta del español, ya se le veía un poco incómodo. Antonio sonrió y los rodeó en un gran abrazo, al parecer su mal humor se había desvanecido—. ¡Enhorabuena! ¡Soy muy feliz por vosotros!
—¿No te parece que creen que nos estamos casando o algo…? —preguntó Arthur a Alfred en broma, quien solo rodó los ojos y deshizo el abrazo de Antonio. Tomó su billetera, se la guardó en el bolsillo trasero de su pantalón y dio media vuelta hacia su hermano quien seguía esperando frente a la puerta de salida. Arthur tan solo se quedó mirando a su reciente novio y su brusca actitud que lo tomó totalmente desprevenido; inclusive Antonio se percató de haber hecho o dicho algo indebido, aunque no tenía claro el qué y porqué.
—¿Nos vamos? —preguntó Alfred, volteando a ver a Arthur directamente. Al ver que no tenía más remedio que cumplir su petición, se despidió rápidamente de todos y salió junto a los hermanos Jones hacia el frío clima de Santa Isabel, aunque algo dentro de Arthur le apretaba fuertemente el estómago y el corazón, y no era por la resaca.
Feliciano se acercó a Antonio y lo miró preocupado ante lo que habían presenciado.
—¿Dije algo malo? —preguntó Antonio dedicándose a atender a Ninín que comenzaba a maullar nuevamente, pidiendo comida en la cocina—. Normalmente es Arthur quien se pone de pesa'o con esas cosas… Pero, ¿Alfred?
—Creo que es por su hermano.
—Oh, sí, os alcancé a escucha' algo cuando hablabais en el comedor… —se enderezó luego de dejarle comida en el plato y miró a Feliciano, susurrando—. Ni siquiera Lovino se puso así cuando comenzamos a salí'. O cuando pasábamos la tarde en la casa y estaba vuestra madre —Feliciano miró hacia la puerta de salida e hizo una mueca de inquietud—. ¿Nos tenemos que preocupa'?
—No sé.
Antonio, al ver que ninguno tenía idea alguna de lo que tendrían que hacer se dispuso a rebuscar en la nevera algo de beber o de comer y Feliciano tomó ese momento para ir a despertar completamente a su mellizo, al no encontrar nada mejor que hacer.
Se sentó en el reducido espacio del colchón que había dejado Antonio al levantarse y sacudió a su hermano por los hombros, pero éste solo gruñía groserías y le pedía que le dejara en paz, a la vez que se cubría de nuevo con las cobijas hasta la cabeza. Aburrido, miró hacia el sofá cama y se alegró de ver a Ludwig incorporándose levemente.
—¿Amore, te llevo agua?
—Y una aspirina, si es posible, o un balde para vomitar… Creo que me voy a morir.
Omitiendo lo último, Feliciano se echó a reír ante el infortunio de su novio y se apresuró a la cocina, afortunadamente Antonio salía ya de esta con un vaso de agua con una pastilla efervescente dentro que entregó a Feliciano con una sonrisa burlona. Cuando el chico fue hacia Ludwig para atenderlo, Antonio escuchó un pitido que provenía de algún lado del comedor que le sonaba familiar; cuando se percató que era su teléfono inteligente con un mensaje entrante, se dedicó a encontrarlo. Los únicos que les escribían a tempranas horas del día, los fines de semana, eran sus padres y ya se podía imaginar la razón.
Al encontrarlo debajo de un zapato perdido en una cavidad de su librero –apostaría por el hedor que era de Gilbert– leyó el mensaje y su rostro se entristeció.
—Me voy el lunes, Lovino —dijo—. Confirmado.
Feliciano y Ludwig levantaron súbitamente la cabeza hacia él y luego la dirigieron hacia el cuerpo yacente de Lovino. Se revolvió un poco y cuando pensaron que no le importaría lo que el otro había dicho, se sorprendieron al ver que sacaba la cabeza de su crisálida formada de varias sábanas y miraba directamente a Antonio al otro lado de la habitación, quedando su cabeza un poco torcida.
—¿A qué hora? —preguntó. Antonio se acercó y se sentó en el suelo, dando con su espalda.
—A las seis y media de la tarde sale el vuelo.
