¿Qué tal? Espero les guste lo que he preparado hoy :3 bueno, desde hace un ratito ja, ja, ja
WAVES
La lluvia arreciaba cada vez más y el chico al que Shaina se había acercado todavía no había dicho nada; por la forma en la que le miraba, la chica adivinó que el muchacho estaba buscando una buena respuesta que justificara su estado y su presencia, aunque ella había atestiguado todo desde el otro lado de la calle. Shaina pensó que tal vez estaba ebrio o bajo los efectos de alguna otra sustancia, ya estaba por alejarse cuando el joven en cuestión torció la boca y desvió la vista al suelo dando un largo y fatigado suspiro.
—Estoy bien, sólo… no estoy en condiciones para manejar.
Milo pensaba que cualquier cosa que saliera de su boca (si intentaba mentir) sonaría poco razonable viniendo de parte de un sujeto sentado en medio de un aguacero con un perro callejero, de modo que optó por decir la verdad, además, a ella no la había visto nunca ¿Qué más daba?
— ¿Estas ebrio? —soltó la chica tomándole por sorpresa.
— ¿Qué? ¡No, no, para nada! — dijo poniéndose de pie a toda prisa—Mira estoy completamente lucido.
Shaina le miró detenidamente. Aparentemente, el hombre podía mantener el equilibrio a la perfección, sin mencionar que las pupilas de sus ojos azules estaban a la medida correcta. Y así fue escudriñándole con la mirada hasta que sin querer terminó reparando en la larga melena azulada que escurría pegada a su rostro haciéndolo ver un tanto divertido.
—Oye, te estas mojando otra vez—observó con una mueca divertida.
Al darse cuenta de lo que hacía, el heleno cerró los ojos y rio avergonzado sintiéndose un verdadero torpe.
En eso, el perro que no hacia más que mirar de un humano a otro vio el momento perfecto para sacudirse a lado de la chica del paraguas.
— ¡Ay! —exclamó Shaina al sentir las gotas en su cara y uno que otro coletazo en su pierna.
— ¡No, amigo! — gritó Milo, pero fue demasiado tarde tanto para el abrigo como para la chica. Talvez el animal no era suyo, pero eso no evito que Milo se sintiera realmente apenado—Lo siento mucho— sin embargo, lejos siquiera de sentirse incomoda o molesta, Shaina se rio.
—No pasa nada. Al menos sigo más seca que tú.
Eso le sacó una sonrisa …
—Sí, supongo que el único que va a terminar resfriado voy a ser yo.
Entonces el perro estornudó, haciendo que Milo actuara casi por mero impulso, a la sazón se quitó la chaqueta y cubrió con ella al can.
— ¿Vas a llevarlo contigo? – preguntó perpleja.
—Es lo menos que puedo hacer luego de casi atropellarlo. Además…— continuó Milo mientras tomaba al animal en brazos—Quién sabe cuánto tiempo ha estado vagando, un hogar no le caería mal.
En eso el autobús por el que Shaina había estado esperando apareció de repente sobre la calle vecina.
—¡Oh! Ese es mi autobús—señaló la chica de cabellos verdes—¿Estás seguro de que estas bien?... ah…
—Milo— dijo a secas—Y si, descuida, mi casa no está muy lejos, creo poder llegar en una pieza.
—Está bien, Milo, entonces me voy, fue un placer conocerte y a ti también— finalizó acariciando al perro.
Ambos vieron a la chica caminar hacia la esquina seguros de que no la verían nuevamente, el nuevo amigo de Milo le ladró un par de veces antes de que el muchacho lo pusiera en el asiento trasero del vehículo.
—A mí también me cayó bien, pero ya tiene que irse, cálmate…mmm… ¿Rey?, si, por el momento te llamare así, ya pensare en otro nombre des…
Hubo una gran asperjada.
— ¡¿Pero, ¿qué le pasa?!
El grito indignado hizo que Milo girase la cabeza para encontrarse con una tragicomedia en la que la chica de la esquina había sido dejada atrás por el conductor del autobús y estaba totalmente bañada de pies a cabeza.
"Pero qué hijo de… no, no, cálmate, cálmate, Shaina…"
Maldiciendo para sus adentros, la joven giró lentamente y se encontró a Milo con el puño sobre los labios, esforzándose por reprimir una risotada.
—Yo no le veo la gracia…
—Pues yo sí…—dijo el muchacho por lo bajo antes de estallar en carcajadas— ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja! ¡Lo siento, juro que no… que no es intencional! – le tomó un minuto aplacar las risotadas, pero en cuanto vio la cara de pocos amigos de la chica se puso serio de repente y empezó a carraspear— Lo siento… creo… que no es lo más apropiado.