Lovino lo miró por unos segundos hasta que cerró los ojos y volteó su cabeza a su posición original. Antonio torció la boca en una expresión de derrota y soltó un suspiro, se acomodó sobre la espalda de Lovino –estaba acomodado en posición fetal– para seguir enviando mensajes en el teléfono y dejó la conversación ahí.
Todos sabían lo complicado que era para ellos dos el separarse en vacaciones. Puesto que era un hecho que desde que se fue a vivir a Santa Isabel hace tantos años y por la insistencia de los padres y familiares de Antonio de pasar cada vacación del colegio con ellos, él tendría que tomar el primer vuelo que le compraban a España sin rechistar y dejar a sus amigos atrás. La situación empeoró para él cuando su relación comenzó, ahora estos viajes se volvían sumamente difíciles de asimilar para ambos, aunque Lovino se convenciera de lo contrario.
Embargado por sus sentimientos encontrados, Feliciano decidió entonces distraer un poco a Antonio con una pregunta que le había estado rondando por la cabeza desde que se hubo despertado la primera vez, para no dejarles caer en su tristeza resguardada.
—Toni, ¿dónde están Sey, su prima y Francis? —el nombrado alzó la mirada del teléfono y lo miró confundido, al ver que quizá era por lo distraído que había estado, le repitió la pregunta. Al entenderle, Antonio dejó el aparato a un lado de él, sobre el suelo, y le contestó.
—Sey y Belén se tenían que ir a casa, así que Francho las acompañó. Ya sabes que él aprovecha cualquie' momento —dijo sonriendo al final.
—¿Se va la otra semana, finalmente? —preguntó Ludwig dejando el vaso con restos de la pastilla efervescente en el suelo y recostándose sobre Feliciano.
—Sí —susurró Lovino de pronto.
Antonio volteó la cabeza hacia él y cariñosamente le acarició su hombro con el pulgar. Iban a ser unas vacaciones solitarias para Lovino y eso Antonio lo sabía. No tendría a su pareja ni a su amiga más cercana con él, aunque agradecía el hecho que solo fueran dos semanas en invierno; pero el no poder hacer nada respecto a la soledad de su persona más amada le destrozaba por dentro.
Solo esperaba que su hermano le hiciera suficiente compañía, junto a las llamadas que recibiría constantemente de su parte y el pedacito de corazón que guardó en su relicario que dejaba en Santa Isabel con él.
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El resto del sábado pasó tranquilamente. En cuanto Ludwig se hubo mejorado y estabilizado, se dedicaron a preocuparse por Gilbert quien había despertado sobresaltado a eso de las nueve, no por iniciativa propia, sino por las náuseas que lo obligaron a buscar rápidamente la tasa del inodoro.
Entre tanto, Lovino se despidió de Antonio con la promesa de aprovechar el fin de semana antes de su partida y junto a los alemanes y su hermano se dirigió a casa. Así pasó sin ninguna novedad el sábado por la tarde para todos los jóvenes, más que pasar la resaca para algunos, salir de viaje familiar para otros y quedarse en casa viendo películas repetidas por la televisión para el resto.
Llegó el domingo en la mañana, Feliciano se despertó solo en su habitación como todos los domingos, tomó su teléfono Sony de la mesa de noche y contestó la llamada entrante que llevaba ya varios segundos sonando.
—¿Sí?
—Hola Feli —era Sey y Feliciano se sorprendió por lo estrangulada que salió su voz, se preocupó al pensar que podría haberle pasado algo—. ¿Cómo estás? —él le contestó que recién despertaba, pero que se encontraba bien, a lo que la chica se disculpó apenada por lo temprano de su llamada y luego agregó—: Feli, ¿Lovi no ha llegado aún?
Feliciano bien sabía que su hermano aún no había llegado de la iglesia, pero igual confirmó la hora para mayor información— Está a punto de llegar, ¿por qué preguntas?
—Es que aún tiene el teléfono apagado, ¿le puedes avisar que me devuelva la llamada? —suspiró—. Me estoy poniendo de los nervios, necesito que me llame.
—¿Pasó algo? ¿Estás bien Sey?
—Sí... Bueno, más o menos —volvió a suspirar, un poco más fuerte esta vez, y eso a Feliciano le estaba preocupando en demasía. Se incorporó de la cama y accionó el aparato en altavoz para poder tomar una camiseta del armario e ir al baño a lavarse la cara, tenía ganas de orinar, pero lo dejaría para después—. Siento que voy a llorar, creo que hice algo que no debía.
—¿No me puedes contar? —escuchó movimiento al otro lado de la bocina, pero ninguna palabra salió del recibidor. Algo grave debió haberle ocurrido a la chica, pocas veces perdía los estribos de esa manera y el hecho de que le hubiera confesado que estaba a punto de llorar solo lo confirmaba—. Sey, sabes que puedes hablar conmigo. Sé que no soy Nino, pero puedes confiar en mí.
—Lo sé, Feli, pero preferiría que Lovi me escuche primero… es un tema que he estado discutiendo con él desde hace un tiempo.
Feliciano solo pudo suspirar y tomó de nuevo el teléfono para acercarlo a su oído, luego de desactivar el altavoz. Escuchó a Sey explicar que era un tema que todos conocían, pero no a profundidad, y que por algo que había hecho la noche anterior, había estropeado todo. Estaba muy misteriosa y eso era algo extraño en ella, siendo una chica tan fácil de predecir.
Bajó las escaleras para dirigirse a la cocina por su desayuno cuando escuchó, de repente, el típico sonido de llaves entrando en el cerrojo de la puerta de entrada. Al ver que su hermano mellizo cruzaba el umbral con Antonio a su lado, detuvo su andar y los saludó. Sey al escuchar esto, se apresuró a pedirle que le pasara el teléfono a Lovino.
—Sisi necesita hablar urgente contigo, Nino —se acercó y le tendió el teléfono—. Toma.
Éste se dirigió hacia el segundo piso contestando inmediatamente, dejando a Antonio con Feliciano en la entrada de la casa.
—¿Quieres desayunar Toni? —preguntó sonriente. Ya después se preocuparía por sacarle información a Lovino—. Anoche mamá nos compró pizza y sobró un poco.
—¡Ah, que delicia! Gracias —caminaron hasta la amplia cocina vacía y el español tomó asiento en el pequeño comedor auxiliar de madera. Sacó del bolsillo de su jean su teléfono y mientras escribía en él escuchaba a Feliciano calentar la comida—. No te imaginas lo que pasó hoy en la misa, Felicianito.
—¿De qué?
—Fue cuando el padre Fernando habló hoy de Corintios 13, de lo bello del amor y eso —Feliciano asintió, recordando el versículo en concreto y lo bonito que era. Sacó los cinco pedazos de pizza del horno microondas y los sirvió en la mesa, luego tomó asiento junto a Antonio—. Fue muy emotivo, este padre nos agrada bastante y por eso todo lo que decía nos emocionó, tiene un gran don de la palabra —tomaron un pedazo triangular cada uno, echando un poco de orégano sobre ellos y mordieron—. Pero cuan'o casi te'mina'a —tragó y tomó un poco de jugo de naranja que le había servido—, una vieja loca comenzó a gritarno' de qué hacíamos dos maricas en la casa de su Dios.
Feliciano se atragantó— ¿¡Qué!?
—Ajá, tal como suena. No entendiamo' hasta que nos exigió que nos soltáramos de las manos y nos fuéramos.
—Oh no, ¿qué hizo Nino? —Antonio soltó una risa que lo tranquilizó, mordió otro poco más de la pizza—. ¿No se habrá puesto a gritarle también?
—No. Para nada. Bueno casi lo hace, pero el padre se dio cuenta de que algo pasaba y se acercó a nosotros —escucharon a Lovino acercándose a la cocina, aun hablando por el teléfono—. Le pidió a la señora que se calmase y a nosotros que le explicáramos qué pasaba. La vieja loca ésta se levantó y fue hacia el padre diciendo que éramo' un par de maricas y que por eso nos debía echa', que éramos un pecado que debía erradicarse.
—Que horrible, Toni.
—No sabes, yo intentaba irme sin armar jaleo, pero Lovino me decía que no era justo, hasta que el padre le pidió de nuevo a esa bruja que se callara y a nosotros que lo acompañáramo' —Antonio volteó la cabeza al sentir a Lovino detrás de él y le dedicó una sonrisa—. ¿Ya hablaste con Sey, cari?, ¿está todo bien?—éste asintió y posó una mano en su hombro izquierdo para apoyarse en él y coger un pedazo de pizza de la mesa, Antonio le sonrió más ampliamente, seguido de un beso en su mejilla cuando se enderezaba. Pronto dirigió su mirada al otro Vargas y continuó—: Bueno, nosotros pensamos que sí nos echaría, pero terminó guiándonos al altar. Yo estaba muy asusta'o, ¡creí que nos sacrificarían o algo!