—Aja…
—Tal vez si me hubieras dicho tu nombre antes de irte, esto no habría pasado. — contestó burlesco.
Ella sonrió ante la mueca juguetona y astuta de Milo, aún estaba molesta, pero se reía.
—Me llamo Shaina—dijo cerrando el paraguas, después de todo ya no había nada que resguardar de la lluvia.
—Bonito nombre—respondió el piloto— Bueno, ya que estamos aquí ¿Quieres que te lleve a algún lado?
—No hace falta.
—Insisto. No me sentiría cómodo si te dejo aquí luego de que te tomaste la molestia de acercarte, sobre todo cuando ya es algo tarde para que una señorita ande sola por la calle.
— ¿Crees que no me puedo cuidar sola?
—Sólo intento ser amable—dijo encogiéndose de hombros sin abandonar su tono sutil—Vamos, "chica independiente" sube—le dijo mientras le abría la puerta del copiloto.
Shaina se lo pensó un momento, no era el tipo de chica que sube al coche de cualquiera, pero algo le decía que no tenía nada que temer. Le echó un último vistazo al auto y ¡vaya que era nuevo! Incluso desde afuera podía oler el aroma a "recién salido de la tienda"
— ¿Estás seguro de esto?
—Shaina, ya hay un perro mojado en la parte trasera.
—Buen punto.
Sin más que decir, la chica subió al auto y Milo cerró la puerta por ella para luego tomar su lugar detrás del volante.
—Muy bien, señorita Shaina. ¿A dónde la llevo?
PARIS, FRANCIA
Las luces de los reflectores se encendieron con el vibrar de las primeras notas del piano.
Ahí hay una gran tormenta
Y yo estoy atrapado en medio de todo ello
Rápidos y dóciles, los dedos de Camus acariciaban las teclas como si estas se fueran a desquebrajar bajo sus yemas, se paseaban coordinadamente del blanco al negro y del negro al blanco con desgano, pero al mismo tiempo con pasión reprimida, casi envenenada.
Y toma el control de la persona
que creía que era,
el chico que solía conocer.
Verso tras verso las palabras salían de la boca del galo como un melodioso susurro, que a través de los parlantes cobraban la intensidad necesaria para estremecer a cualquier oyente.
Pero hay una luz en la oscuridad,
y siento su calor.
En mis manos, en mi corazón,
pero, ¿por qué no puedo aguantar?
Porque viene y va en oleadas,
siempre lo hace,
siempre lo hace.
Observamos mientras nuestros jóvenes corazones
se disipan en la inundación,
en la inundación.
Entre los asistentes del viejo teatro se encontraba alguien especial, se trataba de una joven de larga cabellera platinada y ojos claros que nunca faltaba a una presentación del enigmático cantautor, en especial desde que este había decidido tocar para quien quisiera escucharlo el tercer domingo de cada mes en aquel viejo teatro… el lugar que le vio nacer como músico.
Y la libertad de caer,
y el sentimiento que pensé
que estaba grabado sobre roca,
se escurre entre mis dedos.
Hilda estaba enamorada de su música, amaba la forma en la que tocaba, siempre con la mirada en otro lado, como si buscara algo o a alguien; los matices únicos de su voz resultaban embriagadores y como pasaba de un suspiro a una nota alta en un abrir y cerrar de ojos era hipnotizante.
Y estoy intentando con todas mis fuerzas soltarme,
pero viene y va en oleadas,
viene y va en oleadas,
y nos arrastra.
Todo él le encantaba y esperaba con ansias el día en que él pudiera notarla y la viera con algo más que los ojos que ofrece un amigo.
A través del viento,
al lugar donde solíamos yacer
cuando éramos niños.
Recuerdos de un lugar robado,
atrapados en el silencio,
un eco perdido en el espacio.
Desgraciadamente, los ojos de Camus estaban muy lejos de mirarle, puesto que lo que tenía dentro, así como rezaba la canción, iba y venía en oleadas y estando dentr0 de ese antiguo teatro, el joven se sentía cubierto por el mar mismo, un mar que le sacudía la memoria cada vez que se situaba bajo la inmensa bóveda adornada por las pinceladas de aquella mujer a la que no era capaz de olvidar.
Porque viene y va en oleadas,
siempre lo hace,
siempre lo hace.
Observamos mientras nuestros jóvenes corazones
se disipan en la inundación
en la inundación.
Y mientras la audiencia se perdía entre las notas del piano y la aterciopelada voz, el pianista se sumergía en un estado cogitabundo en el que no había nada más a su alrededor que las luces y un cielo ficticio sobre su cabeza plagado de ángeles en óleo y acrílico.
Y la libertad de caer,
y el sentimiento que pensé
que estaba grabado sobre roca,
se escurre entre mis dedos.