—Exagerado —acotó Lovino, rodando los ojos.
—Pero cuando ya todos nos miraban raro, él se posicionó entre nosotros dos y nos puso una mano sobre nuestros hombros, luego continuó hablando como si nada hubiera pasado.
—¿Hablas en serio? —Feliciano se sorprendió tanto ante lo que le contaba Antonio, que la pizza quedó en segundo plano—. ¿Ustedes qué hicieron? y ¿la señora?
—Algunos se fueron de la iglesia y ella fue uno de ellos, pero los que se quedaron se sentían incómodos, lo sé. Cuando terminó nos invitó a sentarno' de nuevo y continuó la misa —retomó la pizza y la terminó de un mordisco. Lovino se sentó al otro lado de la mesa—. Lovino casi llora.
—Claro que no, idiota. Además, casi te acabas toda tu mesada con la ofrenda mientras te brillaban los ojos con lágrimas. Lo que me pasa por acompañarte.
Haciendo caso omiso, Antonio prosiguió—: Cuando se acabó la misa me acerqué a él y le agradecí. Él solo me sonrió y me dijo que nos esperaba en la siguiente liturgia. Fue flipante —Feliciano emitió un gruñido de asentimiento y pasó la comida en su boca con un poco de jugo mientras veía a Antonio y Lovino comer en silencio luego de eso. Se le ocurrió un pensamiento espontáneo que no dudó en expresar.
—Bueno, ya sé a quién pedirle que me oficie la boda —sonrió socarronamente cuando las cabezas de su hermano y Antonio se levantaron de un santiamén; el español lo miraba curioso, mientras que Lovino lo hacía con el ceño fruncido.
—¿Estás de coña? Si eres gay, estúpido.
Feliciano se echó hacia atrás de la risa que le provocó la expresión perdida y huraña de su hermano, más lo obvio de su comentario y la expresión enteramente española. Antonio no pudo evitar reírse también, pero se detuvo en cuanto su novio le volteó a ver con el rostro deformado de exasperación.
—¿Se atontaron o qué? —gruñó Lovino y se cruzó de brazos, encolerizado—. ¿Te quieres explicar ya, imbécil?
—Okey, okey —Feliciano tomó aire y se tranquilizó. Miró directamente a su hermano mellizo a los ojos y sonrió de oreja a oreja—. Ludwig quiere que nos casemos.
Para cuando terminó de hablar, y la conjugación de la palabra 'casar' llegó a los oídos de sus interlocutores, faltó unos segundos más para que la información que les acababa de entregar fuera totalmente comprendida por sus cerebros, sobre todo que por un momento Feliciano pensó que ninguno de los dos había entendido y tendría que volverse a explicar. Aunque, el problema no fue la comprensión tardía –ya que cuando sus caras se transformaron en sorpresa absoluta se convenció de que habían captado ya–, sino lo pasmado que quedó Lovino ante esas cinco cortas palabras.
Feliciano no supo qué hacer mientras esperaba la respuesta de ellos más que tomar un poco más de jugo y servir lo que quedaba en sus respectivos vasos de vidrio. Cuando terminaba de servir el de Antonio de nuevo, la mesa tembló un poco ante la arrastrada de silla que hizo Lovino, levantándose de ésta totalmente exasperado.
—¿¡QUÉ!?
—Joder, Feliciano. Qué fuerte.
El chico soltó la jarra ya casi vacía de jugo y se alejó un poco de su hermano, quien se recargaba ahora contra la mesa de madera pidiendo explicaciones con la fuerza de sus ojos avellana.
—Nino, no te vuelvas loco, no será ahora, ni muy pronto… Siéntate que me asustas… —esperó paciente a que Lovino retomara su asiento y prosiguió—. Ludi me preguntó el viernes, durante la fiesta de Ali, pero más como un plan en el futuro. ¿No les parece bonito?
—Explícate mejor —dijo Lovino. Antonio comenzaba a salir de su estupor y le dedicaba una pequeña sonrisa a Feliciano.
Encantado de complacer con más información a su hermano, continuó— Fue cuando se acabó la cerveza, ¿recuerdas que pedías a gritos que Toni comprara más, sino te lo llevabas a la cama aunque Ali y Tutu estuvieran aún en su habitación? —la cara de Lovino se sonrojó por completo en el acto, lo que ocasionó risa en Antonio. Entre balbuceos y tartamudez comenzó a negar todo, pero fue acallado por una mano del español que se posó sobre la suya. Intentó lanzarle un manotazo a su hermano menor con la otra, no obstante Feliciano fue más rápido en retirarse—. Bueno, pues Ludi quiso ir a buscar el Vodka en la cocina y cuando íbamos por él, Gigi dijo unas cosas sobre cómo lo cuidaríamos cuando viejo, aunque tuviéramos hijos y todo eso, lo que me dejó pensando. Cuando le pregunté a Ludi qué pensaba al respecto, una cosa llevó a la otra y terminó preguntándome si en un futuro me gustaría casarme con él. Es decir, cuando tengamos la edad y dinero propio.
—¿Qué le dijiste? —preguntó Antonio, visiblemente encantado con la historia.
—Que sí.
Lovino se le quedó mirando con el rostro mostrando una emoción indescifrable, como Maestro de la perfecta cara de póquer.
—Pero hay algo que no cuadra… La iglesia no acepta todavía el matrimonio homosexual, Felicianito.
—Oh, lo sé —dijo sonriente—. Pero quizás cuando nos toque ¿ya se pueda? Ese sacerdote debe ser muy diferente al resto.
—Lo dudo —Feliciano se sorprendió al escuchar a su hermano contestar, pero se alegró. Él soltó un suspiro de resignación y agregó—: Están muy jóvenes para pensar en semejante cosa, pero… —posicionó un codo sobre la mesa y recargó su mejilla sobre esa mano, lo miró directamente a sus ojos por unos segundos y muy lentamente una mueca que se asemejaba a una sonrisa flotó en sus labios—, ya lo veía venir, a decir verdad. Oh por Dios, no me mires así, me refiero en un futuro muy lejano, pero que claramente llegaría. Ustedes parecen ya la típica pareja de viejos casados, es horrible de ver, pero te acostumbras y piensas que es algo cotidiano ya. Siempre pensé que serías el primero en pensar en casarte, o algo similar —rodó los ojos—. Y tú preguntándome cuándo sería mi boda… ja.
—¿Nos vamos a casar? —preguntó Antonio, pero solo recibió una patada debajo de la mesa seguido de un 'idiota' murmurado de parte de Lovino.
—Gracias Nino —dijo Feliciano con una sonrisa—. Me gustaría que los papás de Ludi supieran algo de nosotros… se pierde la emoción al seguir manteniendo todo en secreto con ellos, pero Ludi siente que no es el mejor momento.
—Pues, siguiendo esa línea de pensamiento, tendrías que contarle algo a nonno también.
Feliciano observó atentamente a su mellizo y se percató de la verdad. Había relegado aquél razonamiento que le indicaba que ocultarle su sexualidad a su abuelo era exactamente la misma carga que llevaba Ludwig a sus hombros cuando se cuidaban de no hacer nada indebido frente a sus familiares. Quizá por decencia de no demostrar lo que eran o la cobardía de expresarlo, no lo tenía claro, sin embargo Lovino había dado en el clavo y ahora más que nunca le daba toda la razón.
Su hermano nunca había acordado nada con Feliciano respecto a cómo tratar su relación frente a su abuelo sin tener que comprometer al otro, había sido un acuerdo mudo de parte de ambos el no comentar nada frente a él, pero había llegado un momento decisivo en sus vidas. Feliciano había decidido seguir el resto de su vida cumpliendo un plan a largo plazo con su pareja, el cual no estaba seguro de cómo lo lograría, pero indicaba su resolución completa a llevar ese proyecto de vida de ese momento en adelante. Por otra parte, Lovino llevaba más tiempo con su pareja, cada paso que daban lo hacían juntos –aunque no había plan a futuro en concreto– y esto se debía al pequeño programa que llevaban dentro de su relación que consistía en no precipitarse a las cosas antes de hablarlas y aclararlas por el bien de ambos, dentro de la posibilidad de poder seguir juntos hasta el final.