A medida que los recuerdos abordaban su mente, Camus cerraba los ojos con más fuerza y presionaba con más pasión las teclas haciendo que todo el público se extasiara, todos… menos Hilda, pues conocía perfectamente lo que se ocultaba en el interior del músico.
Y estoy intentando con todas mis fuerzas soltarme,
pero viene y va en oleadas,
viene y va en oleadas,
y nos arrastra.
He visto mi juventud salvaje desaparecer
delante de mis propios ojos,
momentos de magia y maravilla,
parecen tan difíciles de encontrar.
Ha… ¡Cuánto le dolía! Y ¡Cuánto le molestaba!... saber que su voz seguía siendo de otra, que escribía para otra, que cantaba para esa otra. Cada vez que parecía que una canción estaba "limpia" libre de musa y desprovista de nombre… él ponía esa cara, cerraba los ojos como si la buscara en sus adentros y alzaba la voz como un trovador de antaño.
¿Va a volver alguna vez?
¿Va a volver alguna vez?
Llévame de vuelta a la sensación,
cuando todo quedaba por descubrir.
No importaba cuantas veces Camus lo negara, no importaba cuanto fingiera que en su corazón ya no había más nada… era evidente… que aun la amaba.
Porque viene y va en oleadas,
siempre lo hace,
siempre lo hace.
Y la libertad de caer,
y el sentimiento que pensé
que estaba grabado sobre roca,
se escurre entre mis dedos.
Y estoy intentando con todas mis fuerzas soltarme,
pero viene y va en oleadas,
viene y va en oleadas,
y nos arrastra…
El piano calló y los aplausos estallaron con el erguir del público. Hilda fue la única que permaneció en su silla sin dejar de ver a Camus con condescendencia.
—Muchas gracias a todos— dijo el francés a modo de despedida previo a una reverencia que pese a su informal vestimenta no perdía la elegancia.
Prontamente, el salón comenzó a desalojarse e Hilda aprovechó para ir en busca de su amigo.
— ¡Camus, espera!
El joven de mirada cerúlea se detuvo ante la puerta del camerino.
—Eres tú Hilda, lo siento, no te había visto antes…
—No te preocupes— le atajó ella restándole importancia— por cierto, estuviste genial… ah… ya sabes… como siempre.
El muchacho esbozó una sonrisa agradecida y la acompaño con un pequeño ademan—Me alegra que te gustara.
—Siempre es agradable venir cuando tú o Shaka están presentes.
—Oye, no te quites el crédito—dijo antes de abrir la puerta con la intención de despedirse—Tus obras venden mucho más que mis conciertos.
Siendo una actriz de teatro, Hilda sabía leer los movimientos corporales casi tan bien como interpretaba los gestos y le era evidente que Camus no tenía como fin el seguir sosteniendo la conversación, sin embargo, ella quería retenerlo un poco más, de modo que se arriesgó a sacar la última carta que tenía bajo la manga.
— ¿Te gustaría ir a tomar algo? — soltó la chica de repente, tomando al galo desprevenido.
—Hilda, yo…
— Algo pequeño, podemos ir a tomar una copa o quizás … algo caliente en el café que está cerca de aquí.
Camus apretó los labios. No tenía ánimos de beber, pero tampoco quería ir a ese café, sin embargo, no quería desairar a su amiga, después de todo ella siempre asistía a sus conciertos, aunque no la invitara o no la saludara, al final resolvió que lo más cortés seria aceptar la invitación.
—Supongo que una copa estará bien. — respondió y posteriormente volvió a asegurar la puerta. — Yo la sigo, señorita…
GRECIA—ATENAS
Los neumáticos del auto deportivo chillaron cuando el semáforo cambió a rojo.
—Oh…por… ¡¿tienes idea de cuál es el límite de velocidad?!— Shaina, quien hacia un rato iba con las uñas ensartadas en el asiento del copiloto veía al chofer del automóvil con desaprobación y alivio por estar estática.
Milo, por su parte, había encontrado el ambiente bastante divertido desde que arrancó con ella a bordo, aunque nadie se la pasaba mejor que el can, el cual disfrutaba del viaje; estando en un interior cálido y cubierto por la cazadora de ese curioso humano todo le era irrelevante.
—Sí, pero no hay nadie aquí, prácticamente la calle es nuestra. ¿Qué hay de malo con aprovechar la oportunidad?
— ¿Te crees piloto de carreras o algo así? —reprochó la italiana cruzándose de brazos.
Entonces Milo le obsequió una sonrisa de complicidad a través del espejo retrovisor— No me creo piloto… Soy piloto— en eso, la luz verde iluminó la calle—Y soy el mejor…—el motor rugió fuertemente y el auto aceleró de golpe con el grito de la peliverde de fondo.