En pocas palabras, tan pronto el ciclo escolar llegara a su conclusión, ambos chicos tendrían una vida totalmente ajena a la que habían llevado hasta ese punto en su historia y ese cambio se debía a los dos hombres los cuales decidieron acompañar, no por obligación sino por seguir un estilo de vida que podría llegar a ser más complicado, pero infinitamente mejor.
No por nada él y Ludwig buscaban universidades que instruyeran ambas carreras que deseaban estudiar, así como Lovino no había informado nada al respecto hasta que Antonio se decidiera qué hacer luego de graduarse o viceversa. Eran sus planes más cercanos que corroboraban su determinación a seguir junto a la persona que consideraban más importante, a parte de su propia familia de sangre.
Así como también cabía la posibilidad de que nada de esto pudiera suceder. Inclusive existía aquella en que el destino no los podría mantener juntos. Tal vez era un error o una malinterpretación de lo que les podría deparar el futuro, pero era un hecho que eran lo que eran y estaban orgullosos de ello y qué mejor forma que poniendo sobre la mesa su corazón para que fuera analizado, comprendido y atesorado por una persona que les había entregado el suyo, igualmente, desde que los vio por vez primera.
Sin más preámbulo, aclaró su mente, organizó sus ideas y se lanzó al infinito océano que llaman vida.
—Digámosle hoy en la cena.
.:.
Había sido complicado convencer a Lovino de su idea, tras una larga charla que les llevó parte de esa mañana. Él había insistido que solo había hecho el comentario para el caso de Ludwig y él, mas no por su relación con Antonio en ningún sentido. Sin embargo, luego de muchos ruegos, lágrimas y promesas, logró la aceptación de su parte para la 'cena de confesión' –nominación realizada por Feliciano– en su casa con su abuelo, respectivos novios y secundados por la ayuda y acompañamiento de su adorada madre.
Claro que su decisión había sido terminante una vez Antonio le dio su consentimiento, puesto que él también tendría mucho que ver en la conversación que los jóvenes tendrían con su abuelo y, por su puesto, si no se sentía incómodo con la idea de estar presente. Una vez aclararon todo, Lovino se dedicó a llamar a su progenitora para comunicarle su decisión y la posible ayuda que necesitarían de parte de ella para que todo saliera bien. Ella con gusto aceptó llegar más temprano para ayudarles con los preparativos de la cena y así tener tiempo de ir a recoger a su padre en la residencia.
Con respecto a Sebastiano, le contarían una vez saliera de su habitación para que no le tomara por sorpresa la verdadera intención de la visita de su abuelo, en medio de la cena familiar dominical, aunque solo le comentaran que se preparara para una comida un poco diferente al resto. Ya intuían que traería a su reciente novia para aprovechar y suavizar la ocasión.
Ahora, solo quedaba comunicarle a Ludwig, el segundo implicado en el plan, de sus intenciones para la noche de ese ocupado domingo.
—¿Lo dices en serio? —podía sentir el tono perplejo de Ludwig al otro lado del recibidor, no había terminado de saludar a su pareja cuando recibió la noticia de su plan en el mismo segundo—. ¿Lovino también está de acuerdo?
—Claro que si, Ludi.
—Es inesperado, pero si eso es lo que quieres, no me opondré. Sabes que cuentas conmigo para lo que sea.
—Y es por eso que te amo —contestó sonriente el morocho, al tiempo que se recostaba en la pared que daba con un lado de su cama—. No desesperes, solo llega a eso de las siete con tu gran y encantadora sonrisa, ¿vale? Con mamá nos encargaremos de todo. Ah, y Toni también, aprovechó que ya estaba aquí para ayudar un poco con la cena y calmar a Nino para evitar esos pequeños ataques de ansiedad que le dan.
—Todavía no me creo que Lovino haya aceptado.
—Él fue el de la idea… O, bueno, la inicial. Toni tuvo que asegurarle que vendría y lo apoyaría para que terminara de convencerse.
—Esperemos que todo salga bien, con Valeria fue así, ¿no es cierto? —Feliciano sonrió ante el recuerdo y afirmó—. Quizás con tu abuelo sea un poco más complicado, pero podría salir mejor de lo que esperas, ya lo verás.
—Eso creo. Ya te imagino con esa linda cara de estreñido que pones cuando estás nervioso —bromeó el chico, lanzando luego una sonora carcajada que aumentó al escuchar gruñidos de diferentes tonos producidos por su novio, al otro lado del aparato.
—¡Feliciano!, ¿qué dices? ¡Ahora no podré quitarme esa preocupación de la cabeza sobre cómo me veré!
—¡Vale! —contestó entre risas ahogadas— ¡Te espero! No te pongas nada elegante o muy formal, ¿okey? ¡Te quiero, adiós!
—¡Feliciano!
—¡Nos vemos! ¡Gracias! —y colgó.
Su sonrisa se desvaneció en el acto, el corazón le latía con fuerza y no pudo evitar situar su teléfono sobre su palpitante pecho para frenar las emociones que, descontroladas, salían por cada poro de su piel canela.
Conocía a la perfección el dilema en el que se estaba metiendo, pero le tranquilizaba un poco el saber que era a su propia sangre, su querido abuelo materno, a quien tendría que destapar sus sentimientos refugiados por tantos años que, por tanto, no tendría por qué estar agitado de esa manera tan pesarosa.
Además, tendría a su madre, a sus hermanos y a su amado Ludwig haciéndole compañía.
Inspiró hondo, con los ojos cerrados, apretando fuertemente el teléfono sobre su pecho y se dejó atrás de sí aquellos malos pensamientos e inquietudes. Seguido, abrió sus brillantes ojos ámbar, espiró por la boca y terminó sonriendo para darse ánimos.
Ya no había vuelta atrás y no podía estar más orgulloso por ello.
.:.
Son amores que sólo a nuestra edad
se confunden en nuestros espíritus,
te interrogan y nunca te dejan ver
si serán amor o placer.
Notas de Autor:
Cada vez se me hace más difícil escribir la frase del comienzo de capitulo xD No sirvo de poeta, ya lo sé. Y yo sé que todos aquellos que tengan un gato se sintieron identificados con el principio de este capítulo jaja (¡aun así los amamos!)
Sé que les prometí llegar al punto en este capítulo, por eso mismo les pido disculpas por lo que leyeron hoy. No siento que haya sido el mejor, además de haberme sentido algo oxidada por las 2 semanas que no escribí ni una palabra, que pienso que por eso no dará la talla frente a los otros capítulos. He ahí por qué lo dejé hasta aquí para concentrarme mejor en el siguiente (uno claramente importante) que ya voy escribiendo y como pasan tantas cosas, mejor era cortar así. De igual forma, no crean que es capítulo relleno, todo tiene importancia para el plot.
Detalles, detalles *guiño*.
Por cierto, estoy súper emocionada por World Twinkle, ¡de nuevo regresan! (aunque no puedo dejar de reírme con el pseudo baile de Italia en el ending. ¡Parece que tuviera un ataque epiléptico!)
¡MIL GRACIAS A TODOS/AS los que han leído!, pero especialmente a todas aquellas almas caritativas del Señor que me han dejado comentarios, alertas y favoritos hasta la fecha: Wanwaga, NatLB, NowhereGirl-03, isabelchan56, Mizuki Makino-sama, Sakadacchi, Sandra Fujoshi, asunaangel08, Neko Kaori, Hikari Sumeragi, Hatoko Nyan-chan, y claro a Corona de lacasitos quien me inspiró a volver a escribir~ ¡Les debo mucho!
Incluyendo aquellas personitas que se pasan por aquí y que me leen también, las invito a hacérmelo saber de algún modo, por favor.
Cualquier duda, comentario, crítica, o tomatazos(?) será bien recibida por mí. Te lo agradecería mucho.
¡Nos leemos~!
Datos curiosos:
La reacción de aumento de glucosa en la sangre debido a los carbohidratos y azúcares que se consumen, se conoce como hiperglucemia. Es una afección del páncreas el cual no produce la adecuada cantidad de insulina (hormona para nivelar el azúcar en el organismo) causado por diversos factores tanto internos como externos y dependiendo del grado de afección o el poco cuidado, puede llegar a causar diabetes de tipo 1 o 2.
Todos los síntomas, factores e información observados al comienzo de este capítulo vienen de la experiencia propia, no todos los casos son iguales.