—¡AHHH!
—Tranquila, Shaina, estas en buenas manos.
— ¡Pero si acababas de decir que no estabas en condiciones de conducir!
—Eso fue antes…
— ¡Baja la velocidad!
—Confía en mi...
— ¡Que bajes la velocidad!
Luego de tremendo grito, al heleno no le quedó más remedio que pisar el freno y con el semblante más aburrido accedió.
—Agh… está bien… iremos lento…
—Y a salvo. — puntualizó ella como una madre poniendo sobre aviso a un hijo.
— ¿Te asusta la velocidad? —preguntó burlesco.
—Me asusta que el tipo que acabo de conocer conduzca como un loco— hubo un breve silencio— A propósito, aun no sé qué hacías en esa calle en primer lugar.
La mueca de Milo se desvaneció de inmediato—Nada, sólo estaba… buscando un camino diferente. Uno se aburre de pasar por los mismos lugares en cierto punto.
Luego de esto se alojó entre ellos un largo y extraño silencio.
— ¿Quieres que encienda la radio? —preguntó Milo para romper el hielo nuevamente.
—Claro, ¿Por qué no? —dijo la chica sonriente.
Y con un rápido movimiento de su dedo, el aparato encendió con una canción al aire.
Te veo caminar través de la lluvia…
Su voz resultaba inconfundible…
Y veo el agua cubrirlas lágrimas de tu rostro.
— ¡Hey! ¡Me encanta esa canción! —exclamó Milo sin notar que Shaina se había quedado helada, con un dedo en el aire que no alcanzó el botón para cambiarle.
—Vaya… no pareces de ese tipo de música.
Y sé que rompí todas tus reglas,
— ¿Qué? ¿no te gusta? —inquirió extrañado el de melena azulada ya que no conocía a una sola mujer a la que no le gustara ese artista.
Oh, ahora me estas mirando y ro te estoy mirando como un tonto.
—No es eso, la verdad… ni siquiera la había oído antes.
No era que no quisiera oír la canción, muy en el fondo... justo en lo más hondo de sus ojos verdes había un brillo secreto que rogaba por oírle cantar, aunque fuese en la distancia y al cabo de un año, escuchar la voz de Camus en la radio, cantando una canción que para ella era completamente nueva le había caído como un balde de hielo.
Pero no sabes lo que se siente enamorarse de ti,
No, no sabes cómo es cuando no puedes regresar.
—Entonces subamos el volumen, estoy seguro de que te va a encantar—prosiguió Milo sin apartar la vista del camino—Las canciones de este tipo son un poco deprimentes a veces, pero me gustan.
—Si… a mí también…—musitó con la mirada perdida y apagada, y fue ahí que el coro la atrapó haciendo que sus ojos se abrieran y sus pupilas se ensancharan.
Porque solamente pierdo la cabeza cuando no te tengo.
Y ¿Cómo puedo ganar cuando siempre estoy obligado a perder?
Oh, cuando no te tengo
No, no, no te tengo
Y acaeció que un recuerdo fugaz resonó en sus oídos como si lo oyera por primera vez.
"Quiero que recuerdes siempre una cosa…" le dijo la primera noche que compartió con él el mismo lecho "Aun si nos perdiéramos… todo lo que escribo es y será siempre para ti…"
Entonces ven adentro y atrapa un resfriado
Oh, cariño, la tormenta pasará cuando envejezcas
Pero tú estás a mi lado con una mirada en tus ojos
Y dices adiós, y dices adiós
Y dices adiós
Pero tú no sabes lo que es perderte
Porque solamente pierdo la cabeza cuando no te tengo.
Y ¿Cómo puedo ganar cuando siempre estoy obligado a perder?
Porque yo traté de aferrarme fuerte para hacerte mía, pero perdí cada vez
Porque sólo pierdo la cabeza cuando no te tengo
Pero creo que es hora de dejarte ir
Para que tu corazón encuentre un hogar
Necesito dejarte ir
Porque sólo pierdo la cabeza cuando no te tengo
Y ¿Cómo puedo ganar cuando siempre estoy obligado a perder?
Porque no te tengo
No, no, no te tengo
Continuara…
N/A: ¡HOLA! Perdonen la demora, no es fácil encontrar la canción perfecta x3
Si les gustó el capítulo, si tienen una idea de lo que va a pasar o alguna recomendación musical, me encantaría leer sus reviews: p también se aceptan tomates lol
Por cierto, las dos canciones pertenecen a Dean Lewis y sus títulos son "Waves" y "Lose my mind" respectivamente, escúchenlo (en acústico son preciosas) … se van a enamorar…
Antes de irme quisiera agradecerles por su visita y sus anteriores opiniones, de verdad que motivan mucho.
¡Un abrazo a todos!
